Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son

    1. Introducción
    2. Las cosmovisiones (los ojos con que vemos el mundo)
    3. La relatividad de las cosas
    4. El conocimiento
    5. La verdad
    6. La razón
    7. La lógica
    8. La ciencia
    9. El sentido crítico
    10. La concepción del mundo
    11. Los viejos y los nuevos paradigmas
    12. Sistema marxista
    13. Sistema positivista
    14. Cambio de paradigmas científicos
    15. La mecánica clásica
    16. La teoría de la relatividad
    17. La mecánica cuántica
    18. La teoría del caos
    19. Consecuencias de los revolucionarios planteamientos
    20. La nueva visión de la ciencia
    21. La falibilidad de la ciencia
    22. Posibilidad de unificar teorías
    23. El impacto de las revoluciones del conocimiento
    24. Los nuevos paradigmas exigen una nueva educación
    25. La construcción de la realidad social
    26. La mirada de los jóvenes
    27. Las expectativas y desafíos del nuevo milenio
    28. Conclusiones

    ACLARACIÓN

    Como este modesto texto no tiene ningún interés comercial ni mercantilista, he tenido la osadía de "adueñarme" de ciertas frases y párrafos de algunos de los libros consultados, sin haber tenido la "delicadeza" de citar a sus autores, pues no pretendo "dármelas" de original ni de investigador exhaustivo.

    INTRODUCCIÓN

    Cada quien piensa y da contenido a las cosas según su propia experiencia de las mismas. No todo lo que vemos es como lo vemos.

    Amable lector, empieza a "navegar" por un fascinante, insondable y enigmático universo que le cambiará su forma habitual de percibir, interpretar y sistematizar la realidad. Al concluir este texto muchos de sus paradigmas se habrán alterado, modificado y superado. Sus eternas e inamovibles "verdades" se habrán relativizado. Es posible que entonces no se empeñe en defender puntos de vista que antes concebía como "verdades" absolutas, irrefutables, incontrovertibles, irrebatibles, incuestionables. Su manera de argumentar y discutir se transformará, facilitando la dinámica de la comunicación. Su visión sobre las cosas no será la misma, porque habrá comprendido que las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son.

    Muchos de los conocimientos que poseemos sobre la realidad que nos circunda dejarán de tener la validez que les atribuimos. Cuántos conceptos, que pensamos que son reales o verdaderos, y concepciones del universo deberemos repensarlos y replantearlos. ¿Después de la lectura atenta y comprensiva de este texto, podremos seguir sosteniendo, defendiendo, refutando o aceptando lo que hemos aprendido o nos han "enseñado"? ¿Lo que entendemos por "la verdad", seguirá siendo "verdad"? ¿Lo que nos han dicho o lo que pensamos que es el tiempo y la forma cómo lo experimentamos y concebimos, proseguirá en nuestra mente tal como lo sabemos? ¿Los llamados "colores" realmente existen? ¿La gravedad es una fuerza o una consecuencia de la curvatura del espacio-tiempo? Y del espacio y el tiempo, ¿qué? ¿Es verdad que espacio y tiempo tan sólo son ideas que están en nuestra mente? ¿Espacio y tiempo solamente es la forma que damos a las cosas? ¿Las formas fundamentales de todo ser son el espacio y el tiempo? ¿Fuera del tiempo y del espacio existe la materia? ¿La materia existe fuera del pensamiento en el tiempo y en el espacio? ¿Qué es el tiempo? ¿Sólo la sucesión de horas, minutos y segundos? ¿Existirán otras formas del tiempo distintas a la tradicional concepción tridimensional de pasado, presente y futuro? ¿Un hecho será distinto para cada observador? ¿Las cosas que percibimos, la realidad que nos circunda, tienen una existencia real fuera de nuestros pensamientos? ¿Podremos conocer las cosas como son en realidad o sólo en su apariencia? ¿Son nuestras ideas las que crean las cosas o son las cosas las que crean las ideas? ¿Somos nosotros mismos, por la calidad y modo de nuestra percepción, quienes generamos y creamos la realidad tal y como ella se desenvuelve? ¿Todas las cosas espaciales o temporales son sólo apariencia? Hemos aprendido que la política es el arte de gobernar. ¿Eso será cierto en la práctica? ¿No será más bien las tácticas y las estrategias para obtener y conservar el poder? La tradición dice que hay que votar en las elecciones para fortalecer la democracia. ¿No será más bien para perpetuar el sistema imperante? Un proyectil disparado a la velocidad de la luz, ¿saldrá del cañón? ¿Qué es la verdad? ¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios? ¡Cuidado! Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son.



    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11



    El presente texto, fundamentado principalmente en elementales, complejos y novedosos planteamientos filosóficos y científicos, nos llevará a través del apasionante y esclarecedor panorama de las cosmovisiones; nos mostrará la relatividad de las cosas; nos internará por el universo del conocimiento; nos permitirá explorar el complejo y amplio horizonte de la tan anhelada y esquiva verdad y sus criterios; nos facilitará saber qué es la razón y para qué sirve; nos acercará al bello arte de razonar correctamente por medio de la lógica; nos llevará por los intrincados campos de la ciencia; desarrollará y fortalecerá nuestro sentido crítico; nos maravillará con el mundo de las concepciones filosóficas sobre la realidad; nos invitará a revisar viejos paradigmas y a adoptar nuevos paradigmas; nos pondrá al tanto de las consecuencias de los nuevos planteamientos que fundamentan la realidad; nos informará sobre la nueva visión de la ciencia; nos ilustrará sobre la posibilidad de unificar teorías científicas sobre la comprensión del universo; nos alertará sobre el impacto de las revoluciones del conocimiento; nos ilustrará sobre la construcción de la realidad social; nos señalará cuál es la mirada de los jóvenes, y nos expondrá las expectativas y desafíos del nuevo milenio.

    La persona que se aventure a explorar este ensayo encontrará la mejor recompensa a su esfuerzo: cambiar sus paradigmas y romper los esquemas que le condicionan su forma de interactuar con la cotidianidad más allá del mundo que le rodea. Su mirada sobre lo establecido y lo que nos condiciona se elevará por encima de dogmas y prejuicios, para abrirse paso en el vasto horizonte de nuevas y revolucionarias concepciones de la realidad que posibilitarán una auténtica manera de vivir libre y autónomamente.

    ¡Oh confusión! ¡Oh caos! ¡Quién pudiera

    del sol de la verdad su lumbre austera

    y pura en este limbo hacer brillar!

    De lo cierto y de lo incierto, ¡quién un día,

    y del bien y del mal, conseguiría

    los límites fijar.

    Rafael Núñez

    1. LAS COSMOVISIONES (los ojos con que vemos el mundo)

    Con frecuencia nos asaltan dudas sobre cómo son, cómo deben o cómo deberían ser las cosas, y qué paradigmas, verdades o creencias tenemos sobre éstas. (Un paradigma es un conjunto de normas que permiten la conformación de modelos; un prototipo, figura didáctica que sirve para representar de un modo concreto un trabajo mental; esquema formal en que se organizan las cosas). De acuerdo con la cosmovisión de las cosas y la forma de percibir, interpretar y sistematizar la realidad, cada persona define y opina de ellas, y, por ende, tiene distintos paradigmas, verdades o creencias de éstas.

    Una cosmovisión es un sistema de pensamiento mediante el cual fundamentamos o sustentamos determinadas posturas con relación a nosotros mismos, a los demás y al universo. Se puede definir también como el conjunto de conocimientos que vamos adquiriendo durante nuestra vida, que configuran en cada uno de nosotros la imagen general o universal de la realidad; una especie de idea o visión global del mundo, en la cual cada una de las ideas particulares de las cosas, como si fuera una pieza de un gran rompecabezas, se integra con las demás formando un conjunto armonioso.

    Entendemos por cosmovisión la idea global que el hombre se forma del mundo en que vive, la cual le permite dar razón de sí mismo y de cada uno de los seres que integran su mundo. Una cosmovisión, igualmente, se define como aquella forma estructurada de conocer y comprender la realidad total en que predomina una determinada actividad psíquica y una especial actividad vital. Una cosmovisión es una concepción del cosmos que, en un sistema coherente de puntos de vista sobre el mundo (naturaleza, sociedad y pensamiento), influye de manera fundamental en la actividad del hombre. Es ella la que nos permite encontrarle sentido a la fría y muda objetividad de los seres humanos; por ella las cosas se convierten en posibilidades, cobran sentido e interés para nosotros.

    Todas las personas tienen una concepción del mundo, sólo que en unas se forma de manera espontánea y en otras se va formando conscientemente, tratando de comprender la vida de la sociedad y la propia, su actitud ante el mundo mediante el estudio de las ciencias concretas y la filosofía. El carácter de la concepción del mundo es determinado en última instancia por el nivel de desarrollo social, por el estado de la ciencia y de la instrucción. La concepción del mundo de un hombre de la época antigua o feudal se diferencia fundamentalmente de la de un miembro de la sociedad capitalista, y más aun de la socialista. Pero al mismo tiempo la concepción del mundo de personas que viven en la misma sociedad es muy distinta. Las ideologías, la religión, la ciencia y las doctrinas políticas también influyen en la concepción del mundo.

    Existen diversas cosmovisiones del universo, del mundo o de la realidad (estética, científica, filosófica y religiosa), y aunque cada una de ellas es suficientemente diferente a las demás, ninguna puede aislarse. Los planteamientos sobre el hombre y el universo resultan diferentes desde cada una de ellas. Cada una posee su propia forma de responder a los grandes interrogantes que preocupan al hombre. A veces los planteamientos de estos modelos cosmovisivos están de acuerdo o se complementan. Pero muchas veces se oponen, sin que resulte posible poner de acuerdo a los defensores de una o de otra. Frente a todas estas cosmovisiones, el ideal no consiste en elegir la que nos parezca más provechosa y desechar las demás, sino integrar lo más valioso de todas; única forma de superar las limitaciones de cada una. Quien no logre integrarlas y mirar el universo a través de cada una de ellas, se complicará la existencia y será incapaz de relativizar la verdad.

    La cosmovisión artística o estética se caracteriza por abrirse sin barreras al orden sentimental de los valores de la vida y a la observación y comprensión del universo a través de la belleza o de las formas armónicas y agradables a los sentidos. La cosmovisión científica hace hincapié en el logro de objetividad y universalidad para el conjunto de sus conocimientos obtenidos por cuantificación y verificación. Pretende explicar el mundo partiendo de las experiencias científicas. La ciencia se centra en la experimentación, busca la objetividad. Carecen de interés para ésta las explicaciones que no puedan ser comprobadas con todo el rigor de sus propios métodos. La cosmovisión filosófica, que es la más amplia de las cosmovisiones, pretende conocer la razón y las relaciones profundas y permanentes de cada ser y de la totalidad de los seres. La filosofía pretende encontrar el sentido que tienen los seres para el hombre, apoyándose en la razón. La cosmovisión religiosa estructura la captación de la realidad haciéndola pasar a través del prisma de relaciones volitivas (que se relacionan con la voluntad) con seres sobrenaturales. La religión pretende explicar el mundo mediante fuerzas sobrenaturales. La religión es el conjunto de creencias míticas o reveladas que se aceptan como la explicación verdadera de la realidad, por pura fe, sin necesidad de verificación o comprobación alguna. Es una orientación del hombre hacia lo sagrado. El mito y la revelación le confieren su fundamento. El mito es una afirmación o narración fantástica de algún acontecimiento trascendente en el que intervienen fuerzas sobrenaturales. Es la forma de expresarse que tiene la vivencia religiosa. El mito es una "historia sagrada" elaborada por el hombre primitivo para explicar su realidad, el origen del mundo, , plantas y el hombre, transmitidas de generación en generación, en donde los protagonistas son seres divinos. Se caracteriza porque trata de explicar la realidad; es un relato fantástico; surge de la invención y la imaginación del hombre primitivo; es tradicionalista (se transmite de generación en generación); por lo general narra el origen del hombre, del universo y otros interrogantes; puede tener tres bases: hecho real, histórico y filosófico; tiene un sentido simbólico; nace con el advenimiento de un pueblo para explicar su origen; relata siempre hechos muy antiguos desde los inicios de la vida de un pueblo; los protagonistas de un mito son seres sagrados o dioses; narra siempre hechos relacionados con la divinidad; y trata de los secretos divinos o del poder de los dioses. Para la religión existe un hecho básico: el hombre mantiene una relación de dependencia con seres sobrenaturales, que configuran el ámbito de la divinidad. En el mundo de lo divino, al cual sólo tenemos acceso por la fe, según la cosmovisión religiosa, encuentran su respuesta los interrogantes fundamentales del hombre.

    Debido a que somos herederos de la tradición medieval, profundamente religiosa, la gran mayoría sólo ve la realidad a través de la cosmovisión religiosa, con algunas consecuencias para la construcción de un proyecto de vida bueno, debido a que la religión contiene ciertos elementos alienadores y masificadores. Sólo quien ha estudiado con sentido crítico la religión, podrá sacar provecho de ésta para su espiritualidad, sin que se convierta en un hombre del rebaño.

    El universo se presenta al hombre como un enigma que jamás se descifra en su totalidad. Su mundo se va formando como una acumulación de impresiones y experiencias cada vez más perfectas y complejas. La repetición de experiencias semejantes, unida al propio temperamento, da lugar a la formación de diferentes temples de ánimo frente a la vida, que se definen y modifican de acuerdo al de ésta. Así, encontramos diferentes temples de individuos: unos viven más apegados a lo concreto, a lo sensible, disfrutando el vivir cotidiano; otros fijan su mirada y sus impulsos en metas sublimes y lejanas que les hacen vivir en la esperanza; hay quienes se satisfacen plenamente con las cosas de la tierra y quienes son optimistas frente al mundo y quienes se enfrentan a él con pesimismo o desconfianza.

    El hombre, a través de sus actividades psíquicas (inteligencia, sentimiento y voluntad), conoce la realidad por su inteligencia, la valora afectivamente por el sentimiento y se conduce en ella por la voluntad. La melancolía, por ejemplo, nos muestra el mundo al revés; así perdemos el sentido de lo interno y de lo externo. El melancólico, fuertemente subjetivo e irreflexivo, resiste a la lógica, porque ningún argumento conseguirá convencerlo de que ese estado es imaginario o transitorio. La presencia de los demás se convierte en ausencia. El depresivo, así mismo, se pregunta si son los problemas de la vida diaria los que producen la sensación de depresión o si, por el contrario, es la sensación de apatía y desgana la que conduce a los problemas cotidianos. Un neurótico, igualmente, percibe la realidad alterada, ya que la neurosis genera un desorden crónico de personalidad que produce una visión distorsionada de la vida y una actitud distorsionada ante ella. Un esquizofrénico altera su contacto con el mundo exterior, se instala en su autismo, vive en un mundo fantástico y utópico, producto de su ensoñación; sus deseos no tienen relación con la realidad, se hace impenetrable, indiferente, y pierde todo sentido práctico. Un enajenado mental o loco tiene una forma muy particular de vivenciar la realidad, debido a que la locura es un estado en que la persona pierde la prueba de realidad, se aleja de los patrones del aquí y del ahora, no puede distinguir lo interno de lo externo y, en forma irreversible, se aleja del principio consensual de realidad. Según el filósofo francés Blas Pascal, el pensamiento, que es nuestra verdadera y definitiva vocación, se ve ofuscado por innumerables enemigos: la imaginación, "maestra del error y la falsedad"; las enfermedades, que nos impiden construir un juicio recto, y la cotidiana tendencia a vivir en tiempos que no son nuestros.

    John Grinder (Psicolingüísta) y Richard Bandler (Matemático, Psicoterapeuta, Gestaltista), con fundamento en el constructivismo, sostienen que el ser humano no opera directamente sobre el mundo real en que vive, sino que lo hace a través de mapas, representaciones, modelos a partir de los cuales genera y guía su conducta. Estas representaciones, que además determinan el cómo se percibirá el mundo y qué elecciones se percibirán como disponibles en él, difieren necesariamente a la realidad a la cual representan. Esto es debido a que el ser humano al transmitir su representación del mundo tiene ciertas limitaciones, las cuales se derivan de las condiciones neurológicas del individuo, de la situación social en que vive y de sus características personales.

    Cada persona tiene una representación del mundo en el cual se desenvuelve. Esta representación es la que se denomina "modelo del mundo", el cual genera conductas de acuerdo a la representación que tengan los individuos. Las representaciones mentales que cada individuo tiene dependen de sus experiencias, vivencias, cultura, fisiología, entre otras. Cada persona tiene un modelo o mapa del entorno en el cual se desenvuelve, es decir, el modelo del mundo para cada individuo es diferente. Esto depende de sus limitaciones sociales, individuales y neurológicas.

    Si preguntamos, por ejemplo, "¿qué es la realidad?" a una persona sin una sólida formación académica, a un científico y a un filósofo, tendremos respuestas diferentes. La primera, que por lo general tiene una cosmovisión religiosa y acude al sentido común, ingenuamente contestará que la realidad es todo aquello que nos rodea: personas, y cosas. Su saber se reduce a señalar las cosas y sus fenómenos interiores y exteriores, indicando las causas aparentes. Su explicación de la realidad será una explicación empírica, mediante la cual dirá que las cosas pasan de este o de aquel modo, sin poder decir por qué pasan. El científico responderá que la realidad es la naturaleza, incluyendo el hombre y sus creaciones. Su saber no se limita a señalar las cosas y sus fenómenos, sino que además las explicará separadamente en función de sus causas inmediatas. Su explicación será una explicación científica, mediante la cual dirá por qué suceden las cosas cuyas leyes ha establecido. Su opinión será crítica, porque examina y comprueba las aportaciones de los sentidos para poder determinar su verdadero valor. El filósofo dirá que el universo, el hombre y la cultura constituyen la realidad. Trata de explicar la realidad por sus causas primeras dentro del orden natural. Su respuesta es producto de la reflexión fundamental y sistemática. Busca establecer las causas iniciales, elaborando por medio de la reflexión un sistema que comprenda la explicación total de la realidad, que diga por qué ha sucedido todo.

    Los seres humanos adquirimos en el transcurso de nuestra existencia una serie de nociones acerca del mundo que nos rodea. Permanentemente estamos confrontando nuestras experiencias con nuestro caudal interior de convicciones respecto de las características del mundo exterior. Muchas de esas convicciones son erróneas ya que están basadas en prejuicios, prenociones, temores, supersticiones, costumbres, mitos y leyendas. Rara vez nos preocupamos por comprobar si nuestras ideas acerca de las cosas se ajustan a hechos sobre los cuales no podamos tener duda. Incluso cuando ponemos a prueba algunas de nuestras ideas o convicciones, la realidad nos demuestra que nuestras creencias son equivocadas. Entonces suele suceder que nos cuesta mucho convencernos de que no teníamos razón, de que no estábamos en lo cierto; a menudo las mantenemos aun a sabiendas de que no son verdaderas o que existe una alta probabilidad de que no lo sean.

    El rasgo quizá más característico de la raza humana es que vive y crea sus propias condiciones de vida a través de un proceso de transformación del mundo, al mismo tiempo que va construyendo representaciones mentales de él. Tales representaciones mentales van reflejando de una manera variable, cambiante, las diversas formas que adopta la vida social y natural. "Nos encontramos incluso con hombres de inteligencia indudable que mantienen ciertas opiniones acerca de asuntos determinados, las cuales les fueron inculcadas durante su niñez por niñeras o mozos de cuadra. Y hasta los últimos momentos de nuestra adolescencia, o aún después, seres queridos y admirados, cuyas palabras se imprimen irresistiblemente sobre nuestras mentes, logran hacer generar en nosotros creencias que la razón no osa examinar, y que aunque estén en desacuerdo con el resto de nuestras opiniones, persisten junto a éstas, sin que nunca advirtamos la contradicción entre los dos sistemas de pensamientos", precisa Aldous Hexley en su novela Mi tío Spencer.

    2. LA RELATIVIDAD DE LAS COSAS

    La concepción de las cosas es relativa para cada uno, ya que si tenemos diferentes cosmovisiones de la realidad o de nuestro entorno, para muchos las cosas son para cada cual lo que cada cual quiera pensar de ellas, tal como lo conciben los sofistas. No es que un hecho sea intrínsecamente abrumador; si lo es o no lo es depende de cómo la persona lo interpreta. Así, no son los problemas los que nos afectan sino la forma como los enfrentamos. Lo que realmente nos atemoriza y desconsuela no son las cosas ni los acontecimientos en sí mismos, sino la forma como pensamos de ellos. No son las cosas las que nos perturban, sino la forma como interpretamos su importancia.

    Un hecho determinado puede ser percibido como una amenaza, un desafío o un alivio, según las circunstancias, actitudes y recursos del individuo. Todo acto se define a través de la forma en que lo interpretamos. Lo que constituye la delicia de los niños que viajan dentro de un vehículo, aburre al conductor; lo que es una rutina habitual para las viejas campesinas, llena de terror a un habitante de las grandes ciudades.

    Ser incapaz de ver de la naturaleza más de una cara es similar a vivir bajo la sombra del sueño perforada por un solo rayo de luz. Cada uno de nosotros está centrado en su propio ser y contempla el mundo desde una posición estratégica las cosas cambian sin cesar, de modo que siempre vamos encontrando situaciones nuevas.

    De acuerdo con el punto de vista de los antiguos egipcios, como el universo es mental, los problemas sólo están en nuestra mente. "Como cada uno es, tal es su vida. Uno es lo que piensa que es", sostiene el principio del denominado Mentalismo. Somos, junto a lo que nos rodea, formas pensantes: un universo pensante, en el que nos proyectamos en espacio y tiempo. Las cosas y las personas no son lo que deseamos que sean ni lo que aparentan ser; son lo que son. Según el principio de identidad, una cosa es lo que es y no otra. Sin embargo, una cosa, en algunas circunstancias, pueden ser dos. Por ejemplo, la salida es a su vez una entrada; salida para el que está adentro y entrada para el que está afuera.

    En la concepción diversa de las cosas, algunos consideran que en este mundo no hay abismo entre el ideal y la realidad; no hay separación entre lo que uno quisiera ser y lo que es, entre lo que mi conciencia moral quiere que uno sea y lo que la flaqueza humana en el campo de lo fenoménico hace que sea. La característica de la vida moral, concreta, en este mundo fenoménico, es la tragedia, el dolor, el desgarramiento profundo, que produce en nosotros esa , ese abismo entre el ideal y la realidad. Mundo fenoménico es lo que tenemos ante nuestros sentidos tal como está.

    Opinamos de las cosas de acuerdo a cómo las percibamos, partiendo de nuestra posición como seres humanos. Las cosas pueden ser percibidas, interpretadas y sistematizadas, dependiendo de las circunstancias, tal como lo explican las siguientes situaciones:

    Primera: " inofensivos: el tigre, el león y la pantera; altamente peligrosos: la gallina, el ganso y el pato", decía una lombriz a sus hijos.

    Segunda: Dos ciegos querían saber cómo era un elefante. Uno cogía al elefante por la pata y decía que era un árbol; el otro lo tomaba por la trompa y afirmaba que se parecía a una serpiente. Los dos estaban equivocados.

    Tercera: ¿Quién aprende más de quién? ¿El estudiante del maestro, o el maestro del estudiante? "El estudiante", responderán algunos. Esto sólo es cierto a medias: el profesor aprovecha más las preguntas de sus alumnos, que éstos las preguntas de aquél. Por tanto, es el profesor quien está aprendiendo de los estudiantes.

    Cuarta: Dos amigos se están despidiendo en una estación. El que se queda le dice al que se aleja: "Te estás alejando con el tren". A lo que el viajero responde: "No es cierto, eres tú el que se aleja con el andén. Yo estoy quieto aquí en el vagón del tren". Los dos están en lo cierto, tienen fundamento en sus afirmaciones. Es relativo asegurar quién se está alejando de quién. ¿Un poco complicado esto? La relatividad einsteniana lo explica… Más adelante veremos eso y más.

    Quinta: Dos personas (una optimista y otra pesimista) se encuentran frente a una botella cuyo contenido está justo a la mitad de su capacidad. ¿Dirán que está medio llena o medio vacía? El optimista dirá que está medio llena y el pesimista dirá que está medio vacía.

    Y la sexta (un poco compleja): Un hombre golpea con su puño una mesa dos veces en el mismo sitio. ¿En realidad habrá golpeado dos veces en el mismo sitio? ¡No! ¿Por qué? La sala donde está la mesa está sobre la tierra, y ésta se mueve en el espacio, girando sobre su eje y trasladándose alrededor del sol; el sistema solar también se mueve en el espacio… Los golpes fueron dados en dos lugares diferentes, ya que sólo podemos hablar del mismo sitio si lo hacemos con referencia a la sala donde está la mesa… ¿Un poco enredado? No se preocupen. La Teoría de la Relatividad de Einstein lo explica fácilmente. Ya veremos.

    Séptima: Un esposo celoso sale de viaje. Como sabe que su esposa tiene un amante, le exige que cuando regrese lo espere en la estación, a la que se llega luego de atravesar un bosque donde vive un peligroso y cruel asesino. El día del regreso, la esposa, temerosa del asesino, le pide a su amante que la acompañe a la estación, pero éste se niega por temor a las reacciones de su rival. Entonces pide compañía a un policía, pero éste se niega pretextando que tiene que cuidar a los demás habitantes de la ciudad. Finalmente, acude a vecinos y a otras personas, obteniendo negativas por temor, insolidaridad o comodidad. La esposa decide irse sola para la estación, pero es asesinada en el bosque. ¿Quién es el responsable de su muerte? ¿El esposo celoso? ¿El amante? ¿El policía? ¿Los vecinos y demás personas? ¿La esposa infiel? ¡Ninguno de éstos! ¿Entonces quién? ¿Los celos del esposo? ¿La cobardía del amante? ¿Los pretextos del policía? ¿El temor, la insolidaridad o la comodidad de las personas? ¡Tampoco! ¿Entonces quién? ¿La mala conciencia de la esposa? ¿La inseguridad? ¡No! ¡El culpable es el asesino!

    ¿Y qué tal estas preguntas?: Primera: "¿La cebra es una animal de color blanco con rayas negras o un animal de color negro con rayas blancas?" Segunda: "¿Quién es más valiente: el que se suicida o el que afronta los fracasos y las enormes dificultades que implica vivir? El expresidente Rafael Núñez, poéticamente nos acabó de confundir: "Ignoro si el veneno de Locusta /sería en el ansia de congoja adusta /para el pecho dulcísimo cordial; /si es más fuerte el que lucha con sus penas /o el que quiebra de su hado las cadenas / a un golpe de puñal". Tercera: Cuando uno "cumpleaños", ¿cumple un año más o un año menos? Cuarta: Si las cosas son múltiples, temporales, finitas, móviles, cambiantes, y además fluyen y devienen, ¿las cosas no pueden ser y no ser al mismo tiempo? ¿Las cosas tienen un ser, y ese ser, es? ¿El ser, es, y el no ser, es? Quinta: Si el ser es único, eterno, infinito, inmóvil e inmutable, ¿el ser puede ser y no ser al mismo tiempo? ¿Una cosa es y no es al mismo tiempo? ¿Las cosas son y no son? Sexta: Si las cosas cambian, ¿qué son en realidad?

    Y de lo grande y de lo pequeño, ¿qué? Se puede decir que un hombre es muy pequeño o que es muy grande: si lo relacionamos con un elefante, es muy pequeño; si lo hacemos con una hormiga, es muy grande; pero, estableciendo relaciones de ese hombre con un mismo objeto, no podemos decir ambas cosas. Podemos decir de un ser que es muy pequeño o que es muy grande porque pudo haber crecido; pero no podemos decirlo al mismo tiempo y desde el mismo punto de vista, porque las cosas pueden resultar completamente diferentes si están vistas desde distintos ángulos. Para algunos, muchos no son suficientes. Según Séneca, nunca es poco lo que es suficiente, y nunca es mucho lo que no basta. ¿Es la cultura la que condiciona un lugar o el lugar el que determina la cultura? ¿Para avanzar, es pertinente retroceder? ¿El pensamiento crea la realidad o la realidad crea el pensamiento? ¿Es la conciencia la que determina el ser o es el ser social el que determina la conciencia? ¿Son las condiciones espirituales las que crean los cambios materiales o son los cambios materiales los que crean las nuevas condiciones espirituales? ¿El cerebro ha sido creado por el pensamiento o el pensamiento es producto del cerebro? ¿El universo fue creado por Dios o existe desde la eternidad? Y la clásica y dialéctica pregunta de quién fue primero: ¿el huevo o la gallina? El sabio Aristóteles dijo que no había solución, pero que en caso de haberla, pensaba que la gallina sería primero. Recientemente dijeron algunos científicos ingleses que primero fue el embrión (¿el huevo?). Muchos, tratando de salirse por "la tangente", contestan que primero fue el gallo… ¡Cuidado! Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son.

    Según el filósofo inglés John Locke, hay una realidad oculta tras lo que vemos y percibimos a través de los sentidos en general. "No percibimos una sustancia, percibimos su existencia", sentenció este pensador. El poeta portugués Fernando Pessoa sostenía que "las cosas no tienen significado sino existencia, / las cosas son el único sentido oculto de las cosas". La realidad se esconde tras las apariencias, y éstas son suficientes para el grueso de la humanidad, que es absolutamente incapaz de separar el grano de la paja. Quien vive de apariencias sólo le basta el oropel y el éxito. Cada observador tiene su propia medida del tiempo. "No sé si lo que llamamos heroísmo /es virtud, embriaguez o fanatismo /odio, ambición, delirio, saciedad… / En la noche que forman las pasiones, / no alcanzo de mis propias emociones / a saber la verdad", nos sensibiliza la extraordinaria y enigmática poética de Rafael Núñez.

    Nuestras percepciones a veces son erróneas. Lo que vemos en muchas ocasiones no corresponde con la realidad. Es el caso de los colores. Uno los ve. Sin embargo, no existen. ¿Qué son los colores? Los colores de las cosas dependen de la luz con que estén iluminadas y de la refracción y absorción de las diversas frecuencias de la luz. La luz del sol llega a nosotros en muchos "colores": violeta, azul, amarillo, verde, anaranjado, rojo, que corresponden a luces de diferentes longitudes de onda. Las luces violeta y azul tienen las longitudes de onda más cortas; la anaranjada y roja, las más largas. Lo que percibimos como "colores" es la manera en que nuestros ojos y nuestro cerebro leen estas longitudes de onda de la luz. Un vestido negro absorbe todas las frecuencias de la luz, mientras que una camisa roja absorbe todas las radiaciones, menos la roja que refleja.

    Algunos opinan que el hombre es la medida de todas las cosas, y por esto las cosas son para cada cual lo que cada cual quiera pensar de ellas. Otros piensan que las cosas no son como son, sino como cada uno las percibe. Hay quienes creen que todo cuanto vemos y tocamos (las cosas tal como se presentan) no existen de verdad, sino que son otros tantos velos que ocultan la verdadera y auténtica realidad. Las cosas no son aún en acto lo que son en potencia. No todas las cosas existen; hay cosas que creemos que existen y en cuanto nos acercamos a ellas nos percatamos que no existen, ya sea porque se desvanecen, ya sea porque las descomponemos en otras. Lo real no es real sino en tanto y en cuanto procede de lo posible. Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son.

    No son pocos los que piensan que las cosas que se tienen ante nosotros no son nunca, en ningún momento, lo que son en el momento anterior y en el momento posterior; las cosas están constantemente cambiando. Para los dialécticos, una cosa es y no es al mismo tiempo, puesto que el ser consiste en estar siendo, en fluir, en devenir. En contraposición, otros afirman que en este mundo abigarrado de colores, de sabores, de olores, de movimientos, de subidas y bajadas, de las cosas que van y vienen, de la multiplicidad de los seres, de su variedad, de su movimiento, todo este mundo sensible, es una apariencia, es una ilusión de nuestros sentidos, una ilusión de nuestra facultad de percibir. La percepción sensible es ilusoria. Por eso lo que observamos nunca corresponde a la situación física; algunos aspectos son omitidos, otros añadidos y algunos distorsionados. Nunca hay que olvidar que las cosas esconden algo detrás de su apariencia inmediata.

    Las imágenes y las apariencias en muchas ocasiones influyen en nuestras percepciones. Veamos un ejemplo. En el primer debate radiotelevisado entre John Fitzgerald Kennedy y Richard Nixon, en 1960, por la presidencia de los Estados Unidos, los dos fueron ganadores. ¿Por qué? Quienes vieron por televisión el debate, dijeron que ganó Kennedy, debido a la influencia que ejerció su imagen fotogénica y saludable, contraria a la de Nixon, cansada y enfermiza. Los que escucharon por radio el debate dijeron que había ganado Nixon, porque había hablado mejor.

    Muchas veces, buscando respuestas, nos confundimos más con las diversas teorías que pretenden explicar un hecho. Sobre el origen del hombre americano, por ejemplo, no podemos tener certeza. ¿Cuál es la teoría cierta? ¿Será cierta la del origen múltiple? ¿Será cierta la del origen único? ¿Será cierta la del autoctonismo? ¿Será cierta la que sostiene que proviene de Oceanía, pasando por la isla de Pascua? ¿Será cierta la de las oleadas sucesivas? ¿Cuál es la verdadera? ¿Será otra? ¿Cómo y cuándo saberlo? Lo único seguro es la incertidumbre.

    Muchos conceptos y su realidad son relativos. Un ejemplo: el llamado "orden". ¿Qué es orden? Colocación de las cosas en el lugar que les corresponde. Concierto, buena disposición de las cosas entre sí. ¿Qué es desorden? Un tipo de orden al cual no estamos acostumbrados. Pero muchas veces el orden no es orden. Supongamos que un técnico en reparación de televisores "desarma" uno y distribuye sus partes sobre la mesa de trabajo, y luego sale de su sitio de labores. Al regresar encuentra que alguien ha "recogido" estos componentes y los ha "ordenado", porque percibió que estaban en "desorden". El técnico se disgusta porque en el aparente "desorden" en que tenía esos elementos, se desempeñaba con facilidad, mientras que en el nuevo "orden" (ajeno) su quehacer se le dificulta y se le convierte en un caos. Así, el "desorden" del técnico estaba bien ordenado para sus fines; ahora se pierde en el nuevo "orden". ¿Cuándo había orden: antes o después? El orden también es relativo.

    En múltiples ocasiones nuestras concepciones de hechos o fenómenos cotidianos no corresponden con lo que en realidad pueda estar ocurriendo. El tiempo podría ser un claro ejemplo, como puede ser cualquier otro. Casi todo lo que hacemos está influido por el concepto de tiempo. Ovidio dijo que el tiempo vuela; Aristóteles, que se mueve; San Agustín, que es una cualidad del alma; Kant, que es una intuición; Einstein lo convirtió en dimensión y la Física Cuántica lo desmenuzó hasta hacerlo innecesario.

    El tiempo lo definió Platón, como imagen móvil de la eternidad, entendiendo tiempo como duración de la vida, y eternidad como vida sin fin, es decir, presencia que no pasa y que es el arquetipo o modelo del tiempo. El tiempo fue creado imagen de la eternidad, dura siempre, y es el movimiento del cielo: la noche, el día, el mes y semejantes son partes del tiempo. Así, que el tiempo no puede existir sin la naturaleza del universo, pues luego que hubo mundo también tiempo, habiendo sido creados el sol, la luna y los planetas para formar el tiempo.

    Aristóteles, su discípulo, a partir de la observación del movimiento circular de las esferas celestes y del hecho de que tiempo y movimiento se perciben en forma conjunta, afirmó que el tiempo es el número del movimiento según el antes y el después. Unió indisolublemente tiempo y movimiento, dado que cada uno de ellos sólo puede medirse en función del otro.

    Según San Agustín, no se puede decir con exactitud que sean tres tiempos: pasado, presente y futuro. "Habría que decir con más propiedad que hay tres tiempos: un presente de las cosas pasadas, un presente de las cosas presentes y un presente de las cosas futuras. Estas tres cosas existen de algún modo en el alma, pero no veo que existan fuera de ella. El presente de las cosas idas es la memoria. El de las cosas presentes es la percepción o la visión. Y el presente de las cosas futuras es la espera", aclara en sus Confesiones.

    El filósofo francés Blas Pascal considera en sus Pensamientos que "casi nunca pensamos en el presente, y si pensamos, es con vistas al porvenir; nunca el presente es nuestro fin; él y el pasado son nuestros medios, y nuestro fin, el porvenir; así que nunca vivimos, sino esperamos vivir, y disponiéndonos siempre a ser dichosos, es inevitable que no lo seamos nunca".

    El filósofo alemán Guillermo Federico Hegel concibe el tiempo como devenir intuido, y precisa que mediante sus dimensiones (pasado, presente y futuro) permite el paso del ser a la nada y de la nada al ser.

    El escritor portugués José Saramago, en su relación personal con el tiempo, no encuentra lugar sino para un pasado o tiempo vivido y un futuro o tiempo por vivir. "El presente –sostuvo ante un auditorio en la Universidad de Salamanca (España) luego de haber recibido el premio Nobel del Literatura- no será más que un cursor que se desliza a lo largo de una escala, caracterizado por no ser, siquiera mensurable, nada más que un punto móvil, imparable, una luz que corre hacia las tinieblas dejando detrás de sí una claridad difusa, para que la difícil memoria de los tiempos se hará cada vez más ciega, hasta que el flujo del olvido recubra todo".

    El filósofo francés Henri Bergson en su obra La evolución creadora sostiene que "el pasado y el futuro se deslizan en una continuidad indisoluble dentro de la cual el pasado, que va acrecentándome y royendo las puertas del futuro, se encuentra siempre presente, conservado y activo, en cada acción presente que incorpora. Tendemos a reducir su movilidad unitaria, en repetidos escalones que fijamos y estructuramos de acuerdo con la necesidad de nuestro entendimiento". Para éste, el porvenir es la dilatación del presente. Piensa que el tiempo verdadero no es el objetivo, sino el vivencial, el que lleva el hombre dentro de sí mismo.

    El filósofo alemán Martín Heidegger, en su obra Ser y tiempo, sostiene que la vieja pregunta de "¿Qué es el tiempo? se ha convertido en: ¿Quién es el tiempo? Más precisamente: ¿somos nosotros mismos el tiempo? O aún con mayor precisión: ¿soy yo mi tiempo?". Responde que sí. El existente humano, consiste precisamente en tiempo, esa inconsistencia transitoria. Según él, estar hechos de tiempo significa estar abocados a la muerte, resbalar sin tregua hacia ella.

    El popular escritor norteamericano Richard Bach, en su novela Uno, sostiene que el tiempo es el nombre que damos al movimiento de la conciencia. "Todos los acontecimientos posibles que pueden ocurrir en el espacio y el tiempo ocurren ahora, a la vez, simultáneamente. No existe pasado, no existe futuro, tan solo el ahora, aunque debemos utilizar un lenguaje basado en el tiempo para poder conversar. Es como la aritmética. En cuanto conoces el sistema, sabes que todo problema numérico está ya resuelto. El principio de la aritmética ya sabe cuál es la raíz cúbica de seis, aunque nosotros podemos necesitar lo que denominamos tiempo, siquiera sean unos pocos segundos, para averiguar lo que siempre ha existido… El pasado y el futuro no dependen del año en que nos encontramos… Depende de lo que elijamos contemplar".

    Según Einstein, para los físicos "la distinción entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión, por muy pertinaz que sea".

    En el libro Cambio de Ritmo, de Stephan Rechtschaffen, se afirma lo siguiente respecto del tiempo: "El tiempo en sí mismo no existe; es sólo una medición de la que alcanza a cubrir un objeto que se desplaza en el espacio, tal como lo planteara Albert Einstein. El tiempo no existe; el ahora, sí. Sentimos el presente. El tiempo presente sólo se percibe individualmente".

    Según Tomás Moore, "el tiempo sólo es una faceta de la vida, y la vida es el regalo del tiempo. Querer tiempo es querer vida, querer la oportunidad de vivir plenamente".

    Emmanuel Kant, con su complejidad característica, sostiene que el espacio y el tiempo, dos principios fundamentales a priori, son los constituyentes de la representación o intuición pura. El espacio y el tiempo, que son ajenos a toda experiencia y universales y necesarios, fundan y posibilitan la experiencia sensible y permiten la constitución de juicios sintéticos a priori (los únicos que sirven para hacer ciencia porque son universales y necesarios). Espacio y tiempo, como conceptos puros, posibilitan y preceden toda experiencia fenoménica, cualquier relación con el mundo. Gracias a la relación entre los contenidos del a intuición sensible (datos empíricos del a experiencia) y los de la intuición pura (formas trascendentales del espacio y el tiempo) los objetos se dan al conocimiento humano. La realidad es la existencia misma de las cosas en el tiempo, como la cantidad es la imagen pura del espacio; la sustancia es la permanencia de lo real en el tiempo, y a sí sucesivamente.

    Según Freud, la idea kantiana de que tiempo y espacio son dos formas necesarias de nuestro pensamiento, puede ser hoy sometida a discusión a consecuencia de ciertos descubrimientos psicoanalíticos, porque los procesos anímicos inconscientes estén en sí fuera del tiempo; es decir, no pueden ser ordenados temporalmente, el tiempo no cambia nada en ellos y no se les puede aplicar la idea de tiempo.

    La idea de tiempo en Jorge Luis Borges expresa la existencia del pasado, el presente y el futuro. En otras palabras, es el tiempo momentáneo, en el cual el hombre reconoce para siempre su condición humana. "El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego", sostiene poéticamente en su Nueva refutación del tiempo – B. Este brillante intelectual argentino precisa en su cuento El jardín de los senderos que se bifurcan que el tiempo no es absoluto. Cree en infinitas series de tiempos, en una red creciente vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. "Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades… El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros", señala en ese cuento.

    Desde niños sabemos que el tiempo es tridimensional: pasado, presente y futuro. Sin embargo, para los científicos modernos no existe ni pasado, ni presente, ni futuro. ¿Cómo así que no existen, si eso parece que experimentamos en nuestra cotidianidad? Según el reconocido científico alemán Albert Einstein (1879-1955), el intelectual más brillante del siglo XX y posiblemente el más grande de todos los tiempos, la diferenciación entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión, por muy tercamente que nos agarremos a ella. ¿Por qué? El tiempo que los científicos tienen en su punto de mira es muy diferente al que perciben nuestros sentidos. ¿Pero son confiables nuestras impresiones? Ellas nos dicen que el tiempo transcurre. El presente nos parece completamente real. El pasado contiene aquello que ya no existe. El futuro, por el contrario, está todavía sin forma y quizá abierto. En ninguna galaxia, según los científicos, existe un instante al que podamos llamar ahora. En su lugar, existe un gran lapso de tiempo con muchos ahoras, cada uno de ellos percibido como ahora por observadores diferentes. Lo que para nosotros no es más que un brevísimo instante, es en realidad una amplia zona compuesta de muchos momentos, cada uno de los cuales sería en un astro muy alejado.

    El tiempo es relativo: más largo para el que espera y más corto para el que se va, más largo para el que sufre y más corto para el que goza, más largo para el joven y más corto para el viejo... A medida que envejecemos, aumenta nuestro archivo memorístico. Los científicos opinan que este aumento de la memoria es el responsable de nuestra sensación de ir "haciéndonos" viejos. A los enamorados les gustaría que el tiempo transcurriese más despacio. Cuando menos nos preocupamos por el paso del tiempo, éste parece empeñarse en ir más de prisa. Cuando estamos atrasados para llegar a un sitio a una determinada hora, nos parece que el tiempo transcurre más de prisa. Cuando esperamos en una larga fila, el tiempo también parece ir más de prisa. El que duerme plácidamente le parece que el tiempo transcurre más rápido, mientras que el que trasnocha tiene la sensación de que el tiempo va más lento. La persona desocupada percibe lento el transcurso del tiempo; la persona ocupada en una actividad agradable, por el contrario, tiene la sensación de que éste pasa más rápido. Pero qué paradójico: el tiempo, que es quien nos da la vida; es, a su vez, quien nos la va quitando. Desde que nacemos empezamos a morir.

    A propósito: ¿Qué es el tiempo? ¿El tiempo es lo que miden los relojes? San Agustín decía, en sus Confesiones, "sé bien lo que es, si no se me pregunta. Pero cuando quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Pero me atrevo a decir que sé con certeza que si nada pasara no habría tiempo pasado. Y si nada existiera no habría tiempo presente. Según el filósofo y escritor español Fernando Savater, el tiempo pasa porque las cosas pasan o a las cosas les pasan otras cosas. Donde nada puede pasar no puede hablarse de tiempo. ¿Qué estamos midiendo cuando medimos el tiempo? ¿Cómo medir algo que no sabemos apenas lo que es? Savater responde que medir el tiempo equivale más o menos a determinar el plazo de los cambios que nos afectan a nosotros, a nuestras actividades y al mundo en que habitamos. "Pero como tales cambios –señala- pueden ser de numerosos tipos y como las medidas que les aplicamos responden a criterios muy diferentes, es imposible en realidad hablar de un solo tiempo: tendremos que resignarnos a que haya diversos tiempos, según los cambios observados y las pautas de medición utilizadas". Los científicos realizaron la siguiente prueba: colocaron un reloj atómico en la cima de una montaña, y otro a nivel del mar. Einstein estaba en lo cierto: el reloj a nivel del mar anduvo más despacio que el otro. A nivel del mar, la gravedad es más fuerte porque está más cerca del centro de la tierra.

    El divulgador científico Jorge Alcalde (español) se pregunta: "¿Tiene la misma concepción del pasado de la vida el lama que reposa la vista sobre un mandala que el ejecutivo que suplica a su reloj digital unos segundos más para salir del atasco de circulación? (Mandala o mándala en el hinduismo y en el budismo, es un dibujo complejo, generalmente circular, que representa las fuerzas que regulan el universo y que sirve como apoyo de la meditación). ¿Pasa por igual el tiempo en una aldea china que en el centro de Buenos Aires? ¿El tañir del campanario tiene el mismo significado para el niño que corre ante el pórtico de la catedral que para el condenado a muerte?" Y responde que no. "Los psicólogos lo saben bien: un minuto no pasa igual en la mente de unos que en la de otros. Incluso existen algunas variables físicas que pueden modificar nuestra percepción del paso del reloj. Por ejemplo, la temperatura corporal: siguiendo los estudios del psicólogo Eysenck, algunos científicos han producido variaciones de hasta un 20% en el tiempo subjetivo de sus pacientes modificando su temperatura interna. El consumo de algunas drogas produce efectos similares sobre la capacidad de medir el tiempo íntimamente, pero este fenómeno de alteración mental no es exclusivo de la química. La sinopsis, la meditación, alguna enfermedad mental, el estrés, el miedo… todo puede conducir a una incorrecta interpretación", sostiene en un artículo de la revista Muy Interesante No. 199. El tiempo es una medida subjetiva: lo que cada uno creer que es.

    Así las cosas, surge la gran pregunta: ¿Es realmente el tiempo mismo lo que pasa o somos nosotros los que pasamos temporalmente? ¡Qué complejo y misterioso es el tiempo! Y pensar que el tiempo, que es quien nos da la vida, es quien nos la va quitando.

    Y sobre los calendarios, ¿qué? Aunque la humanidad ha tratado de unificar el tiempo, se podría decir que de una forma u otra cada civilización tiene su propio calendario. Pero los calendarios no sólo "cuentan" y miden el paso del tiempo y tiene una utilidad civil, también esconden anhelos, temores y creencias de los pueblos y civilizaciones. Cuando en Occidente, profundamente influenciado por el cristianismo, estábamos en el año 2002, los hebreos estaban en el 5750, los mayas en el 5116, los chinos en el 4699 (desde 1912, China se rige oficialmente por el calendario gregoriano, el mismo de Occidente, pero el pueblo chino sigue celebrando sus festividades y sus tradiciones según su antiguo calendario), los tibetanos en el 2128, los etíopes en el 1923 y los musulmanes en el 1422. Luego de algunas revoluciones se ha tratado de establecer nuevos calendarios. Después de la Revolución Francesa y de la Revolución Cubana se intentó iniciar con el año uno, pero esas intenciones no tuvieron acogida. Jorge Alcalde aclara que "el calendario gregoriano que seguimos en el mundo occidental está íntimamente relacionado con la órbita de la tierra alrededor del sol", y agrega que "el empeño por unificar todas las medidas de tiempo ha levado a la instauración de una hora universal conforme a la cual se ajustan todos los relojes oficiales del mundo que se rigen por nuestro sistema".

    Muchos nos preguntamos si es posible determinar cuál es la medida correcta del tiempo. Jorge Alcalde dice que nuestro calendario civil, confeccionado de acuerdo con el movimiento aparente del sol, no se ajusta en realidad al periplo de éste. ¿Medirá correctamente el tiempo nuestro calendario solar? ¿Cuál será el calendario más correcto: el basado en las lunas o en el paso de la estaciones?

    Durante mucho tiempo se creyó que la tierra era plana; la observación directa así lo exigía. Como consecuencia, todas las líneas verticales eran paralelas entre sí, y tenía plena justificación decir que el cielo estaba "arriba" y la tierra "abajo". Al conocer que la tierra es redonda, los conceptos de arriba y de abajo sólo tienen sentido respecto al punto en el que está situada la persona que los enuncia. Cuánto tiempo se tuvo la concepción de que la tierra era el centro del universo porque así se veía a simple vista: el sol "salía" por la mañana, "ascendía" hasta el medio día y se "ocultaba" al atardecer. Eso, tiempo antes, era una verdad incuestionable, observable, evidente. Pero no era tal. Según los científicos posmedievales, esto es totalmente falso. Nuevas verdades derrumbaban viejas "verdades".

    Muchas de nuestras percepciones son erróneas. Cuando estamos reposando en un sillón, no hay duda que estamos quietos. Esto es cierto sólo para quienes no se preguntan cómo funciona el universo. Los inquietos por las leyes y los misterios del universo sabemos que permanentemente nos estamos moviendo por el cosmos a la velocidad de la luz; más exactamente, por el tiempo espacial, y lo hacemos con todas las consecuencias que implica un movimiento vertiginoso. ¿Increíble? Así son las leyes físicas, o al menos las expuestas por la relatividad einsteniana. ¿Serán ciertas? Algún día podremos confirmarlas o desvirtuarlas. ¿O no podremos hacerlo nunca?

    La vaguedad de los conceptos es un aspecto que debe tener en cuenta quien busca saber qué son las cosas. "Aquí", por ejemplo, es un término vago: en la cosmología astronómica, la Vía Láctea puede ser "aquí"; en el estudio de la Vía Láctea, "aquí"es el sistema solar; en el estudio del sistema solar, "aquí" es la tierra; en geografía, es la ciudad o el distrito en que vivimos; en los estudios fisiológicos sobre la sensación, es el cerebro, a diferencia del resto del cuerpo. "Los aquí más vastos contienen otros menores como partes; todos los "aquí" contienen el cerebro del que habla o parte de él", sostiene el filósofo inglés Bertrand Russell en su libro "El conocimiento humano".

    No hay que creer en todo lo que nos dicen los demás si queremos saber qué son las cosas. Los textos educativos (impuestos por el sistema y la tradición escolar) nos han dicho que Cristóbal Colón fue el primero en afirmar que la tierra era "redonda como una naranja". Sin embargo, eso ya lo habían planteado otras personas mucho tiempo antes. Los griegos, a través de los Pitagóricos, de Platón y de otros pensadores, ya habían afirmado que la tierra era esférica, debido a que la esfera es la más perfecta de todas las figuras. Decían que las órbitas eran circulares a causa de que el círculo es tan perfecto como la esfera. En la Edad Media, el filósofo y teólogo ingles Roger Bacon (1229-1292), sostuvo que la tierra era redonda.

    Nos "enseñaron" que Copérnico, Galileo y Newton fueron los pioneros en afirmar que el sol era el centro del universo y que los planetas giraban en torno del sol. No obstante, los antiguos griegos ya habían planteado que la tierra podía sostenerse sola sin apoyo en el espacio; éstos, a su vez, habían tomado este conocimiento de los babilonios y de los egipcios. El filósofo Anaxímenes, por ejemplo, dijo que la tierra era una gran hoja que flotaba en el aire. Aristarco de Samos, filósofo egipcio, fue el primero en concebir la teoría de la rotación de la tierra sobre sí misma y alrededor del sol. Se le atribuye a Copérnico ser su descubridor. Lo que pasó fue que esta idea de Aristarco sólo fue admitida hasta los tiempos de Copérnico. La filología, apoyada en el exacto conocimiento del sánscrito, nos demuestra que "en los Vedas encontramos la prueba de que 2.000 años antes de J. C., los sabios indos conocían la esfericidad de la tierra y el sistema heliocéntrico que tampoco ignoraba Pitágoras, por haberlo aprendido en la India, ni su discípulo Platón… los indos conocían perfectamente el sistema heliocéntrico unos 2.000 años por lo menos antes de J. C." (Isis sin Velo, de Helena Petrovna Blavatsky). El filósofo Bertrand Russell afirma en el texto citado antes que "Aristarco de Samos, en el siglo III, propuso el sistema copernicano en su totalidad, y elaboró un método teóricamente correcto para calcular las distancias del Sol y la Luna". La Enciclopedia Microsoft Encarta sostiene que "el astrónomo Aristarco de Samos propuso un sistema planetario heliocéntrico (con centro en el Sol), aunque este concepto no halló aceptación en la época antigua". Es más: el filósofo colombiano Danilo Cruz Vélez también llama la atención de estas realidades cuando en un ensayo publicado en Lecturas Dominicales del periódico El Tiempo aclara que el historiador Germán Arciniegas sostenía que Copérnico había desarrollado sus ideas heliocéntricas a partir del descubrimiento de América, "olvidando que en el siglo III a. de C. Aristarco de Samos, llamado el Copérnico de la antigüedad, sostenía que el sol está inmóvil en el centro del universo y que la tierra, como los otros planetas, describe círculos concéntricos alrededor del sol". Y así muchas otras imprecisiones y confusiones, propias de un sistema educativo, concebido para la domesticación y el oscurantismo. Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son.

    Los ejemplos, verdades o creencias difieren grandemente en la percepción de las cosas por parte de los adultos y de los jóvenes. Mientras los mayores tienen conceptos más acabados, estructurados y coherentes de cómo son o deben ser las cosas, debido a su bagaje en diversos campos del saber racional y empírico, la juventud, por su forma diferente de observar y enfrentar su realidad, tiene otros arquetipos, verdades o creencias de las cosas con las que tienen que habérselas cotidianamente.

    El niño aprecia las ocurrencias de su vida de manera superficial; el joven comienza a ver los aconteceres propios y ajenos con mayor profundidad; y el hombre maduro, hablando en términos generales, logra un criterio objetivo y sensato, que le permite juzgar acertadamente de cuanto pasa en su entorno. La vida social y familiar está llena de dificultades y desaciertos, a causa de la ausencia de criterio en los padres de familia, en los educadores y en los gobernantes. Las relaciones humanas son un intercambio continuo de apreciaciones acerca de personas y hechos de la vida ordinaria.

    Igualmente, las cosas son y deben ser dependiendo del contexto social de cada persona, ya sea adulta o joven. El sistema político, el entorno cultural, la clase social, la profesión, la ideología, el nivel de información, la educación, la religión, la edad, el sexo, el estado civil, la satisfacción de necesidades, el código de valores, la ética y la moral dependerán en gran medida del modelo, verdades o creencias de cada cual respecto de las cosas. No vemos las cosas, como son en realidad, sino como somos nosotros.

    En el complejo universo ontológico podemos responder a una pregunta de diversas maneras. A la pregunta: "¿Quién existe?" podemos responder así: 1. Yo existo, el mundo existe, las cosas existen, Dios existe. 2. Las cosas existen, y yo como una de tantas cosas. 3. Yo existo, pero las cosas no; las cosas no son más que mis representaciones mentales; las cosas no son más que fenómenos para mí, apariencias que yo percibo, pero no verdaderas realidades. No son en sí mismas, sino en mí. 4. Ni las cosas ni yo existimos de verdad, sino que sólo Dios existe, y las cosas y yo existimos en Dios; las cosas y yo tenemos un ser que no es un ser en mí, sino un ser en otro ser, en Dios. No todas las cosas existen; hay cosas que creemos que existen y en cuanto nos acercamos a ellas vemos que no existen, ya sea porque realmente se desvanecen, ya sea porque inmediatamente las descomponemos. Como se aprecia, no todo el que quiere existir, o dice existir, existe verdaderamente. Según el científico Edward Harrison, es posible que estemos viviendo en un universo muy distinto al que las observaciones nos enseñan. ¡Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son!

    En el campo ético también encontramos diferencias. Una persona con una ética teleológica sostiene que un acto es bueno o malo en función de la bondad o la maldad de su resultado. Para él, Robin Hood es un héroe porque, básicamente, su fin (dar a los pobres) justifica sus medios (robar a los ricos). Por su parte otra persona con una ética deontológica que una norma es una norma: robar está mal. La ética deontológica se guía por un libro de normas que puede consultar cuando trata de encontrar el buen camino. Suele ser fácil estar de acuerdo con las normas básicas. Con la ética teleológica nunca se sabe lo que está bien o mal hasta que se conoce el resultado de los actos, lo cual dificulta toda planificación. Su valor reside en la flexibilidad y la imparcialidad. ¿Y qué decir de quien practica una ética heterónoma o una ética autónoma? Quien practica una ética heterónoma cifra la felicidad en la trascendencia, y quien practica una ética autónoma cifra la felicidad en los bines sensibles inmediatos. Las cosas no son lo que parecen ni paren lo que son.

    Para finalizar, es procedente atender el llamado de la psicóloga Leonor Noguera Sayer, quien nos aconseja que cuando creamos que nos contradice, pensemos si más bien se nos quiere decir algo diferente. Así mismo, nos invita a ver las cosas con nuevos ojos y con espíritu juvenil. "Sólo quien mira con nuevos ojos descubre distintas versiones de la realidad que amplían el horizonte. Ojalá tuviéramos la juventud interior suficiente para alimentar y conseguir ese rasgo tan propio de los niños que hace la curiosidad y la sorpresa su forma habitual de ver el mundo" (En busca de una vida propia).

    3. EL CONOCIMIENTO

    El conocimiento es algo muy prodigioso. ¿Qué sería de nosotros sin el conocimiento? El conocimiento tiende hacia un fin: la posesión del ser. Conocer es, ante nuestros ojos, poseer los objetos, y al mismo tiempo poseernos; es decir, tomar conciencia de nosotros mismos. Implica necesariamente una curiosidad que debe ser saciada con la posesión plena del ser del objeto.

    Cada ser humano tiene la necesidad de recorrer los caminos de la vida cotidiana, y entre sus vericuetos, espejismos y falacias, corre el riesgo de extraviarse. Requiere, entonces, un saber al cual acudir en procura de orientación y auxilio. Y este saber, práctico, técnico y concreto, es el conocimiento de los hombres y del mundo que han construido.

    A pesar de la innegable importancia del conocimiento, es preciso tener en cuenta que antes de conocer otras realidades, debemos conocernos a nosotros mismos. Ese conocimiento nos permitirá saber que uno de los sellos de la madurez es reconocer la validez de múltiples realidades, y entender que la gente piensa, siente y reacciona de diferentes maneras. Asimismo, seremos conscientes de que la única persona a la que podemos cambiar y controlar es a nosotros mismos.

    El conocimiento de sí mismo está asociado a la naturaleza del ser. Una cosa es lo que yo hago, y otra cosa es lo que yo soy. Saber ¿quién soy yo?, ¿de dónde vengo?, ¿para dónde voy? y ¿cuál es mi misión en la vida?, implica tener certeza de conocerme. No podemos quedarnos enredados en las situaciones que la vida nos ofrece. Una persona de acuerdo con su nivel de comprensión tiene metas y propósitos definidos. Según el filósofo francés Blas Pascal, es menester conocerse a sí mismo; si esto no basta para hacernos hallar la verdad, por lo menos sirve para que arreglemos nuestra vida; y nada hay más justo que esto. Sócrates fue más allá al afirmar que el conocimiento de sí mismo es el secreto de la felicidad.

    Antes de iniciar la búsqueda del conocimiento exterior, primero debemos encontrarnos a nosotros mismos, buscarnos en nuestro interior, porque cuando el hombre no se encuentra a sí mismo no encuentra nada. La propia ignorancia sitúa al hombre frente a su propia realidad, y al mismo tiempo lo induce a reflexionar sobre su propio yo. El ignorante no sabe nada, pero tampoco afirma nada; mientras que el que está en el error no sabe, y sin embargo afirma creyendo saber, lo cual es peor. El que está en el error es en realidad un ignorante que ignora que lo es. Por ello es importante saber qué es lo que yo quiero hacer en mi vida, porque todo ser humano representa un papel en la vida y sueña con otro; pero ¿cuándo es "él mismo", en realidad?: ¿el del papel que representa o quien pretende ser? Hay que saber con claridad qué buscamos, porque el que no sabe qué busca se conforma con lo que tiene.

    Es el engaño de la ficción la que nos seduce. "¿Qué es la vida del hombre, sino una comedia en la que cada uno va cubierto con su propio disfraz y cada uno declama su papel, hasta que el director le aparta del escenario?", se pregunta Disiderio Erasmo de Rótterdam, en Elogio de la Locura. "Igual que en un carnaval, / donde nadie sabe quién es, / vivimos con un disfraz / que nos ayuda a mantener de pies", dice una canción argentina. El escritor Hermán Melville sostiene en su novela Moby Dick que todos los objetos visibles no son más que máscaras de cartón. "Pero en todo conocimiento, en el hecho viviente, hay siempre algo desconocido, aunque razonante, que proyecta su sombra desde detrás de las máscaras que no razonan", sostiene.

    Contemporáneamente se ha pretendido dar al problema de la verdad una mayor radicalización. Bergson distingue dos maneras profundamente distintas de conocer: la primera consiste en dar vueltas en rededor de una cosa para ir apresando en conceptos los distintos puntos de vista que ofrece al espectador que la analiza desde su periferia; la segunda forma de conocimiento penetra en la cosa, la conoce por dentro coincidiendo con ella en lo que tiene de inefable y absoluto. El primero es un conocimiento analítico, relativo, abstracto, propio de las ciencias; tiende a la manipulación del objeto. El segundo, por el contrario, es sintético, absoluto e intuitivo, propio de la metafísica, cuya pretensión no es manipular, sino conocer absolutamente la realidad inefable de las cosas.

    Todo hombre busca la verdad, no por vanidad personal, sino como un deber ante la humanidad, de transmitir conocimientos. Según el novelista ruso León Tolstoi, un matemático ha dicho que el placer no está en descubrir la verdad, sino en el esfuerzo de buscarla (Ana Karenina). La búsqueda de la verdad entraña también la eliminación de la falsedad. La falsedad, para muchos, es el ocultamiento del ser bajo apariencias, o la no conformidad de la palabra con el pensamiento. La búsqueda de la verdad halla su recompensa en sí misma. El hecho de que no poseamos la verdad total, no significa que no podamos acercarnos a la verdad. La lucha del hombre por descubrir la verdad es interminable; ésta es siempre escurridiza, relativa, multifacética. El acceso a la verdad es muy complejo y a ello se oponen múltiples obstáculos no sólo en el interior del pensamiento mismo, sino en sus múltiples raíces y condicionamientos.

    Debemos tener claridad conceptual porque si confundimos los conceptos tendremos dificultades para buscar la verdad y las confusiones no nos permitirán avanzar por el sendero que nos aproxime a la verdad. El concepto es lo que nos permite identificar inequívocamente algo y además brinda una regla práctica para construirlo o juzgarlo. Veamos algunos ejemplos.

    1. El término Materialismo ofrece confusiones si no sabemos a qué nos referimos con ese concepto. Materialismo es una perspectiva caracterizada básicamente por dos principios complementarios: primero, no existe un universo sino una infinita pluralidad de mundos, objetos o cosas que nunca se pueden concebir o considerar bajo el concepto de unidad; segundo, todos los objetos o cosas que percibimos están compuestos de partes y antes o después se descompondrán en partes. Así, el concepto de Materialismo no se puede utilizar en el sentido vulgar de la palabra para afirmar que una persona es materialista porque tiene afán de riqueza y de excesos sensuales junto a la carencia de ideales o generosidad. Una cosa son los átomos metafísicos de Anaxágoras, Leucipo y Demócrito y otra muy distinta los de la física cuántica.

    2. ¿Es lo mismo sexo que sexualidad? ¡No! Sexo quiere decir simplemente diferencia. Sexo es lo que somos. Sexualidad es la forma como expresamos lo que somos. Esta distinción reside particularmente en los órganos genitales, llamados así porque en ellos está la función reproductora de la especie. El concepto de lo femenino y de lo masculino nace de esta diferencia biológica. La sexualidad es la persona en la totalidad de su expresión vital y un compromiso existencial. Es una persona, de cualquier edad, con sus pensamientos, sentimientos y acciones. "Es una manera de relación de la persona consigo misma y con las demás personas y, si bien tiene bases biológicas comunes, es única, cambiante y relativa, como única, cambiante y relativa es la existencia humana, hace parte de su vida sentimental, afectiva y de su vida de acción", aclara la psicóloga Cecilia Cardinal de Martín. Sexo es lo que somos y sexualidad la manera como expresamos lo que somos. Entendida de esa manera la sexualidad, no puede reducírsela a la simple función genital, porque implica, además del sano ejercicio de la genitalidad, dimensiones como el amor, la comunicación, el respeto, la tolerancia, la aceptación y la comprensión profunda del otro. La sexualidad no se puede identificar con la práctica exclusiva del coito dentro de una visión mecanicista y reductivista del sexo que, a juicio de la sexóloga Marta Lucía Palacios, desvirtúa las posibilidades de una sana relación interpersonal. El sano, maduro e inteligente ejercicio de la genitalidad puede concebirse como fuente de placer, como fuente de procreación y como fuente de relación.

    El conocer y la búsqueda del conocimiento ha sido la gran preocupación humana, su proceso, su abordaje, la verdad o no de los hallazgos, la objetividad o subjetividad del acto cognoscitivo, han sido objeto de estudio a lo largo de la humanidad. ¿Es posible conocer? ¿Es realmente factible aprehender la realidad? La ciencia se ha basado en el conocimiento de la verdad o al menos en la búsqueda de ella (¿se ha logrado?), o sólo es uno más de los sueños irrealizables del hombre. Disertar sobre el conocimiento es generar dudas y cuestionamientos sobre la ciencia y sobre la base en el que esta sedimentado todo su andamiaje.

    Hay dos tipos de conocimiento: Conocimiento sensible: aprehende objetos reales, entendiendo por reales los que ocupan espacio y tiempo. Es proporcionado por los sentidos y la conciencia inmediata de nosotros mismos. Conocimiento racional: aprehende objetos ideales o relaciones entre objetos reales. Objeto ideal es aquel que no ocupa espacio, ni tiempo, (los números, los conceptos etc.). Este tipo de conocimiento da a la razón la posibilidad de captar lo ideal, sus relaciones y la relación de lo temporal - espacial.

    Para unos esta posibilidad del ser humano, unida a la capacidad de la razón para averiguar como es la realidad en si, independiente de nuestro conocimiento sensible, es la forma de conocer el mundo que nos rodea y explicarnos a nosotros mismos. Esta posición se denomina racionalismo y contrasta con el empirismo, el cual plantea que el único conocimiento posible solo puede atribuírsele a la experiencia sensible. El empirismo alía a la experiencia sensible la razón, pero solo para relacionar datos y realizar inducciones.

    Durante siglos se ha discutido sobre el origen del conocimiento, sobre la posibilidad de conocer, sobre la relación sujeto - objeto, y se llegó a pensar, con el dominio del empirismo, que la realidad y los objetos o fenómenos que la componen eran susceptibles de ser aprehendidos. Estas ideas, que impregnaron a toda la sociedad y particularmente a las ciencias de la naturaleza, vivieron su momento de gloria durante el siglo XIX y principios del siglo XX.

    Todavía, hoy quedan vestigios de esa concepción que asegura que el sujeto puede conocer al objeto, que podemos inferir leyes generales o al menos parciales de los fenómenos de la naturaleza. La fortaleza de esta creencia reside en el éxito que la aplicación del empirismo y del método inductivo, significó en la conquista de la naturaleza, empleo la palabra conquista, ex profeso, porque como lo señala Alan Watts: El hombre occidental siempre se ha sentido ajeno a la naturaleza, fuera de ella. Nunca se ha considerado integrado. Por lo tanto, su objetivo ha sido siempre conocerla para vencerla, comprenderla para dominarla. En fin, los resultados exitosos de esta concepción, los vivimos día a día y los avances tecnológicos y científicos se han dado con tal rapidez, que la vida de nuestros padres, nada tuvo que ver con la nuestra y la nuestra nada tendrá que ver con la de nuestros hijos. Obviamente, el éxito genera fe, y la creencia de que la ciencia era infalible y que el conocimiento de todo cuanto nos rodea era posible, se convirtió en una paradoja difícil de romper.

    El Siglo XX nos depara nuevas sorpresas, nuevos descubrimientos acabaron con el mito del conocimiento, con el concepto de causalidad, con el determinismo, que creía en la existencia de leyes fijas, que determinaban el estado futuro de un sistema a partir del actual, en fin, acabaron con el andamiaje que se había montado para la representación de la diosa ciencia y comienza a derrumbarse, lo que durante dos siglos se creyó era el peldaño de llegada, la llave mágica de entrada, al cuarto donde todos los misterios serian develados.

    Cuatro momentos históricos y coincidentes en el tiempo es conveniente señalar:

    • 1. Los descubrimientos de Max Planck y su teoría cuántica. A partir de la cual toda ley debe formularse, como ley estadística, como probabilidad, acabando con el determinismo.

    • 2. El principio de incertidumbre de Heinsenberg en el cual el objeto de estudio ya se modifica por el mero hecho de la observación.

    • 3. Los descubrimientos de Einstein y su teoría de la relatividad, donde el tiempo y el espacio dejan de ser absolutos y la materia deja de ser eterna al transformarse en energía.

    • 4. El principio de complementaridad de Niels Bohr donde plantea que en algunas situaciones un modelo no puede representar adecuadamente la realidad y por lo tanto necesitamos de otros modelos explicativos complementarios.

    Estos cuatro acontecimientos traumáticos, para el ser humano en general, pero particularmente para el mundo científico, acaban con la concepción de la ciencia que desde Newton había prevalecido. Para emular a Khun, el viejo paradigma, había encontrado un número significativo de hallazgos anómalos, que obligaba a la construcción de uno nuevo; que incidiría en otra forma de ver el mundo y de plantearse la ciencia.

    Bajo esta nueva perspectiva, el sujeto solo puede aproximarse al conocimiento del acaecer, no al ser del objeto en si. Lo que elaboramos son modelos operacionales, no modelos reales de la naturaleza. Las leyes de la naturaleza son simplemente leyes humanas, reglas predictivas que hemos creado. La ciencia se convierte en mediciones, en regularidades estadísticas, nunca en certezas.

    Nos despertamos del sueño del conocimiento, sencillamente no podemos aprehender los objetos. Confundimos la realidad con la representación que de ella hicimos. La ciencia, para el mismo Einstein "es una creación del espíritu humano con sus ideas y conceptos libremente inventados". El sujeto siempre ha estado presente en el objeto, como indica Castilla del Pino "Lo acaecido en todo caso es una organización categorial de la realidad". Durante siglo y medio viajamos en un barco construido con tal abundancia de hierro, que la aguja del compás apuntaba solo a la masa férrea del propio buque y no al norte. Con un barco semejante no hay modo de poner la proa a ninguna meta. Navega en círculo entregado a vientos y corrientes. Este símil expresado por Heinsenberg, señala claramente la situación de la ciencia en el pasado reciente.

    Los cuatro descubrimientos señalados harán que el barco cambie de dirección, que se busquen nuevos instrumentos, que se señalen los límites de nuestra capacidad para conocer, pero, también ampliaran nuestra visión y nuestra perspectiva de la ciencia.

    En el ámbito del conocimiento, la filosofía educativa influye en nuestra manera de ver el mundo. Una persona educada en el idealismo platónico, que considera que la verdadera naturaleza del hombre radica en su vida espiritual, pensará que no todos los hombres pueden llegar a conocer plenamente la verdad, pero sabrá que toda educación debe llevar al individuo a la virtud, que consiste en descubrir la verdad y vivir de acuerdo con ella. El realismo científico, que plantea que el fin del hombre es conocer la verdad científica por medio de la investigación, preparará al ser humano intelectualmente, dándole a conocer las verdades científicas. El pragmatismo, que concibe al hombre como un ser social que se define por sus impulsos, sin los cuales le sería imposible conservar la vida, proporciona al sujeto experiencias de aprendizaje, promueve la cooperación entre los individuos y los ejercita en la aplicación del método científico dentro de un ambiente democrático. El existencialismo, que asigna al hombre la misión de realizarse y desarrollarse como ser libre dentro de una existencia auténtica, le atribuye a la educación la tarea de formar al hombre para ser él mismo, alejándolo de la masificación y ayudándolo a hacerse sujeto. El personalismo, que considera al hombre como un ser trascendente, libre y original, plantea que la educación debe crear ambientes que favorezcan el desarrollo personal del hombre en sus diferentes estructuras. El marxismo, para el que el hombre es un ser social que se hace en sus relaciones con los otros hombres a través del trabajo, rechaza el modelo educativo profesor-alumno, y propone la pedagogía de la colectividad primaria, lo cual conlleva a que todos los fines personales y grupales deben emanar siempre de los fines generales de la escuela y del país.

    4. LA VERDAD

    Introducción

    Es muy común escuchar a las personas decir que saben o tienen la "verdad". Los padres, profesores, jefes y sacerdotes, entre otros, regañan, educan, "enseñan", ordenan o "dan consejos" en nombre de "la verdad". Los jueces piden y exigen la "verdad". Los políticos aseguran que "dicen la verdad". Los sacerdotes pregonan "predicar la verdad". Los periodistas vanamente se ufanan de "informar la verdad". Las ideologías y las religiones afirman ser voceros de la "verdad". Muchos sojuzgan, someten, imponen o sugieren en nombre de la "verdad". Los actores de los conflictos armados se lamentan porque dizque la primera víctima "es la verdad". En fin, hay tantas personas que dicen hablar con "la verdad"... Pero ¿qué es la verdad? ¿Existe la verdad? ¿Quién tiene la verdad? ¿Dónde está la verdad? ¿Cuál verdad? ¿La verdad psicológica? ¿La verdad lógica? ¿La verdad ontológica? ¿La verdad de hecho? ¿La verdad de razón? ¿La verdad pragmática? ¿La verdad sintética? ¿La verdad analítica? ¿La verdad semántica? ¿La verdad de Perogrullo? ¿La verdad verbal? ¿La verdad apodíctica? ¿La verdad metafísica? ¿La verdad moral? ¿La verdad diacrónica? ¿La verdad sincrónica? ¡Cuidado! Cada escuela o corriente filosófica tiene o defiende su verdad. Cada teoría científica ofrece o sostiene su verdad. Cada tendencia artística aplica su verdad… El complejo, profundo e insondable problema de la verdad no es fácil de resolver. Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son. Antes de creernos en "poder de la verdad", es mejor que tratemos de aproximarnos al universo de lo que llamamos "verdad", empezando por la definición de verdad, si es que existe tal definición. Si no existe la definición de "verdad", ¿será que sabemos "qué es la verdad"?



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    Definiciones de verdad

    Según definiciones de diccionario, la verdad es: -La conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente. -La conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa: "los niños tienen que decir siempre la verdad". -El juicio o proposición que no se puede negar racionalmente y que es aceptado de forma general por una colectividad: "verdad de fe". -La realidad, la existencia real de una cosa: "lo que te he contado no fue un sueño, sucedió de verdad". -La propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna. -Aquello que está de acuerdo con los hechos o la realidad. -El juicio o proposición que no se puede negar racionalmente. -La cualidad de veraz: "hombre de verdad". -La expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende: "Cayetano le dijo dos verdades".

    A pesar de éstas y otras definiciones, el significado o la definición de "verdad" varía según nos enfrentamos con un hecho de la experiencia, un postulado matemático o una teoría científica. ¡La verdad es que no existe una definición exacta de verdad! No obstante, hay quienes sostienen que la verdad es: -La correspondencia exacta entre la cosa o el hecho y lo que se afirma acerca de ella o de él. -Todo aquel principio o juicio que se acepta como cierto, lo que se ha evidenciado y comprobado por sí mismo. -La adecuación entre lo que yo pienso o experimento y la realidad; certeza clara, paladina, manifiesta y segura y tan perceptible de una cosa, que no es posible dudar de ella. –La adecuación entre la cosa y el intelecto, entre el pensamiento y la cosa. Algo es verdadero cuando se da en la realidad, cuando sucede o se cumple. -La relación entre el un objeto y una inteligencia que emite un juicio sobre el objeto. -La conformidad del pensamiento con lo que las cosas son en realidad. -La mayor concordancia posible entre lo que creemos y lo que efectivamente se da en la realidad de la que formamos parte. -La conformidad de nuestro entendimiento con la realidad. -La perfecta adecuación del entendimiento con la realidad, en cuanto el entendimiento dice o afirma lo que es o lo que no es. -Hay verdad cuando existe una conformidad de mi entendimiento con la cosa que se entiende. ¿Todo eso será verdad?

    Conocidas estas primeras definiciones, se aprecia que existen evidentes diferencias. Si no existe un cercano consenso sobre su definición, ¿será posible que exista la verdad? Esto nos advierte que en el tema de la verdad, debemos ser muy cautos al momento de enunciar nuestras "verdades". ¿Porque cuál verdad es la que buscamos?: ¿La verdad lógica? ¿La verdad ontológica? ¿La verdad de hecho? ¿La verdad de razón? ¿La verdad pragmática? ¿La verdad sintética? ¿La verdad analítica? ¿La verdad semántica? ¿La verdad de Perogrullo? ¿La verdad verbal? ¿La verdad apodíctica? ¿La verdad metafísica? ¿La verdad moral? ¿La verdad diacrónica? ¿La verdad sincrónica?

    Teorías tradicionales sobre la naturaleza de la verdad

    1. Teoría de la correspondencia de la verdad. La verdad es la correspondencia con la realidad objetiva. Verdad es lo que corresponde a los hechos; o sea, lo que de veras es al caso. La verdad es calidad de las declaraciones que corresponden con los hechos y la realidad objetiva. Una proposición o significación es verdadera si hay un hecho al que corresponda, si expresa lo que ocurre o es el caso. Una declaración verdadera corresponde a la realidad. Una sentencia es verdad sólo en el caso de que exprese una condición de asuntos en el mundo. Ejemplo: La expresión o sentencia "Está lloviendo aquí ahora", es verdadera si en realidad está lloviendo aquí y ahora; si no está lloviendo aquí y ahora, es falsa.

    La verdad como correspondencia y relación del pensamiento con las cosas, implícitamente está presente en la filosofía presocrática y, de modo determinado y explícito, en Platón. "Verdadero- señala éste- es el discurso que dice las cosas como son; falso el que las dice como no son". En esta misma dirección comprensiva aparece en la Metafísica de Aristóteles: "Negar lo que es y afirmar lo que no es, es lo falso; en tanto que afirmar lo que es y negar lo que no es, es lo verdadero". Al mismo tiempo revela dos teoremas insitos en su concepción de la verdad. El primero: "la verdad está en el pensamiento o en el lenguaje y no en la cosa o en el ser". El segundo: "la medida de la verdad es el ser o la cosa y no el pensamiento o el discurso".

    2. Teoría de la coherencia de la verdad. La verdad es lo que concuerda con toda idea reconocida. La verdad es cualidad de una declaración. La verdad es la coherencia sistemática. Esa coherencia es algo más que la consistencia lógica. Es una declaración que cuadra con otras declaraciones que conozco que son la verdad. Si se enlazan las ideas, eso es suficiente para decir que son verídicas. Una declaración verdadera debe enlazarse o ser coherente con otra idea. Una proposición es verdadera en la medida en que es componente necesario de un todo sistemáticamente coherente. Una proposición tiene un grado de verdad proporcional a la completitud de la coherencia sistemática del sistema de entidades al que pertenece.

    La teoría de la coherencia ve la verdad como coherente con algún grupo específico de sentencias o, más a menudo, de creencias. Normalmente, la coherencia es tomada para implicar algo más fuerte que mera consistencia: la justificación, evidencia, y comprensión del conjunto de creencias son restricciones comunes. Ejemplo: "2 veces 2 es igual a 4". Entonces si escucho la declaración "2 veces 2 es igual a 7", sé que eso no es la verdad. La declaración no concuerda con la idea previa.

    3. Teoría pragmática de la verdad. La verdad consiste en la congruencia de los pensamientos con los fines prácticos del hombre, en que aquellos resulten útiles y provechosos. Verdad es lo que funciona en nuestras vidas. Verdad es todo aquello que funciona en mi vida para atraer la felicidad y ayudarme a sobrevivir en el mundo. Si me ayuda a adaptarme a mi ambiente y a sobrevivir, es verdad. El hombre no es un ser pensante o teórico, sino un ser práctico, un ser de voluntad y de acción.

    La vida es para los pragmatistas esencialmente práctica. Toda actividad humana tiene una finalidad, y su finalidad es el control de la experiencia humana con vistas a su mejora, tanto en el individuo como en la especie. La verdad no significa sino un medio para este fin. Las ideas, hipótesis, y teorías no son sino instrumentos que el hombre ha forjado en orden a mejorarse a sí mismo y a su medio; y, aunque de tipo específico, como todas las demás formas de la actividad humana existen solamente para este fin, y son "verdaderas" en tanto en cuanto lo cumplen. La verdad es así una forma de valor: es algo que funciona satisfactoriamente; algo que sirve a los intereses humanos, finalidades y objetos de deseo. No hay axiomas ni verdades auto-evidentes. Hasta que una idea o un juicio no ha probado su valor en el manejo de la experiencia concreta, no es sino un postulado o pretensión de verdad. Ni hay verdades absolutas o irreversibles. Una proposición es verdadera hasta el momento en que se prueba útil, y no más.

    4. Teoría del consenso de la verdad. La verdad es cualquier cosas que es acordada, o en algunas versiones, que podría llegar a ser acordada, por algún grupo específico.

    5. Teoría del constructivismo social. La verdad es construida por procesos sociales, y que representa los esfuerzos de poder dentro de una sociedad.

    6. Teoría redundante de la verdad. Sostiene que afirmar que una declaración es verdad es sólo afirmar la propia declaración. Así, decir: que "La nieve es blanca" es verdad. No es sino decir ni más ni menos que la nieve es blanca.

    7. Teoría semántica de la verdad. Plantea que ningún lenguaje puede contener su propio predicado verdadero, esto es, la expresión es verdad podría sólo aplicarse a sentencias en algún otro lenguaje. En cuanto a la verdad semántica, se afirma que una propiedad de fórmulas preposicionales o de enunciados muy relacionada con la relación nominativa o relación de significación es la que consiste en expresar una proposición verdadera. La verdad es indirectamente predicable de enunciados o símbolos que expresan significaciones verdaderas. Una relación nominativa o relación de significación es una relación entre un símbolo (fórmula, palabra, frase) y lo que denota o aquello de lo que es nombre.

    9. Teoría de la verdad como revelación. Se expresa en dos direcciones: 1) como revelación inmediata al hombre, en las sensaciones, la intuición, en fin como fenómeno dado (empirista); 2) como revelación de conocimiento excepcionales de esencias de las cosas, su ser o su mismo principio (forma metafísica teológica).

    8. Teoría del Nuevo Realismo. La realidad no depende de la experiencia, ni es modificada por la experiencia como tal. Sus teóricos consideran tanto la verdad como el conocimiento como relaciones únicas que se tienen de manera inmediata entre conocedor y conocido, y que son como su naturaleza indefinible. La diferencia entre sujeto y objeto de conciencia no es una diferencia de calidad o sustancia, sino una diferencia de función o lugar en una configuración. La realidad está formada de términos y sus relaciones, y la verdad es sólo una de esa relaciones, sui generis, y por tanto reconocible sólo por intuición.

    Tipos de verdades

    1. Verdad ontológica y verdad lógica. La verdad ontológica se encuentra cuando la cosa corresponde con la idea. Nos encontramos frente a la verdad lógica cuando la idea corresponde con la cosa. La verdad lógica es la conformidad del pensamiento con las cosas. Hay verdad lógica cuando lo que uno piensa u oye está de acuerdo con la realidad de las cosas. En ésta es la inteligencia la que se conforma con la realidad de las cosas. En ella el objeto se impone, tiene primacía sobre la inteligencia. Tiene su fundamento y causa en la verdad ontológica. La verdad ontológica es el ser de las cosas. Resulta de la conformidad del objeto con la inteligencia que lo produce: en ella la inteligencia tiene primacía sobre el objeto. En la verdad lógica una proposición es toda aquella afirmación o negación a la que se le puede asignar un valor de verdad, verdadero o falso. La verdad lógica implica la correspondencia entre aquello que uno piensa y aquello que uno dice. Lo contrario es engaño, dolo, falsedad, hipocresía.

    Según la verdad ontológica, toda cosa existente es verdadera, en cuanto es la expresión de una idea que existe en la mente de Dios, y es, por así decir, el ejemplar conforme al cual ha sido creada o modelada la cosa. Igual que las creaciones humanas—una catedral, una pintura, o un poema épico—se ajustan o encarnan las ideas del arquitecto, del artista o del poeta, así, sólo que de una manera más perfecta, las criaturas de Dios se ajustan y encarnan las ideas de Aquel que les da el ser. Las cosas que existen, además, son activas tanto como pasivas. Tienden no sólo a desarrollarse, y así a realizar cada vez más perfectamente la idea para cuya expresión han sido creadas, sino que tienden también a reproducirse ellas mismas. La reproducción se consigue dondequiera que hay interacción entre cosas diferentes, pues un efecto, en tanto que procede de una causa dada, debe parecerse a esa causa. La causa del conocimiento en el hombre es—últimamente, en cualquier caso—la cosa que es conocida. Mediante sus actividades causa en el hombre una idea que es semejante a la idea encarnada en la cosa misma. Las cosas son antológicamente verdaderas en cuanto son a la vez el objeto y la causa del conocimiento humano.

    La verdad ontológica está en la correspondencia entre aquello que es y aquello que debe ser, es la realización de las leyes del ser y de la humanidad. En este sentido es falso y erróneo todo aquello que va contra la naturaleza de las cosas y del hombre: injusticia, desigualdad, violencia, explotación, ignorancia, vicio. Es verdadero todo aquello que es humano, y falso cuando genera inhumanidad.

