La filosofía y su importancia en la educación

    1. Introducción
    2. Importancia de la filosofía en la educación
    3. Consideraciones en defensa de la filosofía
    4. ¿Por qué se debe aprender a filosofar?
    5. ¿Se puede enseñar filosofía?
    6. ¿Desde dónde filosofar?
    7. ¿Cómo debe ser la actitud del estudiante ante la filosofía?
    8. ¿Cuál es el papel del maestro en su quehacer filosófico?
    9. ¿Cuál sería la metodología para "enseñar" al estudiante a filosofar?
    10. La filosofía y la definición de identidad del estudiante
    11. El objetivo central del filosofar: aprender a pensar (pensar por sí mismo)
    12. Consideraciones acerca de la filosofía
    13. ¿Cuál es la definición de filosofía?
    14. ¿Cuál es el objeto de la filosofía?
    15. ¿Qué hace la filosofía?
    16. ¿Qué permite la filosofía?
    17. ¿Para qué sirve la filosofía?
    18. ¿De dónde surge la filosofía?
    19. ¿Qué es filosofar?
    20. ¿Es difícil filosofar?
    21. ¿Cómo se filosofa?
    22. ¿Cuál es el punto de partida de la filosofía?
    23. ¿Qué hace el filósofo?
    24. ¿Sobre qué piensan los filósofos?
    25. ¿Quién es el filósofo?
    26. ¿Quién es un hombre ajeno al mundo de la filosofía?
    27. ¿Por qué filosofamos?
    28. ¿Qué es y cómo se desenvuelve la actitud filosófica?
    29. ¿Cómo se ha visto a la filosofía?
    30. ¿Qué significa hacer filosofía?
    31. ¿Para qué se hace filosofía?
    32. ¿Cómo responde la filosofía a la pregunta por el hombre?
    33. ¿Cuál es el problema central de la filosofía?
    34. ¿Cuáles son los problemas de la filosofía?
    35. ¿Cuál es la pregunta fundamental de la filosofía?
    36. ¿Cómo responden los filósofos a las preguntas quién existe y qué es lo que existe?
    37. ¿Sobre qué recae el saber filosófico?
    38. ¿Sobre qué se ha filosofado?
    39. ¿Qué es la razón?
    40. ¿Cuáles son las diferencias entre los dos grandes sistemas filosóficos?
    41. ¿Existen oposiciones entre el positivismo y el marxismo?
    42. ¿Cuáles son las diferencias entre el método metafísico y el método dialéctico?
    43. ¿Existen oposiciones entre metafísica y dialéctica?
    44. ¿En qué se distingue la filosofía de las demás ciencias?
    45. ¿Cuál es la diferencia entre ciencia, ideología y filosofía?
    46. Principales corrientes o escuelas filosóficas
    47. Métodos de la filosofía



    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11




    DEDICATORIA

    Aunque las resplandecientes luces que iluminaron sus prolíficas existencias ya se apagaron, dedico este modesto texto a Pitágoras, Heráclito, Parménides, Sócrates, Platón, Aristóteles, Bacon, Descartes, Locke, Kant, Hegel, Marx, Comte, Nietzsche, Sartre, entre otros, cuyos geniales e inquietos espíritus aún viven entre nosotros.

    ACLARACIÓN

    El presente texto no tiene pretensiones de originalidad ni contiene los más novísimos planteamientos de filosofía o de su didáctica. Su modesta intención no va más allá de tratar de resaltar la importancia de la filosofía en la educación y de ofrecer algunas nociones elementales sobre tan apasionante rama del conocimiento humano.

    Sin "dármelas" de filósofo (filósofo Sócrates, Platón, Aristóteles, Descartes, Locke, Leibniz, Kant, Hegel, Marx, Nietzsche, Sartre, etc.), luego de haber obtenido mi licenciatura en filosofía y letras, me dediqué con cierto empeño a consultar textos y a dialogar con profesores de filosofía, con el ánimo de elaborar un documento en donde quedaran consignados algunos aspectos que, a mi juicio, considero de interés, para rescatar el valor de la filosofía y su importancia en la formación de los estudiantes.

    Con el propósito de imprimirle relativa "autoridad" al texto, reiteradamente acudí a planteamientos de auténticos filósofos, profesores de filosofía, pedagogos y otros intelectuales, no por falta de criterio propio, sino porque el escrito requiere del sustento filosófico y pedagógico que poseen los autores consultados y del cual carezco yo como profano de un saber tan amplio y complejo como lo es la filosofía y su didáctica.

    Queda, pues, a consideración de los amables lectores para que lo cuestionen, controviertan, actualicen o modifiquen, y, posiblemente, complementen sus saberes sobre tan grandioso tema. Así como muchos de los autores y profesores consultados aceptan que no tienen la última palabra al respecto, soy consciente que mi escrito será apenas un breve esbozo del gran caudal de conocimientos que debemos adquirir si en realidad queremos desempeñar con responsabilidad e idoneidad la tarea como "profesores" de filosofía.

    INTRODUCCIÓN

    "Querer saber, querer pensar: eso equivale a querer estar verdaderamente vivo".

    Fernando Savater.

    Como persona inquieta por el saber filosófico y consciente de su inconmensurable importancia para el mejoramiento de la calidad de vida, he realizado una amena y apasionante labor "investigativa" en este vasto campo. Fue así como surgió la idea de escribir un texto en donde me propongo, sin mayores pretensiones, resaltar su importancia en la educación y acercarme un poco al fascinante y complejo mundo de la filosofía.

    Mi paciente labor me llevó a estudiar, leer, pensar y razonar filosóficamente. Esa tarea permitió que entrara en contacto con profesores y libros de filosofía, quienes me hicieron valiosos aportes para emprender la quijotesca aventura de escribir un texto (que en ningún momento pretende "dárselas" de original) para tratar de entusiasmar a las personas por el estudio de la filosofía, especialmente a los jóvenes.

    El texto, que tiene una intención didáctica, consta de dos partes. La primera la dedico a destacar la importancia de la filosofía en la educación, tratando de motivar a los estudiantes para que ingresen en el universo de la filosofía como una manera auténtica de pensar crítica y reflexivamente. En la segunda, tomando apartes de diversos textos, intento una aproximación a la filosofía, explicando qué es, cuál es su objeto, para qué sirve, etc.

    Esta especie de "diálogo" con los filósofos y una profunda reflexión sobre el vasto horizonte de la filosofía me permitieron solazarme en la grata experiencia del saber y del quehacer filosófico. Fueron grandiosos los aportes de los libros consultados; algunas frases, párrafos e ideas las tomé de manera textual y de otras me "apropié". Muchos aspectos de interés los complementé con mis reflexiones y otros los confronté con mis inquietudes filosóficas y con las de otros autores. Todo ello buscando el dinamismo del texto para que el amable lector pueda encontrar orientaciones para adentrarse en el asombroso mundo de la filosofía.

    Es importante destacar la influencia de Fernando Estrada Gallego, Fredy Salazar Panigua, Olga Lucía Celis Salazar, Blanca Inés Prada Márquez, Reinado Suárez Díaz y Diana Uribe Forero, brillantes filósofos; y agradecer a mis maestros de filosofía de la Universidad Santo Tomás, por su valioso aporte personal y de sus textos. Asimismo, expreso mi más sincero reconocimiento al profesor Jorge A. Deháquiz M., ya que el contenido de su libro "¿Enseñar Filosofía o Aprender a Filosofar?", publicado por la editorial ASED, de Bucaramanga, en 1995, orientó parte de mi labor y me vi en la necesidad de "adueñarme" de algunas de sus ideas, planteamientos y hasta de ciertos párrafos.

    PRIMERA PARTE

    ¿Qué puede pues guiar a un hombre? Una única cosa, la filosofía. Marco Aurelio.

    IMPORTANCIA DE LA FILOSOFÍA EN LA EDUCACIÓN

    1. ¿CUÁL ES EL VALOR DE LA FILOSOFÍA Y POR QUÉ DEBE ESTUDIARSE?

    Antes de entrar a determinar cuál es su valor y por qué debe estudiarse, es procedente presentar algunas de las múltiples objeciones en contra de su "enseñanza" y del quehacer filosófico en general, porque son muchos sus detractores, debido a que la consideran como una especulación inútil, "sin oficio ni beneficio". Luego de conocerlas, procederé, con la ayuda de grandes intelectuales, docentes de filosofía y defensores de ésta, a demostrar por qué es importante la filosofía y por qué es necesario aprender a filosofar. Comencemos, pues, con las objeciones, las cuales merecen ser revisadas con conciencia crítica, porque muchas de ellas podrían tener relativo fundamento.

    Objeciones en contra de la filosofía

    Muchos no son partidarios de la enseñanza de la filosofía ni del filosofar, debido a los (¿aparentemente?) escasos resultados prácticos que se obtienen de esta actividad tan "extraña" y compleja. Fernando Savater, defensor de la "enseñanza" de la filosofía, sostiene que los detractores de la filosofía dicen que no sirve. La falta de motivación por este quehacer podría estar fundada en el hecho de pensar (¿y constatar?) que la filosofía no prepara al estudiante para desarrollar una actividad lucrativa, tal como sí lo hacen otros saberes útiles que ofrecen algunas ciencias y la tecnología. Lo inútil no sirve, tal como lo reconoció Goethe en su "Fausto", cuando afirmó que "lo que no presta utilidad, es un trasto inútil; ¡sólo presta servicio aquello que, cuando se necesita, se tiene!". Así, nuestro contexto capitalista, bajo el imperio del dinero, no sería escenario propicio para la reflexión filosófica, porque el acelerado avance científico y tecnológico incrementa el consumismo que sólo se satisface con dinero. "El vulgo se satisface con el oropel y el éxito", sentenció Nicolás Maquiavelo.

    El impresionante y necesario avance del saber científico y de su brazo armado (la tecnología) sería una "realidad" aparente de que lo práctico se imponga sobre lo teórico, lo concreto sobre la especulación. Esta "invisible" apariencia nos muestra una evidente y patética realidad: debemos ser más pragmáticos, buscar lo práctico, lo útil, lo rentable, lo que produzca dinero, máxime si ésta es una sociedad capitalista, cuyo Dios es el Todopoderoso Dinero. "La filosofía ni salva ni resucita sino que sólo pretende llevar hasta donde se pueda la aventura del sentido de lo humano, la exploración de los significados".1 Gracias a ella alcanzamos la magnanimidad. La filosofía "consiste en ampliar el campo de la visión mental, en concentrarse en ideas elevadas y cuestiones sublimes, en abandonar la mentalidad pueblerina para contemplar el vasto mundo de que somos ciudadanos".2 La filosofía interesa a quienes tienen vocación filosófica. Tal como lo plantea el filósofo estadounidense Lou Marinoff, en su libro Más Platón y menos Prozac, el intercambio de ideas es un valioso lujo (pese a no figurar en los listados de cotización de Wall Street) y es gratis en casi todos los casos, y aclara que los cafés filosóficos están devolviendo a la filosofía su cometido original de proporcionar alimento al pensamiento de las personas en la vida cotidiana animándolas a profundizar en su vida. En nuestro contexto, dominado por el poder la de la ciencia y la tecnología, filosofía y práctica son dos palabras que no suelen vincularse, pero lo cierto es que la filosofía siempre ha proporcionado herramientas para que la persona se enfrente a los problemas prácticos de la vida cotidiana.

    Para quienes no tienen el don de la reflexión profunda, el fenómeno de la globalización es un hecho tangible, evidente y palpable que nos debe convencer que lo práctico debe imponerse, debido a que somos una "aldea global" que necesita "ver" más allá de nuestro entorno para buscar el progreso económico y el desarrollo en diversos tópicos de la cotidianidad, dentro de los cuales es muy importante el revolucionario universo de las comunicaciones.

    "¿Para qué filosofar?", preguntan algunos detractores de la filosofía. "Con hambre no se puede filosofar", advierten otros. Veamos en qué fundamentan sus inquietudes. Con escasas excepciones, los grandes filósofos nacieron, vivieron y filosofaron en el seno de familias adineradas, poderosas o allegadas al poder político, económico o religioso. En el libro "Clásicos del Pensamiento Resumidos", de Rafael Méndez, encuentran evidencias para sustentar parte de este aserto.3 Heráclito "era miembro de una familia real y por tanto destinado al ejercicio del poder…" Platón era "miembro de la más alta nobleza…" Séneca "participó en la corte de los emperadores…" Santo Tomás de Aquino "era hijo del conde Landolfo de Aquino… nació en el Castillo de Roccasecca…" Francis Bacon "…fue nombrado canciller de Inglaterra y obtuvo el título de barón de Verulam". Maquiavelo pertenecía "a una excelente familia de la burguesía toscana…" Descartes "era hijo de una familia de renombre…" Tomás Hobbes "buena parte de su vida intelectual la dedicó a sus labores como preceptor de la nobleza". John Locke era el hombre de confianza de "Lord Asheley, conde de Shaftesbury, consejero plenipotenciario de Carlos II…" Por su parte, el Diccionario Filosófico, de Editorial Panamericana, dice que Aristóteles "fue amigo de Amintas II, rey de Macedonia… Fue preceptor de Alejandro Magno a solicitud de Filipo de Macedonia". Arthur Schopenhauer perteneció "a la alta burguesía de su país; su padre era un rico comerciante y su madre una culta novelista". Paul Henri Holbach pudo dedicarse por completo al estudio de la filosofía gracias a "su título de barón y su sólida estabilidad económica". Friedrich Engels era "hijo de un industrial…" Claude Henry de Saint-Simón pertenecía "a la nobleza…" Marco Aurelio fue "emperador romano de la dinastía de los Antoninos…" Así, muchos otros filósofos procedían de familias con gran poder económico o político. Esto es evidente, pero la filosofía satisface el "hambre de verdad" mas no el hambre comer. Sólo quienes tienen "hambre de verdad" y se preguntan por la dinámica real, son partidarios de la filosofía.

    Como autodidacto "consagrado" y como "filósofo profesional", egresado de una de las más prestigiosas universidades del mundo (Santo Tomás) e inmerso en una cultura profundamente influenciada y dominada por el poder del dinero, en los albores del siglo XXI, debo aceptar provisionalmente que el quehacer filosófico (no la filosofía) no produce dinero (el amo y señor en muchas circunstancias), pero sí genera un valioso "capital" y mucha riqueza espiritual en el auténtico sentido filosófico de la palabra. Como, desgraciadamente el dinero es la llave que "abre" muchas puertas del degradado contexto en donde se desenvuelve mi cotidianidad, necesito éste para sobrevivir y para que sobreviva y se eduque mi familia, el filosofar sólo me aporta satisfacciones espirituales, incrementa mi amor por el conocimiento y la sabiduría, me fortalece éticamente, me permite entender la política, satisface mi necesidad de saber y comprender, me ayuda a encontrar sentido a la vida, me permite percibir, interpretar y sistematizar la realidad de manera coherente, desarrollar y fortalecer mi conciencia crítica, pero no me aporta dinero. ¿Qué se puede hacer para sobrevivir (alimentarse, vestirse y educarse) sin dinero?

    ¿Ante el abrumador poder del dinero puede resultarnos de utilidad económica filosofar? Muy poco. Los grandes filósofos nunca fueron pobres económicamente. No filosofaron desde, entre y dentro de la miseria económica. Pero, si bien es cierto que el filosofar no es lucrativo, no podemos desistir de tan asombroso y maravilloso quehacer. A pesar de que para el filósofo no hay actividades "prácticas" que le generen dinero (como profesor hay pocas oportunidades), la filosofía ha tenido, tiene y tendrá un espacio en la educación como cualquiera otra materia académica. Así como en la educación de nuestro entorno se imparten otros saberes (muchos de ellos poco lucrativos), la filosofía debe conservar y fortalecer su lugar. Las matemáticas, la religión, la historia, la geografía, entre otras asignaturas, ¿son realmente lucrativas? ¡No! Es posible que la informática y la , sí. Pero el estudiante no se puede convertir sólo en una máquina productiva, también debe humanizarse. ¿Cómo se humaniza? Con la ayuda de la filosofía, aprendiendo a filosofar. Los detractores de la filosofía es necesario que recuerden las palabras del filósofo Frincis Bacon: "No se han de estimar inútiles aquellas ciencias que no tienen uso, siempre que agucen y disciplinen el ingenio". La filosofía agudiza y disciplina el ingenio.

    Como una salida a semejante encrucijada, temporalmente es conveniente proponer que el estudiante aprenda cosas "prácticas", con el apoyo de la filosofía. "Primero trabajar, luego filosofar", parece ser la divisa. Pero lo ideal debería ser lo contrario: primero filosofar, luego trabajar; es decir, primero ser y después hacer para tener. En nuestro entorno capitalista y en un mundo globalizado, dominado por la política, la ciencia, la tecnología y el avasallante poder del dinero, pareciere no haber espacio para ideales. "Primero comer, después reflexionar" es la ley. Proponer lo contrario, sería iluso. El filósofo es consciente de ello, porque la filosofía, en lugar de alejarlo, lo acerca profundamente a la realidad y lo sitúa en ella. El arrollador poder del capitalismo tiene su ley: primero el dinero, después la humanización. Primero conseguir dinero que ser persona. El filosofar nos convierte en auténticas personas, pero esa no es la ley del capitalismo. ¿Qué se puede hacer? Quienes filosofamos somos pocos, muchos los poderosos por la influencia del dinero. El dinero manda y da poder, y el poder es para "poder".

    El quehacer del docente de filosofía involucra la actividad de procurar que el estudiante comprenda que, si bien es cierto que en nuestro contexto, el filosofar no es lucrativo materialmente, aprenda a filosofar como una forma de humanizarse, porque muy poco le aportarán los conocimientos "prácticos" si el influjo del dinero (¿corruptor?) lo despersonaliza.

    Los detractores de la filosofía han llegado al extremo de ridiculizarla y menospreciarla de tal manera hasta proponer que es útil… para asaltar bancos. Tibor Fischer, en su novela Filosofía a mano armada, presenta a un profesor de filosofía, fracasado y borrachín, planeando y asaltando bancos según pautas de algunos sistemas filosóficos. "Como método para atracos los sistemas filosóficos se muestran en la novela mucho más útiles de lo que suelen ser en otros campos".4 La civilización islámica también concibe la filosofía como algo poco práctico, a juzgar por un pasaje de la novela Ekkehard, del escritor alemán Josef Viktor von Scheffel, publicada en el siglo XIX. Un musulmán preguntó a otro qué era filosofía, ante lo cual obtuvo como respuesta que "cuando alguien no sabe por qué está en el mundo y se le mete en la cabeza saberlo" es lo que en Occidente se llama filosofía. El otro, con un sentido más práctico, observó que "el que tiene una espada en la mano y un caballo entre sus piernas, ése sí sabe por qué está en el mundo".

    Lo que desconocía este musulmán era que las ideas y los dogmas de El Corán (el libro sagrado de los musulmanes) y la imposición de estas doctrinas alienatorias fueron la base de la civilización islámica que se convirtió en imperio sometiendo a los demás con el poder de la espada. "La pluma es famosa por ser inmensamente más poderosa que la espada, y el poder de las ideas (de las doctrinas) sobrevive a la autoridad de los gobiernos. Ni siquiera los mayores imperios, al depender del poder de la espada, pueden durar para siempre. Los poderes espiritual e ideológico son más fuertes a largo plazo", precisa el filósofo Lou Marinoff, en su libro "Más Platón y menos Prozac".

    Muchos han llegado al extremo de "profetizar" el fin de la filosofía. Así lo planteó el filósofo Augusto Comte en el siglo XIX, porque lo que éste llamaba la etapa metafísica había sido superada por la etapa positiva, en la que la filosofía viene a ser reemplazada por las ciencias positivas. Y desde Comte se sigue "hablando" del fin de la filosofía. Sin embargo, la filosofía sigue y seguirá muy viva. Algunas formas de filosofar es posible que tengan un fin. "Se puede hablar, por ejemplo, de un fin del cartesianismo, de lo que se ha llamado la metafísica de la subjetividad; hay un fin de la metafísica de la subjetividad como hay un fin del platonismo… De manera que podemos hablar de un fin del platonismo, de un fin de la metafísica de la subjetividad, pero no de un fin de la filosofía", aclara el filósofo Danilo Cruz Vélez en una entrevista publicada en INTERNET.

    El humanista Desiderio Erasmo de Rótterdam considera que las posturas filosóficas tradicionales y que antecedieron a su tiempo (doctrina escolástica-aristotélica) son disquisiciones vacuas e insostenibles, porque no son una filosofía vital. Los filósofos tradicionales "no saben nada, pero afirman que lo saben todo; no se conocen a sí mismo, a veces no logran darse cuenta de los hoyos o de las rocas que tienen delante, porque la mayoría están en las nubes. Y, sin embargo, proclaman con orgullo que ven bien las ideas, los universales, las formas separadas, las materias primeras, las quididades, las haeccitates, todas estas cosas tan sutiles que ni siquiera Linceo, en mi opinión, lograría penetrar con su mirada", señala mordazmente en su "Elogio de la Locura".

    El antagonismo hacia los filósofos, muchas veces injustificadamente incomprendidos y vilipendiados, podría radicar en su dialéctica y en su poderoso arsenal de preguntas complejas con muy pocos resultados prácticos en sus respuestas. Además, por ser acusados de charlatanes, ilusos, pedantes, pomposos, inútiles, irreverentes, hipócritas y egocéntricos. "Aunque haya mucho de exageración y de generalización injusta en estas acusaciones es preciso aceptar que no carecen en buena parte de razón", aclara un profesor de filosofía: Fernando Savater. Así se critique a los filósofos por sus términos aparentemente abstractos, incomprensibles, obsoletos y extranjeros, es necesario comprender que "filosofar es una tradición antigua y ciertos términos son aportaciones muy valiosas que nos permiten pensar a partir de lo ya pensado y no empezar a cada momento desde cero".5 El filósofo Jorge Restrepo Trujillo, en su libro Filosofía para profanos, plantea que los problemas, la terminología y los supuestos de la filosofía con frecuencia son motivo de distanciamiento de las personas comunes y corrientes, y aclara que, como en otras ciencias, así tiene que ser; pero reconoce que eso impone un esfuerzo de vulgarización, en la acepción noble del término, y de difusión de preocupaciones que, para aspirar a su validez universal, deben llegan hasta las conciencias menos favorecidas.

    A pesar de que algunos términos son confusos, la filosofía debe distinguirse por su lenguaje original y específico, ya que no se trata de saberes esotéricos ni exotéricos, sino de conocimientos especializados. "Los filósofos son famosos por sus vocabularios privados. Por su puesto, hay algunas palabras que tienen una reputación tradicional en filosofía. Aunque estas puedan no ser usadas por todos los escritores en el mismo sentido, son, sin embargo, palabras técnicas en la discusión de ciertos problemas. Pero los filósofos, a menudo, encuentran necesario acuñar nuevas palabras o tomar alguna palabra de uso común y convertirla en una palabra técnica. Esta última conducta corre el riesgo de resultar muy engañosa para el lector que supone conocer qué es lo que la palabra significa, y por consiguiente, la trata como una palabra común".6 Restrepo Trujillo advierte que la filosofía ha tenido que distinguir entre un auditorio especializado y la gente común, razón por la cual debe propenderse por una instancia pedagógica que los comunique, para evitar que este saber no sea más que una especulación científica importante.

    Quienes afirman que la filosofía es inútil, también deberían afirmar lo mismo de la religión (por citar sólo un respetuoso ejemplo), a la cual generalmente defienden (sin saber en realidad por qué) y siguen con mucha "fe". Si tenemos en cuenta que la religión tiene más seguidores que la filosofía, serían muchos los que estarían bajo la influencia de algo baladí, y peor aún: movidos "espiritualmente" por doctrinas y dogmas inútiles y, además, profundamente alienadoras y masificadoras, ya que la religión (no importa cuál) contiene esos dos elementos despersonalizantes. Por comodidad y pereza mental un gran "rebaño" prefiere creer, debido a que no le cuesta ningún esfuerzo mental ni académico; en cambio, filosofar implica razonar, dialogar, estudiar, buscar, observar, refutar, controvertir, analizar, cuestionar, criticar, investigar, trabajar, dudar, curiosear, asombrarse, es decir, pensar, y pensar es difícil y a muchos no les agradan las cosas difíciles. Vivir y pensar como el rebaño es cómo, pensar es incómodo. Salir del rebaño requiere "arriesgarse". Sigmund Freud, en este sentido nos dice que la oposición al rebaño, el cual rechaza todo lo nuevo y desacostumbrado, supone la separación de él y es, por lo tanto, temerosamente evitada. El mundo moderno está más interesado en las respuestas que en los procesos de pensamiento que hay tras la respuesta. Este estilo de vida impide al hombre percatarse de su triste condición humana, de su falta de libertad. No puede desarrollar y fortalecer su conciencia crítica. ¡Eso sí, hay que reconocerlo: la filosofía es una ciencia difícil! Requiere esfuerzos. "Nada importante es regalado al hombre; antes bien, tiene él que hacérselo, que construirlo", sentenció el filósofo José Ortega y Gasset. La filosofía comienza exigiendo un esfuerzo, continúa exigiendo más esfuerzos y termina exigiendo más esfuerzos. Donde casi todo se pone siempre en tela de juicio, donde no rige ningún supuesto ni método tradicional, donde hay que tener siempre ante los ojos los complejísimos problemas de la ontología, el trabajo no puede ser fácil. El estudio de la filosofía requiere de un esfuerzo continuo para analizar, interpretar y explicar de una manera lógica las creencias y valores humanos.

    Si la filosofía no produce dinero, tampoco lo hace la religión. En nombre de la filosofía no se han cometido tantas tropelías y vejaciones; en nombre de la religión, muchas a través de su intolerancia, su dogmatismo, su mesianismo, su fundamentalismo y su fanatismo. Aquí no se trata de defender la filosofía por defenderla simplemente, sino para que se le "haga justicia" a la hora de valorarla y se piense antes de tratar de proscribirla por el simple hecho de incomodar a las mentes adormecidas y tratar de alejar a las personas del "rebaño".

    Nuestra realidad exige que pensemos profundamente. Pero, ¿qué significa pensar? Meditar. Razonar. Reflexionar. Pensar es un volver sobre las cosas. El volver sobre las cosas supone antes un partir de las cosas. El origen del filosofar está en el partir de las cosas. Para pensar es necesario partir de la vida cotidiana, para pensar desde afuera. Si pretendemos pensar, debemos separarnos de la cotidianidad. Para filosofar es necesario salirnos del mundo de la cotidianidad. Para entender la filosofía hay que romper con el mundo cotidiano. El que quiera aprender a filosofar debe empezar por tomar conciencia de lo cotidiano y lentamente empezar a romper con ello. Para el que vive perdido en el mundo de la cotidianidad, el filosofar no tiene sentido, y no lo tiene porque no piensa.

    A propósito, ¿qué es cotidianidad? Jaime Rubio Angulo, profesor de la Universidad Santo Tomás, sostiene que la cotidianidad es, ante todo la organización diaria de la vida, la repetición y reiteración de las actividades. En lo cotidiano las cosas, las acciones, las personas, los movimientos y toda circunstancia ambiental son datos que se aceptan como algo conocido. La cotidianidad es una especie de tiranía de un poder impersonal, anónimo, que impone a cada persona su comportamiento, su modo de pensar, sus gustos, su protesta.

    ¿La filosofía puede resolver la crisis actual? Puede intervenir en la crisis, pero no resolverla. ¿Pero qué es lo que está en crisis: la ciencia, la técnica o la política? Según el filósofo colombiano Danilo Cruz Vélez, lo que está en crisis en el mundo actual no es la ciencia, la técnica o la política; "lo que está en crisis en el mundo actual es el mundo".7 ¿Pero cuál mundo? "El horizonte de la vida humana –responde Cruz Vélez- constituido por un sistema de seguridades que le permiten al hombre establecer relaciones firmes y claras con la realidad y orientarse sin titubeos respecto a sus tareas y sobre el modo cómo debe obrar".8 El hombre en este contexto "no sabe a qué atenerse respecto a las cosas y al prójimo, ni sabe qué es lo que debe hacer ni cómo debe comportarse".9 El hombre busca una salida a este mundo en crisis a través de la filosofía, porque dicha salida no puede encontrarse en la ciencia, la técnica o la política. A pesar de que el Positivismo pretenda considerar a la filosofía como un estado del espíritu humano ya superado por las ciencias positivas o fácticas, la salida a la crisis le incumbe exclusivamente a la filosofía. (Positivo quiere decir cierto, efectivo, verdadero y que no ofrece duda). "En la superación de una crisis histórica obran otras fuerzas, algunas de las cuales son totalmente desconocidas. Pero mediante una reactivación de sus viejas preguntas por el ser del hombre y de su mundo peculiar, por el ethos, por el ser de la historia, por el ser de la comunidad y del Estado, etc., que parecen haber caído en el olvido, la filosofía podría esclarecer algunas dimensiones esenciales de la crisis y ayudarle al hombre actual a ver con claridad en el túnel oscuro en que se encuentra y a mirar en la dirección hacia un nuevo mundo".10 El saber filosófico y su quehacer, arraigados desde hace tanto tiempo y con tan buenos resultados, no pueden desconocerse a la hora de buscar soluciones concretas a cualquier crisis que involucre al ser del hombre.

    Pero para esta tarea la filosofía, cuyo final pregonan ciertos "filósofos", tendrá que repensarse y reflexionar sobre sí misma, regresando a su figura originaria, tal como lo propone Cruz Vélez. "¿Regresando de dónde? De los campos de las diversas ciencias particulares surgidas de su propio seno, con las cuales ha tenido siempre la tendencia a confundirse".11 Reflexionar sobre sí misma implica su purificación, volver a su mismidad. Reflexionar sobre la justicia, sobre el Estado y sus diversas formas de gobierno, sobre la ley el derecho, sobre las relaciones entre individuo y Estado, como lo propuso Platón en La República, quien trató de unificar el poder político y la filosofía. A pesar de que desde Platón hasta el presente muchas cosas han cambiado, todo, estructuralmente, es lo mismo. En este ámbito solamente los filósofos pueden ejercer adecuadamente la función de afanarse, "por medio del pensar constructivo y de la crítica, en torno al ser de todo lo humano y en torno de las condiciones esenciales de la posibilidad de una coexistencia de los hombre concorde con el ser del hombre".12 Así, la filosofía sería teoría y praxis. No se ocuparía sólo de interpretar el mundo, sino de transformarlo, como reclamaba Marx. Los filósofos no sólo serían meros observadores; también se convertirían en pensadores de acción, en guardianes diligentes respecto al ser concreto del hombre.

    En nuestro contexto, para las personas carentes de conciencia crítica y que tienen un espíritu utilitario, la filosofía está en crisis. "Actualmente, muchos hablan de una crisis de la filosofía, de la superación de las fronteras ideológicas y del establecimiento de una imagología, del poder de la imagen para seducir a la opinión pública y así alcanzar determinados fines políticos, económicos, sociales y culturales. Se proclama el triunfo de lo pragmático sobre lo teórico. La vida es practicidad ante todo, porque el hombre contemporáneo se desenvuelve en una cotidianidad que le exige un máximo de eficiencia y de rendimiento. Lo ideo-filosófico pasa a un segundo plano, especialmente porque la actividad teorética se ve envuelta, de continuo, en una serie de planteamientos antagónicos, contradictorios, excluyentes entre sí, causando en el gran público confusión y desorientación".13 La crisis de la filosofía sólo está en la mente de quienes reducen a la consecución de sucedáneos como el poder, el éxito, el placer por el placer, la fama… El quehacer filosófico muestra que éstos producen satisfacción momentánea, no una existencia auténtica, una vida profundamente vivida.

    Una gran parte de la inmensa cantera de donde se extraen las rocas que pretenden obstaculizar el devenir filosófico se encuentra, a demás de la modernidad y la postmodernidad, en la afirmación marxista que los filósofos no han hecho sino interpretar el mundo de diferentes maneras, lo que importa es transformarlo. "El activismo irresponsable de hoy no puede privar al hombre del desarrollo de una de sus dimensiones constitutivas, la racionalidad. Al docente y al estudiante de filosofía de hoy les corresponde recuperar, en este contexto adverso, a la razón como instrumento social de creación, tal como lo definió Kant. Esta recuperación comienza cuando se generan en el alumno procesos de pensamiento más allá de lo obvio, cuando se efectúan construcciones intelectuales del alto nivel y cuando se da el paso decidido de un estar ingenuo frente a las cosas; estar en el que el individuo cree saberlo todo y se siente seguro ante aquello que se le aparece porque le incumbe en cuanto lo usa; estar dominado por la opinión, a un estar consciente, crítico-reflexivo, productor de un nuevo conocimiento y de un nuevo comportamiento ético-existencial y ético-intelectual de la persona en el mundo, como lo describe magistralmente Platón en la Alegoría de la Caverna".14

    En este mundo donde el hombre tiene prisa por llegar, no se sabe adónde, pero cuanto antes; que no vive de acuerdo a como piensa; que no sabe dónde está, para dónde va y qué es lo que quiere; que ignora que vivir no sólo es estar en el mundo, y que no es coherente con lo que piensa, siente y hace, si se interesa por la filosofía, no se perderá en la oscuridad del desmedido afán por el dinero. Goethe, en Los sufrimientos del joven Werther, nos dice que la vida del hombre es sólo un sueño, y los hombres, como los niños, no saben de dónde vienen, para dónde van, ni persiguen fines verdaderos, y sólo dan tumbos por esta tierra.

    El periodista colombiano Andrés Salcedo afirma, con relativo fundamento, que "las únicas respuestas serias y confiables no las han dado los filósofos sino los matemáticos y astrofísicos como Stephen Hawking. Los grandes filósofos de nuestro siglo (XX) son los físicos atómicos, los astrónomos, los neurólogos. Sus respuestas son más claras y esclarecedoras que los complicados enunciados de los filósofos en las universidades. Uno de estos profesores podría leer y explicar la filosofía de Kant pero sería incapaz de aclararle a un joven neurotizado por un entorno patológico lo que es la vida porque no lo saben. Los filósofos occidentales han dejado de hacerse preguntas, son incapaces de calmar la angustia de la sociedad cultural".15 El psicoanalista francés Oreste Saint-Drome se pregunta si puede un filósofo responder directamente a una sola de las preguntas que nos asaltan en nuestra vida cotidiana. "El método científico se aplica a todo y a todo, especialmente a la sociedad. Fuera los aficionados y los charlatanes; sitio par los especialistas y los expertos… Platón y Santo Tomás al armario. La política se inspira en Newton y en Darwin".16 La filósofa Matilde Niel llama la atención porque el desarrollo de la tecnología ha hecho surgir la moralidad tecnológica, cuyas virtudes son la investigación aprovechable, la sujeción a la necesidad de producción y rendimiento, el interés por la cantidad y la eficiencia. En esta moralidad los nuevos pecados mortales son la investigación desinteresada, el arte, la poesía y el pensamiento filosófico, entre otras manifestaciones humanizantes. El catedrático Roubault, de la Universidad de Nency, Francia, alardea de su desprecio por las ciencias humanas. "Lo que ante todo se necesita son auténticos matemáticos, físicos, químicos, biólogos, geólogos, y nada más. Lo demás es sólo palabrería estéril y peligrosa".17 Se dice que los filósofos se interesan en saber más que nadie de todo lo imaginable aunque en la realidad no son más que charlatanes amigos de la vacua palabrería. "Y entonces, ¿quién sabe de verdad lo que hay que saber sobre el mundo y la sociedad? Los científicos, los técnicos, los especialistas, los que son capaces de dar informaciones válidas sobre la realidad".18

    A juzgar por el crudo materialismo que impera en nuestra sociedad capitalista, ávida de tecnología, inventos y descubrimientos de interés para incrementar el consumismo, es posible que estas objeciones no estén tan distantes de la realidad. Pero no se puede desconocer que brillantes científicos del siglo XX, como Neils Bohr, Ernest Rutherford y Albert Einstein (por citar solamente éstos), para poder formular sus teorías, primero debieron haber leído a los grandes filósofos como Platón, Aristóteles, Francis Bacon, René Descartes, John Loche, David Hume, Inmmanuel Kant y Augusto Comte, entre otros, fundamentadores y teóricos del conocimiento científico. Posiblemente algunos científicos no son filósofos de oficio, pero esto no implica que no sepan filosofar. Los científicos también saben filosofar, así no sean filósofos. Los buenos científicos, para controvertir a los filósofos, primero los deben leer y entender. El filósofo José Ortega y Gasset en su Rebelión de las masas nos recuerda que Einstein necesitó saturarse de Kant y de Mach para poder llegar a su aguda síntesis, y que Kant y Mach -con estos nombres se simboliza sólo la masa enorme de pensamientos filosóficos y psicológicos que han influido en Einstein- sirvieron para liberar la mente de éste y dejarle la vía franca hacia su innovación. La importancia de Einstein para la filosofía es indudable, puesto que de sus descubrimientos resultó una nueva concepción del universo. Galileo Galilei para rebatir las ideas aristotélicas que imperaban en su tiempo retomó la filosofía de Pitágoras, Platón y Arquímedes. La obra newtoniana no se comprende sin el aporte de la influencia del naciente liberalismo y el surgimiento del empirismo. El discurso científico, por ser contrastable internamente, de acuerdo con los profesores del Gimnasio Moderno de Bogotá, Carlos Cardona S. y Uriel A. Cárdenas, la ciencia y la filosofía se enriquecen con el debate, sin el cual no podrían existir, debido a que son una actividad crítica. El debate y la crítica conforman el eje central del filosofar.

    Consideraciones en defensa de la filosofía

    Luego de este panorama un poco desalentador y pesimista (durante el cual casi me lleno de pesimismo), me dispongo por mi cuenta y riesgo, con todos mis ímpetus de filósofo y en compañía de expertos, a aventurarme por el abrupto sendero de las dificultades que implica "predicar en el desierto", sorteando las anteriores y otras objeciones, en procura de "defender" el singular arte de filosofar en la educación y en los quehaceres cotidianos, por cuanto la filosofía no es una herramienta del consumismo para "hacer plata", sino una "caja de herramientas" útiles para la construcción de proyectos de vida individual y colectiva que nos permitan una mejor comprensión de la realidad en búsqueda de una existencia auténtica. "La filosofía tiene dos dimensiones complementarias y distintas: una es su actividad específica, el filosofar; otra, el conjunto de planteamientos, doctrinas o sistemas filosóficos que se han venido elaborando desde su inicio en Grecia. Adentrarse en la filosofía significa a la vez saber y hacer filosofía. Sabe filosofía quien conoce a los filósofos y lo que ellos han dicho. Hace filosofía quien reflexiona sobre el sentido de la realidad, quien filosofa".19

    Quienes se oponen a la enseñanza de la filosofía, desconocen su importancia en esta sociedad materialista que pretende dejar la solución de los más apremiantes problemas a la ciencia; ciencia que algunas veces, viciada por ciertas circunstancias, es puesta al servicio de intenciones fútiles y utilitarias. La utilidad de la filosofía "es negada por el tecnócrata, por el hombre práctico; y sin embargo, cada época conoce filósofos y filosofías que ejercen una real fascinación e influencia".20

    Para no fracasar en la intención de relevar el valor de la filosofía, el filósofo británico Bertrand Russell, en su libro Los Problemas de la Filosofía (citado por Antonio Cardona Londoño y Young Seek Choue, en el libro La Ciudadanía Mundial), plantea que primero debemos liberar nuestras mentes de los prejuicios de quienes erróneamente se denominan hombres prácticos, y define a este pipo de hombre como "aquel que reconoce únicamente necesidades materiales, que se da cuenta de que los hombres deben disponer de alimento para el cuerpo, pero no recuerda la necesidad de suministrar alimento para el espíritu".21 El poeta José Asunción Silva, en su novela De Sobremesa, a través de su personaje José Fernández reconocía que los hombres prácticos le inspiraban la extraña impresión de miedo que produce lo ininteligible. "…un hombre práctico es el que poniendo una inteligencia escasa al servicio de pasiones mediocres, se constituye en una alternativa vitalicia de impresiones que no valen la pena sentirlas". De la concepción del "hombre práctico" se genera la sociedad anónima para la producción de la vida de emociones limitadas…

    De una falsa concepción de la vida, según Bertrand Russell, y en parte de una falsa concepción de la especie de bienes que la filosofía se esfuerza en obtener, surge la posición de que muchos, "bajo la influencia de la ciencia o de los negocios prácticos, se inclinan a dudar que la filosofía sea algo más que una ocupación inocente, pero frívola e inútil, con distinciones que se quiebran de puro sutiles y controversias sobre materias cuyo conocimiento es imposible" (Los Problemas de la Filosofía)

    Muchos piensan equívocamente que hablar de filosofía es referirse a un tema totalmente abstracto, dominado sólo por unos pocos; por eso la consideran una pérdida de tiempo y de energía. ¡Cuán equivocados están! Pareciere que "para la mayoría de la gente la filosofía está ausente de sus preocupaciones, de sus estudios, de su vida".22 Algunos consideran que su enseñanza es más procedente en la universidad que en el otrora bachillerato, hoy día educación básica secundaria y educación media vocacional.

    El hombre práctico, el tecnócrata, el utilitarista no se pregunta por su ser auténtico. En su mundo, como dice uno de los textos de bachillerato, el ser nunca se da como ser. El ser aparece ante él sólo como materia prima, y él mismo surge ante sí únicamente como el que la calcula y la domina. Perdido en su complejo mundo material ignora que la tecnocracia es una de las causas de la angustia del hombre moderno, porque no puede solucionar todos los problemas que dice abarcar. En la tecnocracia el hombre se pierde a sí mismo preocupándose por un mundo pequeño y particular. No se da cuenta de las dimensiones metafísicas de su existencia y restringe el universo a los límites de su mundo ambiente inmediato. Para el tecnócrata el universo es el sistema de lo que puede medirse y calcularse; fuera de este sistema no hay nada.

    El papel de la filosofía es fundamental para buscar salidas, racionales y acordes a la realidad, de la cárcel en la cual pretende encerrarnos el utilitarismo. Los filósofos no ignoramos que el espíritu utilitarista, que se orienta a la inmediata finalidad del interés y se opone a una concepción de la vida racional, se aleja de la dimensión estética y desinteresada de la vida. Desconociendo la auténtica finalidad de las personas durante su existencia, impone su imperativo de que el éxito material debe ser la finalidad suprema de la vida, esté donde esté, cueste lo que cueste.

    Sobre la concepción utilitarista, encarnada en los Estados Unidos, ya en los albores del siglo XX el filósofo uruguayo José Enrique Rodó, a través de su libro Ariel, hacía un vehemente llamado a la juventud latinoamericana para que superaran ese espíritu, que llevaba a la imitación del modelo utilitarista y despersonalizado de la vida norteamericana.

    A pesar de que reconocía de los Estados Unidos su grandeza y el poder de su trabajo, su filosofía del esfuerzo y de la acción, su originalidad y audacia, y su grandeza material, aceptando que sin la conquista de cierto bienestar material era imposible, en la sociedades humanas, el reino de lo espiritual, les reprochaba su tendencia a "convertir el trabajo utilitario en fin y objeto supremo de la vida"23, su preocupación por el éxito y la embriaguez por la prosperidad material, y los concebía como una sociedad con singular impresión de insuficiencia y de vacío. "Su prosperidad es tan grande como su imposibilidad de satisfacer a una mediana concepción del destino humano… Vive para la realidad inmediata del presente y por ello subordina toda su actividad al egoísmo del bienestar personal y colectivo"24. En consecuencia, no le apasiona el ideal de lo hermoso, el sentimiento de lo bello, la pasión clara de la hermosura de las cosas. "Menosprecia todo ejercicio del pensamiento que prescinda de una inmediata finalidad, por vano e infecundo"25. Como le apasiona la idealidad de lo verdadero, su ciencia no lleva un desinteresado anhelo de verdad, y la investigación es sólo el antecedente de la aplicación utilitaria. El filósofo José Ortega y Gasset recomienda que Estados Unidos todavía tiene que ser muchas cosas; entre ellas, algunas las más opuestas a la técnica y al practicismo.

    Además de las virtudes que en esa época, justicieramente, les reconocía Rodó a los Estados Unidos, es procedente exaltar el arrollador progreso material, intelectual y científico, producto de su irrefutable creatividad y laboriosidad, con lo cual le han hecho un valioso aporte al desarrollo en campos profesionales como la medicina, la psicología, la genética, la ecología, la informática, las telecomunicaciones y la astrofísica, entre otras ciencias que, interrelacionadas de manera sinérgica, contribuyen en la solución a la problemática de las enfermedades, a conocer y explorar externa e internamente nuestro cuerpo y nuestro universo. Esta actitud de trabajo y progreso, pero despojada de los mezquinos fines del utilitarismo y del pragmatismo, que nos instala inconscientemente en la rueda del hacer, del tener y del consumir, es la que los latinoamericanos debemos imitar, con el ánimo de salir del subdesarrollo porque, no menos degradante que el desmedido utilitarismo, esa condición también despersonaliza al hombre. Pero, ¡eso sí!, debemos concienciarnos que esa imitación implica una sesuda y honda reflexión filosófica, con un profundo sentido crítico, para no copiar los modelos, paradigmas y esquemas meramente utilitarios que han hecho de esa poderosa nación, una civilización que quiere imponernos su cultura, que se cree el amo y señor de vidas, países y riquezas, que se endiosa con el poder, creyéndose el país todopoderoso con el soberano derecho de invadir, dominar, oprimir, quitar y poner presidentes. No es digno de imitar su doble moral, su nivel de vida profundamente vacío y sin sentido, y su pobreza espiritual a pesar de su inconmensurable riqueza material.

    En este sentido, el profesor Hernando Barragán Linares, en su libro Filosofía Moderna, advierte que no es recomendable el modelo norteamericano para Latinoamérica, a pesar de que ha influido demasiado en nuestra forma de ser y de pensar. Queremos imitarlo y lo admiramos por el desconocimiento y la visión negativa de nuestra propia historia. Pensamos que Norteamérica es el modelo para los latinoamericanos, que su progreso debe ser imitado, y con él todas las formas de vida, su deshumanización, su mecanización de las relaciones, su capitalismo generador de grandes conflictos sociales, su ansia de dominación, su afán de producción y el carácter práctico de todas sus relaciones, mediante el cual ha logrado crear el ídolo del dinero.

    Muchas personas, por falta de sentido crítico, de espíritu crítico, de criticidad, que se adquiere en contacto con el maravilloso mundo de la filosofía, sumidos en la dinámica utilitarista, tienen una concepción equívoca del éxito. Éste, que no es más que la conquista de circunstancias, lo conciben como uno de los más altos y caros ideales, que sólo alcanzan los protagonistas del mundo del espectáculo y de la farándula, de la política y la economía, los famosos y los millonarios, los grandes deportistas y los empresarios, entre otros pocos privilegiados. Con su mentalidad de hombres del "rebaño", están convencidos de que el éxito solamente está reservado para un selecto grupo de privilegiados por el dinero, el talento, la creatividad y las habilidades para ciertas actividades que dan popularidad, fama y dinero. Ese tipo de seres humanos se sienten unos fracasados al no ser tenidos en cuenta como "exitosos" dentro de la concepción utilitarista del éxito. Como se sienten inferiores a los "exitosos", ven a éstos como referentes que hay que imitar e íconos que es necesario idolatrar hasta el ignominioso extremo de perseguirlos, sin importar las consecuencias, con tal de obtener un "autógrafo". ¡Jóvenes, esta actitud del "rebaño" es profundamente degradante! Ellos no son más o menos importantes que nosotros. ¡Somos iguales! No somos superiores o inferiores a los demás; simplemente somos diferentes, por cuestión de circunstancias y de oportunidades. Si filosofamos tendremos perfectamente clara esta inobjetable realidad.

    Las figuras o personajes públicos tienen una responsabilidad y compromiso ético y social, por cuanto, en cierta manera, son el modelo, el referente y los "educadores" de muchos jóvenes, quienes los ven como ejemplo a emular para ser famosos igual que ellos. Por eso se requiere que la juventud se forme filosóficamente para que no se deje deslumbrar por el oropel de la fama, del supuesto "éxito", imitando ciegamente a los seudoídolos, que no siempre la conducen por el difícil camino que lleva al triunfo. ¿Acaso ignoran que muchos de estos ídolos de barro no son un ejemplo digno de imitar, debido a que son protagonistas de frecuentes escándalos, divorcios reiterados (en perjuicio de sus hijos menores), consumo de drogas, alcoholismo, agresividad y hasta pedofilia?

    En cuanto al éxito, en este pragmático y frío mundo de competencia, el filósofo Bertrand Russell, en su libro La conquista de la felicidad, sostiene que el hombre de negocios, en este mundo de competencia, piensa que lo que obstaculiza su felicidad es la lucha por la vida, entendida como la lucha por el éxito. Mientras no sólo desee éxito, sino que esté persuadido de todo corazón de que el deber del hombre es la persecución del éxito, y de que quien no lo consiga es un infeliz, su vida será demasiado ansiosa y desconcentrada para ser dichoso. Si bien es cierto que es importante el éxito y el dinero, el hombre no puede sacrificar su vida en aras de conseguirlos. El éxito y el dinero son sólo ingredientes de la felicidad, pero no la felicidad total. La raíz del mal está en la importancia que se concede al éxito en la competencia como la mayor fuente de felicidad. El hombre de negocios, en constante búsqueda del éxito y del dinero, descuida sus hijos, su esposa y su descanso. Es un esclavo del éxito o del dinero. No lee y no disfruta de los placeres de la lectura y de otros deleites. De esta infelicidad, en parte, es responsable la educación, que se centra en formar personas para la competencia, para la búsqueda incansable del éxito, para la obtención del dinero. A menos que se le enseñe al hombre qué es lo que tiene que hacer con el éxito después de conseguirlo, su consecución le llevará inevitablemente al aburrimiento. La infelicidad del hombre de negocios proviene de creer que la vida es lucha, competencia, y que sólo se respeta al vencedor.

    El filosofar no se opone al éxito; al contrario, el que hacer filosófico se orienta a la búsqueda del auténtico éxito, porque estamos insertados en una sociedad que así lo exige. Pero no se trata de cualquier éxito; se trata del verdadero éxito, el éxito que humanice y no el seudoéxito que despersonalice. Pero, ¿qué es el éxito? He ahí un problema que inquieta a la filosofía. Tal vez no haya una respuesta absoluta. Cada quien tiene su noción y su vivencia del éxito. Algunos dicen que es el resultado de una , acción o suceso, especialmente buen resultado. Ese éxito tendría relación con el éxito material. Otros dicen que es la aprobación pública. Ese éxito estaría estrechamente relacionado con el que alcanzan los personajes públicos. Personas que se preocupan por el verdadero éxito conciben el éxito como una conquista de circunstancias, como poder hacer lo que uno quiere y puede, lo que uno ama, lo que se hace con amor. En este sentido, el éxito se relaciona con la obtención de grandes o pequeños logros que nos llenan de satisfacción. El éxito es alcanzar lo que uno se propone. Es la capacidad de convertir en realidad los deseos fácilmente. Es el continuo crecimiento permanente de la felicidad y la realización progresiva de unas metas dignas. No sólo incluye la creación de riqueza (uno de sus componentes), sino que también es un proceso que requiere mucho esfuerzo, y que muchas veces se logra a expensas de los demás, pero sin dañar ni atropellar a nadie. Tiene éxito quien logra alcanzar grandes o pequeñas metas del hacer, del tener y, principalmente, del ser. Logra el éxito quien posee y es capaz de armonizar sinérgicamente la inteligencia operativa, emocional y financiera. La operativa le facilita enfrentar y resolver los problemas que se presentan en el diario transcurrir; la emocional le permite armonizar los sentimientos con la razón, y la financiera sirve para conseguir, hacer producir, conservar y gastar racionalmente el dinero (una sinergia entre , inversiones y leyes). ¿Cuál éxito? ¿Personal o profesional? Muchos se concentran en la búsqueda del éxito profesional, descuidando el personal. Los dos se deben buscar paralelamente, porque quienes sólo persiguen el profesional, corren el riesgo de convertirse en seudoexitosos, como algunos seudoídolos de la farándula y del avaro e insaciable mundo de los negocios, que carecen de sustento espiritual, de la profunda vida del espíritu.

