Ensayo de reflexión sobre la ética y la interculturalidad

    1. Introducción
    2. ¿Diálogo – intercultural?
    3. Ética fundamentada en el querer
    4. Consecuencias de este planteamiento
    5. Bibliografía

    "La interculturalidad es el imperativo filosófico de nuestro tiempo" Raimon Panikkar

    INTRODUCCIÓN

    El punto de partida de esta reflexión gira sobre una pregunta ¿Es posible la convivencia, diálogo, intercultural sin supuestos comunes o bases comunes? De esta pregunta se desprenden otras como: ¿Qué es la cultura? ¿Qué es interculturalidad? ¿Los supuestos se refieren a los códigos, normas, sistema moral, que determinan una forma de vivir? Y en concreto: sería posible plantear una ética intercultural, dónde se fundamentaría, si parto del supuesto de que toda cultura posee un sistema moral, qué sería lo común que pueda superar los limites de cada cultura, de sus cosmovisiones, de la idea de hombre, de su organización, de sus diferencias, identidad.

    Teniendo como marco la diversidad cultural latinoamericana, que puede ser expresada en cultura occidental, indoaméricana y afroaméricana, ¿Cómo entender el diálogo intercultural? Sería como imposición de una determinada forma de pensar sobre otra (solo el pensamiento occidental es valido, los demás no tienen nada que decir), o que cada cultura extienda un puente hacia la otra donde el encuentro fuera a la mitad del puente y la interpelación de lo diferente a mí, fuera el objeto del diálogo. Y reconocer que el otro (entendido como una cultura) no es solo objeto de conocimiento, de estudio, sino de posibilidad de construcción desde la alteridad.Parto de la necesidad expresada en autores como Fornat Betancourt, Jordi Corominas, Serrano Caldera, de una nueva filosofía desde la interculturalidad. Y en este caso, para objeto de este ensayo, de una "nueva ética intercultural"; creo que el camino es ver a la ética en razón intercultural, para de aquí partir en ¿Cómo seria una ética que en el proceso de diálogo intercultural sea común, que sea inculturada e intercultural?

    Esto me lleva a pensar en cómo reformular una ética donde se ve la realización del hombre solo respecto al grupo y no de manera individual, donde la construcción y vivencia de proyectos mas humanizados sea objeto de la justicia, donde el fundamento de esta ética es el querer, y en el fondo un querer –nos como humanos, donde lo decisivo no es el progreso, el desarrollo, el confort, sino el bien – estar de los grupos humanos, con la directriz de que el proyecto sea adecuado a mi y yo a él. Entonces el primer aspecto a tratar es analizar el dinamismo intercultural, para ver desde donde dialogar, convivir, y de aquí el cómo incultural la ética, ¿Qué sería esta inculturación? Y por último que forma de ética y su fundamento y las posibles consecuencias de este planteamiento.

    1 ¿Diálogo – intercultural?

    Con esto rescato el libro de Raúl Fornet Betancourt "Hacia una filosofía intercultural latinoamericana", sobre todo el capitulo I, que aborda los problemas del dialogo intercultural en filosofía; Ya que es la parte analítica y donde hace una exhaustivo planteamiento de la situación general de la interculturalidad, vista como polifonía cultural. Además tomo un articulo de Jordi Corominas titulado "Diversidad de culturas"; y a Alejandro Serrano, en una conferencia sobre "La ética: entre la mundialización y la identidad". Y también tengo presente el libro "Para una filosofía desde América Latina" de los compiladores Ignacio Ellacuria y Juan Carlos Scannone.

    Parto de los supuestos de un dinamismo de encuentro y dialogo entre las culturas, de que la globalización y la mundialización, ha llevado a un ¿acercamiento –alejamiento? entre culturas y que por esto sea necesario plantear bases comunes de construcción de una sociedad que tiene que habérselas, ahora mas que nunca, con los recursos ecológicos y que son tan prioritarios para el bien – estar humano y esto nos acerca a problemáticas comunes aunque físicamente se este en polos opuestos.La necesidad de un planteamiento "nuevo" que re-formule la manera de hacer filosofía y en este caso una re-formulación de la ética, donde se cuestione, reflexiones, desde la realidad latinoamericana y no desde una visión impuesta por una cultura dominante.

