Inmigración a la Argentina 1830-1950

    1. Artículos periodísticos. Miguel Cané. La inmigración en Juvenilia
    2. Lucio V. López. Inmigrantes en la Gran Aldea
    3. Eugenio Cambaceres. La postura adversa
    4. Antonio Argerich. El enfoque determinista
    5. Carlos Maria Ocantos. La mirada selectiva
    6. Julián Martel. Inmigrantes en la Bolsa
    7. Estanislao Zeballos, apologista de la inmigración
    8. Lucio V. Mansilla: memorias de lo cotidiano
    9. Fray Mocho. La visión costumbrista
    10. Baldomero Fernández Moreno y la patria desconocida
    11. Alberto Novion. Un vasco en escena
    12. Enrique Loncan. El planteo ético
    13. Fausto Burgos: gringos y criollos
    14. María Esther de Miguel. "Esa ciudad contradictoria"
    15. Borges y la inmigración
    16. Inmigración y novela: un debate en Adan Buenosayres
    17. Abelardo Arias: criollos y gringos en Mendoza
    18. Manuel Mujica Lainez. Volver a las fuentes
    19. Jose Gonzalez Carbalho: la "patria anterior"
    20. Inmigrantes en cuentos infantiles y juveniles
    21. Inmigrantes en novelas juveniles
    22. Inmigrantes en teatro
    23. Inmigrantes en canciones
    24. Memorias y autobiografías escritas por inmigrantes
    25. Memorias y autobiografías escritas por descendientes de inmigrantes
    26. Biografías de inmigrantes
    27. Comentarios bibliográficos
    28. Entrevistas

    Artículos periodísticos, comentarios bibliográficos y entrevistas

    En este trabajo reúno artículos periodísticos, comentarios bibliográficos y entrevistas acerca de la inmigración que llegó a la Argentina. Estas colaboraciones -que tratan temas literarios, históricos y otros- fueron publicadas en diversos medios, entre los que se cuentan los diarios La Prensa de Buenos Aires y La Nueva Provincia de Bahía Blanca, las revistas Letras de Buenos Aires y el grillo y el sitio Letras-Uruguay, de Montevideo.

    No incluyo aquí las notas "Roberto Arlt, cronista de la inmigración gallega", "Rosalía de Castro, poeta de los emigrantes", "Syria Poletti: el mensaje social", "Inmigración y novela: Eugenio Juan Zappietro", "Inmigración y novela: Jorge Isaac" e "Inmigración y literatura: el tango", por estar ya publicadas en este sitio.

    Artículos periodísticos

    MIGUEL CANE. LA INMIGRACION EN JUVENILIA

    El historiador Exequiel César Ortega sostiene que "La inmigración jugó importante papel ya a mediados de esta etapa del ’80 al ’30. En ciudad y campaña, en oficios diversos que abarcaron la agricultura y la naciente industria; e incluso se dieron lugares como ejemplos de cuánto podía una colonización bien planeada...". Comenta qué sucedió con los inmigrantes llegados a nuestra tierra: "El medio nuestro los asimiló bien pronto y sus descendientes inmediatos se sintieron integrantes ‘de la tierra’. A menudo ascendieron de Status, integraron profesiones, comercio e industria; impulsaron los nuevos partidos políticos mayoritarios".

    El gobierno de esa época "En lo social favorecería cada vez más la inmigración, sobre todo la europea en general, perdidas bastante las esperanzas de la anglosajona y francesa en particular. Inmigración que cubriese las necesidades crecientes de mano de obra ciudadana y sobre todo rural, mediante la colonización y la ocupación de dependencia o el arrendamiento y la mediería (1)".

    En noviembre de 1898 –señala Susana Zanetti-, Canè "regresa a Buenos Aires pues ha sido elegido senador nacional. Desde su banca presenta al año siguiente dos proyectos: el de erigir el monumento a Sarmiento en el Parque Tres de Febrero y el de extradiciòn de extranjeros.

    Este proyecto de Ley de Residencia, contrario a los principios de nuestra Constituciòn, es violentamente atacado. Evidentemente, el miedo al futuro, a la màquina que empequeñece, a las masas populares que amenazan invadir y destruir la sociedad distinguida que amò en Europa, o la paternalista de la gran aldea perdida, golpeada de muerte por la inmigraciòn revoltosa y huelguista, ha endurecido y deteriorado el liberalismo progresista de antaño. Basta leer buena parte de los artìculos coleccionados en Notas e impresiones (1901) y Prosa ligera (1903) para comprobar su espìritu reaccionario. (...) La ley de expulsiòn de extranjeros, en fin, es piedra de toque para entender còmo ha variado el muchacho liberal progresista de la època de Avellaneda. Canè no acierta a comprender la importante transformaciòn del paìs que queda reducida en su espìritu a una verdadera dèbacle. (...)

    En el paìs los problemas sociales se agravan, las huelgas se suceden; es entonces cuando el presidente Roca echa mano del proyecto presentado por Canè. La ley de residencia es un hecho y los perturbadores extranjeros podràn ser arrojados del paìs" (2).

    Escribe Gladys Onega: "La significaciòn que tiene para nosotros la actitud de Canè hacia los inmigrantes, no proviene de la extensiòn o profundidad con que la haya expresado literariamente, sino porque conciencializò (como lo hizo màs tarde Joaquìn V. Gonzàlez) la situaciòn en que vivìa su clase y que la inmigraciòn ponìa en evidencia, aunque lo hiciera de manera bastante superficial. Canè era, como dijimos, un liberal a ultranza que arremetìa contra el clericalismo, la ignorancia y el estancamiento, pero era sobre todo un miembro de la clase de la que dice Mc Gann, en uno de los màs dinàmicos y comprensivos estudios sobre la situaciòn històrica y la visiòn del mundo del 80: "Una definiciòn adecuada para la aristocracia argentina de esa època puede surgir del comentario de que ‘ùnicamente el liberal del siglo diecinueve podìa combinar el desprecio por el hombre comùn con la fe en la democracia’ ".

    "En Prosa ligera (1903) està incluido el relato La Tucumana donde el autor revela su ìntima convicciòn aristocratizante". Gladys Onega asevera, a partir de la lectura de un pàrrafo del mismo, que "Canè añora un pasado desaparecido en una de las formas de explotaciòn del hombre por el hombre màs degradantes, la esclavitud, transformada en resignada y voluntaria enajenaciòn de los criados por amor al generoso patriarca. El pàrrafo de Canè explicita la nostalgia con palabras que son un verdadero sumario de la reacciòn ante el nuevo estado de cosas: La expresiòn de respeto constante, la veneraciòn de los subalternos como a seres superiores colocados por una ley divina e inmutable en una escala màs elevada –la consagraciòn sacramental, carismàtica del privilegio, la negaciòn del proceso històrico, solidificado y remitido a los designios de Dios; una vida de paz y tranquilidad- el lema de ‘orden y progreso’ y ‘orden y administraciòn’ de los gobiernos oligàrquicos sudamericanos; el viejo y manso feudalismo –deformaciòn idealizada de un sistema que habìa retrasado en cincuenta años la evoluciòn del paìs y habìa engendrado a Rosas, bajo cuyo gobierno habìa emigrado el padre del que escribe esta vaga elegìa; la influencia de las ciudades- la urbanizaciòn tenìa el grave inconveniente de agrupar a los hombres y permitir que tomaran conciencia de clase-; la fluctuaciòn de las fortunas –la introducciòn de formas capitalistas, màs dinàmicas que la feudal; la desapariciòn de los viejos y sòlidos hogares- los advenedizos ingresaban a las familias aristocràticas, o, màs simplemente, las nuevas clases alta y media urbanas contraìan matrimonio en lugar de unirse en concubinato espontàneo como se habìa reprochado a las clases populares, primero a los gauchos y luego a los proletarios, los sirvientes inmigrantes son ladrones, se visten como ‘nosotros mismos’ (aunque sea bastante difìcil suponer que la ropa de los caballeros porteños confeccionada por sastres londinense se confundiera con la de los criados); y recuerdan su condiciòn de hombres libres- es decir, que de acuerdo con el artìculo 14 de la Constituciòn, pretendìan que su libertad era un derecho y no una graciosa dàdiva de los amos; las campañas del interior refugian la viejas pautas patriarcales deseables en el presente- el interior no invadido se valoriza por su resistencia al cambio" (3).

    Juvenilia

    En el 80, la autobiografìa surge como el "lugar donde se expresa lo particular, lo curioso, lo diferenciador, lo propio de un sector social" (4); este sector es el de la clase dirigente, grupo que se caracteriza por haber sido educado con una gran influencia de la cultura europea, particularmente francesa (5). Cobra gran importancia la evocaciòn de la vida "vulgar", calificativo que abarca tanto la vida cotidiana, real, como los comportamientos censurados por la moral corriente (6).

    La autobiografìa se caracteriza, en este perìodo, por asumir el aspecto de la charla social (causserie), de la anècdota, y por la frecuente utilizaciòn de citas que remiten a lecturas extranjeras. En las obras autobiogràficas de los hombres del 80 aparece como modelo el "hombre de mundo", que conjuga en sì mismo muy diversas facetas. Como consecuencia del impacto de la inmigraciòn, aparecen "evocaciones nostàlgicas de tiempos màs austeros" y "descripciones costumbristas con toques moralizantes".

    Susana Zanetti destaca que "la actitud de nostalgia, de reminiscencia, de regreso al pasado, es una constante del 80"; Juvenilia presenta -a su criterio- "un melancòlico contrapunto entre la adolescencia despreocupada de ayer y el hombre maduro de hoy. Aùn asì, la evocaciòn tiende generalmente a las anècdotas festivas, alegres". En la obra advierte ciertas semejanzas con David Copperfield, de Charles Dickens, pero la diferencia de la obra inglesa el hecho de no entrañar denuncia ni afàn testimonial.

    El tema del fracaso generacional està encarnado en la suerte corrida por los condiscìpulos; algunos han muerto, otros se encuentran empleados con sueldos de hambre, sòlo unos pocos se destacan. Esta actitud surge de lo que la ensayista denomina "doble melancolìa" frente al pasado y frente al povenir (7).

    Miguel Canè nos ha dejado en Juvenilia (8) testimonio de su visiòn de los inmigrantes. A las figuras del grotesco enfermero italiano y los temibles quinteros vascos, contrapone la grandiosidad del profesor Amadeo Jacques, sìmbolo de la inmigraciòn anhelada por los hombres del 80.

    El enfermero italiano

    En su autobiografìa, Canè evoca este personaje con rasgos despectivos. "La enfermerìa era, como es natural, econòmicamente regida por el enfermero. Acabo de dejar la pluma para meditar y traer su nombre a la memoria sin conseguirlo; pero tengo presente su aspecto, su modo, su fisonomìa, como si hubiera cruzado hoy ante mis ojos. Habìa sido primero sirviente de la despensa; luego, segundo portero, y, en fin, por una de esas aberraciones que jamàs alcanzarè a explicarme, enfermero. ‘Para esa plaza se necesitaba un calculador, dice Beaumarchais; la obtuvo un bailarìn’ ".

    Se refiere al aspecto fìsico del inmigrante: "Era italiano y su aspecto hacìa imposible un càlculo aproximativo de su edad. Podìa tener treinta años, pero nada impedìa elevar la cifra a veinte unidades màs. Fue siempre para nosotros una grave cuestiòn decir si era gordo o flaco. (...) Empezaba su individuo por una mata de pelo formidable que nos traìa a la idea la confusa y entremezclada vegetaciòn de los bosques primitivos del Paraguay, de que habla Azara; veìamos su frente, estrecha y deprimida, en raras ocasiones y a largos intervalos, como suele entreverse el vago fondo del mar, cuando una ola violenta absorbe en un instante un enorme caudal de agua para levantarlo en espacio. Las cejas formaban un cuerpo unido y compacto con las pestañas ralas y gruesas como si hubieran sido afeitadas desde la infancia. La palabra mejilla era un ser de razòn para el infeliz, que estoy seguro jamàs conociò aquella secciòn de su cara, oculta bajo una barba, cuyo tupido, florescencia y frutos nos traìa a la memoria un ombù frondoso".

    "El cuerpo, como he dicho, era enjuto; pero un vientre enorme despertaba compasiòn hacia las dèbiles piernas por las que se hacìa conducir sin piedad. El equilibrio se conservaba gracias a la previsiòn materna que lo habìa dotado de dos andenes de ferrocarril, a guisa de pies, cuyo envoltorio, a no dudarlo, consumìa un cuero de baqueta entero. Un dìa, nos confiò en un momento de abandono, que nunca encontraba alpargatas hechas y que las que obtenìa, fabricadas a medida, excedìan siempre los precios corrientes".

    Recuerda el personal castellano del enfermero: "Debìa haber servido en la legiòn italiana durante el sitio de Montevideo o haber vivido en comunidad con algùn soldado de Garibaldi en aquellos tiempos, porque en la època en que fue portero, cuando le tocaba despertar a domicilio, por algùn corte inesperado de la cuerda de la campana, entraba siempre en nuestros cuartos cantando a voz en cuello, con el aire de una diana militar, este verso (!) que tengo grabado en la memoria de una manera inseparable a su pronunciaciòn especial: Levàntasi, muchachi,/ que la cuatro sun/ e lo federali/ sun venì a Cordun. Perdiò el gorjeo matinal a consecuencia de un reto del señor Torres que, hacièndole parar el pelo, le puso a una pulgada de la puerta de calle".

    Sobre sus aptitudes para el trabajo, afirma: "Como prototipo de torpeza, nunca he encontrado un spècimen màs completo que nuestro enfermero. Su escasa cantidad de sesos se petrificaba con la presencia del doctor, a quien habìa tomado un miedo feroz y de cuya conciencia mèdica hablaba pestes en sus ratos de confidencia".

    Quinteros vascos

    Los estudiantes encontraban diversas distracciones en la quinta de Colegiales; una dellas, vinculada a otros inmigrantes. "En la Chacarita estudiàbamos poco, como era natural; podìamos leer novelas libremente, dormir la siesta, salir en busca de camuatìs y sobre todo, organizar con una estrategia cientìfica, las expediciones contra los ‘vascos’ ".

    Describe el escenario y las virtudes de la fruta de esos quinteros: "Los ‘vascos’ eran nuestros vecinos hacia el norte, precisamente en la direcciòn en que los dominios colegiales eran màs limitados. Separaba las jurisdicciones respectivas un ancho foso, siempre lleno de agua, y de bordes cubiertos de una espesa planta baja y bravìa. Pasada la zanja, se extendìa un alfalfar de una media cuadra de ancho, pintorescamente manchado por dos o tres pequeñas parvas de pasto seco. Màs allà (...) en pasmosa abundancia, crecìan las sandìas, robustas, enormes, (...) allì doraba el sol esos melones de origen exòtico (...) No tenìan rivales en la comarca, y es de esperar que nuestra autoridad sea reconocida en esa materia. Las excursiones a otras chacras nos habìan siempre producido desengaños, la nostalgia de la fruta de los ’vascos nos perseguìa a todo momento, y jamàs vibrò en oìdo humano en sentido menos figurado, el famoso verso de Garcilaso de la Vega".

    Se refiere a la disposiciòn anìmica de esos inmigrantes: "Pero debo confesar que los ‘vascos’ no eran lo que en el lenguaje del mundo se llama personajes de trato agradable. Robustos los tres, àgiles, vigorosos y de una musculatura capaz de ablandar el coraje màs probado, eternamente armados con sus horquillas de lucientes puntas, levantando una tonelada de pasto en cada movimiento de sus brazos ciclòpeos, aquellos hombres, como todos los mortales, tenìan una debilidad suprema: ¡amaban sus sandìas, adoraban sus melones!"

    Dos veces hurtaron fruta los adolescentes sin ser vistos. La tercera, "detràs de una parva, un vasco horrible, inflamado, sale en mi direcciòn, mientras otro pone la proa sobre mi compañero, armados ambos del pastoril instrumento cuyo solo aspecto comunica la ingrata impresiòn de encontrarse en los aires, sentado incòmodamente sobre dos puntas aceradas que penetran... (...) ¡cuàn veloz me parecìa aquel vasco, cuyo respirar de fuelle de herrerìa creìa sentir rozarme los cabellos! (...) aquel hombre terrible meyado en su tridente, empezò a injuriarme de una manera que revelaba su educaciòn sumamente descuidada. (...) Me tendì en la cama y, mientras el cuerpo reposaba con delicia, reflexionè profundamente en la velocidad inicial que se adquiere cuando se tiene un vasco irritado a retaguardia, armado de una horquilla".

    Monsieur Jacques

    En otro pasaje se refiere a Amadeo Jacques -quien naciò en 1813 y muriò en 1865-, destacando su loable acciòn dentro del Colegio: "El estado de los estudios en el Colegio era deplorable, hasta que tomò su direcciòn el hombre màs sabio que hasta el dìa haya pisado tierra argentina. Sin documentos a la vista para rehacer su biografìa de una manera exacta me veo forzado a acudir simplemente a mis recuerdos que, por otra parte, bastan a mi objeto".

    "Amedèe Jacques pertenecìa a la generaciòn que al llegar a la juventud encontrò a la Francia en plena reacciòn filosòfica, cientìfica y literaria". (...) habìa crecido bajo esa atmòsfera intelectual, y la curiosidad de su espìritu lo llevaba al enciclopedismo. A los treinta y cinco años era profesor de filosofìa en la Escuela Normal, y habìa escrito, bajo el molde eclèctico, la psicologìa màs admirable que se haya publicado en Europa. El estilo es claro, vigoroso, de una marcha viva y elegante; el pensamiento sereno, la lògica inflexible y el mètodo perfecto. Hay en ese manual, que corre en todas las manos de los estudiantes, pàginas de una belleza literaria de primer orden y aùn hoy, quince años despuès de haberlo leìdo, recuerdo con emociòn los capìtulos sobre el mètodo y la asociaciòn de ideas. Al mismo tiempo, el joven profesor se ocupaba en las ediciones de las obras filosòficas de Fenelòn, Clarke, etc., ùnicas que hoy tienen en elmundo cientìfico".

    Evoca el exilio del francès: "Pero Jacques no era uno de esos espìritus frìos, estèriles para la acciòn, que viven metidos en la especulaciòn pura, sin prestar oìdo a los ruidos del mundo, y sin apartar su pensamiento del problema, (...) El 2 de diciembre, como a Tocqueville, como a Quinet, como a Hugo, lo arrojò al extranjero, pobre, con el alma herida de muerte, y con la visiòn horrible de su porvenir abismado para siempre en aquella bacanal".

    "Tomò el camino del destierro y llegò a Montevideo, desconocido y sin ningùn recurso mecànico de profesiòn; lo sabìa todo, pero le faltaba un diploma de abogado o de mèdico para poder subsistir. Abriò una clae libre de fìsica experimental, dàndole el atractivo del fenòmeno producido en el acto; aquello llamò un momento la atenciòn. Pero se necesitaba un gabinete de fìsica completo y los instrumentos son caros".

    "Un momento Jacques fue retratista, (...) Pero ni la fotografìa, que màs tarde perfeccionaron, ni la daguerrotipia, que le cedìa el paso, como el telègrafo de señales a la electricidad, daban medios de vivir".

    "Jacques se dirigiò a la Repùblica Argentina, se hundiò en el interior, casòse en Santiago del Estero, emprendiò veinte oficios diferentes, llegando hasta fabricar pan, y por fin, tuvo el Colegio Nacional de Tucumàn el honor de contarlo entre sus profesores. Fueron sus discìpulos los doctores Gallo, Uriburu, Nouguès y tantos otros hombres distinguidos hoy, que han conservado por èl una veneraciòn profunda, como todos los que hemos gozado de la luz de su espìritu".

    "Llamado a Buenos Aires por el gobierno del general Mitre, tomò la direcciòn de los estudios en el Colegio Nacional, al mismo tiempo que dictaba una càtedra de fìsica en la Universidad. Su influencia se hizo sentir inmediatamente entre nosotros. Formulò un programa completo de bachillerato en ciencias y letras, defectuoso tal vez en un solo punto, su demasiada extensiòn. Pero M.Jacques, habituado a los estudios fuertes, sostenìa que la inteligencia delos jòvenes argentinos es màs viva que entre los franceses de la misma edad y que, por consiguiente, podìamos aprender con menor esfuerzo".

    .....

    Tres nacionalidades, tres ocupaciones bien distintas, son evocadas por Miguel Canè en esta obra. Los pàrrafos transcriptos, sin embargo, no alcanzan para brindar una visiòn acabada de la postura del autor acerca de la inmigraciòn. Para lograrla, se debe recurrir a todos sus textos –algunos de ellos no literarios, como la Ley de Residencia, de 1904-, los cuales, junto a Juvenilia, nos proporcionaràn una cabal idea del sentimiento de este hombre del 80 frente al aluviòn inmigratorio.

    Notas

    1. Ortega, Exequiel Cèsar: Còmo fue la Argentina (1516-1972). Buenos Aires, Plus Ultra, 1972.
    2. Zanetti, Susana: "La ‘prosa ligera’ y la ironìa: Canè y Wilde", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    3. Onega, Gladys S.: La inmigraciòn en la literatura argentina (1880-1910). Buenos Aires, CEAL, 1982.
    4. Stratta, Isabel: Pròlogo a Juvenilia. Buenos Aires, CEAL, 1980..
    5. Prieto, Adolfo: La literatura autobiogràfica argentina. Buenos Aires, CEAL, 1982.
    6. Ara, Guillermo: Pròlogo a Wilde, Eduardo: Aguas abajo. Buenos Aires, Huemul,
    7. Canè, Miguel: Juvenilia. Buenos Aires, CEAL, 1980.





    LUCIO V. LOPEZ. INMIGRANTES EN LA GRAN ALDEA

    En 1884, en el periòdico Sud Amèrica se publica como folletìn este libro (1) que Lòpez dedica a Miguel Canè, su "amigo y camarada". "El subtìtulo de La gran aldea, "Costumbres bonaerenses", previene ya las caracterìsticas del realismo a que recurrirà su autor, Lucio Vicente Lòpez (1848-1894): una actitud crìtica, no disolvente sino reformista, encaminada a registrar tipos y hàbitos de una sociedad, y a poner de relieve algunos de entre ellos mediante el sarcasmo, la ironìa o la simple caricatura. (...) la propuesta fundamental de La gran aldea es la de demostrar que el Buenos Aires provinciano de 1860 pervive en el Buenos Aires cosmopolita de 1880, que la clase social que manejaba sus destinos en la època de Pavòn continuaba controlando los hilos de la polìtica y de las finanzas y dando el tono de la sociabilidad en la època del alumbrado a gas y de los tranvìas a caballo" (2).

    "Aunque esperanzada con el potencial talento literario del autor, ya en el momento de su publicaciòn la crìtica fue en general adversa con la novela, pero ùtil, segùn Lòpez, porque ‘ha despertado la curiosidad y me ha favorecido la venta’. En ella pesa màs la crònica que la densidad literaria -Rojas la ve ‘inferior a su fama’-, y asì parece haber sido desde que se publicò: en su època influyeron tanto su calidad de instrumento de lucha polìtica e ideològica como el hecho de ser una novela en ‘clave’, por la que desfilaban las figuras del dìa (Mitre, Sarmiento, Avellaneda, etcètera); en nuestros dìas pesa el valor testimonial, intenciòn que ya proclama el autor desde el subtìtulo (Costumbres bonaerenses), que permite rastrear el pasaje de un Buenos Aires ‘patriota, semisencillo, semitendero, semicurial y semialdea’, a la ciudad ‘con pretensiones europeas’ en diversos registros: en lo urbano, con la transformaciòn de la ciudad que es màs modernizaciòn que ampliaciòn, con la incorporaciòn a la vida cotidiana del gas de alumbrado, el tranvìa, las nuevas formas de la arquitectura y la decoraciòn; en lo social, con el advenimiento de las nuevas burguesìas, el gallego sirviente al lado del mulaterìo, la desapariciòn del tendero criollo; en lo polìtico, con la consolidaciòn del roquismo, que impone la unificaciòn del paìs desde el poder central –y desde la ciudad capitalizada- y las tensiones que eso provoca; en lo econòmico, con el pasaje de los buenos tiempos del Estado de Buenos Aires al manejo financiero que culminarà con la crisis de 1890; en lo religioso, con el progresivo avance del laicismo estatal y la nueva religiòn de la burquesìa; en lo literario, con el pasaje del Romanticismo al Realismo y al teatro ligero francès..." (3).

    En esta obra aparecen inmigrantes, vistos desde la perspectiva de un escritor que añora un pasado que no volverà.

    En la tienda

    Lòpez compara a los tenderos de antaño con los del presente: "¡Y què mozos! ¡Què vendedores los de las tiendas de entonces! Cuàn lejos estàn los tenderos franceses y españoles de hoy de tener la alcurnia y los mèritos sociales de aquella juventud dorada, hija de la tierra, ùltimo vàstago del aristocràtico comercio al menudeo de la colonia".

    Recuerda a uno de aquellos tenderos criollos: "Entre los prìncipes del mostrador porteño, el màs cèlebre, sin disputa, era don Narciso Bringas: gran tendero, gran patriota, nacido en el barrio de San Telmo, pero adoptado por la calle del Perù como el rey del mostrador. No habìa mostrador como el de aquel porteño: todo el barrio junto no era capaz de desdoblar una pieza de madapolàn y de volverla a doblar como don Narciso; y si la piràmide misma le hubiera querido disputar su amor a Buenos Aires, a la piràmide misma le habrìa disputado ese derecho".

    Describe la estrategia del tendero para dirigirse a su clientela: "Don Narciso subìa o bajaba el tono segùn la jerarquìa de la parroquiana: dominaba toda la escala; poseìa toda la preciosidad del lenguaje culto de la època y daba el do de pecho con una dama para dar el con una cocinera".

    "Los tratamientos variaban para èl segùn las horas y las personas. Por la mañana se permitìa tutear sin pudor a la parda o china criolla que volvìa del mercado y entraba en su tienda. Si la clienta era hija del paìs, la trataba llanamente de hija; hija por arriba e hija por abajo. Si èl distinguìa que era vasca, francesa, italiana, extranjera, en fin, iniciaba la rebaja, el ùltimo precio, el ‘se lo doy por lo que me cuesta’, por el tratamiento de madamita. ¡Oh!, ese madamita lanzado entre 7 y 8 de la mañana, con algunas cuantas palabras de imitaciòn de francès que èl sabìa balbucir, era irresistible. Durante el dìa, los tratamientos variaban entre hija e hijita, entre tù y usted, entre madamita y madama, segùn la edad dela gringa, como èl la llamaba cuando la compradora no caìa en sus redes".

    Los inmigrantes trabajaban junto a los criollos: "daban las cuatro y, no bien habìa entrado el gallego cotidiano con las viandas, don Narciso se engolfaba en los antros profundos de la trastienda". Lucio V. Lòpez menciona otro gallego relacionado con la tienda: "Caparrosa, el cadete de Bringas, un galleguito ladino y vivaracho".

    En la escuela

    En la adolescencia, el protagonista acude a la escuela de dos maestros, a los que describe con estas palabras: "Don Pîo Amado y don Josef Garat, mis maestros, eran dos personajes singulares; singular era su escuela, singular la enseñanza, singular todo lo que los rodeaba. Don Pìo era la bondad y la benevolencia personificadas; don Josef era la intransigencia, el mal humor y la ira misma. Reunidos, don Pìo era la nota còmica del colegio, don Josef era la nota èpica. Amàbamos a don Pìo y lo amàbamos con toda el alma; temblàbamos ante don Josef y lo respetàbamos a fuerza de malquererlo".

    En otro pàrrafo se refiere al aspecto fìsico del segundo: "Don Josef, en cambio, era un Orestes. Alto, vigoroso, la cara roja como un pimiento, la nariz chica y encorvada, la cabeza mezquina pero bien puesta sobre los hombros. Don Josef pasaba la vida clamando contra todo lo que lo rodeaba: contra el paìs, contra sus hombres, contra las mujeres, contra los muchachos y contra don Pìo, a quien tenìa en poca cuenta en las situaciones normales".

    Uno de estos maestros era inmigrante: "Don Josef era oriundo de Cataluña y se vanagloriaba de haber nacido en el castillo Monjuich, de haber salvado la vida a varias personas, de haber presenciado un naufragio y de haber sido casi vìctima del hambre de una tigra mansa; preciàbase de haber conocido a la reina de España, doña Cristina, de haberla visto comer una olla podrida en un dìa de toros. Hacìa sacrificio de confesarse descendiente de don Gonzalo de Còrdoba, pero no se prestaba a pregonar mucho el parentesco, y lo repudiaba con majestad, porque no querìa que nadie sospechase que èl aprobaba las rendiciones de cuentas de su pco escrupuloso antepasado. Vivìa crònicamente colèrico, sin que esto importe decir que no supiera interrumpir sus accesos para hablar con fruiciòn, de los tesoros de Potosì y de fortunas colosales como las de los cuentos de hadas, porque el buen viejo tenìa altamente desarrollada la nota de la codicia".

    "Pero, cuando èl levantaba la voz en la clase, o fuera de la clase, o con los tertulianos nocturnos que lo visitaban en el colegio, entonces temblaba la casa: buscaba la invectiva, la lanzaba al rostro del adversario y la sazonaba con vocablos de estofado acabando por dominar el debate con sus gritos estentòreos. Dentro de ese cuerpo vigoroso, de rica muscultura de atleta, en el fondo de ese caràcter atrabiliario, disputador y pendenciero que amenazaba tragarse la tierra, se escondìa un ser enteramente pusilànime. Don Josef era una liebre".

    Recuerda con cariño a esos pedagogos: "Era un muchacho de quince años cuando entrè en el colegio y apenas sabìa leer y escribir, pero trabajè con tesòn y me abrì paso. Don Pìo me amaba y don Josef, que habìa empezado por expresarme el màs profundo desprecio, habìa pasado del indiferentismo al entusiasmo con una facilidad extraordinaria. Yo comenzaba a ser su ìdolo. De cuando en cuando pensaba que, siendo yo como era un pobre diablo, sin padre, sin fortuna, era demasiada generosidad de su parte interesarse por mì como se interesaba y me lo echaba en cara; pero cuando lo sorprendìa con un progreso inesperado para èl, o con un buen rasgo de conducta, entonces el buen viejo se exaltaba y pasaba los lìmites del entusiasmo en sus elogios".

    .....

    Inmigrantes y criollos conviven en esta obra -que incluye pàginas de "larvada xenofobia"-, en la que "Lucio Lòpez anticipa una visiòn crìtica nostàlgica y casi desesperanzada del cariz que toma la vida polìtica y social de la Argentina".

    Notas

    1. Lòpez, Lucio V.: La gran aldea. Costumbres bonaerenses. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    2. Prieto, Adolfo: "La generaciòn del 80. La imaginaciòn", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    3. Figueira, Ricardo: "Pròlogo" a Lòpez, Lucio V.: La gran aldea. Costumbres bonaerenses. Buenos Aires, CEAL, 1980.

    EUGENIO CAMBACERES. LA POSTURA ADVERSA

    La llegada de los inmigrantes a suelo argentino significò una transformaciòn de gran importancia. El porteño se encontrò conviviendo con extranjeros de diversas nacionalidades y esa realidad se vio reflejada en la literatura.

    En algunos autores, el sentimiento de aversiòn no reviste tonos demasiado violentos; se limitan –como Miguel Canè, en Juvenilia (1)- a presentar vascos temibles e italianos ridìculos. En Cambaceres, el inmigrante es presentado como un ser ignorante e inmoral; el escritor no disimula lo que siente ante quienes llegaron a tentar suerte en nuestro paìs.

    En la novela En la sangre (2) alude al italiano, padre del protagonista, con estas palabras: "Arrojado a tierra desde la cubierta del vapor sin otro capital que su codicia y sus dos brazos, y ahorrando asì sobre el techo, el vestido, el alimento, viviendo apenas para no morirse de hambre, como esos perros sin dueño que merodean de puerta en puerta en las basuras de las casas, llegò el tachero a redondear una corta cantidad".

    Andrès Avellaneda encuentra una explicaciòn para esta actitud: "Esos otros, responsables del peligro que ronda en la nueva ciudad, son para Cambaceres los inmigrantes y sus hijos, cuyas exigencias pugnan por modificar una realidad celosamente congelada" (3).

    Naturalismo

    El desdèn por el extranjero se evidencia con gran claridad en este libro. La sangre es el medio por el que las lacras sociales se transmiten de generaciòn en generaciòn. No obstante haber nacido en la Argentina, el protagonista tiene las caracterìsticas del inmigrante, de acuerdo con los postulados del naturalismo, corriente en la que encontramos al autor.

    Este movimiento, surgido en Francia en la segunda mitad del siglo XIX, sostiene tres principios bàsicos: la influencia de la raza, el medio y el momento; la importancia de la herencia y el caràcter fisiològico de las pasiones. "Con Eugenio Cambaceres –afirma Teresita Frugoni de Fritzsche- el naturalismo francès se incorpora a la novela argentina permitièndole asì alcanzar una dimensiòn realista que seguirìan todos los autores del siglo XIX y proncipios del XX, superando los esquemas simples y antitèticos de la època romàntica" (4).

    La argumentaciòn naturalista lleva a un determinismo que permite, segùn la teorìa, predecir el rumbo que tomarà la vida de los descendientes. Genaro, aunque argentino, lleva en sus venas la marca hereditaria del napolitano; està signado por todos los defectos que el novelista atribuye a ese grupo social y, al igual que sus paisanos, parece no tener virtud alguna. Lejos de plantear la responsabilidad del individuo, el autor hace hincapiè en lo heredado, en lo fatal. No sòlo da por supuestas las cuestionables leyes de la herencia y la influencia de la raza, el medio y el momento, sino que se aferra ciegamente a ellas, llegando a una postura prejuiciosa y, por ende, injusta.

    La novela apareciò publicada como folletìn en 1887, en el diario Sud-Amèrica. Fritzsche nos recuerda cuàl fue la acogida que tuvo la obra: "Paralelamente con su publicaciòn aparecen en el diario artìculos de ìndole diversa vinculados con la novela. Suponemos que parte del pùblico la considera inmoral, si nos atenemos a la defensa que J.A.A. (Juan Antonio Argerich) realiza en el nùmero del 13 de setiembre, observando que no es preciso atender a los asuntos que explota Cambaceres sino a su mèrito literario, pues es un hombre que conoce la vida y por lo tanto un escèptico".

    Los personajes

    Encontramos en Genaro dos momentos sucesivos: durante los primeros años, mortificado, trata de sobreponerse a su condiciòn; luego, con resentimiento y gran dolor, acepta su estigma. El muchacho culpa a sus progenitores por el desprecio de que lo hacen vìctima sus condiscìpulos; la vergûenza de su origen lo llena de odio, despecho y deseos de venganza, que consumarà en la persona de su esposa. "Estaba en su sangre eso, constitucional, inveterado –dice el novelista-, le venìa de casta como el color de la piel, le habìa sido transmitido por herencia, de padre a hijo".

    Genaro desprecia a sus padres. Camabceres muestra una vez màs la bajeza del joven, quien piensa: "¡Su padre... menos mal èse, se habìa muerto y de los muertos nadie se acordaba; pero su madre viva y a su lado, estando con èl, era una broma, un clavo, adònde irìa èl que no lo vieran, que no supieran, que no le hiciese caer la cara de vergûenza con la facha que tenìa, con sus caravanas de oro y su peinado de rodetes!". Para evitarse esa humillaciòn constante, Genaro hace que su madre vuelva a Italia. Queda en libertad para disponer a su antojo de los ahorros de sus padres y, a cambio, ni siquiera lee las cartas que la mujer le envìa.

    Al describir a los inmigrantes, Cambaceres recurre siempre a la comparaciòn con ; asì, habla de la cabeza de ave de rapiña del padre del protagonista, de la astucia felina de Genaro: "En un brusco manotòn de gato hambriento, alargò de instinto el brazo; crispados los dedos, como clavada la garra ya sobre el montòn de billetes". Estas imàgenes son empleadas por el escritor con el propòsito de degradar a los extranjeros, de mostrarlos lindando con lo irracional".

    Ante la fuerza del instinto, nada puede hacer el protagonista: "Y si tal habìa nacido -se defiende-, si asì lo habìan fabricado y echado al mundo de sus padres, ¿era èl el responsable, tenìa èl la culpa por ventura? No, como no la tenìan las vìboras de que fuera venenoso su colmillo". Ni siquiera tiene valor para matarse: "ni de ese triste rasgo de nobleza, ni de esa ùltima, ni de esa ùnica prueba de valor y entereza era capaz". El "vivirìa, seguirìa prendido con dientes y uñas a la vida, como los perros a las osamentas!...".

    Antonio Pagès Larraya opina sobre el tratamiento que Cambaceres da a sus personajes: "La herencia y el medio conforman a Genaro, criatura vacìa de ètica, casi infrahumana. Quizàs el afàn de apegarse a una conclusiòn que hoy nos parece arbitraria –la de que en los hijos del inmigrante perdura el inescrupuloso apetito de los padres- volviò estrecho el relato. Las aventuras del ‘parvenu’, del trepador que se eleva sin elegir los medios, pierde vigor por su forzada limitaciòn a una tesis" (5).

    Aparecen, a lo largo de la obra, otros inmigrantes retratados con la misma crueldad. Entre ellos, los amigos del napolitano, quienes "habìanse pasado la voz para el velorio. Poco a poco fueron llegando de a uno, de a dos, en completos de paño negro, con sombreros de panza de burro y botas gruesas recièn lustradas". El comportamiento de los paisanos, afligidos, le merece un comentario despiadado: "Zurdamente caminaban, iban y se acomodaban en fila a lo largo de la pared, en derredor del catafalco elevado en la trastienda. Uno que otro, cabizbajo, en puntas de pie, aproximàbase al muerto y durante un breve instante lo contemplaba. Algunos daban contra el umbral al entrar, levantaban la pierna y volvìan la cara".

    El "tano" capataz del cementerio tenìa voz vinosa; el gallego portero de la universidad era ñato de nariz y cuadrado de cabeza; Bearnès, el dueño del cafè, era ronco, gordo, gritòn y gran bebedor de ajenjo. Y asì, podrìamos enumerar muchas oportunidades en las que los inmigrantes son vìctimas del escarnio del autor.

    .....

    El testimonio de Cambaceres nos brinda la posibilidad de conocer la actitud de un hombre de esa època ante las profundas transformaciones que se estaban operando. El aluviòn inmigratorio cambiò para siempre la estructura de la sociedad y motivò pàginas como las del autor de En la sangre, las cuales, aunque resultan violentas a los lectores, son tambièn parte de nuestra literatura.

    Notas

    1. Canè; Miguel: Juvenilia. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    2. Cambaceres, Eugenio: En la sangre. Buenos Aires, Plus Ultra, 1968.
    3. Avellaneda, Andrès: "El naturalismo y Eugenio Cambaceres", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    4. Frugoni de Fritzsche, Teresita: Pròlogo a En la sangre. Buenos Aires, Plus Ultra, 1968.
    5. Pagès Larraya, Antonio: "El naturalismo y el tema del inmigrante", en La Naciòn, 1945.

    ANTONIO ARGERICH. EL ENFOQUE DETERMINISTA

    Algunas de las novelas relacionadas con la inmigraciòn de fin de siglo se destacan por la agresividad del autor y por el encono que manifiesta hacia los extranjeros. En una de ellas fundamenta el escritor su aversiòn, basàndose en supuestos provenientes de las ciencias mèdicas, refutados oportunamente por un sacerdote. La obra a la que nos referimos es ¿Inocentes o culpables?, de Antonio Argerich, un pensador que, a su manera, busca lo mejor para la Argentina.

    Adolfo Prieto señala que en autores como Canè y Mansilla, "la hostilidad frente al extranjero parece responder a motivaciones clasistas", en cambio, "en otros autores, la xenofobia maneja el repertorio cientìfico de la època y se presenta con un vocabulario pretendidamente asèptico y neutral. Asì Antonio Argerich en su novela Inocentes o culpables (1884) y Cambaceres en la ùltima de sus obras, En la sangre, publicada en 1887" (1).

    La obra de Argerich se inserta en el panorama creativo de su tiempo, que fue muy rico y variado; asì lo recuerda el ensayista: "entre 1884 y 1889 y aparte de la obra de los cultores de una prosa evocativa o fragmentaria como Canè, Wilde o Mansilla, dotada sin embargo de caracterìsticas narrativas, aparecieron La gran aldea de Lucio V. Lòpez, ¿Inocentes o culpables? de Antonio Argerich, y todas las novelas de Cambaceres, las primeras de Ocantos y Severo J. Villafañe, La familia Quillango, novela corta de Cantilo, (...) ya por esos años entregaban a las prensas sus primeros trabajos Roberto J. Payrò y Josè Sixto Alvarez (Fray Mocho) para comprobar la irrupciòn masiva de una novelìstica argentina preocupada por reflejar el contorno inmediato y centrada en los rasgos tìpicos del gènero"

    Razas inferiores

    De ¿Inocentes o culpables? se dijo que "no es màs que una torpe historia de un inmigrante italiano, con la que se propone probar cuàntos daños puede acarrear a la sociedad argentina la inmigraciòn de gentes de razas inferiores" (2). En el pròlogo a su libro, el escritor da las razones por las que considera perniciosa la llegada de ciertos extranjeros: "me opongo franca y decididamente a la inmigraciòn inferior europea, que reputo desastrosa para los destinos a que legìtimamente puede y debe aspirar la Repùblica Argentina; (...) La intromisiòn de una masa considerable de inmigrantes, cada año, trae perturbaciones y desequilibra la marcha regular de la sociedad, -y en mi opiniòn no se consigue el resultado deseado, esto es, que se fusionen estos elementos y que se aumente la poblaciòn. En efecto, si buscamos unidad, serìa imposible encontrarla: se habla de colonias aun aquì mismo en la Capital de la Repùblica y ya tenemos los oìdos taladrados de oìr hablar de la patria ausente, lo que implica un estravìo moral y hasta una ingratitud, inspirada, muchas veces, por el interès que azuza un sentimiento exòtico y apagado para que se ame a una madrastra hasta el fanatismo" (3).

    Esta no es la crìtica màs indignante que hace. A criterio de Adolfo Prieto, "fue Argerich, justamente, quien llevò màs lejos los supuestos del naturalismo zoliano al convertir a su novela ¿Inocentes o culpables? (1884) en una verdadera novela de tesis, con la exposiciòn de un diagnòstico y la elaborada descripciòn de pretendidos morbos sociales. Mèdico como Holmberg y Ramos Mejìa, Argerich acepta algunos conceptos polèmicos de la ciencia de su tiempo, sobre la presunta superioridad e inferioridad de las diversas razas, y pasa a demostrar en su novela que la inmigraciòn de procedencia europea, que por entonces empieza a romper el equilibrio demogràfico del paìs, serà desastrosa para la sociedad argentina".

    Argerich sostiene que "para mejorar los ganados, nuestros hacendados gastan sumas fabulosas trayendo tipos escogidos, -y para aumentar la poblaciòn argentina atraemos una inmigraciòn inferior. ¿Còmo, pues –se cuestiona-, de padres mal conformados y de frente deprimida, puede surgir una generaciòn inteligente y apta para la libertad? Creo que la descendencia de esta inmigraciòn inferior no es una raza fuerte para la lucha, ni darà jamàs el hombre que necesita el paìs".

    Ademàs –vaticina- "los ferrocarriles nacionales y provinciales y las obras de la ciudad de La Plata, terminaràn –y entonces cesarà la demanda de brazos, y esas masas volveràn a afocarse a las ciudades, trayendo graves perturbaciones: se resentirà la salubridad, subiràn màs los alquileres de las casas y aumentarà la carestìa de los artìculos de primera necesidad, causas que evitan el acrecentamiento de la poblaciòn- y la destruyen a medida que se forma, como observa Malthus".

    Considera que "tenemos demasiada ignorancia adentro para traer todavìa màs de afuera" y que "es deber de los Gobiernos estimular la selecciòn del hombre argentino impidiendo que surjan poblaciones formadas con los rezagos fisiològicos de la vieja Europa". Propone una soluciòn para el problema al aseverar que "el remedio a nuestra escasa poblaciòn lo tenemos en nuestros propios lìmites territoriales: existen causas no estudiadas que detienen la poblaciòn y, mientras no se allanen, no resolveremos satisfactoriamente el problema ni aùn con pasajes pagos a los inmigrantes".

    Determinismo o libre albedrìo

    Al nacer el primer hijo de los inmigrantes, Argerich habla de la influencia que "la raza, el medio y el momento" ejercerìan en èl, tal como afirmaba Hipòlito Taine. Le resta toda capacidad de decisiòn, pues "todo estaba preestablecido. Todo lo habìan ordenado voluntades y cerebros anteriores. Su bulto informe, sumergido en las ropas de la cuna, podìa compararse con un wagon de carga, construido para repuesto en una vieja lìnea fèrrea, porque como el wagon, su camino estaba fatalmente trazado. Vagaban en el ambiente las preocupaciones que habìan de nutrir su espìritu: los libros estaba escritos y designados, hasta su misma planta tendrìa que vagar forzosamente por la ruta que formaron las hormigas de anteriores generaciones. Està a merced de las influencias esteriores y de las necesidades que fatales desbordan del organismo. Vìctima de la casualidad o de la conjunciòn de dos sustancias desconocidas en su esencia, pobre prisionero de la vida, cautivo del momento històrico, no h escogido el tiempo de su venida al mundo, su idioma ni su nacionalidad. La lògica de la herencia, casualidad para èl, le ha dado sexo, color y temperamento".

    Partiendo de estos principios deterministas, lo que sucede al individuo es algo inexorable, en lo que èl no puede tener injerencia; lo afirma el portavoz del autor: "tiene tanta culpa de lo que le ha sucedido como el transeùnte a quien aplasta un ladrillo que cae de un andamio". Por tanto, a criterio de Argerich, la persona que comete un acto vil, responde a "imanes fatales en la vida y cosas irresistibles"; sostiene que "hay pasiones que arrastran todos los diques" y que quien sucumbe a ellas es inocente, porque sòlo està siguiendo los mandatos de su sangre.

    El sacerdote, en cambio, considera que hablar asì "es blasfemar: Dios ha hecho libre al hombre, y por lo tanto es responsable de sus actos; de lo contrario se deberìa abrir la puerta de las càrceles" y manifiesta que quien realiza un acto vil "es culpable, aunque la misericordia del Ser Supremo es infinita", porque, para contrarrestar los "imanes fatales", estàn el deber y la religiòn. Esta es la disquisiciòn que da tìtulo a la novela.

    .....

    Esgrimiendo razones de ìndole cientìfica, a todas luces discutibles, Argerich se opone a la llegada de los extranjeros, reflejando la posiciòn de muchos argentinos de la època. "¿Inocentes o culpables? es una de las pocas obras que registran abiertamente aquel sentimiento, tan comùn en los habitantes de esa Argentina que se veìa invadida por otras razas y otras costumbres. Por eso su testimonio es valioso".

    CARLOS MARIA OCANTOS. LA MIRADA SELECTIVA

    Carlos Marìa Ocantos es el autor de Quilito (1), una de las tres obras màs representativas del "Ciclo de la Bolsa" (las otras dos son La Bolsa, de Juliàn Martel, y Horas de fiebre, de Segundo Villafañe).

    Andrès Avellaneda señala que "dos grandes grupos de novelas filiadas en mayor o menor grado al naturalismo, se refieren a los temas decisivos en el momento ochentista: el inmigrante y la fiebre financiera" (2). En Quilito, estos temas aparecen entrelazados, al tiempo que se transmite una visiòn selectiva sobre la inmigraciòn europea, destacando las virtudes de los ingleses y tolerando a los latinos.

    En 1888 apareciò Leòn Zaldìvar, de Ocantos. Adolfo Prieto afirma que el escritor "iniciò con esta novela una larga serie de obras dedicadas, en lo fundamental, a reflejar diversos aspectos de la realidad argentina. Con Quilito (1891), El candidato (1893), Tobi (1896), el ciclo alcanzò sus logros màs felices, pero por su ubicaciòn cronològica y sus temas especìficos, estas obras seràn consideradas como representativas de la novelìstica de la dècada del 90" (3).

    "En la figura de Ocantos –dice el editor- se corporiza uno de los olvidos màs notables de la historia de las letras argentinas". Este olvido es relacionado con la vida que llevò el escritor, quien "ingresò a la carrera diplomàtica en 1884, y viviò casi siempre fuera del paìs". El presentador de la ediciòn sostiene que "En franca oposiciòn a las influencias literarias francesas tan en boga en la dècada del noventa, Ocantos era un estilista de formaciòn hispànica, un verdadero discìpulo de los realistas peninsulares, especialmente de Pèrez Galdòs –ambos tienen estilos muy parecidos-, que le sirviò de modelo para una serie que llamò Novelas argentinas, inspiradas en los famosos Episodios Nacionales del ilustre escritor canario" (4). Cabe acotar que en 1887 fue designado miembro de la Real Academia Española; uno de los literatos que lo propuso fue precisamente Galdos (los otros fueron Juan Valera y Josè Marìa de Pereda).

    A criterio de quien escribe este texto preliminar, "Quilito no se centra exclusivamente en la quiebra de la Bolsa y en sus derivaciones. (...) La difìcil y conflictuada sociedad del noventa encuentra en Quilito un reflejo fiel y acabado. En sus pàginas quedò impreso para siempre el retrato de las costumbres, las formas de ser, de relacionarse y de sentir en las que se gestò la esencia del argentino de hoy".

    Los latinos

    En la obra aparecen inmigrantes de distintas nacionalidades, a los que Ocantos retrata en forma diferente. Siente predilecciòn por el personaje inglès, en el que hace encarnar todas las virtudes, al tiempo que demuestra desdèn por los italianos. El portuguès, en cambio, le parece corrupto y oportunista, a juzgar por los apelativos con que lo evoca.

    Ocantos no se cierra a la postura generalizada en su època, que consistìa en combatir la inmigraciòn. El advierte los rasgos buenos en los criollos y en los inmigrantes, y tambièn sabe ver en ambos grupos los procederes que evidencian la decadencia moral y que llevan a una existencia desgraciada o, incluso, a la muerte.

    En la casa de Quilito trabajaba una italiana: "Un apetitoso olor de guisado salía de la cocina abierta, donde una genovesa cerril movía espátulas y zarandeaba cacerolas, envuelto en el humo espeso del asado, que chirriaba sobre las parrillas"" Más adelante dirá de esta mujer que cantaba "un aire de su país, con acompañamiento de platos y cacerolas".

    Habla también Ocantos de un "italianito vendedor de diarios", lo cual podrìa llevarnos a pensar que ubica a los italianos en trabajos que no requieren estudio. No es asì, pues crea el personaje de Rocchio, un corredor de Bolsa, "un hombrazo con muchas barbas, italiano con sus ribetes de criollo". Al igual que la genovesa, este hombre es descripto por Ocantos con rasgos distintos de los que caracterizan al inglès, los criollos y los indios; lo describe como "un italiano atlético, cuadrado, con las crines erizadas, cuya voz era un rugido; tan brusco en sus maneras, que un buenas tardes de su boca hacìa el efecto de un escopetazo a quemarropa, y un apretòn de manos producìa la sensaciòn de arrancar el brazo, a tirones, brutalmente. Trabajador, eso sí, como una mula de carga, y ahorrativo como una hormiga; Rocchio no perdía un minuto de su día comercial, ni gastaba un centavo más de su cuenta del mes".

    Muy diferente era el usurero Raimundo de Melo Portas e Azevedo. De los italianos de Ocantos puede decirse que no tenìan muchas luces, ni una educaciòn refinada, en cambio el lusitano era para el autor una persona ruin. Lo define como "el ángel protector de empleados impagos y pensionistas atrasados, el agente de funeraria de toda quiebra, el cuervo voraz de toda desgracia, el pastor de los hijos de familia descarriados". Vemos que utiliza también en esta oportunidad la comparación con , como lo hiciera con los italianos, pero el sentido es bien distinto.

    A pesar de sus condiciones para vivir indignamente, el portuguès no es el peor en esta historia; alguien lo supera, y es, paradòjicamente, un criollo, para demostrar que Ocantos no es prejuicioso: "entre don Raimundo y èl, igualmente criminales y condenados a la mismapena por la opiniòn pùblica, habìa una capitalìsima diferencia: la que existe entre el ladròn y el ratero, no porque el portuguès se contentara con pequeños robos al por menor, que era un pez de primera magnitud, sino porque ante las hazañas de don Bernardino, quedàbase en mantillas".

    El inglès

    En Quilito, Ocantos escribe que la ola de emigraciòn europea nos aporta periòdicamente lo bueno y lo malo -al menos no piensa, como otros, que es todo malo-; Mister Robert, seguramente es el inmigrante ideal para el autor de las Novelas argentinas y para muchos màs. La oposiciòn entre los latinos incultos y el inglès culto nos hace pensar en Juvenilia (5), donde se hablaba de los vascos y del italiano, confrontados con la grandiosa figura de Monsieur Jacques. Evidentemente, el planteo no era nuevo; reflejaba, por otra parte, las preferencias del gobierno que –dice el historiador Exequiel Cèsar Ortega- "en los social favorecerìa cada vez màs la inmigraciòn, sobre todo la europea en general, perdidas bastante las esperanzas de la anglosajona y francesa en particular".

    Las cualidades del inglès no son tomadas como modelo por los jòvenes criollos que especulan en la Bolsa. Quilito "miraba a Mìster Robert y se encogìa de hombros con làstima. No, no se verìa èl en ese espejo. Allì estaba desde la mañana casi hasta la noche, la espalda encorvada, los dedos agarrotados sobre el lapicero, sentado en el banco de patas largas, sin descanso, sin distracciòn, esclavo del trabajo, prisionero del deber; y asì todos los dìas, todos los dìas... hasta que la enfermedad le clavase en el lecho, la vejez le baldara o le sorprendiera la muerte. Entretanto, habrìa pasado los mejores años de su vida sin gozarlos, dejando para otros el fruto de lo que èl sembrara...".

    No sòlo Mister Robert era probo; tambièn lo era su familia: el inglès "no concurrìa a cafès ni a teatros; su distracciòn ùnica, suprema, que saboreaba con el deleite de un goloso, era su familia: la mujer, un àngel; el hijo, otro àngel, y el padre, viejo patriarca de Irlanda, màs catòlico que el Papa y de una honradez a toda prueba; de esos caracteres que ya no se estilan y que, temerosos, se esconden en el santuario del hogar, como prenda pasada de moda, para no exponerse a la irrisiòn del pùblico".