    El filosofar debe cuestionar, repensar y superar el utilitarismo, vacío de todo contenido ideal, que quiere imponérsenos como arquetipo o patrón de vida. ¿O es que queremos vivir bajo el modelo de la cultura norteamericana en el cual se evidencia un profundo vacío existencial que impulsa a la drogadicción, la beligerancia, la violencia, la intromisión, la dominación y la megalomanía?

    Muchos docentes, estudiantes y padres de familia se preguntan si tiene sentido mantener la asignatura de filosofía en la educación básica secundaria y media vocacional. "¿Se trata de una mera supervivencia del pasado, que los conservadores ensalzan por su prestigio tradicional pero que los progresistas y las personas prácticas deben mirar con justificada impaciencia? ¿Pueden los jóvenes, adolescentes más bien, niños incluso, sacar algo en limpio de lo que a su edad debe resultarles un galimatías? ¿No se limitarán en el mejor de los casos a memorizar unas cuantas fórmulas pedantes que luego repetirán como papagayos? Quizá la filosofía interese a unos pocos, a los que tienen vocación filosófica, si es que tal cosa aún existe, pero ésos ya tendrán en cualquier caso tiempo de descubrirla más adelante".26 Sin embargo, la filosofía sigue preocupando a educadores comprometidos con el destino del hombre y a estudiantes inquietos, porque es una asignatura diferente, que despierta inquietudes capaces de involucrarlos en una constante búsqueda de respuestas a los interrogantes que afectan al hombre, cada vez más ávido de encontrarle el horizonte a su incierta existencia. La esencia de las cuestiones filosóficas consiste en indagar la última esencia, el significado extremo, la raíz más profunda de una realidad. La filosofía se hace las preguntas radicales, aquellas que necesitamos responder para estar en claro, para saber a qué atenernos, para orientarnos sobre el sentido del mundo y de nuestra vida, para saber quiénes somos y qué tenemos que hacer y qué podemos esperar, qué será de nosotros. La pregunta se refiere a la última esencia y a las más profundas raíces de una realidad. La filosofía –señala José Luís Dell"Ordine- es el descubrimiento de un horizonte de preguntas ineludibles. Volverse de espaldas a ellas es renunciar a ver, aceptar una ceguera parcial, contentarse con lo penúltimo. Significa, pues, la filosofía un incalculable enriquecimiento del mundo. Es además una disciplina moral: la exigencia de no engañarse, de no aceptar como evidente lo que no lo es. (Sin que esto quiera decir que hay que rechazar lo que no es evidente, porque muy pocas cosas lo son.) Es sobre todo, una llamada a la lucidez, a ese "señorío de la luz sobre las cosas y sobre nosotros mismos", de que hablaba Ortega y Gasset. Y con ello, una llamada a la autenticidad, a la verdad de la vida, a ser cada uno quien verdaderamente pretende ser. Entre muchas certezas y conocimientos, necesitamos una certidumbre radical, tenemos que buscarla, si queremos vivir como hombres lúcidamente, y no a ciegas o como sonámbulos. La filósofa Mónica Marcela Jaramillo, de la Universidad Industrial de Santander, nos dice que "nunca ha parecido más urgente emprender una reflexión común sobre la importancia de la filosofía y de la actividad filosofante, que en el difícil contexto de una aguda situación de crisis política y social".



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    Son muchas las preguntas que surgen a la hora de hablar de "enseñar" filosofía: "¿Enseñar filosofía aún cuando el mundo parece que no quiere más que soluciones inmediatas y prefabricadas, cuando las preguntas que se aventuran hacia lo insoluble resultan tan incómodas? Planteemos de otro modo la cuestión: ¿acaso no es humanizar de forma plena la principal tarea de la educación?, ¿hay otra dimensión más propiamente humana, más necesariamente humana que la inquietud que desde hace siglos lleva a filosofar?, ¿puede la educación prescindir de ella y seguir siendo humanizadora en el sentido libre y antidogmático que necesita la sociedad democrática en la que queremos vivir?"27. A pesar de todos estos interrogantes, la materia tiene demasiada importancia en el proceso de formación del estudiante, debido a que lo enseña a pensar crítica y reflexivamente.

    La falta de una sólida estructura filosófica es la responsable de que "la formación filosófica de nuestra juventud se haya convertido en reproche unánime y ya indiscutible. La casi totalidad de nuestros bachilleres se contentan con una muy superficial ilustración filosófica, pues ella les basta para superar con éxito un examen. Para casi todos, la filosofía es, dentro del bachillerato, la asignatura más tediosa, más difícil y hasta la más inútil para su vida. Después, cuando el joven se le planteen serios problemas que comprometen su ideología y su credo religioso, lo vemos inseguro, persuadido de que no puede discutir en filosofía y de que lo aprendido en el bachillerato ya no vale. Sin fundamentos y desorientado, opta por un escepticismo ruinoso, sin saber qué defiende ni por qué sostiene determinada doctrina".28 Entonces, es tanta la necesidad de encontrar salidas mágicas a su existencia, que cualquier escape le parece bueno. No le importa que tan delirante, tonta o poco sustentada sea la alternativa; con tal de llenar el vacío existencial, todo vale. Por esto no surge en el joven un escepticismo sano y creativo del que investiga y no traga entero. No surge en él la duda motivadora que lo empuje a profundizar. No existe para él una fluctuación momentánea que lo lleve a mirar el otro lado de las cosas.

    Esta preocupante realidad insta a los intelectuales a advertir que "si nuestros jóvenes no quedan sólidamente formados en filosofía, apenas estarán capacitados para superar cualquier examen oficial, el que muchas veces se limita a pedir nociones escuetas y cuestiones insustanciales e inconexas que mal pueden significar la contextura ideológica del alumno. En cambio, quien estuviere sólidamente fundado en filosofía estará capacitado no sólo para dar cuenta de lo que allí se pregunte, sino también para mostrar un pensamiento consistente y personal; es decir, una filosofía asimilada"29. Se recalca la importancia de enseñar a pensar, a juzgar o valorar, a discutir y a desentrañar el contenido de las ideas, equipando la mente del estudiante con una actitud crítica y abierta a la problemática actual. La filosofía le debe permitir al discente "pensar, discurrir, juzgar y sintetizar".30

    A pesar de que muchos sostienen que de lo único que podemos estar seguros es de la incertidumbre, porque lo único que podemos afirmar es que nada podemos afirmar, es en la incertidumbre en donde debemos buscar el valor de la filosofía. "El hombre que no posee un gusto por la filosofía va por la vida maniatado por los prejuicios que provienen del sentido común, de las creencias habituales de su generación o de su país, y de las convicciones que se han arraigado en su mente sin la ayuda o la conformidad de una razón deliberada. Para este tipo de hombre el mundo tiende a ser definido, finito, obvio; las cosas corrientes no le suscitan interrogantes, su mentalidad rechaza desdeñosamente las posibilidades que no le son familiares. Por el contrario, tan pronto como empezamos a filosofar, descubrimos que aun las cosas cotidianas suscitan filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la respuesta verdadera a las dudas que suscita, puede sugerir muchas posibilidades que amplíen nuestros pensamientos y los liberen de la tiranía de la costumbre".31 Sólo quienes no desean saber el porqué de las cosas desdeñan la filosofía. "Un espíritu simplón puede pasarse la vida extrañándose de las cosas más banales y corrientes sin llegar nunca a filosofar. Es verdad, el pensamiento filosófico está más lejos de la conciencia rústica que se queda boquiabierta ante los tranvías y las luces de neón de la ciudad, que del hombre urbano cuya mente no es extraña al lenguaje de la ciencia y, quizá sin saberlo, interprete la realidad racionalmente gracias a las categorías de este lenguaje".32

    Aunque la filosofía es universal, no todas sus respuestas y planteamientos ofrecen soluciones a las problemáticas nacionales, regionales o locales. Cada comunidad tiene sus interrogantes que la filosofía, si quiere ser práctica y menos especulativa, debe responder localmente, con el aporte universal que estructura y fundamente el filosofar. No reflexionar sobre este punto de vista nos lleva a emitir juicios erróneos sobre la practicidad de la filosofía. La filosofía, como hija y como conciencia crítica de una cultura, debe estar situada y contextualizada, para que pueda buscar respuestas a la problemática actual. La cultura, entendida como el conjunto de "todos los productos de la vida humana creadora (sociedad, lenguaje, costumbres, educación, vida, moral, política, económica, técnica, arte, ciencia, mito, religión, filosofía, etc.)",33 sirve de suelo nútrico para la reflexión filosófica. "La actividad filosófica se presenta siempre como una manifestación inevitable de toda cultura que ha alcanzado cierto desenvolvimiento. Esta persistencia del fenómeno filosófico se comprende si recordamos que es una necesidad para el hombre que ha arribado a determinado grado de evolución, la explicación de la realidad como un todo, en el que puede localizar la posición de sí mismo".34

    En el sentido en que Kant plantea el filosofar "se torna, ya desde la escuela, en discusión libre sobre todas las cosas, afectando el modo mental de la persona de situarse frente al mundo, frente a los demás y frente a sí mismo".35 Ante el sistema educativo imperante, que educa para la minoría de edad, para la renuncia al uso autónomo del propio entendimiento, para el placer de la obediencia, para la sumisión total a unos tutores que ahorran la dificultad de decidir por pensamiento propio, el pensador alemán sostiene que se requiere un pensar por sí mismo, autónomo, un argumentar crítico y analítico, sin dejarnos enajenar por los demás; un pensar en el lugar del otro, un debatir dialógico y tolerante; y un pensar consecuente. "Hay filosofía cuando los humanos asumen que deben pensar por sí mismos, sin dogmas preestablecidos, soportando la crítica y el debate con nuestros semejantes"36. En opinión del brillante psicólogo y epistemólogo Jean Piaget, el estudiante aprenderá a hacer funcionar su razón por sí mismo y construirá libremente sus propios razonamientos, lo cual se logra mediante su participación activa en el proceso de aprendizaje, que no sólo comprende el qué sino el cómo, el contenido sino el cómo lo aprende. El estudiante asume el compromiso de conquistar por sí mismo un cierto saber a través de investigaciones libres y de razonamientos propios.

    El filósofo Leopoldo Zea invita a los hombres que aprendan a juzgar por sí mismos para que aspiren a la independencia del pensamiento. Quien piensa con independencia piensa también, al mismo tiempo, del modo mejor y más útil para todos. Kant decía que todo hombre debería saber quién es, qué debe pensar y qué debe hacer. Aprender a pensar filosóficamente es prepararse para ver detrás de las apariencias, para llegar al fondo de todo, a su ser, a lo que hace que sea lo que es. La filosofía debe ser un saber riguroso en procura de respuestas. "Antes de proponer teorías que resuelvan nuestras perplejidades, debe quedarse perpleja; antes de ofrecer respuestas verdaderas, debe dejar claro por qué no le convencen las respuestas falsas. Una cosa es saber después de haber pensado y discutido, otra muy distinta es adoptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar. Antes de llegar a saber, filosofar es defenderse de quienes creen saber y no hacen sino repetir errores ajenos".37 De nada sirve saber mucha filosofía como puro conocimiento, si la teoría no se aplica a la práctica de la vida, si ella no se convierte en un arte vivir, tal como lo aclara una "Guía del Maestro".

    Frecuentemente se pregunta a los adultos ¿a qué vinieron a este mundo? y a los niños ¿qué quieren ser cuando grandes? Los "grandes" enmudecen ante la dimensión de este interrogante tan profundo y desconcertante, o responden "cualquier cosa" para "salir del paso": realizarse, tener éxito, triunfar, trabajar, progresar, tener una familia, hacer el bien al prójimo, desarrollar nuestras potencialidades, cumplir la misión para la cual estamos destinados, buscar la excelencia, la perfección y la verdad, etc. Los niños responden que quieren ser profesionales, millonarios, poderosos, grandes deportistas, actores de cine, etc. Algunos, jocosamente, dicen que cuando grandes querrán ser pequeños. Son muy pocos los adultos y los niños que contestan a estas dos preguntas como debe ser: "¡Venimos al fundo a ser felices! ¡Cuando seamos grandes queremos ser felices! He ahí las respuestas, porque el fin supremo del a vida humana es la búsqueda de la felicidad. "¡Qué desgraciados somos los que tenemos una idea de felicidad y no podemos conseguirla, y tenemos una idea de la verdad y no podemos conocerla", sentenció el filósofo Blas Pascal.

    Como la verdadera naturaleza humana radica en la posibilidad de generar pensamiento, el hombre debe filosofar en procura de desentrañar y comprender la realidad y buscar la felicidad, sin importar los esfuerzos que deba realizar y los prejuicios que debe enfrentar en la cotidianidad de lo establecido, lo convencional, lo rutinario y lo mediocre, como el riesgo de ser tildado de loco. (Es importante aclararles a los detractores de la filosofía que la locura es un estado en el que una persona pierde la prueba de realidad, se aleja de los patrones del aquí y del ahora, no puede distinguir lo interno de lo externo y, en forma irreversible, se aleja del principio consensual de realidad).

    Pero no puede desistir de su esfuerzo de filosofar, porque "tan acusado de locura es el espíritu pequeño como el extremadamente grande; sólo es buena la mediocridad; la mayoría ha establecido esto, y muerde a quien intenta escapar de ellos por algún extremo", señala Blas Pascal en sus "Pensamientos".

    Ente los múltiples detractores del filosofar hay muchos que nunca han filosofado. ¿Con qué fundamento o autoridad se oponen al filosofar, si no han filosofado? Hay que sumergirse en las profundidades del a filosofía y bucear en sus cristalinas y turbias aguas para saber a qué "sabe" el filosofar. No se puede desconocer el valiosísimo aporte de la filosofía en la conformación de gran parte del fundamento de la tradición occidental. La democracia, a pesar de sus múltiples inconvenientes, las instituciones políticas, los sistemas de pensamiento, los derechos humanos, la filosofía del derecho, algunas ideologías y doctrinas políticas se idearon, germinaron, evolucionaron y desarrollaron en el apasionante y extraordinario universo de la filosofía.

    Algunos aportes de la filosofía y del filosofar

    Es procedente recordarles a los "enemigos" de la filosofía que los teóricos de la democracia, del origen y de la evolución del Estado (tanto antiguo como moderno) fueron eminentes filósofos como Sócrates, Platón, Aristóteles, Nicolás Maquiavelo, John Locke, Thomas Hobbes, Juan Jacobo Rosseau, Voltaire, Inmanuel Kant, Motesquieu, Augusto Comte, Hegel y otros.

    La problemática de saber cómo se ven y se realizan las relaciones del individuo y de la sociedad frente al Estado (para citar un solo ejemplo), son producto de las elucubraciones filosóficas. Tal como nos recuerda el filósofo y psicólogo Heinz Dirks las respuestas dadas en este sentido por Aristóteles y Platón (a pesar de sus críticos y detractores) tienen plena vigencia hasta nuestros días, y de ahí han surgido las conclusiones más importantes sobre la constitución política del Estado y la valoración del hombre. En opinión de Aristóteles el hombre es lo principal y la sociedad es la unión de los hombres con sus disposiciones naturales, tensiones y conducta. De Aristóteles parte una línea que, pasando por Locke, Hume y Calvino, llega hasta las formas democráticas modernas cuyo ejemplo es la vida comunitaria de Norteamérica. Esta concepción aristotélica considera la necesidad del Estado y de su organización; pero su organización es tal, que el Estado debe estar en función del hombre y regir la vida de la comunidad de modo que el individuo disfrute de las máximas posibilidades para la realización de su existencia. Desde Platón, que planteó un modelo de vida estatal dentro del cual cada individuo debía ser educado y criado para ocupar su cargo u obligación correspondiente, parte una orientación que, pasando por Maquiavelo, Hegel, Marx y Lenín, llega hasta los sistemas totalitarios, en los cuales el hombre posee significado no en sí mismo, sino como portador de una tarea que ha de cumplir dentro del sistema. Así, el hombre existe para el Estado, y su valor no significa nada sino es en relación con su servicio.

    Las ideas de la Ilustración, movimiento intelectual que realzó el papel de la razón como instrumento básico para la crítica, el conocimiento científico y el cambio socio-económico y político, y que sirvieron de base ideológica a la independencia de los Estados Unidos y a la Revolución Francesa, que acabó con el oprobio de las monarquías absolutas y el supuesto poder "divino" de los reyes, y generó la declaración de los Derechos del Hombre, fueron producto de la reflexión filosófica. "El pensamiento de la Ilustración fue, además, una de las causas de la Revolución Industrial. La fundación de Estados Unidos de América debió mucho a la resonancia filosófica de sus creadores, un grupo de filósofos prácticos como no se ha vuelto a ver desde entonces... Dos pilares de la Constitución estadounidense, Benjamín Frankiin y Thomas Jefferson, eran filósofos experimentales", aclara el filósofo estadounidense Lou Marrinoff. La declaración de independencia de los Estados Unidos fue redactada por Tomás Jefferson con gran influencia en las ideas del filósofo inglés John Locke. Para confirmar parte de este aserto, veamos lo que sostiene Albert Soboul, en su libro Compendio de la Historia de la Revolución Francesa: "Los orígenes intelectuales de la Revolución hay que buscarlos en la filosofía que la burguesía había elaborado desde el siglo XVII. Herederos del pensamiento de Descartes, que enseñó la posibilidad de dominar la naturaleza por la ciencia, los filósofos del siglo XVIII expusieron con brillantez los principios de un orden nuevo. Opuesto al ideal autoritario y ascético de la Iglesia y del Estado del siglo XVII, el movimiento filosófico ejerció sobre la inteligencia francesa una acción profunda, despertando, primero, y desarrollando después su espíritu crítico, proporcionándole ideas nuevas. La Ilustración sustituyó en todos los dominios con el principio de la razón, al de autoridad y tradición, bien se tratase de ciencia, de creencia, de moral o de organización política y social". Heinz Dirks agrega que la técnica se desarrolló a partir de la comprensión racional de la naturaleza, de la investigación de sus fundamentos y relaciones y de la posibilidad de transformarlas creando otras nuevas.

    Como enciclopedista, el filósofo Juan Jacobo Rousseau fue considerado como precursor de la Revolución Francesa, y que la Declaración de los Derechos del Hombre hallara su fuente de inspiración en su Contrato Social, debido al valor que concede a la libertad, que le sitúa con pleno derecho entre los autores que en el siglo XVIII combatieron la tiranía de la monarquía absoluta. Según el filósofo e historiador Rafael Méndez, tal como sostiene en su libro Clásicos del Pensamiento Universal Resumidos, el pensamiento roussoniano, de gran vigor y penetración, determinó en buena manera los acontecimientos espirituales y políticos del llamado Siglo de las Luces.

    La filosofía idealista influyó profundamente en el Romanticismo, movimiento estético, intelectual y cultural que modificó y conmovió la cultura europea del siglo XIX. "No se podría entender, de ningún modo, el pensamiento profundo que subyace en la sensibilidad romántica, sin la omnipresencia del idealismo trascendental, corriente filosófica originada en Inmanuel Kant, y sus derivaciones sobre el aspecto ilusorio de la realidad".38 La obra del filósofo Juan Jacobo Rousseau (1712-1778), además de servir de inspiración a los líderes de la Revolución Francesa, ejerció una influencia masiva en el Romanticismo. Los autores románticos encuentran su primera fuente de inspiración en la obra de Rousseau y de Goethe. La Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta nos dice que "fue precisamente Rousseau quien estableció el culto al individuo y celebró la libertad del espíritu humano al afirmar "Siento antes de pensar"… En él se destaca la importancia del sentimiento y la imaginación en la creación poética y se rechazan las formas y los temas literarios convencionales. De este modo, en el desarrollo de la literatura romántica de todos los países predomina la imaginación sobre la razón, la emoción sobre la lógica y la intuición sobre la ciencia, lo que propicia el desarrollo de un vasto corpus literario… Gran parte del teatro, la novela y la poesía romántica se entregan a la celebración del "hombre corriente" de Rousseau". Las obras de Rousseau operaron un cambio importante en la literatura europea de su tiempo, inaugurando una nueva manera de sentir, tan distante, que hicieron de éste un precursor del Romanticismo. Rafael Méndez agrega que la obra del pensador ginebrino y su testimonio vital, en donde la artificialidad y el prosaísmo social fueron duramente criticados y en donde se ofreció al hombre, en compensación, la alternativa de la naturaleza altiva y pura fueron, sin duda, uno de los puntos de partida más claros del movimiento romántico.

    Los primeros fundamentos teóricos del Romanticismo se elaboraron en Alemania, gracias a los filósofos idealistas Johan Gottlib Fichte (1762-1814), Friedrich Wilhelm Joseph Schelling (1775-1854) y Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), encargados de articular una profunda crítica al espíritu racionalista del siglo XVIII. La Gran Enciclopedia Ilustrada Círculo señala que "es precisamente en las doctrinas idealistas donde se hallan las características comunes a toda la literatura romántica europea. La crítica de la Ilustración realizada por estos pensadores proyectó hacia el futuro el deseo de perfección y armonía que hasta entonces se orientaba hacia los cánones de la tradición clásica, rescatando el valor del sentimiento como fuerza espiritual". Así mismo, el pensamiento del filósofo y escritor alemán Johann Gottfried von Herder (1744-1803) también influyó en los comienzos de este movimiento, ya que rechazó los excesos de la fría razón e intentó demostrar que la naturaleza y la historia humana obedecen las mismas leyes y que, con el tiempo, las fuerzas humanas antagónicas se reconciliarán.

    La concepción del "Yo" elaborada por la filosofía idealista germánica constituye uno de los elementos dorsales del Romanticismo alemán y, de manera difusa, de todo el Romanticismo europeo. La teoría fichteana del "Yo absoluto" influyó profundamente sobre la concepción romántica del "Yo" y del universo. Los románticos identificaron el "Yo puro" con el "Yo del individuo", con el genio individual, y transfirieron a éste la dinámica de aquél. El espíritu humano, para los románticos, constituye una entidad absoluta de actividad que tiende al infinito, que aspira a romper los límites que la constriñen, en una búsqueda incesante del absoluto, aunque éste permanezca como meta inalcanzable.

    Schelling es considerado como el filósofo del Romanticismo, cuyos conceptos fueron vivir y sentir. La filosofía natural, según Schelling, tiene por objeto descubrir el núcleo íntimo, principio y fuente de donde emanan los fenómenos, que son la totalidad. Esta totalidad es la que ilumina Schelling mediante el concepto de vida, que es vida creadora y no una simple suma de fenómenos. Schelling sostuvo que lo inconsciente y lo consciente coinciden en una misma realidad. Por eso sostenía expresivamente a los románticos que en el arte y en las creaciones artísticas tenían su encuentro, "en polaridad e identidad, naturaleza y espíritu, consciente e inconsciente, ley y libertad, cuerpo y alma, individualidad y universalidad, sensibilidad e identidad, finito e infinito…", dice Johannes Hirschberger en su Historia de la filosofía.

    El filósofo alemán Friedrich von Schlegel (1772-1829) también fue otro teórico del Romanticismo. Éste confirió a la poesía romántica la misión de resolver lo finito en lo infinito. El Diccionario filosófico, de Leonor y Hugo Martínez Echeverri afirma que "el instrumento de esta poesía es el sentimiento, que relaciona estrechamente con la ironía, entendida ésta como la actitud que no distingue la realidad de la apariencia, lo serio de lo jocoso, con el fin de elevarse sobre lo común y ponerse en contacto inmediato con el principio infinito de lo real, logrando así la plena armonía del espíritu".

    El Romanticismo influyó en movimientos libertarios y abolicionistas. "Gran parte de los movimientos libertarios y abolicionistas de finales del siglo XVIII y principios del XIX tienen su origen en conceptos de la filosofía romántica como pueden ser el deseo de liberarse de las convenciones y la tiranía, y el gran valor de los derechos y la dignidad del ser humano", sostiene la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta.

    El precitado filósofo Lou Marinoff, en el referido libro, sobre la dinámica del Romanticismo precisa que "la filosofía romántica se desarrolló como reacción contra el materialismo, la mecanización de la sociedad y la visión de las personas como piezas de un mecanismo". Así mismo agrega que "los románticos se centraron en la unicidad de cada individuo, en la importancia de la espiritualidad y en el poder del arte. Valoraron la naturaleza más que la razón y los sentimientos más que el intelecto. Aunque en realidad vivió en el siglo XVIII, Rousseau es el romántico prototípico. Su idea del noble salvaje (abandonados en un estado natural daríamos lo mejor de nosotros mismos, pero la civilización nos corrompe) facilitó mucha información de lo que vendría después".

    ¿Cuáles fueron los aportes del Romanticismo latinoamericano? Muchos. Veamos algunos. El Romanticismo latinoamericano contribuyó a consolidad las naciones, reestructurar los estados, liberar definitivamente los individuos y las cosas, el pensamiento y las cosas, los ritos y los dichos. Stella Aranguren, Olga María Duarte y Diego Muñoz, en el libro Habilidades del lenguaje, señalan que "una vez instalado el Romanticismo en territorio hispanoamericano sirve de estímulo para el reencuentro de la inteligencia nacionalista con temas nuevos como: el hogar, la familia, la raza, los emblemas, los héroes, la libertad, las creencias religiosas, Dios y el hombre; todo cuanto tenga vínculos afectivos y estéticos con la personalidad humana" Fue un movimiento estético paralelo a las revoluciones de independencia. Algunos románticos participaron activamente en asuntos políticos. Los románticos aspiraron a un mundo mejor, encontraron un nuevo modo de expresión que reflejó el momento en que vivieron y cantaron a la tierra, al paisaje natural y a su guerra emancipadora. De acuerdo con la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta, "el Romanticismo estimuló además la identidad o conciencia colectiva de cada comunidad hispanoamericana y dio origen al concepto de literatura nacional que, unida a teorías de raíz positivista, orientaron los estudios literarios hasta entrado el siglo XX. En una palabra, el Romanticismo es el fenómeno capital de la literatura continental en el siglo XIX .

    La creación de una conciencia americana fue obra de mentes egregias, de pensadores, es decir, de ¡filósofos! Las ideas de esa conciencia coincidieron, en sus inicios, con el auge del Romanticismo. Simón Bolívar, que liberó a gran parte de América de la servidumbre del virreinato, precisamente se nutrió de las ideas del brillante filósofo suizo Juan Jacobo Rousseau. Francisco de Paula Santander, otro gran hombre que contribuyó a la consolidación de nuestra nación, también recibió una enorme influencia de las ideas de su maestro: el filósofo inglés Jeremías Bentham (1748-1832).

    Con respecto a la influencia del Romanticismo en Colombia, el precitado texto Habilidades del Lenguaje precisa que este movimiento no fue sólo modalidad literaria, sino una posición ante la vida, una manera especial de comportamiento tanto en las relaciones sociales como en las administrativas y políticas. El espíritu romántico calentó nuestra incipiente vida republicana, llenó las antologías de cantos nobles por su fuerza emotiva y raigambre nacional.

    La filosofía de Hegel contribuyó a la unificación de Alemania y a su consolidación como Estado. El Socialismo, sistema para resolver los males del Capitalismo, fue teorizado por pensadores como Robet Owen, Charles Fourier, Pierre Joseph Proudhon, Claudé Henri de Saint-Simón, Federico Engels y Carl Marx. El pensamiento de Marx, conocido como Marxismo, logró despertar conciencia de clase en los trabajadores y organizar partidos políticos que influyeron en los cambios de política de los gobiernos y en el reconocimiento de derechos a los trabajadores. El Pragmatismo, que reduce los conocimientos a instrumentos de acción y busca el criterio de verdad de las teorías en su éxito práctico, y que se convirtió en una forma de vida de los norteamericanos, sin la cual no serían potencia mundial, fue creado por los filósofos estadounidenses Charles Peirce, William James y John Dewey. La ética o la reflexión sobre la moralidad, que nos orienta en la búsqueda de la felicidad (esencia y finalidad de toda vida humana), fue creada, pensada, repensada, planteada y replanteada por filósofos.

    El aristotelismo, el racionalismo, el idealismo y el materialismo, es decir, la filosofía que algunos existencialistas cristianos llaman "nocionalismo", ha permitido y promovido el nacimiento de la ciencia moderna, del progreso material, cuyo valor existencial no puede subestimarse. Hasta como gimnasia intelectual tiene su utilidad. Forma la razón de los jóvenes, habituándolos a cierto rigor del pensamiento que no podría considerarse jamás como un mal y cuya utilidad práctica es incontestable. El existencialismo resalta el papel crucial de la existencia, de la libertad y de la elección individual, poniendo su énfasis en la existencia individual concreta y, en consecuencia, la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de la elección. Los filósofos de la existencia nos ponen en comunicación con hombres que viven, luchan, aman, sufren. Como está profunda y radicalmente comprometido con la existencia del hombre concreto, no se contenta con ser sólo discusión entre filósofos, sino que tiende a la conversión, a la acción. Se trata de descubrir el sentido de la existencia, su origen, su justificación, su finalidad. El estoicismo sirvió como sustento moral y estilo de vida que adoptaron los esclavos y los súbditos del Imperio Romano ante las duras condiciones impuestas por éste. Así, otras corrientes de pensamiento, escuelas, sistemas, doctrinas o planteamientos han sido y serán de gran utilidad para la ciencia, la política, la vida y la existencia.

    Quienes son del parecer de que la filosofía no sirve para la vida práctica, es procedente que tengan en cuenta el planteamiento socrático que afirma que los dioses no conceden nunca a los mortales ningún verdadero bien sin esfuerzo y sin pugna seria por conseguirlo. Por eso sostiene que se debe educar filosóficamente para gobernar y para ser gobernado. Quien no tenga el valor y la tenacidad para superar los obstáculos, las renuncias, los sacrificios y dominarse a sí mismo, no podrá gobernar y tendrá que permanecer dentro de las masas gobernadas.

    A pesar de que "filosofía" y "práctica" son dos términos que algunos no suelen relacionar, lo cierto es que la filosofía siempre ha proporcionado herramientas que las personas puedan usar en la vida cotidiana… Es tan "práctica" la filosofía, que muchas personas acuden a los denominados "consejeros filosóficos", cuando en la psicología, el sicoanálisis o la siquiatría (algunas veces por prejuicios, desconfianza o hipocondría) no encuentran "solución" a sus problemas de "salud mental". Todos llevamos un equipaje psicológico, pero librarse del exceso quizá exija asesoramiento filosófico. En opinión del filósofo estoico Epicuro, contra las enfermedades de la mente, la filosofía dispone de remedios, y "por esta razón se la considera, con toda justeza, la medicina de la mente".

    Según el aludido filósofo Lou Marinoff (consejero filosófico) existe otra opción para las personas que se muestran insatisfechas o contrarias a las terapias psiquiátricas y psicológicas: el asesoramiento filosófico. "Puesto que las instituciones religiosas oficiales pierden autoridad ante un número creciente de personas, y que la psicología y la psiquiatría traspasan los límites de su utilidad en la vida de la gente (y comienzan a hacer más mal que bien), muchas personas están cayendo en la cuenta de que la pericia filosófica abarca la lógica, la ética, los valores, los significados, la racionalidad, la toma de decisiones en situaciones conflictivas o arriesgadas; en suma, toda la inmensa complejidad que caracteriza la vida humana" (Más Platón y menos Prozac). Marinoff aclara que este asesoramiento no ofrece enfoques pseudocientíficos orientados a las patologías ni propone superficiales principios propios de la Nueva Era, sino una sabiduría puesta a prueba por el tiempo y adaptada específicamente para ayudarnos a vivir con plenitud e integridad en un mundo que cada vez resulta más desafiante. "Entre los beneficios de la práctica filosófica se cuentan el modo de hallar la esencia de uno mismo y la valentía de vivir conforme a ella… El asesoramiento filosófico consiste en ayudarle a dar forma a sus pensamientos sobre todos los retos importantes de la vida y organizar los principios en los que cree, de modo que pueda obrar de acuerdo con ellos… Lo que obtendría después de abordar desde una óptica filosófica el asunto que le atañera sería una forma duradera, profundamente arraigada e imparcial, de hacer frente a cualquier obstáculo que surja en su camino, ahora y en el futuro. Encontraría esta verdadera tranquilidad de espíritu mediante la contemplación, no con medicamentos. Platón sí, Prozac no. Ello exige pensar con claridad y agudeza, lo cual no está fuera de su alcance. …la psicología y la psiquiatría no tienen nada que decir acerca de la injusticia. Si lo que usted quiere es resolver un problema filosófico, solicite ayuda filosófica", plantea Marinoff.

    Estos "consejeros", con fundamento en planteamientos filosóficos, tanto orientales como occidentales, logran asesorar con éxito a sus pacientes, porque hay aspectos de la psiquis humana que no encuentran "sosiego" en dichas ciencias. Los asesores apartan la filosofía de los contextos puramente teóricos o hipotéticos y la aplican a los problemas cotidianos de la vida personal, social y profesional. El asesoramiento filosófico, tal como lo concibe Marinoff, permite "aplicar la filosofía al hacer frente a dilemas morales; a conflictos éticos en el ámbito profesional; a dificultades para reconciliar su experiencia con sus creencias; a conflictos entre la razón y la emoción; a crisis de sentido, propósito o valores; a la búsqueda de la identidad personal; a las estrategias que es preciso seguir como padres; a la ansiedad ante un cambio en su trayectoria profesional; a la incapacidad para alcanzar sus objetivos; a los cambios de la mediana edad; a los problemas en sus relaciones personales; a la muerte de un ser querido o su propia mortalidad… Es una guía práctica para los dilemas más frecuentes de la vida… Trata sobre las grandes cuestiones con las que todo el mundo se encuentra en la vida y facilita las respuestas que dieron algunas de las mentes más privilegiadas de todos los tiempos, así como estrategias que le conducirán a la respuesta más valiosa para usted: la suya propia. …si usted es curioso, especulativo, reflexivo, analítico y elocuente, puede beneficiarse en gran medida del asesoramiento filosófico… A diferencia de los médicos y abogados, a quien solemos recurrir porque poseen conocimientos especializados de los que carecemos, los consejeros filosóficos no confiamos forzosamente en la pericia sino en la habilidad general para dirigir una investigación. No le proporcionamos respuestas, sino que le ayudamos a formularse las preguntas más pertinentes. No actuamos necesariamente como autoridades que revelan información que usted desconocía, sino que facilitamos la guía que muchas personas necesitan tras haber olvidado o descuidado el significado de examinarse a sí mismas". La filosofía nos brinda las herramientas para explorar nuestra vida. Cuando uno empieza a descubrirse filosóficamente, la vida puede cambiar.

    Gran número de los auténticos problemas que inquietan la existencia humana (en múltiples sentidos) escapan al dominio de estas ciencias, y en búsqueda de respuestas debemos acudir a la filosofía. ¿Será que estas ramas del conocimiento científico podrán decirnos quiénes somos, cuál es el sentido de la vida y cómo conocernos genuinamente a nosotros mismos? ¿Será que tienen la solución "concreta" o la respuesta adecuada para una persona que no le encuentra sentido a su vida o que esté sumido en una profunda angustia existencial, producto de no abordar con sentido crítico el aparente pesimismo implícito en el Existencialismo? El psicólogo y filósofo Víctor Frankl aclara que muchas personas con problemas, no están enfermas de la psique sino de su dimensión espiritual, es decir, no le encuentran sentido a la vida. Abraham Maslow, psicólogo de la llamada "tercera fuerza", precisa que la búsqueda de sentido de la vida, de la verdad, de la relación profunda, de la libertad interior, de la realización de un ideal a favor de los demás, son motivaciones de crecimiento y de autorrealización.

    No se puede desconocer que la psicología otrora era parte de la filosofía, y que "científicos" como Sigmund Freud (sicoanalista), Carl Jung (sicoanalista), Wilhelm Wundt, Burrhus Frederic Skinner, William James, John Dewey y Jean Piaget (sicólogos) y Karl Jásper (siquiatra), entre otros, elaboraron algunos planteamientos filosóficos, es decir, filosofaron. "Incluso después de que la psicología cobrara un peso importante, la filosofía y la psicología siguieron siendo disciplinas gemelas hasta entrado el siglo XX", aclara Marinoff. El psicoanálisis, considerado como una terapéutica y como una interpretación de la realidad humana en su conjunto, en opinión del filósofo Jaime Rubio Angulo, no es una disciplina filosófica, sino una disciplina al servicio de la filosofía. No olvidemos que el filósofo Tomás Hobbes fue el primer científico político y el primer psicólogo empírico. Hay quienes afirman que el filósofo Federico Nietzsche fue el más profundo de los sicólogos. "Efectivamente, sus críticas contra el cristianismo en su esencia misma… son trabajos de psicología más que de apologética o crítica, y los argumentos que utiliza son de la misma especie con que ataca la civilización contemporánea, a la que acusa de nihilista y decadente", aclara Fernando Savater en su libro Nietzsche en la historia de la ética. Por su parte, el filósofo Herbert Frey, en su libro Nietzsche, el filósofo de nuestro tiempo y del mañana: reflexiones sobre Nietzsche como filósofo, afirma que "Nietzsche visualizó filosóficamente y con maestría psicológica el nihilismo europeo en su origen histórico y la modernidad manifiesta en todas sus formas: en la ciencia y el arte, en la economía y la política." Así mismo, señala que "la psicología de Nietzsche apareció como clave de su obra con una significación creciente". El mismo Nietzsche planteó que "concebir la psicología como yo lo hago, bajo las especies de una morfología y de una genética de la voluntad de poder, es una idea que no se le ha ocurrido a nadie, si bien es cierto que a partir de todo lo que se ha escrito, se puede adivinar también lo que ha pasado en silencio". François de la Rochefoucauld (1613-1680), escritor y filósofo moralista francés, en sus obras analiza las motivaciones y la psicología del ser humano.

    A pesar de ser dos saberes interdependientes, la aparente "ruptura" entre filosofía y psicología se presentó cuando surgió la psicología conductista (en pleno auge del positivismo), desconociéndose que la filosofía es incompleta sin la cosmovisión sicológica. Un psicólogo conductista (precisamente) como Rubén Ardila, quien reconoce que hubo un período de desconfianza mutua entre psicología y filosofía, que se está comenzando a superar, nos dice en su Síntesis experimental del comportamiento que "gran parte de la psicología contemporánea se caracteriza por un profundo interés por los fundamentos filosóficos… los psicólogos han empezado a reconocer la importancia que tiene la filosofía para comprendes las bases conceptuales de su disciplina… En este interés filosófico los psicólogos han seguido muy de cerca los físicos, que comenzaron hace varias décadas a interesarse por los problemas filosóficos".

    Son muchos los que no comparten los fundamentos del conductismo (que no tiene en cuenta la conciencia ni la vida mental, y plantea que toda conducta es una respuesta a algún estímulo o agente del ambiente, que el ser humano puede ser condicionado, y que la conducta humana puede explicarse siempre con la fórmula estímulo-respuesta), como en el caso de Lui Marinof que indica que "…la psicología conductista nunca nos proporcionará unos principios éticos, los cuales constituyen una de las piezas clave de la vida humana, y un tema al que se consagra toda una rama de la filosofía... los conductistas convierten a las personas en unos seres demasiado superficiales y omiten nuestros ricos universos mentales"; en tanto que el brillante psiquiatra y filósofo Luis Carlos Restrepo precisa que el conductismo considera al ser humano como simple producto del ambiente, resultado de la interacción de variables que pueden ser medidas, corregidas y manipuladas. En su libro La Trampa de la Razón, Restrepo nos advierte que un hombre reducido a sus hábitos, obligado a la adaptación y la eficacia, es el siervo que necesitan los señores de la industria y de la guerra para jugar en el ajedrez del mundo sus ambiciones geopolíticas. Según el psicólogo Charles Morris, una de las premisas del conductismo es "si no puedes ver algo ni medirlo, más vale que nos olvidemos de ello" ya que la psicología sólo se debe limitar al estudio del comportamiento observable y medible.

    El conductismo reduce los actos a mera causa-efecto, en una concepción determinista del ser humano, queriendo desconocer que somos mucho más que nuestros condicionantes y que la vida va más allá de una serie de respuestas establecidas. "La psicología, a su vez, fracasa cuando está desprovista de un punto de vista filosófico, y ambas disciplinas no han hecho sino empobrecerse como resultado de su bifurcación. Algunas áreas de la filosofía, como la lógica, están situadas claramente al margen de la psicología, lo cual no implica que, por regla general, la filosofía se fundamente en la observación, en los datos, en la percepción, en las impresiones; y todo ello se adentra en el territorio de la psicología. Cuando contemplamos el mundo, no siempre vemos con claridad lo que tenemos delante; los rasgos peculiares fisiológicos y las interpretaciones subjetivas casi siempre intervienen. Esta interpolación (la diferencia entre objeto y experiencia) es pura psicología, y ningún punto de vista filosófico se sostiene sin ella", agrega Marinoff.

    Es cierto que algunas personas sacan un relativo provecho de la psicología, pero la comprensión de las cosas no termina ahí, porque la psicología fracasa cuando está desprovista de un punto de vista filosófico. "El equilibrio entre los enfoques psicológico y filosófico es lo que en definitiva será más ventajoso para la mayoría de la gente", precisa Marinoff. Muchos buenos psicólogos son muy filosóficos. Y los mejores filósofos también son psicológicos. Aunque la psicología quizá logre entresacar algunos hilos de conocimiento, ésta jamás revelará el complejo tapiz de la naturaleza humana en toda su extensión. "La psicología no puede llevarle tan lejos, por más promesas que lea en la cubierta del último éxito de ventas. Para integrar todas las revelaciones concebibles (las psicológicas son sólo un tipo de ellas) en una visión del mundo (una filosofía personal) que resulte coherente y práctica, lo que necesita es filosofía… La atención psiquiátrica o el asesoramiento psicológico de buena calidad pueden constituir un apoyo valioso y eficaz para solucionar muchas clases de trastornos personales… Por desgracia, con demasiada frecuencia la psicología y la psiquiatría han aspirado a catalogar las enfermedades de todo el mundo, tratando de diagnosticar a cualquiera que entrara en sus consultas en busca del síndrome o trastorno que sería la causa de su problema… Las personas que luchan por hallar una manera de comprender y manejarse en un mundo que cada día es más complejo no tienen por qué verse etiquetadas con un trastorno, cuando lo que en realidad están haciendo es avanzar por caminos consagrados a la búsqueda de una vida más satisfactoria. …el asesoramiento filosófico es el que ofrece una mayor variedad de enfoques prácticos y duraderos de los problemas más comunes que llevan a las personas a pedir ayuda, y obviamente llena los espacios en blanco que dejan otras clases de asesoramiento", advierte Marinoff."

    La psiquiatría tampoco consigue manejar de forma conveniente los problemas cotidianos de los que la mayor parte de la gente siente necesidad de hablar. A causa del énfasis posfreudiano que se pone en las enfermedades de origen biológico con síntomas mentales o emocionales (y en la receta de medicamentos para controlarlos), la psiquiatría únicamente afecta a una parte muy pequeña de la población. Quienes padecen disfunciones debido a enfermedades físicas que escapan por completo a su control (como los maníacos depresivos) se ven aliviados con la medicación. Para hacer frente a un problema de esta clase, debe dirigirse a la consulta del psiquiatra. Ahora bien, si su problema está relacionado con la identidad, los valores o la ética, lo peor que puede hacer es permitir que alguien le endilgue una enfermedad mental y le extienda una receta. Ninguna pastilla hará que se encuentre a sí mismo, que alcance sus metas o que obre como es debido. Si la raíz de su problema es filosófica, no hallará nada en los estantes de la farmacia que le proporcione un alivio duradero… Así como la medicación es posible que resulte útil en casos puramente psicológicos o físicos, la filosofía puede proporcionar una ayuda complementaria en cualquier caso que sea tratado con medios físicos o psicológicos. Incluso en los casos psiquiátricos en el sentido más estricto de la palabra, como la necesidad de litio para un maníaco depresivo, la filosofía puede ser de ayuda una vez que el enfermo se muestre médicamente estable… Una de las razones por la que tantos pacientes tropiezan con dificultades para ser fieles a la medicación (incluso cuando dicha medicación les da buen resultado) es que, de un modo u otro, no se sienten ellos mismos cuando la toman. Esto nos lleva al núcleo de la más filosófica de todas las preguntas: "¿Quién soy yo?" Tal vez necesite redescubrir su propio ser bajo el influjo de la medicación. Y esto, a su vez, conduce al tipo de preguntas "¿Qué me hace ser yo?" y "¿Qué soy además de mi cuerpo físico?" que constituyen el pan de cada día de los filósofos… ¿Cómo sabrá lo que debe hacer si no se conoce a sí mismo?... Por supuesto, conocerse a sí mismo tiene una vertiente psicológica, así como otra física, pero, a la larga, descubrir la esencia más íntima de su ser es una tarea filosófica. La idea de que todos los problemas personales son enfermedades mentales constituye prácticamente una enfermedad mental en sí misma. Su principal causante es la irreflexión y la mejor cura la lucidez. Y ahí es donde la filosofía entra en juego… Como consejero filosófico soy un abogado en defensa de los intereses de mis clientes. Mi trabajo consiste en ayudar a las personas a comprender con qué clase de problema se enfrentan y, mediante el diálogo, desenmarañar y clasificar sus componentes e implicaciones. Les ayudo a encontrar las mejores soluciones: un enfoque filosófico compatible con su propio sistema de creencias y, al mismo tiempo, en consonancia con principios de sabiduría consagrados que contribuyen a llevar una vida más virtuosa y efectiva… Es el diálogo, el intercambio de ideas en sí mismo, lo que resulta terapéutico", indica Marinoff.

    Por más que tratemos de confiar "ciegamente" en el conocimiento y la investigación rigurosamente científica, acudiendo a las "comprobadas" y reputadas ciencias como la psicología, el sicoanálisis o la psiquiatría, hay "problemas" del dominio exclusivo de la filosofía que estas ciencias no podrán solucionar o darles una respuesta, especialmente los dilemas éticos, morales o políticos que también perturban la psiquis humana… "Aunque "filosofía" y "práctica" son dos palabras que la mayor parte de la gente no suele relacionar, lo cierto es que la filosofía siempre ha proporcionado herramientas que las personas puedan usar en la vida cotidiana. Tanto Sócrates, que se pasaba el día debatiendo cuestiones de gran importancia en el Ágora, como Laozi, que recopiló sus consejos sobre cómo seguir el camino del éxito evitando todo perjuicio, querían que sus ideas fuesen de utilidad. La filosofía, al principio, era una forma de vida, no una disciplina académica; es decir, no solo objeto de estudio sino también de aplicación. No fue hasta el siglo pasado, aproximadamente, cuando la filosofía se vio consignada a un ala esotérica de la torre de marfil, llena de avances teóricos pero desprovista de toda aplicación práctica", acota Marinof.

    Muchos de los llamados libros de "autoayuda" o "autosuperación", en diversas ocasiones, se apoyan en la filosofía; sus autores acuden a ésta para extraer algunos principios, puntos de vista, doctrinas o ideas para sustentar sus "orientaciones". Es verdad que este tipo de "literatura" es objeto de controversia, debate y cuestionamiento; pero si se leen con auténtico sentido o espíritu crítico, sacaremos algún provecho "práctico" de sus "orientaciones", evitando ser alienados, domesticados, cosificados, masificados…

    Para los "escépticos" de la eficacia e importancia "práctica" de la filosofía, les queda claro que La filosofía, pese a su reputación de ser oscura y dificultosa, ofrece resultados prácticos a casi todo el mundo. Epicuro, que consideraba a la filosofía como la "medicina para la mente", sentenció que "vacuo será el razonamiento del filósofo que no alivie ningún sufrimiento humano". ¿Será que aprender a vivir auténticamente (que es uno de los tantos valiosos aportes de la filosofía) no es un quehacer práctico? "La filosofía está recobrando su legitimidad perdida como un modo útil de examinar el mundo que nos rodea, mientras el universo nos proporciona nuevos misterios antes de que ni la teología ni la ciencia hayan podido reconciliar los enigmas existentes", puntualiza Marinoff.

    Influencia de la filosofía y de los sistemas filosóficos

    La influencia de la filosofía y de los sistemas filosóficos ha sido, es y será demasiado valiosa. Desde el mismo instante en que surgió el pensamiento racional, el amor por la sabiduría, la filosofía, los paradigmas que ésta viene estableciendo, de acuerdo con su auténtica naturaleza, han venido sufriendo cambios radicales que de, una u otra manera, afectan e inciden en la historia y en algunas ciencias como la física, la astrofísica, las matemáticas, la química, la antropología, la epistemología, la pedagogía, la lógica, la política, el derecho, la economía, la medicina, la psicología, el psicoanálisis, la sociología, la tecnología y otros aspectos de la existencia: ética, moral, valores, educación, investigación, ontología, metafísica, gnoseología…

    El saber reflexivo, riguroso y sistematizado (la filosofía) es el más práctico de todos los saberes, debido a que todo hombre, aun el de la vida cotidiana y el científico que no hace profesión de filosofía, construye su imagen total de la vida y del mundo y de ella vive; sin la reflexión filosófica, ni se encuentra el hombre a sí mismo en el mundo, ni puede encauzar su obrar, ni poner en paz su vida afectiva. La filosofía occidental ha sido la que ha plasmado nuestra civilización.

    La filosofía griega (que comenzó con los Presocráticos, quienes se preguntaron por el origen y la naturaleza de las cosas) inició una marcha que nos ha llevado a las profundidades de la naturaleza con los últimos descubrimientos de la física atómica; nos ha acercado a los astros con la maravillosa tecnología de la astrofísica, ha unido a todos los hombres con los hilos invisibles pero efectivos de las comunicaciones modernas y nos ha permitido penetrar y descubrir los arcanos misterios del hombre a través de la medicina, sociología y psicología actuales. Los primeros filósofos tuvieron una inquietud común: buscar el fundamento de todo, es decir, el principio de donde todo procede, de lo que todo está hecho.

    Los filósofos clásicos, Sócrates, Platón y Aristóteles, retomando, confrontando y perfeccionando los planteamientos de sus predecesores, y creando sus planteamientos propios, establecieron un extraordinario y genial sistema de pensamiento que ha influido demasiado en la cultura occidental y que tiene una formidable vigencia en la actualidad.

    Los filósofos presocráticos constituyen el fundamento histórico y sistemático del platonismo. Platón y Aristóteles crearon sistemas tan profundamente pensados que servirán de fundamento a toda la filosofía occidental posterior. Sus sistemas, de máxima altura en la historia del filosofar, han permanecido como modelos de la más profunda y verdadera reflexión filosófica.

    Aristóteles, considerado por el consenso histórico como el más grande filósofo de todos los tiempos, sistematizó todo el pensamiento griego e implementó el llamado realismo aristotélico que sirvió de paradigma ontológico y metafísico hasta el Renacimiento, sin que su vigencia como filósofo hubiera llegado sólo hasta esa época.