    2. Verdades de razón y verdades de hecho. Las verdades de razón son aquellas que enuncian que algo es de tal modo, que no puede ser más que de ese modo; en cambio las verdades de hecho son aquellas que enuncian que algo es de cierta manera, pero que podría ser de otra. Las verdades de hecho son contingentes, se conocen por la experiencia, hacen referencia a la existencia de las cosas y requieren demostración para poder ser reducidas al principio de identidad. Las verdades de razón son aquellas verdades que enuncian un ser o un consistir necesario; mientras que las verdades de hecho son aquellas verdades que enuncian un ser o un consistir contingente. El ser o el consistir necesario es aquel que es lo que es, sin que sea posible concebir siquiera que sea de otro modo.

    Las verdades matemáticas, las verdades de lógica pura, son verdades de razón; las verdades de la experiencia física son verdades de hecho; las verdades históricas son verdades de hecho. Las verdades de razón a priori, independientes de la experiencia, son previas a la experiencia, o mejor dicho, ajenas a ella; se desarrollan floreciendo de los gérmenes que hay en nuestro espíritu, sin necesidad de haber sido impresas en nosotros por la experiencia, la cual no podría imprimirlas porque lo que imprime en nosotros la experiencia son los hechos, y los hechos son siempre contingentes, nunca necesarios. Las verdades de hecho sí son oriundas de la experiencia; no tienen otro origen; son, en efecto, producidas por la experiencia; están impresas en nosotros por medio de la percepción sensible.

    Las verdades de razón presentan necesidad y se refieren a las esencias de las cosas. Las conocemos con certeza y en forma a priori, tal como sucede con las verdades lógicas y matemáticas, que se rigen por el principio de identidad y de no contradicción. Estas verdades no necesitan demostración. La verdad depende en primer término de la realidad y en último término del entendimiento que plasmó la realidad. Las verdades lógicas o matemáticas están fuera del tiempo aunque de ellas nos ocupemos seres con los que el tiempo tiene muchísimo que ver.

    3. Verdades sintéticas y analíticas. Algunas proposiciones las consideramos verdaderas o falsas en relación con hechos del mundo: por ejemplo, que usted está ahora leyendo esto. Los filósofos llaman a esto una verdad sintética. Otras proposiciones las consideramos verdaderas en virtud del significado de las palabras con que se expresan. Sabemos que la frase "Ningún soltero está casado" es verdadera sin tener que realizar un estudio de los solteros, porque es cierta por definición. A esto se le llama verdad analítica.

    Las verdades sintéticas son verdades de hecho y las analíticas verdades de la razón. Para verificar las proposiciones sintéticas utilizamos métodos empíricos y para las analíticas empleamos métodos racionalistas. Kant fue el primero que utilizó los términos sintético y analítico, indicando que todas las verdades analíticas son necesarias porque no podrían ser de otra forma. Si la definición de soltero es "persona no casada", todos los solteros están sin casar. Las proposiciones sintéticas no son necesarias: no es necesariamente cierto que usted esté leyendo este escrito; podría estar leyendo una fotocopia del mismo. Es importante establecer la distinción analítico – sintético. Si afirmamos que una cosa es cierta, hay que dejar claro si estamos diciendo algo acerca del mundo empírico o aclarando el significado de las palabras. Si se define el asesinato como homicidio injusto tiene que ser malo. Esta es una verdad analítica, demostrada por la razón y no por la experiencia. Pero algunos tipos de homicidio, por ejemplo, en defensa propia, no se consideran asesinato.

    4. Verdad de Perogrullo. Verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla.

    5. Verdad moral o veracidad. Conformidad de lo que se dice con lo que se piensa. Es la correspondencia de la expresión exterior dada al pensamiento con el pensamiento mismo. La verdad moral existe siempre que el que habla expresa lo que está en su mente incluso si de facto está equivocado, a condición de que el diga lo que cree ser verdadero. Esta última condición, sin embargo, es necesaria. De ahí que una definición mejor de la verdad moral sería: "La correspondencia de la expresión exterior del pensamiento con la cosa tal como es concebida por el que habla".

    La verdad moral no implica conocimiento verdadero. Pero, aunque una desviación de la verdad moral sería sólo materialmente una mentira, y por tanto no censurable, salvo que el uso de las palabras o signos sea intencionalmente incorrecto, la verdad moral implica la utilización correcta de palabras y signos. Una mentira por tanto, es una desviación intencionada de la verdad moral, y se define como una locutio contra mentem, esto es, es la expresión externa de un pensamiento que es intencionadamente distinto de la cosa tal como es concebida por el que habla. Es importante observar, sin embargo, que la expresión del pensamiento, sea por palabras o mediante signos, debe en todos los casos ser tomada en su contexto; con respecto a ambos, palabras y signos, la costumbre y las circunstancias producen considerables diferencias respecto a su interpretación.

    6. La pura verdad: Verdad indubitable, clara y sin tergiversación.

    7. Una verdad como un templo: Aquella que es evidente, o la que se tiene por tal.

    8. Verdad de apuño o como puño: Verdad evidente.

    9. La verdad verbal. Es la correspondencia de la expresión exterior o verbal con la cosa que se pretende expresar. Supone por parte del que habla no sólo la intención de hablar de manera verdadera, sino también la facultad de hacerlo; esto es, supone conocimiento verdadero y un correcto uso de las palabras.

    10. Verdad apodíctica. Verdad demostrativa, convincente, que no admite contradicción.

    11. Verdad inconcusa. Verdad, firme, sin duda ni contradicciones.

    12. Verdad diacrónica y verdad sincrónica. La verdad diacrónica se obtiene a través de un proceso histórico; es una verdad evolutiva; tiene un carácter universal y atemporal. La verdad sincrónica se obtiene en determinada época del tiempo; tiene el carácter de ser temporal.

    13. Verdad Psicológica. Consiste en la adecuación entre lo que yo creo ser y lo que es. En este sentido hay una verdad subjetiva y otra objetiva. SE puede creer sinceramente algo que es falso y afirmarnos en nuestro error creyendo que estamos en la verdad. La ignorancia y la alienación son las causas más frecuentes de esta situación.

    El problema de la verdad

    La verdad es cómo son las cosas, pero no podemos saber cómo son, sólo cómo las interpretamos. Cada persona es un mundo interpretativo. No se puede acceder a la verdad con independencia de quien la observa e interpreta. Es probable que exista la verdad, pero nadie puede conocerla en lo que realmente es. Su conocimiento siempre estará matizado por la percepción del observador. Por tanto, no podemos conocer una verdad absoluta. Lo verdadero para los seres humanos será todo aquello que resulta coherente con otras proposiciones que aceptamos como válidas.

    Hay quienes buscan la verdad y la certeza en sus conocimientos, por eso acuden a la gnoseología y a la epistemología. La gnoseología es la teoría del conocimiento y la epistemología es el tratado y crítica del conocimiento científico o parte de la filosofía cuyo objeto es juzgar sobre la validez de nuestro conocimiento.

    Quienes buscan la verdad en la ciencia, saben que sin la epistemología no podemos juzgar y estar seguros si nuestros conocimientos son verdaderos o no. Sólo a la epistemología, como juez, le toca dar el fallo sobre la verdad o error de todo conocimiento nuestro. Sólo la epistemología nos va a dar el criterio o la norma para conocer cuando tenemos la verdad y, por consiguiente, para decirnos qué grado de certeza podemos tener respecto a cada conocimiento. Su objeto es el valor de nuestro conocimiento en general, del conocimiento universal y del conocimiento científico.

    Según el concepto inmanente de la verdad, la esencia de la verdad no radica en la realización del contenido del pensamiento con algo que se halla frente a nuestro pensamiento, algo trascendente del pensamiento, sino con algo que reside dentro del pensamiento mismo. La verdad es la concordancia del pensamiento consigo mismo. Este es un concepto idealista de la verdad.

    El problema de la verdad afecta tanto a la facultad intelectiva como a las cosas. En el primer caso, es un problema de conocimiento o lógica; en el segundo, un problema de realidad o metafísica. Metafísicamente, ¿qué es la verdad? Partamos de la llamada verdad lógica. Consiste en la propiedad que tiene el entendimiento de poderse conformar con las cosas, o lo que es lo mismo: la adecuación entre lo que yo pienso (en el acto perfecto de pensar que es el juicio) y lo que la cosa es en sí misma. El error lógico sería lo contrario: falta de conformidad o inadecuación. Si pienso y digo: "Colombia es un país suramericano", hay verdad en lo que pienso y digo; no la hay si afirmo que es un país europeo. La verdad lógica se da a nivel del juicio, pero para juzgar hay que tener previamente ideas de las cosas sobre las que recae el juicio. Las ideas son fruto de la primera operación de la mente llamada "simple aprehensión". ¿De dónde saca la mente sus ideas? Para el realismo es claro que de las cosas mismas. Las cosas, pensaba Aristóteles, tienen idea en sí mismas y no, como pensaba Platón, fuera de ellas. La idea es el principio formal o estructurante de la cosa, su esencia. A esta verdad que reside en las cosas es a lo que tradicionalmente se ha llamado verdad ontológica. Se puede definir como la conformidad de una cosa con su idea genuina.

    Según la teoría de la adecuación, la verdad es aquello que se corresponde fielmente con la realidad. Cuando alguien está de acuerdo sinceramente con una afirmación, puede reivindicar que es la verdad. Mientras que uno puede tener un buen sentido intuitivo de lo que tiene que ser verdad, dar una definición que consiga una amplia aceptación es difícil. Una razón es que a menudo la verdad es primero indicado como un objetivo y sólo después de que la gente empiece a razonar qué verdad es realmente. Por lo que la gente que está razonando la definición de la Verdad podría discutir sobre la meta a la que aspiran. La verdad es buscada en la religión, la filosofía, las matemáticas, la abogacía y la ciencia; estos campos usan diferentes métodos e intentan llegar a la verdad para servir a diferentes objetivos. No con sorpresa, el uso compartido de una sola palabra en todos estos campos provoca con facilidad confusión y conflicto. Incluso la verdad, como la bondad y la belleza, es un tema perenne para la humanidad.

    Según el filósofo Federico Nietzsche, la verdad es un conjunto móvil de metáforas, metonimias y antropomorfismos; una suma de relaciones humanas que hemos intensificado poética y retóricamente, cambiándolas y embelleciéndolas; las cuales, luego de un uso prolongado, han quedado fijas de manera canónica y obligatoria. La verdad es una ilusión que nos hemos olvidado que es ilusión.

    Métodos para la búsqueda de la verdad

    A continuación se reseñan brevemente los métodos más utilizados para buscar la verdad en los campos filosóficos y científicos: método inductivo y método deductivo.

    1. Método inductivo o razonamiento inductivo

    Consiste en tratar de llegar a leyes generales a partir de la observación de cosas particulares que, así mismo, resulten válidas en casos no observados. Es sacar de lo particular lo general. Es el método general que, partiendo de algo particular –o menos universal-, conduce el pensamiento a algo universal –o más universal-. Se distingue de la abstracción, operación en la que tanto el punto de partida como el de llegada son aprehensiones; en cambio, en la inducción filosófica ambos puntos son juicios y por eso se trata en ella de raciocinios. Su procedimiento es el análisis.

    2. Método deductivo o razonamiento deductivo

    Consiste en un raciocinio que va de lo universal a lo menos universal, o a lo particular, o de lo universal a lo igualmente universal. Es sacar de lo general lo particular. Es el método general que, partiendo de un principio o ley, más o menos universal, concluye en algo particular. Es una derivación, de casos singulares y concretos, que toma como punto de partida lo general o lo abstracto. Su procedimiento es la síntesis.

    La inducción y la deducción, con sus procedimientos, el análisis y la síntesis, son el doble camino (de ida y vuelta) del discurrir filosófico, en el cual el pensamiento asciende a los conocimientos o desciende de ellos, es decir, se los apropia y los pone en práctica.

    5. EL CRITERIO DE LA VERDAD

    El criterio de verdad es la norma o regla que nos sirve para distinguir un conocimiento verdadero de uno falso. Es la prueba por la cual distinguimos entre la verdad y el error. Podemos compararlo al metro que nos sirve de patrón para las medidas. La norma para distinguir la verdad de lo falso no puede ser la autoridad de quien dice saber o quiere imponer su saber o su poder. Un juicio no puede admitirse como verdadero por el solo hecho de ser formulado por esa clase de persona. La verdad no es absoluta e inmutable, sino relativa; esto es, depende del entendimiento humano, y está sometida a las variaciones de éste. La verdad cambia con los hombres o los tiempos. Cada sistema filosófico implica y encarna una determinada concepción de la verdad. El criterio de verdad debe responder, entre otras, a la pregunta de si es la verdad independiente o dependiente del hombre. La cuestión del criterio de la verdad nos lleva a preguntarnos: ¿Qué nos presta la certeza de que nuestros juicios, además de verdaderos, sean ciertamente verdaderos? ¿En qué conocemos que un juicio es verdadero o falso? El hombre, como dijo Einstein, tiene un profundo anhelo de certeza en sus conocimientos. Existen diversos campos de verdad, cada uno de ellos aceptable dentro de sus propios límites.

    En la búsqueda del conocimiento debemos preguntarnos ¿cómo llegaremos a saber lo que no sabemos? ¿Cómo podemos saber qué es lo que queremos saber? ¿Qué buscamos preguntando? ¿De dónde pueden proceder las respuestas válidas? ¿Cómo hemos obtenido el conocimiento? ¿Hasta qué punto estamos seguros de él? ¿Cómo podemos ampliarlo, depurarlo o mejorarlo? Sabemos las cosas porque otros nos las han dicho, las hemos estudiado y por experiencia propia. Pero ¿hasta qué punto estamos seguros de lo que sabemos? ¿Quién nos puede asegurar que lo que damos por cierto, no será descartado después? Lo que hoy nos resulta verosímil o aun probable siempre puede estar sujeto a revisión. Por eso es importante tener criterios de verdad y razonar profundamente, si queremos fundar nuestros conocimientos. Todas nuestras fuentes de conocimiento han de pasar por el discernimiento crítico y riguroso de la razón, que verifica, organiza y busca coherencia en lo que sabemos, así sea provisionalmente.

    Un criterio de la verdad es la ausencia de contradicción. No es un criterio general, válido para todo el conocimiento, sino sólo para una clase determinada de conocimiento. Otro criterio de la verdad consiste en la presencia o realidad inmediata de un objeto: son verdaderos todos los juicios que descansan en una presencia o realidad inmediata del objeto pensado.

    La certeza es un estado de ánimo del que conoce que está seguro que lo que afirma es verdadero y no puede dudar, porque conoce los motivos para no dudar, para estar firme en su asentimiento. Es el sentimiento firme de nuestra mente a algún enunciado porque conocemos que no tenemos peligro de errar.

    Cada persona tiene una verdad "relativa"; razón por la cual ésta no es propiedad privada ni absoluta de nadie. Nadie está en poder de la verdad. Las verdades religiosas, llamadas dogmas, son simples creencias, por cuanto no se debe aceptar como verdad algo que no se ha verificado de alguna manera. No existe la verdad absoluta; simplemente existen aproximaciones a la verdad.

    Cada ser humano tiene una verdad inherente a sus experiencias, en la medida en que aprenda a conocerse a sí mismo, descubriendo grandes realidades de la existencia, teniendo cuidado con los sofismas de distracción que nos desubican de la realidad. De lo contrario se corre el riesgo de vivir esclavizados por desconocer nuestra propia verdad. Tengamos siempre presente que el hombre superior busca en sí mismo todo lo que quiere, en cambio el hombre inferior lo busca en los demás.

    Concepciones del conocimiento y de la verdad

    Debido a la diferencia de pensamiento y de criterios, que es precisamente lo que nos hace únicos e irrepetibles, cada quien tiene su verdad de las cosas y de la realidad, según su punto de vista o su corriente de pensamiento.

    Punto de vista de los presocráticos

    Los griegos presocráticos esquematizaban la verdad como "desvelación del ser". Buscaban la verdad o lo verdadero frente a la falsedad, es decir, oponer y distinguir la apariencia, el fenómeno, a la realidad que se oculta y permanece tras ella. La verdad es idéntica a la realidad, a lo permanente o primordial del ser, el principio, o bien, la estructura de la realidad. La verdad es el descubrimiento del ser; esto es, la visión de la forma o perfil de lo que verdaderamente es, pero que se halla oculto por el velo de la apariencia.

    Según Pitágoras, todo cuanto vemos y tocamos, las cosas tal y como se nos presentan, no existen de verdad, sino que son otros tantos velos que ocultan la verdadera y auténtica realidad.

    Heráclito precisa que todas las cosas que se tienen ante nosotros no son nunca, en ningún momento, lo que son en el momento anterior y en el momento posterior. Nunca vemos dos veces lo mismo, por próximos que sean los momentos. Todas las cosas, tal como se nos ofrecen a la contemplación sensible, son el verdadero ser y están dejando de ser, para volver a ser, para devenir. Las cosas son como gotas de agua en los ríos, que pasan y no vuelven más. Las cosas no son, sino que devienen. Existir es estar en perpetuo cambio, un estar constantemente siendo y no siendo; un devenir perfecto; un constante fluir. Una cosa es y no es al mismo tiempo.

    Según Parménides, este mundo abigarrado de colores, de las cosas que van y vienen, de la multiplicidad de los seres, de su variedad, de su movimiento, de su abizarramiento, todo este mundo sensible, es una apariencia, es una ilusión de nuestros sentidos, una ilusión de nuestra facultad de percibir. Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. El ser es y el no ser no es.

    Corriente o doctrina determinista

    El Determinismo, influenciado por Demócrito, defiende que la percepción sensorial constituye la fuente básica del conocimiento, pero proporciona sólo un saber confuso de los objetos; sobre este saber se eleva otro luminoso, más sutil, el saber por el intelecto, que conduce a la esencia del mundo: de los átomos y el vacío.

    Quienes tienen una concepción causal determinista del mundo, son partidarios de la conciencia reflexiva, es decir, conciben la imagen de las cosas como existentes en la mente, tienen conciencia de los objetos como algo inmanente. Quienes consideran que la conciencia es prerreflexiva, imaginante o emocional (conciencia libre), poseen una visión mágica, dinámica y contingente del mundo, porque son capaces de despojar el ego de su conciencia para poner las cosas como trascendentes (la conciencia es conciencia de algo), percatándose de que la percepción del objeto no es una representación mental de éste, sino que al percibirlo, perciben el objeto mismo; su percepción pone el objeto como existente. Su conciencia intenciona un objeto que es trascendente: este objeto es el fenómeno, el ser de algo existente, su apariencia. Su conciencia no crea el ser, el ser está ahí como en en-sí. Por eso sostienen la intencionalidad y la pura transparencia de la conciencia. Saben que el acto de amar a una persona no es lo mismo que pensar que aman a una persona. Pero, ¿por cuál de estas dos "miradas" optar? En tanto que los primeros tienen una concepción mecanicista y determinista del universo, atribuyendo sus acciones a la determinante causalidad del pasado precipitada en el ego, los segundos perciben las sensaciones inmediatas de la realidad como fugacidad y cambio permanente, y la existencia se les revela como contingencia, una gratuidad absoluta que se sostienen en la nada y el absurdo.

    Corriente o doctrina dogmática

    El Dogmatismo (doctrina o sistema filosófico que considera la razón capaz de conocer la verdad, siempre que se sujete a método y orden en la investigación; doctrina cerrada en sus verdades porque cree que está en lo cierto) asegura que el conocimiento verdadero es posible. Se puede dar una relación entre el sujeto cognoscente (la persona que conoce) y el objeto conocido. Supone la capacidad cognoscitiva del hombre y piensa que la realidad de hecho existe. Trata de averiguar qué son las cosas, de qué están hechas; busca un principio que sea capaz de explicar todo cuanto existe. Confía en el poder de la razón para conocer. Cree que los valores de las cosas son aprehendidos directamente y que nuestro espíritu es capaz de conocer la realidad tal cual se nos presenta.

    Corriente o doctrina escéptica

    El Escepticismo (doctrina o sistema filosófico que afirma que la verdad no existe, o que si existe, el hombre es incapaz de conocerla) plantea que el conocimiento verdadero no es posible. ¿Por qué? Los sentidos nos engañan, cometemos muchos errores y estamos sometidos a las contradicciones. Cree que la diversidad de opiniones entre los hombres respecto de una misma cosa hace que no podamos tener ninguna seguridad respecto de nuestros conocimientos; nuestras facultades cognoscitivas (sentidos y razón) están sometidas al engaño. La duda es la única forma de sabiduría. Las cosas no se pueden conocer. A lo sumo, se dan simples opiniones a las que se pueden oponer otras. Para llegar a la plena tranquilidad (ataraxia) hay que abstenerse de todo juicio. Sostiene que no debemos pronunciarnos a favor ni en contra de ninguna cosa; ni considerar nada, ni como falso ni como verdadero. No concede valor a los conocimientos sensibles ni de la razón, porque si las impresiones sensibles son subjetivas y la razón trabaja con ellas corre el mismo riesgo de error. No hay ninguna evidencia inmediata ni ninguna ciencia absoluta.

    El escepticismo asegura que nada podemos afirmar ni negar como cierto, sino a lo sumo como probable. No existe criterio absoluto de verdad: ni la razón, ni los sentidos, ni las representaciones, son base evidente de nada, pues todos nos engañan igualmente. De la realidad sólo percibimos apariencias mudables. El espectro de lo que pensamos y hacemos está limitado por lo que no percibimos. Y, dado que no percibimos lo que no percibimos, poco podemos hacer para cambiar hasta tanto percibamos cómo el no percibir moldea nuestros pensamientos y nuestros actos. Además de la tergiversación inicial de lo que percibimos con nuestra atención, puede haber tergiversaciones posteriores en lo que recordamos. La misma contradicción de las cosas hace que todo sea relativo y que por tanto los enunciados ni sean verdaderos ni falsos. Sólo conocemos lo que sentimos, pero no la realidad tal como es en sí. Hay muchas razones para ello: la diversidad de sensaciones, las circunstancias subjetivas, la variedad de posiciones, de distancias y lugares, la relatividad del sujeto que conoce y del objeto, la diversidad de educación, costumbres, leyes y creencias.

    El escéptico es un observador, un buscador y un cuestionador que no niega ni afirma nada. No pretende negar la realidad pero sí los juicios sobre ésta. El hombre nada puede conocer con certeza y, por consiguiente, ha de dudar definitivamente de todo. El escéptico está, pues, instalado en la duda. Un escéptico pone en duda la existencia de la verdad y afirma que el hombre es incapaz de conocerla. ¿Por qué? El carácter falaz de los medios cognoscitivos de que dispone el hombre, la dependencia de todo supuesto conocimiento con respecto a las circunstancias del sujeto, objeto, tiempo y lugar; y la existencia de opiniones contradictorias sobre cada cuestión.

    Según los escépticos, no hay conocimiento verdaderamente seguro ni siquiera fiable cuando se le examina a fondo. No dudan de la verdad, sino de que puedan distinguirla fiablemente de lo falso. El escepticismo pone en cuestión o niega rotundamente la capacidad de la razón para establecer verdades concluyentes.

    Corriente o doctrina relativista

    El Relativismo (sistema filosófico o doctrina que sostiene que el conocimiento sólo tiene por objeto relaciones, sin llegar nunca al de lo absoluto) plantea que el conocimiento es posible, pero niega de hecho que podamos llegar a obtener verdades universales, absolutas, inmutables. Nuestro conocimiento siempre es relativo, es decir, dependiente de factores y circunstancias especiales. Hay muchas circunstancias que afectan al objeto que vamos a conocer como hay también circunstancias que afectan al sujeto cognoscente. Las cosas son para cada cual, lo que cada cual quiera pensar de ellas. Cada cual elabora su propia verdad. Hay tantas versiones del mundo de acuerdo con las experiencias de cada cual, pero ninguna de ellas puede imponerse con la precisión de ser total y común a todos. No hay ninguna realidad que sea verdadera para todo sujeto, sino que lo que para un sujeto es verdad, para otro puede ser falso; es decir, la verdad es relativa. No somos capaces de alcanzar la verdad por medio de razonamientos.

    Los relativistas sostienen que no hay verdades absolutas, sólo relativas según la etnia, el sexo, la posición social, económica, política, religiosa y los intereses de cada cual, incluso su carácter. Hay tantas verdades como culturas. Para los relativistas-subjetivistas, el conocimiento depende de muchos factores que rodean al hombre: cultura, convicciones, prejuicios, etcétera.

    Punto de vista socrático

    Sócrates busca la verdad o el conocimiento verdadero a través del método mayéutico, el cual consiste en hacer que un interlocutor encuentre la verdad a medida que éste va contestando una serie de preguntas hechas en forma hábil. Se le considera como un proceso pedagógico en el que la verdad de las cosas es puesta en movimiento en el acto mismo del preguntar y el responder. Es un diálogo abierto, en el que prima la actitud de búsqueda sincera. El diálogo opera como proceso intersubjetivo de conocimiento de la verdad. Según Sócrates, es la búsqueda personificada de una filosofía que en él es una forma fundamental de vida en la que priman más la autenticidad y la actitud de búsqueda que el rigor de las conclusiones o la logicidad de los discursos. El método socrático es la forma misma de su vida, de un saber que está en camino, de un no saber que se sabe.

    Punto de vista platónico

    Platón, que retoma algunos planteamientos de Parménides, considera que el mundo y las opiniones del hombre acerca de él son meras apariencias, de las que se debe desconfiar. El mundo sensible, lleno de engaños, sombras y apariencias, no ofrece conocimiento verdadero. El mundo de las cosas es móvil e impredecible y está sujeto a contradicciones y cambios. Son las ideas, modelos perfectos y divinos, las que nos brindan el auténtico conocimiento. El mundo sensible, ininteligible, nos ofrece sólo opiniones. El mundo ideal, inteligible, es real. La realidad no es algo dado sino que hay que conquistar a fuerza de pensamiento.

    Platón sostiene que hay dos mundos: el de las ideas y el de las cosas. El mundo de las ideas es distinto del mundo en que vivimos (el mundo de las cosas); es un mundo trascendente, porque es otro mundo distinto del que tenemos en la sensación. El mundo en que vivimos es el reflejo pálido del mundo en que no vivimos (el mundo de las ideas), que es el habitáculo de la verdad absoluta. La verdad es la trascendencia de las cosas. La idea es trascendente al objeto que vemos y tocamos. Cuando queremos definir un objeto, tenemos que quitarlo de en medio y fugarnos al mundo trascendente de las ideas, completamente distinto al mundo de las cosas. En Platón todo lo que no vemos (ideal) es real y todo lo que vemos (cosas) no es real.

    Corriente o doctrina realista

    El Realismo (sistema filosófico que afirma la existencia objetiva de las cosas), influenciado por Aristóteles, contrario al Idealismo, afirma que el conocimiento es posible sin necesidad de suponer que la conciencia impone a la realidad ciertos conceptos o categorías a priori (antes de la experiencia). Las cosas existen independientemente de que yo las piense o no. Las cosas existen fuera e independientemente del sujeto que las considera, concibe o piensa. Una cosa es, no porque la conocemos, sino que la conocemos porque es. Las leyes del pensar son impuestas por las leyes del ser. La realidad se impone a la mente. El conocimiento viene de las cosas al sujeto; en el Idealismo, va del sujeto a las cosas. El realismo ingenuo o la doctrina de que las cosas son lo que parecen, a diferencia del realismo crítico, sostiene que las cosas son lo que percibimos por nuestros sentidos. Según Aristóteles, nadie podrá comprender algo o aprender, si los sentidos no se lo enseñan, y todo lo que se piensa, se piensa forzosamente como imágenes. El mundo sensible es un mundo inteligible y comprensible, porque fue creado por un Dios inteligente, y porque Dios existe.

    Aristóteles, de tendencia realista (realismo crítico), concibió la verdad como adecuación del pensamiento con la realidad, adecuación o correspondencia con la realidad. Un enunciado es verdadero si hay correspondencia entre lo que dice y aquello sobre lo cual se habla. Según Aristóteles, decir de lo que es que no es y decir de lo que no es que es, es falso; y decir de lo que es que es y de lo que no es que no es, es verdadero. En otras palabras: verdad es decir del ser que es y del no ser que no es. Para un aristotélico, en los seres que se presentan a nuestra observación hay mezcla de ser y no ser, o sea de perfección y de perfectibilidad, de acto y de potencia.

    Para Aristóteles, conocer significa formar conceptos, subsumirse en los conceptos y razonar para ver o determinar las substancias que no tenemos en nuestra experiencia sensible. Saber o conocer es tener conceptos en la mente. Saber consiste en tener en la mente una colección, lo más variada, amplia y rica posible, de conceptos, que permitan deambular por el mundo entre las realidades, sin sentirse nunca sorprendido; y cada vez que se encuentre algo, si se es verdaderamente sabio, se tendrá en la mente el concepto correspondiente. El conocimiento de las cosas consiste en poseer conceptos, en llenar la mente de conceptos, los cuales se ajusten a las cosas. Mediante el concepto se conocen las cosas. Un concepto es verdadero cuando lo que el concepto dice y lo que la cosa es, coinciden.

    Doctrina tomista y escolástica

    El Tomismo (pensamiento de Santo Tomás de Aquino), retomando algunos planteamientos aristotélicos, define la verdad como adecuación de la cosa y del intelecto, porque cuando hablamos de verdad de unas afirmaciones, pensamos evidentemente en la coincidencia entre ser y pensamiento, entre realidad y lenguaje, entre hecho y enunciado.

    Santo Tomás y demás escolásticos buscan la verdad a través del método de la disputa, que es una opción pedagógica en la que se unen y distinguen tres procesos: lección (lectio), probematización (quaestio) y disputa (disputatio), propios de la enseñanza teológica escolar. La lectio es una lectura y comentario en sentido progresivo desde el aspecto gramatical hasta el desentrañamiento del sentido lógico, de sentido, hasta llegar a la doctrina más allá del texto, de una búsqueda de relaciones internas del pensamiento y de sus conceptos implícitos. La quaestio o problematización es el momento crítico sobre la base de una pregunta, una duda, una cuestión. La disputatio implica el momento del diálogo y la confrontación.

    Corriente o doctrina idealista

    El Idealismo es una doctrina cuyo fundamento y objeto son los ideales que consideran realizables. Plantea que la conciencia impone la realidad. El Idealismo niega el mundo sensible. La mente es la que da la existencia de las cosas. Las cosas son construcciones de la mente. Las cosas no existen en sí; la mente les da el ser. No podemos conocer algo diferente de lo que está en nuestro mismo entendimiento. La realidad es creación de la mente. La imagen del mundo es producto del sujeto que conoce, puesto que el espacio y el tiempo, que son fundamento de todo el universo, son también creaciones de la mente. El Idealismo cartesiano, que toma como partida la duda metódica, aconseja que hay que dudar (provisionalmente) de todo, del mundo y de nuestro conocimiento, a fin de desembarazarse mejor de cualquier prejuicio y llegar así a distinguir lo verdadero de lo falso.

    a. Punto de vista racionalista cartesiano

    A partir de Descartes surge el Idealismo (que hunde sus profundas raíces en Parménides y en Platón) propiamente dicho. Su punto de partida es el sujeto cognoscente que desconfía de toda realidad, incluso de lo inteligible. Sólo se considera real lo cognoscible, por cuanto es lo único que representa una evidencia plena al sujeto cognoscente; el ser o la realidad se determinan por la conciencia. Descartes establece las bases sobre las cuales se asienta todo pensamiento filosófico posterior.

    El Racionalismo (doctrina o sistema filosófico cuya base es la omnipotencia e independencia de la razón), heredero del Idealismo y fundado en la razón (una de las dos fuentes naturales de conocimiento humano; la otra es la experiencia), precisa que sólo el conocimiento racional es conocimiento perfecto y de valor irrechazable; solamente con él captamos lo que las cosas son y sus relaciones inmutables. El conocimiento racional se caracteriza porque es objetivo, exacto, universal (no está limitado ni por el tiempo ni por el espacio) y necesario (es necesariamente y no puede ser de otra manera). El conocimiento racional es el único conocimiento válido, porque los sentidos nos engañan. El criterio de verdad será todo lo que se conciba racionalmente como claro y distinto, es decir, objetivo. Las verdades, además de verdaderas, deben ser ciertas. Si tenemos conocimientos ciertos, definidos, han de basarse en la razón misma. Según Descartes, padre del racionalismo, nada debemos aceptar como cierto, como verdadero, hasta que no se nos presente como un hecho real. Para éste, lo único seguro es que existo yo y mis pensamientos; el mundo de los sentidos es dudoso. Es dudoso que más allá de mis pensamientos existan las cosas.

    Según Descartes, considerado como el padre de la modernidad, los hombres tienen la facultad del entendimiento, conformado por la razón ejercida a través de operaciones intelectuales abstractas, la lógica y las matemáticas, que nos permite conocer las cosas, por fuerza de toda experiencia sensorial. Pero los hombres, a pesar de su inteligencia, se equivocan frecuentemente. ¿Por qué? Por falta de procedimientos, de método de aplicación de su inteligencia. A cada hombre le corresponde la responsabilidad de confeccionarse un método para conducir adecuadamente su razón. Se trata de una metodología que garantice el progreso y la evolución gradual del conocimiento, desde la ruindad de la opinión cotidiana, hasta el punto mayor al que sea posible llegar a partir de la fragilidad del entendimiento y la brevedad de la vida humana. Así se podría vivir mejor, aprovechar más el corto espacio de la existencia humana y comprender más hondamente las razones últimas del comportamiento de las cosas. Se trata de un criterio mediante el cual sea posible distinguir con claridad lo verdadero de lo falso.

    Para buscar la verdad emplea el método cartesiano, que consta de las siguientes reglas: 1. La Evidencia. No aceptar nada como verdadero, como cierto, hasta tanto no se presente como un hecho real. 2. El Análisis. Dividir cada una de las dificultades que se han de examinar en el mayor número de partes posibles y necesarias para resolverlas mejor. 3. La Síntesis. Conducir los pensamientos por orden, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ascender, como por grados, poco a poco hasta los conocimientos más complejos. 4. La Enumeración. Hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales, que estemos seguros de no omitir nada.

    El fundamento de este método debe encontrarse en la duda metódica: es necesario suspender al menos una vez el asentimiento a cualquier conocimiento aceptado comúnmente; dudar de todo, incluso de los sentidos, y considerar provisionalmente falso todo aquello de lo que es posible dudar. En síntesis, el método cartesiano consiste la evidencia, analizar, sintetizar y enumerar.

    Un racionalista piensa que el conocimiento tiene su origen en la razón, porque la experiencia no cuenta en la elaboración de nuestros conocimientos. Como los sentidos nos engañan, sólo la razón puede conducirnos a la verdad. Existe una identidad entre el ser y el pensar. En ningún caso los sentidos nos permiten conocer la verdad y la naturaleza de las cosas, porque las sensaciones son oscuras, confusas. En cambio, las ideas son claras y distintas, generales y comunes a todos los hombres. Para alcanzar la certeza de la verdad no se requiere más que poseer la idea verdadera, puesto que para saber no es necesario saber que uno sabe. Las cosas tienen tanta mayor posibilidad de existencia y de pertenecer al mundo, cuanto más útiles, beneficiosas y eficaces sean. El hombre no puede llegar a una certeza absoluta porque es limitado en su inteligencia. Conocer la cantidad de combinaciones o de acontecimientos de las cosas es hacer verdadera ciencia. Para un racionalista, la verdad no sólo debe ser verdadera, también debe ser cierta.

    b. Punto de Leibniz

    Leibniz, de tendencia racionalista, distingue entre verdades de hecho y verdades de razón. Las verdades de hecho se presentan con carácter contingente y las verdades de razón con carácter necesario. Las verdades de razón se fundan y rigen por el principio de no contradicción ("Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo el mismo punto de vista") y las verdades de hecho por el principio de razón suficiente ("Nada puede admitirse sin explicación racional de su existencia. Todo juicio necesita de un fundamento suficiente, para ser verdadero. Todo conocimiento debe estar fundado").

    Toda percepción se realiza desde un sujeto que percibe y este sujeto es individuo y está determinado por su circunstancia. Nos encontramos ante la imposibilidad de un conocimiento absoluto. "Cualquier sistema, por completo que pueda parecer, supone un punto de vista y, por lo tanto, una determinación. Y todos ellos, por encima de sus divergencias y contradicciones, contienen algo de verdad, una chispa que permite la profunda unidad del universo, obra de Dios… Son las ideas innatas que se constituyen en el verdadero objeto del conocimiento. En medio de la confusión, fruto de los sentidos y de las percepciones imprecisas, las marcas originales, las ideas innatas, nos permiten descifrar el mundo en toda su integridad y en todas sus posibilidades", señala el filósofo e historiador Rafael Méndez comentando la obra de este pensador.

    c. Punto de vista de Pascal

    Blas Pascal sostiene que los hombres son míseros e incapaces de comprenderse a sí mismos, al mundo que los rodea y al sentido de pertenecer a él. "La naturaleza, con toda su prolijidad, es y será siempre inabarcable para un ser dotado con mínimos recursos. Al hombre no le corresponde en propiedad nada distinto de la equivocación, las falsas generalizaciones y la falsedad… Fatuidad, torpeza y limitación son sus características fundamentales. Su frágil razón lo aleja de toda comprensión genuina, y la vacuidad de su comportamiento lo acerca al exceso y al vicio", precisa Rafael Méndez analizando la obra de este pensador francés.

    Según Pascal, la inducción, la metodologización y la racionalidad no bastan para conocer la realidad fenoménica. "Miro y sólo hallo tinieblas por todos los lados…; es incomprensible que Dios exista, e incomprensible que no exista; que el alma esté en el cuerpo, y que no tengamos alma; que el mundo sea creado, y que no lo sea…", señala en sus Pensamientos. La salida a esta encrucijada se encuentra en la vida cristiana, porque sólo allí está la perfección, la verdad y la felicidad. "Qué desgraciados somos, que tenemos una idea de felicidad y no podemos conseguirla y tenemos una idea de verdad y no podemos conocerla… Deseamos la verdad y sólo hallamos incertidumbre; buscamos la dicha y no hallamos más que miseria y muerte; no podemos dejar de aspirar a la verdad y a la dicha, y somos incapaces de certidumbre y felicidad", aclara en su obra.

    Según él, de ninguna manera podremos lograr un conocimiento pleno y total del universo y de nuestra condición. Sólo obtenemos conocimientos fragmentados. Como no podemos alcanzar el conocimiento total, hemos de preferir la amplitud del conocimiento a la especialización. Es mejor saber poco sobre muchas cosas que tratar de saber mucho sobre una sola cosa. "Los conocimientos de la naturaleza arrojan al hombre a una contradicción insoluble y dolorosa. Sus resultados pueden ser, y en gran medida son, falsos. En tal caso, los seres humanos vivirán envueltos en una versión espuria de la realidad, con todas las consecuencias derivables de tan errática condición", aclara Rafael Méndez. En medio de la apabullante certidumbre del mundo que nos rodea, dentro del cual no somos más que una partícula insignificante e innecesaria, debemos contemplar la naturaleza y contemplarnos a nosotros mismos, de manera que nos sea posible establecer justas proporciones entre estas dos contemplaciones, antes de ocuparnos de la indagación científica sobre el mundo. "Flotamos sobre un vasto término medio, siempre incierto y lanzados de un extremo a otro; si queremos afirmarnos en un punto, nos abandona, y si le seguimos, se aleja de nosotros en una huida eterna; nada se detiene para nosotros; es el estado que no es propio y a la vez el más contrario a nuestra inclinación, puesto que ardemos en deseos de hallar una base firme para edificar una torre que llegue al infinito; pero nos falta el suelo, y la tierra se abre a nuestros pies; no busquemos, pues, punto de apoyo; nuestra razón está siempre combatida por la inconsistencia de las apariencias, y nada puede fijar lo infinito entre los infinitos que lo encierran y lo huyen", precisa Pascal en sus Pensamientos.

    Como la razón no basta para comprender los temas trascendentes que le dan el auténtico sentido a la existencia, porque no es posible alcanzar claridad absoluta mediante la aplicación del os procesos intelectuales, nos vemos obligados y forzados a optar por la apuesta, el azar. Apostar por lo mejor, por aquello que me reporte mayores ventajas y me rescate del desastre. "Apostando que Dios existe, si ganáis lo ganáis todo; si perdéis no perdéis nada", señala en sus "Pensamientos".

    d. Punto de vista kantiano

    El Kantismo (doctrina o sistema filosófico de Inmanuel Kant) distingue entre conocimiento a priori (antes de la experiencia) y conocimiento a posteriori (después de la experiencia). Conocimiento a priori o conocimiento puro es aquel cuya validez no depende de la experiencia. Es universal y necesario. Conocimiento a posteriori o conocimiento empírico es aquel cuya validez depende de la experiencia. Es contingente y limitado a los casos experimentales. Somos capaces de conocer el objeto tal como lo percibimos, el fenómeno (la cosa en mí), lo que aparece a nuestra conciencia. Pero somos incapaces de conocer la realidad o cosa existente independiente de nuestro conocimiento, el noúmeno (cosa en sí), lo que es pensado y no conocido.

    Kant busca la verdad mediante el método trascendental, que se pregunta cómo es posible y dentro de qué condiciones se da nuestro conocimiento de la realidad. No se parte del objeto mismo como algo dado, sino del sujeto que indaga el sentido y el contenido mismo del concepto. No se trata de partir del porqué del objeto sino del cómo del juicio que recae sobre él. Trascendental es todo conocimiento que se ocupa de nuestro modo de conocer los objetos, siempre y cuando sea posible a priori este conocimiento.

    Este punto de vista sostiene que no conocemos la realidad pura sino sólo como es lo real para nosotros. Nuestro conocimiento es verdadero pero llega hasta donde lo permiten nuestras facultades. No conocemos la realidad como es en sí, sino como nos aparece. El planteamiento kantiano busca que se evite el error y la confusión mediante la construcción y formulación de juicios universales y necesarios, porque si una afirmación pretende conocimiento de alguna cosa en particular, debe ser válida siempre que esa cosa se presente, por encima de condiciones y circunstancias.

    La realidad no la conocemos como es sino como aparece (fenómeno). La cosa en sí no es posible conocerla; sólo podemos conocer la cosa en mí. El hombre es el que, a través de sus estructuras a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo), el entendimiento (categorías o conceptos) y la razón (ideas a priori regulativas), condiciona la posibilidad del conocimiento científico. Este no es un conocimiento de la esencia de las cosas, porque las cosas no las conocemos en su esencia sino en su apariencia. El hombre puede llegar a conocer, poseer la verdad, tener conocimientos que le den certeza, pero se hace indispensable justificar racionalmente la forma como llegamos al conocimiento, o sea, es indispensable demostrar cómo es que conocemos y en qué forma se nos da la realidad. Kant sostenía que las cosas son de una forma determinada y concreta, pero que nosotros sólo conocemos apariencias. Tanto si observa átomos, como rocas, relaciones o sociedades, puede hacerlo de distintas maneras. Por ejemplo, mire hacia un árbol por la ventana. Luego vuelva a hacerlo por la noche. Pruébelo un día de lluvia. Luego utilice un aparato de infrarrojos para mirarlo. Imagínese el aspecto que presenta para un murciélago, o para un elefante o para alguien que sea daltónico. ¿Cuál es el verdadero aspecto del árbol? ¿Alguno de los anteriores? ¿Ninguno de ellos? Kant habría argumentado que la suma de todos los aspectos concebibles más todos los imperceptibles constituyen el noúmeno. Por consiguiente, la "cosa en sí misma" (la cosa tal como es realmente) es mucho más rica, profunda y completa que cualquier representación fenomenológica concreta. Nuestra percepción actual sólo es una forma de ver las cosas y que cuantas más perspectivas investiguemos mejor será nuestra comprensión. La obra de Kant también nos previene contra la tendencia a definir categorías y a emitir juicios, ya que es difícil saber si la categoría o el juicio en cuestión refleja la cosa o la manera que tenemos de verla. Anais Nin resumió esta idea al escribir: "No vemos las cosas tal como son, las vemos tal como somos."

    El agnosticismo, teorizado por Hume y Kant, buscando armonizar el Idealismo y el Materialismo, tan contradictorios e irreconciliables, plantea que es inútil tratar de conocer la naturaleza real de las cosas, puesto nunca conoceremos más que las apariencias. No se puede saber si el mundo es, en el fondo, espíritu o naturaleza, pensamiento o materia, conciencia o ser. Es posible conocer la apariencia de las cosas, pero no podemos conocer la realidad. No podemos saber nada con certeza; sólo la apariencia de las cosas, jamás la realidad. Nuestros sentidos nos permiten ver y sentir las cosas, conocer sus aspectos exteriores, sus apariencias; esas apariencias existen para nosotros. Pero no podemos conocer la cosa independiente de nosotros, con su realidad que le es propia, lo que se llama la cosa en sí. Es imposible afirmar si el mundo exterior existe o no existe.

    e. Punto de vista hegeliano

    Georg Wilhelm Hegel postula que todo lo real es racional y todo lo racional es real. Su Idealismo, conocido como intelectualismo o panlogismo, identifica el pensamiento con el ser: todo es pensamiento y no hay nada fuera de él; por eso todo lo real es racional y lo racional es real. Lo real es idéntico a lo racional. El pensamiento mismo, que es lo absoluto, es el principio verdadero y universal de la naturaleza y del espíritu. La filosofía debe optar por el saber absoluto. Su objetivo es el conocimiento de la realidad, de lo que es de manera indudable, definitiva y absoluta, el ser en sí. "El saber absoluto es nuestro propósito más acariciado, pues en él y solamente en él, es posible encontrar la cosa misma, en conocimiento de lo real, de lo que es en verdad… Para contemplar el absoluto, el conocimiento es objeto prioritario de reflexión", plantea el pensador alemán en su Fenomenología del espíritu. ¿Pero que tipo de conocimiento? ¿Quién garantiza que no se incurra en confusión? El concepto mismo de conocimiento supone límites y condicionamientos. "No se puede conocer todo, aclara Hegel, o cuando menos se ha de tener el mayor cuidado posible en nuestros procesos, pues podemos caer en el error que asecha en cada momento, y sin tomar por cierto lo incierto, o pasar por encima de lo verdadero sin darnos cuenta". Una cosa es el absoluto que deseamos conocer y otra el conocimiento que nos permitiría dar razón cabal del absoluto. El absoluto es aquello capaz de contener todas las cosas. La verdad reside sólo en el absoluto. "Solamente lo absoluto es verdadero o solamente lo verdadero es absoluto". El conocimiento no es externo al sujeto que conoce. Cuando hablamos de conocimiento y nosotros mismos, hablamos de la misma cosa. De la misma cosa hablamos cuando decimos conocimiento, absoluto y nosotros mismos.

    Para Hegel, la verdad es dialéctica, por cuanto radica en la coincidencia del objeto consigo mismo, con su concepto, pero dado que esta coincidencia jamás se alcanza por un juicio finito, la verdad ha de ser entendida dialécticamente, como proceso, en el cual se realiza lo concreto o la unidad de determinaciones diferentes, lo cual supone que lo uno y lo múltiple no son antitéticos. Pero en dicho proceso no se puede descartar el error, porque el error es parte de la verdad. "Lejos de considerar la necesidad de separarnos radicalmente de lo espurio y rechazar sus inconsistencias en aras de nuestra verdad, se trata de apropiarnos del error y considerarlo parte sustancial del proceso constructor de la verdad". Se trata de concebir el error y la abstracción como un momento necesario al proceso de apropiación de la verdad. La verdad conserva y supera el error. Para conocer la verdad, la conciencia debe estar en movimiento. El primer momento es la certidumbre o la certeza sensible. Ésta es el mundo entero de sensaciones, emociones y situaciones que nos ofrece en la cotidianidad. En ella se despliega el saber de las cosas, "que es el objetivo verdadero, específico y concreto del conocimiento humano". A través de movimientos dialécticos la conciencia alcanza el conocimiento. Es autoconciencia ya. Hemos alcanzado ya, desde la sensibilidad inmediatista, a través de la percepción, el entendimiento y el concepto, el momento dialéctico de la autoconciencia, vale decir, de la razón. "De esta manera –concluye Hegel-, el tránsito de la conciencia, que ha partido de la pura indeterminación de la certeza sensible, se concreta, a través de la más compleja red de mediaciones con su no-ser, y de las consecuentes negaciones y superaciones, en el espíritu puro, apoderado de sí y en esa misma medida, poseedor del saber absoluto".

    Hegel opone un sistema dialéctico al sistema de la totalidad imperante en la tradición occidental. "El viejo y reverenciado principio de identidad, sobre el cual se había construido el complejo andamiaje cultural de Occidente, habría de ser duramente enjuiciado. La enunciación de que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo, había sido elemento sustancial del proceso lógico y metafísico de Europa durante largos siglos, y ahora, desde la novísima concepción de Hegel, perdía validez. Una cosa sí podía ser y no ser al mismo tiempo y allí estaba todo el aparataje argumentativo de la lógica y de la ontología hegeliana para demostrarlo. El devenir, la contradicción, la superación por síntesis de la tesis y su contrapuesta antítesis, constituían el cuerpo de una lógica dialéctica, que desde entonces impondría una visión de la realidad dinámica y sostenida sobre el cambio. Las viejas exigencias de la identidad y sus consecuentes categorías, basadas en la quietud y la esencia que es siempre idéntica a sí misma y pervive en medio de los avatares de la historia, serían refutadas", señala Rafael Méndez comentando la obra hegeliana.

    Pero ¿qué significa esta nueva concepción de la realidad? ¿Eso para qué sirvió? Trajo profundos y trascendentales cambios en la cosmovisión de la realidad. Además de cambiar la lógica, la ontología, la epistemología y gran parte de la estructura del pensamiento occidental, sirvió de base para los planteamientos del filósofo Karl Marx, quien con su quehacer filosófico y económico establecería la estantería ideológica de una nueva sociedad, afectando y modificando sustancialmente el mundo capitalista e industrializado.

    Hegel, para buscar la verdad, emplea el método dialéctico (diferente de la dialéctica platónica), que es movimiento de la realidad entera, pues no hay separación entre el pensamiento y la realidad. El ser sólo puede ser concebido como devenir. El ser que se afirma (tesis - si) es negado (antítesis - no), pero es vuelto a una realidad superior en el devenir (síntesis – tal vez). La forma en que se manifiesta la realidad misma va de lo simple a lo complejo, de lo interior a lo superior y de lo abstracto a lo concreto. El mundo histórico y espiritual por entero es un solo proceso de movimiento, cambio, desarrollo y transformación en formas continuas; las contradicciones internas constituyen la fuente de este movimiento. La esencia del ser está en el autodesarrollo de una idea absoluta o espíritu universal; la conciencia es la creadora de la realidad, de la naturaleza. El desarrollo, después haber alcanzado un grado determinado, se detiene completamente. La verdad no es sino realidad pensada. Es un acto inteligente en el que el universo es pensado como conjunto de infinitas partes o diferencias, todas orgánicamente interrelacionadas y, de algún modo, proclives a la unidad.

    Comparaciones entre idealistas y realistas

    Los idealistas plantean que el objeto es sólo conocido a través de la sensación y la percepción; sólo existe en la medida que es percibido (Berkeley). Descartes llega mas allá al afirmar que el pensamiento es la única base de certidumbre de su existencia personal: "pienso, luego existo". Los Realistas plantean que el objeto es lo que es y el sujeto tiene que aprehenderlo. El objeto se mantiene siempre inalterable. Para Gilson la mayor diferencia entre el Idealismo y el Realismo consiste en que el primero piensa y el segundo conoce. Para el realista pensar es solamente ordenar conocimientos o reflexionar sobre su contenido, nunca pretende hacer del pensamiento el punto de partida. El idealista va del pensamiento al objeto, no puede saber si aquello de que parte corresponde o no al objeto.

    Ambas concepciones la verdad del conocimiento tienen carácter diferente. Los idealistas pueden llegar a la verdad, puesto que son ellos los que crean el conocimiento; para los realistas, la reflexión y la organización del conocimiento puede estar equivocada o no concordar con la realidad. El realismo y el idealismo son tan antagónicos como se puede apreciar en las siguientes máximas: Los realistas dicen: "Si yo me elimino, quedan las cosas". Los idealistas dicen: "Si yo me elimino, también elimino las cosas".

    Punto de vista empirista

    El Empirismo (doctrina o sistema filosófico basado fundamentalmente en los datos de la experiencia), heredero del realismo y fundado en la experiencia, sostiene que todas las ideas son proporcionadas por la experiencia, no por la razón, debido a que nada hay en el entendimiento que antes no haya pasado por lo sentidos. El conocimiento sensible es el único conocimiento verdadero. La experiencia es la única fuente de conocimiento. Sólo el conocimiento sensible nos pone en contacto con la realidad. Más que el rigor y la precisión de un conocimiento necesario y universal, al empirismo le importa un conocimiento eficaz por la utilización en la práctica humana.

    Los empiristas piensan que el origen de nuestros conocimientos no está en la razón sino en la experiencia. Nuestra mente es un papel en blanco (tábula rasa) y sólo al contacto de los sentidos con las cosas empieza a grabar impresiones.

    Francis Bacon plantea que el conocimiento científico, en términos de mera observación, se encuentra con los "ídolos" de la tribu, de la caverna, del foro y del teatro, que son obstáculos para obtener conocimiento verdadero.

    • 1. Ídolos de la tribu. Son los ídolos del género humano. La pertenencia social (pertenencia a una cultura, nación, tradición familiar o grupo social) determina el sentido del conocimiento, porque interviene consciente o inconscientemente en la interpretación que la persona da a su conocimiento de la realidad: prejuicios, dogmatismos, ideologías, ideas preconcebidas, afirmaciones acríticas... Sus construcciones, procedimientos, características y tendencias no hablan del universo, sino del propio saber humano. Así, el entendimiento deforma las impresiones fieles que deberíamos captar a través de los sentidos.

    • 2. Ídolos de la caverna. Son los ídolos de la individualidad. La subjetividad de la persona (con su historia personal, sus inclinaciones, su sensibilidad propia) interviene en el conocimiento contaminándolo con todo lo que ella implica (consciente, preconsciente, inconsciente e instintivamente) determina el sentido del conocimiento de una realidad que se considera exterior e independiente de la subjetividad.

    • 3. Ídolos del foro. Son los ídolos del lenguaje y la comunicación. En la comunidad, en la interrelación e interacción con los demás, en el foro, las cosas no son lo que son en realidad, sino como dicen que son. Las palabras, instrumentos primordiales de comunicación, se hallan cargadas de tantas imprecisiones y ambigüedad que su uso es absolutamente peligroso para el pensador.

    • 4. Ídolos del teatro. Son los ídolos culturales y los sistemas filosóficos. Se trata de los prejuicios sustentados por falsas concepciones del mundo e interpretaciones de la realidad que se presentan como sistemas de conocimiento, cosmovisiones, etc. Es todo ese proceso simbólico e ideológico (espacio "escénico") que determina culturalmente la vida del hombre. Dependen de la constitución y aprendizaje de los diversos sistemas filosóficos y científicos acuñados por la tradición, y que se han instituido con fuerza de revelación o verdad inapelable.

    Los empiristas seguidores de John Locke piensan que no percibimos los objetos como son; solamente recibimos modificaciones de las cualidades de los cuerpos, las cuales postulan una especie de sustrato que no podemos conocer. Los empiristas seguidores de George Berkeley afirman que no existen las sustancias corpóreas, que lo que existen son las sensaciones o ideas que tienen como base o fundamento una sustancia espiritual a partir de la cual se pueden explicar todos los fenómenos del conocimiento y que los únicos objetos del conocimiento humano son las ideas. Piensan que las cosas reales se reducen en último término a sensaciones o ideas y que el ser de las cosas se reduce al hecho de ser percibidas. Afirman que las cosas no tienen existencia independientemente de la percepción que el entendimiento tiene de ellas. Sostienen que el ser de las cosas es la vivencia que de ellas tenemos. Precisan que sólo se puede recurrir a Dios para explicar el origen y la belleza de nuestras ideas sensibles, y la misma existencia de las cosas sensibles se presenta como evidencia inmediata de la existencia de Dios. Los simpatizantes de Tomás Hobbes señalan que la verdad es una mera convención del lenguaje.

    Corriente o doctrina positivista

    El Positivismo (doctrina o sistema filosófico que busca las consecuencias prácticas del pensamiento y pone el criterio de verdad en su eficacia y valor para la vida) afirma que solamente se puede afirmar como cierto aquello que se comprueba con métodos experimentales. Lo que no es medible no existe.

    Corriente o doctrina marxista (materialista)

    Para el Marxismo (doctrina o sistema filosófico que consiste en interpretar el Idealismo dialéctico como Materialismo Dialéctico, y que aspira a conseguir una sociedad sin clases) la verdad se presenta como algo provisional e histórica, sometida al movimiento y a la mutación. Marx, en su Manifiesto Comunista, sostiene que la verdad consiste fundamentalmente en "el proceso de conocimiento mismo, en el largo desarrollo histórico de la ciencia, que asciende desde los grados inferiores a los superiores del conocimiento, pero sin llegar nunca, por el descubrimiento de una pretendida verdad absoluta, al punto en el que no se puede avanzar más".

    Corriente o doctrina fenomenológica

    Edmund Husserl considera la noción de verdad en relación con las nociones de adecuación y evidencia. Tanto la percepción como la intención significativa tienen como cumplimiento máximo la adecuación de la cosa con el intelecto. Hay que llegar a las cosas mismas y analizar lo que aparece: los fenómenos. Martín Heidegger sostiene que el hombre puede medir la verdad de su conocimiento mediante la conformidad de éste con las cosas sólo porque el ser se lo revela a través de las cosas existentes.

    Husserl busca la verdad a través del método fenomenológico (ir a las cosas mismas), que permite ir a las cosas mismas y dejarlas hablar, dejarlas que se manifiesten. La filosofía, en lugar de discutir acerca del problema del conocimiento, debe orientarse a las cosas mismas, tal como aparecen a lo que se da ya sin ninguna duda, es decir, a los fenómenos. A la fenomenología le interesan las cosas tal como las percibe la conciencia, y no las cosas en sí mismas. Todo fenómeno es ambivalente: revela un estrato empírico-real visible a los actos perceptibles de nuestra sensibilidad, y un estado ideal, esencial que se refiere a los contenidos ideales, accesible a los actos espirituales. La fenomenología trata de analizar los fenómenos, de tal modo que las esencias ideales y los contenidos esenciales se conviertan en objetos dados. Su objetivo básico sería la descripción y el análisis de las esencias puras, ideales, supratemporales y ahistóricas.

    La reducción fenomenológica nos dice que no debemos juzgar, tomar posición teórica frente a la existencia o no del mundo, renunciar a todo juicio de existencia en relación con él. Supone tres elementos fundamentales. 1. Frente a un fenómeno debemos abstenernos, colocar entre paréntesis todas las opiniones o teorías anteriores, todos los prejuicios formados de toda índole, pues ellos son un obstáculo para llegar a las cosas mismas en una forma directa e inmediata. 2. La reducción eidética (esencia, idea, modelo) para captar del fenómeno su esencia y aislar de este modo todos los aspectos contingentes o secundarios del mismo, todo lo que no es dado en la pura esencia del fenómeno. 3. Reducción trascendental o captación del yo como conciencia pura en donde es posible la evidencia absoluta y en donde ya no es posible dudar de algo.

    Corriente o doctrina pragmática

    El Pragmatismo (doctrina o sistema filosófico que busca las consecuencias prácticas del pensamiento y pone el criterio de verdad en su eficacia y valor para la vida) afirma la posibilidad del conocimiento, pero éste queda subordinado a la acción, la que se convierte en fundamento de la verdad y de la certeza. El hombre, antes de ser teórico, debe ser práctico. Todo el valor del conocimiento es con base a la acción. Es verdad lo que es útil y provechoso al hombre. El hombre no es un ser pensante solamente sino un ser que actúa en función de lo útil y valioso, puesto que ayuda a la conservación de la vida. Según John Deway, la verdad de una idea radica en su demostrado poder de orientación, en que sea capaz de guiar la acción humana de forma positiva.



    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11




    Punto de vista sartreano (existencialista)

    El existencialismo (doctrina o sistema filosófico que trata de fundar el conocimiento de toda realidad sobre la experiencia inmediata de la existencia propia) sostiene que dos personas pueden estar presentes en el mismo lugar y sin embargo captarlo todo de forma completamente diferente; porque cuando percibimos el entorno, contribuimos con nuestra propia opinión o nuestros propios intereses. Nuestra propia existencia contribuye a decidir cómo percibimos las cosas en el espacio. Puede ser que una mujer embarazada tenga la sensación de ver a mujeres embarazadas por todas partes. Alguien que necesita una ambulancia con urgencia tal vez vea ambulancias por doquier. Nuestra propia existencia contribuye a decidir cómo percibimos las cosas en el espacio. Si algo es inesencial para mí, no lo veo. Si estamos enamorados y esperamos una llamada de la persona amada "oímos" que nos llama. Si esperamos a esa persona que llega en un tren, y sale un montón de gente al andén sin que lo veamos, entonces no vemos a esas otras personas. No hacen más que estorbar, no significan nada para nosotros. Incluso puede ser que nos resulten directamente repugnantes, pues ocupan mucho espacio. Lo único que captamos es que ella no está allí.

    Otros puntos de vista

    Un perspectivista como José Ortega y Gassette plantea que la realidad se ofrece a los individuos en una gran variedad de perspectivas singulares. Cada una de ellas es una forma de realidad y, al mismo tiempo, forma una posibilidad de conocimiento de lo real. Es decir, una perspectiva supone siempre la combinación de un nivel ontológico y epistemológico y la realidad equivaldría a la suma de las perspectivas posibles en que se presenta y según las que puede analizarse. En alguna medida, la perspectiva es semejante a un "punto de vista" o a la comprensión parcial de algo. Es por eso que la vida es la verdadera realidad radical, de la que surge cualquier problema que pueda ser relevante y cualquier sistema filosófico posible. Para cada ser humano, la vida toma una forma concreta y determinada, que se construye a sí misma de acuerdo a diferentes circunstancias (o perspectivas que la vida toma para cada uno): "Yo soy yo y mi circunstancia". De hecho, la vida es una realidad radical y última; más aún: ella tiene en sí misma su propia finalidad, y no hay realidad alguna que pueda trascenderla. Así, la vida de cada ser humano es, para él, su propia finalidad y debe entregarse a su elucidación si desea salvarse a sí mismo.

    Un pesimista como Arthur Schopenhauer piensa que el mundo es mera apariencia engañosa. La realidad es voluntad de vivir, afán de existir. Por el insaciable deseo, la vida no es sino dolor, que solamente se supera con la ciencia, la sabiduría y el arte.

    La escuela filosófica alemana de Erlangen precisa que una afirmación es verdadera cuando cada hablante competente (todo el que habla el mismo lenguaje que yo y además está informado y es inteligente) asiste a la misma tras el oportuno examen. Una afirmación es verdadera cuando otros, que están en situación de enjuiciar su verdad, la juzgan verdadera. Jurgen Habermas teoriza que una afirmación es exactamente verdadera cuando expresa un consenso logrado en un discurso sin dominación. Karl Otto Apel afirma que será verdadero aquello que ha de suponerse para que pueda darse una comunicación.

    Según Albert Einstein, los conceptos que surgen de nuestro pensamiento y en nuestras expresiones lingüísticas son todos (cuando se enfocan lógicamente) creaciones libres de pensamiento que no pueden inducirse a partir de experiencias sensoriales. "Esto no se advierte fácilmente, porque tenemos el hábito de combinar ciertos conceptos y relaciones conceptuales (proposiciones) tan definidamente con ciertas experiencias sensitivas que no nos damos cuenta del abismo (insalvable desde un punto de vista lógico) que separa el mundo de las experiencias sensibles del mundo de los conceptos y de las proposiciones", aclara Einstein en su libro "Mis Ideas y Opiniones". Aunque Einstein sostiene que la única fuente del conocimiento es la experiencia, también propone que las teorías científicas son creaciones libres de una aguda intuición física, y que las premisas en que se basaban no pueden aplicarse de un modo lógico al experimento. Una buena teoría sería, pues, aquella que necesitara los mínimos postulados para explicar un hecho físico. Einstein se encuentra ante todo cerca de las ideas de Spinoza; la negación decidida de la existencia de Dios y de toda sustancia inmaterial, la convicción de que el mundo es objetivo y cognoscible, y que todos los procesos de la naturaleza se hallan sujetos a dependencia causal, constituyen los principios básicos de su concepción del mundo.

    De acuerdo con Bertrand Russell, lo que cada hombre conoce depende, en un sentido importante, de su experiencia individual: conoce lo que ha visto y oído, lo que ha leído y lo que se le ha dicho, y también lo que ha sido capaz de inferir a partir de esos datos.

    Para el brillante intelectual español Marcelino Menéndez Pelayo, la verdad no es hija del tiempo, pero se despliega en el tiempo siguiendo un ritmo dialéctico.

    Así las cosas, el sentido de la vida será distinto para cada cual. Quien cree en Dios piensa que el sentido de la vida consiste en buscar, aceptar y seguir la voluntad divina que se conoce a través de sus revelaciones. Un marxista, por ejemplo, piensa que el sentido de la vida está condicionado a determinadas transformaciones sociales. Es partidario de cambiar las condiciones para liberar al hombre. Precisa que mediante la praxis (acción comprometida) revolucionaria es que se le da sentido a la vida. El humanista, por su parte, sostiene que el fin y sentido de la vida es la autorrealización del ser humano en sus dimensiones personales y sociales; la realización de los humanos como seres sociales en sus capacidades y aspiraciones de amar, pensar, decidir, transformar el mundo y la realidad social, de tal manera que todos seamos aquello que nuestra naturaleza nos invita a ser y que todos los seres humanos tengan igualdad de oportunidades de libertad y desarrollo creador. Para otros, la finalidad y sentido de la vida es la búsqueda de la felicidad y de la autorrealización.

    Algunos planteamientos ontológicos (relacionados con el estudio del ser) suponen que no todo lo que quiere existir, o dice que existe, existe verdaderamente. No todas las cosas existen; hay cosas que creemos que existen, y en cuanto nos acercamos a ellas vemos que no existen. ¿Las cosas son realidades externas e independientes del yo? ¿Son un más allá del pensamiento?

    6. LA RAZÓN

    Cuando hablamos o escuchamos conversaciones es frecuente oír que los interlocutores digan: "Tiene toda la razón". "No tiene razón". "Fulano tiene razón". "Perencejo no tiene razón". Pero ¿qué es la razón? La razón es una facultad intelectual del hombre que le permite pensar, discurrir y juzgar, actuar acertadamente o distinguir lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso. La razón es un conjunto de hábitos deductivos, tanteos y cautelas, en parte dictados por la experiencia y en parte con base en pautas de la lógica. La combinación de todos ellos constituye una facultad capaz de establecer o captar las relaciones que hacen que las cosas dependan unas de otras, y estén constituidas de una determinada forma y no de otra. Es un procedimiento intelectual crítico que utilizamos para organizar la información recibida, los estudios realizados o las experiencias que tenemos, aceptando unas cosas y descartando otras, intentando siempre vincular mis creencias entre sí con cierta armonía. Es una facultad capaz, en parte, de establecer o captar las relaciones que hacen que las cosas dependan unas de otras, y estén constituidas de una terminada forma y no de otra. Lo característico de la razón es que nunca es exclusivamente mi razón. La razón es universal porque todos los seres humanos la poseemos, y que la fuerza de la convicción de los razonamientos es comprensible para cualquiera.

    Una cosa es lo racional y otra lo razonable. Lo racional es la búsqueda de los mejores instrumentos para vérnoslas con los objetos; lo razonable, el procedimiento de tratar con sujetos a los que suponemos tan dotados de intenciones respetables como nosotros mismos.

    La razón puede servir de árbitro para zanjar muchas disputas entre los hombres. Esa facultad llamada razón es precisamente lo que todos los humanos tenemos en común y en ello se funda nuestra humanidad compartida. La racionalidad es la superación del mundo de la pluralidad hasta reducirlo a su fundamento. El razonamiento es el instrumento del filósofo.

    La razón nos permite revisar lo que sabemos, compararlo con otros conocimientos, someterlos a examen crítico, debatirlos con otras personas que puedan ayudarme a entender mejor; buscar argumentos para asumirlos o refutarlos. Nos sirve para examinar nuestros supuestos conocimientos, rescatar de ellos la parte que tengan de verdad y a partir de esa base tantear hacia nuevas verdades. Una de las primeras misiones de la razón es delimitar los diversos campos de la verdad que se reparten la realidad de la que formamos parte. Nuestra vida abarca muchas formas de realidad muy distintas y la razón debe servirnos para pasar convenientemente de unas a otras.

    Razonar no es algo que se aprende en soledad sino que se inventa al comunicarse y confrontarse con los semejantes: toda razón es fundamentalmente conversación. Razonar consecuentemente exige la universalidad humana de la razón, el no excluir a nadie del diálogo donde se argumenta. Razonar es pensar, razonar es argumentar.

    Utilizar la razón es buscar y sopesar argumentos antes de dar como cierto lo que creemos saber. La razón no exige nada especial para funcionar, ni fe, ni preparación espiritual, ni pureza de alma o de sentimientos, ni pertenecer a un determinado linaje o a determinada etnia: sólo pide ser usada.

    La razón nos permite opinar respetando la opinión de los demás. En una sociedad democrática, las opiniones de cada cual no son fortalezas o castillos donde encerrarse como forma de autoafirmación personal: tener una opinión no es tener una propiedad que nadie tiene derecho arrebatarnos. Ofrecemos nuestra opinión a los demás para que la debatan y en su caso la acepten o la refuten, no simplemente para que sepan dónde estamos y quiénes somos. Y desde luego no todas las opiniones son igualmente válidas: valen más las que tienen mejores argumentos a su favor y las que mejor resisten la prueba del debate con las objeciones que les plantean. No sólo tenemos que ser capaces de ejercer la razón en nuestras argumentaciones sino también debemos desarrollar la capacidad de ser convencidos por las mejores razones, vengan de quien vengan.

    Los procesos democráticos requieren pensar, debatir argumentar, sintetizar; es decir, necesitan tiempo. Para entender la verdad de un asunto, es menester oír a las dos partes, sus razones y sus argumentos; tener acceso a los datos y los hechos; estudiar, sopesar, rumiar. Para ponderar a un hablante, debemos escuchar sus ideas, hacer preguntas perspicaces, analizar su sinceridad, entender las implicaciones de lo que tiene para decir.

    Quien sepa raciocinar (utilizar bien la razón) podrá percibir la realidad de manera más objetiva. Gracias a la dinámica del raciocinio la mente va adentrándose cada vez más en el camino de las ciencias hasta llegar a la verdad. El razonamiento es una operación humana, consecuencia de la naturaleza del conocimiento de l hombre que no es de suyo intuitivo, sino que necesita del discurso. Mediante esta actividad el entendimiento pasa del conocimiento virtual al estrictamente efectivo, esto es, de la posibilidad al hecho positivo del conocimiento formal.

    Aunque la razón es esa facultad intelectual que nos permite pensar, discurrir, juzgar, actuar adecuadamente y distinguir lo bueno y lo malo y lo verdadero y lo falso, para muchos intelectuales la razón es enemiga declarada de la vida. La problemática humana no se puede reducir a meras relaciones lógicas; "no se puede estrechar en un abstracto orden lógico el medio vital del hombre que es de contradicciones y de problemas para encarcelarlo en un marco preestablecido por la razón", precisa el filósofo Miguel de Unamuno, y agrega que es la vida y no la razón ni la lógica el criterio último de verdad. "Es la voluntad, y no la inteligencia, la que nos hace el mundo", concluye. El pensador colombiano Manuel María Madeido sostenía que la razón (fundamentalmente la razón ilustrada) se había extraviado, había abandonado su armonía en la búsqueda de la verdad. "Preguntad a la historia cubierta de duelo lo que ha hecho la filosofía inspirada por su madre la razón cuando ha puesto el pié en las fronteras de la fe en las naciones... ¡Lo que ha hecho! Campos de batalla, luchas a muerte, combates, asesinatos, hecatombes humanas", reflexiona Madeido en su obra "Una gran Revolución o la Razón del Hombre Juzgada por sí misma". El filósofo Gottfried Wilhelm Leibniz afirmaba que el problema del mal y de la libertad humana son los grandes laberintos de la razón.

    No se puede desconocer la grandiosidad de la razón, pero tampoco se puede dimensionar. Se debe tener en cuenta el aserto del psiquiatra Luis Carlos Restrepo, en su libro "La Trampa de la Razón", en cuanto que "no queremos negar la importancia de la razón como instrumento de conocimiento, instancia de predictibilidad y clave de la eficiencia. Pero consideramos necesaria su redefinición, para que deje ser el soporte ideológico y mito constituyente de la comunidad política occidental y, tocada de finitud, asuma el lugar que le corresponde en el concierto del conocimiento. Porque una cosa es conocer su importancia y otra muy distinta convertirla en el pilar del universo, único rasero para medir lo que acontece, aval absoluto de certidumbre y verdad". No debemos ser enemigos de la razón. Pero todo con moderación, inclusive la moderación. Nada de extremos.

    Luego de "estudiar" la razón y saber qué es, cuando dialoguemos tratemos de no utilizar la expresión "tiene razón" o "no tiene razón". ¿Por qué? Porque, como vimos, la razón "es una facultad intelectual del hombre", es decir que todos tenemos razón. En su lugar podemos decir: "Usted o tú razona bien". "Su argumento me parece bien fundado". "Su punto de vista es racional". "Su razonamiento me convence". "Su argumentación se funda en juicios coherentes".

    7. LA LÓGICA

    La lógica es una disciplina normativa en cuanto que da las leyes y las formas del conocimiento, es decir, las condiciones formales de la verdad. Es la ciencia que enseña a razonar con exactitud. Es la ciencia que estudia la estructura, el fundamento y el uso de las expresiones del conocimiento humano. Es la ciencia de la rectitud de los actos del entendimiento. Es la ciencia del pensamiento pensado. Es la ciencia que nos enseña cómo debe ser y cómo se mueve la mente en su camino de lo conocido a lo desconocido. Es la ciencia del razonamiento. Es la ciencia de las leyes del pensamiento. Es el procedimiento intelectual, exacto y ordenado. Es la ciencia de los actos de la mente.

    La lógica está interesada en el análisis de la inferencia correcta, en la rectitud de nuestro pensamiento en sí mismo; precisa los significados y muestra la forma adecuada cómo se relacionan unos conceptos con otros, hasta eliminar la contradicción, la vaguedad y ambigüedad de nuestro pensamiento. La idea de lógica está vinculada al concepto de pensar bien para llegar al conocimiento de la verdad. La lógica ha sido creada por el ingenio humano, para guiar a la razón y conducirla con seguridad al conocimiento de la verdad. En lógica, la unidad fundamental es la idea. El concepto, noción o idea es la representación intelectual de un objeto aislado, sin afirmación ni negación acerca de él. Idea es la representación mental de algo.

    Etimológicamente, la palabra lógica viene del griego "logos", que significa palabra, razón o discurso. Por eso es la ciencia de las leyes ideales del pensamiento, y el arte de aplicarlas correctamente a la investigación y demostración de la verdad. Como ciencia, la lógica es el conjunto de principios ordenados sobre un objeto en particular, a saber: las leyes ideales que rigen el pensamiento y las condiciones de la demostración de la verdad. Como arte, la lógica son las reglas que enseñan el arte de pensar, el arte de raciocinar o el arte de llegar a la verdad. Arte es el conjunto de reglas para hacer bien una cosa.

    El objetivo de la lógica es el estudio de las reglas que debe seguir el pensamiento, para llegar al conocimiento y demostración de la verdad. La lógica es un medio excelente para obligar a la inteligencia a exhibir y utilizar sus reservas. Robustece el espíritu, pues da a éste una gran facilidad para usar su agudeza y prontitud naturales, y con ello se anda más rápidamente en la exploración de la verdad. Nos ayuda en gran manera a liberar nuestro espíritu de los sofismas, errores y demás parásitos que producen el raquitismo intelectual. Según Descartes, no basta tener buena inteligencia; lo importante es aplicarla convenientemente". Séneca pensaba que para saber bien las cosas no basta con haberlas aprendido.

    Condiciones para pensar correctamente y llegar al conocimiento de la verdad

    1. Que el espíritu no incurra en contradicciones consigo mismo, y observe para ello las leyes generales del pensamiento o lógica formal.

    2. Que no incurra en contradicciones sobre la naturaleza de los objetos, y los aprecie tales cuales son en realidad (lógica material).

    División de la lógica

    1. Lógica formal.

    Trata de las relaciones posibles (con respecto a la verdad y a la falsedad) entre proposiciones independientemente de su contenido. Estudia las leyes generales del pensamiento, es decir, las condiciones generales de la verdad. Ella nos permite conocer las condiciones necesarias de la inferencia válida y eliminar el razonamiento falso. No es suficiente para establecer la verdad material o fáctica en ningún ámbito particular. Nos demuestra que una proposición debe ser verdadera si lo son otras. El objeto de la lógica formal es el estudio de las condiciones generales de la verdad. Es decir: estudia la forma misma del pensamiento, y las operaciones fundamentales por cuyo medio el espíritu realiza el acto de conocer, independientemente de su contenido particular. Se le denomina también lógica menor o dialéctica.

    2. La lógica material.

    Estudia el pensamiento en su relación con los objetos, y se le conoce como la ciencia de las condiciones particulares de la verdad. Estudia el problema general de la ciencia, y establece los métodos, es decir, las reglas particulares que aplica la mente al conocimiento de la verdad en los dominios de las diferentes ciencias. Tiene como programa determinar entre todas las operaciones discursivas del espíritu, cuáles conducen a la verdad y cuáles conducen al error. Comprende no sólo el estudio de las implicaciones rigurosas sino el de las operaciones inductivas, el de las hipótesis, y el de los métodos científicos, considerados desde el punto de vista de su valor probatorio. Además, comprende la filosofía de las ciencias, una epistemología y una metodología científica.

    Principios fundamentales o leyes fundamentales del pensamiento

    1. Principio de identidad: toda cosa es igual a sí misma. Todo objeto es idéntico a sí mismo. A=A. En matemáticas se dice que dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí. Si 3 + 3 = 6; y 4 + 2 = 6, decimos que 3 + 3 = 4 + 2. Y así en cosas más complicadas. Incluso en las cosas ordinarias de la vida utilizamos el principio de identidad.

    2. Principio de no contradicción: una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y el mismo sentido. Dos juicios, uno de los cuales afirma lo que el otro niega, no pueden ser ambos verdaderos. Dos juicios contradictorios no pueden ser ambos verdaderos. A es A y A no es A.

    3. Principio del tercero excluido: entre el ser y el no ser no hay término medio. Dos juicios contradictorios no pueden ser ambos falsos. A es A y A no es A.

    4. Principio de razón suficiente: nada puede admitirse sin explicación racional de su existencia. Todo juicio necesita de un fundamento suficiente, para ser verdadero. Todo conocimiento debe estar fundado.

    Es importante aclarar que estos principios de la lógica formal son antagónicos a las leyes de la lógica dialéctica o dialéctica materialista que son las leyes generales que gobiernan la naturaleza, la historia y el pensamiento. Según Marx y Engels, estas leyes son: 1. Ley de la coincidencia de los opuestos o ley de unidad y lucha de los contrarios, que desentraña los impulsos internos, la causa del desarrollo. 2. Ley del progreso por saltos o ley de los cambios cuantitativos en cualitativos, y viceversa, que caracteriza el desarrollo, no como una mera modificación externa de los objetos, sino como un cambio fundamental que afecta sus propiedades internas. 3. Ley de la negación de la negación, según la cual el desarrollo es de carácter ascendente, de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior. Estas leyes representan una verdadera modificación de las leyes lógicas formales y, por tanto, de los principios de identidad, de contradicción y del tercero excluido, que no rigen en la lógica dialéctica que es concebida para un mundo en movimiento y no para un mundo estable.

    ¿Cuáles son los actos intelectuales? Atención, abstracción, generalización, síntesis, comparación, percepción, intuición, etc. Giran alrededor de las operaciones básicas de la mente: aprehender, juzgar y raciocinar. Los resultados de estas operaciones son el concepto, el juicio y el razonamiento.

    ¿Qué es el concepto? Es la representación intelectual de la esencia de un objeto. Es el principio inmediato del conocimiento intelectual. La simple aprehensión es el acto por el cual la inteligencia percibe el objeto sin afirmar o negar nada de él. Se trata entonces de la simple representación de una cosa en la mente. Los griegos la llamaron idea y los latinos forma. Hoy se llama concepto. El concepto se expresa por el término que podemos definir como la expresión verbal de un concepto.

    ¿Qué es el juicio? La palabra proviene del latín jus-dicere, porque estudiados varios predicados, la mente escoge uno para atribuirlo al sujeto. Es la operación de la mente por la cual, comparados don conceptos, se afirma o se niega su conformidad o su discrepancia. Es la facultad de juzgar. Es una de las formas de pensamiento por el cual conocemos diferentes aspectos de las propiedades y relaciones de los objetos. Es una forma de pensamiento que consiste en afirmar o negar, de un sujeto, bien sea el hecho de que existe (juicios de existencia), bien sea el hecho de que es tal cosa determinada, es decir, que tiene tales o cuales propiedades (juicios de atribución). Es la facultad del entendimiento que compara y juzga. Es la operación del entendimiento y compara dos ideas. Opinión. El juicio se expresa por la preposición que constituye la expresión verbal de un juicio.

    ¿Qué es el razonamiento? Es una forma de pensamiento que consiste en que, a partir de la afirmación de una o varias preposiciones, se pasa a afirmar otra, en virtud de la conexión necesaria que tiene con las anteriores. El razonamiento se expresa por las distintas formas de argumentos.

    ¿Qué es la idea? El término idea proviene del griego éidos, y quiere decir imagen, porque en ella se representa el objeto. Es el acto del entendimiento, por el cual se representa el objeto, sin afirmación ni negación acerca de él. Es producto de la inteligencia. Prescinde de todas las propiedades sensibles del objeto, para considerar únicamente lo que es esencial en él. Es universal. A la idea también se le domina abstracción mental, comparación, reflexión, aprehensión y logos. Abstracción mental, porque la idea pone en evidencia el objeto conocido, haciendo abstracción de otros seres y aspectos: comparación, por cuanto la idea llega a su término cognoscitivo, por vía de parangón de entidades diferentes o de relaciones; reflexión, ya que la inteligencia al conocer un objeto cualquiera, se vuelve sobre sí misma, y también sobre los objetos conocidos por ella; aprehensión, término metafórico, que quiere decir que el entendimiento coge, toma el objeto de conocimiento, para representarlo intencionalmente; y logos verbo, palabra, puesto que la mente, grávida de conceptos, se habla a sí misma. La idea es un fragmento del mundo exterior que penetra en nosotros; mediante el ejercicio de las facultades sensoriales, la inteligencia penetra en la metería energética, y la interpreta, substrayéndola y generalizándola.

    ¿Qué es el raciocinio? Viene del latín ratio-cio, porque la inteligencia se encuentra en camino y en movimiento para encontrar la conveniencia o discrepancia de dos juicios. Es la operación de la mente mediante la cual, de la comparación de dos juicios previos, se infiere uno nuevo.

    ¿Cuáles son las secciones principales de la lógica? A. Estudio de los conceptos y de los términos. B. Estudio de los juicios y de las proposiciones. C. Estudio del razonamiento y de los argumentos.

    ¿Qué es una proposición? Es la expresión verbal de un juicio.

    ¿Qué es un silogismo? Forma de razonamiento de carácter deductivo. Argumento que consta de tres proposiciones: la mayor, la menor y la conclusión, deducida la última de la primera por medio de la segunda. Ejemplo: "Todos los hombres son mortales (mayor). Sócrates es hombre (menor). Luego Sócrates es mortal (conclusión)".

    ¿Qué es una premisa? Cada una de las dos proposiciones de un silogismo. Afirmación mediante la cual se ofrecen razones.

    ¿Qué es una conclusión? Es la afirmación en favor de la cual se dan razones.

    ¿Qué es un argumento? Razonamiento, prueba u otro medio que se emplea para afirmar, negar o demostrar una tesis. La argumentación es como un juego de guerra: el punto central es la tesis en la que se presenta una posición. Esta se defiende o se ataca con argumentos que son materiales o datos concretos y comprobables. La defensa o el ataque incluye una toma de posición en pro o en contra. Los argumentos son intentos de apoyar ciertas opiniones con razones. El argumento es un medio para indagar.

    Argumentar tiene como objetivo presentar razonamientos descubiertos para probar o a demostrar proposiciones tendientes a convencer a otro de aquello sobre lo cual se afirma, niega, se defiende o se ataca. Desarrollar espíritu crítico y usar los propios criterios, son sus objetivos comunes. Los textos argumentativos tienen como finalidad describir y probar una tesis, una hipótesis, un problema, una situación para convencer. La meta de los textos argumentativos es la de convencer al lector o al oyente. El argumento es esencial porque es una manera de tratar de informarse acerca de qué opiniones son mejores que otras. Cuando hemos llegado a una conclusión bien sustentada en razones, la explicamos y la defendemos mediante argumentos. Dar un argumento significa ofrecer un conjunto de razones o de pruebas en apoyo de una conclusión.

    Los argumentos se usan para indagar sobre los méritos de una tesis y para defender una tesis una vez que la indagación ha dado sus frutos. Opinar y discutir conducen a argumentar. Opinar es discurrir y pensar sobre las razones, probabilidades o conjeturas referentes a la certeza que se tiene sobre algo. Discutir es, además de lo anterior, examinar atenta y particularmente el tema, la situación o la materia, minuciosamente. Para escribir un ensayo basado en argumentos, se deben usar argumentos como medio de indagar, explicar y defender sus propias conclusiones. Los ensayos buscan que el estudiante aprenda a pensar por sí mismo, a formar opiniones de una manera responsable.

    Reglas generales de la argumentación

    1 Distinguir entre premisas y conclusión.

    2 Presentar sus ideas en un orden natural.

    3. Partir de premisas fiables.

    4. Usar un lenguaje concreto, específico, definitivo.

    5. Evitar un lenguaje emotivo.

    6. Usar términos consistentes.

    7. Usar un único significado para cada término.

    ¿Qué es una hipótesis? Suposición de una cosa, sea posible o imposible, para sacar de ella una consecuencia.

