La conciencia moral y ética como competencia humana general

    1. ¿Por qué la educación moral y ética?
    2. Un modelo de conciencia moral y ética como competencia humana general
    3. Moral y conciencia moral
    4. Los ideales y el bien
    5. Valores, deberes, virtudes y conciencia moral: una perspectiva constructivista no relativista
    6. El desarrollo de conciencia como meta de la educación moral y ética

    "Este deber de educar la conciencia individual es, en definitiva, el deber por excelencia. Con efecto: sólo favoreciendo con el mayor cuidado y con la mayor docilidad y con la buena fe más pura, esa fuerza que nace de las que juntas tienen la razón, la sensibilidad y la voluntad; sólo desarrollando esa fuerza puede el hombre ser hombre verdadero."

    Eugenio María de Hostos

    El desarrollo humano comprende diversas dimensiones que se constituyen e integran en la interacción con el medio cultural para ayudar a configurar la personalidad. Para propósitos educativos concebimos estas dimensiones como competencias. Definimos competencia humana como una habilidad general y forma de conciencia, producto de la integración de conceptos, destrezas y actitudes, que dota al ser humano de una capacidad de entendimiento, acción y transformación de sus relaciones con el mundo, él/ella mismo incluido.

    Ser competente significa que la persona tiene el conocimiento declarativo (la información y conceptos), es decir, sabe lo que hace, por qué lo que hace y conoce el objeto sobre el que actúa. Ser competente, también implica, tener la capacidad de ejecución, es decir el conocimiento procesal o las destrezas intelectuales y psicomotoras para en efecto llevar a cabo la ejecución sobre el objeto. Finalmente, ser competente implica tener la actitud o disposición (conocimiento actitudinal) para querer hacer uso del conocimiento declarativo y procesal y actuar de manera que se considera correcta.

    En nuestro trabajo hemos identificado las siguientes competencias humanas generales como metas de la educación orientada al desarrollo humano integral, ya sea en la escuela, el hogar o como proceso autogestivo:

    (1) Pensamiento sistemático, creativo y crítico

    (2) Comunicación efectiva y creativa

    (3) Interacción social efectiva

    (4) Autoestima y autoconocimiento

    (5) Conciencia moral y ética

    (6) Sensibilidad estética

    (7) Conciencia ambiental y salubrista

    (8) Conciencia histórica y cívica

    (9) Habilidad psicomotora para la recreación y el trabajo

    (10) Sentido de trascendencia.

    Cuando una competencia humana general ha alcanzado un alto grado de desarrollo, al conocimiento declarativo, procesal y actitudinal se añaden otras dimensiones como el conocimiento metacognitivo o la autoconciencia, el experiencial y el creativo Esto significa que con la experiencia y la reflexión el ser humano aprende a examinar, evaluar y modificar su propia competencia (conocimiento metacognitivo); también desarrolla un saber situacional o contextual es decir sabe ajustar con precisión su competencia a los requerimientos del entorno y dar respuestas casi inmediatas y efectivas al mismo (conocimiento experiencial). Finalmente, la persona de experiencia reflexiva, desarrolla una manera peculiar y siempre renovada de ejercer su competencia, su propio estilo (conocimiento creativo).

    Nuestro concepto de competencia se distingue de las versiones conductista e instrumentalistas del mismo, que ven en al competencia una mera destreza o proceso que puede aprenderse y "dominarse" por medio de "entrenamiento".

    Las competencias humanas generales son aprendizajes mayores o comprensivos, resultado de la totalidad de experiencias educativas formales e informales en las que la persona se involucra. Son capacidades generales que se desarrollan como parte del proceso de maduración biopsicocultural, a partir del potencial humano para el aprendizaje, y ante los retos que las diferentes etapas de la vida le plantean a la persona. Su desarrollo es continuo, gradual y acumulativo. La escuela es solo un espacio, mejo o peor organizado, para su desarrollo.

    Las competencias son características generales que la persona manifiesta en multiplicidad de situaciones y escenarios como parte de su forma de ser y hacer. Son, además, características que una comunidad estima como cualidades valiosas del ser humano y un poder o capacidad para llevar a cabo multiplicidad de tareas en una forma que es considerada como eficiente o apropiada.