    El francés Renato Descartes (1596-1650), con su espíritu moderno, partiendo de un pensamiento auténticamente original, instauró un nuevo sistema (idealismo) que se convirtió en el paradigma de la modernidad que impulsó la ciencia y el progreso, y que aún conserva cierta vigencia, dada la genialidad de este formidable pensador, que incursionó también en el campo de las matemáticas y otras ciencias. El idealismo cartesiano, que contribuyó al surgimiento del racionalismo y el empirismo, se consolidó con pensadores como Benito Spinoza (1632-1677), Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), Jonh Locke (1632-1704), George Berkeley (1685-1753) y David Hume (1711-1776), y fue llevado hacia sus más altas cumbres de perfección por Inmanuel Kant (1724-1804) y Georg Wilhelm Hegel (1770-1831). Con Hegel, el idealismo alcanza su más alto grado de desarrollo y perfección. El idealismo ha sido el sistema que más profundamente ha incidido en la cultura occidental moderna, debido a que dio origen a la ciencia y al progreso, y, de una u otra manera, todavía sentimos su evidente influencia en nuestra manera de hacer, de ser y de pensar.

    Con el surgimiento de filósofos como el alemán Kart Marx (1818-1888) y el francés Augusto Comte (1798-1857), en el siglo XIX, se supera, en cierta medida, el idealismo y se inauguran otros paradigmas: el marxismo, producto de la genialidad de Marx, y el positivismo, planteado por Comte. El marxismo (reacción y superación del idealismo) se constituyó en el paradigma de lucha del socialismo en contra del capitalismo, además de ser el modelo del materialismo ateísta. El positivismo, como reacción a la metafísica (y contra la filosofía misma), se convirtió en el paradigma que despertó una exagerada pasión por los hechos y la ciencia (hasta degenerar en un cientificismo o cientismo, que consiste en otorgar demasiada importancia a las ciencias, aun por encima de las demás actividades humanas, porque supuestamente la ciencia es capaz de resolver todas las inquietudes que el hombre pueda plantearse). Estos dos últimos paradigmas tuvieron gran vigencia durante la segunda parte del siglo XIX y comienzos del XX.

    En la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, como reacción a la subjetividad, producto del idealismo, nacieron otros sistemas que dieron origen a nuevos paradigmas, como el vitalismo, el personalismo y el historicismo con una corta y relativa influencia, excepto el utilitarismo y el pragmatismo que son paradigmas y formas de vida y de producción en Inglaterra y los Estados Unidos con una evidente y contundente vigencia. Pero a mediados del siglo XX entró en escena el existencialismo (reacción contra el idealismo, el racionalismo, el positivismo y el materialismo), un revolucionario sistema que centró su quehacer y su pensamiento en la existencia del hombre concreto con toda su problemática existencial. Este paradigma ejerció gran influencia en su tiempo y continúa, aunque no tan arrolladoramente, hasta nuestros días. A pesar de que cada paradigma filosófico ha sido superado por otro, cada uno sigue ejerciendo alguna vigencia en la actualidad; ninguno de ellos ha sido superado, desechado u olvidado definitivamente.

    ¿Quedan dudas sobre la utilidad de la filosofía? Como queda demostrado con los anteriores ejemplos o evidentes muestras, la filosofía fue, es y será demasiado útil en la cultura, la política, la sociedad, la economía, la ideología, la ciencia, la educación, en fin, en la vida misma…

    ¿Por qué se debe aprender a filosofar? Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11

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    Es conveniente considerar cuál es el valor de la filosofía y por qué debe estudiarse. Muchas personas, influenciadas por la ciencia, la tecnología o lo "pragmático" tienden a "dudar o vacilar sobre la filosofía, pensando que tal vez no sea nada mejor que una inútil e ingenua fruslería, traída de los cabellos, y controversias en materias sobre las cuales es imposible el conocimiento".39 A pesar de ello, Restrepo Trujillo plantea que la actividad filosófica, a sí sea considerada lujo, inutilidad o hasta deformación, en Colombia tiene que ir haciéndose parte de la existencia pública diaria.

    En nuestro sistema neoliberal, las llamadas personas "prácticas", los "pragmáticos", los positivistas, los que tienen un ideal de vida fundado en el hacer, el tener y el consumir, no acuden a la filosofía en busca de respuestas, porque creen que ésta nada puede aportar para obtener éxito, triunfar, superarse y "conseguir dinero", el dios todopoderoso del mundo capitalista. Guiados por esta "realidad", muchos desdeñan la filosofía y acuden a la ciencia en procura de "actividades útiles", rentables. El Positivismo, que pretendía encontrar en la ciencia todas las respuestas que el hombre busca, se interesó por la reorganización de la vida social para el bien de la humanidad a través del conocimiento científico y, por esta vía, del control de las fuerzas naturales. Para el Positivismo, la ciencia es el sistema más corriente para ordenar las sensaciones humanas y, por lo tanto, cualquier intento de conocer y analizar su esencia el mundo material sólo es una vacía especulación metafísica. "Para el Positivismo, la religión y la filosofía son superfluas, anticuadas, arcaicas. Ellas son la infancia y la adolescencia de la sociedad. Es necesario pasar a la edad adulta: la ciencia".40 El Positivismo sostiene que "la filosofía no tiene otro quehacer que el de ordenar lo dado inmediatamente en la experiencia sensible (positivo), lo efectivo, el hecho, fáctico, mediante el establecimiento de relaciones últimas, generales y constantes de la realidad (leyes)".41 Según Augusto Comte, fundador de esta corriente, el conocimiento científico representa la madurez del espíritu humano. Esta tendencia, que tuvo demasiado auge en el siglo XIX, influyó mucho en la mentalidad capitalista. ¿Actualmente es imprescindible la filosofía en el saber humano? ¿Son válidas sus respuestas para las necesidades actuales? El período positivo o científico renuncia a imaginar el porqué de las cosas y se limita a describir cómo pasan los hechos. "No se deje engañar por las burlas de los ignorantes acerca de los aspectos folclóricos del comtismo y tenga confianza: el poder de conocer el mundo y de organizar la sociedad está en manos de los científicos".42

    En nuestros tiempos "nos toca contemplar impotentes el fenómeno universal de la decadencia de la filosofía. Cada día son más los pensadores que expulsan a la filosofía de la república de las ciencias"43 El antropólogo francés Loren Eiseley, sostiene que "ahora mismo, con el entusiasmo de los nuevos descubrimientos, las declaraciones públicas de los científicos cada vez más auguran un futuro colmado de nuevas invenciones, reservas de energía, niños probetas, armas más mortíferas, pocos relativamente se han referido a los valores, la ética, el arte, la religión, o sean los aspectos intangibles de la vida que matizan una civilización y determinan a la larga si ella ha de ser humana o cruel; en otros términos, si el mundo moderno, en cuanto se refiere a la vida espiritual interior, será como la coraza acerada de la proyección exterior, o exhibirá la rica textura de la experiencia genuinamente humana".44

    Ni la ciencia puede reemplazar a la filosofía ni la filosofía a la ciencia. Las dos tienen su espacio, su dinámica y su quehacer en nuestra sociedad. Los científicos se ocupan de cómo es el universo, los filósofos del porqué del universo. Pareciere que, del mismo modo que los alquimistas buscaban la piedra filosofal, los científicos persiguen una fórmula que explique y describa el universo y sus fenómenos. El filósofo no es solamente un pensador, ni el científico es sólo un observador; ambos tienen que pensar y observar. Los dos piensan sobre las diferentes clases de observaciones. Uno tiene que hacer especialmente las observaciones, bajo condiciones especiales, antes de poder pensar para solucionar el problema. El otro puede confiar en su experiencia corriente. La filosofía alcanza su propia comprensión del mundo; una comprensión del mundo, una comprensión que supera el nivel de las ciencias particulares. Las ciencias particulares dan por supuesto su objeto (por eso se llaman ciencias positivas), pero el hombre no puede dar nada por supuesto si quiere tener una ultima claridad. Esa es la función, la exigencia de la filosofía. No existe una frontera bien definida entre la ciencia y la filosofía. "Ningún problema puede ser calificado definitivamente de científico o filosófico. La diferencia entre ambas reside, no en los problemas que abordan, sino en el modo de delimitar los temas y sobre todo en el método".45 Entre filosofía y ciencia existe un fin que las entrelaza: la certeza, la evidencia, la verdad. "El hombre busca saber, pero busca sobre todo saber la verdad del saber, y la búsqueda de la verdad puede decirse que pertenece inevitablemente a la realización vital del hombre, de tal manera que la razón y la vida se unifiquen en la vía de la trascendencia o del sentido pleno de las expectativas y realizaciones humanas"46 Pero las relaciones entre filosofía y ciencia son objeto de posiciones encontradas. Muchos científicos consideran que los aportes de la filosofía carecen de valor por no tener en cuenta los estándares del método científico. Afirman que se trata de especulaciones o de abstracciones incontrastables con la realidad. Para ellos, el filósofo es un hombre distraído con tendencia a separarse de la realidad. En contraste, varios filósofos piensan que la filosofía tiene establecido un camino independiente de los procedimientos técnicos y métodos de la ciencia. Ante estas posiciones, el pensador colombiano Hernando Barragán Linares plantea que "el papel de la filosofía es servir de coordinadora del pensamiento científico, lograr una síntesis conceptual donde el saber se unifique".47 Barragán aclara que la filosofía no se puede inclinar únicamente a escoger datos científicos. Ante todo, precisa, tiene una función crítica, fundamentadora, orientadora del proceso científico.

    El científico en su trabajo de investigación se encuentra con problemas inherentes al material de su quehacer a los cuales pretende dar respuestas de acuerdo con el método científico, "pero encontramos que el científico tiene que vérselas con una serie de dificultades propiamente filosóficas, por ejemplo cuando trata de situaciones como la naturaleza de la materia, el determinismo o indeterminismo de la naturaleza, etc., problemas que en el fondo tienen un carácter teórico de mayor extensión por cuanto no son sólo planteados a nivel de una ciencia determinada sino que hacen referencia a una situación no sólo de mayor amplitud sino también de mayor complejidad".48

    Si bien es cierto que la ciencia da respuestas a muchas de las preguntas que se hace el hombre práctico, "la diferencia entre filosofía y ciencia estaría en su actitud ante la certeza. En filosofía alternan tanto la búsqueda como el hallazgo, la duda como la tendencia al sistema. Ha dicho un filósofo que la medianoche contiene el amanecer. Constataba que el hombre siempre vuelve a la pregunta, como manera de ser original. Una pregunta que, a la vez que no tiene conclusión, no puede ser, como hoy, igual a la anterior", plantea el filósofo Jorge Restrepo Trujillo en su libro Filosofía para Profanos. Es posible, dependiendo de las circunstancias, que la ciencia pueda resolver preguntas de la filosofía, y viceversa. El filósofo Jaime Vélez Correa en su Curso de Filosofía I sostiene que es probable que ciertos aspectos de las preguntas a las que hoy atiende la filosofía reciban mañana solución científica, y es seguro que las futuras soluciones científicas ayudarán decisivamente en el replanteamiento de las respuestas filosóficas venideras, así como no sería la primera vez que la tarea de los filósofos haya orientado o dado inspiración a algunos científicos. No tiene por qué haber oposición irreductible, ni mucho menos mutuo menosprecio, entre ciencia y filosofía, tal como creen los malos científicos y los malos filósofos. La ciencia puede establecer, por sí misma, límites en el terreno del conocimiento positivo. Sin embargo, la filosofía, cuya naturaleza es cuestionarse las raíces de lo real y con ello penetrar en la dimensión de su carácter de criatura, se enfrenta formalmente con lo incomprensible, con la criatura en cuanto misterio. De lo único que podemos estar ciertos es que jamás ni la ciencia ni la filosofía carecerán de preguntas a las que hay que intentar responder.

    Con respecto a la ciencia, queda claro que "la opinión filosófica de la realidad, no podrá nunca ser opinión ingenua en sentido vulgar, ni crítica en el sentido científico, será un examen de las posibilidades no ya de los sentidos, sino de la razón, para determinar el valor de sus informaciones a los efectos de integrar el conocimiento total, es decir, una opinión crítica en sentido filosófico", aclaran Mercedes y Rosaura García Turudi en su Introducción a la Filosofía. La filosofía es como la ciencia y difiere de la historia en que busca verdades generales más bien que un informe sobre sucesos pasados en particular. Pero el filósofo no formula la misma índole de preguntas que el hombre de ciencia, ni emplea la misma clase de método para contestarlas. El quehacer filosófico consiste en explicar y no en describir la naturaleza de las cosas. Indaga más allá de la realidad y las relaciones entre los fenómenos; busca penetrar hasta las causas y condiciones últimas de las cosas existentes y mutables. Tales problemas se solucionan sólo cuando las respuestas a ellos son claramente demostrables.

    Es posible que los filósofos no hayan podido avanzar al paso de las teorías científicas. Pero el filósofo, sin la presión de la observación y de la experimentación, en una perfecta interrelación con el científico, puede complementar y perfeccionar sus planteamientos, para que sean acordes con la realidad actual, superando especulaciones filosóficas caducas, y no contradigan teorías científicas, evidentemente contundentes e irrefutables. La ciencia permite al filósofo desechar dogmatismos y saberes superados, especialmente en el campo cosmológico. La filosofía humaniza el quehacer científico. La filosofía no puede prescindir de la ciencia en procura de su fundamento y solidez. El filósofo que ignora las conquistas científicas, plantea sistemas ilusorios. "El científico, a su vez, necesita una buena formación filosófica para orientar y valorar su investigación en función del hombre integral, en todas sus dimensiones"49 Con la filosofía coordinamos las diferentes actividades, pero no alcanza el grado del saber propiamente dicho, reservado únicamente al conocimiento científico. Sólo existe un saber y una verdad científica, mientras que son posibles varias sabidurías filosóficas. "En la actualidad las ciencias pretenden explicar cómo están hechas las cosas y cómo funcionan, mientras que la filosofía se centra más bien en lo que significan para nosotros… la filosofía se pone a reflexionar sobre cómo cuenta para nosotros lo que sabemos lo que sucede y lo que hay".50 En tanto que la ciencia fragmenta y especializa el saber, la filosofía relaciona todo lo demás con el ánimo de humanizarnos. La ciencia ofrece soluciones; la filosofía, respuestas. La filosofía "rescata la realidad humanamente vital de lo aparente, en la que transcurre la peripecia de nuestra existencia concreta".51 El quehacer filosófico no busca suposiciones sino saberes seguros, "quiere saber lo que supone para nosotros el conjunto de nuestros saberes".52 La filosofía pregunta por cuestiones que los científicos dan ya como supuestas o evidentes. Según el filósofo Thomas Nagel, la principal tarea de la filosofía es cuestionar y aclarar algunas ideas muy comunes que todos nosotros usamos cada día sin pensar en ellas.

    En el amplio y fascinante mundo del conocimiento el historiador se pregunta qué sucedió en el pasado, el filósofo qué es el tiempo; el físico qué explica la gravedad, el filósofo cómo podemos saber que hay algo fuera de nuestra mente; un matemático cuáles son las relaciones entre los números, el filósofo qué es un número; el psicólogo cómo aprenden los niños el lenguaje, el filósofo por qué una palabra significa algo. La ciencia y la filosofía intentan contestar preguntas suscitadas por la realidad.

    Los filósofos, en el siglo XVIII, consideraban todo el conocimiento humano, incluida la ciencia, como su campo, y discutían si el universo tuvo un principio. "Sin embargo, en los siglos XIX y XX, la ciencia se hizo demasiado técnica y matemática para ellos, y para cualquiera, excepto para unos pocos especialistas. Los filósofos redujeron tanto el ámbito de sus indagaciones que Wittgenstein dijo: La única tarea que le queda a la filosofía es el análisis del lenguaje".53

    ¿Qué información puede ofrecernos la filosofía en esta época de grandes inventos y descubrimientos técnico-científicos: microchip, acelerador de partículas, internet, televisión digital, etc.? "¡Ninguna!", contestarán los detractores de la filosofía. "Pero quienes nos informan nos desinforman", refutarán los defensores de la filosofía. Savater, uno de éstos, sostiene que no queremos más información sobre lo que pasa sino saber qué significa la información que nos ofrecen las ciencias de la naturaleza, los técnicos y los medios de comunicación, "cómo debemos interpretarla con otras informaciones anteriores o simultáneas, qué supone todo ello en la consideración general de la realidad en que vivimos, cómo podemos o debemos comportarnos en la situación así establecida".54 En este contexto la filosofía responde a las preguntas de qué es la información, el conocimiento y la sabiduría.

    Los buenos científicos deben hacer filosofía de la ciencia. No obstante, numerosos científicos se han dado por satisfechos dejando la filosofía de la ciencia a los filósofos, y han preferido seguir "haciendo ciencia" en vez de dedicar más tiempo a considerar en términos generales cómo "se hace la ciencia". Según Einstein, con cierta justificación se afirma que el hombre de ciencia es un filósofo de mala calidad. ¿Por qué, por ejemplo, el físico no deja que el filósofo se ponga a filosofar? "Esto bien puede ser lo correcto en momentos en que el físico cree tener a su disposición un sistema rígido de conceptos y leyes fundamentales, tan bien establecidos, que ninguno puede tocarlos. Pero puede no serlo en un momento en que las bases mismas de la física se han vuelto tan problemáticas como lo son hoy. En tiempos como el presente, cuando la experiencia nos compele a buscar una nueva y más sólida fundamentación, el físico no puede simplemente entregar al filósofo la contemplación crítica de los fundamentos teóricos, porque nadie mejor que él puede explicar con mayor acierto dónde aprieta el zapato".55 El físico, dadas las dificultades de su ciencia, debe "afrontar problemas filosóficos en grado muy superior a lo que sucedía en anteriores generaciones".56 Einstein aclaró que para el científico es imposible avanzar sin la previa consideración crítica del problema de analizar la naturaleza del pensamiento de cada día. El filósofo, en su tarea de preguntarse sobre la materia, debe saber de física y química. "Un pensador que hoy intentase hacerse preguntas filosóficamente serias sobre la materia, ignorándolo todo de la física y la química actuales, sería un chamán o un ignorante, nunca un filósofo".57 La pretensión de la filosofía de elaborar un sistema sobre el mundo y el hombre independiente de los aportes de las ciencias no es posible, como tampoco es probable que el mero desarrollo de las ciencias baste para una adecuada concepción del universo. "La tarea de la filosofía es reflexionar sobre la cultura en que vivimos y su significado no sólo objetivo sino también subjetivo para nosotros: para ello, como resulta obvio, es necesario tener la mayor información cultural posible. No todas las personas cultas son filósofos, pero no hay filósofos declaradamente incultos… y las ciencias son parte imprescindible de la cultura, no una desviación de interés puramente instrumental. Sin preparación cultural previa a lo más que llega la filosofía es a fórmulas no totalmente irrelevantes pero bastante limitadas…"58

    Es procedente que los filósofos efectúen una revisión de las funciones de la filosofía y su quehacer en la dinámica del desarrollo de las ciencias. "Es necesario tomar conciencia de que la filosofía, al igual que los planteamientos científicos, necesita proyectarse, descubrir, valorar, inventar y dar solución a los problemas que se van presentando en todos los procesos reales. Así, la filosofía deja de ser la ciencia que tiene la verdad y comienza a caminar en pos de una verdad perfectible".59

    Es importante este quehacer debido a que la filosofía, como arte de las aclaraciones conceptuales, proporciona una habilidad para pensar claramente acerca de las cuestiones poco claras. Las aclaraciones conceptuales determinadas por el filósofo de la ciencia ayudan al científico a formular mejores teorías. En cuanto que la filosofía es sinóptica y especulativa, puede tener efectos prácticos al sugerir las teorías científicas del futuro. Como es problemática la relación ciencia y filosofía, es posible que existan interferencias. "Por un lado se puede caer en la tentación de querer marcar desde la filosofía los caminos de la ciencia y fijar los límites del valor de sus adquisiciones, como si no conociera el investigador mucho mejor que el filósofo las limitaciones de su propia ciencia. Y por otro, se da el caso de científicos que, desprovistos de toda cultura filosófica, se lanzan a hacer metafísica y construyen alegremente materialismos dogmáticos u otros sistemas, sin tener en cuenta las condiciones epistemológicas de su disciplina o de la ciencia en general"60

    Al científico se le ha supuesto un alto grado de veracidad desde sus comienzos, cuando aún se encontraba dentro del amplio universo de la filosofía. "El sabio-filósofo tenía la misión de encontrar la verdad y comunicarla. Hoy en día, los políticos, periodistas, artistas o vendedores pueden mentir de vez en cuando. Los científicos, no".61 Pero, por desgracia, los científicos no siempre dicen la verdad. Ellos a veces mienten, ya sea por conveniencias personales, sociales, económicas, religiosas o políticas. "Unas veces lo hacen por ingenuidad o por competencia; otras, por simple corrupción".62 Los filósofos es posible que no mientan intencionalmente, pero sus planteamientos, muchas veces, no corresponden con nuestra realidad, porque las evidencias, la realidad o la ciencia los han superado, refutado o desvirtuado. Las enseñanzas de Aristóteles (considerado como el pensador más genial de todos los tiempos; "un gigante mental", según la historiadora y filósofa Diana Uribe Forero), que eran aceptadas como verdades irrefutables hasta hace poco tiempo, han sido superadas. "Lo que él enseñaba era considerado como una verdad irrefutable para todo el mundo. Sin duda, Aristóteles había llegado a conclusiones ciertas en los campos de la lógica, de las ciencias políticas y también en el ordenamiento de las especies biológicas; pero hoy, muchos de sus conocimientos pueden considerarse –por decirlo suavemente- como una mezcolanza de argumentos todavía no demostrados y supersticiones".63

    En nuestro contexto el hombre viene alienándose profundamente, sumergido en el mundo tecnológico y en el consumismo capitalista. Vive de sucedáneos. Además de estar alienado, ha perdido su libertad. Según el filósofo Fernando Savater, los factores de la dignidad humana individual han tropezado modernamente con presunciones supuestamente científicas que tienden a cosificar a las personas, negándoles su libertad y responsabilidad y reduciéndolas a meros efectos de circunstancias genéricas. "Hoy, como ayer, el hombre pasa la mayor parte de su vida persiguiendo absolutos ilusorios, sueña con el paraíso, el prestigio, el poder; adorando ídolos y líderes; venerando algunos hombres y despreciando otros, amando sólo para odiar enseguida, escapando de la verdadera libertad y de sus , como lo ha indicado Erich Fromm, con el objeto de encontrar la cálida seguridad de conformarse con los hábitos del "rebaño"".64 Ricardo Yepes, profesor español de filosofía, en una entrevista publicada en INTERNET, sostiene que vivimos demasiado deprisa, y no tenemos tiempo de contemplar qué sucede a nuestro alrededor. Los pensadores antiguos siempre insistían en que el comienzo de la sabiduría es el "asombro" ante el mundo y lo que en él acontece; maravillarse y preguntarse: ¿cómo es posible que so suceda? Por ejemplo, en nuestro mundo siguen ocurriendo cosas poco humanas, y pasamos de largo ante ellas, porque nos hemos acostumbrado, como si fueran normales, cuando con frecuencia son perjudiciales y empobrecedoras. No nos hemos parado a pensar. Una tarea importante de los padres y educadores es fomentar una actitud crítica ante lo que se ha establecido como uso corriente en la sociedad.

    Ante el arrollador avance de la ciencia y de la tecnología, es bueno reflexionar un poco sobre el conocimiento que nos brinda la naturaleza, porque muchas veces es inexacto y nos puede alejar de la verdad. Según Blas Pascal, los conocimientos de la naturaleza arrojan al hombre a una contradicción insoluble y dolorosa, porque sus resultados pueden ser falsos. En tal caso, los seres humanos vivirán envueltos en una versión espuria de la realidad, con todas las consecuencias derivables de tan errática condición. En medio de la apabullante incertidumbre del mundo que nos rodea, dentro del cual no somos más que una partícula insignificante e innecesaria, debemos contemplar la naturaleza y contemplarnos a nosotros mismos, de manera que nos sea posible establecer justas proporciones entre estas dos contemplaciones, antes de ocuparnos de la indagación científica sobre el mundo. "Flotamos sobre un vasto término medio, siempre incierto y lanzados de un extremo a otro; si queremos afirmarnos en un punto, nos abandona, y si le seguimos, se aleja de nosotros en una huida eterna; nada se detiene para nosotros; es el estado que no es propio y a la vez el más contrario a nuestra inclinación, puesto que ardemos en deseos de hallar una base firme para edificar una torre que llegue al infinito; pero nos falta el suelo, y la tierra se abre a nuestros pies; no busquemos, pues, punto de apoyo; nuestra razón está siempre combatida por la inconsistencia de las apariencias, y nada puede fijar lo infinito entre los infinitos que lo encierran y lo huyen", precisa Blas en sus Pensamientos. Según Pascal, la ciencia natural no constituye la respuesta al deseo de conocer qué caracteriza a la condición humana. La ciencia genera error y parcialidad.

    El geólogo norteamericano, de origen japonés, Kenneth Tanaka, tratando de reivindicar la tradición judeo-cristiana, sostiene que la ciencia no tiene ni tendrá nunca todas las respuestas, no será dueña absoluta de la verdad. Según él, comprendió que la ciencia no le da propósito ni sentido duradero a la vida. "Las opiniones científicas actuales sobre el universo pronostican que, o sufrirá una implosión, o se disipará como una neblina de partículas sin estructura. Si la no existencia es el destino final, ¿cómo podría tener algún sentido la existencia?"65 Muchas teorías científicas que se han considerado como ciertas, han resultado erróneas. "En la ciencia, parte del desafío consiste en que los temas que abordamos son complejos, a la vez que los datos y las herramientas de investigación de que disponemos son limitados. Por ello, he aprendido a ser precavido a la hora de aceptar como hechos teorías no comprobadas, sin importar con cuánto cuidado hayan sido elaboradas"66

    En ocasiones se dice que los científicos no tienen Romanticismo y que su pasión por sus observaciones acaban con la belleza y misterio del mundo. "¿Pero no es emocionante comprender cómo funciona el mundo, saber que la luz blanca está hecha de colores, que el color mide ondas de luz, que el aire transparente refleja la luz, que al hacerlo discrimina entre las ondas, y que el cielo diurno es azul por el mismo motivo por el que el crepúsculo es rojo?",67 pregunta Carl Sagan, uno de los más brillantes científicos contemporáneos. Según el científico británico Paul Davies, la ciencia actualmente no posee una imagen muy agradable. "Se le considera fría, impersonal y carente de sentimientos. Incluso se le echa la culpa de que los hombres ya no seamos hoy el punto central y absoluto de todas las cosas y de que tengamos que conformarnos con la idea de que la humanidad es algo insignificante, alejada en un planeta sin importancia que se desplaza a enorme velocidad por el vacío del universo. Entonces ya no queda del hombre mucho más que la teoría de que es un mero accidente sin alma, sin objeto y sin finalidad alguna en un universo vacío de sentido y surgido sin planificación previa".68 En defensa de la ciencia, Davies se siente "obligado a creer que, a través de la ciencia, podemos tener efectivamente a nuestro alcance los fundamentos racionales de la existencia natural. Esta confianza se basa en que hemos descifrado ya grandes partes del código cósmico y que algún día conoceremos quizás toda la verdad".69 Según Davies, "vivimos en la era de la ciencia. Pero no sólo los científicos intentan atraer la atención de la gente. Religiones y corrientes filosóficas compiten con ella, afirmando que pueden ofrecer una imagen del mundo mejor o más completa. En su fuerte concurrencia con otros sistemas de ideas, la reivindicación de la ciencia tiene gran importancia, porque ella se ocupa de la verdad, y toda teoría científica sólo se mantiene en pie cuando es demostrada experimentalmente".70

    Es muy cierto que en los últimos años el saber científico ha venido imponiéndose. Es cierto, igualmente, que siempre estamos experimentando, pero la filosofía no supone una determinada forma científica de experiencia. No es necesario estudiar ciencias experimentales para poder filosofar. Los científicos se han constituido en un criterio de verdad para muchos. "Los descubrimientos científicos nos dejan extasiados como si se tratase de los primeros frutos ansiados del árbol de la vida. Los mitos, dogmas y creencias se tambalean y desmoronan estrepitosamente al paso arrollador del saber científico".71

    También es cierto que la ciencia ha brindado aportes significativos a la humanidad. Pero a pesar de los útiles avances tecnológicos y otros aportes de invaluable interés en muchos campos del saber, que nos han liberado de temores y costumbres perjudiciales, han traído consigo algunas consecuencias negativas: espacialismo, tecnocracia y peligro de autodestruirnos. No obstante debemos impulsar y apoyar el quehacer científico para un mejor desarrollo, pero es necesario apartar el cientificismo. "Cuando el conocimiento científico se vuelve exclusivista, corremos el riesgo de perder el sentido profundo del hombre, de la vida y del universo".72 Los filósofos sabemos que las grandes transformaciones de la sociedad contemporánea han sido posibles gracias a una de las más grandes creaciones del espíritu humano, surgida del clima espiritual fraguado en los primeros siglos modernos. "Es sabido que sin la técnica la mitad por lo menos de nuestra sociedad quedaría paralizada, y que tal parálisis afectaría el desenvolvimiento de las ideas no menos que a los procesos económicos y sociales. Pero es igualmente cierto que sin un subsuelo a la vez económico y espiritual la evolución técnica sería imposible. La historia humana es un inmenso animal que se muerde la cola".73

    Los defensores de la filosofía en ningún momento pretendemos descalificar a la ciencia ni desconocer sus invaluables conquistas, sus vitales aportes, especialmente los logrados en los siglos XIX y XX. En los albores del siglo XX se plantea la Teoría de la Relatividad y luego se formula el Principio de Incertidumbre de la Mecánica Cuántica, según el cual el hombre no es un intruso en la naturaleza, sino parte del fenómeno. El filósofo acepta y reconoce que estas teorías (la Mecánica Relativista y la Mecánica Cuántica) están cambiando el mundo con una velocidad impresionante; que sus principios nos muestran que estamos enfrentados a lo interdependiente, y que hoy nos enfrentamos a la realidad virtual. Sabemos que estamos pasando del paradigma mecanicista a un paradigma relativista y cuántico; que todo está relacionado con todo y que todo es un sistema compuesto por otros sistemas, incluido todo lo que hay en el universo.

    El filósofo sabe perfectamente que existe un cambio de paradigma impresionante, y que lo de atrás influye permanentemente sobre lo de hoy. Es consciente que ese cambio nos exige que nos sincronicemos y revisemos nuestra manera de ver y concebir el mundo. Para muchos filósofos las relaciones de incertidumbre constituyen una prueba de que existe indeterminismo en el universo físico y que, más allá de esto, se probaría que hay una especie de principio de libertad. ¿Qué filósofo podría ignorar esta realidad? El Principio de Incertidumbre de la Mecánica Cuántica afecta profundamente al pensamiento de los físicos y los filósofos, y esto lo sabe el filósofo. Por eso no desconoce su influencia directa sobre la cuestión filosófica de causalidad, es decir, la relación de causa y efecto.

    El filósofo argentino Víctor Massuh, en un breve ensayo titulado De la ciencia a la sabiduría, analiza la relación ciencia y filosofía, y sostiene que "uno de los progresos mayores que se espera de la ciencia es el que conduce a la sabiduría. Es decir, hacia un conocimiento que, sin dejar de ser riguroso, se complete con la sensibilidad humana, la apertura al otro, a otras disciplinas, la ética, el arte, las letras; que logre abrirse hacia aquello que florece en sus márgenes pero que, llegado el momento, contribuye a completarla. La ciencia, en este caso, vendría a ser el camino a la sabiduría".74

    El referido pensador define la sabiduría como "un saber donde la verdad, el bien, la belleza y lo sagrado procuran integrar sus respuestas en un conjunto coherente y un estilo de vida". Piensa que es la continuidad aventurera de la ciencia que "traza planes imaginarios de lo que vendrá, siente como contemporáneas a las futuras generaciones, se codea con la utopía pero no participa de su borrachera cuando esta última imagina mundos sin eternos visitantes sombríos del mundo: la enfermedad, la injusticia, el sufrimiento, el mal y la muerte". Considera que la sabiduría "es el antídoto de la utopía porque intenta una viable convivencia con aquellas figuras de lo irremediable... La ciencia no es lo opuesto a la sabiduría sino que ésta es su consumación".

    El mismo intelectual, analizando los vínculos entre el pensamiento científico y filosófico, piensa que "la ciencia fecunda campos ajenos: esconde una dimensión que lleva a la sabiduría y, a través de este rodeo, ella es más ciencia. Por su puesto, esto se alcanza cuando supera sus miras estrechas, su dogmatismo... El ensayista considera que "ciencia y sabiduría convergen en la perspectiva de poner límites a la desmesura tecnológica", advirtiendo que "esta convergencia también puede darse en el debate reactualizado por el postmodernismo filosófico en torno a la siguiente pregunta: ¿el principio de realidad reside en el fragmento o en la totalidad, en la partícula o en el organismo, en la parte o en la estructura, en el individuo o en el conjunto? Tradicionalmente, la ciencia se inclina por el primer término, la sabiduría por el segundo. Pero hoy sus lenguajes se aproximan en el sentido de recordar que nada en el ser humano es un fragmento. Por cualquier terreno que transitemos, marcha con nosotros el horizonte de la totalidad. Sólo desde ella podemos descender (o ascender) a la humilde partícula".

    El autor argentino plantea que la "marcha de la sabiduría contemporánea necesita hacerse con la ayuda de una nueva cartografía que presente como simultáneas las riquezas del pasado del mundo", ya que "la vivencia de todo-tiempo implica ir al encuentro de otras culturas, sangres, tradiciones, lenguas; es decir, llevar a buen término la experiencia del mestizaje: esa aventura mayor en una época, como la nuestra, sobre la cual pesa la tentación de cerrar cada fragmento de humildad en sí mismo... Este encuentro con otro diferente no sólo es un acto de confianza en los secretos talleres de la vida, sino también en el nacimiento de una identidad, la aparición de lo inédito, lo inesperado, un ensanchamiento del alma, una salida al espacio abierto, a un nuevo todo, a la simultánea diversidad del mundo"

    La ciencia no ofrece todas las respuestas a la compleja problemática del universo, ni los filósofos han cesado de preguntarse. Sin soslayar la ciencia, el verdadero filósofo sí es capaz de aclararles inquietudes a los jóvenes, plantearse inquietudes profundas y aportar soluciones a la angustiante realidad actual. En plena postmodernidad, desconocer la importancia de la ciencia, sería mera necedad e ignorancia. La ciencia y la filosofía son indispensables, porque ambas obedecen a dos necesidades del espíritu humano. Necesitan compenetrarse porque ninguna puede desconocer sus saberes y sus métodos; la filosofía no puede ignorar los aportes científicos para afianzar sus planteamientos. Para Will Durant, "la ciencia es descripción analítica, la filosofía es una interpretación sintética".75 Oswaldo Robles, en su obra Propedéutica filosófica, nos aclara que "los grandes filósofos han sido versados en la ciencia de su tiempo".76 La diferencia estaría en que "la ciencia hace sus conquistas siempre a base de pruebas objetivas, de verificaciones incontrovertibles; las conclusiones a que llega la filosofía no son susceptibles de pruebas objetivas, y por lo tanto, de verificaciones incontrovertibles".77

    A pesar de que la ciencia nos ha brindado muchas respuestas de interés para tratar de comprender el universo y mejorar la calidad de vida, aún no ha podido responder a muchas preguntas que nos inquietan y desconciertan. ¿Puede descubrirse la verdad con la ayuda de la ciencia? La ciencia no puede aclarar todo. "La ciencia consigue logros extraordinarios cuando se trata de explicar los electrones o la larga cadena de moléculas de ADN, pero sus posibilidades son limitadas cuando se trata del amor, la moral o el sentido de la vida. Porque aunque estas experiencias son parte de la realidad, no forman parte de la ciencia pura"78, aclara Paul Davies. Algunos teóricos afirman que la ciencia está herida de muerte: salvo algunos asuntos concretos, aseguran que ya ha descubierto todo lo que tenía que descubrir. No es así. En todos los campos del saber quedan zonas oscuras y senderos sin explorar. La ciencia nos ayuda a dominar acontecimientos mostrándonos que dependen unos de otros, pero no puede explicar nada en un sentido profundo. La ciencia se ocupa de la verdad, no de los dogmas. La verdad es limitada y apenas si puede satisfacer el ansia de muchas personas de lograr la comprensión definitiva de las cosas. Una meta quizá inalcanzable para nuestros inquietos cerebros. "Los resultados científicos sólo pueden ser reflejo exacto y objetivo del mundo real en teoría. En la práctica, hace ya mucho tiempo que la naturaleza de la verdad científica no es tan unívoca. Siempre nos encontramos con un sí, pero…".79

    Quienes no conocen la importancia de la filosofía en la educación, piensan que "hablar de filosofía es hacer referencia a algo totalmente abstracto de cuyo dominio se encargan muy pocas personas, y lo que es peor, se considera una pérdida de tiempo y energía".80 Algunas concepciones marxistas plantean que la filosofía sólo sería el vano parloteo de hombres aislados de todo contacto con la realidad concreta, mientras que únicamente las condiciones económicas constituirían la verdadera infraestructura de cada civilización. En defensa del filósofo, el profesor Georges Politzar sostiene que "vulgarmente se entiende por filósofo: o bien el que vive en las nubes, o bien el que toma las cosas por su lado bueno, el que no se hace mala sangre para nada. Por el contrario, el filósofo es el que quiere, en ciertas cuestiones, dar respuestas precisas, y si se considera que la filosofía quiere dar una explicación a los problemas del universo (¿de dónde procede el mundo? ¿a dónde vamos?), etc., se ve, por consiguiente, que el filósofo se ocupa de muchas cosas y, a la inversa de lo que se dice, se preocupa mucho de todo... Por tanto, diremos, para definir la filosofía, que quiere explicar el universo, la naturaleza, que es el estudio de los problemas más generales. Los problemas menos generales son estudiados por las ciencias. En consecuencia, la filosofía es una prolongación de las ciencias".81

    El brillante filósofo y matemático británico Bertrand Russell considera que "la filosofía ha de estudiarse, no por razón de obtener respuestas definitivas a sus interrogantes, pues, como norma, no hay respuestas definitivas que puedan conocerse como verdaderas, sino más bien por razón de los propios interrogantes; pues ellos ensanchan nuestra concepción de lo que es posible, enriquecen nuestra imaginación intelectual, y reducen la seguridad dogmática que cierra la mente a la especulación; pero ante todo porque, a través de la grandeza del universo que contempla la filosofía, la mente también se vuelve grande, y se hace capaz de una unión con el universo que constituye el sumo bien".82 La filosofía, "más que contenidos, es una actitud, y esta actitud sirve constantemente como dinámica espiritual a partir de la cual se pretende investigar y construir la verdad humana, verdad jamás terminada y finiquitada".83 La filosofía tiene una forma particular de afrontar la problemática, y "se caracteriza menos por los temas que maneja, y más, mucho más, por la forma filosófica en que los aborda, pues, acotamos nuevamente, el filósofo no es otro que el amigo de la sabiduría, que el incansable buscador de la verdad. Pues todo mortal que se afana por pelar la dulce cáscara de la fruta hasta poder cascar la dura almendra de la verdad última, ya por eso es un señor y cabal filósofo... La función del filósofo... es alcanzar a pronunciar, acerca de cualquier asunto crucial, nada más ni nada menos que la última palabra".84

    Hay quienes consideran que no es conviene filosofar ya que el hacerlo inquieta al hombre, causándole innecesarias angustias. Ciertamente, filosofar es sembrar inquietudes, incertidumbres e insatisfacciones. "La sorpresa ante las cosas que constituyen nuestro mundo despierta en nosotros la pregunta sobre las mismas, nos torna investigadores y se inicia así la dinámica del filosofar. Al término del preguntar alcanzaremos la sabiduría o conocimiento de los principios y causas inmanentes de las cosas. No se trata, sin embargo, de una actividad o un hábito fácil de adquirir ni de una conquista ligera. Se vive como un compromiso vital con todo lo que nos rodea y se plasma en actitudes precisas que caracterizan la posición y vocación del filósofo".85

    Si bien algunos filósofos modernos se han dedicado a hacer difícil el filosofar y a desviar a la filosofía de los reales problemas de la existencia humana, la filosofía es un asunto fácil. Precisamente los niños y los adolescentes son los mejores filósofos pues son quienes se hacen las verdaderas preguntas con admiración y claridad. "La filosofía propiamente dicha trata de asuntos de interés para el público culto en general, y pierde mucho de su valor si sólo unos pocos profesionales pueden comprender lo que dicen los filósofos".86

    Para que el joven tenga una mentalidad crítica y transformadora, es necesario educarlo filosóficamente. En consecuencia, se deben abrir espacios pedagógicos donde se cuestionen, critiquen, analicen y reflexionen los problemas concernientes al hombre en sus diferentes actividades; donde el joven encuentre en el aula un espacio para confrontar a partir de la libertad y el diálogo, contando con sujetos comunicativos con capacidad de lenguaje y acción en un horizonte de comprensión, tolerancia y pluralismo para hacer uso público de su razón. "La filosofía debe romper con una educación que quiere a un hombre heterónomo, es decir, alguien que tenga un máximo de heteronomía y el mínimo de autonomía",87 ya que la filosofía debe buscar formar en él un ser con identidad, capaz de responder a sus necesidades y problemas, que no sea objeto de mercado, sino, por el contrario, creador y gestor de un pensamiento propio para buscar un proyecto de vida que lo realice. Ese proyecto de vida, debe ser además un proyecto de ciudad donde vive y un proyecto de país para iniciarse en el ejercicio de la ciudadanía donde la solidaridad trascienda la validación epistemológica que confiere la actividad académica.

    El pensamiento filosófico generado en la educación es aquel que trabaja sobre los procesos que condujeron a resultados o a la forma como se lograron ciertas formulaciones, ya que se mira la construcción del saber. De no ser así se podría afirmar con Estanislao Zuleta que nuestra educación actual es una educación sin filosofía, "porque es una educación para que el individuo rinda cuentas sobre los resultados del saber y no para que acceda a pensar en los procesos que condujeron a ese saber o a los resultados de ese saber. Le ahorran a uno la angustia de conocer".88 El mismo Zuleta plantea en su libro póstumo Educación y Democracia que "además del problema de enseñar resultados, sin enseñar los procesos del conocimiento, existe un problema esencial: en la escuela se enseña sin filosofía y ese es el mayor desastre de la educación. Se enseña geografía sin filosofía, biología sin filosofía, historia sin filosofía, filosofía sin filosofía, etc."89 Filosofar es existir auténticamente, porque "es emprender el camino de volver a ver y asumir el propio destino y la realidad de un modo radicalmente distinto. El itinerario es la propia existencia, el horizonte los problemas que ella misma suscita, el término, el reencuentro consigo mismo y el misterio que nos sustenta y nos sobrepasa".90 Educadores del Gimnasio Moderno de Bogotá como Carlos Cardona S. y Uriel A. Cárdenas, en este sentido, denuncian que la articulación curricular del Ministerio de Educación Nacional señala una tajante separación entre física y filosofía, lo cual ocasiona un descuido deliberado en lo que atañe a la importancia de la pregunta por el ansia de las respuestas.

    La filosofía permite la formación de intelectuales. El intelectual, como la persona que tiene la responsabilidad de brindar a una sociedad maneras de poder pensarse a sí misma, de conocerse, de construir su pasado y vislumbrar el futuro, debe ser amigo de la liberación racional, del debate argumentado y de la discusión crítica. La sociedad actual necesita de los intelectuales. Requiere de hombres capaces de repensar la realidad, de disentir, de controvertir, de plantearle inquietudes al sistema político imperante, de desinstalar lo instalado y de cuestionar lo que otros dan por sentado o prefieren no cuestionar. Personas iconoclastas, anticonvencionales, desmitificadores, reaccionarios, contestatarios, críticos, rebeldes sin importar las consecuencias, auténticos, autónomos, independientes, autoconscientes e íntegros. Seres que vivan en el descontento, en el inconformismo y en la profesión de las ideologías revolucionarias o reformistas.

    El filósofo, además de ser un intelectual, también es un humanista, y el filósofo, como humanista, como hombre que sabe mucho, ama precisamente al mundo a causa de su diversidad y no le espantan sus contradicciones. Según el filósofo y educador Gustavo Bueno, "la filosofía es necesaria en sí misma para la formación humanística de la juventud". Nada está más lejos de su espíritu que pretender eliminar las contradicciones a la manera de los fanáticos y sistemáticos, que procuran reducir todos los valores a un solo número y todas las flores a una sola forma y color; precisamente ésta es la nota característica del espíritu humanista, no valorar las contradicciones como hostilidad y buscar para todo lo aparentemente inconciliable una unidad superior, la unidad humana.

    Filosofar en la educación es un llamado a salir de la educación bancaria donde el alumno es un receptáculo de información… a encontrar cómo el saber enseñado en el aula tenga una aplicabilidad para resolver problemas en el transcurrir del diario vivir. "El filosofar es una actitud en la cual se trata de explicitar nuestra manera originaria de vivir y construir el mundo. En este sentido, el filosofar tiene como condición de esta actitud, la crítica. El filosofar nos permite determinar la estructura de nuestra existencia como intencionalidad hacia la libertad y hacia la autonomía. En este sentido, el filosofar, por esencia, tiene carácter de liberación".91 El filosofar nos muestra que "no es lo mismo saber de veras que limitarse a repetir lo que comúnmente se tiene por sabido".92

    El profesor Deháquiz hace énfasis en que la educación hoy debe transformarse desde una razón comunicativa, donde la libertad y el diálogo sean propios de cada uno de los estamentos que lo conforman; porque la filosofía germina y se concreta en el acto libre de los individuos que integran la sociedad con el fin de superar los estados de sumisión, donde se destruyan prejuicios y barreras que no permiten un estado de alteridad; la filosofía busca formar una conciencia liberadora y no alienada, para construir un hombre crítico, ya que solamente cuando se tiene una conciencia crítica podemos hablar de realizar un cuestionamiento al fundamento del sistema para alcanzar una mejor convivencia, y así tener "una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma. Que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable y conciba una ética para nuestro afán desaforado y legítimo de superación personal..."93 Es tan importante la filosofía en la educación que "por su carácter crítico y formativo la filosofía está llamada a cumplir tarea significativa dentro del currículum del estudiante de bachillerato. En efecto, ella debe despertar en los jóvenes su capacidad de reflexión sobre todo aquello que se presenta como evidente en sí, tanto a nivel personal como a nivel comunitario; permitiendo que su universo mental se abra hacia lo insospechado y que integre sus experiencias en una comprensión unitaria del mundo natural y humano. El fruto del ejercicio reflexivo no es otro que el poner en orden en la experiencia dispersa".94 La formación filosófica debe propender por "la preservación de un pensamiento realmente crítico: el filosofar como centinela del hombre, de su dignidad, de sus posibilidades".95

    La filosofía debe forjar en el estudiante el espíritu crítico como condición básica para desarrollar una personalidad con autonomía, creatividad e iniciativa; pretendiendo que, a través de la crítica, llegue a la edad del pensamiento emancipatorio, es decir, que se asuma la responsabilidad de pensar por sí mismo; dejar su "minoría de edad", como lo planteaba Kant. Aprender a pensar es pensar por sí mismo y no repetir pensamientos ajenos; comprometerse con un pensamiento personal, auténticamente propio. Pensar por sí mismo implica cuestionarse y ver las cosas desde una nueva perspectiva. Igualmente, desarrollar una conciencia crítica que sea tolerante en relación con la pluralidad de ideologías, de religiones, de dogmas, de doctrinas de partidos políticos, de precisiones por parte del Estado y de acciones evidentes que atenten contra la paz y los derechos humanos del hombre de su entorno. Es decir, que la filosofía sea una instancia crítica de reflexión y diálogo para asumir los saberes y prácticas cotidianas de la sociedad. "El espíritu crítico evita caer en las soluciones inmediatistas y en los reduccionismos interpretativos, al mismo tiempo que cuestiona esa prudencia conformista que paraliza cualquier proyecto innovador".96 El hombre acrítico es una sombra proyectada por la sociedad. Está perfectamente adaptado para vivir en el "rebaño", reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos útiles para la domesticidad.

    Así como la revolución filosófica consiste en convertir a los individuos en portadores del sentido racional de la realidad –agrega Savater-, la revolución democrática consiste en convertir a los individuos en portadores del sentido político de la sociedad. Estas transformaciones radicales configuran en el acuñamiento de sujetos, es decir protagonistas de acciones significativas, no meros repetidores de tradiciones de fundamento metahumano ni encarnaciones episódicas de un orden inmutable que no puede ser cuestionado. Tanto la democracia como la filosofía se basan en sujetos que no se dedican a profetizar, dar órdenes o guardar silencio sino que discuten y, lo que es más importante, discuten de igual a igual. "Siempre, antes de que pueda ser edificado algo nuevo, es preciso que sea atacado y removido primeramente, en su autoridad, lo existente", sentencia Stefan Zweug.

    Como se aprecia, la filosofía se interesa por la pregunta y devenir de la democracia. Para Savater, democracia y filosofía se sustentan y se ejercen por medio del intercambio verbal paritario. "Por su parte, también la filosofía duda (es decir, desautoriza a) de los portadores del oráculo, los meros fabuladores, los visionarios, los predicadores de fe y obediencia, los que hablan en nombre de lo desconocido y, del mismo modo, los que no conocen mayor argumento que la autoridad académicamente refrendada, los poseedores de habilidades instrumentales que aconsejan renunciar a la teoría, los especialistas que desacreditan la generalidad supraespecífica del saber (o, al menos, de la pregunta), los gestores de una eficacia entendida como única verdad" (Diccionario filosófico).

    La filosofía debe permitir, mediante la crítica, que el hombre sea capaz de escucharse y reconocerse a través del rostro del otro, gracias al conocimiento diagonal y consensual que se logre sobre aquellos aspectos en que se pongan de acuerdo los interlocutores, para vivir con los demás con dignidad, cooperación y solidaridad; nos debe posibilitar que comprendamos que "el diálogo con los otros no es más que la ocasión o la provocación a dialogar con uno mismo, es decir a pensar".97 La filosofía, que nos facilita reconocer y respetar la diferencia, es el escenario para la generación de amplios y auténticos espacios de tolerancia. "La ausencia de una enseñanza que dé al alumno competencias filosóficas, como la crítica, los procesos de razonamiento o el conocimiento profundo de las principales corrientes del pensamiento humano, hacen poco viable, por ejemplo la práctica de la tolerancia".98

    Es demasiado importante para el estudiante de filosofía despertar y cultivar su sentido crítico. Con gran fundamento se afirma que "la educación impartida por el sistema imperante se orienta hacia el mantenimiento de los esquemas tradicionales de la organización social, basados en la dominación y la dependencia, mediante el cultivo de actitudes de sumisión y repetición de lo mismo".99 Esta advertencia es la que debe motivarnos a interpretar, porque "una educación crítica comienza por enseñar a interpretar. El hombre de nuestro pueblo latinoamericano no está acostumbrado a interpretar. Una educación para el cambio debe fomentar la interpretación personal de la realidad en orden a la formación de una visión propia de la misma, sin condicionamientos ideológicos ni presiones por parte de los grupos de poder".100 Precisamente, "la filosofía constituye un discurso crítico, sistemático y prospectivo... sobre las prácticas del hombre frente a la realidad..."101; por eso "el filósofo está llamado a constituirse en la conciencia crítica de la sociedad".102 Es el custodio crítico de la razón y la libertad. Como lo planteaba Husserl, el filósofo es "el funcionario de la humanidad". El filósofo, movible como un reflector, debe derramar su luz sobre todos los problemas de la vida e iluminarlos con una penetración constante y profunda.

    El sentido crítico es la aptitud para ver los hechos tal como son, para tener en cuenta todas las circunstancias, para desconfiar prudente y racionalmente de uno mismo y de los demás, y para liberarse de todos los prejuicios. Es esa capacidad para plantearle problemas a la realidad, en búsqueda de respuestas. El estudiante debe saber que el que duda con sentido crítico es un sabio.