    ¿Qué es una tesis? Posición que se enuncia y se mantiene con argumentos.

    ¿Qué es una conjetura? Juicio que se forma de algo por las señales o indicios que de ello se tienen. "Es aventurado hacer alguna conjetura sin tener un conocimiento exacto de los hechos. Su culpabilidad está basada sólo en conjeturas".

    ¿Qué es el sentido común? Es la capacidad natural de juzgar y apreciar las cosas en su justo valor. Es una capacidad natural y espontánea de la inteligencia para juzgar rectamente las cosas. Nos lleva naturalmente a pensar bien, en vista de llegar a la verdad, pero esta "lógica natural" es pobre en recursos, cuando quiere explicar y justificar ante los demás, el por qué y el cómo de las opiniones de profesa, o de las actitudes que adopta.

    8. LA CIENCIA

    El vocablo ciencia, que proviene del latín scientia (conocer), se refiere al conocimiento cierto de las cosas por sus principios y sus causas; al conocimiento sistematizado en cualquier campo del saber. Al sistema de conocimientos ordenados, que incluye una garantía de la propia validez o que se propone el grado máximo posible de certeza, es lo que conocemos con el nombre de ciencia. La ciencia pura es la ciencia independiente de toda aplicación técnica. Las ciencias aplicadas son las investigaciones con el propósito de emplear los resultados científicos en las aplicaciones técnicas. El "brazo armado" de la ciencia se denomina tecnología, que es el estudio de los medios, de las técnicas y de los procesos empleados en las diferentes ramas de la industria.

    Desde tiempos inmemoriales el hombre se ha esforzado por sistematizar el conocimiento, por hacer ciencia. A partir de los antiguos mesopotámicos, pasando por los egipcios y los griegos, la ciencia ha venido evolucionando y perfeccionándose. Durante la Edad Media, en Europa, por motivos religiosos, estuvo estancada, y quien pretendiera obtener y sistematizar conocimientos que se opusieran al dogma católico, muchas veces, eran perseguidos; muchos fueron quemados o ahorcados y otros obligados a retractarse.

    En los albores del Renacimiento, la ciencia retomó su quehacer, luego de la superación del oscurantismo medieval, para desarrollarse con gran auge y dar nacimiento a la ciencia de la modernidad. "Esencialmente, los métodos y resultados científicos modernos aparecieron en el siglo XVII gracias al éxito de Galileo al combinar las funciones de erudito y artesano. A los métodos antiguos de inducción y deducción, Galileo añadió la verificación sistemática a través de experimentos planificados, en los que empleó instrumentos científicos de invención reciente como el telescopio, el microscopio o el termómetro. A finales del siglo XVII se amplió la experimentación: el matemático y físico Evangelista Torricelli empleó el barómetro; el matemático, físico y astrónomo holandés Christiaan Huygens usó el reloj de péndulo; el físico y químico británico Robert Boyle y el físico alemán Otto von Guericke utilizaron la bomba de vacío" (Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta). Estos esfuerzos culminaron con la teoría de la gravitación universal (Newton) y la invención del cálculo infinitesimal (Newton y Leibniz). Así se sentaron las bases de la ciencia y las matemáticas actuales. "Los avances científicos del siglo XVIII prepararon el camino para el siguiente, llamado a veces "siglo de la correlación" por las amplias generalizaciones que tuvieron lugar en la ciencia. Entre ellas figuran la teoría atómica de la materia postulada por el químico y físico británico John Dalton, las teorías electromagnéticas de Michael Faraday y James Clerk Maxwell, también británicos, o la ley de la conservación de la energía, enunciada por el físico británico James Prescott Joule y otros científicos" (Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta). En el siglo XX, las teorías cuántica y de la relatividad revolucionaron la ciencia física. Estas teorías son el paradigma de la física en la actualidad.

    La ciencia, principalmente, nos muestra otras miradas del universo, que transforman nuestros paradigmas. Pero en el vasto contexto de las ciencias, particularmente en el de la física, cualquier teoría es siempre provisional. Así los resultados de los experimentos concuerden muchas veces con la teoría, nunca podremos estar seguros de que la próxima vez el resultado no vaya a contradecirla. Según el brillante científico británico Stephen Hawking (1942), nunca podremos estar suficientemente seguros de haber encontrado verdaderamente la teoría correcta, ya que las teorías no pueden ser demostrables de manera irrefutable e incontrovertible. Debido a que las teorías están siendo modificadas continuamente para explicar nuevas observaciones, nunca son digeridas debidamente o simplificadas de manera que la gente común pueda entenderlas. Según Bohr, "la física no se ocupa de cómo es efectivamente el mundo, sino de lo que nosotros podemos decir sobre el mundo".

    La raza humana siempre se ha preguntado, entre otras cosas: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Para dónde voy? ¿Cuál es el origen del universo? Ha tratado de buscar (¿inútilmente?) respuestas en la magia, la religión, la filosofía, la ciencia… No ha logrado respuestas contundentes, concretas e irrefutables. Muchos han creído acceder a este insondable conocimiento mediante una revelación mística. Otros han optado por encontrar la clave a través de la lógica y la razón. En nuestro mundo moderno, la mayoría piensa que la ciencia sería el camino adecuado para obtener tan ansiadas respuestas. "La vedad a la que los investigadores creen acercarse una y otra vez resulta ser una imagen engañosa, una quimera. Aún así, los científicos no han renunciado con facilidad a buscar una explicación definitiva sobre el universo. En el mundo moderno, lo han hecho a partir de un supuesto básico: para poder explicar la existencia del cosmos a través de la razón, es necesario que éste sea, en sí mismo, un ente racional", precisa el científico británico Paul Davies.

    A pesar de que la ciencia nos ha brindado muchas respuestas de interés para tratar de comprender el universo y mejorar la calidad de vida, aún no ha podido responder a muchas preguntas que nos inquietan y desconciertan. ¿Puede descubrirse la verdad con la ayuda de la ciencia? La ciencia no puede aclarar todo. "La ciencia consigue logros extraordinarios cuando se trata de explicar los electrones o la larga cadena de moléculas de ADN, pero sus posibilidades son limitadas cuando se trata del amor, la moral o el sentido de la vida. Porque aunque estas experiencias son parte de la realidad, no forman parte de la ciencia pura", cuestiona Paul Davies. Algunos teóricos afirman que la ciencia está herida de muerte: salvo algunos asuntos concretos, aseguran que ya ha descubierto todo lo que tenía que descubrir. No es así. En todos los campos del saber quedan zonas oscuras y senderos sin explorar. La ciencia nos ayuda a dominar acontecimientos mostrándonos que dependen unos de otros, pero no puede explicar nada en un sentido profundo. La ciencia se ocupa de la verdad, no de los dogmas. La verdad es limitada y apenas si puede satisfacer el ansia de muchas personas de lograr la comprensión definitiva de las cosas. Una meta quizá inalcanzable para nuestros inquietos cerebros. Los resultados científicos sólo pueden ser reflejo exacto y objetivo del mundo real en teoría. En la práctica, hace ya mucho tiempo que la naturaleza de la verdad científica no es tan unívoca. Siempre nos encontramos con un sí, pero…

    9. EL SENTIDO CRÍTICO

    En el proceso de comprender que las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son debemos desarrollar una conciencia crítica que permita alejarnos de los convencionalismos, de lo tradicional y de lo cotidiano; superar los esquemas que nos condicionan la manera de percibir, interpretar y sistematizar la realidad, y convertirnos en seres iconoclastas, irreverentes, reaccionarios, contestatarios, críticos, auténticos, autónomos, libres, independientes, autoconscientes, éticos, autorrealizados, íntegros y rebeldes sin importar las consecuencias. Personas capaces de cuestionar todo aquello que los demás dan por sentado o prefieren no cuestionar. Pero, ¿qué es el sentido crítico?

    El sentido crítico, el espíritu crítico, la conciencia crítica, la mentalidad crítica, la reflexión crítica o la criticidad es la aptitud para ver los hechos tal como son, para tener en cuenta todas las circunstancias, para desconfiar prudentemente de uno mismo y para liberarnos de todos los prejuicios. Permite mantenernos en tensión para captar los fenómenos que a la gran mayoría se le escapan y ahondar en las causas, poniendo en ello grandes dosis de imaginación, creatividad y audacia para liberarse de lo establecido, de lo aceptado. La conciencia crítica nos capacita para plantearle problemas a la realidad, en búsqueda de respuestas.

    Poseer sentido crítico es volver a las preguntas originales del porqué, el para qué y el qué de la realidad; es volver a reencontrarnos a través de la palabra evocadora, del lenguaje que todo lo abarca y lo sustenta. El distanciamiento crítico frente a lo cotidiano y frente a la inautenticidad del dejarse vivir sin asumir un comportamiento personal frente a la realidad, constituye el inicio de una dinámica que configura una actitud reflexiva expresada a través de una postura crítica frente a lo existente.

    La criticidad suscita la posibilidad de analizar el medio social y la realidad externa, para emitir juicios sobre ellos y poder así contribuir a su transformación y mejoramiento. La criticidad se opone a la aprobación sin análisis de todo lo que se dice, a la aceptación incondicional de todo lo que ocurre y a la actitud ingenua que "traga entero" todas las opiniones y la realidad que se nos presentan. La criticidad supone y exige un ver, un juzgar y, sobre todo, un asumir un compromiso que lleve a un cambio personal y social positivo, porque muchas personas, incapaces de vivir de acuerdo como piensan, terminan pensando como viven.

    El hombre con sentido crítico ve más allá de las apariencias, más allá de lo evidente. El individuo crítico es una persona libre, capaz de desenmascarar las ideologías y de hacer frente a las estructuras y los mecanismos sociales de opresión. Es n sujeto que vive despierto, porque los hombres viven soñando y sólo el pensador trata de despertar. Es un amante del conocimiento, de la verdad, de la investigación, del estudio riguroso y sistemático de la realidad.

    El sentido crítico nos aleja de la mentalidad "credulona", porque credulidad significa candidez, ingenuidad, confianza, inexperiencia e incluso bobería. Si no se tiene un punto de referencia conceptual sólido o un criterio filosófico previo, todo es posible en la dimensión desconocida. Un solo acierto puede más que mil errores. El hombre de hoy necesita del sentido crítico, debido a que si no asume una actitud crítica, entrará al mundo de la confusión, donde cualquier cosa puede ser cualquier cosa, incluso él mismo.

    La conciencia crítica permite defendernos de las manipulaciones de los aparatos ideológicos del estado: medios de información, hospitales, escuelas, universidades, cárceles, etc. El espíritu crítico carece de prejuicios sociales, políticos, religiosos, económicos o legales, y no acepta nada sin las debidas pruebas o argumentaciones que siempre exige el sentido crítico. Niega la transferencia de la responsabilidad de los propios actos y decisiones. La conciencia crítica siempre "pone la cara", tiene su auténtica dimensión de afrontamiento. Trata de comprobar objetivamente todo lo que se le diga, porque no es "credulona" ni muy escéptica. No juzga por lo que dicen, sino por lo que constata. No cree en los argumentos de autoridad por el sólo hecho de serlo. No se radicaliza en posiciones extremas. Es amante del diálogo biunívoco, razonado, democrático y auténtico. Asume una actitud desprevenida que lleva a frecuentes revisiones de conceptos y opiniones. Una persona con sentido crítico deja de ser pasivo, pasa a ser activo; capta, se da cuenta, sabe leer entre renglones; no se deja engañar, no se deja meter "gato por liebre"; descubre las tretas alienatorias, manipuladoras e instrumentalizadoras, y con todos los elementos de juicio hace análisis sereno de toda situación que lo lleva a discernir lo verdadero de lo falso, lo demagógico de lo sincero, lo real de lo ficticio.

    El sentido crítico tiene estrecha relación con la creatividad, porque ésta es una cualidad resultante del espíritu crítico. El hombre capaz de juzgar con objetividad e independencia sobre el valor y el sentido de los acontecimientos y de las cosas en general, tiene la disposición requerida para buscar soluciones innovadoras, críticas. La comprensión crítica del pasado permite interpretar sin compromisos el presente y diseñar modelos y programas diferentes para un futuro nuevo. La criticidad produce insatisfacción con lo ya experimentado que no conduce a la solución de los problemas.

    Una persona con sentido crítico es un ser auténtico, vive en el mundo de la autenticidad. Autenticidad (congruencia y sinceridad) significa en primer lugar que las expresiones, las decisiones, la conducta, los gestos y los ademanes de una persona concuerdan con su vivencia interior (con sus sentimientos y sus pensamientos). En un nivel superior, la persona dice lo que siente y piensa, es sincera y no finge, la persona está abierta a sus propios sentimientos y vivencias. Se abre a los demás, les manifiesta sus sentimientos e ideas, al menos en la medida en que son importantes para su vivencia actual, se muestra tal como es en realidad, se comporta con naturalidad, es transparente. La autenticidad es una posibilidad de estar y asumir la vida.

    Ser auténtico significa tener una actitud crítica que todo lo cuestiona y lo desinstala, una actitud inquisitiva que desea saber las causas y las conexiones racionales de todo. Esto nos permitirá superar la cotidianidad, la monotonía, la rutina: colocar entre paréntesis lo dado, dudar moderada y racionalmente de la bondad de todo lo existente. Esto es una forma distinta de asumir la vida y tener criterio propio.

    Ser auténtico es establecer sin lugar a dudas su identidad; es decir, se establece que es lo que se supone ser, cierta y definitivamente. En filosofía, auténtico significa que un ser es, o llega a ser, lo que verdadera y radicalmente es, cuando no está enajenado. Como en algunos casos la enajenación es uno de los rasgos esenciales de la existencia humana, el no ser sí mismo, esa enajenación, se convierte en uno de los caracteres del auténtico ser. La autenticidad es el modo propio y concreto que cada uno tiene de ejercer y desarrollar sus dimensiones y valores de persona humana. Ser auténtico es ser uno mismo.

    10. LA CONCEPCIÓN DEL MUNDO

    Es un sistema de ideas, conceptos y representaciones sobre el mundo circundante. Se designa así a la manera en que el hombre entiende y explica su existencia en el mundo desde los puntos de vista individual e histórico. En el amplio sentido de la palabra abarca el conjunto de todas las concepciones del hombre sobre la realidad en torno a concepciones filosóficas, políticas, sociales, éticas, científicas, estéticas, etc. Es un reflejo del ser social y depende del nivel de conocimientos alcanzados en un período histórico dado, así como del régimen social. Varía en las diferentes culturas y, también, a nivel individual de acuerdo con la estructura síquica de cada hombre. Tiene una enorme importancia práctica, pues de ella depende la actitud del hombre frente a la realidad que le rodea y sirve de guía para la acción. La concepción del mundo responde al problema cuáles son las relaciones entre el ser y el pensamiento. Entre las concepciones del mundo más destacadas tenemos la concepción idealista y la concepción materialista. El Idealismo y el Materialismo son dos respuestas antagónicas y contradictorias a la concepción del mundo, que es el problema fundamental de la filosofía, encargada del estudio o reflexión de los problemas más generales y cuyo objeto es explicar el mundo, la naturaleza y el hombre, es decir, todo lo que nos rodea, la realidad. El Idealismo es la concepción no científica del universo y el Materialismo es la concepción científica del universo.

    Concepción idealista

    El Idealismo es el sistema cuyo fundamento y objeto son las ideas que se consideran realizables. Tiene como base la explicación de la materia por el espíritu. Afirmando la supremacía del pensamiento sostiene que es el espíritu el que produce la materia. El pensamiento es el elemento principal, el más importante. Según el Idealismo, el mundo exterior sólo existe en nuestros pensamientos.

    El ideísta, que a la postre se convierte en un idealista, se instala en ideas o conceptos y, a partir de ellos, emprende la conquista de la realidad. El ideísta se mueve primariamente entre las ideas y sólo, indirectamente, aborda las cosas en un segundo momento. Es verdad que el ideísta, conociendo ideas, pretende conocer cosas, pero a través del rodeo conceptivo. El ideísta desarrolla todo el problema de la filosofía para el lado de la verdad lógica, porque es hipersensible a la verdad; pero sus facultades, en buena medida, están obturadas a la realidad en sí misma. Y es en esa realidad de verdad, y no al revés, que debemos conoce las cosas. El ideísta usa y abusa de la lógica de los principios: especula, combina verdades hasta conseguir el sistema que contenga todas las verdaderas ideas de las cosas. Para el ideísta la sabiduría de la filosofía consiste en vivir instalado en modelos lógicos de pensamiento; en una especie de mundo platónico desde el cual se rige y norma la realidad sensible de las cosas, idealmente, esto es, con las manos limpias de los principios.

    Un idealista sostiene que las cosas sólo pueden existir en el pensamiento, porque la realidad percibida no es más que fruto de la imaginación. Piensa que los seres que contemplamos en nuestra existencia sensible, en el mundo sensible, nos son más que sombras efímeras, transitorias, imperfectas, pasajeras, reproducciones ínfimas e inferiores de las ideas. Para el Idealismo, lo que existe no son las cosas, sino el pensamiento; éste es lo que existe, puesto que es lo único de que yo tengo inmediatamente la intuición. El pensamiento es, por una parte, pensamiento de un sujeto que lo piensa; y por otra, es pensamiento de algo pensado por ese sujeto; de modo que el pensamiento es esencialmente una correlación entre sujeto pensante y objeto pensado. Sostiene que es necesario encontrar el fundamento de la certidumbre de los datos que nos da el conocimiento sensible, ya que existen grandes contradicciones entre el saber del objeto y el objeto mismo. El idealista afirma que existen las cosas y se dan verdades absolutas, pero no fuera, sino dentro de nosotros, en nuestro pensamiento. Todo lo que conocemos es producto de nuestro pensamiento. La realidad en sí misma no interesa, lo que importa es lo que yo pienso de las cosas, las cosas no son como son, sino como el idealista quiere que sean. Un idealista, a diferencia de un materialista, afirma la existencia de Dios. El Idealismo no puede sostenerse sin Dios y Dios no puede existir sin el Idealismo.

    Concepción materialista

    El Materialismo, contrario al Idealismo, es el sistema encargado de dar una explicación científica del universo. Considera la materia como la única realidad y que hace del pensamiento un fenómeno material, como cualquier otro fenómeno. Se basa en la idea de que la materia constituye todo el ser de la realidad. Niega el dualismo entre una creación y un creador, entre cuerpo y alma, y reduce el pensamiento a un fenómeno material.

    Un materialista piensa que como las cosas se presentan no es la manera como son, porque si las cosas fueran como se presentan, la ciencia entera sobraría. Su visión de las cosas dependerá de cómo logre trascender los determinismos a que está sometido. Argumenta que la materia es la única realidad del mundo, de la cual se originan los fenómenos concienciales y espirituales, fuera del cual existe la certeza de que no hay separadamente una realidad ultramundana. La materia son el espacio y el tiempo. La materia es increada, autosuficiente e indestructible. La existencia de Dios le resulta inútil, porque la misma materia se convierte en causa de todas las cosas y de las ideas que hay en nosotros. Niega cualquier designio providencial, toda libertad e inteligencia en la formación del mundo, la inmortalidad del alma y la posibilidad de resurrección.

    Tanto el idealismo como el materialismo tienen su propia concepción antagónica de la verdad. Mientras que para el idealismo, verdad es la correspondencia y relación del pensamiento con las cosas, el materialismo es el conocimiento de un objeto que lo reflejan acertadamente, que corresponden a él. Para los idealistas, la verdad es subjetiva; para los materialistas, es objetiva. Los idealistas consideran que la verdad es subjetiva porque depende del hombre, el cual determina por sí mismo la veracidad de sus conocimientos sin tener en cuenta el estado real de las cosas. "El idealismo supone que nuestro conocimiento es lo primero, y que el mundo material es algo que proviene del conocimiento" (Diccionario Filosófico Marxista). En contraposición, el materialismo (sobretodo dialéctico) se apoya en las conquistas de la ciencia y en la práctica multisecular de la humanidad para afirmar que la verdad es objetiva. Por cuanto la verdad refleja el mundo que existe objetivamente, por tanto su contenido no depende de la conciencia del hombre. El materialismo considera que la verdad absoluta no se puede conocer de una vez, entera, por completo: se puede alcanzar únicamente en el proceso infinito del conocimiento. "Más, con una nueva conquista de la ciencia, el hombre se aproxima a conocer la verdad absoluta, se va enterando de más y más elementos, eslabones y aspectos de ella. El progreso del conocimiento consiste precisamente en que, al conocer la verdades relativas, el hombre conoce también la verdad absoluta" (Fundamentos de Filosofía, de V. Afanaseis). El materialismo considera que no hay verdades eternas, porque lo que es verdadero en unas condiciones puede dejar de serlo en otras distintas. "Para la filosofía dialéctica no existe nada establecido de una vez y para siempre, incondicional, sagrado" (Engels). El criterio de verdad materialista es la práctica social. "Las verdades no son asuntos teóricos, sino cuestiones que hay que demostrar en la práctica" (Marx). "En la verdad práctica el hombre descubre las propiedades del mundo, conoce sus leyes, y utiliza estos conocimientos para la transformación de la naturaleza y la sociedad" (Diccionario de Filosofía Marxista).

    11. LOS VIEJOS Y LOS NUEVOS PARADIGMAS

    Visión antigua de la naturaleza

    A partir del surgimiento de la filosofía, en Grecia, buscando un principio explicativo de la realidad del universo, el mundo dejó de ser un caos irracional y se convirtió en un cosmos ordenado y racional. El Mecanicismo, el Hilemorfismo y el Dinamismo intentaron responder a las preguntas de ¿por qué hay una pluralidad de cuerpos de diversa especie y por qué éstos pueden mudarse?

    1. El Mecanicismo o Atomismo Mecánico, planteado por los filósofos griegos Leucipo y Demócrito, propone que los cuerpos se componen de pequeñísimas partículas indivisibles (átomos), distintos en figura y magnitud, rígidos y sin cualidades. Estos átomos son de naturaleza metafísica; muy distintos a los átomos descubiertos en el siglo XIX, que son de naturaleza materialista.

    2. El Hileformismo o la doctrina de materia y forma, sustentado por Aristóteles, plantea que los cuerpos se componen de materia y forma. La forma es la idea, lo que se puede conocer espiritualmente, mientras que la materia no puede conocerse de esa manera. La forma es lo real y la materia lo posible. La materia es el acto y la forma es la potencia. Materia y forma son los principios del ser, en el sentido de potencia y acto. No hay forma libre de materia ni materia absolutamente caótica en busca de forma. La forma ha de plasmarse en la materia y la materia siempre adopta alguna forma. La forma es la virtualidad de los seres, su existencia como individualidad; la materia vendría a ser la posibilidad de que una forma se convierta en ella. Acto y potencia, esencia y accidente, forma y materia, sujeto y atributo representan la estructura básica del mundo y constituyen la clave del conocimiento, tal como lo plantearon Aristóteles y sus seguidores.

    3. El Dinamismo, que se opone al Mecanicismo, sostiene que sólo aparentemente llenan los cuerpos el espacio ocupado por ellos. Es la teoría que reduce la realidad a agrupaciones de elementos simples, cuya esencia es la fuerza, y que explica la diversidad del mundo por medio de las leyes de la fuerza y la actividad. "Los cuerpos constan de elementos simples e inextensos, que están dotados de fuerzas que obran a mediante atracciones y repulsiones, y así aparentan una ocupación real del espacio", señala un antiguo texto de filosofía. La sustancia pasiva del Mecanicismo es sustituida en el Dinamismo por la fuerza.

    Visión moderna de la naturaleza

    En esta visión, que se inicia con el Renacimiento, ya no se trata principalmente de interpretar, de contemplar la naturaleza para indagar su esencia, sino de modificar y desentrañar sus procesos, sus leyes. La revolución moderna comienza con la astronomía de Nicolás Copérnico, quien sustituyó de manera definitiva la concepción aristotélica del universo jerarquizado por la de un universo homogéneo. Su heliocentrismo desplazó el geocentrismo ptolomeico. La continúan Giordano Bruno, con sus ideas acerca de la infinitud del universo, y Johannes Kepler con su descubrimiento del carácter elíptico de las órbitas planetarias. La termina Galileo Galilei al fijar los pilares de la física moderna con sus aportes a la observación científica y la corroboración de las teorías de Copérnico.

    El nuevo sistema planetario, que Kepler y Copérnico desenvuelven, cambia por completo la idea que los hombres tenían de los astros y de su relación con la tierra. La tierra cesa ya de ser el centro del universo; cesa de contener en sí el máximun de preeminencia antropomórfica; la tierra ahora es un planeta, y no de los más grandes, con una trayectoria; es un grano de arena perdido en la inmensidad de los espacios infinitos. El sistema solar es uno de los tantos sistemas de que se compone la inmensidad del cielo; y la tierra en este sistema solar ocupa un lugar secundario, periférico, que no es, ni mucho menos, la posición central única y privilegiada que los antiguos y Aristóteles le concedían.

    Así las cosas, de un momento a otro cada cual, sin sospecharlo, se ve obligado a pensar, calcular y vivir en otras dimensiones; pero antes de que el cerebro se haya acomodado a la transformación apenas comprensible, se ha transformado ya la sensibilidad: una perpleja confusión, un vértigo, mitad temor y mitad entusiasmo, es siempre la primera respuesta del alma cuando pierde repentinamente su medida, cuando todas las normas y formas sobre las cuales hasta entonces se apoyaba, como sobre algo permanente, se deslizan bajo ella, como fantasma. De la noche a la mañana, todo lo cierto se ha trocado en dudoso, todo lo de ayer parece viejo y gastado, como de mil años; los mapamundis de Tolomeo, santuario no derribado durante veinte generaciones, se convierten en juego de niños, gracias a Colón y a Magallanes; las obras sobre cosmografía, astronomía, geometría, medicina, matemáticas, crédulamente copiadas desde hace miles de años y admiradas como sin tacha, llegan a quedar nulas y anticuadas; todo lo anterior se marchita ante el aliento cálido de los tiempos nuevos. Se acabaron ahora todas las disputas y comentarios escolásticos; las antiguas autoridades caen por tierra, como desbaratados ídolos de la veneración; se vienen abajo las torres de papel de la escolástica; la vista queda libre.

    Antes de Galileo se pensaba que un cuerpo pesado debía caer más rápido que uno ligero. Galileo demostró que cada cuerpo aumentaba su velocidad al mismo ritmo, independientemente de su peso. Isaac Newton (1642-1727), astrónomo y físico inglés, mediante su ley de la gravitación universal, mostró que la gravedad es la causa de que la luna se mueva en una órbita elíptica alrededor de la tierra y que la tierra y los planetas siguen caminos elípticos alrededor del sol. La fuerza de gravedad nunca ha sido vencida. Donde no existe una fuerza no puede haber movimiento. Newton comprendió que las estrellas deberían atraerse unas a otras, de forma que no parecía posible que pudieran permanecer esencialmente en reposo. Coligió que el universo no podía ser estático. ¡Qué gran conclusión!

    En el siglo XVII Newton creó su mecánica celeste. Mediante fórmulas matemáticas pudo calcular el recorrido de las estrellas y de los planetas de forma aún más precisa que Kepler antes que él. Esto no sólo fue un acontecimiento científico, sino que penetró en las capas más profundas del conocimiento humano. Transformó la imagen del mundo que tenían los hombres y, por consiguiente, también la imagen que éstos tenían de sí mismos. ¡Qué genialidad la de Newton!

    La Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta sostiene que los descubrimientos de Newton contribuyeron con valiosos aportes éticos. "Las leyes de Newton se consideraron como prueba de un orden divino racional. La opinión contemporánea al respecto fue expresada por el poeta inglés Alexander Pope en el verso Dios dijo: ¡dejad en paz a Newton!, y se hizo la luz. Los hallazgos e hipótesis de Newton provocaron que los filósofos tuvieran confianza en un modelo ético tan racional y ordenado como se suponía que era la naturaleza".

    Según un texto de bachillerato, "el desarrollo al mismo tiempo de la nueva física y la química aportaba ideas nuevas acerca de la causalidad y la estructura de la materia, que colocarían sobre otras bases la explicación del origen y estructura del universo y de la vida". La visión moderna también tuvo implicaciones al explicar un origen del hombre mediante la evolución y no por la creación divina. "La nueva teoría de la evolución del hombre proporcionó una visión distinta sobre los tres campos de la realidad, la materia, la vida y el hombre", señala el mismo escrito.

    El filósofo estadounidense Lou Marinoff precisa que "después de la revolución filosófica fomentada por Francis Bacon, Thomas Hobbes, Rene Descartes y Galileo, entre otros, el mundo nunca volvería a ser el mismo. Al declarar que "saber es poder", Bacon proporcionó un tercer camino crucial entre la fe y la espada: la ciencia. El mundo tiene una deuda de gratitud con Bacon por habernos regalado el método científico" (Más Platón y menos Prozac).

    Visión contemporánea de la naturaleza.

    La mecánica newtoniana, como teoría universal, sufrió una profunda transformación con los innovadores y revolucionarios planteamientos de Einstein, Planck, Heisenberg, Schrödinger, Gódel y otros científicos que asistieron al nacimiento de la Mecánica Cuántica a principios del siglo XX, la cual afirma que nada se puede medir u observar sin que se altere; el observador puede alterar el resultado del efecto que mide. El comportamiento de las "partículas elementales" no se podría explicar con la mecánica clásica.

    Las nociones de "relatividad" e "incertidumbre" han impregnado la cultura del siglo XX. Pero la proximidad de estos conceptos científicos a nociones corrientes del lenguaje ordinario, de la teoría del conocimiento en general y de la filosofía moral en particular, ha dado lugar a no pocos malentendidos que conviene aclarar. Al tratar de la Teoría de la Relatividad los físicos suelen llamar la atención acerca del paradójico resultado que producen, de un lado, la accesibilidad de las demostraciones de la misma (para conocedores del álgebra elemental) y, de otro, sus conclusiones antiintuitivas sobre conceptos (espacio y tiempo) que todos creemos conocer y dominar. La inversión o el desplazamiento radical del punto de vista desde el cual estamos acostumbrados a ver las cosas choca con la sencillez (relativa) de la nueva teoría, y ésta produce una particular atracción en todos (o en casi todos).

    El siglo XX presenció grandes revoluciones en la ciencia causadas por tres grandes desarrollos científicos: la Mecánica Relativista, la Mecánica Cuántica y la Teoría del Caos. Estos planteamientos científicos se convirtieron en los nuevos paradigmas y propiciaron un fuerte remezón a la mecánica clásica.

    Al iniciar el siglo, Max Planck, físico alemán (1858-1947), estudiando los microuniversos, inicia la revolución de la física cuántica; posteriormente, Werner Heisenberg, físico alemán (1901-1976), postula el Principio de Incertidumbre o de Indeterminación y con ellos se da el primer golpe a la visión mecanicista del universo desarrollada por pensadores como Francis Bacon, René Descartes y Isaac Newton. Posteriormente, Einstein, el genio más brillante del siglo XX, estudiando el macrouniverso, desarrolla la Teoría de la Relatividad y da el segundo golpe a la filosofía mecanicista. Recientemente, David Peat, a través de la Teoría del Caos, muestra la posibilidad y necesidad del estudio de lo irregular y único, con lo cual se derrumba el mito de que la ciencia sólo estudia las regularidades. La Teoría Cuántica, la Teoría de la Relatividad y la Teoría del Caos han dado nacimiento a un nuevo paradigma científico con profundas implicaciones para la vida cultural de las sociedades de fin del siglo XX y comienzos del XXI. Las dos ideas centrales del paradigma científico del siglo XIX son "evolución" y "entropía" (medida del desorden de un sistema que siempre debe incrementarse), y las dos ideas centrales del paradigma científico del siglo XX son "relatividad" e "incertidumbre".

    Por su parte el Principio de Indecibilidad, de Incomplitud o Teorema de Kurt Gödel (1906-1978), lógico y matemático estadounidense de origen austriaco, establece que en cualquier sistema simbólico formal es posible construir una proposición que no se puede probar ni refutar en el mismo sistema. "El Teorema de Gödel, en realidad son dos teoremas… El primer teorema de Gödel establece que cualquier teoría matemática coherente ? que incluya los números naturales 0, 1, 2... es incompleta: ? contiene proposiciones S tales que ni S ni su negación (no S) son demostrables en ?. El segundo teorema de Gödel afirma que tal teoría ? no puede contener la demostración de su propia coherencia (ausencia de contradicciones); la coherencia se puede demostrar en otra teoría mayor ?', pero para demostrar que ?' es coherente se necesita otra teoría extendida ?'', lo que da lugar a una secuencia infinita de teorías... Mediante un ingenioso sistema de numeración, Gödel traducía proposiciones sobre ?, como "esta proposición no tiene demostración en ?", a expresiones numéricas en ?. Si la mencionada proposición, S, fuese demostrable en ?, entonces S sería falsa, lo que contradice la coherencia de ?; así pues S es no demostrable y por tanto cierta. Siguiendo con el mismo razonamiento, no S no se puede demostrar, pues si se pudiera, S sería falsa. Por tanto ? es incompleta. Además, la coherencia no se puede demostrar dentro de ?, pues si se pudiera, el razonamiento anterior (incluido en ?) demostraría S, lo que es imposible" (Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta). Este genial principio muestra que hay teoremas que nunca seremos capaces de demostrar o rebatir. Gódel, que aseguró que todo no puede demostrarse ni rebatirse, "fue capaz de demostrar, en 1931, que no todas las preguntas lógicas y matemáticas tienen respuesta. Esto, efectivamente, puso punto final a la búsqueda racionalista del conocimiento completo y perfecto" (Más Platón y Menos Prozac, de Lou Marinoff).

    El mismo Marinoff puntualiza afirmado que "justo cuando parecía que íbamos a llegar al fondo del asunto, no sólo aparecieron nuevas preguntas sin respuesta, sino también nuevas preguntas imposibles de responder. La teoría de la relatividad de Einstein nos mostró que la longitud, la masa y el tiempo no eran absolutos, sino que las cosas se miden en relación con otras (sólo la velocidad de la luz se muestra invariable). La teoría cuántica (y el principio de incertidumbre de Heisenberg) nos mostró que, aun contando con los equipos más sofisticados, la estructura de la naturaleza submicroscópica contiene pares de cosas que no podemos medir con precisión en un momento determinado. El teorema de la indecibilidad de Gódel mostró que hay teoremas que nunca seremos capaces de demostrar o rebatir (por consiguiente, algunas preguntas matemáticas nunca serán contestables). Mientras luchábamos a brazo partido con esta repentina pérdida de lo absoluto (es decir, condenados a un conocimiento imperfecto en lógica, matemáticas y física) nos enfrentamos a vacíos de conocimiento todavía mayores en los ámbitos biológico, psicológico y social. Ya no podíamos contar con que la suma de todos los conocimientos nos hiciera sabios. El progreso científico y tecnológico tenía que templarse con nuevas revelaciones filosóficas".

    El cambiante universo

    De acuerdo con la dinámica de los tiempos y con el surgimiento de nuevos conocimientos, cambian las ideas y concepciones de la realidad. Lo que antes era una verdad ampliamente aceptada por una gran mayoría, queda modificado, refutado, alterado o desvirtuado con una información nueva, un dato sorprendente, una investigación esclarecedora, una negación categórica, una afirmación reveladora, un descubrimiento sensacional, un invento innovador, un hallazgo extraordinario, una hipótesis revolucionaria o una teoría contundente, especialmente en el complejo, mutable e incierto universo científico y filosófico.

    A la luz de los más recientes avances de las ciencias físicas y matemáticas, después de la relatividad einsteniana y de la eclosión de las ciencias sociales, el concepto mismo de verdad ha sido desterrado de las reflexiones que pretenden seriedad. Nos acomodamos con gran solvencia a las versiones de la realidad, pero estas versiones, ¿qué tanta verdad poseen? Si existen múltiples maneras de experimentar la humanidad y, por ende, múltiples versiones de las cosas, ¿cómo podemos preferir unas sobre otras? ¿El mundo puede ser según la medida de quien lo percibe? Según los sofistas griegos, la verdad no existe y en caso de existir, no es posible alcanzarla. Entonces ¿qué? ¿En la opinión está la verdad? No, porque la opinión es particular, efímera, imperfecta y contingente. Y de las pretendidas versiones universales, ¿qué? No. Son meras alucinaciones emanadas de la ansiedad por el poder. ¿Qué tanto sentido tiene entonces hablar de verdad? Los viejos paradigmas, los dogmas o las verdades incuestionables tambalean o pierden su fundamento para reconocer otras realidades que son aceptadas hasta que otras las contradigan…

    En este mundo tan cambiante, nada permanece estático o inmodificable; todo fluye, todo tiene una dinámica, todo se transforma, todo cambia. Hasta las definiciones se modifican. Tiempos atrás varias palabras se definían distinto a como se definen actualmente. Veamos un ejemplo. Al finalizar el siglo XIX al átomo se le definía como un "elemento material primario e hipotético de la composición de los cuerpos, que se considera como indivisible e indefinidamente pequeño". Actualmente, átomo es "la partícula de cuerpo simple más pequeña capaz de entrar en las reacciones químicas. Está formado por un núcleo masivo, compuesto de protones y neutrones y circundado de electrones repartidos en diferentes órbitas". La primera definición es incompleta e imprecisa. La segunda, más amplia y precisa. ¿Por qué? Los científicos modernos, comenzando por los renacentistas, retomaron la concepción de Demócrito, quien afirmaba, desde la antigua Grecia, que el átomo era el elemento que constituía todos los cuerpos. Todo lo que existe está formado por átomos. Según su teoría atómica de la materia, todas las cosas están compuestas de partículas diminutas, invisibles e indestructibles de materia pura (en griego atoma, indivisible), que se mueven por la eternidad en un infinito espacio vacío (en griego kenon, el vacío). Aunque los átomos estén hechos de la misma materia, difieren en forma, medida, peso, secuencia y posición. Las diferencias cualitativas en lo que los sentidos perciben y el origen, el deterioro y la desaparición de las cosas son el resultado no de las características inherentes a los átomos, sino de las disposiciones cuantitativas de los mismos. El estudio del mundo subatómico de la física cuántica revolucionó el concepto y la concepción del átomo.

    Demócrito y Leucipo (los atomistas) pensaban que los átomos eran indivisibles e indestructibles y se movían en todas direcciones dentro de un espacio vacío. Los grandes materialistas griegos insistieron en que todos los sucesos materiales pueden explicarse por el movimiento estrictamente regulado de los átomos, sin admitir como una causa independiente la voluntad de ninguna criatura viva. "Hay que admitir la genialidad de los atomistas en su avance hacia la noción de inercia, hacia las de causa universal y efecto y hacia las teorías atómicas y cinéticas de la química moderna. Se puede suponer, o podemos creer, que si el pensamiento griego hubiese seguido lo que decían los atomistas la ciencia hubiera avanzado más rápidamente", precisa la Enciclopedia Superior del Círculo de Lectores.

    ¡Ah! Pero el primero en hablar del átomo no fue Demócrito ni Leucipo, sino Anaxágoras. Sí, este filósofo griego sostuvo que toda la materia había existido en su forma primitiva como átomos o moléculas; que estos átomos, numerosos hasta el infinito e infinitesimalmente pequeños, habían existido desde la eternidad; y que el orden que surgió al principio de este infinito caos de átomos diminutos era efecto de la actuación de una inteligencia eterna (nous). También consideraba que todos los cuerpos son simples agregaciones de átomos; así, una barra de oro, acero o cobre se compone de inconcebibles partículas diminutas del mismo material. Su doctrina del nous fue adoptada por Aristóteles, y su interpretación sobre los átomos preparó el camino para la teoría atómica de Demócrito. ¿Por qué será que muchos inventos o descubrimientos se les atribuyen a otros? Dos ejemplos, por ahora: la imprenta y el teléfono. Se dice y se alardea que la imprenta fue inventada por el alemán Johann Gutenberg (1400-1468), pero según varios historiadores los chinos la habían inventado unos tres mil años antes de Cristo. La enciclopedia Microsoft Encarta precisa que la imprenta es de origen chino. En el ocaso del Medioevo tuvo gran impacto su uso en Europa, pero su origen es chino. ¿Esto suena como eurocentrismo? Se decía que el teléfono lo inventó Alexander Graham Bell, pero resulta que al finalizar el siglo XX en los Estados Unidos dijeron que había sido el italiano Antonio Meucci. ¿A quién creerle? ¿Dónde está la verdad? Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son.

    ¿Y qué me dicen de las verdades "eternas" e inmutables? Hasta antes de Copérnico, la tierra era el centro del universo; después de éste, el centro del universo es el sol, pero ahora el sol es sólo el centro del sistema solar. ¿Entonces cuál es el centro del universo? Después de Newton la gravedad era una fuerza de atracción universal de los cuerpos en función de su masa, pero luego de la formidable revolución científica de Einstein, la gravedad pasó a ser una propiedad del espacio-tiempo. Antes de éste, la más cercana entre dos puntos era la línea recto, pero a partir del él la línea curva es la más cercana entre dos puntos. Las tradicionales tres dimensiones del espacio (largo, ancho y alto) se modificaron con las teorías einstenianas al introducir el tiempo como la cuarta dimensión, naciendo entonces el concepto de espacio-tiempo como un continuo… Y así otras "verdades" que se han alterado y que se alterarán en el transcurso del tiempo.

    Hasta el siglo XIX se tenía en cuenta el paradigma aristotélico que negaba la existencia del átomo. Aristóteles, al rechazar esta idea, "enterró" el átomo, el cual vino a ser "resucitado" a partir del siglo XVI. Recordemos que parte de la doctrina aristotélica fundamentó el cristianismo, y los dogmas de la iglesia católica no permitían el desarrollo de la ciencia, máxime cuando la doctrina de Demócrito invitaba al Materialismo. En parte, contradecir a Aristóteles, era contradecir a la Iglesia. "Los puntos de vista menos valiosos de Aristóteles son los que ejercieron más influencia en su propia época y en toda la Edad Media", agrega la misma enciclopedia.

    El desprecio por los atomistas favoreció el estancamiento de la física y la química en el sentido moderno. Sin embargo, los problemas surgidos con la astronomía postmedieval, la mecánica de Galileo y Newton se fundamentan en la idea de los atomistas, según la cual los átomos una vez en movimiento continúan moviéndose uniformemente y sin necesidad de motor, a menos que choquen con otros átomos. Los aristotélicos defendían la idea de que nada se mueve sin un motor que lo induzca a ello, pero a este planteamiento se le cuestionaba con el siguiente interrogante: "¿Por qué sigue moviéndose una flecha cuando deja de estar en contacto con el arco que la impulsa? La respuesta de los aristotélicos, insostenible para Galileo, Newton y los físicos de nuestro tiempo, era que el aire que la impulsaba llenaba el hueco de la cuerda y seguía moviendo la flecha. Con esta respuesta la pregunta no quedaba totalmente contestada para estos científicos, ya que la ley de inercia (Galileo) y ley de gravedad (Newton) sostienen que todo cuerpo permanece en estado de reposo o de movimiento rectilíneo si no actúa sobre él alguna fuerza. Aristóteles defendía la fuerza como la causa del movimiento y Newton como la causa de los cambios de movimiento. Newton afirmaba que en ausencia de una resistencia no se necesitaba un motor para mantener un movimiento rectilíneo. El pensamiento aristotélico, que influyó de manera tan impresionante, profunda y contundente en la cotidianidad medieval, empezó a ser duramente criticado, cuestionado, rebatido y superado por la ciencia surgida a partir del Renacimiento. Galileo, por ejemplo, realizó un demoledor ataque a todos los puntos vulnerables de la ciencia aristotélica y difundió explícitamente la teoría copernicana. Y eso que la Iglesia combatió drásticamente las afirmaciones de Galileo. Donde sus ideas hubiesen tenido más acogida y libertad, el ataque a la concepción aristotélica hubiera sido más impresionante y conmovedor.

    El científico británico John Dalton (1766-1844), a principios del siglo XIX, estudió científicamente el átomo y la forma en que los diversos elementos se combinan entre sí para formar compuestos químicos. Mostró que los átomos se unían entre sí en proporciones definidas. Las investigaciones demostraron que los átomos suelen formar grupos llamados moléculas. Todos los átomos de un determinado elemento tienen las mismas propiedades químicas. En el siglo XX, científicos como Albert Einstein, Neils Bohr y Ernest Rutherford, entre otros, como los teóricos de la Mecánica Cuántica, continuaron con el estudio del mundo atómico y subatómico.

    Además de Einsten, la importancia de estos dos últimos científicos es demasiada como para no tenernos en cuenta en este escrito. Las ideas de Bohr desempeñaron un papel muy importante para el desarrollo de un enfoque estadístico en la física moderna. Las relaciones de causa y efecto de la mecánica newtoniana, totalmente deterministas, fueron sustituidas por predicciones de sucesos futuros basadas sólo en probabilidades estadísticas. Las propiedades ondulatorias de la materia implican que, de acuerdo con el Principio de Incertidumbre, el movimiento de las partículas nunca puede predecirse con una certeza absoluta, incluso aunque se conozcan por completo las fuerzas. Aunque este aspecto estadístico no es detectable en los movimientos macroscópicos, es dominante a escala molecular, atómica y subatómica.



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    Con respecto a Rutherford, el filósofo y matemático Bertrand Russell precisa que "antes de Rutherford no había ninguna teoría plausible de la estructura de los átomos o de las propiedades físicas que permitieran ordenarlos en una serie". Rutherford dio razones experimentales para considerar el átomo como compuesto de un núcleo de carga positiva rodeado por cuerpos mucho más livianos llamados "electrones", de carga negativa, que giran, como planetas, en órbitas alrededor del núcleo.

    Con la astronomía posmedieval el hombre revisó la idea que tenía sobre sí mismo y sobre el lugar que ocupaba en el universo. Se asombró y quedó perplejo ante los nuevos descubrimientos. "Los hombres se sentían incómodos ante la idea de que en vez de vivir en el centro del universo cuya belleza sólo estaba allí para gusto y complacencia del hombre, era un minúsculo punto dentro de un pequeño planeta en un gran universo que posiblemente era ilimitado", anota la enciclopedia citada. La geometría celeste influyó negativa y depresivamente en el pensamiento humano, porque le dio al hombre una sensación de aislamiento y abandono al reducir su sentimiento de importancia en el cosmos. "Pero la mecánica mostraba cómo a pesar de su insignificancia y pequeñez los hombres podían aprender a predecir el comportamiento del cosmos, tan extraño y tan complejo para ellos", agrega ese texto. Con los nuevos descubrimientos y con el conocimiento de la naturaleza, el hombre se percató que podía dominarla y prever los peligros y desastres, preparándose para defenderse y hacer algo para impedirlos. La revolución científica tachó como incorrectas todas aquellas teorías griegas que habían vuelto a surgir en el medioevo, y permitió la vuelta al espíritu griego de la libre investigación.

    A partir de la revolución "copernicana" y del estudio científico del átomo, los hombres de la época se dieron cuenta que el mundo ya no era fijo, inmóvil e idéntico a sí mismo, como lo quería el viejo escolastismo medieval. "Todo lo contrario, tal como lo concibió en su momento Heráclito y en general el pensamiento presocrático, la realidad es móvil, transformativa y en permanente movimiento. Las contradicciones ya no son, desde este punto de vista, otros tantos escollos por superar y suprimir, sino el centro mismo de la realidad y el material de todo conocimiento genuino de las cosas. Frente al saber abstracto, que se sostiene sobre la identidad y la quietud, se abre paso un saber nuevo, dialéctico, que a partir del flujo y la contradicción constituye conocimiento y práctica activa del mundo. El principio de identidad deja de ser absoluto y la máxima que afirma que es imposible para algo ser y no ser al mismo tiempo, deja un espacio libre en donde la contradicción impera y constituye. Se puede ser y no ser al mismo tiempo y a partir de las tremendas implicaciones de ese contrasentido, se construye la ciencia verdadera", precisa Rafael Méndez comentando el Manifiesto Comunista de Karl Marx.

    El origen de la vida

    Sobre el origen de la vida, a pesar de todas las respuestas que se han dado, son muchas las dudas aún por resolver: ¿Se engendró en el mar? ¿Procede del cosmos? ¿Cómo y en qué momento la materia inerte cobró vida? Los científicos no se ponen de acuerdo en cómo, cuándo y dónde situar el escenario en el que surgió la vida. "Numerosas religiones y algunas filosofías eluden la cuestión dando por supuesto que la vida, presentada por algún tipo de divinidad o ser inmortal, ha existido siempre, durante toda la eternidad. La alternativa hay que buscarla en la ciencia, que procura respuestas naturales con preferencia sobre las sobrenaturales, y que nos ofrece otra posibilidad", manifiesta el químico norteamericano Robert Shapiro. Los ambientes en los que pudo gestarse el primer ser viviente son casi tantos como el número de grupos científicos que investigan en este apasionante campo. Cada investigador tiende a rechazar la teoría de un colega y a ensalzar la suya. Pero ¿dónde se formó la vida? Los defensores de la panspermia aseguran que la semilla de la vida llegó del cosmos pegada al polvo interestelar o a partículas de hielo sucio de un cometa. Otros expertos aseguran que surgió entre capas de arcilla catalítica, sobre una superficie de minerales de pirita, bajo los hielos de los polos, en una laguna, en el charco o, como sostiene el científico estadounidense James Pasting, en el fondo del océano, al abrigo de los impactos de los bólidos celestes. ¿A quién creerle? Y sobre el combustible de la vida, ¿qué? ¡Sólo discrepancias! Entre las fuentes de energía que pudieron abastecer de combustible a los primeros ensayos de vida se barajan el calor de los volcanes, las descargas eléctricas de los rayos, la alternancia de temperaturas entre el día y la noche, y la radiación ultravioleta procedente del sol. Como se puede apreciar, sobre el origen de la vida hasta el momento no se ha encontrado la verdad. ¿Se encontrará algún día? Eso esperamos.

    El origen del hombre

    Con respecto al origen del hombre, antes del siglo XIX muchos pensaban que éste era obra de Dios. Pero llegó el científico y naturalista inglés Charles Darwin (1809-1882) con su teoría de la evolución de las especies y alteró el panorama y sacudió con gran ímpetu la teoría de la creación. En su obra Sobre el origen de las especies en términos de selección natural planteó su teoría evolucionista. "En ella sostuvo que, gradualmente, los seres vivos van modificándose y almacenando los cambios que resultan favorables. Así, los individuos más aptos son aquellos que sobreviven y transmiten la herencia a las nuevas generaciones. Ésta es la hipótesis llamada de selección natural: las especies que se adaptan sobreviven, las que no lo hacen perecen" (Enciclopedia estudiantil de historia universal). Según la teoría del darwinismo social, únicamente los miembros más aptos de la sociedad, los más preparados para la comptencia, podrían alcanzar el éxito y el progreso. El darwinismo causó gran impacto y conmoción en los círculos religiosos y científicos de lña época, debido a que contradecía dogmas y supuestos entonces vigentes.

    Ah, pero Darwin no fue el primero de proponer la evolución como origen del hombre, porque "la idea general de evolución es muy antigua; se la encuentra ya en el filósofo Anaximandro (siglo VI a. C), quien sostenía que los hombres descendían de los peces. Pero Aristóteles y la iglesia desterraron estas teorías hasta el siglo XVIII", precisa Russell.

    Hasta antes del Renacimiento se tenía una idea muy sesuda e intransigente sobre la situación que el hombre ocupaba en la Naturaleza. Los simios no planteaban ningún problema: se valoraba demasiado al hombre y se conocía demasiado poco a los ; nada tenían que ver el uno con los otros. Los irracionales eran seres de segunda categoría, a pesar de que algunos monos parecieran verdaderas criaturas humanas. Pero el progresivo desarrollo de las Ciencias Naturales hizo que la idea clásica del hombre ser superior empezara a tambalearse.

    En el siglo XIX los científicos prescindieron de la idea de un Dios creador. Ya antes un hecho de importancia capital en de la historia (la Revolución Francesa) expulsó de sus tronos a la monarquía terrenal y a la celeste. Así, cuando quedó vacante la posición de Dios en el edificio teórico de la historia del mundo, entra en escena la Naturaleza. La teología y la Ciencia se separaron. La Naturaleza era quien había engendrado a los seres, y eran las propias especies las que por sí mismas se fueron transformando. Se trataba, además, de una transformación siempre ascendente. Los seres descendían unos de otros como auténticos productos de la Naturaleza. Pero ¿fue la voluntad de Dios quien provocó la transformación de las especies y el desarrollo de seres superiores a partir de una sucesión evolutiva? "No hay ninguna duda", dijeron los filósofos Hegel y Schelling. El biólogo francés Jean Baptiste Lamarck sostenía que la Naturaleza (la voluntad de vida) era la única responsable del desarrollo de las especies.

    Darwin propició un estruendoso "porrazo" a la concepción divina como creadora del hombre, cuando, en 1869, dotó al evolucionismo de un horizonte científico más amplio: la ley de la selección natural era la responsable de la transformación de las especies. Primicia: ¡¡¡El hombre no descendía de Adán y Eva, sino del mono!!! Impactante semejante aseveración porque desmentía a la Biblia. El mundo judeo-cristiano se sacudió impresionantemente. Ningún Dios, ninguna voluntad orgánica en los seres vivos, sino un principio mecánico, una casualidad ciega. El hombre era producto de la selección natural.

    Darwin y sus teorías llegaron en la época en la que se estaba transformando radicalmente la concepción del mundo y los dogmas religiosos se devaluaban. Fue tan poderoso el impacto darwinista que el filósofo Federico Engels (contemporáneo de Darwin) sostuvo que, gracias a Darwin, la teología se había tambaleado tanto, que le había llegado el momento final. Desde entonces la filiación simia se convirtió en el argumento contra la existencia de Dios. Ante el dilema ¿Moisés o Darwin?, la generación ilustrada de la era industrial respondía en coro: "¡¡¡Darwin!!!" Según el científico inglés, "los hombres somos también resultado de un largo proceso de selección natural que, a lo largo de innumerables transformaciones y accidentes, condujo a la vida, desde sus formas genésicas más primarias, a la racionalidad y espiritualidad propiamente humanas. Tal aseveración provocó variadas reacciones entre creyentes, sacerdotes, científicos y público en general", precisa Rafael Méndez comentando la obra de Darwin.

    A pesar de la revelación darwiniana aún quedan muchas preguntas por resolver. "Ningún científico que se precie aseguraría que ya se han despejado las incógnitas sobre el proceso evolutivo del hombre", advierte un artículo anónimo publicado en la revista Muy Interesante, en la última década del siglo XX. El autor se pregunta: ¿Desciende el hombre del mono porque, en un principio, una especie determinada fue capaz de dar el salto hasta convertirse en el brote de un ser racional completamente distinto? ¿O es quizás el mono quien desciende del hombre porque este ser, que anda erguido y piensa, ha ido abundando durante sus treinta millones de años de historia las ramificaciones genealógicas laterales, adaptándose a la vida en los árboles y la selva, sacrificando su capacidad intelectual hasta llegar a convertirse en simio? "Esta hipótesis podría explicarnos por qué los monos jóvenes se parecen al hombre más que los simios adultos", precisa. La publicación aclara que sólo "cuando seamos capaces de conocer, a ciencia cierta, por qué existe la evolución y cómo se desarrollan sus leyes, podremos contestar al gran interrogante sobre nuestro origen remoto".

    En el tiempo de Darwin se registraron diversas polémicas en muchos aspectos. Hoy el debate acerca del origen de la humanidad sigue abierto. En esta ocasión no está protagonizado por la Iglesia, sino por la paleontología y la antropología molecular. Mientras que los paleontólogos "buscan nuestras raíces en los huesos, dientes y otras evidencias que se han conservado en las rocas, los antropólogos moleculares se apoyan en pruebas internas de las células vivas", precisa en un ensayo Enrique M. Coperías. Pero hasta el momento no hay nada definitivo. Seguimos esperando respuesta a la pregunta por el origen del hombre.

    El estudio del cosmos

    En cuanto a la amplia y compleja problemática sobre el estudio del cosmos, en la antigüedad muchos pueblos creían que la naturaleza se encontraba bajo el control de unos dioses caprichosos que ejercían un poder arbitrario. Otras civilizaciones consideraron el universo como algo fundamentalmente irracional, puesto que no se le puede aplicar ningún principio de ordenación básica. En la tradición occidental, nuestras actuales ciencias hunden sus raíces en la Europa medieval y han surgido bajo la influencia de los filósofos griegos y de la teología judeocristiana.

    Los griegos, profundamente convencidos de la fuerza del razonamiento sistemático, creían que al hombre le es posible descubrir la esencia del cosmos mediante el pensamiento lógico. Algunos, entre ellos el filósofo Pitágoras, pensaban que el universo era matemático por naturaleza y que sólo se necesitaría desarrollar y perfeccionar las matemáticas para poder explicar todos sus secretos. "En el fondo, los números y las formas geométricas eran para los griegos los eslabones de unión con la lógica fundamental del universo", aclara Davies. El filósofo Anaximandro postulaba una teoría del origen del Universo que defendía que éste era el resultado de la separación de opuestos desde la materia primaria. Así, el calor se movió hacia fuera, separándose de lo frío y, después, lo hizo lo seco de lo húmedo. Además, sostenía que todas las cosas vuelven con el tiempo al elemento que las originó.

    La religión judía aportó la idea de un Dios trascendente que creó el mundo y le impuso sus leyes. Desde esta perspectiva, la evolución del universo es comprensible: comienza con la creación y se desarrolla hasta alcanzar un estado definitivo. De modo que los acontecimientos y procesos ocurridos en la naturaleza aparecen como parte del plan divino. "Esta imagen de Dios como legislador todopoderoso fue transmitida también a la doctrina cristiana e imperó en la cultura europea medieval, mientras se arrumbaba la filosofía clásica. En el siglo XIII, sin embargo, Europa redescubrió las obras de Platón y Aristóteles. La mezcla de las dos concepciones del universo (filosófica y religiosa) puso los caminos del pensamiento occidental", precisa Davies.

    Santo Tomás de Aquino, padre de la doctrina de la Iglesia Católica, aplicó al estudio de la teología las reglas de la geometría griega, con sus axiomas o principios no demostrables, pero reconocidos como ciertos, y teoremas o tesis demostrables. El pensamiento tomista, profundamente influenciado por algunos planteamientos aristotélicos, imaginaba a Dios como algo perfecto y racional: consciente. Dios habría creado el universo como prueba de su inteligencia superior. Dios existe fuera del tiempo, está por encima de nuestra realidad. Sus leyes son verdades eternas. El planteamiento tomista determinó el pensamiento cristiano durante muchos siglos y, por lo tanto, también el pensamiento occidental. "Todavía cuando Newton y sus contemporáneos del siglo XVIII crearon los fundamentos de la física, estaban convencidos de que con sus descubrimientos seguían las huellas de Dios y de sus obras. Creían firmemente que el orden racional descubierto en la naturaleza tenía su origen en la divinidad… Tal concepción perduró en generaciones científicas posteriores, que perpetuaron la creencia de que las leyes de la naturaleza eran eternas", aclara Davies. La creencia de Newton en la inspiración divina ha sido definitivamente abandonada, pero no se ha explicado el auténtico origen de las leyes naturales.

    Según las cosmologías primitivas y la tradición judeo-cristiana-musulmana, el universo comenzó en cierto tiempo pasado finito, no muy distante. Aristóteles y los griegos, que no eran partidarios de la idea de la creación, pensaban que la raza humana y el mundo habían existido, y existirían por siempre. San Agustín, con fundamento en el Génesis bíblico, consideraba que el universo fue creado 5.000 años antes de Cristo. Antes de Kepler y Newton, la humanidad creía como cosa segura que era el propio Dios el que guiaba las estrellas y los planetas. Eso se acabó definitivamente con la revolución newtoniana. En el cielo no existe ninguna voluntad superior que ordene los sucesos, sino que todo se desarrolla rígidamente, con la precisión de un mecanismo de relojería, de modo que puede registrarse con medios matemáticos. El hombre recogió esta novedad con curiosidad; el mismo hombre que muy poco después desató también, espiritual y políticamente, de los lazos heredados, al adoptar las ideas de la Ilustración y de la Revolución Francesa. En adelante estaba claro que la propia persona era una especie de máquina, y se sentía la nueva visión de cuidar de que esta máquina funcionase lo mejor posible.

    Antes del siglo XX nadie se preguntó si el universo se estuviera contrayendo o expandiendo. "Era generalmente aceptado que el universo, o bien había existido por siempre en un estado inmóvil, o bien había sido creado, más o menos como lo observamos hoy, en un determinado tiempo pasado finito. En parte, esto puede deberse a la tendencia que tenemos las personas a creer en verdades eternas, tanto como al consuelo que nos proporciona la creencia de que, aunque podamos envejecer y morir, el universo permanece eterno e inmóvil", aclara Stephen W. Hawking. En el siglo XX aparecieron ideas absolutamente nuevas sobre el universo. Desde entonces, incluso resulta difícil imaginarse que Dios pueda existir en algún lugar exterior. Fuera del universo posiblemente no existe nada.

    Cuando una gran mayoría aceptaba como verdad irrefutable que el universo era estático e inmóvil, que ha existido desde siempre, el científico norteamericano Edwin Huble descubrió, en 1929, que el universo se está expandiendo; sugiriendo que éste se inició con el Big Bang (Gran Explosión o Explosión Primordial), que el universo tiene un principio.

    En 1948 el físico ruso nacionalizado estadounidense George Gamow planteó que el universo se creó en una explosión gigantesca y que los diversos elementos que hoy se observan se produjeron durante los primeros minutos después de la Gran Explosión o Big Bang, cuando la temperatura extremadamente alta y la densidad del universo fusionaron partículas subatómicas en los elementos químicos. Así sabemos que nuestro universo nació de una explosión gigantesca a partir de un punto superdenso que fue el origen de todo lo que conocemos: energía, partículas, fuerzas, espacio y tiempo. Según esta teoría (la más aceptada, pero refutada por algunos sectores religiosos y científicos), el universo nació de un estado de la materia muy caliente y muy denso hace entre 8.000 y 25.000 millones de años. Se sabe desde entonces que las galaxias se expanden por el cosmos de un modo no aleatorio, sino sujeto a ciertas normas que imponen que en algunos lugares se acumulan muchas de ellas, mientras otras están inmensamente vacías. Pero ¿cuándo comenzó a correr el tiempo? Es preciso que a partir del momento del Big Bang o Gran Explosión. "Uno podría decir que el tiempo tiene su origen en el Big Bang, en el sentido de que los tiempos anteriores simplemente no estarían definidos", precisa Stephen W. Hawking. Antes del Big Bang, si nos atenemos a las teorías de Einstein, el tiempo debió estar detenido. Porque si la gravedad era infinita, el tiempo no podría transcurrir.

    Hasta ahora, los teóricos no han podido establecer si el universo continuará su expansión indefinidamente. El problema se centra en la masa que pudiera existir en el universo, dado que las estimaciones actuales no concuerdan con otras predicciones de la teoría del Big Bang. De acuerdo con estas estimaciones, la gravitación es insuficiente para detener la expansión. Sin embargo, ciertos científicos apoyan el concepto de un universo oscilante, que requiere más masa que la que sostienen las estimaciones actuales. Éstos sugieren que la masa desaparecida está en los espacios intergalácticos o en los agujeros negros. Otra teoría sostiene que las partículas subatómicas llamadas neutrinos, presuntamente sin masa, sí tienen masa. El universo está inundado de neutrinos, de forma que su masa total sumada podría bastar para mantener el proceso de expansión y contracción del universo indefinidamente.

    El físico ruso Andrei Linde sostiene que, a pesar de que la teoría del Big Bang tiene vigencia absoluta, no es la primera ni será la última, porque el cosmos es infinito y se autorreproduce constantemente. Precisa que no se puede saber qué hubo antes de este evento. Ha llegado a la conclusión que el universo es un todo infinito que se autorreproduce frecuentemente en forma de miniuniversos que nacen y vuelven a destruirse en algún momento. Uno de estos minicosmos es el universo en que vivimos. Continuamente surgen nuevos mundos espaciales, tan distintos entre sí que no sólo obedecen a otras leyes físicas, sino que también tienen diferentes dimensiones. "Esta no fue la única ni la primera o la última gran explosión, sino que todo el universo sigue reproduciéndose constantemente e infinitamente a través de muchas explosiones", sostiene el científico. En el universo que imagina este físico, hay infinitos universos con propiedades físicas distintas entre sí: otros campos, otras fuerzas, otras partículas. Ante la pregunta de si existirá alguna forma de vida en otros mundos espaciales con otras dimensiones, responde que si tenemos en cuenta que la burbuja en la que se asienta nuestro universo no es más que una parte de la totalidad del cosmos global y que éste, a su vez, se compone de incontables burbujas como éstas, que producen sin cesar otras nuevas, podemos hacernos una idea de lo pequeños e insignificantes que somos.

    Actualmente es importante tener en cuenta la astrofísica y la cosmología moderna, dos importantes herramientas del conocimiento que deberá explorar quien quiera encontrar respuestas a las preguntas sobre el origen, evolución y destino del universo.

    La astrofísica, rama de la astronomía, nos ayuda a la comprensión del nacimiento, evolución y destino final de los objetos y sistemas celestes, con base en las leyes físicas que los rigen. En cada objeto o sistema estudiado los astrofísicos observan las radiaciones electromagnéticas emitidas en todo el espectro y las variaciones de estas emisiones a través del tiempo. Esta información se interpreta después con ayuda de modelos teóricos. Se trata de explicar con cada uno de estos modelos los mecanismos por los que se genera la radiación dentro o cerca de cada objeto, y cómo esa radiación es emitida después por el objeto. Las medidas de radiación se utilizan para valorar la distribución y condiciones de la energía de los átomos, así como los distintos tipos de átomos que componen el objeto. La temperatura y presión del objeto se pueden calcular, a continuación, utilizando las leyes de la termodinámica.

    La cosmología moderna busca la comprensión de la estructura del universo. La filosofía, antes del siglo XXIII, ofrecía algunas respuestas a las preguntas que se formulan en este complejo campo del conocimiento, pero las nuevas concepciones científicas han dejado muchas teorías y preguntas sin fundamento.

    Las modernas concepciones cosmológicas se basan en el descubrimiento, hecho por el astrónomo estadounidense Edwin Hubble, de que todas las galaxias se alejan unas de otras a velocidades proporcionales a sus distancias. En 1922, el astrónomo ruso Alexandr Friedmann señaló que el universo tiene, por término medio, la misma densidad de materia en todas partes. Utilizando la Teoría de la Relatividad General Einstein, para calcular los efectos gravitacionales, mostró que un sistema de estas características tuvo que originarse en una singularidad de densidad ilimitada (el Big Bang o Gran Explosión) y que se expandió a partir de ese estado en la forma exacta en que después lo observó Hubble. Muchos astrónomos interpretan hoy sus datos desde el punto de vista del modelo del Big Bang, que a principios de la década de 1980 se perfeccionó aún más con la llamada teoría inflacionaria, intento de explicar las condiciones que llevaron al Big Bang. El descubrimiento en 1965 de la radiación de fondo de microondas, un débil resplandor de microondas, casi idénticas, en todas las direcciones, respondió a la predicción del modelo del Big Bang según la cual la radiación creada en el mismo Big Bang seguiría presente en el universo.

    Las diversas respuestas sobre el origen el universo nos dejan más desconcertados de lo que estábamos antes de conocerlas. Afirmar que Dios lo creó de la nada es tan confuso como decir que no sabemos quién lo hizo, ni sabemos cómo pudo hacerlo. Pero si esta respuesta, dada por cierto por muchas generaciones durante tanto tiempo, no convence, tampoco lo hacen las teorías científicas. El Big Bag sostiene que se expande a partir de una explosión inicial, una singularidad irrepetible que no se dio en un punto del espacio y un momento del tiempo sino a partir de la cual comenzó a abrirse el espacio y correr el tiempo. Pero la materia que explotó ¿de dónde salió?, ¿siempre estuvo ahí?, ¿cuándo explotó? Y ¿por qué no antes o después? Si esto no nos satisface, entonces ¿debemos volver a los mitos o es mejor no hacernos semejante pregunta para evitar más confusiones? La esquiva verdad cada vez más esquiva. Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son.

    La mecánica del universo

    La mecánica del universo nos ofrece diversos puntos de vista, muchos de ellos superados en el transcurso de la historia conocida. El filósofo griego Anaximandro concebía el Universo como un número de cilindros concéntricos, de los cuales el más exterior es el Sol, el del medio la Luna y el más interno contiene las estrellas. Dentro de estos cilindros está la Tierra, sin base firme y en forma de bombo.

    Según el modelo de Aristóteles, la tierra es una esfera redonda y no una plataforma plana; es estacionaria, y el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas se mueven en órbitas circulares alrededor de ella, porque ésta es el centro del universo.

    El filósofo y científico egipcio Ptolomeo, con fundamento en la idea de Anaximandro, amplió el planteamiento aristotélico, afirmando que la Tierra estaba en el centro, rodeada por ocho esferas que transportaban a la Luna, el Sol, las estrellas y los planetas (conocidos en esa época) Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. El modelo ptolomeico fue adoptado por la Iglesia Católica como la imagen del universo que estaba de acuerdo con la Biblia, agregando que fuera de la esfera de las estrellas estaba el espacio ocupado por el cielo y el infierno. Este modelo permaneció vigente en la tradición occidental por más de 1.800 años, y sobre éste se desarrolló gran parte de la cotidianidad, que condicionó la manera de pensar, de sentir y de actuar, y la forma de percibir, interpretar y sistematizar la realidad.

    La concepción aristotélica-ptolomeica quedó sin vigencia a partir de los planteamientos de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton. Nicolás Copérnico, astrónomo polaco (1473-1543), sostuvo que el Sol era estacionario en el centro y que la tierra y los planetas se movían en órbitas circulares a su alrededor. El modelo copernicano se despojó de las esferas celestes de Ptolomeo y, con ellas, de la idea de que el universo tiene una frontera natural. La idea de una cómoda tierra fija y central rodeada de luz y estrellas perdió toda credibilidad gracias a las teorías copernicanas del movimiento de nuestro planeta. Johannes Kepler, astrónomo alemán (1571-1630), descubrió que los planetas no se mueven en círculo, sino en elipse (círculo alargado). Galileo Galilei, científico italiano (1564-1642), precisó que Júpiter estaba acompañado por satélites o lunas que giran a su alrededor, concluyendo que los planetas no giran directamente alrededor de la tierra.

    En tanto que Aristóteles sostenía que la Tierra estaba en reposo, Newton afirmaba que no existía un único estándar de reposo. "Newton creía que, además de la materia, existían el espacio y el tiempo absolutos. Es decir, que existe una multiplicidad tridimensional de puntos y una multiplicidad unidimensional de instantes, así como una relación de tres términos que involucran la materia, el espacio y el tiempo, o sea, la relación de ocupar un punto en un instante. En esta concepción, Newton coincidía con Demócrito y los otros atomistas de la antigüedad, que creían en los átomos y el vacío", precisa Russell.

    Aristóteles y Newton creían en el tiempo absoluto. Antes de Newton se tenía la idea de una posición absoluta en el universo. Einstein planteó que no existía un tiempo absoluto, porque cada observador debe tener su propia medida del tiempo, que es la que registraría un reloj que se mueve junto con él, y relojes idénticos moviéndose con observadores diferentes no tendrían porqué coincidir. En su Teoría de la Relatividad no existe un tiempo absoluto, sino que cada individuo posee su propia medida personal del tiempo, medida que depende de dónde está y de cómo se mueve.

    Hasta que llegó Einstein se pensaba que había un punto de referencia único para dos observadores. El demostró que no existe tal punto en el planeta. En 1905 aclaró con su Teoría de la Relatividad Especial que cualquier observador que se mueva respecto a otro puede afirmar con todo derecho que está en reposo. "No existe ninguna ley física que pueda determinar quién está quieto y quién en movimiento", afirma. En otras palabras, los experimentos físicos realizados con cuerpos estáticos o en movimiento llevan siempre a los mismos resultados. Con esta teoría subvirtió las ideas fundamentales de la física clásica al mostrar que el espacio y el tiempo no eran dimensiones absolutas, independientes de los fenómenos, como pensaba Newton, sino dimensiones relativas que dependían del observador. Sin embargo, Einstein coincidía con éste al afirmar que todo efecto tiene una causa, en contra de Niels Bohr (1885-1962), físico danés, quién sostenía que hay efectos sin causa reconocible.

    La concepción de tiempo, espacio y naturaleza de la luz

    Las concepciones de tiempo, espacio y naturaleza de la luz han cambiado en los últimos años. Hasta comienzos del siglo XX se pensaba que el tiempo era absoluto. Cada suceso podría ser etiquetado con un número llamado "tiempo" de una forma única, y todos los buenos relojes estarían de acuerdo en el intervalo de tiempo transcurrido entre dos sucesos. "Sin embargo, el descubrimiento de que la velocidad de la luz resultaba ser la misma para todo observador, sin importar cómo se estuviese moviendo éste, condujo a la Teoría de la Relatividad de Einstein, y con ésta tenía que abandonarse la idea de que había un tiempo absoluto único. En lugar de ello, cada observador tendría su propia medida del tiempo, que sería la registrada por un reloj que él llevase consigo: relojes correspondientes a diferentes observadores no coincidirían necesariamente. De este modo, el tiempo se convirtió en un concepto más personal, relativo al observador que lo medía", precisa Stephem W. Haking.

    La concepción judeocristiana del tiempo lo presenta como una flecha que avanza desde el Paraíso al Juicio Final de modo irreversible. La visión clásica de tiempo es que, si dos acontecimientos ocurren simultáneamente respecto a un sistema de referencia, entonces también lo deben hacer dentro de otro sistema. En cambio, en términos de la Relatividad Restringida o Especial, dos acontecimientos que son simultáneos en un sistema de referencia, no necesariamente lo son en otro, que se mueva respecto al primero. "Los sucesos que son observados como simultáneos por un observador en movimiento, no lo son por un observador en reposo", sostiene Vélez Correa. Sin embargo, la secuencia de causa y efecto de los acontecimientos relacionados no quedará afectada. La luz desempeña un papel especial en la sincronización de relojes en diferentes sistemas de referencia, puesto que tiene la misma velocidad en todos ellos. Según la visión clásica, los observadores parten de la misma escala de tiempo, mientras que para la Teoría de la Relatividad Restringida cada observador inercial requiere una escala de tiempo particular. Esta teoría considera las magnitudes de tiempo y espacio como una unidad. Por eso, contraria a la visión newtoniana del espacio, el tiempo depende del sistema de referencia en el cual se mide.

    Según Alvaro Pineda Botero, en la modernidad, el tiempo es un horizonte neutro, matriz en la que suceden eventos, unidad de medida homogénea, soporte de la ciencia y de la historia; dentro de él se pueden hacer relaciones y comparaciones entre hechos del pasado, del presente y del futuro. De esta manera, cualquier evento supone la existencia de causas y consecuencias, lo que permite concebir proyectos. (El reto de la crítica).

    Con el desarrollo de la teoría de la relatividad se hace manifiesto que la cuestión del espacio y el tiempo, que antes era un problema filosófico y psicológico, tiene también un aspecto esencialmente físico. "En el lenguaje precientífico las nociones de tiempo y espacio se piensan como realidades autónomas y subsistentes por sí mismas. Por espacio se entiende la totalidad de las posiciones posibles en el orden de la colocación de unas cosas junto a otras; totalidad que es concebida como algo subsistente en sí mismo. El tiempo se concibe como algo fluyente, corriente y al mismo tiempo como algo distinto de todo proceso real de flujo. Después de las ideas de Kant acerca del tiempo y del espacio como formas apriorísticas de la intuición sensible, se impone otra concepción distinta a la precientífica y de algún modo más cercana a las nociones de la teoría de la relatividad. El concepto de espacio no indica ningún ser real, sino en lenguaje escolástico un ente de razón, es decir, una construcción conceptual simbólica que no es capaz de una realización directa e inmediata, pero que sirve para la descripción mediata e indirecta de relaciones reales entre las cosas", indica un texto de filosofía de enseñanza media.

    Según Kant, los conceptos de tiempo y espacio no son deducibles de la experiencia. Son formas a priori de la sensibilidad, no son conceptos o cualidades de las cosas. Son condiciones de nuestra intuición de las cosas. "No podemos percibir -continúa el texto- nada sino en el espacio y en el tiempo: todas las cosas que percibimos existen, pues, en ellos, aunque éstos sean puros elementos subjetivos del conocimiento sensible. Sobre el espacio se funda la geometría, la cual puede determinar las propiedades espaciales de todos los objetos posibles de la experiencia, precisamente porque no se funda sobre la consideración de algunos de estos objetos, sino sobre la forma universal subjetiva que los condiciona. El tiempo, por su parte, es la forma del sentido interno, de la sucesión, en la cual percibimos nuestros estados interiores, y por tanto a nosotros mismos y, a través de nuestros estados interiores, las cosas en el espacio". En Kant y en las ciencias modernas, tiempo y espacio deben ser concebidos como anclados en formas subjetivas de representación y no en forma objetivista.

    El Principio de Relatividad afirma que las leyes de la física son las mismas en todos los marcos de referencia y que en cualquier parte del universo descubriremos que actúan las mismas leyes de la naturaleza para todos los observadores, independientemente de donde estén o con qué velocidad se muevan: las leyes son fijas, los fenómenos relativos. Esto puede considerarse como una confirmación-ampliación de lo que pensaban Galileo y Newton. Pero la teoría de Einstein introduce un segundo principio que declara que existe una cuarta dimensión (el tiempo) equivalente a las tres dimensiones habituales del espacio y que hay que acostumbrarse a pensar los dos conceptos juntos. Nace así el concepto de espacio-tiempo como un continuo. El tiempo se extiende, linealmente, desde el pasado hasta el futuro convirtiéndose mediante el cálculo matemático en la cuarta dimensión de nuestro mundo. Ahora nos encontramos con un nuevo espacio y reina un orden perfecto. Los viajeros del espacio-tiempo dejan a su paso una línea, o estela, invisible que los físicos llaman línea universal. Esta línea la trazan todos los objetos, sean átomos, personas o estrellas, a su paso por el espacio y por el tiempo. Los accidentes que configuran la línea universal que deja una persona en el espacio-tiempo vienen determinados por su nacimiento y su muerte, los lugares en que sucedieron, así como las ciudades en que ha vivido y los pueblos o países que visitó. ¡En el maravilloso y desconocido viaje a través del universo de la relatividad pueden ocurrir las cosas más inverosímiles!

    Según Einstein, la gravedad no es una fuerza como las otras, sino que es una consecuencia de que el espacio-tiempo no sea plano, como previamente se había supuesto: el espacio-tiempo está curvado, o "determinado", por la distribución de masa y energía en él presente. Según él, la gravedad no es una fuerza, sino un fenómeno dependiente de la geometría espacial. Así como en el espacio tridimensional la más corta entre dos puntos es la línea recta, en el mundo de las cuatro dimensiones el camino más corto entre dos sucesos es la línea curva. El hecho de que el espacio-tiempo sea curvo significa que la luz ya no parece viajar en líneas rectas en el espacio. Así, la relatividad general predice que la luz debería ser desviada por los campos gravitatorios. También predica que le tiempo debería transcurrir más lentamente cerca de un cuerpo de gran masa como la tierra. Newton concibe la gravitación como una fuerza que actúa a entre los cuerpos, en tanto que Einstein considera a la gravitación como una curvatura provocada en el espacio-tiempo por la presencia de la masa.

    La Teoría de la Relatividad nos fuerza a cambiar nuestros conceptos de espacio y de tiempo, y a replantear y modificar muchos paradigmas. Debemos aceptar que el tiempo no está completamente separado e independiente del espacio, sino que, por el contrario, se combina con él para formar un objeto llamado espacio-tiempo. Einstein estableció que no es posible determinar por medios físicos el movimiento de ningún objeto; de ahí que tiempo y espacio son relativos. De acuerdo con esta teoría, nada puede viajar más rápido que la velocidad de la luz; su velocidad, de 300 mil kilómetros por segundo, es la misma para todos los observadores. "La velocidad de la luz es constante e independiente del cuerpo de donde sea emitida, sea que este cuerpo esté en movimiento o en reposo", aclara Vélez Correa.

    La velocidad de la luz es una constante universal: tiene el mismo valor independientemente del sistema de referencia elegido y de la velocidad que tenga un foco emisor. Esa velocidad no puede ser superada por ningún movimiento. La luz tiene, para todos los observadores, una velocidad uniforme. Alcanza la velocidad más alta conocida y ésta siempre es la misma. Si esto no fuera así, nuestro mundo no existiría tal como lo vemos.

    Las leyes que regulan cualquier fenómeno físico son las mismas en todos los sistemas de referencia que tengan los unos respecto a los otros un movimiento rectilíneo y uniforme. Si no existiera una velocidad máxima mensurable, cualquier fenómeno visual podría actuar con infinita rapidez. Como consecuencia, cualquier objeto que estuviéramos viendo desaparecería al instante o sería sustituido por otro.

    La velocidad es un valor absoluto y constante. Para que la luz siga siendo luz, debe tener la misma velocidad para todos los observadores. Su velocidad no se ha podido modificar. Debe ser la misma en cualquier sistema de referencia. No existe ninguna fuerza en el universo capaz de hacer que la luz sobrepase o disminuya esta velocidad. La luz tiene siempre la misma velocidad, independientemente de la situación del observador que la mire. El espacio y el tiempo son relativos y no absolutos. La velocidad de la luz es constante. Cuanto más se aproxima la velocidad de un objeto a la de la luz, su volumen disminuye, su masa aumenta y el tiempo es más lento. A la velocidad de la luz un objeto tendría un volumen cero, una masa infinita y el tiempo no existiría.

    Einstein, en la Teoría de la Relatividad Especial, afirma que por ningún medio mecánico o electromagnético se puede saber si un cuerpo se encuentra en movimiento uniforme rectilíneo o en reposo, pues la luz se comporta de la misma manera dentro de un cuerpo en reposo o en movimiento uniforme rectilíneo, ya que la velocidad de la luz es constante e independiente de que el cuerpo que la emita se encuentre o no en movimiento. En consecuencia, el espacio de un cuerpo que se mueva aparece para un observador en reposo acortado y el tiempo alargado.

    En términos de la Teoría de la Relatividad General, Einstein generaliza la relatividad a todo movimiento, afirmando que por ningún medio mecánico o electromagnético se puede determinar si un cuerpo, que se mueve con movimiento acelerado o rotatorio, está en movimiento o en reposo, pues todo fenómeno físico que ocurra dentro de ese cuerpo se comporta de la misma manera, ya sea que ese cuerpo esté en movimiento acelerado o rotatorio, o que ese cuerpo esté en reposo, pero sujeto a las fuerzas gravíficas del universo.

    No es que la Teoría de la Relatividad diga que nada puede viajar más aprisa que la velocidad de la luz; dice que nunca podremos conseguir que un objeto alcance la velocidad de la luz porque para ello se necesita una fuerza infinita para acelerar una masa infinita. Nada que hasta ahora se mueva más lento que la velocidad de la luz puede ser acelerado hasta esa velocidad (los protones viajan por definición a la velocidad de la luz). De todas formas, los científicos buscan partículas llamadas "taquiones" que se mueven a velocidades más rápidas que la luz y que no podrían ser desaceleradas. ¿Las encontrarán? Es posible. La ciencia también es incierta.

    Según la Teoría de la Relatividad, la velocidad de la luz es un caso especial y por eso las predicciones de la relatividad no encajan con nuestra experiencia cotidiana: no ocurre lo mismo con la velocidad de un haz de luz en un móvil vista por dos observadores en distintos planos que lo que ocurre con una pelota arrojada en otro móvil vista desde el suelo: la verificación experimental contradice la experiencia cotidiana.

    Las investigaciones einstenianas le permitieron demostrar que en el universo todo está interrelacionado: la luz con la velocidad, la velocidad con la aceleración, la aceleración con la gravedad, la gravedad con la materia, la materia con el espacio y el espacio con el tiempo. ¡Sencillamente impresionante su demostración! El orden de estas magnitudes se puede alterar a voluntad. Nada existe por sí solo; todo está en función de todo. ¡La existencia de todo es relativa!

    Como si semejante afirmación no fuera suficiente para dejarnos "lelos", demostró que la gravedad no puede ser una fuerza: entre el generador de cualquier energía y las demás piezas de una máquina, siempre ha de existir una conexión; sin ella no puede funcionar. La unión se ha de producir a través de una palanca, una rueda dentada, un cable, un cigüeñal… "Lo que llamamos gravedad es, en realidad, un espacio torcido", fue otra de sus contundentes y sorprendentes revelaciones. Debido a la curvatura del espacio, que aumenta a medida que nos acercamos a la tierra, se producen infinitas pendientes que, procedentes de todas las direcciones del universo, convergen en el centro de la tierra. Confirmadas las teorías de Einstein, sus seguidores coligen que la Tierra, Marte y los demás planetas no giran, en realidad, alrededor del Sol, sino que vuelan rectilíneos, en un espacio que está torcido en torno al sol. ¡Sencillamente revolucionaria esta conclusión! ¿Cuáles serán sus consecuencias?

    Según las teorías einstenianas, a altísimas velocidades y en las zonas de intensa gravedad se produce una dilatación del tiempo. Entonces, sin gravedad, los relojes funcionarían infinitamente de prisa. Años, siglos y milenios se fundirían en un abrir y cerrar de ojos. El ayer, el hoy y el mañana sólo pueden existir en torno a una masa. Sin la masa no habría gravedad. Y sin gravedad, no habría tiempo. ¡Así de sencillo! ¡Asombrosas estas revelaciones, indiscutiblemente!

    Einstein teorizó para responder qué era la gravedad. Empezó a dilucidar este interrogante con sus investigaciones con la luz. "Comprobó que nada es más rápido que la luz. Semejante comprobación le permitió hacer un nuevo descubrimiento: a velocidades que se aproximan a la luz, el tiempo transcurre más despacio. Un astronauta puede estar viajando por el espacio y regresar a la tierra con cuarenta años menos que su hermano gemelo. La misma ralentización del tiempo se produce en los lugares con gravedad muy intensa. (Ralentizar es sinónimo de lentificar, y lentificar es imprimir lentitud a alguna operación o proceso, disminuir su velocidad). Uno de estos lugares es, por ejemplo, el sol. Si pudiéramos colocar un despertador sobre el sol, comprobaríamos que allí andaba más despacio", precisa un escrito anónimo de la revista Muy Interesante en la última década del siglo XX.