    Tantas buenas condiciones no le garantizaron al inglès una vida tranquila. Fue arrastrado ala quiebra por los señoritos inùtiles, ya que "èl no traìa sino la inteligencia y el trabajo, que no alcanzan en plaza cotizaciòn alguna, menos cuando van refrendados por la firma del favoritismo".

    .....

    En la obra de Ocantos, de clara intenciòn moralizante, se advierte la inmigraciòn como presencia heterogènea, que encierra en su seno seres de diversas condiciones. Aunque el escritor siente predilecciòn por los inmigrantes de cierta nacionalidad, no por ello deja de señalar que el cosmopolitismo es peligroso para los valores nacionales. Esa era su visiòn de lo que acontecìa en el paìs, y lo testimoniò en su novela.

    Notas

    1. Ocantos, Carlos Marìa: Quilito. Hyspamèrica.
    2. Avellaneda, Andrès: "El naturalismo y Eugenio Cambaceres", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    3. Prieto, Adolfo: "La generaciòn del 80. La imaginaciòn", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    4. S/F: en Ocantos, C.M.: Quilito, Hyspamèrica.
    5. Canè, Miguel: Juvenilia. Buenos Aires, CEAL, 1980.

    JULIAN MARTEL. INMIGRANTES EN LA BOLSA

    La atmòsfera de la Argentina de fines del siglo XIX es descripta por el historiador Exequiel Cèsar Ortega, quien escribe: "Las medidas econòmicas y financieras oficiales, de todo tipo, se encaminaron hacia las soluciones desesperadas. El esfuerzo por reducir desniveles se reflejò hasta en los cambios de los ministros de Hacienda, emisiones monetarias clandestinas, proyecto de nuevas ventas, concesiones y emprèstitos, circulaciòn de emisiones derogadas ya... Hasta que llegò el llamado presidencial de Juàrez Celman contra la fiebre especuladora y que exhortaba en cambio a la cordura en inversiones, negocios, gastos y juego de Bolsa "a pase y diferencia" (1).

    Algunas obras literarias reflejan la crisis de la Bolsa de Comercio y la revoluciòn de 1890. Son novelas que aparecieron como una manifestaciòn de los creadores frente a una situaciòn; ellos buscaron moralizar y demostrar los peligros que se corrìan si no se cambiaba el rumbo.

    Andrès Avellaneda escribe al respecto: "Hacia el 90, como una consecuencia de la crisis que vive el paìs y uno de cuyos sìntomas màs agudos es probablemente el crack financiero que se produce en la Bolsa para esa fecha, este naturalismo se hace social, recoge la temàtica de esa crisis, y documenta el fenòmeno en una serie de novelas que, por ese mismo motivo, ha sido llamado ‘el ciclo de la Bolsa’ " (2).

    El ciclo

    Irene Ferrari realiza una valoraciòn de las obras a las que nos referimos. Ella escribe: "Varios de nuestros escritores buscaron comprender lo ocurrido y dejar constancia de ello. Las once novelas de esta etapa, de escaso valor literario, fueron llamadas posteriormente ‘el ciclo de la Bolsa’. Entre las màs representativas estàn Horas de fiebre, de Segundo Villafañe, y Quilito, de Carlos Marìa Ocantos. Pero la ùnica reconocida por la posteridad es la de Martel" (3).

    Diana Guerrero coincide con la ensayista en la valoraciòn de las novelas: "Un año despuès de la revoluciòn y de la caìda de Juàrez Celman aparecieron La Bolsa y Horas de fiebre de Segundo Villafañe, y en Parìs Quilito, de Carlos Marìa Ocantos. Cinco años màs tarde Pedro Morante publica Grandezas. En las pàginas de estas cuatro novelas se suceden escenas de los lugares màs significativos en la vida porteña de ese momento: Palermo, el Hipòdromo, Florida, el Club del Progreso, pero particularmente describen el edificio y la actividad de la Bolsa. Todos coinciden en censurar las costumbres y la moral de ese momento tan convulsionado de nuestra historia. Los ecos de la revoluciòn y de los acontecimientos que la precedieron se prolongan en otra novela aparecida en 1898: La Maldonada, del periodista español Francisco Grandmontagne, incorporado a la vida argentina. Pero posiblemente el relato que pinta màs acabadamente ese momento històrico sea La Bolsa" (4).

    Andrès Avellaneda señala que "dos grandes grupos de novelas filiadas en mayor o menor grado al naturalismo, se refieren a los temas decisivos en el momento ochentista: el inmigrante y la fiebre financiera". Entre las novelas protagonizadas por inmigrantes menciona En la sangre de Cambaceres, Inocentes o culpables de Argerich, Bianchetto de Adolfo Saldìas y Teodoro Foronda de Francisco Grandmontagne, ademàs de algunas de las Novelas argentinas de Carlos Marìa Ocantos.

    El otro grupo de novelas –el que tiene que ver con la Bolsa- aparece con celeridad: "El mismo año de la crisis se publica Abismos de Manuel Bahamonde; al año siguiente aparecen La Bolsa, de Juliàn Martel (Josè Marìa Mirò); Quilito, de Carlos M. Ocantos; y Horas de fiebre, de Segundo I. Villafañe".

    No termina aquì la producciòn al respecto: "El tema sigue interesando a los novelistas a partir de 1891 –agrega-: Grandezas (1896), de Pedro G. Morante; Quimera (1899), de Josè Luis Cantilo, prolongan una lìnea temàtica que llega hasta Roberto J. Payrò, con Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira (1910)".

    La Bolsa

    "Escasa informaciòn ha sido recogida acerca de la existencia de Josè Marìa Mirò, conocido literariamente como Juliàn Martel –escribe Noè Jitrik. Sin embargo, hay dos hechos relevantes que vinculan su vida con su obra: fue pariente pobre de una poderosa familia cuyo palacio se levantaba donde hoy està la Plaza Lavalle y, como consecuencia de ello, tuvo que trabajar en el periodismo, de cuyo anonimato emergiò por esta novela, la ùnica que escribiò. (...) Al parecer, cuando tenìa 20 años se acercò a la Bolsa para inicarse en las operaciones con la esperanza, muy comùn en esa època, de enriquecerse ràpidamente para poder conquistar asì el corazòn de una mujer. Es verosìmil que eso haya sucedido, asì como la pèrdida de todo su dinero. Posteriormente a esos episodios, es decir hacia 1888, entra al diario La Naciòn como cronista volante, episodio trascendental en primer lugar porque constituye un excelente puesto de observaciòn, luego porque siendo una tarea anònima no le concede el reconocimiento esperado".

    "Durante 1890 escribiò La Bolsa; la ùltima frase fue redactada el 30 de diciembre. Dos hechos notables pueden observarse: el primero es que siendo una obra realista y de actualidad no ha incluido como tema la revoluciòn del mismo año; el segundo es que en el mismo año se publicò en Francia L'Argent, novela mediante la cual Zola investiga y condena el sistema financiero. (...) La Bolsa aparece en folletìn en La Naciòn desde el 24 de agosto hasta el 4 de octubre de 1891, con gran èxito de pùblico y de crìtica".

    El crìtico considera que la obra fundamental de este ciclo –la de Martel- tiene importancia desde diversos puntos de vista, a pesar de su escaso valor literario: "La Bolsa es una obra literariamente poco importante, inmadura, pero que asì y todo expresa varias cosas de interès; en primer lugar hay, conscientemente o no, una tentativa por trascender la literatura del 80 en su fisonomìa màs exterior; en segundo lugar, muestra un escritor desclasado, emergente del periodismo y que anticipa, por esas razones, un nuevo tipo de escritor, el profesional; en tercer lugar, se trata de un libro inspirado en hechos contemporàneos, ubicado en una actualidad, comprometido polèmicamente con sus interpretaciones" (5).

    El propòsito moralizante aparece en la obra de Martel, en la que una mujer observa còmo su marido, estudiante brillante de otros tiempos, se ve envuelto en la fiebre especuladora. Le advierte cuàles seràn las consecuencias de su actitud, pero "no logrò convencerlo ni aquel dìa en que con sus dos hijos en brazos (dos preciosuras, frutos de sus amores)le preguntò si correrìa el peligro de verlos expuestos al deshonor o a la miseria".

    El narrador tambièn advierte al personaje que, enceguecido, no puede escucharlo: "¡Come, come, insigne doctor, saborea despacio los manjares que te presentan, porque los bolsistas como tù, sàbelo bien, no tienen nunca seguro el pan de mañana!...". El narrador le habla asimismo al lector, a quien hace partìcipe de sus funestos vaticinios: "Con su ancha cara bondadosa disfuminada en una expresiòn de insana codicia, oyèrais hablar a aquel ministro de emisiones clandestinas, de grandes negocios solapados que, al aumentar la fortuna de S. E., seràn màs tarde la ruina y el deshonor de la patria".

    Los inmigrantes

    Escribe Martel: "la raza semita, arrastràndose siempre como culebra, vencerà, sin embargo, a la raza aria".

    Noè Jitrik analiza la visiòn del inmigrante en esta novela: "Hay dos razones aparentes de culpabilidad; una es polìtica, el règimen juarista, la otra es moral, la de los que medran con el sistema, Granulillo, Armel y los otros; pero los verdaderos culpables son otros, los agentes corruptores, los que frìamente traman apoderarse del paìs y destruir a sus hombres y, especialmente, su sentido moral: son los judìos y en ellos se detiene la mirada profunda, sagaz; hay una esencia en ellos a que debe remitirse toda comprensiòn del fenòmeno. Varias veces los judìos son atacados ya sea por personajes ya por el narrador; quien los defiende es el personaje màs corrompido, Granulillo. Glow los ataca con argumentos de Edouard Drumont, cuyo libro, La France juive (1886), cita. Sorprende sin embargo que en la novela no se haga actuar concretamente a un personaje judìo sino que todas las acusaciones sean de caràcter general. Los ‘culpables’ estàn establecidos; se lo ha encontrado ya sea porque estaban en el ambiente, ya porque el argumento sirve para escamotear un anàlisis màs concreto de responsabilidades actuales".

    "Segùn algunos crìticos, Bagù entre ellos, no existìa problema judìo en el paìs -agrega-; todas las referencias literarias anteriores son incidentales; las manifestaciones del propio Sarmiento (Condiciòn del extranjero en Amèrica) tienen un caràcter teòrico; en 1888 entraron al paìs 8 familias judìas, al año siguiente 136 y casi todos se fueron al interior. El judìo viene a ser lo extranjero por antonomasia y, en una concepciòn naturalista, un objeto privilegiado pues no ha mezclado su sangre. Lo màs probable es que el ataque sea contra los extranjeros en general, lo cual le restituye el alcance de alegato antirroquista que se va constituyendo a partir de la aplicaciòn del plan roquista, especialmente inmigratorio. En consecuencia, su profecìa de ruina cubre la moral de la naciòn entera, fiscaliza todo un sistema polìtico y canaliza el resentimiento de los que estàn fuera de èl; el prototipo de este alejamiento es el general Mitre, cuyo diario publica este folletìn".

    "La lectura màs superficial e ingenua de La Bolsa de Juliàn Martel sorprende por la enorme carga de xenofobia y antisemitismo –afirma Gladys Onega. (...) Los protagonistas del drama se convierten en un ente abstracto llamado judaìsmo internacional; los instrumentos, algunos patricios argentinos ‘contagiados’ (de acuerdo con la terminologìa naturalista); las vìctimas, otra vez, los mismos patricios. ¿Cuàl es la actuaciòn de la clase media y del proletariado en la crisis? Ninguna. ¿Cuàl es la funciòn del inmigrante? La imagen que tiene Martel sobre la inmigraciòn masiva està subordinada a la del tipo argentino aristocràtico y ambas, a su vez, a la del judìo que es el deus ex machina de la concepciòn irracionalista de la economìa".

    .....

    Los inmigrantes son los culpables de la crisis. Asì pensaba la clase alta; asì lo dejò escrito Martel..

    Notas

    1. Avellaneda, Andrès: "El naturalismo y E. Cambaceres", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    2. Ortega, Exequiel Cèsar: Còmo fue la Argentina (1516-1972). Buenos Aires, PlusUltra, 1972.
    3. Ferrari, Irene: en La Prensa
    4. Guerrero, Diana: Pròlogo a La Bolsa. Buenos Aires, Huemul,
    5. Jitrik, Noè: "El ciclo de la Bolsa", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    6. Martel, Juliàn: La Bolsa. Buenos Aires, Kraft, 1956..

    ESTANISLAO ZEBALLOS, APOLOGISTA DE LA INMIGRACIÓN

    Si se recuerda a Estanislao Zeballos, es por su literatura de frontera. Callvucurà y la dinastìa de los piedra (1884), Painè y la dinastìa de los zorros (1886) y Relmu, Reina de los pinares (1887) son –a criterio de Adolfo Prieto- "las màs valiosas de toda su producciòn" (1). Sin embargo, no se agotò allì el talento de este estadista, legislador, periodista y escritor que siendo muy joven nos legò obras que sorprenden por la documentaciòn consultada y por la fuerza con que expone su tesis.

    Teniendo menos de treinta años –habìa nacido en 1854, en Rosario-, concibiò el proyecto de un tratado en varios volùmenes en el que presentarìa diversos aspectos geogràficos y que llevarìa por tìtulo general Descripciòn amena de la Repùblica Argentina. De esta ingente obra aparecieron sòlo tres tomos: Viaje al paìs de los araucanos (1881), La rejiòn del trigo (1883) y A travès de las cabañas (1888).

    Es en el segundo de ellos en que Zeballos realiza una interesante apologìa de la inmigraciòn, llamativa sobre todo por provenir del hombre que fundara la Sociedad Rural Argentina.

    El colono

    En La rejiòn del trigo (2) sostiene que "Es peculiar de los hombres primitivos y de las sociedades embrionarias huir de la luz que redime como de la llama que quema". Por el contrario -afirma-, "si el viajero es como yo, argentino de buena ley, se encanta en el sentimiento patriòtico, en el noble y justo amor a nuestra tierra de que hacen orgullosa ostentaciòn los colonos", por ejemplo, "cuando acostumbran hacer un intermedio a media fiesta para tributar homenage à la Repùblica Argentina bailando un aire nacional: el gato". Tanto los nativos como los extranjeros se benefician con la apertura de la inmigraciòn, ya que –señala- "Un colono colocado es una fuente de riqueza privada y de renta pùblica".

    Se refiere a las corrientes de la inmigraciòn: "Dos corrientes notables caracterizan el movimiento emigratorio de Europa. Los hijos del Norte, principalmente los Anglosajones, los alemanes y escandinavos, se dirijen hàcia los Estados Unidos y la Australia, atraidos por afinidades de raza, de religiòn, de hàbitos y de clima. La raza latina, dueña de la Europa meridional, se encamina casi esclusivamente à la Repùblica Argentina, cuyas instituciones hospitalarias, un clima templado y saludable, el orìgen y la lengua brindan el teatro soñado para las espansiones del hombre que aspira à la riqueza y à la libertad".

    "No existe paìs sobre la tierra donde los estrangeros gocen de mayor amparo, de estìmulos màs positivos y de privilejios màs atrayentes y completos que en la Repùblica Argentina –asevera-. Conservan desde luego su nacionalidad y su relijion, al amparo de una constituciòn adelantadìsima, que ofrece sus derechos y garantìas à todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Gozan de libertad de trabajo y de industria, de navegaciòn y de comercio, de peticiòn à las autoridades, de trànsito en el territorio nacional, de publicar sus ideas por la prensa sin censura prèvia, de enseñar y aprender y de asociarse con propòsitos ùtiles, coronando el cuadro de estos derechos el de propiedad, sin trabas ni condiciones (Artìculo 4 de la Constituciòn)".

    Como prueba de ello, nos habla de la transformaciòn que se opera en el extranjero que se establece aquì. Cuando arriba a nuestra tierra, su situaciòn es lamentable: "Mirad al colono en el muelle, pobre, desvalido, conducido hasta allí después de haber sido desembarcado á espensas del gobierno, sin relaciones, sin capital, sin rumbos ciertos, ignorante de la geografía argentina y de la lengua castellana, lleno de las zozobras y de las palpitaciones que agitan al corazón en el momento supremo en que el hombre se para frente a frente de su destino para abordar las soluciones del porvenir, con una energía amortiguada por la perplejidad que produce la falta de conocimiento del teatro que se pisa, y las rancias preocupaciones sobre nuestro carácter, el más hospitalario del mundo por redondo y el más vejado en Europa por nécias o pérfidas publicaciones. Solamente lo alientan en tan extraña situación de espíritu las aptitudes que lo adornan y la voluntad de hacerlas valer".

    Tiempo despuès, hallamos al colono ya establecido: "Venid ahora conmigo à ver à este mismo inmigrante en el primer grado de su transformaciòn social. Hèlo aquì! Sale à recibirme en su hogar, porque ya tiene un hogar. Su espontaneidad y la espresiòn de alegrìa sincera en su semblante tostado y percudido, dicen con toda verdad el bienestar de su alma. ¡Cuàn hermoso es el contraste!".

    Propuestas

    Acerca del nùmero de inmigrantes que llegan a nuestro paìs, señala: "A pesar de estas maravillosas seducciones la inmigraciòn nos llega en una corriente apenas perceptible, comparada con la cifra de seiscientas mil almas que ingresan anualmente à los Estados Unidos; y el cultivo de los campos solitarios se retarda por falta de brazos, devorada su savia por selvas inexploradas o por infecundos pajonales".

    Sostiene que "La causa de la lenta fecundaciòn de tan soberbios elementos de Civilizaciòn, ni es por consiguiente asunto esencial, sinò de procedimientos: y hasta ahora hemos procedido erròneamente".

    Distingue entre inmigraciòn espontànea y artificial. Cree que lo que debe hacerse es "limitarse a estimular la inmigraciòn espontànea", la que "se mueve por sì misma y paga su viaje, atraìda por noticias adquiridas de las ventajas que le proporcionarà nuestro teatro de trabajo, ò decidida por consejos ò proposiciones y aun contratos que le brindan sus parientes y amigos establecidos felizmente en la Repùblica".

    "La inmigraciòn artificial nos ha llegado por obra y efecto de la acciòn de agentes gubernativos enviados à Europa à reclutarla. Los medios empleados han sido muchos y malos. El enganche se hizo durante la guerra del Paraguay para remontar los cuerpos de ejèrcito de lìnea, y se practica actualmente para engrosar los ejèrcitos que empleamos en construir ferro-carriles"

    "La propaganda ha sido empleada con elementos ineficaces, apenas perceptible y solamente en las grandes capitales, de donde nos enviaba brazos ùtiles en proporciòn inferior à la de los ancianos, invàlidos, viciosos, incorrejibles y holgazanes, que se acumulaban en Buenos Aires, principalmente, sirviendo en los pequeños oficios, en las obras y en los talleres. En esta inmigraciòn oficial no escaseaban criminales".

    "Estos reclutamientos, como los hechos por cuenta de los gobiernos para formar colonias, han sido generalmente deplorables, con numerosas excepciones por la mala calidad de la inmigraciòn del punto de vista de nuestros propòsitos y necesidades y por las esplotaciones pecuniarias de que el Gobierno como los mismos inmigrantes han sido vìctimas a veces".

    A su criterio, muy distintos son el inmigrante espontàneo y el oficial: "Aquel es confiado, resignado, enèrgico, perseverante y lleno de fè y de iniciativa. Este viene, como el niño mal criado, soberbio, exigente, sin iniciativa, poco dispuesto al rudo trabajo y esperàndolo todo del Gobierno: comida, ropa y riqueza. El espìritu de protesta y de rebeliòn palpitan en su manera de proceder; y el trabajo y la fatiga son para èl una injuria, un tormento, un martirio, contra el cual grita y se alza dicièndose engañado".

    Condena "el sistema de promover y reclutar oficialmente la inmigraciòn La palabra de los agentes y de los contratistas està desacreditada en Europa desde el siglo pasado. No solamente es ineficaz: no es siquiera oìda".

    Otro de los problemas que advierte es la ausencia de datos acerca de los inmigrantes que arriban a nuestro paìs: "El estado de abandono de estos asuntos raya en lo asombroso, en cuanto el Departamento mismo de Inmigraciòn ignora las cifras, que debieran serle familiares y su colecciòn prolija uno de sus primordiales deberes". Señala "la urgencia de implantar un procedimiento regular que ofrezca los guarismos exactos del vaivèn de nuestra poblaciòn sobre la inmensa vìa del Atlàntico".

    Su aporte va màs allà del planteo de la situaciòn que se vive a fines del siglo XIX. Intenta producir un cambio, y lo harà desde su banca: "Este libro quedarìa trunco –expresa- si no condensara sus hechos y conclusiones en la forma positiva de un proyecto, que mi posiciòn de diputado nacional me permite introducir al seno mismo de los poderes pùblicos".

    En su "Ley de Estrangeros" se ocupa de la organizaciòn del Departamento Nacional de Inmigraciòn, Colonizaciòn y Agricultura, la administraciòn de las Tierras Pùblicas, la naturalizaciòn, la contablidad, la estadìstica y , entre otros asuntos, que permitiràn –desde su punto de vista- incrementar el nùmero de inmigrantes y lograràn, al mismo tiempo, que lleguen a nuestra tierra los màs motivados, quienes encontraràn, sobre todo en las colonias del interior, una vida apacible y pròspera, a pesar del enorme esfuerzo que deban realizar.

    .Notas

    1. Prieto, Adolfo: en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    2. Zeballos, Estanislao S: La regiòn del trigo. Madrid, Hyspamèrica, 1984.

    LUCIO V. MANSILLA: MEMORIAS DE LO COTIDIANO

    Cuando escribe sus memorias (1), en Parìs, en 1904, Lucio V. Mansilla persigue un objetivo que define con estas palabras: "He querido escribir la vida de un niño, comentando lo indispensable, tratando de ser lo menos difuso posible al perfilar situaciones de familia, sociales, personales, a fin de no fatigar la atenciòn del lector; esforzàndome por ùltimo en vivificar el gran cuadro pintoresco, animado, siempre interesante, del paìs que fue en otra edad la Patria amada; que me ha hecho lo que soy".

    Guillermo Ara destaca que el propòsito de Mansilla lo lleva "a pintar con su imagen la imagen del tiempo que ha vivido segùn lo revelado por los propios sentimientos, sin desdeñar el testimonio de sus contemporàneos; a mostrar la sociedad, los hombres, las ideas y las costumbres a fin de reconstruir el pasado, cosa ‘de grandìsima enseñanza –afirma- en unos pueblos donde, por desgracia, se piensa poco por cuenta propia’ " (2) .

    El tiempo evocado abarca desde 1831 -año de nacimiento del escritor- hasta 1848, aproximadamente, año en que su romance con una modista francesa culmina en un viaje organizado por el padre del joven, hacia la India.

    En esta obra, Mansilla hace reiteradas alusiones a la època gobernada por su tìo, don Juan Manuel de Rosas, y no escatima juicios sobre esos tiempos. Esta es una de sus opiniones: "¿No serà que a este pariente –lo mismo que a otros- le ha dado en cara mi libro Rozas. Ensayo històrico-psicològico, y que, no habiendo perdido el pelo de la dehesa, cristalizado en sus convicciones de antaño, ha querido castigar al sobrino (desagradecido, traidor, son vientos que me han llegado), como si por querer, como yo le querìa a mi tìo, estuviera obligado a encontrar que su larga dictadura no fue cruenta y, sobre todo, estèril para el paìs y para èl mismo?".

    Màs adelante, agrega: "Buenos Aires iba dejando de ser lentamente, muy lentamente, pero se sentìa y se veìa, la ciudad de los miedos y de los lamentos de 1840 a 1842, aunque despuès de 1845 –efecto de la intervenciòn anglo-francesa que abriò la navegaciòn de los rìos a cañonazos- empezaron las maquinaciones de partido preparatorias de la caìda de Rosas. Lo que ha de ser serà. La irresponsabilidad induce, arrastra, precipita, tendrìamos una Camila... el estigma".

    Amos, sirvientes, inmigrantes

    Rodolfo Vinacua señala que de las memorias, se rescatan "muchas pàginas de gran belleza y de imponderable valor documental. En ellas se ve vivir con ricos detalles a la gran aldea que no se habìa abierto aùn al inmigrante, y si bien la verdadera intimidad del protagonista escapa, porque no està dada, se encuentra en cambio una abertura hacia la intimidad de las viejas casonas y de las viejas familias patricias. Asì la lectura de las Memorias resulta valiosa para el conocimiento de la vida menuda de la ciudad, y algunas de sus pàginas adquieren un indudable valor històrico y sociològico" (3).

    A los padres, el autobiògrafo los presenta con muchas cualidades, y dice que al padre lo respetaba, mientras que a la madre le temìa. Tanto uno como el otro, no obstante sus caracteres disìmiles, estaba de acuerdo en la necesidad del castigo fìsico para educar correctamente a los hijos. Mansilla encuentra una explicaciòn para esa actitud: "En cuanto a lo otro, a lo de cascarme –recuerda-, su sistema era el antiguo, agravado por las costumbres coloniales, la esclavitud, las encomiendas de indios" y hallaba un sustento religioso para esta convicciòn: "La Biblia dice: ‘No le escasees al muchacho los azotes que la vara con que le dieres no ha de matarlo’. Pues me daban con frecuencia, sin irritarse, como quien le aplica al doliente una cataplasma caliente". Pero, segùn parece, la educaciòn era sexista en lo relativo a los castigos fìsicos, porque a su hermana Eduarda los padres jamàs la tocaron, y al hijo esto nunca le llamò la atenciòn, "de tal manera el instinto me decìa que hay cobardìa o crueldad en pegarle a una mujer".

    En la escuela, las cosas no era màs sencillas. Asistiò a la escuela de don Rufino Sànchez, una escuela "de palmeta y rebenque de lonja". Sobre este modo de enseñar, opina Mansilla: "Ya he dicho que el règimen era el de ‘la letra con sangre entra’. No lo discutirè. Pero me parece y lo digo casi contrito, con cierto remordimiento de conciencia, que allì donde hay demasiada disciplina tiene que faltar un poco de ternura".

    Cuando los que cometìan una falta eran los sirvientes, el castigo que se les aplicaba era el bochorno: "Rompìan algo, un plato, una fuente, un vaso. Les ataban los pedazos al cuello y asì andaban por penitencia". Y agrega: "Raras eran las casas que no contaban con el servicio domèstico, a màs de lo conchabado, negritos, mulatitos, chinitos, que si no eran propiamente esclavos, tales parecìan". Cabe mencionar al respecto lo que narra sobre uno de los sirvientes: "aprendì yo a andar a caballo sobre los lomos del negro Perico, que todos los nietos querìamos a cual màs, hijo de un esclavo. Perico se ponìa en cuatro pies, trotaba, galopaba y hasta corcoveaba y ¡pataplùm!, allà iba yo al suelo cuando lo hincaba demasiado con las espuelas".

    Otra forma de esclavitud es, para Mansilla, la inmigraciòn, pero es una esclavitud de la que pueden resarcirse, a su entender: "El italiano no había comenzado aún su éxodo de inmigrante. De España, en general del Ferrol, de La Coruña, de Vigo sobre todo, sí llegaban muchos barcos de vela, rebosando de trabajadores, aprensados como sardinas, cuyos consignatarios más sonantes se llamaban Enrique Ochoa y Ca., Jaime Lavallol é hijos. En cierto sentido eran como cargamento de esclavos. Husmeando se verìa confirmado: que el esclavo se hace liberto y el liberto se hace señor, capaz de comprar al màs pintado de sus primeros dueños".

    Sobre el papel que le aguarda al inmigrante en la sociedad argentina, expresa: "Y el vasto campo de la polìtica, de las aspiraciones que enaltecen, de los anhelos de justicia, ¿quièn lo fecundarà? ¿El inmigrante? Su misiòn es otra. Ambos deben ser ùtiles, en su esfera de acciòn. Està bien. Pero, como dice Ruskin, ¿què significa ‘ùtil’ y cuàl es la naturaleza de la utilidad?".

    .....

    Guillermo Ara analiza la importancia de este libro en el contexto en el que surgiò y su incidencia en la formaciòn de la naciòn: "Estas Memorias de Mansilla, como las Tradiciones de Pastor Obligado, como el Buenos Aires desde setenta años atràs, de Josè Antonio Wilde, como La gran aldeade Lucio V. Lòpez o las Memorias de un viejo de Vìctor Gàlvez (Vicente Quesada), realizaron una diagramaciòn moral y fìsica, material y social de medio siglo porteño, mientras Joaquìn V. Gonzàlez, en la Rioja, Martiniano Leguizamòn en Entre Rìos o Luis C. Alen Lascano en Santiago del Estero, aportaban lo suyo para una comprensiòn màs honda del interior argentino. Con ellos el paìs dejò de ser una fantàstica mancha verde-gris en la làmina de un mapa y comenzò a destacarse como un estado de conciencia, como una forma impregnada de significaciòn històrico-geogràfica".

    Por èste y por muchos otros motivos, resulta imprescindible la lectura de esta obra que habla de la historia cotidiana, de esa historia que difìcilmente encontramos en los libros, y que es tan importante para conocernos como naciòn.

    Notas

    1. Mansilla, Lucio V.: Mis memorias Infancia-Adolescencia. París, Casa Editorial Garnier Hermanos, 1904.
    2. Ara, Guillermo: prólogo a Mansilla, Lucio V.: Mis memorias. Buenos Aires, Eudeba, 1966.
    3. Vinacua, Rodolfo: "Lucio V. Mansilla", en Historia de la literatura argentina. Tomo II. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capìtulo).

    FRAY MOCHO. LA VISIÓN COSTUMBRISTA

    Dice Eduardo Romano en un estudio sobre el escritor: ‘Heterogénea, polifacética, conflictiva, la realidad político-social que abarca de 1880 a 1910 contenía los gérmenes propicios para la aparición de una nueva literatura costumbrista’. Sostiene que la anterior ‘había coincidido con nuestra primera generación romántica y se había expresado en publicaciones como La Moda (1837-1838), cuyo principal animador fue Juan B. Alberdi; El Iniciador, de Montevideo (con la base del mismo elenco de la anterior); El Zonda sanjuanino, con que Domingo F. Sarmiento buscara emular a la revista porteña’. Considera que aquella era una ola de costumbrismo reformista, inspirada fundamentalmente en la prédica del español Mariano José de Larra y se manifestó, por lo menos, en "una página clásica de las letras argentinas: El Matadero, de Esteban Echeverría".

    En el resurgimiento de este género, señala la importancia de "una prensa periódica que aspiraba a presentar, por encima de las polémicas partidarias que hasta entonces la habían absorbido, otra clase de colaboraciones". Menciona al respecto dos autores: "Ciertas notas de Bartolito Mitre en La Nación o los sueltos de actualidad insertados por Manuel Láinez en El Diario, al que dirigía, señalaron un rumbo", pero fue –a su criterio- más significativo Juan Piaggio, una "figura, bastante desdibujada hoy día, cuyos artículos prefiguran –por el título, por la temática- lo que será el costumbrismo hacia 1900".

    Fue importante, asimismo, una publicación que comenzó a editarse casi al final del siglo: "fue con la aparición de Caras y Caretas (1898-1939) que el género costumbrista halló canal de transmisión indicado, pues sus páginas estuvieron casi enteramente dedicadas a la captación y procesamiento de la actualidad porteña mediante fotografías, acompañadas o no de comentarios; reportajes; cuadros de costumbres; escenas callejeras; viñetas; aguafuertes, etc., sin negar un espacio a las tradiciones y a los Tipos y paisajes –así tituló sus colaboraciones al semanario Godofredo Daireaux- camperos". En esta revista se publicaron los cuentos de Fray Mocho.

    Cuadros urbanos

    En estos cuentos, el escritor presenta escenas cotidianas, que podían ser protagonizadas por cualquier habitante de la ciudad. En ellas encontramos personajes verosímiles, con los que sin duda habría trabado relación, dada la fidelidad con que los describe y la coherencia con que los vemos actuar. Si bien es importante la habilidad para escribir, no lo es menos la capacidad de observación, y Fray Mocho posee ambas. Sus cuentos lo demuestran.

    Muchos de estos personajes que retrata son inmigrantes. Entre las diversas nacionalidades que evoca, se destacan los italianos. Un comerciante de esa procedencia aparece en plena labor, intentando convencer a una compradora de que el producto que desea no es el adecuado, y le dice eso simplemente porque no tiene lo que la mujer le solicita. La descripción del inmigrante es elocuente: "Pascalino se siente arrebatado; las venas del cuello se le inflan, los ojos se le inyectan; le revuelve la bilis, evidentemente, la terquedad de una cliente que quiere longanizas cuando él no tiene y se encamina apresuradamente a su carro como para marcharse, pero vuelve con la misma rapidez, se encara con ella, desocupa la boca de la mascada que le dificulta la palabra, y dice con tono despreciativo, aunque casi lloriqueando de puro meloso y derretido: ‘-¡Ma!... Perqué non parlate guiaro allora?... ¡Voi volete artigoli fate con gose di pero!... ¡Ebene!... ¡Andate al meregato sui volete!... ¡Pascalino non dimenticará de la sua fama!’ ". La reproducción del idioma del extranjero hace que su retrato sea aún más logrado, y evidencia el esfuerzo por adaptar su lengua nativa a la de la nueva tierra.

    En "Instantánea", es una italiana la que dialoga con un criollo, tratando en vano de convencerlo de que no le conviene vivir con ella: "Ma... ¿dícame un poco?... ¿Cosa li parece inamuramientos tra ina lavandiera e in bombiero? ... E anque... tra ina gringa come me e ono criollo come osté... que é propio in chino...". El criollo no entiende razones, y lo expresa con estas palabras: "-¿Pobre?... ¡La gran perra, que había sido avarienta!... ¿Y tuavía querés ser más rica de lo que sos, mi vida?... ¡Pucha!... ¡si al pensar que me vi’a juntar con vos, me parece que me junto con el Banco e Londres!...". El mismo tema es abordado por Fray Mocho en "Tirando al aire", cuandro en el que un italiano, requerido de casamiento, afirma no poder hacerlo por estar ya casado en su tierra.

    En "Carnavalesca", el escritor desliza la crítica social, al afirmar que a la doméstica gallega, la patrona la explota. De la abusadora señora dice el personaje: "se aprovecha de que sos d’España para sacarte el jugo por unos cuantos centavos". El retrato que hace del temible gallego hermano de la joven, es despectivo, ya que pone en boca de la doméstica este concepto: "Yo lo conozco a mi hermano y sé que a bruto y terco no le han de ganar muy fácil...". Un italiano aporta su opinión, completando la imagen que Fray Mocho quiere dar de los peninsulares.

    La conversación que se reproduce en "Nobleza del pago" evidencia en qué medida se confundían los orígenes de los habitantes de nuestro país. Una mujer cree que su abuela es vasca. A esa convicción, le responde una parienta: "Más bien tirab’a pampa o a correntina por l’habla... ¡Si era bosalísima! El viejo parece que se juntó con ella cuando andaba de picador de carros, p’allá, pa la cost’el Salao, que fue de an’de comenzó a internarse pa l’Azul...".

    En ese mismo texto se hace referencia a un inmigrante inglés que no era trigo limpio. Recordando la historia de su familia, dice un personaje: "Yo no sé, che, si eran nobles, pero sé que les caían y que con algunos hasta tuvo que ver l’autoridá, como le pasó a tu tío Ramón, que al fin se quedó en la calle, y a tu tía Robustiana, mal casada con un inglés que tenía el finao de mi padre de puestero y que lo pilló cerdiándole las yeguas, a medias con el juez de paz...".

    "En familia" cuenta la historia de otra supuesta inmigrante. En esta oportunidad, es un equívoco, pero de otra clase. "Que Pepa es portuguesa, decís? ¿Pero estás loco? –exclama una mujer. Si hemos ando juntas en l’ escuela ’e Misia Pamela y nos conocemos desde chicas... El padre’ra un chino gordo...". El hijo aclara el malentendido: "no es portuguesa de nacionalidad sino de oficio... En los tiatros les llaman así ¿sabés? A las familias que sirven p’al relleno de la sala no más". La madre le sugiere que vea si puede ser portugués en una sastrería, para que le arreglen la ropa y no deba hacerlo ella. La señora demuestra así haber incorporado el término a su habla cotidiana.

    Estos y muchos más son los inmigrantes eternizados por Fray Mocho en sus colaboraciones escritas para Caras y Caretas. En esas páginas aparece como el testigo de un momento clave de la historia argentina, en el que supo ver con nitidez al hombre, más allá del fenómeno social. Simpáticos o no, sus personajes son esencialmente creíbles y es por eso que debe recurrirse a ellos cuando se trata de conocer nuestro pasado y la diversidad de nacionalidades que forman nuestro presente.

    BALDOMERO FERNANDEZ MORENO Y LA PATRIA DESCONOCIDA

    Al igual que muchos de nuestros escritores, Baldomero Fernàndez Moreno evocò sus años de infancia, una edad escindida entre dos tierras, Argentina y España. Recuerdos de estos años se encuentran en su poesìa (1), y tambièn en su libro en prosa titulado La patria desconocida (2), publicado por primera vez en 1943, como anticipo. Quince años màs tarde, esta obra se publica en la Biblioteca Menèndez y Pelayo, de Santander, con estudio preliminar de Gerardo Diego. En Argentina, La patria desconocida se edita en un solo tomo con otro volumen, Vida y desapariciòn de un mèdico, que habìa visto la luz en 1935. Ambos volùmenes se unifican bajo el tìtulo de Vida. Memorias de Fernàndez Moreno.

    Sobre el origen de estas pàginas autobiogràficas, escribe Alfredo Veiravè: "Poco dispuesto a las obras de pura ficciòn, despuès de su madurez y de haber trasvasado su vida a poesìas de todos los dìas, Fernàndez Moreno comienza a ordenar el pasado de su lejana infancia a travès de sus memorias. ‘En vista de que pasaban los años y no se me ocurrìa nada –siempre esperando el argumento como una inspiraciòn- me decidì a emprender esta narraciòn de mi vida’, dirà en el pròlogo que puede leerse en este libro".

    A criterio de Veiravè, "su prosa autobiogràfica serà un modo, pues, de ampliar o explicar su vida, con anterioridad al año en que se inicia como poeta èdito". En cuanto a la relaciòn de esta prosa con su lìrica, anota: "Las obras autobiogràficas, en cambio, como si fueran la contraparte inevitable y necesaria de su obra en verso y de sus aforismos, se desenvuelven lentamente y crecen en numerosas pàginas rescatadas del pasado, con sus personas, sus paisajes, sus experiencias y circunstancias entrañables" (3).

    Un crìtico ha señalado la aproximaciòn existente entre lo autobiogràfico y las efusiones lìricas, sin referirse especialmente a la obra de Fernàndez Moreno. En la lìrica –afirma Guillermo Ara-, se realiza una "aproximaciòn que inmoviliza el instante y niega por ello el tiempo"; nos encontramos ante un presente cristalizado ya definitivamente. La lìrica, por otra parte, no sitùa los hechos en el espacio y en el tiempo; èsta es una diferencia fundamental con las manifestaciones autobiogràficas, donde el paràmetro espacio-temporal nunca es olvidado y actùa, por lo general, como agente estructurador del relato. Lìrica y autobiografìa , exteriorizaciones de una misma intimidad se distinguen -afirma Ara-, por esta diferente atenciòn prodigada al momento y al àmbito" (4).

    En el pròlogo a sus memorias, Fernàndez Moreno se refiere a la relaciòn de las mismas con sus dos patrias, y deslinda la incidencia que España y la Argentina tienen en ellas: "Son pàginas, pues, españolas por el recuerdo que las informa, argentinas por la mano que las trazò. Por eso este libro cobra un sentido vernàculo, americano. Y todo aquello en medio del suspirar por mi patria, por curiosidad, por exotismo, por poesia naciente, y, por lo que es lo cierto, por indefinible amor hacia ella".

    Guìa al escritor el propòsito de recordar y ordenar. "Desde luego que no escribo estas pàginas ni para estudiarme yo y mi caràcter, ni para extraer de ellas y ofrecer a los demàs lecciòn alguna de moral o grano de experiencia", asevera. Dice que dicho propòsito se presenta en èl cuando sale de viaje, y considera que es lo que lo impulsa a escribir las memorias "sensaciòn anàloga (...) en previsiòn de viajes sin regreso" (5). Su temor a esta ùltima travesìa no era infundado, pues muriò sùbitamente en julio de 1950.





    Dos patrias

    En su autobiografìa, Fernàndez Moreno recuerda a sus padres, llegados de la penìnsula y afincados en nuestro paìs, donde disfrutaron al principio de una holgada posiciòn econòmica. Describe la transformaciòn que se operò en su padre, y afirma que la misma fue completa: "de muchacho aldeano a rico y conspicuo miembro de una colectividad, fundador de clubes y protector de hospitales".

    En este libro cuenta asimismo la emigraciòn de sus abuelos maternos. "Es curioso saber còmo don Simeòn Moreno se decidiò a cruzar el mar –afirma-; la gesta de su antepasado es comparable, a su entender, con la de "aquellos adelantados en cuyas capitulaciones entraba tambièn el traerse labradores y artesanos para el nuevo mundo".

    El autobiògrafo no se limita a recordar y ordenar, sino que comprende a los seres que va evocando, sabe de sus penas y sus alegrìas. Del sufrimiento de quienes dejaron su patria, y de la perspectiva con que ese acto se ve muchos años despuès, dice: "Viejas navegaciones, viejos dolores, mundo de adioses y de làgrimas que uno cuenta ahora reposadamente y que parecen tan inùtiles como dichos y exhalados por fantasmas". Su sensibilidad ante el desarraigo que padeciò la familia lo revela como un hombre profundamente respetuoso de ese sacrificio.

    Cuando Baldomero Fernàndez, pròspero emigrante, regresa a España junto con los suyos, con intenciòn de quedarse definitivamente, el escritor tenìa seis años. "Un dìa del año 1892 era recibido a su entrada con alegre estrèpito de cohetes, mientras que un coro de ceñidos danzantes tejìa alrededor del nuevo indiano y los suyos, levantando el polvo, los tìpicos bailes del paìs", recuerda.

    Poco habrìa de durar la estadìa en España. Atràs quedarìan los momentos que el hijo rememora con estas palabras: "Mi padre estaba de levita, muy atusado de bigote y mosca. No comprendìa yo còmo, salido dela aldea tan pobre como cualquiera de aquellos rapaces que jugaban conmigo, por el hecho de haber pasado al nuevo mundo, se habìa transformado en un gran señor". La fortuna del progenitor lleva al niño a pensar que todos debìan emigrar y dejar el pueblo vacìo. Como èl, deben haber pensado los pequeños amigos que menciona.

    La patria desconocida

    Desde España, donde viviò entre los seis y los trece años, el poeta intentaba forjarse una imagen de la Argentina, que habìa abandonado siendo tan chico. Para conformar esta visiòn desde la lejanìa, recurre a diversas fuentes. Una de ellas es la impresiòn que recibiò su madre cuando arribò a la ciudad de Buenos Aires.

    Fernàndez Moreno escribe: "La primera impresión de mi madre, que tenía dieciocho años, y la de todos, fue formidable, ante aquel Buenos Aires chato de entonces, las veredas altísimas, las calles sin cloacas, así que cuando llovía se transformaban en verdaderos ríos y los transeúntes eran pasados a babuchas por alguien que se encargaba de ello. Las revueltas de la época, las calles empinadas en barricadas, las tropas que a todos les parecían siniestras después de los atildados soldados europeos. Aquellos días de lluvia interminables en que ni el pan ni la carne ni otro proveedor llegaban a las casas. En fin, los tranvías de caballos, con su cuarta y su corneta, y cuya dulce elegía a nadie he oído exhalar con tanta nostalgia como a mi madre".

    Entre aromas de cafè y chocolate, en una tienda de ultramarinos, le muestran un grabado: "Una tarde me dijeron: esto es Buenos Aires. Era un grabado desteñido que representaba un caserìo bajo, extendido, con torres y cùpulas. Una banderita flameaba muy contenta y un largo muelle se internaba en las aguas festivas de veleros. Esta fue la primera visiòn que tuve de la ciudad en que habìa nacido", evoca.

    La comunicaciòn epistolar contribuye a aumentar el aura de fantasìa que nimba a la ciudad, tal como la ve el niño; sobre uno de sus primos y los ecos de la urbe que èste le transmite, señala: "Entre lo que me hablaban de Leopoldo y lo que èl escribìa relatando sus andanzas porteñas, yo lo veìa como un ser fabuloso, como envuelto en un torbellino. Era el clamor mismo de Buenos Aires que llegaba hasta mì".

    De Buenos Aires le hablan tambièn un cuadro de San Martìn partiendo la capa con un mendigo, y un album azul, descolorido: "Era un album de la escuadra argentina y yo doblaba sus pàginas con mucha curiosidad y respeto. Me aprendìa los tonelajes, el nùmero de cañones y los nombres de los barcos, que me sonaban un poco raros". Confuso sentimiento le despertaba el Himno, difìcil para su corta edad: "Yo debo confesar que no lo comprendìa en toda su majestad, ni el por què de aquel grito de libertad tres veces repetido, ni sabìa nada del dolor y la sangre derramados en montañas y en llanuras".

    El espìritu del niño se veìa invadido por dos patriotismos; evoca la situaciòn en las lìneas en las que se refiere a las banderas argentina y española: "Yo vacilaba entre las dos banderas –comenta-: la azul y blanca de mi imaginaciòn, y la roja y gualda que veìa en todas partes".

    Con estos elementos de diferente procedencia, habìa creado el niño la imagen de "la maravillosa metròpoli de màrmol, llena de helechos y gallardetes, y donde no debìa haber màs que oro y plata". Poco tiempo despuès, se encontrarìa caminando por sus calles, confrontando la realidad con la fantasìa.

    .....

    La inmigraciòn –asunto tratado por Baldomero Fernàndez Moreno con mucha màs riqueza de matices que la que podemos reflejar en esta nota- es sòlo uno de los temas sobre los que se expresa en La patria desconocida. El lector encontrarà tambièn en esta obra referencias a la familia, a la religiòn, a la naturaleza, a la literatura, a la educaciòn, a los amigos, la muerte, la guerra de Cuba, las ciudades y los pueblos. Sobre todo ello puede escribir sin "perdonar ningùn detalle", creando estas "memoriasde lo vulgar, de lo polvoriento, de lo menudo, a las que apenas si los años les dan un reflejo tìmido de pùrpura y de oro. Un libro casi para los hijos. Porque no se es otra cosa que un puentecillo tembloroso para que ellos pasen al futuro".

    ALBERTO NOVION. UN VASCO EN ESCENA

    "La producción teatral de Alberto Novión (1881-1937) es extensa y variada. Es autor de La chusma, La caravana, La familia de don Giacumín y Don Chicho, textos que corresponden al pasaje del sainete al grotesco criollo. Escribió también comedias y zarzuelas. A pesar de su importancia para el teatro argentino, últimamente fue poco representado. Novión nació en la ciudad de Bayona, en Francia. Se trasladó con su familia a Montevideo, luego se instaló en Buenos Aires y se nacionalizó argentino. Su primera obra se llamó Doña Rosario, en homenaje a su madre y en 1905 (en el Teatro Nacional) fue protagonizada por Orfilia Rico. Al año siguiente estrenó con José Podestá Jacinta. Ni siquiera intuiría entonces que iba a escribir casi cien obras de teatro" (1).

    Un aviso publicado en la revista teatral La Escena N° 99 anuncia que en la temporada 1920, en el teatro Politeama, se presenta la compañía de Roberto Casaux todos los días con extraordinario éxito. Los actores interpretan El vasco de Olavaria (2), de Alberto Novión (1881-1937), obra que la publicación reproduce.

    En el prólogo, don Joaquín de Vedia escribe sobre la personalidad de Novión, de quien dice que "es uno de los fuertes trabajadores del teatro argentino, porque es bueno, porque es alegre, porque ni la envidia lo devora ni la vanidad lo irrita". Acerca de la circunstancia en que el prologuista conoció al dramaturgo, leemos: "Lo conozco desde los primeros días de su carrera de autor: fue mi pobre y grande amigo Florencio Sánchez quien me llamó la atención hacia él, cuando el estreno de La cantina, un modelo de sainetes populares. Desde entonces, otras obras, de diversos géneros y de diferentes proporciones han popularizado el nombre y han afianzado los prestigios de Novión entre los que siguen la marcha, más o menos difícil, más o menos ocasionada a tropiezos y barquinazos, de este pensamiento de hacer un teatro nacional" (3).

    Vedia reafirma lo anunciado en el aviso, refiriéndose a las cincuenta noches que El vasco de Olavarría lleva en escena, y define al protagonista en relación con el autor que le dio vida: un ser "noblote, bueno, sincero hasta en la contradicción, veraz hasta en la pausa, todo sentimiento y comprensión del bien, como el autor que lo ha arrojado, de boina, tricota, cinto y granaderas, a la escena nacional, donde los vascos siembran tan eficazmente como en la pampa".

    En un trabajo sobre Florencio Sánchez, Luis Ordaz se refiere al momento en que surge la obra dramática de Alberto Novión, al que vemos vinculado con otros prestigiosos dramaturgos: "Durante la que se nombra como época de oro’ (y abarca, idealmente, desde la afirmación de la escena nativa por José J. Podestá, hasta el fallecimiento de Florencio Sánchez muy lejos, en Milán, a fines de 1910, van apareciendo y se destacan autores que realizan aportes de gran significación para el desarrollo coherente de nuestra dramática, como Pedro E. Pico, José León Pagano, Julio Sánchez Gardel, Alberto Ghiraldo, José de Maturana, Alfredo Duhau, Vicente Martínez Cuitiño, Alberto Novión, Enrique Buttaro, Carlos Mauricio Pacheco, entre tantos otros" (4).

    Los estudiosos Abel Posadas, Marta Speroni y Griselda Vignolo diferencian, en un estudio sobre el sainete (5), el español, el lírico criollo, el de indagación y entretenimiento y el de divertimento y moraleja. A criterio de los ensayistas, Alberto Novión cultivó algunas de estas vertientes.

    Novión ha creado varios personajes inmigrantes. Para lo comedia en tres actos presentada en el Politeama, se inclinó por un vasco, al que dota de muchas condiciones buenas y pocos defectos.

    El personaje

    La anécdota es escueta y sabrosa: un hombre vive con su mujer y su hijo en Buenos Aires. Su hermana, a quien hace veinte años que no ve, le anuncia que irá a visitarlo. Viene del campo, de Olavarría, donde vive con su marido vasco y sus dos hijos. La visita de los parientes causa desagrado a la cuñada, quien espera lo peor de esta familia, a la que supone grosera y rústica. Más tarde, se dará cuenta de que estaba prejuzgando, y tendrá que aceptar que su hijo, estudiante de Abogacía con pretensiones de diplomático, se case con la prima del campo.

    La cuñada del vasco pregunta a su marido cómo ha hecho este hombre para juntar tanto dinero. El marido le responde: "como tantos otros, la mayoría de nuestros vascos, trabajando honradamente. Este es de los buenos, de los grandes y fuertes, porque sabe romper la tierra, tirar el grano y mirar de frente al sol.".

    Novión alude también al empecinamiento del inmigrante, quien afirma: "cuando a un vasco se le pone algo en la cabeza, no hay familia, razones, ni el demonio a cuatro, que lo haga salir del camino que ha agarrao...". Quizás en esta fortaleza de carácter radique su posibilidad de prosperar en un país hospitalario. La mujer del vasco coincide con él en que es empecinado, pero se lo dice con un sentido reprobador: "los vascos, por más macanas que hagan tienen razón". Es risueña la imagen que aporta el hijo de ambos, quien asevera que cuando "el viejo hace una macana, aunque le peguen en el suelo no da su brazo a torcer". El vasco está orgulloso de ser quien es y, cuando lo desairan, dice que se lo han hecho a él, "al vasco de Olavarría, que tiene nada más que pegar una patada en el suelo y salen todos disparando como en Cagancha".

    Pero el vasco, así como es tenaz y arrogante, es también un hombre sensible. Por boca de su hija sabemos cuánto echa de menos su tierra de origen: "papá -dice la joven-, a pesar de que ya está viejo y que ha formado en esta tierra su hogar, su hogar, su fortuna, su tranquilidad; viera Ud. cuántas veces lo he sorprendido cantando bajito los aires de su tierra natal, y cuántos suspiros, mensajeros de muchos besos, han ido desde sus labios hasta sus montañas, para morir en los muros de su casa, allá en la aldea de la falda".

    .....

    Novión nos brinda la posibilidad de conocer la compleja relación que se dio entre nativos e inmigrantes y, en esta pieza en particular, entre citadinos y campesinos, pues en ella se advierten resonancias del "menosprecio de corte y alabanza de aldea" que tantas páginas motivó en la literatura de diversas épocas.

    Notas

    1. Rago, María Ana: "Autor poco representado", en Clarín, Buenos Aires, 10 de octubre de 2003.
    2. Novión, Alberto: El vasco de Olavarría. En La Escena Revista Teatral N° 99. Buenos Aires, 1920.
    3. Vedia, Joaquín de: "Prólogo" a Novión, Alberto: El vasco de Olavarría.
    4. Ordaz, Luis: "Florencio Sánchez", en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    5. Posadas, Abel, Speroni, Marta y Vignolo, Griselda: "El sainete" en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.

    ENRIQUE LONCAN. EL PLANTEO ETICO

    La intenciòn de formar por medio del arte es una constante en las obras de todos los tiempos; el escritor, consternado ante los defectos que advierte en la sociedad, siente la imperiosa necesidad de marcar un camino, de señalar la senda de lo correcto. Asì, surgen relatos como el de Enrique Loncàn, en el que se observa la irònica evocaciòn del Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX, signado ya por la decadencia en las costumbres y la pèrdida de los valores tradicionales.

    Todo artista tiene una deuda con su tiempo y con su paìs, una deuda espiritual que se evidencia en su creaciòn. De este modo, el hecho artìstico se encontrarà ligado a una sociedad y, dentro de ella, a un estrato. La obra de Loncàn se halla relacionada con la clase alta, la elitede educaciòn anglofrancesa; su visiòn serà la de un intelectual surgido en el marco de dicho estamento. Porque –como afirman Wellek y Warren- "El escritor, inevitablemente, expresa su experiencia y concepto total de la vida; pero serìa manifiestamente contrario a la verdad decir que expresa cabal y exhaustivamente la totalidad de la vida, o incluso la vida toda de una època dada" (1). Esta es una aclaraciòn que debe tenerse en cuenta al analizar la obra de Loncàn, ya que su postura ètica va a ser la de un aristòcrata, que añora un pasado mejor.