    El sentido crítico nos permite una percepción clara de la realidad, porque las apariencias nos alejan de las esencias. "El dogmatismo de nuestra percepción natural nos coloca el mundo, las cosas, como existiendo siempre, y esto es impedimento para la captación de las esencias que están más allá de los puros hechos; pero la reflexión filosófica debe abandonar tal actitud si quiere dar cuenta de su sentido profundo".103 Las apariencias son "camuflajes", y para el filósofo José Ortega y Gasset el camuflaje es, por esencia, una realidad que no es la que parece, porque su aspecto oculta, en vez de declarar, su sustancia; razón por la que engaña a la mayor parte de las gentes. Es por eso que nos advierte que sólo se puede librar de la equivocación que el camuflaje produce quien sepa de antemano y en general que el camuflaje existe.

    El sentido crítico tiene estrecha relación con la creatividad, porque ésta "es una cualidad resultante del espíritu crítico. El hombre capaz de juzgar con objetividad e independencia sobre el valor y el sentido de los acontecimientos y de las cosas en general, tiene la disposición requerida para buscar soluciones innovadoras, críticas. La comprensión crítica del pasado permite interpretar sin compromisos el presente y diseñar modelos y programas diferentes para un futuro nuevo. La criticidad produce insatisfacción con lo ya experimentado que no conduce a la solución de los problemas".104

    El profesor Eudoro Rodríguez Albarracín nos dice que "volver a vivir a través de la aventura del pensamiento crítico, es el comienzo de la actitud filosófica ante la realidad. Volver a las preguntas originales del porqué, para qué y el qué de la realidad, es volver a reencontrarnos a través de la palabra evocadora, del lenguaje que todo lo abarca y lo sustenta".105 El mismo autor sostiene que "el distanciamiento crítico frente a lo cotidiano y frente a la inautenticidad del dejarse vivir sin asumir un comportamiento personal frente a la realidad, constituye el inicio de una dinámica que configura una actitud filosófica expresada a través de una postura crítica frente a lo existente", y agrega que "la criticidad no supone una negación total de lo existente, sino la captación que ello es producto de un proceso y que, por tanto, la vida no se reduce a una simple adaptación frente a las circunstancias sino que, por el contrario, implica una superación constante (trascendencia), un rebasamiento en orden a la realización total de las posibilidades humanas".106 Desde su experiencia como intelectual, como filósofo y como educador, precisa que "la persona es al comienzo y durante mucho tiempo, mientras no adopte una posición crítica frente a la realidad, un producto de los condicionamientos sociales; su forma de interpretar la realidad está condicionada por el conjunto de ideas-valores predominantes en la sociedad, hasta el punto de que aun cuando en algunos momentos de su vida puede entrar en conflicto con ciertas normas, ideas o instituciones vigentes, nunca pensará su solución más allá de los mismos recursos que el sistema le brinda".107



    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11



    Es muy importante despertar el sentido crítico, porque "el alumno crítico será luego una persona libre, capaz de desenmascarar las ideologías y de hacer frente a las estructuras y los mecanismos sociales de opresión".108 La criticidad debe desinstalar la cotidianidad. La autenticidad permite el desarrollo del sentido crítico. "La virtud central y permanente de toda auténtica educación en cualquier sistema es la formación de la criticidad de una imagen total del hombre que impida su cosificación y manipulación".109 La criticidad rompe el marco de lo cotidiano, porque "la criticidad como algo inherente a la autenticidad humana es el paso necesario, la actitud primera para el filosofar que comienza con una crítica de la experiencia diaria, de los perfiles concretos, de la cotidianidad tal como está materializada por la sociedad vigente".110 El auténtico filosofar rompe con lo cotidiano. "Una auténtica actitud filosófica sólo puede originarse desde un distanciamiento metódico de lo dado, de lo cotidiano".111 Si se rompe el marco rutinario de lo cotidiano, la vida se vuelve problemática y revela sus propias dimensiones; así "es posible cuestionar y asumir en forma crítica nuestra vida diaria".112 La filosofía es una orientación del pensamiento enfocada a la agudización de la capacidad crítica y "al robustecimiento de la capacidad de entenderse en el mundo, de aclararse sus propios condicionamientos, su hacer y los objetivos que dan sentido a su conducta y, consiguientemente, a sus conocimientos positivos, científicos, artísticos o técnicos".113

    Es el sentido crítico el que nos permite ver más allá de lo aparente. La filosofía se caracteriza porque favorece en la persona el nacimiento y fortalecimiento de una actitud crítica, capaz de ponerlo todo en duda. "La filosofía empieza por desconfiar de lo obvio y por precisar opiniones o conceptos aceptados, hasta llegar a cuestionar la forma como se producen... incluso la forma como se hace este cuestionamiento y su porqué".114 El sentido crítico nos aleja de la mentalidad credulona, porque "credulidad significa candidez, ingenuidad, confianza, inexperiencia e incluso bobería. Si no se tiene un punto de referencia conceptual sólido o un criterio filosófico previo, todo es posible en la dimensión desconocida. Un solo acierto puede más que mil errores".115 El estudiante de filosofía necesita del sentido crítico, debido a que si no asume una actitud crítica, entrará al mundo de la confusión, donde cualquier cosa puede ser cualquier cosa, incluso él mismo.

    Si el estudiante aprende a reflexionar críticamente estará en condición de convertirse en un verdadero agente de transformación. "La única herencia auténtica y valiosa de toda la filosofía es el modelo del pensamiento libre y crítico, así como la fe en que, mediante dicho pensamiento, podemos hacer del mundo un lugar mejor".116 Transformar la realidad y hacer un mundo mejor "significa que hay que modificar la realidad, cambiar la vida de tal forma que ya no haya que soñar... Transformar el mundo no significa hacer cualquier cosa".117 Pero hay que tener presente que "una acción transformadora consiste en destruir o contribuir a destruir lo que hace posible la falsa conciencia..."118 Los jóvenes de hoy no quieren "más información sobre lo que pasa sino saber qué significa la información que tenemos, cómo debemos interpretarla y relacionarla con otras informaciones anteriores o simultáneas".119

    El filosofar, además de permitir que el alumno adquiera un sentido crítico, contribuye eficazmente y con argumentos a la "asunción de responsabilidades, la solución de los conflictos y problemas y habilidades para la comunicación, la negociación y la participación".120

    El estudiante debe aprender a estar alerta para evitar la masificación y la domesticación, porque en nuestro contexto, por diversos intereses (oscuros), la educación, supuestamente democrática, no cumple el ideal de socialización, sino con los de masificación y domesticación. Según el profesor Jesús Jaramillo Posada, "las instituciones escolares están entregando a la sociedad es una masa amorfa de imbéciles despersonalizados, que se dejan llevar de la ternilla…"121 Así, los estudiantes terminan el proceso académico alienados, cosificados, allanados en su dignidad humana, en su autenticidad, en su espontaneidad y en individualidad. Esa masa indefinida de estólidos es incapaz de oponer resistencia crítica a las circunstancias que dificultan un buen proyecto de vida. "La nuestra es una educación demagógica más bien que democrática. El estudiante que no ha aprendido a pensar críticamente, que no ha llegado a respetar a la razón como el único árbitro de la verdad en las generalizaciones humanas, que no se ha visto elevado por encima de las tenebrosas callejuelas de las jeringonzas y santos y señas locales, no podrá ser salvado por el orador de las aulas, y luego sucumbirá ante el orador de barricada y ante la prensa".122 Los docentes tienen el compromiso de educar a los jóvenes para que sean personas responsables, "cuyos actos, evitando los extremos, se enfoquen siempre al bien connatural, y les capaciten para ser conductores potenciales cuya conciencia se afinque profundamente en el respeto por la paz, la democracia y el amor a la humanidad".123

    La filosofía es necesaria para todos, porque "el hombre siempre ha necesitado filosofar. El niño cuando inquiere saber sobre el mundo y sus causas, sobre el porqué de las cosas, está filosofando. Y aún quienes nieguen la necesidad de esta ciencia para reemplazarla por la angustia u otro sentimentalismo, usan de ella para sus argumentaciones y exposiciones".124 Según Oreste Saint-Drome, la filosofía posee la capacidad de reducir el sufrimiento. "El filósofo amigo de la sabiduría, casi siempre recomienda contener, dominar, razonar, superar, moralizar, trascender, ordenar, apagar o sublimar las pasiones, porque la vida es un pozo sin fondo de angustias causadas por las pasiones".125

    En esta sociedad capitalista, alienada y neurotizada, el estudiante adolescente –en proceso de búsqueda de identidad-, necesita aprender a filosofar con el propósito de que aprenda a vivir su realidad de manera auténtica a través de una comprensión objetiva de ésta, pues las estrechas miradas que tiene un joven que no ha entrado en contacto con el vasto y apasionante universo de la filosofía le impiden explorarla en su totalidad mediante otras cosmovisiones diferentes a la religiosa, que es la lente tradicional por la que la mayoría de los individuos la percibe, la interpreta y la sistematiza.

    Sumergido en el amplio y esclarecedor mundo del filosofar, el estudiante sabrá que existen cosmovisiones distintas a la religiosa como la científica, la estética y la filosófica, las cuales le ensancharán su horizonte de comprensión de los fenómenos que conforman el complejo universo de los seres, las cosas o la realidad. Por tanto explorará en ellas, distanciándose críticamente de los limitados, dogmáticos, deterministas, fantásticos, irracionales y míticos caminos por donde la tradición y la cultura, profundamente alienada por el acerbo acrítico de creencias, lo han conducido, privándolo de otras maneras de ver el mundo.

    Si bien es cierto, como más adelante se verá, que no puede apartar de su forma de ver el mundo la cosmovisión religiosa, también es cierto que debe acudir a su influyente lente para complementar su mirada global del universo, pero con un esclarecedor espíritu crítico; de lo contrario podría terminaría sin comprender el confuso lenguaje (en apariencia sencillo) religioso, profundamente cargado de parábolas, simbolismos, alegorías y metáforas. Es tan compleja la manera en como están escritos los textos religiosos que la hermenéutica (el arte de la interpretación) surgió como una necesidad de interpretarlos. Si capta la realidad y pretende explicitarla y entenderla meramente a través de la cosmovisión religiosa, el joven corre el riesgo de adquirir el sesgado hábito mental de buscar respuestas a sus preguntas más acuciantes y a su problemática inherente a su ser y al ser del hombre y de las cosas en la magia, en la hechicería, en el tarot, en el horóscopo, en la astrología, en las supersticiones, en las pitonisas… con el concomitante distanciamiento de la realidad y, principalmente, de su realidad.

    Herederos de la tradición medieval, profundamente religiosa, la gran mayoría sólo ve la realidad a través de la cosmovisión religiosa, con algunas consecuencias para la construcción de un proyecto de vida bueno, debido a que la religión contiene ciertos elementos alienadores y masificadores. Sólo quien ha estudiado la religión con hondo sentido crítico, podrá sacar provecho de ésta para su espiritualidad, sin que se convierta en un hombre del "rebaño".

    Entendemos por cosmovisión la idea global que el hombre se forma del mundo en que vive, la cual le permite dar razón de sí mismo y de cada uno de los seres que integran su mundo. Una cosmovisión, igualmente, se define como aquella forma estructurada de conocer y comprender la realidad total en que predomina una determinada actividad psíquica y una especial actividad vital. Una cosmovisión es una concepción del cosmos que, en un sistema coherente de puntos de vista sobre el mundo (naturaleza, sociedad y pensamiento), influye de manera fundamental en la actividad del hombre. Se puede definir también como el conjunto de conocimientos que vamos adquiriendo durante nuestra vida, que configuran en cada uno de nosotros la imagen general o universal de la realidad; una especie de idea o visión global del mundo, en la cual cada una de las ideas particulares de las cosas, como si fuera una pieza de un gran rompecabezas, se integra con las demás formando un conjunto armonioso. Es ella la que nos permite encontrarle sentido a la fría y muda objetividad de los seres humanos; por ella las cosas se convierten en posibilidades, cobran sentido e interés para nosotros.

    Todas las personas tienen una concepción del mundo, sólo que en unas se forma de manera espontánea y en otras se va formando conscientemente, tratando de comprender la vida de la sociedad y la propia, su actitud ante el mundo mediante el estudio de las ciencias concretas y la filosofía. El carácter de la concepción del mundo es determinado en última instancia por el nivel de desarrollo social, por el estado de la ciencia y de la instrucción. La concepción del mundo de un hombre de la época antigua o feudal se diferencia fundamentalmente de la de un miembro de la sociedad capitalista, y más aun de la socialista. Pero al mismo tiempo la concepción del mundo de personas que viven en la misma sociedad es muy distinta. Las ideologías, la religión, la ciencia y las doctrinas políticas también influyen en la concepción del mundo.

    Existen diversas cosmovisiones del universo, del mundo o de la realidad (estética, científica, filosófica y religiosa), y aunque cada una de ellas es suficientemente diferente a las demás, ninguna puede aislarse. Los planteamientos sobre el hombre y el universo resultan diferentes desde cada una de ellas. Cada una posee su propia forma de responder a los grandes interrogantes que preocupan al hombre. A veces los planteamientos de estos modelos cosmovisivos están de acuerdo o se complementan. Pero muchas veces se oponen, sin que resulte posible poner de acuerdo a los defensores de una o de otra. Frente a todas estas cosmovisiones, el ideal no consiste en elegir la que nos parezca más provechosa y desechar las demás, sino integrar lo más valioso de todas; única forma de superar las limitaciones de cada una. Quien no logre integrarlas y mirar el universo a través de cada una de ellas, se complicará la existencia y será incapaz de relativizar la verdad.

    La cosmovisión artística o estética se caracteriza por abrirse sin barreras al orden sentimental de los valores de la vida y a la observación y comprensión del universo a través de la belleza o de las formas armónicas y agradables a los sentidos. La cosmovisión científica hace hincapié en el logro de objetividad y universalidad para el conjunto de sus conocimientos obtenidos por cuantificación y verificación. Pretende explicar el mundo partiendo de las experiencias científicas. La ciencia se centra en la experimentación, busca la objetividad. Carecen de interés para ésta las explicaciones que no puedan ser comprobadas con todo el rigor de sus propios métodos. La cosmovisión filosófica, que es la más amplia de las cosmovisiones, pretende conocer la razón y las relaciones profundas y permanentes de cada ser y de la totalidad de los seres. La filosofía pretende encontrar el sentido que tienen los seres para el hombre, apoyándose en la razón. La cosmovisión religiosa estructura la captación de la realidad haciéndola pasar a través del prisma de relaciones volitivas (que se relacionan con la voluntad) con seres sobrenaturales. La religión pretende explicar el mundo mediante fuerzas sobrenaturales. La religión es el conjunto de creencias míticas o reveladas que se aceptan como la explicación verdadera de la realidad, por pura fe, sin necesidad de verificación o comprobación alguna. Es una orientación del hombre hacia lo sagrado. El mito y la revelación le confieren su fundamento. El mito es una afirmación o narración fantástica de algún acontecimiento trascendente en el que intervienen fuerzas sobrenaturales. Es la forma de expresarse que tiene la vivencia religiosa. El mito es una "historia sagrada" elaborada por el hombre primitivo para explicar su realidad, el origen del mundo, , plantas y el hombre, transmitidas de generación en generación, en donde los protagonistas son seres divinos. Se caracteriza porque trata de explicar la realidad; es un relato fantástico; surge de la invención y la imaginación del hombre primitivo; es tradicionalista (se transmite de generación en generación); por lo general narra el origen del hombre, del universo y otros interrogantes; puede tener tres bases: hecho real, histórico y filosófico; tiene un sentido simbólico; nace con el advenimiento de un pueblo para explicar su origen; relata siempre hechos muy antiguos desde los inicios de la vida de un pueblo; los protagonistas de un mito son seres sagrados o dioses; narra siempre hechos relacionados con la divinidad; y trata de los secretos divinos o del poder de los dioses. Para la religión existe un hecho básico: el hombre mantiene una relación de dependencia con seres sobrenaturales, que configuran el ámbito de la divinidad. En el mundo de lo divino, al cual sólo tenemos acceso por la fe, según la cosmovisión religiosa, encuentran su respuesta los interrogantes fundamentales del hombre.

    Además de todo lo anterior, la filosofía genera un inefable goce espiritual y existencial, ya que el amante de la filosofía se solaza con los sorprendentes e interesantes planteamientos y disfruta el zambullirse en la profundidad de los textos filosóficos, que son un extenso mar de sabiduría. Pero para entender los textos de filosofía es necesario contextualizarnos, porque "toda obra filosófica hay que enmarcarse dentro del contexto en el cual fue escrita, si bien su alcance explicativo no se limita al marco de una cultura situada y circunscrita, sino que puede seguir iluminando el desarrollo posterior de la humanidad. En este sentido hoy leemos a Aristóteles, Platón y otros filósofos clásicos y nos encontramos con elementos que nos ayudan a entender no sólo su menudo sino también el nuestro" (PRADA MARQUEZ, Blanca Inés. Filosofía y cultura. Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, 1998. p. 5).

    ¿Se puede enseñar filosofía?

    En el vasto panorama del discurrir educativo surge la pregunta de si la filosofía es enseñable. Que sea enseñable la filosofía, es uno de los muchos debates no concluidos en la educación. Las posiciones respecto a la filosofía van desde el extremo de quienes la consideran lo más importante hasta quienes piensan que filosofar es un esfuerzo inútil. El profesor Jorge Deháquiz, en su libro ¿Enseñar filosofía o aprender a filosofar?, aclara que desde el campo educativo las objeciones más importantes se refieren a la conveniencia, la utilidad y la "enseñabilidad" de la filosofía. Consideran algunos el filosofar como una tarea vana. Es cierto que para quienes han reducido la vida personal o social a los márgenes de sobrevivencia de la sociedad opulenta, es inútil ponerse a filosofar. Sólo quienes creen que la vida humana va más allá de sus dimensiones materiales e inmediatas, la filosofía recobra sentido. En efecto, ella nos enseña a plantearnos correctamente los verdaderos problemas, a distinguirlos de los falsos, a clarificar nuestros pensamientos, a expresar en forma clara y auténtica aquello que pensamos y a defender nuestras posiciones con sólidos argumentos. Sobre la "enseñabilidad" de la filosofía hay quienes afirman que se trata de cuestiones demasiado difíciles que deben dejarse para mentes privilegiadas. No hay tal.

    Al plantearse el interrogante de si se puede enseñar filosofía, surgen algunas objeciones como las que detecta y analiza el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy en su Didáctica de la filosofía: psicológica, de especialización y pragmática. La objeción psicológica sostiene que el joven estudiante, debido a que se encuentra en una etapa de equilibrio anímico inestable, puede verse afectado psicológicamente por la conciencia crítica y la problemática que cultiva la filosofía. La objeción de especialización plantea que la filosofía, por ser un tipo de conocimiento especial, requiere de espíritus capacitados para una dedicación plena para adquirirlo. La objeción pragmática afirma que lo importante de la educación es la capacitación técnica y práctica del estudiante antes que un saber especulativo de orientación antipráctico, abstracto y no inmediatista. Estas razones son las que, en diversas épocas y circunstancias, han puesto en duda la inclusión de la filosofía en los programas académicos o se le haya dado poca importancia a su "enseñanza".

    Ante estas objeciones, el filósofo Simón Mario Gómez, a través de su Didáctica de la filosofía, plantea sus razones y sus fundamentos para defender y justificar la inclusión de la filosofía en la escolaridad media o secundaria, ya que la esencia de la filosofía consiste en constante planteo de problemas con su correspondiente intento de solucionarlos. Ante la objeción psicológica, opina que el estudio de la filosofía no es perjudicial para el estudiante adolescente, porque cuando el joven atraviesa por ese momento crítico de su vida en que su crisis mental es más aguda, la iniciación sistemática al desarrollo reflexivo y crítico del pensamiento es benéfico para él porque contribuye a la maduración de sus facultades mentales y al desenvolvimiento dinámico y armónico de su personalidad. Respecto a la objeción de especialización, aclara que la educación secundaria nunca pretende la formación de especialistas, de filósofos. La misión del auténtico educador se orienta a la modelación de hombres y no la configuración de especialistas. En cuanto a la objeción pragmática, argumenta que la filosofía, en la enseñanza media, no es pura y simple especulación inútil. Lo antipráctico sería el no dirigir las operaciones mentales conscientes: reflexión y juicio, pues se correría el riesgo de convertir al estudiante en un aprendiz de autómata, con una mentalidad y un espíritu proclives al utilitarismo y al exclusivo interés práctico, lucrativo, rentable.

    Si tenemos en cuenta el enfoque de Piaget, la etapa de las operaciones formales –que corresponde a la adolescencia- sería la época apta para que el estudiante se inicie en el apasionante universo del filosofar, porque en ese período empieza a desarrollarse el pensamiento abstracto y la capacidad de formular conceptos. Precisamente, la filosofía se mueve en los terrenos de la abstracción y los conceptos, además de las ideas, que son su eje fundamental. La concepción piagetana plantea que los adolescentes pueden pensar en términos abstractos (manipularnos y entenderlos) y probar sus ideas íntimamente recurriendo a la lógica. Los adolescentes, gracias a su capacidad de abstracción están en condiciones de formular reglas generales sobre el mundo y luego probarlas con base en los hechos; es decir, pueden afrontar ideas de manera sistemática y científica. En esa etapa el joven es capaz de reflexionar sobre las diversas opciones, de razonar en términos hipotéticos y entender las analogías y metáforas, algunos de los campos en los que se desarrolla el filosofar. Como comienza a ser introspectivo, piensa que los sentimientos son singulares por su contenido e intensidad. Al abrirse a los demás y formar relaciones más maduras, empieza a juzgarse en términos más realistas.

    En este período, en el que maduran sus procesos cognitivos o de pensamiento, cuyas estructuras básicas son las imágenes y los conceptos –escenario propicio para el filosofar-, se presenta como el momento en que puede ejercitar sus capacidades cognoscitivas como la inteligencia, el entendimiento, el razonamiento, la creatividad, la intuición y la solución de problemas, que son las herramientas básicas para el ejercicio del filosofar.

    Es procedente aclarar que las imágenes, los conceptos, la inteligencia, el razonamiento, la creatividad y la intuición son categorías mentales que nos permiten pensar las cosas, generalizar, diferenciar o razonar en forma abstracta, además permitirnos plantear y resolver problemas. Las imágenes –que son más concretas que las palabras- son los recuerdos mentales de una experiencia sensorial o abstracta. La creatividad es la capacidad consciente de generar ideas u objetos originales que incluyen ideas filosóficas hasta obras artísticas. La inteligencia es una combinación práctica de solución de problemas, capacidad verbal y competencia social. Según Piaget, la inteligencia práctica es uno de los datos fundamentales sobre los que descansa la educación activa. La intuición es el acto mediante el cual captamos la realidad ideal de algo, o el tránsito o paso de una idea a otra. A través de ella se penetramos en la esencia misma de las cosas, en la esencia misma de la verdad. La intuición es uno de los principales instrumentos del filosofar.

    El adolescente, por encontrarse frente a un horizonte amplio, abierto e infinito, es una persona ávida del filosofar, por cuanto esta actividad del espíritu le permite encontrarle sentido a su existencia, que en esa edad está expuesta a diversas opciones que le brinda el entorno, las cuales, no necesariamente son las más indicadas para su proyecto de vida buena, ya que entre éstas se encuentran las que lo despersonalizan: drogadicción, alcoholismo, delincuencia, vagancia…

    El estudiante, con espíritu juvenil, rebozante de alegría (el ambiente de la acción) y optimismo (la palanca omnipotente), gracias al filosofar, abona el terreno fértil donde germinarán nobles y elevados ideales para la lucha y la acción. El joven alumno, tesoro y fuerza, con su entusiasmo y esperanza, como sus altas y fecundas virtudes, debe modelar a su espíritu juvenil con el filosofar como una herramienta para conquistar el dominio del futuro, del porvenir.

    La objeción mayor respecto a la enseñanza de la filosofía radica en que pueda enseñarse a pensar. La experiencia y la realidad muestran que lo más importante para la vida de los seres humanos no es enseñable: amar, vivir, decidir, convivir, etc. Le corresponde a cada uno aprenderlo.

    A las anteriores y a otras objeciones, a lo largo de este texto se ha tratado de formular los respectivos argumentos para refutarlas, defender y resaltar su importancia en la educación secundaria. Es por eso que a la pregunta que nos ocupa se responde que, además de poderse enseñar a filosofar, se puede enseñar filosofía. El aludido Gómez invita a la escuela a iniciar al estudiante en la filosofía, mediante la reflexión filosófica, es decir, poniéndolo a filosofar. La profesora María Graciela Olaya de Cerón propone que la iniciación debe ser más práctica (activa) que teórica, ejercitando su pensamiento, su reflexión y su juicio, las facultades superiores de una persona. El filosofar le permite encontrar sentido a lo que es, a lo que hace y a lo que posee, o sea al sentido de su vida. Gómez precisa que no se trata de que el alumno adquiera perfecto dominio de todos y cada uno de los problemas de la filosofía, sino de buscar que, tomando como puntos de partida hechos muy concretos que constituyan para el estudiante verdaderas vivencias, procure profundizar en ellos valiéndose de los grandes temas de la filosofía que pueden contribuir a cumplir los objetivos del .

    ¿Desde dónde filosofar?

    Como pueblo en vías de desarrollo, se debe filosofar desde y en perspectiva latinoamericana, teniendo en cuenta que "el filosofar latinoamericano debe definirse como apertura: apertura a la tradición y apertura a la realidad enmarcada por el contexto histórico-cultural a partir del cual se filosofa".126 En este sentido, el profesor Hernando Barragán Linares, en su libro Filosofía Moderna, señala que los latinoamericanos estamos construyendo un pensamiento propio, descubriéndonos a nosotros mismos en nuestra personalidad y capacidad a través de la reflexión seria y comprometida de los hechos con su realidad. Buscar la esencia de lo latinoamericano, sus valores, su historia, sus instituciones, su terruño como elementos que han moldeado su espíritu, es hoy un quehacer, un compromiso que no tolera postergaciones de ninguna índole. Estamos frente a circunstancias especiales que nos exigen un examen detenido de nuestro pasado histórico para poder detectar las raíces de un pensar auténticamente latinoamericano.

    El filosofar latinoamericano no puede ser sólo juego de conceptos divorciados de nuestra realidad ni repetición de discursos o planteamientos europeos o norteamericanos, así estén de moda. El pensador mexicano Leopoldo Zea, a través de su libro La filosofía americana como filosofía sin más, aclara que no se trata de que no debemos estudiar lo que en otras latitudes se piensa y de que no podamos hacer uso o instrumentalizar en beneficio propio ciertas categorías independientemente de su origen europeo norteamericano. Pero nuestro discurso debe tener acento propio; debe ser distinto, como la realidad de la cual es reflejo y comentario.

    El mismo Zea en su libro Filosofar: a lo universal por lo profundo, respecto a la auténtica filosofía, sin que sea copia del pensamiento de Europa, piensa que se puede filosofar auténticamente desde Latinoamérica, sin desconocer la importancia de la filosofía occidental, pero ésta no será la que de las respuestas a la problemática nuestra. Será en la propia filosofía euroeo-occidental –precisa- que los latinoamericanos encuentran los instrumentos para captar y aceptar la original de las expresiones de su propio filosofar o razonar... Se puede filosofar, hacer ciencia, desde una determinada circunstancia que no tiene, ni puede ser la misma de la filosofía europea y occidental... Europa ofrece así el nuevo arsenal de interpretación filosófica, pero no ya la verdad por excelencia que ha de ser buscada y alcanzada por los propios latinoamericanos. Ayuda a plantear y resolver los problemas del hombre de esta América, pero no le da ya la solución misma de esos problemas. Es el hombre, este hombre concreto de Latinoamérica, el que ha de encontrar y dar las respuestas apropiadas... Se parte del propio pasado filosófico, pero también del conocimiento del pasado filosófico europeo, para hacer del mismo instrumento de la propia y original interpretación de una filosofía al servicio de la realidad e historia latinoamericana... Se trata así de una filosofía originaria de Latinoamérica, nacida de su prosa problemática; filosofía que no tiene por qué ser mejor o peor que cualquier filosofía. Tampoco se trata de una filosofía opuesto al filosofar europeo-occidental, sino tan sólo de un filosofar distinto, porque distinto es el campo de su preocupación... Filosofar distinto, pero no extraño al filosofar considerado como universal... Un filosofar consciente de esta situación es, por ello, un filosofar del hombre y para el hombre y por ende filosofar, universal. Porque es el hombre, sujeto y objeto, de todo filosofar en que otorga la universalidad.

    Con gran fundamento nos dice la Universidad Santo Tomás que los programas de filosofía deben apuntar hacia la articulación e integración del discurso filosófico universal con las experiencias concretas y situadas de una filosofía y pedagogía inculturadas en Colombia y América Latina, con el propósito de profundizar en su significado y finalidades.

    A pesar de que Restrepo Trujillo sostiene que no es posible hablar de filosofía colombiana o iberoamericana, ese filosofar debe enfocarse en la problemática del hombre latinoamericano, específicamente del colombiano, "no sólo como filosofar del y para el hombre latinoamericano y colombiano, sino también, y por ello, como filosofar del hombre y para el hombre. Filosofar concebido como discurso de lo universal pero a partir de nuestras experiencias y situaciones concretas"127 Así afirme Restrepo Trujillo que la filosofía es universal, reconoce que por ese mismo motivo le corresponde a cada persona o pueblo incorporarse al crecimiento de lo que adecuadamente es la universalidad de la conciencia. Además de aceptar que esto es posible y obligatorio, constituye una orientación para Colombia y otras sociedades, necesitadas urgentemente de criterios para manejarse por sí mismas.

    En Latinoamérica nos preguntamos ¿qué pasa con la enseñanza de la filosofía en la educación media? En ésta "existe la tendencia a considerar como eje transversal de todos los planes de estudio la formación en valores, en actitudes éticas y en procesos de pensamiento, reflexión y crítica"128 Por eso cuestiona si la filosofía se está diluyendo en el conjunto de las asignaturas. En consecuencia, "debe convertirse en eje transversal... que permita integrarlo a todos los aspectos de la vida escolar".129

    En el contexto latinoamericano debemos contar con un joven formado filosóficamente para que pueda convivir armónicamente, respetando y tolerando a los demás; con una mentalidad abierta a otros universos, a otras realidades. "Estamos en mora de poner en práctica una nueva cultura de la cooperación internacional multilateral, basada sobre la tolerancia, el respeto por el otro, por su mundo y por la forma de captarlo y de relacionarse con él".130

    A pesar de que el debate sobre la existencia o no de una filosofía latinoamericana continúa vigente, la verdad es que nuestro continente y específicamente Colombia tiene una realidad propia, concreta, particular, con sus propios problemas. Pero como la filosofía, según Hegel, es hija de su tiempo y de su cultura, debe pensar y repensar los problemas nuestros para que sea una filosofía auténtica, raizalmente situada. Precisamente, por ser raizal la filosofía está lejos del universalismo unívoco, propio de las ciencias, y presenta cierta analogía con otros productos de la cultura: música o literatura, universales a fuerza de ser raizales, tal como lo plantea el aludido Gómez.

    Si la reflexión filosófica está animada por el horizonte de comprensión, la situación y la experiencia, se debe enseñar a los jóvenes a filosofar en perspectiva latinoamericana, debido a que nuestro horizonte de comprensión y de visión, nuestra situación y nuestra experiencia individual, social e histórica obedecen a una dinámica que genera problemas propios, producto de la realidad y del contexto peculiar de nuestro continente. En consecuencia, la filosofía latinoamericana será aquella que se hace desde nuestra circunstancia peculiar latinoamericana, tal como la concibe Gómez, quien aconseja que para nuestro horizonte, nuestra situación y nuestra experiencia de subdesarrollo, de opresión y de dependencia, el filosofar en perspectiva latinoamericana será aquella que asuma el proceso de cambio y de liberación, de acuerdo a la propia especificidad de la filosofía.

    ¿CÓMO DEBE SER LA ACTITUD DEL ESTUDIANTE ANTE LA FILOSOFÍA?

    El estudiante debe asumir una actitud activa y comprometida en su proceso de aprender a pensar filosóficamente, por cuanto requiere que se libere de la inacción (típica de esta sociedad paternalista) y de los prejuicios. En nuestro contexto, heredero de la tradición escolástica española, se registra un marcado desequilibrio entre teoría y práctica; somos muy teóricos y poco prácticos. El filosofar requiere de práctica, de acción. El alumno demasiado retórico escasamente aprende a repetir, copiar e imitar lo que dijeron los filósofos; el estudiante que combina teoría y práctica, y fundamentalmente actúa, aprende a pensar, a filosofar. En cuanto a lo de liberarse de prejuicios implica deshacerse de los comentarios sin fundamento que a priori se hacen sobre la supuesta inutilidad de la filosofía; de la forma como otros estudiantes y muchos "adultos" (inclusive algunos "profesores" de otras áreas) descalifican la filosofía y la tildan de ser una materia aburrida, una más del pénsum académico. Si vamos a filosofar es necesario liberarnos de la pasividad y de los prejuicios, porque filosofar es actuar y pensar por sí mismo.

    El estudiante que empieza a recorrer el apasionante sendero del filosofar debe saber lo que busca en ese camino y a dónde quiere llegar, porque "iniciarse en la filosofía no es asimilar un saber logrado, sino lanzarse, por su propia cuenta y riesgo, a filosofar"131, debido a que "no hay manera a de ingresar en la filosofía sin entrar en el diálogo de los filósofos, aprender su lenguaje, recibir el impacto de sus inquietudes y ser promovido de este modo a un nuevo pensar".132 Con gran sabiduría el filósofo Epicuro, en su famosa Carta a Meneceo, nos dice que "ni el joven sea remiso en ponerse a filosofar, ni el viejo se canse de filosofar. No se es demasiado joven ni demasiado viejo para la salud del alma. El que dice que no ha llegado todavía a la edad del filosofar, o que ya ha pasado, se asemeja al que dice que para la felicidad o no ha llegado todavía la edad, o ya ha pasado. Así que debe filosofar el joven y el viejo: esté, para que, al envejecer, rejuvenezca con bienes que le acarrea el recuerdo del pasado; aquél, para que sea a la vez joven y hombre maduro por la impavidez ante los sucesos futuros". La afirmación de Epicuro debe ser un ferviente llamado a involucrarnos seriamente en el compromiso de filosofar. La juventud es la mejor edad para comenzar a filosofar, porque tiene exigencia de rigor, de racionalidad y de intelectualidad.

    Filosofar es asombrarse de que las cosas sean como sean. Según Karl Jásper, el filosofar es como un despertar de las ligaduras que nos atan a las necesidades de la vida". El comienzo de la filosofía es el asombro, es decir, la capacidad de maravillarnos ante lo que todos a nuestro alrededor consideran obvio y seguro. La inclinación por la filosofía nace fundamentalmente de la admiración o el asombro y de la duda. Platón sostenía que el asombro "es la actitud de un hombre que ama verdaderamente la sabiduría". Aristóteles pensaba que el asombro ha inducido a los hombres a filosofar. "Los hombres, para remediar su ignorancia, empezaron a filosofar", señaló. La filosofía es el arte de asombrarse y los filósofos son pedagogos del asombro. "Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. Es el deporte y el lujo específico del intelectual", escribió José Ortega y Gasset en su Rebelión de las masas. Precisamente sobre la ignorancia es que el hombre comienza a filosofar, tal como lo planteó Sócrates. Según éste, el filosofar comenzaba con el conocimiento de no saber nada: la ironía o el reconocimiento de la propia ignorancia. "Sólo sé que nada sé", fue su máxima. "La experiencia más hermosa que tenemos a nuestro alcance es el misterio. Es la emoción fundamental que está en la cuna del verdadero arte y de la verdadera ciencia. El que no la conozca y no pueda ya admirarse, y no pueda ya asombrarse sin maravillarse, está como muerto y tiene los ojos nublados" (Albert Einstein).

    Por eso el estudiante, si en realidad quiere aprender a filosofar, es necesario que posea una actitud "", es decir, capacidad de admiración (disposición fundamental para filosofar). Esta disposición es la capacidad de problematizarlo todo, de convertirlo todo en problema. "El que quiera ser filósofo necesitará puerilizarse, infantilizarse, hacerse como el niño pequeño", señala el filósofo español Manuel García Morente. Esta disposición de ánimo, para éste, consiste esencialmente en percibir y sentir por dondequiera, en el mundo de la realidad sensible, como en el mundo de los objetos ideales, problemas, misterios; admirarse de todo, sentir lo profundamente arcano y misterioso de todo eso; plantearse ante el universo y el propio ser humano con un sentimiento de estupefacción, de admiración, de curiosidad insaciable, como el niño que no entiende nada y para quien todo es problema. "Admirarse, sentir esa divina inquietud, que hace que donde otros pasan tranquilos, sin vislumbrar siquiera que hay problema, el que tiene una disposición filosófica está siempre inquieto, intranquilo, percibiendo en la más mínima cosa problemas, arcanos, misterios, incógnitas, que los demás no ven"133

    Ese espíritu de curiosidad, de estupefacción, de admiración, es un elemento que debe animar permanente y espontáneamente la actitud del estudiante, porque le permite vivenciar ese mohín de apertura ingenua y sensible, con lo cual se ilumina lo que está oscuro, opaco, confuso, y lo proyecta por encima del horizonte de lo cotidiano y de lo habitual. La energía de la curiosidad es una fuente inagotable de sabiduría, debido a que comporta un afán de verdad, de pregunta, de interrogación, de inquietud, en procura de respuestas a la problemática y al misterio que nos plantea la vida, la realidad, el universo. Según la pedagoga y psicóloga Leonor Noguera Sayer, la curiosidad se alimenta de la duda, se nutre de la sensibilidad y nos ofrece respuestas. La curiosidad, dice en su libro En busca de una vida propia, se alimenta de la duda pero la supera en demasía porque nace de la capacidad de asombro que se conserva aun ante lo cotidiano; se nutre de la sensibilidad que descubre las invisibles envolturas de las verdades, para encontrar tras ellas el hilo conductor maravilloso que todo lo pone en armónico contacto. Encontraremos respuesta a lo que hemos sabido preguntar.

    El discente de filosofía debe tener bien claro que el filósofo no es aquel hombre especulador, que vive en "en las nubes", como le han tratado de vender semejante falacia; sino que, por el contrario, el filósofo es el incansable buscador de la verdad, esté dónde esté. El estudiante, como el filósofo, tienen que aspirar a que el saber sea la realización de su ser, y saber por qué hace algo, para qué lo hace, para quién lo hace; y, además, ser autónomo. Debe tener presente que la filosofía "es una actitud, una necesidad y una actividad vital tanto individual como socio-cultural; pues, siendo el filosofar una reflexión sobre la totalidad de lo existente (naturaleza, hombre y Dios), la filosofía, al conocer y sistematizar las leyes y razones últimas de dicha totalidad, se constituye en la conciencia más alta y profunda que el hombre tiene de sí mismo y del mundo en que vive, lo cual de por sí indica, que para filosofar se requiere estudio, trabajo, esfuerzo, ascesis, para escalar las altas y escarpadas cumbres de la sabiduría; por esto, insistimos en que es necesario aprender a pensar bien, reflexionar con objetividad y buscar con alegría siempre la verdad".134

    La filosofía plantea las preguntas y ofrece las respuestas para una vida auténtica. La vida auténtica es precisamente preguntas, la existencia es pregunta. "El ser humano se define en la vacilación, en el error, en el ensayo interminable. La historia es la repetición de la paradoja de las equivocaciones en nombre de la verdad".135 Lo opuesto a la verdad es el error; pero el error, muchas veces, acompaña a la certeza. Hegel nos dice que el error es parte de la verdad; "por consiguiente, la búsqueda también es hallazgo"126 El escritor británico Rabindranath Tagore aconseja no cerrar la puerta a todos los errores, porque la verdad puede quedar fuera. Según Nietzsche, en los errores están los orígenes de la verdad. En todo error suele haber algo de verdad.

    El alumno, mediante un proceso interactivo y dialógico, debe comprender e interiorizar cuál es la singular tarea de la filosofía. Sólo así entenderá su enorme dimensión como una invaluable herramienta para "discutir sobre temas como la vida, la libertad y demás asuntos relacionados con la forma de obrar y ver el mundo. Saber para qué vivimos y por qué existimos. Preguntarnos acerca de Dios. Desarrollar habilidad para plantear y defender ideas; hacer observaciones críticas, evaluar y tomar decisiones apropiadas. Fortalecer la capacidad para sintetizar teorías y conceptos complicados y para resolver problemas. Adquirir capacidad analítica y habilidad para el pensamiento abstracto. Ser un buen lector".137 Y algo importantísimo: Buscar el sentido a la vida. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para encontrar el sentido de nuestra vida, si no queremos repetir con Siervo Joya (el personaje de la novela Siervo sin tierra, de Eduardo Caballero Calderón): "¡Ah, perra vida! Se le pasa a uno sin darse cuenta y sin entender lo que le pasa".

    El estudiante debe ser consciente que la filosofía también es búsqueda de la verdad. Pero, ¿qué es la verdad? ¿Dónde esta la verdad? ¿Cuál verdad? ¿Quién tiene o posee la verdad? ¿Cuál verdad: lógica, ontológica, de hecho, de razón, moral, científica, verdadera…? Corresponde al quehacer filosófico, riguroso y profundo, indagar por la verdad, buscar la verdad. ¡Eso sí!, no se trata de cualquier búsqueda, porque "la verdad no se encuentra en los esquemas repetitivos de lo mismo, mediante los cuales la totalidad busca perpetuarse, sino en la vida del niño, del joven y, en últimas, del pueblo".138 La filosofía es un esfuerzo útil para captar la verdad pensando. Pero la verdad es compleja, multifacética e insaciable del todo, como la realidad misma. Sólo captamos perspectivas, verdades parciales en ese vasto y abigarrado pluralismo filosófico y de sistemas. La verdad de la filosofía no se mide por la eficacia de los sistemas o por las soluciones concretas que pueda brindar, sino por el grado concentrado de iluminación que preste al ser del hombre y la realidad en cuanto tal. ¿Cómo comienza esa búsqueda? Cuando nos preguntamos ¿qué es?, ¿cómo es? y ¿por qué es? A las personas nos seduce la pregunta, y por esos el universo nos parece como un problema, como un conjunto infinito de interrogantes. Por ello es fundamental la pregunta en filosofía, por cuanto ella da comienzo y consistencia al filosofar. "Filosofar es la acción de preguntar con una mente lúcida y despierta; filosofar no es llegar a un conocimiento absoluto. ¡Esto es imposible! Filosofar es una aproximación constante a la verdad; filosofar es lograr asomarse en el mundo de lo cotidiano y plantearse, desentrañar aquello que es común a todo. Filosofar es admirarse, como decía Aristóteles, de que las cosas sean como son; filosofar es lograr establecer la armonía entre lo que se piensa con lo que el hombre hace"139 Filosofar es ser coherente con el pensar, con el sentir y con el actuar. Es saber dónde estamos, para dónde vamos y qué es lo que queremos de la vida; por que el que no sabe qué es lo que quiere de la vida, es un perdido en la existencia. No sabemos lo que necesitamos porque, según Fernando Savater, no sabemos lo que queremos. El que no sabe lo que quiere, se conforma con lo que tiene. Si sabemos dónde estamos, ¿nos vamos a quedar ahí?

    La filosofía le permite al estudiante encontrar algunas respuestas a sus múltiples inquietudes y preocupaciones. Muchos son los que ávidamente buscan respuestas en la filosofía. Mario Bunge reconoce que, a pesar de que la filosofía, en los últimos años ha sido un desierto, "el hombre contemporáneo está más urgido que nunca de respuestas que sólo la filosofía puede darle. ¿Quién soy, de dónde vengo, de dónde viene el mundo? Desorientados y desconcertados, los jóvenes acuden a las librerías en busca de respuestas. Uno los ve absortos ante un libro esotérico o ante un manual de meditación trascendental. Libros que son a la filosofía lo que la pornografía es al amor. Pero es lo único que tienen a mano para saciar sin esfuerzo el hambre recurrente"140

    El alumno debe reconocer que, además de la búsqueda de la verdad y la sabiduría, la filosofía es la aspiración, el esfuerzo, la ascesis libre e incesante de una explicación verdadera de todo lo existente. "La filosofía no es puro ejercicio mental. También constituye una manera de ser, una forma de vivir, una práctica. El hombre está en lo que dice, pero también en lo que hace".141 Debe considerar la filosofía como una tecnología para la supervivencia, un saber indispensable para la vida humana, sin cuyo trabajo no se ejerce la libertad que nos procura en alguna forma la racionalidad como seres humanos. Asimismo, concebir la filosofía como una tecnología muy especial por el trabajo que realiza sobre los conceptos y el conocimiento nuevo o descubierto. Por eso la filosofía puede y debe influir sobre su tiempo y sobre la sociedad. Aunque su naturaleza debe ser un saber-hacer teórico y especulativo, la filosofía es una tecnología para la muerte o para la resurrección de nuestra identidad como seres racionales. El estudiante debe concebir la filosofía como una herramienta para la supervivencia, para comprender. Pero no le basta saberla, tiene que hacerla realidad, convertirla en un saber-hacer. "Los avances científicos tienen como objetivo mejorar nuestro conocimiento colectivo de la realidad, mientras que filosofar ayuda a transformar y ampliar la visión personal del mundo de quien se dedica a esta tarea".142

    El estudiante de filosofía debe tener perfectamente claro que "la filosofía no es un quehacer ajeno a la vida y a la realidad, sino la conciencia lúcida de su problematicidad constitutiva. La filosofía es la medida de lo humano, es el hombre mismo puesto en cuestión, es la aventura de atreverse a preguntar en profundidad y radicalidad sabiendo que se desencadena un laberinto de cuestiones en el que es fácil entrar, pero en el que las soluciones son difíciles de conseguir, si es que existen, como soluciones definitivas y absolutas".143 Debe ser consciente que "aprender filosofía no es repetir una filosofía existente, sino llegar, por mediación de un filosofar existente, a un nuevo pensar. No se puede aprender filosofía sino a filosofar, como decía Kant".144 El pensador alemán aclaraba que no se puede enseñar filosofía sino a filosofar, porque ésta no es un cuerpo de saber que pueda ser transmitido. La filosofía es un quehacer de la crítica; una sospecha sistematizada, rigurosa y exigente. El profesor de filosofía esto es lo que debe procurar enseñar.

    El estudiante tiene que tener presente que "debe evitarse en todos los casos el aprendizaje memorístico, la reducción del pensamiento del autor a frases célebres y la elaboración de trabajos que por su nivel de generalidad no obliguen al estudiante a ser preciso en la presentación de sus ideas".145 El profesor, si es un verdadero filósofo, sabe que filosofar es "una invitación a filosofar y no como un repertorio de lecciones de filosofía".146

    El alumno debe aprender a pensar, y "pensar, desde el punto de vista de la acción, no es entrar en lo ya pensado, no es entrar en una articulación ya establecida; es, ante todo, luchar contra lo que espera el significado del significante, contra todo lo que impide al deseo tomar la palabra y con la palabra el poder".147 Pero ese aprender a pensar es una de las tareas más complejas y a muchos no les gusta lo complejo, lo difícil. "Filosofar no es fácil. No nos gusta filosofar porque nos disgustan las cosas difíciles. Filosofar es un oficio y hace falta aprenderlo. ¿Dónde se aprende a filosofar? En la escuela".148 Si lo que queremos es encontrar una forma de ver el mundo que nos de resultado, tendremos que tomarnos la molestia de pensar por nuestra cuenta y riesgo, afrontando las dificultades y compromisos que ello implique. Existe la falsa sensación de encontrar respuestas fáciles a las preguntas que nos inquietan. Pero las respuestas fáciles no existen. Lou Marinoff nos advierte que la única manera de obtener una solución real y duradera a un problema personal consiste en abordarlo, resolverlo, aprender de él y aplicar lo que se aprenda en el futuro.

    El estudiante tiene el compromiso de aprender a buscar sus propias respuestas, pensando por sí mismo, porque "cuando alguien quiere filosofar no puede contentarse con aceptar las respuestas de otros filósofos o citar su autoridad como argumento incontrovertible: ninguna respuesta filosófica será válida para él si no vuelve a recorrer por sí mismo el camino trazado por sus antecesores o intenta otro nuevo apoyado en esas perspectivas ajenas que habrá debido considerar personalmente".149 El profesor Edudoro Rodríguez Albarracín sostiene que "el filosofar no es primariamente un aprendizaje nacional de los sistemas y pensadores sino una actitud personal que desde sí accede a una problematicidad que afecta al mismo individuo y en la cual las preguntas y las respuestas en último término debe ser asumidas como retos personales que afectan la estructura misma de nuestra existencia".150 En este sentido Karl Jaspers planteaba que "el pensar filosófico tiene que ser original en todo momento. Tiene que realizarlo cada uno por sí mismo". Según Santo Tomás, el estudio de la filosofía no es para saber lo que opinan otros sino para darse cuenta cuál es la realidad.

    El estudiante de filosofía debe tender a la "configuración de una auténtica actitud filosófica ante la realidad como paso previo a la filosofía sistemática: desinstalación por el pensamiento crítico de la vida inauténtica, mediocre y burguesa. Asunción de los problemas básicos de la realidad en su raíz y fundamentos últimos. Inserción vital en los grandes problemas, autores y grandes líneas que se disputan al ser y el quehacer del hombre. Proceso vital de búsqueda. Disputa y comunicación. Punto terminal: vislumbrar el camino a la sabiduría y columbrar el acceso al misterio absoluto".151 Por eso, además, debe saber que "en su ser, en su quehacer y en el dinamismo de su libertad estamos lanzados a la aventura y la pasión de vivir. La vida que se posee y se construye, he ahí el punto de partida de todo lo auténtico filosofar. Pero el punto de partida no es centro, el término. El hombre es importante porque es la perspectiva, la morada del preguntar, pero de una realidad que lo desborda y lo sobrepasa".152

    El discente debe ser absolutamente consciente e interiorizar que "sin la filosofía la vida sería radical trivialidad, superficialidad, un estar en el mundo sin porqués ni paraqués, un idiotismo que cierra al individuo y le priva de los mejores y mayores horizontes del quehacer intelectual".153 Muchos se arrastran por la vida, día tras día, en un estado inconsciente, siguen sus hábitos y reaccionan a partir de sus emociones, hacen lo que es requerido y nada más. Es por eso que el estudiante debe filosofar, "porque tenemos capacidad para articular lo que aún no lo está; y también porque existe la alienación, la pérdida de lo que se creía conseguido y la escisión entre lo hecho y el hacer, entre lo dicho y el decir; y, finalmente, porque no podemos evitar esto: atestiguar la presencia de la falta con la palabra".154 Pero debe tener plena conciencia de que "la filosofía no puede prescindir de la actualidad, de la existencia del hombre solitario y necesitado, como la humanidad, de razón y criterio para el uso de su libertad".155 Como el hombre, la actividad filosófica se da encarnada en un tiempo y un espacio; por tanto, no podemos hablar de un único filosofar, ni de unos únicos principios filosóficos. Si así fuera, tal vez la tarea de educar sería más fácil, pero a la vez menos libre. Para el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty, la filosofía puede hallarse donde quiera y el filósofo debe abrirse al mundo en su totalidad e interpretar los datos del mundo como signos o nidos de significaciones, que no están dados sino que se van haciendo dentro de la trama de la experiencia y del saber.