    A pesar de los grandiosos descubrimientos de Einstein, la gravedad continúa siendo uno de los misterios más grandes de la naturaleza. Los físicos distinguen en la actualidad tres fuerzas principales: la electromagnética (la luz), la energía atómica (en el núcleo de los átomos) y la gravedad. "Con ayuda de las matemáticas se pueden relacionar fácilmente entre sí", predicen los expertos. Los seguidores del genio alemán han intentado encontrar las transformaciones de la gravedad. "El día que esto se consiga, se podrá expresar matemáticamente todo lo que ocurre en la naturaleza. Mientras tanto la gravedad seguirá rodeada de algunos misterios", precisan los científicos.

    El descubrimiento central de Einstein fue que la mecánica rígida de Newton no es cierta de ningún modo, a pesar de que los resultados de los experimentos coinciden con ella. Esta mecánica inflexible es sólo un caso especial, que tiene validez siempre que se trate de pequeñas distancias, pequeñas velocidades y pequeña aceleración. Esta doctrina dividió a la humanidad en dos campos: los unos no querían admitirla y decían que todo ello era pura fantasía, y en las tertulias podía escucharse entonces que todo es precisamente relativo. Mediante audaces razonamientos extrajo las conclusiones del descubrimiento de que la velocidad de la luz es siempre igual. Einstein fue el humilde demoledor de la física clásica y el fundador de la ciencia contemporánea. Después de él, ideas como espacio, tiempo, masa y energía ya nunca más serán las mismas. ¡No hay duda que su genialidad será difícil de superar!

    La naturaleza del tiempo (Artículo tomado de Internet)

    En tiempo en la Antigua Grecia

    En la historia de la filosofía vemos aparecer ya la reflexión sobre la naturaleza del tiempo en sus mismos inicios entre los presocráticos. La filosofía presocrática puede seguirse como un proceso de consolidación del enfrentamiento entre naturaleza y lenguaje, entre lo que las cosas son por sí mismas y lo que las cosas son en tanto que dichas en un lenguaje que presenta problemas a causa de su convencionalidad.

    Si se tiene en cuenta que aquello que se problematiza, la naturaleza (physis), el tiempo no tiene un carácter estable sino que es visto como algo en constante cambio; se puede entender que el tiempo se presenta siempre como algo ligado a este devenir de los acontecimientos, y que el lenguaje lo que pretende es llegar a mencionarlo en su constante cambio. Los textos más representativos de esta concepción son seguramente los de Heráclito, cuando emplea en ellos, entre otras, esta denominación para su principio del devenir de todas las cosas.

    El primer texto filosófico conservado de Anaximandro relaciona la pregunta por la totalidad de lo existente con el tiempo, que es el que impone el orden, es decir, el que permite que exista el cosmos. De esta manera, ya desde los inicios de la filosofía, la pregunta por el sentido del mundo y del ser remite al tiempo.

    También podemos incluir a Parménides en este uso presocrático del tiempo, puesto que la eternidad de su ser no se concibe como un devenir infinito, sino precisamente como la ausencia de todo devenir, la ausencia, en definitiva, de tiempo. Parménides, al declarar que «el ser no fue ni será, sino que es, a la vez, uno, continuo y entero», formula la primera noción de eternidad, mientras que otro eleata, Meliso de Samos, al declarar que el ser siempre es, siempre fue y siempre será, formula la noción de sempiternidad. En cualquier caso, el problema del ser se plantea conjuntamente con la cuestión del tiempo, lo que no es ajeno al uso de la noción de sustancia (ousía), entendida como presencia. Este planteamiento que vincula el ser al tiempo y, en especial, a la presencia, reaparece en Platón.

    Para Platón, el tiempo es una imagen móvil de la eternidad, imita la eternidad y se desarrolla en círculo (concepción cíclica del tiempo) según el número. Considera que el tiempo nace con el cielo, y el movimiento de los astros mide el tiempo. Así, lo que es, es una participación en el Ser según el tiempo. En la medida en que el conocimiento verdadero nos permite conocer las ideas inmutables y eternas, la palabra que las designa es una representación de la eternidad en el tiempo. La concepción platónica, pues, hace depender no sólo el mundo físico del mundo de las ideas, sino que, coherentemente con esto, hace depender el tiempo de la eternidad.

    Al relegar Platón el tiempo del devenir de las cosas al despreciado plano de lo sensible, de lo no plenamente real, y al afirmar el carácter eterno del mundo ideal, con frecuencia se lo sitúa, a este respecto, en línea de continuidad con Parménides. Pero no debe olvidarse el carácter fundamental del paso dado por Platón en textos como el Timeo: el tiempo del devenir de lo sensible viene a ser algo así como el despliegue de la eternidad que caracteriza al mundo de las ideas. La eternidad deja de ser la mera negación de la temporalidad para convertirse en su fundamento: desde el punto de vista del mundo inmutable de las ideas, la eternidad constituye un tiempo ya dado en su totalidad, cuyo desarrollo da lugar a la apariencia sensible del tiempo.

    Aristóteles, en sintonía con la globalidad de su programa filosófico, suprime la distinción entre la realidad y la apariencia del tiempo: no tiene sentido explicar la physis a través de algo que está más allá de ella. De ahí que la eternidad de la que habla Platón pase a corresponderse con el suceder del tiempo susceptible de percepción. Ahora bien, lo que da lugar a la percepción del tiempo es el movimiento, de modo que el tiempo no puede concebirse sino como algo consustancial al mismo. De esta manera, Aristóteles acomete el análisis del tiempo con muchas precauciones, y declara que es un tema harto difícil.

    Para abordar la cuestión del tiempo, su naturaleza y estructura, Aristóteles lo vincula al movimiento, pero lo separa de éste, ya que un movimiento puede ser rápido o lento, mientras que esto no tiene sentido decirlo del tiempo, ya que la rapidez o lentitud lo son respecto de él. El tiempo, dice, es algo que pertenece al movimiento, es el número del movimiento según lo anterior-posterior. El tiempo no es, pues, un movimiento, pero no existiría sin él, ya que solamente existe cuando el movimiento comporta un número.

    Ahora bien, el problema es si existiría el tiempo sin el alma ya que, si no existe nada que verifique la operación de numerar, nada habría susceptible de ser numerado y, por tanto, tampoco habría número ni tiempo. De esta manera, no puede haber tiempo sin el alma. De hecho, no sólo la posición aristotélica deja muchos interrogantes sin contestar, sino que, a veces, Aristóteles elude realmente enfrentarse a ellos. Así, por ejemplo, se pregunta si el tiempo debe colocarse entre los seres o entre los no-seres, y su respuesta es ambigua; a veces lo considera como una categoría, pero a veces lo considera como un pospredicamento; declara que es el número del movimiento, pero no depende sólo de éste, sino que depende también de un alma que numere, etc.

    Consciente de la dificultad del estudio del tiempo Aristóteles mismo plantea algunas de las principales aporías que esta noción engendra. Así, por ejemplo, estudia la noción de instante, al que declara, respecto del tiempo, análogo al punto respecto del espacio, es decir, el tiempo no se compone de instantes, de la misma manera que una línea no se compone de puntos, pero ambos conceptos expresan una noción de límite, en el cual se anulan las características propias del tiempo y del espacio (un instante no dura, como un punto no tiene extensión). Ambos, instante y punto, son, a la vez, unión y separación. Esta analogía entre el instante y el punto, así como la concepción del tiempo en función del movimiento, nos revela la íntima conexión entre el tiempo y el espacio. Por otra parte, al igual que la estructura del espacio (coexistencia), la estructura del tiempo (sucesión) es considerada continua por Aristóteles. De la misma manera, lo concibe como infinito (no en acto, sino en potencia). También plantea los problemas de las relaciones entre el pasado (que ya no es), el futuro (que todavía no es) y el presente que, en la medida en que continuamente está fluyendo y no puede detenerse en un instante que posea una duración, tampoco es propiamente. Así, la cuestión del tiempo nos remite a las paradojas de lo uno y lo múltiple, y de la identidad y la diferencia.

    Con el aristotelismo nace una nueva concepción del tiempo, pues pasa de ser considerado un efecto de los acontecimientos (son estos los que lo delimitan) a ser el marco infinito previamente dado que los contiene y que podemos considerar, por tanto, que forma parte de la explicación que a priori puede darse de la physis, del movimiento. En definitiva, Aristóteles acaba por concebir el tiempo como el movimiento total e infinito, eterno, como marco en el que los acontecimientos particulares, finitos, pasan a poder ser concebidos como partes.

    Dicha concepción aristotélica es la que está en la base de las dos grandes formas de interpretar el tiempo: una lo enfoca desde una perspectiva física (el tiempo como medida del movimiento) y la otra, desde una perspectiva psicológica (no habría tiempo sin un alma que midiera o, lo que es lo mismo, no habría propiamente tiempo sin conciencia).

    Por su parte, los estoicos insistieron en el carácter cíclico del tiempo a partir de su concepción del gran año cósmico que culmina en la ecpirosis, para volver a recomenzar indefinidamente en un eterno retorno.

    El tiempo en el cristianismo medieval

    Con la consolidación del cristianismo, la noción de tiempo experimenta un importante cambio, ya que esta religión niega la posibilidad de un tiempo cíclico. La pasión, muerte y resurrección de Jesucristo son hechos únicos, irrepetibles, y dan un sentido a la existencia humana. De esta manera el tiempo aparece como fundamentalmente lineal y orientado hacia el futuro, y el sentido de toda la historia aparece como un desplegamiento en el tiempo, que tiene su origen en la creación ex nihilo y que culminará en el juicio final, que es el final de los tiempos.

    La concepción cristiana del tiempo, en la medida en que está vinculada a la noción de la Creación y de la venida del Mesías, es fuertemente deudora de la concepción judía, pero, a su vez, en la medida en que el pensamiento cristiano se edificó sobre la filosofía griega, expresa esta tensión entre ambas concepciones del tiempo. En especial, se vincula a la concepción platónica interpretada religiosamente a través del neoplatonismo, pues el tiempo de los hombres (el de la historia), depende de la eternidad divina. Toda la historia de la humanidad no es más que el camino hacia la segunda venida de Cristo, y está jalonada por diversas etapas o edades del mundo. En líneas generales, pues, puede considerarse que la concepción cristiana del tiempo es resultado de una peculiar síntesis entre la concepción judía, la platónica y la aristotélica.

    En efecto, parece mantenerse la concepción de una eternidad constituyente del marco en el cual tienen cabida los acontecimientos de límites definibles en el tiempo, pero sin que ello impida que esa eternidad sea nuevamente apartada del mundo sensible para constituir un ámbito trascendente. Tendremos, por tanto, el tiempo del mundo terreno, creado, por un lado, y el tiempo de Dios, la eternidad, por otro. Llegar a concebir esta eternidad es cuestión de fe.

    San Agustín, por ejemplo, dirá que puede encontrar la presencia de Dios en el alma y que, por tanto, el tiempo infinito puede llegar a captarse por el razonamiento, aunque en última instancia es la iluminación lo que revela el mundo trascendente. El planteamiento agustiniano se separa de la reflexión física del tiempo para centrarse en su aspecto psicológico y moral. Después de señalar que la noción de un tiempo «antes» de la Creación no tiene sentido, ya que sin la Creación no puede haber ningún «antes» -es decir, después de volver a insistir en que el tiempo sólo puede surgir junto con el cosmos-, plantea la cuestión desde una perspectiva moral.

    Para él un tiempo cíclico es sinónimo de desesperación, solamente un modelo lineal y progresivo del tiempo puede fundamentar la esperanza, ya que tanto ésta como la fe se remiten a un futuro, y este no existiría si los tiempos pasados y venideros fuesen meras etapas de un ciclo. Aborda de nuevo la aporética de un tiempo que es un fue que ya no es, un ahora que no es, y un será que aún no es, lo que lo pone en contacto con el planteamiento aristotélico. Pero, según San Agustín, esta aporética desaparece cuando en lugar de querer entender el tiempo como algo externo, lo situamos en el alma. Entonces el tiempo es una distentio - intentio animi. Presente, pasado y futuro están en el alma como visión o atención, memoria y expectación o espera. El tiempo es una distentio animi en el pasado, el presente y el futuro, y una intentio hacia la eternidad, que es entendida como una presencia simultánea, completamente heterogénea al tiempo. El tiempo no es, pues, el movimiento de ningún cuerpo, sino que lo concibe estrictamente de forma psicológica. El pasado existe ahora como imagen presente de hechos ya acontecidos, y el futuro existe como anticipación de hechos por venir. Así, solamente existe un tiempo presente, que es tiempo presente de cosas pasadas, tiempo presente del presente, y tiempo presente de cosas futuras. El tiempo mismo solamente existe como una tendencia a la nada, es decir, como algo que pasa: es la vida misma del alma.

    Cabe también destacar lo que podemos identificar como un peculiar aprovechamiento que realiza el cristianismo de un tema típicamente aristotélico. Hemos dicho, en efecto, que para el filósofo griego el tiempo quedaba esencialmente ligado al movimiento. Como es sabido, a éste, a su vez, le es esencial la persecución de un fin. Parece, pues, bastante claro que esta explicación resulta de muy fácil adaptación a lo que nunca deja de ser una concepción escatológica del tiempo por parte del cristianismo.

    La concepción intimista y psicológica del tiempo de San Agustín, semejante en muchos aspectos a la de Plotino, consolida una de las dos tendencias que surgen a partir del análisis aristotélico: la del análisis psicológico del tiempo, relegando a un segundo plano el análisis físico. Durante la Edad Media se repitieron las concepciones anteriores, hasta que, con la invención y difusión del reloj mecánico, especialmente en el siglo XIV, se fue extendiendo una noción cada vez más laica del tiempo. Inicialmente el uso del reloj mecánico fue condenado por muchos teólogos, quienes veían en tal artilugio una máquina infernal que usurpaba un derecho divino: la medida del tiempo. De esta manera se empezó a oponer un tiempo eclesiástico (marcado por las fiestas religiosas y las «horas» de los rezos), al tiempo de los mercaderes (jornada laboral medida por los relojes). No obstante, la cronología generalmente aceptada seguía basándose en la Biblia, de forma que todavía en el siglo XVII el obispo Ussher fijó, en base a los datos bíblicos, la fecha de la creación en el año 4004 a.C.

    El tiempo en la modernidad

    Con la revolución científica, especialmente a partir de Galileo, la noción de tiempo cambia drásticamente. Aparece la noción de un tiempo abstracto, concebido como un parámetro o una variable física que vale para todo movimiento, y no sólo para el uniforme, como lo había considerado Aristóteles. Galileo, al estudiar el problema de la velocidad instantánea de un cuerpo en movimiento, da un nuevo impulso en la comprensión de la noción de tiempo, a la vez que suscita los problemas que darán lugar a la aparición del cálculo infinitesimal. Entonces se empieza a desarrollar el otro camino de investigación que el mismo Aristóteles había apuntado.

    Tiempo, espacio y materia serán los tres grandes conceptos de la física moderna clásica, es decir, del mecanicismo. Así, desvinculado de su relación con el alma, el análisis del tiempo se enfocó desde la perspectiva física. No obstante, se podía entender de dos maneras distintas: como una realidad absoluta o como una relación.

    Estas dos maneras de enfocar el tiempo enfrentaron a Newton, que defendía un tiempo absoluto (y lo consideraba como sensorium Dei, y como una especie de continente vacío), y a Leibniz, quien lo consideraba como una relación (el orden universal de los cambios, el orden de sucesiones).

    Con Newton, el tiempo pierde definitivamente su carácter trascendente y deviene nuevamente una realidad, pero que posee ahora entidad por sí misma y no mantiene ya, por tanto, su esencial solidaridad con el movimiento ni con un fin, lo cual, por otro lado, no deja de ser la consecuencia de la culminación del paso de una visión teleológica del acontecer a una mecanicista. Su formulación más clara se halla en los Principios matemáticos de filosofía natural: «El tiempo absoluto, verdadero y matemático, en sí y por su naturaleza, fluye igualmente sin relación con nada externo. El espacio absoluto, por su naturaleza, y sin relación con nada externo, permanece siempre semejante e inmóvil». El tiempo y el espacio, por tanto, no son, -según Newton-, un puro accidente de los cuerpos sino independientes de ellos, que están y se mueven en su seno. De este modo quedó definido para la dinámica un único sistema de referencia para el reposo y el movimiento pero que no está constituido por un cuerpo o conjunto de cuerpos de manera que los movimientos son relativos, pero el espacio y el tiempo no.

    Contra esta concepción radicalmente realista del tiempo, Leibniz pretende recuperar un tiempo inseparable de las cosas al concebirlo sencillamente como relación entre cosas no simultáneas; como ordenación, podríamos decir, entre las mismas según relaciones de «antes» y «después». Dicha polémica quedó reflejada en la correspondencia entre Leibniz y Clarke, que actuaba como portavoz de Newton. No obstante, estas dos concepciones (la absolutista y la relacional) compartían la creencia en una serie de propiedades del tiempo, ya que ambas lo consideraban continuo, homogéneo, ilimitado, fluyente, único e isotrópico. Por ello, a pesar de lo importante, conceptualmente, que resultaba caracterizar al tiempo como realidad absoluta o como mera relación, a efectos prácticos, las dos concepciones eran igualmente deudoras de los principios fundamentales del mecanicismo, o mejor a la inversa, el mecanicismo era deudor de esta concepción del tiempo.

    El carácter absoluto del tiempo defendido por Newton fue el dominante en la filosofía moderna, incluido el pensamiento de Kant quien, no obstante, introduce una novedad que marcará una nueva inflexión en el modo de considerar la cuestión. En efecto, para Kant, al tiempo le sigue resultando esencial un carácter de absoluta independencia con respecto a las cosas que en él se localizan. Pero precisamente esto es lo que determina que su naturaleza haya de ser distinta de la de esas cosas. En definitiva, Kant considerará que del tiempo no se tiene constancia a partir de la percepción, sino precisamente a partir del hecho de que no puede pensarse la posibilidad de ninguna percepción si no es suponiendo que ésta se dé ya en el tiempo. Niega que sea un concepto empírico, ya que toda experiencia presupone el tiempo. Por otro lado, tampoco es una cosa.

    Así, el tiempo es una representación necesaria que está en la base de todas nuestras intuiciones. Si le niega el carácter de cosa, con lo que se opone a cierta interpretación del pensamiento de Newton, también le niega el carácter de relación, ya que, en este caso, sería un concepto intelectual (con lo que se opone a Leibniz). Pero, a similitud de Newton, aparece como un marco vacío, y a semejanza de Leibniz, considera que el tiempo no posee realidad extramental como cosa en sí. Adoptando la terminología kantiana, el tiempo es una intuición pura o una forma a priori, trascendental de la sensibilidad, y constituye (junto con el espacio) la forma de toda percepción posible desde el punto de vista de la sensibilidad, así como la base intuitiva de las categorías. Es trascendentalmente ideal y empíricamente real, como condición de objetividad.

    Más importante aún es la concepción que desarrolla en la Analítica de los principios, ya que en la Estética trascendental se refería al orden de las percepciones, mientras que ahora se refiere al orden de los juicios. Para que estos sean posibles, el tiempo actúa bajo su función sintética, ya que todo juicio presupone una síntesis, y toda síntesis se fundamenta en las categorías, las cuales, a su vez, solamente pueden aplicarse a la experiencia mediante los esquemas, que dependen de la mediación del tiempo. En este sentido es fundamental la segunda analogía, o principio de la serie temporal según la causalidad. De nuevo el tiempo aparece en Kant como fundamento de la objetividad.

    Si bien el Idealismo no trata temáticamente la cuestión del tiempo podemos pensar que, en la medida que intenta una superación de la escisión entre sujeto y objeto, entre yo y naturaleza (llegando así, en palabras de Hegel, al Espíritu, a lo Absoluto, a un Yo que sería aconceptual), también desaparece la cuestión del tiempo como marco formal dado previamente a los acontecimientos o como devenir mismo, quedando eliminada, de este modo, la cuestión en la pura aconceptualidad del Yo. De hecho, para Hegel el tiempo es el devenir intuido, el principio mismo del Yo=Yo; es la pura autoconciencia. El análisis hegeliano se vincula al aristotélico y destaca la inseparabilidad del espacio y el tiempo, pero, en el conjunto de su concepción, el tiempo aparece solamente como el despliegue de la Idea, en sí misma intemporal, de forma que la temporalidad es solamente la epifanía de la Idea o del Espíritu.

    El tiempo en el siglo XX

    Si bien la noción de tiempo juega un papel fundamental en el pensamiento de Kant, podemos destacar también el llamado «temporalismo» que marcó la filosofía del siglo XIX y que aportó una nueva manera de enfocar la temporalidad. De entre los pensadores que abordaron dicho problema subrayaremos aquí los nombres de Dilthey y Bergson. Éste último toma como punto de partida de su análisis la crítica a la consideración positivista acerca de los fenómenos psíquicos, y muestra cómo esta corriente, o bien prescinde de la noción de tiempo, o bien la reduce a una forma de espacio, ya que estudia los estados de conciencia como si de hechos exteriores se tratase, midiéndolos, por tanto, cuantitativamente y ordenándolos en una sucesión yuxtapuesta, al modo como se ordenan las cosas en el espacio. Frente a esta concepción, Bergson afirma que los fenómenos psíquicos tienen un carácter cualitativo (y por tanto no pueden ser mesurados cuantitativamente) y que cada intuición (cualidad) es irrepetible, irreversible y no puede ordenarse en una instancia reversible y homogénea en la que prima la yuxtaposición, pues se interpretan y se funden entre sí formando un fluir único, una continuidad inseparable (duración). De ahí, pues, que marque una clara diferencia entre el tiempo espacializado, que es el tiempo físico que contempla la ciencia y que Bergson califica de falsificado, y el tiempo auténtico, la duración de la vida interior de la conciencia, el puro movimiento en el que no pueden ser diferenciados los momentos como estados distintos.

    El tiempo de las ciencias y del «sentido común» es, pues, solamente una forma de espacio, un tiempo que no posee ninguno de los caracteres que la conciencia reconoce en la duración real. Así, el tiempo de la ciencia es siempre homogéneo, isotrópico y reversible (delante del signo t se puede poner un + o un -, y la ecuación física sigue siendo la misma), mientras que el tiempo que capta la intuición es heterogéneo e irreversible, es pura novedad. En el auténtico tiempo, es decir, en la duración, no es ni tan solo posible distinguir estados distintos, ya que ello supone una yuxtaposición, lo que solamente es posible en el espacio (lo que, a su vez conduce a Bergson a criticar la concepción kantiana del número, y situar el fundamento de éste en el espacio más que en el tiempo. La concepción del mundo que nos brinda la ciencia es la propia de un entendimiento que tiende a considerar todo lo real desde un punto de vista estático, fijo, que detiene el auténtico movimiento, lo que conduce a las concepciones deterministas y, en última instancia, a la negación de la libertad.

    Bergson se enfrentó a las concepciones relativistas de Einstein, a las que consideró todavía deudoras de la concepción clásica del tiempo. De hecho, Einstein afirmó la relatividad de la medida temporal, por lo que negó la posibilidad de una simultaneidad absoluta, pero siguió considerando el tiempo como orden de sucesión. Al considerar el tiempo como una magnitud física, y considerarlo desde la perspectiva de la física clásica, se le aparecía como una magnitud en sí misma reversible, por ello pudo afirmar que desde el punto de vista de la física el tiempo es «tan sólo una ilusión».

    Con Dilthey también la problemática del tiempo ocupa un lugar central en la filosofía, aunque se trate, en este caso, de concebir el tiempo como historia. Su principal ocupación es la de establecer el fundamento y el método de las por él llamadas «ciencias del espíritu» (política, derecho, historia, arte, literatura,...) pues mientras considera que las ciencias de la naturaleza tienen, en efecto, ya desde Bacon, resuelto este aspecto, la realidad histórico-social ha sido malinterpretada y «mutilada» por los positivistas al pretender adaptarla para su análisis a los métodos de las ciencias de la naturaleza.

    Para Dilthey la vida es una realidad que no cabe escindir de la historia y que no puede ser interpretada desde categorías ajenas como «sustancia», «sujeto», etc. que sitúen los acontecimientos en el marco de una sucesión espacio-temporal, sino que es desde ella misma, en su fluir continuo, en su realización fáctico-histórica que debe interpretarse. Esto es: narrar los acontecimientos desde fuera supone introducir un tiempo implicado en la narración, pues el relato es un acto configurador que busca formas de tiempo estructuradas.

    Ahora bien, si es este el modelo que puede ser válido en las ciencias de la naturaleza, no debe disponerse de él para interpretar la realidad histórica, puesto que no capta el movimiento mismo sino que sólo tiene en cuenta los hechos individualmente, a los que con posterioridad introduce, como algo añadido para su exposición, la temporalidad.

    La concepción que Dilthey reclama de la vida como comprensible desde sí misma supone no sólo un alejamiento de la concepción del tiempo como marco desde el cual poder ordenar, analizar y explicar los hechos englobándolos en etapas históricas, sino que también implica postular un tiempo no dado a priori ni añadido a posteriori, un tiempo que emerge con la vida misma en su acontecer histórico, en su realización concreta.

    También como reacción contra el Positivismo, que, como se ha dicho, pretende reducir todas las ciencias al modelo de las ciencias de la naturaleza (leyes exactas), y como respuesta al historicismo, que, en su afán de reducirlo todo a la libre creación histórica corre el riesgo de desembocar en un relativismo extremo, surge la fenomenología de Husserl. Éste busca el fundamento absoluto de la filosofía en la conciencia. Para ello no cabe una «ciencia natural» de la conciencia (al modo de una psicología explicativa) sino una fenomenología de la conciencia, esto es: un análisis, una descripción de los fenómenos dados a la conciencia (las vivencias). Con este presupuesto defenderá, de manera parecida a la tesis bergsoniana, la distinción entre un tiempo físico y un tiempo fenomenológico.



    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11



    Si bien el primero obedece a leyes naturales exactas (pudiendo, por tanto, situarse lineal y causalmente), y responde a la consideración de la naturaleza física como unidad espacio-temporal conforme el antes y el después de cada acontecimiento, el tiempo fenomenológico remarcará la unidad de las vivencias: la duración.

    Se trata del tiempo interno de la conciencia, que no es otra cosa que la vivencia misma, su fluir continuado. El tiempo físico no marca el orden causal entre las vivencias pudiendo separarlas unas de otras cual si de instantes se tratara, sino que son las vivencias mismas la propia temporalidad, y manteniéndose inseparables entre sí forman el flujo de lo vivido (la duración real). La temporalidad no es algo ajeno a la conciencia sino que viene dado por ella.

    En el marco de la filosofía contemporánea cabría destacar también la filosofía de Heidegger como expresamente dedicada a la cuestión de la temporalidad. Tal y como nos indica el título de la obra, por la que se le conoce como el «primer Heidegger», Ser y tiempo, éste pretende hallar la relación existente entre ambos, si bien se queda en el análisis de la relación que el ser-ahí mantiene con el tiempo. Distinguirá entre la concepción tradicional del tiempo (un marco ya dado previamente en el que los acontecimientos se suceden unos a otros, y que califica de comprensión vulgar del tiempo, pues en tanto que no se trata de una noción que surge de la existencia misma no tiene valor ontológico) y la temporalidad que tiene validez como criterio ontológico, pues lejos de concebirse como preexistente surge de la propia estructura del ser-ahí, en la que no cabe diferenciar un antes, un ahora y un después (presente, pasado y futuro).

    Se trata de tener en cuenta el carácter de un siempre haber ya sido del que el ser-ahí debe hacerse cargo, así como la remisión de su existencia a unas posibilidades de ser de las que la más propia es la muerte. Y al ser la muerte la posibilidad más propia de la existencia, al quedar ésta relegada a algo fuera de sí, denominará cada momento referencial del ser-ahí (presente, pasado y futuro) como «éxtasis».

    El tiempo y la ciencia contemporánea

    1. Introducción

    En la reflexión sobre el tiempo destaca el aspecto paradójico de la reflexión del "sentido común", ya que, por una parte, nada hay tan obvio ni tan propio de dicho "sentido común" como el tiempo: todos hablamos de él y creemos medirlo, hacemos previsiones y, en la vida cotidiana, consideramos que está perfectamente delimitado el pasado, el presente y el futuro. Pero, por otra parte, nada hay tan complejo y contradictorio como intentar abordar su naturaleza, ya que al intentarlo nos sumimos en paradojas y perplejidades. Todo esto es lo que expresaba San Agustín cuando se preguntaba qué era el tiempo (¿quid est ergo tempus?) y respondía que, si nadie se lo preguntaba, lo sabía, pero si alguien se lo preguntaba, no lo sabía.

    Si la filosofía contemporánea da una especial relevancia a la noción de tiempo y se presenta como un temporalismo, dicha noción aparece también como el núcleo de las teorías científicas que surgen a partir de la crisis de los modelos mecanicistas que habían imperado hasta finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Estas nuevas concepciones y teorías, surgidas en muchas ocasiones a partir de la reflexión cosmológica, son exponente de un nuevo paradigma científico emergente, en el cual, a diferencia de los modelos mecanicistas y deterministas clásicos (en los que el tiempo aparece sólo como una magnitud reversible), las nociones de tiempo y de irreversibilidad juegan un importante papel, y a partir de las cuales se posibilita una nueva alianza entre las ciencias de la naturaleza y la filosofía. De esta manera, la pregunta por el tiempo aparece como nexo de unión entre la ciencia y la filosofía. Históricamente, tanto el enfoque científico como el filosófico acerca del tiempo se han caracterizado, en su conjunto, por abordar la pregunta desde una perspectiva no temporal, es decir, se ha pensado generalmente el tiempo sub specie aeternitatis, lo que supone que se lo ha pensado desde su propia negación, lo cual, por otra parte (debido a la conexión entre la cuestión del tiempo y la cuestión del ser), ha condicionado la ontología tradicional.

    2. Planteamiento irreflexivo del tiempo

    Previo al planteamiento reflexivo o teórico, el tiempo aparece en la experiencia individual, social y cultural, mediatizando, a través de dichas experiencias, la elaboración de una noción general de tiempo. De esta manera, la concepción del tiempo, así como los mitos que esta noción llevaba asociados, dominante en las sociedades cazadoras y nómadas, ha sido distinta de la elaborada en las sociedades agrícolas y sedentarias, las cuales, dependientes de la agricultura para su supervivencia, han tenido necesidad de una cronometría, de un calendario rector de sus actividades: el tiempo de la siembra y el tiempo de la recolección. Esta experiencia, junto con los ritos de renovación del poder, condujo a una conceptualización del tiempo que lo dividió (como lo destaca M. Eliade) en tiempo sagrado y tiempo profano.

    Por una parte, pues, en los albores de la civilización, aparecía un tiempo divinizado y absoluto y, por otra, el tiempo del calendario, propio de la actividad cotidiana. Por una parte, aparecía el tiempo que domina los ciclos naturales (día y noche, fases de la luna, estaciones del año, actividad vegetativa, tiempo de floración, fruto y agostamiento de las plantas, etc.) y, por otra, el tiempo de la experiencia individual, que comienza con el nacimiento y culmina en la muerte. Dos formas de experiencia contradictorias, ya que una es cíclica, dominada por la idea del retorno, y la otra es lineal e irreversible. Aunque, en cierta forma, esta irreversibilidad es negada por las creencias en la inmortalidad, que ponen la vida y el tiempo en función del tiempo absoluto de la divinidad. Es decir, en la medida en que la concepción religiosa del mundo se convirtió en predominante, se ha considerado el tiempo en función de la divinidad y se ha planteado la cuestión desde la noción de eternidad, es decir, a partir de la negación misma del tiempo.

    Esta separación entre la experiencia del tiempo y la conceptualización religiosa del mismo, se manifiesta también en la separación entre un planteamiento religioso y metafísico, y un planteamiento científico del tiempo, lo cual, a su vez, supone que cualquier intento de relacionar ciencia y filosofía ha de hacerse teniendo en cuenta el problema del tiempo y las diferentes determinaciones de la temporalidad, tales como las nociones de duración, instante, eternidad, sempiternidad, intervalo, límite, dimensión, etc.

    3. Planteamiento teórico del tiempo

    La reflexión filosófica y científica ha ido señalando la complejidad del tiempo, destacando que, por una parte, el tiempo aparece como un sistema de relaciones de orden (simultaneidad, sucesión, antes-después, continuidad o discontinuidad), de relaciones métricas (intervalos, instantes, momentos, duraciones) y topológicas (linealidad, circularidad, dimensión, orientación, finitud o infinitud) y, por otra parte, aparece como devenir que relaciona las llamadas dimensiones temporales: pasado, presente y futuro, que se relacionan con las nociones de reversibilidad e irreversibilidad. Es decir, por una parte, el tiempo aparece como este sistema de relaciones, pero, por otra parte, aparece en su vivencia subjetiva (socialmente y culturalmente mediatizada). En la medida en que es un sistema de relaciones, se entiende desde las ciencias físicas (vinculando el tiempo al movimiento, en especial, al movimiento astronómico), pero además se descubren ritmos temporales biológicos, y umbrales mínimos de captación psicológica del tiempo. La música y la poesía (ritmo, métrica) aparecen como artes temporales, opuestas a la arquitectura, la escultura y (en parte) la pintura, como artes espaciales. Es decir, la reflexión acerca del tiempo va señalando progresivamente su extremada complejidad, para no hablar del tiempo lingüístico (los tiempos verbales) que actúan como condicionantes de la captación misma del tiempo.

    El conjunto de este entramado de relaciones y vivencias caracteriza la complejidad de la noción de tiempo, la cual, además, no puede separarse de la de espacio. Ahora bien, esta caracterización del tiempo (como sistema de relaciones y como tiempo vivido), que, grosso modo equivale a lo que podría llamarse el tiempo objetivo y el tiempo subjetivo, no aparece plenamente desarrollada en la tradición filosófica, y solamente en la actualidad se está acometiendo su análisis.

    En la ciencia contemporánea las nociones de espacio y de tiempo han sido convulsionadas por la teoría generalizada de la relatividad de Einstein, que las relaciona y fusiona en el concepto unificado de espacio-tiempo. Según Minkowski, este concepto puede entenderse como formando un continuo de 3+1 dimensiones. En esta concepción, el tiempo adquiere un carácter distinto ya que, unido al espacio, determina las características de la materia y del movimiento. Por otra parte, la teoría de la relatividad sustenta el fenómeno de la dilatación y de la contracción del tiempo, de forma que el tiempo depende de la velocidad (si algo pudiese desplazarse a mayor velocidad que a luz, lo que según la teoría es imposible, retrocedería en el tiempo), y de la masa. Según la transformación de Lorentz, el tiempo (que no es absoluto), depende del estado de reposo o de movimiento del observador que realiza la medida… Es decir, a velocidades próximas a las de la luz el tiempo transcurriría más lentamente. De esta manera, a una velocidad equivalente al 99,9 % de la de la luz, 10 años de "tiempo propio" equivaldrían a 7071,13 años de "tiempo externo". La velocidad de la luz es inalcanzable para cualquier objeto cuya masa en reposo sea distinta de cero… Por su parte, las velocidades superiores a las de la luz quedan prohibidas físicamente… No hay, pues, según la teoría de la relatividad, un tiempo universal, lo que ha revitalizado la concepción relacional del tiempo. Así, el continuo espacio-tiempo tetradimensional puede concebirse como una representación matemática desde la cual se entienden los fenómenos físicos.

    Pero no es una descripción de lo que el tiempo es, probablemente porque la noción misma debe entenderse en su amplia y compleja significación. Por ello, se prosiguen los estudios sobre el tiempo, y se siguen proponiendo diversas teorías.

    Partiendo de la teoría de la relatividad, algunos autores, como Reichenbach, por ejemplo, han retomado la concepción relacional del tiempo y la han unido a la concepción que reduce el tiempo a la causalidad, dando lugar a las llamadas teorías causales del tiempo. Siguiendo también la teoría del continuo espacio-tiempo de 3+1 dimensiones, Alexander formuló una teoría del espacio-tiempo como matriz de todos los procesos, lo que se opone a la teoría relacional, ya que este continuo espacio-tiempo es concebido como el fundamento que genera los procesos reales y, por tanto, es entendido como una especie de substrato último de todo el universo.

    Por su parte, Prigogine insiste especialmente en el carácter irreversible del tiempo, en contra de lo establecido en la mecánica clásica y, por extensión, en la ciencia clásica. Por ello, opone la ciencia moderna (representada especialmente por Newton y Laplace) a la ciencia contemporánea. La primera se caracteriza por las nociones de legalidad, determinismo y reversibilidad y estaba fundada en la concepción de la reversibilidad del tiempo, lo que era expresión de una privilegiación de la noción de eternidad, e impedía una fructífera alianza con las ciencias humanas, en las cuales la noción de irreversibilidad es fundamental. La ciencia contemporánea, en cambio, da una nueva importancia a lo aleatorio y espontáneo; a la irreversibilidad temporal, creadora de novedad y diversidad. En suma, la nueva ciencia se desarrolla en contra del determinismo clásico y del reduccionismo de todo fenómeno a leyes mecanicistas.

    En esta línea de pensamiento que reclama un papel central a la comprensión del tiempo se puede observar una fuerte influencia del pensamiento de Bergson y de Whitehead, reconocida por el mismo Prigogine. Partiendo de esta concepción de la ciencia, Prigogine propugna una nueva alianza entre las ciencias y las humanidades; una nueva alianza que reintroduzca al hombre dentro de la temporalidad que había sido expulsada de la ciencia clásica, y que supere la distinción entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu.

    La flecha del tiempo

    Término creado inicialmente por Eddington para señalar el carácter direccional del tiempo. Esta dirección o flecha del tiempo muestra que los fenómenos suceden según un orden que va del pasado al futuro. Este carácter direccional del tiempo va unido a la concepción lineal de éste, y a su carácter unidimensional (diferencia de la tridimensionalidad espacial), que unido al espacio forma el continuo espacio-tiempo de 3+1 dimensiones. (La primera formulación de Eddington suponía la audaz posibilidad de una unidimensionalidad del tiempo solamente en las regiones más cercanas a nosotros del universo).

    De hecho, históricamente la noción de una dirección irreversible del tiempo es relativamente reciente, ya que en las culturas antiguas predominaba una concepción circular del mismo, unida a la constatación del carácter cíclico de las mareas, los solsticios y las estaciones (como lo ha estudiado profusamente Mircea Eliade). La experiencia biográfica del crecimiento, envejecimiento y muerte se situaba en el marco de un tiempo cíclico, de manera que se consideraba la posibilidad de un retorno. Una de las formulaciones clásicas de esta concepción cíclica del tiempo es la noción de la ecpírosis de los estoicos. Pero la tradición judeo-cristiana, marcada por las tesis de una creación inicial y un fin de los tiempos o eschatón, juntamente con el carácter irreversible de la pasión, muerte y resurrección de Jesús (piénsese lo absurdo que resultaría para las tesis cristianas sostener que Dios muere repetidamente en un ciclo ininterrumpido de retornos), condujeron a sostener una concepción lineal y orientada del tiempo, que se concibe fluyendo desde el pasado hacia el futuro. Dicha concepción lineal está en la base de los conceptos de progreso y de evolución.

    No obstante, en la física todas las ecuaciones son reversibles respecto del tiempo, es decir, que en todas las ecuaciones de la física, el tiempo puede ser entendido como una magnitud reversible, o lo que es lo mismo, todas las ecuaciones físicas son simétricas respecto al tiempo (a excepción del todavía poco claro caso de los mesones K, cuya desintegración no es ajena a la dirección del tiempo). Pero el segundo principio de la termodinámica (al que Bergson llama la más metafísica de las leyes de la física), al señalar que en los sistemas aislados la entropía aumenta, proporciona un criterio para decidir la orientación temporal. Así, por ejemplo, si se rompe una estatua y estalla en una gran cantidad de fragmentos, ha aumentado la entropía (el sistema pasa a tener más «desorden»). Pues bien, la experiencia muestra que nunca de manera espontánea se vuelve a recomponer la escultura. Según la interpretación de Boltzmann, esto es así no porque sea absolutamente imposible (teóricamente no lo es ya que, como hemos dicho, todas las ecuaciones físicas -dentro de la tradición de la física clásica- son simétricas respecto al tiempo), sino porque es altamente improbable. El aumento de la entropía nos permite distinguir entre el pasado y el futuro. Esta constatación se conoce como «flecha termodinámica del tiempo».

    Recientemente se ha abordado la naturaleza del tiempo físico a partir de las ciencias físico-químicas, conduciendo a otras perspectivas que completan la concepción termodinámica clásica de la flecha del tiempo. Así, a partir del estudio de los sistemas alejados del equilibrio, algunos autores, como Prigogine, por ejemplo, han destacado el carácter esencialmente irreversible del tiempo, de forma que dicha irreversibilidad no depende solamente de la ínfima probabilidad de que un suceso que genera mayor entropía pueda darse a la inversa, sino que el carácter direccional del tiempo y su irreversibilidad le son inherentes. De hecho, la reflexión de Prigogine se efectúa más en el ámbito de la química y de los llamados sistemas alejados del equilibrio, más cercanos al paradigma de las ciencias de la vida que a los de la física que trata fundamentalmente con lo inerte. Por ello, no es de extrañar que desde este punto de vista se haga más hincapié en los fenómenos de la irreversibilidad puesto que, aunque desde la perspectiva física predomine la noción de crecimiento de la entropía, desde la perspectiva biológica (evolución, paso a lo complejo, creación de la cultura, aumento de la información, etc.), predomina la noción de la irreversibilidad. En este contexto se sitúan también las investigaciones sobre el caos, que permiten explicar fenómenos de autoorganización a partir de sistemas sin estructura aparentemente definida (aunque siguen siendo modelos semi-deterministas, engendrando un concepto paradójico: el de azar predecible, aunque no plenamente determinista en el sentido clásico).

    Psicológicamente la direccionalidad del tiempo se muestra señalando que hay recuerdos del pasado, pero no hay memoria del futuro. A esta constatación se la denomina «flecha psicológica del tiempo».

    Por otra parte, la cosmología contemporánea, basada mayoritariamente en la hipótesis del Big Bang, sustenta que el universo está en expansión, lo que determina la llamada «flecha cosmológica del tiempo». Según Stephen Hawking las tres flechas del tiempo van unidas, mantienen la misma dirección y se relacionan con el llamado principio antrópico aunque, según Roger Penrose, será la unificación de las teorías físicas de la relatividad y de la Mecánica Cuántica (una teoría cuántica de la gravedad) la que permitirá una auténtica comprensión de la flecha del tiempo.

    La conexión de la(s) flecha(s) del tiempo con el principio antrópico que sustentan algunos teóricos actuales de la cosmología (entre ellos el propio Stephen Hawking), hace pensar en formulaciones filosóficas clásicas, como la hipótesis de la evolución creadora de Bergson, aunque, por supuesto, sin la carga mística inherente al pensamiento de dicho autor.

    Cambio de paradigmas filosóficos

    Introducción

    Desde el mismo instante en que surgió el pensamiento racional, el amor por la sabiduría, la filosofía, los paradigmas que ésta viene estableciendo, de acuerdo con su auténtica naturaleza, han venido sufriendo cambios radicales que de, una u otra manera, afectan e inciden en la historia y en algunas ciencias como la física, la astrofísica, las matemáticas, la química, la antropología, la epistemología, la pedagogía, la lógica, la política, el derecho, la economía, la medicina, la psicología, el psicoanálisis, la sociología, la tecnología y otros aspectos de la existencia: ética, moral, valores, educación, investigación, ontología, metafísica, gnoseología…

    El saber reflexivo, riguroso y sistematizado (la filosofía) es el más práctico de todos los saberes, debido a que todo hombre, aun el de la vida cotidiana y el científico que no hace profesión de filosofía, construye su imagen total de la vida y del mundo y de ella vive; sin la reflexión filosófica, ni se encuentra el hombre a sí mismo en el mundo, ni puede encauzar su obrar, ni poner en paz su vida afectiva. La filosofía occidental ha sido la que ha plasmado nuestra civilización.

    La filosofía griega (que comenzó con los Presocráticos, quienes se preguntaron por el origen y la naturaleza de las cosas) inició una marcha que nos ha llevado a las profundidades de la naturaleza con los últimos descubrimientos de la física atómica; nos ha acercado a los astros con la maravillosa tecnología de la astrofísica, ha unido a todos los hombres con los hilos invisibles pero efectivos de las comunicaciones modernas y nos ha permitido penetrar y descubrir los arcanos misterios del hombre a través de la medicina, sociología y psicología actuales. Los primeros filósofos tuvieron una inquietud común: buscar el fundamento de todo, es decir, el principio de donde todo procede, de lo que todo está hecho.

    Los filósofos clásicos, Sócrates, Platón y Aristóteles, retomando, confrontando y perfeccionando los planteamientos de sus predecesores, y creando sus planteamientos propios, establecieron un extraordinario y genial sistema de pensamiento que ha influido demasiado en la cultura occidental y que tiene una formidable vigencia en la actualidad.

    Los filósofos presocráticos constituyen el fundamento histórico y sistemático del platonismo. Platón y Aristóteles crearon sistemas tan profundamente pensados que sirvieron de fundamento a toda la filosofía occidental posterior. Sus sistemas, de máxima altura en la historia del filosofar, han permanecido como modelos de la más profunda y verdadera reflexión filosófica.

    Aristóteles, considerado por el consenso histórico como el más grande filósofo de todos los tiempos, sistematizó todo el pensamiento griego e implementó el llamado realismo aristotélico que sirvió de paradigma ontológico y metafísico hasta el Renacimiento, sin que su vigencia como filósofo hubiera llegado sólo hasta esa época.

    El francés Renato Descartes, con su espíritu moderno, partiendo de un pensamiento auténticamente original, instauró un nuevo sistema (Idealismo) que se convirtió en el paradigma de la modernidad que impulsó la ciencia y el progreso, y que aún conserva enorme vigencia, dada la genialidad de este formidable pensador, que incursionó también en el campo de las matemáticas y otras ciencias. El Idealismo cartesiano, que contribuyó al surgimiento del racionalismo y el empirismo, se consolidó con pensadores como Benito Spinoza (1632-1677), Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), Jonh Locke (1632-1704), George Berkeley (1685-1753) y David Hume (1711-1776), y fue llevado hacia sus más altas cumbres de perfección por Inmanuel Kant (1724-1804) y Georg Wilhelm Hegel (1770-1831). Con Hegel, el Idealismo alcanza su más alto grado de desarrollo y perfección. El Idealismo ha sido el sistema que más profundamente ha incidido en la cultura occidental moderna, debido a que dio origen a la ciencia y al progreso, y, de una u otra manera, todavía sentimos su evidente influencia en nuestra manera de hacer, de ser y de pensar.

    Con el surgimiento de filósofos como el alemán Kart Marx (1818-1888) y el francés Augusto Comte (798-1857), en el siglo XIX, se supera, en cierta medida, el Idealismo y se inauguran otros paradigmas: el marxismo, producto de la genialidad de Marx, y el Positivismo, planteado por Comte. El marxismo (reacción y superación del Idealismo) se constituyó en el paradigma de lucha del socialismo en contra del capitalismo, además de ser el modelo del Materialismo ateísta. El Positivismo, como reacción a la metafísica (y contra la filosofía misma), se convirtió en el paradigma que despertó una exagerada pasión por los hechos y la ciencia (hasta degenerar en un cientificismo o cientismo, que consiste en otorgar demasiada importancia a las ciencias, aun por encima de las demás actividades humanas, porque supuestamente la ciencia es capaz de resolver todas las inquietudes que el hombre pueda plantearse). Estos dos últimos paradigmas tuvieron gran vigencia durante la segunda parte del siglo XIX y comienzos del XX.

    En la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, como reacción a la subjetividad, producto del Idealismo, nacieron otros sistemas que dieron origen a nuevos paradigmas, como el vitalismo, el personalismo y el historicismo con una corta y relativa influencia, excepto el utilitarismo y el pragmatismo que son paradigmas y formas de vida y de producción en Inglaterra y los Estados Unidos con una evidente y contundente vigencia. Pero a mediados del siglo XX entró en escena el existencialismo (reacción contra el Idealismo, el racionalismo, el Positivismo y el Materialismo), un revolucionario sistema que centró su quehacer y su pensamiento en la existencia del hombre concreto con toda su problemática existencial. Este paradigma ejerció gran influencia en su tiempo y continúa, aunque no tan arrolladoramente, hasta nuestros días. A pesar de que cada paradigma filosófico ha sido superado por otro, cada uno sigue ejerciendo alguna vigencia en la actualidad; ninguno de ellos ha sido superado, desechado u olvidado definitivamente. La filosofía no culmina en una más alta cumbre, sino en las más altas cumbres de la antigua y de la moderna: un Platón y un Aristóteles y un Descartes, un Kant, un Hegel.

    Veamos, de manera sucinta, algunos de estos sistemas. Se hace énfasis en destacar la grandeza de los sistemas de Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel, Comte y Marx, pensadores geniales, quienes han hecho un valioso aporte a la cultura occidental y sus planteamientos han influido en pasadas generaciones e influirán, así sea en pocos aspectos, en las generaciones venideras.

    Sistema presocrático

    Los Presocráticos querían saber: ¿Cuál es el principio originario de todas las cosas (arché o arjé)?, por esos intentaron definir la naturaleza como algo permanente y único; persiguen unas leyes o principios explicativos (a ser posible uno sólo pues la naturaleza es algo único) que explique dicha realidad. "Ese será el gran problema al que se enfrentarán los filósofos griegos, ya que es preciso explicar una naturaleza dinámica, cambiante, a través de una ley que no puede estar sometida a dicho cambio, ha de ser inmutable, pues de lo contrario no la podríamos conocer. Este principio explicativo del universo, de toda la realidad, será el arché. Cuando se identifica el arché con un solo objeto estamos ante una filosofía monista; si además se explica todo se denomina panteísta" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). La idea del arche comprende tres aspectos: 1. Origen explicativo de la naturaleza, de donde se conforman todos los seres. 2. Sustrato, de lo que están compuestos todos los seres. 3. Causa, que explique el movimiento o cambio.

    Preocupados por el "arjé" se preguntaron: ¿De dónde vienen las cosas? ¿Cuál es la materia primera? ¿Cuál es el principio o elemento básico del que todas las cosas provienen? ¿Qué son las cosas detrás de sus múltiples apariencias? ¿De qué están hechas las cosas? ¿Cuál es el principio originario del mundo? ¿Cuál es el origen y la naturaleza de las cosas? ¿Qué es el fondo inagotable del cual todo procede y al cual todo retorna? ¿Qué es lo que existe? ¿Quién existe? Y buscaron: El principio que justificara el origen de todas las cosas. Aquello de donde salen las cosas y a donde las cosas vuelven. Conocer las razones más profundas y universales de la realidad. Explicar reflexivamente la naturaleza. La explicación última a los interrogantes más comunes que todos los hombres se han planteado frente a los fenómenos naturales. Saber el porqué de las cosas. Determinar el primer principio de todas las cosas. Discernir entre lo que tiene una existencia aparente y lo que tiene una existencia real, auténtica, primordial, irreductible a otra, en sí y por sí, su ser en sí. "La tarea de un filósofo consiste en designar un primer principio de todas las cosas, y dicho principio va a ser algún tipo de materia. A partir del primer principio se seguiría habitualmente, de modo deductivo en apariencia, una cosmología o una explicación de la estructura básica del mundo" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

    Los presocráticos rompieron con el determinismo de la tradición mítico-religiosa, a través de la cual los dioses guiaban el destino de los hombres, y empezaron la construcción del pensamiento racional; pasaron del mito al logos (razón). "El pensamiento mítico está basado en lo aparente, cambiante y múltiple, mientras que el pensamiento racional está basado en lo que realmente son las cosas, la permanencia y la unidad… El paso del mito al logos se produce, junto a todos los elementos que hemos visto anteriormente, cuando se convierte o transforma la idea de mito en la idea de necesidad lógica o ley natural. Tanto la idea de destino como la idea de necesidad lógica constituyen la fuerza mayor de la naturaleza, ya que no pueden ser cambiadas por nada. Sin embargo, mientras que la idea de destino es algo incognoscible, la idea de ley natural es cognoscible. El pensamiento mítico está basado en lo aparente, cambiante y múltiple, mientras que el pensamiento racional está basado en lo que realmente son las cosas, la permanencia y la unidad" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). El destino es lo incognoscible, lo aparente, lo cambiante; la ley natural es lo cognoscible, el ser (esencia), lo permanente, la unidad. "Estas tres características (esencia, permanencia y unidad), llamadas coordenadas lógicas, se obtienen mediante el empleo de la razón, despreciando el conocimiento sensorial que nos muestra la realidad como algo aparente, cambiante y múltiple" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). Con los presocráticos aparece la idea de naturaleza o phycis (conjunto de todas las cosas y esencia de las cosas). Para ellos la naturaleza es cosmos, un orden en oposición al caos; la naturaleza es dinámica, cambiante y móvil, y presenta unosmovimientos intrínsecos, una animación y leyes propias. Para los antiguos griegos la idea destino consistía en una fuerza superior a la voluntad de los hombres y de los dioses y que determina aquello que necesariamente tiene que ocurrir. "El objetivo de los primeros filósofos era buscar explicaciones naturales a los procesos de la naturaleza" (El Mundo de Sofía, de Jostein Gaarder).

    Los griegos presocráticos fueron quienes empezaron a reflexionar para discernir entre lo que tiene una existencia aparente y lo que tiene una existencia real, una existencia en sí, una existencia primordial, irreducible a otra. Descubrieron que con la razón, con el pensamiento racional, se puede hallar lo que las cosas son, se puede averiguar el fondo último de las cosas. Buscaron cuál es la o las cosas que tienen una existencia en sí (el "principio", como comienzo y como fundamento de todas las cosas). Los primeros filósofos (los presocráticos) reflexionaron sobre ¿cuál es el auténtico y verdadero ser? ¿Cuál es el principio de todas las cosas? ¿Qué cosas existen en sí y por sí mismas? ¿De dónde proceden todas las cosas? Los Presocráticos consideraban el ser como la realidad última que constituye las cosas.

    Tales de Mileto, considerado como el "padre de la filosofía", buscó entre las cosas cuál sería el principio de todas las demás, cuál sería la cosa a la cual le conferiría la dignidad de ser, de la cual todas las demás son meros derivados, y encontró que esta "cosa en sí" era el agua, el principio de todas las cosas. Su principio originario de todo ser, concepto que fue el primero en ver y definir, constituye el mérito histórico y filosófico de este pionero y original pensador. Su ciencia no fue un saber ordinario, sino una auténtica sabiduría, es decir, filosofía. "La concepción tradicional sostiene que la filosofía, junto con la ciencia, la razón y quizás la propia conciencia, irrumpió en el escenario del mundo a comienzos del siglo VI a. C. en la persona de Tales… Tales puso, en el lugar de la divinidades antropomórficas de la mitología tradicional, un principio basado en un fenómeno material y observable. Ahora podía explicarse el mundo en clave de procesos naturales y familiares, como hervir, congelar o fluir, más que en términos de las acciones y disposiciones de unos cuantos dioses quejumbrosos…" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Tales planteó que el mundo está animado y lleno de espíritus, de dioses. El imán es un ejemplo: los dioses del imán atraen el hierro. Además, defendió la inmortalidad del alma; inventó las estaciones del año, y asignó a éste 365 días. Propuso que lo más difícil era conocerse a uno mismo y lo más fácil era dar consejos a los demás.

    En Anaximandro, que halló en el ápeiron (sustancia indefinidad e indeterminada) el primer principio que explicaba los múltiples procesos de la naturaleza, encontramos el primer atisbo de la teoría evolucionista expuesta en el siglo XIX. "Probablemente el menos convencido del carácter racional del conocimiento, identifica el arché con algo indeterminado, al que denomina ápeiron, algo que no podemos entender o conocer" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). Atribuyó a su ápeiron o infinito las propiedades de ser uno, necesario, equilibrado, atemporal, eterno, inmortal, inmutable, indefinido, indeterminado e inasible para la experiencia. El ápeiron todo lo incluye y todo lo gobierna. Como del ápeiron proceden todas las cosas de la realidad, también a él deben volver. "Anaximandro pensó que podría solucionar el problema de cómo la materia primera era capaz de transformarse en todas las diferentes clases de material que vemos a nuestro alrededor. La respuesta es que el infinito contiene en sí mismo todos los elementos finitos" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Anaximandro introdujo un primer elemento de abstracción en el desarrollo de la filosofía, y fue el primer filósofo que practicó el arte de resolver nombrando. "Anaximandro, la figura más importante de los milesios, fue el primero en crear una imagen del mundo de verdadera profundidad metafísica y de rigurosa unidad constructiva. Su concepción de la tierra y el mundo es un triunfo del espíritu geométrico. Su mundo es un mundo matemático" (Paideia, de Werner Jeager).

    Anaxímenes encontró en el aire ese primer elemento universal, origen y causa de todo lo demás. El aire tenía el atributo de infinitud, con lo cual se podría explicar las variedades de la naturaleza. El aire es eterno, infinito, móvil. Al condensarse, primero forma nubes, luego agua y, finalmente, la tierra y las piedras; al enrarecerse, se convierte en fuego. Del aire nacen todas las cosas y, cuando se corrompen, vuelven a él. El aire es un principio vital, capaz de dar vida y de transformar las manifestaciones de ésta. Es algo vivo y divino, que conserva, anima y ordena todo. "Por tanto, el aire de Anaxímenes no es tan solo un gas atmosférico inerte sino el alma del cosmos. Nuestro propio aliento, o nuestras propias almas, son parte de este espíritu cósmico. El primer principio revela aquí su origen en el viejo modo de entender mitológico. Lo que es más importante, Anaxímenes deja claro que la materia del primer principio no es realmente una materia. Es en realidad algo espiritual o parecido al alma" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

    Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes, conocidos como milesios, fisistas, físicos o filósofos de la naturaleza, se preocuparon fundamentalmente por la constitución de la naturaleza, la materia prima de la que está constituido el cosmos, el principio al cual todo se puede reducir. Éstos abrieron el camino y proporcionaron los conceptos fundamentales a la física griega desde Demócrito hasta Aristóteles.

    Pitágoras, al proponer el número como el principio de todo lo existente, contribuyó al desarrollo de las ciencias de la naturaleza, las cuales viven cada vez más del número. El número es el origen y causa de todas las cosas. El número es el principio material de las cosas. Es el origen de la medida de las cosas. Es el número, en último término, lo que permite denominar cosmos (orden) al universo. "Pitágoras fue el primer filósofo griego a quien se le ocurre la idea de que el principio de donde todo lo demás se deriva, lo que existe verdaderamente, el ser en sí, no es ninguna cosa, sino algo que no se puede tocar, ni ver, ni oír: el número" (Curso de filosofía II, de Jaime Vélez Correa). Este descubrimiento hay que contarlo entre los más decisivos impulsos que ha recibido la ciencia humana. El progreso de la ciencia se ha sostenido siempre sobre el descubrimiento paulatino de ese núcleo matemático que formaliza la constitución de los seres y las leyes de la naturaleza. "Para el pensamiento pitagórico nada puede mantenerse en pie que no pueda reducirse, en último término, a número" (Paideia, de Werner Jeager).

    Los pitagóricos cambiaron la perspectiva del filosofar: el interés pasa de lo material a lo formal. Con Pitágoras se abandona la pregunta filosófica sobre el origen de las cosas y se centra la atención en lo que son las cosas mismas: explicar qué son las cosas. Los pitagóricos (seguidores de Pitágoras) establecieron un dualismo que los llevó a creer en los principios de "el bien" y "el mal", que influyeron en Platón y en numerosas filosofías posteriores, y tienen mucha importancia en nuestro tiempo. Dos pitagóricos se adelantaron a Copérnico y a otros científicos modernos: Filolao estableció que la tierra no es el centro del sistema solar, y Aristarco de Samos propuso la rotación de la tierra y la traslación elíptica de los cuerpos celestes.

    Heráclito, que consideraba el fuego como el origen de todo, encuentra que los primeros pensadores se preguntaron por el origen de las cosas, por el principio y el fin de las mismas, y se propone estudiar el paso de lo que las cosas son a lo que no son y viceversa: el paso del ser al no-ser. "Parte del dinamismo y movimiento del Universo, movimiento que, sin embargo, según él, no nos lleva al caos, sino que está sometido a un orden, armonía o ley: la dialéctica. Esta es consecuencia del equilibrio que se produce entre la lucha de contrarios. La dialéctica es pues, según Heráclito, el arche explicativo del Universo, que representó mediante el fuego" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). El elemento más acorde con el devenir es el fuego. Un fuego vivo, eterno e inextinguible es el principio y fin de todas las cosas. Heráclito se refiere al fuego como la materia suprema del mundo. "El fuego no es realmente una materia; es un proceso. La materia que forma el fuego se transforma constantemente en humo y, sin embargo, el fuego permanece" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Su intención es estudiar el cambio, el movimiento, la transformación, el devenir. La esencia de las cosas es el devenir. De ahí que las cosas sean y no sean al mismo tiempo. Para Heráclito, todo se mueve y nada permanece en reposo. "No hay, pues, un ser estático de las cosas: lo que existe es el movimiento, el devenir, el cambio" (Curso de filosofía II, de Jaime Vélez Correa). Heráclito predicó al unidad en la oposición. "Las cosas se transforman en sus opuestos y este mismo movimiento constituye la estructura subyacente del mundo, el primer principio de todas las cosas. Por cierto que, en estas síntesis de todos los opuestos, Heráclito prefigura para nosotros un rasgo de la filosofía que habrá de acompañarnos en el de la historia. El impulso hacia la unidad supone acaso el móvil primordial de la filosofía y, en último término, ha de imponerse a todas las oposiciones (meramente aparentes) que pueblan el mundo" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Los tópicos esenciales del pensamiento de Heráclito son el movimiento y la contradicción.

    El logos, la razón universal, la ley eterna, el orden necesario que rige el proceso de cambios en las cosas, es la causa de la armonía universal. El logos es la ley cósmica y la ley de las costumbres, que debe normar la vida social e individual.

    Heráclito es el primer filósofo que trata de estudiar al ser humano. Según éste, el hombre está compuesto de cuerpo y alma. Sus ideas representan una interpretación dinámica de la realidad. Su concepción dinámica del ser, que no tuvo vigencia durante el medioevo, fue acogida, sistematizada e implementada por Hegel y otros pensadores, alcanzando una enorme influencia que es evidente hasta nuestros días. "Los autores sistemáticos, Platón y Aristóteles, muy próximos a figurar en el panorama de la filosofía, lo tuvieron en gran estima. También la modernidad encontró en él –la filosofía dialéctica de Hegel y sus epígonos- un bastión seguro para sostener sus estructuras de pensamiento más consolidadas y determinantes" (Clásicos del pensamiento universal resumidos, de Rafael Méndez).

    Tras la aparición de Parménides, uno de los más grandes pensadores de la humanidad, el paradigma filosófico sufrió su primera gran transformación. Su pensamiento revolucionó estruendosamente a la filosofía. Gracias a su impresionante genialidad estableció una concepción del ser que tiene una contundente y arrolladora vigencia hasta nuestros días. Fue el encargado de prefijar los dos elementos fundamentales en la filosofía: el ser como objeto de la metafísica, y la razón como instrumento para la búsqueda e investigación de la verdad del ser. Descubrió la identidad del ser, la identidad entre el ser y el pensar. "Es lo mismo el pensar y el ser de las cosas". El ser es ajeno al devenir, eterno, omnipresente, unitario, coherente, indivisible, homogéneo, ilimitado y concluso. El pensamiento y lo pensado se identifican, son la misma cosa. Afirmó que de la unidad no puede surgir la pluralidad, porque supondría el paso del ser al no ser; es por eso que a partir de Parménides los filósofos adoptan el pluralismo, es decir, admiten una pluralidad de realidades que existen desde siempre y que por lo tanto son eternas. "La cuestión fundamental de la que se hicieron cargo los primeros pensadores griegos se formuló de la siguiente manera: ¿de que materia física está constituida la naturaleza?. Para algunos de ellos esta materia como elemento primario (arjé) estaba constituida por agua, por aire o por fuego. Frente a ellos, Parménides intentará superar esta concepción unilateral y fisicista, afirmando que la realidad primigenia o principio primero está hecha de ser, puesto que las cosas tienen en común la propiedad de ser, es decir, son. Por tanto, el ser es la única propiedad que tiene todo aquello que es: el ser es la raíz última de todas las cosas existentes. Por este motivo en la historia de la filosofía se considera a Parménides como el pensador que supo llevar la especulación filosófica a su verdadero lugar. Con su filosofía, hace su aparición la metafísica como presupuesto inicial, pero no la metafísica -como a veces incorrectamente se la interpreta- como un ir simplemente más allá de lo físico, sino como arranque originario por la pregunta fundamental sobre el ser del ente, en cuanto el ente es lo primero que aprehendemos al enfrentarnos con la realidad. El pensamiento de Parménides no se va a circunscribir en las cosas físicas, como ocurría con los anteriores filósofos, sino que va a tratar de las cosas en cuanto son, es decir, en cuanto son entes. El ente será su gran aportación filosófica. Si afirmamos que el primer principio (arjé) es agua, aire o fuego, de algún modo se entiende lo que se pretende decir, por su misma simplicidad, pero si decimos que todo es ser, deberemos legítimamente preguntarnos ¿y qué es el ser?. Y aquí empiezan las dificultades, puesto que Parménides nunca nos dirá que es el ser, en qué consiste, que sin duda es lo importante y decisivo, sino que sólo nos dirá lo que es el ser, cuáles son sus propiedades, un lo que es, que en consecuencia aparecerá revestido de aquellos atributos propios de la total identidad. El ser, nos dirá Parménides, es uno en su radical materialidad, inmóvil, imperecedero, necesario, siempre presente... Para conocer en rigor el ser que se manifiesta eternamente a través de los entes particulares, entes que son perecederos, contingentes y plurales, no podemos utilizar el acceso de los sentidos, de la experiencia sensible, sino solamente la vía del nous o de la razón. El pensamiento será, por tanto, el único medio que tenemos para conocer el ser, más aún: el nous mismo forma una esencial identidad con el ón, el ser como tal. La vía del pensamiento es así para Parménides la vía de la verdad, aquella que nos conduce al conocimiento del ser. En cambio, mediante los órganos de la sensación, que son los únicos que poseemos para conocer la existencia de lo sensible, ya no estamos en condiciones para poder conocer el ser con sus propiedades esenciales de unidad, inmutabilidad e identidad, puesto que la sensación como vía de conocimiento, sólo puede captar la diversidad y el cambio de las cosas concretas y singulares. La sensación, en estas condiciones, no puede conocer el ser como lo común y real de los entes, por lo que su conocimiento tendrá la validez de simple opinión o doxa. Las cosas, si las consideramos con el pensamiento o nous, antes de ser rojas, duras, calientes o sonoras, presentan una propiedad común a todas ellas: son. El ser es, por tanto, su propiedad esencial que solamente se manifiesta al nous. Las cosas vistas desde esta perspectiva noética, por medio de la razón, son ahora estrictos entes. El ón y el nous presentan en el pensamiento de Parménides una indisoluble conexión esencial, de modo que no se da el uno sin el otro. En este sentido es lo mismo el ser y el pensar… Para Parménides, sólo aquello que es, existe; ser un ser es existir, existir es ser un ser. No hay conciliación intermedia entre ser y no ser. Pero si siguiendo su pensamiento identificamos su concepción del ser con el existir que es accesible a la experiencia, desembocamos en una serie de consecuencias antitéticas e irresolubles, puesto que si al modo de ser propio de las cosas particulares comúnmente lo denominamos como existencia, ya que no tenemos experiencia perceptiva de ningún otro tipo de realidad, surge una infranqueable diferencia entre ser y existir. Las cosas particulares cuya verdadera existencia las conocemos mediante la experiencia,son para Parménides, mera apariencia, ilusión; no son, no tienen ser, y lo que es, al no ser accesible a la experiencia, no existe. En esta tesitura se inicia en la historia del pensamiento el principio de que si el ser es verdaderamente, nada debería existir, porque el ser es lo opuesto a la existencia, ya que en el ser no hay nada que pueda dar cuenta del hecho de la existencia como tal. En los albores del pensamiento humano, la existencia actual aparece en desconexión con el ser, y en la modernidad de la filosofía existencialista, se interpretará como una fisura o agujero que ha enfermado y debilitado al ser." (El itinerario del ser, de Lluís Pifarré).

    Parménides sentó la tesis fundamental de que las cosas fuera de mí, el ser fuera de mí, es exactamente idéntico a mi pensamiento del ser. Las propiedades esenciales del ser son las mismas propiedades esenciales del pensar. Una y la misma cosa es ser y pensar. "Sólo podemos pensar en lo que realmente es. Es decir, sólo cabe pensar realmente en aquello que existe. El pensamiento es la realidad" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Su mérito radica en haber establecido que la misma cosa son el ser y el pensar, y fundar el principio de identidad (Todo objeto, cosa o ser es idéntico a sí mismo) con el que funciona la ciencia de la lógica. El principio de identidad determina nuestra manera de pensar, percibir, interpretar y sistematizar la realidad. Lo encontramos en múltiples circunstancias en nuestro quehacer cotidiano. En matemáticas, por ejemplo (y el nuestro, es un mundo matemático), lo encontramos en la propiedad reflexiva o de la identidad, y nos dice que cualquier número es igual a sí mismo (m=m). "La posición de Parménides es la más general de los presocráticos, y abarca buena parte de la producción de éstos. En lugar de limitarse a proponer un primer principio, como aire o agua, Parménides ofrece una reflexión sobre cómo ha de ser cualquier principio. Desde esta perspectiva… descarta buena parte de las tentativas de los demás presocráticos, extrae sus propias conclusiones acerca de la realidad y articula la estrategia central de mucha de la filosofía venidera. Aunque anticipadas por Jenófanes y clarificadas por discípulos como Meliso, las conquistas de Parménides brillan con luz propia entre los antiguos filósofos" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). El filósofo Lluís Pifarré señala que a pesar de los escasos fragmentos que conservamos de Parménides, es indudable el gran avance filosófico que supuso su pensamiento respecto a los filósofos presocráticos anteriores a él, y precisa que es indiscutible su talento metafísico para intentar penetrar el ser en lo más profundo de lo real, y su ambicioso objetivo por hallar la raíz y ultimidad de todo lo que hay, que en definitiva es la cuestión fundamental que incita la especulación de los verdaderos filósofos.

    Parménides planteó dos vías para obtener el conocimiento: la vía de la verdad y la vía de la opinión. La vía de la verdad dice que el ser, es, y el no ser, no es. Esto quiere decir que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. Es el camino de la razón. La vía de la opinión se alimenta del conocimiento de los sentidos, que sólo nos muestran la apariencia de las cosas. Es el camino de la apariencia u opinión. "Parménides ejemplifica al menos la idea de que un filósofo no debería limitarse a formular sus concepciones sobre las cosas, y tendría que buscar lo verdadero y mostrar que ha de ser verdadero" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Cuando la razón cede el paso a los sentidos, nos parece que las cosas cambian, se transforman. El pensamiento es el único que puede conducirnos a la certeza infalible. El pensamiento, la razón, el entendimiento, la inteligencia, es la vista y el oído espiritual del hombre. Quienes no lo siguen son ciegos y sordos y se pierden en contradicciones sin salida. "Lo que no conocemos por la vía del pensamiento es meramente opinión de los hombres" (Paideia, de Werner Jeager). El descubrimiento del pensamiento puro y de su rigurosa necesidad aparece en Parménides como la apertura de un nuevo camino, es más, del único camino practicable para llegar a la consecución de la verdad. Su obra Sobre la naturaleza, en donde expone su camino o vía de la verdad y el camino o vía de la opinión, "es considerada como piedra angular de la reflexión filosófica griega posterior y, en general, de todo el pensamiento metafísico occidental" (Clásicos del pensamiento universal resumidos, de Rafael Méndez).

    Con Parménides se inició la escisión entre el mundo de la realidad o mundo inteligible o del pensamiento, y el mundo de la apariencia o mundo ininteligible o de la sensibilidad; escisión aún vigente, luego de haber sido perfeccionada por Platón en su teoría de los dos mundos: el de las ideas, real, inteligible y el de la opinión, aparente, ininteligible. "A partir de este momento empieza a dominar en el pensamiento griego la teoría del conocimiento intelectual que prima sobre el sensible: para Parménides lo racional es lo único verdadero, mientras que lo sensible es pura apariencia" (Curso de filosofía II, de Jaime Vélez Correa). Así mismo, planteó una concepción antagónica a la de Heráclito, debido a que mientras éste afirmaba que sólo existía el devenir, negando el ser, porque la realidad es múltiple, temporal, finita, móvil y mutable, Parménides afirmaba la existencia del ser, caracterizado por ser único, eterno, infinito, inmóvil e imputable. De allí surge la teoría de los dos mundos (mundo aparente y mundo real), que, luego de ser perfeccionada por Platón y retomada por otros pensadores, llega hasta nuestro presente. ¿Qué es lo que verdaderamente existe para Heráclito? El devenir. ¿Qué es lo que verdaderamente existe para Parménides? El ser.

    Parménides cuenta entre los pensadores de más alto rango. Pero su importancia en la historia de la educación y de la formación humana sólo puede ser estimada en conexión con la historia de la amplia y fecunda influencia de sus ideas fundamentales. Lo encontramos en todos los estados de la evolución de la cultura griega y aún hoy se nos ofrece como prototipo de una actitud filosófica perenne. Su pensamiento traspasa los límites de la filosofía para penetrar profundamente en la vida espiritual. "Parménides es el primer pensador que plantea de modo consciente el problema del método científico y el primero en distinguir claramente los dos caminos fundamentales que habrá de seguir la filosofía posterior: la percepción y el pensamiento" (Paideia, de Werner Jeager). Parménides elevó a la filosofía al territorio de la metodología. "Parménides es el primero de los presocráticos en distinguir claramente entre investigaciones de primer orden sobre la naturaleza de las cosas e investigaciones de segundo orden acerca de lo que es posible investigar, o entre métodos y metodología. Este paso a un segundo orden caracteriza la filosofía hasta nuestros días. Lo que más tarde recibirá extravagantes nombres de ontología, metafísica, epistemología y lógica se combina en un único gesto parmenídeo… El método específico que preocupa ante todo a Parménides es el método del pensamiento… su obra no empieza por preguntarse sobre uno u otro fenómeno, sino sobre qué puede servir de posible objeto de pensamiento" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

    La metafísica de Parménides es una metafísica tan extraordinaria que ha orientado el pensamiento filosófico por más de 25 siglos. El suyo es "el espectáculo de una metafísica de gran envergadura, de alto vuelo, en donde en una pureza realmente ejemplar, se da a las preguntas: ¿qué es el ser?, ¿quién existe?, una contestación que en la historia del pensamiento moderno pervive aún en sus grandes rasgos", precisa Manuel García Morente, en sus Lecciones preliminares de filosofía, y agrega que Parménides representa una hazaña intelectual de extraordinaria magnitud, no sólo por lo que en su tiempo significó de esfuerzo genial para dominar el problema metafísico, sino sobre todo por la profundidad incalculable de penetración, que lo llevó a formular ideas, pensamientos, direcciones que han impreso a toda la filosofía europea un carril, una marcha, que desde entonces ha seguido ininterrumpida la misma orientación. Las bases fundamentales en que se asienta todo su pensamiento son la identificación del ser con el pensar, y la aplicación rigurosa de las condiciones del pensar a la determinación del ser.

    Mientras que Parménides sostiene que la verdad científica, si realmente es verdad, permanece eternamente, Heráclito afirma que el mundo real, contenido como está en el marco del espacio y del tiempo, fluye eternamente. El mundo eterno de Parménides es el mundo del pensamiento, y el mundo dinámico de Heráclito es el mundo de los sentidos. "La filosofía de Parménides se aleja de las cosas humanas. En su concepto de ser se desvanece toda existencia particular y, por tanto, también el hombre. En la filosofía de Heráclito, por el contrario, el corazón humano constituye el centro sentimental y apasionado en que convergen los radios de todas las fuerzas de la naturaleza. El del mundo no es para éste un espectáculo sublime y lejano, en cuya consideración se hunda y se olvide el espíritu hasta sumergirse en la totalidad del ser. Con su expresión "me he investigado a mí mismo", Heráclito vuelve la filosofía hacia el hombre" (Paideia, de Werner Jeager).

    Nuestro quehacer cotidiano, científico, filosófico, político, social, económico y cultural está, en cierta forma, condicionado por la concepción dinámica del ser (Heráclito) y la concepción estática del ser (Parménides), principalmente por la de este último, porque "Parménides introdujo la mayor revolución que se conoce en la historia del pensamiento, tanto que seguimos viviendo hoy en los mismos carriles y causes filosóficos que abrió, por donde empujó, con un empujón gigantesco, el pensamiento filosófico" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). Según Matthew Stewart, Parménides esboza cuestiones de interés para la filosofía venidera. "Al exponer las cuestiones, despliega asimismo la estrategia para la filosofía, es decir, cómo habría de concebirse y presentarse a sí misma con el fin de disponer de cuestiones significativas que investigar y resultados significativos que declarar" (La verdad sobre todo). A partir de Perménides tenemos concepción estática del ser, ya que él caracteriza el ser como único, eterno, infinito, inmóvil e inmutable. Estas características o predicados del ser son los pilares fundamentales de la metafísica. Su metafísica se basa en el principio de identidad y en la identidad entre el ser y el pensar.

    Empédocles, que trató de conciliar los planteamientos antagónicos de Parménides y Heráclito, encontró que eran cuatro los elementos de los cuales se originaban todas las cosas: agua, aire, fuego y tierra. La diversa combinación de estos elementos básicos (eternos, irreductibles e inalterables) da lugar a todas las cosas, que cobran existencia por la agregación dosificada de aquéllos, y mueren cuando se produce la disgregación. La palabra "elementos" quiere decir: aquello con lo cual se hace todo lo demás. Los cuatro elementos de Empédocles tuvieron vigencia hasta el Renacimiento, gracias a la filosofía de Aristóteles. "Los dioses-elementos se presentan como creadores del mundo tal y como es en la actualidad" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). El amor y el odio son la causa del movimiento y, por lo tanto, de la mezcla de los cuatro elementos. El amor y el odio son también responsables del bien y del mal en el mundo. "El primer gran dualista de nuestra tradición, Empédocles, reveló a todos que el mundo no es sino una incesante toma y daca entre dos fuerzas primordiales, el amor y la discordia. A través del amor todas las cosas se vuelven una, mediante la discordia todas las cosas se separan" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Empédocles tuvo el mérito de añadir al concepto de elemento el concepto de fuerza, los cuales son básicos en la física y en la química actual. Empédocles intentó reconciliar la doctrina de la permanencia del ser con la de la realidad de la experiencia del cambio del movimiento. Se le atribuye el invento de la retórica.

    Anaxágoras utilizó la hipótesis de la existencia de un número infinito de elementos, gérmenes o semillas (homeomerías), diferenciadas entre sí cualitativamente y con propiedades irreductibles, para explicar lo que acontece y cambia en el ser permanentemente. (Homeomerías significa que todo está en todo y participa de todo). "Para explicar el cambio de estas partículas, el movimiento, nos habla de un nous o entendimiento universal: una realidad espiritual, divina, que imprime el movimiento a esta partículas provocando su mezcla y la creación de sucesivos y eternos mundos. Es un concepto muy importante, pues es la primera vez que aparece la idea de una realidad divina" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine). De las combinaciones de ese número infinito de elementos, nacen las cosas visibles. Esas homeomerías son movidas por una fuerza intelectual (nous), principio del orden. El nous o la inteligencia es el principio del movimiento. "Fue el primero que a la materia (hile) añadió la Mente al principio de sus obras, donde, suave y magníficamente, dice: Todas las cosas estaban juntas; luego sobrevino la Mente y las ordenó, y por esta razón se llama Mente… La Mente es el principio del movimiento" (Vidas de los filósofos más ilustres, de Diógenes Laercio). El principal mérito de Anaxágoras fue haber presentido la necesidad de una causalidad final en el universo y de un principio del movimiento. "Con Anaxágoras entra en la cosmología la tendencia antropocéntrica del tiempo, sitúa en el origen el ser al espíritu, como fuerza ordenadora y rectora. Anaxágoras fue el primero en explicar los eclipses de sol y de luna" (Paideia, de Werner Jeager).

    Los atomistas (Leucipio y Demócrito), que atribuyeron al átomo ser el origen de todas las cosas, inauguraron la llamada consideración cuantitativa-mecanicista de la naturaleza, que constituye la base de la ciencia física moderna, de la técnica y de su dominio de los procesos naturales. El número de átomos es infinito. Son impenetrables, indestructibles, eternos, pesados y todos de la misma naturaleza. Los átomos permanecen en continuo movimiento. Se trata de un movimiento eterno que resulta de las presiones y los choques entre aquellos. El pensamiento consiste en un movimiento de átomos sumamente rápido y sutil. El alma y la mente son la misma cosa.

    Demócrito, para explicar el movimiento, sostiene que es precisamente el no ser, el hecho de que "el no ser no exista", lo que explica el movimiento (el no ser significa la ausencia, el vacío, un vacío que sirve como campo de acción para que se produzca el movimiento, para que el átomo se dirija a éstas zonas y se combine). El movimiento no surge en un momento determinado, es eterno. "¿Existe algún orden, una realidad que le confiera una finalidad? No, según Demócrito, el Universo no tiene finalidad externa ni está sometido a un Dios. Se define pues totalmente por el mecanicismo: para él los movimientos se producen al azar" (Historia de la filosofía, de José Luis Dell´Ordine).

    Con los atomistas las explicaciones materialistas alcanzaron su punto culminante, por cuanto consideraba que las diferentes formas de la materia están causadas por diferencias en la forma, tamaño, posición y orden de los átomos que la componen. "Los atomistas propusieron como primer principio de su física el postulado de que todo está compuesto de unidades discretas e invisibles llamadas átomos, que se mueven en un vacío. Por una parte, rechazaban de modo flagrante y consciente la tesis de Parménides, en virtud de la cual no podía existir vacío ni, por tanto, movimiento alguno. Por otra parte, su sistema de átomos y vacío estaba destinado a refutar la permanencia del ser parmenídeo, dando cabida a una explicación de la diversidad de los fenómenos. La idea de los atomistas se nos antoja fascinante, pues sabemos que la materia que nos rodea se halla, en efecto, compuesta de átomos…" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

    Es procedente aclarar, con el ánimo de reivindicar la grandeza de los presocráticos, que éstos tienen una importancia enorme en el maravilloso universo de la filosofía. A pesar de que sus planteamientos, hoy en día, a la resplandeciente luz de la pomposa "postmodernidad" y del arrollador poder de la ciencia y la tecnología, nos parecen absurdos y hasta pueriles, no podemos ignorar que, gracias a ellos, el hombre rompió con el condicionamiento, el dominio y la alienación de la religión y los mitos que pretendían dar respuestas ultraterrenas, mágicas, deterministas e irracionales a la realidad, al origen, dinámica y composición del universo, y a los problemas e inquietudes profundas del hombre.

    Antes de los presocráticos existía toda una pléyade de cosmologías mitológicas, que fueron cuestionadas y superadas por éstos. "La conciencia racional alboreó entre aquel misterioso y variopinto grupo de pensadores conocidos como los presocráticos. Aquellos audaces pioneros del pensamiento enfrentaron a las cosmologías mitológicas de su propia cultura y las rechazaron. El mundo no fue creado por alguna extraña divinidad devoradora de hijos y por incestuosa familia. Los nuevos pensadores reclamaban y brindaban una explicación del mundo conforme a principios racionales… De hecho, muchos de los primeros filósofos dejan constancia de su repugnancia hacia las mitologías prevalentes. Sus objeciones no eran meramente estéticas; sentían también que esos relatos eran tan estúpidos que amenazaban la vida espiritual en pleno" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Los presocráticos enseñaron a razonar correctamente en contra el razonamiento falso. "En los tiempos antiguos, el razonamiento falso constituía la regla: las mitologías de todos los pueblos, su magia y supersticiones, sus cultos religiosos…" (Humano, demasiado humano, de Federico Nietzsche).

    De la concepción en virtud de la cual la conciencia racional "emerge de una síntesis de reflexiones filosóficas fragmentarias, los presocráticos formaron una especie de sopa primordial, a partir de la cual surgieron Sócrates y Platón, así como todas las generaciones subsiguientes de adalides de la racionalidad occidental hasta llegar Kant y a Wittgenstein" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). El mérito de los presocráticos consiste en haber hecho surgir la conciencia científica en medio de la oscuridad de la actitud natural.

    Desde los presocráticos en adelante, los filósofos han intentado la unidad de pensar y ser, esencia y existencia, razón y hecho, método y contenido, universal y particular, posibilidad (potencialidad) y realidad, infinitud, ser y deber, práctica y teoría… "que, al ser posible, es también necesariamente real: aquello que exige su propia existencia, la realidad verdadera fundamentadora, independiente, indudable, absoluta, firme como una roca. La roca de la razón aspira también a poner de manifiesto, a demostrarnos lo que deberíamos querer y hacer" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

    Los presocráticos hicieron énfasis en que la sabiduría es algo más que la mera acumulación de hechos respecto de la naturaleza. La sabiduría, según Heráclito, "consiste en descubrir el patrón general de las cosas y en comprender cómo y en qué medida encaja cualquier cosita en el todo vital. La sabiduría no es la capacidad de inferir mecánicamente, sino una facultad del juicio basada en el carácter" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

    Es posible que la abrumadora y arrolladora influencia de la filosofía platónica y aristotélica haya eclipsado la grandiosidad de los presocráticos, a quienes consideró Nietzsche como los verdaderos filósofos de Grecia. Algunos estudiosos de la filosofía consideran que el mismísimo Platón que Occidente conoce, con su voluntad de certeza y de fundamentación, se encargó de ocultar el acceso a la filosofía presocrática e hizo de ella algo incomprensible. Como Aristóteles fue el encargado de sistematizar toda la filosofía anterior (creando un influyente sistema que sirvió de fundamento y referencia a la doctrina católica) le restó importancia a los planteamientos de algunos de sus antecesores porque no encajaban en su formidable construcción filosófica. Gracias a los pensadores de la modernidad y a los que siguieron a ésta, filósofos presocráticos como Heráclito y Demócrito, que habían perdido cierta vigencia durante la Edad Media, volvieron al escenario filosófico.