    Al mismo tiempo el reto de explicar la diversidad de culturas y hacer un planteamiento ético que incluya lo particular de las culturas y que sea base para construir una ética como proyecto universalizable; dicho en otras palabras, como una manera de poner en diálogo la identidad y diferencia de las culturas.Con esto me dispongo a plantear los problemas del dialogo intercultural en filosofía; teniendo como base el contexto latinoamericano donde se puede identificar tres figuras principales de cultura: indoamericana, afroamericana y occidental. Pues bien, inicio este acercamiento desde el análisis de Fornet Betancourt: Betancourt plantea como prioridad histórica la filosofía intercultural, puesto que hay una creciente autoconciencia y autovaloración de voces hasta ahora excluidas del proceso histórico, así como los desafíos históricos que nos agobian a nivel planetario, desde el hacer justicia a los empobrecidos, hasta asumir la ecología como nuevo paradigma de la vida y de la acción, ante esto es necesario una trans- formación de la filosofía... más radical que la propuesta marxista, la de la acción comunicativa e incluso de la liberación latinoamericana. Porque estas tienen una limitante común: que son transformaciones de la filosofía que no superan el horizonte de su cultura.

    Superar el horizonte de la cultura supone una pregunta ¿cuál sería la base del diálogo, alguna cultura tendría que iniciar este dinamismo, si se plantea la ecología como paradigma de la vida y de la acción, lo que acercaría a las culturas sería el sentirse afectados en su existencia o en asuntos de crecimiento, desarrollo, tecnología?Esa propuesta más radical podría sustentarse desde una antropología como la de Zubiri, en especifico sobre la respectividad que permite comprendernos como humanos en un aspecto radical, como vertidos al otro, superando las diferencias culturales. Y sentando las bases del dialogo en considerar al otro como determinante en mi realización.Esta transformación más radical implicaría una nueva figura de la filosofía, como una propuesta donde el punto de convergencia común es el proyecto que nos lleva a una realización intercultural, no dominado por cultura alguna porque para saber lo que quiero, es necesario incluir el querer de los demás, ligados a un tiempo y espacio. Que implique, por lo mismo, solidaridad que deriva de la acción y de la experiencia humanas, respeto a la diferencia, pluralidad y diálogo de las culturas, reconocimiento del otro.Es nueva porque apunta a la realización de la filosofía como proceso abierto, donde se van dando cita, se van con – vocando, con – viviendo las experiencias filosóficas de la humanidad.

    Es un proceso polifónico."Se trata de reivindicar el derecho a la identidad y a la diferencia; y la acción legítima de negar como válido un concepto de universalidad que se funda en la homogeneidad y en la estandarización, reivindicando, en cambio, un concepto de universalidad enriquecido por la pluralidad de expresiones culturales que se han forjado a lo largo del tiempo a partir de su propia ética y de su propia praxis. Sólo así será posible dignificar la presencia del hombre en la historia y de prolongar su fecunda labor creativa". Al hablar del proceso polifónico se entiende el dejar que las culturas hablen desde ellas mismas, de sus visiones del mundo, de sus exigencias, prioridades... profundizar en la cultura propia, para asumirla y posteriormente ponerla en diálogo con otras formas culturales. Este proceso polifónico es precisamente la inculturación, que adquiere una revaloración vista desde las culturas mismas y no como imponer algo que sea necesario a cada cultura.La ética vendría a ser la reflexión sobre convivencia- dialogo intercultural, y de la creación de formas humanas que posibiliten la vida de las culturas, en el fondo del respeto, la dignidad, la solidaridad, el reconocimiento del otro que me es diferente; es decir, llegar a plantear una ética de la unidad en la diversidad. Donde lo diverso sea la posibilidad de diálogo, una ética que sea liberadora, y supere el mecanismo de la imposición.




    2 Ética fundamentada en el querer.

    Esto me lleva a pensar en cómo reformular una ética donde se ve la realización del hombre solo respecto al grupo y no de manera individual, donde la construcción y vivencia de proyectos mas humanizados sea objeto de la justicia, donde el fundamento de esta ética es el querer, y en el fondo un querer –nos como humanos, donde lo decisivo no es el progreso, el desarrollo, el confort, sino el bien – estar de los grupos humanos, con la directriz de que el proyecto sea adecuado a mi y yo a él.

    El fundamento de esta ética es el querer, ya descrito como un querer posibilitado por la estructura misma; quiero porque quiero, pero este querer, no es un capricho, antojo, tendencia; es un querer real, en vista a un proyecto que se va determinando para vivir humanamente, para realizarnos, humanizarnos; donde intervienen los quereres de los demás, y desde donde yo me voy haciendo real, es decir realizándome a través de mis actos. Y lo que quiero es el bien, pero un bien – estar con-vivido. Y para llegar a esto me siento exigido a ajustar esa realidad a mí y yo a ella, donde la felicidad (sentimiento que me permite percibir el ajuste con la realidad, es el resultado del atemperamiento con la realidad) es el criterio fundamental para saber si el proyecto esta en realidad llevándome a realizarme –nos como humanos.La nueva filosofía y la nueva ética, deben considerar un doble plano teórico y práctico de acción: el referido a la situación histórica del "tercero excluido", es decir, del "otro" que concretamente busca superar su exclusión y enajenación insertándose como sujeto en la historia, esto es, liberándose; en referencia a la filosofía y ética dominantes de Occidente, que solo confieren valor de universalidad a lo propio; sin otros rostros que el propio reflejándose en múltiples espejos. "Alteridad no es solamente el carácter abstracto de ser alter. Porque alteridad no consiste en que la afección nos haga presente algo meramente otro; por ejemplo, este sonido o este color verde. Si no que nos hace presente esto otro en una precisa forma; lo otro pero en tanto que otro".