    El discente debe preguntarse para qué sirve el filosofar y el fin último del filosofar, la filosofía misma. "La misión de la filosofía es reflexionar, hacer pensar acerca del mundo".156 En este sentido es importante tener presente el planteamiento del profesor Jorge Deháquiz cuando afirma que "la respuesta a esta pregunta orienta el carácter y sentido práctico del estudio-aprendizaje de la filosofía", y agrega que "el ejercicio práctico de filosofar tiene una doble intencionalidad: lógico-epistemológico y ético-antropológico. Es bueno que el alumno interrogue qué pretende la filosofía en el plano lógico-epistemológico. Intelectualmente el ejercicio del filosofar busca la verdad, requiriendo para ello la afirmación verdadera de sus asertos teóricos. Los criterios con los cuales se intenta establecer la veracidad de los argumentos filosóficos son ordenados por la filosofía o reflexión crítico-analítica sobre la filosofía como saber, la epistemología y la metodología de la filosofía, contribuyendo la lógica con la definición de los requisitos de su auténtica implicación y expresión".157 La filosofía como hija de la cultura de una época, nos muestra que"el filosofar ha sido una actitud y una tarea situada, condicionada por los contextos histórico-culturales en donde se ha producido el saber filosófico"158 El filósofo pertenece a una época, a una cultura y a un lugar. Si bien es cierto que la filosofía no ofrece respuestas a toda nuestra problemática, si plantea problemas a una cultura de su tiempo, porque la filosofía es la conciencia crítica de una época. En nuestro mundo contemporáneo todo sujeto de la cultura puede ser objeto de reflexión filosófica. El mundo actual ofrece un amplio espacio para filosofar. El filosofar posibilita que el estudiante adquiera "fuertes bases teóricas y una amplia comprensión de los problemas, tanto filosóficos como en los otros campos del conocimiento".159

    La propuesta pedagógica del profesor Deháquiz plantea que al culminar el proceso educativo-escolarizado y tras adquirir y formar una actitud intelectual crítico-analítica, extendida a todos los campos del pensar, del conocer y del actuar, el joven bachiller debe estar en capacidad de hacer uso público de su razón, de su racionalidad como discurrir filosófico y científico, sopesando cada afirmación, cada argumentación, autoevaluando sus propuestas ideológicas y confrontando con la crítica de otros sus construcciones teóricas sobre el mundo. Esta actitud, que es disposición normal de la persona que ha llegado a la mayoría de edad, es fundamental, según lo sugiere el filósofo austriaco Kart Raimundo Popper, "no sólo para el progreso del conocimiento, sino también para lograr establecer sociedades en donde sea posible derrumbar ideas que no nos gustan sin necesidad de eliminar a aquellos que las sustentan".160



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    El educando no puede ignorar que filosofar es un requisito para ser libres, comprendiendo que ser libre no es hacer aquello que uno quiere o desea sino aquello que uno debe. La libertad conduce los deseos por los caminos de la racionalidad y de la responsabilidad. La libertad va indisolublemente unida a la conciencia del deber y al sentido moral. Aquello que califica a una persona como tal es su capacidad de pensar, su facultad de decidir asumiendo responsabilidad y su búsqueda del bien para sí mismo y para la comunidad. La filosofía es una escuela activa de pensamiento riguroso, de libertad responsable y de virtud gozosa. Es aquí donde la filosofía tiene un papel central en la formación del ser humano; ya que sólo tendremos hombres en el pleno sentido de la palabra cuando aprendamos a servirnos de nuestro saber para la construcción de un mundo más humano. El estudiante debe comprender que la filosofía es una "dimensión existencial del hombre que se autocomprende como proyecto indeterminado y problemático (libertad y sentido de la vida) abocado a tomar decisiones y opciones fundamentales. Dimensión teórica de búsqueda de los fundamentos últimos y raizales del ser y el conocer. Dimensión práctica como orientadora (ética) y autoconciencia crítica del movimiento social, histórico a nivel del concepto y los principios constitutivos de la praxis sociopolítica".161

    El alumno se debe preguntar por el sentido del filosofar. Pero para establecer cuál es el sentido del filosofar, no puede pasar desapercibida la tarea de la filosofía. Es deber de la filosofía elevar el nivel de profundidad de la reflexión; y así mismo, poner en cuestión las evidencias del sentido común, de lo establecido social y políticamente y lo que se cree como legitimado. Todo esto, para buscar estudiantes autónomos y libres, que indaguen por el bienestar del hombre en sus diferentes niveles de convivencia. El estudiante debe saber que "si en la filosofía pocos son los genios y los creadores, la necesidad del filosofar como actitud auténtica ante la vida debe ser posibilidad universal. Pues en definitiva lo significativo y duradero para nuestra vida personal no son los autores, las obras y los sistemas, sino el grado de iluminación que a través de ellos logremos en el camino interminable e inabarcable de las ideas, los valores y la verdad".162

    Una de las tareas de la filosofía es formar hombres críticos. Pero ser crítico, tal como sostiene el filósofo y sociólogo alemán Max Horkheimer, no significa que el alumno tenga una postura criticona, superficial, sino por el contrario, es un esfuerzo intelectual que el alumno debe lograr para no aceptar sin reflexión y por simple hábito las ideas, los modos de actuar y las relaciones sociales dominantes".163 La crítica no puede quedarse en el "no tragar entero"; debe ser un esfuerzo por armonizar, entre sí y con las ideas y metas de la época, por la construcción de un mundo mejor, por investigar los fundamentos de las cosas, en otras palabras: "por tratar de conocerlas de manera real"164, ya que no se quiere un estudiante pasivo, sino un estudiante con un compromiso y unos cuestionamientos que involucren al otro y los otros para que los individuos regulen su diferencia de sus particularidades construyendo espacios de participación, consenso y diálogo.

    El alumno debe ser consciente que la filosofía es un pensar subversivo en el buen sentido de la palabra, porque es el intento del hombre por introducir la razón en el mundo; esto lleva a que tal posición sea cuestionada y puesta en tela de juicio por posiciones dominantes y dogmáticas, ya que el hombre que piensa ejercer una postura incómoda, obstinada e inquieta es una persona que no se domestica y sus preguntas desbordan el horizonte de la cotidianidad. Debe saber que "aprender y educarse en filosofía no significa recibir simplemente determinados contenidos teóricos, sino asumir problemas y prepararse para responderlos de un modo original y creador".165 El profesor Juan José Adrados nos advierte que "en filosofía, más seguramente que en otra disciplina, sólo es fértil el pensamiento educado, apto para plantear cuestiones y formular respuestas con sentido, es decir, encuadradas en un contexto ideológico preciso".166

    El estudiante necesita saber qué hace un filósofo para empezar a motivarse en la inmersión en tan asombroso universo. Aunque la filosofía no es una profesión rentable, de las que necesita el consumismo, tiene muchos campos de acción como "en la investigación, para desarrollar el pensamiento filosófico. En la docencia, impartiendo conocimientos y participando activamente en investigaciones interdisciplinarias. En el periodismo, elaborando artículos que requieran conceptualización y análisis. En la industria editorial, colaborando en la redacción y corrección de libros".167

    También debe tener objetivos claros en el aprendizaje de la filosofía para que aprenda a expresar el pensamiento en forma libre y espontánea como resultado de una reflexión autónoma y argumentada; que sea capaz de manifestar libertad de espíritu y desarrollar habilidad reflexiva para tomar posición frente a las diversas formas de propaganda, de exclusión o intolerancia, como condición para asumir y compartir la responsabilidad de responder a los grandes interrogantes contemporáneos en el campo de la ética y de la política.

    El profesor Deháquiz sostiene que el objetivo fundamental del estudio-aprendizaje de la filosofía es claro: potenciar al máximo el pensamiento crítico-reflexivo del alumno, ejercitándolo en la construcción de relaciones intelectuales al más alto nivel; pensamiento elaborado como discurrir con razones filosóficas, como filosofar. Pero no se puede filosofar plenamente sin la aprehensión de la filosofía, sin conocer el contenido objetivo del pensamiento humano concreto y su evolución histórica. Se da una relación dialéctica creativa, pedagógica y metodológica entre el filosofar y filosofía: éste es el objeto del filosofar, el cual es, a su vez, iluminado en su creatividad discursiva por la filosofía. El filosofar es el centro del acto educativo filosofante. La reflexión filosófica posibilitará "que el estudiante pase de ser pasivo y acrítico, a ser una persona pensante, reflexiva, crítica; de un hombre conformista y fatalista, individualista y egoísta, a una persona solidaria que participa activamente en las comunidades".168 El quehacer filosófico llevará al educando a razonar por él mismo, "abandonar la conciencia ingenua que lo hace aceptar las cosas porque sí, porque así deben ser, y que sea capaz de desarrollar su conciencia crítica que lo lleve a relacionar, a pensar y a comprender la realidad"169

    El auténtico compromiso del estudiante, inexorablemente, lo llevará a despertar su espíritu crítico y reflexivo para que acometa por su cuenta y riesgo el fascinante arte de filosofar, que le implica, entre otras habilidades, ir a los textos filosóficos, navegar en sus profundas y caudalosas aguas para encontrarse "frente a frente" con los auténticos filósofos, quienes lo maravillarán y hechizarán con sus obras geniales, pletóricas de la más selecta prosa dialéctica con los libros de Platón y con los estremecedores, impactantes, excelsos y poéticos aforismos de Nietzsche. Leyendo, investigando y reflexionando en la profundidad de los diálogos platónicos, por ejemplo, el estudiante aprenderá a dialogar de manera argumentada, aceptando la diferencia y adquiriendo habilidades dialécticas para el debate, el disenso, el acuerdo, el desacuerdo, la controversia… Los "incómodos" aforismos nietzsechenos, además de impactarlo y afectarlo en su más honda psicología, le servirán de espolique para que se cuestione y replantee su existencia y la forma como hasta ahora estaba percibiendo, interpretando y sistematizando su realidad y la realidad de la cultura occidental.

    Hoy cuando se habla de derechos humanos y conservación del medio ambiente, el estudiante debe reflexionar profundamente sobre la tecnociencia, repensar el problema de la vida en relación con la ética. Debe ser consciente de que la bioética, como nueva opción para filosofar, es una reflexión que trata de integrar los saberes filosóficos con los científicos, físicos, técnicos y matemáticos, en búsqueda de una toma de conciencia del ser en el mundo; tratando de asumir los niveles más altos de autoconciencia donde nace el sujeto moral y afirma su autonomía como persona en el análisis y discusiones asumidas con libertad; intentando tomar conciencia de nuestra cuota de responsabilidad que tenemos sobre nosotros mismos, sobre el respeto de los derechos humanos y la conservación de nuestro hábitat.

    ¿CUÁL ES EL PAPEL DEL MAESTRO EN SU QUEHACER FILOSÓFICO?

    Al docente de filosofía, entre otros quehaceres, le corresponde rescatar el valor de la filosofía y "enseñar" al estudiante a filosofar, a pensar. Su papel en el momento actual, debido a los profundos cambios que se registran en la sociedad y en la educación, es de un gran compromiso por cuanto debe tener su mente muy abierta, adaptarse a los cambios y desempeñar su labor con mucha responsabilidad. Es por eso que tiene que convertirse en un minucioso investigador en el campo de la didáctica filosófica, con el propósito de considerar las nuevas propuestas e implementarlas a su dinámica docente.

    El papel del maestro en este sentido implica demasiado compromiso porque sus esfuerzos deben orientarse en lograr que el estudiante aprenda a filosofar. Para que esto ocurra deberá convertirse en un auténtico facilitador del proceso académico en procura de que el alumno se "enamore" de la filosofía, conviva con ella y la vivencie de tal manera que se maraville con el quehacer filosófico como instancia que le permitirá profundizar y comprender la realidad. El profesor ha de comprometerse con su quehacer docente, y en su empeño "constituirse en ejercicio vivo del acto de filosofar a través del cual el estudiante asume su capacidad de pensar y la pone en acción".170

    El maestro debe tener presente que "enseñar filosofía no consiste en informar o ilustrar al discípulo acerca de pormenores que fatigan su memoria, sino suscitar en su ánimo el nacimiento de los problemas y despertar la necesidad de encontrarles perentoria respuesta".171 Una enseñanza de la filosofía no es enseñanza sobre la filosofía: es una enseñanza misma de naturaleza filosófica. El quehacer del docente de filosofía "no es simplemente enseñar la filosofía, sino fundamentalmente la de enseñar a filosofar".172 El filósofo alemán Leonard Nelson nos dice que si acaso existe algo en la filosofía que pueda considerarse enseñanza, sólo puede ser el enseñar a pensar por uno mismo.

    La enseñanza de la filosofía debe ser una experiencia grata y enriquecedora. Según Diana Uribe Forero, "enseñar filosofía a los adolescentes es un privilegio, porque para ellos tiene todo un significado, debido a que están formándose valorativamente. Enseñar filosofía es toda una aventura; las clases son toda una aventura. La filosofía es algo muy personal... Cuando uno tiene eso en la cabeza tiene un mundo abierto, y en la medida en que entre a estudiar otros universos los enriquece".

    El profesor, como orientador "de un proceso de formación, enseñanza y aprendizaje de los educandos"173, debe comprometerse con su realidad docente, para lo cual deberá estar muy bien preparado y poseer las características de un verdadero maestro. Además, debe ser una persona crítica, "con una formación académica y humana completa, y por lo tanto, pensante. Si alguien va a enseñar a pensar, tiene que pensar".174 El educador debe saber que "la filosofía no es la revelación hecha por quien lo sabe todo al ignorante, sino el diálogo entre iguales que se hacen cómplices en su mutuo sometimiento a la fuerza de la razón y no a la razón de la fuerza".175

    Según la visión de la Universidad Santo Tomás, el profesor de filosofía debe ser un profesional "con una sólida estructura de pensamiento filosófico para que su desempeño docente, investigativo y de servicio a la comunidad contribuya a la promoción y fortalecimiento de la vida cultural colombiana y latinoamericana, así como la recreación y enriquecimiento del patrimonio filosófico universal". Complementando tan interesante visión, los textos de esa institución nos dicen que "el filósofo (docente de filosofía) es un investigador con extraordinaria capacidad de análisis, síntesis y valoración crítica. El análisis, en el sentido cartesiano, consiste en dividir cada una de las dificultades que se examinaren en tantas partes como fuese posible y en cuantas requiérese para su mejor solución. La síntesis, en la misma concepción, es la conducción ordenada de los pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos y difíciles. El análisis, la síntesis y la crítica también se pueden entender de acuerdo con la visión tomista como elementos de la aprehensión y expresión de la verdad: mediante el análisis se da el sentido de lo real; por la síntesis se ofrece el sentido de lo permanente en el devenir; y, mediante la crítica se avala el sentido de fidelidad a la realidad. La crítica en el sentido kantiano se entiende como el juicioso examen de las capacidades, posibilidades, límites y fines de la sensibilidad, el entendimiento y la razón para conocer los objetos que nos son dados en la experiencia sensible. La crítica kantiana también se puede asumir como la racionalidad del pensar por sí mismo, del pensar en el lugar del otro, y del ser consecuentes con lo que pensamos". El quehacer del docente en la enseñanza de la filosofía exige que tenga una "conciencia viva, despierta y a veces dolorosa del enigma, familiaridad con los problemas, seguridad ante las soluciones, actitud para despertar iguales sentimientos en el discípulo".176

    El docente de filosofía debe tener bien claro qué enseña y a quiénes enseña; cómo enseñar y para qué enseñar. Asimismo, debe ser un permanente e incansable investigador, que indague "por el papel de la investigación en la docencia y de la docencia en la investigación"177; consciente que la investigación en su quehacer docente "debe asumirse como procedimiento necesario para el desarrollo del conocimiento y de la praxis, constituirse como recurso metodológico de todo proceso de enseñanza".178 Siguiendo la recomendación de Piaget, el verdadero educador buscará herramientas para dar soluciones a la problemática educativa, en procura de una autonomía intelectual y moral del discente. La concepción piagetana indica que el docente promoverá el aprendizaje en función del desarrollo intelectual, mediante los procesos de planteamiento de problemas e impulso a solucionarlos, la búsqueda de alternativas de solución, la opción por una de las alternativas y la satisfacción personal como resultado de haber hallado la solución.

    El docente desde el punto de vista psicológico se debe fundamentar en el conocimiento y comprensión que tenga de las teorías del desarrollo del adolescente; y establecer una relación de tipo afectivo con el saber, es decir, con lo que enseña. "La labor filosófica es una renovada marcha hacia el fundamento, lo que quiere y puede trasmitir es aquella convicción inicial de que siempre hay algo más allá de lo que está ante nuestros ojos. Sólo quien se plantee el problema de la falsa evidencia podrá conducir a otros".179

    Debe tener habilidad para comunicarse y relacionarse con el discente. "Si el docente se preocupa por las relaciones que debe establecer con sus estudiantes, busca la o las formas de conocer su vida, su , sus intereses, sus problemas estudiantiles, familiares y personales, su desarrollo fisiológico, sensorial y psicológico".180 Es necesario que conozca profundamente al alumno para que lo pueda entender y orientar adecuadamente, porque "es evidente que el educador debe ser un consejero, un guía, un conductor, pero su tarea quedará paralizada a mitad de camino si no le enseñara al niño a conducirse por su propia cuenta, si no le diera hábitos de estudio y de trabajo, si no despierta en él el cariño por las cosas del espíritu, si no lo adiestra en el uso de su discernimiento, si no formara su criterio y su conciencia".181

    El profesor tiene que entender que "el acto de enseñar no tiene sentido sino en la medida en que se desencadene en otros el acto de aprender"182; por tanto, la tarea principal del profesor de filosofía debe concentrarse en la planeación de las circunstancias externas que coadyuvan a activar las capacidades internas del individuo para lograr que éstos realicen su propio aprendizaje y desarrollen sus potencialidades. El psicólogo y pedagogo Virgilio Crespo C. plantea que la identidad del maestro se perfila cuando sabe por qué y para qué hace lo que hace, y cuida el estudio del estudiante concreto dentro de los procesos pedagógicos, en un conjunto de relaciones sociales y dentro de su cultura para entenderlo. Atendiendo a los planteamientos piagetanos, la labor del maestro debe orientarse a proporcionar al discente experiencias y situaciones problemas que susciten, faciliten y orienten el proceso de construcción del conocimiento por parte de éste, rescatando la reflexión como actividad propia de él a partir de la confrontación y la pregunta. La concepción piagetana, según la psicóloga Rebeca Pucce Navarro, en un artículo publicado en la revista Educación y Cultura, concibe el proceso de construcción de los conocimientos como un proceso en el cual el sujeto asimila lo real, transformándolo, y da paso a la acomodación, es decir, se puede entender la construcción y desarrollo de la inteligencia y del conocimiento no como el simple efecto acumulativo de experiencias, sino como el proceso complejo y activo de la organización, de diferenciación y de la transformación de experiencias.

    El docente de filosofía debe realizar su quehacer dentro de un ambiente educativo dinamizador y liberador, ignorando el enfoque domesticador. Se educa para cambiar la sociedad existente y no para perpetuarla. Hay que promover la construcción de jóvenes en función de una iniciativa libre, personal y comunitaria, en procura del advenimiento de una sociedad nueva en la que se descubran nuevos valores y una nueva ciencia. Se necesitan hombres libres.

    El maestro de filosofía debe desechar la educación domesticadora, porque ésta solamente busca integrar al hombre a la sociedad, en donde no hay lugar para la duda, la incertidumbre, el disenso, la sospecha, la reflexión y la crítica. El estudiante no se educa para que obedezca ciegamente a la ley y a la libertad, se educa en y para la libertad. El alumno no debe temer a la libertad ni a la verdad; no debe temer a lo nuevo, al cambio.

    La filosofía se debe "enseñar" en un espacio dinamizador que permita al estudiante construirse como hombre libre, como proyecto de hombre y sociedad libre. En el ambiente dinamizador y libertad, la verdad se inventa y se construye dentro de sus procesos lógicos. La verdad es proyecto, no posesión. El hombre se transforma y transforma el mundo. La educación dinamizadora debe propender por la autodeterminación personal y social, favorecer el desarrollo de una conciencia crítica y una actitud comprometida en la transformación de la realidad que le impide al hombre realizar sus potencialidades y vivir libre y auténticamente. El docente y el estudiante deben ser conscientes que aprender es buscar significados, criticar, inventar e indagar en la realidad del contexto.

    Además de su idoneidad en la enseñanza de la filosofía, el maestro ha de comprender a los alumnos, sus capacidades, las etapas del desarrollo que recorren y las diferentes maneras como el ambiente va dando forma a sus personalidades e intereses, para, de esta forma, enseñar eficazmente en el aula; comprender cómo aprender y cómo conocen las personas y la forma como se modifica un aprendizaje que ya ha tenido lugar; y conocer la situación de aprendizaje para controlarla eficazmente.

    Para la enseñanza eficiente de la filosofía, el maestro debe comprender primero a sus alumnos; a medida que ellos avanzan en su desarrollo, cambian los procesos en virtud de los cuales aprenden. A medida que aumenta la edad, sus capacidades para comprender pensamientos más complejos y abstractos, para asimilar otras diferentes clases de información aumenta a cada paso; y conforme cada alumno va cambiando, los métodos de enseñanza que modifican con mayor eficacia la conducta, tendrán que cambiar también.

    Debe ser un excelente motivador porque "cuando el maestro habla de la motivación de sus alumnos está refiriéndose a todo el complejo conjunto de actitudes positivas y negativas del alumno hacia el conocimiento, hacia la clase y hacia el mismo maestro"183 El profesor debe hacer todo lo posible para crear la motivación, el ambiente y las condiciones para el aprendizaje; porque enseñar filosofía consiste en motivar para el asombro, para la pregunta, para la duda y para la búsqueda de sentido y compromiso a la propia vida.

    El profesor no puede olvidar que la mejor herramienta de la enseñanza-aprendizaje es la motivación, porque ésta lanza al compromiso con el estudio y al deleite en la realización de las actividades escolares. Un estudiante alegre y entusiasta facilita el desarrollo de los procesos curriculares. El aprendizaje es un acto de libertad, y como tal es un hecho de razón: el estudiante debe estar convencido racionalmente de su actividad académica, y actuar en consecuencia. El signo claro de estar ludizado, motivado y significativo en la escuela es la generación de proyectos de estudio creativos e investigativos por parte del educando o de grupos de estudiantes. "Los futuros educadores deben conocer sistemáticamente las distintas formas de pensar que han influido en la solución de problemas universales, y en las controversias educativas de todas las épocas".184

    El maestro debe enseñar al alumno a pensar; pero no lo que tiene que pensar, sino cómo pensar. No hay que preparar al estudiante para que responda a todo sin conocer la verdad de nada. Con gran sabiduría, el padre Alfonso Borrero Cabal nos dice que "ser maestro es enseñar a pensar como el discípulo ha de pensar; no a la manera que el maestro piensa, ni pensar lo que piensa el maestro. La desigualdad entre el maestro y el estudiante se restablece en igualdad".185 El maestro debe orientar al estudiante para que adquiera una conciencia crítica y piense para ser libre. "Recordad que es un esclavo aquel que no piensa libremente, y que vuestra misión... es la de preparar a los verdaderos ciudadanos de la democracia"186 Al maestro le "conviene precisar de inmediato que conducir a otro en el desarrollo de la capacidad reflexiva no significa adocenarlo de conceptos abstractos, alejados de su propia realidad, sino más bien ser mediador en el proceso de su personal autodescubrimiento como agente de sí mismo y de su mundo en condiciones determinadas".187 El profesor debe inculcar en el estudiante el "hábito de la filosofía", que, según John Henry Newman, consiste en entrenarlo en el pensamiento crítico y riguroso. Es una disposición para reunir datos, obligarlos a que tengan sentido, seguir preguntando cómo se conectan a otras partes de nuestra visión del mundo. Así el alumno debe pensar con precisión, con rigurosidad, con disciplina.

    El docente de filosofía debe tener absolutamente claro y ser consciente que "la filosofía no puede ser sólo un catálogo de opiniones prestigiosas. Más bien lo contrario, si atendemos por esta vez a la opinión prestigiosa de Ortega y Gasset: La filosofía es idealmente lo contrario de la noticia, de la erudición. Desde luego la filosofía es un estudio, no un puñado de ocurrencias de tertulia, y oír tanto requiere aprendizaje y preparación. Pero pensar filosóficamente no es repetir pensamientos ajenos, por mucho que nuestras propias reflexiones estén apoyadas en ellos y sean conscientes de esta deuda necesaria".188 El educador no puede ignorar que "se debe evitar que la enseñanza de la filosofía sea una transmisión de contenidos abstractos y desarticulados que no incite a los estudiantes a la reflexión y que no estimule en ellos el espíritu de discernimiento sobre su propia realidad"189 La educación filosófica debe tener en cuenta el ideal griego, donde ésta estaba más enfocada a la formación general del hombre y del ciudadano (paideia) que a la transmisión y al contenido de los conocimientos en el sentido estricto de la palabra. En este contexto, la dialéctica y la mayéutica, practicada por Sócrates en sus famosos diálogos, eran consideradas técnicas capaces de hacer progresar el razonamiento y el conocimiento. Igualmente, Platón y Aristóteles consideraban que la pedagogía debía ponerse al servicio de fines éticos y políticos.

    El ideal kantiano de la filosofía, y en general de la educación, es que el estudiante aprenda a buscar la verdad a través de la crítica (estudio, investigación) y a pensar por sí mismo, con la ayuda de la razón, de la cual surgen los argumentos en contra o a favor de una tesis que sustentamos. Entonces en necesario utilizar el principio de honestidad, que consiste en no presentar aquellos argumentos en los que no se cree en el fondo, y de los cuales uno mismo sospecha.

    La tradición racionalista enseña que en el debate con los demás, si vamos a argumentar contra el planteamiento del otro, debe hacerse en el sentido de la razón, esto es, dándole a los argumentos contrarios toda la fuerza posible, hasta el punto de que si nuestro debatiente se equivoca en su forma de argumentar o ejemplificar, debemos ayudarlo a argumentar o a ejemplificar mejor. Kant nos recomienda que si las consecuencias necesarias de la tesis de que hemos partido resultan contradictorias o incluso absurdas, debemos abandonar dicha tesis.

    Kant, que concede una importancia grande a la filosofía, sostiene que ésta tiene que ser la encarnación de la razón, y su lenguaje debe ser meramente expositivo y que no intimide, imponga o seduzca. El lenguaje del filósofo debe ser constatativo y no imperativo, sugestivo o performativo. La filosofía no debe inducir a nada, sólo demostrar. El maestro Estanislao Zuleta, siguiendo los ideales platónicos y kantianos, nos dice que el filósofo no debe tener ningún interés ni puede impulsar posición alguna, ni combatir, ni ordenar, ni prohibir; sólo debe demostrar.

    El ideal de racionalidad kantiano se enfoca a la exigencia de que el estudiante aprenda a pensar por sí mismo, porque el pensamiento no es delegable, porque entonces en lugar de ser pensamiento sería mera obediencia. El maestro Zuleta nos dice que una cosa es seguir lo que otro diga y otra bien diferente es pensar por sí mismo. Quien repite mecánicamente los planteamientos de un líder, ya sea político, religioso, etc., no piensa por sí mismo.

    Siguiendo el ideal kantiano, el maestro Zuleta invita a los educadores a incitar a la producción de pensamiento, porque la dificultad de enseñar radica precisamente en no dejar pensar a los estudiantes por sí mismos. Martín Heidegger sostiene que para enseñar la verdad hay que dejar pensar al otro.

    La Guía del Profesor, de Editorial Voluntad, recomienda que "el profesor debe conducir su enseñanza hacia una opción responsable, o sea, consciente, fundamentada y madura, que parta no de afirmaciones dogmáticas, sino de una visión clara de la verdad, conseguida de modo reflexivo, y de una inclinación al bien, obtenida en virtud de un esfuerzo del pensamiento, por el cual el hombre busca comprenderse a sí mismo, comprender a los demás y determinar su situación en el mundo. Así la filosofía, de asignatura carente de sentido para el alumno, se convierte en orientadora de la propia vida, en cuanto proporciona criterios racionales propios para ver, juzgar y obrar".

    El docente de filosofía sabe que el saber no se transmite, sino que se conquista en el marco de un combate compartido contra todos los obstáculos que le impiden pensar al estudiante.

    La relación del filósofo y el estudiante debe ser una experiencia intelectual, personal y vital. Los aportes y contribuciones del docente son posibles, no sólo a través de la lectura de los textos de filosofía, sino también de la comunicación personal directa, incluso en el marco de una compleja relación personal. El que lee filosóficamente a un filósofo, o lo escucha, repiensa su filosofía, se la apropia, la hace suya. El profesor debe ser capaz de relaciones personales. La filosofía, en consecuencia, debe ser conversación, diálogo vivo y directo con los estudiantes.

    El brillante sicoanalista alemán Erich From, en su libro Tener y ser, con respecto a la problemática de la lectura, nos dice que "a los alumnos les enseñan a leer un libro para que puedan repetir los principales pensamientos del autor. Así es como los estudiantes conocen a Platón, Aristóteles, Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant, Heidegger o Sartre. La diferencia entre los diversos niveles de educación, desde la preparatoria hasta la universidad, consiste principalmente en la cantidad de propiedad cultural que se adquiere, que corresponde aproximadamente a la cantidad de propiedad material que los alumnos esperan recibir en su vida posterior. Los llamados estudiantes excelentes pueden repetir con mayor exactitud lo que ha dicho cada uno de los filósofos. Son como un catálogo de museo bien documentado; pero no aprenden lo que se encuentra más allá de este tipo de propiedad cultural. No aprenden a cuestionar a los filósofos, a hablarles; no aprenden a advertir las contradicciones de los filósofos, si eluden ciertos problemas o si evaden determinados temas; no aprenden a distinguir lo que era nuevo y lo que los autores no pudieron dejar de pensar porque era considerado de "sentido común" en su época; no aprenden a oír para distinguir cuando los autores sólo hablan con su cerebro, y cuando hablan con su cerebro y su corazón; no aprenden a descubrir si los autores son auténticos o falsos; y muchas cosas más".

    Enseñar a filosofar implica acudir al lenguaje expositivo, opuesto a la seducción, a la persuasión, a la retórica, a la apelación de la autoridad, a la intimidación o a la imposición, en procura de que la filosofía sea la encarnación de la razón, tal como lo plantea el racionalismo. La filosofía debe inducir a demostrar. Así el estudiante aprende a pensar por sí mismo, renunciando a la mentalidad pasiva que acepta verdades ajenas sin someterlas a una reelaboración. Según Heidegger, la única posibilidad para enseñar de verdad es dejar pensar al otro.

    La educación filosófica es una educación racionalista. Los criterios mínimos del racionalismo nos los ofrece Kant: pensar por sí mismo, pensar en el lugar del otro y ser consecuente. Pensar por sí mismo es renunciar a la mentalidad pasiva, que recibe y acepta las verdades construidas por otros sin someterlas a su propia elaboración. Pensar en el lugar del otro significa ser capaz de ponerse en el punto de vista del otro, manteniendo el propio punto de vista, pero con la capacidad de entrar en diálogo con los otros puntos de vista, con la perspectiva de llevar cada uno hasta sus últimas consecuencias, en procura de ver sus coherencias y sus incoherencias. Ser consecuente o no ser terco, es llevar las verdades conquistadas hasta sus consecuencias finales, y si estamos equivocados lo aceptemos.

    Según Savater, hay cuatro cosas que un profesor de filosofía no debería ocultarle a sus alumnos:

    1. No existe la filosofía sino las filosofías y sobre todo el filosofar.

    2. La filosofía no resulta interesante porque ha sido estudiada por talentos tan extraordinarios como Aristóteles o Kant, "sino que dichos talentos nos interesan porque se ocuparon de esas cuestiones de vasto alcance que tanto cuentan para nuestra propia vida humana, racional y civilizada".190

    3. Los mejores filósofos dijeron notables absurdos y cometieron graves errores. Pero se debe tener en cuenta que quienes se lanzan por su cuenta y riesgo al margen de los caminos intelectualmente trillados, tienen más riesgo de equivocarse. "Por lo tanto la tarea del profesor de filosofía no puede ser solamente ayudar a comprender las teorías de los grandes filósofos, ni siquiera debidamente contextualizados en su época, sino sobre todo mostrar cómo la intelección de tales ideas y razonamientos pueden ayudarnos hoy a mejorar la comprensión de la realidad en que vivimos".191

    4. En determinadas cuestiones demasiado generales aprender a preguntar bien es también aprender a desconfiar de las respuestas demasiado tajantes. "Filosofamos desde lo que sabemos hacia lo que no sabemos, hacia lo que parece que no podremos del todo nunca saber; en muchas ocasiones filosofamos contra lo que sabemos o, mejor dicho, pensando y cuestionando lo que creíamos ya saber".192

    Eudoro Rodríguez Albarracín, brillante profesor de filosofía de la Universidad Santo Tomás, invita a los discentes a superar el esquema tradicional de la enseñanza de la filosofía: "aprendizaje de los principios sistemas, problemas y pensadores sin ninguna o poca referencia a nuestra situación. El fin de este aprendizaje son los autores e ideas, sin mediatizarlos, de acuerdo con nuestra circunstancia... La simple repetición o especialización sin referirla a las circunstancias propias es sospechosa del proceso ideologizador cuando por silencio u omisión el filósofo profesional deja su papel crítico y de funcionario de la humanidad, en este caso de una humanidad alienada". Por eso es que callan quienes discrepan.

    El quehacer filosófico, además de centrar sus esfuerzos en "hacer" que el estudiante "piense por sí mismo", se orientará a que aprenda a "decidir por sí mismo", porque tal como señala el psicólogo Heinz Dirks el hombre es capaz de decidir por sí mismo en cada caso distinto, y constituye tarea esencial de la enseñanza el capacitarle para estas decisiones; a la vez que aclara que la educación debe proporcionarle una conciencia de su responsabilidad que dé sentido positivo a su vida, puesto que última instancia sus decisiones vendrán determinadas por la dirección que adopte este sentido. Filosofar es experimentar el maravilloso goce de pensar por sí mismo. Pero este goce no se logra desde la pasividad, se logra combatiendo, tratando de pensar por uno mismo, sin delegar nuestro pensamiento. Ese pensar por sí mismo lo lleva a decidir por sí mismo. Es compromiso del docente procurar que los estudiantes luchen por un tipo de sociedad en la que valga la pena vivir y valga la pena estudiar.

    Finalmente, es procedente aclarar que, por más que un profesor de filosofía realice óptimamente su labor docente, si el estudiante no está motivado o se muestra refractario al filosofar (porque le parece que es mejor vivir una vida sin sentido, sin preguntas, sin respuestas, sin problemas, sin reflexionar, sin pensar), pocos logros académicos y personales alcanzará el estudiante. Éste, como centro y actor principal de su aprendizaje, necesita comprometerse con su quehacer filosófico, ejercitando sus facultades y estructuras cognitivas y cognoscitivas y, esencialmente, su voluntad para que asuma el filosofar como una de las tareas más importantes de su existencia, si es que en realidad quiere aprender a pensar y, en últimas, a vivir, a existir, porque como afirmaba Descartes en el pensar se patentiza la existencia.

    El docente de filosofía, humana y profesionalmente comprometido con su praxis educativa, el auténtico "maestro" de filosofar, el que "enseña" no sólo filosofía, sino a ¡FILOSOFAR!, podrá tener la satisfacción grandiosa si logró que el estudiante, al terminar su "bachillerato", quedara inquieto por el apasionante saber filosófico. Así éste tendrá el interés y la motivación suficientes para ingresar (sin importar hasta dónde lo lleve su ímpetu) en el universo estupendo de la filosofía, con el ánimo de extasiarse, disfrutar, asombrarse y revelar su curioso espíritu pensante que "vive" (posiblemente oculto) dentro de sus facultades mentales: su razón, su intelecto y su entendimiento.

    Se dice, desde los antiguos griegos, que dentro de todos los seres humanos existe un filósofo en potencia, un pensador innato. Si el proceso educativo ha logrado "despertar" ese virtual filósofo a través de una educación concebida desde su misma etimología griega como "e-ducere" (sacar fuera), entonces el joven está listo y preparado para la estupenda tarea de ¡filosofar! En este sentido, si educar es "sacar fuera" algo que hay dentro del estudiante, entonces es necesario "sacar desde dentro" ese saber filosófico implícito que "duerme" en lo profundo de su espíritu. Si educar es un acto de interioridad, el discente se inclina a leer dentro de sí. Sin duda alguna, para pensar, razonar o filosofar, hay que adentrarse en lo más recóndito del espíritu, para que desde allí emerja el pensar racional, que con la ayuda sinérgica entre sentidos, reflexión, intelecto, entendimiento y razón se "preparará" y "procesará" la "materia prima" del ¡filosofar!

    Así como, en el terreno de la física (antaño un saber ligado a la filosofía), hay energía potencial y energía cinética, dentro de cada persona existe un filósofo potencial, que con el impulso de la educación se convierte en un filósofo "cinético", es decir, un filósofo en movimiento, un ser humano pensante y actuante, un pensador con espíritu, sentido, actitud o mentalidad crítica, que le permitirá vivir debatiendo, cuestionando, refutando, disintiendo, controvirtiendo, dudando racionalmente, preguntando, buscando la verdad, examinando posiciones diversas, pensando y repensando, reconociendo el derecho a la diferencia, practicando una comunicación biunívoca, respetando y asumiendo una actitud profundamente comprometida con su proyecto de vida auténtico, tanto individual como colectivo.

    Esta "realidad" no quiere decir que el joven necesariamente se convierta en un "filósofo profesional" y se dedique de lleno a la filosofía y al filosofar, desechando otras opciones, otras alternativas. No, lo que aquí se "sugiere" es que piense filosóficamente, sin importar que estudie otra carrera (la de sus afectos, para la que tiene vocación y talento, la de sus posibilidades y proyectos), que en apariencia nada tengan que ver con la filosofía. No se puede ignorar que nada de lo humano es ajeno al pensar, máxime cuando dentro de las misiones prioritarias de los estudios superiores se encuentran el "enseñar" y el aprender a pensar y a investigar. Nuestro país necesita personas reflexivas, pensantes, y no simples seres del "rebaño", meros "borregos".

    ¿CUÁL SERÍA LA METODOLOGÍA PARA "ENSEÑAR" AL ESTUDIANTE A FILOSOFAR?

    El profesor Jorge Deháquiz, en su libro ¿Enseñar filosofía o aprender a filosofar?, plantea una novedosa propuesta que, a mi juicio, es importante tener en cuenta a la hora de desarrollar el quehacer docente. Según ese educador, su Propuesta Crítico-pedagógica, desde un enfoque Pedagógico Hermenéutico-constructivista-liberador, permite que "el estudiante haga uso público de su razón, de su racionalidad como discurrir filosófico y científico, sopesando cada información, cada argumentación, autoevaluando sus propuestas ideológicas y confrontando con la crítica de otros sus construcciones teóricas sobre el mundo".

    Esta propuesta involucra los componentes o fundamentos psicológico y epistemológico, y un instrumento didáctico-metodológico. El psicológico permite al estudiante, gracias a la realidad tecnológica actual, interpretar, reinventar y rehacer lo conocido, buscando madurar su juicio para ejercer su criterio propio en todos los aspectos. El epistemológico facilita la integración dinámica alumno-sociedad, la introducción en el patrimonio de la cultura y la reconstrucción sistemática del saber históricamente constituido y establecido.

    En esta propuesta, el filosofar hay que entenderlo desde dos ópticas complementarias: desde la intencionalidad de un proceso pedagógico renovado y desde la actividad de estudio-aprendizaje y de construcción del pensamiento crítico-filosófico. La labor pedagógica deberá tener como propósito central orientar al estudiante para que sea una persona participante, crítica, responsable, cuestionadora de la realidad que lo circunda e investigadora del saber filosófico.

    Fomentar y construir la racionalidad filosófica con el alumno significa para el acto educativo un cambio de paradigma. El viejo paradigma de la enseñanza tradicional de la filosofía, basado en el enciclopedismo escolástico, no permite el desarrollo de construcciones intelectuales de alto nivel discursivo por carecer de una metodología adecuada y de un horizonte de intelección claros, y porque más parece destinado a mostrar panorámicamente al estudiante un mundo confuso de pensamiento humano, con sus filósofos distantes y sus ideas abstraídas y descontextualizadas histórico-culturalmente, con sus secuelas esotéricas y sus problemáticas áridas, sin profundizar con un mínimo de crítica sus postulados, sin filosofar, dejando, en últimas, al joven con una leve amalgama de datos difícilmente codificables y tan sólo ubicables, con ligereza, dentro de la denominada "cultura general de la vida". Al no tener una orientación definida, menos ecléctica, memorista y repetitiva, la filosofía termina por caer en el olvido de su mismo ejercicio y en la anulación de sus propias posibilidades. El alumno y sus potencialidades crítico-reflexivas quedan al margen de la aventura del filosofar y del conocimiento de la filosofía.

    En un sistema educativo abierto, creativo, investigativo, progresista y democrático, es donde puede germinar el filosofar como actividad constructora de pensamiento crítico-reflexivo y como proceso de estudio-aprendizaje vivenciado por el alumno, trabajo pedagógico no exento de dificultades provenientes del medio socio-cultural y aún de los mismos estudiantes. "La función del pensamiento filosófico en el campo educativo consiste no tanto en resolver dificultades como en analizarlas y en aclararlas, proponer los métodos con que han de resolverse, plantear hipótesis que tengan apoyo en la experiencia, y buscar la unidad de los principios y normas de carácter pedagógico".193

    El aprendizaje de la filosofía debe despertar en el alumno, tal como lo concibe Kant, la conciencia de pensar por sí mismo, ser capaz de ponerse en el punto de vista del otro, y llevar las verdades, ya conquistadas, hasta sus últimas consecuencias, es decir, "que si los resultados de nuestra investigación nos conducen a la conclusión de que estamos equivocados, lo aceptemos".194

    Acorde con las circunstancias actuales –señala de Dehaquiz-, en el proceso enseñanza-aprendizaje tiene demasiada importancia el enfoque pedagógico hermenéutico-constructivista-liberador, que posibilita el logro del ideal educativo democratizador, para lo cual es necesario adelantar una propuesta comunicativa de la racionalidad filosófica coherente y seria, a partir del esclarecimiento de sus elementos teóricos fundamentales y de su instrumento didáctico-metodológico.

    El estudio holístico –prosigue-, sinérgico, dialéctico, sistemático, hermenéutico, exegético, semiológico, dinámico y cibernético, planteado por el paradigma constructivista-hermenéutico-liberador, exige a la educación reflexionar, analizar, criticar, cuestionar, desinstalar y analizar continuamente sus procesos de estudio-aprendizaje, es decir, realizar una evaluación diagnóstica permanente y constante de los mismos. En la evaluación deben estar presentes elementos como la madurez conceptual, integración de conocimientos, análisis, síntesis, valoración crítica, aplicación de conocimientos. La visión tomista sostiene que la evaluación "demuestra sus competencias para globalizar, articular y sistematizar los distintos temas y problemas filosóficos... enriquecidos por sus conocimientos, saberes, experiencias y prácticas adquiridas en el mundo de la vida".

    El profesor Deháquiz nos dice que desde "el momento en que el adolescente de hoy entra en contacto directo y consciente con la filosofía posee una estructura cognoscitiva avanzada, desde la que representa, interpreta, explica y comunica el mundo y sus fenómenos, composición mental dominada por el pensamiento formal, estructura transformadora, ampliada y enriquecida por la construcción de nuevas relaciones conceptuales, de nuevos conocimientos de complejidad. El aparato cognoscitivo del adolescente está posibilitado para la construcción de sistemas y teorías altamente elaboradas que transforman su mundo de un modo u otro". El planteamiento pedagógico de Piaget, interpretado por Deháquiz, nos muestra que el joven hace uso constante de su libre actividad de reflexión espontánea, de ese poder imprevisto que le ha sido conferido, uso y abuso que lo conducen al egocentrismo intelectual, el cual "se manifiesta a través de la creencia en la reflexión todopoderosa, como si el mundo tuviera que someterse a los sistemas y no los sistemas a la realidad. Es la edad metafísica por excelencia: el yo es lo bastante fuerte como para reconstruir el universo y lo bastante grande como para incorporarlo".195

    Si concebimos el estudio-aprendizaje-comunicación de la filosofía como concienciación, se construye el filosofar "no sólo en medio de maduración del propio pensamiento, sino también en un elemento altamente personalizador que ilumina la definición de opciones, decisiones y compromisos que se imponen en el estudiante como práctica de la libertad", precisa el profesor Deháquiz, y agrega que "la filosofía cumple un papel importantísimo en la dinámica de integración crítico-analítica del alumno con el mundo. Para que su estudio-apredizaje cumpla realmente con este cometido, se requieren unos presupuestos y unos estatutos epistemológicos que le den al acto comunicativo generado en el aula de clase el carácter auténtico discurrir con razones filosóficas".

    Como la dinámica educativa es "un evento dialógico –seña Dehaquiz-, dado que el trabajo adelantado en el aula de clase, que es una práctica intersubjetiva, es mediado por el lenguaje y la comunicación", el instrumento didáctico-metodológico para la comunicación de la racionalidad filosófica involucra las siguientes tareas:

    La primera tarea de la didáctica en este contexto se orienta al establecimiento de un discurso claro y coherente que permita una adecuada participación de los estudiantes en el proceso de construcción de sistemas simbólicos y en la transformación de relaciones conceptuales que favorezcan la elaboración de estructuras cognoscitivas, el desarrollo de la inteligencia y la producción de un pensamiento serio y maduro, que para el caso presente, debe ser confeccionado con razones filosóficas.

    El diseño del discurso en clase se inicia con el afloramiento y puesta en común de las expectativas de los estudiantes, materializadas verbalmente en forma de preguntas. Cada problema filosófico planteado por el currículo debe suscitar una serie de interrogantes-fuente, desde los cuales se intenten las respuestas y se establece el discurso. Preguntar, y hacerlo desde la vivencia cotidiana del estudiante, es el primer acto cognoscitivo-filosófico. Este preguntar ya muestra una intencionalidad cosmovisiva, una forma de relación alumno-otros-mundos, y deja entrever un sentido de futuridad. De algún modo el preguntar adquiere una dimensión antropológica: es la revelación del hombre-joven-generacionalmente que emerge al mundo, no desde las respuestas históricamente dadas, sino desde el preguntar más primordial, elemental, esencial y profundo: ¿quién soy yo?, ¿en dónde vivo?, ¿qué hago y cuál es mi papel en este mundo?, ¿qué es la vida?, ¿qué tengo que ver con los otros?, etc. Richard Bach advierte que "los interrogantes más sencillos son los más profundos. ¿Dónde has nacido? ¿Dónde está tu hogar? ¿A dónde vas?".

    La segunda tarea de la didáctica es el aprendizaje de la lectura. Preguntar y leer son parte de un mismo proceso gnoseológico: el hombre pregunta para leer y "el hombre lee para preguntar" (Franz Kafka). Cuando se lee, se hace para aprender algo, el problema está es en delimitar ¿qué es lo que se desea aprender?, ¿cuáles son las preguntas que se desean responder con la lectura?, ¿qué significados se desean encontrar? Al leer el sujeto lector se involucra con la realidad, se introduce en los signos de las cosas para vislumbrar el mundo, aprehendiéndolo, comprendiéndolo y expresándolo.

    La tercera tarea de la didáctica es el diálogo, el corazón de la didáctica, su tarea central. "La educación se constituye en el diálogo, por tanto el lenguaje se convierte en mediación del acto pedagógico, donde el maestro es ante todo el centro del encuentro y de confrontación que orienta al alumno a la comprensión-apropiación de la realidad".196 El diálogo se materializa en la palabra, palabra que dice y significa algo y a alguien. Recuperar la palabra, la oralidad, el escuchar-decir en el aula de clase, es recuperar el eje mismo del desarrollo del pensamiento.

    La cuarta tarea de la didáctica es el aprendizaje-ejercicio de la escritura. "Lo dicho se convierte en texto que puede ser trasformado, la palabra hablada no, porque queda ahí, huele y no se puede borrar, mientras que en la escritura se puede producir otro discurso".196 La escritura se sitúa como elemento dialéctico del proceso de estudio-aprendizaje: se nutre de la lectura y de la oralidad, y a la vez nutre a la lectura y a la oralidad, "es un momento donde vuelve a comenzar el recorrido que pretende permanecer"197

    La quinta tarea de la didáctica es el establecimiento del método. La construcción-producción de un discurso crítico-filosófico claro, ordenado, articulado, dinámico y contextualizado exige ser metódico. La didáctica conjuga inteligentemente los diversos caminos que orientan el proceso educativo de estudio-aprendizaje, con el fin de alcanzar los fines y los objetivos propuestos en el currículo. El método didáctico-pedagógico, como camino correctamente trazado y oportunamente seguido, organiza racional y hábilmente los recursos y procedimientos psico-pedagógicos y gnoseo-epistemologicos en la construcción-producción del conocimiento. El método es una exigencia de la pedagogía, de la antropología, de la psicología, de la epistemología y de la didáctica, al conjugar los diversos aspectos de quienes construyen e interpretan el saber. En filosofía la construcción-producción-comunicación del conocimiento es variada, utilizándose múltiples métodos, los cuales intentan combinar y articular los distintos procedimientos, las formas y las técnicas en el desarrollo lúdico de la clase.