    Ya sea porque los planteamientos de los presocráticos parecieran (a simple vista) absurdos y pueriles o porque fueron eclipsados u ocultados por Platón y Aristóteles, factiblemente obedeciendo a intereses particulares, colectivos o de los sistemas políticos, sociales, religiosos o económicos imperantes en el contexto de éstos, los presocráticos nos alejaron de la actitud natural y del sentido común, nos legaron el quehacer filosófico y empezaron la construcción de los rieles firmes y seguros por donde se ha venido desplazando el tren de la filosofía occidental hasta nuestros días. "A aquellos que prosigan el viaje por el resto de nuestra historia, no les costará comprobar que todo cuanto se diga durante los dos milenios y medio siguientes de filosofía ya había sido expresado de algún modo por los filósofos presocráticos. Las disputas entre los presocráticos concernientes a los primeros principios serán reavivadas en una sorprendente variedad de formas, mas siempre con el mismo desenlace. El agua de Tales se transformará en nuevas sustancias extrañas, como el Dios de Spinoza y la voluntad de Schopenhauer, si bien se reduciría siempre a la misma vieja historia. El principio pitagórico de los números ilustraba ya la pléyade de los primeros principios ideales, como habría de plasmarse en el mundo de las ideas de Platón. En particular, el salto parmenídeo al segundo orden podría interpretarse como el paradigma de casi toda la filosofía antigua y moderna. La metafísica aristotélica, como estudio del ente, supondría un refinamiento del proyecto de Parménides. Otro tanto cabe afirmar del discurso cartesiano del método y de la investigación kantiana de las condiciones de posibilidad de la experiencia. Las dialécticas venideras entre la razón y los sentidos, entre el conocimiento divino y el humano, se hallaban ya prefiguradas en el escepticismo heraclíteo acerca del transitorio mundo de la experiencia sensorial ordinaria, por no mencionar la distinción parmenídea entre la vía de la verdad y la vía de los mortales. El Uno de Parménides habrá de emerger con la sustancia de Spinoza, y la réplica seminal de Anaxágoras volverá a brotar en la monadalogía pluralista de Leibniz. Impregnado por el flujo-logos heraclíteo, una Mente de Anaxágoras revitalizada y la dialéctica de Zenón, el Uno que es Multiplicidad retornará a sí mismo en forma de Espíritu Absoluto hegeliano. La adulterada pregunta por el ser habrá de constituir el primer principio de la filosofía de Heidegger. El genio intuitivo y misántropo de Heráclito, su empeño por forjar nuevos valores desde una cosmología muerta, volverá a manifestarse en Nietzsche. O tal vez puede reconocerse en Heráclito a un protoexistencialista. Su fe en la forma de un mundo sin fisuras, que puede ser mostrada pero no expresada, será compartida por Wittgenstein… Las sutiles paradojas de Zenón conducirán en primer lugar a la dialéctica socrática y darán luego paso a las clarificaciones conceptuales de la filosofía del lenguaje de mediados del siglo XX" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). La filosofía empieza con alturas, acantilada sobre las ondas de la cultura prefilosófica, al elevado nivel que en general se arroga dentro de lo humano. Simples por originarias o no, las primeras filosofías son paradigmas cimeros y perennes de la filosofía.

    Sistema de la sofística

    Una nueva etapa de la filosofía, la de los sofistas o de la sofística, se caracteriza por su centramiento sobre el hombre y todo lo humano. Los temas anteriores sobre el ser y la construcción del cosmos son dejados a un lado por los sofistas. Volverán más adelante con Platón y Aristóteles; pero ya cuando el tema del hombre se haya constituido en el centro de la reflexión filosófica.

    Los sofistas, entre los cuales se destacan Protágoras y Gorgias, asestaron un contundente golpe de cambio a la filosofía de los presocráticos y revolucionaron el pensamiento filosófico de su tiempo, cuya vigencia aún es evidente. Sus concepciones tenían de común la renuncia a la religión, la explicación racionalista de los fenómenos de la naturaleza, el relativismo ético y moral. Su revolución, entre otros aspectos, consistió en filosofar sobre el hombre y no sobre la naturaleza como lo hicieron sus antecesores.

    La sofística se caracteriza por el abandono del tema de la física o preocupación por el mundo, la naturaleza, para pasar a la preocupación por el hombre: es la vuelta del hombre sobre sí mismo. "La sofística es la sustitución de los problemas de la naturaleza por los problemas del hombre, sobre todo los pedagógicos y sociales" (Paideia, de Werner Jeager). El centro de atención fue el ser humano, como sujeto conocedor, que actúa en la vida pública: el hombre como animal político, que debía aprender a pensar, a razonar y a convencer, es decir, adquirir habilidades en la retórica basada en la controversia: la erística. El hombre político, el orador, el ciudadano, es ahora el ideal del hombre. Por eso insistían en que había que educar al ser humano para sacar mayor provecho de aquello que quería hacer. La oratoria, como arte de la persuasión, fue un modo de alcanzar, mediante el discurso público, el agrado de la ciudadanía y ser elegido así para un cargo público. El arte de la oratoria consistía en un arte capaz de convencer y demostrar que se tenía razón. La sofística plantea el problema del ser y del no ser, pero se mueve en el ámbito de la retórica, del bien decir, sin que importe la verdad o la falsedad de lo que se dice.

    Los sofistas colocan los temas del conocimiento de la ética por encima del tema de la cosmología. Se desentienden de la problemática cosmológica anterior y centran su reflexión en el pensar y actuar del hombre. Difunden en el pueblo la inquietud por el discurso racional y el deseo de saber. Elaboran el concepto de justicia y amplían el concepto de ley, relativizando las leyes civiles particulares con la afirmación de una naturaleza común a todos los hombres que fundamenta el derecho y la ley natural. Imprimen un gran avance a la gramática y la retórica al perfeccionar el uso del lenguaje y la oratoria. "Los sofistas son considerados como los fundadores de la ciencia de la educación: pusieron los fundamentos de la pedagogía y la formación intelectual sigue en gran parte, toda vía hoy, los mismos senderos" (Paideia, de Werner Jeager).



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    A los sofistas les interesaba más el razonamiento lógico que la verdad en sí misma. Les importaba sobre todo educar a verdaderos oradores que pudieran triunfar en el futuro. Su ideal era educar para la dirección política, a través de la palabra brillante, enderezada a persuadir, ya que para Gorgias la palabra servía para convencer o embelesar.

    Los sofistas desconfiaron de la capacidad de la razón humana para responder al interrogante de qué son las cosas, lo cual condujo a un relativismo respecto a la verdad absoluta. Sus antecesores habían filosofado sin sentir la duda inquietante de la capacidad de la razón humana para alcanzar la verdad. Opinaban que, aunque existiera una respuesta a las preguntas filosóficas, los seres humanos no seríamos capaces de encontrar respuestas seguras a los misterios de la naturaleza y del universo. Por eso relativizaron las posiciones antagónicas de Heráclito y Parménides.

    Como el hombre es la medida de todas las cosas, todo es relativo, no se puede conocer la verdad. Según Protágoras, no existen verdades universalmente válidas y objetivas. Puede cada cual mirar las cosas a su manera, "Como cada cosa me parece, así es para mí; y como aparece a ti, así es para ti". La verdad no existe, sino mi verdad. Es bueno y verdadero aquello que a cada cual parece bueno y verdadero. Todo es relativo; las cosas son como parecen. El hombre mediante su opinión y valoración da sentido a la realidad. Todo es bueno o malo dependiendo del punto de vista de quien lo mire. De ese modo se constituye el hombre en la medida de todo lo que se quiere presentar como verdad; y consiguientemente todo lo que es valor, norma, ley, idea e ideal. "El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son, y de las que no son en cuanto no son". Siempre hay que valorar lo que es bueno o malo, correcto o incorrecto, en relación con las necesidades del hombre. "Haciendo hincapié en la importancia de la percepción humana, sofistas como Protágoras dudaban que la humanidad pudiera ser capaz de alcanzar nunca la verdad objetiva a través de la razón, y defendían que el éxito material, en lugar de la verdad, debía ser el propósito de la vida" (Enciclopedia Microsoft Encarta).

    Con escepticismo afirmaban que nada existe; que si algo existiera, no podría ser conocido; y que si algo existiera y pudiera conocerse, no podría comunicarse a los demás. Todo ello propicia el cambio del punto de mira de la razón, que se vuelve hacia el mismo ser humano y su propia capacidad de conocer. Pero aunque no seamos capaces de encontrar la respuesta a todos los enigmas de la naturaleza, sabemos que somos seres humanos obligados a convivir en sociedad. Por eso, los sofistas optaron por interesarse por el ser humano y por su lugar en la sociedad.

    Sistema platónico

    Platón, considerado como uno de los mejores pensadores de Occidente, estableció un asombroso y extraordinario sistema filosófico que ha tenido una impresionante influencia hasta la época actual, ya que sirve de base y fundamento a la civilización occidental.

    Platón, para la construcción de su formidable y extraordinario sistema filosófico, se nutrió de planteamientos de los Presocráticos, principalmente de los pitagóricos, Heráclito y Parménides, y de los sofistas y de Sócrates. De los pitagóricos tomó la doctrina sobre el origen y la preexistencia de las almas, su inmortalidad y sus reencarnaciones; la necesidad de la ascética, y la función catártica de la filosofía. De Heráclito el dinamismo, el cambio, el devenir de las cosas o del ser. De Cratilo el fluir de las cosas o el principio de que en la naturaleza todo fluye y nada tiene consistencia firme y estable. De Parménides y los eleatas (de donde obtuvo la mayor influencia) la intuición intelectual, la razón, el pensamiento; la teoría de los dos mundos: el mundo sensible o de la realidad sensible (apariencias) y el mundo suprasensible o de la realidad suprasensible, inteligible (verdades), y la dialéctica (discusión por medio de argumentos). De Sócrates la idea de concepto o los conceptos permanentes o generales (el verdadero ser); la convicción moral profunda o preocupación moral y política; el anhelo por llegar a la esencia de las cosas, y el método inductivo de investigación.

    En su filosofía se observan múltiples influencias asimiladas y conciliadas en una síntesis muy personal. "A partir de estas influencias y en una aspiración permanente de captar y expresar la realidad, Platón trata de responder a los grandes interrogantes del ser, del saber y del obrar, elaborando así una gran síntesis filosófica que durante muchos siglos ha cautivado la simpatía de espíritus inquietos y generosos, y que aportó al filosofar actitudes valiosas y perdurables" (Filosofía Grecorromana, de Juan José Sáenz Adrados y Luis José González Álvarez).

    Las teorías postuladas por Platón son, en su mayor parte, un trabajo derivado de la enseñanza que recibió de Sócrates. "A más de discípulo de Sócrates y conservador de sus principios, Platón se conduce como el coordinador que articula y recoge todos los descubrimientos que sus antecesores habían aportado a la filosofía. Armonizando los criterios de milesios y pitagóricos, de Heráclito y Parménides, y de los mediadores entre éstos, elabora la maravillosa síntesis de su sistema, explicando su concepción del cosmos, del hombre y del conocimiento, de un modo genial y único" (Introducción a la filosofía, de Mercedes y Rosaura García Turudi).

    Francisco Gutiérrez, en su libro Vida y obra de Filósofos y Pensadores, precisa que Platón ha sido uno de los filósofos más importantes e influyentes de todos los tiempos, y agrega que tras continuar con el pensamiento de su maestro Sócrates, creó un sistema filosófico en el que ideas precisas e intuiciones religiosas se aúnan; y este sistema, con todos los defectos que se le puedan anotar desde la perspectiva del siglo XX, tuvo una perdurabilidad de más de mil años. "En realidad, no sería exagerado decir que Platón es fundamental para comprender la mentalidad occidental en general, y cristiana-católica en particular" (Vida y obra de Filósofos y Pensadores).

    El núcleo del pensamiento de Platón es la antagonía entre el conocimiento verdadero (la exísteme) y la mera opinión (la doxa). "Toda la obra de Platón constituye la búsqueda de un valor absoluto, susceptible de unificar en un solo haz el ser y el existir" (Diálogos de Platón, de la colección de Grandes Pensadores de SARPE). Su portentoso e influyente sistema, que es de capital importancia para la filosofía, es un ejemplo de excelente elaboración literaria. La expone a través de excelsos diálogos, en los cuales difunde el método dialéctico, haciendo un espectacular derroche del más depurado y encantador lenguaje para construir portentos de poéticas metáforas; además, aporta nuevas expresiones al lenguaje filosófico, cuyo uso ha perdurado hasta nuestros días. "El diálogo, principal recurso utilizado por el filósofo griego, reproduce fielmente el discurso hablado y, además, le proporciona más valor a su investigación filosófica, la cual se reviste de trascendencia social; de esta manera, Platón reafirma su concepción de la filosofía como una labor encaminada hacia el desarrollo tanto individual como de toda sociedad… Los diálogos de Platón crearon la base para las teorías elaboradas por los pensadores de la cultura de occidente" (Personajes del Mundo, de Prolibros).

    Platón buscaba la relación entre lo eterno y lo inalterable, y lo que fluye (transcurre). Y su aspiración más profunda era entender la realidad absoluta (las ideas) superando la movilidad y la contingencia de los seres del mundo físico.

    Dividió la realidad en dos mundos: el ideal y el sensible. El mundo real es el mundo de las ideas, y el sensible el de las apariencias. El mundo ideal es el mundo suprasensible, ideal, inteligible, estático, de la verdad, de la razón, del pensamiento, de la luz, superior, invisible, perfecto, es original, el mundo ideal, caracterizado por ser único, eterno, infinito, inmóvil, inmutable, indivisible, celeste, puro, abstracto, donde las cosas son, es el mundo mental. El mundo aparente es el mundo sensible, ininteligible, cambiante, aparente, físico, inferior, imperfecto, visible, terreno, de la opinión, de los sentidos, de las sombras, de los fenómenos, de la imitación, es una copia, el mundo de las cosas, caracterizado por ser múltiple, temporal, finito, móvil, mutable, divisible, material; es el mundo donde las cosas no son.

    Estableció que el camino hacia la cosa en sí era la ciencia o el conocimiento: sensibilidad (opinión), razón (matemáticas) e intuición (ideas); el amor y el ascetismo. Planteó que mediante la virtud (armonía cósmica), la purificación o el ascetismo se logra la felicidad, la cual se alcanza a través de la contemplación libre de las ideas, liberando el alma de apegos materiales.

    Planteó que la misión del filósofo es sacar a los demás hombres de las tinieblas de la ignorancia y de las sombras de la opinión para que contemplen la verdadera realidad del mundo de las ideas, presidido e iluminado por el sol de la Idea del Bien (la idea suprema); porque muchos hombres que nunca han contemplado la luz de la verdad ni las cosas reales, creen contemplar la realidad en las sombras. "Los hombres viven soñando y sólo el filósofo trata de despertar". Platón nos advierte que las cosas sensibles son sombras, apariencias, imitación, reflejo y participación imperfecta de la verdadera realidad. Sólo a la luz de la filosofía y de la dialéctica se puede conocer dónde está la justicia en la vida pública y en la vida privada.

    Su teoría de las ideas domina todo el pensamiento platónico y responde a su aspiración más profunda: "entender la realidad absoluta superando la movilidad y contingencia de los seres del mundo físico" (Filosofía Grecorromana, de Juan José Sáenz Adrados y Luis José González Álvarez). El centro de la filosofía de Platón lo constituye su teoría de las formas o de las ideas. En el fondo, su idea del conocimiento, su teoría ética, su psicología, su concepto del Estado y su concepción del arte deben ser entendidos a partir de dicha perspectiva.

    Las ideas son la realidad absoluta, el verdadero ser, el ser perfecto, el ser realísimo, el arquetipo, el modelo, la unidad, el fin, la realidad, objetos permanentes, cosas en sí, grados supremos del ser, entidades estables, inmutables, simplicísimas, inteligibles, puramente inteligibles, verdaderas realidades, causa y fuente de todas las cosas. Son esencias que sólo captamos en nuestro pensamiento y sobre las que descansa el mundo del verdadero ser.

    Las ideas son realidades que existen, las únicas existentes, puesto que las cosas que vemos y tocamos son sombras efímeras; son lo que son, indirectamente y por metaxis o participación con las ideas. Los seres que contemplamos en nuestra existencia sensible, en el mundo sensible, no son más que sombras efímeras, transitorias, imperfectas, pasajeras, reproducciones ínfimas e inferiores de las ideas. El conocimiento, la "episteme", consiste en elevarnos por medio de la dialéctica, de la discusión, de las tesis que se contraponen y se van depurando en la lucha de unas contra otras, para llegar desde el mundo de lo sensible, por la discusión, a una intuición intelectual de este mundo suprasensible, compuesto por las unidades sintéticas que son las ideas. Todas las ideas penden de una idea principal a todas ellas: la idea del bien.

    La teoría de las ideas se puede entender mejor en términos de entidades matemáticas. Un círculo, por ejemplo, se define como una figura plana compuesta por una serie de puntos, todos equidistantes de un mismo lugar. Sin embargo, nadie ha visto en realidad esa figura. Lo que la gente ha visto son figuras trazadas que resultan aproximaciones más o menos acertadas del círculo ideal. De hecho, cuando los matemáticos definen un círculo, los puntos mencionados no son espaciales, sino lógicos. No ocupan espacio. No obstante, aunque la forma de un círculo no se ha visto nunca (y no se podrá ver jamás) los matemáticos y otros sí saben lo que es. Para Platón, por lo tanto, la forma de círculo existe, pero no en el mundo físico del espacio y del tiempo; existe como un objeto inmutable en el ámbito de las ideas, que sólo puede ser conocido mediante la razón.

    Las ideas tienen mayor entidad que los objetos en el mundo físico, tanto por su perfección y estabilidad como por el hecho de ser modelos, semejanzas que dan a los objetos físicos comunes lo que tienen de realidad. Las formas circular, cuadrada y triangular son excelentes ejemplos de lo que Platón entiende por idea. Un objeto que existe en el mundo físico puede ser llamado círculo, cuadrado o triángulo porque se parece ("participa de") a la idea de círculo, cuadrado o triángulo.

    Platón hizo extensiva su teoría más allá del campo de las matemáticas. En realidad, estaba más interesado en su aplicación en la esfera de la ética social. La teoría era su forma de explicar cómo el mismo término universal puede referirse a muchas cosas o acontecimientos particulares. La palabra justicia, por ejemplo, puede aplicarse a centenares de acciones concretas porque esos actos tienen algo en común, se parecen a, participan de, la idea de justicia. Una persona es humana porque se parece a, o participa de, la idea de humanidad. Si humanidad se define en términos de ser un animal racional, entonces una persona es humana porque es racional. Un acto particular puede considerarse valeroso o cobarde porque participa de esa idea. Un objeto es bonito porque participa de la idea, o forma, de belleza. Por lo tanto, cada cosa en el mundo del espacio y el tiempo es lo que es en virtud de su parecido con su idea universal. La habilidad para definir el término universal es la prueba de que se ha conseguido dominar la idea a la que ese universal hace referencia.

    Platón concibió las ideas de manera jerárquica: la idea suprema es la de Dios que, como el Sol en el Mito de la Caverna, ilumina todas las demás ideas. La idea de Dios representa el paso de Platón en la dirección de un principio último de explicación. En el fondo, la teoría de las ideas está destinada a explicar el camino por el que uno alcanza el conocimiento y también cómo las cosas han llegado a ser lo que son. En lenguaje filosófico, la teoría de las ideas de Platón es tanto una tesis epistemológica (teoría del conocimiento) como una tesis ontológica (teoría del ser).

    En su teoría del conocimiento sostiene que nada de lo que existe en el mundo de los sentidos permanece. No se puede saber nada con seguridad de algo que cambia constantemente "No puede haber conocimiento firme sobre lo que carece de firmeza". Sólo podemos tener conocimientos seguros de aquello que vemos con la razón. La razón es la misma para todas las personas. La razón es eterna y universal porque sólo se pronuncia sobre asuntos eternos y universales. Como la razón es la misma para todas las personas, es eterna y universal, y sólo se pronuncia sobre asuntos eternos y universales, podemos conocer lo que es eterna y universalmente verdadero, eterna y universalmente hermoso y eterna y universalmente bueno. No podemos tener conocimientos seguros sobre algo que vemos con los ojos. Sólo podemos tener ideas vagas sobre lo que sentimos, pero sí podemos conseguir conocimiento cierto sobre aquello que reconocemos con la razón. Lo único verdaderamente existente en sí y por sí son las ideas.

    El conocimiento atraviesa por tres grados: sensible, racional discursivo y racional intuitivo. El conocimiento sensible tiene por objeto los seres materiales que se nos dan a través de los sentidos. A los sentidos corresponde un mundo variable, inestable, del cual no puede existir una verdadera ciencia. El conocimiento racional discursivo versa sobre el número y la cantidad; se refiere a las verdades matemáticas. El conocimiento racional intuitivo se refiere a los seres carentes de toda materia y de toda cantidad; es el mundo de las ideas; sólo de éste puede haber verdadera ciencia. El mundo inteligible o de las ideas es el verdadero, el objetivo, eterno, inmutable y sólo de él hay ciencia. La teoría de las ideas de Platón y su teoría del conocimiento están tan interrelacionadas que deben ser tratadas de forma conjunta. Influido por Sócrates, Platón estaba persuadido de que el conocimiento se puede alcanzar. El conocimiento debe ser certero e infalible, y debe tener como objeto lo que es en verdad real, en contraste con lo que lo es sólo en apariencia.

    Ya que para Platón lo que es real tiene que ser fijo, permanente e inmutable, identificó lo real con la esfera ideal de la existencia en oposición al mundo físico del devenir. Una consecuencia de este planteamiento fue su rechazo del empirismo, la afirmación de que todo conocimiento se deriva de la experiencia. Pensaba que las proposiciones derivadas de la experiencia tienen, a lo sumo, un grado de probabilidad. No son ciertas. Más aun, los objetos de la experiencia son fenómenos cambiantes del mundo físico; por lo tanto, los objetos de la experiencia no son objetos propios del conocimiento.

    La teoría ética de Platón descansa en la suposición de que la virtud es conocimiento y que éste puede ser aprendido. Dicha doctrina debe entenderse en el conjunto de su teoría de las ideas. Como ya se ha dicho, la idea última para Platón es la idea de Dios, y el conocimiento de esa idea es la guía en el trance de adoptar una decisión moral. Mantenía que conocer a Dios es hacer el bien. La consecuencia de esto es que aquel que se comporta de forma inmoral lo hace desde la ignorancia. Esta conclusión se deriva de su certidumbre de que una persona virtuosa es realmente feliz y como los individuos siempre desean su propia felicidad, siempre ansían hacer aquello que es moral.

    El mundo de las ideas está configurado mediante una jerarquización de las ideas. "La idea suprema es el Bien; por debajo de ella se encuentran la belleza y la justicia. Todas las demás ideas se irían situando por debajo de estas tres en virtud de su importancia. El bien, la belleza y la justicia forman la trilogía platónica del mundo de las ideas" (Enciclopedia Superior, Círculo de Lectores). Las ideas se caracterizan por la jerarquía en que se encuentran ordenadas; "de la idea de bien se desprenden todas las otras ideas, como la belleza, la verdad y la simetría; después están las ideas que hacen referencia a las virtudes y valores morales; a continuación, los conceptos matemáticos y, finalmente, las esencias de los seres sensibles" (Personajes del Mundo, de Prolibros).

    Platón pensaba que persiguiendo el bien, es decir, lo justo, el alma se purifica; se prepara a conocer la verdad, primera e indispensable condición de su progreso. Continuando, ensanchando la idea de lo bello, el alma alcanza la belleza intelectual, esa luz inteligible, madre de las cosas, animadora de las formas, sustancia y órgano de Dios. Sumergiéndose en el alma del mundo, el alma humana siente nacer sus alas. Persiguiendo la idea de lo verdadero, alcanza la pura esencia, los principios contenidos en el espíritu puro, reconoce su inmortalidad por la identidad de su principio con el principio divino.

    Según Platón, la razón del ser humano es algo eterno y mutable. Tiene un cuerpo material y un alma racional. Todo lo que podemos tocar y sentir fluye. Todo lo que pertenece al mundo de los sentidos está formado por una materia que se desgasta con el tiempo. Todo está hecho con un molde eterno e inmutable: ideas. ¿Qué es el mundo de las ideas? La realidad detrás del mundo de los sentidos. Las ideas son eternas e inmutables. El grado supremo de Ser (ideas) corresponde al grado supremo de conocimiento (dialéctica).

    Uno de los componentes sobresalientes de su sistema lo constituye el método dialéctico, que es un procedimiento discursivo que consiste en depurar las ideas obtenidas intuitivamente, mediante la contraposición de otras ideas (tesis y antítesis), hasta esclarecer las primeras. La dialéctica es la ciencia del razonamiento lógico. Es el arte de descubrir la verdad gracias a la discusión, poniendo de relieve y eliminando las contradicciones del adversario. Sirve para aprender a entender la naturaleza de la realidad, es decir, las formas. Es la única ciencia que sistemáticamente se propone definir la naturaleza esencial de las cosas. No deja "piedra sin remover" en la búsqueda de la verdad. En ningún momento baja la guardia, cuestiona todas las presuposiciones que encuentra a su paso y no está contenta hasta que ha llegado a una definición final. Un hombre no llega realmente a comprender algo hasta que es capaz de expresar lo que es, hasta que pueda definirlo. Es un proceso que se inicia con una pregunta sobre la naturaleza de algo (una pregunta como "¿Qué es la justicia?") y que prosigue hasta conseguir, mediante un largo debate, una definición. Durante la discusión se cuestionan un buen número de presuposiciones y se descartan varias respuestas incorrectas a la pregunta original.

    La dialéctica tiene un sentido ascensional, para pasar de lo múltiple a lo uno, de lo contingente a lo necesario, de lo particular a lo común, de lo móvil a lo inmutable, de las apariencias a la realidad, de las imágenes a la verdad. Hace de la verdad un camino ascensional que opera con afirmaciones y negaciones, es decir, por contradicción en diálogo que genera mutuas oposiciones.

    Platón tenía una idea antagónica del arte y del artista aunque aprobara algunos tipos de arte religioso y moralista. Su enfoque tiene que ver una vez más con su teoría de las ideas. Una flor bonita, por ejemplo, es una copia o imitación de las ideas universales de flor y belleza. La flor física es una reproducción de la realidad, es decir, de las ideas. Un cuadro de la flor es, por lo tanto, una reproducción secundaria de la realidad. Esto también significa que el artista es una reproducción de segundo orden del conocimiento y, en realidad, la crítica frecuente de Platón hacia los artistas era que carecían de un conocimiento verdadero de lo que estaban haciendo. La creación artística, observó, parecía tener sus raíces en una inspirada locura.

    La República, la mayor obra política de Platón, trata de la cuestión de la justicia y de la estructura del Estado ideal; por lo tanto de las preguntas: ¿qué es la justicia?, ¿quién es un individuo justo? y ¿qué es un Estado justo? En esta formidable obra sostiene que:

    • Toda ciudad es en verdad dos ciudades que están en guerra entre sí.

    • El gobierno debe consistir en la coordinación de todas las fuerzas sociales y en la adaptación de la vida pública al progreso total.

    • La política es la rapacidad por el presupuesto y los cargos públicos.

    • El pueblo no está nunca convenientemente educado para escoger sus propios gobernantes. Porque el pueblo no comprende nada; y no hace más que ir repitiendo lo que le dicen sus dirigentes.

    • El gobierno de las masas es un mar demasiado tempestuoso para que la nave del Estado pueda navegar por él.

    • Toda democracia desemboca insensiblemente en tiranía. Locura es dejar al capricho de la multitud la elección de los funcionarios.

    • No habrá estados mejores mientras no haya hombres mejores.

    El Estado ideal, según Platón, se compone de tres clases. La estructura económica del Estado reposa en la clase de los comerciantes. La seguridad, en los militares, y el liderazgo político es asumido por los reyes-filósofos. La clase de una persona viene determinada por un proceso educativo que empieza en el nacimiento y continúa hasta que esa persona ha alcanzado el máximo grado de educación compatible con sus intereses y habilidades. Los que completan todo el proceso educacional se convierten en reyes-filósofos. Son aquellos cuyas mentes se han desarrollado tanto que son capaces de entender las ideas y, por lo tanto, toman las decisiones más sabias. En realidad, el sistema educacional ideal de Platón está, ante todo, estructurado para producir reyes-filósofos.

    Asoció las virtudes tradicionales griegas con la estructura de clase del Estado ideal. La templanza es la única virtud de la clase artesana, el valor es la virtud de la clase militar y la sabiduría caracteriza a los gobernantes. La justicia, la cuarta virtud, caracteriza a la sociedad en su conjunto. El Estado justo es aquel en el que cada clase debe realizar su propia función sin entrar en las actividades de las demás clases.

    Platón aplicó al análisis del alma humana un esquema semejante: la racional, la voluntad y los apetitos. Una persona justa es aquella cuyo elemento racional, ayudado por la voluntad, controla los apetitos.

    Su concepción del Estado se relaciona con sus ideas psicológicas: la clase social de los gobernantes se corresponde con el alma racional del individuo; la de los militares, con el alma irascible; la de los comerciantes y agricultores, con la concupiscible. A cada una de estas clases corresponde la respectiva virtud de prudencia, fortaleza y templanza, a las que se une la justicia, como reguladora del conjunto. La prudencia es la causa de hacer rectamente las cosas. La fortaleza es la causa de preservar y no acobardarnos en los peligros y temores. La templanza es la causa de refrenar los apetitos desordenados, y no dejarnos cautivar de pasión alguna, sino que vivamos honestamente. La justicia es la causa de operar justamente en la sociedad y tratos.

    La prudencia o sabiduría regula el alma racional (localizada en la cabeza). Es una orientación hacia los bienes divinos. Regula las acciones, disponiéndolas para huir del mundo engañoso de las apariencias y orientándolas hacia la contemplación de las realidades superiores. La fortaleza o el valor regula el apetito o alma irascible (localizada en el pecho), la cual impulsa a las pasiones nobles y generosas, sacrificando los placeres al deber. La templaza o la moderación regula el alma concupiscente (localizada en el vientre) poniendo moderación en los apetitos del hombre. La justicia es una virtud general que armoniza a todas las demás. Tiene por objeto poner orden y armonía en el conjunto, asignado a cada parte la función que le corresponde dentro de la totalidad. Refleja así el orden del universo. "Por la justicia nos asemejamos a lo que es invisible, divino, inmortal y sabio".

    Reflexionó sobre las grandes dimensiones del derecho: Lo justo (deber ser); lo legal (ser), y lo formal (norma escrita). No siempre todo lo justo es legal. Planteó que "el hombre hace el mal porque desconoce el bien". Algo que sea legal no quiere decir que sea moral y, por la misma regla de tres, que sea moral no quiere decir que sea legal Advirtió que las apariencias o sucedáneos del gobernante son ambición, prestigio, condecoraciones, honor, poder, riqueza.

    La influencia ejercida por Platón recayó, principalmente, en la labor filosófica de su alumno Aristóteles, a pesar de sus controversias. Platón proporcionó elementos que permitieron el establecimiento de la psicología, la pedagogía y la ética. "En la cultura occidental, el platonismo constituye una constante, que impregna toda la historia de las ideas. El logos platónico (ética, doctrina del alma, teoría del conocimiento, ontología) se mantuvo vivo… El platonismo está en la base de los simbolistas medievales, e inspira a los panteístas del Renacimiento italiano. Partes vitales de la doctrina platónica son fácilmente reconocibles en Plotino, en San Agustín y en Escoto Eriúgena. Para Pascal, Platón es uno de los elementos filosóficos que preparan el advenimiento del cristianismo. La intuición de la idea y del ser, tan especialmente platónicas, reaparece en Descartes y en la razón suficiente de Leibniz. El platonismo, su convicción de que todo conocimiento es conocimiento de algo, es el marco en que opera la fenomenología y es el sistema de referencia de Spinoza, Kant y Hegel. Pues Platón tuvo una notable influencia en el nacimiento y desarrollo del Idealismo alemán, especialmente en Schelling" (Diálogos de Platón, de la colección de Grandes Pensadores de SARPE).

    Según la Enciclopedia Microsoft Encarta, la influencia de Platón a través de la historia de la filosofía ha sido inmensa. Su Academia existió hasta el año 529, en que fue cerrada por orden del emperador bizantino Justiniano I, que se oponía a la difusión de sus enseñanzas paganas. El impacto de Platón en el pensamiento judío es obvio en la obra del filósofo alejandrino del siglo I Filón de Alejandría. El neoplatonismo, fundado en el siglo III por el filósofo Plotino, supuso un importante desarrollo posterior de las ideas de Platón. Los teólogos Clemente de Alejandría, Orígenes y san Agustín de Hipona fueron los primeros exponentes cristianos de una perspectiva platónica. Las ideas platónicas tuvieron un papel crucial en el desarrollo del cristianismo y también en el pensamiento islámico medieval.

    Durante el Renacimiento, el primer centro de influencia platónica fue la Academia Florentina, fundada en el siglo XV cerca de Florencia. Bajo la dirección de Marsilio Ficino, sus miembros estudiaron a Platón en griego antiguo. En Inglaterra, el platonismo fue recuperado en el siglo XVII por Ralph Cudworth y otros que se dieron a conocer como la Escuela de Cambridge. La influencia de Platón ha llegado hasta el siglo XX de la mano de pensadores como Alfred North Whitehead, que una vez le rindió tributo al describir la filosofía como una simple "serie de anotaciones de Platón".

    La influencia del pensamiento platónico ha sido decisiva en las corrientes idealistas hasta fines del siglo XIX, desde los escolarcas de la Academia, y en movimientos como el escepticismo, estoicismo, eclecticismo, etc. El platonismo está presente en la tradición latina, árabe, judía y bizantina, así como en el Renacimiento y en los moralistas ingleses del siglo XVII.

    Sistema aristotélico

    Aristóteles, luego de estudiar toda la filosofía de sus predecesores, la sintetizó y sistematizó, estableciendo un formidable sistema que ejerció una influencia extraordinaria hasta el siglo XVI.

    Aristóteles representa la forma más pura y clásica del realismo metafísico. Su filosofía constituye la expresión más acabada y completa del mismo. Acometió el estudio del ser, y desde entonces los demás filósofos no han terminado el estudio de las categorías del ser, que son las directivas del pensamiento lógico y los aspectos reales de todo ser en general: sustancia, cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, acción, pasión, posición y estado. Planteó por primera vez el problema de la estructura del ser, considerando que ésta es, al mismo tiempo, estructura del pensar: da a las categorías un sentido a la vez lógico y ontológico.

    Su filosofía representa el esfuerzo máximo y mejor logrado para estructurar en general una concepción del universo de tipo realista. "La influencia que la filosofía de Aristóteles ha tenido en el mundo es algo extraordinario, algo formidable. Toda la antigüedad después de él se apodera de la magnífica enciclopedia científica que constituyen sus obras. Su Metafísica, su filosofía primera, constituyen también la base del pensamiento filosófico desde entonces para todo el mundo, ya sea para aceptarlo y desarrollarlo, ya a veces para oponerse a él; pero siempre la oposición supone aceptación, aunque sea para combatir", precisa el filósofo español Manuel García Morente en sus Lecciones Preliminares de Filosofía, y aclara que la técnica filosófica (maestría para analizar conceptos finalmente, para establecer distinciones, para conducir las distinciones certeramente a la finalidad que se persigue) no se adquiere sino en contacto profundo con la filosofía de Aristóteles.

    Una de las aportaciones características de la filosofía de Aristóteles fue la nueva noción de causalidad. Los primeros pensadores griegos habían tendido a asumir que sólo un único tipo de causa podía ser explicatoria; Aristóteles propuso cuatro: la causa material (materia de la que está compuesta una cosa), la causa eficiente o motriz (fuente de movimiento, generación o cambio), la causa formal (la especie, el tipo o la clase) y la causa final (objetivo o pleno desarrollo de un individuo, o la función planeada de una construcción o de un invento). Así pues, un león joven está compuesto de tejidos y órganos, lo que constituiría la causa material; la causa motriz o eficiente serían sus padres, que lo crearon; la causa formal es su especie (león); la causa final es su impulso innato por convertirse en un ejemplar maduro de su especie. En contextos diferentes, las mismas cuatro causas se aplican de forma análoga. Así, la causa material de una estatua es el mármol en que se ha esculpido; la causa eficiente, el escultor; la causa formal, la forma que el escultor ha dado a la estatua (Hermes o Afrodita, por ejemplo); y la causa final, su función (ser una obra de arte). Aristóteles pensaba que su noción de las causas era la clave ideal para organizar el conocimiento. Sus notas de clases son una impresionante prueba de la fuerza de dicho esquema.

    Lo que más preocupaba a Aristóteles era la naturaleza viva. Fue el último gran filósofo griego y el primer biólogo de Europa. No sólo utilizó la inteligencia, sino los sentidos. Creó el lenguaje profesional que usan las ciencias actualmente. Sistematizó, fundó y ordenó las distintas ciencias.

    A juzgar por algunos aspectos tratados en el presente texto, desprevenidamente se podría pensar que Aristóteles es un personaje que se equivocó en muchos de sus planteamientos. ¡Cuidado! Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son. Como filósofo debo hacer una "defensa" de este filósofo y científico griego, considerado por el consenso occidental como el pensador más brillante y genial de toda la historia de la filosofía.

    A pesar de sus "equivocaciones", es el pensador más influyente en el fundamento de la tradición occidental. La filosofía debe a Aristóteles el despliegue en disciplinas particulares. Su división de las ciencias en teóricas, prácticas y poéticas, y sus esquemas lógicos se han mantenido durante muchos siglos y aún hoy perduran en no pocos aspectos. Aunque la mayor parte de los escritos de Aristóteles se han perdido, su doctrina ha tenido mayor influjo en la historia que la de ningún otro pensador hasta el presente. Todas sus obras se distinguen por la síntesis de fuerza especulativa y una apertura nada común a los fenómenos empíricos. "Las categorías aristotélicas, fuertemente asidas a la tradición escolástica, han constituido un universo intelectual de necesaria referencia", aclara el filósofo Rafael Méndez en su libro "Clásicos del Pensamiento Universal Resumidos".

    El pensamiento aristotélico estructura los cimientos de la cosmovisión moderna. Este auténtico filósofo, un hombre de amplísimos alcances, con saber enciclopédico, hizo invaluables aportes en el campo de las ciencias, la zoología, la botánica, la biología, la astronomía, la cosmología, la física, etc., los cuales determinaron una visión más general del mundo hasta los tiempos de la modernidad. La ciencia política o politología debe muchísimo a este singular pensador. A pesar de que Platón, en su obra La República, presentó de forma utópica cómo debía ser la ciudad perfecta, "la mayor parte de los estudiosos coinciden en que Aristóteles fue el auténtico precursor de la ciencia política. Entre otras aportaciones, su tratado Política sobre los diferentes regímenes anticipó el gran esfuerzo que implica clasificar las formas del Estado y sigue ejerciendo una fuerte influencia sobre esta ciencia" (Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta).

    Su ética es uno de los productos más elaborados y acabados del pensamiento humano. Según la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta, "Aristóteles estudió y sistematizó casi todas las ramas existentes del conocimiento y proporcionó las primeras relaciones ordenadas de biología, psicología, física y teoría literaria. Además, Aristóteles delimitó el campo conocido como lógica formal, inició la zoología y habló de casi todos los problemas filosóficos principales reconocidos en su tiempo. Conocido por los pensadores medievales como el filósofo, Aristóteles es quizá el pensador más importante y de mayor influencia en la historia y el desarrollo intelectual de Occidente".

    Sobre la grandeza de Aristóteles, Francisco Gutiérrez reconoce en su libro "Vida y Obra de Filósofos y Pensadores" que Aristóteles, "uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos", es el padre del pensamiento occidental e inventor de la lógica formal. "Aristóteles –señala- es una de las glorias de Grecia y constituye, además patrimonio de toda la humanidad. Sin Aristóteles, sería virtualmente imposible entender la evolución del pensamiento occidental hasta el Renacimiento. Evidentemente, no puede despreciarse un sistema de ideas que ha sobrevivido más de dos mil doscientos años". Por su parte, la referida biblioteca Encarta sostiene que Aristóteles ha sido considerado "como uno de los pensadores más destacados de la antigua filosofía griega y posiblemente el más influyente en el conjunto de toda la filosofía occidental". El filósofo estadounidense Lou Marinoff, en su libro Más Platón y menos Prozac, afirma que "Aristóteles desarrolló la importancia y los usos del pensamiento crítico, sentando las bases de siglos de investigación filosófica. Fue pionero en muchas ciencias físicas y sociales, aunque hoy en día sus aportaciones apenas tienen valor para los científicos, dado que eran meras especulaciones teóricas (no realizaba experimentos ni le preocupaban demasiado las comprobaciones empíricas). También inventó la lógica, que en su forma elemental es muy provechosa para los clientes cuyos problemas son fruto de errores de pensamiento crítico".

    Según la Enciclopedia Microsoft Encarta, la influencia de la filosofía de Aristóteles ha sido general, contribuyendo incluso a determinar el lenguaje moderno y el denominado sentido común, y su concepto del "Primer Motor" como causa final ha tenido un importante papel dentro de la teología. Antes del siglo XX, decir lógica significaba en exclusiva hacer referencia a la lógica aristotélica. Hasta el renacimiento, e incluso después, tanto poetas como astrónomos ensalzaron el concepto aristotélico del Universo. El estudio de la zoología estuvo basado en la obra de Aristóteles hasta que, en el siglo XIX, el científico británico Charles Darwin cuestionó la doctrina de la inmutabilidad de las especies. En el siglo XX se ha producido una nueva apreciación del método aristotélico y de su relevancia para la educación, el análisis de las acciones humanas, la crítica literaria y el análisis político.

    No sólo la disciplina de la zoología, sino el mundo del saber en general, parece justificar el comentario realizado por Darwin, quien llegó a afirmar que los héroes intelectuales de su época "eran simples colegiales al lado del viejo Aristóteles".

    El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco, en su libro El Nombre de la Rosa lo llama "El Filósofo". Uno de sus personajes (el monje Jorge de Burgos) lo ataca por haber cambiado la imagen del mundo: "Cada libro escrito por ese hombre ha destruido una parte del saber que la cristiandad había acumulado a lo largo de los siglos. Los padres habían dicho lo que había que saber sobre el poder del Verbo y bastó con que Boecio comentase al Filósofo para que el misterio divino del Verbo se transformara en la parodia humana de las categorías y del silogismo. El libro del Génesis dice lo que hay que saber sobre la composición del cosmos, y bastó con que se redescubriesen los libros físicos del Filósofo para que el universo se reinterpretara en términos de materia sorda y viscosa, y para que el árabe Averroes estuviese a punto de convencer a todos de la eternidad del mundo. Sabíamos todo sobre los nombres divinos, y el dominico enterrado por Abbone, seducido por el Filósofo, los ha vuelto a enunciar siguiendo las orgullosas vías de la razón natural. De este modo, el cosmos, que para el Areopagita se manifestaba al que sabía elevar la mirada hacia la luminosa cascada de la causa primera ejemplar, se ha convertido en una reserva de indicios terrestres de los que se parte para elevarse hasta una causa eficiente abstracta. Antes mirábamos el cielo, otorgando sólo una mirada de disgusto al barro de la materia; ahora miramos la tierra, y sólo creemos en el cielo por el testimonio de la tierra. Cada palabra del Filósofo, por la que ya juran hasta los santos y los pontífices, ha trastocado la imagen del mundo."

    El brillantísimo escritor e intelectual Jorge Luis Borges, en su cuento La Busca de Averroes, considera a Aristóteles como "manantial de toda filosofía" y agrega que este griego fue "otorgado a los hombres para enseñarles todo lo que se puede saber". En una entrevista publicada en "El Tiempo Argentino", en 1984, afirma que la filosofía occidental ha tomado como punto de partida a Aristóteles. En su opinión alejarse de Aristóteles es peligroso.

    A pesar de sus detractores, Aristóteles sigue interesándonos porque se planteó el problema de la ciencia. Así lo critiquemos, su epistemología llama profundamente nuestra atención. "Al echar una mirada llena de agudeza a todas las regiones de la naturaleza, a todos los campos de la cultura, Aristóteles ha hecho, sin duda, una obra de carácter enciclopédico, pero también de ensayista de epistemología", reconoce Hervé Barreau, uno de sus biógrafos. Su grandeza y contundente vigencia radica en el hecho de ser el fundador de la lógica formal, la biología y la política, entre otras ciencias y artes, y haber sido el primer filósofo que se negó a separar la experiencia y la razón. "Aristóteles nos interesa hoy como filósofo de la ciudad, como filósofo de la vida y como filósofo del lenguaje", afirma Barreau.

    El aristotelismo ha sido superado, es cierto, pero Aristóteles, más allá del aristotelismo, no pierde vigencia, es comentado y estudiado. Sus tres principales invenciones (lógica, biología y política) atraen nuestra admiración y nos imponen la reflexión. "Sus trabajos suscitan aún nuestras curiosidades por su precisión y por su amplitud, pero su ejemplo provoca aún más nuestra ambición y nuestra necesidad de saber", agrega Barreau. Aristóteles, en concepto de Barreau, nos llegó tres aspectos o exigencias que enmarcan el pensamiento y se trenzan indefinidamente entre sí:

    1. El pensamiento humano es prisionero del lenguaje y debe explorar sus fuentes a fin de saber servirse de él. "La silogística de Aristóteles ha repercutido sobre el lenguaje que pretendía en ciencia lo que es esencial en matemáticas", aclara. Por ello, Aristóteles puede ser considerado como el primer instaurador consciente de una matemática de la filosofía.

    2. El pensamiento lógico-matemático nos obliga a proceder de un modo axiomático, que es válido en todos los campos.

    3. En el mundo humano, son la palabra y la finalidad de elementos constitutivos. Si el hombre no estuviera dotado de lenguaje, no habría formado nunca con otros esta sociedad en la que recibe la revelación de sí mismo.

    Matthew Stewart, un irreverente filósofo, quien fustiga al Aristóteles platónico y ensalsa al Aristóteles auténtico, sostiene que el auténtico Aristóteles tenía sus manos y sus pies firmemente plantados en la fascinante diversidad empírica de la vida terrenal, porque el Aristóteles platónico es confuso y contradictorio. "El auténtico Aristóteles no fue un simple filósofo; fue una universalidad entera. Fue el complejo científico-industrial de su tiempo. Su mayor conquista fue su labor en zoología, por la que se considera el fundador de la ciencia de la biología", precisa. Johannes Hirschberger, en su Historia de la filosofía nos dice que "Aristóteles ha tenido el mérito de juntar del modo más feliz en su filosofía política identidad y realidad, el todo y la parte, la comunidad y el individuo, derechos y deberes, todo esto en una admirable síntesis, en la que uno de los dos presupone y afirma siempre el otro, como dos conceptos correlativos mutuamente se presentan y afirman, o como en una tensión polar de los contrarios, los contrarios dan sentido al todo y el todo da sentido a los contrarios… Dentro de un equilibrio sorprendentemente bello se nos muestra siempre la filosofía de Aristóteles como síntesis feliz de teoría y práctica, de verdad y de vida". Es tan valioso el aporte de Aristóteles que "gran parte de nuestro vocabulario técnico, tanto científico como filosófico, no es sino la traducción a las lenguas modernas de los términos utilizados por Aristóteles, y refleja, para bien o para mal, las sutiles distinciones del filósofo" (Diccionario filosófico, de Dagobert D. Runes).

    El imponente, incólume y perenne edificio del multifacético saber que construyó Aristóteles con sus innovadores planteamientos ha servido de vivienda, recinto de trabajo, centro de estudio e investigación, escenario político, claustro filosófico, científico y religioso, y lugar de convivencia social durante más de dos mil doscientos años. Edificio que se ha mantenido firme, gracias a sus sólidas columnas de física, lógica, biología, zoología, botánica, astronomía, cosmología, política, mitología, arte de la retórica, crítica literaria, psicología y filosofía, a pesar de los duros embates y envestidas de nuevos planteamientos, nuevas teorías, nuevos inventos, nuevos descubrimientos y de sus detractores. Sus columnas más socavadas, como la física, la astronomía y la cosmología, aún resisten las demoledoras arremetidas, aunque con mucha dificultad permanecen incólumes, porque ellas sostuvieron durante mucho tiempo la estructura que sirvió de base a la física, la astronomía y la astrofísica modernas. El viejo edificio, con sus pilares resquebrajados y socavados, seguirá en pie durante milenios por muchos de sus saberes y porque el cristianismo, que posiblemente nos influenciará durante algunos siglos más, está sistematizado y estructurado en algunos de sus planteamientos y en los de su maestro Platón. Así sea en ruinas, el edificio aristotélico proporcionará escombros útiles para el saber.

    Desde los Presocráticos hasta el periodo helenista (cinismo, epicureismo, escepticismo, estoicismo y neoplatonismo) brilló con luces resplandecientes la filosofía griega, la cual constituyó el fundamento de toda la posterior especulación de la filosofía occidental. "Las hipótesis intuitivas de los antiguos griegos presagiaron diversas teorías de la ciencia moderna e incluso muchas de sus ideas morales fueron incorporadas a las doctrinas del cristianismo. Igualmente, el pensamiento político de los pensadores griegos influyó de forma determinante a lo largo de la historia" (Enciclopedia Microsoft Encarta).

    Sistema cartesiano

    El sistema aristotélico sufrió un golpe profundo tras el surgimiento del sistema cartesiano, del sistema de Renato Descartes (1596-1650). Muchas de sus ciencias, entre ellas la física, sufrieron grandes modificaciones o fueron superadas de manera sorprendente. Su doctrina metafísica del ser, conocida como realismo aristotélico, fue superado por el Idealismo cartesiano, estableciéndose una nueva y revolucionaria concepción y compresión del ser. De una actitud espontánea, natural, extravertida, se pasó a una actitud voluntaria, deliberada, artificial, introvertida. De afirmar la existencia real de las cosas, en sí mismas y por sí mismas, independientes de nuestros pensamientos, se pasó a establecer la existencia del pensamiento como única realidad existente y a dudar de la existencia real de las cosas sensibles, del mundo que nos rodea. Esto contribuyó a determinar otra forma de concebir y ver el mundo, el universo, de percibir, interpretar y sistematizar la realidad, el ser. El Idealismo, que superó al realismo, construyó un mundo de pura sustancialidad geométrica, que es el mundo de la ciencia moderna. Por eso la ciencia moderna parte del pensamiento cartesiano. De él arranca la físicomatemática. La filosofía de Descartes inaugura una era de intelectualismo y de racionalismo que se lanza sobre todos los problemas, del mundo, de la ciencia y de la vida. Su sistema fue "el espolique que mueve todo el pensamiento científico de un lado y filosófico del otro en nuestra cultura moderna" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente).

    Descartes razonó sobre diversos temas y contribuyó a enriquecer las matemáticas, la física, la metafísica, la medicina, la tecnología y creó la geometría analítica, superando la geometría plana de Euclides. "Utilizó la ciencia y las matemáticas para explicar y pronosticar acontecimientos en el mundo físico. Si no podía comprobarlo, no creía en nada. Su frase más recordada ("Pienso, luego existo") muestra su idea principal: lo único de lo que no podemos dudar es de nuestros pensamientos" (Biblioteca Microsoft Encarta). El sistema creado por Descartes "es un complejo conjunto de elementos diversos, como el método, la metafísica, la antropología filosófica, los avances científicos, las matemáticas y las ideas religiosas y filosóficas, entre otros" (Personajes del mundo, de Prolibros Ltda.). Su combinación del álgebra y la geometría para resolver problemas le sirvió para sentar las bases del cálculo de Newton. Sus ideas "abrieron el camino a la investigación sistemática de la física y la biología, al idear modelos técnicos de los procesos que operan al interior de esas ciencias pues, a partir de ellos, se pueden construir los modelos del mundo real" (Personajes del mundo, de Prolibros Ltda.) También realizó descubrimientos sobre las leyes de la luz y estableció un derrotero nuevo en el estudio de la fisiología aplicando su mecanicismo al funcionamiento del cuerpo humano. Se le considera el padre de la filosofía moderna porque su sistema constituye un punto de referencia para todo el pensamiento racionalista y empirista. "Con Descartes adviene la modernidad y con ésta se inaugura un nuevo horizonte: el de la subjetividad. El yo pienso se convierte en el primer principio indubitable de la nueva filosofía. Y a medida que el incipiente Idealismo cartesiano avanza hacia el Idealismo en sus diversas formas, el mundo natural y Dios pasarán a ser meras cosas pensadas, y por lo mismo, radicadas en el yo, nueva realidad radical. Dentro del nuevo horizonte, las cosas no son lo que de suyo son, sino lo que yo pienso que son" (Metafísica desde Latinoamérica, de Germán Marquínez Argote).

    El aludido Matthew Stewart, doctor en filosofía de Oxford, con su mentalidad pragmática, de manera irreverente, irónica y mordaz cuestiona y descalifica a Descartes, negándole su paternidad de la modernidad, pero reconoce su originalidad, su genio matemático y su influencia sobre la ciencia; además de aceptar que fue uno de los primeros en ofrecer una formulación clara y razonable de la ley de inercia y una ley que describía los ángulos formados por los rayos al atravesar una superficie, registra que "defendió de forma consistente las interpretaciones mecanicistas de los fenómenos naturales, en detrimento de las teleológicas: pensó que las explicaciones físicas debían describir causar y efectos, más que presuntos propósitos de la naturaleza o de Dios" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

    A pesar de sus detractores y de los puntos débiles de su sistema, no se puede desconocer que su irrefutable y evidente influencia ha sido fundamental en la historia de la filosofía moderna y aún sigue vigente. Descartes constituye un punto de partida y referencia para todo el pensamiento posterior, que a partir de ese instante se halla ya plenamente comprometido con la realidad. Muchos de sus planteamientos, descubrimientos y creaciones siguen siendo valiosos aportes para la filosofía, la ciencia, la técnica, el progreso y la educación. Ángela Calvo de Saavedra, profesora de la Pontificia Universidad Javeriana, exalta la grandeza del pensamiento cartesiano y reconoce sus valiosos aportes en los diferentes campos del saber. En la modernidad, con la influencia de Descartes, el hombre, conocedor de su dualidad sustancial (res cogitans y res extensa), implementó la sustancia pensante y logró el dominio del mundo extenso a través de conocimiento científico, surgiendo así el ideal de una física técnica, del poder, de la utilización, posesión, fabricación y apropiación, tomando conciencia de que el saber es saber hacer y poder hacer, un obrar técnico en el que el mundo es un utensilio. "Descartes condujo con sus planteamientos a la sociedad occidental por una vía que aún sigue vigente, encaminada a enseñorearse de las fuerzas de la naturaleza; él prescribió ciertos límites anclados en saber detenerse a tiempo, no acariciar proyectos que siendo útiles a unos, perjudiquen a otros. Es decir, que hay una ley que nos obliga a procurar, en la medida de lo posible, el bien general de todos los hombres. Desafortunadamente la historia pronto olvidó esa condición interna del auténtico quehacer científico" (Filosofía II, de Ángela Calvo de Saavedra).

    Calvo de Saavedra resalta el valiosísimo aporte a la racionalidad y a la educación que se manifiesta en la actitud de duda y en viraje de la problemática del conocimiento. La actitud de duda iluminó la didáctica y comenzó a metodizar el proceso de aprendizaje, haciéndolo racional. Descartes revolucionó profundamente la problemática del conocimiento porque no intentó agotar la mutiplicidad del objeto sino reconstruirlo a partir de la actividad del sujeto, de la razón, que deja de ser reflejadora pasiva de la esencia existente fuera, en los objetos. "La educación habrá de promover el despliegue autónomo de la razón del educando; fomentar la iniciativa; entrarse en la actividad reflexiva, abandonando la práctica tradicional cimentada en amueblar la memoria con contenidos considerados evidentes por populares y comunes. La razón no se dio al hombre para obedecer sino para pensar, transformar y vivir mejor. La clave: encaminarla bien, trabajar básicamente en el método, garantía de unidad de la sabiduría humana" (Filosofía II, de Ángela Calvo de Saavedra).

    En conclusión, el sistema de Descartes o cartesiano, que establece un viraje espectacular dentro de la tradición filosófica, impone una nueva manera de percibir, interpretar y sistematizar la realidad, las cosas. El ser se convierte en el sujeto que constituye por la representación un horizonte de objetos. La conciencia, el pensamiento, es la forma de afianzarnos en la verdad. Hasta allí llega la duda universal, metódica, calculadora, fría. Sólo desde el pensamiento se proyectará todo: conocimiento, realidad, existencia, sentir, querer… "Pienso, luego existo" será la fórmula sobre la cual girará toda la modernidad. El ser será una manifestación del pensar. "Somos porque pensamos". El pensamiento pasa a ser el centro de todo. La conciencia crea el ser y lo entrega a su dominio.

    Diferencias entre el realismo aristotélico y el Idealismo cartesiano

    - Realismo aristotélico

    1 ¿Quién existe? Las cosas, el mundo de las cosas y yo en ellas. Esos seres son y son inteligibles.

    2 ¿Qué es saber? Tener muchos conceptos.

    3 ¿Cuál es el método? La discusión (dialéctica) entre conceptos mal formados y conceptos mejor formados. En búsqueda de la verdad, emplea el método lógico, que consiste en la aplicación de las leyes del pensamiento racional que nos permite transitar de una posición a otra posición por medio de los engarces que los conceptos más generales tienen con otros menos generales, hasta llegar a lo particular. La silogística ordena y demuestra de manera lógica las verdades ya establecidas.

    4 ¿Qué es el juicio? Operación intelectual que consiste en afirmar o negar el predicado de un sujeto.

    5 ¿Cómo es la realidad de las cosas? Dada.

    6 ¿Cómo es la actitud? Natural, espontánea, inocente, extravertida. El hombre adopta una actitud natural de suponer que lo que existe son esas cosas que ve, toca y toma.

    7 ¿De dónde procede el conocimiento? De las cosas (objeto) hacia mí (sujeto).

    8 ¿Qué es primero? La cosa; el conocimiento, después.

    9 ¿Cómo es la cosa o el ser? Inteligible.

    10 ¿Existe discrepancia entre el conocimiento y la realidad? No.

    11 ¿Entre el pensamiento y la cosa hay perfecta adecuación? Sí.

    12 ¿Cómo se define la verdad? Por la adecuación entre el pensamiento y la cosa, a través de la formación de los conceptos. Un concepto es verdadero cuando lo que el concepto dice y lo que la cosa es, coinciden.

    13 ¿Cómo son las cosas? Inteligibles y tienen en su propio ser la esencia.

    14 ¿Cómo es nuestra relación con las cosas? Mediata, porque el concepto sirve de intermediario entre nuestra mente y las cosas. Mediante el concepto conocemos las cosas. Como nuestro conocimiento es mediato, es dubitable, ofrece flanco a la duda.

    15 ¿Cómo debuta? Por la ontología.

    16 ¿Cómo es la realidad del mundo exterior? No es problemática.

    17 ¿Cuál es la primera realidad descubierta? Las cosas.

    18 ¿Qué es lo único indubitable? Nada.

    19 ¿Cuál es la base del realismo? La estructura del ser en general.

    20 ¿Tiene realidad el mundo exterior? Sí. Es un mundo sensible. Inteligible.

    21 ¿De dónde sale el mundo? De las cosas.

    22 ¿Cómo es el mundo fuera de mis pensamientos? Verdadero.

    23 ¿Cuál es el principal problema? Crear conceptos.

    24 ¿Cuál es el centro de gravedad? Las cosas.

    25 ¿De dónde salen las cosas? Del mundo exterior.

    26 ¿Qué se opone entre el sujeto que conoce y el objeto conocido? Los conceptos.

    27 ¿Es problema la realidad del mundo exterior? No. No es problema la existencia y la realidad de las cosas en el mundo porque son en sí mismas inteligibles.

    28 ¿Cómo es el ser de las cosas? El ser de las cosas es antes e independiente de todo pensamiento, pero es un ser inteligible, existe en sí mismo y por sí mismo, independiente de mí. Uno de sus principales postulados es la inteligibilidad de las cosas mismas

    29 ¿Qué le interesa? Las cosas sensibles.

    30 ¿Cómo considera al ser? Bajo la especie de la cosa, bajo la especie de la sustancia.

    - Idealismo cartesiano

    1 ¿Quién existe? El pensamiento, yo pensando, yo y mis pensamientos. "Yo soy una cosa que piensa". La existencia radica sólo en ser una cosa que piensa. 2 ¿Qué es saber? Obtener un conocimiento indubitable, pasar de un saber confuso y oscuro a un saber claro y distinto. Aclarar la certeza de nuestro conocimiento. Lograr conocimientos certeros sobre la naturaleza de la vida. El verdadero conocimiento no se alcanza mirando hacia los hechos, hacia las cosas; se alcanza mirando hacia las ideas que tenemos de las cosas.

    3 ¿Cuál es el método? La duda. Su método lo concibió como una necesidad de dar a la filosofía un orden, una coherencia, hacer de ella una disciplina para colocarla a salvo de las interpretaciones subjetivas, de las mismas conjeturas. Es un método racional-deductivo, propio de las matemáticas, que es un saber universal, necesario y válido para todos en todas partes. Descartes basa su filosofía en la búsqueda de un nuevo método para explicar el mundo y el conocimiento. Ese método debía reunir el rigor de la lógica formal y de las matemáticas. Para hallar la verdad, lo evidente, es necesario recurrir al proceso de la duda metódica, porque la verdad debe ser una verdad apodíctica (que vale por sí misma) independiente de las verdades de la tradición y la autoridad (verdades de fe); una verdad de la cual surjan las restantes a través de un proceso deductivo. Este método no admite nada como verdadero, como objetivo, mientras no se presente como algo evidente. Permite llegar a la obtención de verdades firmes y objetivas.

    4 ¿Qué es el juicio? Afirmar las ideas claras y distintas, negar las ideas confusas u oscuras.

    5 ¿Cómo es la realidad de las cosas? Demostrada o deducida o construida.

    6 ¿Cómo es la actitud? Artificial, voluntaria, adquirida, intencional, insólita, introvertida. Por eso procede con cautela, precaución, prudencia. La filosofía se vuelve de espaldas al sentido común.

    7 ¿De dónde procede el conocimiento? Del sujeto (yo) a las cosas (objetos). Prima la idea de sujeto sobre el objeto, de la conciencia frente al ser. No son los objetos o las cosas los que determinan la objetividad de un conocimiento, sino las ideas que tengamos de esas cosas en cuanto se presenten con claridad y distinción.

    8 ¿Qué es primero? El conocimiento; la cosa, después.

    9 ¿Cómo es la cosa o el ser? Inteligente, pensante.

    10 ¿Existe discrepancia entre el conocimiento y la realidad? Sí.

    11 ¿Entre el pensamiento y la cosa hay perfecta adecuación? No.

    12 ¿Cómo se define la verdad? La verdad, además de verdadera, debe ser cierta. La cuestión no es saber pocas o muchas cosas, sino saber de verdad. No le interesa la cantidad de conocimiento, sino lo indubitable. Le interesa la indubitabilidad. El pensamiento, como fenómeno de la conciencia, es indubitable. No se puede aceptar nada como cierto, como verdadero, hasta tanto no se presente como un hecho real, palmario, evidente. La filosofía debe ser axiomática, porque las verdades axiomáticas deben ser fundamentadoras, evidentes, distintas, claras, intuitivas, simples.

    13 ¿Cómo son las cosas? Oscuras y confusas. Hay que dudar mucho de los pensamientos confusos y oscuros; de los pensamientos e ideas claras y distintas, poco. El mundo sensible se compone de pensamientos oscuros y confusos, que dan cuerpo y margen a la duda. Los objetos pensados por ideas claras y distintas son reales.

    14 ¿Cómo es nuestra relación con las cosas? Inmediata. Sólo el pensamiento llena las condiciones de inmediatez.

    15 ¿Cómo debuta? Por la teoría del conocimiento (epistemología). Como problema metafísico se plantea el problema del método. Busca la certidumbre valiéndose del método.

    16 ¿Cómo es la realidad del mundo exterior? Es problemática.

    17 ¿Cuál es la primera realidad descubierta? Yo pensando.

    18 ¿Qué es lo único indubitable? El pensamiento. El punto de partida del filosofar es la propia interioridad, conciencia, yo, del sujeto pensante desde donde se pueden alcanzar la objetividad y certeza de nuestros conocimientos, la necesidad y la universalidad de la ciencia, la convicción segura de nuestra propia existencia, la objetividad de Dios, del mundo.

    19 ¿Cuál es la base del Idealismo? La identidad del pensamiento que es inmediato y el yo mismo.

    20 ¿Tiene realidad el mundo exterior? Sí, pero es una realidad geométrica. Es un mundo de la pura sustancialidad geométrica.

    21 ¿De dónde sale el mundo? Del yo. Es un mundo de ideas claras y distintas, un mundo de puras realidades geométricas. El mundo está montado sobre el yo pensante, la extensión y Dios. El yo pensante no es algo que entre a ser contenido de conciencia, sino que es conciencia continente.

    22 ¿Cómo es el mundo fuera de mis pensamientos? Dudoso.

    23 ¿Cuál es el principal problema? Cómo descubrir la verdad.

    24 ¿Cuál es el centro de gravedad? El pensamiento.

    25 ¿De dónde salen las cosas? Del yo. El Idealismo consiste en pensar las cosas derivadas del yo. La existencia es una consecuencia del pensamiento. En el pensar se patentiza la existencia.

    26 ¿Qué se opone entre el sujeto que conoce y el objeto conocido? Nada.

    27 ¿Es problema la realidad del mundo exterior? Sí.

    28 ¿Cómo es el ser de las cosas? Dependen de mi pensamiento. No existen en sí y por sí, ni fuera de mí.

    29 ¿Qué le interesa? La indubitabilidad.

    30 ¿Cuál es el principal objeto de la filosofía? La búsqueda de un método apropiado para filosofar.

    31 ¿Cuál es el nuevo ser del Idealismo? El pensamiento puro.

    32 ¿Cuáles son los residuos del realismo? La cosa, la sustancia. El pensamiento es una cosa, yo soy una cosa que piensa, yo soy una sustancia pensante. Por eso incluye también en el concepto de sustancia el problema del fundamento del ser; hay dos clases de sustancia: infinita (Dios) y finita, subdividida en espiritual, el alma (res cogitans) y la corpórea, el cuerpo (res extensa).

    33 ¿Cómo sacar el mundo exterior del pensamiento y del yo? Hay dos soluciones: 1. Sicológica. Investigar el alma (Hume). 2. Lógica. Síntesis lógica del pensamiento (Kant). Hume explica el mundo como producto de las leyes sicológicas del alma. Kant explica el mundo como producto de las leyes de síntesis lógica del pensamiento.

    34 ¿Cuáles son las consecuencias del Idealismo cartesiano? El racionalismo y el subjetivismo. El racionalismo consiste en la supremacía de la razón sobre las cosas, sobre los objetos. Desde la razón todo se puede justificar. El subjetivismo consiste en quitar o eliminar el objeto como garantía de objetividad. El sujeto, la evidencia, la claridad y distinción de las ideas es el criterio que nos permite saber cuando algo es verdadero.

    Sistema kantiano

    El extraordinario, genial y originario sistema kantiano o kantismo, excelsa combinación (rigurosamente elaborada y articulada) de Idealismo Trascendental, Criticismo, Apriorismo y Agnosticismo, supuso un giro definitivo en la historia de la filosofía occidental.

    A partir del sorprendente y revolucionario sistema kantiano, (que presenta la más contundente y definitiva ruptura de la modernidad con el Realismo aristotélico-escolástico), el sujeto será el centro, a cuyo en torno girarán todas las cosas. Ya no serán nuestros conocimientos los que deban regularse por los objetos, sino los objetos los que deben regularse por nuestros conocimientos. No será el sujeto el que deba girar alrededor del objeto, sino el objeto en torno del sujeto. El objeto debe girar en torno de las estructuras apriorísticas de que viene dotado el sujeto; sólo en ellas se garantiza la objetividad del conocimiento. En este sentido, "la verdad para Kant, no será ya la conformidad del pensamiento con los objetos conocidos, sino al contrario, lo que hace que algo sea verdadero u objetivo, será la concordancia con las leyes necesarias y universales del entendimiento" (Filosofía moderna, de Hernando Barragán Linares). La llamada revolución copernicana de Kant consiste en que ya no se ocupa de los objetos sino de la manera que tenemos de conocerlos. No sólo es la conciencia la que se adapta a las cosas; las cosas también se adaptan a la conciencia. Su revolución cambió la cosmovisión respecto de las estructuras mentales con relación a la naturaleza, al plantear que "el orden de la naturaleza se moldea según las estructuras mentales y no, como se suponía anteriormente, que la naturaleza es la que moldea las estructuras mentales del hombre" (el Diccionario filosófico, de Leonor Martínez Echeverri). La naturaleza del conocimiento se halla condicionada por la naturaleza del sujeto. El objeto de conocimiento ha de adecuarse a las facultades cognoscitivas del sujeto, y no como pensaban los antecesores de Kant: que el conocimiento debía adecuarse a la naturaleza del objeto. Kant antepuso la investigación del conocer a la investigación del ser.

    Su originalidad radica en el hecho de que, en lugar de confiar ingenuamente en la razón como facultad capaz de resolver los enigmas del universo, la somete a un riguroso estudio, investigación o crítica para establecer su capacidad, valor y límites antes de realizar cualquier construcción sistemática de la razón.

    Su sistema también se denomina Idealismo Trascendental, y trascendental significa en lenguaje kantiano la condición para que algo sea objeto de conocimiento; aquello que hace posible el conocimiento de la experiencia y no traspasa los límites de la misma. Se refiere a las condiciones a priori del conocimiento. Busca lo que es a priori en los datos de la sensación. Condición que descubrimos en un objeto, pero que ha sido puesta o supuesta por el sujeto en el objeto, para convertirlo en objeto cognoscible. Estudio de las condiciones de todo conocimiento, aportadas por el sujeto cognoscente y sin las cuales no se podría dar ninguna representación objetiva. Es todo conocimiento en general que se ocupe, no de los objetos, sino de la manera que tenemos de conocerlos, en tanto que sea posible a priori. La filosofía trascendental es una filosofía especulativa, teórica, que busca, ante todo, establecer las condiciones a priori de todo conocimiento. El adjetivo trascendental deriva de trascendente: lo que existe en sí y por sí, independiente de mí. Su filosofía también se denomina Trascendentalismo, por estar del lado "de acá" de la experiencia, frente a la filosofía trascendente que indaga "más" allá de la experiencia. "El conocimiento trascendental es un conocimiento acerca de nuestras formas de conocer las cosas. Más concretamente, versa sobre nuestras maneras de conocer en la medida en que este conocimiento es a priori" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart).

    A través de su Idealismo Crítico o Criticismo, que rechaza las teorías dogmáticas precedentes, precisa que, antes de conocer algo, hay que analizar el instrumento mismo del conocimiento (razón) y sus posibilidades. "Evidentemente, la investigación de las facultades cognoscitivas del hombre, el estudio de las fases fundamentales del proceso cognoscitivo y el examen de las relaciones entre el pensamiento y el conocimiento sensible son los problemas de la filosofía" (VARIOS. Enciclopedia Superior Círculo de Lectores).

    El pensamiento kantiano es una filosofía crítica, es una teoría del conocimiento. "No del conocimiento como germen, como posibilidad, sino como conocimiento científico matemático de la naturaleza ya establecido. Mediante un análisis riguroso de la razón señala las condiciones del conocimiento científico, los límites y las posibilidades de la mente humana" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). También se presenta como una reflexión universal del espíritu sobre sí mismo, como una reflexión del hombre culto sobre su total conducta valorativa. Su intención era "interpretar la realidad como un entramado regido por relaciones matemáticas" (Personajes del mundo, de Prolibros). El sistema kantiano "es el sistema filosófico más extraordinario, más profundo, mas discutido y más estudiado de todos cuantos existen" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente).

    Kant acometió la descomunal tarea de encontrar los límites, espacios y territorios para que el científico pudiera realizar su trabajo de conocimiento con plena garantía y certidumbre. Se propuso establecer con precisión qué es posible conocer realmente y qué no, y cuáles son los límites del conocimiento. Para su enorme trabajo, adoptó una actitud crítica y no dogmática. "Quiere determinar. Encauzar. Poner límites. Y su punto de partida es el fenómeno mismo de la ciencia de su tiempo… Su pretensión es la de constituir la base y el fundamento de la ciencia moderna, aclarando los linderos válidos dentro de los cuales ella puede transitar. Le preocupa la legitimidad, la licitud del conocimiento" (Clásicos del pensamiento universal resumidos, de Rafael Méndez Bernal).

    Kant, un auténtico pensador, creó un formidable y portentoso sistema, con fundamento en una filosofía crítica, a través del cual, además de señalar rigurosamente las condiciones del conocimiento científico, los límites y posibilidades de la mente, analiza y sintetiza armoniosamente las tesis o tendencias epistemológicas antagónicas del Racionalismo y el Empirismo como única vía correcta para explicar la ciencia. Toda la filosofía de Kant está encaminada a la mediación entre el Racionalismo y el Empirismo. El apriorismo kantiano es una mediación entre estas dos tendencias epistemológicas. El Apriorismo considera la experiencia y el pensamiento como fuentes del conocimiento. Según el Apriorismo, la materia del conocimiento procede de la experiencia, y la forma de éste proviene del pensamiento. "Con la materia se significan las sensaciones. Éstas carecen de toda regla y orden, representan un puro caos. Nuestro pensamiento crea el orden de este caos, enlazando unos con otros y poniendo en conexión los contenidos de las sensaciones" (Teoría del conocimiento, de Johanes Hensen). Este proceso de verifica o se realiza a través de las formas de la intuición, formas a priori de la sensibilidad, condiciones a priori de la posibilidad de la intuición, caracteres de nuestro modo de conocer o formas subjetivas de ver las cosas (espacio y tiempo) y las formas del pensamiento (categorías). Las formas de la sensibilidad condicionan de alguna manera la naturaleza de la realidad que percibimos.

    Kant también estableció una mediación entre el Dogmatismo y el Escepticismo a través del Criticismo. El criticismo kantiano es una posición intermedia entre el Dogmatismo y el Escepticismo. En la dialéctica kantiana, el Dogmatismo es la tesis, el Escepticismo la antitesis y el Criticismo la síntesis. El Criticismo comparte con el Dogmatismo la fundamental confianza en la razón. El Criticismo está convencido de que es posible el conocimiento, de que hay una verdad. Con el Escepticismo comparte su desconfianza hacia todo conocimiento determinado. El Criticismo, que en griego significa examinar, "examina todas las afirmaciones de la razón humana y no acepta nada despreocupadamente. Dondequiera pregunta por los motivos y pide cuentas a la razón. Su conducta no es dogmática ni escéptica, sino reflexiva y crítica. Es un término medio entre la temeridad dogmática y la desesperación escéptica… El Criticismo es aquel método de filosofar que consiste en investigar las fuentes de las propias afirmaciones y objeciones a las razones en que las mismas descansan, método que da la esperanza de llegar a la certeza" (Teoría del conocimiento, de Johanes Hensen). Es una teoría metodológica que somete a crítica la posibilidad del conocimiento, sus límites y sus fuentes. Para el Criticismo, el objetivo principal de la filosofía es la crítica de la facultad cognoscitiva. Antepone la investigación del conocer a la investigación del ser.

    Igualmente, trató de conciliar las concepciones del mundo o las concepciones gnoseológicas (profundamente opuestas y discrepantes) sobre la esencia del conocimiento (Idealismo y Materialismo) mediante el Agnosticismo (del griego a negación, y gnósticos capaces de conocer; por tanto, "incapaz de conocer", incognoscible). Esta concepción sobre la esencia del conocimiento sostiene que es inútil tratar de conocer la naturaleza real de las cosas, pues nunca conoceremos más que sus apariencias. No se puede saber si el universo es, en el fundo, espíritu o naturaleza. Sólo se puede conocer la apariencia de las cosas, pero no su realidad. No se puede saber nada con certeza. Es imposible conocer la verdadera naturaleza de las cosas, debido a que nuestro conocimiento se limita a sus apariencias. No se puede afirmar la existencia de la realidad objetiva; tampoco saber si las cosas existen por sí mismas. No se puede afirmar si el mundo exterior existe o no existe. "Nuestros sentidos nos permiten ver y sentir las cosas, conocer sus aspectos exteriores, sus apariencias; esas apariencias existen para nosotros. Pero no podemos conocer la cosa independiente de nosotros, con su realidad que le es propia, lo que se llama la cosa en sí" (Curso de filosofía, de Georges Politzer).



    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11



    Sus dos campos fundamentales e inquietantes de su reflexión filosófica son "el cielo estrellado sobre mí" (naturaleza o doctrina del saber) y "la ley moral en mí" (moral o doctrina del ser y del obrar). Por eso realizó un minucioso, profundo, prolijo, sistemático, crítico y riguroso estudio, investigación, crítica o cuestionamiento de la razón, para determinar su capacidad y sus límites. De este modo fundamentó las bases de la ciencia natural y de la moral. En su monumental y compleja obra se propuso establecer las condiciones del conocimiento, su posibilidad y los límites y someter a la razón a un profundo análisis. Según Kant, éstos son los problemas básicos de la filosofía:

    • 1. Metafísica (¿Qué puedo saber?).

    • 2. Moral (¿Qué puedo hacer?).

    • 3. Religión (¿Qué puedo esperar?).

    • 4.  Antropología (¿Qué es el hombre?).

    Kant cambió profunda y radicalmente el método epistemológico en su modo de pensar y conocer. "En la base del método kantiano se halla la crítica, que lo llevaría a investigar acerca de la posibilidad y validez del conocimiento" (Personajes del mundo, de Prolibros). El conocimiento sólo se refiere a fenómenos, a las cosas tal como aparecen, a los objetos en su apariencia. Somos incapaces de conocer "la cosa en sí" (noúmeno), la razón es incapaz de conducirnos a la "cosa en sí"; sólo podemos conocer "las cosas en mí" (fenómeno). Su aporte más significativo a la filosofía, consiste, precisamente, en afirmar que no podemos saber nada seguro sobre cómo es el mundo o la "cosa en sí"; sólo sabemos cómo es la "cosa para mí", el fenómeno o la "cosa en mí". Kant intentó probar que podemos poseer la certeza de que las cosas no son tal como se nos presentan. ¿Si no podemos entender lo que somos, entendernos del todo a nosotros mismos, cómo vamos a entender todo el universo? La razón no es capaz de emitir ningún juicio seguro. "Había que distinguir entre los fenómenos (apariencias que podemos ver de las cosas bajo las formas subjetivas de tiempo y espacio) y las cosas en sí (en cambio la inteligencia las considera independientemente de su apariencia)" (Ideas, de Roland Goock).

    Además de las formas a priori de la sensibilidad (tiempo y espacio), que están en la conciencia o en la razón, la ley causa-efecto también forma parte de la razón, de la conciencia, de nuestra propia constitución, y es una cualidad de la razón. "La ley causal rige siempre y de manera absoluta simplemente porque la razón del hombre capta todo lo que sucede como una relación causa-efecto" (El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder).

    Las cosas tal como son en sí mismas nunca podremos conocerlas. Sólo podemos conocerlas en la medida en que recorren el camino que atraviesa nuestras formas de la sensibilidad y del entendimiento. Existen dos mundos: el fenoménico y el nouménico. El primero (del griego phenomena, que significa apariencias) es el que sucede a la operación de nuestras facultades cognoscitivas. El segundo (del griego noumena, que significa pensamiento o entidades mentales) es aquel que consiste previamente a la actividad de conocer. Nunca podremos traspasar los límites de la experiencia. La razón no puede trascender por encima de la experiencia. El objeto del conocimiento no es un objeto cuya realidad sea en sí y por sí, sino que tiene una realidad, distinta de mi vivencia, ciertamente, pero no en sí y por sí. En su sistema no es necesario acudir a Dios como garantía de la validez cognoscitiva; el sujeto finito es quien fundamenta y ordena su mundo y domina la naturaleza para comprenderla racionalmente y someterla a su imperio.

    A pesar de que el Idealismo (que se inicia con Descartes y llega a su máxima realización y explicación en la filosofía de Kant) había dado una respuesta a la pregunta fundamental de qué es lo que existe, totalmente distinta a la del Realismo (cuya forma más perfecta y acabada la encontramos en Aristóteles), se advierte en Descartes y sus seguidores ciertos residuos del Realismo, debido a que a la "cosa en sí" se le sigue considerando como sustancia. Aristóteles le dio el nombre de sustancia a las cosas reales, existentes; dentro de éstas se encuentra el hombre (la sustancia racional). Descartes también denominó al pensamiento como la "cosa en sí"; el hombre es la sustancia o cosa pensante (res cogitans), el mundo es la sustancia o la cosa extensa (res extensa) y Dios es la sustancia o la cosa divina. Fue Kant quien, con su labor genial, eliminó la idea de la "cosa en sí" como meta del conocimiento racional, de la "cosa en sí" como sustancia. Él acabó definitivamente con la idea del "ser en sí". Kant descubrió un nuevo sentido del ser, que no es el "ser en sí", sino el ser "para" el conocimiento.

    Kant advierte que hay una modalidad del ser que no es ni el "ser en sí" ni la nada: un ser que consiste en ser objeto para un sujeto. El ser del objeto no es un "ser en sí". A partir de él, se hablará del "ser en sí" pero en otro sentido... En relación con el conocimiento, lo que llamamos ser, no es un "ser en sí", sino un objeto para ser conocido, un ser puesto por el sujeto como objeto del conocimiento, no "en sí" ni "por sí", como una realidad trascendente. "Habiendo establecido un nuevo sentido del ser, que no es el ser en sí, sino el ser para el conocimiento, el ser en el conocimiento, abre Kant un nuevo período para la filosofía, que es el período de desenvolvimiento del Idealismo Trascendental que llega hasta nuestros días" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). El pensamiento (lo único que existe para el Idealismo) es, él mismo, una correlación entre sujeto pensante y objeto pensado. El Realismo sostiene que el objeto pensado, es primero sujeto y luego pensado. "Y no; no es así; sino que el objeto pensado es objeto cuando y porque es pensado; el ser pensado es lo que lo constituye como objeto… La actividad del pensar es la que crea el objeto como objeto pensado. No es, pues, que el objeto sea, exista, y luego llegue a ser pensado…" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). Este residuo del realismo logró superarlo Kant. Su tesis fundamental estriba "en que el objeto pensado no significa objeto de primero es y que luego es pensado, sino objeto que es objeto porque es pensado; y el acto de pensarlo es al mismo tiempo el acto de objetivarlo, de concebirlo como objeto y darle la cualidad de objeto" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). El sujeto, la sustancia, es también un producto del pensamiento. No es que el sujeto sea primero y por ser sea sujeto pensante. Para Kant, el sujeto, la sustancia, es también producto del pensamiento. "De modo que el sujeto pensante no es primero sujeto y luego pensante, sino que es sujeto en la correlación del conocimiento, porque piensa, y en tanto y en cuanto que piensa" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). El acto de conocer consiste en poner una relación, una correlación entre el sujeto pensante y el objeto pensado. "Con el fin de ser conocido, un objeto ha de ser pensado y, con el fin de ser pensado, un objeto ha de ser pensable" (La verdad sobre todo, de Matthew Stewart). Sólo podemos pensar lo que puede ser pensado y sólo podemos conocer lo cognoscible. El conocimiento del objeto se halla siempre mediado por las facultades del conocimiento del sujeto. Según Kant, cada cosa tiene su ser, su esencia, su naturaleza. Cada una de las cosas es lo que es y está donde está y tiene las propiedades que tiene.

    Como todo conocimiento para que sea científico necesita consultar la experiencia y agregar algo nuevo al conjunto de saberes existentes que tenga el carácter de universalidad y necesidad, la ciencia se reduce a juicios (tesis, afirmaciones, proposiciones). Los juicios son el punto de partida de su pensamiento. Los juicios no son vivencias sicológicas (hechos psíquicos) ni hechos de la conciencia, sino enunciados objetivos acerca de algo, tesis de carácter lógico que, por consiguiente, son verdad o error. La ciencia es sintética y tiene carácter universal y necesario. La ciencia es sintética y a priori al mismo tiempo. El conocimiento se divide en matemático, físico y metafísico. El conocimiento tiene que explicarse indispensablemente con base en la experiencia y la razón. En la relación de conocimiento, el ser es un ser para ser conocido, un ser objeto, no un ser en sí. El objeto a conocer gira en torno del sujeto cognoscente.

    Entonces surge la necesidad de analizar los juicios para encontrar los apropiados para hacer ciencia. Existen tres tipos de juicios: analíticos, sintéticos y sintéticos a priori. En los primeros el predicado está contenido en el sujeto ("El triángulo tiene tres lados"); son necesarios y universales, pero no consultan la experiencia. Son verdaderos porque estriban en el principio de identidad ("Toda cosa es igual a sí misma"). No se originan en la experiencia, sino en el análisis mental del concepto de sujeto. Son a priori, tautológicos, formales y la aplicación constante del principio de identidad, principio en el que se fundan. En los segundos, el predicado agrega siempre algo nuevo al sujeto ("Bolívar libertó cinco naciones"), pero lo hace después de la experiencia (a posteriori); no tienen el carácter de universalidad y necesidad. Son verdaderos porque se fundamentan en la experiencia y se originan en ésta. Son particulares y contingentes. Sólo son verdaderos aquí y ahora. Su validez se limita a la experiencia sensible. Son a posteriori. Su fundamento de la legitimidad estriba en la experiencia. Los terceros, los "juicios sintéticos a priori", sí sirven para hacer ciencia, porque el predicado agrega algo nuevo al sujeto, con carácter universal y necesario. Los juicios sintéticos a priori constituyen el conocimiento absolutamente cierto y universal que la filosofía siempre ha perseguido. Así, los escépticos se verían forzados a sucumbir ciertas verdades filosóficas significativas y los dogmáticos podrían ser partidarios por intentar ir más allá de esas verdades. El conocimiento científico está compuesto de juicios sintéticos a priori. El conocimiento científico tiene un valor universal y necesario. Estos juicios son posibles en la matemática, porque ella se funda en el espacio y en el tiempo. También son posibles en la física. Éstos son formas de nuestra capacidad o facultad de percibir; son formas de intuición.