    Descentra la reflexión filosófica y más bien sienta la reflexión filosófica en el momento de la interconexión, de la intercomunicación, algo así como el puente que no podemos saltar, pero que debemos transitar para llegar a la otra orilla.La propuesta ética sienta la reflexión en el querer, en el ajustarnos, en la posibilidad de libertad, y de con – vivencia. Y en un actuar que es proyectivo, que es determinable, no esta dado, es objeto de integración cultural y ante tanta diversidad lo que esta a la base es reconocer – nos como humanos, en un aspecto fundamental: ser respectivamente construidos con el otro, desde el otro, e innegablemente vertidos al otro.

    "La praxis humana es constitutivamente social porque toda actividad del hombre esta socialmente articulada".Aspecto a considera es el horizonte del contexto y de la historia, contexto que no puede estar separado del proceso de colonialismo y marginación en que se encuentran las llamadas subculturas, como si no tuvieran nada que decir, como si sus logos no fueran integradores y dadores de sentido ante un pensamiento occidental que es unidireccional.Posibilidad fundante del diálogo es el despunte de la polifonía del logos filosófico; la multiplicidad de las voces de la razón, voces históricas, cargadas de contexto y de cultura, como momentos centrales de una tradición particular de comprender el mundo y de la historia en una cultura determinada.

    Y es este contexto y historia lo que implica un primer desafio para el diálogo intercultural. Pero lejos de ver en esa carga histórica – cultural un impedimento para el diálogo, hay que asumirla como la verdadera posibilidad de comunicación no dominante. Este primer desafío queda resumido de la siguiente manera ¿cómo lograr la explicación comunicativa de posiciones culturalmente determinadas y diferenciadas?El proceso de inculturación marca el comienzo de una nueva relación y la novedad esta en que dicha relación sea entre sujetos que se interpelan y que encaran en libertad la tarea reciproca de la comunicación. El otro ya no es objeto de interés, objeto de investigación, sino sujeto de un pensamiento propio en proceso. El termino inculturación ha de ser entendido como derecho a la polifonía.La situación analizada exige que el reconocimiento de lo "otro" no sea solamente el reconocimiento de lo otro como exterioridad, sino el reconocimiento de lo otro como formando parte de una nueva interioridad complementaria, esto es, "como parte constitutiva de una unidad diferente de la unidad de lo "uno hasta ahora dominante". Tratando de decirlo en otra forma, esto significa que cada factor (lo "uno" y lo "otro", llamémosle así por el momento) se constituye complementariamente mediante un sistema de influencias recíprocas, de una interacción".

    Este reconocimiento no debe entenderse como:

    1. Un reconocimiento externo al otro (el excluido) por parte del uno,
    2. Ni siquiera como una integración del otro en el universo del uno, sino;
    3. Como una relación interdependiente y una integración intercurrente, bilateral, biunívoca. Complementaria y dialéctica, formando como consecuencia de esa relación un nuevo mundo en el que, no obstante, el uno y el otro conservan su identidad.
      • Implica una radical revisión de la relación hombre – mundo, una manera de concebir al ser humano necesariamente social, y ver que la construcción de una ética fundamentada en el querer, implica una orientación desde el otro (otras culturas) que interpele y ponga en diálogo sus diferencias.
      • Es llegar a crear espacios de intercambio cultural para "dejar que hablen desde ellos mismos". Y esto implica ruptura con los modelos de comunicación, de concepciones de historia, progreso, vida, salud, trabajo, etc.
      • Es rescatar el contexto de opresión, lucha, marginación, de muchas de las llamadas subculturas, no otorgándoles valor, sino reconocimiento como algo que interpela mi – otras culturas, y la manera de estar frente al mundo y sus dinámismos.
      • Es poner como centro al hombre mismo, al proyecto de realización con – vivido, a llegar a reflexionar sobre temas de interés vital: ecología, pobreza extrema, marginación.
      • Implica replantear las distintas racionalidades de las disciplinas, sus objetivos, en función de... y así construir una ética liberadora de cargas impuestas desde una cultura occidental.
      • Además del problema del contexto y la historia, hay un segundo desafío: condensado en la necesidad de replantear los presupuestos de la propia teoría del entender.
      • Convertir nuestra propia manera de pensar en el lugar del encuentro con el otro, desde la situación histórica del encuentro con él. Este encuentro con el otro es interpelación, es desafío a nuestro horizonte de comprensión. El otro es entonces, principalmente allí donde nos sale al encuentro en la alteridad de una forma de vida o cultura, una perspectiva sobre el todo.