    Según la propuesta crítico-pedagógica, el profesor Deháquiz plantea que en el plano teórico-conceptual del estudio, la evaluación es la práctica personal consciente, intencional, activa, responsable y madura del estudiante quien confecciona su propia racionalidad como filosofar, ejercicio sustentado por el rigor conceptual, metodológico, epistemológico, lógico y filosófico de su construcción-producción, pero especialmente de su comunicación. La evaluación es el proceso cuidadosamente observado, seguido y analizado del decir filosofante del alumno en cuanto discurso filosófico elaborado. "No puede llamarse filósofo nadie que no sepa filosofar" (Kant). Kant sostuvo que "no se puede enseñar filosofía sino sólo filosofar: porque no se trata de transmitir un saber ya concluido por otros que cualquiera puede aprender como quien aprende las capitales de Europa, sino de un método, es decir, un camino para el pensamiento, una forma de mirar y de argumentar".198

    A pesar de que existen muchos métodos prácticos en la enseñanza de la filosofía, es muy importante tener en cuenta el hermenéutico, si se quiere desarrollar en el estudiante el sentido crítico. "El método hermenéutico cobra una importancia decisiva en el nuevo modelo educativo, por cuanto busca la verdad a través del descubrimiento del sentido que las cosas y los acontecimientos tienen para nuestra propia vida. La práctica de la pregunta y de la sospecha, que permite descubrir el significado oculto de los símbolos convencionales, confiere a la realidad sentidos insospechados que nos permiten tomar posiciones lúcidas de aceptación o de rechazo".199 Este método "contribuye eficazmente a la formación de una conciencia crítica, es decir, de una conciencia que, con vigor y responsabilidad, pueda plantearse verdaderos problemas, buscar toda la información necesaria, analizar con espíritu científico esta información, formular posibles alternativas de solución y participar, efectivamente, en la toma de decisiones".200

    Expertos en el complejo arte de la enseñanza de la filosofía sostienen que "el estudio de la filosofía se puede realizar con tres claves diferentes de interpretación. La filosofía puede entenderse como ciencia racional, capaz de resolver problemas, puede estudiarse simplemente como una secuencia de proposiciones y como historia de los grandes pensadores, o bien ser considerada como una materia que ofrece la base para razonar y llegar a la sabiduría".201

    Por ello son conscientes que "con frecuencia, los estudiantes abordan el estudio de la filosofía con una actitud equivocada. Son muchos los que la comparan con otras asignaturas compuestas puramente por conceptos. Algunos tratan de aprender de memoria las ideas de Hegel, Kant, Aristóteles y Platón, para luego repetirlas como mejor puedan delante del profesor".202 Señalan que "parte de la culpa corresponde al sistema mismo de enseñanza, ya que algunos profesores no consiguen motivar verdaderamente a los estudiantes ni infundir en ellos el deseo de aprender la materia. Si escuchamos el parecer de los estudiantes de la enseñanza secundaria, comprobaremos que muchos no se consideran capaces para ciertas asignaturas, algo que no resulta aceptable desde el punto de vista de la dinámica cerebral"203, y agregan que "es innegable la existencia de una especie de predisposición genética, pero la mayor influencia en el desarrollo mental de la persona deriva del ambiente. Si pudiéramos hacer "tabla rasa" de las experiencias vividas desde niños y aprovechar plenamente nuestras capacidades mentales, seríamos capaces de aprender igualmente bien filosofía, matemáticas, lengua, griego, inglés o derecho. Sin embargo, las experiencias escolares, las primeras notas, las ayudas recibidas de los padres en casa y otros muchos aspectos condicionan a los estudiantes y hacen que se interesen más por algunas asignaturas que por otras. Algunos chicos que se consideran negados para las matemáticas, si tienen oportunidad de jugar con un ordenador comprenden inmediatamente sus mecanismos y aprender a utilizar hasta los más complicados lenguajes de programación. En efecto, la afirmación de "no tener dotes para determinada asignatura es, decididamente, poco realista".204

    Vistas así las cosas, piensan que "es de fundamental importancia la actitud que se tenga hacia la filosofía. Si se parte del supuesto de que la filosofía ha nacido sobre todo para responder a los grandes porqués de la vida y del universo, es posible verla bajo una luz diferente. Además, si sus discusiones y argumentos se estudian con el interés que merecen, la necesidad de memorizar conceptos disminuye notablemente".205 Como ejemplo citan que "una vez comprendido el pensamiento de Kant, es posible responder a cualquier pregunta sobre el tema, tratando de razonar sobre las mismas líneas. En el fondo, la historia de la filosofía ha sido escrita por personajes como Aristóteles, pero también hace filosofía un niño que plantea preguntas aparentemente simples, pero muy profundas (como las que versan sobre el porqué de la vida y la existencia). Esta asignatura debería considerarse desde la perspectiva de buscar respuestas, y no sólo como medio para aprender las respuestas proporcionadas por otros. La filosofía es precisamente el planteamiento de los interrogantes de la existencia. Es natural que sea muy importante la historia del pensamiento para conocer los planteamientos de los grandes filósofos del pasado, pero es útil sobre todo comprender las enseñanzas más allá de los conceptos aislados, y entender que cualquiera puede hacer filosofía, que la historia de esta rama del pensamiento no ha terminado, que los grandes problemas de la humanidad no están resueltos y que queda todavía mucho espacio para nuevas interpretaciones".206 Señalan que "desde este punto de vista, la filosofía se vuelve más interesante y apasionante. Puede servir para utilizar las actividades cerebrales de manera nueva y puede determinar la reconstrucción de los conocimientos propios mediante oportunas reflexiones. A veces basta con responder a un solo porqué de forma mucho más profunda que de costumbre".207 El proceso del "filosofar no es memorizar unas definiciones, sino saber plantearle problemas a la propia realidad en función de la propia autorrealización y autoliberación".208 El discurso del filósofo no se construye en la confrontación sin mediaciones entre un objeto y un sujeto, sino en referencia crítica a la mediación de un tercer elemento: la exégesis de los autores, el estudio de las situaciones humanas que la lectura ofrece, la crítica del prejuicio, la revaloración de la tradición, el análisis de las representaciones concretas de la vida cotidiana, las interpretaciones consagradas en el sentido común, etc.



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    Si bien es cierto que muchos "profesores" de filosofía se dedican solamente a "enseñar" historia de la filosofía, es conveniente que asuman un compromiso auténtico en su quehacer filosófico para que el estudiante aprenda a filosofar, a pensar, más que a aprender filosofía. Sin embargo, el docente debe propiciar en el discente la generación de una actitud que le permita "entregarse" al conocimiento del discurrir filosófico, de la historia del pensamiento, que coadyuve activamente en el fortalecimiento de su filosofar. La lectura e inteligencia de los textos mismos de los filósofos es el único método que puede, no ya iniciar en el filosofar, ejercitar en él, adiestrar, formar en la filosofía, sino simplemente dar idea verdadera de ésta. La filosofía –según José Luis Dell"Ordine- no es separable de su historia, pero esta remite al presente: nos obliga a hacer filosofía, por que todas las demás, de pretérito, no nos sirve, no son suficientes, porque están pensadas en situaciones distintas de la nuestra, porque no se enfrentan, al menos de manera adecuada, con nuestros problemas, aquellos que nos obligan a filosofar. La filosofía del pasado no queda arrumbada o rechazada: queda absorbida, incorporada en la actual; el filósofo filosofa con todos los demás que lo han precedido, y no puede reducirse a ninguno. La historia de la filosofía no se puede desconocer, a pesar de no ser el objeto primordial, esencial, concreto y fundamental de la compleja dinámica de ese "aprender a pensar", debido a que entre la sociedad concreta, histórica, y el pensamiento filosófico existe una relación, tal como lo descubrió Hegel, ya que la filosofía es, en último término, representación del espíritu de su tiempo, y la historia de la filosofía es la filosofía misma. "El estudio de la filosofía es el estudio de la filosofía misma", plantea el pensador alemán. Pero la historia de la filosofía no puede ser una narración de diversas opiniones, algo ocioso, de interés puramente erudito por su inutilidad, donde los sistemas filosóficos sean considerados desde el punto de vista exclusivo, resultando uno de ellos como legitimador de la verdad y, en consecuencia, falsos los demás restantes.

    La visión hegeliana indica que en la historia del pensamiento hay que ocuparse del pensamiento, porque nada tenemos que ver con lo pasado, sino con el pensamiento, con nuestro propio espíritu. No hay una historia propiamente, porque los pensamientos, los principios y las ideas que tenemos ante nosotros, son algo actual. Aclara que no se puede desprestigiar el estudio de la historia en general, porque lo que él rechaza es la tendencia puramente historicista, que incita a tratar épocas históricamente, ocupándose sólo de un mundo que ya no existe, donde el espíritu renuncia a su propia vida: pensarse a sí mismo. "Pensamientos, verdades, conocimientos, si yo los conozco simplemente como históricos, entonces son algo fuera de mi espíritu, es decir, están muertos para mí; mi pensar y mi espíritu no están allí, ni mis pensamientos ni mi interés pueden estar presentes en las cosas muertas. La posesión de conocimientos simplemente históricos es como la posesión legal de las cosas que no me sirven para nada. Si se admite solamente en el conocimiento de aquello que éste o aquél ha pensado, lo que se ha transmitido, pues se transmite también a sí mismo, entonces se renuncia a aquello por lo que el hombre es hombre, al pensar. Entonces se ocupa solamente del pensar y del espíritu de otros, se investiga sólo lo que ha sido verdad para otros. Pero es necesario pensarse a sí mismo". 209

    Precisa Hegel que en la historia de la filosofía, así como nos ocuparnos de lo pasado, debemos interesarnos más de lo presente, que es lo que tiene más importancia para el espíritu presente. Como la filosofía tiene como finalidad comprender o conocer la verdad pensando, la historia de la filosofía no se debe ocupar de las opiniones, de lo pasado, de lo muerto, sino de las ideas filosóficas en las que está presente nuestro espíritu. La historia del pensamiento no puede tener ningún otro sentido, ninguna otra significación que hablar del pensamiento mismo.

    En consecuencia, es muy importante el papel de la didáctica de la filosofía, por cuanto la enseñanza-aprendizaje de esta asignatura no se pude improvisar; requiere de una buena metodología didáctica-filosófica, donde intervienen sinérgicamente varios métodos y se interrelacionan y comprometen el maestro y el alumno.

    La metodología ofrece una amplia gama de posibilidades para la enseñanza-aprendizaje, en donde se destacan los métodos inductivo, deductivo, intuitivo, expositivo, lectura y comentarios, análisis lingüístico, interrogativo (socrático), hermenéutico y fenomenológico. Cada uno de estos métodos ofrece algunas ventajas y desventajas, por lo que el docente debe analizar cada uno de ellos para saber cuál se adecúa a las circunstancias y ofrece mejores resultados, con el fin de ponerlo en práctica en el proceso del filosofar. "Su forma sistemática supone un aprendizaje paciente, metódico, lleno de esfuerzo y algo de ascetismo", precisa el profesor Rodríguez Albarracín.

    Algunos recomiendan el método heurístico, basado en preguntas planeadas cuidadosamente y planteadas con inteligencia y oportunidad, con el propósito de invitar al estudiante a pensar, a definir su posición mental y a comprobar y fomentar el saber. La "Guía del Profesor", de Voluntad, sostiene que "las preguntas instructivas sugieren y enseñan, obligan al alumno a la observación y a la reflexión, aplicar el resto de sus conocimientos y a realizar deducciones y conclusiones que tienen que ver con su vida concreta". Esto aleja a la filosofía de los meros principios abstractos, de tedioso aprendizaje, tornándola en algo vivencial con respecto a la problemática del joven de hogaño, procurando el encuentro de las soluciones, de conformidad con las circunstancias particulares.

    El maestro no debe enseñar qué pensar, sino cómo pensar. El estudiante debe aprender a pensar por sí mismo, porque el pensamiento no es delegable. Heidegger sostiene que la única oportunidad para enseñar la verdad es dejar pensar al otro. La enseñanza de la filosofía debe ser abordada desde el ideal kantiano, debido a que no se puede enseñar la filosofía sino sólo a filosofar. "La filosofía no es un cuerpo que pueda ser transmitido. Es una práctica de la crítica. Es una sospecha organizada, exigente y rigurosa. Es este tipo de actitud la que tendríamos que tratar de enseñar".210

    Desde la perspectiva del licenciado José Cantalicio Cuéllar, el quehacer académico, partiendo de la propuesta "Pensando y Haciendo", permite "crear espacios para rescatar la necesidad de hacer filosofía, reflexionando, planteando preguntas, descubriendo significados en experiencias y aprendiendo a actuar en la interpretación de la realidad; desarrollar los modos alternativos de pensamiento en diversas formas de expresión e interactuar desde la filosofía estudiantil en la educación media con otros sectores; y crear un espacio intelectual para la reflexión sobre el papel de los estudiantes, docentes y padres de familia en el desarrollo del proceso de educación… Esta dinámica facilita aprender a filosofar más allá del aula, para que la educación sea mejor pensada y la simple teoría tenga sentido de aplicación en la vida cotidiana"211.

    Si el profesor de filosofía en realidad está comprometido, ética y académicamente, con su propósito de propender que el estudiante aprenda a pensar, aprenda a filosofar, le corresponde generar amplios y generosos ambientes democráticos y participativos como escenarios propicios, válidos y amenos para que los actores del evento educativo puedan debatir, controvertir, refutar, disentir, dialogar, disputar, discutir, dudar, criticar, crear, interrogar y contrainterrogar, plantear y replanterar, pensar y repensar. De esta forma se facilitaría una comunicación en donde el binomio docente-discente acudiera al discurso auténticamente dinamizador, dialógico y comunicativo como una manera de comprenderse mejor. Inclusive el maestro de filosofía sería más asertivo y no sólo escucharía a sus alumnos, sino que los oiría horizontalmente y no verticalmente, sin las incómodas apariencias jerárquicas y prepotentes del "yo ordeno", "yo decido", "yo sé", "yo enseño", "yo someto". Así, en cierta forma, se estaría atendiendo el vehemente llamado del filósofo e investigador Nicolás Buenaventura que recomienda oír a los demás, porque oír horizontalmente a aquellos que quieren decir algo es un poco oírse a sí mismo.

    Lo anterior podría posibilitar que el estudio se dinamizara, es decir, que la actividad académica se fusionara con la lúdica hasta perder sus linderos naturales, con el ánimo de arrancarle instantes de creatividad y fantasía a las "clases de filosofía", y esta manera el alumno comprenda que "estudiar filosofía" también es un momento para gozar, para estar contento y alegre, en fin, para disfrutar.

    La praxis educativa en general se convertirá en un proceso sinérgico, dialéctico, holístico, sistemático, lúdico, hermenéutico, liberador, dinamizador y constructivo si se propician, de manera biunívoca, escenarios democráticos en donde la comunicación, además de ser un acto auténticamente comunicativo, propicie un ambiente receptivo que facilite el intercambio de saberes, ideas, opiniones, inquietudes y puntos de vista entre los actores de la experiencia académica. Este acto comunicativo democrático y auténtico requiere que la palabra del otro, ya sea la del docente o la del discente, despliegue todas sus posibilidades de sentido como un ideal que plantea la licenciada Luz Marina Gutiérrez Martínez, en un breve ensayo titulado Palabras y Comunicación. Las palabras, que son efectivas y fascinantes como formas de comunicación, necesitan desplegar todas sus posibilidades de sentido para que formen parte del proceso de construcción y descubrimiento del saber y del sentir del mundo. Sólo así es posible la transformación constante que las palabras proponen, porque las habilidades comunicativas se relacionan con lo que el interlocutor es y no sólo con lo que sabe y aprende. Esa dinámica facilitará que el estudiante se transforme y así su proyecto de vida se llene de energía, de ilusión y de sueños.

    Considero que si de lo que se trata es de "enseñar a pensar", el profesor de filosofía debe iniciar su quehacer académico tratando de que el estudiante sepa por qué es importante la filosofía en esa etapa de su vida y en su futuro; qué es filosofía, aclarándole que hay muchas definiciones y que lo que importa no es que se aprenda cada una de ellas, sino que él mismo, luego de su discurrir filosófico, sea capaz de elaborar su propia definición; por qué y cómo surgió la filosofía; para qué le sirve en su vida; cuáles son las ventajas de aprender a pensar; que sea capaz de contextualizar a los autores, comprender sus planteamientos y que vigencia tienen en nuestra realidad actual sus reflexiones, y cómo puedo aplicar sus teorías o parte de ellas a mi proyecto de vida individual y colectivo. Antes de entrar en el complejo y apasionante universo de la filosofía, el estudiante debe ser consciente de la grandiosa importancia de aprender a pensar por sí mismo y a desarrollar y fortalecer su espíritu crítico, su mentalidad crítica, su conciencia crítica, su criticidad.

    5. LA FILOSOFÍA Y LA DEFINICIÓN DE IDENTIDAD DEL ESTUDIANTE

    Para finalizar la primera parte de este libro es importante abordar, aunque sea de manera breve, una problemática propia del adolescente, la cual es clave fundamental para su desenvolvimiento armónico en su existencia: la definición de su identidad.

    El joven necesita, ante todo, definir su identidad. El adolescente se pregunta ¿Quién es él? El muchacho de una manera consciente o inconsciente se pregunta: "¿Quién soy yo". Él está buscándose a sí mismo, y por ello debe tratar de responder a esa pregunta antes de preguntarse qué hará en la vida. El joven busca su propia identidad, ya que una de las tareas de la adolescencia es saber quién es él realmente. En la búsqueda de identidad el estudiante debe ir integrando no sólo los elementos nuevos que han surgido dentro y fuera de él, sino también debe asumir toda su vida pasada que no puede ser eliminada. Según Estanislao Zuleta, la identidad es la esencia de nuestro ser; y la desgracia de nuestro ser es que no tengamos una identidad dada, que tengamos que conquistarla, con nuestra vida, con nuestra historia. Y agrega que la persona es capaz de hacerse matar en la búsqueda de una identidad, que es lo que más nos hace falta; que es lo que más nos oprime no tener.

    La identidad se define como el conjunto de rasgos propios de un individuo que lo caracterizan frente a los demás, o como la conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás, o el hecho de ser alguien o algo, el mismo que se supone o se busca. La identidad indica la individualidad de cada persona para definirla en función de sus propios atributos personales. "La palabra identidad también se usa para referirse a la coherencia de nuestro propio yo, tanto física como psíquica a lo largo del tiempo"212 Su propia identidad es el conjunto de conocimientos acerca de quién es y qué es. Los adolescentes necesitan desarrollar sus propios valores y asegurarse que no están simplemente repitiendo sin pensar las ideas de sus padres, porque éstos no siempre están dispuestos a realizar los sueños y aspiraciones de sus progenitores. Ningún adolescente quiere ser copia de otra persona, así sean sus padres, por más que los ame y respete. El problema crítico en esta etapa, según el psicólogo Eric Erikson, consiste en encontrar la propia identidad. En su opinión, la identidad se logra al integrar varios roles en un patrón coherente que le brinde el sentido de continuidad o identidad internas. "El problema básico de la adolescencia es establecer un sentimiento seguro de identidad. Desde el punto de vista del joven esto es esencialmente contestar al interrogante: "¿Quién soy yo?".213 En opinión de Erikson, ese ¿Quién soy yo? es la ideología del adolescente. "Esta ideología es el marco básico dentro del cual los adolescentes se ven así mismos y su mundo y, lo que es más importante, evalúan sus experiencias cotidianas. Éstas son básicamente las ideas que utilizan para entender el mundo, más el sistema de valores que les sirve de base para juzgar lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo. En lugar de verse a sí mismos en función de diversas sensaciones físicas o de diversos papeles, la ideología del adolescente le da una base para obtener un sentido integrado de sí mismo, lo cual le da a su vida dirección y significado".214

    Durante la adolescencia, el joven tiene que descubrir quién es él en realidad, debido a que su problema esencial consiste en construir un sentimiento seguro de identidad, es decir, contestar de manera satisfactoria para éste al eterno interrogante de "Quién soy yo?". Un sentido claro de su propia identidad implica saber "¿quién soy yo y qué quiero de la vida?". El psicólogo Robert S. Feldman, en su tratado de Psicología, plantea que "para casi todos los adolescentes, responder a las preguntas "¿quién soy?" y "¿cómo encajo en el mundo?" representa uno de los retos más complejos de la vida. Aunque estas preguntas se siguen planteando a lo largo de la vida de una persona, en la adolescencia toman un significado especial".215 En esta etapa estudiada por Erikson -conocida como identidad versus confusión de roles-, "representa un período de prueba importante, ya que las personas buscan y quieren determinar lo que es único y especial respecto de sí mismas. Intentan descubrir quiénes son, cuáles son sus habilidades y qué tipos de papeles podrían desarrollar mejor el resto de su vida –en resumen, su identidad-. La confusión al elegir el rol más apropiado puede provocar una falta de identidad estable, la adquisición de un rol socialmente inaceptable como es el del delincuente, o dificultad para mantener, en el futuro, relaciones personales fuertes. En el período de identidad versus confusión de roles, es palpable una gran presión por identificar lo que deseamos hacer con nuestra vida. Debido a que esta necesidad espera de ellos, los adolescentes puedan encontrar esta etapa especialmente difícil. La etapa de identidad versus confusión de roles tiene otra característica importante: minimiza la dependencia en los adultos como fuentes de información, y un viraje hacia el grupo de pares como fuente de juicios sociales".216

    En la búsqueda de tan compleja respuesta, el adolescente atraviesa por la amarga etapa de los ensayos y errores, que no siempre se manifiestan en cambios extremos de un punto de vista a otro. En el joven son normales los períodos de hondas preocupaciones por determinar qué es lo verdadero, qué es lo falso, qué es lo bueno, qué es lo malo, qué es lo correcto y qué es lo incorrecto. La adolescencia es una etapa de compromiso con los valores, esperanzas e ideales que en el futuro se convertirán en el centro interior de la identidad del joven.

    En el complejo proceso dinámico, sinérgico, sistemático, holístico y dialéctico de desarrollar su propio sentido de identidad, el adolescente prueba diversos puntos de vista, oscilando a veces de un extremo a otro en breve tiempo, reflejando la pauta de ensayos y errores en búsqueda de valores y creencias que puedan servirle de referencia ideológica para su adecuada identidad. En esta etapa clave de la existencia se desarrolla en el adolescente un sentido íntimo y fundamental del yo, una idea de identidad que va más allá de sensaciones físicas o de roles sociales.

    En este período, en el que, por su condición natural de ser un individuo único e irrepetible, no quiere ser copia de los demás, anhela experimentar un sentimiento de independencia y de ser una persona única por derecho propio. "Tal vez la tarea más importante de la adolescencia es descubrir quién soy yo realmente. Los adolescentes necesitan desarrollar sus propios valores y asegurarse que no están simplemente repitiendo sin pensar las ideas de sus padres. Deben descubrir lo que pueden hacer y sentirse orgullosos de sus propios logros. Queridos y respetados por lo que son: los adolescentes buscan su identidad en muchos espejos".217

    Como el adolescente se está examinando, reexaminando, evaluando y reevaluando, comparte o confronta sus puntos de vista, sus opiniones, sus cosmovisiones y su particular manera de percibir, interpretar y sistematizar la realidad, se interesa por los valores, las creencias, los ideales y las expectativas de los adultos, y de esta forma desarrollar con confianza su sistema de valores y lograr un seguro y maduro sentido de identidad.

    La psicóloga Leonor Noguera Sayer precisa que gracias a la identidad, como elemento constitutivo del ser humano, somos como somos en cada momento, y se teje como un hilo conductor que reúne nuestras imágenes parciales para hacernos unitarios e integrados a pesar de los diversos movimientos, respuestas y actuaciones. Esa identidad se alimenta y se refleja, además de lo físico, en lo psíquico, en donde se resume en la manera de pensar y de sentir. "A su lado podemos hablar de lo social, como el escenario para la interacción desde el momento del nacimiento y de donde provienen mensajes continuos de lo que en ese grupo y ambiente se considera prioritario, bueno o malo, motivo de reconocimiento o prestigio o de rechazo y censura. En la vertiente social de la identidad está el complejo conjunto de valores, creencias, modas, etc., que dan fisonomía a un grupo humano determinado, y que influyen en la identidad del mismo y de los individuos que lo conforman… La identidad no es sinónimo de semejanza ni remedo o culto al pretexto cronológico con que se patenta la madurez o la sabiduría; la identidad es un complejo de resultado de cada momento, donde lo propio es lo original, con infinitas posibilidades de expansión… La verdadera identidad recrea la experiencia a través de la reflexión y, con el concurso del pensamiento, es capaz de demoler las murallas que hasta entonces guardaron lo propio como la verdad única. La identidad fundamental es el eterno descubrir los infinitos proyectos que habitan en el interior de cada uno y que se fortifican o mueren en los ejercicios de interacción… La identidad, como fuerza que pugna por conservarse igual a sí misma, extiende sus dominios al terreno de los conflictos psicológicos, de las angustias, de los dolores… Los deseos, las necesidades, los sentimientos, las habilidades y/o las limitaciones, convergen en la trama compleja y más profunda de la identidad, que trasciende de lo convencional y, paradójicamente, a nada le otorga un valor absoluto; en su esfuerzo de autocrítica permanente, reconoce la importancia de las nuevas experiencias como océano inagotable de enseñanzas, ajustes y cambios, que conducen a otras definiciones para la vida".218

    El logro de la identidad es tan crucial para el proyecto de vida del joven, porque ésta depende que se viva de acuerdo a como se piensa y no se termine pensando de acuerdo a como se vive. Si se quiere construir un proyecto de vida que posibilite la autorrealización y la búsqueda de la felicidad, supremo fin de la existencia, hay que vivir conforme a como se piensa. Pensar de acuerdo a como se vive, inexorablemente conduce a optar por opciones como la delincuencia, la drogadicción, la cultura "traqueta", las ideologías, los dogmas religiosos, el facilismo, la mentalidad del "rebaño", los idiotas útiles para los oscuros procesos electoreros…

    El filósofo y psicólogo argentino Luis Duravía precisa que los adolescentes tienen necesidades de seguridad, de independencia, de experiencia, de un ideal de vida, de encontrarle sentido a la vida, de sentirse en paz con todos y con la naturaleza, de expresar en forma simbólica su interioridad recién descubierta, de intimidad, de ídolos, de amistad y de amor. Así mismo, necesita, para su armónico equilibrio, lograr la condición de independencia, modificar su sistema de valores, desarrollo de su heterosexualidad concreta y serena, y buscar una nueva y definitiva identidad. Esta última es tan importante que podría considerarse como el resumen de todos estos logros o tareas.

    En concepto de Duravía, el adolescente tiene que ir reorganizando todos los elementos nuevos que han entrado en su cuerpo y en su psique y llegar a dar una respuesta a la pregunta "¿Quién soy yo?", porque solamente si llega a definir bien su propia identidad, evitando la confusión y dispersión, podrá el adolescente llegar a la intimidad, saliendo de sus propias fronteras. Aclara que no se trata sólo de la identidad sexual, sino la identidad en todos los aspectos que le permitan definirse como persona por lo que es y lo que vale, y con las ideas claras de lo que se propone, y también identificar sus propios principios, creencias, cosmovisiones… como aspectos distintos de los que tienen los demás; es decir, en particular a la identidad del yo como persona independiente. Eso sería lo que Erikson define como la intensa experiencia de la capacidad del yo para integrar esas identificaciones con las vicisitudes de la libido, con las actitudes desarrolladas con base en talentos innatos y con las posibilidades por los diversos papeles sociales.

    El fracaso en la construcción de la identidad del adolescente puede traer graves consecuencias, debido a que ésta es una de las tareas más importantes de ese momento de la existencia del joven. Entre éstas, según Duravía, encontramos que los eventos nuevos que acaecen en su vida lo pueden desequilibrar; puede hallar dificultades para definir bien sus límites y posibilidades; es posible que sea refractario a las relaciones afectivas que es esencialmente la salida de sí mismo, apertura, donación, ruptura de los propios límites (en opinión de Erikson, los mismos amores de los adolescentes -que requiere confianza, autonomía, iniciativa, sentido de industriosidad y de identidad- son en gran parte un intento por definir su propia identidad proyectando sobre otra persona la imagen que tienen de su propio yo, para así verla reflejada y con más claridad); la confusión de identidad le ocasiona cambios frecuentes de opinión, de actitud, y hasta de moralidad con el transcurso del tiempo, de los lugares y de las personas con las que trata; la difusión de identidad le dificulta armonizar los estados interiores del yo con frecuencia contradictorios, sin que logre concluirlos. Así se encuentra que el adolescente "no tiene la capacidad de reflexionar críticamente sobre su propia conducta, es incapaz de unas relaciones estables con los demás, no tiene un sistema de valores claro y definido. En este caso el muchacho renuncia a gobernar su vida, a tomar decisiones y a la irresponsabilidad en la sociedad y se deja llevar por motivaciones inconscientes. El resultado más evidente es un estado de indecisión y confusión. Pero también se puede volver amargado y agresivo contra la sociedad y se aliena dedicándose a actitudes de protesta contra la sociedad misma; por ese camino llega fácilmente a la droga como medio para escaparse de sus decisiones y responsabilidades… Frente a la posible confusión de identidad, el joven se dará cuenta con pánico que el tiempo está pasando y que si no toma algunas decisiones el tiempo mismo las tomará en su lugar. Frente a las nuevas responsabilidades que asoman al final de la adolescencia el joven puede dejarse dominar por el miedo y huir dejando el estudio y la familia, renunciando a ocupar un puesto en la sociedad". 219

    Aunque la difícil tarea de la construcción de la identidad del adolescente es una labor personal de cada uno de ellos, es fundamental el aporte de los agentes socializadores como la familia, la escuela, los jóvenes de su edad (coetáneos), los medios de información y la religión; pero en la labor de educadores corresponde básicamente a los padres de familia, a los coetáneos y a los profesores. El psicólogo Charles Morris, en su tratado de Psicología, un nuevo enfoque, señala que "según Erikson, la adolescencia es el tiempo en que los jóvenes buscan su identidad. Empiezan a tomar decisiones por sí mismos, proceso que es emocionante y que a la vez produce estrés. El adolescente está indeciso entre escoger uno u otro estilo de vida, pudiendo sufrir una crisis de identidad. El influjo de los padres parece ser el factor decisivo en su capacidad de establecer un sentido claro e independiente del yo. El grupo de coetáneos también ejerce presión para que se conforme a él. Las normas de los padres y de los coetáneos influyen en la manifestación de la sexualidad".220 A juzgar por lo que señala Morris, los adolescentes que tienen relaciones satisfactorias con sus padres tienen mayores oportunidades de lograr una fuerte identidad. "El influjo de los padres parece ser el factor más importante que afecta a la capacidad del adolescente para lograr un sentido claro independiente de su yo", precisa el psicólogo O. Siegel (citado por Charles Morris). El psicólogo J. J. Cónger, citado por Morris, señala que "los adolescentes que tienen una relación satisfactoria con su padre y su madre tendrán también mayores probabilidades de adquirir una fuerte identidad". El mismo Cónger asegura que los coetáneos también son importantes en la búsqueda de identidad. "En una época en que el adolescente debe escoger entre ocupaciones –indica-, estilo de vida, ideologías y modelos de roles sexuales de los más heterogéneos, la comprensión y el apoyo de los coetáneos es indispensable". Feldman señala que la teoría de Erikson precisa que "paulatinamente, el grupo de pares tiene mayor importancia, lo que les permite entablar relaciones íntimas, parecidas a las de los adultos, y ayudar a clarificar su identidad personal". Además de la importante y trascendental influencia de los padres de familia y de los otros adolescentes, en la búsqueda de la identidad del joven, también son decisivos otros factores que interactúan en la cotidianidad de éste. "En definitiva, el logro de una buena identidad dependerá de muchos factores, pero en particular de las etapas anteriores y de las motivaciones y valores que le ofrece el ambiente familiar y social".221

    En el escenario educativo corresponde a los profesores y a los psico-orientadores, pero en quien recae una gran responsabilidad es en los docentes de filosofía. "El objetivo primero y fundamental de la educación es el de proporcionar a los niños y a las niñas, a los jóvenes de uno y otro sexo una formación plena que les permita conformar su propia y esencial identidad, así como construir una concepción de la realidad que integre a la vez el conocimiento y la valoración ética y moral de la misma. Tal formación plena ha de ir dirigida al desarrollo de su capacidad para ejercer, de manera crítica y en una sociedad axiológicamente plural, la libertad, la tolerancia y la solidaridad"222 El docente de filosofía debe transformarse en una especie de "consejero filosófico" con el ánimo de asesorar al discente y enseñarlo a filosofar, respetando su autonomía dentro de un ambiente de tolerancia y de diálogo asertivo, auténtico, biunívoco y argumentado, evitando el autoritarismo y el dogmatismo, y fomentando una actitud de empatía para que pueda potenciar sus facultades que le permitan saber dónde está, para dónde va y qué es lo que quiere. "En efecto, si no sabe definir quién es, qué valores tiene, de qué es capaz, tampoco sabrá qué hacer en la vida, será un eterno inseguro y dependerá de las opiniones de los demás".223 Quien no logre definir su identidad le será difícil reflexionar críticamente sobre su conducta, será incapaz de relaciones estables con los demás y no contará con un sistema claro y definido de valores.

    La definición de la identidad requiere que el joven comprenda la realidad en que vive a través de diversas cosmovisiones, porque es frecuente que muchos únicamente la perciban, interpreten y sistematicen a través de la más tradicional, la más convencional, la más arraigada y la más impuesta (la religiosa), desconociendo que hay diversas formas de contemplar, ver, entender y comprenderla, como la cosmovisión científica, filosófica y estética, entre otras. La comprensión de nuestra realidad, de nuestro mundo, de nuestro universo, mediante una sola cosmovisión, como la religiosa (que es la que más impera y nos condiciona), nos convierte en seres unidimensionales, atentando contra nuestra naturaleza de seres pluridimensionales. Una cosmovisión (tema que ya se trató en este texto), "los ojos con que vemos el mundo", es un sistema de pensamiento mediante el cual fundamentamos o sustentamos determinadas posturas con relación a nosotros mismos, a los demás y al universo. Para entender un poco en la práctica cómo influyen las cosmovisiones en nuestra vida, veamos un ejemplo que se nos presenta cotidianamente. Cuando una persona está "enamorada" y su forma de amar esta empantanada, confundida, complicada, con la posesividad, la obsesión, los celos, el acoso, el maltrato (físico y emocional) y otras pasiones que no lo dejan disfrutar de su amor y de su vida en paz, es decir cuando "el amor es enfermizo", hay múltiples explicaciones de este "extraño" comportamiento. Desde la cosmovisión religiosa (un tanto superficial y que contiene elementos irracionales como lo supersticioso, lo mítico, lo mágico, etc.) se dirá que esa persona está "embrujada", que está "encaprichada", que le hicieron un "maleficio", que se "adueñaron" de su voluntad, que le dieron un "bebedizo" o que es un "pendejo". Desde la cosmovisión científica (un poco más profunda y racional) se dirá que esa persona tiene problemas de autoestima, de dependencia, de inseguridad, de inteligencia emocional, de neurosis, de trastornos de personalidad, y que, por tanto, necesita ayuda psicológica. Desde la cosmovisión filosófica (muy profunda) se dirá que esa persona desconoce la importancia de la libertad y la autonomía de los demás, que no reconoce el derecho a ser diferentes y a decidir soberanamente sobre sus afectos y su vida, que ignora que con su "peculiar" estilo de amar está instrumentalizando y cosificando a la persona que dice amar, y que aún no le ha encontrado un sentido a su vida. Así mismo, desde la cosmovisión estética (profundamente compleja) se dará otra explicación totalmente diferente a las anteriores, pero que nos mostrará otra visión de la misma problemática.

    Un docente de filosofía, si es un intelectual con depurado espíritu crítico, en el quehacer filosófico en procura de contribuir a la consolidación o cierre de una óptima identidad del estudiante, no puede desconocer que, tal como lo plantea la aludida Leonor Noguera Sayer, el mismo marco jurídico institucional insta a seguir normas y modelos que conllevan a la repetición de lo mismo, sin generar espacios para la práctica de la criticidad, el debate y la auténtica búsqueda de la verdad. "Obsérvese el código educativo en cualquiera de los campos en donde se aplica y se verá la invitación a seguir las normas y los modelos escogidos como ejemplares… La óptica desde la cual miramos es conjunta, es enseñada y aprendida; no se propone el descubrimiento del propio lugar para la propia mirada; sólo se trajinan las preguntas que ya tienen respuesta y sobre la fidelidad a ellas, se valora el conocimiento y/o la madurez… No se promueve el espacio para el debate que desarticule las verdades tan fuertemente definidas porque se confunden con la identidad de sus adherentes. Las discusiones, son formas de entretener la atención, ayudándonos a ser aún más fieles a los dictados de la organización social, jerárquica, escalonada y majestuosa. La invitación se dirige a la proximidad, al acuerdo, a la bienaventuranza de acogernos a las verdades universales que de alguna forma responde a la primigenia añoranza de unidad y de fusión".224 La tarea educativa, por el contrario, es un compromiso existencial en el que se posibilite el descubrimiento en el interior de sí o del entorno como una experiencia en sí mismo, en donde haya lugar para la sugerencia, la sorpresa, para las preguntas y para las respuestas, como una aventura de la imaginación, que al unirse a la realidad, la descubre y la trasforma. Aquí, en el cierre de la identidad del alumno, será de poca ayuda la educación tradicional, que es el culto a lo ya conocido, en donde "se toleran preguntas en relación con la materia académica, mas no con las actitudes que el sagrado maestro imparte, ejemplifica, aprueba o reprende, silenciando o permitiendo de la discusión aquella dosis mínima, necesaria para que el como si que la caracteriza, se convierta en un sí aparente pero más fuerte que evite enfrentamientos con calado y profundidad".225 En este sentido se pronuncia el profesor Julio César Carrión C. (licenciado en ciencias sociales) en un ensayo publicado en la revista Educación y Cultura, al señalar que el tipo de educación (autoritaria) prepara a los individuos para el manejo de un conjunto de disfraces que sabrán colocarse acomodaticiamente en cada particular situación de su diario vivir. Corresponde a la educación –agrega- la formación de ciudadanos para la vida democrática, la participación comunitaria, el ejercicio de la contradicción y el conflicto, pero fomentando el respeto por las diferencias.

    El genuino maestro de filosofía, en un auténtico gesto de eticidad y honradez consigo mismo y con los estudiantes, acudirá a su irrefutable e incuestionable sagacidad y habilidad profesional para contribuir, con el valioso aporte del filosofar, a que los discentes logren una satisfactoria definición de su identidad, por cuanto, como ya se vio, no lograr este vital propósito les acarrea diversas dificultades en el transcurso de la existencia. En concepto de Erikson, no logar forjarse una identidad lleva a la confusión de roles y a la desesperación. Si una persona no ha resuelto con éxito la crisis de identidad de la adolescencia, puede tener serios problemas para elegir un rumbo adecuado. El hecho de lograr el sentido de la identidad personal permite establecer relaciones personales satisfactorias. El psicólogo J. L. Orlofsky, citado por Morris, concluye que "un sentido positivo de la identidad constituye la base de las relaciones personales satisfactorias".

    El quehacer filosófico le permitirá al estudiante saber dónde está, qué es lo que quiere y para dónde va; porque quien no sabe a dónde va es un perdido en la existencia. La naturaleza del pensar determina la naturaleza del ser. Por eso se necesita vivir de acuerdo a como se piensa, para no terminar pensando como se vive. El adolescente, luego de definir su identidad, deberá tener objetivos y metas perfectamente claras en la existencia.

    El joven es un ser grandioso con todo un horizonte infinito de posibilidades en donde buscar y desarrollar un proyecto de vida auténtico que le permita trascender la alienación y otros sofismas que le impone la cultura, con el ánimo de que tenga perfectamente claro quién es él, dónde está y qué quiere hacer con su vida. Tiene que consolidar su identidad individual. "Como lo han expresado los filósofos humanistas, el carácter inacabado del ser humano hace que la construcción de la identidad individual, el proceso de convertirse en persona, sea ante todo un proyecto, una apuesta hacia el futuro inexistente en cuyo diseño y realización el ser humano se juega la vida".226

    Al observar tantos conflictos entre los docentes y los discentes y, sobre todo, al apreciar que muchos jóvenes terminan su educación media, es decir se gradúan de "bachilleres" sin haber logrado su identidad, surge la inquietud que algunos "educadores" pareciere que desconocen la profunda y compleja psicología del adolescente, un "ser en crisis". Ignoran acaso que adolescencia, en su misma etimología, quiere decir crecer, avanzar, desarrollarse, hacerse fuerte, superar la época tutelar; también da la impresión de no ser conscientes que el adolescente de nuestro contexto "se halla dentro de una situación casi desesperada, de aislamiento entre generaciones, de pocas posibilidades de participación social y política ante un futuro de subempleo o desempleo, ante una educación de baja calidad que no los entusiasma y que no asegura ni empleo, ni progreso social, es una sociedad sin un proyecto claro de futuro en el cual ellos puedan insertarse", así como lo denuncia la psicóloga Gertrudis Torres Martínez. Según Estanislao Zuleta, la educación actual reprime el pensamiento, porque "lo que se enseña no tiene muchas veces relación alguna con el pensamiento del estudiante, en otros términos, no se le respeta, ni se le reconoce como un pensador, y el niño es un pensador".227 Un iconoclasta como André Bretón afirma en su Primer manifiesto surrealista que los "cuidados" de sus educadores le habían destrozado su infancia.

    Es por ello que el estudiante no se motiva, y por falta de motivación incurre en indisciplina y bajo desempeño académico. Debido a que uno de los quehaceres concretos del educador es despertar la motivación interna del estudiante, aquél no puede renunciar a esta tarea, teniendo en cuenta que "el niño es un investigador" (de acuerdo con la teoría psicoanalítica freudiana) y "si se le reprimen y lo ponen a repetir y a aprender cosas que no le interesan y que él no puede investigar, a eso no se le puede llamar educar".228 Las diversas teorías pedagógicas insisten en la importancia de la motivación del alumno. Ya desde los tiempos renacentistas, ese gran humanista y genio universal, el filósofo Erasmo de Rótterdam (1466-1536), además de criticar la educación autoritaria, abogaba por la motivación de los estudiantes.

    Ese desconocimiento de la psicología del adolescente les impide saber (o se hacen los que no saben) que la adolescencia se compone de una larga serie de crisis; que "constituye una etapa difícil en el desarrollo de las personas"229, y que es una época de agitación que hace complicada la adaptación al joven, por lo cual "no admite ya la autoridad de sus padres y de sus maestros como evidente e indiscutible"230. Por eso, a veces, "discute en forma violenta, impulsiva y dogmática, enfrentándose con su medio familiar o social".231, debido a que afronta algunos cambios psíquicos como la rebeldía, la ciclotimia y la dialéctica. Al ignorar todo esto, inexorablemente, el "profesor" se convierte en un ser intolerante, incapaz de reconocer el derecho a la diferencia (esencia del humanismo moderno) y el reconocimiento del otro como una persona distinta a él (alteridad), como un ser único e irrepetible, que tiene su universo propio y su cosmovisión particular. Estas actitudes de los "educadores" propician que los conflictos del joven (en proceso de búsqueda de identidad) se generalicen y se agraven, ante lo cual "se sentirá impulsado hacia muchas direcciones simultáneamente y será incapaz de tomar una decisión sobre su futuro".232 ¿De qué le sirve a un joven salir del colegio con un diploma en sus manos si no sabe quién es, para dónde va y qué quiere hacer con su vida?

    6. EL OBJETIVO CENTRAL DEL FILOSOFAR: APRENDER A PENSAR (PENSAR POR SÍ MISMO)

    El adolescente, como un ser en crisis, necesita aprender a pensar por sí mismo. La búsqueda de identidad se relaciona con el pensar por sí mismo, porque el pensar por sí mismo le permitirá cimentar las bases de una identidad propia, auténtica, que le sirva de fundamento a su proyecto de vida individual y colectivo. Como secuela del desarrollo acelerado de la tecnocracia y el auge y la manipulación de los medios de información, el hombre contemporáneo se halla perdido en la existencia, y como no es capaz de vivir de acuerdo a como piensa, se limita a pensar de acuerdo a como vive. En ese contexto se halla constreñido y apresado por la misma sociedad que en vive, la cual lo aprisiona y, paradójicamente, lo salva de su soledad y su lobreguez. A pesar de estar rodeado de personas, se siente más solo y extraviado en el ajetreo de la "vida moderna"; tiene prisa de llegar, no se sabe a dónde, pero cuanto antes. No sabe adónde va y qué busca, y por eso es un perdido en la existencia. Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada. Sueña con un papel en la vida y desempeña otro. No puede hacer lo que quiere sino lo que puede. (¿Quién es "él mismo", en realidad?, ¿el del papel que representa o quien pretende ser?). En su desesperada y alocada búsqueda de salidas a su sinsentido y a su extravío, recurre a sucedáneos como la fama, el vicio, los halagos, la riqueza, el poder… y termina más alienado y más perdido. En su extravío, el joven, tal como sostiene José Ortega y Gasset, no necesita razones para vivir: sólo necesita pretextos. Parodiando uno de sus asertos se podría decir que el joven "no va a nada, no tiene proyecto ni misión, sino que, más bien, sale a la vida para ver si las de otros llenan un poco la suya"233 El pensar por sí mismo nos aporta la claridad intelectual y el coraje para mostrar que las cosas se pueden ver de otra manera.

    Sólo el aprendizaje de pensar por sí mismo lo puede orientar en el complejo proceso de salir de semejante encrucijada. Enseñar a pensar por sí mismo es la tarea central del maestro de filosofía. Consciente de su compromiso académico acudirá a sus talentos y habilidades profesionales y personales en procura de que cada estudiante aprenda a pensar, a razonar, a reflexionar y, sobre todo, a pensar por sí mismo. En este sentido, su función debe ser tan sutil de manera que no "contamine" o influencie al estudiante, ya sea subrepticia, consciente o inconscientemente, con sus velados o evidentes dogmas, cosmovisiones, concepciones del mundo y de la realidad.

    Como el profesor ejerce cierta "autoridad" sobre el estudiante, y a veces se convierte en un modelo para éste (por carecer de sentido crítico), debido a que por nuestra condición de mimesis tendemos a imitar a los demás y a convertirlos en nuestro referente, se corre el riesgo que el discente termine pensando y actuando como su docente. Es necesario entonces que el pedagogo se pregunte de qué manera podría influir en la forma de pensar de su discípulo, quien, dadas las circunstancias, por alguna razón, cree en los mensajes conscientes e inconscientes que le trasmite el educador a través de los distintos lenguajes.

    Ante esta dinámica conviene "oír" a la psicóloga Leonor Noguera Sayer que reflexiona sobre la influencia que se ejerce cuando los demás son presionados por padres, educadores o terapeutas. Esta actitud robustece "el conjunto de formas que hacen languidecer el proyecto del individuo, amordazándolo con la aprobación y la acogida por parte de la sociedad convencional"234 Esta realidad impide que el estudiante enriquezca su crecimiento interior, su libertad y su autonomía. Por lo tanto, el profesor, en lugar de trasmitir lo que cree, piensa y es, debe posibilitar libremente que en el discente surja, producto de su pensar por sí mismo, la pregunta que le permita orientar la construcción de su propio conocimiento, de su propia reflexión, y, por ende, de su propia identidad. Es por eso que Noguera Sayer precisa que quien verdaderamente acompaña, no dirige, sino que cree en el otro como un proyecto perenne que se pertenece a sí mismo, y facilita el diseño de un camino propio y un modelo de ser genuinamente personal. "Esta forma de relaciones responde a la justa convicción interior desde la cual siempre se espera lo original y lo nuevo, entendidos como lo propio de alguien, sin que fuerza alguna pretenda reducir la creación o la inventiva al esquema estrecho de la imagen en espejo (tiene que hacer esto porque yo lo hago o porque yo lo creo)".235

    El profesor de filosofía, si en realidad es un auténtico maestro de filosofía, deberá saber que la Escuela (el sistema educativo) es una institución de clausura (Foucault) y un aparato ideológico de Estado (Althasser). Así concebida la educación se convierte en un obstáculo para que el estudiante aprenda a pensar por sí mismo, debido a los intereses que se ocultan bajo el poder y la domesticación por parte del sistema capitalista.

    Con respecto a la Escuela como institución de clausura, el filósofo Michel Foucault plantea que ésta, al igual que la cárcel, el hospital, el cuartel, entre otros, son "lugares en los que se entra para ser clasificado, vigilado, medido, normatizado, curado, reprendido, formado, conformado, reformado, castigado, convertido en un miembro forzoso o aquiescente de una situación racionalmente codificado".236 Esta forma de percibir, interpretar y sistematizar la realidad lo llevó a denunciar y desenmascarar los mecanismos represivos establecidos; encontrando que lo que encierra y clausura es el poder. "El sistema de encierro está tejido por doctrinas y razonamientos que oscilan entre lo crudamente utilitario y lo melifluamente humanitario, métodos inexorables de observación, taxonomías de las que nada puede escaparse y análisis a los que nada escapa, procedimientos disciplinarios brutales o refinados…".237 Este intelectual nos legó el ejemplo de lucha en contra del orden establecido con el ánimo de romper las barreras omnipresentes del encierro y liberar lo clausurado. Plantea su lucha como una acción revolucionaria capaz de quebrantar simultáneamente la conciencia y la institución, lo cual implica "un ataque a las relaciones de poder de las que son instrumento y armadura".238 Si con la voluntad de poder se creó el encierro universal, con voluntad de poder hay que romperlo y salir de él. Los que tienen la voluntad de poder para superar la clausura no han podido hacerse oír "porque siempre han sido interpretados por sus enclaustradores y nunca se les ha dado la ocasión subversiva de desinterpretar y reinterpretar a su vez".239 Con esta concepción, Foucault pretende desenmascarar los sutiles lazos de la dominación y del poder que se instaura en las instituciones.

    El filósofo Louis Althusser teoriza que la Escuela es uno de los aparatos ideológicos de Estado, y por medio del sistema escolar capitalista y de otras instancias e instituciones se asegura la reproducción de la calificación de la fuerza de trabajo en un régimen capitalista; así, la Escuela juega un papel importante en la reproducción del sistema. "Todos los aparatos ideológicos de Estado, cualquiera que ellos sean, concurren al mismo resultado: la reproducción, es decir las relaciones de explotación capitalista".240 La Escuela enseña habilidades que el capital necesita de sus agentes de producción, ya sean explotadores o explotados. "Habilidades que son representadas por la ideología dominante como conocimientos neutrales y necesarios en la formación del ser humano, del animal racional".241 La Escuela enseña habilidades pero en forma que aseguren el sometimiento a la ideología dominante o la dominación de su práctica.

    Según la concepción marxista, el Estado (la máquina de represión que permite a la clase dominante dominar y someter a la clase obrera) es el aparato de Estado. Altusser piensa que el Estado está conformado por los aparatos ideológicos de Estado y el aparato represivo de Estado. Los aparatos ideológicos de Estado funcionan esencialmente con fundamento en la ideología y el aparato represivo de Estado funciona esencialmente en forma de violencia. "Todos los aparatos de Estado funcionan a la vez con base en la represión y en la ideología con esta diferencia, que el aparato (represivo) de Estado funciona en forma masivamente prioritaria con base en la represión, mientras que los aparatos ideológicos de Estado funcionan en forma masivamente prioritaria con base en la ideología".242 Los primeros son: el aparato ideológico religioso, el aparato ideológico escolar, el aparato ideológico familiar, el aparato ideológico jurídico, el aparato ideológico político, el aparato ideológico sindical, el aparato ideológico de los medios de información y el aparato ideológico cultural. El aparato represivo de Estado lo conforman la policía, el ejército, los tribunales, las cárceles, etcétera. El aparato ideológico escolar ha sido puesto a disposición de la clase dominante en las formaciones capitalistas avanzadas. Todos los aparatos ideológicos de Estado concurren en la reproducción de las relaciones de producción o relaciones de explotación capitalistas.

    Pensar por sí mismo implica indagar y reflexionar si actualmente tienen vigencia e ingerencia esas "instituciones de clausura" y esos "aparatos ideológicos de Estado", puesto que estos planteamientos fueron formulados a principios del siglo XX y tienen un evidente sesgo comunista, dado que estos pensadores profesaban afectos por ese sistema o doctrina. Se requiere repensar estos planteamientos para determinar en qué medida condicionan nuestro estar en el mundo y cómo podemos liberarnos de su condicionamiento y sometimiento. Pensar por sí mismo requiere que repensemos y replanteemos nuestra realidad y el poder subrepticio de todas las "instituciones" y las apariencias que pretenden que continuemos "oliendo" el aletargador perfume de las seductoras flores de la apariencia y la dominación. Pensar por sí mismo es pensar y repensar la realidad, la existencia misma con toda su insondable e inextricable complejidad y profundidad, porque "lo esencialmente confuso, intrincado, es la realidad vital concreta, que es siempre única".243

    Es imperativo pensar por sí mismo porque la vida es un caos donde uno está perdido, y necesita, de manera auténtica, libre de apariencias, encontrarse y encontrar a los demás. Sentirse perdido es problemático para el que piensa por sí mismo. Pensar por sí mismo es tener la cabeza "clara", y "el hombre de cabeza clara –señala Oretega y Gasset- es el que se libera de «ideas» fantasmagóricas y mira de frente a la vida, y se hace cargo de que todo en ellas es problemático, y se siente perdido. Como esto es la pura verdad -a saber, que vivir es sentirse perdido-, el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme. Instintivamente, lo mismo que el náufrago, buscará algo a que agarrarse, y esa mirada trágica, perentoria, absolutamente veraz, porque se trata de salvarse, le hará ordenar el caos de su vida…. El que no se siente de verdad perdido se pierde inexorablemente; es decir, no se encuentra jamás, no topa nunca con la propia realidad".244

    El docente de filosofía, consciente de lo anterior, si es iconoclasta, contestatario, crítico, anticonvencional, irreverente, cuestionador, controversial, reaccionario e independiente (como debe ser un filósofo genuino), acudirá a su compromiso ético para alertar al estudiante de estas realidades, en procura de que éste no se deje "enclaustrar", "encerrar", "clausurar" o contaminar de la ideología o ideologías imperantes, para evitar su alienación. "El mundo no sólo requiere de maestros que enseñen lo que saben sino también maestros que sospechen de lo que saben y de la manera como lo enseñan; y que por esa sospecha analizan su quehacer constantemente… La manera de comunicar el saber, pero, ante todo, la reflexión crítica, racional y argumentada del mismo es lo que verdaderamente dignifica, orienta y da sentido a la educación".245 Tanto el maestro como el discípulo, si es que piensan por sí mismos, deben discrepar críticamente del sistema o del régimen de turno, desenmascarar las ideologías y huir de ellas, y luchar por una legítima y auténtica democracia. Esta lucha por la genuina democracia, en concepto de Fernando Savater, implica no tolerar comportamientos que van directamente contra los principios legales de ésta, a pesar de que debamos convivir con elecciones vitales o ideológicas que uno no comparte.