    El cuentista naciò en Buenos Aires en 1892. Pertenece -a criterio de Jorge B. Rivera y Eduardo Romano- al grupo de costumbristas y humoristas que realiza su labor entre 1920 y 1940. Entre estos escritores se destacan Roberto Gache, E. Mèndez Calzada y Arturo Cancela (2). Al igual que otros literatos de su època, desempeñò varios cargos pùblicos: ocupò una banca como diputado nacional, fue ministro en una intervenciòn federal y consejero en la Embajada de Parìs. Ejerciò tambièn la docencia, siendo catedràtico de Derecho Polìtico de la Universidad de Buenos Aires. Colaborò, con su firma o con el seudònimo "Americus", en el diario La Naciòn y en las revistas El Hogar, Caras y Caretas y Nosotros.

    Josè Barcia lo recuerda con estas palabras: "Fue un observador sagaz de las flaquezas humanas, la fatuidad, el afàn de ostentaciòn, el mimetismo para aparentar, y, en fin, la ancha gama de recursos màs inocentes que vituperables. Esta es la veta inagotable de que se sirve el autèntico humorista" (3).

    Loncàn puso fin a sus dìas el 30 de septiembre de 1940. Se lo considera continuador de la corriente literaria genuinamente argentina de Miguel Canè, Eduardo Wilde y Lucio V. Mansilla. Rivera y Romano advierten en èl resonancias de la obra de Lucio V. Lòpez y, entre los extranjeros, Anatole France, Eca de Queiròs y Thackeray.

    Ciceròn, inmigrante

    El problema ètico es una preocupaciòn constante que se hace presente en cada una de sus narraciones. Nos ocuparemos de este tema en uno de los cuentos màs interesantes, creado en los años de madurez.

    "La conquista de Buenos Aires" (4) fue publicado en 1936, incluido en el volumen homònimo. En este cuento se evocan las andanzas de Ciceròn en Buenos Aires durante la tercera dècada de nuestro siglo. El romano fue resucitado por las deidades en el siglo XX y emprendiò un largo viaje -del que se arrepentirá amargamente- que lo trajo hasta nuestras costas, en las que desembarcò expectante.

    Estas palabras lo impulsaron a realizar la travesía: "más allá del Atlante existe una ciudad nueva, maravillosa, pletórica de esperanzas. Es la tierra prometida de los inmigrantes, la meta de los destinos fantásticos y las riquezas fabulosas. Se cuentan por millares los hijos del Lacio que en Buenos Aires hicieron fortuna... ¿Por qué no la harías tú también, Marco Tulio Cicerón, que llevas en tu sangre lo más puro de la raza latina y en tu mente todo el genio de la estirpe inmortal?"

    Cicerón es el sìmbolo del hombre culto, del intelectual versado y, a la vez, probo en sus actos. Segùn parece demostrarlo el cuentista, ya no hay lugar aquì para un hombre de esos valores; la sociedad argentina de los años 30 està ocupada en otros problemas, persigue fines bastante menos desinteresados. Para mostrar el estado en que se encuentra la comunidad esplèndida de antaño, Loncàn hace que el protagonista deambule por las calles, trabe relaciòn con el hombre comùn y saque sus propias conclusiones.

    A lo largo del cuento se conjugaràn dos niveles temporales –presente y pasado-, sin alterar ninguno de ellos. Un primer momento corresponde a la cronologìa de la Antigua Roma: Ciceròn menciona su tierra, Circeii, recuerda a su familia y comenta su labor de defensor de Quinctius, Fonteyo y Cecina. El segundo plano temporal se refiere al año 1932, poco tiempo antes de escribirse el texto.

    Es evidente en el escritor la intenciòn de mostrar a Ciceròn haciendo la vida de un legìtimo romano, caminando por las zonas màs concurridas de nuestra ciudad con su paso parsimonioso y tranquilo. Todo cuanto observa le trae recuerdos, inclusive el estadio de River Plate, que el hizo pensar en el anfiteatro de Tusculum. Busca diversos empleos para procurarse el sustento; ninguno de ellos cuadra a sus condiciones, pues no logra reunir los requisitos mìnimos. Por otra parte, su concepciòn de vida es diametralmente opuesta a la del porteño; este contraste se evidencia con gran claridad en la escena protagonizada por el romano en la Sociedad Rural, donde fue contratado como rematador de cerdos.

    La comparaciòn entre Ciceròn y los porteños no es meramente anecdòtica; responde a un propòsito determinado. A travès de ella se realiza una crìtica, que no por risueña deja de ser punzante. El latino, hombre ìntegro, ya no pertenece a nuestra sociedad. Su idealismo, su riqueza espiritual, le impiden adaptarse a una forma de vida pragmàtica y materialista, dominada por el dinero.

    El hombre educado segùn los cànones clàsicos sòlo encontrarà sufrimiento en la Argentina del siglo XX; es por eso que Ciceròn, desesperanzado, dice a la Nereida que lo resucitò: "Si hubieras respetado mi sueño en la tierra del Lacio que reguè con mis làgrimas cuando mi pobre hija Tulia muriò, hubieses impedido esta tragedia de vivir a destiempo, sin haber hecho la Amèrica, sin haber podido realizar la conquista de Buenos Aires, miserablemente, lejos de la patria, de la familia, de los amigos y de la gloria". En estas palabras se resume el sentimiento que el autor experimentaba ante una sociedad en constante avance, pero no por ello màs completa.

    .....

    Como vemos, Loncàn se està refiriendo a un personaje ideal, en el que encarna los màs altos valores del ser humano. Ciceròn no consigue lo que sì lograron muchos de los que llegaron, fatigados y pobremente vestidos, al puerto de Buenos Aires, a "hacer la Amèrica". Por tanto, este cuento nos da indicios acerca de la opiniòn que Loncàn tenìa sobre el aluviòn inmigratorio.

    Notas

    1. Wellek, Renèe y Warren, Austin: Teorìa Literaria. Madrid, Gredos, 1954.
    2. Rivera, Andrès y Romano, Eduardo: en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    3. Barcia, Enrique: en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    4. Loncàn, Enrique: "La conquista de Buenos Aires", en Ultimas cahrlas de mi amigo. Buenos Aires, El Ateneo,1936.

    FAUSTO BURGOS: GRINGOS Y CRIOLLOS

    En un estudio sobre la literatura del noroeste argentino, Alejandro Fontenla se refiere a Burgos, escritor nacido en Tucumán en 1888, fallecido en 1953. "Viajero incansable y escritor prolífico –afirma-, sus cuentos aparecidos en casi todos los diarios del país constituyen un verdadero inventario del regionalismo, que abarca desde Cuyo a la Puna, incluyendo su tierra natal. Desmañado e instintivo en su escritura, sus desórdenes más evidentes, como la utilización descarnada del léxico regional, son compensados por la realidad y la fuerza emotiva que adquieren sus cuadros".

    Sobre sus libros expresa: "Su bibliografía es vastísima: La sonrisa de Puca-Puca (1926), Cuentos de la Puna (1927), Coca, chicha y alcohol (1927), Cachi Sumpi (1928) son las más prestigiosas compilaciones de los cuentos de Fausto Burgos, algunos de los cuales ("El choike blanco", "Abejitas del monte", "Buey viejo") figuran en numerosas antologías del género. Caracteriza a estos textos –a criterio del ensayista- una personal forma de encarar el tema a abordar: "Abruptamente, sin concesiones a reglas de composición o a pautas de una deliberada atmósfera literaria, irrumpe el paisaje y especialmente sus seres –hombres y - en las narraciones".

    Jorge B. Rivera menciona a Burgos en relación con una de las principales publicaciones del siglo XX: "Una revista como Leoplán, ‘magazine popular argentino’ que se vendía en 1936 a 0,20 centavos, ofrecía por ejemplo un nutrido material literario de excelente calidad, integrado por obras de autores nacionales y extranjeros, antiguos y contemporáneos.

    En sus páginas, especialmente entre los años 30, 40 y comienzos del 50, aparecieron textos originales de Benito Lynch, Julio Ellena de la Sota, Bernardo Cordón, Adolfo Pérez Zelaschi, María Alicia Domínguez, Fausto Burgos, Germán Drás, Mateo Booz, Vicente Barbieri, Eduardo Mallea, Arturo Cancela, Lisa Lenson, Augusto Mario Delfino, Alfonso Ferrari Amores, W. G. Weyland, Nicolás Olivari, Héctor P. Blomberg, etc., conformando –junto con textos de Pirandello, Balzac, Eça de Queiroz, Hamsun, Alarcón, Gorki, Chesterton, Stevenson, Marc Orlan, Daudet, O’Flaherty, Hawthorne, etc- un plan de lecturas variado y singularmente económico, que contó en su época con un sólido y entusiasta respaldo popular".

    El autor y su tiempo

    Al ocuparse de la narrativa rural, vertiente del realismo tradicional, Estela Dos Santos sostiene que "En su evolución, el regionalismo abandonó su posición nacionalista pasatista para enfocar realísticamente los temas rurales. Un viaje al país de los matreros de Fray Mocho abrió el camino que siguieron Payró, Quiroga, Fausto Burgos, Juan Carlos Dávalos, etc". Describe un importante factor de diferenciamiento en esta literatura: "El gaucho nómade, cantor valiente, ya pertenecía a la mitología argentina. En la nueva narrativa el hombre de campo es un paisano trabajador, sojuzgado a sus patrones, afincado en límites precisos, tan falto de sentido de la propiedad como su antecesor, porque igual que él no tiene nada, pero es respetuoso de la propiedad de los otros".

    Beatriz Sarlo, por su parte, destaca que "González y Rojas, hombres del noroeste argentino, nacionalistas (nacionalistas en el plano literario) aparecen inaugurando una tradición provinciana, fundadores, al mismo tiempo, de una mitología que los escritores posteriores confirmarían y ensancharían. A esta línea –que en los dos escritores mencionados recurre a una prosa postrromántica, erizada de adjetivación y de giros castizos, difícilmente transitable hoy- se acoplarán, entre 1920 y 1940, Carlos B. Quiroga, Juan Carlos Dávalos, Fausto Burgos, Alberto Córdoba, Daniel Ovejero, entre otros narradores del centro y norte del país". Obviamente, "existieron condiciones sociales y culturales para definir el espacio geográfico ocupado por esta literatura". Recorre a las obras un tono de tragedia: "la muerte del arriero por la tozudez del patrón resume el carácter inevitable que, en muchos de estos relatos desde Dávalos a Burgos, tiene la muerte y la derrota".

    El gringo

    La obra que lleva este título fue publicada por Ediciones Tor en 1935. Era el vigésimo primer libro de Burgos que se editaba. Josefina Delgado la menciona en su "Panorama de la novela": "Nombres como los de Mateo Booz (La tierra del agua y del sol, 1926; La vuelta de Zamba, 1927), Fausto Burgos (Kanchis Soruco, 1929; El gringo, 1935), Carlos B. Quiroga (La raza sufrida, 1929), Alberto Córdoba (Don Silenio, 1936), Ernesto L. Castro (Los isleros, 1943), Alfredo Varela (El río oscuro, 1943), Juan Goyanarte (Lago argentino, 1946), Antonio Stoll (Cuadrilla, 1948), ilustran la solidez de una obra que no depende de especificaciones geográficas".

    El gringo es José Contadini, "un viejo de mediana estatura, de buen cuerpo, tiene los ojos verdes, las mejillas sonrosadas y la cabeza blanca. Es un viejo hecho al trabajo rudo; es uno de esos viejos de morrudos dedos y de cuello rojizo y arrugado". Italiano llegado a nuestro país cuando niño, se enorgullece de su sangre: "yo soy gringo, gringo puro, más gringo que todos lo gringo que hanno formato la colonia italiana en San Rafael", dirá. De su casamiento con una mujer de la sociedad nacieron tres hijos. Ingenuo y permisivo, sufre el desprecio de su familia por seguir conservando sus costumbres de pobre, aún cuando posee una gran fortuna; no se trata de mezquindad, sino de su gusto por la sencillez. Habla de sí mismo como el "paganini" o el "pavo viudo", ya que su familia derrocha el dinero en "el balneario de los ricos", en Córdoba o en Rosario de la Frontera, mientras él se queda en la finca para poder obtener ese ingreso que les girará periódicamente: "Yo no tengo muquer... –se lamenta-. Ahora me ha decao solo. Se ha ido a Mar del Plata. Quiere que le mande tres mil pesos mensuales; tres mil, `para fundirlos con sus hicas. Yo no podré mandárselos. Este año será mal año. Andan diciendo que la uva no valdrá nada; que el gobierno la comprará para dejarla en la cepa".

    Las hijas dejan de verlo, la mujer le es infiel y el hijo lo agrede incluso físicamente, hasta que llega la hora del arrepentimiento y el gringo vislumbra una modesta felicidad, luego de que ha perdido todo: "La finquita está hecha una alhaja. Da gusto ver las viñas enmaderadas y el cuadro de alfalfa verde y fresca, y la quinta con sus damascos, con sus durazneros, con sus olivos y perales jóvenes. Da gusto ver el agua que entra en la finquita, alegre, revuelta, rumorosa, siempre apurada".

    Junto al protagonista encontramos personajes gringos y criollos. La valoración de quienes lo rodean no tiene que ver, para Contadini, con el país de origen, sino con el hecho de que sea o no trabajador. Para la familia, en cambio, ser inmigrante es una vergüenza que se debe ocultar, tratando de parecerse en lo posible a los nativos de clase alta: ‘Usted no es un gringo –afirma el yerno que vive a expensas del italiano-; usted ya puede llamarse criollo; ya tiene títulos para ello’ ".

    Uno de los peones asegura también que Contadini ya es criollo, pero lo hace en otro sentido: "De esas cubas hay que sacar el orujo pa’ llevarlo a las prensas –explica el yerno. Mire vea, ¿y quién saca el orujo?, ¿quién se mete en la cuba sabiendo que dentro de ella puede parar las patas? El peón criollo, señor; el gringo tiene miedo, el gringo no se mete a descubar ni por equivocación. Mi patrón no es gringo; mi patrón ya es criollo; él es capaz de ponerse a descubar también".

    Debe ocultarse, asimismo, toda vinculación con el trabajo manual, ya que es degradante; lo deseable es estar relacionado con la clase dirigente y no tener que ocuparse de menesteres tan poco elegantes como la agricultura. El italiano está convencido de que "El Gobierno cobra lo impuesto y acusta la soga. ¿Para esto nos reventamo lo pulmone trabacando, para dar de comere e de chopar y luco a un ejército y compadrito?"

    Como la otra cara de la misma moneda, Burgos presenta con mirada elogiosa a las madres que van con sus chiquillos a trabajar en las viñas: "En los patios de la casa de esas tías pobres, que trabajan a la par del hombre y que llevan a sus hijos a trabajar, bajo un sol amarillo y templado, hay montones, tamaños montones de sarmientos".

    Reitera, a lo largo de la novela, la acusación que los nativos hacen a los extranjeros: "¿No son ustedes los que nos vienen a quitar la tierra y el vino y el pan y todo?" Los peones inmigrantes miran con lástima a quien esto dice y comentan: "Povero nero", "povero chino", "é una bestia".

    .....

    Gringos y criollos, corte y aldea, la naturaleza y la mano del hombre, son algunos de los opuestos a partir de los cuales Burgos ha creado la trama de esta conmovedora novela, que evoca una época de nuestra historia, al tiempo que reafirma sus dotes como escritor.

    MARIA ESTHER DE MIGUEL. "ESA CIUDAD CONTRADICTORIA"

    María Esther de Miguel nació en Larroque, Entre Ríos. Ha trabajado en la docencia y el periodismo. Fue autora de numerosos libros y se la distinguió con importantes premios, entre los que se cuentan la Palma de Plata del Pen Club, el Konex de Platino para cuento y el Premio Dupuytren, Fue directora del Fondo Nacional de las Artes, integró el Consejo de Administración de la Fundación El Libro y fue crítica literaria del diario La Nación.

    Una de sus novelas, titulada Un dandy en la corte del Rey Alfonso (1), tiene como protagonista a Fabián Gómez y Anchorena, un hombre que conoció las más altas cumbres de la dicha, y también las desgracias más terribles. A partir de numerosas obras que consultó, y de la frecuentación de lugares y personas, la escritora pudo lograr un ser de ficción creíble y querible, que nos hace sufrir con él con tanta intensidad como nos regocijó con sus andanzas de joven adinerado. Es muy interesante en esta obra la que el joven recorre desde el poder y la riqueza hasta la indigencia y el anonimato. En una y otra circunstancia, María Esther de Miguel lo muestra vívido, transitando por una época que ella sabe retratar con sentido del humor y visión crítica.

    Tratándose de una novela que transcurre a fines del siglo XIX, no podían faltar en ella las referencias a la inmigración, que con tanta fuerza irrumpió en la sociedad argentina.

    La abuela materna del protagonista, Estanislada Arana de Anchorena, recuerda la historia de su familia, y hace una descripción de los primeros extranjeros que llegaron a nuestra tierra: "No me vengan a hablar de aristocracia argentina. Las mejores familias, entre las que incluyo a la nuestra, por cierto, provienen de comerciantes y aventureros españoles y alguno que otro francés o inglés.

    Descendemos de abuelos y bisabuelos que vinieron a trabajar, y como les fue bien, aunque no siempre se hicieron la América, según se acostumbra decir, compraron campos y haciendas y construyeron grandes casas y tuvieron muchos hijos. Por eso se quedaron y defendieron estas tierras. Por eso todos tienen olor a bosta. Después fueron generales en los ejércitos de la patria y después ministros en los gobiernos de la Nación: Uno de los Anchorena fue Ministro de Rosas, y otro..."

    Fabián Gómez se propone revertir la situación de sus mayores, por eso dice a su amigo: "si muchos de mi familia tuvieron un protagonismo fundante en la historia de mi país (sobre todo en la económica), ¿por qué no podré yo alcanzar notoriedad en estos lugares? Sería como devolver a Europa lo que Europa dio a la Argentina. No te olvidés que nuestros antepasados viajaron de España a América. Y España es Europa, ¿no? Aunque a veces no lo parezca". En otro párrafo afirma: "Mi padre, en un momento de su vida, se vino para acá. A mí me gustaría irme para allá. Como quien dice, me gustaría devolverme".

    Buenos Aires aparece en la obra como "esa ciudad contradictoria", que "Por un lado mostraba el pobrerío de los barrios bajos, y las antiguas casonas donde comenzaban a amontonarse los inmigrantes que, en ese fin de siglo, estaban llegando de todos los lados del mundo. Por otro, las esplendideces de la clase cada vez más atrincherada cerca de la Plaza San Martín, en ese círculo áulico casi formado íntegramente por los Anchorena, sus parientes y sus amigos".

    De la generación del 80 dice que "era una tanda de hombres intelectuales y bien pensantes que pasarían a la historia, según decían, porque se dedicaban a ser diplomáticos, escribir libros interesantes y sacar adelante el país, sobre todo por el esfuerzo de los inmigrantes que habían llegado para ‘laburar’, como decían ellos. Aunque los habían confinado en fábricas, saladeros y conventillos, los pobres se manejaban bien y sacrificadamente, y no pasaría mucho tiempo sin que la mayoría de ellos tuvieran, de acuerdo a los sueños que los habían transportado a América, ‘m’hijo el dotor’ ".

    Esa dicotomía se reitera en otro pasaje de la novela, en el que leemos: "El mayor cambio Fabián lo veía en las clases que se iban perfilando tan netamente. Por un lado, la oligarquía, la alta burguesía, los ricos, los que tenían capitales que habían crecido poderosamente. Por el otro, la gran avalancha de inmigrantes, obreros y empleados cuyos sueldos se cobraban en papeles que cada vez valían menos, porque el precio del oro subía, mientras la carestía de la vida aumentaba. Papeles ñanga pichanga, decía la gente. En el aire flotaba un tufillo de disconformidad que él ya había olido en Madrid: era el de los necesitados".

    La obra transmite la posición de la novelista acerca de este fenómeno social, una opinión que ha sido formada a partir de lecturas y documentación, pero también a partir de un factor que tuvo gran incidencia en la gestación de la novela, y no debe olvidarse: en la carta que ella escribe al protagonista, con la que abre el libro, habla de otro inmigrante, uno que es especialmente caro a la autora. Dice en esa página que un español llegó con unas monedas que le sirvieron a la escritora para reconstruir la vida de Fabián Gómez y Anchorena: "Todas tenían el escudo del Reino de España con sus coronas y sus torres y sus leones, todas eran de cinco pesetas, todas habían pertenecido a mi papá, quien vino de España por no hacer la conscripción en Marruecos. Llegó con una mano atrás y otra adelante, en su maleta un mantón de mi abuela y... Y nada más. ¡Ah, sí: las monedas!".

    En un reportaje (2), ella expresó: "Mi padre era un republicano español que a los 19 años se vino de España para no hacer la conscripción. Autodidacta, gran lector de temas de su especialidad (mecánica, física, ingeniería), preocupado por la política, canalizaba sus inquietudes en la lectura de diarios... y en las discusiones en torno a la mesa de truco los sábados y domingos".

    En diálogo con Alejandra Correa, manifestó: "En mi casa se hablaba mucho de historia porque mi padre que era un inmigrante español, era muy curioso e inteligente. Siempre quería saber la historia del lugar y se preguntaba sobre Urquiza y yo escuchaba" (3).

    Entrevistada por Cristina Pizarro, unos meses antes de su fallecimiento, María Esther de Miguel recordó a su padre: "mi papá tenía la usina de Larroque, la usina eléctrica. Yo me acuerdo de que en mi casa había un gran diploma que decía ‘A Victoriano de Miguel, (así se llamaba) benefactor del progreso argentino’ porque él había dado esa fuente. A mí y a mi hermana nos decían en Larroque "las chicas de la luz", cosa que nos divertía mucho. Éramos las chicas de la luz. A mi casa le decían ‘El palacio de colores y de luces’ porque teníamos mucha luz y porque ‘Como no pagan la luz, tiene encendido todo’ (...) mi casa era un barco porque al caer la tarde se oía chuc chuc chuc que era el ruido de los motores, como tenía muchos vidrios de colores, desde el jardín miraba. Yo en mi casa de la infancia era muy muy feliz. Porque era un espacio muy alegre" (4).

    Notas

    1. Miguel, María Esther de: Un dandy en la corte del Rey Alfonso. Buenos Aires, Planeta, 1999.
    2. Zanetti, Susana (directora): "María Esther de Miguel", en Encuesta a la literatura argentina contemporánea. Buenos Aires, CEAL, 1982. Tomo VI de la Historia de la literatura argentina. (Capítulo)
    3. Correa, Alejandra: "María Esther de Miguel: la novela histórica", en Magazine Actual, Año 2 N° 8, Diciembre de 1997.
    4. Pizarro, Cristina: "Con María Esther de Miguel", en El Tiempo, Azul, 14 y 21 de septiembre de 2003.

    BORGES Y LA INMIGRACION

    Jorge Luis Borges se refiriò en reiteradas oportunidades a la inmigraciòn de sus mayores. Lo hizo en reportajes, en los que aludiò a su condiciòn de descendiente de inmigrantes y criollos (1). Ricardo Piglia considera que "Apoyada en la diferencia de los sexos, la familia se divide en dos linajes, habrìa que decir es forzada a encarar dos linajes: la rama materna, de ‘buena familia argentina’, descendiente de fundadores y conquistadores (‘Tengo ascendencia de los primeros españoles que llegaron aquì. Soy descendiente de Juan de Garay y de Irala’), de guerreros y de hèroes. La rama paterna, de tradiciòn intelectual, ligada a la literatura y a la cultura inglesa (‘Todo el lado inglès de la familia fueron pastores protestantes, doctores en letras, uno de ellos fue amigo personal de Keats’)" (2).

    En Borges, biografìa verbal (3), Roberto Alifano escribe cuanto el escritor le dijo sobre uno de sus antepasados: "El abuelo materno de mi padre, Edward Young Haslam, editò uno de los primeros periòdicos ingleses de la Argentina, Southern Cross, y se habìa doctorado en Filosofìa y Letras en la Universidad de Heidelberg. Sus medios no le permitìan estudiar en Oxford o Cambridge, por lo que marchò a Alemania, donde obtuvo su tìtulo despuès de haber realizado todos sus cursos en latìn. Muriò en Paranà, la capital de la provincia de Entre Rìos".

    Cuando Borges recibiò el Premio Jerusalèn, recordò en una entrevista a la hija de Edward Haslam, su "abuela inglesa, protestante, que sabìa de memoria la Biblia" (4). A ella se referirà tambièn en un reportaje realizado por Noemì Ulla, recordàndola como una persona estrechamente ligada a los libros con los que se iniciò literariamente. Dijo a la escritora que su verdadera educaciòn fue la biblioteca de su padre, "en gran parte de libros ingleses. (...) Yo recuerdo sobre todo la Enciclopedia Britànica, que sigo releyendo y que no he agotado aùn. Mi padre era profesor de Psicologìa en Lenguas Vivas, èl tenìa que dar las lecciones en inglès –mi abuela era inglesa- y era secretario en un Juzgado Civil de los Tribunales, pero èl era ademàs profesor de Literatura Inglesa" (5).

    Evoca el ambiente literario de su casa, relacionado con la extranjera: "Habìa un excelente ambiente en casa, un ambiente literario. Mi abuela era muy lectora, mi abuela inglesa sabìa de memoria la Biblia. Ellos habìan sido predicadores metodistas, gente de clase media en Inglaterra, de modo que Ud. citaba un versìculo bìblico y ella decìa: Libro de los Reyes, capìtulo tal, versìculo tal. O Libro de Job, capìtulo tal, versìculo tal, o El Evangelio segùn Marcos, capìtulo tal, versìculo tal, y seguìa adelante. En alemàn se dice Bibelfest, es una persona que està firme en la Biblia. Creo que Hafiz sabìa de memoria el Coràn, que Hafiz quiere decir ‘el recordador’. Hay mucha gente que sabe de memoria el Coràn y sè que muchos protestantes, como mi abuela, saben de memoria la Biblia. Se sigue la ùnica lectura, puede ser aprendida".

    Acerca del arribo de la inglesa a nuestro paìs, dice Alifano: "La abuela paterna de Borges, Frances Haslam Arnett, llegò a la Argentina por una serie de curiosas circunstancias. Su ùnica hermana, mayor que ella, se habìa casado con un ingeniero ìtalojudìo, llamado Jorge Suàrez. Al fallecer su madre, los Suarez la hicieron viajar a Amèrica del Sur. Llegò a Paranà, la capital de Entre Rìos, despuès de un accidentado viaje (el barco estuvo a punto de naufragar en las costas del Brasil), a mediados de 1867. En Paranà fue donde Frances Haslam conociò al coronel Francisco Borges".

    La ascendencia de Jorge Luis y su hermana, Norah, determinò en què idioma se expresarìan: "En casa de los Borges se usaba corrientemente tanto el inglès como el castellano –afirma el biògrafo. Los niños sabìan que con la abuela materna, Leonor Acevedo, tenìan que hablar español; pero con Fanny Haslam lo debìan hacer en inglès. ‘Con el tiempo descubrì que esas dos maneras de hablar de un nieto se llamaban la lengua castellana y la lengua inglesa’, completò Borges".

    La abuela Fanny no sòlo le legò el idioma y la aficiòn a la lectura; le dejò tambièn material del que surgirìa algùn texto: "Siendo niño –evoca Borges- escuchè a Fanny Haslam muchas historias de la vida de fronteras de aquellos tiempos. Ella habìa vivido experiencias terribles y maravillosas al mismo tiempo, ya que, en los primeros años de la dècada del setenta, mi abuelo fue comandante en jefe de las fronteras norte y oeste de la provincia de Buenos Aires. Una de esas historias sirviò de base para mi relato Historia del guerrero y la cautiva. Mi abuela habìa conocido a varios caciques indios: Namuncurà, Simòn Coliqueo, Pincèn y Catriel".

    Cuentos con inmigrantes

    Una experiencia tan fuerte como la de la inmigraciòn dejò huellas en el escritor, que se refiriò a esta realidad de dos patrias en algunos de sus textos. El lector recordarà con què frase se incia el cuento titulado "El sur": "El hombre que desembarcò en Buenos Aires en 1871 se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de la iglesia evangèlica". Pasados los años, nos enteramos de que este inmigrante dejò descendencia en suelo americano: "en 1939, uno de sus nietos, Juan Dahlmann, era secretario de una biblioteca municipal en la calle Còrdoba y se sentìa hondamente argentino" (4).

    Marìa Teresa Gramuglio sostiene que "en ‘El Sur’, relato que Borges ha calidficado de autobiogràfico, ‘al menos en sus primeras pàginas’, otra oposiciòn, la de lo criollo y lo europeo, se condensa en el protagonista, Juan Dahlmann, descendiente de un pastor alemàn y de un coronel argentino. En el nivel màs visible –agrega-, los datos ‘autobiogràficos’ se multiplican: Dahlmann trabaja en una biblioteca, sufre un accidente similar al sufrido por Borges en 1938, conserva unos vagos campos que no visita. (...) En un nivel menos visible, la dicotomìa entre lo criollo y lo europeo define una elecciòn que se resuelve en el relato (ir al sur, aceptar el duelo) y que a la vez lo resuelve con la muerte" (7).

    Al igual que el escritor, Juan Dahlmann siente correr por sus venas sangre de dos tierras: "Su abuelo materno habìa sido aquel Francisco Flores, del 2 de infanterìa de lìnea, que muriò en la frontera de Buenos Aires, lanceado por indios de Catriel". Elige una de estas ascendencias, por un motivo que arriesga el cuentista: "en la discordia de sus dos linajes, Juan Dahlmann (tal vez a impulso de la sangre germànica) eligiò el de ese antepasado romàntico, o de muerte romàntica". Esa elecciòn marca su personalidad: "Un estuche con el daguerrotipo de un hombre inexpresivo y barbado, una vieja espada, la dicha y el coraje de ciertas mùsicas, el hàbito de estrofas del Martìn Fierro. (...) Esta elecciòn sella su destino: morir, o soñar que muere, en el Sur, en un duelo a cuchillo. ‘Sintiò que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto, hubiera sido una liberaciòn para èl, una felicidad y una fiesta... Sintiò que si èl, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, èsta es la muerte que hubiera elegido o soñado’ ".

    .....

    Lo criollo y lo europeo, mundos diferentes en los que se escindiò la existencia de Borges, aparecen en este cuento, como aparecieron en las entrevistas que se le realizaron, demostrando que la inmigraciòn fue un tema importante, tambièn, para uno de los màximos escritores argentinos.

    Notas

    1. Reportaje incluido en Mujica Làinez, Manuel: Los porteños. Buenos Aires, La Ciudad, 1979.
    2. Piglia, Ricardo:
    3. Alifano, Roberto: Borges. Biografìa verbal.
    4. S/F: en Borges e Israel. El asiduo manuscrito". Buenos Aires, Embajada de Israel en Buenos Aires, 1987.
    5. Ulla, Noemì:
    6. Borges, Jorge Luis: "El sur", en Ficciones. Buenos Aires, Sur, 1944.
    7. Gramuglio, Marìa Teresa: "Jorge Luis Borges", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.

    INMIGRACION Y NOVELA: UN DEBATE EN ADAN BUENOSAYRES

    El crìtico Angel Nùñez distingue tres etapas en la producciòn de Leopoldo Marechal, a quien define como el "autor de una rica y variada obra literaria" (1). Se iniciò, y alcanzò premios y fama, como poeta, a partir de Los aguiluchos (1922), y sobre todo desde Dìas como flechas (1926) y Odas para el hombre y la mujer (1929)". Enumera otros tìtulos y afirma que en esta primera etapa "ya se incluye el ensayo de estètica Descenso y ascenso del alma por la belleza (1933) y la simple Historia de la calle Corrientes (1937) con la que comienza una de sus màs importantes lìneas de creaciòn: la narrativa".

    "Una segunda etapa de producciòn podemos iniciarla en 1948, cuando edita su primera novela, Adàn Buenosayres, importante apertura de un àrea que serà central en el conjunto de su obra. Esta segunda etapa llega hasta 1955 –año en que se inicia su proscripciòn del mundo cultural-; abarca la iniciaciòn en la novela y tambièn en el teatro: El canto de San Martìn es de 1950".

    "Un tercer perìodo –de extraordinaria creatividad- puede establecerse entre 1965 y la muerte del escritor, ocurrida en 1970. De 1965 es su segunda novela, El banquete de Severo Arcàngelo, que tuvo gran èxito de venta y que provocò la revalorizaciòn de su obra. La trilogìa novelìstica se completa con Megafòn o la guerra, aparecida poco despuès de su muerte. En esta etapa enriquece su ensayìstica con Autopsia de Creso (1965), luego incorporado al importante Cuaderno de navegaciòn (1966), que recoge once estudios diversos".

    Con motivo de cumplirse el cincuentenario de la novela, Graciela Cutuli publicò un trabajo en el que afirma que "Leopoldo Marechal llamò ‘Adàn Buenosayres’ a su alter ego literario, al personaje que le dio nombre a su novela màs monumental y lo consagrò como uno de los maestros de la prosa argentina. Hace cincuenta años, cuando languidecìan algunas vanguardias y estaban forjando su obra otros grandes autores de nuestra literatura, el libro se publicò en medio de un silencio casi generalizado: era la historia de un largo recorrido del protagonista, Adàn Buenosayres, desde su ‘despertar metafìsico’ en una casa del barrio de Villa Crespo hasta el solitario combate final de su alma frente al Cristo de la Mano Rota, en la Iglesia de San Bernardo. Era y es una novela extraordinaria, pero sufriò una ola de silencio, debida en parte a lo inèdito de su lenguaje y del fluir de su escritura, y en parte tambièn a que Marechal satirizò con agudeza en varios de sus episodios a muchos de sus colegas martinfierristas... sin que estos, que tanto se burlaran en el pasado de la ‘solemnidad literaria’, tuvieran el coraje de afrontarlo con el necesario humor" (2).

    En medio del silencio de la crìtica al que alude Cutuli, una voz se alzò para destacar los mèritos de la novela y la singular figura que la protagoniza. Dijo Julio Cortàzar, en 1949: "Una gran angustia signa el andar de Adàn Buenosayres, y su desconsuelo amoroso es proyecciòn del otro desconsuelo que viene de los orìgenes y mira a los destinos. Arraigado a fondo en esta Buenos Aires despuès de su Maipù de infancia y su Europa de hombre joven, Adàn es desde siempre el desarraigado de la perfecciòn, de la unidad, de eso que llaman cielo. Està en una realidad dada, pero no se ajusta a ella màs que por el lado de fuera, y aùn asì se resite a las òrdenes que inciden por la vìa del cariño y las debilidades. Su angustia, que nace del desajuste, es en suma la que caracteriza –en todos los planos mentales, morales y del sentimiento- al argentino, y sobre todo al porteño azotado de vientos inconciliables... (3)".

    Criollos e inmigrantes

    Por la novela desfilan inmigrantes de las procedencias màs disìmiles. Entre ellos encontramos italianos, catalanes, gallegos, vascos, judìos, armenios, turcos, calabreses, sicilianos, sirios, andaluces, chinos, ingleses, alemanes y escandinavos. A algunos solamente se los menciona; otros, en cambio, son retratados minuciosamente en esta recorrida que el protagonista hace en abril de un año que no especifica.

    En el Segundo Libro, los pesonajes se trenzan en un debate acerca de las responsabilidades de criollos y de gringos. Samuel Tesler, filòsofo villacrespense, exclama: "Estoy harto de oìr pavadas criollistas (...). Primero fue la exaltación de un gaucho que, según ustedes y a mí no me consta, haraganeó donde actualmente sudan los chacareros italianos. ¡Y ahora les da por calumniar a esa pobre gente del suburbio, complicàndola en una triste literatura de compadritos y milongueros!".

    Del Solar, uno de los líderes criollistas, contraataca: "La devoción al recuerdo de las cosas nativas –tartamudeó Del Solar, pálido como la muerte- es lo único que nos va quedando a los criollos, desde que la ola extranjera nos invadió el país. ¡Y son los mismos extranjeros los que se burlan de nuestro dolor! ¡Si es para llorar a gritos!. (...) Es verdad que la ola extranjera nos metió en la línea del progreso. En cambio, nos ha destruido la forma tradicional del país: ¡nos ha tentado y corrompido!".

    Adán Buenosayres piensa lo contrario. Sostiene "que nuestro país es el tentador y el corruptor, que el extranjero es el tentado y el corrompido". Afirma eso luego de haber visitado Europa y haber visto hombres "con un sentido heroico de la existencia". Al llegar aquì, los hombres encontraron "un sistema basado en cierto materialismo alegre que se burlaba de sus costumbres y se reìa de sus creencias. (...) los extranjeros hallaron en el paìs, no un sistema de orden, sino una tentadora invitaciòn al desorden. Casi todos eran ignorantes; no tenìan defensa. Y olvidaron su tabla de valores por aquel fàcil estilo de vida que les enseñaba el paìs. Y la obra de corrupciòn iniciada en los padres fue concluida en los hijos: los hijos aprendieron a reìrse de sus padres emigrados, y a ignorar o esconder su genealogìa. Son los argentinos de ahora, sin arraigo en nada".

    El protagonista comprende cuàl es su misiòn en esa circunstancia: "si al llegar a esta tierra mis abuelos cortaron el hilo de su tradiciòn y destruyeron su tabla de valores, a mì me toca reanudar ese hilo y reconstruirme segùn los valores de mi raza. En eso ando. Y me parece que cuando todos hagan lo mismo el paìs tendrà una forma espiritual".

    Otro delos lìderes criollistas expresa que "El paìs no necesita buscar su alma en el extranjero", pues se la darà el Espìritu de la Tierra.

    La polèmica se instaura, en otros tèrminos, cuando Marechal hace aparecer a Juan Sin Ropa, el que derrotò a Santos Vega. Juan Sin Ropa –explica el folklorista Del Solar- "es el gringo desnudo que vence a Santos Vega en una clase de lucha que nuestro paisano ignoraba: la lucha por la vida". En ese momento, "el vistoso gaucho fue borràndose para dejar sitio a un hombretòn forzudo y coloradote, de camisa y bombachas a cuadros, botas amarillas, facòn ostentoso y un rebenque guarnecido de plata casi hasta la lonja. No sin una efusiòn de simpatìa, los aventureros identificaron al punto la imagen risueña de Cocoliche".

    Luego, Juan Sin Ropa se transforma en el abuelo Sebastiàn, el antepasado europeo de Adàn Buenosayres, quien le dice a Del Solar: "Cien veces crucè la pampa en mi carreta, y cien veces el rìo en mi ballenero de contrabandista. Arè la tierra virgen y agrandè rebaños. Y no es mìa ni la tierra donde se pudren mis huesos". A travès de sucesivas metamorfosis, el gaucho llega a tomar el aspecto del Neocriollo "que habitarìa la pampa en un futuro lejano" (4).

    .....

    Como personajes, o como fenòmeno social que suscita la polèmica, los inmigrantes revisten importancia en la obra de Marechal, el escritor que –al decir de Sàbato- "pasarà a la historia de la lengua castellana como insigne hito de la poètica y la narrativa. A ese monumento que le tiene reservado el tiempo no se le pueden arrojar bombas de alquitràn, y ha de ser invulnerable al insulto, la ironìa, la envidia y el silencio: esos premios que con harta frecuencia los hombres de letras de nuestro paìs confieren a los que deberìan honrar" (5).

    ABELARDO ARIAS: CRIOLLOS Y GRINGOS EN MENDOZA

    Abelardo Arias nació en Córdoba, aunque él hubiera preferido ver la luz en San Rafael, Mendoza, "en la finca de mi abuela materna, donde pasé casi todos los veranos de mi niñez y adolescencia, en todo caso los más memorables (...) Una criolla casona cerca del Río Diamante y del viejo fortín con foso y puente levadizo que construyó mi abuelo francés, el ingeniero astrónomo Julio Balloffet, el único injerto gringo en cientos de años de criolledad". No hay certeza sobre su fecha de nacimiento. Algunos dicen que fue en 1908; otros, que fue en el 18.

    Interrogado al respecto para la Historia de la literatura argentina (CEAL, 1980), el escritor dijo: "Sólo mis veinte libros, una comedia romántica y una parábola radioteatral, amén de cuentos y traducciones, la evolución estilística, una cierta madurez, seguridad en el oficio, me señalan el paso del tiempo. Entonces, como Alamos talados apareció en 1942, pertenezco a la llamada generación del 40. Esta es la única cronología irremediable. La única seria".

    La novela a la que alude fue distinguida en el año de su publicación con el Primer Premio de Literatura de Mendoza, el Primer Premio Municipal de Buenos Aires y el Primer Premio de la Comisión Nacional de Cultura. Marcel Bataillon –citado en La Prensa por Antonio Requeni- expresó: "Hay en ella –la novela- una intensa poesía que es a la vez la de la juventud y la de la América Colonial del fondo de las provincias, un mundo perdido para siempre y otro que espero conocer un día. Hay también un tono de relato, una mezcla de arte y naturalidad, un gusto, que no son moneda corriente en la literatura hispanoamericana".

    En Alamos talados, Arias evoca personajes de diversas clases sociales. Está la clase alta, la de los terratenientes que hicieron la conquista viviendo en un fortín hasta que pudieron doblegar a los indígenas. Así ve a su familia el adolescente: "Por momentos, abuela arreglaba parsimoniosamente los pliegues de su vestido negro, que caían sobre el almohadón de raso granate en el cual, a manera de escabel, reposaban sus botinas de fieltro negro. Desde mi escondite, la escena resultaba solemne: la galería con sus esbeltos pilares, unida a la escalinata del estrado, le daba ambiente cortesano, que destruía el abigarrado montón de campesinos esperando turno para acercarse a la señora. Ella tendía su mano de venas azuladas con tan graciosa aquiescencia, que dejaba en quienes la recibían sentimiento de gratitud por el gesto benévolo".

    En 1990, Sudamericana presentó una edición acompañada por una "Guía de trabajo para el profesor", realizada por Marcela Grosso y Marta Baldoni, del Grupo Universitario de Investigación Literaria de la Editorial. En este opúsculo, las autoras señalan la importancia de inmigración en la novela: "El poder se ve amenazado por la presencia de lo otro, del elemento extraño: el inmigrante, figura que genera tres efectos correlativos: a) el enfrentamiento entre gringos y criollos, b) la exaltación del linaje y la hispanidad, c) el rechazo del progreso y las nuevas costumbres".

    La clase alta, representada fundamentalmente por los abuelos, se mostraba bondadosa con los criollos y los inmigrantes, en general, aunque había excepciones: "El inmigrante aparece descalificado, caricaturizado (...) o mirado con simpatía, en tanto se ciña al mandato de la abuela y no compita en el circuito de producción económica. Don Ramón Osuna sentía un "desprecio soberano por los gringos, como él llamaba a cuantos no hablaran el castellano. Desprecio que alcanzaba a toda idea que de ellos proviniera. No quiso alambrar su estancia; sembrar era cosa de gringos y nunca el arado rompió sus tierras". "El desprecio por el progreso y las nuevas costumbres aparecen sintetizados en la abuela y don Ramón Osuna –consideran las investigadoras-. (...) En ambas actitudes está presente el conservadorismo, la resistencia al cambio".

    "Decir ‘gringo’ es un insulto –continúan- (...) El atributo ‘criollo’, en cambio, tiene connotaciones positivas (...) se convierte en una abstracción, en un símbolo de pureza racial y moral". Los depositarios de estos valores son la abuela y don Ramón Osuna, ambos personajes en extinción (...) De la idea de extinción deriva el tono elegíaco de la novela y la figura estatuaria de la abuela, adscripta a quien muere en ademán grandioso. Frente a la aparición de los nuevos actores en el escenario social, se exalta a la elite y se reivindica al hijo del país, el criollo en desaparición. El ideal de ‘criollismo’ se proyecta en Alberto, heredero de un linaje y varón que asegura la perpetuación del apellido".

    La diferencia entre terratenientes e inmigrantes es señalada por uno de los personajes: "Doña Pancha aún no podía comprender cómo abuela había recibido, ‘con aire de visita’, a uno de esos gringos bodegueros, decía ella recalcando la palabra con retintín. Ella no podía entenderlo y menos disculparlo. Entre tener una viña y tener bodega para hacer vino había un abismo infranqueable. Eran dos castas distintas, y la Pancha se había constituido guardián insobornable de esa separación".

    Cuando las penurias económicas obligan a la anciana señora a talar los álamos, allí está un inmigrante, posibilitando que el lector saque conclusiones sobre la personal postura del autor: "Con el pie en el estribo de su auto rojo, el turco hacía anotaciones en una libreta. Uno, tras otro, caían los álamos de mi adolescencia". Grosso y Baldoni sostienen que "La presencia invasora del inmigrante aparece metaforizada por el coche rojo del turco, que recorre el texto en varios capítulos". Acerca del propietario del vehículo comentan: "Claras son las connotaciones demoníacas que despliega este personaje (...) Las aspiraciones comerciales del turco, que exceden a las del agricultor contratado, lo convierten en una amenaza, un peligro para el sistema. La compra de la vid y de la madera es sustituida por la idea de usurpación, de estafa: el turco no compra sino que ‘se lleva’. Caída, atropello, usurpación, tala, profanación, son los efectos del ingreso del inmigrante en el sistema, que es quebrado sin posibilidades de restauración".

    Los gringos

    Los extranjeros –turcos, españoles, italianos, ingleses, franceses- son retratados en distinta forma. Algunos son evocados como seres altaneros; otros, son descriptos por Arias con admiración, tal es lo que sucede con el calabrés contratista de la viña: "Batista –su apellido me resultaba cómico y no pude aprenderlo nunca- había llegado de Italia cuando era muchacho, treinta años atrás. Varios cuarteles de viña se habían plantado bajo su vigilancia y la dirección de un cura, el padre Camurri, que, amén de sus misas, calzaba botas y salía a dirigir el trazado de los viñedos". Aquí se evidencia cómo el sentimiento de la clase alta hacia los inmigrantes depende de que ellos estén o no subordinados a ella. Por otra parte, el comentario acerca del apellido del italiano trasluce cierto desdén hacia quienes provenían de países distantes.

    Los criollos, que se agrupan bajo la protección de la señora y sus descendientes, ven como algo degradante el trabajo en la viña, pues nacieron para domar potros y para hacer tareas que exijan valor y destreza: " ‘Los criollos no somos muy guapos pa’ estos menesteres, eso di’ andar cortando racimitos son cosas pa’ los gringos y las mujeres –había dicho Eulogio-. Ahora, lidiar con toros, jinetear potros, trenzar tientos de cuero crudo, marcar , ésas son cosas di’ hombre’ y hasta si se trataba de dar una manito para cargar las canecas, entonces se ajustaban el cinto y la faja, acomodaban el cuchillo en la cintura, ‘y no le hacían asco a juerciar un poco’ ".

    Frente a la adversidad, los criollos descreen tanto de los conocimientos de los patricios cuanto de las innovaciones de los gringos. Ante la incredulidad de uno de los señores, que la ve marcar una cruz en el suelo, "Que se ría el dotor –arguía la Pancha-, más pior le fue al gringo ‘e las Paredes, el que s’hizo una torre altaza, todita llena de palarrayos pa’espantar el granizo y, no bien la terminó, la misma tarde, la pedrera le taló las viñas... Ai tienen lo que sacó ese descreído con su torre de Davell".

    Hay, también, personajes marginales, como el ebrio Modón, cuya existencia infrahumana se describe y justifica: "Estaba descalzo, los pantalones sujetos por una faja de lana colorada y arremangados hasta la mitad de la canilla; la camisa sucia y deshilachada se perdía en la maraña de la barba grasienta, donde la tierra formaba una pasta oscura alrededor de los labios agrietados".

    .....

    Alberto, el protagonista, se siente unido a su familia por el respeto y el cariño, pero es por los criollos por quienes experimenta sus sentimientos más fuertes. Por un criollo, conoce el valor de la amistad, y es Dolores, la hermana del amigo, quien lo inicia en el camino de las sensaciones. Los inmigrantes son vistos por el adolescente como un grupo social cuyo trabajo resulta valioso, pero que también se vuelve una amenaza para la clase alta en decadencia, con cuyo ocaso se verá beneficiado.

    MANUEL MUJICA LAINEZ. VOLVER A LAS FUENTES

    Manuel Mujica Láinez nació en Buenos Aires en 1910; falleció en Cruz Chica, Córdoba, en 1984. "Estudió en colegios de Francia y Gran Bretaña. Desde joven, alternó la creación literaria con la crítica de arte, que desarrolló en el diario La Nación. En 1936 contrajo matrimonio con Ana de Alvear Ortiz Basualdo. Fue Secretario del Museo Nacional de Arte Decorativo y, entre 1955 y 1958, ocupó la Dirección de Cultura del Ministerio de Relaciones Exteriores. También integró la Academia Argentina de Letras y obtuvo, entre otras distinciones, los premios Kennedy, Nacional de Literatura (1963) y la Legión de Honor del Gobierno de Francia (1982). Además, en 1984, fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. En 1969 el escritor y su familia se habían trasladado a Cruz Chica (Córdoba), instalándose en una antigua casona con un extenso parque, llamada ‘El Paraíso’, donde Mujica Láinez residió hasta su muerte".

    "De su vasta producción sobresale su obra narrativa, en la que cobra especial importancia la indagación de lo argentino, presente en Canto a Buenos Aires (1943); Aquí vivieron (1949), sobre la historia de una quinta de San Isidro (Bs. As.) y, especialmente, en el volumen de cuentos Misteriosa Buenos Aires (1950). Mujica Láinez retrató con escepticismo e ironía a los sectores tradicionales en Los viajeros (1955) y en Invitados en El Paraíso (1957. Su inclinación a lo fantástico y el carácter cosmopolita se pone de manifiesto en las novelas que transcurren en el Renacimiento italiano, como Bomarzo (1962), o en la Edad Media, como en el caso de El Unicornio (1965). Varias novelas y cuentos suyos fueron llevados al cine y a la televisión, y el compositor Alberto Ginastera realizó una ópera basada en Bomarzo, estrenada en Washington (E.E.U.U.) en 1967 y que obtuvo un amplio reconocimiento internacional" ().

    Manuel Mujica Làinez ha evocado en muchas oportunidades a sus ancestros. En Los porteños (1), èl toma la palabra y se refiere a sus antepasados en los artìculos titulados "Un poema, un autor y su genealogìa", "Los tìos de Inglaterra" y "Yo vivì aquì (La quinta de los Beccar Varela)". En esos textos, el elogio tiene como destinatarios a los protagonistas; el tono admirativo surge espontàneamente al hablar de familias patricias y personajes gloriosos.

    La vida y la obra entera de Mujica Làinez se desarrollaron alimentadas por el vivo fuego de la estirpe hispànica y sus profundas raìces en el suelo americano. El escritor se muestra orgulloso de su genealogìa y la recuerda con frecuencia. La circunstancia personal determina su creaciòn artìstica. Se siente el afortunado heredero de una distinciòn y una cultura sin parangòn; a travès de los lazos sanguìneos ha recibido, si no la fortuna, todos los privilegios inherentes a ella. Quizàs por esta razòn es que elige para sus obras a protagonistas de la clase dirigente, a virreyes, condes y marqueses.

    En un artìculo publicado en La Naciòn, incluido en el volumen mencionado, recuerda a sus antepasados en diàlogo con Borges. De la charla surge una diferencia: los ancestros del autor de El aleph han sido hèroes; los de Mujica Làinez, estancieros y literatos.

    Entre estos ùltimos, se destacan los Varela, los Canè –el "romàntico porteño" y el autor de Juvenilia-, el fundador de El Diario y, màs cercanos a nosotros en el tiempo, Manuel Mujica Farìas, su padre, autor de tratados jurìdicos, y Lucìa Làinez Varela, cuya pluma nos dio un libro de memorias de viaje y dos obras de teatro.

    En "Dos abuelos, dos tendencias", Mujica Làinez presenta a sus ancestros escindidos en dos corrientes: la criollista y la europeizante. Representante de la primera es Eleuterio Santos Mujica y Covarrubias, estanciero y tenaz partidario de Mitre. La otra corriente està representada en la persona del abuelo materno, Manuel Làinez, y en las del grupo de periodistas y literatos relacionados con nuestro autor por medio del progenitor de su madre.

    La tradiciòn familiar ha sido para Mujica Làinez fuente inagotable de temas, tanto en lo que se refiere a personajes como en lo concerniente a historias, vivencias, a esa atmòsfera tan particular que encontramos en todas y cada una de las obras del descendiente de Juan de Garay.

    El regreso

    Manuel Mujica Làinez realizò innumerables viajes a lo largo de su vida, por diferentes motivos. Durante su adolescencia, viviò en Parìs y en Londres; màs tarde, ya periodista de La Naciòn, los viajes fueron para èl parte de su trabajo. La misiòn oficial tambièn fue un motivo para recorrer el mundo, como lo fue asimismo la creaciòn literaria, que lo llevò a presenciar el estreno de Bomarzo en los Estados Unidos.

    Poco antes de morir, Mujica Làinez reuniò algunas de las crònicas que escribiò para el diario capitalino, en dos volùmenes que titulò Placeres y fatigas de los viajes. Crònicas andariegas (2). En estos tomos agrupa artìculos publicados entre 1935 –cuando viajò en el Zeppelin- y 1977.

    En una entrevista realizada en 1978, afirma que cuando escribiò esa primera nota, "Era un niño bien que iba a bailes y a fiestas" y lejos de enorgullecerse por haber sido elegido para realizar esa travesìa, dice: "A mì me eligieron porque como era tan joven y hacìa sòlo tres años que estaba en el diario, no les importaba mucho perderme... (3)".

    Las condiciones en las que realiza sus viajes no siempre son las ideales, y muchas veces se lamenta de la velocidad que lleva en sus andanzas, o de otros inconvenientes lògicos, dada la època en que visita algunos paìses. El periodista comenta: "Hubiera querido tener el cuerpo sembrado de ojos, como Argos, pues lo que siempre sucede en estos viajes veloces es que lo màs interesante es lo que uno va dejando a un costado, a la derecha o a la izquierda, (...) se hace lo que se puede con los escasos medios fìsicos de que se dispone".