    El hogar, la comunidad, la escuela o universidad y el propio proceso autogestivo, son los principales espacios sociales en los cuales se construyen nuestras competencias. Esto puede ocurrir en forma incidental o en forma deliberada, sistemática y crítica. La enseñanza orientada al desarrollo de competencias, en la que hemos trabajado por más de 20 años, consiste en esto último. Se trata de hacer de estos espacios zonas de desarrollo humano integral a base de competencias. En el caso de la escuela o universidad, se trata de transformar el currículo y la convivencia humana en oportunidades para promover el desarrollo de estas competencias.

     




     

    ¿Por qué la educación moral y ética?

    El desarrollo humano depende fundamentalmente de las ideas, valores, prácticas, relaciones e instituciones comunitarias y sociales en las que crece la persona, la escuela incluida. Las ideas y valores (la cultura) de la comunidad funcionan como expectativas que la persona debe aprender, es decir interiorizar por medio de la interacción social. Las expectativas sociales se convierten en necesidades, intereses y capacidades que nos definen como seres humanos. El principio de la esperanza en el que nos hemos formado nos dice que aunque el ser humano está condicionado por su ambiente socio-cultural, puede mediante su pensamiento y acción entender, criticar y transformar su relación con dicho ambiente y con ello a sí mismo y a su ambiente.

    Iniciamos una nueva centuria en medio de profundas transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales. La situación de crisis de valores que afecta a nuestra sociedades y que toca de cerca a nuestros niños y jóvenes , en muchas ocasiones tiene por consecuencia el desarrollo de actitudes y comportamientos alejados de valores morales, éticos y cívicos tradicionalmente tenidos en alta estima por nuestros pueblos.

    La delincuencia, la agresión y la violencia, el uso de drogas, alcohol, tabaco,los estilos de vida egocéntricos, y consumistas, indiferentes a las necesidades profundas de sí mismo, de los otros y a las normas de sana convivencia social, son testimonio de esta situación de crisis.

    Tanto la situación histórica como nuestros principios éticos, cívicos y religiosos nos obligan a promover la formación de personas y ciudadanos con nuevas capacidades y sensibilidades éticas y cívicas. La UNESCO ha dicho en este mismo sentido que los cuatro aprendizajes fundamentales para el siglo XXI serán aprender a conocer, a hacer, a vivir juntos y a ser. Estas necesidades educativas de nuestro tiempo no se satisfacen con meros conocimiento y destrezas específicos; se trata más bien de fomentar el desarrollo de nuevas mentalidades; de nuevas estructuras conceptuales; de nuevas actitudes y sensibilidades; de nuevas habilidades generales o competencias humanas.

    Vivimos un momento en la historia en que nuestros pueblos reconocen la necesidad de comenzar a entender y atender, en forma reflexiva, creativa y crítica, en nuestras familias, vecindarios y escuela, el proceso de desarrollo humano y, dentro de ello, el aspecto del desarrollo moral. La escuela tiene que dejar de ser mero centro de distribución de información y desarrollo de destrezas técnicas; debe transformarse en un espacio en el que se promueva en forma deliberada y coherente el desarrollo integral de los estudiantes en sus múltiples dimensiones.

    ¿Cómo podemos reestructurar nuestras familias, vecindarios, aulas, escuelas para que puedan ser agentes efectivos de desarrollo moral? Nos parece que hay tres cosas que podemos y debemos hacer:

    Primero, tenemos que tener una idea clara de qué significa y qué pueden llegar a significar moral y ética hoy día, en el Siglo XXI, en nuestra sociedad. Sería un error pretender que la "moral y ética" en la que nosotros nos educamos va a ser la misma en la que eduquemos a nuestros niños y jóvenes.