    No se puede desconocer que el profesor, haciendo uso de su "sagrado" derecho a ser diferente, puede tener su ideología o ideologías, sus creencias y hasta su simpatía o preferencia por cualquier filósofo o sistema filosófico; pero lo que no puede hacer es tratar de imponer ideologías, creencias y sistemas filosóficos, ni "sugerir" de manera subrepticia que el estudiante se "matricule" o se incline por determinada ideología, creencia, filósofo o sistema filosófico. "Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral".246 De acuerdo con el filósofo y educador Gustavo Bueno, está muy extendido el principio según el cual la enseñanza de la filosofía debe limitarse a proponer alternativas, sin tomar partido por ninguna, dejando al alumno «en libertad para elegir» la que más le cuadre: proponer alguna y defenderla ante los alumnos equivaldría a un «adoctrinamiento» que convertiría a la clase de filosofía en algo análogo a la clase de propaganda política o religiosa.

    El discente, para aprender a pensar por sí mismo, necesita independencia. Si éste se "matricula" o se "casa" con cualquier ideología, filósofo o sistema se convierte en un dogmático, en un fanático, que se aliena de tal manera que ofrenda su vida en nombre de una supuesta causa o proyecto revolucionario como los "ideólogos" de la subversión. En opinión de Stefan Sweig cuando el artista y el sabio (el filósofo es un "sabio", o al menos un "amante de la sabiduría") traspasan sus fronteras y entran en el camino de los hombres de acción, de los hombres fuertes y de los hombres mundanos, disminuyen sus propias dimensiones, y agregó que el hombre espiritual no debe inscribirse en un partido, su reino es el de la justicia, que, en todas partes, está por encima de toda discusión. El filósofo no tiene otra cosa que hacer sino establecer y formular claramente sus verdades, no tiene que luchar violentamente por ellas. Ninguna "causa" o revolución merece que una persona "entregue" su vida o pierda su libertad. ¡Por ninguna idea de este mundo ni por ninguna convicción uno debe estar dispuesto jamás a poner la cabeza en el tajo del verdugo como mártir! ¡Cómo es posible que una persona "para sentir la adrenalina" se entregue a la práctica de "deportes" ("extremos") demasiado riesgosos o peligrosos en las que se expone, y muchas veces se pierde, la vida! Una persona pensante no expone su vida solamente "para sentir la adrenalina".



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    El docente de filosofía tampoco debe sugerir o exigir textos de determinados autores como guía para el proceso de aprendizaje, como ocurre en el caso del Diccionario filosófico de M. M. Rosental y P. F. Iudín (que se exige con frecuencia), un texto sesgadamente marxista y comunista, elaborado "con el propósito de reforzar la crítica de la ideología burguesa contemporánea…", el cual abunda en "artículos concernientes al comunismo", tal como se consigna en la "Advertencia" de ese diccionario. El estudiante, si en realidad está interesado en la filosofía y quiere aprender a pensar por sí mismo, de acuerdo con su criterio, su entendimiento y su discernimiento buscará y escogerá el diccionario, diccionarios o textos didácticos y filosóficos que crea convenientes, con la orientación imparcial y ética del maestro si el alumno lo solicita. Esto parece utópico, pero es que se necesita un estudiante que piense por sí mismo y no sea sólo un hombre del rebaño, un borrego más, de esos que deambulan por nuestro país, dejándose arrastrar por la corriente de las circunstancias, sin asumir un compromiso y un proyecto personal y colectivo.

    El brillante filósofo Reynaldo Suárez Díaz nos invita a pensar, "porque el hombre tiene el deber de pensar, de decir la verdad, de tomar posición, de opinar, aunque sea mucho más fácil depender de otros que pensar, juzgar y decidirse por sí mismo… Todo aquello que aliena a los hombres impidiéndoles pensar, disentir, criticar, es inhumano; pero también lo es quien no se atreve a optar, pensar y disentir… Ha dimitido a ser hombre quien por comodidad o indiferencia dejan que otros piensen o decidan por él. Quien se encierra en su egoísmo, quien no pronuncia su palabra, quien no opta, quien no toma posición, quien no asume responsabilidades, quien elude las dificultades, está faltando a su deber fundamental: ¡ser hombre!".247

    La persona que aprende a pensar por sí misma será consciente que decir lo que se piensa es cuestión de ética y de coherencia consigo mismo, y se basa en convicciones y valores que no se imponen y ni siquiera se enseñan sino que nacen del individuo en contacto con su ambiente. Hay que pensar porque el hombre ha dejado de hacerlo, no piensa por sí mismo. Cuando el ser humano sea realmente libre se encontrará necesariamente con la realidad y cesará la inconsecuencia entre lo que se cree y lo que es. El filósofo y psicólogo Daniel Goleman nos dice que necesitamos buscar la verdad y expresarla públicamente para evitar todo tipo de alienación, de autoengaños. Como quienes tienen el poder se sienten demasiado cómodos como para sensibilizarse del dolor de quines sufren, y quienes sufren no tienen poder, Elie Wiesel nos insta a tener el coraje de decirle la verdad al poder. ¿Por qué callan quienes discrepan? "No puede uno callarse teniendo voz", nos dice el verso de un bambuco colombiano. Quien no piensa por sí mismo, no ve qué es lo que no ve. Pensar por sí mismo es ver las cosas como son. El filósofo Fernando Savater nos enseña que vivir en democracia consiste en saber que uno puede estar ruidosamente descontento del régimen político en el que vive, y aclara que el primer requisito, la mayor excelencia y el peor peligro para la democracia es acostumbrarse a vivir en el conformismo. Con Berthold Brech nos preguntamos que si sabemos dónde estamos, ¿nos vamos a quedar ahí? Al filósofo, al intelectual, le compete la actitud de disentir, criticar y cuestionar al establecimiento, al régimen, al sistema; pero también le asiste el compromiso de defender la institucionalidad y los derechos humanos. Para pensar, divergir y expresar sus opiniones cuenta con las garantías constitucionales consagradas en el artículo 20 de la Constitución Política de Colombia de 1991.

    La persona que piensa por sí misma sabe que en una democracia no sólo debemos obedecer sino desobedecer, revelarnos… Kant sostenía que somos "socialmente sociables", es decir que si vivimos en una sociedad democrática, y que además de obedecer y respetar, debemos rebelarnos, mostrarnos en desacuerdo con lo que atente contra nuestra libertad y autonomía. Según Fernando Savater, como seres políticos tenemos razones para obedecer y sublevarnos.

    El individuo contemporáneo, perdido como se halla en la llamada "postmodernidad", le atañe atender la invitación ilustrada de atreverse a pensar por sí mismo como condición y requisito para encontrarse a sí mismo. Es tan profundo su extravío y su encrucijada, como secuela de la alienación y la instrumentalización del desarrollo científico y tecnológico, producto de la "modernidad" y la "postmodernidad". Por no "atreverse a pensar por sí mismo", la razón, que pretendía sacarlo de su "minoría de edad", paradójicamente, es la que lo ha llevado a instrumentalizar y a ser instrumentalizado. El filósofo Guillermo Hoyos, citado por su colega Daniel Herrera Restrepo, nos convoca a "analizar críticamente el sentido tradicional de la ciencia y la tecnología, que fácilmente conducen a instrumentalizar la razón al servicio de determinados fines".248 El filósofo y sociólogo Max Horkheimer señala que la condena natural de los hombres es hoy inseparable del progreso social, y que el aumento de la producción económica que engendra por un lado las condiciones para un mundo más justo, procura por otro lado al aparato técnico y a los grupos sociales que disponen de él una inmensa superioridad sobre el resto de la población. Este intelectual alemán sentenció que la tecnología suponía una amenaza para la cultura y la civilización, y que las ciencias físicas (sustento de la tecnología) ignoran los valores humanos.

    Es tal su extravío que confunde los conceptos de "modernidad" y "postmodernidad" y los relaciona sólo como modernización y desarrollo científico, tecnológico y económico, y no como movimiento y sensibilidad cultural, evidenciándose más su extravío: no distingue entre modernidad y modernización. El no tener perfectamente claros estos dos conceptos es la causa de su alienación y de su encrucijada. Si desde el mismo universo de la filosofía, de la reflexión profunda, hay discrepancia entre modernidad y postmodernidad, por cuanto "para algunos la postmodernidad representa una ruptura a la modernidad; para otros, la postmodernidad es la modernidad de la modernidad", ¿cómo será la confusión de quienes no "filosofan", no reflexionan, no piensan por sí mismos? Sólo la reflexión filosófica, el pensar por sí mismo, nos permite entender, aclarar y vivenciar estas categorías que a diario experimentamos. Quienes confunden modernidad y modernización y proclaman que la ciencia y la tecnología ya dieron los frutos que podían dar, piensan que "reflexionar filosóficamente sobre el hombre y la sociedad es pérdida de tiempo".249 Éstos carecen del entendimiento para comprender que "mientras más avanzamos en ciencia y tecnología, hay menos igualdad y libertad, más hambre, mayor concentración de riqueza".250 Cuando el proceso del conocimiento "funciona exclusivamente como medio para un modelo desarrollista, y cuando se privilegian unilateralmente las ciencias naturales y la técnica, despreciando la reflexión y la dimensión crítica de la cultura"251 puede ser el origen de la alienación y llevar "a la positivización de las ciencias sociales y a la sociedad unidimensional".252

    Los ideales de la modernidad, tal como los replantea Habermas, deben estar "en función de una nueva realidad social donde reine no la arbitrariedad sino la tolerancia, el antidogmatismo, el reconocimiento de la particularidad y singularidad de los individuos y de las pequeñas comunidades, el respeto por la pluralidad de formas de vida, de manifestaciones culturales, de juegos del lenguaje…".253 Un pensador tan racional como Kant nos invita a tomar "conciencia de que la racionalidad instrumental ha dado al hombre cierto poder sobre la naturaleza, pero que esta racionalidad puramente técnica no le garantiza su supervivencia y puede fracasar frente a la violencia de las fuerzas naturales o por el mal uso de esa misma superioridad".254 José Ortega y Gasset pensaba que "nuestro tiempo tendría ideales claros y firmes, aunque fuese incapaz de realizarlos. Pero la verdad es estrictamente lo contrario: vivimos en un tiempo que se siente fabulosamente capaz para realizar, pero no sabe qué realizar. Domina todas las cosas, pero no es dueño de sí mismo. Se siente perdido en su propia abundancia. Con más medios, más saber, más técnicas que nunca, resulta que el mundo actual va como el más desdichado que haya habido: puramente a la deriva… No podrá extrañar que hoy el mundo parezca vaciado de proyectos, anticipaciones e ideales… No cabe dudar de que la técnica -junto con la democracia liberal- ha engendrado al hombre masa en el sentido cuantitativo de esta expresión".255

    Pensar por sí mismos permite liberarnos de la tiranía y las cadenas de los convencionalismos, de las instituciones de "clausura", de la domesticación de los aparatos ideológicos de Estado, de la acriticidad y de los prejuicios. Así mismo, alcanzar la autonomía que no es otra cosa que la libertad para que una persona disponga de sí misma. Cada persona debe ser su propia ley y su propio gobierno. Por el hecho de ser libres tenemos que decidir, que elegir. Pero ante la compleja circunstancia de decidir encontramos que "no somos disparados sobre la existencia como la bala de un fusil, cuya trayectoria está absolutamente predeterminada. La fatalidad en que caemos al caer en este mundo -el mundo es siempre éste, éste de ahora- consiste en todo lo contrario. En vez de imponernos una trayectoria, nos impone varias, y, consecuentemente, nos fuerza... a elegir. ¡Sorprendente condición la de nuestra vida! Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión. Inclusive cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir".256 Ser libres es nuestro deber como filósofos, porque, así la riqueza pertenezca a una minoría y la pobreza a una mayoría, la libertad nos pertenece a todos. Ser hombre significa ser libre, y para ser libre hay que empezar a liberarnos de los convencionalismos, las instituciones y los prejuicios sociales que nos tienen por doquier encadenados. Si vivimos en una democracia, nuestro deber es luchar por la libertad, que es, según Aristóteles, el carácter especial de la democracia. Tanto la libertad como la igualdad son "dos bases fundamentales de la democracia".257 La libertad es el fin constante de toda democracia y la condición indispensable del Estado. "El principio del gobierno democrático es la libertad".258 El espíritu de la modernidad es "el querer vivir en libertad", la capacidad de autocrítica y la necesidad de repensar sus problemas, sus principios y sus resultados.

    El ideal de libertad "denota un distanciamiento frente a la situación de alienación en que viven millones de individuos en nuestro continente… No es simplemente la capacidad de autodeterminación… sino el hombre en cuanto realización de su esencia…".259 El hombre libre ni es esclavo ni es amo, porque "vale más vivir como un hombre libre que como un señor de esclavos".260 El individuo, como ser libre y autónomo, experimenta cotidianamente un conocimiento de su libertad mediante sus decisiones. "Muchos hechos de la vida cotidiana no se pueden explicar sin la existencia de la libertad".261 Cada hombre –según Santo Tomás de Aquino- es señor de sí mismo y de sus actos, dueño de su ser y de su actividad. La autonomía nos permite una existencia entendida como proyecto, como vocación y como meta "que puede y debe ser determinada y conquistada autónomamente por el mismo hombre".262 Como la libertad de la persona comporta cierta autonomía, el hombre es suficiente y se pertenece a sí mismo, siendo causante y responsable de sus decisiones. La libertad exige que nuestro pensar por sí mismo ejerza "permanentemente una vigilancia crítica sobre nuestros decires y decisiones".263 Quien piensa por sí mismo, quien se atreve a filosofar, a pensar, encontrará la felicidad por sí mismo. "Mas el que quiera encontrar la felicidad en sí mismo, no tiene que buscar el remedio en otra parte que en la filosofía…".264

    Un filósofo, es decir, la persona que piensa por sí misma, es un hombre libre. ¿Quién es un hombre libre, porque se dice que el hombre es un esclavo porque la libertad es difícil y la esclavitud fácil? El hombre libre es aquel que no permite la alienación, la expulsión hacia lo extremo de su conciencia y su discernimiento. El hombre libre es quien se siente a sí mismo, y al propio tiempo cabalmente a sí mismo y de acuerdo con otros hombres. Es una persona sin ídolos, dogmas, prejuicios e ideas a priori. Es tolerante, inspirado por un profundo sentido de la justicia y la equidad, y consciente de sí mismo en cuanto es a un mismo tiempo un individuo y un hombre universal. Es un ser que se gobierna a sí mismo, no un ser gobernado. El hombre libre no es amo ni esclavo; es él mismo. Si el hombre no es libre, además de ser un esclavo, es un alienado, un enajenado. Una persona alienada no piensa ni actúa por sí misma. Se remite a algo o alguien fuera de sí mismo, a la tradición, a un credo, a una ideología, a un ser trascendental, a un "superior". El hombre enajenado se halla tenso, en trance de batalla, violento; es estrecho, intolerante, autoritario, pusilánime ante la autoridad, receloso de pensar o actuar como los demás, desconfiado y conformista.

    La conquista de nuestra libertad implica, tal como nos aconseja el filósofo Javier Aranguren, prepararnos para afrontar un mundo de egoísmo, de acciones siempre interesadas, de desconfianza, de miedo, de guerra de todos contra todos. Desde de los tiempos del Renacimiento Maquiavelo ya percibía el cansancio de la mente hacia las grandes aventuras éticas y metafísicas, y proponía la aceptación del ser sobre el deber ser, sin fijarnos en cómo se debe vivir sino en cómo se vive. A partir de entonces para qué ideales, para qué ensoñaciones como las de la ética platónica y aristotélica si el fin justifica los medios. Conquistar la libertad requiere luchar contra el utilitarismo, el pragmatismo, la instrumentalización, la cosificación y masificación de la cultura moderna y postmoderna, carente de ideales, donde impera el ideal social propuesto por Calicles en el que afirma que las reglas morales no son sin el refugio de los débiles ante los hombres decididos y valientes, y éstos "son los que no se dejan impresionar por el dictado de la mayoría y los que, cuando toman conciencia de su propio poder, son capaces de acciones grandes".265 El hombre que practica esta moral, con la que se siente más allá del bien y del mal, más allá de la moral y de la sociedad, cree que los demás se limitan a refugiarse en el universo de los pusilánimes. En ese tipo de sociedad nuestra libertad sólo se conquista pensando por sí mismo.

    El estudiante que termine su bachillerato pensando por sí mismo podrá ser libre y autónomo en la toma de sus decisiones con respecto a su proyecto educativo que pretende implementar y desarrollar, optando por el que posibilite y contribuya a su autorrealización, teniendo presente que los sofismas de los medios de información y el de los discursos politiqueros y el auge de las universidades de "garaje" le pueden ofrecer "paraísos" que, en lugar de orientarlo, lo podrían desorientar en su vasto e infinito horizonte de posibilidades. "Por todas partes se imparten saberes rápidos, fáciles y eficientes; pero generalmente no se profundiza en nada. La gente hace un postgrado, y antes de finalizarlo empieza otro. Se anda a la caza de títulos pero no de un saber sólido, fundamentado. Todos estudiamos mucho pero nadie sabe nada en profundidad. No hay tiempo para la profundización, para la reflexión, para el análisis. Y si lo miramos por el lado de la política: cuánta proliferación de discursos, de candidatos, de programas, de ofertas, de promesas. Vivimos hoy inundados de discursos vacíos; la palabra ha perdido su realidad óntica. Detengámonos solamente en el tema de la paz: por todas partes oímos hablar de paz, pero los hechos todos llevan a la guerra; por todas partes se habla de tolerancia y a cada momento cometemos actos de intolerancia; todos los discursos se refieren a la justicia social, y lo que vemos es una sociedad cada día más injusta".266

    Quien es capaz de pensar por sí mismo, respeta su dignidad humana y la dignidad humana de los demás. Lo que realmente nos hace personas es nuestra dignidad humana. Lo más grandioso de la persona, a parte de su vida, es su dignidad humana. El ser humano es lo más digno de la naturaleza. Ya Sófocles, desde la antigua Grecia, nos decía que "de todas las cosas dignas de admiración que hay en el mundo, ninguna es tan admirable como el hombre". Así mismo, Bertolt Brech sostenía que "no hay nada en la creación más importante que el hombre, que todo hombre, que cualquier hombre". La Constitución Política precisa en su artículo 1º. que "Colombia es un Estado Social de Derecho organizado en forma de República… fundada en el respeto de la dignidad humana". La dignidad humana de las personas significa respeto por sus ideas, sus derechos, sus libertades, su vida y su seguridad. En fin, dignidad humana es ser libre, tener derechos, valores, creencias y pensar por sí mismo; dignidad es respeto por el otro y por sí mismo.

    La dignidad humana como valor, según palabras del sociólogo Pedro Elías Zorro, se ha perdido porque la hemos reemplazado por otros "valores" como el dinero, el poder, el arribismo, la corrupción, la gloria y otros sucedáneos. Si las personas se cosifican, se instrumentalizan, se utilizan como piezas del engranaje productivo, como ocurre en la aparente "lógica" de las sociedades de consumo, se les adultera su dignidad humana. Una persona sin dignidad humana es tratada como recurso y como medio para lograr un fin. Es así como la economía denomina a las personas como "recursos humanos", "materia prima", "capital humano", y con esta terminología eufemística las deshumaniza, degradando la dignidad humana. Escondidos detrás de la máscara de la eficiencia, utilizamos técnicas modernas para deshumanizarnos. Si queremos relaciones profundas y significativas, tenemos que humanizarnos. La dinámica consumista le exige que la persona, a cambio de su dignidad, sepa "venderse" para conseguir un empleo, que pase de persona a cosa, de sujeto a objeto, de actor a espectador y de fin a medio. Dentro de esta "lógica" se ignora el ideal kantiano que plantea que ningún hombre debe ser un medio para que otro hombre realice sus fines, y que la persona siempre hay que verla con un fin y nunca como medio. En este sentido no importa sólo lo que se haga, sino la motivación de fondo de quien actúa. Aristóteles recomendaba que en todas las cosas es preciso preferir siempre lo que conduce a la realización del fin más elevado. La desvalorización de las personas ha llegado hasta el extremo que como recursos no se censan, a cambio se les contabiliza como mano de obra, talentos; incapaces de reflexionar viven en la apariencia, se conforman con andar la mitad del camino, viven en el anonimato y se dejan abrigar por el manto de la deshumanización.

    Sin libertad no hay dignidad. La libertad se presenta a nuestras circunstancias actuales como la afirmación de la dignidad humana, en cuanto fin, en contra de toda esclavitud o instrumentalización. Sólo a través de la libertad del hombre llega a ser lo que debe ser. La libertad actual debemos entenderla como una aspiración que necesita mediaciones y tiene límites. No puede considerarse en términos absolutos. Sólo soy libre con los demás; es allí donde yo vivo y palpo mi verdadera dimensión. El hombre que piensa por sí mismo, es un constante luchador por su libertad, para que ésta, entre otras cosas, ayude a posibilitar y engrandecerle su dignidad humana. Quien renuncia a dignidad humana prefiere vivir de rodillas antes que admitir la posibilidad de morir de pie. "Más vale ser un perro, que ser un hombre, y verse pisoteado" (Heinrich Kleist).

    Si bien es cierto que no sólo los que se dedican al filosofar aprenden a pensar por sí mismo; cualquiera que sepa vivir sabe pensar por sí mismo. Pero la reflexión filosófica facilita esta acta actividad tan crucial en la existencia humana, debido a que nos brinda las herramientas más expeditas y prácticas que lo orientan a uno en tan difícil quehacer, que otras ciencias y otros saberes no poseen o no ofrecen de manera tan evidente.

    Como el "saber vivir" tiene estrecha relación con el "pensar por sí mismo", para la construcción de un proyecto de vida que nos autorrealice y nos oriente en la difícil búsqueda de la felicidad que, como ya se dijo, es el fin supremo de la existencia, si aspiramos a éste es indispensable "saber vivir", y saber vivir implica, entre muchas otras cosas, no dejarse "envilecer", "embriagar" ni alienar por sucedáneos como el poder, el éxito, el placer por el placer, la fama… y, sobre todo, por la riqueza material, por cuanto, desde la antigüedad, ese gran "escrutador de almas" (Aristóteles) planteaba que "hay, sobre todo, mayor necesidad de justicia y de prudencia cuando se está a la cima de la prosperidad y se goza de todo lo que excita la envidia de los demás hombres… cuanto más completa es su beatitud en medio de todos los bienes de que se ven colmados, tanto más deben llamar en su auxilio a la filosofía, la moderación y la justicia".267 Para ser feliz se necesita filosofar. "Porque ¿cómo se puede ser feliz sin saber de dónde vengo, a dónde voy, dónde me encuentro, qué sentido tiene mi vida, que va a ser de mí, qué caminos me pueden conducir a alguna parte?".268 Quien piensa por sí mismo, conoce el gran arte de vivir, y todo lo que le es molesto para su vida lo aparta de sí, de una manera suave y nada llamativa, y, bajo cualquier hábito y sometido a no importa qué coacción, sabe guardar su libertad interna. Hablando en lenguaje figurado, quien piensa por sí mismo, sin apuntar, da siempre por completo en el blanco.

    El docente de filosofía, que tiene que estar muy comprometido con su misión como educador, deberá implementar estrategias y desarrollar habilidades que, inexorablemente, lo orienten por el difícil camino de "enseñar" a los estudiantes a pensar por sí mismos, porque muchos de los jóvenes de nuestros tiempos, tan alienados, "entusiasmados", influenciados y seducidos por el poder, la fascinación y "el canto de sirenas" de la tecnología, la revolución informática, el consumismo, los medios masivos de información, la cultura "light", los sucedáneos y su estilo de vida superficial e inauténtico, no tienen ningún interés de pensar, un mucho menos de pensar por sí mismos.

    Notas

    (1) SAVATER, Fernando. Las preguntas de la vida. Ariel, Barcelona, 1999, p. 279.

    (2) SAINT-DROME, Orestes. ¿Cómo elegir a su filósofo? Editorial Vergara, España, 2003.

    (3) MENDEZ, Rafael. Clásicos del pensamiento resumidos. Círculo de Lectores, 2000.

    (4) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 266.

    (5) Ibídem. Op. cit. p. 268.

    (6) ADLER, Mortimer J. Cómo leer un libro. Universidad de la Tercera Edad.

    (7) CRUZ VELEZ, Danilo. El Misterio del Lenguaje. Planeta, Bogotá, 1995, p. 106.

    (8) Ibídem. Op. cit. p. 106.

    (9) Ibídem. Op. cit. p. 106.

    (10) Ibídem. Op. cit. p. 196.

    (11) Ibídem. Op. cit. p. 108.

    (12) Ibídem. Op. cit. p. 109.

    (13) DEHÁQUIZ M., Jorge. ¿Enseñar filosofía o aprender a filosofar? Editorial ASED, Bucaramanga, 1995, p. 17.

    (14) Ibídem. Op. cit. p. 18.

    (15) SALCEDO, Andrés. Sofía en el país de las maravillas. Revista Cromos. Bogotá, julio 3 de 1.995, p. 80.

    (16) SAINT-DROME, Orestes. Op. cit. p. 180.

    (17) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. La Ciudadanía Mundial. Planeta, Bogotá, 1993, p. 213.

    (18) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 16.

    (19) VARIOS. Filosofía 5º. Búho, Bogotá, 1987, p. 203.

    (20) Ibídem. Op. cit. p. 9.

    (21) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. Op. cit. p. 40.

    (22) LYOTARD, Juan Francisco. ¿Por qué filosofar? Paidos, Barcelona, 1996, p. 80.

    (23) RODO, José Enrique. Ariel. Ediciones Universales, Bogotá, 1986, p. 93.

    (24) Ibídem. Op. cit. p. 95

    (25) Ibídem. Op. cit. p. 98

    (26) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 15.

    (27) VELEZ CORREA, Jaime. Op. cit. p. 25.

    (28) Ibidem. Op. cit. p. 1.

    (29) Ibidem. Op. cit. p. 2.

    (30) Ibidem. Op. cit. p. 4.

    (31) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. Op. cit. p. 41

    (32) SALAZAR BONDY, Augusto. Iniciación filosófica. Editorial Arica, Lima, 1969, p. 16

    (33) MONDOLFO, Rodolfo. En los Orígenes de la Filosofía de la Cultura. Editorial Imán, Buenos Aires, 1942.

    (34) GARCIA TUDURI, Mercedes y Rosaura. Introducción a la Filosofía. Minerva brooks, La Habana, 1973, P. 26.

    (35) DEHÁQUIZ M., Jorge. Op. cit. p. 18.

    (36) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 204

    (37) VELEZ CORREA, Jaime. Op. cit. p 25.

    (38)VARIOS. Enciclopedia Temática Guinness. Editorial Printer Latinoamericana, Bogotá, 1995.

    (39) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. Op. cit. p. 39

    (40) SAINT-DROME, Orestes. Op. cit.

    (41) DICCIONARIO BREVE DE FILOSOFIA. P. 356.

    (42) SAINT-DROME, Orestes. Op. cit. p. 182.

    (43) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José. Antropología. USTA, Bogotá, 1993, p. 54

    (44) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. Op. cit. p. 20.

    (45) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José. Op. cit. p. 60.

    (46) ENCICLOPEDIA SUPERIOR DEL CIRCULO DE LECTORES. Ediciones Nauta, Bogotá, 1994, p. 64.

    (47) BARRAGAN LINARES, Hernando. Filosofía moderna. Usta, Bogotá, 1993, p. 128.

    (48) Ibídem. Op. cit. p. 132.

    (49) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José. Op. cit. p. 60.

    (50) SAVATER, Fernando. p. 20 y 21.

    (51) Ibídem. Op. cit. p. 21.

    (52) Ibídem. Op. cit. p. 21.

    (53) HAWKING, Stepehn W. La Historia del Tiempo. Editorial Crítica. Barcelona, 1992, p. 223.

    (54) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 18.

    (55) VARIOS. "Albert Einstein. Sobre la teoría de la relatividad y otras aportaciones científicas". Sarpe, Españana, 1984, p. 99.

    (56) Ibídem. P. 206.

    (57) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 269.

    (58) Ibídem. P. 269.

    (59) BARRAGAN LINARES, Hernando. Op. cit. p. 132.

    (60) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José. Op. cit. p. 60.

    (61) VENTURA GOMEZ, Ignacio. Revista Muy Interesante No. 84, p. 59.

    (62) Ibídem.

    (63) Ibídem.

    (64) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. Op. cit. p. 216.

    (65) Revista ¡Despertad! 22-sep-03, p. 19.

    (66) Ibídem. P. 20.

    (67) Revista Muy Interesante No. 42, p. 35.

    (68) Revista Muy Interesante No. 20, p. 30.

    (69) Revista Muy Interesante No. 81, p 20.

    (70) Revista Muy Interesante No. 55. p. 61.

    (71) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José. Op. cit. p. 49.

    (72) Ibídem. P. 54.

    (73) FERRATER MORA, José. Las crisis humanas. Salvat, Españana, 1972. p. 128.

    (74) MASSUH, Víctor. De la Ciencia a la Sabiduría. El Dominical, Vanguardia Liberal, Bucaramanga, 2 de julio 2000.

    (75) DURANT, Will. Historia de la Filosofía. Editorial Letras, Santiago de Chile, 1937.

    (76) ROBLES, Oswaldo. Propedeútica Filosófica. Porrua, México, 1943.

    (77) GARCIA TUDURI, Mercedes y Rosaura. Op. cit. P. 23.

    (78) Revista Muy Interesante. No. 55. p. 64.

    (79) Revista Muy Interesante. No. 55. p. 61.

    (80) LIZCANO DE GUERRERO, Carmen C. Plan Curricular. USTA, Bogotá, 1997, p. 100.

    (81) POLITZAR, Georges. Curso de Filosofía. Ediciones Los Comuneros, Bogotá. P. 11.

    (82) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. Op. cit, p. 39.

    (83) REVISTA REALIDAD. Usta. Bogotá - Bucaramanga, No. 1, marzo de 1.989.

    (84) VARIOS. Vida y obra de filósofos y pensadores. Forja, Bogotá, 1985. P. 7.

    (85) VARIOS. Filosofía. Norma, Bogotá, 1981. P. 3.

    (86) RUSSELL, Bertrand. El Conocimiento Humano. Ediciones Orbis, Barcelona, 1983, p. 7.

    (87) ZULETA, Estanislao. La educación un campo de combate. Revista Educación y Cultura No. 4, p. 47.

    (88) Ibidem, p. 44.

    (89) ZULETA, Estanislao. Educación y democracia. Corporación Tercer Milenio, Bogotá, 1.995, p. 25.

    (90) RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudoro. Once tesis sobre el filosofar. Cuadernos de Filosofía Latinoamericana.

    (91) REVISTA REALIDAD, ob. cit, p. 13.

    (92) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 25.

    (93) GARCIA MARQUEZ, Gabriel. Por un país al alcance de los niños. El Espectador, Bogotá, 23 de julio de 1994.

    (94) VARIOS. Filosofía. Norma, Bogotá, 1981. P. 4.

    (95) RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudoro. Introducción al Filosofar. USTA, Bogotá, 1993.

    (96) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José, y MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Educación para el cambio. Buho, Bogotá, 1989. P. 90.

    (97) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 244.

    (98) MAGAZIN DOMINACAL No. 819, p. 12. El Espectador, Bogotá, 1999.

    (99) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José, y MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Ob. Cit.. p. 85.

    (100) Ibidem, p. 86.

    (101) RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudoro. Introducción al Filosofar. USTA, Bogotá, 1993. P.12.

    (102) Ibidem, p 13.

    (103) Ibidem, p 13.

    (104) (45) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José, y MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Ob. Cit. p. 89.

    (105) RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudoro. Once tesis sobre el filosofar.

    (106) Ibidem, págs. 57 y 65.

    (107) RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudorao. Introducción al Filosofar. USTA, Bogotá, 1993. P. 71.

    (108) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José, y MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Op. cit. p .91.

    (109) RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudoro. Introducción al Filosofar. USTA, Bogotá, 1993. P. 405.

    (110) VASCO MONTOYA, Eloisa. Maestros, Alumnos y Saberes. Cooperativa Editorial Magisterio, Bogotá, 1995, p. 30.

    (111) RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudoro. Introducción al Filosofar. USTA, Bogotá, 1993. P.41.

    (112) Ibidem, op. cit. p. 45.

    (113) SACRISTAN, M. Sobre el Lugar de la Filosofía en los Estudios Superiores. Nova Terra, Barcelona, 1968, págs. 7-8.

    (114) RESTREPO TRUJILLO, Jorge. Filosofía para profanos. Editorial, Bogotá, 1999, p. 105.

    (115) RISO, Walter. El Peligro de la Credulidad. Revista Nueva No. 674, p. 3, Bucaramanga, 1999.

    (116) STEWART, Matthew. La verdad sobre todo. Una historia irreverente de la filosofía. Taurus, Madrid, 1998. P. 21.

    (117) LYOTARD, Juan Francisco. Op. cit. p. 152.

    (118) Ibidem, p. 153.

    (119) SAVATER, Fernando. Op. cit. p.18.

    (120) LEY GENERAL DE LA EDUCACION. Art. 92.

    (121) JARAMILLO POSADA, Jesús. Personalización, liberación y relaciones humanas.

    (122) ADLER, Mortimer J. Op. cit. p. 94

    (123) CARDONA LONDOÑO, Antonio, y SEEK CHOUE, Young. Op. cit, p. 108.

    (124) ROSA, P. Andrés. Fundamentos de Filosofía. Potest, Bogotá, 1961. P. 5.

    (125) SAINT-DROME, Orestes. Op. cit.

    (126) REVISTA REALIDAD, ob. cit., p. 13.

    (127) Ibidem, p. 13.

    (128) MAGAZIN DOMINACAL No. 819, p. 12. El Espectador, Bogotá, 1999.

    (129) Ibídem.

    (130) Ibídem.

    (131) GARCIA MORENTE, Manuel. Lecciones preliminares de filosofía. Ediciones Nacionales, Bogotá, 1984, p. 3.

    (132) SALAZAR BONDY, Augusto. Op. cit. p. 15.

    (133) GARCIA MORENTE, Manuel. Op. Cit. p. 23.

    (134) ZULETA, Estanislao. Educación y democracia. Corporación Tercer Milenio, Bogotá, 1.995, p. 25.

    (135) RESTREPO TRUJILLO, Jorge. Op. cit. p. 20.

    (136) Ibidem, p. 23.

    (137) AGUAS VANIN, Miguel, y SILAVA VALLEJO, Fabio. Talento 7. Castellano y Literatura. Voluntad, Bogotá, 1994. Pág. 73.

    (138) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José, y MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Op. cit. p. 88.

    (139) MODULO PROFESIONAL. Licenciatura en Filosofía y Letras. USTA, Bogotá, 1992, p. 45.

    (140) Ibidem, p. 47.

    (141) SAINT-DROME, Orestes. Op. cit.

    (142) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 18.

    (143) MODULO PROFESIONAL. P. 46.

    (144) ADRADOS, Juan José. Filosofía Grecorromana. Usta, Bogotá, 1993. P. 21.

    (145) VARIOS. Filosofía. Norma, Bogotá, 1981. P. 5.

    (146) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 12.

    (147) LYOTARD, Juan Francisco. Op. cit. p. 161.

    (148) SAINT-DROME, Orestes. Op. cit.

    (149) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 23.

    (150) RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudoro. Introducción al filosofar. Op. cit. p. 135.

    (151) _______________________. Once tesis sobre el filosofar. Cuadernos de Filosofía Latinoamericana.

    (152) Ibidem.

    (153) VARIOS. Filosofía 5o. Editorial Búho, Bogotá, 1987, p. P. 10.

    (154) LYOTARD, Juan Francisco. Op. cit. p. 164.

    (155) RESTREPO TRUJILLO, Jorge. Op. cit. p. 9.

    (156) SAINT-DROME, Orestes. Op. cit.

    (157) DEHÁQUIZ M., Jorge. Op. cit.

    (158) REVISTA RALIDAD. Op. cit. p. 13.

    (159) AGUAS VANIN, Miguel, y SILAVA VALLEJO, Fabio. Op. cit. p. 73.

    (160) PRADA M., Blanca Inés. Una breve presentación de la obra de Karl Popper. Revista Magazín Dominical, periódico Vanguardia Liberal, Bucaramanga, 20 de noviembre de 1.994, p. 5.

    (161) RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudoro. Once tesis sobre el filosofar.

    (162) Ibidem.

    (163) HORKHEIMER, Max. Teoría crítica. Buenos Aires.

    (164) Ibidem, p. 288.

    (165) ADRADOS, Juan José. Op. cit. 20

    (166) Ibidem.

    (167) AGUAS VANIN, Miguel, y SILAVA VALLEJO, Fabio. Op. cit. p. 74.

    (168) LOPEZ FORERO, Luis. Introducción a los medios de comunicación. USTA, Bogotá, 5ª. Edición, p. 405.

    (169) Ibídem.

    (170) VARIOS. Filosofía. Norma, Bogotá, 1981. P. 4.

    (171) GARCIA MORENTE, ob. cit. p. 3.

    (172) RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudoro. Introducción al Filosofar. USTA, Bogotá, 1993. P. 25.

    (173) LEY GENERAL DE LA EDUCACION. Art. 104.

    (174) REVISTA CORDIALISIMA No. 8, Bogotá - Bucaramanga, febrero - marzo, 1.997.

    (175) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 12.

    (176) GARCIA MORENTE, ob. cit., p. 3.

    (177) REVISTA EDUCACION Y CULTURA No. 21. Fecode, Bogotá, 1990, p. 41.

    (178) Ibídem

    (179) VARIOS. Filosofía. Norma, Bogotá, 1981. P. 3.

    (180) VASCO MONTOYA, Eloisa. Op. cit. p. 30.

    (181) NIETO CABALLERO, Agustín. La escuela y la vida. Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1.979, p. 128.

    (182) PEÑA B. Luis B. Prefacio del libro de DICK, Walter y CAREY, Lou. Diseño sistemático de la Instrucción. Voluntad, Bogotá, 1979, p. 13.

    (183) ACEVEDO, ob. cit., p. 9.

    (184) Ibídem. P. 9.

    (185) Revista Temas Tomismo. Volumen I, número 2, segundo semestre 1995, p. 232.

    (186) NIETO CABALLERO, ob. cit., p. 128.

    (187) VARIOS. Filosofía. Norma, Bogotá, 1981. P. 3.

    (188) SAVATER, Fernando. Op. cit. P. 12.

    (189) VARIOS. Filosofía. Norma, Bogotá, 1981. P. 4.

    (190) SAVATER, Fernando. Op. cit. p. 270.

    (191) Ibídem. P. 270.

    (192) Ibídem. P. 272.

    (193) ACEVEDO C., Jairo. Op. cit. p. 20

    (194) KANT, Inmanuel. Crítica del juicio. Editorial Porrúa, México, 1980, p. 270.

    (195) PIAGET, Jean. Seis estudios de psicología. Planeta-Agostini, Barcelona, 1985, p. 99.

    (196) SIERRA, Gloria María. Escuchar-decir en el acto pedagógico. Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, Santafé, de Bogotá, octubre-diciembre, 1994, No. 61, p. 93.

    (196) Ibídem.

    (197) Ibídem.

    (198) VELEZ CORREA, Jaime. Op. cit. p. 24.

    (199) GONZALEZ ALVAREZ, Luis José, y MARQUINEZ ARGOTE, Germán. Op. cit. p. 86.

    (200) Ibídem.

    (201) TECNICAS DE ESTUDIO Y LECTURA RAPIDA. Educar, 1995. págs. 286 y 287.

    (202) Ibídem.

    (203) Ibídem.

    (204) Ibídem.

    (205) Ibídem.

    (206) Ibídem.

    (207) Ibídem.

    (208) RODRIGUEZ ALBARRACIN, Eudoro. Introducción al Filosofar. USTA, Bogotá, 1993. P. 14.

    (209) HEGEL, George. Introducción a la Historia de la Filosofía. Sarpe, Madrid, 1983. P. 71.

    (210) ZULETA, Estanislao. Op. cit. p. 167.

    (211) Revista Familia Bernalista, Instituto Educativo Jesús Bernal Pinzón, p. 28, Maní (Casanare).

    (212) VARIOS. Guía para una Vida Plena. Círculo de Lectores, Bogota, 1984, p. 101.

    (213) DAVITZ, Lois y Joel. Su Hijo Adolescente. Editorial Norma, Bogotá, 1995, p. 119.

    (214). Ibídem.

    (215) FELDMAN, Robert S. Psicología. McGradw Hill, México. P. 370.

    (216) Ibídem.

    (217) TORRES MARTÍNEZ, Gertrudys. Desarrollo del Niño en Edad Escolar. USTA, Bogotá, 1992, p. 329.

    (218) NOGUERA SAYER, Leonor. En Busca de una Vida Propia. Planeta, Bogotá, 1995, p. 113 y 118.

    (219) DURAVIA, Luis. Dimensión Afectiva de la Personalidad. Editorial Kimpres Ltda., Bogotá, 1992, p. 115.

    (220) MORRIS, Charles G. Psicología, un nuevo enfoque. Prentice-Hall Hispanoamericana, S. A., México, 1987, p. 375.

    (221) DARAVIA, Luis. Ob. Cit. p. 115.

    (222) Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta.

    (223) DARAVIA, Luis. Ob. Cit. p. 92.

    (224) NOGUERA SAYER, Leonor. Ob. Cit. p. 117

    (225) Ibídem. p. 141

    (226)VELASCO ORTIZ, Rodrigo. Revista "Cuestiones". Universidad Autónoma de Bucaramanga, 1999, p. 3.

    (227) ZULETA, Estanislao. Obr. Cit. p. 19

    (228) Ibídem, p. 20

    (229) FELDMAN, Roberto. Obr. Cit. p. 365

    (230) TORRES MARTÍNEZ, Gertrudys. Obr. Cit. p. 330

    (231) Ibídem.

    (232) MORRIS, Charles. Obr. Cit. p. 358

    (233) ORTEGA Y GASSET, José. La rebelión de las masas. Librodot.com

    (234) NOGUERA SAYER, Leonor. Ob, cit. P. 14.

    (235) Ibídem. P. 17.

    (236) SAVATER, Fernando. Ética como amor propio. Grijalbo mondadori. Barcelona, 1988, p. 273.

    (237) Ibídem. P. 275.

    (238) Ibídem. P. 276.

    (239) Ibídem. P. 277.

    (240) ALTHUSEER, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Oveja Negra, Bogotá, 1974, p. 8.

    (241) Ibídem. P. 9.

    (242) Ibídem. P. 36.

    (243) ORTEGA Y GASSET, José. Ob. Cit.

    (244) Ibídem.

    (245) RESTREPO BETANCUR, Álvaro. Para una reflexión pedagógica. En Revista internacional. Magisterio. No. 31, p. 80.

    (246) ORTEGA Y GASEET, José. Ob. Cit.

    (247) SUÁREZ DIAZ, Reynaldo). Pensamientos para hombres libres. Impresores colombianos, Bucaramanga, p. 26.

    (248) HERRERA RESTREPO, Daniel. Postmodernidad. ¿Ruptura con la modernidad? ANÁLISIS. Revista colombiana de humanidades. P. 16.

    (249) Ibídem. P. 18.

    (250) Ibídem.

    (251) Ibídem. P. 16.

    (252) Ibídem.

    (253) Ibídem. P. 24.

    (254) PRADA MARQUEZ, Blanca Inés. Filosofía y cultura. Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, 1998. p. 4.

    (255) ORTEGA Y GASSET, José. Ob. Cit.

    (256) Ibídem.

    (257) ARISTÓTELES. La Política. ESPASA-CALPE, Madrid, 1974, p. 166.

    (258) Ibídem. P. 193.

    (259) RODRÍGUEZ ALBARRACÍN, Eudoro. Introducción a la filosofía. USTA, Bogotá, 1987, p. 275.

    (260) ARISTOTELES. Ob. Cit. P. 115.

    (261) BELTRÁN MARTÍNEZ, Héctor. Claves para estudiar, redactar y presentar informes científicos. USTA, 1993, p. 25.

    (262) HERRERA RESTREPO, Daniel. Ob. Cit. P. 19.

    (263) Ibídem. P. 21.

    (264) ARISTÓTELES. Ob. Cit. P. 58.

    (265) ARANGUREN, Javier. El hombre es un ser que se realiza en el diálogo. (Conferencia en el State Educational Center de San Petesburgo, 1996.

    (266) PRADA MARQUEZ, Blanca Inés. Ob. Cit. P. 6-7.

    (267) ARISTOTELES. Ob. Cit. p. 135-136.

    (268) SPAEMANN, Robert. Para qué sirven los filósofos.

    SEGUNDA PARTE

    CONSIDERACIONES ACERCA DE LA FILOSOFIA

    "La filosofía no está hecha para espíritus bastardos, sino para verdaderos y legítimos talentos".

    Platón

    INTRODUCCIÓN

    Los griegos empezaron con su esfuerzo para discernir entre lo que tiene una existencia aparente y lo que tiene una existencia real, una existencia en sí, una existencia primordial, irreductible a otra. Fueron los descubridores de la razón, los que descubrieron que con la razón, con el pensamiento racional, se puede hallar lo que las cosas son, se puede averiguar el último fondo de las cosas, la esencia de las cosas. La esencia es lo que el objeto es, lo que en él es permanente e invariable, y por lo tanto, común a todos lo que son iguales.

    Disposiciones para filosofar

    Según Manuel García Morente, el adiestramiento de nuestro espíritu para la confección de la filosofía ("esa miel que la abeja humana destila"), para abordar la filosofía, para filosofar, requiere una disposición de ánimo "" y un espíritu de rigor en el pensamiento.

    1. La disposición de ánimo "" para filosofar consiste en percibir y sentir en la realidad sensible o ideal problemas, misterios; admirarse, asombrarse de todo, mostrarse estupefacto, curioso, "infantilizarse". Filosofar requiere de una dosis de "infantilismo"; por eso Sócrates y Platón trataban, filosofaban, con niños y jóvenes. Esta disposición es la capacidad de problematizarlo todo.

    2. El espíritu de rigor para filosofar exige exactitud, racionalidad e intelectualidad, características propias de los jóvenes. La exigencia de rigor implica alejarnos de la comodidad y el facilismo que nos ofrece el saber popular, tradicional o del sentido común. Así mismo, reaccionar contra la creencia de que la filosofía es la síntesis de los resultados obtenidos por las ciencias positivas; por eso debemos huir de las generalizaciones de la ciencia.

    ¿Qué es filosofía en sus diferentes épocas?

    Etimológicamente: Amor por la sabiduría

    Presocráticos: Sabiduría misma, saber en general

    Platón: Ciencia o saber racional, reflexivo, adquirido mediante el método dialéctico.

    Aristóteles: Ciencia total de las cosas (lógica: saber a cerca de los medios para obtener conocimiento correcto; física: saber a cerca de todas las cosas o de la naturaleza; ética: saber a cerca de las acciones humanas).

    Medioevo: Ciencia total de las cosas, excepto Dios.

    Hasta finales del siglo XVII: Ciencia total de las cosas o enciclopedia del saber.

    Desde el siglo XVIII: Ciencia, estudio, tratado o teoría de todo aquello que es objeto de conocimiento universal y totalitario.

    ¿CUÁL ES LA DEFINICIÓN DE FILOSOFÍA?

    La filosofía, como cualquier otra ciencia, no se puede definir antes de "hacerla", antes de vivenciarla. Existen aproximaciones a su definición, pero ninguna abarca la totalidad de este impresionante quehacer. La filosofía se puede intentar definir sólo después de filosofar. Primero hay que aprender filosofía, aprender a filosofar y vivenciar la filosofía para proceder a construir nuestra definición de filosofía. Cada quien define la filosofía de acuerdo con su relación con ésta, de su práctica, de su vivencia, de su comprensión, de su quehacer filosófico. Sin embargo, desde el mismo surgimiento de la filosofía hasta nuestros días, se han elaborado algunas definiciones, empezando por la etimológica, que es la que "crea" el término y le da su real existencia.

    Según su etimología, la palabra filosofía viene del griego filo (amor) y sofía (sabiduría), que significa amor por la sabiduría. Entonces, la filosofía es amor a la verdad, amor a la sabiduría, amor al conocimiento. Reflexión sobre la realidad existente: hombre, mundo, Dios, ética, política, religión, ciencia, conocimiento, libertad, justicia, sociedad, cultura, verdad, etc. Estudio de todo aquello que es objeto de conocimiento universal y totalitario. Ciencia de los objetos desde el punto de vista de la totalidad (las ciencias particulares son los sectores parciales del ser).

    Si nos atenemos a la definición tradicional, podemos decir que la filosofía es la ciencia que trata de dar respuestas últimas a los interrogantes que nos plantea la realidad total. Concebida así, sin más explicaciones, parece justificable la apreciación inicial. Pero sabemos también que este concepto de filosofía, sin dejar de ser válido, ha evolucionado; incluso se ha llegado a pensar en describir la actitud de filosofar, antes que definir la filosofía.

    La filosofía es la ciencia de la relación de todo conocimiento y uso racional sobre el objetivo último de la razón humana, al que su condición de supremo están subordinados los demás objetivos y que deben unirse en la unidad. La filosofía es la idea de una sabiduría perfecta, que nos muestra los objetivos últimos de la razón humana.

    La filosofía es algo inherente al hombre; su modo de ser en cuanto existencia auténtica y, como él, problemática, compleja, contradictoria, paradójica, misteriosa. Es el espíritu mismo en el más elevado florecimiento de sí mismo; ella es el saber conceptual de sí misma. Es un esfuerzo útil para captar la verdad pensando. Es la penetración de la razón humana en las últimas razones y en la investigación de la realidad total, en especial sobre el ser y el deber. Es la puesta en marcha de la metafísica, con la que se llega a sí misma y a sus tareas explícitas. Es liberarse de los ídolos que todo el mundo tiene y a los que suele escaparse a hurtadillas.

    La filosofía es un saber riguroso que nos brinda principios y fundamentos universales de todo lo real de un modo sistemático, crítico y metódico. Una actitud, una forma de vida y una teoría que, involucrando vitalmente al hombre, se refiere al fundamento, a la totalidad de lo real. Una ciencia universal, ya que abarca la totalidad de lo real, penetrando hasta las razones absolutamente últimas. Es el pensamiento que se piensa a sí mismo, es lo universal determinándose a sí mismo. Una toma de posición razonada respecto a la totalidad de lo real.

    La filosofía es un intento radical de autocomprensión y explicación de sentido, al interior de una realidad misteriosa porque no sabemos de inmediato por qué existe algo y no la nada, por qué y para qué existe el hombre. Es la medida de lo humano; el hombre mismo puesto en cuestión; la aventura de atreverse a preguntar con profundidad y radicalidad sabiendo que se desencadena un laberinto de cuestiones en el que es fácil entrar, pero en el que las soluciones son difíciles de conseguir, si es que existen, como soluciones definitivas y absolutas. Es la expresión de la tendencia del hombre a buscar la verdad en las diferentes épocas y en diversas circunstancias. Es un quehacer inherente a la vida y a la realidad: la conciencia lúcida de su problematicidad constitutiva.