    Establecidos los juicios que sirven para hacer ciencia, Kant procede a escribir una de las obras más fundamentales de la filosofía: La crítica de la razón pura, que "trata ante todo de dar una fundamentación crítica del conocimiento científico de la naturaleza" (Teoría del conocimiento, de Johanes Hensen). En este libro indaga cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en las matemáticas y en la física, y si son posibles estos juicios en la metafísica. Crítica significa investigación exhaustiva y estudio riguroso, y pura quiere decir a priori. Crítica de la razón pura significa estudio o investigación de la razón pura, de la razón a priori; estudio o investigación de la razón funcionando independiente de la experiencia. Crítica es la búsqueda de los límites del conocimiento y de las posibilidades de la razón. "La crítica en el sentido kantiano se entiende como el juicioso examen de las capacidades, posibilidades, límites y fines de la sensibilidad, el entendimiento y la razón para conocer los objetos que nos son dados en la experiencia sensible. La crítica kantiana también se puede asumir como la racionalidad del pensar por sí mismo, del pensar en el lugar del otro, y del ser consecuentes con lo que pensamos" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente).

    En su trabajo utiliza el método trascendental, el cual no investiga el origen psicológico del conocimiento, sino su validez lógica; no pregunta cómo surge el conocimiento, sino cómo es posible el conocimiento, sobre qué bases, sobre qué supuestos supremos descansa. La extensa obra se encuentra dividida en:

    1o. Estética Trascendental. Estudia las condiciones bajo las cuales es posible una ciencia a priori de las matemáticas, las condiciones que determinan a priori la forma de todo posible.

    2o. Analítica Trascendental. Estudia las condiciones bajo las cuales es posible la física.

    3o. Dialéctica Trascendental. Estudia la posibilidad de la metafísica como ciencia.

    Kant postula que el ideal del conocimiento absoluto no puede ser satisfecho por la progresividad relativizante del conocimiento, pero es una necesidad del conocimiento. "Ese ideal del conocimiento, el conocimiento no puede alcanzarlo. Sucede que cada vez que el hombre aumenta su conocimiento y cree que va llegar al conocimiento absoluto, se encuentra con nuevos problemas y no llega nunca a ese absoluto. Pero ese absoluto, como un ideal al cual se aspira, es el que da columna vertebral y estructura formal a todo el acto continuo del conocimiento. Lo absoluto en Kant deja de ser actual para convertirse en potencial" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). Kant define lo absoluto como lo que abarca todo y afirma que el conocimiento científico de ese absoluto es imposible. "Como meta del esfuerzo humano ve Kant ideas a las que atribuye en la esfera de la razón funciones similares a las de los conceptos que integran el campo de la inteligencia. Las ideas teóricas más elevadas son para él Dios, el alma y el universo" (Ideas, de Roland Goock). A ellas se llega por intuición a través de la razón a priori.

    Como a través de la razón no se puede conocer la "cosa en sí", la metafísica no es posible como ciencia. La metafísica como ciencia o como conocimiento científico no es posible porque sus argumentaciones se salen de los límites de la experiencia, aplica categorías o no las aplica según capricho y toma por objeto a conocer la que no es objeto a conocer, sino cosa en sí misma. La metafísica quiere conocer lo incognoscible. La metafísica no puede ser objeto de conocimiento racional. Pero sí existe la posibilidad de una metafísica natural, antidogmática, crítica, abierta y dinámica, "como una disposición arraigada en la esencia del hombre y que lo lleva a trascenderse y superar sus propias limitaciones, como uno de los grandes valores de la persona" (Filosofía moderna, de Hernando Barragán Linares). Metafísica, para Kant, significa:

    1. Conocimientos básicos que sirven de fundamento a la ciencia empírica de la naturaleza: matemáticas y física. Primeros principios de una ciencia. Fundamento de cualquier sistemático conocimiento de la naturaleza. Primeros principios o cimientos de cualquier conocimiento objetivo.

    2. Conocimiento de los objetos fuera de la experiencia: Dios, inmortalidad del alma, libertad de la voluntad del hombre. Su objeto es la verdadera realidad, lo que verdaderamente existe.

    Kant logra eliminar la cosa en sí en la relación del conocimiento. Sin embargo, el sentido de esa cosa en sí "es el de satisfacer el afán de unidad, el afán de incondicionalidad que el hombre, que la razón humana siente" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). Ese afán de absoluto, de incondicionado, no puede ser satisfecho por la ciencia, debido a que el conocimiento es progresivo y relativo. Ese absoluto, como el ideal del conocimiento, aparece como la condición de la posibilidad de la conciencia moral. "La conciencia moral, que es un hecho, no podría ser lo que es si no postulase ese absoluto, si no postulase la libertad absoluta, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios… Ese absoluto e incondicionado es lo que da sentido y progresividad al conocimiento, y lo que fundamenta la validez de los juicios morales" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). La cosa en sí, en Kant, designa las esencias sobrenaturales, inaccesibles a la experiencia: Dios.

    No satisfecho con su labor excepcional realizada en la Crítica de la razón pura, escribe otra obra grandiosa (Crítica de la razón práctica), en la cual plantea su teoría moral. En ella "aborda el problema de la moral como ciencia, sus leyes necesarias, su fundamentación" (Filosofía moderna, de Hernando Barragán Linares). A través de esta obra, Kant estudia la moral, la libertad, la inmortalidad, Dios. "Mientras que la Crítica de la razón pura consistió en enfrentar a la razón consigo misma (con el fin de hallar las reglas intrínsecas que someten todo conocimiento objetivo a la experiencia), la segunda Crítica, en cambio, hace de la devaluación especulativa del saber una revaluación práctica y también intrínseca: del examen de los poderes de la facultad de conocer, pasando en adelante al de sus deberes, por naturaleza conformes al principio objetivo del comportamiento moral. Así es como el bien no podría ser de otro objeto que no fuese el de la propia razón, mientras que ella se sienta como tal: sea, razonable y no solamente raciocinante. Si el conocimiento objetivo corresponde únicamente a las ciencias experimentales, entonces el verdadero objeto de la filosofía consiste en plantear los principios puros de la acción moral. Ahora bien, éstos destacan con la intención pura que Kant distingue de la simple inclinación, aunque fuese loable: en efecto, la compasión, por ejemplo, es "conforme al deber pero no tiene ningún valor moral verdadero". Porque en el primer caso, el motivo, el medio o el fin de la acción (o de la práctica) moral es el ejercicio de la razón por y para ella misma, únicamente susceptible de garantizar la racionalidad: "la majestuosidad del deber no tiene nada que ver con los placeres de la vida; tiene su propia ley y también su propio tribunal" y, de hecho, es reflexiva; en el segundo caso, la razón como la voluntad moral transitiva es todavía tributaria de determinaciones, por así decirlo, impuras, por ser empíricas. La prueba de la relatividad de éstas se encuentra en el origen de una buena acción, que radica en el hecho de que siempre es posible un mal uso de los preceptos" (Enciclopedia Microsoft Encarta).

    Es así como sostiene que a pesar de que las cosas no se pueden conocer como "cosas en sí", sí se pueden pensar; porque el hombre, además de conocer, se dedica a otras actividades como la espiritual o "conciencia moral", la cual contiene principios racionales que rigen la vida. En el ámbito humano existe la conciencia moral con principios tan evidentes, tan claros, como los principios del conocimiento, los principios lógicos de la razón.

    En ese conjunto de principios (razón práctica) está la base que conduce a la aprehensión de los objetos metafísicos. La razón también se aplica a la acción, a la práctica, a la moral.

    Como la existencia de Dios no se puede probar ni con la razón ni con la experiencia, sólo queda la fe; a través de ésta suponemos que tenemos un alma inmortal y un libre albedrío, y que existe Dios, como una suposición necesaria para nuestra moral. Estos son sus postulados prácticos. (Postular significa afirmar algo que no se puede probar). Para Kant, "es moralmente necesario suponer la existencia de Dios".

    Los predicados morales o calificativos morales como bueno, malo, moral, inmoral, meritorio, pecaminoso, etc., no convienen a las cosas, sino a las personas. Las cosas u objetos no son ni buenos ni malos. Estos predicados corresponden estrictamente a lo que el hombre quiere hacer, no a lo que el hombre hace, porque muchas veces acontece que el hombre hace lo que no quiere hacer; o que el hombre no hace lo que quiere hacer. Estos calificativos se predican de la voluntad misma del hombre. Lo único que verdaderamente puede ser bueno o malo es la voluntad humana. Todo acto voluntario se presenta a la razón, a la reflexión, en la forma de un imperativo (Deber o exigencia inexcusable). "Kant plantea una ética imperativa del deber ser, sin ninguna condición para que se dé o se cumpla; de este modo, el bien supremo es la buena voluntad, que quiere lo que quiere por puro respeto al deber, como ley universal de la naturaleza" (Diccionario de Filosofía, de Leonor y Hugo Martínez Echeverri).

    Según Kant, existen dos imperativos: hipotéticos y categóricos. Los más importantes son los categóricos. "No importa si el objetivo de mi acción en sí mismo sea bueno o malo; lo importante es la intención que me mueve a realizarla. El único fundamento de la moral es el deber. El valor moral sólo puede radicar en la voluntad del hombre, en querer hacer el bien, en la buena voluntad. La voluntad de cumplir el deber es el criterio máximo de la bondad moral. El imperativo categórico consiste en el siguiente axioma: Obra siempre de tal manera que la máxima de tu voluntad pueda valer como principio de legislación universal. El mandamiento o imperativo categórico significa que no tiene sentido preguntar por qué tengo que obrar así. ¡No mates al hombre! es un imperativo categórico. Por el contrario, el imperativo hipotético depende de un fin: A los dos tercios aproximadamente de la curva, aceleras. Sólo tiene valor en cuanto queremos pasar la curva rápida y seguramente. Si no queremos eso, el mandato de acelerar pierde su significación. Las cosas cambian con la proposición no mates: es categórica. Exige incondicionalmente, sin respecto a fin alguno" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). El imperativo categórico nos indica que debemos tratar a los demás siempre como fines, nunca como medios. Es decir, no usar a las personas, respetar los fines de los demás y ser buenos. La ley moral es categórica, es decir, válida en todas las situaciones. "Es válida para todas las personas en todos las sociedades y en cualquier época" (El mundo de Sofía, de Jostein Gaardner). El imperativo categórico deberá entenderse también como sigue: "Obra de tal modo que uses en todo momento la humanidad, tanto en tu persona como en la ajena, siempre como fin y nunca exclusivamente como medio" (Enciclopedia Microsoft Encarta).

    Según Kant, la razón es el fundamento de la ética. Nuestras obligaciones éticas se originan a partir de la razón y son determinadas por ella. La razón debe guiar nuestras acciones, ya que ésta es capaz de determinar los fines de cada acción. La autonomía, o libertad, es la esencia de la moralidad. El imperativo del deber es la razón y la razón es libertad. Uno es libre sólo en tanto en cuanto sus fines son dictados por la libertad misma.

    La conciencia humana moral, la voluntad libre, es ajena al espacio y al tiempo. Una voluntad es plena y realmente pura, moral, valiosa, cuando sus acciones están regidas por imperativos auténticamente categóricos. Es necesario postular la libertad de la voluntad como una primera condición de la posibilidad de la conciencia moral. La conciencia moral es un acto de valoración que nos pone en contacto con el mundo inteligible, de las realidades suprasensibles, a las que se llega por intuiciones de carácter moral que nos ponen en contacto con la dimensión valorativa y moral. La conciencia moral nos entreabre un poco el velo que encubre este otro mundo inteligible de las almas y conciencias morales, de las voluntades morales, que no tienen nada que ver con el sujeto cognoscente.

    El hombre encuentra la perfección moral en el cumplimiento del deber por el deber mismo. No importan las consecuencias de las acciones, el beneficio o perjuicio que de ellas se siga; lo importante es haber cumplido exactamente con el deber; y el deber me lo indican las leyes de la sociedad.

    Kant considera que existen cuatro sentimientos que el ser humano ha de tener para que la vida humana sea posible:

    1. El sentimiento moral.

    2. La conciencia moral.

    3. El amor al prójimo.

    4. El respeto por sí mismo.

    Según Kant, la ética es una tarea infinita en la que, si no se progresa, se retrocede; pues incluso lo ya ganado ha de reconquistarse cada día.En su metafísica o razón práctica sostiene los siguientes postulados:

    1. La libertad de la voluntad. Por medio de este postulado entramos en el mundo inteligible de cosas en sí que está allende de lo sensible, en otro plano.

    2. La inmortalidad del alma. La voluntad humana nos permite penetrar en el mundo inteligible, el cual no está sujeto a las formas de espacio, tiempo y categorías. Si el hombre pudiera por medio de la educación purificar cada más su voluntad en el sentido de que esa voluntad pura y libre dependa sólo de la ley moral, se habrá cumplido el ideal de la santidad.

    3. La existencia de Dios. El acuerdo entre lo que es y lo que debe ser es un postulado que requiere que una unidad sintética superior entre ese ser y el otro debe ser. Y a esa unión o unidad sintética de lo más real que pueda haber con lo más ideal que puede haber, se llama Dios, el ente metafísico en donde la más plena realidad está unida a la más plena idealidad. En Dios están todos los ideales, en Él se identifican lo ideal y lo real.

    Es tan profundo y revolucionario su sistema que hasta el modelo ético cambia sustancialmente. De una ética heterónoma pasa a una ética autónoma. La primera fundamenta sus exigencias o principios en realidades superiores y trascendentes al hombre mismo: Dios, la idea del bien, la naturaleza, la felicidad. En la segunda la moralidad misma del hombre es el fundamento último y fuente original de todas las normas morales. Quienes practican una ética heterónoma cifran la felicidad en la trascendencia. Son felices cuando se realizan plenamente, cuando viven en una continua aspiración a esa plenitud o perfección, que es la que nos hace menospreciar los placeres sensibles por su caducidad. Quienes practican una ética autónoma cifran la felicidad en los bines sensibles inmediatos. Son felices cuando disfrutan de la vida, cuando satisfacen las necesidades o los a apetitos de cada momento

    En el aspecto político, defendió resueltamente la igualdad de los hombres y de los ideales de la Revolución Francesa, pero rechazó los excesos en nombre de la razón. Propugnó por el pacifismo, el antimilitarismo y la defensa de los gobiernos representativos.

    En sus planteamientos sobre el derecho nos dice que la vida social debe regirse por las normas del derecho con dependencia del orden moral, que es universal y necesario. El orden jurídico ha de fundarse en el cumplimiento de las leyes que posibilitan la convivencia. "Mientras que la moral mira hacia el orden interno de la actividad del hombre, es decir, a lo justo, a aquello que se hace siempre por el deber, el derecho mira al orden social impidiendo que las voluntades entren en conflicto y pierdan, por ese mismo hecho, la libertad" (Filosofía moderna, de Hernando Barragán Linares). La moral mira a la rectitud de las acciones internas del sujeto, el derecho a la convivencia externa de éste.

    El orden jurídico no se pude dejar al libre arbitrio de las personas, es necesaria la coacción. Es recomendable la fuerza para eliminar los obstáculos que pueden atentar contra la libertad. El derecho impone deberes externos y está dotado del elemento coercitivo. Kant precisa que el derecho es "el conjunto de las condiciones por las que el libre arbitrio de uno pude concordarse con el de los demás, según una ley general de libertad". La libertad de uno debe ser conforme a la de los demás.

    En su profundo y prolijo estudio, investigación o crítica de la razón, Kant estableció los ideales del racionalismo o las reglas de la razón, que son:

    1. Pensar por sí mismo.

    2. Pensar en el lugar del otro.

    3. Ser consecuente.

    El filósofo Estanislao Zuleta, en su ensayo Kant y la educación, precisa que Kant, que asumió la razón como razón pura, como práctica de la crítica y la demostración, estableció los siguientes derechos y deberes de la razón.

    Entre los derechos, tenemos:

    1. No se le puede prescribir una dirección ni imponerle límites a la razón sobre lo que debería o no debería ser objeto de su competencia. "Resulta contradictorio buscar ayuda en la razón y, al mismo tiempo, prescribirle un partido, una tesis, una doctrina".

    2. La publicación y el debate. "La razón debe tener la posibilidad de ser debatida por el público... el derecho a publicar es incluso un derecho esencial desde el punto de vista de las libertades políticas. Reconoce que la libertad política no puede consistir en el derecho a hacer cualquier cosa".

    En cuanto a los deberes, precisa:

    1. Ser consecuente. "Si las consecuencias necesarias de la tesis de que hemos partido resultan contradictorias o incluso absurdas, debemos abandonar dicha tesis".

    2. El debate consigo misma. Éste es un deber permanente de la razón, porque de sí misma deben surgir los argumentos contra la tesis que está sustentando.

    3. El principio de honestidad. "Consiste en no presentar aquellos argumentos en los que no se creen en el fondo y de los cuales uno mismo sospecha". Este principio debe regir tanto en el debate con el otro y consigo mismo.

    En conclusión, como resultado de su pensamiento tenemos que la verdad es producto de la inteligencia; la moral, de la voluntad; la belleza, del gusto. Su genial labor fue lograda mediante complicadas teorías, que terminan por relativizar todo el pensamiento. "En respuesta al escepticismo de Hume, que según sus palabras lo despertó de su sueño dogmático, el filósofo alemán Immanuel Kant construyó un amplio sistema de filosofía que se sitúa entre los mayores logros intelectuales de la cultura occidental. Kant combinó el principio empirista de que todo conocimiento tiene su fuente en la experiencia con la creencia racionalista en el conocimiento conseguido por la deducción. Sugirió que, aunque el contenido de la experiencia ha de ser descubierto a través de la propia experiencia, la mente impone forma y orden en todas sus experiencias y esta forma y orden pueden ser descubiertos a priori, es decir, mediante la reflexión. Su afirmación de que causalidad, sustancia, espacio y tiempo, formas de la intuición pura, son modelos impuestos por la mente en función de su experiencia dio soporte al Idealismo heredado de Leibniz y Berkeley, pero su filosofía también constituyó una crítica al Idealismo al estar de acuerdo con la afirmación empirista de que las cosas en sí mismas —es decir, las cosas tal y como existen fuera de la experiencia humana— constituyen la "cosa en sí" (noúmeno incognoscible). Por lo tanto Kant limitó el conocimiento al "mundo de los fenómenos" de la experiencia, manteniendo que las creencias sobre el alma, el cosmos y Dios (el "mundo de los nombres" que transcienden la experiencia humana) son asuntos de fe antes que resultar propios del conocimiento científico. En sus escritos sobre ética, mantuvo que los principios morales son imperativos categóricos, que para él significaban mandatos absolutos de la razón que no admiten excepciones y nada tienen que ver con el placer o el beneficio práctico. En sus ideas religiosas, que tuvieron un efecto profundo en la teología protestante, hizo hincapié en la conciencia individual y describió a Dios sobre todo como un ideal ético. En el pensamiento político y social, Kant fue una figura de primer orden del movimiento en favor de la razón y la libertad contra la tradición y la autoridad. (Enciclopedia Microsoft Encarta). El pensamiento kantiano, inscrito dentro de los linderos esenciales del Iluminismo o filosofía de la Ilustración, es "punto de referencia imprescindible a todo esfuerzo de comprensión consciente de la modernidad occidental" (Clásicos del pensamiento universal resumidos, de Rafael Méndez Bernal).

    El propósito fundamental de Kant era reconciliar la ciencia y la religión, por cuanto deseaba hacer el mundo seguro para la ciencia sin comprometer la religión y la moralidad. El mundo material o meramente aparente, funciona de forma mecánica y constituye el dominio propio de la ciencia. El mundo real o espiritual es en el que residen los constituyentes de la religión y la moral. Sus ideales eran que los hombres vivieran en una hermandad universal; que el imperativo categórico reinara en cualquier lugar; conciliar el racionalismo y el empirismo; mostrar que el escepticismo y el dogmatismo yacen derrotados ante el poderoso tribunal de la razón pura; hacer de la filosofía la reina de las ciencias y la guardiana de la ley moral; hacer que la gente viviera en libertad, respondiendo sólo a la razón; que la humanidad se uniera mediante su común destino en la razón; y que la filosofía asumiera su legítima posición de gran maestra y guía de la humanidad.

    Es tan sorprendente la genialidad de este singular pensador que su filosofía es una excelsa síntesis de las formas de pensar anteriores a él y la fuente de los pensadores posteriores a él. "Toda la filosofía moderna arranca su pensamiento de donde lo dejó Kant. Sus planteamientos, igual que sus fundamentos mismos, necesitan ser complementados… De la obra de Kant se deducen conclusiones ontológicas y cosmológicas que trascienden toda postura científica y tienen una posición propia" (Ideas, de Roland Goock). Así de inconmensurable y grandioso era este genial y original pensador. "Todavía no alcanzamos a comprender un fenómeno así. El historiador de la cultura, Egón Friedell, por ejemplo, lo considera en cuanto a analista del pensamiento humano como una maravilla del mundo totalmente aislada, que no conoce igual sobre la Tierra" (Ideas, de Roland Goock). La historiadora y filósofa Diana Uribe Forero lo considera como "un hombre absolutamente genial".

    La influencia del pensamiento kantiano es formidable. "La filosofía kantiana, y en especial tal y como fue desarrollada por el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, estableció los cimientos sobre los que se edificó la estructura básica del pensamiento de Karl Marx. El método dialéctico, utilizado tanto por Hegel como por Marx, no fue sino el desarrollo del método de razonamiento articulado por antinomias aplicado por Kant. El filósofo alemán Johann Gottlieb Fichte, alumno suyo, rechazó la división del mundo hecha por su maestro en partes objetivas y subjetivas, y elaboró una filosofía idealista que también influyó de una forma notable en los socialistas del siglo XIX. Uno de los sucesores de Kant en la Universidad de Königsberg, Johann Friedrich Herbart, incorporó algunas de las ideas kantianas a sus sistemas de pedagogía" (Enciclopedia Microsoft Encarta).

    Sistema hegeliano

    Parte del formidable sistema kantiano, que había llegado a lo absoluto, fue retomado y desarrollado por algunos pensadores, entre los que se destaca Georg Wilhelm Friedrich Hegel. "La filosofía que sucede a Kant, toma su punto de partida de ese absoluto, que para Kant es el ideal del conocimiento por una parte, y, por otra, el conjunto de las condiciones a priori de la posibilidad de la conciencia moral" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). Hegel parte de ese absoluto al que había llegado Kant, el cual despliega o se desarrolla en el espacio y en el tiempo a través del método dialéctico. Hegel considera el absoluto como un proceso que realiza el espíritu a través de la racionalidad, pues sólo mediante el uso de la lógica puede reconocerse la realidad. Hegel parte de la existencia del absoluto o incondicionado de índole netamente espiritual: pensamiento, razón o espíritu, que se manifiesta, se fenomenaliza y se expande en el tiempo y en espacio. Ese absoluto, ese incondicionado, esa totalidad, es eterno, atemporal, está fuera del espacio y constituye la esencia misma del ser. "Su manifestación da de sí, de su seno, formas manifestativas de su propia esencia; y todas esas formas manifestativas de su propia esencia fundamental constituyen lo que nosotros llamamos el mundo, la historia, los productos de la humanidad, el hombre mismo" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). La esencia de se absoluto se aprehende mediante la intuición intelectual.

    Para Hegel, "el prototipo de intelectual puro, el prototipo de hombre lógico, el pensador racional, frío" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente), lo absoluto es la razón. Todo lo demás son fenómenos y manifestaciones de la razón, concebida "como una potencia dinámica, llena de posibilidades que se van desenvolviendo en el tiempo" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente); para él, ésta es desenvolvimiento, razonamiento. La razón es dinámica, es un proceso, es progresiva. La razón es el germen de la realidad. "Lo real es racional y lo racional es real; porque no hay posición real que no tenga su justificación racional, como no hay tampoco posición racional que no esté o haya estado, o haya de estar en el futuro realizada" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). Con su espíritu romántico, Hegel pretendió deducir de lo absoluto, constructivamente, todo el detalle del universo.

    Su sistema afirma el poder de la razón y del pensamiento, y establece como objeto y ser mismo de la filosofía el saber absoluto. El pensamiento reconstruye en sí mismo el proceso racional del mundo, en el que la realidad y la racionalidad coinciden absolutamente. No hay distinción entre el pensamiento absoluto y el ser absoluto; pensamiento y ser se identifican. El verdadero papel de la filosofía radica en la investigación de lo racional. El absoluto es la razón. La razón es potencia dinámica, llena de posibilidades que se desenvuelven en el tiempo; es movimiento, es razonamiento, es el germen de la realidad. Lo real es racional y lo racional es real. La razón universal en su automovimiento dialéctico se transforma en el origen de todo: la naturaleza, la historia de la humanidad, el pensamiento. Razonar, pensar, consiste en proponer una explicación, en excogitar un concepto, en formar mentalmente una tesis, una afirmación; pero, a partir de ese instante, empezar a encontrarle defectos a esa afirmación, a ponerle objeciones, a oponerse a ésta.

    El Idealismo hegeliano, conocido como intelectualismo o panlogismo, identifica el pensamiento con el ser: todo es pensamiento y no hay nada fuera de él; por eso todo lo real es racional y lo racional es real. Lo real es idéntico a lo racional. El pensamiento mismo, que es lo absoluto, es el principio verdadero y universal de la naturaleza y del espíritu. La filosofía debe optar por el saber absoluto. Su objetivo es el conocimiento de la realidad, de lo que es de manera indudable, definitiva y absoluta, el ser en sí. La verdad reside sólo en el absoluto. Solamente lo absoluto es verdadero o solamente lo verdadero es absoluto. El conocimiento no es externo al sujeto que conoce. Cuando hablamos de conocimiento y nosotros mismos, hablamos de la misma cosa. De la misma cosa hablamos cuando decimos conocimiento, absoluto y nosotros mismos.

    El absoluto (del latín absolutus: incondicional; existente en sí mismo). Significa la esencia sin limitaciones, independiente y que actúa por sí misma. En la comprensión habitual, absoluto significa incondicional, que no deja lugar a dudas, sin reservas (absolutamente correcto, absolutamente indispensable, etc.). El absoluto es lo que da sentido y progresividad al conocimiento, y lo que fundamenta la validez de los juicios morales. El espíritu absoluto es el espíritu del mundo, subordinado al espíritu de cada pueblo y a éste cada individuo. En consecuencia, subordina la religión a la política, y la Iglesia al Estado. La religión se sitúa a mitad de camino entre filosofía y arte. La filosofía es la ciencia absoluta, la autoconciencia de la absoluta razón. La educación tiene por objeto el proceso mediante el cual el espíritu individual se eleva hacia la autoconciencia. La educación debe hacerse para la seriedad del hombre.

    Hegel derivó de la conciencia la forma y la materia del conocimiento. Postuló la existencia de la idea absoluta como única capaz de explicar y de contener en sí toda la multiplicidad finita. El infinito es la única y total realidad; es el punto de partida de su filosofía. La realidad se identifica total y necesariamente con la razón. ¿Existe el ser finito o el ser infinito, la unidad o la multiplicidad, lo eterno o lo temporal? Existe el infinito, la unidad y lo temporal. La realidad es una totalidad dinámica, un todo absoluto, fruto de un proceso dialéctico. La realidad es objeto y sustancia.

    La doctrina hegeliana es un intento de síntesis, de valor universal, de las preocupaciones críticas, metafísicas y teológicas del pensamiento moderno. La expresión más elevada de la conciencia no es la religión, sino la política.

    El objeto de la filosofía es el conocimiento de la variada riqueza del mundo, el conocimiento de toda realidad al superar las apariencias, alcanzando lo absoluto en su realidad concreta, el conocimiento de la "cosa en sí". El racionalismo conduce a un Idealismo en que el pensamiento es el principio verdadero y universal de la naturaleza y el espíritu considera la identidad como síntesis concreta, como la idea que se piensa, y al pensarse, piensa todas las cosas: Dios vivo.

    Hegel establece la identidad de los contrarios; lo absoluto es vida y movimiento, pues pensar concretamente al ser es pensarlo como devenir. El tiempo es la existencia misma de la contradicción. La dialéctica, su método, es la forma en que se manifiesta la realidad misma; va de lo simple a lo complejo, de lo interior a lo superior y de lo abstracto a lo concreto. La filosofía de Hegel es un método para entender el de la historia.

    Se pronunció en contra de las condiciones eternas del conocimiento, porque éste varía de generación en generación. No existe ninguna verdad eterna. No existe ninguna razón eterna. Las tradiciones y las condiciones materiales de cada contexto contribuyen a determinar la manera de pensar. Algo es bueno o malo en relación con el contexto histórico.

    El tema de la Lógica es la idea absoluta en su "ser en sí". El estudio de la idea en su "ser en sí" y "para sí". La existencia es la síntesis de ser y nada. La idea absoluta del "ser en sí". El primer momento del sistema completo del ser está la cualidad, cantidad y medida. El segundo es esencia, identidad y diferencia, que se unen a la razón de ser. La realidad es necesidad de la acción recíproca, en reconocerse determinado por la idea absoluta.

    El punto de partida de su pensamiento fue el desarrollo de la idea lógica, desarrollo que se hacía dialécticamente, es decir, pasando por los estudios de tesis, antítesis y síntesis. La síntesis, a su vez, volvía a convertirse en tesis, que iniciaba de nuevo el ciclo. Siempre con este esquema dialéctico, la idea pura, que está al principio, es por su total indeterminación, lo mismo que el no-ser, que la nada. Pero cuando, en el tercer momento, el ser tiene conciencia de su no-ser, surge la síntesis: el devenir. Son los cambios del espíritu los que producen los cambios de la materia. El universo es la idea materializada y está primero el espíritu que descubre el universo. Los cambios del espíritu determinan los cambios de la materia. Son los cambios en las ideas los que terminan los cambios en las cosas. Javier Aranguren señala que uno de los aportes de la filosofía hegeliano a la cultura occidental moderna es la lectura de la realidad en términos dialécticos: todo avanece en el mundo del pensar, en el actuar, se realiza por medio de la contraposición de contrarios y de su síntesis superadora. A partir de ésta se ha pasado de la contemplación a la acción.

    El tema de la Filosofía de la Naturaleza es la idea en su ser fuera de sí, en su estado de alteridad (el otro), en el cual la naturaleza tiende continuamente a volver a la idea en su ser en y para sí misma. La idea en su ser fuera de sí. Estudio de la idea en su ser fuera de sí, de la idea en su ser otro. Primero lo inorgánico, segundo lo físico y tercero lo orgánico. Persiguió el desarrollo de la idea en su ser fuera-de-sí, primero en su exterioridad general, como espacio y tiempo (matemática), en su exterioridad real, como naturaleza inorgánica (física) y en su naturaleza viviente (fisiología).

    El tema de la Filosofía del Espíritu es la idea en su "ser para sí mismo", en su "ser dentro de sí", la idea en su retorno "a sí misma". Estudio de la idea dentro de sí, en su retorno a sí misma; ciencia de la idea en su dentro de sí, en donde la idea vuelve de su enajenamiento a sí misma, a su completa autoconciencia. Idea en su ser para sí mismo. El espíritu subjetivo se opone al espíritu objetivo. Está oposición es conciliada por el espíritu absoluto que se encuentra en el arte, la religión y la filosofía. Para adquirir el espíritu libre es necesario obrar con arreglo a la razón universal, pues la libertad es la verdad de la necesidad. La libertad toma cuerpo en el derecho: el individuo libre es la persona que se afirma por la propiedad; la moralidad reside en la voluntad de obrar por deber; agrega a la exterioridad de la ley la interioridad de la conciencia moral; la ética se realiza en lo universal concreto de la familia, la sociedad y el Estado. El conflicto de la moralidad se resuelve sobre el plano superior de las instituciones morales que están por encima de la familia e incluso de la sociedad civil. La libertad objetiva está encarnada por el Estado, que es lo universal, Dios sobre la tierra. La filosofía aparece cuando el conocimiento de Dios adquiere su forma de saber racional; entonces, la religión se transforma en filosofía: "el búho sólo emprende su vuelo a la llegada del crepúsculo". El espíritu es la realidad concreta y viviente cuyo aspecto abstracto es la idea; es una verdad parcial que necesita completarse para llegar a la verdad de todo porque ha absorbido el error, de manera que, de cierta forma, la filosofía es filosofía del espíritu. En el organismo animal, la idea, que se ha exteriorizado de sí misma, volvía a sí misma y se convertía en espíritu, cuyos tres estadios eran: el espíritu subjetivo, el espíritu objetivo y el espíritu absoluto. El alma, la conciencia y el espíritu son, a su vez, los tres estadios del espíritu subjetivo. El espíritu objetivo se despliega en el derecho, la moralidad subjetiva y la moralidad objetiva. Por último, el espíritu absoluto se manifestaba, sucesivamente, en intuición (arte), representación (religión) y concepto (filosofía). La realidad es coincidencia o síntesis de opuestos: lo que es tesis (ser) se niega en su no-ser antítesis (nada). En la síntesis (devenir) se conservan reales y concretos los momentos apuestos, que, en cambio, fuera de ella, son abstractos. La realidad es perenne inquietud; la vida es dialéctica.

    Según su Fenomenología del Espíritu, es necesario encontrar el fundamento de la certidumbre de los datos que nos da el conocimiento sensible, ya que existen grandes contradicciones entre el saber del objeto y el objeto mismo. Sólo el espíritu es real. Se configura como una ciencia de la conciencia. El momento inicial del saber se manifiesta como percepción, en la que también hay oposición entre sujeto y objeto y la contradicción todavía tiene un papel fundamental. Después se ubica el entendimiento como pensamiento de objeto. En este nivel, cuando la conciencia se encamina hacia el saber absoluto, empieza a reconocerse a sí misma y, además, asume su propia identidad: la conciencia corresponde a la razón. De la razón inconsciente se llega al espíritu absoluto o sustancia de toda la realidad. El espíritu atraviesa por las siguientes fases: la conciencia, la autoconciencia, la razón, espíritu, la religión y el saber absoluto. Espíritu es la esencia, lo que existe en sí mismo y no hay nada externo a lo real. El conocimiento (fenómenos de la conciencia) se adquiere a través de una sucesión de escalones que ascienden desde lo interior hasta lo superior para llegar al saber o conocimiento absoluto. Estados del conocimiento: certeza sensible, percepción y entendimiento. La verdad existe sólo en el sistema científico de esta verdad, verdadero solamente cuando resume, unifica y supera las doctrinas anteriores, mediante el método científico: tesis (sí), antítesis (no), síntesis (tal vez), en el cual el error es parte de la verdad.

    La fenomenología se propone conducir la filosofía hasta la verdadera forma científica, es decir, la filosofía ha de dejar de ser amor a la sabiduría para convertirse en un saber real. La realidad es una totalidad en proceso dialéctico, es decir, espíritu en despliegue. El absoluto es la identidad de lo finito e infinito, del sujeto y del objeto; pero es una identidad que se realiza mediante un proceso dialéctico, es decir, mediante un proceso de tesis (afirmación), antítesis (negación) y síntesis (conciliación). La dialéctica tiene por objeto unificar lo múltiple, conciliar las oposiciones, pacificar los conflictos, reducir cada cosa al orden y la perfección del todo. Justifica todo: la particularidad, la accidentalidad, la imperfección, el mal, la enfermedad, la muerte, porque todo se resuelve finalmente en la perfección de la autoconciencia pacífica y feliz.

    En la fenomenología se trata del devenir de la propia conciencia hasta llegar a alcanzar el saber absoluto. La fenomenología es la ciencia de la experiencia de la conciencia. Procura llevar al individuo desde los estadios más pobres del conocimiento espontáneo, hasta el plano más elevado constituido por el saber definitivo y absoluto. Le permite al individuo abandonar su particularidad para reinsertase dentro del plano de la conciencia universal. La coinciencia es la fuente y centro de todo lo real.

    La conciencia, desde el conocimiento vulgar hasta la autoconciencia, debe dar los siguientes pasos:

    1. Conciencia sensible. Es la conciencia ordinaria o ingenua, el saber más pobre y más vacío porque no se vive sino de la particularidad, de la multiplicidad engañosa, del ese, del ahí, del ahora, del aquello.

    2. Conciencia perceptiva. Es aprehensión de las sensaciones múltiples en la unidad del objeto. La percepción aprehende la cosa una, dotada de cualidades diversas. No es capaz de darnos a conocer una realidad absoluta.

    3. Entendimiento científico. Explica los fenómenos mediante concepto inobservables, es decir, mediante nociones universales incondicionadas. Es el paso de la conciencia a la autoconciencia.

    4. Autoconciencia (en ella logramos la certeza y la verdad). El proceso dialéctico pasa la esfera de la subjetividad, es decir, hacia la esfera social. Momentos de la dialéctica de la conciencia:

    a. La relación señor-esclavo. b. La conciencia estoica.

    c. La conciencia escéptica.

    d. La conciencia infeliz.

    e. La conciencia como razón.

    En su Filosofía del Derecho sostiene que éste constituye la esfera de la libertad. En el mundo ético la libertad adquiere su plena realidad: el derecho se manifiesta en la medida que se realice la libertad. Lo ético, lo social y lo político caen bajo el poder del derecho porque éste constituye la esfera de la libertad. El derecho señala los deberes y las costumbres, lo moral y lo jurídico. El derecho tiene los siguientes momentos:

    1. Derecho absoluto o abstracto. Nace de la voluntad libre. Hace referencia a la persona individual. Es la capacidad jurídica. Trata de los derechos personales: la propiedad. La lesión del derecho es la injusticia.

    2 Moralidad. Es la esfera de la voluntad subjetiva manifiesta en la acción. El valor de la acción en la intención y su fin, el bienestar. Intención y bienestar universalizados: bien. El propósito, la intención y el bien son los momentos de la moralidad. La moralidad se funda en el orden jurídico, único que garantiza el orden social y, por ende, el espíritu hasta llegar a alcanzar la libertad.

    3. Eticidad. Es la identidad del bien y la voluntad subjetiva, o campo de la moralidad social. Por ella el individuo se realiza dentro de la comunidad, y su fin consiste en redimir al individuo de sus impulsos naturales. La eticidad se manifiesta en la familia (matrimonio, propiedad familiar y educación de los hijos), sociedad civil y Estado (culminación del espíritu objetivo, el más alto grado de expresión de los hombres portador de la racionalidad real, organización del mundo social).

    Con respecto al Estado, precisa que es una organización racional de la libertad. El Estado encarna y realiza la razón humana universal. Según eso, el Estado perfecto sería aquel en que la voluntad del individuo estuviese de total acuerdo con la voluntad general: esto sería la libertad perfecta, el fin último de la historia universal. Por eso pensaba que la forma o vida más alta de la conciencia era la política, tal como se realizaba en la historia de los pueblos y en las diversas civilizaciones. El Estado constituye la forma plena y mejor lograda del espíritu objetivo. En él hombre renuncia a su libertad individual para conferirla al dominio objetivado de la razón. El derecho interno (constitución), el derecho externo (relación con otros estados) y la historia del mundo (encarnación de los estados históricos) son los momentos del Estado. El derecho interno se divide en legislativa, gubernativo y de soberanía. Prefería las constituciones democrática, aristocrática y monarquía. Su idea del Estado es característica, y ha sido el punto de partida de concepciones totalitarias, algunas de las cuales representan un protagonismo primordial en el mundo contemporáneo.

    En el plano ético, la razón se encuentra a sí misma como autoconciencia. La ética es la razón en cuanto que se hace consciente de sí a través de una serie de instituciones de carácter político e histórico. Sólo si hay condiciones de igualdad y libertad habremos entrado en el campo de la universalidad, que se logra cuando la virtud sea el paradigma. Solamente la virtud expresa la conciliación de la autoconciencia con lo universal. Virtud es un ideal en que se concilia la oposición, para convertirse en el verdadero ideal de la comunidad real. El destino del hombre sólo se ha de alcanzar dentro de la acción ética, que debe estar en conformidad con el fin universal. Sólo así el hombre se encuentra a sí mismo, y la razón como totalidad autoconsciente (espíritu). Sólo es posible la buena vida dentro de una sociedad altamente organizada. El hombre debe a la sociedad lealtad competa, porque de ella deriva su naturaleza moral, su libertad. El hombre sólo adquiere sentido dentro de la sociedad. El derecho resulta de la forma más elemental de las relaciones entre personas.

    En el terreno de la filosofía de la historia plantea que la filosofía es el último estadio de la evolución de la idea, encarnada en la historia. La historia, por otra parte, venía a ser como un grandioso teatro en el que los pueblos y las personalidades no eran sino medios de los que se valía el espíritu del mundo para realizar sus fines; éstos no hacían otra cosa sino jugar un papel prescrito por el conjunto. "En cuanto a la historia, sus dos categorías explicativas claves son la razón y la libertad. Mantenía que el único pensamiento que aporta la filosofía… al estudio de la historia es la idea de razón; porque la razón es la soberana del mundo, la historia del mundo se nos presenta, por tanto, como un proceso racional. Como proceso racional, la historia es el registro de la evolución de la libertad humana, porque la historia humana es una progresión desde una libertad menor hacia un estado de libertad máxima" (Enciclopedia Microsoft Encarta). En la evolución histórica, Oriente representa la niñez (sociedad patriarcal); Grecia, la juventud ("Hermosa libertad"); Roma, la edad viril (leyes y concepción del Estado); y el Imperio Germánico, la ancianidad (plenitud y realización completa de la espiritualidad).

    Su influencia ha sido enorme en el liberalismo dogmático y bíblico, y en el laicismo en general. Donde más se ha notado su preponderancia en el terreno político. "Ideologías y doctrinas como el Marxismo, el Fascismo, el Nazismo y todo tipo de sistemas dictatoriales, dogmáticos y deductivos encuentran en él los argumentos necesarios para su propio fundamento" (Enciclopedia superior Círculo de Lectores).

    Gracias a Hegel se crea un sistema dialéctico que se opone al sistema de la totalidad imperante en la tradición occidental. "El viejo y reverenciado principio de identidad, sobre el cual se había construido el complejo andamiaje cultural de Occidente, habría de ser duramente enjuiciado. La enunciación de que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo, había sido elemento sustancial del proceso lógico y metafísico de Europa durante largos siglos, y ahora, desde la novísima concepción de Hegel, perdía validez. Una cosa sí podía ser y no ser al mismo tiempo, y allí estaba todo el aparataje argumentativo de la lógica y de la ontología hegeliana para demostrarlo. El devenir, la contradicción, la superación por síntesis de la tesis y su contrapuesta antítesis, constituían el cuerpo de una lógica dialéctica, que desde entonces impondría una visión de la realidad dinámica y sostenida sobre el cambio. Las viejas exigencias de la identidad y sus consecuentes categorías, basadas en la quietud y la esencia que es siempre idéntica a sí misma y pervive en medio de los avatares de la historia, serían refutadas" (Clásicos del pensamiento universal resumidos, de Rafael Méndez Bernal).

    En el momento de su muerte, era el filósofo más importante de Alemania y sus ideas estaban difundidas y quien las estudiara era considerado como de gran prestigio intelectual. Sus seguidores se dividieron en hegelianos de izquierda y de derecha. "Desde un punto de vista teológico y político, los hegelianos de derecha ofrecieron una interpretación conservadora de su obra. Subrayaron la compatibilidad entre la filosofía de Hegel y el cristianismo. Desde una perspectiva política, eran conservadores. Los hegelianos de izquierda evolucionaron hacia el ateísmo y, en el plano político, muchos de ellos adoptaron posturas revolucionarias. En este grupo izquierdista figuraron Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer, Friedrich Engels y Karl Marx. El pensamiento de estos dos últimos estuvo muy influido por la idea hegeliana de que la historia se rige por un proceso dialéctico, pero sustituyeron su Idealismo filosófico por el Materialismo" (Enciclopedia Microsoft Encarta). Su Idealismo metafísico alcanzó un fuerte impacto en la filosofía del siglo XIX y principios del XX, especialmente Francis Herbert Bradley (filósofo inglés), en teóricos como Josiah Royce (estadounidense) y en la cultura italiana gracias a la crítica de Benedetto Croce. Además influyó en el Existencialismo a través del filósofo danés Sören Kierkegaard. La Fenomenología ha recibido, por otro lado, las ideas de Hegel sobre la consciencia. "Hegel fue y sigue siendo un filósofo muy influyente, con ideas de amplio alcance sobre la libertad, el progreso histórico, la inestabilidad de la conciencia de sí mismo y su dependencia del reconocimiento de los demás. Por desgracia, Hegel también influyó sobre Marx y Engels, y se convirtió en apologista inconsciente de las doctrinas totalitarias" (Más Platón y menos Prozac, de Lou Marinoff).

    El extenso y variado impacto de su pensamiento en la filosofía occidental evidencia su profundidad. "Hegel creó con su dialéctica un sistema filosófico de gigantescas proporciones, tal que jamás antes ni después de él se ha desarrollado otro que le supere en amplitud y detalle. Y lo que ha quedado de Hegel no es propiamente el método dialéctico mismo, sino más bien un conjunto de ideas profundas y geniales, formuladas acá y allá a lo largo de sus obras" (Historia de la filosofía, de Johannes Hirschberger).

    Para muchos críticos, el sistema hegeliano es ambiguo: el Absoluto es unidad de positivo y negativo, de finito e infinito. Y no resolvió el problema fundamental de relación entre sensibilidad y razón, entre particular y universal.

    Como Hegel no partió de los datos concretos de la experiencia ni de la ciencia físicomatemática ni del hecho de la conciencia moral, sino de lo absoluto (intuido intelectualmente y desenvuelto sistemática y constructivamente en el tiempo y en el espacio), se separó demasiado de las vías que seguía el conocimiento científico, a las cuales no tuvo en cuenta ni como puntos de partida ni de llegada, condujo al surgimiento de un profundo abismo entre filosofía y ciencia. Al no haber partido de la física y de la conciencia moral, su filosofía no estaba pegada a las articulaciones de la ciencia y se alejó considerablemente de los datos de la observación y de las experimentaciones científicas. Entonces la filosofía se apartó de la ciencia y la ciencia se distanció de la filosofía. Esa ruptura produjo "un espíritu de hostilidad, de recelo y de amargo apartamiento con respecto a la filosofía" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). Por eso surgió el espíritu positivista o Positivismo, que se estructura en algunas preferencias y desvíos intelectuales.

    Sistema marxista

    El marxismo, forma principal del comunismo, es un sistema filosófico, económico y social, con base en la dialéctica de Hegel, estructurado por Kart Marx (1818-1888) y Engels, e interpretado y aplicado después por Lenin, Stalin y el comunismo ruso.

    En la época en que Marx comienza su quehacer filosófico, en Alemania impera la filosofía hegeliana como paradigma del pensamiento. En Hegel, prototipo del intelectual puro, del hombre lógico y del pensador racional, frío, culmina el Idealismo iniciado por Descartes.

    Descartes, buscando respuestas al problema de ¿qué es lo que existe?, partió de la duda metódica y descubrió el pensamiento, el yo pensante, como lo único que existe en sí y por sí. Kant, quien remata y perfecciona el sistema idealista, tomó como punto de partida de su reflexión filosófica la ciencia físicomatemática existente en su tiempo (hecho de la razón pura o a priori) y la conciencia moral (hecho de la razón práctica) y llegó al absoluto o incondicionado como la condición de posibilidad de la conciencia moral, que sólo llega a ser postulando la libertad absoluta, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. El absoluto es el ideal del conocimiento y el conjunto de las condiciones a priori de la posibilidad de la conciencia moral. En Kant prima la conciencia moral o la razón práctica.

    Hegel parte del absoluto kantiano, que es lo que da sentido y progresividad al conocimiento, y lo que fundamenta la validez de los juicios morales. Hegel, que parte de la existencia de ese absoluto, considera éste de índole espiritual y no material ni metafísico. Ese absoluto es eterno, fuera del espacio y del tiempo, esencia misma del ser. El pensador alemán parte de ese absoluto que, luego de desplegarse y explicitarse en el espacio y en el tiempo, regresa a sí mismo. Ese absoluto es la razón dialéctica, la razón universal. Esa razón es el germen de la realidad. "Todo lo real es racional y todo lo racional es real".

    Partiendo de ese absoluto, Hegel plantea su filosofía y establece que el Estado es la encarnación del espíritu universal. "El Estado se constituye como la sustancia ética que ha llegado a la conciencia de sí, unidad de lo universal y de lo particular, donde los individuos se elevan al plano de lo universal y que viene a ser el más alto grado de expresión de la libertad de los hombres. Viene a ser así, pues, una unidad orgánica como síntesis de las familias y de la sociedad civil y como garantía de los derechos. Para Hegel el Estado adquiere un carácter absoluto y es el portador de la racionalidad real. Todas las organizaciones públicas caen bajo el dominio del Estado, que viene a ser la organización del mundo social" (Filosofía moderna, de Hernando Barragán Linares). El Estado es la suprema encarnación del espíritu objetivo (derecho, moralidad, eticidad); es la verdadera realidad, es la verdadera personalidad del individuo. Su forma de gobierno más perfecta es la monarquía constitucional, vigente en la Prusia de la época. En ese sistema de gobierno el Estado aparece como una organización racional de la libertad.

    Hegel, analizando las diversas formas de gobierno y sometiéndolas al proceso dialéctico, encuentra que el gobierno capitalista provoca una dictadura contraria, la del proletariado, y que la dictadura del proletariado lleva a una forma superior que podrá reunir los aspectos buenos de cada forma precedente. Marx acoge esta idea, que para él conduce a una dictadura del proletariado.

    El marxismo surge del entorno prusiano y alemán de su época, en donde no existían libertades políticas ni de pensamiento, parlamento, libre asamblea, debido proceso, y donde cualquier disenso o idea, que ofreciera duda al derecho divino de los reyes, era considerada como subversiva. El pensamiento hegeliano había sido puesto al servicio del gobierno totalitarista del estado prusiano (que encarnaba el espíritu absoluto), una región autónoma del vasto y poderoso imperio alemán. Así mismo, ante los abusos y vejámenes de la sociedad capitalista surgida tras la Revolución Industrial.

    El punto de partida de Marx es la llamada "inversión hegeliana": no es la conciencia la que determina el ser, sino el ser social el que determina la conciencia. En consecuencia, no son las condiciones espirituales las que crean los cambios materiales; son los cambios materiales los que crean las nuevas condiciones espirituales. En gran medida son las condiciones materiales de la sociedad las que deciden cómo pensamos. Las condiciones materiales levantan, en cierto modo, todo lo que hay de pensamientos e ideas en la sociedad. Quería demostrar que los cambios materiales son los decisivos. "Marx subrayó especialmente las fuerzas económicas de la sociedad como las que crean los cambios y, de esta manera, impulsan la Historia hacia delante" (El mundo de Sofía, Jostein Gaarder).

    Dada su condición de filósofo, economista, historiador y sociólogo, el sistema teorizado por Marx tiene una finalidad práctica y política. Ningún otro filósofo ha tenido tanta importancia para la política práctica.

    Su propósito es analizar la relación de interdependencia entre el hombre y la naturaleza: el hombre busca en ésta satisfacción de sus necesidades, y la naturaleza le proporciona los medios necesarios para ello. La actividad o trabajo pasa a ser la forma en que el hombre, ser activo y no contemplativo, se apropia de un objeto y lo hace suyo, es decir, transforma un objeto natural en algo adecuado a sus exigencias. La relación del hombre con la naturaleza constituye una actividad productiva.

    Según Marx, el hombre no está hecho para la contemplación de la verdad, sino para transformar activamente la realidad. "Los filósofos se han desvivido hasta el momento por interpretar el mundo de diversas maneras; pero ahora se trata de transformarlo" La praxis denota el conocimiento de la realidad que nos rodea. El conocimiento debe ser una conformidad con la realidad, y no simplemente con nociones de la mente. El conocimiento es un simple reflejo de la materia en la mente. Un conocimiento es evidente cuando claramente nos aparece el objeto como causante de nuestra representación. La certeza de nuestro conocimiento se basa en la evidencia. La evidencia incluye la percepción clara del objeto y el conocimiento de que esa percepción fue causada por el objeto.

    Para el marxismo, no hay realidad firme y estable; no hay cosas, sino procesos, y todos los seres están sometidos al cambio permanente, a la evolución dialéctica. El marxismo no acepta como verdadero ningún conocimiento si no viene confirmado por la práctica, o sea que la práctica es el criterio de la verdad objetiva. Todas las actividades superiores del hombre: la filosofía, la ciencia, la religión, la moral, el arte y la cultura en general, son un simple reflejo de la economía, es decir, un resultado fatal del desarrollo de las formas de producción. Las formas de producción son la estructura básica de la sociedad. Las actividades humanas superiores son un simple reflejo de los factores materiales.

    El sistema marxista tiene como base filosófica al Materialismo y como método a la dialéctica, la cual plantea que las ideas sólo son el resultado del determinismo de las condiciones materiales dadas.Pero no se trata del Materialismo metafísico, mecánico, tradicional, vulgar, incapaz de explicar el movimiento de la materia y el proceso de la sociedad, que concibe toda la realidad como objeto, inmovilizándola en la sola crítica y en la contemplación. No. Se trata del Materialismo Dialéctico que permite comprender el fenómeno de los cambios naturales. Es el Materialismo que afirma el carácter primario de la materia, la naturaleza, la realidad objetiva, y que considera la conciencia como propiedad de la materia. "Si para el Idealismo el mundo real es producto de la realización progresiva de la idea absoluta y eterna que se va reencontrando, para el Materialismo la única realidad, fuera de la cual no hay nada, es el mundo perceptible por los sentidos, y la conciencia y el pensamiento mismo no son más que productos del órgano material que es el cerebro" (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar Ramos). Ese Materialismo se concibe como la explicación científica del universo. Es una concepción dinámica de la realidad que busca explicar las causas de este dinamismo y las leyes que le son inherentes para transformarla. Según Engels, la concepción materialista del mundo significa sencillamente la interpretación de la naturaleza tal como es, sin agregados superfluos. El Materialismo, que se opone al Idealismo, quiere dar explicaciones científicas a los problemas del mundo. El Materialismo sostiene que son las cosas las que producen nuestras ideas. El Idealismo afirma que son nuestras ideas las que crean las cosas. El Materialismo identifica el cerebro como ser, y nuestras ideas como el pensamiento; por eso el cerebro (el ser), es el que produce nuestras ideas (el pensamiento). En consecuencia, no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino que es el ser social lo que determina su conciencia. No es la conciencia de los hombres lo que determina sus condiciones materiales, sino que son las condiciones materiales las que determinan su conciencia.

    El método dialéctico se funda en la dialéctica que, en este sentido, es la concepción de la realidad como proceso, dinamismo, cambio, evolución, devenir. Estudia la realidad en cuanto proceso, movimiento, devenir. El método dialéctico se mueve en el terreno de lo concreto, y la abstracción, que tiene como fundamento esa concreticidad, es un retorno a eso concreto. El Diccionario filosófico marxista define la dialéctica como la ciencia de las leyes más generales del desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. Así mismo, considera que es la teoría y el método del conocimiento de los fenómenos de la realidad en su desarrollo, en su automovimiento provocado por las contradicciones internas. "La dialéctica marxista es una dialéctica de la materia, no del espíritu, en donde lo ideal, como lo afirma Marx, no es más que lo material transpuesto y traducido en la cabeza del hombre. Si para Hegel todo lo racional es real y todo lo real es racional, para el marxismo el movimiento de lo real determina la dialéctica del pensamiento" (Filosofía contemporánea¸de Roberto José Salazar Ramos). Para Georges Politzer, defensor del marxismo, la dialéctica no es sino el medio de estudiar bien y hacer buenas observaciones investigando el comienzo y el fin de las cosas, de dónde proceden y a dónde van. Por su parte, el Diccionario filosófico, de Leonor Martínez Echeverri, precisa que la noción de la dialéctica, el método dialéctico y, a veces, la lógica dialéctica, son parte central del marxismo, y agrega que el uso de la dialéctica permite comprender el fenómeno de los cambios históricos (Materialismo Histórico) y de los cambios naturales (Materialismo Dialéctico). Dichos cambios están regidos por la ley de la negación de la negación, la ley del paso de la cantidad a la cualidad y de la ley de la coincidencia de los opuestos. Estas leyes representan una verdadera modificación de los principios o leyes lógicas formales: identidad, contradicción, tercero excluido y razón suficiente. "La dialéctica materialista se define como la ciencia de las leyes generales del desarrollo de la naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento", puntualiza ese diccionario, concordando con la definición del diccionario marxista. Politzer, en su Curso de filosofía, aclara que la dialéctica es un método de pensar, de razonar, de analizar. Sólo ella permite comprender el desarrollo, la evolución de las cosas. "La dialéctica –insiste- nos obliga, prácticamente, a ver las cosas en todos sus aspectos; a considerar siempre no un solo lado de las cosas, sino sus dos lados; no considerar nunca la verdad sin el error, la ciencia sin la ignorancia". Politzer plantea que se necesita un método que no sea un dogma que de soluciones hechas, sino un método, como el dialéctico, que tenga en cuenta hechos y circunstancias que nunca son los mismos, un método que no separe la teoría de la práctica, el razonamiento de la vida. El método dialéctico marxista se caracteriza por: 1 Todos los fenómenos están unidos con otros. 2 La materia está en perpetua evolución y movimiento. 3 La evolución se realiza por saltos dialécticos. 4 Su fuerza motriz es la lucha de contrarios en el ser.

    La dialéctica marxista concibe la estructura económica como la base o la infraestructura del edificio social. El ser que da vida a la sociedad es la vida económica. Sobre la estructura económica se encuentra la estructura social; sobre ésta, la estructura política, y encima de ésta, se halla la estructura o superestructura ideológica. Así, la vida económica explica la vida social, la vida política y la vida ideológica; es decir, las tres últimas son producto de la vida económica. Los hechos económicos son la base y el origen de los conflictos y oposiciones de las clases sociales. La actividad productora del hombre es la que le da sentido a la naturaleza. "Primero porque el hombre es ser de necesidades que debe satisfacer en la naturaleza misma a través de la actividad mediadora del trabajo. Pero en esta actividad surgen problemas y conflictos, ya que cuando el trabajo es alienado el hombre no satisface plenamente sus necesidades y él mismo se aliena, pues un ser que tiene su objeto fuera de sí es un ser que no es" (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar Ramos). Las revoluciones políticas, jurídicas, religiosas, artísticas, filosóficas o sociales están condicionadas por las transformaciones materiales ocurridas en las condiciones económicas de producción. Como ésta es una sociedad dialéctica se da la lucha de clases, que es la fuerza motriz de la historia. "Si las relaciones sociales están íntimamente vinculadas a las fuerzas productivas, estas relaciones están impregnadas de lucha y antagonismos entre grupos sociales, esclavos y ciudadanos libres, patricios y plebeyos, siervos y propietarios feudales, etc., por lo que, entonces, la historia de la sociedad, hasta nuestros días, es la historia de la lucha de clases… A excepción del Estado primitivo, toda la historia anterior ha sido la historia de la lucha de clases, las cuales, en todas esas épocas, han sido fruto de las relaciones d producción y las relaciones económicas" (Filosofía contemporánea, de Robereto José Salazar Ramos). Para el marxismo, el problema de la lucha de clases comprende la lucha económica, política e ideológica. "No se puede luchar por el pan (lucha económica), sin luchar por la paz (lucha política) y sin defender la libertad (lucha ideológica)", señala Politzer.

    El método dialéctico involucra una epistemología y una teoría de la ciencia para demostrar que no existen verdades absolutas. "La epistemología proclama la inmanencia de la experiencia en el mundo real, y el saber dialéctico rechaza cualquier pretensión absolutista del conocimiento, pues no se trata de detener el pensamiento y el progreso, sino de orientarlo a la acción, a la práctica: es una función de la transformación del mundo, no de su contemplación. Las verdades no son asuntos teóricos, sino cuestiones que hay que demostrar en la práctica. El absolutismo de la verdad es un mero reflejo de las alienaciones ideológicas que habitan en la conciencia humana, producto de las determinaciones económicas que rigen en la sociedad" (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar Ramos).



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    Los pilares fundamentales del marxismo son el Materialismo Dialéctico y el Materialismo Histórico que permite comprender el fenómeno de los cambios históricos. El Materialismo Dialéctico es la doctrina que atribuye a la materia una dinámica interna inconcebible con cualquier intento de anquilosar la naturaleza y sus principios. Concibe la materia activamente, siendo ella la receptora de las determinaciones del espíritu. La vida y la conciencia representan ámbitos superiores de la realidad, sujetos a pautas que no se pueden explicar por las leyes que rigen al mundo físico. Precisa lo límites entre filosofía y ciencia. Se rige por las leyes generales que gobiernan la naturaleza, la historia y el pensamiento: ley de la transformación de la cantidad en calidad y viceversa, la ley de unidad y lucha de los contrarios, y la ley de la negación de la negación. El Materialismo Histórico es la doctrina que sostiene que toda la vida espiritual es una superestructura de la estructura fundamental que representa las relaciones económicas de producción. Su objeto es el análisis del desarrollo social. "La historia es analizada como una sucesión de etapas específicas (modos de producción), definidas por su base material o infraestructura, constituida por las fuerzas productivas (la capacidad para enfrentarse a la naturaleza, es decir, maquinaria, fuerza de trabajo, etc.) y las relaciones de producción (la interdependencia de los individuos en la esfera de la producción y del comercio). La base material no es, por consiguiente, el ámbito de lo exterior al hombre, sino el conjunto de vínculos establecidos a través del trabajo social" (Gran enciclopedia ilustrada círculo). Así, la vida espiritual de la sociedad es un reflejo de las condiciones de su vida material, de la cual emergen las ideologías.

    En el sistema marxista es importante la categoría de alienación, que es un concepto procedente de la filosofía hegeliana. En Marx, la alienación se refiere a las situaciones concretas en que el hombre se ha desdoblado a sí mismo, ha perdido las determinaciones y se ha absolutizado en un mundo formal, del cual debe rescatarse. Según el Diccionario filosófico marxista, es la transformación de los productos de la actividad, propiedades y capacidades humanas en algo independiente del hombre, ajeno a él y que lo domina. Como resultado de la alienación, la actividad de la sociedad y sus productos aparecen como extraños a los individuos y los grupos sociales. Así, el hombre no determina por su cuenta qué puede y debe hacer, sino que se subordina a fuerzas incontrolables que lo dominan. El concepto de alienación lo consideró desde la perspectiva sociológica; entonces esta alienación económica, que conduce a otras en el plano social, solamente se superará cuando desaparezca la división de clases con la entronización del comunismo. En su doctrina de las alienaciones, Marx estudia e investiga con el ánimo de detectar los elementos alienadores, y para realizar una crítica a la religión, la política, la sociedad, el Idealismo y la economía.

    En su crítica a la religión sostiene que ésta, como opio del pueblo, "es un sedante, un narcótico dado a las masas para que se resignen en la miseria despótica que padecen a causa de la explotación económica, y una justificación para la conciencia de los burgueses explotadores… La existencia de Dios es una tautología sin sentido, y las pruebas que se hacen para demostrarla más bien muestra su no existencia. Dios no es más que una caricatura del hombre, un producto de la miseria que los embrutece y los animaliza" (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar Ramos). Como el Materialismo es la base filosófica del Marxismo, negar la existencia de Dios es su tesis fundamental, porque la materia está dotada de automovimiento y evolución. La religión es un engaño, una ilusión utópica, con que se pretende acallar la miseria del hombre; la expresión de un orden social vituperable, el arma con que los ricos pretenden mantener su opresión sobre los desheredados; el opio del pueblo; la enemiga de la ciencia; y, en manos de la iglesia, la aliada incondicional del capitalismo. El opio del pueblo significa que la religión, al señalar la existencia de una vida futura, le impide al hombre reaccionar contra las miserias de la vida presente. La religión le inculca al hombre amor y compasión para con sus semejantes, en vez de infundirle odio y venganza; así lo incapacita para la violencia y la revolución sangrienta. En la alienación religiosa se divinizan las fuerzas sociales que, a pesar de derivar de la actividad de las personas, al mismo tiempo las dominan.

    La alienación política se encuentra en el Estado que se funda en los principios del cristianismo y de la burguesía para explotar y dominar. El Estado no puede encarnar el carácter conciliatorio entre los intereses individuales y colectivos, entre el carácter del ciudadano y el hombre privado. El Estado encarna en sí los intereses de una clase social que oprime y defiende sus propios intereses frente a los otros sectores en pugna. "Así como el hombre había alienado su esencia en Dios, la sociedad aliena su verdadera esencia, que es la vida colectiva, en el Estado. No es, entonces, el Estado el fundamento de la sociedad civil, sino la sociedad civil, es decir, la familia, la vida económica y social, quienes sirven de fundamento al Estado" (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar Ramos). La ilusión de la necesidad del Estado es una superstición política, porque "el Estado es un instrumento de opresión de una clase particular que responde a sus propios intereses y choca, por lo tanto, con los intereses colectivos. La superación de la alienación política, es decir, la contradicción entre el mundo social y el mundo político, está íntimamente ligada a la solución de la alienación social" (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar Ramos). El Estado debe ser ateo, democrático y relegar la religión.

    La crítica social detecta que la existencia de clases sociales hace inconcebible un Estado burgués que reconcilie los antagonismos, producto de la división social del trabajo. "En la sociedad civil los individuos que pertenecen a los grupos se encuentran divididos, opuestos entre sí, y la sociedad misma dividida, va ensanchando cada vez más esas contradicciones de clases, que reflejan precisamente la alienación social" (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar Ramos). Según el Diccionario filosófico marxista, en la vida político-social de la sociedad la alienación aparece como la espontaneidad del desarrollo social, como impotencia del hombre frente a las fuerzas sociales por él creadas (guerra, crisis, etc.).

    En su crítica al Idealismo precisa que el fundamento de la realidad no es la idea, sino que es la realidad el fundamento de la idea. La naturaleza existe independiente del pensamiento, de toda filosofía, y es la base sobre la que se desarrollan los hombres, que son también productos de la naturaleza.

    En la esfera económica, la alienación se expresa en la dominación de la propiedad privada, en la transformación del trabajo en forzada carga, en una actividad impuesta al hombre desde afuera, en hostilidad entre los intereses de las diversas clases. El hombre, en el trabajo, mientras mayor es su producto, menos es él mismo; produce palacios para los ricos, y para él tugurios. "La raíz de la escisión enajenante de la vida social manifestada en el antagonismo clasista de la burguesía y el proletariado –al igual que las demás alienaciones- se encuentra en el modo de producción, en el reflejo del hecho económico mediante el cual unos hombres mantienen con otros hombres relaciones de explotación, opresión y dominio. En el trabajo el obrero se hace más pobre mientras mayor riqueza produce, mientras más aumenta su producción en poderío y extensión, en cuyo proceso la realización del trabajo aparece como una pérdida de la realidad y es despojado de la de los objetos más necesarios, no sólo para la vida, sino para su trabajo. El hombre enajenado, mientras más objetos produce, menos puede poseer y más cae bajo el dominio de lo que produce, esto es, del capital" " (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar Ramos). La propiedad privada es la fuente y raíz de topa alienación del hombre en la vida del trabajo, lo cual origina el antagonismo de clase entre explotadores y explotados. "El marxismo analiza la relación de interdependencia entre el hombre y la naturaleza; por el trabajo del hombre se apropia de un objeto haciéndolo suyo y de esta forma se objetiva; pero en la sociedad capitalista el producto no es del obrero sino del que posee los medios de producción y, entonces, la autoobjetivación se transforma en alienación, pues el producto se convierte en algo ajeno al hombre" (Personajes del mundo, de Prolibros Ltda.). El marxismo elaboró una nueva interpretación racional de la economía que, entre otras cosas, explica las leyes del capital mediante la plusvalía de las mercancías, es decir, el trabajo no retribuido en ellos. La economía, a partir del marxismo dejó de ser una ciencia abstracta, para convertirse en una ciencia histórica, que explica el desarrollo completo de la producción y cuyo objeto pasó a ser el estudio de una formación económico-social muy determinado: el capitalismo.

    Marx es, además, fundador del comunismo científico, de la filosofía del Materialismo Dialéctico e histórico, de la economía política científica. Su filosofía constituye el método más adecuado del conocimiento y la transformación del mundo. "Una de las características esenciales del pensamiento marxista se constituye como instrumento de combate, pues Marx creyó en el carácter de arma de la verdad a la que da acceso el conocimiento: una vez alcanzada la verdad, se convierte en instrumento de lucha, al servicio de instituciones que puedan utilizarlos" (Diccionario de filosofía, de Leonor Martínez Echeverri).

    Marx no ejerció una gran influencia en vida, fue después de su muerte cuando su pensamiento comenzó a destacarse dentro del movimiento obrero. Su concepción pasó a denominarse marxismo o socialismo científico, una de las principales corrientes de la teoría política contemporánea. Su análisis del sistema capitalista y su teoría del Materialismo Histórico, la lucha de clases y la plusvalía son las principales fuentes de la ideología socialista contemporánea. Su tesis sobre la naturaleza del Estado capitalista, el camino hacia el poder y la dictadura del proletariado tienen una importancia decisiva en la acción revolucionaria. Estas doctrinas, comentadas por la mayoría de los socialistas después de su muerte, fueron retomadas por Lenin en el siglo XX, y el desarrollo y aplicación que el político ruso hizo de ellas fue el núcleo de la teoría y la praxis del bolchevismo y de la III Internacional. "Nunca se ha dado en la historia de la humanidad otra teoría que haya dado en la práctica una confirmación tan plena como la doctrina creada por Marx. Desarrollada por Lenin y sus discípulos y seguidores en nuevas circunstancias históricas, se ha materializado en las victorias revolucionarias socialistas de varios países y hoy en la base científica de la actividad de los partidos del proletariado y de todo el movimiento obrero y comunista internacional" (Diccionario filosófico, de M. M. Rosental y P. F. Iudín).

    Según Rafael Méndez, el marxismo (incluyendo los aportes intelectuales de Engels) ha conseguido una enorme difusión universal y ha constituido punto de referencia obligado para comprender buena parte de las transformaciones políticas y sociales del siglo XX. Como se interesa más en la comprensión y manejo de la realidad histórica del hombre, que en la especulación teórica, el marxismo ha pretendido acceder al carácter de ciencia de la sociedad. El marxismo se constituyó en principio de acción política universal, procurando en todo caso transformar el cuerpo argumentativo de sus creadores en experiencia histórica. El marxismo, más que una disciplina especulativa, es un medio eficaz de acción. "No obstante, por en cima de las determinaciones teleológicas de los autores y su visión determinista de la realidad, los constructos teóricos sobre los cuales se propuso una comprensión cabal de la historia mantienen su vigencia, tanto que se constituyen en punto de partida para cualquier intento consciente de aproximación al fenómeno social humano" (Clásicos del Pensamiento Universal Resumidos, de Rafael Méndez).

    Roger Mehl, en su libro Las imágenes del hombre, plantea que el hombre marxista tiene vigor. Conserva la confianza en el futuro. Cree que nos encaminamos hacia un reinado de paz y de justicia. El marxista se atreve a mirar el futuro y la tarea pendiente por realizar. No tiene miedo ni se aferra al pasado. Para hacerse a sí mismo y modelar la descendencia del nuevo hombre, está dispuesto a sacrificar su bienestar, seguridad, familia, patria y aun a su propia persona. El marxismo quiere cambiar la visión capitalista del mundo. Al hombre del pasado –aplastado por la necesidad física, alienado por la religión, por la filosofía, por el trabajo y por el capitalismo; expropiado de todo el fruto de su trabajo en la tierra, expropiado de sus hijos y de su patria- el marxismo le sustituye por la visión de un hombre poseedor de la naturaleza y de sí mismo, reconciliado con los demás; libre y dispuesto a servir y amar al prójimo intensamente. El hombre marxista propende por la abolición de clases y del Estado, como el origen de opresión y coacción. El comunista no tiene derecho a pensar en su muerte debido a que tiene mejores cosas para poder ocupar su mente. El marxista debe olvidarse de sí, y luchar, inclusive morir si es necesario, con la seguridad de que la causa es excelente aunque no entienda las tácticas. A partir de la Revolución Industrial, el proletariado ha empezado a hacer historia, renunciando a ser individuo. La actitud del marxista está fundada sobre la eliminación de lo trágico de nuestro mundo y de nuestra historia. El marxismo es humanismo porque se preocupa por el hombre. El marxista es un hombre virtuoso y un moralista riguroso.

    Es evidente que el marxismo como fundamento revolucionario se ha degenerado por los dogmatismos propiciados por el Materialismo y el activismo político, tal como lo denuncia el filósofo Sartre. Según este pensador francés, los conceptos claves del marxismo se han cerrado y esclerotizado. Este intelectual, citado por el filósofo Salazar Ramos, en su libro "Filosofía Contemporánea", sostiene que la sombra del marxismo "oscurece la historia, y sus esquemas interpretativos se han conformado como un saber ya acabado y absoluto, liquidando, por tanto, la particularidad". No obstante, plantea que el marxismo es "la única filosofía insuperable de nuestro tiempo en cuanto que la ideología de la existencia y su método de comprensión están enclavados en el marxismo". Cree que ésta es una filosofía viva "porque recoge un poderoso movimiento sociopolítico que expresa la conciencia del hombre que vive en un mundo en que los bienes materiales están desigualmente distribuidos como expresión del antagonismo de clases". Para Sartre, el marxismo, como filosofía viva de nuestro tiempo, "perdurará hasta tanto la situación que la generó no desaparezca".

    Sobre la importancia y actualidad de Marx, el filósofo Reynaldo Suárez Diaz, sostiene que a pesar del fracaso concreto de los sistemas socialistas para lograr sus ideales, Marx es el filósofo que más ha influido en la vida de la sociedad moderna y en la política concreta; sus ideas, para bien o para mal, han tenido profundas consecuencias en la vida de incontables seres humanos. El marxismo, a pesar de que muchos de sus planteamientos políticos y sociales son discutibles, es una filosofía humanística y ética en procura de la construcción de una vida digna. "El marxismo, afirma Herbet Marcuse, es una teoría crítica de una sociedad inhumana, una lucha frontal contra la alienación humana. Sin embargo, el hombre económico de Marx y su revolución proletaria, pueden resultar un espejismo y una trampa, sin una revolución cultural, un cambio de mentalidad y de modos de pensar, de ser y de sentir, un rescate de los valores humanos y sociales, una liberación de la sociedad de consumo, la cual, creando incesantemente nuevas necesidades artificiales, convierte al trabajo en una actividad incesante, angustiosa, y sin sentido, empobreciendo la vida espiritual y material del ser humano y del universo" (El mundo de la filosofía, de Reynaldo Suárez Días y Constanza Villamizar Luna).

    A pesar de que algunos economistas opinan que se equivocó en varios puntos importantes, entre ellos el análisis de las crisis del capitalismo, Marx detectó las contradicciones en la manera de producción capitalista, y por eso opinaba que el capitalismo era un sistema económico autodestructivo, dada la carencia de una dirección racional. Gracias a sus planteamientos se lograron grandes y trascendentales cambios: reforma del capitalismo salvaje que dio tránsito a una sociedad más justa, solidaria y humana.

    El marxismo, para algunos de sus detractores, como ideología que pretende convertirse en método de interpretación del mundo como totalidad, fue pensado desde y para implementarlo en naciones industrializadas y no en países agrícolas. No se ha percatado que en estos últimos, en donde se ha ensayado esta utopía, no ha funcionado como proyecto político, porque no fue planteado para ese tipo de naciones. Es por ello que su implantación nunca ha sido fruto de la evolución histórica que hoy conocemos como reacción a la violación sufrida por esos mismos pueblos.

    J. Rafael Faría (detractor del marxismo), en su libro El pensamiento comunista, señala, entre otros, los siguientes errores del marxismo: 1. Degradación de la verdad; pragmatismo moral e intelectual; sometimiento de la filosofía a la práctica política; oportunismo, relativismo, pragmatismo y dogmatismo. 2. El marxismo es la filosofía de la afirmación sin pruebas, de la vaguedad, de la ausencia del análisis profundo, y del recurso a la palabra mágica para resolver los más hondos problemas filosóficos. 3. La psicología marxista es degradada, su ética rebajada, es la filosofía del absurdo, la de los valores opacados. 4. Dentro del comunismo el hombre no es dueño de sí mismo, de su conciencia, de su opinión, de su pensamiento, palabras, movimientos, bienes, etc. Es tan sólo un instrumento ciego y pasivo en manos del partido. 5. Para el marxismo, el individuo es una simple unidad sin valor alguno y sin derechos ante el Estado.

    Así sea una de las personalidades, posiblemente, más controvertida de la historia contemporánea, en el mundo socialista Marx ha sido elevado a la categoría de un "dios", pero en el mundo capitalista ha sido negado el valor de su transformadora obra y se ha responsabilizado de ser el generador de movimientos revolucionarios de izquierda. La obra de Marx, como filosofía, fue una consecuencia del devenir del pensamiento alemán en el siglo XIX, como la de cualquier ser humano contiene aciertos y desaciertos. En la actualidad, muy pocos sostienen la validez de sus ideas. "En el plano del pensamiento económico, la vigencia del sistema capitalista, tras las transformaciones que Marx no pudo intuir, hacen controvertible gran parte de sus proposiciones; en el plano sociológico e histórico, el devenir de los hechos ha demostrado que el Materialismo Histórico, aunque no ofrece una interpretación cabal y fidedigna de la historia, tiene un valor como método que aspira a la cientificidad. Su concepción del Universo, su fe en la razón humana como instrumento para la organización de la vida social, se inscribe dentro del pensamiento humanista que nutre la civilización desde el Renacimiento. El stalinismo, al hiperpolitizar el pensamiento marxista y convertirlo en instrumento de propaganda, impidió el desarrollo constructivo de su doctrina. En Occidente nuevos pensadores han abordado la obra marxista, haciendo énfasis en sus contribuciones, y a pesar de las lógicas limitaciones de su teoría, como la estrechez de su marco de observación, que sólo era Inglaterra, y que por tanto restringía su visión histórica, así como la ausencia de una datística adecuada, los aportes de Marx a la sociología marcan época" (Los hombres más famosos de la historia).

    Sistema positivista

    Este sistema, que fue planteado por el filósofo francés Augusto Comte (1798-1857), está dirigido a resaltar los hechos en contra de las ideas, a resaltar las ciencias experimentales frente a las teóricas, y las leyes físicas y biológicas contra las construcciones filosóficas. "Comte eligió la palabra Positivismo para señalar la realidad y tendencia constructiva que él reclamó para el aspecto teórico de su doctrina. En general, se interesó por la reorganización de la vida social para el bien de la humanidad a través del conocimiento científico y, por esta vía, del control de las fuerzas naturales. Los dos componentes principales del Positivismo, la filosofía y el gobierno (o programa de conducta individual y social), fueron más tarde unificados por Comte en un todo bajo la concepción de una religión en la cual la humanidad era el objeto de culto" (Enciclopedia Microsoft Encarta)

    El Positivismo se presenta tomando como bandera la negación de la filosofía en calidad de concepción del mundo, rechazando los problemas filosóficos tradicionales como metafísicos y no sujetos a comprobación experimental. "El rasgo capital de la filosofía positivista consiste en el intento de crear una metodología o lógica de la ciencia que esté por encima de la contraposición entre Materialismo e Idealismo" (Diccionario filosófico, de M. M. Rosental y P. F. Iudín).

    Los grandes avances científicos y tecnológicos que tuvieron lugar en la segunda mitad del silo XIX provocaron una verdadera revolución en la producción industrial y en el campo del pensamiento científico. Las personas de la época pensaban que las ciencias naturales, la física y la química les permitirían contestar a todos los interrogantes y avanzar hacia un progreso indefinido.

    ¿Cómo surgió? Como consecuencia del surgimiento de la burguesía como nueva clase social, la realización del proceso de industrialización inglesa (Revolución Industrial), la aparición del pensamiento ilustrado, el desarrollo de la Revolución Francesa y la instauración del Capitalismo, la religión, la metafísica y el pensamiento especulativo entraron en crisis tras el endiosamiento de la razón, porque ésta, supuestamente, era el único instrumento capaz de dar respuestas a la problemática de la naturaleza y del ser humano.

    Después de la Revolución Francesa se requería un orden social estable para reorganizar las fuerzas y planear el porvenir. Sólo la nueva ciencia, heredera de los hallazgos ilustrados, aparecía como la que podría alcanzar ese orden. Como las gentes de esa época eran incapaces de creer en las concepciones morales y políticas, sometidas por la historia, enfocaron todas sus expectativas en la seguridad y en el poder científico. El orden y el progreso serían posibles sólo gracias al saber racional y objetivo.

    Comte, que no se dejó influenciar, como otros filósofos, por el pensamiento hegeliano, representó la continuación de la tradición realista gala, cientificista y de ingeniería social propia de la Ilustración. Como Descartes, Comte inició con una observación metodológica. Como los ilustrados, planteó que la apelación a los fenómenos, a la observación, era el modo adecuado de avanzar en nuestro conocimiento del mundo y de resolver los problemas de la humanidad. Como su objetivo último era la reforma de la sociedad, había que construir una nueva filosofía y establecer las ciencias sobre nuevas y sólidas bases. La obra de Comte produce un impacto tan contundente en el pensamiento francés, similar al que dio la obra de Kant a la filosofía alemana.

    Agotada la vigencia del hegelianismo y debido a la crisis del Idealismo, pretendiendo superar la subjetividad, la filosofía enrumba sus preocupaciones hacia la comprensión del horizonte en donde sólo es posible desarrollar la existencia: en medio de los fenómenos, de los hechos. El filosofar, luego de perder la fe en la religión y en la metafísica, intenta refugiarse en la ciencia positiva. "La subjetividad moderna debe dar paso ahora a la conformación de la inteligencia en las medidas e interrelaciones fenoménicas, teniendo que contentarse con saberse hacedora de la ciencia, única posibilidad de construir la historia y el progreso dentro del marco fenoménico: los sobresaltos trascendentales, así como las posibles modificaciones violentas de la sociedad y la historia, son indecibles, impensables y, por lo demás, cuestionables. La epísteme de la subjetividad se convierte ahora, pues, en epísteme de la objetualidad" (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar Ramos).

    Comte inicia planteando que para conocer y dominar la naturaleza, el hombre necesita disponer del saber que obtiene a través de sus impresiones, el cual debe ordenar para poder enfrentarse a las cosas. La importancia de la ciencia, del saber, radica en que la ciencia permite el mejoramiento de la sociedad. La misma naturaleza humana demanda poner orden para poder prever los acontecimientos. Sólo con la previsión es posible actuar sobre las cosas, y modificarlas conforme a las necesidades de la vida: saber es prever, pero hay que prever para poder proveer. Saber para prever y prever para dominar. Esta previsión permite cierto dominio del futuro. Ese saber durante la historia se ha manifestado a través de la teología o régimen de los dioses, donde se buscan explicaciones a la realidad recurriendo a seres sobrenaturales; de la metafísica o régimen de las entidades abstractas (esencia, sustancia, alma, cosa en sí…); y de la ciencia, saber positivo o régimen de los hechos, que se caracteriza por quedarse en las cosas mismas, pero ateniéndose a la observación de los hechos y al razonamiento sobre ellos. Esos tres estados del saber representan las edades del hombre: el teológico, la niñez; el metafísico, la juventud; y el positivo, la adultez. Este último es el que debe imponerse, porque, como régimen de los hechos, busca saber cómo suceden las cosas y no simplemente el porqué ocurren las cosas; es decir, su objetivo no es descubrir las causas, sino las leyes de los hechos y acontecimientos. El Positivismo pretendía responder a las ansiedades de orden y progreso propias del hombre del siglo XIX. Su dogma era "el amor como principio, el orden como base y el progreso como fin".

    El Idealismo después de Kant cometió el error de separarse demasiado de las vías que seguía el conocimiento científico. No tuvo en cuenta a las ciencias ni como punto de partida ni como punto de llegada. "Se empeñaron en que su deducción trascendental, esa construcción sistemática que partía de lo absoluto, comprendiera, también, en el seno, la ciencia de su tiempo" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). La filosofía se apartó de la ciencia. Esa ruptura entre la ciencia y la filosofía trajo un espíritu antagónico hacia la filosofía y despertó un espíritu proclive a las ciencias. Así nació el Positivismo con hostilidad radical a los siguientes aspectos: 1 Hostilidad a toda construcción: deducción de lo absoluto, constructivamente, todo el detalle del universo; a toda deducción que no esté basada en datos inmediatos de la conciencia. 2. Hostilidad a la sistematización de la realidad. Lo primero es conocer la realidad tal como es, porque a priori no podemos saber si se puede sistematizar. 3. Reducción de la filosofía a puros resultados de la ciencia. "La filosofía no puede ser otra cosa que la generalización de los más importantes y gruesos resultados de la física, de la química, de la historia natural. Otra cosa no puede hacerse. El pensamiento humano no puede salirse del círculo en que está encerrado el conocimiento. Por consiguiente, a lo más que puede pretender el pensamiento filosófico, es a tomar esos resultados generales a que llega la ciencia y estirarlos y darles las formas más o menos sistemáticas posibles" (Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). El Positivismo se planteó como una respuesta a la problemática de la época, tomando como modelo las ciencias naturales.

    ¿Cuál es su finalidad? 1. La regeneración universal de la filosofía y la política. 2. Transformar la ciencia y la filosofía. 3. Convertir la filosofía en religión positiva. ¿Qué requiere la reorganización de la sociedad? Una reforma intelectual, prioritariamente y por encima de cualquier práctica directa. ¿Qué buscaba en su tiempo? Sacar a Europa del caos institucional, político y social, producto de la Revolución Francesa y los intentos subsiguientes. El filósofo Roberto José Salazar Ramos, interpretando el pensamiento comteano, sostiene que si la felicidad es un producto del desenvolvimiento de la razón, reformando esta dimensión humana la sociedad inevitablemente se reorganizaría. "Para lograr este cambio no basta la sola ciencia, sino, además, la elaboración de una ciencia de los hechos. Pero ésta necesita de las ciencias para no dispersarse en vanalidades. La ciencia exige un método para su investigación. El estudio de la ciencia sin la sociología se convierte en meros conocimientos críticos y negativos, mientras que el estudio de la sociología sin el análisis científico se convierte en puras afirmaciones arbitrarias. La ciencia social debe proporcionar, en consecuencia, el bloque de los hábitos mentales indispensables para la organización social" (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar Ramos).