    Aunque los valores éticos y cívicos más generales puedan permanecer constantes en su núcleo esencial, su interpretación y jerarquía cambia o tono con las necesidades e intereses humanos que surgen históricamente. Muchos, por ejemplo, podemos habernos educado en una sociedad autoritaria, por no decir, dictatorial, y las sociedades autoritarias y dictatoriales generan un cierto tipo de moral y de ética; que es el que las dictaduras o sistemas autoritarios necesitan para sostenerse. Morales de la autoridad y la coerción, no de la libertad y la creación; de los deberes y no de los derechos; del cumplimiento de reglas y no de lucha por ideales; de la obligación y el respeto, no del amor, el cuidado y la solidaridad. Fundadas en la debilidades y faltas humanas, no en su grandeza y posibilidades.

    Segundo, una vez que tenemos una idea clara de qué son ética y moral, debemos investigar cuáles son los factores o las condiciones que hacen que unos seres humanos sean ética y cívicamente "competentes" y otros "incompetentes". ¿Por qué unos seres desarrollan su conciencia ética y moral a niveles de excelencia y otros son tan deficientes? ¿Cuáles son los factores o condiciones que pueden dar cuenta de estas diferencias? ¿Cómo se manifiestan en nuestros hogares, vecindarios y escuelas? Tal vez, si descubrimos estas condiciones del desarrollo moral y ético, podemos comenzar a entender dónde es que estamos fallando; entonces podríamos tratar de recrear aquellas condiciones que posibilitan el desarrollo y combatir las que lo obstaculizan.

    Tercero, sobre la base de lo anterior podemos adoptar o crear métodos o estrategias de enseñanza y convivencia humana para fomentar la conciencia ética y cívica de nuestros niños y estudiantes. El punto de partida para esta transformación es el desarrollo en los padres, madres y docentes de nuevas formas de pensar, sentir, valorar y practicar la educación, que se traduzcan en nuevas formas de convivencia y de práctica educativa en nuestros hogares, aulas y escuelas.

    Un modelo de conciencia moral y ética como competencia humana general

    La conciencia moral y ética es la capacidad para sentir, juzgar, deliberar (argumentar) y actuar conforme a valores morales de modo coherente, persistente y autónomo.

    La conciencia es sensibilidad, juicio, deliberación y tendencia a la acción (voluntad). Por ejemplo, una vez que no soy indiferente al dolor ajeno y me digo "hay que ayudar a esta persona", hay un ser humano en necesidad, me siento involucrado afectivamente y compelido a hacer algo. Aquí están operando la sensibilidad y la voluntad.

    Puedo pasar de inmediato a la acción, o puedo reflexionar antes de actuar y plantearme un problema: ¿Cuál es la forma más apropiada de ayudarla? ¿Qué de acción es el más apropiado para hacer el bien?. Al hacerme estas preguntas pospongo momentáneamente el actuar para razonar o deliberar, es decir, entro en un proceso de diálogo con otros o conmigo mismo. La conciencia moral implica un proceso de deliberación. Finalmente, una vez estoy convencido del acción correcto, debo tener la voluntad para, en efecto, actuar. El sentirse uno involucrado y obligado a actuar sólo se verifica en la acción, eso es lo que significa tener conciencia moral. La conciencia moral implica una voluntad de acción.

    Así como el pensamiento necesita no sólo procesos o de destrezas para percibir y razonar los objetos, sino también de un contenido, que son los conceptos; la conciencia moral necesita no sólo de los procesos que hemos analizado, sino también de un contenido, que son sus valores. Es desde el punto de vista que nos presentan los valores que sentimos juzgamos, deliberamos y actuamos. Sin

    valores no hay conciencia moral; como no hay pensamiento sin conceptos. Al ver la personas en necesidad y sentirme involucrado y obligado actuar se debe a que en mis existe un valor de justicia, solidaridad u otro. La falta de conciencia moral es en gran medida, la ausencia de valores morales; la conciencia vacía de contenido.

    La sensibilidad moral es aquella dimensión de nuestra conciencia moral que nos permite experimentar, es decir captar sentirnos afectados ante situaciones en las que está en juego el bienestar humano (hoy día añadiríamos "y planetario"). Ser sensible, moralmente hablando implica que no sólo captamos cognitiva o contemplativamente una situación sino que la "vivimos"; nos sentimos involucrados en ella y movidos a actuar porque está en juego el bienestar humano. Desde esta perspectiva, la sensibilidad moral implica sobre todo simpatía y cuido tanto del otro como de mí mismo (autoestima), es decir, solidaridad.