    Ademàs de la premura que lleva, juega contra èl la realidad de los paìses europeos en la posguerra, que obliga a trazar el itinerario de acuerdo a lo posible y no a lo deseable; en Alemania, por ejemplo, debiò alojarse en el albergue de los corresponsales de guerra, en un cuarto diminuto que "debiò nacer cocina, pues conserva en un rincòn una pileta de lavar platos y, en el otro, un caño sospechoso".

    Los lugares que recorre lo impresionan siempre, aunque por diferentes razones. En algunos de ellos admira la historia milenaria o el coraje de sus habitantes; en otros, reconoce espacios propios, ya sea por herencia o por vivencias. Uno de los dos paìses a los que màs se siente ligado el periodista es –el lector lo habrà supuesto- España.

    En España vivieron sus ancestros; uno de ellos, hace siglos, se lanzò al mar, en busca de la promesa americana. "Cada uno de nosotros es, en buena proporciòn, consecuencia de la cadena ancestral que le dio vida –afirma-, y mis eslabones hispanos, rotos hace casi dos centurias, siguen unidos invisiblemente a mis eslabones de la Argentina. Hoy los siento trèmulos, vibrantes, dentro de mì".

    Este sentimiento alcanza su clìmax cuando el poeta visita, en Villafranca de Oria, pueblo cercano a San Sebastiàn, , la casa de sus mayores, en una "peregrinaciòn a las fuentes": "Con Armendàriz tornè a entrar en la iglesia. Me enseñò, en los registros parroquiales, las anotaciones que consignan los bautismos, matrimonios y muertes, de gente remota vinculada a mì. Y, saliendo del templo neblinoso, me mostrò junto a èl la que fue casa de mis mayores y que, desde 1890, màs o menos, està destinada a escuela, correo, dependencias municipales y què sè yo què. Sobre la puerta sigue intacto el blasòn, como en tantas y tantas casas de Guipùzcoa".

    Se refiere a su estado de ànimo de ese momento: "Experimentè, como es lògico, una especie de emociòn difìcil de definir. Ella aumentò cuando, algo despuès, el alcalde nos guiò al cònsul y a mì para que, desde la altura del hospital, abarcàramos la vista del pueblo. Cuatro hermanas de caridad, alegres, parloteantes, sonoras de llaves y de rosarios (la màs àgil, Sor Pastora), nos escoltaron a lo largo de vastas salas llenas de camas vacìas –pues en Villafranca no hay màs que trece asilados en el hospital, y la principal razòn de ser de ese instituto monjil finca en su colegio- para que asomàndonos a las ventanas del primer piso, apreciàramos en su conjunto la hermosura del pueblo. Y entonces, al verlo tan pequeño, tan esmirriado, con sus tejas venerables, sus edificios hidalgos y sus muros pobrecitos, sentì que algo se apretaba dentro de mì".

    Recordò entonces a "aquel Juan Bautista de Mujica y Gorostizu, tan vasco, quizàs el tercero o el cuarto hijo de una familia numerosa, de hacienda flaca, que un dìa resolviò irse de Villafranca de Oria, de estas montañas, de este rìo rumoroso, de estas casas soñolientas, de estos pinos velados por la bruma, de esta iglesia que guardaba la historia de los suyos". Se fue "allende el mar, al extremo del mundo, porque –segùn se referìa- se habìa abierto el puerto de Buenos Aires al comercio, en un nuevo virreinato, y acaso allì –pero eso sì, desgarràndose de todo, como quien se cercena una mano a sì mismo- habrìa posibilidades de medrar, para un muchacho sin temor".

    El escritor plasma en este artìculo la emociòn que sintiò: "Ese pensamiento me acercò a èl, por encima del tiempo, màgicamente, y a la casa que acababa de ver junto a la iglesia de Santa Marìa. Y al hacerlo comprendì que no me estaba despidiendo de España sino, al contrario, regresando a ella, a mi casa, y aunque me fuera lejos nunca me irìa de aquì, donde las raìces se hunden entre tumbas y el rìo Oria le repite a mi sangre, para siempre, una vieja ronda familiar" .

    Notas

    1. Mujica Làinez, Manuel: Los Porteños. Buenos Aires, La Ciudad, 1979.
    2. Mujica Làinez, Manuel: Placeres y fatigas de los viajes. Crònicas andariegas. Buenos Aires, Sudamericana, 1993.

    JOSE GONZALEZ CARBALHO: LA "PATRIA ANTERIOR"

    Aunque José González Carbalho fue un escritor notable, es muy difícil encontrar información sobre su vida y sobre su obra. La que transcribimos nos la ha proporcionado Antonio Requeni, autor de "Un poeta arxentino en Galicia: González Carbalho" (1). Leyendo este interesante trabajo nos enteramos de que el hijo de emigrantes gallegos nació en Buenos Aires en 1899. Huérfano de madre, fue criado por su padre, su hermana y una sirvienta gallega, a la que recuerda como "un ser que desbordó en ternura y que sacrificó todos sus afanes por el niño huérfano. Historias y leyendas que después hallé en los libros, salían de sus labios para dormirme. Su generoso amor, su entrega incondicional a mi educación para luego alejarse, sabiéndome criado, acreditaban la nobleza de un elegido".

    Dos experiencias lo marcarían en sus primeros años: la lectura de las Follas novas que le dio su padre –"Aquella criatura, arrullada en sus primeros años con canciones de cuna gallegas, entraba en un país mágico de palabras y ritmos de la mano de un hada también gallega: Rosalía de Castro"- y las reuniones del emigrante con sus amigos recién llegados de Galicia, "envuelta ya para el niño en líricas nieblas de leyenda. Aquellas demoradas conversaciones de sobremesa impregnaban su imaginación con fragancias campestres o marineras; acariciaban sus oídos con música de ese idioma como arrullo que lo adormeciera y que, años después, le abrió las puertas de la poesía, territorio mágico del que sería, para siempre, fervoroso habitante".

    "El niño se hizo hombre y, leal a su vocación y a sus sueños, escribió libros de poemas que encontraron eco auspicioso entre los más importantes escritores del momento: Leopoldo Lugones, Alfonsina Storni, Pedro Miguel Obligado... Sus temas eran el barrio, la casa, la hermana entrañable, los amigos, el amor, la ternura, y una franciscana religiosidad".

    El titiritero Javier Villafañe recuerda la amistad de Carbalho con Lorca: "Yo tenía entonces 24 años. Iba caminando por la Avenida de Mayo; esta vieja calle era muy transitada por escultores y poetas de la época. Seguí mi caminata, cuando me encuentro con Pepe González Carvalho –amigo de Kantor- y con la hija de otro amigo. Nos detenemos y me presenta a Federico García Lorca. A la altura de la Avenida de Mayo y Santiago del Estero, frente al Pasaje Barolo, entramos los cuatro en un bar. Pepe, que en ese entonces era periodista de Noticias Gráficas -periódico de la tarde- se hizo muy amigo de Federico. Conversamos mucho y Pepe, que conocía mi actividad con Juan Pedro Ramos, le habló de ella a Federico, quien escuchaba con mucha atención. (...) Luego de cinco largos meses de permanencia en Buenos Aires, Federico García Lorca regresa a España, y pasado un tiempo todavía envía correspondencia a González Carvalho" (2).

    Fue asimismo profesor de literatura española en el Colegio Nacional Hipólito Yrigoyen, y autor de libros de poesía –Campanas en la tarde (1922), Cantados (1933.Premio Municipal), entre otros-, prosa –El libro de Angel Luis (cuentos, 1926), Vida, obra y muerte de Federico García Lorca (1938) y otros-, teatro –Arrabal de Carriego, Cornamusa- y ensayo -Idioma y poesía gallega, 1953.

    Falleció en Buenos Aires, en 1958. "Mientras se vestía para dirigirse a la escuela nocturna donde era profesor de literatura -recuerda Requeni-, su corazón se detuvo. Yo llegué apenas una hora después y nunca se me borrará la imagen de aquel ser excepcional, pulcramente vestido y afeitado –como lo viera siempre- inmóvil, sobre la cama, (...) Yo no estaba en condiciones de pensar absolutamente nada en ese momento, pero al transcurrir el tiempo y recordar aquella escena estremecedora, tuve la misma reflexión de González Carbalho ante otras sugestivas imágenes: ‘parecía un tema de Rosalía’ ".





    El periodista

    Escribió en diarios y revistas. En varios artículos se refirió al viaje a Galicia que realizara en abril de 1955. Escribe Antonio Requeni, a propósito de los mismos: "González Carbalho fue poeta y periodista. Esa doble actividad lo ayudó a comprender mejor la realidad gallega. En muchas de las páginas que dejó escritas resalta la observación sutil, el registro de detalles que contribuyen a una captación más profunda. Esa capacidad para detenerse a inventariar los elementos de la realidad debe ser don o virtud de periodista. Y González Carbalho lo fue, ininterrumpidamente, durante muchos años. Pero además era poeta y sus antenas sensibles estaban siempre prontas para sintonizar el alma de las cosas y traducir ese mensaje en palabras. Mallarmé dijo que todas las luchas del hombre, las victorias o las derrotas de la humanidad, terminan convertidas en palabras, existen para las palabras, son el pretexto y la justificación, tal vez, de un hermoso libro o de una página imperecedera. González Carbalho, periodista y poeta, acertó a ver y sentir Galicia. Y aquella realidad geográfica y humana justifica hoy unas palabras que, como las de todo poeta verdadero, nacidas del asombro o del fervor y acuñadas al calor de la ternura, se inscriben para siempre en el Tiempo".

    En "Temas de la patria anterior" (3), el viajero escribe: "Quienes fueron antes que yo en mi sangre, partieron por donde yo entré en España. Recuerdo que en algún coloquio de lembranzas, hablóme mi padre de cuando se echaba a nadar en la radiante bahía de Vigo. Eran intentos para irse. Estaba haciendo la práctica para la gran travesía. El alma navegante se estaba familiarizando con la onda, el yodo, la brisa que blanquea de sal la cara. Así partió siendo niño. Y yo volví por donde él partió, siendo ya varias veces hombre. Es decir: hombre y experiencia, hombre y afán de indagar en la raíz, de sentirme en la fuente de la savia. Hombre que necesita respirar los aires de su patria anterior".

    "La emoción de su primera caminata por Santiago quedó documentada en otro artículo" (4): "Dejo mis maletas en el hotel y salgo, ansioso de caminar por Santiago de Compostela. La Rúa Nova me acoge con el monacal señorío de sus recias casas. Piedra, Severidad. Noble arquitectura neoclásica y barroca. Rúa donde el rumor de los pasos sobre las antiguas losas se apaga oscuramente y el paseante piensa que transcurre hacia dentro del tiempo. Ya estoy andando bajo soportales. Había hablado de ellos sin verlos. Son los mismos. Como también la lluvia es la misma que soñara. La capital religiosa de España –la ciudad que reza, como suele llamársela- es ciudad de lluvias. ¿Puede uno imaginarse a Santiago sin ese ámbito de recogimiento? ¿Quién no ha sentido, en algún instante, esa caricia menuda y tenaz que llaman calabobos? Esta lluvia no moja, bautiza. Es la bienvenida. Tiendo a ella las manos y la llevo a mi cuarto. Huele a aire, a nube. En mi interior, como una blanda hierbecita del campo, crece la sonrisa".

    En un artículo publicado en la revista El Hogar (5), manifiesta su impresión al visitar Padrón: "La primera evidencia de Rosalía la tuve al acercarme a la iglesia de Santa María la Mayor de Iria Flavia. A la vista de su aguja hubiera querida apaciguar la marcha del coche. Descendí despacio y fui andando hacia el templo, cuyo pórtico data del siglo XII, de modo que la presencia de la alondra fue tan real como cuando ella acudía a rezar por sus deudos y servidores. En el atrio, como es tradicional en toda Galicia, el cementerio. El de Adina tiene un valor emocional distinto: en él recibieron sepultura, por espacio de cinco años, los restos de la escritora. Al desenterrarlos para su traslado a la iglesia de Santo Domingo de Bonaval, en Santiago de Compostela, hallóse el cuerpo y las violetas que tenía en su pecho, como si la muerte no hubiera pasado para ellos".

    Fue crítico literario. Manuel Mujica Láinez guardaba en sus cuadernos (6) las reseñas que se hacían sobre su obra; entre ellas, encontramos el recorte de un comentario bibliográfico firmado por González Carbalho, acerca de Vida de Aniceto el Gallo. En ese texto, Carbalho destaca el sentimiento del autor hacia su biografiado; hay –a su entender- una evidente simpatía y una constante intención de resaltar las virtudes y justificar los defectos: "La simpatía que el autor del libro experimenta por su héroe es transportada a cada una de las palabras, con matices de piedad y ternura, de comprensión de las virtudes y los errores, de lirismo nacido de episodios memorables –el del sauce de la tumba de Musset, por ejemplo-, de delicada ironía ante el hoy incomprensible romanticismo de ciertos sucesos" (7).

    Poema de inmigrante

    Es difícil, también, acceder a sus poemas. Afortunadamente, esta separata incluye un poema en varios cantos: "Cuando mi padre me habló de su infancia" (8), "un tierno homenaje del poeta argentino a los inmigrantes gallegos".

    El texto lleva como epígrafe los versos de Rosalía de Castro que dicen: "Con malenconía/ miran para o mar/ os que n’ outras terras/ ten que buscar pan./ Miña terra, miña terra,/ terra donde m’eu criey...".

    Se inicia con la llegada del padre del poeta, a América: "Yo tenía diez años/ y la sonrisa fácil, /cuando dejé la sombra/ de aquellos robledales. /Pusiéronme en un barco/ que rodó por los mares,/ la armónica en los labios/ hice todo el viaje,/ y al llegar, que llegamos/ por fin, vi un puerto grande". La naturaleza se hace eco de la desdicha del niño: "El cielo gris lloraba/ por el niño emigrante./ Como ella estaba lejos/ el cielo era mi madre./ Bajas las nubes, eran/ robles, pinos gigantes./ Iba por leña al monte/ y oía manantiales./ Creíme regresando,/ oh coitado, a mis lares./ Mi nostalgia, Galicia,/ me hacía imaginarte./ Tras la brumosa lluvia/ se alzaba Buenos Aires./ Tenía yo diez años./ ¡Y ya sin nadie!".

    El poeta evoca la primera noche en América –"Y yo soñ esa noche/ desvelada de América,/ con una luna cálida/ como mi madre céltica"-, el primer día de trabajo –"Después fue la palabra/ bíblica: trabajar."- y la amargura de ese niño escondida a los demás -"No lloraba por penas,/ pero cuánto lloré./ Nadie pudo en mi cara/ más que sonrisa ver,/ aunque el niño sabía/ y eso su pena fue/ que la infancia había muerto/ y el hombre estaba en él".

    En "Nostalgia", uno de los cantos de este poema, enumera las posesiones que el niño inmigrante tenía en Galicia: un río, un monte, un horizonte, su perro y sus canciones. En América, ya nada tiene de eso, y se lamenta: "Ay, el dueño de valles/ y misteriosos bosques/ por el que andaba yo/ mi perro y mis canciones./ Mis canciones que vuelven sólo para que llore/. Mi perro ya olvidado/ de obedecer al nombre./ Yo, que perdí mis cielos, / ¡y soy tan pobre!".

    Rosalía

    "El encuentro con Rosalía, que para él no representó solamente el paradigma de la expresión de un pueblo si no también el maravilloso descubrimiento de la poesía, tenía forzosamente que impresionar su sensibilidad, como aquellas estampas familiares en las que el nombre de Galicia flotaba sobre seres y cosas. Y González Carbalho, en el momento de sumirse en el misterio de su condición humana, encontró en la literatura gallega, en su identificación sentimental con el alma gallega, algunas de las más profundas claves de su personalidad".

    Escribió ese bello poema que dice: "Te hallé en tus versos, Santa Rosalía,/ como si hallase en ellos a una hermana,/ y hoy por el grifo de mi pecho mana/ el agua gris de tu melancolía.// Y a la región he de llegar un día/ donde quedó en lamento de campana/ tu voz ungida en la tragedia humana/ cantando un largo canto de agonía.// He de cruzar los campos que cruzaste/ y en la vieja casona en que moraste/ pondré la flor de una oración cristiana.// Luego hallaré su espíritu vagando/ por los caminos; y al hallarlo, hermana,/ me iré impensadamente arrodillando." (9).

    El soneto a Rosalía es "inevitable testimonio de una nostalgia que alentaba en su corazón desde su edad más pura, pugnando por florecer en palabras. El poema, publicado originalmente en 1925 en Correo de Galicia, integraría su libro Palabras del retorno, de 1926". Recordemos que Rosalía de Castro fue la figura más importante del renacer de la poesía en lengua gallega; la poeta que, desde Galicia, escribió sobre los emigrantes y sobre las mujeres que quedan en España, a las que llamó "viudas de los vivos" (10).

    Entre 1953 y 1954, González Carbalho escribió su Libro de canciones para Rosalía de Castro. La muerte sorprendió al escritor antes de que pudiera publicar una nueva edición del libro, aumentada, como era su propósito, "pero en aquel que editó hace casi cuarenta años el Centro Gallego de Buenos Aires, hay poemas que garantizan la perdurabilidad de su nombre".

    .....

    En prosa y en poesía evocó González Carbalho a Galicia, la "patria anterior" que pudo ver antes de morir.

    Notas

    1. Requeni, Antonio: "Un poeta arxentino en Galicia: González Carbalho". Separata del Boletín Galego de Literatura. Traducción al gallego de Blanca-Ana Roig Rechou. (Traducción del gallego de los párrafos transcriptos en este trabajo: M. G. R.)
    2. Medina, Pablo: "Historias de ida y vuelta, en Villafañe, Javier: Antología. Obra y recopilaciones. Buenos Aires, Sudamericana, 1990.
    3. González Carbalho, José: "Temas de la patria anterior", en La Prensa, Buenos Aires, 21 de abril de 1957 (Citado por Requeni).
    4. González Carbalho, José: en La Prensa, Buenos Aires, 13 de mayo de 1956 (Citado por Requeni).
    5. González Carbalho, José: en El Hogar, Buenos Aires (Citado por Requeni).
    6. Los cuadernos pueden verse en el Museo de Motivos Argentinos José Hernández, de Buenos Aires.
    7. González Carbalho, José: "Libros y autores. Vida de Aniceto el Gallo", en Crítica, Buenos Aires, 12 de marzo de 1944.
    8. González Carbalho, José: "Cuando mi padre habló de su infancia", en Requeni, Antonio: "Un poeta arxentino en Galicia: González Carbalho", Separata del Boletín Galego de Literatura.
    9. González Carbalho, José: en Requeni, Antonio: "Un poeta arxentino en Galicia: González Carbalho", Separata del Boletín Galego de Literatura.
    10. Gonzalez Rouco, María: "Rosalía de Castro, poeta de los emigrantes", en www.monografias.com.

    INMIGRANTES EN CUENTOS INFANTILES Y JUVENILES

    Muchos inmigrantes protagonizan cuentos argentinos, o aparecen en esos textos como personajes secundarios. Menciono aquí algunos de estos inmigrantes, presentados en cuentos infantiles y juveniles.

    Elena Guimil es la autora de "Mi búho" (1), uno de los seis relatos del Premio La Nación 1999 de Cuento Infantil. En ese relato, la escritora recuerda la oportunidad en que su padre, "un gallego fornido" le trajo un pichón. Acerca del texto premiado, afirma Guimil: "Este cuento nació en un momento muy especial de mi vida, donde los recuerdos de la niñez se hacen vívidos, provocados por un hecho sutil: encontrarme de frente con los grandes ojos amarillos de un pichón de lechucita, parado en un alambre de un camino de tierra rumbo a un campo".

    Carlitos Gardel protagoniza una historia de Graciela Beatriz Cabal, quien relata que el pequeño "se había ido por esas calles de Dios, colgado del pescante de algún carro lechero. Cuando aparecía de vuelta en el conventillo, la madre lo corría por el patio, con la chancleta en lo alto, las peinetas a medio salir y los pelos tapándole los ojos. -¿Dónde anduviste metido, desgraciado?- parece que quería decirle. Pero como estaba muy enojada se lo decía en francés (idioma rarísimo pero que era el de ella). Y entonces los vecinos, que habían sacado las sillitas a la puerta de las piezas para observar todo con detalle (sin intervenir porque una madre es una madre), se quedaban en ayunas" (2).

    Cuentan en la Patagonia (3), de Nelvy Bustamante, reúne siete relatos en los que se honra al indígena y en los que se homenajea la gesta de los galeses que cruzaron el mar para asentarse en Chubut. "Rachel" evoca las penurias de los galeses en sus primeros tiempos en la nueva tierra. Cuando todo parece perdido, una idea de la mujer hace que la situación se revierta. "El trueque", narrado a partir del cuento "Kaliats", de Huberto Cuevas Acevedo habla acerca de la bonhomía del indio que cambia su caballo por un reloj y, al ser sospechado de robar el animal, lo busca hasta restituírselo al dueño. "Una nota para el Hen Wlad" se titula este cuento basado en un relato que forma parte de las memorias de John Daniel Evans; en él se denuncia la crueldad de algunos hombres blancos para con los indígenas, y el inmenso dolor de un galés que encuentra prisionero a su amigo tehuelche: "John se arrimó a su amigo. Le dio el pan y los que tenía, y apretando sus manos cuarteadas a través del alambre, se despidió prometiéndole que volvería a buscarlo". Cuando el galés vuelve, el indio ha fallecido. "Malacara" relata la historia del caballo que salvó al galés Evans, caballo que vuelve como fantasma para salvar a un descendiente del hombre.

    En Palermo, en las primeras décadas del siglo XX, vive Fernando Da Salerno, protagonista de un cuento de Fernando Sorrentino, con su madre. En la calle Costa Rica -relata el narrador-, "en un cuartucho de un conventillo grisáceo, nos arrinconábamos mi madre y yo. Mi madre, llamada doña Ferdinanda, y siempre vestida de negro, pertenecía, simultáneamente, a tres categorías (no incompatibles), a saber: a) santa viejecita; b) viuda; c) napolitana. A pesar de lo Rica que era la Costa de nuestra calle, vivíamos en la peor de las pobrezas y no teníamos ni dónde caernos muertos" (4). Fernando Da Salerno se casa con una descendiente de libaneses. Relata el narrador: "En aquella época los árabes –o, al menos, los libaneses de doña Ibrahima- tenían la costumbre de que los recién casados se retirasen temprano de la fiesta para tener su primera cena en su nueva casa" (5).

    Del Piamonte vino la abuela de María Teresa Andruetto, quien contaba a sus nietas los relatos que la escritora reunió en Benjamino (6). Dedica este libro, en el que reescribe dos cuentos tradicionales, "a la nonna Felicitas". Comenta el origen de los dos cuentos incluidos en el libro –"Benjamino" y "Zapatero pequeñito"-: "Ella habìa nacido en un pequeño pueblo del Piamonte, al norte de Italia, y de esa regiòn vinieron hasta mì las aventuras de Gioaninn ca boija (Juancito, el que se las ingenia) y Ciavtin cit (el zapatero pequeñito) que nos contaba, tal vez para mostrarnos que, por màs pequeño que uno sea, puede, con algo de astucia y un poco de suerte, engañar a los lobos y a los ogros" .

    Ema Wolf afirma que no sólo venían personas en los barcos. Venían también extraños personajes como el Mamucca, un duende que llegó desde Sicilia: "Con toda seguridad llegó acá en un barco. Lo habrá traído algún inmigrante en su bolsillo, en la bocamanga de los pantalones o en el pliegue del sombrero. Lo habrá traído sin querer, sin darse cuenta. Porque uno puede mudarse de continente llevando hasta un ropero, pero a nadie se le ocurriría cargar a propósito con algo tan fastidioso como el Mamucca" (7).

    El pequeño protagonista de "Historia con tango y misterio", de Oche Califa, pregunta por qué sus abuelos emigraron de Rusia. El padre le contesta: "Por el ejército del zar. Cada vez que aparecían por la aldea donde vivía era para llevarse a los jóvenes a pelear en alguna guerra en la otra punta del país" (8).

    Había inmigrantes entre los personajes de "No hagan olas", de Elsa Bornemann: "En aquel conventillo de Buenos Aires, cercano al puerto y donde vivían hace muchos años, los inquilinos argentinos tenían la costumbre de poner apodos a los extranjeros que –también- alquilaban alguna pieza allí. No eran nada originales los motes, y errados la mayoría de las veces, ya que –para inventarlos- se basaban en el supuesto país o región de procedencia de cada uno. Tan supuesto que –así, por ejemplo- don José era llamado ‘el Ruso’, aunque hubiera nacido en Ucrania... A Sabadell, Berenguer y sus esposas les decían ‘los gallegos’, si bien habían llegado de Barcelona sin siquiera pisar Galicia... Apodaban ‘los turcos’ al matrimonio de sirilibaneses; ‘los tanos’, a la pareja de jóvenes italianos de Piamonte que jamás habían conocido Nápoles e –invariablemente- ‘el Chino’, a cualquier japonés que diera en fijar allí su transitorio domicilio. Sin embargo, podríamos deducir un poco más de conocimientos geográficos, de información y hasta cierto trabajo imaginativo por parte de aquellos pensionistas argentinos, de acuerdo con los sobrenombres que les habían adjudicado a la dueña de la casona y a su hijo. Ambos eran griegos. Por lo tanto ‘la Homera’ y ‘el Homerito’, en clara alusión al autor de La Ilíada y La Odisea, el genial Homero. Por supuesto, a todas las criaturas que habitaban esa construcción tipo ‘chorizo’ (cuartos en hilera, cocina y bañitos ídem, abiertos a ambos lados de un patio), los `rebautizaban’ con los mismos motes que sus padres, sólo que en diminutivo" (9).

    Notas

    1. Guimil, Elena: "Mi búho", en El desafío. Buenos Aires, Sudamericana, 2000.

    2. Cabal, Graciela Beatriz y Contarbio, Delia: Carlitos Gardel. Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1991.

    3. Bustamante, Nelvy: Cuentan en la Patagonia. Ilustraciones: Lucas Nine. Buenos Aires, Sudamericana, 2005. 64 pp. (Cuentamérica).

    4. Sorrentino, Fernando: "Hombre de recursos", en La venganza del muerto y otros cuentos con astucias. Ilustr. Jorge Sanzol. Buenos Aires, Alfaguara, 2003.

    5. ibídem

    6. Andruetto, María Teresa: Benjamino. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.

    7. Wolf, Ema: "El mamucca" en Clarín, Buenos Aires, 22 de marzo de 1998.

    8. Califa, Oche: "Historia con tango y misterio", en Un bandoneón vivo. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.

    9. Bornemann, Elsa: No hagan olas (Segundo pavotario ilustrado. 12 cuentos). Ilustraciones: O´Kif. Buenos Aires, Alfaguara, 1998.

    INMIGRANTES EN NOVELAS JUVENILES

    Muchos inmigrantes protagonizan novelas argentinas, o aparecen en esas obras como personajes secundarios. Menciono aquí algunos de ellos, presentados en novelas juveniles:

    Españoles

    Gallegos

    Cecilia Pisos es la autora de Como si no hubiera que cruzar el mar (1), novela con la que resultó Finalista del Premio Jaén de Narrativa Infantil y Juvenil (Alfaguara y Caja General de Ahorros de Granada), Granada, España, 2003 (2). En esa obra, "Carolina tiene doce años y viaja por primera vez sola en avión hacia Madrid, donde la espera su tío. La acompañan las cartas de María, su bisabuela, que también cruzó el mar sola, pero en barco y desde España hacia la Argentina. Aunque las épocas son muy distintas y las historias se cruzan, las vivencias se parecen mucho y esas cartas le sirven a Carolina para crecer y entender tantas cosas que le suceden en ese país tan distinto y a la vez tan similar al suyo. Cartas, relatos, canciones, chistes, charlas telefónicas, recetas de cocina y muchos otros géneros pueblan esta novela inteligente y emotiva, que atrapa página tras página" (3).

    En una de las cartas, escribe la bisabuela María del Pilar, que dejó su Santa Cruz de Portas: "Buenos Aires es muy grande. Tiene ruidos y olores extraños y las voces que se escuchan son de muchas partes, así que todos hablan pero no creo que ninguno se entienda. A mí me cuesta: dos o tres veces tengo que intentar hasta que encuentro a alguien que me hable en español y a quien yo pueda preguntar por una calle o un sitio cualquiera".

    Notas

    1 Pisos, Cecilia: Como si no hubiera que cruzar el mar. Ilustraciones: Eugenia Nobati. Buenos Aires, Alfaguara, 2004. 216 pp. (Serie azul).

    2 S/F: "Datos biográficos", en Imaginaria, 28 de septiembre de 2005.

    3 S/F: en Pisos, Cecilia: Como si no hubiera que cruzar el mar. Ilustraciones: Eugenia Nobati. Buenos Aires, Alfaguara, 2004. 216 pp. (Serie azul).

    Italianos

    Piamonteses

    En Stéfano (1), novela que dedica a su padre, María Teresa Andruetto relata la vida de un inmigrante italiano que llega a nuestro paìs con su bagaje de ilusiones y recuerdos; el hombre recuerda su pasado, desde la extrema pobreza que vivía en su tierra, hasta que se establece en la Argentina y espera la llegada de su primer hijo. Al joven le toca en suerte un viaje accidentado: "En medio de la noche los ha despertado la tormenta, el ruido del agua contra la banda de estribor. El llanto de un niño viene del camarote vecino o de otro que está más allá. Aquí donde ellos esperan, nadie grita, sólo el hombre de jaspeado dice que el mar esta noche no quiere calmarse y es todo lo que dice; habla con serenidad, pero Stéfano sabe que está asustado. Al llanto del niño se han sumado otros, pero nadie ha de tener más miedo que él, que quisiera que a este barco llegara su madre y lo apretara entre los brazos y le dijera, como cuando era pequeño y todavía no soñaba con América, duerme, ya pasará".

    "Soy hija de un partisano que llegó desde el norte de Italia a la Argentina, en 1948 –escribió-, y por una sucesión de circunstancias más o menos azarosas, se instaló en un pueblo de la pampa húmeda, donde nací, y ahí vivió toda su vida. También mi mamá es hija de inmigrantes italianos que llegaron al país hacia finales del mil ochocientos. El agradecimiento a la tierra de llegada que le había permitido trabajar y formar una familia, fue la otra cara de la tristeza que le causaba a mi padre el desarraigo. A poco de venir, murió su madre y luego otros y otros, hasta que cada vez se hizo más fuerte la idea de ya no regresar" (2).

    Notas

    1 Andruetto, María Teresa: Stéfano. Buenos Aires, Sudamericana, 2001.

    2 Andruetto, María Teresa: Stéfano. Ilustraciones: Daniel Roldán. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. (La pluma del gato).

    Rusos

    Acerca de su novela Memorias de Vladimir (1), escribe Perla Suez: "Nací en Córdoba. Me crié en Basavilbaso, un pueblo de la provincia de Entre Ríos. Muy cerca de donde transcurre una etapa de la vida de Vladimir. A medida que la historia avanzaba me reencontraba con espacios vividos. Sabía que estaba escribiendo un episodio de mi vida. Buscaba dentro mío una voz propia que naciera de mis palabras. Soy nieta de inmigrantes judíos que escaparon de Rusia en la época en que el zar Nicolás II los perseguía. Durante el tiempo en que trabajé en este libro estuve muy preocupada por la suerte de mi personaje. Sentí ternura por él y esa ternura no me abandonó hasta el final. Mi personaje habla en esta historia como lo hacía mi abuelo. Vladimir tiene un aire a mi padre. Vera, el gran amor de Vladimir se me figura a mi madre" (2).

    Relata el protagonista: "Nací en la aldea de Porskurov hace mucho tiempo. El zar mandaba en Rusia, el zar Nicolás II. No conocí a mis padres. Fui criado por mi tío Fedor. A los diez años hachaba leña de la mañana a la noche por apenas un copec. (...)Tío Fedor era colchonero, guardaba la máquina de cardar en el cobertizo. A veces para soportar el miedo yo cardaba lana. Cuando oía chirriar el cerrojo de la puerta y reconocía sus pasos, mi corazón volvía a su remanso". La novela fue galardonada con el White Ravens, 1992, Biblioteca Internacional de la Juventud de Munich, Alemania, y ALIJA, Asociación Argentina de Literatura Infantil, Sección Nacional del IBBY.

    Notas

    1. Suez, Perla: Memorias de Vladimir. Buenos Aires, Editorial Colihue, 1993. (Libros del malabarista)

    2. S/F: en www.perlasuez.com.ar

    Varios

    Dimitri es el nieto de Vladimir. En Dimitri en la tormenta (1), "Dimitri y su abuelo ayudan a Tania, que viene escapando del nazismo, a entrar al país. A través de lo que la mujer cuenta, el chico irá descubriendo el horror de la guerra. Comprenderlo se le hace difícil, muy difícil. Una novela donde se entrelazan sin tapujos tristeza, odio y dolor con momentos de intensa felicidad. Any, el amor y la emoción profunda de cumplir trece años y festejar el barmitzvá" (2).

    Relata Tania: "Con el anillo de brillantes de mi madre compré a uno de los comandantes y escapé. Vagué por cloacas, estuve en una iglesia donde un sacerdote me ayudó. Disfrazada de mendiga, pude llegar a la bahía de Gdansk. Y logré esconderme en el barco carguero en el que llegué". Esta novela fue seleccionada por la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil Argentina (ALIJA) y por la Fundación de Lectura, Fundalectura, Bogotá, Colombia, entre los mejores libros para jóvenes.

    Notas

    1. Suez, Perla: Dimitri en la tormenta. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1997. (Primera Sudamericana)

    2. S/F: en www.perlasuez.com.ar

    INMIGRANTES EN TEATRO ARGENTINO

    En muchas obras teatrales argentinas aparecen los inmigrantes que llegaron entre 1850 y 1950. Aparecen, también, descendientes de inmigrantes que aluden a su origen. Estas son algunas de ellas:

    En Los políticos, "sainete cómico-lírico en un acto y tres cuadros, en prosa y verso", escrito por Nemesio Trejo, con música de Antonio Reynoso, aparece un barbero andaluz que canta: "Con el vito vito vito/ con el vito vito va/ no me haga usted cosquillas/ que me pongo colorá".

    El se identifica como "Benito Pérez y Ciudad Real, barbero, soltero, extranjero, con tres años de residencia en el país". Aparecen asimismo un vasco que habla dificultosamente castellano -quien dice que tuvo que aumentar el precio de la leche "Porque el Municipalidad hacerme comprar tapos de lata. Si yo casas intendente verá que tapos poner; ¡gran siete!", y canta "Agurneré biotreco/ amacho maitiá/ laiste recorri conaiz/ consola saítea"- y un almacenero gallego que pregunta al vasco por qué le está cobrando cinco centavos más por litro (1).

    En Bohemia criolla (2), de Enrique de María, aparece un Andaluz que canta "San José fue carpintero,/ según la historia lo anuncia.../ y por eso es que los Pepes.../ (no hay regla sin excepción)/ y por eso es que los Pepes/ ¡suelen ser unos virutas!...". Aparecen gallegos. Uno de ellos es José, que dice: "Métase uno a hacer servicius.../ Pur defender a esos pobres/ amigus de Pata Blanca,/ que para mí son unos jóvenes/ buenos... vamos... como el pan/ mi mujer me mata a golpe...". Un personaje se presenta con esta indumentaria: "Román, sentado sobre un cajón, tiene una libreta en la que figura escribir, viste gorra de vasco, un saco viejo y un diario (La Prensa) colocado como chiripá de mantilla, en vez de pantalones". En otra escena, aparecen "Un gallego, un Vasco, un Andaluz, un Criollo y Coro de hombres. Traen guitarra, acordeón, bandurria, etc., etc."; el vasco canta: "¡Ay, ay, ay! Mutilá.../ ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!/ ¡Qué lindo es lo que sigue/ en lengua es h’aldurriá!/ ¡Ay!... ¡Ay... ay... mutilá/ chapela gurriá!..." y finaliza gritando "¡Aurrerá nescacha polita!". Aparecen Bachicha y el Manisero.

    Un vasco creado por Carlos Mauricio Pacheco para su "sainete lírico-dramático en un acto" titulado Los disfrazados dice, por ejemplo: "¿Y no manya ni medio?", "No vaya a ser cosa que se retobe el grévano..." y "Me han hecho ráir...qué infeliz el gringo este..." (3). Varios inmigrantes italianos fueron creados para esta obra.

    En ¡Al campo!, de Nicolás Granada (1840-1915), aparece Santiago, un criado gallego. El autor lo hace hablar en esta forma: "Este señor prejunta por las señoras. (...) –Usted dispense; nu lu sabía. Que no estaban en casa, esu sí; pero que estuvieran en el monte... Si usted quiere que se lu dija..." (4).

    Solané (5), de Francisco F. Fernández, fue escrita en 1872, y se refiere a la Masacre de Tandil, de la que pudo salvarse Ramón Santamarina. Escribe Angela Blanco Amores de Pagella: "El protagonista de esta obra es Jerónimo Solané, un chileno hijo de una araucana y un francés, que existió en la realidad y que llegó a los pagos de Tandil con fama de curandero. El asunto se refiere a un hecho real: el asesinato de un comerciante de Tandil fue atribuido injustamente a Solané (...) Solané fue preso, pero no se le pudo probar nada. Entonces fue muerto a través de los hierros de la ventana de la prisión" (6).

    En Canillita, de Florencio Sánchez, aparece un mercero catalán, que pregona su mercadería: "¡Toallas, peinetas, jabones, cinta de hilera, agujas, camisetas, botones de hueso, carreteles de hilo, madapolán, pañueletas! (...) Pañueletas, calzoncillos, alfileres, festones, sombreros de paja, servilletas, libros de misa. (...) Libros de misa, esponjas, corbatas, cortes de vestido, tarjetas postales, jabón..." (7).

    Escrita por Florencio Sánchez, "En familia sube por primera vez al escenario del Teatro Apolo, el 6 de octubre de 1905, animada por la Compañía Podestá Hermanos" (8). Uno de los personajes de esa pieza confiesa: "Todavía no me doy cuenta de cómo he podido amoldarme a semejante vida. Con decirte que yo, tu madre, que fue siempre una mujer de orden y delicada, ha llegado hasta robarle a una pobre gallega sirvienta... (...) Hasta robarle, sí señor; hasta robarle a una pobre mujer los ahorros que me había confiado" (9).

    En ¡Jettatore!, de Gregorio de Laferrere, aparece Benito, un criado gallego, de Pontevedra. El inmigrante vive en una "pocilga de conventillo" (10).

    En Babilonia, de Armando Discépolo, el dueño de casa es un italiano que se da aires, cuando tuvo un pasado humilde. Aparecen varios criados españoles. La mucama madrileña "es limpia, espumosa en su tualé de mucama, bella. Se sienta ante su puerta en silla baja y mirándose a un espejo de mano canturrea algo de su tierra, su cintura y sus muslos inquietos" (11).

    "En Mustafá, sainete que Armando Discépolo y Rafael José De Rosa escriben en colaboración, y estrenan en 1921, don Gaetano (tano típico del género) se entusiasma ante la fusión, la ‘mescolanza’, que se logra en las bulliciosas casas de vecindad porteñas" (12). Conversando con el turco que da título a la obra, acerca del casamiento del hijo del primero con la hija del segundo,destaca el clima amistoso del conventillo: "E lo lindo ese que en medio de esto batifondo nel conventillo todo ese armonía, todo se entiéndano: ruso co japonese; francese con tedesco; italiano co africano; gallego co marrueco. ¿A qué parte del mondo se entiéndono como acá: catalane co españole, andaluce co madrileño, napoletano co genovese, romañolo co calabrese? A nenguna parte. Este e no paraíso. Ese ne jauja. ¡Ne queremo todo! (Abrazándolo.) ¿Verdá, otomano?... Eso que dicen que turco e taliano so como perro e gato, maccanéano. (Teniéndolo estrechamente.) Mira un poco. (El turco sigue triste, frío, no se levanta de su silla.) Ne tenemo afecto, cariño puro, sincero amore. (Parece que se va a fotografiar.)" (13) .

    " ‘Mateo’ es la primera pieza teatral, que su autor, Armando Discépolo (1887-1971), califica como "grotesco" dentro de su producción. Consta de tres cuadros y fue estrenada el 14 de mayo de 1923 en el Teatro "Nacional". Dice Luis Ordaz: "Don Miguel, el antihéroe de Mateo, es un humilde cochero de plaza -de las hasta entonces llamadas victorias-, y es el nombre del caballo el que da título a la pieza. Don Miguel, con su mentalidad detenida en el tiempo (por conformación y hábito), es arrasado por el torrente del progreso civilizador, simbolizado en este caso por el ruidoso y prepotente automóvil". Don Miguel se ve envuelto en una serie de situaciones con exterioridad risible y trasfondo dramático. Desde el estreno de "Mateo" a los coches de plaza se les dio ese nombre, y por extensión al cochero, lo que demuestra la resonancia popular que tuvo esta obra del grotesco criollo" (14).

    En La comparsa se despide, escribe Vacarezza: "Un patio de conventillo,/ un italiano encargao/, un yoyega retobao,/ una percanta, un vivillo,/ un chamuyo, una pasión,/ choque, celos, discusión,/ desafío, puñalada,/ aspamento, disparada,/ auxilio, cana... telón" (15).

    "En El conventillo de la Paloma (1929), de Alberto Vacarezza, don Miguel, el encargado italiano -enamorado de la bella y esquiva protagonista que da nombre al conventillo y título al sainete-, dice, por ejemplo: ‘Sará carpincho, locura, amore, non só; ma giuro, per la ánema de san Genaro, que, ante de aflojare, le prendo fuego a lo conventillo’ " (16).

    Doña Pilar es una inmigrante española casada con un italiano, ambos personajes de Pájaro de barro, de Samuel Eichelbaum. La inmigrante opina acerca de las mujeres argentinas: "En este país, las mujeres jóvenes no trabajáis. Eso está mal. En mi tierra... En mi tierra, cuando las mujeres tienen tu edad, las ponen a trabajar en los olivares..." (17).

    Alberto Novión es el autor de El vasco de Olavarría (18), comedia en tres actos presentada en el Politeama. El inmigrante siente nostalgia; dice la hija: "papá, a pesar de que ya está viejo y que ha formado en esta tierra su hogar, su fortuna, su tranquilidad; viera Ud. cuántas veces lo he sorprendido cantando bajito los aires de su tierra natal, y cuántos suspiros, mensajeros de muchos besos, han ido desde sus labios hasta sus montañas, para morir en los muros de su casa, allá en la aldea de la falda".

    En Los primeros fríos, de Alberto Novión, uno de los actores expresa: "-Ahora me voy a conversar con una mucamita que trabaja en la Legación de España, es galleguita y sin primo, ¿se da cuenta?" (19).

    En Don Chicho, de Alberto Novión, "Chicho y su esposa Regina viven en la más, aparente, extrema miseria. Comparten sus días con el abuelo Don Pietro, dos hijos (Luciano y Quirquincho) y la novia del mayor Fifina. Chicho vive escudándose en su devoto fervor religioso, pero en verdad es sólo una máscara que le hace sentir menos culpas, porque es un delincuente, un mafioso, que inculca el robo en su familia, como forma de obtener dinero para vivir mejor. Pero en realidad lo que los otros ganan se lo guarda y todo su núcleo no hace más que padecer sus propias existencias" (20).

    En "Nuevas tendencias en la escena argentina, el neogrotesco", señala Beatriz Trastoy: "El grupo familiar que presenta Roberto Cossa en La Nona (1977) está estructurado alrededor de una anciana inmigrante y centenaria. Se trata de un "ser asexuado, tragicómico, grotesco que tiene la virtud y el poder de dar a la obra ribetes insólitos y sobrenaturales". Su insaciable voracidad será, sólo en apariencia, el motivo fundamental de la ruina económica de la familia" (21).

    En Gris de ausencia (22), de Roberto Cossa, dice uno de los personajes: "Termenamo el partido e doppo vamo a piaza Venechia, ¿eh?. Agarramo por Almirante Brown... cruzamo Paseo Colon, e no vamo a cucar al tute baco lo arbole. Cuando era cóvene, sempre iba al Parque Lezama. Con il mío babbo e la mía mamma... Mi hermano Anyelito... Tuto íbamo al Parque Lezama... E il Duche salía al balcón... la piazza yena de quente. E el general hablaba e no dicheva: "Descamisato... del trabaco a casa e de casa al trabaco". E ella era rubia e cóvena. E no dicheva: "Cuídenlo al queneral". E dopo el Duche preguntaba: "¿Qué volete? ¿Pane o canune?"E nosotro le gritábamo: "Leña, queneral" (Toca acordes de Canzoneta). Ma... dopo me tomé el barco. E el barco se movía e il mio hermano Anyelito mi dicheva: "A la Aryentina vamo a fare plata... mucha plata... E dopo volvemo a Italia"

    En El Sur y después, Cossa incluye una canción que refleja el sentimiento de quienes tientan suerte en otra tierra: "Allá murió la infancia: / una caricia, una canción, / una plaza, una fragancia. / Los brazos viajaron, el corazón quedó./ Pero una estrella nos llama del sur./ Y un barco de esperanzas cruza el mar./ América, la tierra del sueño azul. / Es un vaso de vino, es un trozo de pan" (23).

    En mayo de 2004, en Buenos Aires, se pudo ver en el Teatro Payró, L’America di Severino, con libro y dirección de Alex Benn. Con Alex Benn, Natalia De Cieco, Perla Stollar y otros (24).

    Un personaje de Lejos de aquí, de Roberto Cossa y Mauricio Kartun, de vuelta en España, dice a un argentino: "¿Cómo te creés que la pasé yo en tu tierra? Trabajaba en un bar dieciocho horas por día... ¡Dos turnos! Sirviendo a tus argentinos... soberbios... maleducados, ¡coño! ¡Dieciocho horas por día! Sin sueldo. Sólo por las propinas y la comida. Dormía en el sótano con una escoba en la mano para espantar las ratas... Treinta años juntando plata... ¡plata y odio! ¿Entendés lo que es eso? ¡Treinta años juntando plata y odio! ¿De qué solidaridad me hablás?" (25).

    Roberto Cossa expresó: "Escribí ‘Definitivamente, adiós’, un monólogo que no es de un solo personaje. Planteo toda una saga familiar de exiliados, que se presenta cuando llega un joven español a la tumba de sus antepasados para dejar las cenizas de su padre, un argentino que murió en España. El planteo de esta pieza de Roberto Cossa abarca a tres generaciones: el abuelo, que se fue de España en 1936, cuando comenzó la guerra civil y llegó a la Argentina para echar nuevas raíces y criar a sus hijos. Fue en esta tierra donde murió y fue sepultado. La segunda etapa se refiere al hijo de este español que, en la época de la dictadura militar argentina, debió irse del país y se radicó en España, donde fallece dejando instrucciones de que sus cenizas sean depositadas en la tumba del padre, enterrado en un cementerio porteño. Finalmente, la última etapa es el joven español, hijo del argentino, indiferente a cualquier ideología política y carente de utopías, que llega a Buenos Aires para cumplir el deseo del padre" (26).

    En 2002, se estrena Temperley. "Con una crítica excelente por parte de varios medios, la obra de Luciano Suardi y Alejandro Tantanian, denominada Temperley, está por estos días en cartel en el Teatro Sarmiento. La pieza se basa en las experiencias de Amparo, una gallega que encuentra en nuestra ciudad un sitio ideal para sus sueños, aunque las penurias lleguen de todas maneras. Destacan el clima general de la obra, con un logro especial en materia de escenografía y sonido" (27).

    En ese mismo año se estrena De 1919, "una experiencia que realizaron dos santafecinos: la actriz Teresa Istillarte y el dramaturgo, actor y director Rafael Bruzza. (...) ‘Este trabajo posee un texto que comienza a partir de una mínima historia y de una frase que nos resultaba muy decidora –comenta Bruzza-. Una mujer, antes de morir afectada por el tifus, dice: ‘La vida es una ilusión’. En verdad mostramos aspectos de la vida de la abuela de Teresa. Lo que no puede recuperar la memoria lo recupera la ficción. Hay muchas cosas que nos inquietan, que tenemos necesidad de expresar, y sobre ellas indagamos" (28).

    La novela La sierva, de Andrés Rivera, fue distinguida en 1992 con el Primer Premio de la Fundación El Libro. En 2005 se estrenó en Buenos Aires la versión teatral de la obra, realizada por Andrés Bazzalo. Acerca de esta pieza, escribió Olga Cosentino: "El juez Bedoya salva a la criada Lucrecia de ir a la cárcel por el homicidio de su patrón, el estanciero Negretti, un italiano autoritario y libidinoso. El asesinato, que ella imaginó como la llave de su liberación y de su ascenso de sierva a heredera del difunto, la convierte en esclava del juez, quien la somete sexualmente a cambio de no denunciarla" (29).

    En Volvió una noche, de Eduardo Rovner, "Fanny hará todos los cambios posibles en su personalidad y sus convicciones, de modo que su transformación interior la lleve al amor y unión con su hijo, quien se casará con una ‘gallega’ " (30).

    Andrea Bauab es la autora de Desde la cuna (31), obra en la que plantea algunas de las posturas posibles con respecto a la religión, la tradición, y el respeto por los ideales de la comunidad. Varios personajes encarnan esos puntos de vista, que los llevarán a plantear aspectos de una situación acerca de la cual todos ellos tienen algo valioso para decir. En Nunca es demasiado tarde (32), a propósito de la historia de una mujer mayor que decide casarse, muestra a tres generaciones que tienen en común una misma tradición cultural y religiosa, aunque la viven de diferente manera.

    En Mishiadura & Metejón, obra teatral con guión de Faruk y Tito Rivadeneira, "La Ñata y Pepino viven en una pieza de conventillo. Ella ama a su hombre y él, un vivillo mantenido, hace lo imposible para no trabajar y a la vez demostrarle su amor. La Ñata decide dejarlo, y un posterior encuentro los muestra en otras condiciones. Ella es alternadora en un cabaret y Pepino ha modificado notablemente su vida. Viste bien, maneja dinero, y todo a causa de su proximidad con negocios no muy santos. Una francesita, como en todo tango característico de la época, se cruza entre ellos. Pero la nostalgia por los años vividos los hace recuperar los tiempos del conventillo" (33).

    Acerca de Los hijos de los hijos, de Inés Saavedra, escribió Ana Laura Pérez: "La búsqueda de las raíces como un escape hacia sí mismo. Gestos, cosas, anecdotario de padres y madres, abuelos y abuelas, tíos... Riqueza intangible, miseria de herederos. Evocaciones desordenadas para presentes descompuestos. Un regreso al origen individual y al origen mítico de un país que se vanagloriaba de ser el crisol de razas. Hoy, que la inmigración se estrella en nuevos desastres sociales y se multiplica en millones de dramas personales, el teatro ilumina nuevas zonas del éxodo interminable al que parece condenado el mundo desde que es mundo. Los tres personajes de Los hijos de los hijos (que protagonizan Ricardo Merkin, Susana Pampín y Marcelo Xicarts) conmueven no sólo por la inteligencia de la puesta, sino por la forma en que revelan la oscuridad de pozo que es siempre el alma humana" (34).

    " ‘De mal en peor’ desnuda la moral de quienes, en tiempos de crisis, se niegan a ingresar a la categoría de pobres. (...) Para crear su obra (además de empapar a sus actores con el espíritu Florencio Sánchez) Bartís se basó en deliciosos casos reales. El de Mary Helen Hutton, una de las sesenta y cinco maestras norteamericanas traídas por Sarmiento y raptada por los araucanos, que permaneció en cautiverio durante treinta años. Y la fallida asociación económica de las familias Menéndez Uriburu y Rocataglione en la Cuenca del Salado. Entregada en custodia a los Menéndez Uriburu, Mary Helen se convierte en la posible salvación de la ruina, de encontrarse los títulos de indemnización que el Estado le dio como reparación por los años en cautiverio y ella escondió quién sabe dónde. Ahí empieza a actuar la familia de desgraciados feroces, capaces de todo para no caer en la pobreza" (35).