    El Positivismo se niega a admitir otra realidad que no sean los hechos, y a investigar otra cosa que no sean las relaciones entre los hechos. Se caracteriza por rechazar toda aspiración metafísica, todo elemento a priori, toda intuición intelectiva y toda crítica gnoseológica. En manos del Positivismo, la filosofía se limitó a los resultados de la ciencia.

    El Positivismo defiende el empirismo, sólo admite el método experimental como medio de saber que captan los sentidos; critica los enunciados metafísicos por considerarlos sofismas e ilusiones sin contenido específico; y sostiene, como tesis fundamental, que la ciencia es el único conocimiento posible, el método de la ciencia (el único válido), puramente descriptivo, sirve para investigar toda la actividad humana en su conjunto.

    El Positivismo constituye una doctrina orgánica en los aspectos teórico y práctico. Comte, al formularlo, no se propuso crear una nueva filosofía sino reformar la sociedad, planteando que, para lograrlo, deben reformarse también el saber y el método. Elaboró así un sistema que aborda tres elementos básicos: 1. Una filosofía de la historia, dentro de la cual el Positivismo cobra un papel fundamental. 2. La fundamentación y clasificación de las ciencias positivas, de forma que cada una implique todas las que le preceden en la serie, de acuerdo con un criterio que va de lo simple a lo complejo: matemáticas puras y aplicadas, astronomía, física, química, biología y sociología. 3. Una doctrina de la sociedad que determine su estructura y permita reformarla.

    El fin de la filosofía positiva es resumir en un cuerpo de doctrina homogénea el conjunto de conocimientos adquiridos en los diferentes órdenes de fenómenos naturales. La sociología constituye el último eslabón del progreso intelectual, a través de la elaboración de los principios que han de regir la organización del nuevo régimen político de la sociedad occidental. Las instituciones sociales dependen de las costumbres, y éstas se fundamentan en las creencias. Elaborando conocimientos capaces de imponerse y reformando las costumbres, es posible cambiar la sociedad. La psicología debe emplear los diversos métodos de las ciencias: la observación, el análisis empírico, la experimentación. La ciencia social debe formular leyes como resultados de sus investigaciones. En la sociedad impera el determinismo.

    Según Comte, en la sociedad son necesarios la división del trabajo, la propiedad privada, la autoridad y el progreso. El gobierno regula y dirige la vida social y coordina la correcta división del trabajo. La propiedad privada es la base de la estructura de las sociedades. La autoridad, como gobierno perfecto, supone el ejercicio de los poderes temporal (ejercido por los industriales y obreros, es decir, las fuerzas materiales) y espiritual (ejercido por los sabios, o sea, las fuerzas intelectuales). El progreso de la humanidad es necesario e irresistible, al igual que cualquier física. "Pero más que la naturaleza espiritual y moral, el gobierno –como poder social- es de naturaleza espiritual y moral, imponiéndose la ley de la subordinación, la dialéctica del mando y obediencia de los subordinados" (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar).

    Comte plantea que el hombre, a través de su evolución histórica, ha filosofado de tres formas diferentes: según un método teológico, otro metafísico y, por último, el positivo. Para determinar plenamente la positividad de la filosofía hay que llenar la laguna del estudio de los fenómenos o hechos sociales, mantenidos hasta ahora al margen de la ciencia. La filosofía viene a ser el conjunto de todas las ciencias positivas. La razón de la ley y de las ciencias es conocer para prever a fin de prever. En el estadio positivo las ciencias, para llegar a ser verdaderamente positivas, deben llenar ciertas características: 1. Subordinar la imaginación a la observación. 2. Toda ciencia es relativa, al igual que sus resultados. 3. Hay que alejar de las ciencias el misticismo. 4. Las leyes de la naturaleza son invariables. Postula la positividad de la filosofía, consistiendo en una sistematización de las ciencias positivas, que resume en una visión orgánica la totalidad de los conocimientos.

    El Positivismo plantea que todo conocimiento, para ser auténtico, se debe fundar por entero en la experiencia, atenerse a las cosas, y aunque la razón elabore datos empíricos será necesaria la experiencia para probar su verdad. "Para que una disciplina tenga un carácter efectivamente científico, debe prescindir totalmente de la investigación sobre las causas o las esencias de los fenómenos, limitándose a buscar las leyes de los mismos, y excluir toda referencia al absoluto, puesto que una ciencia fundada en la experiencia sólo puede ser ciencia de lo relativo, de lo dado" (Diccionario de filosofía, de Leonor Martínez Echeverri).

    ¿Cuál es su importancia? 1. No busca causas sino leyes, las que logra con precisión y certeza. 2. Es un resultado y, a la vez, es algo histórico que encuentra la razón de su carácter en la relatividad, sobre la que se funda la capacidad de progreso de la filosofía positiva, que influye en la condición misma del hombre y de su naturaleza.

    El sistema comteano ha ejercido gran influencia en el pensamiento del siglo XIX y mínimamente en otras doctrinas positivistas que surgieron posteriormente: Positivismo metodológico, lógico, utilitarista, jurídico, fenomenista, materialista y evolucionista. "La influencia de Comte ha seguido un destino muy ambiguo. El conjunto doctrinal que en el siglo XX recibió el nombre de Positivismo se aleja bastante de las prescripciones del introductor del término. Su reacción en contra de los excesos sentimentales del romanticismo ha sido una de las tendencias que han conseguido mantenerse, así como una posición antimetafísica. Sin embargo, relativamente cerca de las ideas de su fundador, el Positivismo es una de las escuelas de pensamiento más extendidas en la contemporaneidad. Europa y América Latina han sido muy receptivas a sus formulaciones y en ambas latitudes surgieron numerosas sociedades, círculos y publicaciones positivistas. La visión objetivizada y pragmática, que ha elevado el sentido común a categoría filosófica, podría justificar tal entusiasmo. De otro lado, muchas de las corrientes filosóficas contemporáneas, la fenomenología, el existencialismo, las derivaciones del psicoanálisis, entre otras, han hecho del Positivismo blanco de sus ataques y refutaciones. A pesar de esto, y quizá a sus expensas, la corriente de pensamiento que generó la obra de Augusto Comte, al margen de las enormes distancias que la separan de las elaboraciones de su fundador, es determinante en medio del abigarrado panorama intelectual contemporáneo" (Clásicos del Pensamiento Universal Resumidos, de Rafael Méndez).

    Su gran influencia se evidenció en toda la vida cultural de las últimas décadas del siglo XIX. "Las condiciones del proceso histórico, el avance pujante del capitalismo, las conquistas en el plano de las ciencias, la lucha contra las tendencias revolucionarias radicales y la afirmación de una burguesía victoriosa sobre el mundo feudal y la naturaleza, llenaron de optimismo positivista todos los ámbitos de la cultura occidental" (Filosofía contemporánea, de Roberto José Salazar Ramos). No puede ignorar que el Positivismo sirvió de sustento ideológico a la expansión imperialista de las potencias europeas durante el siglo XIX.

    El Romanticismo, un movimiento cultural e intelectual, fundamentado en el pensamiento de filósofos como Rousseau, Fichte y Schelling, entre otros, y vigente entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, quedó "arrinconado en la historia de la ciencia cuando en el siglo XVIII, retorna con mayor fuerza el Positivismo, este retorno quizás se debió al espíritu burgués que privilegiaba la racionalidad instrumental como forma específica en todas las actividades comerciales y a partir de esta forma de racionalidad se generaba la evaluación hacia otras formas de racionalidad.

    Se minusvalora el conocimiento enciclopédico y se pone mayor realce al conocimiento de lo particular, ocupando un primer plano las ciencias de la naturaleza y sus logros en el terreno de lo instrumental, la eficiencia y la racionalidad estratégica. El Positivismo radical asume que la verdad deberá quedar reducida a los juicios de hecho y que éstos deberán desligarse de toda valoración ética. Esta situación también determina en mucho el origen de las ciencias pedagógicas en siglo XX, las cual generan la validez de sus conocimientos a partir del modelo de juicios de hecho" (Hermenéutica crítica, de Víctor Mendoza).

    Como consecuencia del desmedido entusiasmo positivista, la filosofía se apartó de la ciencia, pero la ciencia, desviándose, se apartó de la filosofía. El Positivismo no pudo solucionar los problemas primordiales de la realidad histórico-social y política, y tampoco pudo satisfacer los vacíos gnoseológicos y metafísicos que intentó silenciar. El Positivismo deprimió a la filosofía; quedó en ese estado durante la segunda mitad del siglo XIX, y anduvo miserable como pidiendo perdón a la ciencia por existir. "El Positivismo es el suicidio de la filosofía; es la prohibición de tocar aquellos problemas que inextinguiblemente acosan al corazón y la mente humana" Lecciones preliminares de filosofía, de Manuel García Morente). Según el profesor español Antonio Orozco-Declós Arvo, el hombre sin metafísica, sin respuesta a la pregunta de las preguntas, al porqué de todos los porqués, es un ser radicalmente inseguro y agobiado. Puede incrementar sin término su saber operativo (práctico), construir y manejar cosas, aparatos, instrumentos,... pero ¿para qué? Aunque llegase a dominar al universo: "¿para qué?" Acabaríamos preguntando, con el escepticismo de Lenin: "La libertad, ¿para qué?"; o con el de Pilato: "la verdad, ¿qué es la verdad?"; o con el tremendo pesimismo del ateísmo de un Jean Paul Sartre: "el hombre es una pasión inútil, el niño es un ser vomitado al mundo, la libertad es una condena"… La técnica mantiene una elocuente amenaza a la supervivencia de la humanidad, lo cual es una manifestación clarísima de su radical insuficiencia para resolver las cuestiones fundamentales de la existencia humana… Queremos saber no sólo cómo son las cosas y cómo se comportan, y cómo puedo aprovecharme de ellas de un modo inmediato, sino qué sentido tienen para mí; qué puedo esperar de ellas en último término.

    El Positivismo fue objeto de cuestionamiento cuando se desbordó en un espíritu netamente utilitarista que empezó a instrumentalizar a las personas, debido a que se puso al servicio del consumismo y de ideologías políticas y de dominio estatal. Así, los hombres "valen en tanto sus conductas sean predictibles y programables y no como singularidades o conciencias capaces de elegir un camino diferente al que impone la normatividad estatal o circunstancial histórica… Un hombre reducido a sus hábitos, obligado a la adaptación y a la eficiencia, es el siervo que necesitan los señores de la industria y de la guerra para jugar en el ajedrez del mundo sus ambiciones geopolíticas" (La trampa de la razón, de Luis Carlos Restrepo). Su desmedido poder influyó en la psicología conductista que concebía la mente humana como una "caja negra", cuyo conocimiento estaba vedado y sólo podíamos investigar sus manifestaciones conductuales. El ser humano quedó reducido a una estrecha franja de fenómenos objetivables, cambios comportamentales y movimientos adaptativos. "El Positivismo filosófico es el causante del apego actual de la ciencia como resultado práctico de utilidad para la vida, y en este caso la filosofía no sería la reina de las ciencias como la consideró Aristóteles, sino que la cumbre de las ciencias estaría en lo que da utilidad inmediata al hombre, y por ello vivimos en una sociedad de consumo, de compra y venta, y hemos dejado de lado el romanticismo literario y el esfuerzo por encontrar en la meditación y la reflexión el verdadero contenido de las cosas y la solución de los problemas" (Filosofía del derecho, de Gustavo Pinzón González).

    El filósofo Luis Enrique Orozco Silva plantea que el sentido del hombre, como ser social, no se agota en los límites de la objetividad científica. "Los hombres en sus relaciones sociales y en su comportamiento ético y político no se guían únicamente por juicios científicos, sino más bien por la interpretación y comprensión de las situaciones históricas y por ideales de realización de lo que el hombre debería ser en su totalidad" (Filosofía 1, de Luis Enrique Orozco Silva). La absolutización del Positivismo anula las dimensiones humanas: social, política, histórica, ética, y lo convierte en un ser unidimensional útil para el consumismo y la productividad. Anulando estas dimensiones, el hombre se convirtió en mero instrumento de productividad. "Si el pensamiento científico-técnico llega primar sobre el pensamiento social, ético y político, se concibe un modelo de sociedad organizada para producir y consumir cada vez más, siendo el único criterio válido el rendimiento y el éxito económico. El resultado final del Positivismo científico es el Materialismo más vulgar en cuanto se anula toda la dimensión estética, ética y política de los miembros de la sociedad" (Filosofía 1, de Luis Enrique Orozco Silva).

    Por tratar de eliminar la dimensión metafísica del hombre, el Positivismo entró en crisis y fue superado por otros sistemas de pensamiento que retomaron dicha dimensión o tuvieron en cuenta a la historia, la vida, la persona, el hombre o la existencia como punto central de sus reflexiones filosóficas.

    Diferencias entre el marxismo y el Positivismo

    La sociología positivista y la sociología marxista se oponen.

    -La sociología positivista considera que la sociedad capitalista es el modelo ideal de organización humana.

    -La sociología marxista considera al capitalismo inhumano por fundamentarse en la explotación.

    -La sociología positivista defiende el orden social existente.

    -La sociología marxista defiende la necesidad de la revolución socialista.

    -Conceptos básicos de la sociología positivista:

    Rol: papel o función que un individuo juega en ciertas circunstancias sociales. Status: nivel o posición social del individuo.

    Institución: conjunto de funciones o papeles reconocidos socialmente y al servicio de necesidades colectivas.

    Orden: organización social jerarquizada.

    Cambio institucional: cambio lento y gradual de las instituciones.

    -Conceptos básicos de la sociología marxista:

    Clase social: grupo humano caracterizado por ocupar un lugar definido en el proceso productivo según la forma cómo participa de la propiedad, el control de trabajo y la organización social.

    Proletariado: clase obrera industrial.

    Plusvalía: valor creado por los obreros y que el capitalista no paga.

    Revolución social: cambio radical del capitalismo para instaurar el socialismo proletario.

    Sistema existencialista

    El existencialismo es un sistema filosófico que resalta el papel crucial de la existencia, de la libertad y de la elección individual, y llama al individuo a la existencia, otorgándole así consistencia y profundidad. La filosofía existencialista propugna por una reflexión que tiene como centro la existencia humana, no en abstracto sino en concreto; que conoce al hombre no como un ser acabado, terminado, determinado, sino como un ser en proceso, en vía de realizarse, como un proyecto que el mismo hombre debe terminar a través del ejercicio de su libertad.

    Su tema principal es el énfasis puesto en la existencia individual concreta y, en consecuencia, la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de la elección. Resalta la importancia de la acción individual apasionada al decidir sobre la moral y la verdad.

    Su tema más destacado es el de la elección. La primera característica del ser humano, según la mayoría de los existencialistas, es la libertad para elegir. Mantienen que los seres humanos no tienen una naturaleza inmutable, o esencia, como tienen otros animales o plantas; cada ser humano hace elecciones que conforman su propia naturaleza. La elección es, por lo tanto, fundamental en la existencia humana y es ineludible; incluso la negativa a elegir implica ya una elección. La libertad de elección conlleva compromiso y responsabilidad. Los existencialistas han expuesto que, como los individuos son libres de escoger su propio camino, tienen que aceptar el riesgo y la responsabilidad de seguir su compromiso dondequiera que éste les lleve.

    Lo primordial es la existencia, por que ésta es primero que la esencia; la realidad es antes que el pensamiento, y la voluntad es antes que la inteligencia. "La existencia precede a la esencia" (Sartre).

    El objetivo de su reflexión filosófica es la existencia humana concreta, con lo que rechaza todas las teorías esencialistas; el punto de partida es una vivencia existencial, personal que reviste caracteres distintos en cada uno de los autores: para Heidegger, la angustia; para Sartre, la náusea; para Unamuno, la congoja, etc. La existencia no es una cosa dada, sino que tiene que hacerse y realizarse guiada por la libertad; esta existencia que se hace, no está cerrada sobre sí misma, sino que está abierta al mundo y a las otras existencias; como la filosofía de la existencia arranca de la vivencia existencial y no de un conocimiento intelectual, es considerada por muchos como una forma de ir al Racionalismo.

    Se opone a la filosofía "nocionalista" o al "nocionalismo", que expresa desdén por la filosofía de la existencia. El "nocionalismo" son las tendencias, escuelas o sistemas que dan primacía a lo objetivo, lo común, lo abstracto sobre lo subjetivo, lo singular y lo concreto; las que oponen la filosofía a la existencia. El "nocionalismo" se origina en Aristóteles y domina la enseñanza escolar de la filosofía. Abarca a muchos escolásticos y sus seguidores, a los nominalistas, a Descartes y los cartesianos, a Kant, Fichte, Hegel y todos los idealistas de los siglos XIX y XX. El nominalismo (Occam, Hume, Berkely) y el Idealismo (Kant, Fichte, Hegel, Renouvier, Bruschvicg) son los sistemas que más lejos han llevado las tendencias abstractivas y objetivantes del "nocionalismo". El "nocionalismo" profesa un verdadero culto al conocimiento objetivo y abstracto. Se interesa por el universo inmutable de los conceptos y de las ideas; se desinteresa del mundo concreto, que es un perpetuo cuestionarse a sí mismo, y donde nada es jamás perfecto y adecuadamente definible.

    El Existencialismo contemporáneo como doctrina filosófica fue desarrollado sistemáticamente en el siglo XX, aunque tenía sus raíces en el pensamiento del siglo XIX, cuando el Positivismo recalcó la sustantividad e indeductibilidad del individuo concreto, lo cual era una forma de reacción contra el Idealismo alemán y, en especial, contra el Hegelianismo que convertía al hombre en un puro movimiento evolutivo de la idea absoluta; también el romanticismo coloca al hombre en su existencia concreta, como en Schelling que aborda el problema de la existencia en orden a la libertad cuyo origen es la voluntad (el ser primordial es la volición).

    Posteriormente, la teoría existencial del danés Soren Kierkegaard se propone llevar al individuo a la plenitud de su existir, mediante la decisión o elección libre al aprehenderse el hombre a sí mismo apoyado en Dios (fe); la experiencia de la nada y la conmoción de lo finito es un paso interior a tal plenitud, en el que surge la angustia; el Cristianismo para Kierkegaard es un paso, pero un paso contradictorio para el hombre. Lo que le interesa de la existencia es la experiencia subjetiva del individuo.

    Los dos momentos más importantes del Existencialismo coinciden con el final de las dos guerras mundiales, cuando la vida mostraba su contingencia y el futuro había dejado de tener sentido. Salvo Sartre, quien realizó muchos actos dirigidos a mostrar la utilidad y conveniencia de la acción, los existencialistas, o filósofos de la crisis, consideran que no hay pensar histórico. La misma razón puede cuestionarse en vista de que se desvanecen las posibilidades de incidir políticamente para que cambie el estado de cosas: de ahí el sentimiento de frustración latente en estos filósofos; no se vive el mundo y la acción de una manera revolucionaria, sino una sensación de rebeldía sin horizonte.

    Su característica común más importante se halla en que todos parten de una llamada vivencia "existencial", que es difícil definir y que en los diversos filósofos muestra un sentido diferente. En Jasper es un percatarse de la fragilidad de la existencia humana; en Heidegger, un experimentar auténtico de nuestra "marcha anticipada hacia la muerte"; en Sartre, una repugnancia o náusea general. El Existencialismo tiene un carácter de experiencia personal.

    El Existencialismo es una reacción en contra del Idealismo, en cuanto a que se opone a la idolatría de la razón; y en contra del Positivismo, en lo que se refiere a la creación de un hombre y de una sociedad deshumanizada y desnaturalizada. Invita a anular la razón para lograr sentir y vivir con la naturaleza creadora. "El corazón tiene razones que la razón no entiende" (Pascal). La razón se ha convertido en una enfermedad de la vida; y la libertad, en una pesadilla.

    El Existencialismo es ante todo una rebelión de la vida contra la razón. Proclama abiertamente la primacía de lo vital sobre lo intelectual, de lo subjetivo e individual sobre las generalizaciones y abstracciones. Reacciona contra el Idealismo racionalista y panteísta que había despersonalizado al hombre; es una revalorización de lo individual y subjetivo frente a lo objetivo y mensurable. Es una vuelta al hombre individual y concreto tal como se muestra en la realidad cotidiana. Al mismo tiempo, es una reacción contra el Positivismo que había diluido al hombre dentro de la naturaleza.

    No existen verdades eternas, universales y absolutas. La verdad es lo vivido por el hombre, su realidad viva: el dolor, el gozo, la injusticia, la frustración. La existencia precede a la esencia. No podemos dejar de vivir nuestras vidas para conocer nuestras vidas; primero somos, después intentamos definirnos. No hay hombre (abstracto), sino hombres (singularidades). Eso que llamamos libertad se convierte, por la ausencia de valores o debido a la misma situación humana y social, en una condena, en fuente de angustia vital. La historia es el testimonio de la decadencia del hombre, de un desertor de la vida que vive de sucedáneos (poseer, poder, progreso científico), sustitutos de los verdaderos valores y de las auténticas funciones y actividades vitales. Con el llamado progreso, el hombre ha perdido más de lo que ha ganado. Se ha convertido en un ser fracasado, en una pasión inútil. El hombre capitalista es un ser monstruoso, una plaga del mundo.

    El ser humano y sus relaciones están devaluados en nuestra sociedad. El hombre se halla perdido en un mundo que él mismo ha creado; parecería que tuviera vocación de suicida. Los hombres solamente existen como objetos, no como sujetos que poseen sentimientos y pasiones, pues la sociedad ha enfocado su acción hacia los medios, olvidando los fines. Mientras más objetos crea y consume, es menos él mismo. Pasamos por una crisis de identidad humana.

    El hombre se pasa la vida construyéndose a sí mismo y liberándose de las esclavitudes que se ha impuesto, "avanzando desde el ser inauténtico hacia el ser auténtico" (Heidegger). Es un ser inconcluso y responsable de las lecciones que haga durante su vida. Aún más, es responsable de todos ya que "siempre que el hombre elige, elige por la humanidad" (Sartre).

    El Existencialismo es al tiempo que la exposición de las posibilidades de la libertad, el regreso de la búsqueda de sentido de ella misma como los más humano. Es la recuperación del sentido de la libertad como identidad, como autenticidad o conciencia, parecida a la que se dio durante el Renacimiento. Pero con correcciones impuestas por la historia. Ya sin la ingenuidad de proponer a la conciencia como la medida de todo. Es la búsqueda clásica de en qué consiste la filosofía, con límites más precisos impuestos por la ciencia.

    El hombre no es algo hecho ni se reduce a su sola facultad de pensar, por muy importante que ella sea. Ser hombre no es algo dado, algo aséptico, por muy profundo que tal conocimiento llegue a ser; ser hombre es tener que hacerse, es autorrealización. Se trata de descubrir al hombre en toda su soledad y desnudez, en su unicidad e irrepetibilidad dentro de los demás seres de la realidad.

    No es extraño, por tanto, que el quicio sobre el cual rigen y se apoyen todas sus reflexiones, sea la existencia humana concreta e individual. No aceptará que el hombre sea reducido a un paso necesario de la evolución dialéctica; que sea diluido en una generalidad masificante y abstracta que lo convierte en simple número impersonal e inconsciente; ni, mucho menos, que sea considerado como un ejemplar excesivamente evolucionado del reino animal.

    El intento existencialista consiste en devolver al hombre, como sujeto individual, su centralidad absolutamente original y única en el concierto de la realidad; centralidad y protagonismo que tiene que afianzar y realizar mediante su libertad.

    El Existencialismo es un paso definitivo en la historia de la filosofía, en el sentido de que ha rescatado del olvido y de la reducción al sujeto humano concreto. La irreconciliable oposición que hemos visto en toda la filosofía moderna entre materia y espíritu, entre naturaleza y conocimiento, tiene su punto de enlace en el hombre individual y concreto, que es el único ser que piensa y vive o que vive pensando o, si se quiere, piensa viviendo.

    Al Existencialismo se le debe el mérito de haber devuelto a la filosofía el interés por el hombre concreto, por la persona humana que, volatilizada por el Idealismo, degradada por el Positivismo y cosificada por el tecnicismo y tecnocratismo modernos, estaba amenazada de asfixia total. Ha sido el gran propulsor del interés y el respeto por el hombre, llegando en su influencia hasta el seno mismo de la ONU y de la Iglesia Católica.

    Cambio de paradigmas científicos

    En esta época se registra un cambio de paradigma fundamental que altera profundamente nuestra forma de pensar, sentir y actuar; nuestra manera de percibir, interpretar y sistematizar la realidad. Éste es un cambio espectacular; comenzó en la modernidad con el invento del telescopio. Entonces el hombre se encontró con un universo infinitamente grande. Poco tiempo después fue inventado el microscopio, y el hombre se encontró con un universo infinitamente pequeño. ¡El impacto fue absolutamente espectacular! No era para menos.

    Para entender la complejidad del cambio de paradigmas y las teorías científicas y planteamientos filosóficos que lo hicieron posible, y sus profundas implicaciones en la vida cotidiana, trataré de disertar brevemente con la valiosa ayuda del científico británico Paul Davies, el filósofo Bertrand Russell, la biografía de Einstein, Curso de Filosofía de Jaime Vélez Correa, la revista Muy Interesante, varios libros, textos, artículos y ensayos consultados en la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta y en Internet.

    El impresionante cambio de paradigma se fortaleció en los albores del siglo XX cuando se plantea la Teoría de la Relatividad, y se consolida al formularse el Principio de Incertidumbre de la Mecánica Cuántica, según el cual el hombre no es un intruso en la naturaleza, sino parte del fenómeno. Estas teorías vienen transformando el mundo con una velocidad impresionante y nos muestran que estamos enfrentados a lo interdependiente. Nos estamos sumergiendo en la realidad virtual. Experimentamos el cambio del paradigma mecanicista a un paradigma relativista y cuántico. Todo está relacionado con todo, todo es un sistema compuesto por otros sistemas, incluido todo lo que hay en el universo. ¡Se registra un cambio de paradigma impresionante, sensacional! Lo de atrás influye permanentemente sobre lo de hoy. Ese cambio nos exige que nos sincronicemos y revisemos nuestra manera de ver y concebir el mundo. Las relaciones de incertidumbre para muchos filósofos constituyen una prueba de que existe indeterminismo en el universo físico y que, más allá de esto, se probaría que hay una especie de principio de libertad. ¡Esto es supremamente importante entender y dimensionar porque nos ayuda a encontrar sentido a la vida!

    La doctrina determinista sostiene que podríamos describir sin error cuanto va a ocurrir en el mundo dentro de un minuto o dentro de cien años, si supiéramos cómo están dispuestas todas las piezas ahora y conociéramos exhaustivamente todas las leyes físicas. Según el determinismo, como somos una parte del universo, debemos estar sometidos a la misma determinación causal de los demás. Esta "realidad" es insostenible ante las concepciones de la Mecánica Cuántica, totalmente indeterminista. Pero, para Savater, ni el determinismo fuerte de Laplace ni el indeterminismo relativo de Heisenberg o Prigogine pueden responder al problema de la libertad humana, "porque el problema de la libertad no se plantea en el terreno de la causalidad física, sino en el de la acción humana en cuanto tal, que no puede ser vista solamente desde fuera como secuencia de sucesos sino que debe también ser considerada desde dentro haciendo intervenir variables tan difíciles de manejar como la voluntad, la intención, los motivos, la previsión, etc.", tal como lo plantea en su libro "Las Preguntas de la Vida". Según Sartre, nada nos determina a ser tal o cual cosa, ni desde fuera ni dentro de nosotros.

    El determinismo nos lleva a concebir el "destino" como algo predeterminado. Por lo tanto muchos sostienen que los acontecimientos futuros están rigurosamente determinados desde siempre, tal como lo estuvieron los pasados. "El destino es una disposición natural de todo, desde la eternidad, de cómo cada cosa sigue y acompaña cada otra cosa, y tal disposición es inviolable", señalaba el filósofo Crisipo. Según esta visión, el porvenir estaría "escrito" de antemano, inexorablemente determinado. No habría futuro, porque no habría novedad ni incertidumbre en los sucesos venideros ni posibilidad de preverlo. Esta "realidad" llevaría a muchos a pensar "el orden universal como una tela pintada que se va desenrollando paulatinamente pero donde nada puede aparecer, salvo lo que ya sabemos que está representado previamente en ella", aclara Savater. En este contexto nuestra libertad de acción queda en entredicho. Se asfixia la libertad, que sólo puede respirar aires de libertad. "El futuro se abalanza hacia nosotros trayendo nuestro acabamiento, pero también es la provincia desconocida en la que siempre estamos entrando como forzosos exploradores para descubrir trampas y tesoros", señala Savater con su mirada indeterminista. El futuro debe ser contingente para que no dependa de nuestras acciones presentes.

    La relatividad y la teoría cuántica han tenido el efecto de provocar el reemplazo del viejo concepto de "masa" por el de "energía". Según Russell, "masa" solía definirse como "cantidad de materia"; y la "masa" era, de una parte, la "sustancia" en el sentido metafísico, y de la otra, la forma técnica de la noción de sentido común de "cosa". La "energía" era originariamente un estado de la "materia". Presentaba dos aspectos: el cinético y el potencial. La energía cinética de una partícula es la mitad del producto de la masa por el cuadrado de la velocidad. La energía potencial se mide por el trabajo que sería menester realizar para llevar la partícula a su posición actual desde una posición standar. Si llevamos una piedra desde el suelo hasta la cima de una torre, adquiere energía potencial en el proceso; si la dejamos caer desde la cima, la energía potencial se transforma gradualmente en energía cinética durante la caída". ¡Valiosísima la aclaración de Russell!

    Las leyes de la mecánica de Newton eran aceptadas por la ciencia hasta que llegó la Teoría de la Relatividad Especial, en 1905. La física relativista de Einstein ha sustituido a la newtoniana; los esquemas mentales extraídos del mecanicismo (filosóficamente formulados en la epistemología cartesiana) ya no son válidos. En este contexto, el epistemólogo Gastón Bachelard acuña la noción de "corte" o "ruptura" epistemológica: los avances en la ciencia no sólo requieren una acumulación, requieren una ruptura con los hábitos mentales del pasado. Los avances se producen, pues, venciendo resistencias y prejuicios, aquellos que pertenecen al cuadro conceptual y a las imágenes dominantes en la configuración epistemológica que ha de superarse.

    El Principio de Incertidumbre de la Mecánica Cuántica permite una mirada diferente del universo, opuesta a la concepción mecanicista y determinista, formulada por Pierre Simón de Laplace (1749-1827), astrónomo y matemático francés, con fundamento en la teoría de la gravedad de Newton. Laplace sugirió que debía existir un conjunto de leyes científicas que nos permitirían predecir todo lo que sucediera en el universo en un instante de tiempo. Supuso que había leyes similares gobernando todos los fenómenos, incluido el comportamiento humano. Esta doctrina constituyó el paradigma científico desde el siglo XVII hasta principios del siglo XX.

    Según la mecánica clásica newtoniana (sistema de leyes en que cada objeto tiene una posición y una velocidad determinadas), si conocemos en cualquier momento dado las fuerzas que se aplican a un objeto concreto en movimiento, podemos predecir exactamente como se comportará en el futuro. Esto nos lleva al determinismo mecánico, propuesto fundamentalmente por Laplace, cuya teoría del universo es idéntica a la idea de predestinación presente en algunas religiones occidentales.

    La Mecánica Clásica

    Las revoluciones relativista, cuántica y del caos transformaron profundamente el mecanicismo. Estos tres desarrollos representan una refutación contundente a la idea de que el universo es una máquina, que el mundo natural es un mundo muerto y que el ser humano está separado de su ambiente. Esta nueva visión nos despertó del letargo tradicional, acabó con la visión mecanicista del mundo. Pero ¿qué es el mecanicismo? Es la doctrina filosófica que sostiene que toda realidad está estructurada a la manera de una máquina, siendo posible explicar la realidad si se toma para hacerlo modelos de máquinas. Según el filósofo Karl Popper, el mecanicismo es una doctrina que trata de la realidad, o de una parte de la realidad, que se puede explicar como si se tratara de una máquina o modelo mecánico. La realidad está constituida, como la máquina, por cuerpos en movimiento, regidos por leyes mecánicas; también se ha considerado la realidad como una pluralidad infinita de cuerpos elementales que carecen de fuerza propia y, para moverse, necesitan que la fuerza les sea impresa por otro cuerpo que choca con ellos. Es general al mecanicismo pensar que todo movimiento se realiza según una ley causal rigurosa.

    Según el filósofo Jaime Vélez Correa, "la imagen mecanicista del mundo es una concepción antigua y moderna, que consiste en ver al mundo como una gran máquina cuyas piezas se mueven mecánicamente. Leucipo y Demócrito concebían el mundo como una inmensa máquina, y desde esa mirada explicaron todos los fenómenos. Luego Descartes y Newton interpretaron los fenómenos del mundo de una manera semejante y formularon la llamada "mecánica clásica". El mecanicismo afirma que las leyes de la materia rigen con necesidad absoluta y no sufren ninguna excepción. Insiste en que todos los fenómenos físicos deben tener una descripción visualizada, intuitiva e imaginable. Esta afirmación, a la luz de la Mecánica Cuántica, es insostenible. "Para comprender acertadamente el mundo de hoy hay que concebir la materia como corpúsculo y como onda, lo cual ha obtenido la física teórica moderna mediante la construcción de un complicado y difícil formulismo matemático que no se puede visualizar ni imaginar y que presenta leyes de novísima índole, diferentes a las de la mecánica clásica. Las mecánicas modernas tienden a la matematización de los fenómenos, lo que las va apartando más y más de la imagen de simple intuición sensible que tenía la mecánica clásica", precisa Vélez Correa en su libro Curso de Filosofía.

    El mecanicismo es insostenible científica y filsóficamente, debido a que la actividad de los cuerpos no se reduce a un simple proceso mecánico. ¡No somos máquinas ni estamos predeterminados! Contundente esta afirmación tan importarte en nuestra vida.

    A propósito, ¿es verdadera la Mecánica Clásica? Sí, lo es; pero no en todos los dominios de la realidad, sino en algunos determinados, concretos. Refleja acertadamente el movimiento de los cuerpos macroscópicos, pero en el dominio del micromundo deja de corresponder a la verdad, porque éste corresponde al mundo de la Mecánica Cuántica.

    La Teoría de la Relatividad

    Entramos en contacto con una de las teorías más revolucionarias e importantes que se hayan formulado a lo largo de la historia. Según el filósofo Jaime Vélez Correa, la teoría de Einstein es "uno de los temas más apasionantes del siglo XX del que se han escrito miles de libros y que se ha estudiado con más ahínco. Tema que toda persona culta trata de conocer, aunque sea en sus nociones más elementales". Su influencia ha sido tan inconmensurable que después de ésta el mundo cambió de manera sorprendente. En concepto del egregio científico británico Joseph Thompson (descubridor del electrón en el átomo), la Teoría de la Relatividad es uno de los hechos más grandes, tal vez el más grande en la historia del pensamiento humano. Ésta transformó las nociones de distancia y duración y a partir de aquel momento la física tuvo que rehacerse por entero. Y de todo ello resultó una nueva concepción del universo.

    En 1905 publicó cinco artículos con total consistencia física y matemática:

    1 Sobre el movimiento browniano. Formuló predicciones acerca del movimiento aleatorio de las partículas dentro de un fluido. 2 El efecto fotoeléctrico. En ciertas circunstancias, la luz se comporta como una partícula. 3 Sobre la radiación electromagnética. No sólo trasmite energía sino momentum (presión). 4 Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento. 5 ¿La inercia de un cuerpo depende de la energía que contiene?

    Según Einstein, su teoría no tiene un origen especulativo: nació por el deseo de hacer que la teoría física concuerde en la mayor medida posible con los hechos observados. "…uno de los rasgos de este planteamiento es el esfuerzo que en ella se hace para descubrir las relaciones entre los conceptos generales y los hechos empíricos de una manera más precisa", aclaró en una conferencia en Londres en 1921. La relatividad del espacio y del tiempo no obedece a algo puramente subjetivo de la persona, sino que se debe a algo completamente real, la constancia de la velocidad de la luz. No es una mera creación de la mente, sino un "fenómeno físico objetivo que se impuso por sí mismo", precisa Vélez Correa. "Su más revolucionaria contribución fue la formulación de la nueva relación E=mc2, que puede explicarse así: la energía (E) (medida en ergios), es igual al producto de la masa (medida en gramos), por el cuadrado de la velocidad de la luz (medida en kilómetros por segundo). La importancia de Einstein para la filosofía es indudable, puesto que de sus descubrimientos resultó una nueva concepción del universo", precisa el Diccionario de Filosofía de Editorial Panamericana (1988).

    Además de revolucionar el ámbito de las ciencias, alteró el curso del pensamiento humano en Occidente, modificando algunos de sus aspectos más esenciales. "Al introducir una nueva noción del espacio, del tiempo y la materia, Einstein cambió los axiomas de la mecánica clásica elaborada por Galileo y Newton, y con ello sustrajo parte de la base en que se había fundamentado la filosofía a lo largo de cuatro siglos", afirma el libro Albert Einstein sobre la teoría de la relatividad y otras aportaciones científicas.

    Que no existe un tiempo que abarque todos los acontecimientos del universo, fue su primer efecto. En otras palabras: no puede hablarse de un orden temporal definido que comprenda acontecimientos que se desarrollan en diferentes lugares. De esto se deduce lo siguiente: no existe un tiempo absoluto, sino un espacio-tiempo, o sea, un tiempo local. "Al modificar los conceptos profundamente anclados (axiomáticos) de tiempo, espacio y materia, Einstein se enfrentó directamente a una tradición filosófica de cuatro siglos que tenía por base la hegemonía de la razón pura. Ésta, en el pensamiento de Einstein, pasó a ocupar un lugar mucho más modesto, en tanto que instrumento que ha de probar en cada caso su eficiencia. Y de todo ello resultó que la física no sólo influyó poderosamente en la filosofía, sino que incluso la desbancó de su privilegiada posición en el campo del conocimiento, dando lugar a una nueva corriente de pensamiento, que superaba los límites marcados por la filosofía clásica alemana", resalta el referido libro.

    Gracias a la Teoría de la Relatividad se ha avanzado en la comprensión de los fenómenos físicos y se ha cambiado la forma de concebir el universo. En el arte, múltiples expresiones indican nuevas maneras de observar el espacio, el tiempo y los hechos.

    Einstein revolucionó la ciencia con aportes que cambiaron la manera de ver y entender el mundo. Es tanta su trascendencia que a partir del planteamiento einsteniano surgió una nueva corriente de pensamiento filosófico conocido como el neoPositivismo o "filosofía del realismo" (como la denominó Bertrand Russell). Se trata de una filosofía que forma una unidad esencial con la ciencia, que ha abandonado la pretensión de poseer un método filosófico especial o sistema que permita desvelar aspectos concretos del conocimiento, y no pretende formular una explicación del universo en su totalidad.

    Sin dominar altas matemáticas y física teórica moderna, no se puede entender el alcance y el mensaje de la relatividad, pero esto "no debe hacer que desistamos de conseguir un conocimiento bastante exacto en líneas generales de la relatividad para enjuiciarla e integrarla en una visión general del mundo", aclara Vélez Correa.

    ¡Importante! No confundir relatividad con relativismo. ¿Qué es relativismo? Doctrina que afirma que la verdad de nuestro conocimiento depende exclusivamente del sujeto o de cualquier otra norma que no sea la misma cosa en sí. Así, cada uno tiene su propia verdad según la manera de concebir las cosas. La verdad no puede ser sino una, aunque nosotros podemos conocer más de esa verdad y otro puede conocer menos. Como la verdad depende de cada sujeto, lo que para uno es verdad puede ser para otro un error; lo que para uno es bueno, para otro es malo. ¿Qué es relatividad? A continuación lo sabremos. Pero antes, con la ayuda de Vélez Correa, miremos en qué consiste un sistema de referencia.

    Cuando hablamos de movimiento de un vehículo, nos apoyamos en ciertos conceptos previos: el tiempo empleado, el espacio recorrido y el sistema de referencia. ¿En qué consiste el sistema de referencia? Consiste en aquello que tomamos como punto de referencia para decir que el vehículo ha recorrido un espacio. Por ejemplo, la estación de donde partió el vehículo hace determinado tiempo. A los sistemas de referencia se aplican términos como relativo y absoluto. Un sistema de referencia es absoluto cuando permanece quieto respecto al cuerpo que se mueve. La estación, por ejemplo, es un sistema de referencia absoluto respecto al vehículo que partió, porque no es la estación la que se mueve respecto al vehículo, sino éste respecto a la estación. Un sistema de referencia es relativo cuando no se logra determinar si es el cuerpo el que se mueve respecto al sistema de referencia o si es el sistema de referencia el que se mueve respecto del cuerpo. Si nos encontramos dentro de un tren y al lado hay otro tren en una estación, no logramos precisar si nosotros nos estamos moviendo respecto al otro tren o si es el otro tren el que se está moviendo. Cuando el movimiento de un cuerpo se efectúa respecto a un sistema de referencia absoluto, se dice que el movimiento de ese cuerpo es absoluto. Cuando el movimiento de un cuerpo se efectúa en un sistema de referencia relativo, se dice que el movimiento de ese cuerpo es relativo.

    La Teoría de la Relatividad reúne dos elementos distintos: Relatividad Especial o Restringida y Relatividad General. La primera dice que las leyes de la naturaleza son las mismas para todos los observadores cuyos marcos de referencia se estén moviendo con velocidad constante respecto al otro. Predice que las cosas que se mueven parecerán acortarse en dirección al movimiento, que los objetos que se mueven parecerán más pesados que si estuvieran inmóviles y que la masa y energía son equivalentes. Establece que la luz viaja siempre a una velocidad constante sin importar qué medio atraviese. Unifica el espacio tridimensional (longitud, altura y anchura) y el tiempo en un espacio-tiempo cuatridimensional plano, pero no describe los efectos de la gravitación. Para todos los fenómenos la Relatividad Especial, lo que uno ve en el otro, también otro lo ve en uno. Cuando A y B se cruzan a una velocidad vertiginosa, cada cual observa en el contrario cómo se dilata su tiempo. Sólo si ambos frenan y cambian impresiones, se constatan las diferencias. Modificó el principio de relatividad de Galileo (la velocidad de la luz en el vacío es infinita; el tiempo y el espacio poseen un carácter absoluto), sobre el cual se había basado la física clásica. La Teoría Especial, sobre la que se apoya la Teoría General, se aplica a todos los fenómenos físicos, exceptuada sólo la gravitación. La Teoría General ofrece la ley de la gravitación y sus relaciones con las otras fuerzas de la naturaleza.

    Einstein afirmó que cuando un cuerpo se desplaza en línea recta a una misma velocidad, por ningún medio mecánico ni electromagnético que acaeciera dentro de ese cuerpo se podría saber si ese cuerpo está en reposo o en movimiento: "un fenómeno electromagnético (como la propagación de la luz o una señal de radio) se comporta de la misma manera, ya sea que el cuerpo donde se efectúe la señal esté en reposo o en movimiento uniforme rectilíneo, porque la velocidad de la luz es constante", precisa Vélez Correa.



    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11



    El planteamiento einsteniano de que la materia es una propiedad del espacio inseparable del tiempo, creó una nueva geometría del universo, que se convirtió en una metáfora humana del siglo XX, un estado marcado por la incertidumbre, el aislamiento y la búsqueda de sentido. La teoría de la Relatividad Especial es, sobre todo, una teoría geométrica de la gravitación. En esta teoría se muestra que "entre dos sucesos existe una relación, a la cual puede llamarse "intervalo", divisible de muchas diferentes maneras en lo que consideraríamos un intervalo de tiempo", aclara Bertrand Russell.

    Con la formulación de la Teoría Especial de la Relatividad estableció dos principios:

    1 La velocidad de la luz es la máxima en el universo y es la misma para todos los observadores.

    Un tenista que viaja en un tren a alta velocidad y golpea con su raqueta una pelota de tenis hacia arriba, percibe que el objeto sólo se movió de manera vertical para volver a caer en la raqueta. Alguien que observa en la estación, ve un movimiento parabólico de la pelota y horizontal del tenista. Ahora, si el tenista golpea la pelota hacia delante, quien está en la estación ve la pelota moviéndose a la velocidad del tren, más la velocidad que le causó el golpe con la raqueta. Así, un hecho es distinto para cada observador. Pero no sucede igual con la luz: para el tenista viajero y el observador en la estación, la velocidad de la luz es la misma: cerca de 300.000 kilómetros por segundo.

    2. No existe movimiento ni tiempo absoluto.

    El tiempo no es absoluto; puede dilatarse y contraerse, adaptándose a las clásicas dimensiones de alto, largo y ancho para formar un continuo espacio-tiempo, que es curvado. Todos los cuerpos y radiaciones, incluso la luz, son sometidos por esta curvatura.

    El reloj del que viaja en una nave espacial a una velocidad cercana a la luz, marca un tiempo distinto al que se encuentre en la tierra. Si uno de dos gemelos realizara un viaje interplanetario, por un año, al regresar encontraría a su hermano anciano o muerto.

    ¿Qué tiene que ver la Teoría de la Relatividad Especial con la vida cotidiana de una persona? Mucho, y de impresionantes repercusiones. "Las influencias relativistas han hecho posible la vida en la tierra y las que le dan sus características básicas: formación de la luz del sol a partir de procesos de fusión nuclear, evolución de la especies y existencia del conjunto de la química. La relatividad también es usada por los militares en sus sistemas de navegación apoyados en satélites", sostiene un artículo de la Revista Muy Interesante.

    Esta teoría es una parte lógica y natural de la vida diaria, hasta el punto de considerarla como una realidad. Se ha confirmado que la relatividad es una realidad al unir esta teoría con la Mecánica Cuántica, para llegar así a una comprensión de la física atómica, del electromagnetismo y de la física nuclear. Proporcionó la base para avanzar en la moderna física de partículas. Muchas teorías, como la famosa de las Supercuerdas, se apoya básicamente en la teoría einsteniana. La idea revolucionaria de esta teoría consiste en que el principio de relatividad es válido para todas las leyes físicas, no sólo para la mecánica. Esta teoría muestra que la velocidad de la luz debe ser la misma en todos los sistemas inerciales, tanto en relación con el universo, como también en relación con la tierra que se mueve en el mismo. Según ésta, la velocidad de la luz es la misma para todos los observadores. Por eso es la clave para comprender que lo que nosotros entendemos por simultáneo puede depender de nuestro sistema de referencias. Así, pues, simultaneidad en un sistema de referencia no significa simultaneidad en otro. Esta conclusión ayudó a abandonar la idea newtoniana de un tiempo absoluto y universal, igual para todos. ¡Indiscutible su utilidad!

    La Teoría de la Relatividad General sostiene que las leyes de la naturaleza son las mismas para todos los observadores aunque se hallen acelerando los unos con respecto a los otros. Establece que la gravitación es el resultado de las distorsiones en la geometría del espacio-tiempo (esto es, una geometría que no sólo considera la distancia entre dos puntos del espacio, sino también la distancia entre puntos en el tiempo). Sostiene que los campos gravitacionales inciden en las mediciones del espacio y del tiempo. Incluye a la relatividad especial pero abarca mucho más. No se puede olvidar que la Teoría de la Relatividad General rompió con la mecánica newtoniana y la geometría eucludiana.

    Gracias al saber fascinante y revolucionario de las teorías propuestas por este insuperable genio, hoy somos capaces de viajar con la imaginación sobre un rayo y escudriñar los fenómenos extraños que surgen invariablemente cuando se alcanzan altas velocidades. "Si alguien pudiera viajar a la velocidad de la luz su cuerpo se encogería hasta alcanzar el grosor de un hoja de papel como consecuencia de la contracción longitudinal del espacio; sus movimientos se harían cada vez más lentos y el tiempo llegaría a detenerse; su masa inerte crecería tanto que podría igualarse a la de un agujero negro, y las distancias interespaciales se reducirían hasta desaparecer en apariencia. El viajero espacial jamás podría percibir durante el vuelo que su tiempo pasa con mayor lentitud. Sólo tras el aterrizaje, al compararse con el mundo exterior, advertiría que algo se ha modificado en él con relación a su entorno. Posiblemente encontrará que sus hijos son mayores que él", refiere la Revista Muy Interesante.

    Esta teoría afirma que cuando un cuerpo se mueve con movimiento rotatorio o acelerado, por medio de ningún fenómeno mecánico y electromagnético acaecido dentro de ese cuerpo se puede saber si ese cuerpo está en reposo o en movimiento. Todo movimiento en el universo es relativo. Si se acelera la velocidad de un tren o toma una curva, sentiremos que el tren está en movimiento. Pero bien puede suceder que sea la tierra la que frene o tome una curva en sentido contrario al tren, quedándonos sin saber qué se mueve, si la tierra o el tren. Por eso no se puede hablar de un movimiento absoluto en el universo.

    Según esta teoría, la trayectoria de la luz no es rectilínea. "La luz es energía electromagnética y, como toda energía tiene masa, al pasar la luz cerca de los fuertes campos gravitatorios de estrellas o planetas, será atraída y su trayectoria, por tanto, se curvará", aclara Vélez Correa. El universo es limitado y curvo, y todo cuerpo y figura geométrica en el espacio no posee líneas rectas, sino curvas, por la atracción gravitatoria. "El espacio se curva", afirmó Einstein.

    La Teoría de la Relatividad no contradice la mecánica de Newton, y en particular las leyes que éste estableció. Las dos teorías hacen predicciones sobre el resultado de experimentos. Esas predicciones difieren significativamente sólo para objetos que se mueven muy cerca de la velocidad de la luz. Para objetos que se mueven a velocidades normales las predicciones de la Relatividad Especial y las obtenidas mediante las leyes newtonianas del movimiento son idénticas. La Relatividad Especial abarca e incluye la física newtoniana, no la reemplaza.

    A partir de la Teoría de la Relatividad General, el espacio y el tiempo son cantidades dinámicas: cuando un cuerpo se mueve, o una fuerza actúa, afecta a la curvatura del tiempo, y, en contrapartida, la estructura del espacio-tiempo afecta al modo en que los cuerpos se mueven y las fuerzas actúan. Después de esto, la idea de un universo inalterable fue reemplazada por el concepto de un universo dinámico, en expansión.

    La Mecánica Cuántica

    La Mecánica Cuántica, Física Cuántica o Teoría Cuántica es una teoría física basada en la utilización del concepto de unidad cuántica para describir las propiedades dinámicas de las partículas subatómicas y las interacciones entre la materia y la radiación. Las bases de la teoría fueron sentadas por el físico alemán Max Planck, que en 1900 postuló que la materia sólo puede emitir o absorber energía en pequeñas unidades discretas llamadas cuantos. Otra contribución fundamental al desarrollo de la teoría fue el Principio de Incertidumbre, formulado por el físico alemán Werner Heisenberg, el cual sostiene que no es posible especificar con exactitud simultáneamente la posición y el momento lineal de una partícula subatómica.

    En los siglos XVIII y XIX, la mecánica newtoniana o clásica parecía proporcionar una descripción totalmente precisa de los movimientos de los cuerpos, como por ejemplo el movimiento planetario. Sin embargo, a finales del siglo XIX y principios del XX, ciertos resultados experimentales introdujeron dudas sobre si la teoría newtoniana era completa. Entre las nuevas observaciones figuraban las líneas que aparecen en los espectros luminosos emitidos por gases calentados o sometidos a descargas eléctricas. Según el modelo del átomo desarrollado a comienzos del siglo XX por el físico neozelandés Ernest Rutherford, en el que los electrones cargados negativamente giran en torno a un núcleo positivo, en órbitas dictadas por las leyes del movimiento de Newton, los científicos esperaban que los electrones emitieran luz en una amplia gama de frecuencias, y no en las estrechas bandas de frecuencia que forman las líneas de un espectro.

    Otro enigma para los físicos era la coexistencia de dos teorías de la luz: la teoría corpuscular, que explica la luz como una corriente de partículas, y la teoría ondulatoria, que considera la luz como ondas electromagnéticas. Un tercer problema era la ausencia de una base molecular para la termodinámica. El físico estadounidense J. Willard Gibbs, en el libro Principios elementales en mecánica estadística (1902), reconocía la imposibilidad de elaborar una teoría de acción molecular que englobara los fenómenos de la termodinámica, la radiación y la electricidad tal como se entendían entonces.

    A principios del siglo XX, los físicos aún no reconocían claramente que éstas y otras dificultades de la física estaban relacionadas entre sí. El primer avance que llevó a la solución de aquellas dificultades fue la introducción del concepto de cuanto, por parte de Planck, como resultado de los estudios de la radiación del cuerpo negro realizados por los físicos en los últimos años del siglo XIX (el término cuerpo negro se refiere a un cuerpo o superficie ideal que absorbe toda la energía radiante sin reflejar ninguna). Un cuerpo a temperatura alta —al rojo vivo— emite la mayor parte de su radiación en las zonas de baja frecuencia (rojo e infrarrojo); un cuerpo a temperatura más alta —al rojo blanco— emite proporcionalmente más radiación en frecuencias más altas (amarillo, verde o azul). Durante la década de 1890 los físicos realizaron estudios cuantitativos detallados de esos fenómenos y expresaron sus resultados en una serie de curvas o gráficas. La teoría clásica, o precuántica, predecía un conjunto de curvas radicalmente diferentes de las observadas. Lo que hizo Planck fue diseñar una fórmula matemática que describiera las curvas reales con exactitud; después dedujo una hipótesis física que pudiera explicar la fórmula. Su hipótesis fue que la energía sólo es radiada en cuantos cuya energía es h?, donde ? es la frecuencia de la radiación y h es el cuanto de acción, ahora conocido como constante de Planck.

    El enfoque teórico para explicación del comportamiento subatómico, comenzó cuando, en 1924, el físico francés Louis de Broglie sugirió que no sólo la radiación electromagnética, sino también la materia podía presentar una dualidad onda-corpúsculo. Las ondas de materia se concebían como ondas piloto que guiaban el movimiento de las partículas, una propiedad que debería llevar a que en condiciones adecuadas se produjera difracción. Ésta se confirmó en 1927 con los experimentos sobre interacciones entre electrones y cristales realizados por los físicos estadounidenses Clinton Joseph Davisson y Lester Halbert Germer y por el físico británico George Paget Thomson. Posteriormente, los alemanes Werner Heisenberg, Max Born y Ernst Pascual Jordan, y el austriaco Erwin Schrödinger dieron a la idea planteada por De Broglie una forma matemática que podía aplicarse a numerosos fenómenos físicos y a problemas que no podían tratarse con la física clásica. Además de confirmar el postulado de Bohr sobre la cuantización de los niveles de energía de los átomos, la Mecánica Cuántica hace que en la actualidad podamos comprender los átomos más complejos, y también ha supuesto una importante guía en la física nuclear. Aunque por lo general la Mecánica Cuántica sólo se necesita en fenómenos microscópicos (la mecánica newtoniana sigue siendo válida para sistemas macroscópicos), ciertos efectos macroscópicos como las propiedades de los sólidos cristalinos sólo pueden explicarse de forma satisfactoria a partir de los principios de la Mecánica Cuántica. "La teoría cuántica es importante principalmente en conexión con la estructura y la conducta de los átomos", señala Bertrand Russell.

    Desde entonces se han incorporado nuevos conceptos importantes al panorama de la Mecánica Cuántica, más allá de la idea De Broglie sobre la dualidad onda-corpúsculo de la materia. Uno de estos conceptos es que los electrones deben tener un cierto magnetismo permanente y por tanto un momento angular intrínseco o espín. Después se comprobó que el espín es una propiedad fundamental de casi todas las partículas elementales. En 1925, el físico austriaco Wolfgang Pauli expuso el Principio de Exclusión, que afirma que en un átomo no puede haber dos electrones con el mismo conjunto de números cuánticos (hacen falta cuatro números cuánticos para especificar completamente el estado de un electrón dentro de un átomo). El principio de exclusión es vital para comprender la estructura de los elementos y de la tabla periódica. En 1927, Heisenberg postuló el Principio de Incertidumbre, que afirma la existencia de un límite natural a la precisión con la que pueden conocerse simultáneamente determinados pares de magnitudes físicas asociadas a una partícula (por ejemplo, la cantidad de movimiento y la posición). En 1928 el físico matemático británico Paul Dirac realizó una síntesis de la Mecánica Cuántica y la relatividad, que le llevó a predecir la existencia del positrón y culminó el desarrollo de la Mecánica Cuántica. "La teoría cuántica, en contraste con la teoría de la relatividad, se ocupa principalmente de las cosas más pequeñas acerca de las cuales puede haber conocimiento, a saber, los átomos y su estructura", aclara Bertrand Russell.

    La Mecánica Cuántica sostiene que las partículas ya no poseen posiciones y velocidades definidas por separado, pues éstas no podrían ser observadas. En vez de ello, las partículas tienen un estado cuántico, que es una combinación de posición y velocidad. Se conoce como un sistema de teorías en el cual las partículas no tienen posiciones ni velocidades determinadas, sino que se comportan, en cierto modo, como ondas. Como el estudio del comportamiento observable de las partículas, incluyendo la radiación electromagnética con todos sus detalles. Sobre todo, es la única teoría apropiada para describir los efectos que tienen lugar a escala atómica.

    La Mecánica Cuántica no predice un único resultado de cada observación. En su lugar, predice un cierto número de resultados posibles y nos da las posibilidades de cada uno de ellos. Es decir, si se realizara la misma medida sobre un gran número de sistemas similares, con las mismas condiciones de partida en cada uno de ellos, se encontraría que el resultado de la medida sería A un cierto número de veces, B otro número diferente de veces, y así sucesivamente. Se podría decir que el número aproximado de veces que se obtendría el resultado A o el B, pero no se podría decir el resultado específico de una medida concreta. Así pues, la Mecánica Cuántica introduce un elemento inevitable de incapacidad de predicción, una aleatoriedad de la ciencia. En términos claros: el mundo estaría gobernado por el azar, a pesar de que Einstein afirmara que "Dios no juega a los dados".

    La Mecánica Cuántica se opone al determinismo causalista. Como sabemos, el determinismo es la doctrina que considera que el estado del mundo, en un momento dado, es el efecto de un estado anterior y la causa de un estado futuro. La nueva mecánica ha sumido en profunda crisis el principio de causalidad, o sea la relación entre dos elementos o conceptos, en cuya virtud el segundo (efecto) procede del primero (causa), al afirmar que la probabilidad es la única noción fundamental en la que basar una explicación de lo real. "Por eso los pensadores actuales tienden a sustituir el concepto de causalidad por los de condición y condicionamiento" (Nueva Enciclopedia Temática Planeta).

    La teoría cuántica ha eliminado la distinción entre ondas y partículas. "Newton pensaba que la luz consiste en partículas que emite la fuente luminosa; Huyegens pensaba que está formada por ondas. La opinión de Huygens prevaleció, y hasta hace poco se pensó que se hallaba definitivamente establecida. Pero nuevos hechos experimentales parecen requerir que la luz esté compuesta de partículas, a las que llamó "fotones". Por el contrario, De Broglie sugirió que la materia está formada por ondas. Finalmente, se ha demostrado que en la física todo puede explicarse por la hipótesis corpuscular tanto como por la hipótesis ondulatoria. Por lo tanto, no hay diferencia física entre una y otra, y puede adoptarse cualquiera de ellas en cualquier problema, según sea más conveniente", precisa Russell.

    Supongamos, por ejemplo, que deseamos determinar la posición y la velocidad de una partícula en un momento determinado: si obtenemos un valor bastante exacto para la posición, habrá un error grande en la velocidad, y si determinamos con bastante precisión la velocidad, habrá un error grande en lo que respecta a la posición. "Algo similar ocurrirá con lo concerniente a la energía y el tiempo: si medimos muy exactamente la energía, será grande el margen de incertidumbre en la determinación del tiempo en que el sistema tiene esa energía, mientras que si determinamos el tiempo con mucha exactitud, la energía se hará incierta dentro de límites amplios", agrega Russell.

    Las partículas cuánticas sólo se pueden definir como un conjunto de relaciones internas entre su estado "actual" y "virtual". En ese sentido son puramente dialécticas. La medición de estas partículas de una u otra manera sólo nos lleva a conocer su estado "actual" que es sólo un aspecto del todo. Se denomina el "colapso de la función onda", y se expresa en el principio de indeterminación.

    Aportes de Einstein

    Algunos de los avances importantes en la teoría cuántica se debieron a Albert Einstein, que empleó el concepto del cuanto introducido por Planck para explicar determinadas propiedades del efecto fotoeléctrico, un fenómeno experimental en el que una superficie metálica emite electrones cuando incide sobre ella una radiación.

    Según la teoría clásica, la energía de los electrones emitidos —medida por la tensión eléctrica que generan— debería ser proporcional a la intensidad de la radiación. Sin embargo, se comprobó que esta energía era independiente de la intensidad —que sólo determinaba el número de electrones emitidos— y dependía exclusivamente de la frecuencia de la radiación. Cuanto mayor es la frecuencia de la radiación incidente, mayor es la energía de los electrones; por debajo de una determinada frecuencia crítica, no se emiten electrones. Einstein explicó estos fenómenos suponiendo que un único cuanto de energía radiante expulsa un único electrón del metal. La energía del cuanto es proporcional a la frecuencia, por lo que la energía del electrón depende de la frecuencia.

    El aporte de Bohr

    En 1911 Rutherford estableció la existencia del núcleo atómico. A partir de los datos experimentales de la dispersión de partículas alfa por núcleos de átomos de oro, supuso que cada átomo está formado por un núcleo denso y con carga positiva, rodeado por electrones cargados negativamente que giran en torno al núcleo como los planetas alrededor del Sol. La teoría electromagnética clásica desarrollada por el físico británico James Clerk Maxwell predecía inequívocamente que un electrón que girara en torno a un núcleo radiaría continuamente energía electromagnética hasta perder toda su energía, y acabaría cayendo en el núcleo. Por tanto, según la teoría clásica, el átomo descrito por Rutherford sería inestable. Esta dificultad llevó al físico danés Niels Bohr a postular, en 1913, que la teoría clásica no es válida en el interior del átomo y que los electrones se desplazan en órbitas fijas. Cada cambio de órbita de un electrón corresponde a la absorción o emisión de un cuanto de radiación.

    La aplicación de la teoría de Bohr a átomos con más de un electrón resultó difícil. Las ecuaciones matemáticas para el siguiente átomo más sencillo, el de helio, fueron resueltas durante la segunda y tercera década del siglo XX, pero los resultados no concordaban exactamente con los datos experimentales. Para átomos más complejos sólo pueden obtenerse soluciones aproximadas de las ecuaciones, y se ajustan sólo parcialmente a las observaciones.

    El aporte de la Mecánica Ondulatoria

    El físico francés Louis Victor de Broglie sugirió en 1924 que, puesto que las ondas electromagnéticas muestran algunas características corpusculares, las partículas también deberían presentar en algunos casos propiedades ondulatorias. Esta predicción fue verificada experimentalmente pocos años después por los físicos estadounidenses Clinton Davisson y Lester Halbert Germer y el físico británico George Paget Thomson, quienes mostraron que un haz de electrones dispersado por un cristal da lugar a una figura de difracción característica de una onda. El concepto ondulatorio de las partículas llevó al físico austriaco Erwin Schrödinger a desarrollar una ecuación de onda para describir las propiedades ondulatorias de una partícula y, más concretamente, el comportamiento ondulatorio del electrón en el átomo de hidrógeno.

    Aunque esta ecuación diferencial era continua y proporcionaba soluciones para todos los puntos del espacio, las soluciones permitidas de la ecuación estaban restringidas por ciertas condiciones expresadas por ecuaciones matemáticas llamadas funciones propias o "eigenfunciones" (del alemán eigen, "propio"). Así, la ecuación de onda de Schrödinger sólo tenía determinadas soluciones discretas; estas soluciones eran expresiones matemáticas en las que los números cuánticos aparecían como parámetros (los números cuánticos son números enteros introducidos en la física de partículas para indicar las magnitudes de determinadas cantidades características de las partículas o sistemas). La ecuación de Schrödinger se resolvió para el átomo de hidrógeno y dio resultados que encajaban sustancialmente con la teoría cuántica anterior. Además, tenía solución para el átomo de helio, que la teoría anterior no había logrado explicar de forma adecuada, y también en este caso concordaba con los datos experimentales. Las soluciones de la ecuación de Schrödinger también indicaban que no podía haber dos electrones que tuvieran sus cuatro números cuánticos iguales, esto es, que estuvieran en el mismo estado energético. Esta regla, que ya había sido establecida empíricamente por Wolfgang Pauli en 1925, se conoce como Principio de Exclusión.

    El aporte de la Mecánica de Matrices

    De forma simultánea con el desarrollo de la mecánica ondulatoria, Heisenberg desarrolló un análisis matemático diferente conocido como mecánica de matrices. La teoría de Heisenberg, elaborada en colaboración con los físicos alemanes Max Born y Ernst Pascual Jordan, no empleaba una ecuación diferencial, sino una matriz infinita formada por infinitas filas compuestas a su vez de un número infinito de cantidades. La mecánica de matrices introdujo las matrices infinitas para representar la posición y el momento lineal en el interior de un átomo. Existen otras matrices, una para cada una de las restantes propiedades físicas observables asociadas con el movimiento de un electrón, como la energía o el momento angular. Estas matrices, igual que las ecuaciones diferenciales de Schrödinger, podían resolverse; en otras palabras, podían manipularse para predecir las frecuencias de las líneas del espectro del hidrógeno y otras cantidades observables. Al igual que la mecánica ondulatoria, la mecánica de matrices coincidía con la teoría cuántica anterior en los procesos en que dicha teoría concordaba con los experimentos, y también explicaba fenómenos que la teoría anterior no podía explicar.

    Significado de la Mecánica Cuántica

     Schrödinger demostró que la mecánica ondulatoria y la mecánica de matrices son versiones matemáticas diferentes de una misma teoría, hoy denominada Mecánica Cuántica. Incluso en el caso del átomo de hidrógeno, formado por sólo dos partículas, ambas interpretaciones matemáticas son muy complejas. El siguiente átomo más sencillo, el de helio, tiene tres partículas, e incluso en el sistema matemático relativamente sencillo de la dinámica clásica, el problema de los tres cuerpos (la descripción de las interacciones mutuas de tres cuerpos distintos) no se puede resolver por completo. Sin embargo, sí es posible calcular los niveles de energía. Al aplicar la matemática mecanocuántica a situaciones complejas, los físicos pueden emplear alguna de las muchas formulaciones matemáticas. La elección depende de la conveniencia de la formulación para obtener soluciones aproximadas apropiadas.

    Aunque la Mecánica Cuántica describe el átomo exclusivamente a través de interpretaciones matemáticas de los fenómenos observados, puede decirse a grandes rasgos que en la actualidad se considera que el átomo está formado por un núcleo rodeado por una serie de ondas estacionarias; estas ondas tienen máximos en puntos determinados, y cada onda estacionaria representa una órbita. El cuadrado de la amplitud de la onda en cada punto en un momento dado es una medida de la probabilidad de que un electrón se encuentre allí. Ya no puede decirse que un electrón esté en un punto determinado en un momento dado.

    La Mecánica Cuántica se dedica exclusivamente a lo que se puede observar, no intenta explicar lo que ocurre entre las medidas tomadas. No así las teorías clásicas, que de hecho son descripciones completas de lo que ocurre, se mida o no. En la Mecánica Cuántica el experimentador forma parte directa de la teoría. Se predicen todos los valores posibles de una medición, pero cuando de hecho se realiza un experimento, no se predice el valor concreto del resultado. Sólo se puede conocer la probabilidad de lo que va a ocurrir. En algunos experimentos ocurre algo que es mucho más probable que las demás posibilidades, por lo tanto en la mayoría de las ocasiones será el resultado, pero de tanto en tanto ocurrirá algo menos probable. Es imposible predecir lo que va a ocurrir; la única manera de descubrirlo es haciendo las medidas adecuadas. Lo que se mide depende de si se sabe cuál de los caminos posibles se ha tomado. Así cualquier conocimiento adicional, que sólo se puede obtener tomando una medida adicional, cambia el resultado del primer experimento.

    La Mecánica Cuántica le ha proporcionado a la ciencia de la naturaleza una técnica excepcional para investigar los fenómenos atómicos y subatómicos y se puede considerar como una de las conquistas más seguras y notables de la nueva física. Según Einstein, el diminuto mundo cuántico contiene objetos tan reales como las mesas y las sillas, y sólo se diferencian de los de nuestra vida diaria por sus magnitudes.

    La Mecánica Cuántica ha permitido explicar un círculo amplísimo de fenómenos en física, en química y en biología. Como quiera que la Mecánica Cuántica, en comparación con la física clásica, hace referencia a un nivel más profundo de la materia, ha planteado con mayor hondura problemas filosóficos como el de la relación entre el sujeto y el objeto, el del conocimiento y la realidad física, el de la causalidad y la necesidad, el de determinismo e indeterminismo, el de la evidencia física y el formalismo matemático, etc. La distinción filosófica de tales problemas se revela directamente en la diferente interpretación de los rasgos específicos de la Mecánica Cuántica, ante todo de la función de honda.

    La gran contribución que representa la física cuántica también ha abierto una serie de problemas de interpretación; por ejemplo, el Principio de Indeterminación ha dado lugar a innumerables debates de orden metodológico-filosófico; pero estos debates han significado un valioso aporte a la cultura del siglo XX, por cuanto les probaron a los físicos la importancia de un minucioso examen del significado de las teorías y la necesidad de una nueva y cabal colaboración entre ciencia y filosofía, no surgida de las generalizaciones metafísicas de las teorías científicas, sino resultado de la profundización en sus bases más recónditas.

    Según consideraciones del brillante científico inglés Stephen W. Hawking, en la Mecánica Cuántica se basan casi toda la ciencia y la tecnología modernas. Gobierna el comportamiento de los transistores y de los integrados, que son los componentes esenciales de los aparatos electrónicos, tales como televisores y ordenadores, y también la base de la química y de la biología modernas. Está basada en una descripción matemática completamente nueva, que ya no describe al mundo real en términos de partículas y ondas; sólo las observaciones del mundo pueden ser descritas en esos términos. Se ocupa de los fenómenos a escala extremadamente pequeñas, tales como la billonésima de un centímetro.

    La Mecánica Cuántica no tiene nada que ver con cosas o con algo que se pueda palpar o modelar con nuestras manos. Únicamente permite a los científicos relacionar entre sí diferentes observaciones en los átomos o en materias todavía más pequeñas. Hay que considerar esta disciplina como un método de solución matemático, como un procedimiento con el que armonizar entre sí estas observaciones.

    El mismo Einstein llegó a decir que la Mecánica Cuántica logró explicar una buena parte de la verdad, por lo cual debería ser considerada como piedra de toque del cualquier fundamento teórico futuro.

    Resultados de la Mecánica Cuántica

    La Mecánica Cuántica resolvió todas las grandes dificultades que preocupaban a los físicos en los primeros años del siglo XX. Amplió gradualmente el conocimiento de la estructura de la materia y proporcionó una base teórica para la comprensión de la estructura atómica y del fenómeno de las líneas espectrales: cada línea espectral corresponde a la emisión o absorción de un cuanto de energía o fotón, cuando un electrón experimenta una transición entre dos niveles de energía. La comprensión de los enlaces químicos se vio radicalmente alterada por la Mecánica Cuántica y pasó a basarse en las ecuaciones de onda de Schrödinger. Los nuevos campos de la física —como la física del estado sólido, la física de la materia condensada, la superconductividad, la física nuclear o la física de partículas elementales— se han apoyado firmemente en la Mecánica Cuántica.

    Avances posteriores

    Desde 1925 no se han encontrado deficiencias fundamentales en la Mecánica Cuántica, aunque se ha debatido si la teoría debe o no considerarse completa. En la década de 1930, la aplicación de la Mecánica Cuántica y la relatividad especial a la teoría del electrón permitió al físico británico Paul Dirac formular una ecuación que implicaba la existencia del espín del electrón. También llevó a la predicción de la existencia del positrón, que fue comprobada experimentalmente por el físico estadounidense Carl David Anderson.

    La aplicación de la Mecánica Cuántica al ámbito de la radiación electromagnética consiguió explicar numerosos fenómenos como la radiación de frenado (emitida por los electrones frenados por la materia) y la producción de pares (formación de un positrón y un electrón cuando la energía electromagnética interactúa con la materia). Sin embargo, también llevó a un grave problema, la denominada dificultad de divergencia: determinados parámetros, como las llamadas masa desnuda y carga desnuda de los electrones, parecen ser infinitos en las ecuaciones de Dirac (los términos masa desnuda y carga desnuda hacen referencia a electrones hipotéticos que no interactúan con ninguna materia ni radiación; en realidad, los electrones interactúan con su propio campo eléctrico). Esta dificultad fue parcialmente resuelta en 1947-1949 en el marco de un programa denominado renormalización, desarrollado por el físico japonés Shin"ichiro Tomonaga, los físicos estadounidenses Julian S. Schwinger y Richard Feynman y el físico estadounidense de origen británico Freeman Dyson. En este programa se toman la masa y carga desnudas del electrón como infinitas de modo que otras cantidades físicas infinitas se cancelen en las ecuaciones. La renormalización aumentó mucho la precisión en los cálculos de la estructura de los átomos a partir de los principios fundamentales.

    Perspectivas de futuro

    La Mecánica Cuántica está en la base de los intentos actuales de explicar la interacción nuclear fuerte y desarrollar una teoría unificada para todas las fuerzas fundamentales de la materia. No obstante, existen dudas sobre si la mecánica es o no completa. La dificultad de divergencia, por ejemplo, sólo se ha resuelto en parte. Igual que la mecánica newtoniana fue corregida por la Mecánica Cuántica y la relatividad, muchos científicos —Einstein era uno de ellos— estaban convencidos de que la Mecánica Cuántica también experimentará cambios profundos en el futuro. Por ejemplo, existen grandes contradicciones teóricas entre la Mecánica Cuántica y la teoría del caos, que empezó a desarrollarse rápidamente en la década de 1980. Los físicos teóricos como el británico Stephen Hawking siguen haciendo esfuerzos para desarrollar un sistema que englobe tanto la relatividad como la Mecánica Cuántica.

    Teoría cuántica de los campos

    Teoría cuántica de campos, teoría formal que, mediante el procedimiento denominado de segunda cuantificación, extiende la Mecánica Cuántica a los campos dinámicos, proporcionando la explicación de fenómenos que no se pueden interpretar a la luz de la teoría clásica. La teoría explica, por ejemplo, el proceso de creación y absorción de partículas durante los casos de colisión; la creación de parejas de partículas en presencia de energía suficientemente alta, y su consiguiente aniquilación; la energía de punto cero, por la cual un sistema cuántico, en su estado fundamental, posee una energía que no es nula; la existencia de la antimateria, por la que a cada partícula elemental corresponde una partícula igual en todo a ella, pero diferente por la carga eléctrica o por alguna otra propiedad cuántica, y también, en el ámbito de la física del estado sólido, los fenómenos de la superconductividad y de la superfluidez.

    En el modelo que ofrece la teoría cuántica de campos, las partículas están representadas como los estados excitados cuantizados de los campos correspondientes. Así, en el ámbito de la electrodinámica cuántica—la teoría surgida de la aplicación de la teoría cuántica de campos a la interacción electromagnética—, el fotón y el electrón se definen como los cuantos del campo electromagnético. La electrodinámica cuántica fue la primera de las teorías cuánticas de campo, formulada hacia finales de la década de 1920 por los fundadores de la Mecánica Cuántica. A finales de la década de los cuarenta, los físicos estadounidenses Richard Feynman y J. Schwinger, junto con el físico japonés S. Tomonaga, reformularon la teoría cuántica de campos a la luz de los principios de la relatividad, ofreciendo una exposición relativistamente invariante.

    Las consecuencias más importantes de esta operación fueron la previsión de la existencia de la antimateria y la determinación de la relación existente entre el espín de las partículas y el tipo de estadística seguido por éste, con la distinción entre partículas de Fermi-Dirac, o fermiones, y partículas de Bose-Einstein, o bosones. El éxito de la electrodinámica cuántica, debido a la eficacia del formalismo introducido por ella y a las numerosas confirmaciones experimentales que siguieron, indujo a los físicos a aplicar el esquema formal de la teoría cuántica de campos a otros tipos de interacción (fuerzas fundamentales) conocidos en la naturaleza. De ahí surgieron la cromodinámica cuántica, para la interacción fuerte, y la teoría de la interacción débil, que confluyó pronto, junto a la electrodinámica cuántica, con la teoría electrodébil del físico estadounidense Steven Weinberg y del físico paquistaní Abdus Salam. La cromodinámica cuántica, la teoría electrodébil y la relatividad general constituyen el denominado modelo estándar.

    Algunas dificultades de naturaleza formal, que complican el equilibrio matemático de estas teorías de campo —haciendo necesarios procedimientos de "renormalización"—, junto al hecho de que falta aún una teoría cuántica apropiada para la interacción gravitacional, son la causa de que la unificación de las diversas interacciones conocidas en una única teoría denominada teoría del todo no haya encontrado todavía una formulación definitiva.

    El Principio de Incertidumbre o Principio de Indeterminación de la Mecánica Cuántica

    La imposibilidad de determinar exactamente la posición de un electrón en un instante determinado fue analizada por Heisenberg, que en 1927 formuló el Principio de Incertidumbre. Este principio afirma que es imposible especificar con exactitud y al mismo tiempo la posición y el momento lineal de una partícula. En otras palabras, los físicos no pueden medir la posición de una partícula sin causar una perturbación en la velocidad de dicha partícula. Se dice que el conocimiento de la posición y de la velocidad son complementarios, es decir, que no pueden ser precisos al mismo tiempo. Este principio también es fundamental en la visión de la Mecánica Cuántica que suele aceptarse en la actualidad: los caracteres ondulatorio y corpuscular de la radiación electromagnética pueden interpretarse como dos propiedades complementarias de la radiación.

    Los cuerpos tienen actividades motoras extrínsecas (impulsos exteriores causados por la energía cinética), intrínsecas (impulsos internos dinámicos) y no propiamente motoras (dinamismo que tiene como resultado determinar nuestro conocimiento sensible, conservar las estructuras dinámicas de los átomos o crear los campos de fuerza, ya sean gravíticos, magnéticos o eléctricos). Según el Principio de Operación, en nuestro mundo común (macroscópico) los cuerpos actúan conforme a leyes constantes, rijas, determinadas. Pero, de acuerdo con el Principio de Incertidumbre o de Indeterminación no ocurre lo mismo en el mundo atómico (indeterminado), porque no se pueden determinar exactamente los efectos producidos por una causa. Las leyes físicas del mundo macroscópico o macrofísico no se pueden aplicar al mundo microscópico o microfísico. ¿Por qué? En el mundo atómico es imposible determinar simultáneamente y con exactitud la posición de una partícula elemental y su masa-velocidad.

    El Principio de Incertidumbre sostiene que es imposible determinar simultáneamente, con la precisión deseada, la posición y la velocidad de una partícula. Cuanto más cierta es la posición de una partícula, más incierto es su momento, y viceversa (esto también se aplica a otros pares de propiedades específicas). La dificultad a la hora de establecer precisamente la posición y la velocidad de una partícula, que se mueve a 5.000 millas por segundo en diferentes direcciones, es obvia.

    La pretensión de un sujeto observador independiente del objeto observado ya no es un supuesto válido a la luz del Principio de Incertidumbre, el cual sostiene que "no hay líneas generales a las que nos podamos agarrar. Tenemos que decidir por nosotros mismos, y no podemos decir por adelantado si lo estamos haciendo correcta o incorrectamente". Inevitablemente, el observador modifica lo observado. El experimentador, lo quiera o no, influye sobre el experimento. En todo experimento, el investigador es también causa. Lo mismo cabría decir respecto a la caducidad del supuesto de la filosofía mecánica que pretende reducir todo a figura y movimiento.

    En lugar de las viejas certezas, ahora reina la incertidumbre. Los movimientos aparentemente casuales de las partículas subatómicas, con sus velocidades inimaginables, ya no se podían expresar en los términos de la vieja mecánica. "Cuando una ciencia llega a un callejón sin salida, cuando ya no es capaz de explicar los hechos, el terreno está listo para una revolución, y el surgimiento de una nueva ciencia", afirma un especialista en un artículo publicado en la Revista Muy Interesante.

    El Principio de Incertidumbre, que supera el determinismo científico, sostiene que para poder predecir la posición y la velocidad futuras de una partícula, hay que ser capaz de medir con precisión su posición y velocidad actuales. "Cuanto más exactamente determinada está la posición de un fotón (o de una partícula en general), tanto más indeterminada está su cantidad de movimiento, y viceversa". (Si bien los dos conceptos de posición y cantidad de movimiento tienen, separadamente, un significado físico preciso, no pueden ser atribuidos simultáneamente con precisión a la misma partícula).

    Según el principio de Incertidumbre, hay un límite teórico para la exactitud con que pueden medirse simultáneamente ciertas magnitudes relacionadas entre sí. "Cuando se especifica el estado de un sistema físico, existen ciertos pares de magnitudes conexas; uno de tales pares en la posición y el momento (o velocidad, en tanto la masa sea constante); otro es la energía y el tiempo", afirma Bertrand Russell.

    Este revolucionario principio sostiene que es imposible medir simultáneamente de forma precisa la posición y el momento lineal de una partícula, por ejemplo, un electrón. Plantea que el hombre jamás podrá tener certeza de absolutamente nada, porque la sola observación de un fenómeno ya altera el fenómeno. Asegura que si se determina con mayor precisión una de las cantidades, se perderá precisión en la medida de la otra. En la escala de las cosas más pequeñas no se pueden obtener hallazgos objetivos precisos. El campo subatómico es, en principio, incierto. Si no puedo decir dónde se encuentra exactamente una partícula en un momento determinado, también tendré dificultades para denominar la causa y el efecto, en el sentido de la antigua mecánica.

    La incertidumbre es muy pequeña, y resulta despreciable en mecánica clásica. En cambio, en la Mecánica Cuántica las predicciones precisas de la mecánica clásica se ven sustituidas por cálculos de probabilidades. En otras palabras, cuanto mayor precisión se trate de medir la posición de la partícula, con menor exactitud se podrá medir su velocidad, y viceversa. "Según este postulado, no se puede fijar con exactitud la posición en el espacio de una partícula, como puede ser el caso del electrón. Siempre existe una incertidumbre sobre su ubicación espacial. Ello se debe a que si se calcula el lugar donde se encontraría, no obtiene un valor exacto para el impulso del que depende su movimiento. Esto quiere decir sencillamente que no podemos saber nada más sobre dónde estará la partícula en el momento siguiente. Y viceversa, si calculamos el impulso nos quedaremos sin conocer el lugar en el que se encuentre en dicho momento", aclara el científico Paul Davies, en un artículo publicado en la revista Muy Interesante (No. 97). Resulta imposible medir la posición y la velocidad simultáneamente. En consecuencia, ciertas parejas de cantidades, como la posición y velocidad de una partícula, no pueden predecirse con completa precisión. En la Mecánica Cuántica todo es incierto, impreciso. Todo lo que nos proporciona ésta son probabilidades estadísticas.

    El Principio de Incertidumbre es una propiedad fundamental, ineludible, del mundo. Implica que las partículas se comportan en algunos aspectos como ondas: no tienen una posición bien definida, sino que están esparcidas con una cierta distribución de probabilidad. Tiene profundas implicaciones sobre el modo que tenemos de ver el mundo. Marcó el final del sueño de Laplace de una teoría de la ciencia, un modelo del universo que sería totalmente determinista: ciertamente, ¡no se pueden predecir los acontecimientos futuros con exactitud si ni siquiera se puede medir el estado presente del universo de forma precisa! El Principio de Incertidumbre significa que el universo es más complejo de lo que se suponía, pero no irracional.

    El Principio de Incertidumbre dice que los cambios provocados por el acto de medir imposibilitan saberlo todo acerca de la partícula cuántica con precisión; que no se puede, por ejemplo, saber con exactitud la posición en que se encuentra la partícula cuántica y la velocidad a la que se mueve. Supone que no se puede establecer nunca con exactitud la posición y velocidad de una partícula; cuanto mejor se conoce una de ellas, peor se conoce la otra. Por tanto, si se mide la posición de una partícula minúscula con más y más precisión, de manera que la probabilidad de error decrezca, la incertidumbre con respecto a la velocidad aumentará. El acto de medir transforma el objeto medido, de modo que siempre se tendrá una incertidumbre sobre algo.

    El Principio de Incertidumbre cuenta con amplias implicaciones filosóficas. Si el observador forma parte del proceso de observación, entonces la objetividad, como ha sido entendida desde hace mucho tiempo, ya no es un concepto válido. Cualquier observador debe percatarse de que su presencia forma parte de la historia. La objetividad y las nociones de verdad son cuestionadas. Las implicaciones filosóficas de la indeterminación crearon una fuerte corriente de misticismo entre algunos científicos, que interpretaron que el concepto derribaba la idea tradicional de causa y efecto. Hoy, muchos físicos cuánticos llegan a preguntarse si nuestra conciencia ha creado la realidad del universo, ya que su papel es crucial en el mundo de las partículas elementales (como se deduce del Principio de Incertidumbre o de Indeterminación). La nueva física ha reconocido finalmente la importancia que tiene la psique en los fenómenos subatómicos. Ello ha contribuido a que algunos físicos vanguardistas se interesen por conocer cuáles son los puntos de conexión entre la física y el misticismo, e incluso decidan introducirse en el terreno de la parapsicología… "La física, el brillante ejemplo de la ciencia pura y dura, que siempre se ha tenido como un modelo para las demás, está ahora trascendiendo la visión del mundo mecanicista y reduccionista. Nos está conduciendo a una visión orgánica, holística y ecológica similar a la de los místicos, las personas psíquicas y las que tienen experiencias transpersonales espontáneas", especifica muy acertadamente el físico teórico Fritjof Capra. Einstein consideraba que la incertidumbre asociada a la observación no contradice la existencia de leyes que gobiernen el comportamiento de las partículas, ni la capacidad de los científicos para descubrir dichas leyes.