    El juicio moral es aquella dimensión que nos permite declarar lo bueno y lo malo; lo justo y lo injusto; lo honesto y lo deshonesto; etc. en tales acciones y situaciones. Es la capacidad que le permite hacer estimaciones o prescripciones sobre las acciones o relaciones humanas a la luz de un valor moral. Por otro lado, todo juicio moral se hace sobre un fundamento o base que podemos descubrir cuando le preguntamos a la persona ¿por qué lo dices? Típicamente las respuesta de las personas tienden a reflejar unas motivaciones o razones para su juicio que pueden clasificarse en niveles de juicio moral. Esto niveles van de la heteronomía a la autonomía. El desarrollo de la capacidad del juicio moral implica un desarrollo en dirección de la autonomía.

    La deliberación moral tiene como fin determinar qué de acción o práctica es la correcta para favorecer o alcanzar un cierto valor que se tiene como bueno o justo. La deliberación busca determinar cuál en una situación específica y concreta es el medio más adecuado para alcanzar ese fin. La deliberación consiste en tratar de establecer con claridad los hechos y clarificar los valores que se tienen para entonces decidir por medio del razonamiento y la argumentación cuál es el de acción correcto.

    Al ser humano que tiene que actuar se le presentan diversos cursos de acción. Cada de acción tiene su abogado, su estímulo o motivo y sus consecuencias. Los cursos de acción son examinados en atención a cómo contribuyen, es decir, sus consecuencias para ciertos fines. Cuando escogemos el de acción más acorde con nuestra jerarquía de fines y valores, es decir con nuestro proyecto de vida, la voluntad se torna racional y moral. La voluntad moral es una dimensión o aspecto de la conciencia moral; su función ejecutiva. La voluntad es moral cuando, al hacer decisiones o elegir, obedece a los valores y fines morales; es decir a un ideal del bien que la persona ha adoptado o a un proyecto de vida; que es el contenido de su conciencia moral; entonces es una buena voluntad. La voluntad moral es voluntad de perfeccionamiento humano individual y colectivo.

    Por su parte la ética se refiere, por un lado, a nuestra capacidad para analizar la moral; la conciencia ética es la conciencia de la conciencia moral; o más simplemente, la autoconciencia. La autoconciencia o conciencia ética no nos dice como actuar; pero mejora la conciencia moral haciéndola más clara en sus contenidos, mejorando sus proceso y haciéndola más coherente. Por otro lado la ética busca formular valores o deberes deliberadamente y de carácter "universal", es decir a un nivel de generalidad que trasciende loa valores particulares. Estos valores son necesarios en aquellas sociedades con una pluralidad de sistemas de moral porque crean un consenso en torno a ciertas fines de la sociedad en su conjunto. Tal es el caso de los valores de dignidad y solidaridad, los cuales pueden ser aceptados, en su formulación general, por diversas tradiciones religiosas y filosóficas.

    Moral y conciencia moral

    Toda forma de conciencia lo es de aquello que tiene como contenido de su intencionalidad. Esto es así porque la conciencia no precede a la experiencia sino que se construye en la experiencia misma de su objeto. Por ello la idea que tenemos de lo que es la conciencia moral y su formación en cuanto competencia humana nos viene dictada por el concepto que tenemos de lo que es la moral. Todo proyecto de formación moral descansa pues en una concepción explicita o implícita de lo que es la moral y, por ende, la conciencia moral.