    Notas

    1. Trejo, Nemesio: Los políticos en Sánchez, Trejo, Pacheco, Discépolo, Dragún: Canillita y otras obras. Selección, prólogo y notas por Jorge Lafforgue. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
    2. María, Enrique de: Bohemia criolla, en Varios autores: El teatro argentino. 6.El sainete. Prólogo de Abel Posadas; selección y notas por Marta Speroni y Griselda Vignolo. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
    3. Pacheco, Carlos Mauricio: Los disfrazados, en Sánchez, Trejo, Pacheco, Discépolo, Dragún: Canillita y otras obras. Selección, prólogo y notas por Jorge Lafforgue. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
    4. Granada, Nicolás: ¡Al campo!, en Varios autores: El teatro argentino 3.Afirmación de la escena nativa. Selección, prólogo y notas por Luis Ordaz. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
    5. Fernández, Francisco F.: Solané, en Blanco Amores de Pagella, Angela: Iniciadores del teatro argentino. Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1972.
    6. Blanco Amores de Pagella, Angela: Iniciadores del teatro argentino. Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1972.
    7. Sánchez, Florencio: Canillita, en Sánchez, Trejo, Pacheco, Discépolo, Dragún: Canillita y otras obras. Selección, prólogo y notas por Jorge Lafforgue. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
    8. Ordaz, Luis: en Sánchez, Florencio: En familia, en El teatro argentino 4.Florencio Sánchez. Selección, prólogo y notas por Luis Ordaz. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
    9. Sánchez, Florencio: En familia, en El teatro argentino 4.Florencio Sánchez. Selección, prólogo y notas por Luis Ordaz.Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
    10. Laferrere, Gregorio de : ¡Jettatore!. Buenos Aires, CEAL, 1968.
    11. Discépolo, Armando: Babilonia. Una hora entre criados. En Sánchez, Trejo, Pacheco, Discépolo, Dragún: Canillita y otras obras. Selección, prólogo y notas por Jorge Lafforgue. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
    12. Ordaz, Luis: "Armando Discépolo o el ‘grotesco criollo’ ", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    13. Discépolo, Armando y De Rosa, Rafael: Mustafá. Citado por Páez, Jorge en El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970.
    14. Spinetto, Horacio: "Los Oficios – Entre el Olvido y el Rescate", en www.dgpatrimonio.buenosaires.gov.ar.
    15. Vacarezza: La comparsa se despide. Citado en Páez, Jorge: El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970.
    16. Sorrentino, Fernando: " EL TRUJAMÁN Cocoliche italiano y cocoliche argentino (I)", en Centro Virtual Cervantes, 27 de septiembre de 2005.
    17. Eichelbaum, Samuel: Pájaro de barro. En El teatro argentino 10.Samuel Eichelbaum Selección, prólogo y notas por Luis Ordaz. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo)
    18. Novión, Alberto: El vasco de Olavarría. En La Escena Revista Teatral N° 99. Buenos Aires, 1920.
    19. Novión, Alberto: Los primeros fríos, en Varios autores: El teatro argentino. 6.El sainete. Prólogo de Abel Posadas; selección y notas por Marta Speroni y Griselda Vignolo. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    20. Pacheco, Carlos: "La actualidad de un mundo marginal", en La Nación, Buenos Aires, 5 de octubre de 2003.
    21. Trastoy, Beatriz: "Nuevas tendencias en la escena argentina, el neogrotesco", en Teatro del Pueblo Somi La Nona. Diciembre 1987.
    22. Cossa, Roberto: Gris de ausencia, en Teatro 3. Buenos Aires, Ediciones de la Flor.
    23. Cossa, Roberto: El sur y después, en Teatro 3. Buenos Aires, Ediciones de la Flor.
    24. S/F: en Pagina12/WEB, Buenos Aires.
    25. Cossa, Roberto y Kartun, Mauricio: Lejos de aquí, en Teatro 5. Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1999.
    26. Freire, Susana: "Tres maestros de la dramaturgia", en La Nación, Buenos Aires, 14 de septiembre de 2003.
    27. S/F: "Artes y espectáculos", en www.temperleyweb.com.ar, agosto de 2002.
    28. Pacheco, Carlos: "Lo nuevo, desde el interior", en La Nación, Buenos Aires, 14 de julio de 2002.
    29. Cosentino, Olga: "La repetición como destino", en Clarín, Buenos Aires, 14 de febrero de 2005.
    30. Holte, Matilde Raquel: Teatro Contemporáneo Judeoargentino Una perspectiva feminista bíblica. Buenos Aires, Milá, 2004. (Ensayos).
    31. Bauab, Andrea: Desde la cuna, en Cuatro Obras de Teatro Judío Moderno. Buenos Aires, Milá, 2005. 160 pp.
    32. Bauab, Andrea: Nunca es demasiado tarde, en Cuatro Obras de Teatro Judío Moderno. Buenos Aires, Milá, 2005. 160 pp.
    33. Pacheco, Carlos: "Amor de milonga, tango y conventillo", en La Nación, Buenos Aires, 10 de octubre de 2004.
    34. Pérez, Ana Laura: "teatro inmigrantes El mito del origen", en Clarín Viva, Buenos Aires, 4 de junio de 2006.
    35. Gentile, Laura: "TEATRO: HOMENAJE DE RICARDO BARTIS A FLORENCIO SÁNCHEZ", en Clarín, Buenos Aires, 13 de junio de 2005.

    INMIGRANTES EN CANCIONES

    Transcribo pasajes de algunas de las letras de canciones en las que aparecen inmigrantes llegados a la Argentina.

    Españoles

    El protagonista de una canción (1) de Alberto Cortez conoció Galicia cumpliendo la promesa que hiciera a su abuelo:

    El abuelo un día

    cuando era muy joven

    allá en su Galicia,

    miró el horizonte

    y pensó que otra senda

    tal vez existía.

    Y al viento del norte

    que era un viejo amigo,

    le habló de su prisa,

    le mostró sus manos

    que mansas y fuertes,

    estaban vacías,

    Alberto Cortez escribe, a propósito de su canción "El abuelo", acerca de la emigración de sus mayores: "De alguna manera esta canción que viene es una historia de ida y vuelta. ¿Por qué?, pues simplemente porque mi abuelo se fue de emigrante y después de casi una vida yo, su nieto mayor recorrí el camino de regreso, ese camino que él no pudo realizar a lo largo de su larga vida, a pesar de su inmensa nostalgia. Murió a los ochenta y algunos años. (...) La Argentina en aquellos años de principio de siglo era una esperanza que ofrecía amplios horizontes para los jóvenes con ganas de trabajar y hacer fortuna. Los hermanos García habían dejado España y especialmente Galicia ya que esta "sua terriña" natal no podía ofrecerles más que una vida azarosa bastante cercana a la miseria. (...)" (2).

    Rusos

    Algunas de las composiciones de los gitanos rusos han sido recopiladas por Perla Miguelí y transcriptas musicalmente por Pedro Leguizamón, en el Primer cancionero gitano de la Argentina (3). En la "Introducción", escribe Miguelí: "las canciones nuestras están basadas siempre en hechos reales, en acontecimientos que han pasado. Son anécdotas cantadas, inspiradas por el protagonista o por algún antepasado que transmitió el caso como canción. Pequeñas historias que pueden haber parecido importantes sólo para el grupo, en el momento de componerse, pero que con el paso de las generaciones adquieren una grandeza especial, una ternura, una bella sencillez, una frescura que nos cautivan a los que tenemos en nuestros oídos mucho más material de música (por discos, cassettes, compactos, radio, televisión, etc) que los que se podrían tener en otras épocas. Muy ocasionalmente, hoy en día en alguna fiesta o reunión se entonan canciones gitanas, para sorpresa y deleite de los presentes". Entre estas canciones se encuentra "Linela mamo" (Se la llevaron, madre), que comienza así:

    Ay, se la llevaron, madre, sí,

    Y no la devolvieron, no.

    La llevaron, madre,

    Lejos, a otras tierras.

    Ucranios

    De 1987 es el schotis titulado "El Gringo Creñuk" (4), con letra de Teresa Parodi y música de Antonio Tarrago Ros, que transcribimos parcialmente:

    Por la picada, descalzo, Creñuk

    viene cruzando las llamas del sol

    roja la tierra le incendia los pies

    cuando la pisa marcando el talón.

    Si voltea un tronco, siente

    que voltea su dolor

    con las mismas manos tala

    árbol, pena y corazón.

    Y le arranca melodías

    torpemente al acordeón

    mientras canta para todos

    con ternura esta canción.

    Notas

    1Cortez, Alberto: "El abuelo", en www.albertocortez.com.ar. Reproducido en www.galespa.com.

    2 ibídem

    3 Miguelí, Perla y Leguizamón, Pedro: Primer cancionero gitano de la Argentina. Recopilación y notación musical. Mar del Plata, 1995.

    4 Parodi, Teresa y Tarrago Ros, Antonio: "El Gringo Creñuk", en www.tarrago-ros.com.ar.

    MEMORIAS Y AUTOBIOGRAFÍAS ESCRITAS POR INMIGRANTES

    De la experiencia de la inmigración surgieron muchos libros. Algunos inmigrantes eligieron la literatura para expresarse; otros, en cambio, prefirieron relatar la historia de su vida. En este trabajo me refiero a algunas de las memorias y autobiografías que dan a conocer aspectos de este fenómeno social en la Argentina, entre 1840 y 1950.

    Daneses

    En 1844, llegó a la Argentina el danés Juan Fugl, pionero que se estableció en Tandil. En sus Memorias, manifiesta acerca del juez de paz: "En el fondo de su alma sentía odio a los extranjeros y al creciente agro en la zona de Tandil, tanto porque él, familiares y amigos tenían tierras y grandes estancias lindantes, y se sentían molestos por las leyes que los obligaban a pagar los daños causados por en las tierras sembradas, y ahora protegidas. También porque repartía tierras entre criollos o nativos, en general muy simples y sin ningún ánimo de mejorar, no a extranjeros que aunque vivían pobres, con su trabajo y amistoso relacionamiento, pronto formaban un capital y vivían holgadamente".

    Españoles

    Recuerda Luis Varela, en De Galicia a Buenos Aires: "Dejaba yo en España algo que inconscientemente llevaba conmigo a bordo. Aquel caballo brioso no podía despegarlo en sueños de mi cerebro. También quedaba en Galicia un perro que se llamaba Sereno, que yo había criado de cachorro y con tanta pasión que me acompañaba en mis salidas de caza. No era un pointer de pura raza, pero sí un incansable rastreador y si ni él ni yo éramos excelentes cazadores, vaya si me había dado satisfacción por los montes de la campiña gallega. Aquellos fieles amigos yo los cuidaba como si fueran mis hijos. El negocio para mi casa hubiera sido que nos fuéramos los tres juntos. ¿quién los iba a cuidar ahora?".

    Estadounidenses

    Jennie E. Howard nació en Boston, Estados Unidos, en 1844; falleció en Buenos Aires en 1933. "Llegó al país en 1883, junto con las maestras contratadas por Clara Armstrong para dirigir las Escuelas Normales de niñas a pedido de Julio A. Roca. Tras organizar la Escuela Normal de Niñas de Corrientes, realizó la misma tarea en la ciudad de Córdoba y en San Nicolás, provincia de Buenos Aires, donde permaneció hasta 1903. En 1931, publicó un libro de memorias en inglés, que en 1951 fue vertido al castellano con el título de En otros años y climas distantes".

    Galeses

    Eluned Morgan nació en alta mar en 1869. Escribe Ema Wolf, a partir de una investigación de Cristina Patriarca: "Muy anciana ya, de vuelta en su tierra natal, escribió sus memorias. Con una prosa entusiasta pintó su vida de adolescente en el Chubut y en particular un viaje que hizo desde la costa al Valle Encantado de la cordillera para llevar telas, azúcar, té, carne salada y herramientas a los setenta colonos que apenas un año antes se habían instalado allí".

    Holandeses

    "En mayo de 1889, el vapor Leerdam trajo a los primeros inmigrantes holandeses a la Argentina. En este barco llegó, a los 10 años, Diego Zijlstra, quien en su libro, Cual ovejas sin pastor, recuerda su llegada: ‘Desde el vapor hasta la costa tuvimos que navegar en lancha y carro unos diez kilómetros soplando un viento de invierno que nos penetraba hasta la médula de los huesos. Ya estábamos en la tercera semana de junio..." .

    Irlandeses

    Maggie Pool es la autora de Where the devil lost his poncho, obra en la que evoca el medio siglo que transcurre a partir de su llegada a la Argentina, "no bien terminada la guerra, como modesta secretaria de un organismo británico, casi con lo puesto y con sólo doce libras esterlinas, que era la máxima cantidad de dinero que se permitía sacar de Inglaterra en aquel momento de crisis".

    Italianos

    Juan Faccioli, pionero friulano, fue uno de los "integrantes de aquella primera migración que dejaron testimonios escritos": "Según Faccioli, al llegar al Hotel de Inmigrantes se enteraron de que estaban destinados al Territorio Nacional del Chaco, donde les darían tierras que estaban habitadas por aborígenes. Algunos huyeron del Hotel de Inmigrantes, pero luego de vagar sin conseguir trabajo ni comida volvieron y aceptaron llegar a Reconquista y, desde allí, a una colonia que se formaría al otro lado del arroyo El Rey" .

    Rusos

    Alberto Gerchunoff nació en Tulchin, Vinnitsa, en 1883. Se estableció con su familia en una colonia de Villaguay, Entre Ríos, después de que el padre fuera asesinado en Moisés Ville, Santa Fe. "En aquellos años ya distantes –recuerda en su "Autobiografía" (24), escrita en 1914-, los judíos no emigraban, y la tentativa de colonización del Barón Hirsch iluminaba a los israelitas de Tulchin, como la esperanza mesiánica del retorno al reino de Israel".

    Suizos

    "El 26 de octubre del año 1855 –escribe Roberto Zehnder- abandonamos Basilea, adonde hemos llegado antes del mediodía en omnibus. (N. Del A. Probablemente sea algún tipo de diligencia que lo llevaba desde su pueblo de origen hasta una ciudad importante como lo es Basilea), y nos alojamos en una hostería de nombre "El Buey colorado". (...) La mitad de los pasajeros del "Lord Ranglan" fue trasladado en un barco a vapor chico a Santa Fé y alojados al norte de la ciudad; mientras la otra mitad abandonaba el puerto de Buenos Aires tres días antes de nosotros y llegaron al puerto de Santa Fé al mismo minuto para anclar. En el barco se encontraron Guillermo Hübeli, Ricardo Buffet, Buchard Griboldi, como viajeros del "Lord Reglan" (N. Del A.: Lord Raglan)".

    Ucranianos

    Rosalía de Flichman escribió Rojos y blancos. Ucrania. En esta obra en evoca su infancia, en la que la amargura era una realidad cotidiana. Las persecuciones, la revolución, la guerra civil, las violaciones y los asesinatos –a los que se suman las inundaciones y el tifus- son el cuadro con el que Rosalía debe enfrentarse a muy corta edad.

    En su libro de memorias, titulado Ultima carta de Moscú (35), Abrasha Rotemberg relata que,:después de siete años, se reencontró con su padre, que trabajaba como "cuenténik", "clásica ocupación de los inmigrantes judíos, que consistía en la venta callejera a crédito de todo tipo de prendas. ‘Yo descubrí muchos años después que esa generación de inmigrantes pobres y analfabetos resultó una de gigantes, que supo enfrentar una vida sumamente dura y difícil. No había otra alternativa que sobrevivir y ellos lo hicieron’, dijo Rotemberg".





    MEMORIAS Y AUTOBIOGRAFÍAS ESCRITAS POR DESCENDIENTES DE INMIGRANTES

    Estas son algunas de las memorias y autobiografías que, escritas por descendientes de inmigrantes, dan a conocer aspectos de este fenómeno social en la Argentina, entre 1850 y 1950.

    Españoles

    Al igual que muchos de nuestros escritores, Baldomero Fernández Moreno evocó sus años de infancia, una edad escindida, en su caso particular, entre dos tierras, Argentina y España. En el prólogo a sus memorias, que llevan por título La patria desconocida, el escritor se refiere a la relación de las mismas con sus dos patrias, y deslinda la incidencia que España y la Argentina tienen en ellas: "Son páginas, pues, españolas por el recuerdo que las informa, argentinas por la mano que las trazó. Por eso este libro cobra un sentido vernáculo, americano. Y todo aquello en medio del suspirar por mi patria, por curiosidad, por exotismo, por poesía naciente, y, lo que es lo cierto, por indefinible amor hacia ella" (1).

    Ingleses

    En su Autobiografía, Jorge Luis Borges recuerda a su abuela inglesa: "Frances Haslam era una gran lectora. Cuando ya había pasado los ochenta, la gente le decía, para ser amable con ella, que ya no había escritores como Dickens y Thackeray. Mi abuela contestaba: "Sin embargo, yo prefiero a Arnold Bennett, Galsworth y Wells" (2).

    Italianos

    El mendocino Alcides Bianchi recuerda su infancia: "En el barrio teníamos dos ‘canchas’ para jugar a la pelota –recuerda-. Una estaba ubicada al fondo de la quinta de papá, sobre la calle Civit y la otra al lado de la carnicería de Don Molinuevo, a media cuadra de casa, sobre la Cmte. Torres. Teníamos fijada una hora para hacer los partidos en las tardes, cuando ya habíamos hecho los deberes de la escuela. Allí nos juntábamos los chicos del barrio, de distintas edades, formando los dos equipos y generalmente a los más pequeños nos tocaba ser arqueros" (3).

    Polacos

    Felipe Fistemberg Adler relata en sus memorias que, en Moisés Ville, provincia de Santa Fe, "Cuando llegaban las fiestas patrias, el pueblo se vestía de gala, las ventanas lucían banderas azules y blancas y a la plaza San Martín, en el centro del poblado, concurría toda la población luciendo la escarapela y manifestando con orgullo su agradecimiento a la nueva patria. Por ser uno de los más altos, y seguramente porque mamá me almidonaba para la ocasión el guardapolvo, ya en los grados superiores las maestras me elegían abanderado, y escoltado por otros niños caminando entre aplausos y cálidas sonrisas nos dirigíamos a la plaza. Las autoridades y los directores de todas las instituciones pronunciaban emotivos discursos. Se cerraba el acto con un esperado reparto de golosinas entre los chicos. Con premura, nos despojábamos de los guardapolvos y corríamos al bosque de eucaliptos frente a la administración de la J.C.A. para ver y participar de la fiesta popular que premiaba a los ganadores, con ponchos, frazadas, camisas, camisetas o pantalones" (4).

    Ucranios

    María Arcuschín escribió De Ucrania a Basavilbaso (5) obra en la que rinde homenaje a sus antepasados y a quienes llegaron a América en busca de un futuro mejor, al tiempo que narra su propia vida en el seno de la colectividad judía entrerriana. Esta colectividad, hábilmente retratada en su obra, tiene muchos rasgos en común con otras colectividades que, desde lugares remotos del mundo, llegaron al país impulsadas por el anhelo de una existencia digna, la que por distintas razones no podían tener en sus tierras de origen. En este cúmulo de inmigrantes, sin embargo, los extranjeros presentados por Arcuschín son indudablemente singulares.

    Rusos

    En Babilonia chica, escribe Mito Sela: "Crecí y me desarrollé en un barrio fuera de la Capital, ya provincia, sólo cruzando la Av. Gral. Paz. Este barrio –otro mundo- reunía en sus calles fábricas y galpones de la industria textil, que funcionaban sin descanso 24 horas diarias durante seis días a la semana. Junto a la industria se desarrolló un proletariado textil, formado por italianos, españoles y judíos, fervientes sindicalistas, que en su mayoría se identificaban con los distintos matices de la izquierda hasta la llegada del peronismo" (6).

    Notas

    1. Fernández Moreno, Baldomero: La patria desconocida. Buenos Aires,

    2. Borges, Jorge Luis: Autobiografía, citado en Hadis, Martín: LITERATOS Y EXCÉNTRICOS Los ancestros ingleses de Jorge Luis Borges. Buenos Aires, Sudamericana, 2006.

    3. Bianchi, Alcides J.: Aquellos tiempos... Buenos Aires, Marymar, 1989.

    4. Fistemberg Adler, Felipe: Moisés Ville Recuerdos de un pibe pueblerino. Buenos Aires, Milá, 2005. 112 pp. (Testimonios).

    5. Arcuschín, María: De Ucrania a Basavilbaso. Buenos Aires, Marymar, 1986.

    6. Sela, Mito: Babilonia chica. Buenos Aires, Milá, 2006. 112 pp. (Imaginaria).

    BIOGRAFIAS DE INMIGRANTES

    De la experiencia de la inmigración surgieron muchos libros. Algunos autores eligieron la literatura para expresarse; otros, en cambio, prefirieron las biografías. Ellos escribieron sobre personas cuyas vidas les parecía interesante dar a conocer. No se trata ya de presentar sus propias vivencias de la inmigración –aunque muchos de ellos descienden de inmigrantes-, sino de evocar la azarosa existencia de quienes llegaban a una tierra con esperanza, pero también con desazón y temor. En este trabajo me refiero a algunas de las biografías que dan a conocer aspectos de este fenómeno social en la Argentina, entre 1850 y 1950.

    Alemanes

    Nora Ayala evoca en Mis dos abuelas. 100 años de historias (1) las vidas de Gerònima, su abuela criolla que vivía en Misiones, y la de Christina, su abuela alemana que se estableció en Trelew.

    Christina es una mujer con estudio que viaja a la Argentina contratada como ama de llaves en casa de un director de un banco de su país. Ya en Adrogue, provincia de Buenos Aires, conoce a un italiano con el que se casa. Habiendo nacido los hijos, el hombre decide que lo mejor es volver a su tierra, para vivir de rentas. No imaginaba que, para ello, debería dejar aquí a una de sus hijas, que no pudo embarcar a causa de una enfermedad. Cuando el hombre, dos años después, vuelve temporariamente a la Argentina, no es a la niña a quien lleva a Italia -como le había pedido su esposa-, sino al padre, deseoso de ver su pueblo. Se avecina la guerra y el italiano hace oìdos sordos a su mujer, quien insiste en que deben regresar, quien insiste en que deben regresar, aprovechando que los hijos –salvo la menor- son argentinos.

    Finalmente vuelve Christina, sin marido y con algunos de los hijos, ya que otros quedan trabajando y uno està preso por haberle pegado a un superior, durante una estadía forzada en la milicia. Comienza entonces una vida nueva para la alemana, quien, utilizando los conocimientos que traía de su tierra, además de su ingenio y esfuerzo, pone un negocio que prospera y se sobrepone a las dificultades.

    Notas

    1. Ayala, Nora: Mis dos abuelas. Buenos Aires, Vinciguerra, 1997.

    Armenios

    Eduardo Bedrossian recuerda emocionado a su padre, sobreviviente del genocidio, en Hayrig (1). "Este relato –afirma Nélida Boulgourdjian- trasciende la historia personal de Hagop Bedrossian para adquirir una dimensión colectiva que involucra a todo un pueblo" (2).

    Sobre la primera parte de esta historia, afirmó María Isabel Clucellas: "bajo una estructura de doble faz, Bedrossian hijo narra en primera persona la odisea paterna. A partir de los primitivos años de paz y bonanza que corresponden al siglo pasado, el autor ilustra a sus lectores sobre la vida familiar en Geben, ‘un pedazo de la historia ancestral de los armenios’. Las montañas, la aldea, las casas con paredes de piedra, el calor de las reuniones en torno al hogar presididas por un narrador ocurrente y sentencioso que contaba, educando, historias y costumbres, reviven en páginas coloridas, amenas, donde anécdotas y sucesos van tejiendo una urdimbre de sólidas y justificadas nostalgias" (3).

    En "A los que se encuentran en un pozo" (4), Gustavo Bedrossian, hijo del escritor, homenajea al protagonista de las biografías, su abuelo: "Esta es una historia real, crudamente real, maravillosamente real. La situación es la siguiente: el protagonista es un adolescente que ha perdido a su familia. Hace minutos vio cómo delante de sus narices mataron a parte de su familia a palazos. A él mismo luego de golpearlo lo arrojan a un pozo donde tiran los cadáveres de los que golpean y matan pensando que está muerto. Pero él no está muerto... Siguen matando gente y tirándola encima de este muchacho. Sangre, gritos, el propio dolor, el pánico. Un pozo... un pozo donde sólo se respira muerte. ¿Qué expectativas podemos tener de este muchacho? Quizá el más optimista puede suponer que sobreviva y termine con algún tipo de enfermedad mental. ¿Sabés cómo siguió la historia? Este chico, de nacionalidad armenia, que simuló estar muerto, por la noche, cuando se fueron los turcos, pudiendo sacarse algunos cuerpos de encima, logró escapar con otros muchachos más. Un detalle para agregar: un hermano suyo que sobrevivió prefirió quedarse en el pozo para estar con una mujer que suponía era su madre. Ese muchacho se llamó Agop Bedrossian. Fue mi abuelo. Vivió más de cien años. Falleció hace poquito. Mi padre lo homenajeó a él y a su generación con dos libros: Hayrig I y Hayrig II. Pasó por mil problemas más. Pudo llegar a la Argentina. Se casó. Tuvo cinco hijos (falleciendo una de sus hijas siendo muy pequeña de un modo trágico), nueve nietos, En vida conoció a trece bisnietos (hace unos días nacieron la catorce y la quince). Siempre, siempre, siempre siguió luchando. Siempre, siempre, siempre, lo vi orando de rodillas en su idioma a Dios por él y por los demás".

    Notas

    1. Bedrossian, Hagop: Hayrig. Ediciones Akian. Buenos Aires, 1991.
    2. Boulgourdjián-Toufeksián, Nélida: "Los armenios en Buenos Aires" La reconstrucción de la identidad (1900-1950). Buenos Aires, Centro Armenio, 1977.
    3. Clucellas, María Isabel: en La Prensa, 8 de septiembre de 1991.
    4. Bedrossian, Gustavo: "A los que se encuentran en un pozo", en www.psicorecursos.com.ar.

    Austríacos

    Ilse Kaufmann y Helena Pardo son las autoras de La historia de Ilse, biografía de la inmigrante nacida en Viena en 1920 (1). "Los negocios florecían, y los Kaufmann regresaron a Europa, varias veces, de vacaciones. De visita: ‘Fueron los años más felices de mi vida’, suspira la dama. ‘Pero estando afuera levantaba los ojos y extrañaba el cielo argentino. Jamás vi brillar las estrellas como acá’ ", dijo a Claudio Savoia (2).

    Notas

    1. Kaufmann, Ilse y Pardo, Helena: La historia de Ilse.
    2. Savoia, Claudio: "Las dos vidas de Ilse", en Clarín Viva, 18 de agosto de 2002.

    Checoslovacos

    En la "Biografía de Oskar Schindler", escribe Jose Javier Pérez García: "Nace en 1908 y muere en 1974. Industrial alemán cuya actuación salvó la vida de numerosos judíos durante el nazismo. Nació en Zwittau, en los Sudetes (Checoslovaquia). Estudió ingeniería y sirvió en el ejército checoslovaco antes de convertirse en director de ventas de un fabricante de productos eléctricos. En 1939, fue espía para los alemanes durante sus viajes a Polonia, y en octubre se trasladó a Cracovia para dirigir una fábrica de productos esmaltados, que se convirtió en el lugar donde llevó a cabo su labor humanitaria, que comenzó cuando el gheto de Cracovia fue destruido (1943) y se construyó un campo de concentración local. En 1944, Schindler logró, mediante sobornos, que su fábrica y sus trabajadores fueran trasladados a Checoslovaquia, y no a Auschwitz. Después de la guerra, dirigió un rancho en Argentina (1949-1957), quebró y regresó a Alemania. En 1961 fue invitado a Israel, donde recibió la Cruz del Mérito en 1966 y una pensión del Estado en 1968. La novela de Thomas Keneally, El arca de Schindler (1982), fue llevada al cine con el título de La lista de Schindler, en 1994 por el director Steven Spielberg, y obtuvo los premios Oscar más importantes, entre otros al mejor director y a la mejor película en ese año, dando a conocer las actividades de este héroe de guerra a un público mucho más numeroso" (1)

    El protagoniza Las memorias de Oskar Schindler, libro de Erika Rosenberg (2).

    Notas

    1. www.alipso.com
    2. Rosenberg, Erika: Las memorias de Oskar Schindler. Distal.

    Croatas

    Chuny Anzorreguy escribió El ángel del capitán. Biografía del capitán croata Miro Kovacic (1). El biografiado, emigrado a la Argentina a mediados del siglo pasado, nació en 1914. Kovacic evoca con nostalgia su niñez en Zagreb y la educación que le dio su madre. Padeció la guerra; ansiaba la paz. Un amigo le sugiere dirigirse al Instituto Croata de Cirilo y Método. Allí, se entera de que "Un país sudamericano había puesto a disposición del Instituto diez mil visas para los croatas que las necesitaran. No a los largos trámites. No a las profundas investigaciones. No al interminable papelerío". Cuanto más se informan, más se entusiasman. A fines del 47, la familia integrada por el capitán, su esposa y la hija de la mujer, llega a América. A pesar del optimismo, el primer tiempo "fue difícil". Se daban cuenta de que, sin saber castellano, no podrían trabajar. Más tarde, la situación mejora, hasta que el croata llega a tener su propia . El libro, minuciosa y profusamente documentado, nos permite conocer, a través de una personalidad relevante, a un pueblo que brindó su aporte al "mosaico de colectividades" que es hoy la Argentina.

    Notas

    1. Anzorreguy, Chuny: El ángel del capitán. Biografía del capitán croata Miro Kovacic. Buenos Aires, Corregidor, 1996.

    Españoles

    Asturianos

    En "Florencio Constantino: Breve Biografía", leemos: "Como en el caso de tantos otros inmigrantes que llegaron a nuestro país, Florencio Constantino emigró a América siendo muy joven para labrarse un porvenir. (...) Hijo de Antonio Constantino Sánchez, natural de Valleval, Asturias, y Antonia Carral Ruiz, santanderina de Arredondo, Mariano Florencio Constantino Carral nace en Ortuella el 9 de abril de 1868. (...) Florencio aprende con entusiasmo a tocar la "vigüela" y rápidamente agrega a su repertorio de canciones vaskas y españolas el canto de ‘aires criollos’, que lo harán conocido y apreciado en cuanta reunión festiva se dé en Bragado y aún en las manifestaciones políticas. (...) El año 1895 ha de ver a Constantino trasladado a Buenos Aires, dispuesto a ser cantante. (...) trajinó los máximos escenarios líricos del mundo. En Buenos Aires se presentó en el Teatro de la Opera, en el Teatro Odeón, en el Teatro Avenida, en el Hotel París, en el Orfeón Español, en el Centro Vasco Laurak Bat, en el Teatro Coliseo y en el Teatro Colón en varias oportunidades. Hizo actuaciones en otras ciudades como Rosario, La Plata, Bahía Blanca, Córdoba y por supuesto en Bragado. (...) murió el 16 de noviembre de 1919, solo, triste y casi olvidado. Pero con la certeza, más allá de su delirio, de que había cumplido aquel sueño de desenterrar el tesoro que llevaba en su garganta. Sus restos descansaron en el Panteón Vasco del cementerio de la ciudad de México D.F y fueron repatriados a la Argentina en 1986, donde esperan su último destino en Bragado, el pueblo de sus amores" (1).

    Rubén Benítez escribió Los dones del tiempo (2), libro en el que narra la vida de la asturiana Cecilia Caramallo. En esta biografía novelada, América aparece como el destino soñado, que desconcierta a los extranjeros con su forma de entender la vida y las distancias. Para un portugués, para una asturiana, las distancias son enormes; la cantidad de ganado - tanta que debe dormir a la intemperie- resulta asombrosa. Son realidades difíciles de aceptar para quienes vienen acostumbrados a lo exiguo, a lo mínimo. De ahí la reacción de la protagonista cuando ve que tiran comida; piensa qué hubieran hecho en su aldea con aquello que derrochaban los argentinos. En Bahía Blanca, en Pelicurá, se desarrolla la acción y esta circunstancia la vuelve de especial interés para quienes habitan la ciudad y para quienes, desde cualquier parte del mundo, quieran saber sobre la forma de vida de los inmigrantes en ese punto de la Argentina. Benítez aporta datos sobre la vida de portugueses, asturianos, escoceses, e ingleses en la provincia de Buenos Aires a partir de fines del siglo pasado y hasta nuestros días, en que la anciana, al volante, espanta a transeúntes y automovilistas.

    La vida de su madre es el tema que Jorge Fernández Díaz eligió para su libro. Mamá (3) cuenta la historia de Carmen, una asturiana de quince años que, en 1947, viaja hacia América. Aquí la esperan sus tíos, con los que vivirá haciendo las veces de hija adoptiva y criada. Luego vendrá la discriminación en la escuela, el honor de llevar la bandera a pesar de todo, el trabajo, el casamiento con otro asturiano, los hijos, los nietos, y las reuniones con las amigas españolas en un patio de comidas porteño. También llegará la tristeza de ver partir a una paisana de vuelta a España, y comprobar que esa mujer -así como de joven sintió nostalgia de la tierra que dejaba-, a los setenta y dos años, siente nostalgia de la Argentina.

    La narración, estructurada en capítulos con nombres de los personajes, surge del reportaje que Jorge Fernández Díaz, director de la revista Noticias, efectuó a su madre durante más de cincuenta horas; "Comencé a garabatear frases e ideas sobre su azarosa biografía en un cuaderno Rivadavia de tapa dura cuando me contó que hacía lagrimear a su psiquiatra", escribe el hijo.

    Ese dolor de la inmigrante, y su fe en el futuro, que la hizo salir adelante en un mundo en el que poco apoyo tenía, son homenajeados por Fernández Díaz en una obra que nos hace sentir admiración por esta mujer que logró tanto contando sólo con su tenacidad.

    Gallegos

    Manuel Castro es el autor de la biografía de Manuel Dopazo. En ese trabajo, escribe: "La llegada de una compañía de zarzuela a Buenos aires que ofreciera Maruxa, requería la presencia de un gaitero. Manuel Dopazo era el elegido. Su actividad artística lo hizo llevar la gaita al Teatro Colón que es a lo máximo a lo que se puede aspirar. Fue la noche del 12 de octubre de 1930 estando presente en esa ocasión el Presidente de la República Argentina, don Hipólito Yrigoyen. Dopazo y sus músicos también recorrieron Brasil y Uruguay. Participó en la película ‘Cándida’ con la famosísima Niní Marshall y en ‘La calle junto a la luna’ con Marisa Ibáñez Menta y Juan Carlos Thorry. Además de ser un eximio ejecutante, Dopazo fabricaba gaitas, generalmente para vender y fue aquí en Buenos Aires donde aprendió a tornear. Manuel Dopazo vivió de la gaita y mantuvo una familia de once hijos. Fue el único que pudo hacer eso, otros gaiteros tenían otros trabajos. Soldaba las gaitas con plata, soplando y eso lo llevó a la tumba" (4).

    Vascos

    Escribe Andrew Graham-Yooll: "Postal de Corrientes. No la avenida, sino la esquina de Batalla de Salta y San Martín, en Mercedes, provincia de Corrientes. Del caserón en esa intersección surgió una biografía, modestamente magnífica, que debería ser el libro del año. Es la historia de un hacendado correntino, José Antonio Ansola, pronto a cumplir 91 años. Nieto de vascos, sus recuerdos de vida y familiares se extienden desde la guerra contra el Paraguay (1865-1870) hasta nuestros días. (...)"

    "Che patrón, el título de la crónica de este ‘hacendado de Corrientes, la provincia guaraní’, es producto de muchas horas de grabaciones y cientos de epístolas a Magdalena Capurro, una uruguaya instalada en Mercedes, interesada en el patrimonio intangible y directora de la biblioteca popular. Doña Magdalena, profesora de literatura y escritora, ha ordenado y escrito esta vida de Ansola (editada por Literature of Latin America, LOLA, un sello angloargentino de Buenos Aires, especializado en historia y botánica locales), que es una delicia, un canto a una época y a una cultura profundamente argentinas, que reúne lo rural heroico, lo noble en la política (Ansola es apasionado por el Partido Liberal y entusiasta de la Sociedad Rural) y lo europeo, la buena lectura y las cabalgatas interminables en Corrientes y el Chaco. (...)"

    "Su trayectoria tiene una gran tristeza, que consigna en el libro. ‘Perdí mis campos, los que fueron de mis abuelos. Me derrotó la naturaleza, inundando, y los hombres, cobrando impuestos a las tierras bajo el agua’. Pese a esto, qué hombre, qué historia, qué hermosa tierra" (5).

    Notas

    1. S/F: "Florencio Constantino: Breve Biografía", en Municipalidad de Bragado.
    2. Benítez, Rubén: Los dones del tiempo. Buenos Aires, GEL, 1998.
    3. Fernández Díaz, Jorge: Mamá. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
    4. Castro, Manuel: "Manuel Dopazo", en Viajero Celta, 1996.
    5. Graham-Yooll, Andrew: "Desde Corrientes", en La Nación Revista, Buenos Aires, 5 de junio de 2005.

    Franceses

    "La vida y obra del padre Salvaire es desde hace tiempo motivo de estudio de monseñor Dr. Juan Guillermo Durán. Apasionado y comprometido con el tema, ha emprendido una cuidadosa investigación recurriendo a archivos de distinta naturaleza para dar cuerpo a dos de los tres volúmenes dedicados a su figura". El obispo se refirió en una entrevista a ese trabajo (2): "Para comprender un poquito estos libros que yo he dedicado al padre Salvaire, es necesario tener en cuenta esto. El primer libro de la trilogía que voy a dedicar al padre, rescatando momentos fundamentales de su vida hasta su muerte, se editó en 1998 y lleva por titulo El padre Jorge María Salvaire y la familia Lazos de Villa Nueva. Un episodio de cautivos en Leubucó y Salinas Grandes. Transcurre entre 1866, que es cuando el malón toma cautivos a doña Jacinta Rosales de Lazos y a sus cinco hijos en Villa Nueva, Córdoba, cerquita de Villa María, y son llevados a Leubucó por los ranqueles, hasta l875 cuando el padre Salvaire visita las tolderías de Namuncurá. (...) El segundo tomo se inicia con el regreso del padre a Azul en noviembre, después de un viaje de aproximadamente 23 días, cuando logra traer a tres de los hijos -uno había escapado a Bahía Blanca y después se reencuentra en Villa Nueva con su madre- y otros seis cautivos más. Allí permanece trabajando con los indios de Catriel a la espera de que Namuncurá diga sí a la invitación del misionero, porque le dijo que lo iba a pensar.

    El segundo tomo se llama En los Toldos de Catriel y Railef. La obra misionera del Padre Jorge María Salvaire en Azul y Bragado, y es el estudio detallado de los dos años de misión del padre Salvaire y Meister en Azul y un viaje que hizo Salvaire para misionar en los meses de julio, agosto y parte de septiembre en Bragado, en la tribu, también acantonada, del cacique José María Railef. (...) los padres Meister y Salvaire en febrero dejan Azul. Salvaire pasa a Luján otra vez en 1876, y trae el propósito de cumplir el voto que le había hecho a la Virgen cuando su vida corrió peligro en las tolderías, en su viaje de octubre, noviembre de 1875.

    Ante un serio peligro de muerte, prometió que si la Virgen intercedía por su vida escribiría la historia, contribuiría a la difusión del culto e intentaría construir un nuevo santuario que reemplazaría al de Lezica y Torrezuri. Ahí comienza el tercer tomo que estoy tratando de construir y que llevaría el titulo El Padre Jorge Maria Salvaire en Luján. Cura y capellán del Santuario. Ahí reconstruiremos el momento en que escribe la historia de la Virgen de Luján que publica en 1884 en dos tomos, las gestiones del padre para comenzar la construcción del nuevo santuario, su viaje a Europa para lograr la coronación pontificia de la Imagen, la colocación de la piedra fundamental del Santuario, cuando es nombrado párroco hasta su fallecimiento, el 4 de febrero de 1899. Serían tres libros que abarcarían la vida de Salvaire en la Argentina, desde su llegada, como docente, misionero y luego cura y capellán de Luján" (1).

    Notas

    1. S/F: "Para acercarse al mundo de Salvaire", en www.elcivismo.com.
    2. Durán, Juan Guillermo: El padre Jorge María Salvaire y la familia Lazos de Villa Nueva. Un episodio de cautivos en Leubucó y Salinas Grandes, 1998.

    En los Toldos de Catriel y Railef. La obra misionera del Padre Jorge María Salvaire en Azul y Bragado

    El Padre Jorge Maria Salvaire en Luján. Cura y capellán del Santuario.

    Irlandeses

    En 1865, "Sebastián Hamilton, acompañado por su hermano Thomas, llega a la Argentina, donde su padre había adquirido tierras y donde William, su hermano mayor, ejercía la profesión de médico. Viajó de mala gana pero finalmente quedó seducido por la amplitud de las tierras pampeanas y por el estilo de vida de los gauchos, y obsesionado por la tierra que heredó" (1).

    La autora de Don Sebastián (2) es Susan Wilkinson, nacida en Bombay y formada en Dublin, quien en 1970 se estableció en Buenos Aires y conoció "la tierra que habían habitado sus ancestros –su tatarabuelo llegó con sus cinco hermanos a la Argentina en 1866, y fue entonces que la rama familiar quedó dividida, algunos volvieron a la Irlanda originaria y otros quedaron para siempre aquí, formando parte de la llanura extensa de La Pampa-." (3).

    Notas

    1. Wilkinson, Susan: Don Sebastián. Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1996.
    2. Gacetilla de prensa.

    Italianos

    La Asociación Dante Alighieri publicó numerosos volúmenes de biografías de ítaloargentinos destacados. Entre estos volúmenes se cuentan Rodolfo Kubik, compositor y músico, por Vittorio Balanza; Juan A. Buschiazzo, arquitecto y urbanista de Buenos Aires, por Alberto O. Córdoba; Torquato Di Tella, industrial y algunas cosas más, por Torcuato Di Tella; Roberto F. Giusti. Su vida, su obra, por Fermín Estrella Gutiérrez; El padre Marcos Donati y los franciscanos italianos en la misión de Río Cuarto, por Inés I. Farías; Eugenio Pini, el maestro y las armas, por Alberto A. Fernández; Cesare Cipoletti. Sus obras, sus proyectos, sus colaboradores, por Paolo Girosi; José Ingenieros, por Francisco P. La Plaza; Francisco Bibolini. De la Liguria a la Pampa, por María C. Maradeo; Agustín Rocca en treinta años de recuerdos, por Dionisio Petriella; Alberto M. De Agostini SDB, por Amalia del Pino; Clemente Onelli, de pionero de la Patagonia a director del Jardín Zoológico, por Diego A. Pino; Rodolfo Mondolfo, maestro insigne de filosofía y humanista, por Eugenio Pucciarelli y otros; Carlos Spada, médico y filántropo, por Carlos A. Rezzónico; Víctor De Pol, el escultor olvidado, por Edgardo J. Rocca; Eugenia Sacerdote de Lustig, una pionera de la ciencia en la Argentina, por Laura Rozenberg; Joaquín Frenguelli. Vida y obra de un naturalista completo, por Mario E. Teruggi, y Syria Poletti, mujer de dos mundos, por Walter Gardini.

    Alcides J. Bianchi es el autor de Valentìn, el inmigrante (1), obra en la que relata la vida de su padre, exitoso empresario afincado en Mendoza. Don Valentín nació en Fasano, Italia, en 1887. Se dedicó a la docencia hasta que una carta de su hermano lo decide a emigrar a la Argentina. Tenía veintidós años. El hijo evoca ese viaje lleno de ansiedad e incomodidades, con las ratas caminando por encima de la cama del pasajero. En nuestro país, el italiano desempeñó distintos oficios, destacándose por su facilidad para la y su excelente caligrafía, que le valió el apodo de "el gringo de la letra bonita". Fue empleado contable y rematador de lotes, hasta llegar a su ocupación definitiva: la de bodeguero. Formó familia en San Rafael, donde nacieron sus hijos. La esposa soportó la estrechez de los primeros tiempos haciendo economía en el hogar.

    El autor relata que la mujer cazaba pajaritos con su rifle y los hijos –pequeños, en ese entonces- los deshuesaban, para almorzarlos con polenta. Cuando llegó el momento de pensar en el futuro de su , hizo que los hijos mayores –una hija y el autor de la biografía- estudiaran para poder continuar con el emprendimiento paterno. A partir de ese momento, comenzó a viajar periódicamente a Fasano, donde, ya viudo, pasaba temporadas con su hermana, a quien no había visto durante décadas. Bianchi encontró la muerte en una ruta de su pueblo, en 1968. El autor relata - basándose en una importante investigación y en la colaboración prestada por aquellos a quienes agradece- cómo el inmigrante llegó, desde la orfandad que signó su infancia, hasta la posición social y económica que se forjó en la Argentina. Este libro narra la historia de un inmigrante exitoso que, sin embargo, nunca dejó de sentir nostalgia por su tierra.

    Deja Italia el matrimonio Vairoleto con su primogénito, porque "en aquella región las posibilidades de prosperar eran muy escasas para los aldeanos pobres, y Vittorio concibió el proyecto de ir a América. Algunos emigrantes, incluso un cura que había estado en la parroquia de la villa, escribían enviando noticias favorables desde la Argentina, un país donde hacía falta mano de obra y eran bienvenidos los labriegos italianos para poblar las colonias agrícolas. Ilusionados por esas perspectivas, Vittorio y Teresa se dispusieron a marchar al nuevo continente con su bebé recién nacido" (2).

    Notas

    1. Bianchi, Alcides J. Valentìn, el inmigrante. Santiago de Chile, ediciòn del autor, 1987.
    2. Chumbita, Hugo: Ultima frontera. Vairoleto: Vida y leyenda de un bandolero. Buenos Aires, Planeta, 1999.

    Polacos

    La historia que nunca les conté - El Libro de Gisela (Polonia 1943-1944), fue escrito por Mariano Fiszman y Roberto Raschella. "El protagonista de este relato –afirma Rubén Chababo- es Gisela Gleis, una joven judía de nacionalidad polaca, habitante de Stanislawow, un pequeño poblado, quien durante los años de la ocupación alemana se refugia junto a una treintena de personas de su pueblo natal en un sótano. Durante casi dos años, esperando el fin de la guerra y el cese de la ocupación, este grupo resiste la más absoluta de las adversidades.

    La posibilidad de ese refugio les es brindada por un hombre, vecino del lugar, de religión católica, llamado Staszek, quien ante la evidencia de la deportación y el asesinato masivo de miles de judíos llevada adelante por la Gestapo, decide arriesgar su vida para que ese puñado de perseguidos se salve de una muerte segura. Una vez terminada la guerra Gisela Gleis emigra a la Argentina junto a su marido Max, también habitante del sótano, y es en nuestro país donde viven y mueren ya ancianos, él en 1990 y ella en 2001. Los escritores Roberto Raschella y Mariano Fiszman fueron tras la voz de Gisela y durante tres años la entrevistaron en su casa del barrio de Flores, tratando de obtener la mayor información posible para que esta historia no fuera olvidada" (1).

    Notas

    1. Chababo, Rubén: "La dimensión única del milagro de una vida", en La Capital, Rosario, 14 de agosto de 2005.

    Rumanos

    El rumano Julius Popper es el protagonista de Popper. La Patagonia del Oro, biografía escrita por Daniel Ares (1).

    "Dueño de una de las mayores leyendas de la Patagonia austral, Popper fue un emperador en potencia que sedujo a los popes de la Generación del 80, en Buenos Aires para introducir la fiebre del oro en Tierra del Fuego, donde fundó una ciudadela, acuñó una estampilla y una moneda propia. También manejó su propio ejército y una comisaría. El Páramo, donde funcionó la "cosechadora" fue, bajo sus dominios, el sitio más poblado de la isla lo que derivó en un enfrentamiento con el gobernador Féliz Paz. Murió, se cree, envenenado por sus enemigos poderosos cuando, a los 35 años, diseñaba un plan para conquistar el Polo Sur y ampliar así sus dominios".

    " ‘Se le doblaron las piernas y al caer quiso aferrarse a la cómoda junto a la cama, pero eran tantas las camas y las cómodas que veía –y tan poca su suerte- que se agarró a la que no era, manoteó la nada (otra ilusión que no lo quiso), y muy dentro de sí –como de lejos, muy lejos-, oyó el golpe seco de sus rodillas contra el piso y se fue de boca hacia la muerte suspendido en la eternidad de aquel instante que no duró un segundo y fue infinito en su segundo’. Así ficcionó el periodista y escritor Daniel Ares la medianoche del 5 de junio de 1893, hace 110 años, en la que el genial rumano Iulius Popper encontró la muerte posiblemente envenenado por sus enemigos, en el cuarto de un hotel porteño de la calle Tucumán al 300, cuando tenía unos trajinados 35 años de edad" (2).

    Notas

    1. Ares, Daniel: Popper. La Patagonia del Oro. Buenos Aires, Alfaguara.
    2. S/F: "A 110 AÑOS DE LA MUERTE DEL RUMANO SE DESCONOCE DÓNDE ESTÁN SUS RESTOS Julio Popper, el primer desaparecido", en Tiempo Fueguino, Ushuaia, 8 junio de 2003.

    Ucranianos

    Graciela Mochkofsky es la autora de Timerman. El periodista que quiso ser parte del poder (1923-1999) (2).

    Las biografías son testimonios de los que nos valemos cuando queremos conocer la historia de la inmigración en nuestro país. En ellas, encontramos la evocación de vidas llenas de coraje y nostalgia.

    Comentarios bibliográficos

    Armenios

    MORIR EN MARASH, por Eduardo Bedrossian. Buenos Aires, Edición del autor, 2004. 448 pp.

    A ochenta y nueve años del genocidio armenio, el autor dedica su obra "A los armenios de Marash. Al millón y medio de niños, mujeres y hombres masacrados en el primer genocidio del siglo XX. A sus descendientes, a sus familias. A la Nación Argentina y a todos los países que los acogieron con generosidad. A cada hombre y a cada mujer que lucha honestamente para sobrevivir en un mundo envilecido por los poderosos de turno". "La llamada ‘guerra de Marash’ – señala Bedrossian, en el Prefacio- es más una expresión evocativa que una realidad bélica. Es otra estación del calvario de los pueblos sometidos al yugo otomano.

    Entre 1820 y 1890 fueron asesinados más de 90.000 armenios, griegos y búlgaros; trescientos mil armenios son aniquilados entre 1894 y 1896. También los árabes y asirios tuvieron sus mártires. La ‘guerra de Marash’ no fue una guerra. Si una parte queda diezmada y la otra carece prácticamente de bajas, la palabra guerra pierde su contenido y es lícito reemplazarla por otra más realista: matanza. De eso trata este libro. De un pueblo acorralado, de cara a la muerte, que ha sufrido el despotismo de los sultanes, luego el genocidio a manos de los ‘Jóvenes Turcos’, y finalmente hasta 1923 la culminación con Mustafá Kemal, cuando casi no quedan armenios por esas tierras".

    En el Prólogo a la obra, el embajador Leandro Despouy, Relator Especial de Derechos Humanos y Discapacidad en las Naciones Unidas, escribe: "Marash tiene especial significación para el autor: es el pueblo natal de su madre. Su padre fue arrojado a una fosa común dándoselo por muerto. Los Bedrossian, como sobrevivientes del horror, llegaron a la Argentina donde su hijo Eduardo nació y creció con el recuerdo de la tragedia que ellos habían dejado atrás. La escritura de este compatriota le da sentido al sufrimiento de su progenie. En los umbrales del siglo XXI y frente a nuevos delitos de lesa humanidad, el presente trabajo es de lectura indispensable para preservar la memoria, involucrarse con la historia y censurar sin reservas todo acto que violente la condición humana".

    La historia se inicia en el pueblo armenio, el martes 30 de septiembre de 1919, cuando Elmast (abuela del autor) despierta a su esposo Shadarev, pues ha tenido lo que ella considera un sueño premonitorio, y lo insta a salir del lugar. El hombre sostiene que los temores de la mujer son infundados, pues han pasado ya los malos tiempos, y nada hace presagiar que vuelvan los años de las torturas y las muertes, del dolor y el llanto. No obstante, la duda se ha instalado en su ánimo.

    La mujer no se equivocaba. Una vez más, los armenios son víctimas de los crímenes más feroces, del sadismo más terrible. Bedrossian da testimonio de esta crueldad, pero destaca que no fue un ataque del islam hacia el cristianismo, y afirma que, así como muchos turcos fueron sanguinarios, otros sufrieron la destitución de sus cargos por oponerse a cumplir órdenes. Exalta, asimismo, el heroísmo de los misioneros, quienes pusieron en riesgo sus vidas para parlamentar con los turcos. "Los hechos relatados son auténticos –manifiesta-, los actores deben resignarse al guión no elegido, son arrastrados irresistiblemente a la insospechada tragedia común que los envuelve. Vienen a nuestro encuentro con el temible lenguaje de la verdad. La acción transcurre a través de los ojos y la piel de sus protagonistas. Sus nombres son reales. Carecen de maquillaje, visten con la ropa del hombre de la calle. Llegan a nuestro encuentro sin libretos aprendidos de memoria, con sus defectos y virtudes, grandezas y miserias. En pocas ocasiones, la titularidad de los acontecimientos pertenece a otro hermano de infortunio. Cuando suben al escenario cada uno se convierte en un personaje. No son las criaturas del autor, en realidad es el autor la criatura que ellos han dado a luz tras penosos dolores de parto. Sólo pretenden que se escuche su voz y se respeten sus silencios".

    Hay escenas de gran dramatismo, como aquella en la que describe el éxodo hacia Adaná, con un frío intenso. A poco de empezar a caminar, los pies se congelan; la ropa, empapada, impide la marcha. Los más débiles se quedan a la vera del camino; sus familiares no pueden hacer más que santiguarse. A muchos, ni siquiera pueden cerrarles los ojos, pues tienen los párpados congelados: "El camino a Adaná se va convirtiendo en un sendero señalizado por cadáveres en posiciones desordenadas, como estatuas caídas. Acostados. Sentados, apoyados contra un árbol, se trata de una última colaboración hacia los rezagados, para que no pierdan el camino. No existen vías como las de un tren. Desde lejos se los podrá confundir con las ramas secas de un viejo árbol. Algunos están sentados juntos con las bocas abiertas como si hablaran en voz baja, en un lenguaje secreto, para que no escuchen los que siguen. Hay cuerpos abrazados, parecen estar unidos en oración, con copos de nieve en la barba de los hombres o en el cabello de las mujeres, como un pegajoso maná caído del cielo. Si fuera por ese vestido de nieve se diría que están descansando. Un extraño no sospechará si se trata de una huída o de una escena familiar. Nadie se atreve a quitarles el abrigo ya innecesario que forma un conjunto inseparable con cada cuerpo, como fantasmas decorados de blanco por la nieve y de violeta por el frío". Los incendios de templos llenos de refugiados, las violaciones a adolescentes y mujeres, a menudo delante de la propia familia, son denunciadas por este estudioso que se propuso "no olvidar", como lo dice el título de una de sus novelas.

    Los Bedrossian y los Boulgourdjian son sólo algunos de los muchos armenios que evoca el autor, y que encontraron paz en estas tierras. De esas familias, acosadas por el dolor, la miseria y la impunidad, han salido hijos que estudiaron, que hicieron brillantes carreras, y demostraron a sus padres que, después de todo, la vida tenía sentido. Al igual que en obras anteriores, las costumbres, las comidas, los relatos y los refranes son reflejados en esta obra que nos ilustra detalladamente acerca de la vida cotidiana de una comunidad en la paz, y también en la guerra.

    Eduardo Bedrossian es Doctor en Medicina y Licenciado en Desarrollo Educativo. Ha escrito anteriormente Pilato (novela, 1968), Hayrig Detrás del silencio de un millón y medio de voces, (novela, 1991), Hayrig II (ensayo, 1995), Memorias para no olvidar (novela, 1998), Después de Hora (Narrativa, 2000). A la seriedad con que se ha documentado, se le suma un diestro manejo del idioma; ambos nos hacen admirar el talento de este escritor, que tanto hace por difundir la historia de los suyos. Completan el volumen la bibliografía consultada, el apéndice –que incluye información sumamente actualizada- y el plano de época de la ciudad de Marash, preparado por el arquitecto Alejandro Bedrossian.

    Croatas

    EL ANGEL DEL CAPITAN Biografía del capitán croata Miro Kovacic, por Chuny Anzorreguy. Buenos Aires, Corregidor, 1996.

    Chuny Anzorreguy escribió El ángel del capitán (1) -su tercer libro-, en el que narra la "historia real del capitán croata Miro Kovacic, en un periplo militar heroico y en su lucha por afirmar su nacionalidad. El amor a la patria revela aquí muchas claves del laberinto balcánico y aclara situaciones que afectan al orden mundial, todo en la versión personalísima de un hombre fuera de lo común", emigrado a la Argentina a mediados del siglo pasado.