    El Principio de Incertidumbre afectó profundamente al pensamiento de los físicos y los filósofos. Ejerció una influencia directa sobre la cuestión filosófica de "causalidad" (es decir, la relación de causa y efecto). Pero sus implicaciones para la ciencia no son las que se suponen por lo común. Se lee a menudo que el Principio de Incertidumbre anula toda certeza acerca de la naturaleza y muestra que, al fin y al cabo, la ciencia no sabe ni sabrá nunca hacia dónde se dirige, que el conocimiento científico está a merced de los caprichos imprevisibles de un universo donde el efecto no sigue necesariamente a la causa. Tanto si esta interpretación es válida desde el ángulo visual filosófico como si no, el Principio de Incertidumbre no ha conmovido la actitud del científico ante la investigación. Si, por ejemplo, no se puede predecir con certeza el comportamiento de las moléculas individuales en un gas, también es cierto que las moléculas suelen acatar ciertas leyes, y su conducta es previsible sobre una base estadística, tal como las compañías aseguradoras calculan con índices de mortalidad fiables, aunque sea imposible predecir cuándo morirá un individuo determinado.

    Científicos y filósofos idealistas vienen a plantear que la causalidad en general no existe. Es decir, que no existen causa y efecto. Por lo tanto la naturaleza parece un asunto totalmente sin causa, casual. El universo en su conjunto es impredecible. No podemos estar seguros de nada. Por el contrario, se asume que en cualquier experimento concreto, el resultado preciso que se obtendrá es completamente arbitrario en el sentido en que no tiene ningún tipo de relación con ninguna otra cosa que exista en el mundo o que nunca haya existido.

    Esta posición representa la negación completa no sólo de toda la ciencia, sino del pensamiento racional en general. Si no hay causa ni efecto, no sólo no es posible predecir nada; es imposible explicar nada. Tenemos que limitarnos a describir lo que es. De hecho ni siquiera eso, ya que ni siquiera podemos estar seguros de que exista algo fuera de nosotros y nuestros sentidos. Esto nos lleva de cabeza a la filosofía del Idealismo subjetivo. Nos recuerda el argumento de los sofistas de la Grecia antigua: "No puedo conocer nada sobre el mundo. Si puedo conocer algo, no puedo comprenderlo. Y si puedo comprenderlo, no puedo expresarlo".

    El Principio de Incertidumbre ha sido presentado a veces como principio de "indeterminación" e interpretado, en términos filosóficos, bien como una refutación del determinismo clásico en física, bien como punto de partida de una visión "constructivista" según la cual el estudio, análisis o medición de los objetos no puede ser independiente del sujeto que estudia, analiza o mide. O todavía más drásticamente: no hay mundo exterior objetivo independientemente del sujeto humano. La derivación es más profunda: parte de la convicción de que ha de romperse con la idea tan extendida de una neta separación entre un sujeto contemplativo y un universo indiferente o independiente de esa mirada. La convicción es de orden ontológico: la imagen crea la realidad, la imagen es anterior al pensamiento. Hay, pues, un continuum entre lo que llamamos "real" y lo que llamamos "irreal"; la llamada realidad es también una construcción realizada desde las imágenes.

    Ciertamente, en muchas observaciones científicas, la incertidumbre es tan insignificante comparada con la escala correspondiente de medidas, que se la puede descartar para todos los propósitos prácticos. Uno puede determinar simultáneamente la posición y el movimiento de una estrella, o un planeta, o una bola de billar, e incluso un grano de arena con exactitud absolutamente satisfactoria.

    Respecto a la incertidumbre entre las propias partículas subatómicas, cabe decir que no representa un obstáculo, sino una verdadera ayuda para los físicos. Se la ha empleado para esclarecer hechos sobre la radiactividad, sobre la absorción de partículas subatómicas por los núcleos, así como otros muchos acontecimientos subatómicos, con mucha más racionabilidad de lo que hubiera sido posible sin el principio de incertidumbre.

    El marco de referencia del Principio de Incertidumbre es el mundo de lo muy pequeño, el mundo de la Mecánica Cuántica, una rama de la ciencia contemporánea dedicada al estudio del comportamiento de los átomos y sus componentes. Quantum significa "cantidad" o "agrupación" y se refiere a comportamientos de partículas subatómicas como los electrones. Las partículas conforman la materia, como sabemos. La materia se compone de un número inmenso de partículas muy pequeñas. Llegó al mundo para que la vida, la evolución, la conciencia y el tiempo pudieran desarrollarse. Sin tiempo, no hay noción; sin noción, no hay conciencia, y sin conciencia, no hay evolución. Su comportamiento no se puede explicar por medio de la física clásica, puesto que en la mecánica normal no hay nada equivalente a partículas subatómicas. Según el científico Paul Davies, "muchos podrán pensar que el movimiento del electrón alrededor del núcleo del átomo podría compararse con la órbita que describe un planeta alrededor del sol. En el caso del electrón, a diferencia del movimiento predecible de un planeta, su trayectoria no está definida con precisión. La partícula parece estar difuminada y repartida por todo el átomo, por lo que se puede encontrar en principio también en cualquier parte de sus dominios, aunque en cada caso con una diferente probabilidad". No es de ninguna ayuda hablar del comportamiento de electrones en los átomos como si fueran planetas diminutos que giran alrededor del sol.

    La Teoría del Caos

    La Teoría del Caos se ocupa de los sistemas que presentan un comportamiento impredecible y aparentemente aleatorio aunque sus componentes estén regidos por leyes estrictamente deterministas. Desde sus comienzos en la década de 1970, la Teoría del Caos se ha convertido en uno de los campos de investigación matemática con mayor crecimiento. Hasta ahora, la física, incluso si se consideran las ramificaciones avanzadas de la teoría cuántica, se ha ocupado principalmente de sistemas en principio predecibles, al menos a gran escala; sin embargo, el mundo natural muestra tendencia al comportamiento caótico. Por ejemplo, los sistemas meteorológicos de gran tamaño tienden a desarrollar fenómenos aleatorios al interaccionar con sistemas locales más complejos. Otros ejemplos son la turbulencia en una columna de humo que asciende o el latido del corazón humano.

    Durante mucho tiempo, los científicos carecieron de medios matemáticos para tratar sistemas caóticos, por muy familiares que resultaran, y habían tendido a evitarlos en su trabajo teórico. A partir de la década de 1970, sin embargo, algunos físicos comenzaron a buscar formas de encarar el caos. Uno de los principales teóricos fue el físico estadounidense Mitchell Feigenbaum, que determinó ciertos esquemas recurrentes de comportamiento en los sistemas que tienden hacia el caos, esquemas que implican unas constantes ahora conocidas como números de Feigenbaum. Los esquemas del caos están relacionados con los que se observan en la geometría fractal, y el estudio de sistemas caóticos tiene afinidades con la teoría de catástrofes.

    Tratando de comprender estas complejidades

    Con el ánimo de tener un poco de claridad en tan complejas teorías, veamos el argumento de la novela Uno, de Richard Bach, la cual nos aporta una tenue luz al respecto:

    Cuando los esposos Bach (Richard Bach y Leslie Parrish) se dirigían a participar en una reunión de investigadores que exploraban las regiones limítrofes del pensamiento creativo: ciencia y conciencia, guerra y paz, el futuro de un planeta, extrañamente se desvaneció el entorno, quedando éstos fuera del espacio y del tiempo. Los dos volaban en su hidroavión sobre la ciudad de Los Ángeles, cuando escucharon una especie de gemido, seguido de un relámpago de luz amarrilla, una onda expansiva a su alrededor, y luego desapareció la ciudad y todo se desvaneció, quedando sólo el firmamento y el mar azul.

    En estas circunstancias realizaron diversas visitas a varios sitios, penetrando en mundos y vidas paralelas, para encontrarse con su pasado y su futuro, donde dialogaron, compartieron e interactuaron con algunas personas (incluso con sus "yo alternativos" más jóvenes y más viejos) y reflexionaron sobre la intuición, el sentido de vida, las ideas, el indeterminismo, el destino, el tiempo, las elecciones, la guerra, la paz, los talentos, el amor, el yo alternativo, el miedo, el armamentismo, la vejez, la muerte, la patria, la responsabilidad, los mundos alternativos, la vida, la juventud y el poder de decidir por sí mismos.

    Estuvieron fuera del espacio y el tiempo durante tres meses en esas circunstancias, sin saber con precisión si estaban vivos o muertos, despiertos o soñando, viviendo una realidad o imaginándola. "Permanecimos suspendidos en pleno aire durante tres meses, encerrados en una dimensión donde no existe el tiempo ni el espacio, aunque a veces parece que sí existen, y hemos descubierto que todas las personas son aspectos distintos de todas las demás personas porque la conciencia es una, y además el futuro del mundo es subjetivo y nosotros determinamos que va ocurrirle al mundo según las elecciones que pongamos en práctica para nosotros mismos…"

    Descubrieron que todos somos uno. Las personas sólo se diferencian entre sí por ser expresiones libres de una misma unidad. Todo el mundo tiene un infinito número de vidas y todas se desarrollan simultáneamente. "A cada instante, el mundo que conocemos se divide en un número infinito de otros universos, con distintos futuros y distintos pasados". Todo el mundo tiene un infinito número de vidas y se desarrollan simultáneamente.

    Reconocieron que, a pesar de los misterios, en el mundo nada era nuevo. "Nosotros no hemos realizado ningún nuevo descubrimiento. Cualquiera que haya leído algo de Mecánica Cuántica, cualquiera que haya jugado con el gato de Schrödinger… para los físicos la distinción entre pasado, presente y futuro no era más que una ilusión, por muy pertinaz que sea... La luz se dobla: el espacio se alabea; un reloj en un cohete funciona más despacio que el mismo reloj en casa; divide una partícula y obtendrás dos del mismo tamaño que la inicial; dispara tu rifle a la velocidad de la luz, y la bala no saldrá del cañón…" Richard reconoció que por eso era que le fascinaba la física, la Mecánica Cuántica y la inexistencia del tiempo. Aceptó que no hay vidas pasadas, ni vidas futuras, ni nada predeterminado. Que el destino nos empuja sólo a donde uno quiera y depende de nosotros, que somos quienes decidimos. Richard reflexionó que si los psíquicos que tratan de recordar vidas siguen el rumbo que creen correcto, por qué no utilizar ese poder para viajar a otros mundos alternativos.

    El cuento del escritor argentino Jorge Luis Borges, titulado El jardín de los senderos que se bifurcan, es un relato policial que ha sido utilizado como explicación de una teoría de Física Cuántica sobre las paradojas del Principio de Indeterminación.

    12. CONSECUENCIAS DE LOS REVOLUCIONARIOS PLANTEAMIENTOS

    Muchas de las nuevas teorías y las revolucionarias afirmaciones tuvieron sus "graves" consecuencias. Romper con los paradigmas vigentes en cada época no fue tan sencillo; se registraron profundas implicaciones. Salirse del "montón" costaba sacrificios. En la antigua Grecia, la cuna de la "democracia", hubo tropelías e infamias. Como ejemplos se pueden citar las cometidas contra los filósofos Anaxágoras, Aristarco de Samos y Sócrates. ¿Por qué? Por romper con lo establecido, pensar distinto y por sí mismos. A Anaxágoras se le encarceló y luego se le expulsó de Grecia, acusado de impiedad al sugerir que el Sol era una piedra caliente y la Luna procedía de la Tierra. ¡Qué ironía! Algunos científicos actuales sostienen que la Luna surgió de la Tierra, tal como lo había afirmado Anaxágoras hace más de 2500 años. Aristarco de Samos estuvo a punto de ir a prisión en el año 250 A. de C. por haber afirmado que la tierra no era el centro del universo, sino que viajaba alrededor del sol en compañía de otros planetas. Sócrates fue condenado a beber cicuta. Su palabra y su ejemplo generaron una auténtica revolución espiritual, que concitó la enemistad de muchos dirigentes. Se le acusó de impiedad y de corromper a la juventud. Cuestionó nada más y nada menos que a los dioses tradicionales griegos, que robaban, mentían, engañaban, mataban y jugaban con el destino de los hombres. Los amos del poder resolvieron "eliminarlo" porque cuestionaba todo aquello que los demás daban por sentado o preferían no cuestionar. Murió como mártir del pensamiento libre.

    Los descubrimientos y las afirmaciones de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton, que destruyeron la antigua imagen sobre la posición de la tierra en el espacio, tuvieron serios inconvenientes. Galileo, para citar a sólo uno de éstos, al asegurar que nuestro planeta giraba alrededor del sol, fue perseguido por la Iglesia, debido a que contradecía la exposición teológica de la Biblia de que la tierra era el centro de la creación. Por sus descubrimientos y planteamientos fue recluido en prisión; gracias a que se retractó públicamente, no murió a manos de la oprobiosa e infame institución conocida como la "Santa" Inquisición. Sólo hasta en el siglo XX la Iglesia reconoció tan absurdo vejamen e infamia. Galileo fue criticado y estuvo a punto de ser quemado "al demostrar que parte de la física y la astronomía aristotélicas estaban equivocadas por completo, estaba sosteniendo sin proponérselo que las doctrinas católicas romanas asociadas también lo estaban, lo cual constituía un crimen capital en aquel tiempo" (Más Platón y Menos Prozac, de Lou Marinoff).

    Sobre la persecución a Galileo, la Enciclopedia Microsoft Encarta, precisa lo siguiente:

    En 1623 publicó Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo, obra en la que, además de defender el sistema heliocéntrico, arremetía contra sus enemigos. A pesar del apoyo del papa Urbano VIII, el libro fue prohibido en 1632 y Galileo citado ante el tribunal de la Inquisición, con el fin de procesarle bajo la acusación de "sospecha grave de herejía".

    Tras ser encarcelado, en 1633 fue sometido a un juicio severísimo en el que, temiendo ser torturado y condenado a la hoguera, se retractó (abjuró) de sus ideas. Lo hizo de rodillas, aunque al levantarse murmuró su famosa frase: "E pur si muove" (Y sin embargo —la Tierra— se mueve —alrededor del Sol).

    Fue condenado a prisión perpetua, aunque debido a su enorme prestigio, se le conmutó la pena por la de vivir el resto de su vida recluido en su casa. Los ejemplares del Diálogo fueron quemados y la sentencia se leyó públicamente en todas las universidades de Italia.

    Vivió recluido en una villa de Florencia hasta su muerte, en 1642. En su última obra, Diálogo sobre dos nuevas ciencias, resumió todas sus investigaciones sobre el movimiento y la mecánica (física); consiguió enviar el libro a Holanda, donde fue publicado en 1638, aunque él no lo llegó a ver, pues quedó ciego ese mismo año.

    Cuando murió, la Inquisición no permitió que se le hiciera un funeral público. En 1979, el papa Juan Pablo II abrió una investigación sobre la condena eclesiástica del astrónomo para su posible revisión. En octubre de 1992, una comisión papal reconoció el error cometido por la Iglesia católica.

    La verdadera oposición surgió en un ambiente protestante cuando se intentó, en 1542, la aparición de la obra de Copérnico. El prólogo de la primera edición del "De Revolutionibus", en 1543, fue falseado por su editor, de manera que éste sugiere la idea de que el movimiento de la tierra puede ser tomado con base hipotética sin significación real. Luego los católicos cayeron sobre Copérnico. Giordano Bruno (1548-1600), filósofo y poeta renacentista italiano, pagó con su vida en la hoguera por sus "desviaciones doctrinales, herejías y blasfemias". ¿Pero cuál fue su osadía para merecer tan absurdo castigo? Haber planteado que el universo es infinito, que Dios es el alma del universo y que las cosas materiales no son más que manifestaciones de un único principio infinito; afirmar que las estrellas no parecen cambiar de situación por las enormes distancias que las separaban de la tierra; sostener la infinitud el universo físico, y sugerir que podían existir numerosos sistemas planetarios como el nuestro y multitud de planetas habitables. Defendió, al igual que Galileo, la tesis copernicana de que tierra gira en torno al sol. Sostuvo que las estrellas son soles distantes con sus propios planetas, que el universo es infinito, que se puede convocar a las almas de los muertos por la necromancia y la magia, y que es mentira el dogma de la Santísima Trinidad. ¿Mereció morir así uno de los precursores de la filosofía y la astronomía moderna? "La ciencia fue menos perseguida en los países protestantes porque allí la dominación eclesiástica no era tan fuerte", aclara la Enciclopedia Superior del Círculo de Lectores. La vida y obra de Bruno son clara manifestación del dramático enfrentamiento que se vivía en la época. En el mundo medieval, teocrático, inmovilista, con pretensiones de conocimiento absoluto frente al cual no tenían los hombres otra opción que la recta interpretación y recta opinión, la ortodoxia resistía el advenimiento de una nueva e inquietante postura intelectual. Igual suerte corrió el médico y teólogo español Miguel Servet (1511-1553). ¿Por qué? Mantener una concepción personal sobre el dogma de la Santísima Trinidad. Las opiniones religiosas de Servet fueron combatidas por los católicos y por los protestantes de la época. Este español rebelde, que descubrió el intercambio de sangre entre el corazón y los pulmones, contradiciendo a católicos y protestantes, negó la doctrina del pecado original y la doctrina de la Santísima Trinidad. En Del error de la Trinidad (1531) repudió la personalidad tripartita de Dios y el ritual del bautismo. Sus contribuciones científicas también fueron notables: La restauración del cristianismo, publicado poco antes de su muerte, contiene la primera descripción rigurosa del sistema circulatorio pulmonar. Acusado de herejía y blasfemia contra la cristiandad, murió quemado en la hoguera. ¿Cómo es posible que la Iglesia, que se dice defensora de la vida, haya cometido semejantes exabruptos con éstas y otras personas que trataron de abrir los ojos del relativo oscurantismo medieval? Además de la muerte en la hoguera de estas dos luminarias del pensamiento y la ciencia, junto con muchas otras, también debieron permanecer muchos años en ignominiosas prisiones y someterse a la vergüenza de retractarse públicamente de sus afirmaciones. Marsilio de Padua (1280-1343), filósofo italiano (teórico del estado), fue excomulgado y condenado como hereje por sus ideas de avanzada y tesis filosóficas en las que defendía el estado fundado en la soberanía popular (el rey libremente elegido por el pueblo, debía ser independiente de la jerarquía eclesiástica; los obispos respecto al papa, la comunidad eclesial respecto al párroco).

    Desiderio Erasmo de Rotterdam, en su libro Elogio de la Locura, criticando la dinámica medieval, plantea una postura filosófica, radicalmente antiteórica, en la que manifiesta un rechazo a la tradición escolástica-aristotélica a favor de una filosofía vital, de gran aplicabilidad en la práctica cotidiana activa. "No saben nada, pero afirman que lo saben todo; no se conocen a sí mismos, a veces no logran darse cuenta de los hoyos o de las rocas que tienden delante, porque la mayoría de ellos están ciegos o porque siempre están en las nubes. Y, sin embargo, proclaman con orgullo que ven bien las ideas, los universales, las formas separadas, las materias primeras, las quiddades… todas estas cosas tan sutiles que ni siquiera Linceo lograría penetrar con su mirada".

    Baruch Spinoza o Benito Espinosa (1632-1677), filósofo holandés, de origen español, fue apartado de la sinagoga judía, excomulgado por los rabinos y desterrado de Ámsterdam. ¿Por qué? Haberse apartado del judaísmo como consecuencia de haber iniciado sus estudios acerca de las ciencias físicas, así como por el efecto que tuvieron en su pensamiento los escritos del filósofo inglés Thomas Hobbes y los del científico y filósofo francés René Descartes.

    El filósofo Juan Jacobo Rousseau (1712-1778) fue víctima de persecución por parte del poder religioso y político. La publicación de sus obras, que sirvieron de base al Romanticismo, a la Revolucuión Francesa y a la Declaración de los Derechos del Hombre, le trajeron graves consecuencias: el Emilio fue confiscado en Francia y Rousseau debió huir para evitar el arresto, y el Emilio y el Contrato Social fueron quemados en Ginebra y Rousseua tuvo que refugiarse en Motiers, en el principado de Neuchatel, dependiente del rey de Prusia, donde redactó cartas replicando la condena del Emilio por el arzobispo de Parías, y en respuesta a la prohibición impuesta por las autoridades de Ginebra. "Su posición laicista, práctica, realista y duramente crítica respecto de las anquilosadas reglamentaciones educativas de la tradición cristiana, le granjearon enemistades mayores. El asunto se hizo tan grave que las autoridades determinaron condenar expresamente la lectura de la obra y la quemaron en ceremonia pública, para escarmiento del autor y de quienes pudieran manifestarle alguna simpatía… El Senado de Berna lo expulsó y Rousseau se vio precisado a refugiarse en Inglaterra…" (Clásicos del Pensamiento Resumidos, de Rafael Méndez).

    Las enseñanzas teológicas de Immanuel Kant, un filósofo absolutamente genial, (basadas más en el racionalismo que en la revelación divina) le crearon problemas con el gobierno de Prusia y, en 1794, el rey Federico Guillermo II le prohibió impartir clases o escribir sobre temas religiosos. Kant acató esta orden hasta la muerte del Rey; cuando esto ocurrió se sintió liberado de dicha imposición. Los ministros de este totalitario e intolerante mandatario le enviaron una carta prohibiéndole escribir, debido a que en su libro La religión dentro de los límites de la razón el que el clero, especialmente, salía muy mal librado. "La crítica señalaba que la religión revelada era muy mal tratada, y quedaba sometida a una vulgarización bastante burda, sólo apropiada para gentes que no tuvieran propiamente moralidad" (Kant y la educación, de Estanislao Zuleta). ¡Qué paradójico! Esta infame persecución contra Kant, un extraordinario pensador, quien, precisamente, diseñó su monumental sistema con el ánimo de defender la religión católica y de conciliar la ciencia y la religión.

    Tras la publicación de la novela Mademe Bovary, del genial escritor francés Gustavo Flaubert, fue sometido a juicio por supuestos "atentados a la moral" establecida y convencional. Afortunadamente, resultó absuelto en un acto de auténtica justicia.

    El filósofo e historiador Rafael Méndez sobre esta oprobiosa realidad, considera que las fuerzas intelectuales emergentes de la época, "desde las cuales el humanismo y la visión histórica se imponían sobre un ordenamiento trascendente y cerrado, provocaron todo tipo de reacciones. Desde la simple y puramente abstracta censura de opinión, hasta los más ruidosos procesos y condenas. Surgieron héroes de otro tipo, que reemplazarían el prolijo santoral cristiano. Mártires también, aunque entregados a una vocación radicalmente distinta... El conocimiento, la verdad, la libertad, la inteligencia, el progreso, eran los valores propiamente modernos, que con el paso del tiempo constituirían el cuerpo espiritual de otra visión del universo. Copérnico, Galileo, Bruno y otros más, desde la certidumbre de su razón, desafiaron autoritarismos y limitaciones para llegar, en múltiples oportunidades, hasta las últimas consecuencias… El individuo, eclipsado durante largos siglos en los cuales el centro de todas las cosas era la sacralidad, hizo su aparición de manera dramática, arrastrando con la fuerza de su eclosión un universo de de relaciones reblandecidas a fuerza de reiteración e ineficacia. Y con él, con la fuerza de la personalidad individual que se hace matriz y centro de la historia, aparece un mundo nuevo, abierto, pragmático y desafiante…"

    Pero a pesar de la férrea oposición de la iglesia, ¿cómo evolucionó la ciencia? Pensadores como Galileo y Descartes escribían en sus lenguas románicas maternas y no en latín (la lengua de la iglesia medieval), y sus escritos se difundían rápidamente. En Inglaterra y en Holanda, durante la época isabelina y el siglo XVII, no hubo persecución científica y las ideas de Copérnico, Kepler y Galileo eran muy profesadas. Mientras tanto, Europa continental estaba bajo la influencia de Descartes, que se dedicó a la matemática con preferencia a la astronomía. Aunque la persecución acabó temporalmente con la ciencia, en algunos países no tuvo éxito. Hasta 1822 la iglesia romana siguió ordenando que la teoría copernicana se manejase sólo como un procedimiento matemático.

    Es evidente que la ciencia moderna acertó certeros golpes a los dogmatismos religiosos. El primero se lo propinaron Copérnico, Kepler y Galileo al establecerse que la tierra no era el centro del universo, como sostenía la Iglesia Católica, perdiendo su majestuosa inmovilidad privilegiada para ponerse a girar en torno al sol. El segundo lo asestó Darwin al demostrar de manera convincente que nuestra especie es una más en el conjunto de los seres vivientes y, lo más demoledor, afirmar que no hemos sido creados directamente por Dios a su imagen y semejanza sino que provenimos por mutaciones azarosas de una larga serie genética de mamíferos antropoides. Las afirmaciones de Darwin en su teoría de las especies chocaron contra la ortodoxia política y religiosa de su época y estremecieron el mundo cristiano. "Si fueran ciertas las hipótesis de Darwin, el Génesis sería una fábula, todo el sistema del libro de la vida y la revelación de Dios al hombre, constituirían una quimera y una insidia", manifestaba alarmado un dogmático clérigo de su tiempo. El tercero lo infligió Sigmund Freud al convertir nuestra conciencia o alma en algo complejo y nada transparente, traspasado por impulsos inconscientes de los que no somos dueños. Estas revoluciones científicas socavaron los fundamentos teológicos, implementados en dogmas irracionales más que en realidades evidentes. Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son.



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    La denominada Iglesia Católica Apostólica y Roma romana fue infame al publicar su índice de Libros Prohibidos. "El Leviatan de Hobbes fue prohibido en cuanto apareció, pero no fue el primero ni el último gran libro que tuvo dificultades con la política religiosa. En el siglo XX, dicho índice ha prohibido en uno u otro momento las Obras completas de Freud, así como libros de Aldous Huxiey, James Joyce, Alfred Kinsey, Thomas Mann, Margaret Mead, Bertrand Russell y H. G. Wells, entre otros. Puede que uno se pregunte: "¿Cómo van a madurar los seres humanos más allá de las ideas de Freud si ni siquiera están autorizados a estudiar dichas ideas?" Aun así los tiempos están cambiando deprisa. Bajo el mandato del papa Juan Pablo II, la Iglesia romana reconoce ahora que El origen de las especies de Darwin (número uno en el índice desde que apareció en 1859) es compatible con el Génesis… Más recientemente, la encíclica del papa Juan Pablo II Pides et ratio (Fe y razón) exhortaba a todos los católicos a centrarse en la filosofía. "El Papa tiene un elenco de héroes filosóficos que habría hecho palidecer a los pontífices anteriores", informó el London Daily Telegraph. Admira no sólo a los filósofos orientales sino los textos sagrados de la India, las enseñanzas de Buda y las obras de Confucio. De modo que ahora quizás heredemos una nueva pregunta retórica: en lugar de preguntar "¿Es católico el Papa?", podremos preguntar "¿Es filosófico el Papa?" (Más Platón y Menos Prozac, de Lou Marinoff). El mismo Papa Juan Pablo II afirmó que "muchas personas avanzan por la vida dando traspiés al borde del abismo sin saber adonde van. A veces, esto ocurre porque aquellos cuya vocación es conferir una expresión cultural a su pensamiento ya no miran a la verdad, puesto que prefieren el éxito fácil a la labor de investigar pacientemente lo que hace que la vida merezca la pena."

    Incluso la filosofía se vio eclipsada bajo el yugo, la dominación y el oprobio de la Iglesia, viéndose opacada la capacidad humana de reflexionar, y teniéndose que aceptar los dogmas sin refutar. "La filosofía, por su parte, todo lo cuestiona. Esta dicotomía fundamental entre la teología, que exige fe, y la filosofía, que ejercita la duda, hace que a menudo ambos campos sean incompatibles, tal como ciertamente lo fueron durante más de un milenio, hasta el advenimiento de la Reforma y el inicio de la revolución científica", puntualiza Marinoff.

    13. LA NUEVA VISIÓN DE LA CIENCIA

    La nueva visión de la ciencia se resiste a encajar en el esquema newtoniano, excesivamente mecanicista. De alguna manera hemos pasado de un "paradigma de relojería", en donde todo estaba mecánicamente predeterminado, fijo y lineal, a uno mucho más abierto, flexible, holístico y ecológico que exige de todos una transformación fundamental de nuestros pensamientos, de nuestras percepciones y de nuestros valores. Este pensamiento del nuevo paradigma lleva consigo un cambio de la mentalidad occidental y consiguientemente una profunda modificación de la mayoría de las relaciones sociales, así como de las formas de organización. Un cambio que, como asegura F. Capra "va mucho más allá de las medidas superficiales de reajustes económicos y políticos tomados en consideración por los dirigentes actuales".

    Joost Kuitenbrouwer sintetiza así lo que debe significar el nacimiento de esta nueva conciencia: "Los descubrimientos de la teoría cuántica y de la relatividad, es decir, de la nueva física, que señalan que no hay objetividad y que somos nosotros mismos, por la calidad y modo de nuestra percepción, quienes generamos y creamos la realidad tal y como ella se desenvuelve, implican una ruptura epistemológica radical con la percepción mecanicista anterior. No podemos interpretar, entender el mundo, hablar del mundo, sin examinarnos, sin llegar a entendernos a nosotros mismos... Es esta conciencia la que nos obliga a examinar dentro de nosotros mismos las fuentes de la violencia y a descubrir estilos de vida cualitativamente distintos. Hay una creciente conciencia, independiente de posiciones políticas e ideológicas, de que existe una relación concreta existencial mutua entre nosotros, nuestras maneras de ser y la calidad del mundo en que vivimos".

    La profundidad de los cambios globales que con tanta rapidez se suceden en la actualidad; la acumulación tecnológica basada en la intensidad del conocimiento; la automatización y robotización de la producción; la transnacionalización del comercio; la revolución de la informática, de la biotecnología y de las telecomunicaciones ponen de manifiesto que la historia de la humanidad ha entrado en una etapa sin precedentes y con imprevisibles repercusiones para las sociedades en el siglo XXI.

    Este nuevo escenario mundial que implica la pérdida del paradigma que presidía nuestro accionar hasta el momento, significa por lo mismo un espacio inédito que requiere de nuevas respuestas en todos los órdenes, político, económico, ecológico, cultural y muy en especial en el educativo.

    Epistemología genética

    Teniendo en cuenta que el conocimiento es dinámico, en el siglo XX los epistemólogos revaluaron muchos de los planteamientos en torno al saber científico. Es así como Jean Peaget, uno de los más brillantes filósofos, epistemólogos y psicólogos del siglo XX, encuentra que las concepciones filosóficas clásicas (Platón: conocer es recordar; Descartes: carácter universal de la razón; y Kant: existencia de las ideas a priori) sobre la naturaleza, condición y posibilidad del conocimiento deben ser replanteadas, porque conciben el conocimiento en términos de resultados y no de procesos, y parten de la realidad de una serie de constructos que nunca han sido sometidos a comprobaciones. La ciencia, así, era sólo construcciones teóricas sin comprobación, puros argumentos de poder, "verdades reveladas" con pretensión de universalidad. "En Efecto, la tradición filosófica clásica, en su afán de dar solución al espinoso asunto de la naturaleza, condición y posibilidad del saber, había desarrollado una serie de concepciones que habrían de ser enjuiciadas a la luz de las nuevas condiciones históricas del siglo XX. Fuera la versión trascendental de Platón y su concepción ideal del saber humano, el racionalismo universal cartesiano, o las ideas a priori de Kant, se trataba de establecer el conocimiento a partir de entidades, facultades o instancias más o menos definitivas", señala Rafael Méndez analizando el libro Epistemología Genética de Piaget. Según Piaget, no basta examinar la conciencia de los sujetos, sino que hay que ver sus condiciones previas.

    Así las cosas, Piaget, que enfrenta la constitución de una epistemología genética que de respuestas al origen del conocimiento humano, propone reglamentar la metodología investigativa. Considerando que la epistemología es "la teoría del conocimiento válido" y que el conocimiento no es un estado sino un proceso, la epistemología debe ser interdisciplinaria. La nueva investigación ha de situarse en una perspectiva genética, en colaboración con la sicología, la lógica, la ciencia especializada, la matemática y la cibernética. "Considerando el conocimiento como un proceso en continuo trance perfección y desarrollo, la investigación ha de situarse desde una perspectiva genética, la cual supone una regla sustancial de cooperación. El psicólogo debe ocuparse del desarrollo de las facultades subjetivas que hacen posible la adquisición e incremento del conocimiento; el lógico se hará cargo de los niveles de validez formal que equilibren y consoliden los diversos niveles activos que concluyan los psicólogos, y los científicos especialistas se ocuparán de los contenidos y alcances del campo determinado. Se añaden los esfuerzos de los matemáticos, que establecerán los vínculos entre las proposiciones lógicas y el campo en cuestión, y los de los cibernéticos, que aseguran el vínculo entre la sicología y la lógica", agrega Méndez.

    A partir de la epistemología genética, espacio, tiempo, causalidad, número y otras tantas categorías, otrora reducidas a la reflexión filosófica hipotética, deductiva o dogmática, adquieren un carácter experimental y constatable. "La epistemología genética equivale, entonces, a una comprensión de las estructuras generales de las ciencias y de los métodos usados por ellas, desde la perspectiva de la construcción operacional, vale decir, de la acción en cada caso vital del organismo y no de la organización vital considerada en su conjunto", puntualiza Méndez.

    El concepto de falsabilidad

    En la evolución y desarrollo del conocimiento también debemos tener en cuenta uno de los más valiosos aportes epistemológicos del siglo XX como lo es el concepto de falsabilidad, acuñado por el filósofo Karl Raimund Popper, que designa la posibilidad que tiene una teoría de ser desmentida, falseada o "falsada" por un hecho determinado o por algún enunciado que pueda deducirse de esa teoría y no pueda ser verificable empleando dicha teoría. Según Popper, uno de los rasgos de toda verdadera teoría científica estriba en su falsabilidad; si una teoría logra no ser falseada, puede mantener sus pretensiones de validez. Con este planteamiento, Popper pretendía resolver los problemas de la teoría de la inducción clásica del neoPositivismo, así como introducir un mayor nivel de confrontación en el análisis de las pretensiones de verdad y validez de una teoría científica. Así, en lugar de verificar inductivamente una teoría, lo que se intenta es mantenerla a salvo de las posibilidades que esta teoría tiene de ser falseada. En realidad, una teoría que no se encuentra abierta a la falsabilidad no puede ser considerada una teoría científica.

    14. LA FALIBILIDAD DE LA CIENCIA

    A pesar de que la ciencia y otros saberes actuales estén en capacidad de "revelarnos" parte de una "la verdad", no podemos estar seguros de su infalibilidad, de su certeza. Es muy posible que estas realidades, por ahora, en cierta manera, "incontrovertibles", en un futuro cercano ya no ofrezcan una validez aceptada por la mayoría. El progreso en todos los campos del quehacer humano evidenciará nuevos paradigmas, nuevas miradas del universo. ¿Dónde situarán los límites del universo dentro de un siglo? Los conocimientos que habrá alcanzado el ser humano para entonces sobre el cosmos son difíciles de imaginar. Sin embargo, por las tendencias científicas actuales podemos prever qué misterios se resolverán en el siglo XXI: teoría del campo unificado, el esclarecimiento del enigma de la materia oscura, la reproducción en la tierra de los hornos nucleares de las estrellas… ¿Resultará ser el universo en su conjunto un proyecto cósmico que se autoorganiza y se marca sus propios fines?

    Es cierto que la ciencia nos ha brindado muchas respuestas de interés para tratar de comprender el universo y mejorar la calidad de vida. Pero la ciencia aún no ha podido responder, entre otras, a las siguientes preguntas: ¿Cuál es la dimensión real del universo? ¿De qué depende el clima? ¿Existen los extraterrestres? ¿Quiénes fueron los primeros seres humanos? ¿Acabaremos con las enfermedades? No tenemos certeza de muchas cosas. Hoy nadie duda de que la tierra gira alrededor del sol y que éste es el centro de nuestro sistema solar. Aceptamos sin vacilar el modelo heliocéntrico y descartamos rotundamente el modelo geocéntrico. Pero, ¿de dónde sacamos esa certeza? ¿Se debe únicamente a que el modelo heliocéntrico es más sencillo que el geocéntrico? ¿Quién nos asegura que la actual descripción del sistema solar es la correcta? No podemos descartar que pueda descubrirse un camino nuevo y mejor para explicar la observación astronómica, aunque hoy nos parezca impensable.

    El científico Paul Davies, en su artículo "¿Podemos fiarnos de los científicos", nos invita a que "echemos un vistazo a la historia de la ciencia y comprobaremos que la naturaleza tiene la desagradable costumbre de engañar una y otra vez al hombre, de modo que éste confunde lo realmente existente con sus propias imaginaciones". Pero ¿por qué ocurren esos engaños? Según el filósofo Thomas Kuhn, los científicos desarrollan determinadas convicciones a las que resulta evidente que se trata de absurdos. Davies nos invita a que no nos fiemos de las apariencias. "Hay científicos que ven algo que realmente no está ahí, pero en cambio, no ven otras cosas que ciertamente están delante de ellos. Durante muchos decenios los astrónomos dudaron de la existencia de los meteoritos que caen a la tierra procedente del espacio. Tuvo que caer en Francia un fragmento inmenso de roca espacial para que la muy honorable Academia Francesa modificara su punto de vista", precisa Davies.

    Los investigadores, consciente e inconscientemente, se dejan guiar por los paradigmas. Cuando en la ciencia se produce un cambio de paradigma se desencadenan acaloradas discusiones. "Hay personas obstinadas en entender la realidad sólo con su inteligencia y sentido común. Por eso luchan contra las ideas generalmente aceptadas de la nueva física. La Teoría de la Relatividad de Einstein, por ejemplo, atrae especial inquina. Al cabo de 80 años de su publicación, las redacciones de las revistas científicas están desbordadas por manuscritos, cuyos autores intentan todavía demostrar algún tipo de error de Einstein, a fin de poder regresar al antiguo absolutos, devolviendo su constancia al parámetro tiempo", puntualiza Davies. Durante los años 30 del siglo XX los físicos, por ejemplo, se dejaron influir notoriamente por el Positivismo. Para sus seguidores, la realidad solamente puede fundarse en aquello que efectivamente pude ser observar. La visión que obtendremos del universo será radicalmente distinta de la actual. Según el físico Paul Davies, a la vista del estado presente de la física, es legítimo considerar que se puedan encontrar extensiones o modificaciones de las leyes establecidas que incorporen a nivel fundamental la capacidad de la materia por sí mismas.

    La ciencia ha dado algunas respuestas de manera suficientemente válida, pero otras continúan abiertas. "Nuestra investigación de los secretos del mundo progresa muy lentamente, y la ciencia no ha encontrado aún respuesta a muchas interrogaciones. De todos modos, la labor científica es, a nuestro juicio, el único camino que puede llevarnos al conocimiento de la realidad exterior a nosotros" (El Porvenir de una Ilusión, de Sigmund Freud).

    Quienes pensaban y sostenían que no existía vida extraterrestre deberán cambiar su punto de vista, porque es muy posible que no estemos solos en el universo. ¿Por qué? La astrobiología es una nueva ciencia que busca dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Estamos solos en el planeta tierra? ¿Hay otros planetas habitados por seres vivios o por humanos? Veamos qué dice esta ciencia. Es muy posible la vida extraterrestre de acuerdo con los siguientes argumentos:

    1. Los científicos últimamente han descubierto más planetas fuera del sistema solar que dentro de él.

    2. La vida puede existir en una condiciones tan duras que antes eran impensables.

    3. Múltiples datos demuestran que en Marte existió agua.

    4. El tiempo que necesita la vida para surgir es relativamente corto.

    5. Otros planetas, como Marte, podrían haber sufrido una evolución cambiante similar a la terrestre.

    6. Se ha demostrado que la vida terrestre es capaz de sobrevivir en el espacio.

    7. Los cometas y los asteroides pueden suministrar agua o partículas orgánicas útiles para la vida.

    8. Los procesos naturales como cataclismos e impactos de asteroides pueden transferir material vital de un planeta a otro.

    Pero ¿qué es la astrobiología? Es una ciencia que se propone dar respuesta a una sola pregunta con múltiples facetas: ¿Qué es y cómo se originó la vida? ¿Existen otras formas de vida además de la terrestre? ¿Cuál es el destino de la vida en el cosmos, sea cual fuere su expresión? "La astrobiología estudia algunas manifestaciones terrestres susceptibles de ser buenos modelos de vida alienígena. Una de ellas la constituyen los virus y, más concreto, los virus ARN", precisa Jorge Alcalde en un artículo de la revista Muy Interesante (No. 167). La astrobiología desarrolla su quehacer con la ayuda de otras disciplinas científicas como: biología, planetología, física, bioquímica, cosmología, robótica, tecnología aeroespacial, telecomunicaciones, astrofísica, astronomía, matemáticas, entre otras. Según Jorge Alcalde, "todos estos científicos tienen como objetivo común tratar de comprender hasta qué punto estamos en condiciones de establecer una conexión entre el mundo inorgánico y el mundo animado. Quieren averiguar si la vida es un imperativo cósmico y si se puede describir con las ecuaciones y el método científico de hoy en día". El físico Douglas D. Oskeroff, premio Nobel en 1996, opina que es más que factible la existencia de vida en otros mundos debido a las dimensiones infinitas del universo.

    Así las cosas, ¿quién puede afirmar que está en "posesión" de la verdad? Entonces volvemos a la eterna y silente pregunta: "¿Qué es la verdad?" La auténtica respuesta continuará siendo un secreto enigmático, misterioso, complejo, profundo e insondable. Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son.

    15. POSIBILIDAD DE UNIFICAR TEORÍAS

    La gran mayoría de los científicos en el siglo XX han mantenido que todos los fenómenos físicos se explican por el comportamiento mecánico de cada uno de sus elementos constituyentes, que el universo se comporta de acuerdo con leyes reduccionistas, con base al estudio de casos ideales y sencillos, prácticamente inexistentes en el mundo real. Los científicos del siglo XXI posiblemente no pensarán así. Dirán: "El todo es mayor que la suma de sus partes". "Cualquier acontecimiento está relacionado con todos los demás". "El modelo del universo que tenían en el siglo XX no era más que un caso muy particular del verdadero, más complejo y creativo".

    Ilsa Prigogine, premio nobel de química, ha propuesto una modificación de las leyes microscópicas. Pretende que debemos centrarnos en los problemas de la biología y la química., para lograr entender la complejidad de la naturaleza y descifrar así cómo a partir del caos se generan las estructuras, el orden. Su universo es rabiosamente innovador y antireduccionista. Cree que se probará que el cosmos tiene voluntad propia, al menos en determinados períodos evolutivos.

    Brillantes científicos como Stephen Hawking, Sydney Coleman y Juan Pérez Mercader, auguran un espléndido siglo XXI a la cosmología cuántica, nueva ciencia que aplica la Mecánica Cuántica al universo como un todo. Esta poderosa herramienta científica es posible que contribuya a explicar la creación del mundo a partir de la nada, el problema de la constante cosmológica, los atajos en la dimensión espacio-tiempo y la comunicación con universos paralelos.

    En los últimos años se ha impuesto en el campo de la física matemática un objetivo prioritario: la unificación de todas las leyes. Muchos físicos teóricos esperan y confían en que todas las leyes básicas de la física puedan fundirse en una única superrey. Esta teoría se podría expresar como una breve fórmula matemática. A partir de esa fórmula, se podría deducir luego la descripción de toda la naturaleza. Hawking considera la gran posibilidad de que el estudio del universo primitivo y las exigencias de consistencia matemática nos conduzcan a una teoría unificada completa dentro del período de la vida de alguno de los que estamos hoy aquí, siempre suponiendo que antes no nos aniquilemos a nosotros mismos.

    Los científicos proseguirán en su quijotesca tarea de tratar de unificar las teorías para intentar dar una explicación más concreta y menos vaga del universo. Según Hawking, en su Historia del Tiempo, si encontramos un conjunto completo de leyes básicas, quedará todavía para los años venideros la tarea intelectualmente retadora de desarrollar mejores métodos de aproximación, de modo que podamos hacer predicciones útiles sobre los resultados probables en situaciones complicadas y realistas. Una teoría unificada completa, consistente, es sólo el primer paso: nuestra meta es una completa comprensión de lo que sucede a nuestro alrededor y de nuestra propia existencia. "No obstante, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras, comprensible para todos y no únicamente para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios", propone ¿utópicamente?) Hawking.

    16. EL IMPACTO DE LAS REVOLUCIONES DEL CONOCIMIENTO

    Actualmente los descubrimientos, hipótesis, teorías y planteamientos de los filósofos y científicos anteriores a nuestro tiempo, no nos parecen sorprendentes, a veces las percibimos ingenuamente como elementales, obvias. Pero no ocurrió lo mismo en la época en que se formularon. El impacto fue grandioso en su tiempo. Muchas de ellas sacudieron hasta los cimientos de la teología y del universo científico. Así hoy nos parezcan "normales" sus descubrimientos, no podemos olvidar que para demostrar sus teorías, Newton, uno de los genios más brillantes de todos los tiempos (el más grande para los británicos), por ejemplo, tuvo que inventar los cálculos diferencial e integral, inexistentes hasta entonces. Algunos de sus descubrimientos no fueron importantes por sí mismos, sino por lo que significaron y representaron en la evolución científica; probaron la enormidad de posibilidades ofrecidas por el nuevo modo de pensar. Después de Newton hubo una tendencia a dejar de explicarlo todo enteramente, sacando la explicación de su propio entendimiento. Las fórmulas newtonianas siguen teniendo plena vigencia en la actualidad, sirviendo de base, por ejemplo, para los ordenadores utilizados por los técnicos de la NASA. Todas nuestras actividades están relacionadas con la fuerza de gravedad, descubierta por este genio.

    Newton explicó los movimientos de los planetas, lunas y cometas hasta en sus menores detalles, las mareas y el movimiento de la tierra que origina la procesión de los equinoccios: una proeza deductiva de extraordinaria magnificencia. Además, su ley de la gravitación universal tuvo y tendrá enorme influencia en la concepción del universo. Pero ¿qué dice esta ley? "Todo cuerpo material atrae a otro con una fuerza directamente proporcional a sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre ellos". Genial esta afirmación. Su concepción del mundo, con base en esta ley, confirmó la hipótesis de Galileo sobre la homogeneidad del mundo físico, en el sentido de que tanto los fenómenos físicos como los cósmicos siguen las mismas leyes. Pero ahí no para su grandeza. El desarrollo de su obra por los grandes matemáticos de los siglos XVIII y XIX originó la mecánica celeste, una gran rama de la astronomía que permite calcular con gran precisión el movimiento de los planetas del sistema solar bajo la acción de la mutua atracción gravitatoria. Pero su genialidad fue más allá, porque así como influyó poderosamente en la física, la matemática y la astronomía, lo hizo profundamente en la filosofía. Su leyes tienen grandes repercusiones en la filosofía y en el pensamiento social, a saber: 1. Toda acción genera una reacción. Esta afirmación fortaleció el mecanicismo filosófico. 2. Todo cuerpo, cualquiera sea su estado de movimiento o de reposo, tiende a conservarlo hasta que una fuerza superior lo altera. Desde el punto de vista filosófico, interesan el método usado en la exposición de los principios mecánicos de la filosofía, y el espacio, el tiempo y movimiento absolutos. Su grandeza y genialidad nunca podrán ser desconocidas, así muchos de sus planteamientos ya hayan sido refutados o superados. Por algo los ingleses lo consideran como la persona más influyente en toda la historia.

    El mismo Einstein (nada más y nada menos que el más grande y genial de todos los científicos) reconoció, con motivo del bicentenario de la muerte de Newton, que éste había sido un genio brillante que había "determinado el curso del pensamiento y la investigación en Occidente como nadie lo había hecho antes ni nadie lo ha hecho después". Señaló que antes de Newton no existía un sistema completo de causalidad física, capaz de representar cualquiera de las características profundas del mundo empírico.

    Lo mismo podríamos decir de la revolución científica del filósofo inglés Fracis Bacon (1620-1626). En su obra Novum Organum plantea que la experimentación es uno de los requisitos indispensables para el método científico; expuso su método de lógica inductiva, creando así el método inductivo, con lo cual se oponía al método deductivo propuesto por Aristóteles. Bacon, rompiendo la tradición medieval, que clasificaba las ciencias por el objeto, las dividió según el sujeto. Planteó el problema de la ciencia como una cuestión de método. Su Novum Organum influyó mucho en la aceptación en la ciencia de una observación y experimentación precisas. En esta obra mantenía que había que abandonar todos los prejuicios y actitudes preconcebidas, que llamó ídolos, ya fueran la propiedad común de la especie debido a modos comunes de pensamiento ("ídolos de la tribu") o propios del individuo ("ídolos de la caverna"); ya se debieran a una dependencia excesiva del lenguaje ("ídolos de la plaza del mercado") o de la tradición ("ídolos del teatro"). Controvertir, entonces, a Aristóteles, era como estar en contra de la Iglesia Católica. Antes de Bacon, la ciencia era un conjunto de saberes que se transmitían de generación en generación. Los principios que se plantean en Novum Organum tuvieron gran importancia en el subsiguiente desarrollo del empirismo. No se puede desconocer que su planteamiento es muy revolucionario y demasiado importante para el posterior desarrollo de la ciencia moderna. Todo esto, tan sorprendente en su época, ahora nos parece sumamente obvio, pero en los comienzos del siglo XVII tales afirmaciones eran muy revolucionarias, como lo es ahora afirmar que en Marte se encontraron evidencias de la existencia de agua.

    Hoy en día las pretensiones de Laplace nos pueden parecer extravagantes y poco razonables. Sin embargo podemos encontrar extravagancias similares en cada etapa de la historia de la ciencia, en la que cada generación se cree firmemente en posesión de la "verdad absoluta". Y no está del todo equivocada. Las ideas de cada generación son de hecho la verdad absoluta, para ese período. Pero todo lo que decimos cuando hacemos afirmaciones de este tipo es: "Esto es lo más lejos que podemos llegar en nuestra comprensión de la naturaleza, con la información y las posibilidades tecnológicas que tenemos actualmente". Por lo tanto no es incorrecto plantear que estas son verdades absolutas para nosotros, en este momento en concreto, porque no podemos basarnos en otras.

    El filósofo George Berkeley, en el siglo XVIII, asombró al mundo filosófico y a la comunidad científica al afirmar categóricamente que la materia no existía. "Lo que percibimos como sustancias sólidas, por ejemplo la madera o el hierro, no son otra cosa que una impresión que Dios hace que se produzca en nuestro cerebro", sostuvo. Según él, la materia era sólo una ilusión. Pero, a pesar de que hoy se ha demostrado que la materia no es sólo una ilusión, todavía no se puede definir qué es la materia. Atacó el Materialismo científico, pero su intención no fue destruir la ciencia, sino evitar que perdiera contacto con las necesidades y problemas humanos. Buscó una reconciliación entre la ciencia y la religión. Ofreció a los científicos una posición filosófica para proteger a la religión de los excesos de la ciencia.

    17. LOS NUEVOS PARADIGMAS EXIGEN UNA NUEVA EDUCACIÓN

    El proceso de saber qué son las cosas ha sido afectado por algunos aprendizajes. La ciencia y la educación se han basado en los supuestos mecanicistas de la filosofía del siglo XVII y XVIII, dando por resultado una ciencia fragmentada, positivista, reduccionista y materialista que ha llevado a los seres humanos actuales a ser depredadores de su misma especie y ha convertido a la educación en un entrenamiento de la conciencia para que actúe dentro de la rutina mecánicamente. Con el desarrollo de los nuevos paradigmas de la ciencia estamos viviendo un profundo cambio de época que se expresa en todos los campos de la experiencia humana.

    Desgraciadamente, muchos de nosotros fuimos educados bajo la concepción mecanicista: los textos escolares, los profesores y los lineamientos académicos estaban prisioneros en ese paradigma. Nos "educaron" para la dependencia, la domesticación, la servidumbre, la incomunicación, la resignación, el conformismo, la inseguridad, la heteronomía, la obediencia, el determinismo, el sometimiento... Para ser personas del "rebaño", simples "borregos". Así, la educación era abiertamente mutilante, arbitraria e irrespetuosa, en sus recios intentos de clasificar, por ejemplo, la sensibilidad según el sexo, al asignar algunas formas de sentir como propiamente femeninas y permitir o prohibir otras masculinas.

    Se requiere una reforma educativa no programática sino paradigmática. El problema crucial de nuestro tiempo es la necesidad de afrontar estos desafíos desde un nuevo tipo de educación... Se trata de una reforma, no programática, sino paradigmática, que concierne a nuestra aptitud para organizar el conocimiento: conocer lo humano no es sustraerlo del universo sino situarlo en él... Paradógicamente, en la actualidad son las ciencias humanas las que aportan la contribución más débil al estudio de la condición humana... Debemos interrogar al ser humano desde su doble naturaleza; biológica y cultural. Unos pensadores científicos han ocupado el lugar que dejó vacío una filosofía acurrucada sobre sí misma y que cesó de reflexionar sobre los conocimientos aportados por las ciencias.

    Por eso es que la educación necesita ser repensada no solo desde "la iluminación que le prestan las ciencias humanas, la reflexión filosófica, sino que hemos de dar un especial énfasis a las ciencias naturales renovadas y reestructuradas que son la cosmología, las ciencias de la Tierra, la ecología, la biología molecular porque son las que permiten insertar y situar la condición humana en el cosmos, en la Tierra, en la vida", tal como lo plantea Edgar Morin.

    Los tres principios que fundamentan el cambio educativo son los mismos de la física cuántica. En el átomo y en el universo vemos principios como el de la atracción, relación, movimiento, fusión, interdependencia y unidad. Todos estos principios emanan de la física. La educación holística se basa en esos mismos principios; por eso es que no es una moda sino que tiene una sólida base científica.

    Podemos y debemos crear una educación sobre una base enteramente distinta, pero para hacerlo se requerirá demoler totalmente el sistema actual... Probablemente vamos a tener un colapso económico-ecológico antes de que surja una nueva forma de educación que reemplace la manera antigua.

    El principio de autoorganización es clave para conocer el paso del modelo mecánico de la física estática de Newton, al modelo dinámico de la física cuántica que explica los procesos de los sistemas naturales y sociales como los flujos permanentes de autoorganización.

    La etapa del modelo mecánico que enfatizó el orden establecido, uniformidad, control externo, estabilidad, seguridad y equilibrio está siendo superada por una nueva cuyas características, según Prigogine, son la divergencia, dinamicidad, incertidumbre, interacción, conectividad, interrelación, autoorganización.

    La realidad cotidiana desde la dimensión cuántica no responde a cosas reales, sino más bien a miríadas de posibilidades de incontables realidades. Lo real puede ser controlado y gobernado, lo posible debe ser deseado, inspirado, recreado. Estamos frente a dos comportamientos, o dos modos de ser, no solo diferentes sino con frecuencia contrapuestos.

    Si, como dice Humberto Maturana, "las conductas humanas se constituyen desde los deseos, desde las aspiraciones, desde las envidias, desde los enojos, desde el amor, es decir, desde las emociones y no desde la razón, el potencial existencial está dentro de nosotros mismos como lo están los flujos cíclicos de materia y energía generadores de la miríada de posibilidades que como co-creadores debemos traer a la existencia".

    El principio de interdependencia es un concepto clave para comprender los procesos de realización humana, pues, como afirma Phip Snow, la interdependencia es el poder espiritual que otorga sentido a todo el universo y consiguientemente a todos los elementos que conformamos ese universo. El éxito de los procesos vitales depende del tipo de interrelaciones que logremos establecer entre los diferentes elementos que conformamos el todo. Como asegura F. Capra, "todos los miembros de un ecosistema están interconectados en una basta y complicada red de relaciones que conforman la trama de la vida". Nosotros los humanos, lo mismo que los demás seres, somos lo que somos, como consecuencia de esas relaciones.

    La interdependencia es un principio de la física cuántica según el cual las cosas y los sucesos que, en la física clásica, fueron concebidos como separados, como fragmentados en el espacio y en el tiempo, de hecho, están íntimamente integrados, escalonados en un proceso interrelacionado. Es precisamente la física cuántica la que hace resaltar la relación dinámica como base de todo lo que nos proporciona un punto de vista del yo humano que es libre y responsable, que responde a otros y a su medio ambiente, esencialmente relacionado y naturalmente comprometido y en todo momento creativo. Son las relaciones siempre dinámicas las que determinan la interdependencia de los diferentes elementos que integran la realidad.

    La forma como debemos interactuar es uno de los aspectos fundamentales del quehacer cotidiano y del sentido de ese quehacer y por lo tanto del comportamiento humano. Como asegura Jonas Salke, la relación es el fenómeno más importante en el universo... y precisamente para comprender la realidad es preciso encontrar el sentido de las conexiones fundamentales que forman el trasfondo de toda existencia.

    En este orden de ideas la interdependencia sería esa intrincada red de relaciones en donde el éxito del sistema como un todo depende del éxito de cada parte, y al revés, el éxito de cada parte depende del éxito del sistema como un todo. Gracias a la interdependencia se logra el sano equilibrio, así como la interacción dinámica entre estabilidad y crecimiento.

    El mundo lo configuramos en el significado computacional al construir esa red fluida de relaciones. El mundo no está hecho de antemano. La cotidianidad, es ese espacio en el cual todo es posible porque al construir la realidad, construyéndonos a nosotros mismos, depende tanto de la realidad como de la configuración que a cada instante le debemos dar a nuestro devenir vital. Solo por nuestra responsabilidad como seres humanos podremos llegar a esa red ininterrumpida de configuraciones vitales.

    Los principios de autoorganización e interdependencia se complementan con el principio de sostenibilidad y viceversa. La sostenibilidad es esencialmente la posibilidad que tiene cada organismo, cada especie y cada sistema para conservar su estabilidad en un proceso que con frecuencia resulta muy vulnerable y delicado pues depende de los recursos, que requiere y que es preciso que adquiera, para su propio desarrollo. En este aprendizaje, dentro del propio entorno, juega un papel primordial la cooperación y la sociabilidad que debe darse entre todos los elementos o componentes que conforman el propio ecosistema y como resultado de las relaciones significativas con otros ecosistemas.

    La ecología profunda da la razón de las muchas y variadas fluctuaciones de los ciclos ecológicos que muchas veces al no poder autoregular sus relaciones ponen en peligro su ciclo vital. Lo mismo sucede en el ser humano como individuo y como ser social. Se habla mucho en el día de hoy de la gravedad de traspasar los límites de la tolerancia. Leonardo Boff, en su libro "Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres", insiste en la urgencia de no hacernos sordos ante la agresión ecológica de nuestro planeta Tierra y la agresión cada vez más feroz, hacia los excluidos.

    El reemplazo de una teoría excelente por otra aún mejor ha sido descrito de modo particular en el libro del historiador y filósofo estadinense Thomas Kuhn (1922) La estructura de las revoluciones científicas (1962), según lo registrado en la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta. Su punto de vista ha ejercido una enorme influencia. Este autor presta especial atención a los «cambios de paradigma», usando la palabra «paradigma» en un sentido bastante especial. Su tratamiento enfatiza los cambios que, en cuestiones de principio, se producen al imponerse una teoría mejorada.

    En el caso de la gravitación, Khun podría señalar el hecho de que la teoría newtoniana hace uso de la «acción a distancia», es decir, de una fuerza gravitatoria que actúa instantáneamente, mientras que en la teoría einsteniana la interacción gravitatoria se propaga a la velocidad de la luz, al igual que la interacción electromagnética. En la teoría no relativista de Newton, el espacio y el tiempo se consideran separados y absolutos, y la gravedad no está relacionada en forma alguna con la geometría; por su parte, en la teoría de Einstein, el espacio y el tiempo se confunden (como ocurre siempre en la física relativista) y la gravedad se halla íntimamente relacionada con la geometría del espacio-tiempo. La relatividad general, a diferencia de la gravitación newtoniana, está fundamentada en el principio de equivalencia: es imposible distinguir localmente entre un campo gravitatorio y un sistema de referencia uniformemente acelerado (como un ascensor). Lo único que un observador puede percibir o medir localmente es la diferencia entre su aceleración propia y la aceleración local debida a la gravedad.

    La interpretación basada en el cambio de paradigma, dice un artículo de la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta, se centra en las profundas diferencias filosóficas y de lenguaje entre la teoría antigua y la nueva. Kuhn no subraya el hecho (aunque, por supuesto, lo menciona) de que la vieja teoría puede proporcionar una aproximación suficientemente válida para realizar cálculos y predicciones dentro del dominio para el que fue desarrollada (en este caso sería el límite de velocidades relativas muy bajas). Sin embargo –prosigue el escrito-, me gustaría destacar esta característica, pues en la competencia entre esquemas en el marco de la empresa científica, el triunfo de un esquema sobre otro no implica necesariamente que el anterior sea abandonado y olvidado. De hecho, al final puede ser utilizado con mucha mayor frecuencia que su más preciso y sofisticado sucesor. Eso es lo que pasa ciertamente con las mecánicas newtoniana y einsteniana restringidas al sistema solar. La victoria en la pugna entre teorías científicas competidoras puede ser más una cuestión de degradación de la teoría antigua y promoción de la nueva que de muerte de la teoría desbancada. (Ni que decir tiene que a menudo la vieja teoría pierde todo valor, y entonces sólo los historiadores de la ciencia se molestan en discutir sobre ella.)

    Según Kuhn, las ciencias no progresan siguiendo un proceso uniforme por la aplicación de un hipotético método científico. Se verifican, en cambio, dos fases diferentes de desarrollo científico. En un primer momento, hay un amplio consenso en la comunidad científica sobre cómo explotar los avances conseguidos en el pasado ante los problemas existentes, creándose así soluciones universales que Kuhn llamaba "paradigmas". En un segundo momento, se buscan nuevas teorías y herramientas de investigación conforme las anteriores dejan de funcionar con eficacia. Si se demuestra que una teoría es superior a las existentes entonces es aceptada y se produce una "revolución científica". Tales rupturas revolucionarias traen consigo un cambio de conceptos científicos, problemas, soluciones y métodos, es decir, nuevos "paradigmas". Aunque estos cambios paradigmáticos nunca son totales, hacen del desarrollo científico en esos puntos de confluencia algo discontinuo; se dice que la vieja teoría y la nueva son inconmensurables una respecto a la otra. Tal inconmensurabilidad supone que la comparación de las dos teorías es más complicada que la simple confrontación de predicciones contradictorias.

    18. LA CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD SOCIAL

    El filósofo y psicólogo norteamericano Daniel Coleman, en su libro Psicología del Autoengaño, nos muestra como los marcos referenciales condicionan nuestra manera de percibir y de actuar en nuestro marco social.

    La construcción de la realidad por excelencia

    El contexto condiciona hechos y conversaciones. Determina cuáles actitudes son apropiadas o inapropiadas, qué percibir y qué ignorar. En el ámbito social encontramos los marcos referenciales. "Un marco referencial es una definición compartida de una situación, que organiza y gobierna los eventos sociales y nuestra participación en ellos... Es la cara pública de los esquemas colectivos... Se origina cuando los participantes activan esquemas compartidos con respecto a determinada acción o situación". En áreas sociales, cuyo marco referencial conocemos, procedemos sin inconvenientes, espontáneamente y dominando la situación. El lenguaje influye en la vida cotidiana, y "marca las coordenadas de mi vida en la sociedad y llena esa vida de objetos significativos... No es sino esquemas hechos audibles: los actos sociales son esquemas hechos visibles". Los esquemas organizan el lenguaje. El marco referencial confiere el contexto, y nos indica cómo leer lo que sucede. "Es algo altamente selectivo; aparta la atención de todas las otras actividades que se producen simultáneamente y no corresponden a ese marco". Todo lo que está fuera del marco no merece atención. "Lo que está fuera del marco referencial también está al margen de la conciencia consensuada, inmerso en un especie de submundo colectivo". El mundo social está lleno de marcos referenciales que orientan la atención hacia ciertos aspectos de la experiencia y la apartan de otros.

    La tiranía y la libertad de los marcos referenciales

    Los marcos referenciales condicionan nuestra cotidianidad en el mundo laboral. Uno aprende la disciplina laboral al "ser sometido a las fuerzas que, sutilmente, dirigen nuestra atención y moldean nuestra experiencia dentro de la organización". La persona es vista sólo desde el rol social que desempeña; no se tienen en cuenta otras dimensiones personales de su ser. "La unidimensionalidad de la gente en sus roles sociales es sintomática de una alienación cada vez más amplia en nuestra condición moderna... La unidimensionalidad de los individuos en sus roles nos exige que ignoremos el resto de ellos". Uno de los beneficios de la unidimensionalidad del marco referencial es la autonomía interna, en donde la persona dirige el resto de atención a intereses y placeres privados en medio de la vida pública. Hay libertad por cuanto al desempeñar solamente su rol social, el individuo no tiene que hacer intercambios plenos y auténticos con cada persona que trata en el desempeño de su rol. "Las anteojeras que provee el rol permiten a la persona que desempeña ese rol deshumanizarse en lugar de liberarse". No se traspasa el rol para llegar a la persona que hay dentro del mismo. "Preferimos no ver, preferimos ignorar, en lugar de enfrentar a la persona, y prestamos atención sólo al rol, que ofrece una salida fácil, incluso, un momento agradable".

    La mirada bien educada

    "Los marcos referenciales definen el orden social. Nos dicen qué es lo que está pasando, cuándo hacer y qué y a quién. Dirigen nuestra atención hacia la acción que se encuentra dentro del marco y la apartan de lo que, si bien e accesible a la conciencia, es irrelevante... Cada cultura es un conjunto de marcos referenciales. En la medida en que los marcos difieren de cultura a cultura, los contactos entre la gente de distintos países pueden resultar un fracaso... Los marcos referenciales no sólo dirigen la interacción, sino que también dictan de qué manera debe considerarse a la gente en sus distintos roles... Cuando nuestros marcos referenciales no coinciden, el orden público se tambalea... Muchas veces no estamos demasiado seguros respecto de cuál es el marco de referencia correcto para un momento dado... La socialización del niño equivale a incorporarlo a los marcos corrientes y válidos... Es esencial que los niños aprendan qué cosas se pueden ver y cuáles hay que ignorar... Los esquemas sociales domestican la atención... Los marcos referenciales tienen la capacidad de desviar la atención de aquellos hechos que implican urgencia".

    19. LA MIRADA DE LOS JÓVENES

    Los jóvenes se encuentran desorientados porque su realidad difiere de los patrones y paradigmas familiares, escolares y sociales. Los códigos de entendimiento utilizados por los mayores no son entendidos por la juventud, que cada vez se encuentra más confundida a medida que recibe diversos tipos de información que no satisface sus expectativas al no situarla en su entorno o contexto social, desde donde debe partir su educación que le permita construir, vivenciar y "hacer" su propia y verdadera historia, poder ser él mismo.

    Los jóvenes, dentro su percepción de las cosas, requieren de un trato sincero por parte de los adultos, el afecto que se les brinde debe ser demostrado no sólo en forma verbal, es necesario conocerlos integralmente, con sus fortalezas y debilidades, con sus capacidades y limitaciones, sin juzgarlos, lo cual sólo contribuirá al agravamiento de las múltiples crisis, que podría traer consecuencias devastadoras para su futuro sistema familiar.

    20. LAS EXPECTATIVAS Y DESAFÍOS DEL NUEVO MILENIO

    El nuevo milenio, paso del segundo al tercer milenio de la era cristiana, ha originado reflexiones y efectos en la psicología colectiva en muchos países. No obstante, la llegada de un "nuevo milenio" no es más que una convención cronológica propia del calendario de la cultura occidental. Tiene que ver con la llamada era cristiana, que comienza a contar desde el año en el que se supone que nació Jesucristo. Otras culturas, como el Islam, establecen un año diferente para el comienzo de su era y, por lo tanto, según su calendario no están a las puertas de un nuevo milenio.

    El comienzo del siglo XXI, y por ende, del tercer milenio, tendrá lugar en un mundo que ya vive una acelerada transformación en todos los ámbitos. Los cambios afectan a todo el orbe y señalan a un futuro cada vez más próspero e interconectado, pero también amenazado por importantes retos y graves problemas. Los aspectos más destacados son la mundialización de las relaciones entre los pueblos, los progresos en la técnica y la ciencia y la revolución de las comunicaciones. Junto a ello encontramos un mundo con profundas desigualdades, con conflictos endémicos y con un crecimiento industrial que puede poner en peligro el medio ambiente si no se hace especial hincapié en la aplicación de las teorías del desarrollo sostenible.

    El progreso de la ciencia y de la tecnología ha mantenido, desde la segunda mitad del siglo XX, un ritmo espectacular. Los resultados de la investigación científica y tecnológica se han convertido en elementos normales en la vida diaria, hasta el punto de que la mitad de los productos utilizados habitualmente por la humanidad eran desconocidos al finalizar la II Guerra Mundial, en 1945. Este proceso, que algunos especialistas han calificado de revolución científica y tecnológica, no ha hecho más que empezar y, si no se producen novedades importantes, seguirá siendo una de las características de la civilización del nuevo milenio. Muchos son los campos en los que se pueden centrar los avances que se prevén: las ciencias de los nuevos materiales, la robótica o la tecnología de los alimentos serían tal vez algunos de los principales. Pero hay tres áreas de la investigación que deben ser destacadas como líneas de progreso de un futuro imparable: la electrónica, la astronáutica y la ingeniería genética.

    En la actualidad, los ordenadores son protagonistas de una verdadera "revolución informática" que afecta decisivamente a una sociedad cada vez más digitalizada. Ello permite, y permitirá cada día más, una auténtica transformación de todos los aspectos de la vida cotidiana y de la economía, tanto de la productiva, como de la de los servicios.

    La investigación aeroespacial está convirtiendo en realidad la cada vez más cercana conquista del espacio. Es de prever que se establezcan estaciones habitadas por humanos de manera permanente en el espacio. Ya se anuncian viajes turísticos al espacio exterior y parece que, en menos de un siglo, el viajar a la Luna estará al alcance de muchos ciudadanos.

    En el campo de las investigaciones biológicas, el descubrimiento del ácido desoxirribonucleico (ADN), a mediados del siglo XX, y el posterior desarrollo de la llamada ingeniería genética permitirá, en los próximos lustros, avances espectaculares. Muchas de las enfermedades podrán alcanzar una explicación en la estructura genética de los seres humanos y ello facilitará su curación; será posible la creación y modificación de nuevos organismos vivos realizando una adecuada alteración genética, lo cual supondrá una auténtica revolución en la agricultura y la ganadería. La nueva genética comporta, sin duda, indudables ventajas, pero se encuentra sometida a límites de responsabilidad ética en su desarrollo.

    El extraordinario progreso en las técnicas de comunicación e información puede ser comparado al nacimiento de la escritura o de la imprenta. Como en estos dos acontecimientos, la revolución de las comunicaciones lleva a la formación de una particular cultura que tiene, en esta ocasión, un carácter universal que se convertirá en un signo del inicio del nuevo milenio.

    La revolución de las comunicaciones hace posible presenciar, en tiempo real, guerras, acontecimientos deportivos y culturales, y todo tipo de eventos. Millones de personas, que viven en lugares muy alejados entre sí, pueden escuchar una canción y una conferencia al mismo tiempo. El acceso a la información hace que, a través de Internet u otras redes informáticas, sea posible obtener rápidamente más información de cualquier ámbito de la ciencia o la cultura de la que, hasta hace no muchos años, hubiese sido imposible imaginar. El perfeccionamiento de estas redes planetarias, fruto de la denominada revolución de la información, hará que en pocos años se pueda disponer en cada domicilio de acceso a las principales filmotecas, bibliotecas, hemerotecas e incluso puntos de venta.

    El progreso de las comunicaciones y el auge de la sociedad de la información ha provocado una carrera tecnológica sin precedentes, motivada por el deseo de dominar el mundo de la comunicación. El ganador de esta carrera está siendo Estados Unidos, pero todos los países desarrollados siguen invirtiendo enormes sumas en este campo.

    En los últimos años del siglo XX tuvieron lugar una serie de fenómenos de carácter "global" que habrían sido impensables unos decenios antes. Un conjunto de comportamientos, gustos y valores son compartidos en la actualidad por millones de personas que pertenecen a culturas muy diferentes. Los medios de comunicación han reducido las distancias físicas y han hecho que tiempos diferentes sean vividos al unísono ante las pantallas de televisión o ante un determinado producto de consumo.

    La globalización es un fenómeno nuevo y aún resulta difícil calcular sus consecuencias para el siglo XXI. Sin embargo, hay tres campos en los que su influencia se acentúa notablemente: la economía, la política y la cultura.

    La globalización tiene su ámbito más preciso en el mundo de la economía, sobre todo en los niveles comercial, financiero y organizativo, donde funciona ya de un modo eficaz. La globalización económica supone una absoluta libertad de intercambio. Con ella, la producción de mercancías sólo se encuentra limitada por ventajas físicas o geográficas; las empresas se encuentran organizadas de un modo muy flexible para que tengan mejor acceso a los mercados globales; al tiempo que el mercado financiero se halla descentralizado, tiene un carácter instantáneo y escapa a la influencia de los gobiernos.

    En el ámbito de la política, la globalización afecta a la estructura de los gobiernos y de las decisiones políticas. En un mundo global, la soberanía de los estados parece debilitarse, se crean múltiples centros de poder y las organizaciones internacionales ven incrementada de forma notable su importancia.

    La cultura se ve afectada de múltiples formas por el proceso de globalización. La creación de grandes símbolos tiene un carácter mundial. Hay una tendencia a la diversidad cultural y al triunfo de un cosmopolitismo que va más allá de los propios estados. La información no tiene un único origen local y se difunde de un modo muy veloz a todo el mundo. El ocio y el turismo crecen hasta niveles insospechados. Los instrumentos de universalización y conexión cultural, como Internet (uno de los más importantes fenómenos del final del siglo XX), se multiplican y obligan a idear nuevas formas de aprendizaje.

    La globalización es un fenómeno nuevo, que afecta a la estructura de las sociedades, los gobiernos y las formaciones culturales: se encuentra llena de interesantes cuestiones y de respuestas todavía inciertas. El nuevo milenio irá configurando el nuevo mundo globalizado que ya percibimos.

    No obstante, ante este nuevo mundo tecnológicamente desarrollado y con más capacidad de producción por habitante de la que haya existido en cualquier otro momento histórico, la humanidad ha de enfrentarse a graves problemas, los más destacados de los cuales son los que siguen.

    La existencia de un mundo dual: por un lado, la diferencia entre países ricos y pobres, por otro, la desigualdad de riqueza en el seno de las sociedades de los países ricos. Más de las tres cuartas partes de la humanidad vive en países que no han alcanzado un grado de desarrollo suficiente y la mayoría de sus habitantes apenas puede sobrevivir. Estos países se encuentran en Sudamérica, Asia y África. Entre ellos hay grandes diferencias: algunos se encuentran en vías de desarrollo, pero otros viven sumidos en la pobreza. El hambre, la enfermedad y el analfabetismo son graves carencias sociales que afectan a buena parte de los habitantes de estos países. En el mundo inmediatamente anterior al comienzo del tercer milenio, más de 800 millones de personas pasan hambre y 500 millones se alimentan de modo insuficiente. Las enfermedades degenerativas, provocadas por la malnutrición, siguen haciendo estragos. En los países más pobres de la Tierra, el analfabetismo alcanza, como media, a un 60% de la población. Ello supone que la mayoría de los seres humanos se ve privada de instrucción.

    Las sociedades de los países ricos ven surgir en su seno un conjunto de graves problemas entre los que destaca la marginación social. En las sociedades desarrolladas la pobreza afecta fundamentalmente a los parados de larga duración, que ya no cobran el seguro de desempleo. Junto a éstos, los inmigrantes (sobre todo los procedentes de los países del Tercer Mundo) y las mujeres son los principales protagonistas de la pobreza en el cambio de siglo. Hay una forma más trágica de pobreza, la de los más pobres de entre los pobres: las personas "sin techo", los marginados por la droga y muchos de los inmigrantes extranjeros; las ciudades del mundo industrial ven aumentar sin cesar el número de estas personas.

    Paradójicamente, un elevado número de emigrantes se agolpa en las fronteras de los países ricos, en busca de mejores condiciones de vida. El aumento de la intolerancia y del racismo en los países desarrollados convierte a muchos extranjeros que consiguen entrar procedentes de países pobres en grupos marginados y, en ocasiones, perseguidos.

    El derrumbamiento desde 1991 de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), así como el de los gobiernos de los países de la órbita de ésta, ha supuesto un nuevo reto para el siglo XXI. Los antiguos países comunistas han visto caer sus sistemas económicos y se enfrentan a difíciles transiciones hacia formas distintas de economía y de gestión política. Esta transformación comporta graves problemas sociales, que sumen en la miseria a gran parte de sus habitantes.

    El grave problema del consumo y el tráfico de drogas está alcanzado cotas inimaginables entre los sectores jóvenes de muchos países desarrollados. Junto a ello existe el temor a enfermedades nuevas, como es el caso del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), que afecta de forma brutal a los países pobres, pero no sólo a éstos. Estas nuevas epidemias vienen a sumarse a otras tradicionales, como la malaria, que produce todavía casi tres millones de muertos cada año en las poblaciones africanas, asiáticas y sudamericanas.

    El peligro de un desarrollo industrial desenfrenado, que ya ha provocado graves problemas ecológicos, sigue siendo en este nuevo siglo un riesgo que amenaza con una degradación irreparable del medio ambiente.

    Los conflictos bélicos son todavía una experiencia habitual en determinados lugares del mundo. Las guerras entre países o las que pueden considerarse guerras civiles ocasionan el sufrimiento y la muerte de muchos miles de personas. Entre las zonas de permanente conflicto se encuentran Oriente Próximo, la península de los Balcanes y muchos países africanos.

    Por último, aunque la democracia ha dado en ser considerada como el "menos malo" de los sistemas políticos, los países que disfrutan de ella se encuentran lejos de colmar las aspiraciones de sus ciudadanos. Las críticas que este hecho suscita, realizadas en gran medida por destacados representantes de la política y por muchos de los militantes en los nuevos movimientos sociales, se basan en el deseo de redefinir los principios de la participación política, de la gestión de los asuntos del Estado y de la construcción de sociedades más justas.

    No es de extrañar que el comienzo del nuevo milenio genere en ocasiones un juicio pesimista sobre el futuro. Sin embargo, cabe señalar la presencia de algunos motivos para la esperanza: el desarrollo tecnológico ha permitido la mejora de las condiciones de vida de millones de hombres y mujeres, al mismo tiempo que los derechos democráticos se están extendiendo y permitiendo mayores cotas de igualdad y libertad en muchas naciones.

    Pero, sobre todo ello, cabe destacar el progresivo aumento de la solidaridad humanitaria que surge de forma espontánea y que se hace necesaria ante la presencia de los graves problemas que afectan al mundo contemporáneo. Será la combinación entre una verdadera actitud solidaria e igualitaria y la constante crítica ante todo exceso de poder y ante la injusticia la que permita construir un mejor siglo XXI. Y en esa tarea se encuentran empeñados, afortunadamente, millones de hombres y mujeres, muchos de ellos activistas de las llamadas organizaciones no gubernamentales.

    CONCLUSIONES

    Como se puede apreciar, la percepción de las cosas es multifacética y relativa. Circunstancia que confirma que no todos percibimos, interpretamos y sistematizamos la realidad de la misma manera; existen muchas múltiples cosmovisiones de ésta, muchas maneras de relacionarnos y de interactuar con las cosas. Lo importante es aprender a vivir. ¿Cómo se aprende a vivir? Recibiendo, analizando críticamente y asimilando los mensajes que la realidad nos envía permanentemente; siendo abiertos a los demás, a las circunstancias y a las experiencias; llevando una vida abierta, examinada, serenamente crítica.

    Conscientes de que las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son, debemos replantearnos la concepción mecanicista del universo o de la realidad por obsoleta y determinista, y adentrarnos en el conocimiento de los nuevos paradigmas, que han permitido un giro "copernicano" en la comprensión del universo o de la realidad. Las nuevas concepciones, las nuevas miradas, permiten establecer que no existen verdades eternas, absolutas, inmutables; lo que ayer era un axioma irrefutable e incuestionable, hoy ya es insostenible, incierto. Es muy posible que en el futuro algunas de las verdades actuales ya no sean verdades. En años venideros nuestras ideas del cosmos podrían ser tan extrañas como las de los observadores antiguos.

    El destino de la humanidad depende de la capacidad que tengamos de asumir el desafío frente a "los nuevos modos de ser, de sentir, de pensar, de valorar, de actuar, de rezar", que necesariamente conlleven, según Leonardo Boff, "nuevos valores, nuevos sueños y nuevos comportamientos asumidos por un número cada vez mayor de personas y comunidades".

    Con el surgimiento de la Mecánica Cuántica reconocemos que los acontecimientos no pueden predecirse con completa precisión, sino que hay siempre un grado de incertidumbre.

    Ante este universo de incertidumbre, es bueno recordar las estrofas poéticas de Rafael Núñez, quien, con mágica pluma y fecunda inspiración, nos decía: "No sé si la ignorancia y la pobreza / dan al pecho del hombre más tristeza / que el influjo del oro corruptor. / Si es la ciencia dudosa que aquí hallamos / escala vacilante en que pasamos / de un error a otro error.

    El cambio de paradigmas supone un modo nítidamente nuevo de enfocar antiguos problemas. No podemos solucionar los problemas actuales con las soluciones de ayer porque eso estaría indicando nuestra incongruencia y, tal vez, nuestra testarudez y nuestra falta de ética con nosotros mismos y con los demás.

    Visualicemos algunas implicaciones inherentes a los nuevos paradigmas que nos presentan algunos de los autores más conocidos por sus aportes en el caminar científico fundamentalmente.

    Necesidad de abrir caminos nuevos:

    Hoy vivimos una encrucijada histórica que algunos consideran como una bifurcación catastrófica: Ante esta situación se nos plantea un dilema; o seguimos los viejos caminos o abrimos caminos nuevos. En el viejo caminar seremos conducidos por el poder institucional de la ideología de las ciencias y las religiones. En el caminar por nuevos caminos, el poder proviene de la dinámica de las interacciones. Nos encontramos en el punto de tensión máxima entre dos culturas: una mecánica, individualista y egocéntrica: cultura de la inmutabilidad y de la institucionalización; otra fluida, autoorganizada, interactuante y con muchas formas de conocer y actuar.

    Necesitamos pasar de una mentalidad mecanicista, gobernada por estructuras hechas y normativas impuestas, a una dimensión de procesos autoorganizados.

    Seamos protagonistas de nuevas formas culturales:

    Según Fritjof Capra, "mientras sobreviene la transformación, la cultura en decadencia se niega a cambiar, aferrándose cada vez más a sus anticuadas ideas; las instituciones sociales dominantes, por su parte, se niegan a ceder el papel protagonista a las nuevas fuerzas culturales. Pero inevitablemente decaerán y se desintegrarán, mientras la nueva cultura continuará ascendiendo, y a la larga asumirá el papel protagonista. Al acercarse el punto crucial, la comprensión de que cambios evolutivos de esta magnitud no pueden evitarse con actividades políticas a corto plazo nos da una mayor esperanza para el futuro".

    Necesidad de abrirse a la comprensión de la naturaleza:

    Carl Rogers considera que "las enormes perturbaciones de la sociedad contemporánea forzarán a una transformación hacia un sistema nuevo, más coherente. Un renovado amor por la naturaleza y por cada persona, una comprensión de la unidad espiritual del universo parecen emerger con esa nueva visión del mundo. Avizoro un mundo donde haya lugar para una persona más completa e integral. Esta es, al menos, mi más profunda esperanza".

    Necesitamos un nuevo tipo de diálogo:

    David Bohm propone un diálogo "en el que de verdad seamos capaces de escucharnos mutuamente. El reto al que hoy se enfrenta la humanidad es único. Para afrontarlo hace falta una gran oleada creativa, que incluya una nueva visión de la humanidad, la cultura y la sociedad".

    Como señaló George Leonard, "lo único que podemos decir con certeza del futuro es que nos sorprenderá, por mucho que nos esforcemos en imaginarlo. Al igual que la crisálida ignora a la mariposa, los europeos del siglo XII no habrían imaginado el Renacimiento, ni los romanos, la Edad Media. Pero hoy nuestra encrucijada es más compleja que en cualquier otra época; nunca se jugó tanto en tan poco tiempo, nunca hubo tantas posibilidades ni tantos seres humanos a los que pudieran afectar. El futuro, en cualquier caso escapa a las predicciones de los ordenadores, y quizá sólo puede ser oteado – sin detalle – por nuestro ojo intuitivo".

    Vvv

    Tras la caída del Imperio romano las obras de Aristóteles se perdieron en Occidente. Durante el siglo IX, los estudiosos musulmanes introdujeron su obra, traducida al árabe, en el ámbito del islam. De estos pensadores que examinaron y comentaron la obra aristotélica, el más famoso fue Averroes, filósofo hispanoárabe del siglo XII. En el siglo XIII el Occidente latino renovó su interés por la obra de Aristóteles y santo Tomás de Aquino halló en ella una base filosófica para orientar el pensamiento cristiano, aunque su interpretación de Aristóteles fuera cuestionada en un principio por las instancias eclesiásticas. En las primeras fases de este redescubrimiento, la filosofía de Aristóteles fue tomada con cierto recelo, en gran parte debido a la creencia de que sus enseñanzas conducían a una visión materialista del mundo. Sin embargo, la obra de santo Tomás acabaría siendo aceptada, continuando más tarde la filosofía del escolasticismo la tradición filosófica fundamentada en la adaptación que santo Tomás hacía del pensamiento aristotélico.

    La influencia de la filosofía de Aristóteles ha sido general, contribuyendo incluso a determinar el lenguaje moderno y el denominado sentido común, y su concepto del "Primer Motor" como causa final ha tenido un importante papel dentro de la teología. Antes del siglo XX, decir lógica significaba en exclusiva hacer referencia a la lógica aristotélica. Hasta el renacimiento, e incluso después, tanto poetas como astrónomos ensalzaron el concepto aristotélico del Universo. El estudio de la zoología estuvo basado en la obra de Aristóteles hasta que, en el siglo XIX, el científico británico Charles Darwin cuestionó la doctrina de la inmutabilidad de las especies. En el siglo XX se ha producido una nueva apreciación del método aristotélico y de su relevancia para la educación, el análisis de las acciones humanas, la crítica literaria y el análisis político.

    No sólo la disciplina de la zoología, sino el mundo del saber en general, parece justificar el comentario realizado por Darwin, quien llegó a afirmar que los héroes intelectuales de su época "eran simples colegiales al lado del viejo Aristóteles".

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    Kurt

     

     

     

     

     

     

     

    Autor:

    Luís Ángel Ríos Perea

    angelleonardo4[arroba]hotmail.com

    2004



    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11


    Artículo original: Monografías.com

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    Las cosas no son lo que parecen ni parecen lo que son

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