    El educador tiene por ende la responsabilidad de clarificar el concepto de moral con el que va a trabajar y asegurarse de que las metas, el contenido y las estrategias de su enseñanza son coherentes con éste. Al respecto destacamos cinco ideas fundamentales, íntimamente relacionadas, en torno a la moral que enmarcan nuestra propuesta de formación de la conciencia moral y ética en cuanto competencia humana:

    1. La moral más que con normas y reglas, que suelen ser particulares y relativas a contextos histórico/culturales y grupos sociales específicos, tiene que ver con ideales y valores de carácter general y universal.
    2. La moral más que un estado real o ideal, es un movimiento de lucha constante entre lo que son el ser humano, su comportamiento y sus relaciones (su facticidad) y lo que deberían ser (su idealidad).
    3. La moral más que un orden impuesto de prohibiciones y restricciones impuestas para dominarnos, es un orden de libertades, deberes y responsabilidades construidas consciente y voluntariamente para liberarnos y alcanzar la felicidad.
    4. La moral más que el ciego sometimiento a preceptos de una autoridad externa, es la obediencia a la propia autoridad; es un continuo acto de la conciencia y del carácter, que nosotros mismos hemos ayudado a construir.
    5. La moral mas que oponer el interés personal al colectivo, es precisamente su reconciliación; es la perenne lucha por establecer un orden social en el que todo ser humano pueda vivir solidaria y dignamente, es decir en libertad y plenitud, tanto personal como comunitaria.

    Los ideales y el bien

    La conciencia es el órgano del bien y del mal; sólo cuando ella está presente podemos hablar de bien y mal. El bien y el mal, en el sentido moral, se refieren al bienestar o al daño que podemos causar cuando actuamos conscientemente. El bien moral es lo que conserva, beneficia, mejora, completa o perfecciona la vida humana en relación a un ideal de la misma; el mal lo que la extingue, daña, empeora o reprime su desarrollo pleno.

    Lo característico de este pedazo de universo, que es el ser humano, es que es naturaleza, consciente, materia espiritualizada. Consciente significa que el ser humano es capaz de percibir, sentir, pensar y conocer su vida y asumir frente a la misma una actitud reflexiva y voluntaria. El ser humano no sólo vive, sino que "se?? vive en relación; puede asumir su vida como acto de sentimiento, de juicio, razonamiento y de acción, puede construirla en relación a un ideal de la misma. Por eso puede el ser humano no solo sobrevivir sino vivir bien; por eso llama Hostos al ser humano "obrero de la vida".

    Con el surgir de la conciencia se abre para el ser humano la posibilidad de su perfeccionamiento y el de la naturaleza en general. Dice al respecto Hostos:

    "Para que el hombre fuera hombre, es decir, digno de realizar los fines de la vida, la naturaleza le dio conciencia de ella, capacidad de conocer su origen, sus elementos favorables y contrarios, su trascendencia y relaciones, su deber y su derecho, su libertad y su responsabilidad: capacidad de sentir y de amar lo que sintiera; capacidad de de querer y realizar lo que quisiera; capacidad de perfeccionarse y de mejorar por sí mismo las condiciones de su ser y por sí mismo elevar el ideal de su existencia."

    Los ideales desempeñan un rol cognitivo, afectivo y volitivo en la economía moral humana: son a la vez norte que orienta y energía que nos mueve a sentir y actuar. Los ideales son los motivos de la conciencia moral. Un fin humano es un ideal porque el carácter moral trata de convertir el mundo "que es" en lo que el mundo "debe ser". José Ingenieros, en su obra El hombre mediocre lo resumió magistralmente:

    "Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un Ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala: si la dejas apagar no se reenciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte; fría bazofía humana. Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real. El concepto abstracto de una perfección posible toma su fuerza de la verdad que los hombres le atribuyen : todo ideal es una fe en la posibilidad misma de la perfección. En su protesta involuntaria contra lo malo se revela siempre una indestructible esperanza de lo mejor: en su agresión al pasado fomenta una sana levadura de porvenir.."

    La moral depende de un cierto ideal que nos hemos formado de lo que es el bien. La moral es el continuo contraste entre ese ideal que tenemos y la realidad que vivimos; es la lucha perenne por acercarnos a ese ideal. Perenne porque con nuestro perfeccionamiento, también se perfecciona e ideal y con ello vuelve a alejarse; por ello siempre es inalcanzable. Cuando confundimos los ideales con la realidad, se pierde nuestra capacidad para criticarla y trasformarla; es decir, se pierde nuestra capacidad de perfeccionamiento y con ello nuestra capacidad moral. Por ello toda crisis moral delata una perdida de ideales o su sustitución por ideologías.