    Sobre esta obra y las que le precedieron, escribió Eduardo Gudiño Kieffer: "En sus libros anteriores –dos novelas apasionantes- Chuny Anzorreguy supo conjugar muy bien las técnicas narrativas con la imaginación y la realidad, por evasiva que ésta sea. Se reveló como una mujer sensible y observadora, capaz de desplegar el don poético sin cortar las alas del ‘angel’ de la gracia. Hace volar aquí a otro ángel –el del capitán-, en el género biográfico, que no había abordado hasta ahora. Y lo hace con una disciplina admirable, ajustándose a circunstancias que no son las de ella y que al mismo tiempo lo son: siempre el autor se convierte en personaje, así como el personaje ‘es’, de algún modo, parte del autor" (2).

    La escritora presenta la biografía como un relato narrado por el propio capitán. Varios propósitos llevan al protagonista a contar su historia. Primeramente afirma: "tengo la ilusión de que en el futuro, quizás cuando yo ya no esté, mis nietos, o alguno de ellos, o ¿por qué no?, los nietos de otros abuelos puedan encontrar en estas páginas la respuesta que no encuentran ante alguna nueva situación que se les presente que los llene de dudas. Porque las respuestas siempre son las mismas, universales y eternas, aunque el tiempo pase y las épocas cambien".

    "Además –continúa-, me he encontrado más de una vez con descendientes de croatas que no conocen la historia de nuestro pueblo, de sus raíces. Que no saben nada de su espíritu, de su idiosincrasia, de sus costumbres, de su esencia, de su fervor, de su lucha, de todo aquello que fue gestando su ser. Porque cada persona es quien es por su nacimiento, por su educación, por las circunstancias que le tocaron vivir, y por toda la historia genética y ancestral que lleva en sí como una mochila interior de la que no se puede despegar, a la que no puede olvidar en ningún lado y seguir viaje""

    "Por otra parte -agrega-, "Pretendo que sea un canto a la esperanza, a la fuerza dedicada a la defensa de los principios, a la fe, a la firmeza en las decisiones, a la pasión, a la lealtad y ante todo y sobre todo, al amor". Y desea "también que este libro sea un homenaje a mi ángel, a su ángel y a todos los ángeles del cielo y de la tierra que están encerrados en cada niño y en cada ser que sufre hambre, que sufre por las guerras que necesitan hacer ciertos hombres para sobrevivir. Fueran aquellos (los niños y los seres) del color que fueren y vivan en el lugar que vivan".

    Kovacic, nacido en 1914, evoca con nostalgia su niñez: "Vivíamos entonces en un departamento alquilado de tres ambientes en un edificio interior de la calle principal de Zagreb, (antes lo habíamos hecho en la ciudad de Pula, de donde era oriunda mi madre). La calle se llamaba Illica... Veintidós o treinta y dos, segundo piso. Es notable cómo uno puede recordar si se esfuerza un poco cosas que pasaron en un pasado tan remoto. Aunque, por supuesto, de esta época sólo pequeños momentos han quedado guardados en mi memoria".

    En 1921, dejan el centro de la ciudad y se mudan "a un departamento muy amplio situado en el Complejo de la Central Eléctrica. Era un predio cerrado, con grandes extensiones verdes a su alrededor, y canchas para practicar todos los deportes. La usina está situada en los suburbios. Pero estos no quedaban muy lejos del centro. En realidad, Zagreb era entonces una ciudad pequeña, creo que no tenía más de 150.000 habitantes. Todo quedaba más o menos cerca. Por otra parte los tranvías, y más tarde los autobuses, funcionaban bien y uno se trasladaba fácilmente de un lugar a otro. Pero de todas maneras nuestro mejor medio de locomoción eran las piernas. ¡Y las usábamos! ¡Vaya si las usábamos!".

    Allí podían "correr a campo abierto, hacer deportes, respirar aire puro y treparse a los árboles como nadie. Esta es una gran práctica para el futuro: uno aprende a mirar el mundo y a los problemas desde la copa, desde lo alto. Desde allí todo se ve más pequeño, como ajeno, y por lo tanto más claro. Comíamos las verduras de nuestra propia huerta, privilegio que más bien era a menudo una tortura. Por ejemplo cuando debíamos o debíamos, (allí no había facultad de elección), comer los guisos de hortalizas hechos por nuestra madre, so pena de recibir sonoras bofetadas. Pobre mamá, los haría con mucho amor, seguramente, pero eran espantosos. Siento aún en el paladar el choque con los pastos de uno y otro tipo que teníamos que tragarnos y recuerdo... La huerta... los árboles frutales... Puedo memorizarlos con exactitud: tres durazneros, dos perales, uno de ciruelas grandes y un enorme y viejo nogal. Las peras eran malas, pero las ciruelas... mmmm... exquisitas".

    Agradece la educación que le dio su madre: "En el andar de los años no hay dudas de que me ayudó mucho aquella formación libre, sin ataduras, sin sobreprotección, como un pájaro de largas alas. Aquel correr por las praderas de Croacia me dio además este amor por mi tierra, esta sensación de tener allí clavadas y enterradas profundamente mis raíces, aunque mi alma, mi corazón y mis sentimientos hayan aprendido a vagar por estos lares".

    Padeció la guerra en su país de origen, ya desde pequeño. "Cierro los ojos y trato de llegar a mis primeros recuerdos –dice el protagonista. Domina la escena el rostro de mi madre porque eran tiempos de guerra, y papá, oficial de la Marina, sólo vino en aquel entonces dos o tres veces a vernos: Era un hombre de fuerte contextura física, tanta que cuando ocurrió el hundimiento del crucero A-Uro ‘Szent Isztvan’ en el año 1917, en las aguas del mar Adriático, fue uno de los pocos sobrevivientes que llegó sano y salvo hasta la costa. Había nadado durante cuatro horas".

    Reflexiona sobre la situación de su madre, sola con los hijos: "Ahora pienso que debió sentirse sola muchas veces en esos tiempos esa mujer que entonces nos parecía omnipotente. Habrá sido difícil para ella seguramente dirigir la familia en aquellos días de peligro y de incertidumbre, pero no nos lo hizo sentir. Aunque trate, no recuerdo haberla visto con aspecto de vencida o de agotada, o simplemente derramando alguna lágrima".

    Años después, a él le toca luchar. Así recuerda el efecto de la contienda en los espíritus: "Se descubren tantas cosas en este otro mundo. El de los muertos vivientes. Descubrí que el ser humano tiene una capacidad de sufrimiento sorprendente y se adapta a las situaciones más difíciles. Es más. En esos momentos en los cuales la vida no vale una moneda (mucho menos que un cigarrillo), se dan situaciones en las que se puede notar una clara certeza de la existencia del otro a nuestro lado y un ‘darse’ a él que asombra a quien se ha acostumbrado a ver el lobo del hombre comiendo al contrario, o al mundo, y aún comiéndose a sí mismo. Es notable ver cómo alguien puede pasar de un acto de crueldad extrema a otro de la más sublime bondad en el mismo día. Cada uno lleva dentro de sí ángeles y monstruos. Esa es la lucha constante con la que debemos cargar. Bicho diffícil e impenetrable el ser humano. He visto a compañeros jugar su pellejo por salvar al amigo, he visto a soldados alzar, sacando fuerzas de donde no tenían, a otro que caía exhausto y llevarlo a la rastra o sobre los hombros bajo el juego enemigo. Jugarse la vida por uno o arrebatársela a otro sin piedad. El lobo y el cordero unidos en un saco irreversible que puede resultar inexplicable para quien no lo ha visto con sus propios ojos. El horror crea una liaison irrompible que quizás pueda explicarse en aquella frase borgeana ‘no los une el amor sino el espanto’ ".

    Dos opciones se presentan ante él: "Al comenzar nuevamente mi rutina de todos los días, comencé a averiguar los trámites necesarios para emigrar a Canadá o a Estados Unidos, pero me encontré con que conseguir el aval para entrar a USA era más que complicado. Creo que era un filtro que usaban para no dejar entrar a gente comprometida política o militarmente. Para entrar a Canadá, en cambio, no había filtros. Se trataba de un país muy extenso, que necesitaba inmigración, pero sin embargo, los trámites eran muy complicados. Además todos ellos debían hacerse en Roma donde estos países tenían sus consulados. Es verdad que había gestores que llevaban a cabo y cumplimentaban todo el papeleo, gente con muchos contactos en las embajadas y muy importante en estos casos, pero para todo era necesaria la visa, el papel mágico, el abracadabra que abría puertas y yo no la tenía".

    Un amigo le sugiere dirigirse al Instituto Croata de Cirilo y Método. Allí se entera de que "Un país sudamericano había puesto a disposición del Instituto diez mil visas para los croatas que las necesitaran. No a los largos trámites. No a las profundas investigaciones. No al interminable papelerío". La esposa le dice que no conoce nada sobre la Argentina. Miro le contesta: "Yo tampoco, pero dentro de poco la vamos a conocer como si hubiéramos nacido allí. Hay que juntar toda la bibliografía que exista sobre ella en Trieste. Va a ser nuestro hogar, nuestro refugio".

    Años después, al recordar aquellos momentos, escribe: "Nunca imaginé que fuera cierto lo que estaba diciendo con más optimismo que conocimientos. Aquella frase fue premonitoria". Cuanto más se informan, más se entusiasman: "A poco que empezamos a averiguar nos enteramos de que se trataba de un país inmenso y con un gran potencial económico. Uno de los pocos en el mundo en aquel momento. Pensé que era nuestra oportunidad. Una nación rica y donde todo se estaba por hacer. ¿Qué más quería yo? Tenía dos manos fuertes y la decisión inquebrantable de salir adelante, de escapar de aquella Europa. Vieja dama que se empeñaba en ahogarme, en encerrarme y asfixiarme impidiéndome la salida al éxito. A la verdadera liberación".

    . A fines del 47, en Trieste, se completa el viaje iniciado mucho antes: "Subimos al tren Nada, Mía y yo. Nos internábamos en la oscuridad absoluta buscando al Sol". Luego, la travesía marítima: "El viaje en barco fue agradable. Sabíamos que el país al cual nos dirigíamos era próspero y rico y teníamos mucha fe en nosotros mismos".

    Aún en América, en muchos inmigrantes el miedo persiste. El capitán recuerda que, cuando desembarcaron, había "un fotógrafo que se ofrecía a sacar fotos a las familias. Más de uno huía cuando lo veían aparecer porque en su gran mayoría los pasajeros no querían precisamente hacer pública su llegada, ni que su cara quedara fijada para siempre en un papel que podría ser utilizado por alguien más adelante. Todos veníamos con la intención de iniciar una nueva vida. Habíamos sufrido demasiado. Estuviéramos del lado que estuviéramos. De la guerra ningún ser humano sale indemne"

    A pesar del optimismo, el primer tiempo "fue difícil. Sin amigos, sin nada en el bolsillo. Otra vez recomenzar. Lo había hecho antes. También al llegar a Trieste tuve la misma sensación, la de ser sólo la corteza de un ser humano que debía armar todo, tomar el pico y la pala y empezar a construir. Trabajo, la pertenencia a un grupo, una casa... Por dónde empezar. Una sensación de ardor cerca del corazón me decía que por primera vez sentía miedo. Sí. Debía ser miedo esa especie de dolor".

    Al llegar a Buenos Aires, encuentran un hospedaje que fue providencial para generaciones de emigrantes: "Fuimos a vivir al Hotel de Inmigrantes. Dejamos allí nuestros petates. Unos bolsos, un baúl..., y salimos a caminar. Como en Trieste. Pero la sensación era diferente. Caminábamos con alas en los pies. Y hablábamos sin parar, señalándonos todo aquello que nos llamaba la atención. Esta ciudad no nos parecía hostil ni agresiva. Desconocida sí. Pero sin perfume de peligro".

    Elena Duplancic explica el por qué de la presencia de exiliados como Kovacic: "Argentina abrió la inmigración en forma menos restrictiva. De modo que la gran mayoría de los exiliados croatas de la segunda guerra mundial se dirigieron a Buenos Aires. Allí eran recibidos en el famoso Hotel de Inmigrantes en la zona del puerto y pronto lograban insertarse en la sociedad huésped". No eran inmigrantes, ni venían por las mismas razones: "Este grupo de exiliados se caracterizó por ser, en general, de una preparación intelectual y profesional que pronto los distinguió de los descendientes de inmigrantes más antiguos ya asentados en la Argentina a comienzos de siglo, por razones económicas. Las razones de su exilio los reunieron en actividades relacionadas con lo religioso, lo político y lo cultural" (3)

    Se daban cuenta de que, sin saber castellano, no podrían trabajar. "Primero debíamos aprender el idioma. Habiendo ya aprendido más o menos el italiano, la cosa se nos iba a hacer más fácil. Así fue. En poco tiempo podía comunicarme en un castellano bastante pasable"

    Lo siguiente era conseguir un departamento. Cuando lo hallan, el capitán dice al propietario italiano, que le solicita un garante del alquiler: "Escúcheme. Acabamos de llegar de Europa. No conozco a nadie. No tengo nada. Nada más que mi honor, que para mí es mucho. Usted alquíleme el departamento y yo le aseguro que a fin de mes va a recibir el pago, aunque tenga que matarme para conseguirlo. Crea en mí".

    El protagonista recuerda sus impresiones de aquellos días: "Lo que más nos llamaba la atención en la Argentina era la abundancia. Todo era excesivo. Mirábamos comer a la gente en los restaurantes. No lo podíamos creer. Esos bifes enormes. Este país, para alguien que venía de la guerra, era... ¡un parque de diversiones!".

    El militar con estudios universitarios de economía y su esposa, graduada en pedagogía, trabajaron de lo que pudieron, y compartieron con una pareja amiga un departamento de tres ambientes: "Trabajé. Trabajamos sin descanso. Mi mujer de costurera. Yo hice varias cosas. Siempre un paso arriba del otro. Fui subiendo escalón tras escalón. (...) Nos divertíamos. Eramos tan jóvenes. Teníamos tantas ansias de vivir y pasarla bien... Por supuesto, era una vida de bohemia, con mucho espíritu y poca plata. Linda. Muy linda".

    Con el tiempo, la situación mejora: "Fueron naciendo los hijos. Primero Danimiro, después Vesna. Mía fue una madrecita para ellos, que la adoraban. Y tuve, como en nuestros mejores sueños, mi propia . Que llegó a ser importante. Hoy la dirige mi hijo mayor. Puedo decir que triunfé. Aleluya".

    Sin embargo, en su ancianidad, recuerda los platos navideños, los "que, sobre todo, tienen para mí gusto a infancia, a un pasado remoto que, a pesar de todos los horrores vividos, de todas las cosas que me han ido pasando en estos largos años, mantengo intacto en mi mente". Evoca asimismo las canciones: "En el silencio de la noche hoy, acá, en mi casa de la Argentina, junto a Nada, muchos, muchos años después, las escucho nuevamente. Son voces que vienen desde muy lejos, atravesando la barrera de los tiempos".

    El pensamiento final es, una vez más, para su tierra: "Este cuento ha terminado. Pero no la historia de Croacia. Espero irme de este mundo después de ver a mi tierra viviendo en paz, definitivamente. Amén".

    El libro de Anzorreguy, minuciosa y profusamente documentado, nos permite conocer a una personalidad relevante, y a un pueblo que brindó su aporte al "mosaico de colectividades" que es hoy la Argentina.

    Notas

    1. Anzorreguy, Chuny: El angel del capitán. Biografía del capitán croata Miro Kovacic. Buenos Aires, Corregidor, 1996.
    2. Gudiño Kieffer, Eduardo: en Anzorreguy, Chuny: El angel del capitán. Biografía del capitán croata Miro Kovacic. Buenos Aires, Corregidor, 1996.
    3. Duplancic de Elgueta, Elena: "Literatura de exilio como memoria cultural. El caso de los croatas en la Argentina", en Studia Croatica. Año 1998. N° 137.

    Españoles

    MAMA, por Jorge Fernández Díaz. Buenos Aires, Sudamericana.

    La vida de su madre es el tema que Jorge Fernández Díaz eligió para su libro. Mamá (18) cuenta la historia de una asturiana de quince años que, en 1947, viaja hacia América. Aquí la esperan sus tíos, con los que vivirá haciendo las veces de hija adoptiva y criada. Luego vendrá la discriminación en la escuela, el honor de llevar la bandera a pesar de todo, el trabajo, el casamiento con otro asturiano, los hijos, los nietos, y las reuniones con las amigas españolas en un patio de comidas porteño. También llegará la tristeza de ver partir a una paisana de vuelta a España, y comprobar que esa mujer -así como de joven sintió nostalgia de la tierra que dejaba-, a los setenta y dos años, siente nostalgia de la Argentina.

    La narración, estructurada en capítulos con nombres de los personajes, surge del reportaje que Jorge Fernández Díaz, director de la revista Noticias, efectuó a su madre durante más de cincuenta horas; "Comencé a garabatear frases e ideas sobre su azarosa biografía en un cuaderno Rivadavia de tapa dura cuando me contó que hacía lagrimear a su psiquiatra", escribe el hijo.

    Ese dolor de la inmigrante, y su fe en el futuro, que la hizo salir adelante en un mundo en el que poco apoyo tenía, son homenajeados por Fernández Díaz en una obra que nos hace sentir admiración por esta mujer que logró tanto contando sólo con su tenacidad.

    LUNAS ELÉCTRICAS PARA LAS NOCHES SIN LUNA, por Belén Gache. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. 160 pp. (Narrativas).

    Belén Gache publicó las novelas Luna india (1994) y Divina anarquía (1999); los poemas El libro del fin del mundo (2002), y los ensayos Escrituras nómades (2004), El lado invisible de las cosas (Casa de América de Madrid, 1999) y El ser escrito: lenguajes y escrituras en la obra de Xul Solar (Museo Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 2002). Es directora del Area de Literatura Experimental del Laboratorio Limbo (Museo de Arte Moderno de Buenos Aires) y coeditora de los Cuadernos del Limbo. Es licenciada en Historia del Arte y Magister en Análisis del Discurso (Universidad de Buenos Aires).

    Angela, una adolescente de dieciséis años, desciende de españoles. "En 1890 mis abuelos llegaron a ese puerto, provenientes también de Sevilla –relata-. Junto con ellos traían a sus dos jóvenes hijas, que se habían pasado todo el viaje encerradas en sus camarotes vomitando. Venían a Buenos Aires porque mi abuelo, que trabajaba en el Banco de España, había sido transferido a esta sucursal del fin del mundo". Ella es la protagonista de esta magnífica novela.

    A través de sus ojos, asombrados e intensos, vemos la Buenos Aires que se prepara para los festejos del Centenario. Una Buenos Aires cosmopolita, que evidencia un marcado rechazo hacia los extranjeros, quienes son vistos como una fuerza nociva que es necesario devolver a su tierra de origen. La visita de la Infanta exacerbará los sentimientos patrióticos de los hispanos afincados en la Argentina, y los sentimientos xenófobos de quienes se agrupan en la misteriosa Brigada del Ñandú. En una de sus recorridas por la ciudad, la narradora descubre un plan para asesinar a la Infanta y logra impedir que el mismo se lleve a cabo, actuando en el momento preciso. Esta trama detectivesca da lugar a que Gache presente una ciudad rica en contrastes, en la que el progreso se evidencia constantemente.

    La protagonista, con esa aguda visión que la caracteriza, con su conocimiento de lo cotidiano y de lo histórico, con sus afanes de escritora, es la voz ideal para recrearla.

    AMOR MIGRANTE, por Stella Maris Latorre. Buenos Aires, De los Cuatro Vientos Editorial, 2004. 93 páginas.

    Stella Maris Latorre nació en Gualeguaychú, Entre Ríos. Es novelista, poeta y comunicadora social. Directora fundadora del centro cultural Rosalía de Castro. Organizadora de eventos culturales, creadora del café literario ‘Poesía con aroma a café’. Forma parte del grupo literario ‘Calíope’ y participa en la revista ‘Noticias de la musa’. También en OPYC. Ha realizado cursos de capacitación del INADI. Trabajadora incansable por la unión de los pueblos. Conductora del programa de TV, autora del proyecto televisivo ‘Latinoamérica se expresa así’. Ha recibido muchos premios: Poesía Jorge Luis Borges; Poesía y cuento ‘Río de palabras’; del Centro Chileno Bernardo O’Higgins, del CONADEPA, de Solidaridad Social de la OMS 1999. Su novela Celeste Morena, una historia de Amor Diferente, fue premiada en 2001 en España, lugar donde reside actualmente. Es autora de El regreso de Eva, Río de Palabras y La Felicidad de Amar.

    En la obra que nos ocupa, Latorre cuenta la historia de una joven de dieciséis años que ve partir a su amado hacia América, adonde dirige sus pasos agobiado por la miseria y la guerra. Ella, sin decírselo, da a luz un hijo del emigrante, al que crían en Galicia como si fuera un hermano de la adolescente. Pasan muchos años. Cada uno de los integrantes de esa pareja rehace su vida, pero ninguno puede volver a sentir el amor que sintiera tiempo atrás. Luego de la muerte de su mujer y su hija, el indiano vuelve a la aldea a buscar a su prometida de la juventud. Allí, se da cuenta de que tiene un hijo, que ignora su verdadera identidad. Los sucesos que se desencadenan a partir de ese momento, hacen que el indiano vuelva a Buenos Aires, perdiendo definitivamente la posibilidad de formar una familia. Culpas, rencores, vilezas, desencuentros, amores no correspondidos y amores que el paso del tiempo no logra vencer, son los ingredientes de esta novela impactante, que tiene el sabor de aquello que se escribe desde la sangre. En un pueblo sufriente, que se queda sin hombres, un pueblo de huérfanos, brillan las mujeres gallegas, que fueron "viudas de los vivos", que debieron soportar la soledad por la partida de sus maridos, y la vergüenza por haber amado a hombres que sabían compartidos. Ellas son las heroínas de estas páginas, en las que campea un sentimiento de homenaje y comprensiva emoción.

    LAS LIBRES DEL SUR. UNA NOVELA SOBRE VICTORIA OCAMPO, por María Rosa Lojo. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. 264 pp.

    María Rosa Lojo nació en Buenos Aires en 1954. Se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires y es poeta, narradora y ensayista. Obtuvo, entre otros, el Premio del Fondo Nacional de las Artes en cuento (1985), y en novela (1986), el Primer Premio de Poesía ‘Dr. Alfredo Roggiano’ (1990) y el Primer Premio Municipal de Buenos Aires ‘Eduardo Mallea’, en narrativa (1996). En 1999 se le otorgó el Premio del Instituto Literario y Cultural Hispánico de California, por ‘su valioso aporte a la literatura hispanoamericana’. Además, ganó la Beca de Creación Artística de la Fundación Antorchas para ‘artistas sobresalientes que se hallan en los comienzos de su plenitud creativa’ (1991), y la Beca de Creación Artística del Fondo Nacional de las Artes en 1992. Es colaboradora permanente del suplemento literario de La Nación, de Buenos Aires.

    Dos tramas se enlazan en esta novela, en la figura de la inmigrante gallega Carmen Brey Moure, quien a poco de terminar sus estudios universitarios, viaja a la Argentina contratada para servir de intérprete a Rabindranath Tagore, invitado ilustre de Victoria Ocampo. A partir de este hecho, surgirá la narración que tiene como ejes la vida profesional de la joven, y su vida privada. La vida profesional le permite a la gallega ser testigo de la vida cultural de Buenos Aires, en la que se destaca la figura avasallante de Victoria Ocampo, que se vincula con Rabindranath Tagore, Ortega y Gasset, Keyserling, Drieu La Rochelle y Waldo Frank, entre otros. Es este último quien la anima a crear la revista Sur, concebida como una expresión de los americanos, "Una revista imprescindible. Que sea un puente entre las dos Américas. Que revele nuestro destino común, y también nuestras diferencias con respecto a Europa". En los años que transcurren desde la llegada de Brey hasta el final de la obra, la inmigrante se ve rodeada asimismo por escritores argentinos ilustres, a quienes Lojo vuelve personajes de ficción; María Rosa Oliver, Roberto Arlt, Borges y Marechal aparecen en estas páginas, actuando como la escritora, con su profundo conocimiento de estas personalidades, considera que deberían haberlo hecho.

    La vida privada tiene como motivo principal la búsqueda del hermano de Carmen, que huyó de Galicia varios años antes, sin dar explicaciones acerca de su repentino proceder. Acompañan a la joven en su investigación Borges y Marechal, a lo largo de un periplo en el que Carmen conoce a una niña, María Eva Duarte, que le habla de su pasión por ser actriz de cine. Ellos encuentran a Francisco Brey viviendo entre los indígenas, en una civilización muy distinta de aquella que el joven conociera allende el mar.

    El rol de la mujer en la sociedad es uno de los temas más importantes de la novela. El mismo surge, por ejemplo, cuando Carmen Brey se refiere a Victoria Ocampo y a sí misma. La rígida educación que se imponía a las mujeres porteñas de clase alta, que las lleva –ya adultas- a sacrificarse en aras de la felicidad de sus padres, es vista con compasión por la gallega, un espíritu libre que piensa que esas hijas son víctimas de los deseos de sus mayores. En comparación, el gallego Brey parece de avanzada, ya que permitió a su hija estudiar en Madrid, aunque ello supusiera una separación dolorosa. Es la misma Victoria quien se manifiesta impotente, en cierto aspecto, ya que a ella le ha sido negada la instrucción, por lo cual –considera- poco puede hacer en bien de la cultura argentina. Waldo Frank le demuestra lo errado de su convicción. Frente a las limitaciones de las mujeres de nuestro país, se yerguen las figuras de Victoria Ocampo, que superó prejuicios y fundó una revista emblemática, de María Rosa Oliver, que no se sintió aprisionada por su enfermedad, y de esta inmigrante, que supo abrirse camino, accedió una formación importante y, sin olvidar sus raíces, se integró a la nueva tierra, en la que encontró el amor y el tan ansiado sosiego.

    Las libres del Sur es una de esas novelas que se leen con placer, y con intriga, ya que María Rosa Lojo nos tiene en vilo a lo largo de las doscientas sesenta y cuatro páginas. Es también, una novela para meditar, para volver una y otra vez sobre los textos de personalidades incluidos en la misma, y sobre las propias reflexiones de la protagonista, tan lúcida y tan querible.

    FINISTERRE, por María Rosa Lojo. Sudamericana - Buenos Aires, 2005, 183 págs.

    María Rosa Lojo nació en Buenos Aires en 1954. En su extensa obra pueden destacarse los volúmenes de cuentos Historias ocultas en la Recoleta (2000) y Amores insólitos (2001), las novelas La pasión de los nómades (1994), La princesa federal (1998), Una mujer de fin de siglo (1999) y Las libres del Sur (2004), los poemarios Visiones (1984), Forma oculta del mundo (1991) y Esperan la mañana verde (1998), los ensayos La "barbarie" en la narrativa argentina (siglo XIX) (1994) y Sábato: en busca del original perdido (1997). Obtuvo el Primer Premio de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires (1984), el Premio del Fondo Nacional de las Artes en cuento (1985) y en novela (1986), el Primer Premio de Poesía ‘Dr. Alfredo Roggiano’ (1990), el Primer Premio Municipal de Buenos Aires ‘Eduardo Mallea’, en novela y cuento (1996). Recibió varios reconocimientos a la trayectoria: el Premio Internacional del Instituto Literario y Cultural Hispánico de California (1999), el Prermio Konex a las Letras 1994-2003 y el Premio nacional Esteban Echeverría (2004) por su obra narrativa. Se doctoró en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires. Es investigadora del CONICET y profesora del doctorado en la Universidad del Salvador. Colabora permanentemente en el suplemento literario de La Nación.

    En esta novela -que será traducida al gallego y editada en Galicia como Fisterra-, la escritora cuenta la historia de dos personajes vinculados entre sí por un pasado oculto, que la mayor develará a la más joven. Una, nacida en Galicia, es hija de un irlandés y una gallega; la otra, nacida en nuestro país, de un inglés y una indígena argentina. Desde Finisterre -localidad de La Coruña, provincia de la que emigraron el padre de la novelista y un abuelo de quien esto escribe- la mujer que regresó a España envía a la joven numerosas cartas. A través de esas cartas, un mundo lejano y hostil se despliega ante el lector. Un mismo mundo, sea en Europa o en América.

    La misma incomprensión, la misma falta de solidaridad caracterizan a ambos ámbitos, en los que estas mujeres han debido luchar por su verdad. A una la atacó la violencia con la que respondían quienes eran agredidos; a la otra, la violencia silenciosa de un padre que quiere acallar todo origen. "Quizás su mutismo –pensaba Elizabeth- tuviera que ver con cuestiones de religión. Probablemente hubiera condescendido a casarse con ‘la española’, como la llamaba su tía, según el rito católico. Quizás hasta ella misma había sido bautizada conforme a la religión romana y él preferiría entonces que olvidara o desconociera esos trámites iniciales. Acaso por eso se habían ido de la República Argentina cuando ella apenas balbuceaba las primeras palabras, y había perdido (o negado) todo contacto con la familia de su madre".

    La respuesta de esas mujeres ante lo prohibido, ante lo escondido, será la misma: llegar hasta el fin, calar hondo hasta conocer la verdadera identidad, aquella que no tiene que ver con los mandatos sociales, sino con los deseos más genuinos. Alrededor de estos dos seres de ficción, se mueven personajes imaginados y otros reales. Entre estos últimos se destacan Oscar Wilde y Manuelita Rosas, quien le dice: "Así se ha hecho América. Mezclando y revolviendo sangres y cuerpos, entrelazando lenguas. No renuncie a nada. Quédese con sus dos herencias, aprenda de los unos y de los otros. Si su padre no quiso ver esto por torpeza y obcecación, véalo usted". Con prosa ágil, con imágenes de inusitada belleza, y con vastos conocimientos históricos acerca de una época sobre la que ha escrito reiteradamente, María Rosa Lojo logra una novela deslumbrante, que invita a leerla sin pausas, a vivir las vicisitudes de los personajes y confundirse con ellos, apreciando cuántas de sus reflexiones de 1875 tienen vigencia en este atribulado 2005.

    DE MIEL Y MILAGROS (Evocaciones sefardíes), por Matilde Bensignor. Buenos Aires, Editorial Milá, AMIA, 2004.

    Matilde Bensignor nació en Buenos Aires en el seno de una familia sefardí, pero, desde joven y, sintiéndose muy libre, se interesó por otras culturas. Estudió periodismo y sociología y como buena libriana, ama lo estético y lo bello. Fue redactora creativa y publicitaria, directora de comerciales para televisión, (en su , Centro de Producción Audiovisual), docente, Profesora de la Universidad del Salvador y productora de eventos y exposiciones culturales. En 1986, como Asesora de Comunicación del Centro Cultural Recoleta, incorporó al Centro un espacio abandonado y, después de equiparlo totalmente, lo inauguró con una serie de exposiciones tituladas "Las Nuevas tendencias", que le dieron, también, el nombre a la sala. Un tiempo después, fue bautizada como Sala Cronopios. "Las Nuevas tendencias", una expresión interdisciplinaria que respondía a tendencias socio culturales, presentó la vanguardia del arte, pintura, escultura, instalaciones, fotografía, teatro, danza, música, a cargo de artistas de gran renombre. "Las Nuevas Tendencias II" coincidieron con la Semana de la Crítica y contribuyeron a mostrar el arte de los argentinos a los más prestigiosos críticos del mundo. Entre ellos, Pierre Restany. Creó la agrupación, "Amigos del Centro Cultural Recoleta", hoy, la Fundación. Actualmente, es Asesora de Imagen y Comunicación. Incursionó en el teatro escribiendo, con Ricardo Halac, Judío o inocente; adaptó con Carlos Cutaia, Romeo y Julieta para Opera Rock y produjo la obra 9° B, protagonizada por Lía Jelin. A partir del 90 se vinculó con la Fundación del Hombre, de España y agregó a su vocación artística su compromiso social. Para dicha institución, realizó el "Monumento al No Pabellón", en la Expo ’92 de Sevilla. En 1995, fue nominada por la entidad española para crear la Fundación Americana del Hombre y, desde entonces, realiza acciones en pro de la tolerancia y la solidaridad. Después de residir unos años en Madrid, de vibrar con el lamento del cante jondo, de pasear por las callecitas del barrio sevillano de Santa Cruz, de emocionarse frente a los muros de la Sinagoga del Tránsito, en Toledo, y volver a saborear sus mazapanes, siente aflorar el recuerdo de sus ancestros. De regreso a la Argentina escribe De miel y milagros (Evocaciones Sefardíes) un libro que habla de la familia sefardí y reflexiona sobre los valores que hoy, todavía perduran en nuestra cultura judeo-cristiana". Auspician la edición la Embajada de Israel, la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí.

    Escribe Arnoldo Liberman, en el "Prólogo": "Matilde Bensignor nos ayuda a través de este entrañable poema existencial tradicionalista y gastronómico –que en esencia este original libro lo es- a desanudar entuertos y a conocer más en profundidad la enorme riqueza del mundo sefardí. En ella la lengua poética, la narración conmovedora, el recorrido biográfico y autobiográfico son predicados de un sujeto que nos enriquece con su proclama cotidiana y que nos demuestra, de manera palpable, que la lengua de los judíos españoles, esa que habla de miel y milagros, no es hija de una expulsión sino la reconciliación de la diferencia. (... ) Alcanzar al otro es estar diariamente cerca de sí mismo, cerca de ese pequeño fragmento de sí mismo que no miente, es decir, al lado del otro, es decir, aprendiendo a amar. De Miel y Milagros nos ayuda en esta hermosa empresa de hacer de la otredad un amigo cercano, y eso es tan valioso en Madrid como en Buenos Aires. Por eso, gracias Matilde, por este libro pleno de encanto y de noble memoria".

    En esta obra, la escritora homenajea a su madre y, con ella, a una tradición de la que es orgullosa heredera. La figura femenina es muy importante en la cultura sefaradí, y en la judía en general, al punto que, cuando Bensignor busca un punto de contacto entre sefaradíes y ashkenazis, ese punto de contacto es la mame, que protege y consuela. Junto a esa madre que debió dejar su tierra, la escritora evoca a sus hermanas y a sus hijas, y destaca la significación que tuvo en su vida cada una de ellas.

    A lo largo de estas evocaciones, se refiere a la condición de la mujer en la cultura sefaradí de principios de siglo XX, a sus ocupaciones y su respeto por el rol del marido. A nuestro criterio, no vive esa división de tareas como una discriminación, sino como un orden que contribuye a que la familia permanezca unida y los hijos crezcan felices. Las recetas que intercala frecuentemente, son evidencia de ese saber de las mujeres, que debe ser transmitido a los hijos y a los nietos, en España, en Turquía, o donde quiera que esté el pueblo sefardí. Canciones ladinas –anónimas y del compact Buena Semana, de Dina Rot- y plegarias –propias y tradicionales- incluidas en el volumen, completan este recorrido por un acervo milenario y riquísimo.

    Los hombres de la familia también son recordados en estas páginas: el padre, que muere a los cincuenta años, tal como se lo había vaticinado una gitana; el abuelo, cuyos restos descansan en el cementerio de La Habana; los jóvenes, algunos de los cuales cuestionan su vínculo con la religión sefaradí y, en ocasiones, optan por estrechar ese lazo, si sus padres no lo han hecho por ellos. Los capítulos referidos al Brit Milá y el Bar y Bat Mitzvá muestran el deseo de los mayores por iniciar a los pequeños en la religión profesada desde siempre, al tiempo que muestran la reticencia de algunas madres; surgen entonces consideraciones acerca de la libertad para elegir pertenecer a una comunidad.

    Las fechas religiosas tienen debida importancia en este libro: Rosh Hashaná, Iom Kipur, Pesaj, y el respeto por el Shabat son temas que Bensignor aborda desde el punto de vista del hondo contenido que tienen para quienes las observan, los preparativos y los manjares que se sirven. Se hace referencia al casamiento entre sefaradíes y ashkenazis, y entre judíos y no judíos, circunstancia que se ve empañada a veces por la intolerancia. Los funerales, en especial el del padre, muestran una faceta de un culto que, gracias a esta obra, podemos conocer con más detalle.

    Las persecuciones de que fueron víctima los judíos aparecen en estos recuerdos: la salida de Egipto, la Inquisición, los pogroms y la Shoá, son evocados junto a los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA. La diáspora es otro de los temas que aborda Bensignor: la Argentina, Cuba, Turquía, Israel, son vistos como refugio para estos seres que tienen como destino "cruzar los ríos", aunque episodios luctuosos los agobien también en la nueva tierra.

    Afirma Santiago Kovadloff: "La memoria no es memoria cuando se limita a recordar. La memoria es memoria cuando se encarna. La memoria es memoria cuando se responsabiliza por aquello que la sostiene. Este es el libro de una mujer con memoria. El pasado judío del que proviene es goce y es vivencia en la actualidad. Leer estas páginas es asistir a la emoción del reencuentro, a la alegría de contar con un porvenir".

    La inclusión de un "Glosario" hace que la lectura de la obra sea accesible a quienes no conocemos la lengua ladina, al tiempo que permite a Bensignor reflejar ese idioma en diálogos y canciones.

    El diseño de la portada es obra de Edgardo Giménez; la fotografía, de Gabriel Pérez, y el diseño gráfico, de Rubén Longas.





    Húngaros

    ... MIENTRAS LOS VIOLINES TOCABAN CSARDÁS UN VIAJE A HUNGRIA, por José Martín Weisz. Buenos Aires, Editorial Milá. 79 pp. (Imaginaria)

    El volumen que nos ocupa relata la historia de un viaje que el narrador realizó con su padre, en 1992. El padre del narrador, de ochenta y cuatro años cuando inicia la travesía, había emigrado en 1940 de Hungría, perseguido por su condición de judío. Dicha persecución se patentizó, en un primer momento, en la decisión del gobierno de dejarlo sin trabajo, a él y a tantos otros judíos que –a criterio del régimen imperante- sólo merecían integrar las de su tierra en un uno por ciento. Con documento falso, sale de Europa y se dirige hacia América: "consiguió un pasaporte falso a nombre de Alejandro Gross con una expresa mención del obispo de la zona que la religión profesada por el portador era la católica". Logra llegar a Italia, donde "en una desesperada búsqueda de algún medio para salir de Europa, consiguió finalmente una visa para Ecuador y un lugar en el Augustus que salía a la madrugada siguiente con ese destino. El lugar en ese barco le costó una buena parte de su dinero ya que, aún siendo reconocido como católico, no querían embarcar ciudadanos de países de Europa Central, por poner a la misma compañía marítima en actitud sospechosa".

    Inicialmente recalará en Ecuador, pero luego se establecerá en la Argentina, teniendo como destino, a lo largo de esos cincuenta y dos años, las ciudades de Córdoba, Rosario, Bahía Blanca y Buenos Aires. En esas localidades rehace su vida, se casa con una húngara judía y logra un bienestar que antes le había sido negado. El dolor por el pasado se evidencia en la decisión de la pareja de no transmitir su idioma a los hijos, y en la convicción del emigrante de no regresar nunca al país que desprecia, ya que –a su entender- "no había dudado en apoyar al invasor nazi" y "había colaborado para mandar tantos judíos a la muerte". A pesar de estas razones, el hijo lo convence, utilizando como argumento que reclamarían las propiedades familiares.

    Eligiendo la tercera persona para un relato evidentemente autobiográfico, el autor nos guía a través del tiempo, desde la juventud del anciano hasta el momento de su deceso, a poco de retornar de su tierra. Transmite las vivencias de ambos al enfrentarse con una Hungría en la que nada queda ya de un pasado añorado, en la que los habitantes actuales, salvo contadas excepciones, se niegan atemorizados a referirse a los judíos y su historia.

    No faltan en este penoso pero insoslayable regreso las situaciones dramáticas, como la que tuvo como protagonista a una prima del anciano, quien le reprochó duramente que se hubiera marchado y que hubiera abandonado a su madre, desconociendo, seguramente, que la madre del anciano nunca quiso dejar su país, no obstante la insistencia del emigrante.

    La obra de Weisz, más cercana a las memorias que a la ficción, nos permite conocer una historia de vida similar a la de tantos otros judíos, que ha tenido quien la escriba, y una editorial que se interesó en tan valioso testimonio.

    Ingleses

    LITERATOS Y EXCÉNTRICOS Los ancestros ingleses de Jorge Luis Borges, por Martín Hadis. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 512 páginas. (Biografías y testimonios).

    Martín Hadis, nacido en 1971, es docente, escritor e investigador universitario. Se recibió de licenciado en Sistemas y de master en Tecnología de Medios en el Media Laboratory del Massachussets Institute of Technology (MIT) y realizó estudios de literaturas germánicas y filología en la Universidad de Harvard. Sus áreas de interés abarcan el diseño de interfaces, la inteligencia artificial y la lingüística. Especialista en la obra de Jorge Luis Borges, se dedica a analizarla en su contexto histórico y cultural. Sus últimos trabajos vinculan las narraciones de Borges con las literaturas del medioevo anglosajón y escandinavo. Ha publicado artículos en medios de distintos países, entre ellos The Buenos Aires Herald (de Argentina) y El País (de España). Es asimismo coautor del libro Borges profesor, que recopila el completo de literatura inglesa dictado por el autor de El aleph en la Universidad de Buenos Aires.

    Hadis considera que "la historia del clan de intelectuales ingleses del que nuestro escritor desciende había caído hasta ahora en un total olvido y era –hasta para el mismo Borges- completamente desconocida. Esa omisión determinó asimismo que la enorme influencia intelectual que los mismos ancestros tuvieron sobre su obra y su formación no hubiera podido ser estudiada jamás en detalle. De igual manera, y por múltiples razones, los rasgos ingleses del temperamento de Borges, o bien han pasado inadvertidos, o bien han sido, en muchos casos, mal comprendidos. El énfasis de este libro está puesto, por lo tanto, en explorar esos territorios ignotos y llenar esos vacíos. (...) El objetivo de mi investigación fue, sin embargo, develar los orígenes literarios de Borges, y éstos proceden –como el lector podrá comprobar a continuación- de sus ancestros ingleses".

    "El lector estará tal vez bajo la impresión de que una de las tesis de este libro es afirmar que la obra literaria de Borges resulta únicamente de su lado inglés –agrega Hadis-. Esto no es así. Afirmo, eso sí, que la vocación de escritor de Borges, así como su formación literaria en un sentido intelectual y erudito, y su cosmovisión ética y religiosa, proceden principalmente de sus ancestros Haslam. Pero la originalidad y la potencia de su obra no proceden exclusivamente de sus ancestros ingleses, sino de la confluencia de dos legados, de las múltiples perspectivas que éstos permiten, y del cosmopolitismo que fomentan, lo cual convierte a Borges en un verdadero ciudadano del mundo. En este sentido, el aporte de su linaje criollo dista de ser menor. Lejos de ello, constituye una parte fundamental de su esencia".

    En esta obra, expone el cuantioso material que reunió en sus viajes por varios países. Partiendo de las alusiones que hizo Borges acerca de sus mayores, remonta el árbol genealógico del autor hasta llegar al siglo XVIII. Desde allí, comparando y deduciendo, explicando e invitando a comprobar lo expuesto, llega a este descendiente de ingleses y criollos que vio la luz en el Río de la Plata, sesenta años después de que su tatarabuelo dejara este mundo. Es con William Haslam, precisamente, con quien Hadis realiza la extensa comparación de la que resultan las coincidencias y las diferencias entre ambos.

    No se limita a los datos biográficos de los antepasados –lo cual ya sería fruto de un esfuerzo ingente-, sino que además analiza obras que ellos escribieron –sermones metodistas, un tratado de puericultura, una guía para el tratamiento de insanos, disertaciones, artículos periodísticos, obras literarias -, en busca de la mayor cantidad de información posible.

    Para demostrar cómo pueden aplicarse los conocimientos que expone en este libro, realiza él mismo el análisis de dos cuentos –"El jardín de senderos que se bifurcan" y "El libro de arena"-, los cuales, vistos desde esta nueva óptica, revisten otra significación. No es que la literatura necesite de la biografía para encontrar su razón de ser, sino que, sin duda, conocer datos de la vida del escritor ayuda a interpretar mejor su obra.

    "Comprendí que lo que Borges sabía acerca de su propio pasado inglés y las raíces de su vocación literaria era muy poco –afirma-, e intuí a la vez que esa poca información debía ser la punta de un largo ovillo. Decidí entonces comenzar una investigación histórica y genealógica en archivos, capillas, iglesias, museos y bibliotecas de Inglaterra. Con el tiempo, la búsqueda se extendió a otros países: Alemania, Hungría, Francia, la Argentina y los Estados Unidos. (...) éstas demandaron más de cinco años de esfuerzos, el uso de todos los recursos disponibles para el investigador, y las técnicas más avanzadas de búsqueda, indexación y análisis; todo ello sumado a una buena dosis de persistencia y –por qué no decirlo- de suerte".

    Llama la atención al leer este libro la cantidad de material, y la prolijidad con que el mismo es expuesto, enriquecido con información acerca de la época y las circunstancias sociales, políticas y económicas. Cabe destacar asimismo el estilo del autor: la profusión de datos que vuelca en estas páginas no impide que el texto sea entretenido y atrapante. Cada uno de los antepasados es protagonista de una biografía que se lee con placer, ya que está escrita como un relato en el que confluyen la historia y los propios conceptos del biógrafo, dando amenidad a lo narrado. Varios apéndices, numerosas fotografías y la bibliografía consultada completan este volumen insoslayable.

    Es difícil ser original al referirse a Borges. Hadis lo logró. Y con creces.

    Irlandeses

    MOIRA SULLIVAN, por Juan José Delaney. Buenos Aires, Corregidor, 1999.

    Juan José Delaney se desempeña como Profesor Adjunto de la Cátedra de Literatura Argentina en la Universidad del Salvador, de la que egresó. Dirigió la revista El gato negro y publicó varios volúmenes de cuentos, entre ellos, Tréboles del Sur, obra que mereció elogiosos comentarios de Enrique Anderson Imbert y Rodolfo Modern.

    En Moira Sullivan se advierte un minucioso y paciente trabajo de investigación, impulsado por el amor que siempre sintió por la cultura de sus ancestros irlandeses. La historia de esta mujer -que se inicia con su nacimiento en los primeros años del siglo XX o al finalizar el anterior- es una historia en sí, desarrollada hábilmente, pero permite también al novelista explayarse acerca de las circunstancias en que esta historia se desenvuelve. Al hablar de los primeros años de la anciana, nos ilustra acerca de la vida en Estados Unidos, no sólo de los irlandeses, sino también de emigrantes de otras nacionalidades que se dirigieron allí en busca de la fuente laboral que significaban las minas carboníferas.

    En esta obra, el lenguaje, tan importante como factor sociabilizador, encarna una actitud de la protagonista. Ella nunca se interesó por aprender a comunicarse en castellano y esa negativa suya determina su relación con quienes la rodean. La anciana vive en su mundo y no quiere tener contacto con quien no pertenezca a él. Rechaza evidentemente toda forma de integración, y se repudio se patentiza en el aislamiento en el que se refugia: "Lo importante era el silencio. Todas las noches lo buscaba, especialmente los domingos cuando las otras recibían visitas y ella más sentía el acoso de la soledad. En rigor, a nadie tenía pese a haber estado en la vida de muchos y a que, por esa acción secreta y persistente del arte, continuaba gravitando sobre gentes extrañas y lejanas.

    El silencio de ese anochecer dominical le permitiría entregarse serenamente al ensueño en el que resucitarían vivencias y pensamientos provenientes de zonas postergadas por su memoria, y también secretas conexiones que su visión de la vida, del mundo y de los hombres concertaba con cierta independencia". Aun cuando quisieran integrarse, el idioma era un serio problema para colectividades como la irlandesa; Delaney presenta dos paliativos para la incomunicación de los extranjeros: el cine mudo y el tango, por los que sienten gran afición.

    Escribe Delaney asimismo acerca de la rígida educación religiosa que se impartía a niños y jóvenes. Muestra luego a la protagonista como una mujer decidida a trabajar en o que eligió, a no cejar ante los mandatos de la vocación, la que, empero, flaquea cuando las circunstancias se vuelven adversas, y llega a abandonar aquello que alguna vez le dio sentido a su existir. Abandona el cine, sí, pero el recuerdo de los años vinculados a él la acompaña y también la agobia, y los filmes que vio o aquellos en los que participó son evocados con la precisión con la que se dice que las personas mayores recuerdan hechos de sus años de juventud.

    Tiempo y espacio tienen gran importancia en la novela y son descriptos minuciosamente. El tiempo de la narración abarca alrededor de ochenta años, y permite al escritor deslizar críticas acerca de la realidad argentina. El espacio abarca desde la primera visión que el inmigrante tiene de la nueva tierra, hasta lugares precisos como el Barrio Norte, Villa Urquiza, Arrecifes, Areco, General Pinto y Junín. Distinta será la forma de vivir la inmigración en cada lugar, y distinta, también, la añoranza que los extranjeros sienten por su lejana Irlanda. Delaney se adentra en la vida de esta anciana luchadora, ya vencida, que encuentra en un niño de siete años una última razón para existir. Junto a ella, presenta a otros inmigrantes, algunos de los cuales resaltan como paradigmas de un modo de entender el destino; Cornelius Geraghty y Abraham Mullins son personajes que permiten al novelista mostrar otras opciones en el vasto mundo que se abre ante los recién llegados. Ellos se destacan en el panorama de la obra, que presenta no sólo a irlandeses, sino también a hombres y mujeres de diversas nacionalidades que llegaron a nuestra tierra en busca de un futuro mejor.

    Italianos

    LA NOCHE LOMBARDA, POR Atilio Betti. Buenos Aires, Plus Ultra.

    La noche lombarda es la primera novela de Betti, "un relato en el que la autobiografía se mezcla con lo anecdótico y lo imaginativo. Narra en ella lo sucedido a un hombre que, premiado por el Gobierno de Italia, viaja a Mede, la tierra de sus mayores, y se encuentra espiritualmente con ellos, con la cultura de la que desciende: "Sobre ese suelo los lombardos, mis antepasados, mi padre, sus padres, habían edificado, a fuerza de pura resistencia, su fiereza. Por debajo, el lodo, la cenagosa base, y arriba el delirio de vivir apuntalando el crecimiento hacia la altura de las florestas". En esa tierra encontraron su última morada: "Ahora los tenía allí, reproducidos en óvalos de porcelana, y colocados en la faz anterior del nicho, tal como los conocía desde siempre. La nonna, con la blusa alforzada, abotonada altamente; el nonno, con la camisa blanca, sin corbata bajo el chaleco, y de saco. Mis abuelos".

    La travesía está signada por el rencor que el hijo siente por el padre emigrante, a quien describe con pocas virtudes y muchos defectos. Le reprocha la falta de educación de que fue víctima, y vive su premio como una revancha: "Mi padre me había negado la educación. Me había condenado, por no querer trabajar bajo su mando, en su fábrica, a una juventud de lucha. A defenderme a puñetazos por las calles y las oficinas, con tal de salir con la mía. Y ahora me hallaba allí, en viaje hacia Italia, en calidad de invitado y futuro huésped de su patria. Libre y solo. Solo, sí, pero libre y triunfante".

    El padre aborrecido había llegado a América en su juventud. El hijo, al ver a los paisanos del emigrante, se preguntaba: "¿Estos eran, estos siguen siendo los colonos que Mitre ponderara como los más adelantados del mundo? A casi un siglo de las primeras inmigraciones a la Argentina, me recibían azorados, descalzos, uncidos al terrón de magra tierra, a la tradición primitiva del laboreo". Quienes habían permanecido en Lombardía, por su parte, criticaban a aquellos que habían partido: "Esta es la obra de los que se fueron a ‘hacer la América’. Este es el abandono de los que no supieron ganarse el pan en su tierra. Es la muerte de ellos, no la del paese, la que estás viendo".

    Cuántas noches de invierno había pasado en el establo el emigrante, antes de partir! "Las mujeres, ocupadas en hilar; los muchachos –papá lo contaba- sonando la guitarra y la ocarina. Todos al calor de las bestias, para trabajar, cantar y dormir en las noches de nieve, cuando no subían al piso superior por la escalerilla de madera de álamo". Se había alimentado con las comidas típicas de la región, las mismas que los descendientes acaudalados despreciaban: "A mí me apetecían las ranas –dice el protagonista-. Me apetecían todos los que nutrieron a mi padre; pero Anna los había proscripto de su mesa. No a la ordinariez de la polenta, no a la selvaggina, los patos silvestres". Había vivido en el mismo escenario en que se hallaba el hijo: "suelo de paja y tierra apisonadas, la ventana cubierta de aceitosa tela, la stamagna, y la única cama apoyada en gabas, troncos toscamente tallados, más que bancos. El colchón (...) crujió bajo mi peso con el ruido de las hojas secas de maíz que lo rellenaban".

    El padre había sido ranero: "La veta roja del jade, ese palpitar de animal que aparece en la piedra, lanzada ahora desde una vibración cósmica para ocupar su sitio en la honda tensa de la rana. El animal, sometido a instrumento, se ablandaba hasta convertirse en gomera de la luz y saltar, inmóvilmente, a la pedrada del manotazo certero de Manera. A medida que las iban atrapando, las embolsaban, y era fama que la pesca de ranas no había conocido pareja tan experta como la que constituían Manera y su amigo".

    Se sentían, los raneros, enemigos de los cazadores: el "cazador, siempre solo, siempre ceñudo. El rifle en bandolera, y, abriéndole paso, acorazando al amo, el pecho fuerte del bracco. El hocico del perro, oscuro y fruncido como el rostro del amo. Rostro y hocico de mal talante. Hombre y perro tallados conjuntamente en la inmovilidad del paisaje y del destino:: boscaioli o contadini. Sin alternativa, desmontadores o campesinos".

    Había visto el sacrificio de las mujeres, el mismo que el hijo veía encarnado en una de ellas, que "continuó despellejándose las manos inmensas, deformadas. Las manos que de joven había hundido una y mil veces en el agua hirviente de los calderos de la filanda, la hilandería donde se mataba al gusano de seda, hirviéndolo, para despojarlo del capullo. (...) El cuerpo de la anciana exhalaba olor desagradable, mezcla de senectud y de humedad. De la humedad que, en la hilandería, le había penetrado hasta los huesos. El olor nauseabundo de las crisálidas muertas, las que no salían a flote en los calderos. Olor que impregnaba las ropas y los cuerpos de las mujeres, para siempre".

    Había conocido a las mondariso, quienes "agachadas sobre los surcos, limpiaban con las manos las plantitas, para evitar que las ahogara la cizaña", y las tintoreras, "profesión tradicional de Mede".