      Implica necesariamente la radical revisión de la actual formación de la racionalidad, que apunta al descubrimiento de las unilateralidades en nuestros modelos filosóficos tenidos por universales. Se busca la trans –formación de la razón, es decir, la incorporación del Sur sobre el mundo y la historia. Se trataría de esbozar una forma de racionalidad que traspase los limites actuales de nuestra teoría del entender, ver el mundo y la historia desde la exterioridad del otro.

      Interesa el pensamiento de Zubiri por la integración y la síntesis que hace entre inteligencia y sensibilidad y asumir como condición inevitable de toda ética, la relación entre el hombre y su mundo. Para construir la reflexión que nos ocupa, hemos tratado de seguir la argumentación de Zubiri contenida en su obra Inteligencia Sentiente.

      En esa línea de pensamiento empezaríamos diciendo que para Zubiri es "imposible una prioridad intrínseca del saber sobre la realidad ni de la realidad sobre el saber. El saber y la realidad son en su misma raíz estricta y rigurosamente congéneres".

      Esto implica que el estudio del saber no es anterior al estudio de la realidad.

      "Una cosa se nos dice es sentir, otra inteligir. Este enfoque del problema de la inteligencia contiene en el fondo una afirmación: inteligir es posterior a sentir, y esta posterioridad es una oposición.".

      Contra esta separación se alza la filosofía de Zubiri. "Se nos dice a lo sumo que los sentidos dan a la inteligencia las cosas reales sentidas para que la inteligencia las conceptúe y juzgue de ellas"... "resulta que esta apelación de las cosas reales en cuanto sentidas es una aproximación sentiente; pero en cuanto es una aprehensión de realidades, es aprehensión intelectiva. De ahí que el sentir humano y la intelección no sean dos actos numéricamente distintos, cada uno completo en su orden, sino que constituyen dos momentos de un sólo acto de aprehensión sentiente de lo real: es la inteligencia sentiente".

      Zubiri deja bien claro que lo inteligente y lo sensible forman parte de una unidad que las contiene. "No se trata de inteligir lo sensible y sentir lo inteligible, sino que inteligir y sentir constituyen estructuralmente (...) una sola facultad, la inteligencia sentiente" (...) "Inteligir es un modo de sentir y sentir en el hombre es un modo de inteligir".

      El acto de aprehensión implica la apropiación de lo otro entendido, precisamente en su propia alteridad. "Alteridad no es solamente el carácter abstracto de ser alter. Porque alteridad no consiste en que la afección nos haga presente algo meramente otro; por ejemplo, este sonido o este color verde. Sino que nos hace presente esto otro en una precisa forma; lo otro pero en tanto que otro".

      La inteligencia sentiente nos conduce a reconocer en esta relación entre lo inteligente y lo sentiente una ética y una praxis. Una ética fundada en una praxis. La ética debe consistir en la praxis de una actividad creativa que ponga en relación al hombre y su mundo, no sólo circundante, sino, a la vez constituyente y constituido y que lo libere de la alienación y la deshumanización. El hombre no sólo es producto de la naturaleza sino factor que la determina y transforma. La función radical de la racionalidad del ser humano es la búsqueda y apropiación de posibilidades, lo que exige, inevitablemente, partir de la inextricable integración entre el hombre y el mundo.

      BIBLIOGRAFÍA

      1. Fornet Betancourt, Raúl. "Hacia una filosofía intercultural latinoamericana", Unisinos, 1994
      2. Alejandro Serrano Caldera.

      -La Unidad en la Diversidad. Ediciones Progreso. Managua. Nicaragua

      - Ética: entre la mundialización, y la identidad. Conferencia, San Salvador, 2004

      3. Velasco, Pedro de, El miedo al placer en occidente. En Xipe-Totek # 17, Marzo, 1996, pp. 5-30

      4. Xavier Zubiri. Inteligencia Sentiente. Alianza Editorial. Madrid, España

      1. Antonio González. El hombre en el Horizonte de la Praxis. Estudios Centroamericanos. ECA. San Salvador, El Salvador
      2. Ellacuria Ignacio, Fundamentación biológica de la ética, ECA junio 1979.

      7. Ellacuria Ignacio, Scannone, comp. "Para una filosofía desde América latina", Santa Fé de Bogotá, 1992.

       

      Cristobal Vega Prado

      vegacrisx[arroba]yahoo.com.mx

      Colón, Qro

      17/febrero/1978

      Lic. En filosofia y Ciencias Sociales

      ITESO

      Guadalajara, Jal

    4. Consecuencias de este planteamiento.



    Artículo original: Monografías.com

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