    Decía Karl Krause, aquel pensador que tanto influencia ejerció en el pensamiento de Hostos, a través de su maestro Sanz del Río:

    "Aunque se necesiten muchos siglos para ver históricamente cumplido este fin último, ¿es menos digno del hombre considerar como un presente el total porvenir de nuestra naturaleza? ¿No debemos nosotros, ya desde hoy, vivir en el espíritu de nuestra historia definitiva? ¿Será ésta algún día efectiva, si nosotros hoy no aspiramos a realizarla? ¿Desmayará nuestro interés una vez aplicada al fin de nuestra humanización en el todo y en la partes, porque la grandeza de esta obra, la multitud de sus pormenores y grados intermedios pida largo tiempo, antes que madure el fruto en el árbol de la vida?"

    El bien implica un ideal de perfección. En la tradición cristiana ese ideal del bien se ha resumido en una frase muy sencilla que dice: "Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos". Hacer el bien, vivir la moral es luchar y contribuir a que ese ideal de perfección se haga realidad. Tener conciencia moral implica que yo observo la realidad y, como tengo un ideal de perfección, veo la diferencia tan grande que existe entre lo que la realidad debería ser y lo que la realidad es. Por eso la conciencia moral genera angustia, porque la persona está viendo y sintiendo constantemente la discrepancia entre cómo deben ser las cosas y como son las cosas.

    El carácter moral es fundamentalmente compromiso de lucha por unos ideales; por acercar el ser al deber ser; como lo dice Hostos magistralmente: "Por carácter entendemos el hombre hechura de sí mismo que, aplicando todas las facultades del espíritu, sale ileso de las luchas de la vida real, ofreciendo en todos sus pensamientos, actos y pasiones, la unidad completa de una vida dedicada a un fin humano".

    Valores, deberes, virtudes y conciencia moral: una perspectiva constructivista no relativista

    La moral supone un cierto ideal de perfección humana y de vida buena que los seres humanos tenemos; el bien y el mal dependen de en qué medida nos acercan o no a ese ideal: Bueno es todo aquello que me acerca al ideal. Malo es lo que me aleja de ese ideal. Por eso los valores morales valen, es decir son buenos, porque nos conducen al bien, al ideal.

    Los valores no son otra cosa que medios que me permiten caminar hacia un ideal, porque son sus condiciones de posibilidad misma. Por ejemplo ¿por qué creemos en la honestidad, en la cortesía, en la justicia? Porque nos conducen a lo que nosotros estimamos que es el ideal de la armonía y la paz humana.

    La amistad es, en gran medida, un ideal moral: la perfecta armonía entre seres humanos. La honestidad es una condición de posibilidad de ese ideal. Los valores morales son, pues, la condición de posibilidad de las realidades morales, que son realidades ideales, no fácticas. Esas realidades ideales se hacen sin embargo fácticas cuando los valores se encarna en el comportamiento humano. En otras palabras la amistad sólo se hace real (fáctica) cuando se actúa con honestidad. Nadie me obliga a buscar la amistad; es un acto de mi libertad y de mi búsqueda de felicidad y realización plena. Pero si me decido por la libertad, entonces coherentemente tengo que querer lo que la hace posible. Por eso la amistad requiere de una constante lucha por sostenerla; de un continuo acto de libertad, de conciencia moral, de honestidad, lealtad, justicia, etc.

    La capacidad u órgano humano que permite que un valor moral determine el comportamiento humano y, de ese modo, lo ideal se haga existente (fáctico), es la conciencia moral. Cuando la conciencia hace suyo ese valor, éste se interioriza y se convierte en deber. El deber actúa como una fuerza que nos obliga a actuar en conformidad con el valor para el logro del ideal del bien que buscamos. Por eso dice Hostos que: "así como las ideas intelectuales provocan otras ideas y todas juntas se encaminan y tratan de encaminarse hacia la verdad, las ideas morales provocan la práctica del bien, de que son representaciones ideales."