    Un día, decidió partir. "Era el emigrante que ‘había hecho la América’. Tenía los cuerpos, los rostros de los viajeros pobres que iban en mi barco –imagina el hijo. Tenía, también, únicamente él entre todos, la innata distinción, la cuerda fina de los nervios, del temperamento, que yo acababa de presentir en Micrula. Un chorro de agua, un manguerazo brutal, le dio en la cara. Lo vi trastabillar, mojado. Lo vi llorar de indignación y afirmarse en los zapatos claveteados, agarrándose fuertemente del tirador negro, sobre el torso sin saco, para no caer bajo el golpe del agua. (...) En tropel, árabes y turcos aparecían y desaparecían alrededor de mi padre. Corrían, gritando, aullando, perros mojados, perros azotados a manguerazos, a refugiarse bajo mi cama mientras que papá, rascándose con furia las axilas, gritaba o gemía, o gritaba y gemía al mismo tiempo: ¡Piojosos! ¡Piojosos!".

    "Había aprendido un oficio. Era más joven, más tenaz, supongo". El hijo lo comparaba con ese paisano que hacía come le rondini (como las golondrinas): "volaba atravesando el mar. De Europa a América, de la Argentina a Italia, para ganar el jornal en la época de la cosecha". Muchos años después, uno de los descendientes que habían quedado en Mede caminaba "enumerando, ponderando, magnificando las proporciones y la importancia de las fábricas", que el inmigrante había logrado fundar en la nueva tierra. Para el admirado sobrino, el padre del protagonista "era el ejemplo que debía imitar, la luz que debía guiarlo".

    El lombardo había llegado a enriquecerse respetando ciertos principios, algunos de ellos muy crueles: "repudiaba la enfermedad, la consideraba un vicio", "lo violentaba la timidez". Frente a la tumba del primo en tierra lombarda, el narrador recuerda: "Aldo, el que se volvió a su patria sin que mi padre fuera a despedirlo al puerto. El que salió de un hospital de Buenos Aires a los pocos días de operado del estómago, y llegó solo a mi ciudad suburbana, sin que papá lo hubiera ido a buscar. Llegó solo, caminando desde la estación, transpirando y desmayándose de debilidad".

    El padre renegaba de su familia pobre. La hermana afirma: "yo veía a los dos hermanos, en la Argentina, emigrantes prósperos, bien vestidos, olvidados por completo de las hermanas miserables y despreciadas por el resto de la familia". Otro era el sentimiento ante los demás parientes, a quienes llevaba, cuando visitaba Italia, una gargantilla de oro, zapatos y carteras de piel de víbora, ponchos de vicuña, mates de plata.

    En América, por el contrario, "Se vengaba, el inmigrante rico, de las argentinas copetudas que, antes, lo habían humillado. Se vengaba de sus cacareos, de sus estridencias. Extendía ante ellas, cual mancha en el mantel de la fiesta, su silencio. Desplegaba la bandera del silencio que ellas, con sus alientos, hacían flamear. Las usaba, despectivamente, de asta, y en la médula de ese mutismo ante el que caían, títeres vaciados de manos, las palabras, yo sólo veía la estrechez del resentimiento, la venganza sin grandeza de mi padre".

    Así fue, vista por ojos indudablemente parciales, la inmigración lombarda. De sus infortunios en Italia y de sus logros en América, nos habla Betti, en una novela memorable.

    EL LAUD Y LA GUERRA, por Martina Gusberti. Buenos Aires, Vinciguerra.

    En el año 1989, Martina Gusberti dio a conocer su libro de cuentos Requiem para la adolescencia, en el que trabaja con emotiva dedicación, entre otros temas, la figura paterna y el hogar inmigrante. Seis años más tarde apareció El laúd y la guerra, novela en la que cuenta la historia de un viaje que la autora realiza junto a su padre y su marido, en 1982. No sería ésa la primera vez que el emigrante regresaba a su tierra: "después de varios viajes a su itálico terruño, cuando todos creíamos que había sentado cabeza, manifestó su deseo de reincidir. Era éste el proyecto más acariciado por mi padre, quizás el último y el de más difícil solución, por su avanzada edad". Como no se animaba a viajar solo –tenía ochenta y ocho años-, buscaba quien lo acompañara. La esposa se había negado; los cuatro hijos tenían sus ocupaciones. El anciano insistía: "¡Qué bello volver a Italia, visitar los lugares donde luché en la primera guerra mundial, recorrerlos paso a paso, ver cómo estarán hoy...!

    La hija, nacida como él en Italia, se pregunta acerca de la motivación que impulsa con tanta fuerza al padre; se cuestiona "ese afán por volver al pasado, no sé si para fijarlo en el hoy o sólo para retroceder a él. Quizás, ganas de detener el tiempo que se le escurría entre las canas; o de no morir, sin mimetizarse definitivamente con el paisaje". Finalmente, ella y su marido deciden acompañarlo: "Seríamos dos portaestandartes enarbolando a un soñador", comenta. El anciano, conmovido, les agradece: "Gracias a ustedes puedo hacer esta travesía, que era mi obsesión".

    Durante años, el emigrante había reunido toda información acerca de su vida en pesados protocolos. "Cuando se preparó para este viaje, lo primero que puso en su valija fueron sus tan mentados álbumes, porque, así como quería mostrarle a los argentinos su pasado italiano, así, ante sus compatriotas, quería ufanarse de la obra que, en este lado del mundo, había desarrollado un humilde inmigrante". Y en verdad, su trayectoria era para enorgullecerse, pues había sido "director de la Banda Sinfónica en la capital de la provincia del Chaco y fundador de las bandas musicales del Colegio Don Bosco, la Penitenciaría Nacional, los Boy Scouts, los Bomberos Voluntarios y la primera Escuela de Música Municipal, que fueron reproducciones de las que anteriormente creó en su país natal". Además, había formado orquestas; la escritora las enumera: "Orquesta de Cámara del Ateneo del Chaco, de Cámara Amigos de Don Bosco, Orquesta Sinfónica de la Casa de Gobierno, la Municipal, la Orquesta Clásica del Coro Polifónico Santa Cecilia y otras bailables".

    La novelista evoca la razón por la que el italiano pensó en venir a la Argentina. Decidió emigrar "huyendo del fascismo, porque él, como vehemente socialista, fue apaleado varias

    veces por los camisas negras". El anciano narra qué había sucedido: "Sabían que era músico, director de una banda, y me buscaron para colaborar; pero yo me negué a tocar La marcha fascista y por eso me ligué unos buenos bastonazos, ¡brutte bestie! Me protegí la cabeza como pude, pero ésa es otra historia. Después, emigré a América".

    Ya en nuestro país, no se queda en Buenos Aires, una ciudad que indudablemente hubiera sido familiar para él, dada su semejanza con las urbes europeas. El destino que elige es bien distinto; se dirige a una ciudad que "fue fundada por un puñado de inmigrantes italianos que, remontando el Río Negro y traídos por contratistas con el señuelo de poblar tierras fértiles y prósperas, hallaron en cambio terrenos ásperos, cubiertos por bosques salvajes plagados de mosquitos. Era el 2 de febrero de 1878, durante un verano abrasador. Se dice que los colonizadores estuvieron varios días en el barco sin querer aposentarse en esa tierra inhóspita. Luego, vencidos por la circunstancia, no tuvieron otra opción que desembarcar con sus familias. (...) La lucha contra los malones fue una pesadilla para esos colonos sin armas, sin espíritu bélico, que sólo querían esgrimir el azadón. Pero sobrevivieron. Por eso, la ciudad se llamó Resistencia". Allí llega en 1922, a los veintiocho años, este joven que llevaba en su espíritu los horrores de la contienda, los agravios de la falta de libertad.

    A criterio de Ester de Izaguirre, "Martina Gusberti recrea y renueva el tema del inmigrante, con el personaje Luigi que después de vivir la guerra, se larga a la búsqueda de posibilidades en la Argentina, en una de cuyas provincias se radica, y fiel a su vocación y a su índole, enseña música, dirige la banda del pueblo, funda una familia; en pocas palabras: ocupa su lugar". Se pregunta la ensayista si "¿Existió Luigi en la vida real? ¿Es un símbolo de todos los inmigrantes, con cuyos hijos y nietos se hizo este país? Lo importante es que ya existe como personaje con todo el relieve de los elegidos".

    Si bien Luigi había regresado con anterioridad a Italia, nunca había vuelto al escenario del combate. Volver sesenta años después le hace recordar cada momento de su pasado, pero también lo colma de dicha, tanta que, cuando la hija le pregunta si es feliz, el anciano le responde: "Tanto, como cuando naciste..."

    Pero no fue sólo el padre el beneficiado con esa travesía. En Martina y el marido se operó una transformación que ella describe: "Nos hizo cambiar nuestra filosofía para recorrer mundo, y desde aquél, nuestros viajes variaron de tónica, dejamos de ser turistas. Papá nos enseñó a meternos en los pueblitos, a olfatear sus cocinas, a distinguir las leves variaciones en las fonéticas de los dialectos, a hablar con la gente mayor y escuchar sus relatos que siempre son inéditos, a aprender historia, las pequeñas e intimistas historias de los viejos pobladores que –como pulsantes arteriolas- son el origen del gran cauce de un país. Los pintorescos personajes de Vescovato y Pescarolo han coloreado para siempre mi vida, pero sólo los descubrí aquella vez, a raíz de ese viaje, de aquel tiempo, guiada por la sabia mano de mi padre. Me enriquecí con gamas de colores inesperados, con el gracejo de voces campesinas, el tañer de campanas centenarias, con el desconocido olor a bestias arando y a hierba fresca segada".

    La experiencia fue valiosa para ella: "Estaba cumpliendo dos viajes simultáneos: uno externo, a través de la geografía, de los conocimientos concretos que los sentidos me brindaban, las peripecias y las anécdotas actuales. La información histórica presente y pasada y el intercambio afectivo y racional con ese suelo que era mi raíz. Pero coexistía otro viaje en mi interior, invisible a los ojos, que no tenía mojones tradicionales, y que sólo era registrado en la cartografía del mundo emocional. Ese viaje hacia atrás en la historia de mi padre, en los personajes y acontecimientos que forjaron su personalidad, su filosofía de vida, su actitud frente a la muerte, me hicieron descubrir al titán escondido detrás de la mansedumbre, a la fuerza tenaz bajo la pátina de resignación. Esa fue la secreta fórmula que le permitió sobrevivir con la salud, alegría y terneza indemnes. A mí, la vida me había deparado un privilegio irrepetible: ese viaje peculiar, para poder conocer quién era en esencia mi padre".

    Lo conoció mucho más, al compartir vivencias allí donde habían sucedido, y volcó su sentimiento en estas páginas, en las que –afirma Bernardo Ezequiel Koremblit- encontramos "un entrañable Luigi, un Luigi imborrable", "evocado con tal acierto y virtuosismo literario que la evocación es a un tiempo una invocación". En el libro se adivina a la escritora como una investigadora que no se contenta con la tradición familiar, sino que la profundiza y fundamenta en bibliografía. El estudio que debe haber realizado para contar los hechos como lo hace no se trasunta en su estilo, que es natural y espontáneo, sino en la solvencia con que maneja datos y fechas de una época pretérita.

    El laúd y la guerra puede ser leída como una crónica real de tiempos bélicos, puede abordarse también como un relato de viaje, como una descripción de la vida actual en la llanura lombarda, como una historia de inmigrantes y una obra inspirada por el amor filial y la admiración. Es todo eso, y es, fundamentalmente, la historia de un regreso que atañe no sólo al emigrante, sino también a su descendencia, que comprende así aún más lo ejemplar de una vida.

    Polacos

    COSAS Y CASOS JUDIOS, POR León Poch. Buenos Aires, Milá, 2003.

    "León Poch, nacido en Polonia, llegó a Buenos Aires en 1928, siendo un adolescente de 15 años y al darse a esta tierra, ella le dio –con la revelación de su vitalidad de pueblo joven- todo lo que él necesitaba para la formación de su personalidad. En Buenos Aires estudió; en Buenos Aires optó por la ciudadanía; en Buenos Aires se manifestó su vocación y en Buenos Aires formó su hogar, donde nacieron sus tres hijas, porteñas".

    "Realizó estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes bajo la dirección del Maestro Pío Collivadino; obtuvo el título junto con el primer premio ‘Carlos Ripamonte’. Eligió como medio de vida la actividad publicitaria, alternada luego con el periodismo. La gran oportunidad se la dio don Natalio Botana al incorporarlo al equipo estable de dibujantes del diario ‘Crítica’. En esa misma época nació su vínculo con la revista ‘Patoruzú’, para la que dibujó ininterrumpidamente –desde su aparición hasta el cierre, durante cuarenta y dos años- sus inolvidables ‘Temas porteños’. Colaboró también en muchas otras publicaciones periodísticas".

    "Grandes del teatro –Maurice Schwartz, Joseph Buloff, Ben Ami y otros- montaron sus obras en Buenos Aires y en Nueva York sobre bocetos de escenografías de Poch. Su obra ha trascendido por medio de muestras individuales y colectivas; murales y tapices embellecen numerosas instituciones, establecimientos de enseñanza y residencias particulares; sus cuadros forman parte de pinacotecas de Buenos Aires, Nueva York, Jerusalén y Sidney. No hizo envíos a Salones Nacionales, excepto dos únicas veces: al Salón de Santa Fe y al Salón del Fondo Nacional de las Artes, y en ambas oportunidades recibió la más altas distinciones. Se editaron 2 carpetas: ’24 Dibujos.de Israel’ y ‘Judíos de mi infancia’ con 32 dibujos y glosas del poeta y escritor Simja Sneh".

    "Sus ojos de 90 años aún siguen descubriendo nuevas formas, colores, luces y sombras en un mundo cambiante que sin embargo no le es ajeno porque siempre ha mantenido joven la mirada" (3).

    El 27 de julio de 2003, en el marco del Segundo Encuentro Internacional "Recreando la Cultura Judía. Literatura y Artes Plásticas", se presentó en la AMIA Cosas y casos judíos. Finalizada la proyección de un video emitido días antes por ATC, Guillermo Roux, Sergio Langer, Moishe Korin y el nieto de Poch se refirieron al autor, que se encontraba allí.

    En este libro, escribe el autor: "La vida de un pueblo no se teje sólo con grandes acontecimientos: en el complejo entramado de su historia y de su cultura, numerosos personajes (famosos o no) y hechos poco conocidos dibujan perfiles, matices y densidades sorprendentes. El pueblo judío, tanto durante su existencia como nación independiente como en los largos años que ha debida actuar dentro de otras culturas, ha sobresalido por sus valiosos aportes sin perder los rasgos que lo diferencian de los otros pueblos. Todos y cada uno de los judíos han sido y somos artífices de esta titánica tarea. Con amor al pueblo judío –sin pretensiones de realizar una obra literaria o histórica- me dediqué a recuperar de la oscuridad algunos de aquellos personajes y hechos poco conocidos pero interesantes, que permiten iluminar un poco más la importancia de estas contribuciones judías a la cultura, ciencia y las artes de la humanidad. Lo hice en mi lenguaje, el dibujo; con textos breves y directos, despojados de adornos pero elocuentes como los hechos mismos. Espero lograr transmitir a los lectores el amor y el orgullo que siento por el rico quehacer de mi pueblo, sobre todo a los jóvenes, porque ellos han de continuarlo" (4).

    Para lograr su objetivo se vale de dibujos y textos, sustentados en una importante bibliografía integrada no sólo por libros sino además por publicaciones en varios idiomas. A partir de este material, fue ideando imágenes y explicaciones acerca de hechos y personalidades fundamentales, y de curiosidades de la cultura judía. Por ejemplo, explica por qué el Moisés de Miguel Angel tiene cuernos, de dónde proviene el apellido Rothschild, quién fue Theodor Herzl, quién fue la primera víctima judía del Santo Oficio en tierra americana, por qué se usa cinta roja en la muñeca, entre otros temas.

    La claridad y belleza de los dibujos y la concisión de los textos que los acompañan hacen de este libro una obra interesante para chicos y grandes, para los judíos y quienes no lo somos, ya que informa acerca de cuestiones que trascienden una colectividad y se vuelven de importancia para todos, sin distinción de credo.

    MOISES VILLE Recuerdos de un pibe pueblerino, por Felipe Fistemberg Adler. Buenos Aires, Milá, 2005. 112 págs. (Testimonios).

    A esa localidad santafesina llegó, procedente de Wohanov, Provincia de Radum, Polonia, el padre del escritor, a los diecisiete años, en 1926. El joven, "Con sus ahorros contribuye a traer de Polonia a sus padres, Salomón y Sara Berta y a su hermana Lea". Cuatro años después arribó a la colonia, desde Nizni Apsa, Checoslovaquia, quien luego sería la madre de Fistemberg: Del matrimonio nacieron cuatro hijos, la mayor de los cuales fue la esposa de Jaime Barylko. Los padres y los hermanos, así como también los maestros, los condiscípulos, los vecinos, son los protagonistas de estas historias que rescatan el aspecto cotidiano de esa comunidad.

    "Queridos hijos –escribe Fistemberg-, si en algún momento les invade la curiosidad de conocer la historia de mi vida, podrán encontrarlo en este breve relato. Aquí está mi origen y el camino que he elegido y recorrido. (...) No encontrarán en este relato una obra literaria, porque no lo es ni pretende serlo, es el ejercicio de mi memoria y es mi deseo que sea un sincero mensaje de amor y agradecimiento a todos, a mi querida familia, a mis apreciados maestros y a mis entrañables amigos, a los que me rodean y a los que ya no están en nuestro entorno, pero permanecen presentes en mis recuerdos a pesar de que a muchos no los nombro. A todos gracias".

    Resalta en este texto, escrito por un docente que venera sus raíces y su religión, el apego del autor por su pueblo, por la Argentina que acogió a sus mayores, y les permitió empezar de nuevo, desde la nada. Evidencia, asimismo, un profundo amor por la familia que le tocó integrar. Los felices momentos vividos junto a sus hermanos, las travesuras que hicieron, las anécdotas graciosas, son relatadas con cariño y añoranza.

    Porque, como afirma en el Prólogo Manuel Tenenbaum, Director del Congreso Judío Latinoamericano: "El mérito de Fistemberg consiste en que al leerlo recibimos la impresión inmediata y exacta de lo que nos narra. Su crónica nos acerca más directamente a Moisés Ville que un estudio histórico o sociológico de la Colonia. Además la lectura es atrapante; se trata de un libro que se toma y ya no se puede dejar hasta el fin; que deleita y regocija. Muchos y merecidos homenajes se han rendido a la epopeya de Moisés Ville. El de Felipe Fistemberg no es uno más. Tiene, por así decirlo, un gusto especial, que seguramente apreciarán los iniciados nostálgicos y sus descendientes que buscan sus orígenes familiares".

    LAS EDADES/ THE AGES, por Ricardo Feierstein. Traducido del español por Jim Kates y Stephen A. Sadow. Buenos Aires, Milá, 2004. 240 pp. (Poesía).

    "Ricardo Feierstein nació en Buenos Aires y ha ejercido una variedad de oficios: escritor, arquitecto, periodista, crítico de espectáculos. Lleva publicados diversas antologías y algo más de una veintena de libros, entre ellos cinco novelas (la trilogía SINFONIA INOCENTE, 1984, MESTIZO, 1988 y 1994 en castellano y 2000 en inglés; y LA LOGIA DEL UMBRAL, 2001). Todas ellas conforman una saga, de lectura independiente, sobre la condición judía latinoamericana y la historia argentina. También siete colecciones de relatos, entre ellos BAILATE UN TANGO, RICARDO, 1973; LA VIDA NO ES SUEÑO, 1987 y HOMICIDIOS TIMIDOS, 1996. Cuatro volúmenes de poesía y tres libros de ensayos: JUDAISMO 2000, 1998; CONTRAEXILIO Y MESTIZAJE, 1996 y su ya clásica HISTORIA DE LOS JUDIOS ARGENTINOS, 1993 y 1999. Su labor literaria mereció diversos premios (Municipal, Coca-Cola, Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, Premio Internacional Fernando Jeno de México, entre otros). Ha sido parcialmente traducido al inglés, alemán, francés y hebreo".

    El escritor –afirma en la Introducción Stephen Sadow, de la Northeastern University, Boston- "está de acuerdo con la frase de André Malraux, acerca de que toda literatura es autobiografía. No es sorprendente, entonces, que su poesía esté saturada con observaciones sobre su propia vida. Durante treinta y seis años como poeta, ha sondeado dentro de sus momentos más íntimos, a veces mirando hacia atrás en el tiempo, a veces hacia delante, a veces fijando su mirada en el momento. En esta selección, Las Edades/ The Ages, Feierstein ha ordenado sus poemas, no en el orden cronológico de su composición, sino como una serie que sigue y revisita las etapas y temas dominantes de su vida. La antología está ordenada así: Niñez/ Barrio/ Inocencia; Juventud/ Datos personales/ Oficios; Identidad/ Judaísmo; Amor/Familia y, por fin, Madurez/Preguntas Esenciales. (...) A pesar del énfasis en lo autobiográfico, Ricardo Feierstein no es ni narcisista ni modesto. En algunos poemas sí analiza las fuentes de sus propias alegrías y dolores. En cambio, en muchos otros, presenta el contenido de su experiencia como si fuera emblemático de su ‘edad’ ".

    Desde el abuelo polaco, que emigra a la Argentina, hasta los nietos del poeta –que hablan, en la nueva tierra, el idish del inmigrante-, todo es lírica en una trayectoria vital que no se limita sólo a la evocación de la existencia de quien escribe estos versos tan surgidos desde adentro. Al doloroso desarraigo de Moishe Búrej, "judío orgulloso y/ polaco de veinte generaciones/ que huyó hacia América, desde esa/ tierra bordada por antisemitas", se contrapone la no menos patética situación de la "generación del desierto", en nombre de cuyos miembros proclama: "Somos los hijos de la guerra mundial/ las toses de Hiroshima, el Holocausto/ y la revolución/ y andamos por el mundo a los empujones/ grandes y alados como ángeles borrachos/ buscando a ciegas una agrietada fumarola/ prometida entre espumas y nigromantes/ y ya inexistente/ sin comprender la tormenta de mástiles que se avecina./ No somos la historia ni el futuro". Tanto uno como otros se verán redimidos en los hijos y los nietos, que son su apuesta al porvenir.

    Y como siempre, como en sus novelas y postales, campea en esta obra de Feierstein el recuerdo entrañable de la infancia en el barrio; se evidencia la fidelidad de este hombre reconocido internacionalmente hacia esta Villa Pueyrredón que lo vio nacer, en la que, casualmente, también nací yo, y donde hoy escribo estas líneas.

    Algunas de las traducciones en Las Edades( The Ages han aparecido anteriormente en Ricardo Feierstein, We, The Generation in the Wilderness, traducido por Jim Kates y Stephen Sadow (Boston, Ford Brown, 1989), y las revistas literarias Crosscurrents, Stand, Pig bon Review, The Plum Review, International Poetry Review y The Minnesota Review.

    Esta publicación cuenta con el auspicio del Departamento de Lenguas Modernas y el Programa de Estudios Judaicos de la Northeastern University, Boston, MA 02115, Estados Unidos/ Department of Modern Languages and Program in Jewish Studies of Northeastern University, Boston, MA, USA; así como de Jaime M. Jacubovich, Elsa y Mauricio Szlufman, de la Argentina.

    El diseño de tapa e interior fue realizado por Rubén Longas. Colaboró con los traductores, leyendo el texto en inglés y aportando sugerencias, Lisa Leist Seiden.

    EL INFIERNO PROMETIDO Una prostituta de la Zwi Migdal, por Elsa Drucaroff. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 336 pp. (Narrativas históricas)

    Kazrilev, Polonia, 1926. Dina anuncia a su madre que no se casará aún, pues seguirá estudiando. Su padre la apoya en esa decisión, y costea los estudios de la joven. La madre, furiosa, la amenaza: "¡Vos vas a terminar en Buenos Aires!". Poco después, el vaticinio materno comienza a cumplirse: Dina es violada por un compañero de estudios. Este hecho trae la vergüenza a la familia, y el desprecio de quienes los conocen. Es entonces cuando aparece un hombre que llega desde la Argentina, buscando novia para casarse. El habla con el padre de la adolescente. "Señor Hamer, yo soy un hombre práctico –dijo sonriendo-. Busco una buena judía trabajadora que pueda manejar mi casa y criar a mis hijos. Buenos Aires es una gran ciudad, con costumbres diferentes. No es fácil encontrar chicas bien preparadas para el matrimonio en una ciudad grande. Y en el caso de su hija, precisamente por lo que ella vivió, sé que va a valorar lo que voy a darle, y me lo va a retribuir como merezco. Porque va a ser muy difícil que encuentre a otro que pueda y esté dispuesto a dar lo que yo estoy ofreciendo".

    Luego vendrán el viaje, la explotación sexual, el terror a un juez, el respeto por un periodista y el amor por un anarquista. Tres relaciones igualmente intensas, pero diferentes entre sí por las motivaciones que las impulsan y por los efectos que producen en la joven. Y por fin, la libertad, una libertad lograda con valentía, en un mundo en el que desobedecer se pagaba muy caro. Elsa Drucaroff maneja con maestría estas situaciones, demostrando su talento en la composición de los personajes, especialmente los femeninos. Muestra una Dina que evalúa los beneficios y los perjuicios de las decisiones a tomar. Ella sabe; es esa sabiduría la que la vuelve distinta de las demás.

    La protagonista puede escapar –o al menos, intentarlo-, pero no lo hace en un principio. Ahí es cuando se pone sobre el tapete la trama de intereses privados, familiares y sociales que permitían que estas mujeres llegaran en esa forma a la Argentina, eludiendo controles, con documentos falsos, burlando a la Asociación Judía para la Protección de Niñas y Mujeres. Porque -demuestra Drucaroff- las mujeres que trae el tratante de blancas, o ya saben a qué vienen, o cuando se enteran, son más seducidas por un plato de comida que atemorizadas por los golpes. La escritora ejemplifica esta aseveración mediante los personajes de Dina, sometida voluntariamente por temor a volver a su tierra, y Rosa, una mujer que creía haberse casado por poder y, ya en Buenos Aires, se niega a trabajar. A ella, le surtió más efecto una buena cena que el castigo físico y el encierro. Esto tiene su razón de ser en la miseria, agravada por el antisemitismo, que se pasaba en Polonia en esa época. Dina soporta todo, menos el hambre. Y cuando existe la posibilidad de abandonar el burdel, compara lo que gana con el sueldo de una costurera, y sigue prostituyéndose. Es peor el hambre que la esclavitud; las joyas y las ropas costosas importan más que las humillaciones. Sólo el amor hace que la polaca huya, y comience una nueva vida, muy lejos.

    El infierno prometido es una novela escrita con documentación histórica y con hábil manejo del estilo. Drucaroff logra así una obra en la que el suspenso nos mantiene expectantes, que suscita en nosotros el deseo de felicidad para unos y castigo para otros, que nos hace sentir testigos de un drama que tiene una raíz mucho más compleja que el engaño a adolescentes y a sus familias.

    Ucranianos

    ROJOS Y BLANCOS. UCRANIA, por Rosalía de Flichamnn. Per Abatt, 1987.

    La autora de Rojos y Blancos, Ucrania nació en ese país y vive actualmente en la provincia cuyana. Sus pinturas se exhiben en museos y colecciones privadas de Estados Unidos, Europa y Sudamérica, e ilustran sus memorias. Esta obra transmite al lector las penurias que debieron pasar muchos inmigrantes en su país de origen y habla, a la vez, de las diversas latitudes elegidas para afincarse en la Argentina. No todos se quedaron en Buenos Aires, hacinados en conventillos; muchos se dirigieron al interior, donde prosperaron aun enfrentando a indios y xenófobos.

    La escritora afirma que ella y su familia eran perseguidos en Ucrania por dos motivos: su condición de judíos y de burgueses. Si estas dos causas motivaron la amenaza constante a la que estaban sometidos, también significaron la posibilidad de radicarse en nuestra tierra, ya que la madre se apoyó "en instituciones judías que ayudan a los emigrantes fugitivos que salen de Rusia", y el hecho de ser pudientes les permitió una salvación que a otros estuvo negada.

    En estas páginas, la escritora evoca su niñez, en la que las amarguras eran una realidad cotidiana. Las persecuciones, la revolución, la guerra civil, las violaciones y los asesinatos –a los que se suman las inundaciones y el tifus- son el cuadro con el que Rosalía debe enfrentarse a muy corta edad: "Los blancos están en la ciudad, persiguen sin cesar a los judíos. Matan a los hombres, se apoderan de las mujeres jóvenes y hasta de las niñas. Estoy cansada de tanto horror. Y los cambios continúan. Hoy los blancos, mañana los rojos. Como somos despreciables burgueses, éstos invaden la casa y nos reducen a dos habitaciones. El hambre se hace sentir, duele". Más adelante, manifestará una preferencia, en su desgracia: "Quiero que vuelvan los rojos; cantan la ‘internacional’ y nos asustan, pero que vengan pronto. Los blancos son peores, ignorantes, desalmados, asesinos".

    La niña recuerda el escondite en el que su abuelo refugiaba a la familia y a algunos vecinos -los ancianos y las madres con hijos- cuando estaban en peligro: "nos situamos en un lugar oscuro, sin aire. Es bajo, menos de un metro de altura. Ya estamos todos acurrucados, en silencio. ¡Cuidado! Que nadie hable, no hacer ruido, dice el abuelo. Algunas mujeres lloran despacio. Un niño pequeño empieza a protestar y llora cada vez más fuerte. ¿Quién grita? ¡Tapen la boca a ese niño! ¡Nos van a descubrir por su culpa! ¡Nos matarán! Pónganle un trapo en la boca". El anciano es evocado como un verdadero patriarca; él quedará en Ucrania, y aceptará generosamente que su familia marche hacia la libertad.

    La protagonista describe asimismo la desesperación que sentían ante un pogrom. En uno de los capítulos dice: "Nos reunimos todos en un cuarto. Apagamos las luces y vemos entrar por las ventanas enormes piedras que rompen los vidrios y todo cuanto encuentran. (...) Creo que Dios dio vuelta la cara y no mira. ¿No sabe que el abuelo es tan bueno, que rezó mucho en la Sinagoga? ¿Y que la abuela prende dos velas y las bendice?". Incapaz de comprender tanto fanatismo y codicia, se siente abandonada en su desolación.

    Agobiada por la tristeza, la niña piensa en el padre, al que no ve desde hace años: "Se fue antes de que empezara la guerra, se fue lejos, más allá del cielo y las estrellas y la luna. Por eso no tengo una muñeca. Pero mamá dice que pronto me va a regalar una". De esa tierra lejana llega la muñeca, y también una canción: "Aprendo a cantar en ruso un tango que llega de la Argentina, ‘El Choclo’. Por cierto, las señoras elegantes usan vestidos color ‘tango’. Mi tía grande tiene un abrigo precioso de ese color, un hermoso anaranjado".

    Después de muchos trámites, emigran para reencontrarse con el padre que viajó ocho años antes: "Me convenzo de que no sueño, de que terminaron los preparativos. La última noche casi no duermo. Miro todo, quiero recordar la casa que nunca más veré. Miro por la ventana la calle familiar, la gente que pasa. Me levanto despacio, voy al balcón. Recuerdos, risas, lágrimas, sueños". La niña desea partir, a pesar de que echará de menos su tierra: "Pronto estaré lejos de este país. Esto es lo que quiero. Poner , no volver nunca más ni recordar lo vivido; aunque amo a Rusia, amo a Ucrania, amo la ciudad donde nací. Y cantaré, leeré y escribiré en el idioma que tanto quiero y recordaré siempre. ¿Pero por qué estoy triste? ¿Acaso no voy hacia la felicidad?"

    Luego de un viaje penoso llegan a Buenos Aires, donde tiene lugar el ansiado encuentro con el padre que "sonríe, siempre sonríe": "Vestidas de blanco, subimos a la parte más alta del barco que ya está atracando al muelle. Abajo se ve un enorme gentío. Miro y no distingo nada ni a nadie. Mamá busca ansiosamente. La veo nerviosa, excitada. ¿Estará papá allá abajo? Ella mira, busca. ¡Es papá! Se tambalea, se desmaya. Nos ayudan a levantarla. Se repone pronto y estamos listas para pisar suelo argentino. (...) papá nos abraza, besa a mamá. ¡Qué alivio, ya no tengo que protegerla! Ya tiene quien la cuide, quien la ame. Me siento liberada, contenta. Yo siempre la quiero mucho; pero desde ahora sin angustias, sin penas".

    Por fin, llegan a Mendoza. La pequeña se compara con otras niñas de la familia, que no han conocido la guerra: "En la estación nos reciben dos primas algo mayores que nosotras. Al mirarnos se produce el choque de dos mundos reflejados en el aspecto de ellas y de nosotras. Las primas parecen muñecas sonrientes, despreocupadas".

    Ha comenzado para Rosalía "una larga vida en la Argentina, una vida plena y feliz".

    DE UCRANIA A BASAVILBASO, por María Arcuschín. Buenos Aires, Marymar, 1986.

    Quizàs el nombre de Marìa Arcuschìn no sea muy conocido en el àmbito literario, pero sì lo es en el seno de la comunidad judìa, donde desarrollò una vasta labor. La autora, descendiente de judìos ucranios, naciò en Basavilbaso, donde cursò sus primeros grados escolares. Màs tarde, completò allì su formaciòn docente, en el colegio Domingo Faustino Sarmiento, bajo la direcciòn del profesor Josè Monìn, quien luego, radicado en Israel, asumirìa el cargo de director del Departamento de Psicologìa del Tecniòn de Jaifa.

    Tiempo despuès, radicada en Buenos Aires, se desempeña como educadora en distintos organismos de enseñanza. Fue la primera maestra del Hogar Infantil Israelita Argentino, pasando luego a ejercer la direcciòn del mismo. Tambièn le interesaron otros campos del saber: en 1955 egresò de la Escuela de Floricultura de la Facultad de Agronomìa de la Universidad de Buenos Aires, y en 1963 pasò a ocupar la ayudantìa en la càtedra de Parques y Jardines. En esta especialidad, se destacò publicando diversos artìculos sobre el tema y actuando como jurado en la Sociedad Rural Argentina.

    En De Ucrania a Basavilbaso (1), rinde homenaje a sus antepasados y a quienes llegaron a Amèrica en busca de libertad y paz, al tiempo que narra su propia vida en el seno de la colectividad.

    Josè Isaacson, prologuista de la obra, comenta que "La autora de la crònica relata sencillamente, sin pretensiones literarias que la desviarìan de su propòsito esencial, y sus conjeturales hallazgos estilìsticos, paradòjicamente, malbaratarìan la fluidez de su escritura. Su mayor acierto, quizà, sea esta sencillez distante de la simplicidad. Esta modulaciòn le permite alcanzar la sinceridad sobre la cual edifica su homenaje a quienes con ella, compartieron la tarea de colonizar la pampa gringa".

    En la lìnea de Los gauchos judìos, las paginas de Arcuschìn tienen un hondo valor ètico y social, pues la cronista evoca, con una visiòn adulta de su pasado, la gesta de esforzados inmigrantes y los ecos que tuvo en los argentinos. En la obra de la entrerriana se observa la incidencia del momento històrico y el àmbito geogràfico en los personajes, la presencia de la autora en el texto, la religiòn y la educaciòn, el trabajo y las diversiones, como asì tambièn las reiteradas agresiones que sufriò la colectividad, y el efecto que causaron en la escritora y su familia.

    Arcuschìn relata la epopeya de sus mayores, quienes debieron emigrar, en tiempos del Zar Nicolàs II. Recuerda los relatos familiares sobre la razón que los llevó a dejar su tierra: los antepasados ""Fueron casa por casa, puerta por puerta alertando sobre el peligro del próximo pogrom y la urgencia de partir hacia América en busca de libertad y de paz".

    Emprendieron una dura travesìa: "Los niños, más pequeños, con la inestabilidad propia de su edad y desconociendo los peligros, corrían de popa a proa, perseguidos por sus hermanos mayores. Todo lo querían curiosear. Hasta que, atacados algunos por estados febriles, quedaban atrapados en sus cuchetas, sin darle descanso a los mayores, con sus llantos y quejidos. Todo se soportó estoicamente"

    A principios del siglo XX llegaron, vìa Hamburgo, a Buenos Aires, que, por ese entonces, era "chata, de casas bajas, con un puerto pequeño y muy pocos medios de transporte". Durante cinco dìas permanecieron en el Hotel de Inmigrantes, para emprender luego el viaje hacia Basavilbaso, provincia de Entre Rìos; al llegar, la JCA –Jewish Colonization Association- los distribuyò en distintas colonias agrarias. La familia de Arcuschìn se estableciò en Escriña, pequeño poblado a quince kilòmetros de Basavilbaso, "semidesierto, falto de vegetaciòn y con tierras donde la mano del hombre nunca habìa hundido la reja del arado". Allì es donde comienza la verdadera historia.

    Las familias lucharon denodadamente para lograr un digno modo de vida. Las inclemencias climàticas los agobiaban, las jornadas de trabajo comenzaban al amanecer y requerìan la colaboraciòn de todos los miembros de la familia. Poco a poco comenzaron a verse los frutos de su abnegada dedicaciòn: crearon una escuela y una sinagoga, la Cooperativa Agraria abriò sus puertas. Nacìan los hijos y, en ese clima de paz y bienestar, formaban sus propios hogares. Deseaban integrarse a la sociedad, ser ciudadanos, pero debieron sufrir las agresiones de gente sin escrùpulos.

    La protagonista, Feñe, y su marido, vivieron sus primeros tiempos de matrimonio en una època muy dura; se avecinaba la Primera Guerra Mundial –estamos en 1913- y debieron tentar suerte en la capital, donde se establecieron como comerciantes. Pero tampoco aquì tuvieron suerte; Feñe, embarazada, volviò a Entre Rìos, donde naciò su primera hija, en 1914.

    La narraciòn continùa, evocando tanto fracasos como alegrìas. Los nacimientos, las muertes, la prosperidad econòmica, la falta de asistencia mèdica, constituìan la realidad cotidiana de estos esforzados inmigrantes, comparable -salvando las distancias- a la de muchos extranjeros provenientes de otras naciones.

    Junto al deseo de arraigar se evidenciaba la intenciòn de mantener vivo el recuerdo del paìs de origen; las tradiciones se transmitìan de padres a hijos, unièndolos en un legado comùn. La patria nueva y la que debieron abandonar gozan por igual de la veneraciòn de los personajes. "¡No olvides que estamos en Amèrica! –dice uno de ellos-. Acà vivimos en paz. Nuestros hijos pudieron haber nacido allà. Pudieron haber sido esclavos. En cambio hoy son libres, son el futuro de este paìs hospitalario que recibiò a sus padres".

    Los momentos màs logrados de la narraciòn son –a nuestro criterio- aquellos en los que se evocan las costumbres hebreas en el marco de la apacible naturaleza entrerriana; ‘June y Soro-Leie’ y ‘Pesaj’ son los capìtulos en que el casamiento y la festividad de la Pascua aparecen en toda su esplèndida sencillez.

    Acerca del Pésaj, escribe: "Para dicha festividad, nuestra casa se pintaba íntegramente y se cambiaba la vajilla. Todo tenía que ser renovado. Simbólicamente puro. Al despertarnos por la mañana, y ver todo distinto, nos daba la sensación de vivir en una casa nueva. Por la noche empezaba la festividad. Nuestros padres regresaban de la sinagoga, vestidos con sus mejores ropas (...) La mesa estaba puesta con sus mejores galas, iluminada por dos candelabros ubicados en el centro.. Un botellón de grueso cristal dejaba ver el vino que papá había preparado meses antes, haciendo fermentar la uva cultivada en el huerto casero. Esta era depositada en damajuanas colocadas en la galería, y así con el calor del sol fermentaban y se convertían en zumo exquisito. Mamá llenaba las copitas destinadas a cada uno de nosotros y para los invitados que rodeaban nuestra mesa, sobrinos cuyos padres habían muerto. Compartían nuestra cena y disfrutaban el significado de los festejos. A la cabecera, en medio de las copas de papá y mamá, se destacaba muy especialmente una copita de plata, cuya trayectoria fue muy larga. Viajó desde Ucrania traída celosamente y guardada en una caja, como una preciosa carga destinada a continuar la tradición".

    Celebraciones de otra ìndole tambièn congregaban a los inmigrantes: los Carnavales, con sus coloridas serpentinas, y el 25 de Mayo, que se conmemoraba con carreras de sortijas a las que los extranjeros acudìan entusiasmados.

    En su narrativa, Marìa Arcuschìn relata la historia de un pueblo al que ama entrañablemente, y al que debe mucho de lo que llegò a ser como ser humano y como profesional. La colectividad judìa, hàbilmente retratada en su obra, tiene muchos rasgos en comùn con otras colectividades que, desde lugares remotos del mundo, llegaron al paìs en busca de la dignidad que, por distintas razones, no podìan tener en sus tierras de origen. En este cùmulo de inmigrantes, sin embargo, los extranjeros presentados por Arcuschìn son indudablemente tìpicos.

    La evocaciòn del paisaje provinciano es otro delos tributos que la narradora ofrenda a la Patria que acogiò a sus mayores; con suma habilidad pinta escenas de càlida nostalgia, como la que transcribimos: "Las casas con sus techos de tejas rojas, los cercos de madera, bajitos y pintados de blanco, prolijos canteros florales e impecables canchas de tenis con pisos de roja grana". Este era el barrio residencial de los ferroviarios ingleses, "un pedazo de las afueras de Londres injertado en Basavilbaso".

    La forma en que Arcuschìn alude a sì misma no es siempre idèntica. El punto de vista varìa, pasando de primera a tercera persona; eso posibilita que la veamos desde afuera, como la niña que fue, y que compartamos -cuando habla en primera persona- sus recuerdos de adulta.

    La primera frase de la obra ya la involucra, pues Marìa se presenta como nieta de los inmigrantes, evoca su nacimiento en la Colonia Nª 10 y rinde a su madre "un merecido y postrer homenaje publicando esta historia de sabor a veces amargo, pero con el mensaje del amor a la tierra".

    La escritora no se describe fìsicamente. Sì nos dice que querìa estudiar, y que recuerda. Vemos que repite "guardo en mi memoria", "perduran en la memoria"; estas frases la muestran como depositaria de una tradiciòn que ella quiere llevar al papel para que sus descendientes la conozcan.

    Aparece en el relato como un personaje màs en el grupo integrado por los siete hermanos; no busca destacarse ni centrar en su persona la narraciòn, pues la misma està destinada a evocar la vida de la madre, una mujer virtuosa que vio compensadas sus privaciones con el gran cariño que leprofesaron sus hijos.

    Muestra la trayectoria que ella realizò empezando "desde abajo", llorando porque un mundo de hombres le impedìa acceder a la instrucciòn. Con esfuerzo y constancia, pudo vencer muchas marginaciones: ser mujer, ser judìa y ser provinciana. En la obra, la cronista aparece ya adulta, ejerciendo la docencia. En esta actividad se observa una constante de su caràcter: su voluntad de crecer profesionalmente. Este anhelo podrìa haber quedado en la nada, en su lejana infancia entrerriana.

    En este libro encontramos un aporte històrico, y tambièn ètico. Saber escribir es un don, y un trabajo, y utilizar esa capacidad para transmitir valores engrandece el propio espìritu y el de quienes leen estos textos con la inteligencia y el corazòn.

    Arcuschìn no es una escritora formada a la luz de los principios estèticos y acadèmicos. Es un espìritu abierto que continùa una tradiciòn.





    Varios

    EL VIAJERO DE AGARTHA, por Abel Posse. México, Editorial Norma, 1989.

    El viajero de Agartha (), de Abel Posse, fue distinguida con el Premio Internacional de Novela Novedades y Diana 1988-1989 en México. Transcribimos un resumen de su argumento: "En 1943, cuando el curso de la Segunda Guerra Mundial se vuelve contra Alemania, Hitler ordena a un oficial de su confianza emprender una importante misión secreta. Deberá iniciar un viaje solitario a través de Asia Central con el objetivo de descubrir, en algún lugar oculto de la India o del Tibet, la mítica Agartha, Ciudad de los Poderes. Irá con la falsa identidad de un arqueólogo británico ejecutado por la Gestapo. Esta aventura a través de la geografía exótica se va transformando en un viaje hacia el universo esotérico de las mitologías paganas, en las que el nazismo fundamentó su ‘Teología de la violencia’. Retomando el tema de Los demonios ocultos, esta gran novela de Abel Posse es, en definitiva, una metáfora reveladora del fracaso de la ideología nazi" ().

    En la nota que abre el volumen, Posse se refiere a los nazis y a la forma en que surgió esta novela: "Conocí algunos nazis refugiados en la Argentina de mis años de estudiante. Desde entonces se instaló en mí la pregunta: ¿Qué convicción oculta, inexplicable, llevó a estos hombres a optar por la muerte, el sacrificio sangriento y la autodestrucción individual y nacional? ¿Qué fuerza secreta los hizo saltar del previsible surco de la burguesía alemana y de su encomiable cultura? Sin duda un dios tan sediento de sangre como el dios de los mexicas tuvo que haberlos impulsado. Este texto nació en torno de aquella pregunta. El tema, todavía hoy, ha sido escamoteado con entusiasmo por los autores alemanes, pero está ligado a la esencia del autoritarismo y de la locura de este siglo que expira. Es por lo tanto un tema universal, un tema profundamente americano".

    El protagonista de la novela es Walther Werner, graduado en lenguas orientales y arqueología, teniente coronel de las fuerzas especiales nazis, quien se define como "el mensaje de salvación arrojado al mar enfurecido". "Soy un SS –afirma-: mi primer mandato es matar o morir matando esa sucia rémora hija de una cultura pestilente y sentimental: la nostalgia, la roñosa humanidad y su engendro bastardo, el mentado ‘humanismo’ ".

    Es justamente esa postura ante la vida la que hace que se desvincule del hijo que tuvo con una española, que apareció muerta en Burgos "cuando entraron las fuerzas vencedoras de Franco". Sin embargo, el pensamiento en el niño aparece con persistencia y motiva la carta que le escribe en Singapur en 1943. "No puedo imaginar ya su rostro –afirma-. Le faltan los años necesarios para comprender el sentido de mis líneas y en especial las causas que me obligaron a abandonarlo".

    Aunque quiera convencerse, no es tan indiferente a la paternidad como él desearía: "Tuve el acoso de la imagen, absolutamente imaginaria de mi hijo lejano. Curiosamente, al no conocerlo ni tener fotografías de él, fui creando un ser con facciones casi precisas, hasta con gestos individuales y un cierto tono de voz que no comprendo".

    Recuerda el momento en el que, en Madrid, cortó el débil lazo que lo unía al niño: "Un hijo puede provocar una extraña ternura cuando se lo alza y se oye su risa inocente y feliz. Pero me era indispensable extrañarme de él y de su madre. (...) Como había dicho Bullmann, un SS no tiene familia, ni origen, ni otra consecuencia que el desafío de construir un mundo nuevo. (...) ¿Cómo renunciar a todo y quedarme junto a mi hijo? El mito era ya más fuerte que la realidad".

    Entonces aparecen las referencias a la Argentina, país en el que se cría el pequeño, lejos de su padre: "Es un ser lejano que repite mi sangre. Nada sabe de mí. Crece en una ciudad periférica como al margen de la historia, Buenos Aires. (Estas palabras me suenan a paz, a tierras vacías y aventadas)". Repite, sin convencerse, los principios que lo privaron de este niño que "Crece en Argentina. En Buenos Aires. Allí crece olvidado el hijo de mi sangre, de mi ‘etapa meramente humana’ (...) Cuesta liberarse de las trampas con las que nos castra el judeocristianismo: vivir cargando a la espalda un gran crimen innominable. La Culpa. Sobrevive en mí ese repudiable otro".

    Pero la moral es más fuerte que el adoctrinamiento, afortunadamente, y lo obliga a imaginar una ciudad de la que poco sabe: "¿Cómo sería esa ciudad de Buenos Aires? Tengo referencias vagas, fotos vistas en un álbum de turismo. Imagino una ciudad de casas bajas, calles muy quietas, con avenidas largas y monótonas como las de ciertos barrios de Londres. Es un pueblo bastardo, pero casi blanco y amigo de Alemania". Una vez más, el racismo hace su nefasta aparición.

    "Albert, Alberto, mi hijo. Ahora corre por esas calles abiertas donde suenan guitarras lejanas. Gute winde, Buenos Aires". La pena sobrecoge a este hombre aparentemente tan duro, que muere sin ver a su hijo, y lo reencuentra más de treinta años después, cuando Albert –el periodista Alberto Werner Lorca- recibe en París el libro de notas de su padre, circunstancia en la que "Detrás del horror de la historia y de la atrocidad de la ideología, sin embargo, encontró las vibraciones del alma de ese padre al que nunca conoció".

    En Singapur, un hombre imagina la Argentina. En Buenos Aires, un hijo imagina a su padre. Esta es otra de las facetas del exilio, que encuentra en Posse una voz empeñada en evocarlo".

    MIS DOS ABUELAS. 100 AñOS DE HISTORIAS, por Nora Ayala. Buenos Aires, Vinciguerra.

    Nora Ayala evoca en Mis dos abuelas. 100 años de historias las vidas de Gerònima, su abuela criolla que vivìa en Misiones, y la de Christina, su abuela alemana que se estableciò en Trelew.

    Christina es una mujer con estudio que viaja a la Argentina contratada como ama de llaves en casa de un director de un banco de su paìs. Ya en Adroguè, provincia de Buenos Aires, conoce a un italiano con el que se casa. Habiendo nacido los hijos, el hombre decide que lo mejor es volver a su tierra, para vivir de rentas. No imaginaba que, para ello, deberìa dejar aquì a una de sus hijas, que no pudo embarcar a causa de una enfermedad. Cuando el hombre, dos años despuès, vuelve temporariamente a la Argentina, no es a la niña a quien lleva a Italia -como le habìa pedido su esposa-, sino al padre, deseoso de ver su pueblo. Se avecina la guerra y el italiano hace oìdos sordos a su mujer, quien insiste en que deben regresar, quien inisite en que deben regresar, aprovechando que los hijos –salvo la menor- son argentinos.

    Finalmente vuelve Christina, sin marido y con algunos de los hijos, ya que otros quedan trabajando y uno està preso por haberle pegado a un superior, durante una estadìa forzada en la milicia. Comienza entonces una vida nueva para la alemana, quien, utiliozando los conocimientos que traìa de su tierra, ademàs de su ingenio y esfuerzo, pone un negocio que prospera y se sobrepone a las dificultades.

    Si la abuela criolla era sobrebia y dominante, la alemana –con un caràcter tan fuerte como el de su consuegra- era afable y comprensiva: "cada una en su tribu gozò de respeto y predicamento. En el caso de Christina, ademàs, de cariño; en el de Gerònima del Rosario, por què no, de temor".

    Ayala narra en què circunstancias llegò a la Argentina su abuela, en 1891: "Un aviso en el Bremer Zeitung en el que se solicitaba una ama de llaves dispuesta a viajar a Buenos Aires, la habìa conectado con herr Jantzen y su esposa, que irìan a instalarse en un remoto paìs sudamericano llamado Argentina. El caballero iba como gerente del Deutsche Transatlantik Bank y lo acompañaban su esposa y sus tres pequeños hijos".

    Se despide de su familia y de su tierra, a la que tardarìa años en regresar: "El puerto de Bremen se iba empequeñeciendo en la lejanìa mientras Christina, con los ojos llenos de làgrimas, abrazaba fuertemente la estatuita del Bremer-Staedt-Musikanten que su padre le habìa regalado al despedirse. Ya no se veìan las figuras de herr Peter con Lina, Ana y Johan, agitando los pañuelos".

    Otros alemanes tambièn viajaban hacia ese paìs desconocido. El ingeniero Walter Rathhof, afincado en el litoral, recuerda: " ‘¿Còmo vine a parar acà? Hace tres meses ni sabìa que existìa este lugar. ¡Misiones!’ Apenas si habìa visto el nombre de Argentina en el mapa. En Alemania no conocìa a nadie que hubiera andado por esta parte del mundo, pero bastò una propuesta para dejar la familia, el empleo seguro, la patria, los amigos, por la aventura. (...) Allà era un ingeniero màs, sin mucha experiencia entre tantos otros, en cambio acà estaba todo por hacer ¡Y justo puentes! Si hubiera sabido que alguna vez tendrìa que hacer puentes, tan lejos y sin poder consultar con nadie, hubiera prestado màs atenciòn a aquel viejo profesor que siempre hablaba de los de la India y de la China. Despuès de todo, los que tendrìa que hacer acà tendrìan màs en comùn con esos que con los prolijos puentes de hierro que diseñaba en la facultad. Ademàs, habìa que hacer todo desde el principio, ni siquiera las mensuras estaban y los lugareños medìan las distancias en tiempo: dos dìas de barco, un dìa de a caballo".

    Para comunicarse en la nueva tierra, debìa aprender el idioma: "Tres meses estudiando español. Por suerte en el viaje habìa un valenciano que le sirviò de involuntario profesor y lo llamaba ‘el alemàn del diccionario’. Pero lo importante era que se hacìa entender y comprendìa bastante. Y a la fuerza, porque hasta ahora no habìa encontrado a nadie que hablara alemàn".

    En Italia tambièn se hablaba de la posibilidad de emigrar: "El tìo de Luigi habìa estado en Amèrica, donde habìa muchos italianos, todos ricos, por lo menos para los paràmetros del paese y cuando volvìa a Bagnasco entre un viaje y otro, encantaba a amigos y parientes con los relatos de esos mundos lejanos y maravillosos. La vida de los contadini era penosa y se trabajaba de lunes a lunes, sin ninguna esperanza de cambio, solamente para comer".

    Pero la lejanìa se hace sentir en quienes dejaron la penìnsula: "¡Bagnasco! Nunca hubiera creìdo que extrañarìa tanto ese pueblo contra el que tanto habìa despotricado, las tardes con Franco y Luigi mojando los anzuelos en el Tanaro mientras soñaban con tierras lejanas, aventuras, ciudades, fortunas".

    Los criollos eran prejuiciosos con los inmigrantes: "Nosotros no vinimos a matarnos el hambre como los gringos, estuvimos siempre acà...", afirma la abuela Gerònima.