    Cuando, con la práctica y la experiencia moral, el deber se hace hábito o disposición, se convierte en virtud. La virtud es una disposición para actuar en conformidad con el ideal del bien. Por eso en el desarrollo moral podemos identificar tres momentos:

    I. El valor reconocido objetivamente como tal: "el que quiera preservar la amistad tiene que actuar con honestidad".

    II. El valor interiorizado como deber: "debo ser honesto para mantener la amistad; me siento obligado a ello porque quiero la amistad".

    III. El valor transformado en disposición o virtud: "no puedo evitar ser honesto con mis amistades; es mi forma de ser"

    El proceso de desarrollo de la conciencia moral pasa de conocer los valores a convertirlos en deberes y finalmente en virtudes o carácter. Los deberes, no son otra cosa que los valores presentándose a nuestra conciencia en forma imperativa. El valor de la justicia es el deber de hacer la justicia. El deber no es otra cosa que el valor transformado en conciencia. Las virtudes no son otra cosa que los valores transformados en hábitos o rasgos del carácter.

    Sobre la relación entre la conciencia moral y los valores, debemos aclarar que no se trata de que la conciencia exista primero para luego apropiarse los valores. La conciencia nace del proceso mismo de apropiarse -construir dichos valores.; del mismo modo que el pensamiento nace en el proceso mismo de construir el conocimiento. Esto implica que la conciencia moral nace al calor, por ejemplo de relaciones como la amistad, en la que aprendemos a ser honestos. La conciencia y los valores se construyen, pero no arbitrariamente sino sobre la base de unos ideales de relaciones humanas surgidos históricamente y concebidos y deseados como formas de perfeccionamiento humano.

    La conciencia moral es una fuerza; porque puede operar sobre el comportamiento humano a través de los valores que se convierten en deberes y virtudes. En la conciencia los valores se han encarnado, es decir subjetivado y con ello han adquirido el poder de afectar el orden real del mundo, es decir de las relaciones humanas; de los seres humanos entre sí, consigo mismos y con la naturaleza.

    La moral hecha conciencia nos hace reconocer y nos obliga a actuar en conformidad con el perfeccionamiento del ser humano en sus relaciones consigo mismo, los otros y la naturaleza o universo. Por eso para Hostos la moral comprende tres grandes divisiones: la moral individual, la moral social y la moral natural. El sentido del deber se extiende hacia mi mismo, los otros, la naturaleza y el universo.

    El desarrollo de conciencia como meta de la educación moral y ética

    Existen diversas propuestas educativas acerca de cual debe ser la meta y el objeto de formación de la educación moral que fomentemos desde el aula. Se hable de ??educación en valores??, ??educación moral??, ??educion del carácter", ??educación del juicio moral??, etc, Nuestra propuesta, en armonía con a agenda que nos legara Eugenio Maria de Hostos se refiere a la educación de la conciencia como órgano de la moral. Se trata de una educación moral orientada a la formación de la conciencia moral y ética como competencia humana desde una perspectiva humanista y constructivista.

    Una vez que tenemos claro en qué consiste esa conciencia moral y ética que queremos desarrollar y el ideal del bien a la cual se orienta, nos preguntamos: ¿cuáles son las condiciones o los factores que hacen que una persona desarrolle más o menos conciencia moral y ética? El conocimiento de estas condiciones nos permitirá construir estrategias de enseñaza efectivas basadas en ellas.

    Para Hostos el desarrollo moral es un proceso gradual y progresivo en su motivación y alcance. En términos de motivación el ser humano es inicialmente moral, es decir juzga y actúa de acuerdo a deberes morales por necesidad (dependencia), luego por gratitud (afecto), posteriormente por utilidad (interés) y finalmente por derecho y deber (el deber por el deber mismo). Por otro lado en términos de alcance la moral progresa de la familia, al municipio, a la nación y finalmente a la humanidad. El desarrollo moral mínimo, punto de partida para todo otro desarrollo, es cuando se cumple con el deber por necesidad en el ceno de la familia; el desarrollo moral máximo tiene lugar cuando se cumple con el deber por el deber mismo hacia la humanidad.