    La discriminaciòn se evidencia al vender una propiedad en Misiones. La casa del Tata "fue comprada por una familia turca, aunque Gerònima hubiera preferido que no cayera en manos extranjeras, pero ellos fueron los que pagaron y no habìa nada que hacer". Al poco tiempo, comienza a correr el rumor de que los turcos habìan encontrado en el fondo de la casa un cofre lleno de monedas de oro; para esa època, los inmigrantes instalan una importante tienda. El prejuicio aparece nuevamente: "Teniendo en cuenta que los turcos que habìan llegado al paìs poco tiempo antes, si bien eran gente trabajadora y honesta (a pesar de ser extranjeros) no podìan tener dinero como para hacer semejante inversiòn, el rumor tenìa visos de realidad".

    Los inmigrantes tambièn tenìan sus prejuicios. Dice una italiana, acerca de su hija: "Matilde, casada lamentablemente con un criollo". Otro italiano, referièndose al pretendiente de su hija, "dijo sin vueltas que los criollos eran todos haraganes y que no querìa a ninguno en su familia, con lo cual Samuel quedaba automàticamente excluido".

    Un criollo era discriminado en el trabajo. Samuel estaba empleado en una empresa alemana: "al principio estuvo muy contento hasta que se dio cuenta de que los alemanes discriminaban a favor de los compatriotas en el momento de los ascensos".

    La religiòn era otro de los motivos de discriminaciòn, esta vez entre una inmigrante italiana y su futura nuera, alemana: "La señora Irene era muy catòlica, de comuniòn diaria y colaboraba con el pàrroco en las labores sociales de Adroguè. El hecho de que Christina fuera protestante no contribuyò a facilitar las cosas".

    Para muchos inmigrantes, la estadìa en Amèrica era temporaria: "No sabìa còmo habìa empezado a planear el viaje. Al principio habìa sido una idea sin forma: ver la casa de piedra donde habìa vivido su primer año de vida, visitar esos tìos y primos que no conocìa, ver el castillo del Conde de Bagnasco que le daba nombre al pueblo, que tantas maravillas debìa encerrar, aunque nadie de los Gemesio lo hubiera visto por dentro, gozar de ese clima seco y predecible, de ese aire puro que curarìa su asma, y lentamente, por què no, la idea de comprar una casa, la màs linda del pueblo y vivir allì con Christina y los hijos, respetado y envidiado por todo el peublo, sin trabajar, como rentista con el dinero que le mandaran de Argentina. La vida en Bagnasco era barata, bien podìa hacer realidad su sueño".

    Pero a veces, para volver a Europa, tenìan que hacer sacrificios inmensos. Christina tuvo que dejar a su pequeña hija en la Argentina, cuando viajò a Italia con su marido y los demàs hijos. Al someterse a la revisaciòn indispensable para viajar, el mèdico dice: "¡Esta criatura tiene fiebre!- y le sacò la gorrita, y cuando vio los granos exclamò: -¡Esta niña no puede viajar!".

    A pesar de la tremenda angustia de su madre, "quedò Elenita, que sòlo tenìa tres años, en brazos de la abuela Irene, mientras el Principessa Mafalda se alejaba de la costa, los pañuelos se agitaban en el puerto y Christina, a travès de las làgrimas veìa empequeñecerse las figuras familiares. Por primera vez mirò a su marido con rencor".

    Ayala nos habla de los oficios que desempeñaban los inmigrantes de distintas nacionalidades. Christina fue ama de llaves, luego repostera y empresaria. Walter era ingeniero. Uno de los hijos de Gerònima era "asistido por una sirvienta gallega que estaba ahorrando hasta el ùltimo centavo para traer a su familia". Un inmigrante, carnicero, cuenta que "era soltero, que habìa nacido en Italia pero que habìa venido cuando era muy pequeño, que le gustaba la mùsica y la habìa invitado al Teatro Colòn".

    Tambièn disfrutaban de la mùsica inmigrantes y criollos, en Misiones: "Por las noches, despuès de cenar, los martes y viernes en lo de Rathhof se hacìa mùsica. Venìa herr Engelsberg con su esposa y su violoncello y el señor Di Matteo con su violìn, Walter arrimaba su propio viloncello y rodeaban el piano de Zaida, dedicàndose a hacer mùsica durante un poco màs de una hora".

    "La radio era el entretenimiento de muchos. Recuerda Nora: "Por fin llegò papà de vuelta de Sacanana, lleno de regalos y novedades: para mì un triciclo y para Chichìn una muñeca negra, y para todos la ùltima novedad de la ciencia que era una radio en forma de capilla, que no se oìa muy bien pero transmitìa mùsica con mucha descarga y estàtica y programas chilenos. Allì escuchamos la noticia de la muerte de Gardel, que entristeciò mucho a los mayores. Ñanquetrù no se podìa convencer de que no hubiera alguien, tal vez, enanitos, adentro dela radio, y aunque papà quiso explicarle lo delas ondas hertzianas, nadie lo pudo convencer de que no era gualicho".

    . Las tradiciones culinarias de otros paìses son evocadas en esta obra. Por ejemplo, la comida de los oriundos de Bagnasco, vista por una alemana: "El almuerzo fue muy a la italiana, con comidas que nunca habìa probado pero que le encantaron: ravioli al tuco, carne a la cacerola y tutti frutti con sabayon de postre".

    En estas pàginas està presente, asimismo, el recuerdo de la guerra, en la que un argentino se ve obligado a participar. Ya en Amèrica nuevamente, el joven, hijo de italiano y alemana, "Tenìa hàbitos realmente originales: festejaba su cumpleaños con los presos de la càrcel de Posadas, para lo cual preguntaba cuàntos eran y compraba igual nùmero de paquetes de cigarrillos, màs el suficiente helado como para que todos tuvieran uno bien grande. Decìa: -Es una promesa que hice cuando cumplì años en prisiòn durante la guerra. –Y lo cumpliò mientras viviò".

    La historia de estas dos abuelas permite a Ayala realizar un cuadro costumbrista de una època de la Argentina, a la que evoca a travès de los relatos familiares y de su propia rememoraciòn.

    CUANDO EL TIEMPO ERA OTRO Una historia de infancia en la pampa gringa, por Gladys Onega. Buenos Aires, Grijalbo Mondadori, 1999.

    Gladys Onega "es profesora de Filosofìa y Letras de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Fue maestra primaria, profesora secundaria, profesora universitaria de literatura argentina y dictò seminarios de crìtica en la facultad donde se graduò. En 1976 se fue del paìs y desde entonces hasta su retorno, en 1989, trabajò como editora en las ciudades de Washington y Mèxico. Mientras fue profesora en la Universidad escribiò numerosos artìculos de crìtica literaria y en 1960 un libro de ensayo llamado La inmigraciòn en la literatura argentina, siempre citado en los anàlisis de las ideas que subyacen en la literatura del perìodo inmigratorio argentino" (1).

    En esa obra escribe: "El propòsito de este trabajo es analizar el reflejo del fenòmeno inmigratorio en la literatura. Para ello hemos seleccionado los textos de acuerdo con un criterio eclèctico: valor estètico, significaciòn del contenido, importancia de sus autores en su momento y repercusiòn posterior de su obra, y, en general, textos y autores importantes y en nùmero suficiente para presentar una panorama completo –aunque no exhaustivo- de las variantes con que la òptica intelectual observò el problema" (2).

    El tema de la inmigraciòn es abordado en Cuando el tiempo era otro. Una historia de infancia en la pampa gringa (3) desde otra perspectiva. Onega escribiò este libro convencida de que "todos tenemos derecho a escribir nuestra historia", como ella expresó en un reportaje (4). Su historia se inicia en Acebal, provincia de Santa Fe, donde nace en 1930, y continúa en Rosario, ciudad a la que se mudan en 1939. Sus primeros años transcurren en el seno de una familia integrada por un gallego tan esforzado y ahorrativo como autoritario; una criolla apasionada por la hija mayor, la lectura y la costura; y dos hermanos, que acaparan la atención que la pequeña reclamará para sí. Junto a ellos encontramos la familia de la casa da pena –los gallegos que quedaron en su tierra-, los parientes gallegos que emigraron y los parientes criollos de la madre, y los inmigrantes –en su mayoría italianos- que viven en el pueblo.

    "Todo parte de un hecho real –dijo en ese reportaje-, pero hay ficción en cuanto hay una creación lingüística muy grande. Nunca junté papeles ni documentos, pero en mi casa todo el tiempo se estaban contando cosas. No había otra manera de conectarse con la gente de España; no los conocíamos. Sì hablè mucho con mi hermana y con mis primas, quienes me ayudaron a reconstruir todo. Todas estas cosas, igualmente, siempre estuvieron presentes en mì. Incluso digo, con muy poca caridad, que en la familia de mi madre eran ‘faltos’, porque no era que repetìan historias interesantes, sino que repetìan siempre las mismas. Y èstas, de cualquier modo, aunque no eran interesantes, se fueron fijando. Y del lado de los gallegos siempre contaban historias diferentes y muy amenas, y completamente extrañas sobre el viento, el frío, la nieve, y las contaban en todo el pueblo".

    El padre de Gladys Onega "Llegó solito, y cuando fue a la casa de su tío Agapito Vega, hermano menor de mi terrible abuela Carmen, esa noche lo pusieron a dormir en la cochera y no en la cama más blanda, como aquella que le reservaban siempre al tío Agapito en la casa da pena de Galicia". La escritora se pregunta: "¿El tío que lo encandiló en Galicia con la ilusión de América fue el primero que empezó la destrucción de la ilusión?".

    Acerca de la abuela gallega de Gladys Onega, "contaban que cuando servía el caldo, los cachelos y las coles, al levantar el brazo en ademán inminente de servir la segunda vuelta, las más de las veces se detenía arrepentida y devolvía ese segundo cucharón intacto al pote; ella sabía que cada bocado de más que hartaba a su prole era un día que restaba para comprar o muiño velho e o prado d’arriba y escriturar la tierra que faltaba para unir los pequeños retazos del minifundio en una propiedad mayor".

    El inmigrante echaba de menos a su familia: "Ignoraba y lo ignoré por mucho tiempo cuánto había llorado desde aquel día en que se fue de junto al señor Manuel y la señora Carmen, sus padres, mis abuelos. (...) mi padre choraba por él y por sus padres que sí eran de Galicia, se habían quedado allí sin moverse, clavados en un cruceiro, secándose las lágrimas con un desmesurado pañuelo a cuadros orlado de negro quién sabe por qué luto de una muerte ya ocurrida o por el duelo de ellos mismos que morían viendo la partenza de sus hijos, debajo de un enorme paraguas también negro que los protegía de la chuvia que nunca había escampado desde el día en que mi padre dejó de ser de allá y se convirtió en extranjero aquí, en un mundo que no había visto".

    Una promesa hace viajar a su aldea al gallego Onega. Cuenta Gladys, su hija: "Cuando mi hermana tenía dos años mi padre decidió ir a Galicia en un viaje que él había prometido a sus padres en aquel día de la partenza y que ahora cumplía, para mostrarles que había hecho la América, en la medida en que América se lo había permitido y él la había podido. Mi madre no lo acompañó porque tenía miedo de enterrarse en una aldea que para ella estaba tan llena de peligros y de misterios como para mis abuelos aldeanos el lugar remoto donde ella había nacido y adonde había ido a parar su hijo. Y más miedo le daba vivir en la casa de su suegra, mi terrible abuela Carmen. Ya conocía historias de la señora da pena que, con justicia, no la alentaban a emprender ese viaje. Allá se fue papá a hacer las mejoras en su casa natal y allá se quedó dos años que mi madre aprovechó para pasar a su hija de la cuna a la cama matrimonial. Cuando volvió, José era un desconocido que sacó a la hijita de cuatro años de esa cama para acostarse él y para engendrar otra hija. A los nueve meses nací yo".

    Ya adulta, la escritora viaja a la tierra de sus mayores, y advierte que la Galicia de la añoranza de su padre era muy distinta de la real: "Cuando finalmente llegué a Galicia –escribe Gladys Onega- sólo reconocí y sólo recuerdo el olor ácido a estiércol y la moscas ennegreciendo los cuencos, de lo que nunca me había hablado. Los trabajos eran más aliviados, las penurias menos pesadas, y las nieblas tan vagorosas y pobladas de brujas temibles como las inventadas por los hermanos Grimm, que allí se llamaban as meigas".

    Los días de la infancia son descriptos con nostalgia y visión crítica. Las peleas entre los padres, los accesos de tos convulsa, las comidas inmigrantes y nativas, el aprendizaje de las primeras letras, los internados católicos para varones y mujeres, la tolerancia ante la conducta infantil y los castigos que imponía cada uno de los progenitores, son recordados por esta hija dècadas despuès.

    Haberse casado con alguien con una historia distinta, puede volver difícil la convivencia: "otro dolor eran las peleas entre mis padres, y que además los chicos magnificábamos. Estaba el choque de culturas entre un gallego y una criolla que nunca pudo entender la cultura gallega". No entendìa la cultura, pero la obligaron a cocinar comidas tìpicas: "Mi madre no sabía nada de la cocina gallega pero, ante nuestra insistencia, había aprendido a hacer fillohas, delgadísimos discos de harina y huevo cocinados en la sartén con una cucharadita de manteca, que comíamos espolvoreados con azúcar".

    Muchos inmigrantes no sabìan castellano, o querìan perfeccionarlo. Casi todos aprendían el idioma por las suyas, ayudándose algunos con el diccionario, el cual "También es parte de la cultura inmigrante. El diccionario les solucionaba las crisis que podían tener con su segunda lengua. Está muy conectado con los autodidactas" (5).

    De uno de sus tíos dice Gladys Onega: "Claro es que Eliseo poca escuela tenía, era un autodidacta de aldea y de pueblo como todos los gallegos de mi familia, siempre tratando de pulirse con la lectura del diccionario y de los buenos diarios que a sus manos llegaban, sin desdeñar los más sensacionalistas, por eso de su afición a la grandilocuencia. (...) El Quijote y el diccionario educaron a ese autodidacta, quien los citaba con exactitud pero con exceso pues no había adquirido los moldes que impone la educación formal, por eso no calibraba el uso y abuso de los epítetos ni percibía la risa que provocaban en oyentes que no los habían leído o que ni siquiera tenían referencia de su existencia".

    Los avatares de la vida en la Argentina son el marco de la evocaciòn de esta familia integrante de la comunidad acebalense. El fraude político en Santa Fe es un episodio evocado con detenimiento, asì como la reacciòn de los inmigrantes italianos ante el fascismo, y la poca fortuna de quienes no habìan cumplido su sueño de "hacer la Amèrica".

    La finalización de los contratos ocasionaba que familias enteras se trasladaran en busca de otro campo para trabajar. En un viaje por Santa Fe, Gladys Onega y su padre ven a "los expulsados de la tierra": "vimos un carrito del que tiraban una mujer y un hombre, cada uno de su vara; en ese carrito pequeño y angosto llevaban su casa. Allí habían cargado los muebles, los hierros de labranza, un baúl, atados de ropa y todavía cabía una cama donde unos chicos y la nona se amontonaban y se tapaban del sol con la colcha blanca de algodón ahora ennegrecido, que había formado parte del ajuar europeo y que tantas veces había visto en las casa de chacareros, atada por sus cuatro puntas al respaldo y a la piesera de hierro de la cama. Debajo de ese toldo trataban de salvarse del terrible castigo del sol y del bochorno de la tarde con el aire que debía soplar por los costados libres. Detrás del carrito venían unos muchachos que empujaban aliviando el esfuerzo de sus padres".

    Un conflicto bèlico es recordado en estas pàginas, relacionado con la vida cotidiana de los inmigrantes y sus hijos: "nunca he dudado de que la Guerra Civil también se libró en mi casa. El día del cumpleaños de mi hermana Chichita, el 17 de julio de 1936, Franco declaró el estado de guerra en las Canarias y ésa fue la señal para que el 18 se extendiera a toda España. El 1° de abril de 1939, a los veinte días de mudarnos a Rosario, terminó. En esos tres años, mientras yo estaba viva en Acebal, la mitad de España moría, muerta por la otra mitad. No sabíamos que había comenzado la matanza y ese día, como siempre, mis hermanos, mis primos y los chicos tomamos chocolate. Cuando hubo pasado tres años, Bebo, Chichita y yo supimos el día final porque entró Justo Vega y llorando lo dijo, ya no en mi casa natal sino en el departamento alquilado de Rosario donde vivíamos y yo, la niña que era entonces y hoy evoco, sé que sentí dolor por las lágrimas de Justo, por el silencio de mi padre y porque no pude aliviarlo con juegos en las calles del pueblo, que ya no estaban, y todavía yo no tenía con quién jugar".

    Desde la Argentina, durante la Guerra Civil, se enviaban encomiendas. Los Onega, como tantos otros inmigrantes "respondían con la acción: armaban, envolvían en lienzo, rotulaban con grueso tinta espesa, ataban con cuerdas, lacraban con sellos y aseguraban con sunchos los paquetes de ropas de abrigo y de alimentos que cruzaban el mar y quién sabe cuándo llegarían y si llegarían hasta a pena. La familia esperaba, y para protegerla acudían a Dios y al diablo". Los niños participaban en los envíos: "Los chicos también éramos leales y creíamos que ayudábamos juntando papel plateado de cigarrillos, chocolate y chocolatines, que despegábamos del papel blanco que lleva adherido y con el que íbamos haciendo bolas de papel de plomo que mandábamos a Negrín para que hiciera las balas para la República".

    Hasta en los hechos mìnimos estaba presente el sufrimiento de los españoles en su tierra: "Después de haberme ofrecido el néctar, la leche y la miel, mi padre me alzaba y tomaba la posta en la continuación del rito nutricio; con él las acciones eran lentas y alentadoras, él no estaba agotado de cocinas y de chicos, venía de estar horas con hombres resolviendo problemas de hombres y con su hija menor le cundía la paciencia, que con el correr de las horas a mi madre se le había ido al diablo. Inflexible era sin embargo en darme de comer una cucharadita de sopa por los abuelos de España, otra por los abuelos de Melincué, otra por los huérfanos de la Guerra Civil, otra por el ángel de la guarda dulce compañía y por todos los personajes queridos y sagrados que se le ocurrían".

    Asì ha contribuido Gladys Onega a la vertiente de la autobiografìa en la Argentina, con este libro creado con la emoción de lo vivido, y la pluma de los escritores talentosos.

    LA PASIÓN DE UN VISIONARIO Theodor Herzl, por Miryam E. Gover de Nasatsky. Buenos Aires, Milá, 163 pp. (Imaginaria).

    "En el Centenario del fallecimiento de Teodoro Herzl –afirman Manuel Junowicz, Presidente de OSA, y Benjamín Schneid, Director Ejecutivo de dicha institución-, la Organización Sionista Argentina (OSA) conjuntamente con el Departamento de Cultura de AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) se enorgullecen de entregar a la comunidad el libro ‘La pasión de un visionario’, de la Prof. Miryam Gover de Nasatsky. (...) Nuestro reconocimiento al entusiasmo y el esfuerzo realizado por la autora para lograr esta novela histórica. El libro nos gustó y esperemos que sirva de material para la comunidad y las nuevas generaciones".

    Como no podía ser de otra manera, de una pluma como la de Miryam Gover -escritora, poeta, investigadora y docente- surge una obra en la que la documentación no conspira contra la literatura, sino que se pone al servicio de ella. En la novela –que se desarrolla en Viena, París, Londres y otras ciudades, entre 1895 y 1897-, el protagonista surge como un ser humano vívido, al que agobian sus premoniciones acerca del futuro de los judíos, pero que también se siente culpable por el descuido en el que, en pos de su ideal, sume a su esposa e hijos. Basado en la historia, es, sin embargo, un personaje literario, al que vemos actuar en su vida cotidiana, y también dirigirse a las mayores personalidades de su tiempo en busca de un apoyo que difícilmente logra.

    La escritora lo evoca en cada entrevista realizada en pos de su sueño: una tierra en la que los judíos puedan vivir en paz, donde no sean solamente tolerados. Entre estas entrevistas, me resultó especialmente interesante la que mantiene con el Barón Hirsch, ya que esa conversación alude a la Argentina. Ambos hombres ilustres debaten acerca de la conveniencia de sacar a los judíos de los lugares en los que se los oprime, pero, mientras el Barón está orgulloso de su obra, para Herzl, no es más que beneficencia. Además –opina Herzl-, el Barón logra salvar a unos cuantos judíos, no a todos, objetivo que se lograría si existiera un Estado.

    La fundación de Die Welt -el diario en el que Herzl debe firmar con seudónimo-, el Primer Congreso Sionista y la proclamación del Programa de Basilea son hitos fundamentales en la trayectoria de Herzl, que la escritora aborda con solvencia. La evocación de las jornadas relacionadas con este último evento, que tuvo el cierre de una fiesta, nos habla del talento de Gover para retratar personajes y situaciones.

    Centrada en el protagonista, y en años decisivos de su vida, la obra evoca asimismo el panorama de lo que sucedía en el arte, la ciencia y la técnica en Europa y en otras latitudes, conformando una cuadro de época amplio y abarcador, que permite comprender aún mejor la gesta del visionario.

    "Escrita con pasión y pericia –a criterio de Ricardo Feierstein-, esta recreación histórica no sólo desecha mitos arraigados sobre el nacimiento del sionismo. Constituye, sobre todo, una lectura fascinante de alto valor literario".

    Completan el volumen numerosas fotografías sobre Herzl, su familia y el Monte que lleva su nombre, en Jerusalén.

    CUATRO OBRAS DE TEATRO JUDIO MODERNO, por Andrea Bauab. Buenos Aires, Milá, 2005. 160 pp.

    Andrea Bauab "ha sido la creadora e impulsora de la ‘Compañía de Teatro Judío Contemporáneo’, con el incentivo y el apoyo del Departamento de Cultura de AMIA donde seis elencos representan dichas obras. Cabe destacar que las cuatro obras publicadas en este libro fueron dirigidas por el talentoso Eduardo Vigovsky". "Es nuestro deseo –continúa Moshé Korin- que se difundan, que otros directores y actores las interpreten y hagan llegar sus interrogantes, reflexiones y mensajes a provincias de la Argentina y a otros países de Latinoamérica".

    A punto de irnos refleja el conflicto, las dudas, los intereses disímiles de los integrantes de una familia que emigrará a Israel. Los integrantes de esa familia no están del todo de acuerdo: es una decisión muy dura, y cuesta tomarla. El padre, hasta último momento, intentará quedarse en la Argentina, dando un nuevo voto de confianza a la realidad de nuestro país, pero recapacitará a tiempo.

    Desde la cuna plantea algunas de las posturas posibles con respecto a la religión, la tradición, y el respeto por los ideales de la comunidad. Varios personajes encarnan esos puntos de vista, que los llevarán a plantear aspectos de una situación acerca de la cual todos ellos tienen algo valioso para decir.

    Nunca es demasiado tarde relata la historia de una mujer mayor, que decide casarse. Muestra la oposición de los hijos y la aceptación de los nietos, acercando a dos generaciones que, casualmente, son las que se acercan al buscar la historia de cada familia. Se sostiene que, entre los inmigrantes de diversos orígenes, quienes buscan las raíces son los más jóvenes, los que no ha sufrido directamente las consecuencias del desarraigo de los inmigrantes.

    El sueño de Theodor es una obra diferente, aunque relacionada con las anteriores por la confrontación entre el ideal y la realidad. En ella, Theodor Herzl dialoga con Itzhak Rabin; de ese diálogo, imaginado por la autora, surgirán interesantes conceptos.

    Representativo para los judíos, este libro es importante asimismo para quienes no lo somos, porque evoca la desazón siempre vigente de quien ha dejado su tierra, de quien ve que sus hijos no continúan las tradiciones en el nuevo país, de quien comprueba apesadumbrado que debe emigrar. Refiriéndose a los judíos, las obras de Bauab nos hablan, en definitiva, de la diáspora de todos los inmigrantes, que encontraron aquí una nueva tierra, en la que tuvieron variada suerte.

    HISTORIA DE LOS JUDÍOS ARGENTINOS, por Ricardo Feierstein. Buenos Aires. Galerna, 2006. 464 pp. Tercera edición revisada, ampliada y con cuadro cronológico desplegable. Prólogos de Marcos Aguinis y Héctor Schmucler.

    Cuando se presentó esta edición, en la Feria del Libro 2006, el autor señaló que no se trata de la historia de los judíos en la Argentina, sino de la Historia de los Judíos Argentinos, distinción que apunta al pasado de una comunidad que ha arraigado en el país en el que se estableció, y no una comunidad que sólo se encuentra alojada en la nueva tierra.

    En el prólogo, afirma Marcos Aguinis: "Esta obra, que abarca más de un siglo de vida de la colectividad judía en Argentina, da cuenta de los antecedentes coloniales y de los años de la inmigración masiva, de la colonización rural y de las sucesivas radicaciones de los grupos urbanos a lo largo del siglo XX. Aquí se cuenta la historia de los barrios, de las instituciones comunitarias, de las ideas y personalidades judías en la vida argentina.. Este libro, es a la vez, memoria de hechos gozosos y de dolor; aquí están reflejados los acontecimientos de plenitud creadora, de fructífera integración, pero también los de antisemitismo o los atentados terroristas. Anécdotas, costumbres y tradiciones fueron dejando una "marca judía" tanto en las pequeñas poblaciones como en las grandes urbes de la Argentina, al tiempo que se modificaban por las prácticas lugareñas y la interacción con otras colectividades".

    "Conscientemente –escribe Feierstein- estas páginas no se concibieron como ‘historias rosas’ de perfecta armonía ni como un ‘libro negro’ para contabilizar resentimientos y frustraciones. Tampoco se han omitido ni presentado sectores comunitarios con la visión tuerta y parcializada que acomoda el pasado al presente".

    El resultado es un volumen destinado a todos los públicos -judíos y gentiles, chicos y grandes, con estudios y sin ellos- porque cuenta una historia narrada desde el corazón, con una visión que hace hincapié tanto en los grandes sacrificios de los pioneros como en los maravillosos logros de los artistas -por citar sólo dos ejemplos- y se remonta a la época precolombina, desde donde iniciará un recorrido fascinante a lo largo de siglos, sustentado en material histórico y enriquecido con fragmentos de obras literarias, films, historietas, etc. En el Epílogo se refiere a los dos terribles atentados a la comunidad que, no obstante, sigue adelante con valentía; sin olvidar a sus muertos, mira hacia el futuro.

    Pero Feierstein no sólo es historiador, es también novelista y poeta. En el Prólogo a esta tercera edición, Héctor Schmucler señala la confluencia de esos dos aspectos de su personalidad: "Un libro de historia que bien podría leerse como una novela; y cuando la historia tiene la fuerza de la creación literaria, invade espacios que los puros documentos no saben penetrar. En ese caso el historiador, el que busca y conoce, se eleva al preeminente lugar del hacedor, el poeta. Ricardo Feierstein merece esos honores". El volumen incluye siete apéndices –entre los que se cuentan las nóminas de los inmigrantes llegados en el Wesser, la de escritores y la de ejecutantes de tango-, una cronología y un cuadro cronológico desplegable.

    El autor agradece, entre otros, a su hijo, el sociólogo Daniel Feierstein, "quien verificó la compatibilidad de cuadros y estadísticas, orientó entre la maraña de bibliografía parcial y de diverso valor y, sobre todo, clarificó con serenidad académica las confusiones que muchas veces hacen perder dimensión y escala a los que estamos inmersos en tareas polémicas internistas". Agradece, asimismo, al Archivo Gráfico de la Nación, al Centro de Documentación e Información sobre Judaísmo Argentino "Marc Turkow" (AMIA), a la revista Raíces-Judaísmo Contemporáneo y a la fotógrafa Alicia Segal por la cesión del material gráfico que ilustra la presente edición.

    LA LOGIA DEL UMBRAL, por Ricardo Feierstein. Buenos Aires, Galerna. 2001.

    Los datos biobibliográficos incluidos en el libro nos permiten saber que "Ricardo Feierstein nació en Buenos Aires en 1942. Ha ejercido una variedad de oficios (escritor, arquitecto, periodista, editor, crítico de espectáculos). Lleva publicados una veintena de libros, entre ellos: cuatro novelas (la trilogía SINFONIA INOCENTE, 1984, y MESTIZO, 1988 y 1994 en castellano y 2000 en inglés) que conforman una saga sobre la condición judía latinoamericana y de la que esta narración, LA LOGIA DEL UMBRAL, es su culminación; siete colecciones de relatos (entre otros BAILATE UN TANGO, RICARDO, 1973; LA VIDA NO ES SUEÑO, 1987 y HOMICIDIOS TIMIDOS, 1996); cuatro volúmenes de poesía y tres libros de ensayos (JUDAISMO 2000, 1998; CONTRAEXILIO Y MESTIZAJE. SER JUDIO EN LA ARGENTINA, 1996 y su ya clásica HISTORIA DE LOS JUDIOS ARGENTINOS, 1993 y 1999). Su labor literaria mereció diversos premios (Municipal, Coca-Cola, Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, Premio Internacional Fernando Jeno de México, entre otros) y ‘a pesar de ello escribe bien’, según bromean sus amigos. Ha sido parcialmente traducido al inglés, alemán, francés y hebreo".

    Esta novela cuenta el proyecto de cuatro generaciones de una familia, que se propone llegar a caballo desde Moisesville, Santa Fe, mediante postas de dos jinetes por vez, con una caja de madera de cerezo que contiene tierra de la primera colonia judía en la Argentina y "una mezuzá, estuche de hueso con un trozo de papel escrito con letras hebreas", hasta la Plaza de Mayo, donde la enterrarán bajo la Pirámide. Uno de los personajes reflexiona, eufórico: "cuando se corra la voz, italianos y españoles y franceses y todos los otros harán lo mismo. Y tendremos, allí en esa Plaza del centro de Buenos Aires, la ceremonia simbólica del crisol de razas o del mosaico de identidades".

    Mariano Schvel, cuarta generación de judíos argentinos, es quien debe ingresar a la ciudad de Buenos Aires con el preciado tesoro. El se dice: "Mi plan es integral, mestizo, creativo. No renuncio a nada: no debo elegir entre querer más a mi papá o a mi mamá. Quiero todo, lo argentino y lo judío, el mate y el samovar, el poncho y el talit, el Martín Fierro y el Talmud, porque soy todo, la mezcla y la superación de la mezcla, el andamio y la casa construída gracias a estos andamios que, ahora, debo retirar, para habitar la vivienda-identidad que he construiído".

    Cuando el miembro más joven de este grupo está por concretar la iniciativa de su familia y de él mismo, al pasar frente a la AMIA, una terrible explosión lo "revolea por el aire. Todo se vuelve negro –rememora-, el rugido ensordecedor parece indicar que, con la oscuridad de un eclipse gigante, ha llegado el fin del mundo. En ese instante, cien años de vida familiar y comunitaria se atropellan para desfilar ante los ojos desorbitados de mi conciencia en fuga".

    Quien esto dice no da la espalda a las víctimas de tan horrendo atentado, que se suma al de la Embajada de Israel, perpetrado sólo un par de años antes: "Debería correr –agrega-, pero me he impuesto no desviar la mirada". Así –el joven Mariano Moisés Schvel –quinta generación de aquellos judíos que llegaron en el vapor "Weser" en l899 en busca de paz y prosperidad-, a caballo y vestido de gaucho, presencia un espectáculo atroz.

    El relato se inicia el 18 de julio de 1994, con el gaucho judío avanzando hacia la calle Tucumán, y se retrotrae hasta el día en que los inmigrantes arriban desde el Hotel de Inmigrantes a la colonia santafesina y comprueban que no tienen alimento ni dónde guarecerse: "Nada hay donde todo debiera estar: ni carpas, ni elementos de labranza, ni semillas. Ni siquiera un hombre del lugar, en representación del propietario, para entregar esas tierras tan laboriosamente adquiridas a través del cónsul comercial argentino en París, que actuaba en nombre del terrateniente". Unos gauchos les ayudan: "Tiraron unas galletas duras hacia nosotros, les daba lástima. Y los chicos las mordían y no podían romperlas, (...) Bajaron de las carretas, rompieron las galletas contra las ruedas y las mojaron en agua. Así, ablandadas, se transformaron en el maná argentino que nos salvó de perecer de hambre".

    Allí mismo tiene lugar un hecho de sangre –la muerte del primer Schvel que pisó este suelo, asesinado por un gaucho matrero al intentar defender a su mujer embarazada. A partir de este momento, el escritor evoca una centuria relacionando las vidas de los judeoargentinos con los sucesos relevantes del país durante ese período, sucesos en los que se reitera la discriminación y violencia, ya sea en la Semana Trágica, la actuación de la Liga Patriótica, el Proceso o los atentados que mencionamos.

    La novela, narrada alternadamente por muchos de los miembros de la familia, aborda temas fundamentales como la religión, la educación y la condición del judío argentino. También se ocupa de aspectos menos importantes, cotidianos –los platos típicos, las rencillas familiares, el barrio en el que viven en armonía los Schvel y muchos otros inmigrantes de diversas nacionalidades. Se configura así un relato que se lee con interés y que hace vibrar tanto con la descripción de episodios felices –el nacimiento de un hijo el mismo día en que surge el Estado de Israel, por ejemplo-, como con la narración de aquellos trances que nunca tendrían que haber formado parte de la historia de nuestra nación. Un relato estremecedor que nos habla del pasado y el presente de una comunidad y de la lucha que no tiene fin.

    Completan el volumen un glosario, ilustraciones, fotografías y "El juego de la integración", creado por el autor a partir de las diferentes posibilidades entre las que tiene que optar un inmigrante en nuestro país.

    ROSTROS DE UNA IDENTIDAD Relatos premiados del Concurso Internacional de Cuentos de Temática Judía, por Luis León et al. Buenos Aires, Editorial Milá, 2004. 96 pp. (Imaginaria).

    Un certamen dio origen a este libro: "El Departamento de Cultura de la AMIA y la Editorial Milá convocaron, hacia mediados de 2002, un Concurso Internacional de Cuentos con Temática Judía. La respuesta –como siempre, mayor que las expectativas- fue un numeroso conjunto de textos, que superaron largamente el centenar. La labor de los jurados resultó muy trabajosa, pero el libro que hoy presentamos –que contiene los premios y las menciones de honor- resulta una admirable y equilibrada mirada a las distintas facetas de la identidad judía actual".

    Los temas abordados son diversos: "Desde el humilde inmigrante sefaradí, que busca con datos soñados un tesoro que tiene mucho más cerca, hasta las obsesiones cabalísticas de un ciudadano de la gran urbe, pasando por situaciones regocijantes y reveladoras: el cumpleaños de un niño en el country, la improbable biografía del único corredor israelí de ‘Fórmula 1’ (religioso, para más datos), el amor a los libros que reúne a un bibliotecario y a su compañero de viaje en tranvía, la difícil identidad de una niña hija de matrimonios mixtos e historias tenebrosas y la presencia, como geografías cruzadas, de las calles de Jerusalén y de Buenos Aires uniéndose en los recuerdos".

    En "Una apuesta al futuro", prólogo del libro, Silvia Plager destaca: "Aunque la temática era judía, AMIA no limitó el concurso a gente de la colectividad (entre los premiados y mencionados figuran no judíos). Esa visión pluralista también define un proyecto cultural abierto, que debemos alentar con nuestro apoyo. Recuerdo que muchos años atrás, el primer premio lo obtuvo una escritora católica y ahora también lo es quien recibe el segundo. Esa amplitud de criterio se ve reflejada en la forma en que cada autor tomó el tema".

    Los autores de los textos son Luis N. León (Primer Premio), Martine Tallier (Segundo Premio), Daniela Roitstein (Tercer Premio), Gustavo Dejtiar, Paula Margules, Leonel Giacometto, Raquel Rosenbaum de Tenembaum y Alfredo Daniel (Menciones de Honor). En sus obras se observa cariño y respeto por la idiosincrasia judía, y un elevado manejo de técnica y recursos estilísticos.

    Integraron el Jurado Silvia Plager, Diego Paszkowski, Marcelo Birmajer, Ricardo Feierstein y Mario Ber. A estas destacadas personalidades les tocó discernir a cuáles de los cuentos concursantes les corresponderían los premios, y a cuáles, las menciones.

    "La continuidad de un pueblo y una tradición se logra con proyectos concretos como el que representa esta obra, una síntesis de tradición y cambio que, además, permite desplegar un gratificante recorrido literario", afirman los responsables de la edición.Alentar a quienes escriben es otra forma de vencer al olvido.

    BABILONIA CHICA, por Mito Sela. Buenos Aires, Milá, 2006. 112 pp. (Imaginaria).

    "Moshé (Mito) Sela nació en Buenos Aires en 1933. Pasó su infancia en la ciudad de San Martín, en el barrio de la industria textil. Desde temprana edad fue miembro del movimiento juvenil Dror Habonim. En 1955 emigró a Israel. Desde entonces es miembro del kibutz Nir Am, en el Neguev. Casado, con cinco hijos y ocho nietos. Trabajó en la mayoría de las tareas del kibutz y paralelamente asumió distintos cargos directivos en la vida comunal. En 1964 fue enviado a la Argentina como sheliaj de la Agencia Judía. Completó sus estudios académicos en Efal (seminario de los Kibutzim). Actualmente jubilado, dedica su tiempo como voluntario en la absorción de nuevos emigrantes y en escribir recuerdos y vivencias". La edición de Babilonia chica, su primer libro, fue patrocinada por el Fondo Familiar Mishpajat Goler Parasol.

    Desde su madurez, y desde Israel, Mito Sela evoca un tiempo entrañable. Los padres, la hermana, las tías, los compañeros y maestros de escuela pública y de escuela judía, los vecinos, son los personajes de estas memorias que tienen por objeto rescatar hechos y situaciones: "Las imágenes surgen ocasionalmente cuando los recuerdos se agudizan y se detienen en alguien o en algo que, supongo ahora, tuvieron influencia en ese período de mi vida y, a pesar del tiempo, como si lo hiciera con un simple soplido, disperso el polvo que cubre esos recuerdos que, como si fuese hoy, continúan intactos. Por eso me apresuro a escribirlos, antes que la memoria me traicione".

    Aunque vive en Israel desde hace décadas, su libro está escrito en castellano: "Me preguntan hijos y nietos, me pregunto yo: ¿por qué en castellano? No lo puedo explicar. Es posible un argumento del subconsciente: recuerdos de la niñez se puedan relatar en el idioma materno. Además, en estos últimos años el castellano me tiene atrapado. Y me resulta más cómodo dejarme atrapar".

    Rinde homenaje a una época: "No me autoengaño idealizando el pasado. Pero quiero ser sincero: lo extraño. Extraño la risa de los niños de entonces. Los de hoy son excitados, irritables y pálidos. Antes se estimulaba leer la enciclopedia. Hoy se vanaglorian los conocimientos de la cibernética". El pasado es visto con sus luces y sus sombras por este escritor que no deja de destacar, en todo momento, el cariño y la contención que le brindaba su familia, inserta en el marco de la inmigración que llegó a la Argentina huyendo de guerras y hambre, y se afincó, entre otras muchas localidades, en el barrio en el que vivió Sela, en el que día y noche se escuchaban los telares. Otros capítulos se refieren a sucesos que tuvieron lugar años después, pero son los recuerdos de estos primeros años los que resaltan con mayor fuerza. No es casual que el autor haya elegido ese título, privilegiando así una parte de la obra.

    La evocación es realizada con espíritu crítico, desde el adulto que es hoy. Destaca las virtudes de muchos y los defectos de algunos, sean judíos o no. Todo con un sostenido tono nostálgico, que alcanza su clímax cuando el autor vuelve temporariamente a la Argentina y va a ver su casa: "Una nostalgia inexplicable me llevó a visitar mi antigua casa. Me acompañó la familia. Al llegar a la calle Liniers, la distinguí desde lejos. Avancé apresurado. Quise aislarme. Cuando llegué a la vieja puerta, la encontré cerrada con una gruesa cadena. Traté de introducir mi mirada por las rajaduras y sólo alcancé a ver una imagen, quise creer que era la higuera abandonada. No sirvió mi edad, la madurez y la experiencia. Volví a ser niño por segunda vez, y no pude detener las lágrimas".

    Para quienes vivieron esos años, y para quienes nada saben de ellos, este libro es un testimonio valioso sobre la vida cotidiana de una familia judía de esa época, en una tierra que adoptaron como propia ("Argentina no fue un refugio pasajero –afirma-, fue un hogar, fue una cultura, fue una esperanza"). Es, además, una demostración de que el ser humano puede, si se lo propone, vencer todos los obstáculos. La trayectoria de Sela así lo demuestra.

    "Entre esos dos extremos –destaca Moshé Goler-, desde la infancia argentina a la madurez israelí, está toda una vida, de un joven que eligió el trayecto jalutziano, fue educador en el Movimiento Juvenil Jalutziano en Argentina, hizo aliá y formó su familia y vive hasta hoy en el kibutz Nir Am cercano a Gaza, donde la historia de esta tierra tan peleada y llorada se sigue haciendo, filmando, grabando y transmitiendo a todo el mundo en estos días. Al lado de la Historia con mayúscula, están surgiendo los nuevos relatos que Mito escribe en su intimidad".

    Completan el volumen numerosas fotos acerca de la infancia argentina y el presente israelí.

    Entrevistas

    Españoles

    RUBEN BENITEZ: EL REGRESO A LA ENTRAÑABLE TIERRA

    Rubén Benítez egresó de la Universidad Nacional del Sur con el título de Licenciado en Letras y cursó estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente se desempeña como Prosecretario de Redacción del diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca. Es autor de Días y caminos de España (1978), publicado por el Consulado local y reeditado por Siringa, y de La pradera de los asfódelos, obra prologada por Vintila Horia.

    Recordar puede ser una fuente de felicidad para el atribulado ser humano, pero también puede agobiarlo, haciéndole sentir que todo ha sido efímero y ajeno. Las distintas posturas ante una misma situación son encarnadas en esta obra por doña Sabina, de ochenta y tres años, y su amiga Irene, a quien conoce desde la juventud. Aunque la primera es pesimista, y la segunda le muestra el lado positivo de la vida, idéntico dolor las une: la falta de algo que consideran esencial. Para Irene será el no tener hijos; para su paisana, en cambio, la desdicha está relacionada con el hecho de no poder valerse por sí sola.

    Frente a esta realidad de las ancianas, encontramos el recuerdo de su infancia, muy lejos. ¡Qué distinta es la vida en la Patagonia! En España también hacía frío, pero tenían pocos años y la baja temperatura se asociaba a la Nochebuena, a las castañas calientes, las almendras y los higos. En nuestro sur, por el contrario, el frío anuncia las penurias de las plantas y los animales, pues ya no hay afecto para ellos. Doña Sabina está postrada y sus hijos no desean hacerse cargo de su casa y de sus problemas. La comunicación no existe entre las generaciones; el abismo es cada vez más profundo.

    Entonces, la mujer recurre al pasado, como una forma de procurarse alegría, pero también cae en él sin proponérselo, soñándolo... Cuando sueña, la vitalidad de antaño aparece ante sus ojos, contraponiéndose a la decadencia del presente. Esta decadencia no es exclusivamente física; se refiere asimismo a la actitud de los hijos, que ya no escuchan, que le mienten.

    La obra nos plantea la pregunta acerca de lo trascendente. Algo debe permanecer en este agitado mundo, en medio de tanto caos. Quizás lo trascendente sea la memoria, y la misma sangre que, evolucionada o involucionada, aparece de generación en generación, en una aldeana española y en un universitario patagónico. La sangre es, en definitiva, la que une a seres que ya no tienen nada en común, pues el progreso mal entendido los ha distanciado.

    En el prólogo, Vintila Horia escribió: "El mérito de este libro reside en esta singularidad pegada a lo fundamental. Es impresionante la habilidad con la que pasa de un pueblo a otro, de España a la Argentina, sin abandonar la trama escondida del fondo anímico, la misma aquí y allá, no sólo porque provienen las dos de lo hispánico, sino sobre todo porque ninguna de las dos se aparta de lo humano. Es como un juego, mucho más sencillo que el de los abalorios, en Hesse, mucho menos sofisticado, pero básicamente parecido. Solo que alejado de lo racional. Vivido. Se trata, además, de un texto muy bien escrito, lleno de imágenes poéticas sorprendentes, de símbolos que unen de repente lo eterno y lo pasajero, integrando a éste en su verdor imperecedero. Creo que es lo que significa lo simbólico. Es difícil hoy poseer este arte. Es posible que Rubén Benítez haya leído y admirado a Gûiraldes y a Mallea, es casi inevitable, pero maestros así sólo podían haber contribuido a la creación de un libro como La pradera de los asfódelos. La lección no se quedó en el aire" .

    Conversamos sobre este último libro, publicado recientemente por Siringa.

    - ¿Qué lo llevó a escribir La pradera de los asfódelos?

    - Lo sentí como una necesidad. Tal vez por haber pertenecido a un núcleo de inmigrantes que desde la infancia me transfirieron sus vivencias y sus nostalgias por la tierra lejana. El tiempo, la muerte de casi todos ellos, incorporó a ese sentimiento la idea de caducidad que convierte a cada ser humano en un emigrante de la vida, de este escenario que también ama. Creo que ambas perspectivas se mezclan y fluyen como temas paralelos.

    - ¿Hay en la obra elementos autobiográficos?

    - Son pocos en lo personal. Muchos en lo relacionado con mi familia. El pueblo real es el de mi madre. Allí tomé el escenario, personajes, anécdotas y muchos elementos que me permitieron completar la historia de la cual yo tenía la faz americana. Me conmovió ver el puente sobre el Agueda del que tanto hablaba mi abuela. Me impactó la visión mítica de la Patagonia –que intenté traducir- que tienen muchos de los que quedaron aguardando a os que viajaron a América y no regresaron. O la imagen de la cigüeña, con sus inmensos nidos en los campanarios, ave migratoria que regresa siempre, por un misterioso vínculo, y está identificada con el renacer primaveral.

    - La mención de Ulises enlaza el tema del viaje de la protagonista con un tópico de la literatura universal. ¿Qué tienen en común la travesía de Ulises y la de doña Sabina?

    - Ulises es tal vez literariamente el primer emigrante que sueña con el regreso a su entrañable tierra. Lo detienen los cantos de sirena y la magia de Circe. El inmigrante europeo también partió y cayó en las mismas redes. El viaje o "nostos" griego, enlaza con la nostalgia, el dolor del regreso. Y permite plantear otro exilio, ya que Ulises es el héroe de Troya –al margen de Néstor- que alcanza la vejez y se preocupa por la vida tras la muerte. De allí que visite aquel lugar, la pradera de los asfódelos, donde encuentra a su madre.

    - ¿Cuál es su postura acerca del tiempo? ¿Es el tiempo real el del presente o el del recuerdo?

    - El tiempo no es el cronológico, el del reloj, sino más bien el del sueño o el del recuerdo. Desde esa perspectiva, aunque resulte difícil de explicar, el tiempo parece derivar en una manifestación espacial en la que depositamos nuestra vida; no con una sensación de continuidad, sino de simultaneidad.

    (1989)

    GERMAN CACERES: CINE DE ANIMACION EN LA ARGENTINA

    Germán Caceres es autor de cinco ensayos de historietas, tres libros de cuentos, dos novelas, tres libros de literatura infantil y juvenil, cuatro obras de teatro y dos compilaciones de cuentos. Recibió Mención de Honor Premio Municipal en Cuento. Obtuvo cuatro "Fajas de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores". Mereció Mención de Honor en el Concurso Internacional de Ficción sobre Gardel (Montevideo- Uruguay). La Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le otorgó el 1er. Premio Especial "Eduardo Mallea" por su ensayo La aventura en América. En octubre de 2002 fue premiado en el concurso de cuentos "Atanas Mandadjiev", celebrado en Sofía, Bulgaria, y recibió el título de Gran Maestro del Relato Policial. El 5 de agosto de 2003 fue nombrado socio honorario de SADE.

    Escribió Entre dibujos, marionetas y pixeles Notas sobre cine de animación, publicado por La Crujía Ediciones, "un libro que interesará a todos los amantes del cine porque además de la animación, el autor aborda el género cinematográfico en su totalidad y en sus relaciones con la literatura. Así desfilan por sus páginas comentarios sobre realizadores de la dimensión de Godard, Welles, Eisenstein, Sorderbergh y muchos otros. Entre dibujos, marionetas y pixeles, más allá de su erudición -se citan unos seiscientos filmes y contiene alrededor de ciento treinta fichas técnicas-, es un texto fresco, de estilo fluido y atrapante que -por su òptica amplia y abarcadora- permite múltiples entradas. Por una de ellas se ingresa emotivamente a los personajes de historietas que han incursionado en la pantalla, y que la versación de Cáceres (tiene publicados cinco ensayos sobre el tema) transita por sus hitos más representativos. También está la voz de los directores de animación (los argentinos Juan Antín y Rodolfo Mutuverría), que en esclarecedoras entrevistas revelan no sólo sus experiencias, sino las técnicas y metodología de sus películas. Y hay un análisis de la obra de ocho grandes maestros, entre los cuales se encuentran los clásicos Walt Disney y Don Bluth, el mago del color Hayao Miyazaki y directores revulsivos y contestatarios como Ralph Bakshi y Tex Avery".

    Este fue el diálogo que mantuvimos, acerca de esta obra, con Germán Cáceres:

    -¿Cómo nace la idea de escribir este libro? ¿Cuáles fueron las circunstancias que lo llevaron a abordar la temática que trata en Entre dibujos, marionetas y pixeles?

    -En el Museo Sívori, de la ciudad de Buenos Aires, dicté dos ciclos de cine de animación que me obligaron a rastrear filmografías. De repente reparé que había reunido material suficiente para encarar un libro. Además, aclaro que muchos años atrás estuve obligado a frecuentar todo tipo de películas porque ejercí la crítica en la revista Tiempo de cine e integré la Comisión Directiva del Cine Club "Núcleo".

    -¿Cuál fue el trabajo previo que realizó para armar el libro, habida cuenta de lo difícil que se torna la investigación?

    -Fue producto de los años que concurrí al citado Cine Club "Núcleo" y de que, a pesar de no escribir en la actualidad crónicas cinematográficas, sigo siendo un cinéfilo de alma y, por tanto, un devorador de filmes. Para buscar información recurrí a bibliografía en Inglés y a sitios de Internet.

    -Entre los grandes maestros de la animación, ¿quién es su preferido?

    -Mi preferido es Tex Avery, por la sutileza y el giro revolucionario que imprimió al cine de dibujos animados. Pero, si tengo que decir quien fue el gran maestro de la animación debo mencionar a Walt Disney, dado que no obstante su ideología nefasta y el carácter edulcorado de sus películas, es innegable que su filmografía –inclusive la que realizó la Casa Disney después de su muerte- tiene escenas visuales de deslumbrante belleza.

    -Entre las películas argentinas de ciencia ficción, ¿cuáles destaca?

    -Ya que estoy en el tema de la animación, destaco Mercano el marciano, de Juan Antín, por su dibujo innovador y su guión original, que incluye una visión crítica de la realidad social argentina. Entre las películas con actores mi preferida es Invasión, de Hugo Santiago, un hito del cine argentino en razón de la calidad estética de su filmación y la magia del argumento de Borges y Bioy Casares.

    -¿Cómo percibe la relación entre el cine y la literatura?

    -La literatura actual está influida por el lenguaje cinematográfico. El escritor contemporáneo ha incorporado la forma del cine en sus descripciones y en el diseño del perfil de los personajes, ya que detalla minuciosamente sus acciones y sus movimientos. Ello se observa también en los variados puntos de vista desde los cuales observa visualmente una escena.

    -Me interesa especialmente el tema de los dibujantes inmigrantes. Usted se refiere en su libro a Manuel García Ferré, nacido en España en 1929, acerca de quien señala: "Tal vez toda la gloria de García Ferré se resuma en sus creaciones cinematográficas". ¿Cuáles son los logros del cineasta que usted destaca?

    - El cine de animación de García Ferré emplea con solvencia el movimiento, las angulaciones y las tomas aéreas. Utiliza mínimamente la técnica digital, que pasa inadvertida al espectador. La falta de recursos económicos se hace patente en las escenas de suma acción, que salva apelando a dibujos de polvaredas y de líneas cinéticas. Sus fondos y escenarios son ricos en efectos visuales y poseen un colorido llamativo y encantador. Pero tal vez el más grande de sus tantos hallazgos resida en el original diseño de sus simpáticos y numerosos personajes.

    -Su obra incluye reportajes realizados a Juan Antín y Rodolfo Mutuverría, ¿por qué eligió a estos dos directores?

    -Son dos importantes directores argentinos de animación, que, además, demostraron mucha disposición para que yo los entrevistara. Aclaro que Mutuverría fue el responsable de la animación de los filmes Dibu: la película y Dibu 2: la venganza de Nasty.

    -¿Cómo observa el panorama del cine argentino en esta temática? ¿Dista mucho del de otros países?

    -De alguna manera la industria de la animación está poco desarrollada en la Argentina por una cuestión económica. Es un tema de dinero y de mercados, problemas que afectan crucialmente todas las actividades de nuestro país.

    -¿Sigue trabajando actualmente en el tema de la animación?

     -.Efectivamente. Estoy preparando un libro sobre manga (nombre que recibe la historieta en Japón) y animé (denominación de los dibujos animados japoneses). Estos dibujos e historietas tienen gran impacto en la juventud actual y han dado obras maestras como los filmes "Akira" (1988), de Katsuhiro Otomo, y "El viaje de Chihiro" (2001), de Hayao Miyazaki. También trataré sobre videojuegos porque las creaciones de manga y animé desembocan en ellos, y viceversa. La estética de estos juegos influye en la realización cinematográfica, como lo prueba la excelente película "eXisten Z" (1999), de David Cronenber.

     

    Trabajo enviado por

    María González Rouco

    Licenciada en Letras UNBA, Periodista cultural

    mgonzalezrouco[arroba]yahoo.com.ar



    Artículo original: Monografías.com

    Mantente al día de todas las novedades

    Inmigración a la Argentina 1830-1950

    Indica tu email.
    Indica tu Provincia.
    Al presionar "Enviar" aceptas las políticas de protección de datos y privacidad de Plusformación.

    Escribir un comentario

    Deja tu comentario/valoración:

    El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
    Si especificas la url de tu página o perfil de Google+, aparecerá el avatar que tengas en Google+
    Deja tu comentario y nosotros te informaremos
    CAPTCHA
    Esta pregunta se hace para comprobar que es usted una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
    10 + 0 =
    Resuelva este simple problema matemático y escriba la solución; por ejemplo: Para 1+3, escriba 4.