    En el proceso de desarrollo gradual progresivo de la conciencia podemos reconocer tres fuerzas que lo estimulan y que van conformando la conciencia moral. Primero, el desarrollo biológico mismo; segundo, la experiencia educativa, manifestada a través de la influencia cultural de los otros; finalmente, la propia reflexión del individuo. Dice Hostos al respecto: "? siendo desarrollo voluntario y reflexivo toda educación, y siendo progresivo o gradual y sucesivo, todo desarrollo empieza por la voluntad de la madre ? continua por la voluntad del niño o de la niña en el contorno moral de la hembra o del varón, concluye por la voluntad y la reflexión del adulto o de la adulta en el fisonomía intelectual de todos los seres racionales."

    Este concepto del desarrollo moral de Hostos guarda estrecha relación con las teorías de Jean Piaget y Lawrence Kohlberg. Según estos autores el desarrollo moral se cumple por etapas que van del hedonismo, la autoridad, el contrato y la autonomía. Pero, para su mérito frente a estos autores, Hostos, el concibe el desarrollo a través de esas etapas no meramente como resultado de conflicto cognoscitivo interno sino como producto histórico de las relaciones en las que la persona entra al pertenecer y participar en comunidades cada vez más amplias. Lo cual lo emparienta con las reflexiones de Lev S. Vigotsky.

    Puig resume acertadamente el estado actual de la investigación sobre le desarrollo moral al afirmar que: "La conciencia moral no se origina en una relación consigo misma que logra descubrir criterios morales, sino que tiene su origen en las formas sociales de vida y en las relaciones interpersonales en que se ve envuelto cada sujeto. Aunque de esta relación surja un espacio propio de reflexión que siempre sigue nutriéndose de lo social pero que alcanza un nivel de autonomía eficaz."

    Aunque en el ámbito del estudio y la práctica del desarrollo moral predomina aún el punto de vista constructivista, asociado a Piaget y Kohlberg, en términos generales la investigación parece identificar siete factores que hacen que florezca la conciencia moral y ética. Nos parece que todos estos factores deben tenerse en cuenta en lugar de pretender reducir el desarrollo moral a uno de ellos. El problema está en cuál es la importancia que tiene cada uno de ellos y como se combinan entre si en etapas de la vida.

    1. Recompensas y castigos
    2. Asociación con emociones y sentimientos
    3. Trato e interacción social
    4. La comunicación y dialogo
    5. La práctica de las buenas costumbres
    6. Aprendizaje a partir de modelos
    7. La búsqueda de coherencia y el conflicto cognitivo-afectivo

    La pedagogía del desarrollo moral, es decir la promoción sistemática, creativa y crítica del desarrollo de la conciencia moral y ética como competencia humana, que hemos propuesto en otro lugar en la segunda parte de este libro, se funda en estas siete condiciones que hemos reseñado. En términos generales, podemos decir que cualquiera estrategia o método que busque fomentar el desarrollo moral tiene que partir e insertarse de modo interactivo, comunicativo, dialógico y afectivo, en el proceso mismo en el que se encuentra la niña o joven. Tiene que partir de su personalidad, de su entorno cultural y social, de su etapa de desarrollo, y, por ende, de sus necesidades, intereses, capacidades y potencialidades.

     

    Ángel R. Villarini Jusino, Ph. D.

    El Dr. Ángel R. Villarini Jusino es Catedrático de la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico, Recito de Río Piedras; Profesor Honorario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en la República Dominicana; Presidente de la Organización para el Fomento del Desarrollo del Pensamiento Internacional; Vice presidente para Latinoamérica de la International Association for Cognitive Education and Psychology; y Director del Proyecto para el Desarrollo de Destrezas de Pensamiento y del Encuentro Internacional de Educación y Pensamiento de la Universidad de Puerto Rico. Para información visite www.pddpupr.org o escriba a

    arvupr[arroba]prw.net

    Categorías: Competencias, educación moral, Eugenio María de Hostos, ética, educación cívica, pedagogía crítica, pensamiento crítico, valores



    Artículo original: Monografías.com

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