    La filosofía constituye una interpretación del hacer humano que va hasta las más profundas raíces, y un discurso crítico, sistemático y prospectivo sobre las prácticas del hombre frente a la realidad. No es una doctrina, es una actividad. Es radical y originariamente una dimensión constitutiva del hombre, que al asumir en forma crítica su existencia y la realidad, ve a partir de ello suscitarse una problematicidad inherente a la vida y a las cosas.

    El saber filosófico es aquel saber que no es mera opinión, sino que está fundado en razones, a poder ser las últimas razones. Es la respuesta al constante preguntarse del hombre sobre sí mismo y sobre los seres que lo rodean. Es un preguntar apasionadamente por el sentido de nuestra vida y estar abierto a una respuesta. Es la toma de conciencia de sí y para sí. Podemos entender la filosofía como una búsqueda de relaciones de sentido para un sujeto. El filósofo debe preguntarse, ya que el preguntar filosófico es la actitud por la cual el hombre adquiere de lo cotidiano. Y la adquiere precisamente al dedicarle mayor atención. En todo ello queda comprometido el hombre que se admira, ya que este – al preguntarse – se cuenta por lo que sobrepasa la cerrazón factual de su existencia.

    La filosofía no es sino la expresión racional consciente de la estructura fundamental del hombre. La filosofía es el campo de acción del espíritu pensante. La filosofía infunde sentido a cuanto vive y lo convierte todo en valores positivos, aun aquello que linda ya con la zona de peligro. Según Platón, la filosofía es aspiración a modelar el verdadero hombre dentro del hombre. Filosofía es la posibilidad de pensar las cosas, de hacer preguntas, de ver contradicciones. Es la investigación de la realidad y la búsqueda de cómo vivir mejor.

    La filosofía es la investigación de todas las posibles investigaciones, o la explicación de todas las posibles explicaciones, o la investigación de la naturaleza de la propia racionalidad, o la exploración sin límites del pensamiento. La filosofía consiste en la búsqueda de la verdad acerca de todo. La filosofía constituye el fundamento del pensamiento. Según Sócrates, la filosofía "es un instrumento para el conocimiento de sí mismo".

    La filosofía es un saber buscado metódicamente. Esa búsqueda metódica se propone considerar todas las cosas y el conocimiento de ellas, desde un punto de vista universal y totalitario. La filosofía toma la realidad como objeto de conocimiento; toma también como objeto de conocimiento a todo conocimiento como objeto. Aspira a dos totalidades: la integrada por todas las cosas de la realidad y la constituida por todos los conocimientos de esas mismas cosas.

    La filosofía es la ciencia de las ciencias, el horizonte mayor y último de todo conocimiento humano racional, el saber culminante destinado a reflexionar, dudar, juzgar, abstraer la universalidad y totalidad de toda particularidad; es la búsqueda de lo incondicionado, es la respuesta ante la insatisfacción de lo dado, es la suprema abstracción, es la mejor respuesta a la parte inquisitiva y racional del hombre.

    La filosofía no es otra cosa que la razón humana sin otro respecto alguno, sin limitación alguna, dirigida con toda la fuerza de que es capaz a la explicación del universo. Es una actitud existencial ante los problemas del mundo y de la vida. En la lucha diaria, la reflexión filosófica nos proporciona estímulo, serenidad, ataraxia. Nos muestra una tabla de valores a los cuales debe acomodarse nuestro vivir, disciplinando nuestro pensamiento, orientando nuestros actos, buscando siempre el bien, la verdad y la belleza. Es como un navío que nos lleva seguros por el inmenso y proceloso mar de la vida. Saber filosofar es saber conducir ese navío a la meta ansiada.

    La filosofía es una expresión reflexiva, sistemática y crítica de todos los conocimientos, valoraciones, realizaciones y posibilidades del hombre, hecha con base en la intuición de algún absoluto que ilumina entre ellos determinadas relaciones de sentido y descubre los fundamentos últimos y más universales de la realidad, a fin de interpretarla y transformarla. La filosofía es la actividad a partir de la cual se constituye el hombre en sujeto de relaciones de sentido.

    El saber del filósofo no es algo tan fácil como las percepciones de los sentidos que posee el hombre desde el momento mismo en que nace, sino algo que brota de él solamente a fuerza de mucho esfuerzo y de una larga educación.

    ¿CUÁL ES EL OBJETO DE LA FILOSOFÍA?

    El estudio del ser o realidad. Esclarecimiento lógico de las ideas. El objeto propio de la filosofía es la realidad, es indagación rigurosa de la realidad en cuanto realidad. La esencia de la filosofía es la visión total de la realidad o de lo existente. El pensamiento filosófico nació como un intento de desmitificar la mente humana para abrirle camino hacia la verdad de los seres.

    La filosofía ha de ser, ante todo, estrictamente universal; pero universal no sólo en el sentido de los conceptos, sino en el sentido de abarcar la totalidad de las cosas, y, por lo tanto, saber de cada una según este momento de totalidad.



    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11



    La filosofía tiene como objeto propio el ente en cuanto ente. De la filosofía se puede esperar todo o desesperar de ella como un laberinto interminable y sin salida. Según Aristóteles, el objeto y el ámbito propio de la filosofía lo constituye el estudio científico del ente en cuanto ente.

    El objetivo de la filosofía consiste en la investigación de un conjunto particular de fenómenos mediante un repertorio metodológico bien definido, con el fin de contribuir al avance del conocimiento humano. La filosofía estudia la posibilidad del conocimiento mismo, los presupuestos y los límites de conocimiento posible. La filosofía es la forma más general de investigación, cuyo objeto es la estructura fundamental del mundo. Es lo suprarracional, lo incomprensible, lo que se halla por encima de la razón o, por lo menos, en las fronteras de ella. Se ocupa del conocimiento, de los valores, del hombre y del lenguaje. Una de las más importantes funciones de la filosofía es la defensa del pensar genuino frente a la exaltación y el desvarío.

    Otra de las tareas (entre muchas otras) es cuestionar nuestras creencias y tratar de sustituirlas por ideas argumentalmente sostenidas.

    ¿QUÉ HACE LA FILOSOFÍA?

    La filosofía se ocupa de formular preguntas, porque la vida es fundamentalmente preguntas. En el acto de preguntar se esconde el verdadero sentido de la filosofía. El preguntar es el terreno propio de la vida entendida como acontecimiento; toda pregunta es por sí misma un proyecto, un lanzarse fuera de sí. En principio el hombre puede preguntar y cuestionarlo todo porque no hay nada de lo que no se pueda dudar y cuestionar. El horizonte del preguntar es infinito. Nunca hay término en el plano del conocimiento, del actuar, del dinamismo de la libertad. El hombre es el ser finito que coloca ante sí lo infinito, es el eterno viajero en un camino de enigmas, problemas y certidumbres puramente provisionales. El sólo sé que nada sé socrático, no sólo es el punto de partida de la filosofía, sino de la comprensión de la existencia, entendida como búsqueda y posibilidad de darse sentido.

    La filosofía es un horizonte que se abre y que no es ajeno a quien se pregunta, pues en el preguntar, y en el preguntar por el ser, se evidencia la inmediatez de quien pregunta: el hombre. La pregunta no se da desde la sino en el saberse inmerso en la cercanía con el ser. El preguntar coloca en cuestión lo aceptado en forma pasiva o sin discusión. Preguntar es el modo de saberse humano y, por tanto, distinto de cualquier otro ente. El que pregunta se halla de fondo metido en el interrogante. La verdad de las cosas es puesta en movimiento en el acto mismo del preguntar y el responder.

    La filosofía nos plantea cómo contestar a las preguntas que la vida nos sugiere. ¿Cómo lograr entender mejor? ¿Cómo llegar a saber lo que se ignora? ¿Cómo saber qué es lo que se quiere saber? ¿Qué busco preguntando? ¿De dónde puede venir alguna respuesta más o menos válida? ¿Cómo se han obtenido los conocimientos? ¿Hasta qué punto estamos seguros de los conocimientos? ¿Cómo se pueden ampliar, mejorar o sustituirlos por otros más confiables?

    Se pregunta desde lo que se sabe o se cree saber, porque parece insuficiente y dudoso. Nuestra facultad de pensar nos incita a plantear preguntas para las cuales nuestras respuestas se antojarán siempre insatisfactorias: ¿Por qué existo? ¿Por qué existe algo? ¿Por qué hay algo más bien que nada? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿En qué consiste vivir bien? ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Para dónde vamos?

    La filosofía se bandea incómoda entre la apertura de interrogantes y la pretensión de haber hallado las respuestas. El que interroga es para sí un desconocido, un misterio al igual que la realidad entera. Esto suscita la admiración que es el comienzo del filosofar. Sólo el hombre se encuentra inmerso en la posibilidad y necesidad de interrogar.

    Cuando se ha resuelto pensar por la vida tomándola en serio y asumiéndola en serio y asumiendo a conciencia lo que la existencia significa, surgen a cada paso una serie de inquietudes y de cuestionamientos que nos obligan a consultar a quienes ya han trajinado los mismos temas, y a repensar los hechos y las circunstancias que nos corresponde vivir. Es allí cuando surge la filosofía en nuestra ayuda, en un intento de darle un sentido lógico a nuestra experiencia existencial. Miles de preguntas surgen entonces: ¿De dónde vengo? ¿Para dónde voy? ¿Qué hago aquí? ¿Cuál es mi misión en esta vida? ¿Por qué las cosas de la vida son así? Y muchas preguntas más.

    El filósofo tiene el derecho y el deber de preguntar siempre: ¿Por qué? Cada hombre debe aventurar sus propias preguntas y respuestas ya que si toma en serio su vida, ésta se le presenta como problema radical y abierto. Solamente quien se pregunte verdaderamente y trate de hallar una respuesta en sí y por sí misma penetra en el camino del filosofar, se convierte en filósofo; viviendo en sí mismo la filosofía, podrá saber qué es ella. El hombre vive haciéndose y haciendo preguntas a los demás.

    El hombre es un animal que interroga. El animal humano, desde muy niño, se pone en marcha hacia adentro de las cosas preguntando, una y otra vez, qué son y por qué y para qué son. "No sólo es extraordinario aquello que pregunta sino el preguntar mismo", sostiene Heidegger. ¿Por qué pregunta el hombre? ¿Qué sentido tienen sus preguntas, qué implican, qué son? La problematicidad de la pregunta consiste en la necesidad de saber algo que ignoramos. El hombre mismo es interrogante abierto, y por lo mismo, un problema. "Todo preguntar es un buscar", dice Heidegger.

    ¿QUÉ PERMITE LA FILOSOFÍA?

    La filosofía permite conocer qué son verdaderamente las cosas en sí mismas, la realidad que encierran. La filosofía tiene y cumple una función básica para el hombre y la vida, pues es la única forma de acceder lúcidamente a su problematicidad inherente. Sólo el filósofo aspira a conocer, pues sabe que no conoce y siente la necesidad de conocer. Ocupa un lugar intermedio entre la sabiduría y la ignorancia.

    Como conocimiento, la filosofía ha pretendido ser una forma rigurosa del saber, una forma de adquirir certeza absoluta sobre el ser de las cosas y para ello se constituye al mismo tiempo en un saber crítico que desinstala la experiencia cotidiana y las apariencias a partir de la duda, del cuestionamiento de todo. El filósofo tiene de extraño y específico que se cuestiona aquello que a los demás les parece obvio.

    El itinerario hacia la filosofía responde a tres dimensiones de nuestra propia vida: aceptando nuestra existencia como dato y como tarea, llegar a configurar una actitud crítica, personal que, desintalándonos de lo banal y cotidiano nos lleve al umbral de la pregunta fundamental que somos nosotros mismos; la problematicidad inherente al existir nos conduce a un conjunto básico de temas y problemas que abarcan la totalidad de nuestra experiencia y que exigen una toma de postura crítica y existencial en la búsqueda de la verdad; la criticidad radical del filosofar abarca la totalidad de lo existente, incluida la esfera de la sociedad y la cultura. Dimensión existencial, teórica y práctica de la filosofía.

    La filosofía permite, además, abandonar la actitud natural, que consiste en la actitud acrítica, espontánea, inrreflexiva e ingenuamente despreocupada de la vida, en la que toman asiento los modos del lenguaje del creo, el se dice y el parece que. En la actitud natural el yo se mueve directamente hacia el mundo, alejándose de sí mismo. Este alejamiento equivale a una enajenación: el yo se pierde en el mundo, olvidándose de sí. Determinado por este olvido, el yo se interesa sólo por el mundo. Este interés determina el contenido de su saber; el cual no es más que un saber mundano. Además, lo sabido en este saber, lo mundano, adquiere el rango de lo que es en verdad. El mundo se convierte así en el modelo de todo ser. Por ello, cuando en esta actitud se avista de algún modo al yo, se lo concibe como una cosa, como algo perteneciente al mundo. De manera que su modo de ser propio queda oculto, ya sea porque la atención no se dirige a él o porque una interpretación mundana lo deforma.

    La filosofía permite al hombre conseguir una unidad psíquica de vida mediante la conexión de conocimientos, valoraciones y fines. Esta conexión natural de operaciones instintivas es elevada a conciencia y dotada de una lógica coherente. De este modo la filosofía libera al hombre de los prejuicios, de las afecciones instintivas, de las creencias tradicionales infundadas e incluso de muchas barreras impuestas por lo desconocido.

    En el mundo de la actitud natural se prescinde de toda argumentación y verificación, las que se sustituyen de modo arbitrario por el lenguaje de los juicios de valor, las fraseologías, los juegos de sombra y las opiniones preconcebidas. En una palabra, es el mundo de los intereses particulares y pasajeros, de las acciones aisladas, en las que se gestan las decisiones rápidas y las protestas infundadas o circunstanciales. El hombre en su actitud natural se deja guiar por opiniones recibidas desde fuera sobre lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, lo útil y lo inútil. Aquí el sujeto es enteramente pasivo; no hace más que tomar ciegamente lo que se le ofrece como válido. Por esto carece de claridad sobre los motivos de su obrar, pues dichas opiniones están rodeadas de oscuridades que no lo inquietan. El hombre de la actitud natural vive, por decirlo así, en la irreflexión. La superación se produce en la reflexión, en la vuelta sobre sí mismo, en la cual arriba a la subjetividad.

    La actitud natural se caracteriza por su ingenuidad. En ella estamos en relación con las cosas representando, juzgando, queriendo y sintiendo, y lo representando, juzgado, queriendo y sintiendo, y lo representado, juzgado, querido o sentido se pone ingenuamente como existiendo. Pero esta ingenuidad entra en crisis cuando se constata que continuamente somos víctimas de engaños, ilusiones, alucinaciones, en fin, que el mundo de la actitud natural está en flujo incesante. El mundo en el que, sumergido en la experiencia directa de los hechos, olvido mirarme a mí mismo y pierdo la capacidad de comprender mi propia realidad circundante, de descubrir el sentido de aquellas conexiones y relaciones que son propias de todo lo que se manifiesta o de las motivaciones que determinan el comportamiento de nuestros semejantes, motivaciones en las que se fundan a su vez las discordancias personales que son propias de toda praxis interhumana. En el mundo de la actitud natural en el que pierdo la capacidad de asumir críticamente lo que por sí mismo le da sentido al mundo: la experiencia de dar razón de toda toma de posición autónoma y responsable.

    ¿PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA?

    La utilidad de la filosofía sólo es posible vislumbrarla en la medida en que el hombre cuestiona y pregunta radicalmente por su vida y la realidad entera. La filosofía solamente se revela como necesaria cuando desde lo más profundo nos preguntamos por el sentido y el significado de la existencia, cuando queremos tener una visión omnicomprensiva de las cosas, de la historia, de la realidad entera. La principal ocupación de la filosofía es cuestionar y aclarar algunas ideas muy comunes que todos nosotros usamos cada día sin pensar sobre ellas.

    La filosofía sirve para encontrar los marcos teóricos y los esquemas conceptuales que nos permiten hacer inteligibles las diversas prácticas en sí mismas, en sus orígenes, y en sus resultados para unificarlas en totalidades dotadas de coherencia lógica.

    Es una herramienta importantísima en la búsqueda de respuestas a la compleja problemática en que nos movemos en la vida. El mundo problemático es el campo en el cual se mueve la filosofía. La filosofía sólo se pone en movimiento cuando en el horizonte humano surgen los problemas.

    La filosofía facilita la búsqueda de la verdad, de la sabiduría, porque en el hombre existe un afán de saber. Saber y comprender es una de sus necesidades superiores. El hombre aspira a saber y no se da por satisfecho con el saber natural, sino que se siente acosado por preguntas que lo impulsan hacia un saber fundado y del cual pueda hacerse responsable.

    La utilidad de la filosofía aparece para el que ha accedido a su ámbito como un conjunto de posibilidades que sólo él entiende, en la medida que el filosofar genera una dinámica que llega a afectar la raíz y la sustancia misma de la existencia. La filosofía muchas veces modifica nuestros puntos de vista en la medida que nos introduce en una forma crítica y sistemática de pensar. La filosofía como sabiduría quiere orientarnos acerca de lo fundamental de la vida, de aquellos valores que no solamente lo hacen saber más sino que lo puede hacer mejor.

    La filosofía puede libertarnos de la tiranía del prejuicio y de las aberraciones derivadas de estrechas miras. La filosofía responde a una inquietud o tendencia (amor) característica del hombre, que lo lleva siempre de nuevo a preguntarse qué son las cosas en sus fundamentos mismos. Filosofando se va haciendo el hombre cada vez más libre. Nos permite hacernos cargo de nuestra situación (toma de conciencia); cargar la situación (encarnación), y encargarnos de cambiarla (compromiso). Sirve porque sólo el hombre, mediante la reflexión, puede autoformarse; porque su espíritu lo puede conducir a la liberación, a romper sus cadenas.

    La filosofía ha sido también requerida por su función crítica como útil en el esfuerzo por señalar siempre las situaciones que ahogan la vida humana o cuando el hombre está sometido a múltiples peligros que lo alienan de muchos modos. La filosofía no salva a nadie ni al propio filósofo, pues su destino y su horizonte es como el hombre mismo, un viajero incansable que buscándose a sí mismo en un laberinto interminable de preguntas y respuestas no tiene cómo hallar reposo en una meta absoluta y definitiva. La filosofía es un esfuerzo útil para captar la verdad pensando.

    La filosofía no brinda soluciones sino respuestas, las cuales no anulan las preguntas pero nos permiten convivir racionalmente con ellas aunque sigamos planteándonoslas una y otra vez: por muchas respuestas filosóficas que conozcamos a la pregunta que inquiere sobre qué es la justicia o qué es el tiempo, nunca dejaremos de preguntarnos por el tiempo o por la justicia ni descartaremos como ociosas o superadas las respuestas dadas a esas cuestiones por filósofos anteriores. Las respuestas filosóficas no solucionan las preguntas de lo real sino que más bien cultivan la pregunta, resaltan lo esencial de ese preguntar y nos ayudan a seguir preguntándonos, a preguntar cada vez mejor, a humanizarnos en la convivencia perpetua con la interrogación. Porque ¿qué es el hombre sino el animal que pregunta y que seguirá preguntando más allá de cualquier respuesta imaginable?

    La filosofía tiene dos utilidades fundamentales: nos procura la libertad y nos permite desarrollar el sentido crítico. Aunque la filosofía es una contemplación de los seres y no es un medio para algún fin práctico, sin embargo, ella es muy útil, porque nos hace más libres y más hombres, pues nos libera de la esclavitud de la técnica y nos lleva a reflexionar. Que la vida sea un camino que haya que volver a andar y trasegar en forma personal, es el mejor símbolo de entender el filosofar como autoexperiencia del preguntar radical, del cuestionar, del buscar, de asumir la vocación de pensar por fin por uno mismo para llegar a ser sí mismo.

    La filosofía nos da amplitud de miras en esta época de cientificismos especializados, en cierto modo indispensable hoy, pero que nos pueden dejar una mirada miope y aun incompleta de la vida.

    Solamente la filosofía, el amor desinteresado a la sabiduría misma, será la que venga a liberar al hombre. A través de su sentido crítico el hombre amplía su visión en el horizonte de posibilidades. Sólo quien logra distanciarse un poco de su mundo por medio de una reflexión profunda es capaz de juzgarlo. Y es la filosofía la que da al hombre esta independencia con respecto a su propio mundo-ambiente.

    La filosofía hace de la persona tema de sus reflexiones: cómo el hombre se va haciendo persona a lo largo de su vida. Por donde quiera que se mire, se descubre el tema de la persona como uno de los problemas capitales del pensamiento actual. Una de las funciones más importantes de la filosofía es la defensa del pensar genuino frente a la exaltación y el desvarío.

    La filosofía nos permite revisar los conocimientos, compararlos con otros saberes, someterlos a un examen crítico, debatirlos con otras personas que puedan ayudarnos a entender mejor. Sirve para buscar argumentos para asumirlos o refutarlos.

    En principio era la ciencia que trataba de la esencia, propiedades y efectos de las cosas naturales. Luego, su ámbito se fue reduciendo, a medida que los diversos saberes que la componían se fueron independizando. Hoy estudia y formula distintas teorías sobre la realidad, el pensamiento y la acción humana. Hace énfasis en el estudio de todas aquellas verdades y principios que son el fundamento del conocimiento. Además, profundiza en las razones esenciales del saber, concentrándose en los principales representantes de su pensamiento y en la evolución de las distintas escuelas.

    La filosofía permite entender las grandes dimensiones de la libertad del hombre para liberarlo de las ataduras que lo esclavizan, porque el hombre actual no vive su vida en su nivel personal, se ha dejado alienar; se ha comprometido con la impostura, se encuentra desarraigado, perdido en el anonimato. El hombre de hoy se siente más comprometido con la impostura que con la misma verdad. El hombre está cada día sumergiéndose en la angustia y el descontento; rodeado de tensiones externas, es más que nunca convulsionado por las tensiones de adentro; es la lucha permanente entre el "querer ser" y el "tener que ser". El "querer ser" se ha cambiado por el "tener que ser" y este imperativo le ha robado al hombre su verdad; así los ideales en lugar de producir superhombres, han producido caricaturas.

    Vivir y hacer vivir el bien, enseñar y aprender la vía que conduce al remedio y al consuelo, son los móviles fundamentales de la filosofía.

    La filosofía abre al hombre el horizonte infinito de la vida espiritual, de la aventura del pensamiento que lo ensancha en sus miras e intereses, no porque lo aparte de este mundo sino porque su forma de mirarlo y asumirlo es diferente.

    La utilidad de la filosofía pudiera sintetizarse diciendo que perfecciona la razón enseñando a pensar rectamente; imparte claridad a las ideas, distinguiendo lo esencial de lo accidental; vertebra la inteligencia con el conocimiento de lo universal; fundamenta la ciencia; ejerce influjo en las operaciones y costumbres humanas en lo individual y en lo social.

    La filosofía nos permite desarrollar nuevos estilos de cuestionamiento y de comportamiento; nos sirve para fomentar, en actitud filosófico-reflexiva los auténticos valores de la razón, esto es, la emancipación, la argumentación, el sentido de la palabra dicha, intercambiada, aceptada, y la crítica responsable para encontrar modos posibles de unificación de las discordancias intersubjetivas.

    La filosofía enseña a pensar, nos dota de los rudimentos necesarios para la argumentación diaria, nos permite afrontar la vida con la necesaria . Sirve para pensar mejor. La educación humanística no es sólo una educación en el saber sino en el saber ser y estar. Una de las mayores satisfacciones es enterarse de lo que ocurre y comprenderlo. La filosofía no puede enseñar a dónde nos dirigimos sino a vivir en la condición de quien se dirige a ninguna parte. Vivir sin filosofía equivale a permanecer extraviado entre los quehaceres cotidianos. Está íntimamente emparentada con los dilemas de la vida por múltiples vías: deshace la ambigüedad de los problemas y ayuda a tomar decisiones; analiza y aclara las ideas complejas de la ética, la política, la ciencia. Se dedica a buscar posibles explicaciones de cuestiones abstractas como lo válido, lo justo o lo injusto, lo cierto y lo falso y plantea preguntas olvidadas por la sociedad y útiles para su desarrollo. El filósofo tiene la misión de enseñar al pez a salirse de su red. Es una guía desde el desorden al orden, desde el mundo de las apariencias al mundo de la verdad.

    Platón ve en la filosofía la tabla de salvación, porque ofrece la solución a los problemas más candentes de la sociedad humana.

    ¿DE DÓNDE SURGE LA FILOSOFÍA?

    La filosofía surge del afán del hombre por conocer su realidad, el entorno en el que él ha de actuar; por el afán de situar, ordenar este entorno para actuar racionalmente dentro de él. Conociéndolo podrá enfrentar los problemas que le plantea el mismo. Esto es razonar, tomar conciencia de lo que le es extraño y por ello objeto de tal conocimiento. Dentro del entorno están, entre otras cosas los otros, sus semejantes, en cuyo trato ha obtenido ese instrumento de comprensión; la razón, en su doble y original sentido, tal como lo interpretaron los filósofos en los inicios del filosofar. El logos, como razón y como palabra, como capacidad de comprender lo extremo pero también para comunicarlo a otros y entenderse con ellos. Los otros en cuyo trato ha obtenido la palabra, el conjunto de significaciones, que le permitan no sólo comprender sino convivir en el mundo y convivir con sus semejantes. De este afán, por comprender y hacerse comprender, comprender y comunicar, surge la filosofía.

    ¿QUÉ ES FILOSOFAR?

    Filosofar es aprender a vivir y aprender a morir. La filosofía trata de qué significa vivir y cómo vivir mejor. Filosofar es aprender a vivir y prepararse para morir. Sirve para cuestionar nuestras creencias y tratar de sustituirlas por ideas argumentalmente sostenidas. Filosofar es acceder al único modo de existencia auténtica; en cuanto ella misma, como modo de ser del hombre, es la puesta en cuestión de éste como problema, como interrogante que emerge y se , de lo banal, de lo mecánico, de la superficialidad que no se atreve a afrontar la realidad como problemática. El filósofo se maravilla ante la plasticidad y la belleza del lenguaje, mientras que el común de los mortales, no percibe en ella más que su valor de uso.

    Filosofar es pensar con seriedad, y en el pensar serio se patentiza la existencia. Un hombre que piensa seriamente no deja que sus ideas y conceptos floten libremente ante él, sino que los endereza rigurosamente a un fin. El filósofo es un hombre que duda racionalmente. El que duda con sentido crítico es un sabio.

    Filosofar es primero y primariamente el proceso de colocar en cuestión la existencia, entrando en un gradual y radical problematización que lo involucra todo. Filosofar es acceder a una existencia auténtica que, distanciándose del entorno de lo cotidiano, se toma por fin en serio en un empeño de radicalidad y de búsqueda incesante de la verdad. Es suscitar una serie de preguntas a las cuales es fácil entrar pero dentro de un complejo laberinto en donde el hombre mismo no sabe de antemano si hay respuestas claras y absolutas. La filosofía es el hombre mismo como viajero de la vida, como eterno problematizador que todo lo desinstala y todo lo cuestiona. Saber simplemente cosas, datos y doctrinas sin este empeño de base, es hacer de la filosofía un inventario estéril que tarde o temprano revelará sus angustiosos límites.

    ¿ES DIFÍCIL FILOSOFAR?

    La respuesta es muy relativa. Para muchos es difícil y para otros no. Sin embargo, la complejidad de la filosofía no reside en el tema que trata sino en nuestra dificultad de comprensión. El carácter problemático de la existencia humana y de la realidad en general constituyen el suelo, la base de cualquier filosofía y punto de partida radical de un pensamiento crítico que desinstala y rompe el marco rutinario de la vida cotidiana. En la medida en que el hombre se contente sólo con vivir y ocuparse de los asuntos prácticos y no se dé cuenta de su propia existencia, que es de por sí un problema, al igual que la totalidad de lo existente, no podrá entender que es la vida misma la que suscita la filosofía y que ésta es la dimensión auténtica de un vivir que no se deja simplemente vivir. Tal como razona José de Ingenieros en si libro El Hombre Mediocre, quienes viven en la rutina razonan con la lógica de los demás. Reducidos a vanas sombras, viven del juicio ajeno; se ignoran a sí mismos, limitándose a creerse como los creen los demás.

    Filosofar es entrar en contacto con los problemas más acuciantes y radicales que constituyen ya una tradición, un patrimonio expresado en la historia de la filosofía pero que necesita siempre una reinterpretación continua, una forma personal de preguntar y responder. El punto eje, la referencia básica originante de todo filosofar es siempre la realidad, el hombre, su destino. El punto de partida es la conciencia de que nada que sea humano es ajeno a la filosofía y, aún más, de que ésta es el hombre mismo en cuanto se plantea el problema de sí mismo, el fundamento de su ser y de la realidad en cuanto tal. La realidad misma es el punto originario, originante y terminal de todo filosofar auténtico. Pero claro está, de una realidad pensada en forma crítica y en forma personal, pues la filosofía no es simplemente un conjunto de tesis incoherentes sobre la realidad, sino que es a su vez una forma especial de tematizar la propia experiencia personal y la experiencia en cuanto tal, tanto de la vida cotidiana, como la que se abre a las perspectivas de las ciencias particulares.

    No es de maravillar que las opiniones difieran tanto en filosofía. Santo Tomás decía que sólo muy pocos hombres, tras largo tiempo y no sin mezcla de errores, son capaces de resolver las cuestiones fundamentales de la filosofía. Pero el hombre está, quiera o no quiera, destinado a la filosofía. A pesar de su dificultad o de su facilidad, la filosofía es una de las bellas y nobles cosas que puede haber en la vida. El que una vez se haya entrado en contacto con el auténtico filósofo, se sentirá siempre atraído por él.

    La disposición a filosofar consiste en decidirse a tratar a los demás como si fueran también filósofos: ofreciéndoles razones, escuchando las suyas y construyendo la verdad, siempre en tela de juicio, a partir del encuentro entre unas y otras.

    ¿CÓMO SE FILOSOFA?

    Se filosofa reflexionando, esto es, volviendo sobre sí mismo para considerar las causas o razones de la realidad; para buscar lo que hoy se llama condiciones de posibilidad de la experiencia: lo que hace posible un dato u objeto de la experiencia y la experiencia misma.

    Cuando el hombre se pregunta por los fines y deja de hundirse en la objetividad de los mecanismos y las leyes naturales, cuando se cuestiona por el sentido de todo y supera la explicación para alcanzar la comprensión, está haciendo filosofía. El filósofo se pregunta por qué todo lo que es tiene un sentido.

    ¿CUÁL ES EL PUNTO DE PARTIDA DE LA FILOSOFÍA?

    El punto de partida de la filosofía es el hombre mismo. Es el hombre quien en cada momento está preocupado por lo que le pueda acaecer en el próximo instante y en un futuro más lejano aún. La filosofía trata de la totalidad de las cosas; de la referencia del hombre a la totalidad de las cosas. La filosofía es una ciencia que se distingue de todas las demás por la amplitud del campo que investiga, porque su objeto no está de ninguna manera restringido, puesto que considera toda la realidad.

    El carácter siempre problemático y abierto del hombre y la realidad constituyen el suelo nútrico y la fuente permanente del filosofar que desde la admiración o la vivencia de las situaciones límites, hacen de la filosofía la más genuina de las actividades humanas: la filosofía es la medida de lo humano, es el hombre mismo puesto en cuestión y con él toda la realidad. Es la aventura de atreverse a preguntar con profundidad, originalidad y radicalidad.

    ¿QUÉ HACE EL FILÓSOFO?

    El filósofo piensa reflexivamente sobre cualquier objeto en general. Trata de esclarecer la realidad. Busca el fundamento esencial de todas las cosas, el sentido de la existencia y el valor político y social del hombre. La filosofía la hace el hombre, y a través de ella intenta expresar críticamente la realidad como totalidad.

    La filosofía quiere dar respuestas a muchas preguntas sobre sí mismo, sobre los demás, sobre el mundo, sobre los seres vivos o inaminados, sobre cómo vivir mejor. El filósofo trata de explicar la realidad por sus causas primeras dentro del orden natural, siendo por eso su conocimiento hijo de la reflexión fundamental y sistemática. Busca, por lo tanto, establecer las causas iniciales, elaborando por medio de esa reflexión un sistema que comprenda explicar fragmentariamente la realidad, que nos diga por qué ha pasado todo.

    Queda fácil al filósofo en su soledad despertar la conciencia de responsabilidad, cuando la opinión pública, de mano de los medios, se ha ido acostumbrando a la corrupción por parte de los dirigentes, a la intolerancia y a la violencia por parte de los poderosos, a las violaciones de los derechos humanos por parte de quienes tienen el poder de las armas, a la indiferencia del Estado y de los poderosos frente a la injusticia, y el autoritarismo de quienes dicen tener responsabilidades públicas. Una de las misiones principales del filósofo es la de advertir a la gente que no saque conclusiones precipitadas.

    Al intelectual comprometido le corresponde entregarse a la defensa de la auténtica democracia, que sea escenario propicio para respetar y exigir el respeto de los derechos humanos. Cuánto fundamento le asistía a Guillermo Hegel cuando afirmaba que la lucha por los derechos humanos era la trama esencial de la historia. Según Reynaldo Suárez Díaz, el argumento político fundamentales es el de los derechos humanos. El Estado justifica su existencia en el hecho de respetar, hacer posible y defender tales derechos. El Estado existe para hacer posible que el hombre llegue a realizarse como hombre dentro de la naturaleza y del grupo social. Un Estado que no lo haga no tiene razón de ser y debe ser reemplazado por otro. Un Estado debe respetar, hacer posible y defender los derechos humanos, los cuales se caracterizan por ser necesarios, universales, inalienables, limitados, inviolables, y son anteriores al derecho y a la ley.

    La labor intelectual del filósofo no se suscribe de manera fácil en las coordenadas convencionales para la creación y desarrollo de un trabajo intelectual en nuestro entorno. La responsabilidad del intelectual, del filósofo, es con el conocimiento, con la investigación, con el pensamiento crítico, con la verdad. El filósofo ha estado siempre comprometido. En la filosofía hay un ideal: la universalidad, que consiste en buscar que las ideas sean válidas en general y no sólo para un punto de vista o unos intereses.

    Con respecto a la democracia, la posición del filósofo no puede ser la de un adversario que no quiere convencer sino sólo vencer. El filósofo tiene que aprender a ser un adversario eficaz. Debe estudiar a su país para ver qué posibilidades habría de ampliar la democracia, de hacerla más participativa. No puede darse el lujo de que le sea indiferente vivir en un medio en el que nadie quiere convencer a nadie sino sólo vencerlo, liquidarlo, desaparecerlo y negarlo. Llamamos democracia al derecho del individuo a diferir contra la mayoría; a pensar, a disentir y a vivir distinto; democracia es el derecho a la diferencia.

    ¿SOBRE QUÉ PIENSAN LOS FILÓSOFOS?

    Como hemos visto, la filosofía se ocupa de casi todo: busca explicaciones a enigmas de nuestro mundo. Como hay tantos temas para pensar o para estudiar, los filósofos los han tenido que dividir en varias ramas.

    Una de ellas es la metafísica, que se ocupa del ser, sus propiedades y sus causas primeras. Pensemos, por ejemplo, en el asunto más importante para el hombre: la vida. Por otro lado, recordemos que los filósofos suelen hacerse siempre la misma pregunta: ¿por qué? Así, en este caso, la cuestión que se plantearía un pensador sería: ¿por qué existimos? Como no todos los filósofos coinciden en sus conclusiones, algunos dirán que estamos en este mundo por algún motivo, y que hay vida después de la muerte. Otros, por el contrario, opinarán que no hay motivo, y que lo que cuenta es saber vivir de acuerdo con unas ideas, a las que llamamos valores. La libertad, el respeto a los demás o la protección de la naturaleza, por ejemplo, son valores.

    Otra importante rama de la filosofía es la ética, que medita sobre lo que es correcto o incorrecto en nuestra sociedad y en nuestra conducta diaria.

    ¿QUIÉN ES EL FILÓSOFO?

    El filósofo es un hombre que piensa racionalmente y trata de llevar claridad al mundo y a la vida. Quien asume en serio su vida y quiere ser él mismo, es decir auténtico, adopta una actitud crítica que cuestiona todo lo dado. Sin dejarse distraer por lo accidental y lo anecdótico, busca en todas las cosas lo esencial de ellas. Es un personaje original, cuyas actitudes llaman la atención.

    Un filósofo es un hombre que ve más allá de las apariencias, más allá de lo evidente. El filósofo se pregunta por el ser de las apariencias. Un sujeto que vive despierto, porque los hombres viven soñando y sólo el filósofo trata de despertar. Un amante del conocimiento, de la verdad, de la investigación, del estudio riguroso y sistemático de la realidad. Una persona con sentido crítico, capaz de cuestionar todo aquello que los demás dan por sentado o prefieren no cuestionar. El filósofo es un desmitificador, un iconoclasta, un anticonvencional, un reaccionario, un contestatario, un antitradicional, un crítico, un rebelde sin importar las consecuencias, y un ser auténtico, autónomo, independiente, autoconsciente e íntegro.

    El filósofo no se deja arrastrar por lo cotidiano y habitual, por lo esperado y tradicional, por lo sabido y lo tópico, por la inercia mental y la solución dada, por lo previsto y las apariencias. Es un hombre que ha salido del ""rebaño"", que ha dejado su "minoría de edad" (incapacidad de pensar y decidir por sí mismo). Su visión se aparta diametralmente de la visión del hombre común, que vive sumergido entre el afanoso quehacer de la diaria tarea. Para el hombre común, el mundo es un utensilio; para el filósofo, es un tema de estudio. El no filósofo, enfrascado en su mundo propio, procura extraer de sí y del mundo todo lo que es práctico, lo que aumente su capacidad de producir y su anhelo de gozar. Para el pensador su yo y sus circunstancias especiales y temporales dejan de ser utilitarias, para convertirse en materia de reflexión que degusta con placer, aunque no le vayan a aumentar su cuenta bancaria ni le proporcionen bienestar temporal.

    El filósofo analiza el lenguaje para clarificar los problemas filosóficos. Elabora descripciones generales del lenguaje desde el punto de vista que tengan relevancia filosófica. Reflexiona acerca de los fundamentos y métodos de cada ciencia. Formula visiones del mundo. Formula y aclara inquietudes acerca de problemas filosóficos. Investiga sobre el conocimiento filosófico. Transmite sus conocimientos a nivel medio y superior.

    El filósofo está llamado a constituirse en la conciencia crítica de la sociedad. Un hombre con sentido crítico, porque quien asume en serio su vida y quiere ser él mismo, es decir, auténtico, adopta una actitud crítica permanente que cuestiona todo lo dado. El filósofo no es un sabio, sino un amante, un afanoso del saber; del saber que provoca admiración, los callejones sin salidas, las aporías, que la naturaleza y los otros hombres plantean. Problemas de urgente solución, ya que en ellos va la propia existencia o identidad. El filósofo se erige en conciencia universal: razón de todo lo creado incluyendo el de la relación entre los hombres, lo político.

    El sentido crítico, la conciencia crítica o la reflexión crítica es la aptitud para ver los hechos tal como son, para tener en cuenta todas las circunstancias, para desconfiar prudentemente de uno mismo y para librarse de todos los prejuicios. Es esa capacidad para plantearle problemas a la realidad, en búsqueda de respuestas.

    El filósofo es un hombre que trasciende su mundo cotidiano a través de la criticidad, que es la capacidad que tiene la persona de analizarse a sí misma y de analizar a los demás, las cosas, las circunstancias, las situaciones, viendo lo que tienen de bueno o de malo, hacia donde van, qué se busca con ello. Es la persona que puede analizarse a sí misma considerando, por ejemplo, la relación que existe entre lo que piensa y lo que hace. Por ello puede juzgar su forma de comportarse.

    La criticidad le da al ser humano la posibilidad de analizar el medio social y la realidad externa, para emitir juicios sobre ellos y poder así contribuir a su transformación y mejoramiento. La criticidad se opone a la aprobación sin análisis de todo lo que se dice, a la aceptación incondicional de todo lo que ocurre y a la actitud ingenua que "traga entero" todas las opiniones y la realidad que se nos presentan. La criticidad supone y exige un ver, un juzgar y, sobre todo, un asumir un compromiso que lleve a un cambio personal y social positivo, porque muchas personas, incapaces de vivir de acuerdo como piensan, terminan pensando como viven. El filósofo, a través de su reflexión crítica, cada vez más amplía su capacidad de comprensión de lo existente y rebasa el horizonte común de significaciones existentes.

    El filósofo es un hombre capaz de admirarse de todo lo que puede. La admiración no es más que el sentimiento propio del filósofo y el principio mismo de la filosofía y de todas las ciencias. Es, como dice Husserl, un eterno principiante.

    El filósofo es un hombre que quiere saber; que aspira a que el saber sea la realización de su ser; el hombre que quiere saber por qué hace algo, para qué lo hace, para quién lo hace; el hombre que tiene una exigencia de autonomía. El hombre que está inscrito en la búsqueda de universalidad, también es un filósofo, así como aquel que quiere ser consecuente con los resultados de su investigación. El filósofo no es un especialista en ideas generales; es un interventor. El filósofo quiere abrir los ojos de los mortales sobre sí mismos para revelarles el fundamento de la vida, para despertarlos de su sueño. El filósofo es la persona encargada de contemplar los misterios de la verdad. El filósofo es el hombre, que conducido por los caminos de la luz, entra en la casa de la verdad.

    Según Platón, el filósofo es el hombre que no se entrega a la multiplicidad de las impresiones de los sentidos, dejándose llevar toda la vida por el simple oleaje de las opiniones, sino que orienta su espíritu hacia la unidad de lo que existe. Sólo él posee un conocimiento y un saber en el verdadero sentido de estas palabras; ve a través de la variedad individual de los fenómenos la imagen fundamental general y permanente de las cosas, la idea. Sólo él puede decir lo que es en sí justo y bello; las opiniones de la masa a cerca de éstas y las demás cosas oscilan en la penumbra entre el no ser y el verdadero ser. El que lleva en el alma un paradigma diáfano. En medio de la inseguridad general, su mirada está clavada en esta forma. La capacidad de reconocerla es la capacidad de visión que necesita sobre todo el guardián del Estado, ya que Platón considera que todo gobernante debe ser filósofo.

    Platón representa al filósofo como un hombre de gran memoria, de rápida percepción y afanoso de saber. Este hombre desprecia todo lo pequeño, su mirada se remonta siempre al aspecto del conjunto de las cosas y abarca desde una atalaya muy alta la existencia y el tiempo. Todo lo que le sea jactancia le es ajeno. Es grande en todo, pero sin dejar de poseer por ello cierto encanto. Es un amigo y pariente de la verdad, de la justicia, de la valentía, del dominio de sí mismo.

    El filósofo es un amante de la sabiduría. Pero, ¿de qué tipo de sabiduría? Para Platón, se trata de un saber racional, reflexivo, adquirido mediante el método dialéctico. Saber o conocer es contemplar, y en esa contemplación llegamos a la verdad, a la belleza, al bien. Para Aristóteles, de todo el conocimiento humano. Para los escolásticos y otros filósofos de la Edad Media, todo el conocimiento humano de las cosas de la naturaleza. Para los filósofos actuales, se trata de todo el saber humano en general. Pero la sabiduría que cultiva la filosofía no es una ciencia concreta y determinada como cualquiera de las ramas del saber, sino que ella quiere llenar un doble acometido: reflexionar sobre las formas del conocer y el obrar humano, expresándolas en sus conclusiones últimas y en su naturaleza esencial, y buscar, más allá de los datos que las conclusiones proporcionan, la verdadera naturaleza y los principios de las tres grandes realidades que a la mente humana se ofrecen: mundo, hombre y Dios.

    El auténtico filósofo es aquel que ama la sabiduría, toda y por entero. El filósofo es el que lleva de frente todas las ciencias con ardor igual, que desearía abrazarlas todas y tiene un deseo insaciable de aprender. Los verdaderos filósofos son los que gustan contemplar la verdad. Los contempladores de la verdad son los únicos a quienes conviene el nombre de filósofos. El alma del filósofo auténtico es capaz de elevarse hasta la esencia de la belleza misma, reconocerla y unirse a ella. Sólo el verdadero filósofo es capaz de elevarse hasta lo bello en sí y contemplarlo en su esencia. Sólo el filósofo auténtico, que es capaz de contemplar la belleza, sea en sí misma, sea en lo que participa de su esencia, que no confunde lo bello y las cosas bellas, y que no toma jamás las cosas bellas por lo bello, vive en la realidad y no en el sueño. El filósofo ama la sabiduría, toda y por entero. Sus conocimientos, fundados en una vista clara de los objetos, son una verdadera ciencia; los que descansan en la apariencia, corresponde al universo de la opinión, y ésta no es otra cosa que la facultad que tenemos de juzgar por la apariencia. La opinión es una intermediaria en la ciencia y la ignorancia. Por consiguiente, para los que ven la multitud de cosas bellas, pero que no distinguen lo bello en su esencia, ni pueden seguir a los que intentan demostrárselo, que ven la multitud de cosas justas, pero no la justicia misma, y lo mismo todo lo demás, diremos que todos sus juicios son opiniones y no conocimientos... Los que contemplan la esencia inmutable de las cosas tienen conocimientos y no opiniones. El nombre de filósofo sólo se dará a los que se consagran a la contemplación de la esencia de las cosas.

    Los verdaderos filósofos son aquellos cuyo espíritu puede alcanzar el conocimiento de lo que existe siempre de una manera inmutable; quienes giran alrededor de muchos objetos mudables no son filósofos; quienes conocen la esencia de las cosas. El gobernante debe ser capaz de unir la experiencia con la especulación. El filósofo debe amar con pasión la ciencia que puede conducirle al conocimiento de las esencias. El filósofo debe amar la sabiduría y desechar la mentira, porque el espíritu verdaderamente ávido de ciencia debe, desde la primera juventud, amar y buscar la verdad. En el alma del verdadero filósofo no habrá nada que le rebaje, porque la pequeñez no puede tener absolutamente cabida en un alma que debe abrazar en sus indagaciones todas las cosas divinas y humanas. El filósofo es un hombre justo; por consiguiente, es moderado en sus deseos, exento de concupiscencias, de bajeza, de arrogancia y de cobardía. El alma nacida para la filosofía desde pequeña mostrará equidad y dulzura; tiene habilidades para aprender mucho y posee buena memoria. El filósofo está dotado de memoria, de penetración, de grandeza de alma, de afabilidad; es amigo de la verdad, de la fortaleza y de la templanza. Es un hombre perfeccionado por la educación y la experiencia. Para ser un verdadero sabio es necesario amar la verdad, que debe buscarse en todo y por todo. El auténtico filósofo recibe de la naturaleza la facilidad de aprender, la memoria, el valor y la grandeza del alma.

    Cuando se pregunta qué sabiduría es la que el filósofo busca, empiezan a disentir los mismos filósofos. Para unos, la filosofía es el sistema de todos los conocimientos humanos o la doctrina de la ciencia; para otros es la ciencia de las ciencias; para los de más allá es una intuición o visión general del mundo, y para el resto, una actividad, que por un lado estudia, forma y analiza conceptos, y por otro examina la realidad en sus causas, razones y principios en un proceso de valoración de la misma.

    El filósofo no es un viajero o turista como los ordinarios, sino que a su paso va observando cuidadosamente las cosas para sacar de ellas lecciones importantes desconocidas hasta entonces. Lejos de ser un pedante que cree poseer la sabiduría, empieza por confesar que está lejos de ella y por eso se da a buscarla. Es quien busca un saber superior, un saber que se refiera a todas las cosas y que por eso se puede llamar un saber fundamental. Es aquel que se preocupa no tanto por el uso práctico e inmediato de las cosas, cuanto por lo que estando más allá de ellas les da su sentido y valor. Un filósofo es un ser rico en ideas y en sugerencias, con mil sentidos para captar esencias en donde el resto de los hombres no ve más que palabras. El filósofo es ante todo un espíritu que se recluye para oírse y oír el mensaje del universo y traducirlo luego como visión de vida y visión del mundo.

    El filósofo es un idealista. Esto podría sonar como una persona soñadora, ilusa para nuestro mundo actual y su problemática, que busca soluciones rápidas especialmente en las ciencias. Pero sin idealistas sería inconcebible el progreso. Según José Ingenieros, el culto del "hombre práctico", limitado a la contingencia del presente, importa un renunciamiento a toda perfección. El hábito organiza la rutina y nada crea hacia el porvenir; sólo de los imaginativos espera la ciencia sus hipótesis, el arte su vuelo, la moral sus ejemplos, la historia sus páginas luminosas. Son la parte viva y dinámica de la humanidad; los prácticos no han hecho más que aprovechar de su esfuerzo, vegetando en la sombra. Todo porvenir ha sido una creación de los hombres capaces de presentirlo, concretándolo en infinita sucesión de ideales. Lo único malo es carecer de ideales y esclavizarse a las contingencias de la vida práctica inmediata, renunciando a la posibilidad de la perfección moral. Cuando un filósofo enuncia ideales, para el hombre o para la sociedad, su comprensión inmediata es tanto más difícil cuanto más se elevan sobre los prejuicios y el palabrismo convencionales en el ambiente que lo rodea; lo mismo ocurre con la verdad del sabio y con el estilo del poeta.

    Para Nietzsche, el filósofo es un ser crítico, que no come entero, amigo de la persona. Es un inventor de posibilidades de vida. Es un fisiólogo y un médico. Un legislador, un creador de nuevos valores. Filósofo médico (es el médico quien interpreta los síntomas), filósofo artista (es el artista quien modela los tipos), filósofo legislador (es el legislador quien determina el rango, la genealogía). El filósofo, en tanto que filósofo, es sintomatologista, tipologista, genealogista. El filósofo no debe dejarse contaminar, para poder disfrutar de una aparente libertad, por el engaño en que se suele vivir y en el cual viven tranquilamente casi todos los hombres. Si el filósofo quiere buscar la verdad, debe luchar por su independencia, debe romper con todas las ataduras que le impiden avanzar en dicha búsqueda, se le pide el desarraigo total. El filósofo debe amar la verdad por encima de todo, pero sin ser dogmático; debe vivir en continua lucha con su época, debe superar el hoy y su meta debe ser siempre el mañana, debe ser legislador y creador de valores. Para ser un filósofo hace falta ser seco, claro, sin ilusiones. El filósofo nietzscheano no puede quedar adherido a ninguna persona, aunque sea la más amada; a ninguna patria, aunque sea la más fuerte y la que más necesita ayuda; a ninguna compasión, aunque se dirigiese a hombres superiores, en cuyo raro martirio y desamparo un azar ha hecho que fijemos la mirada; a ninguna ciencia, aunque nos atraiga hacia sí con los descubrimientos más preciosos, al parecer reservados directamente a nosotros; a ningún tipo de desasimiento, a aquella voluptuosa lejanía y extranjería del pájaro que huye cada vez más lejos hacia la altura a fin de ver cada vez más cosas por debajo de sí. El filósofo del futuro no buscará la gloria en las palabras, pero sabrá ser el hombre de la honestidad, del amor a la verdad, del amor a la sabiduría, del amor a la soledad, se inmolará por el conocimiento, sabrá retraducir el hombre a la naturaleza, sabrá adueñarse de la naturaleza. El filósofo es un desconfiado, libre, audaz, constante, honesto y hasta cruel (en el sentido de que la verdad duele, pero hay que buscarla siempre).

    Los filósofos suelen ser esquivos o rebeldes a los dogmatismos que los oprimen. Resisten la tiranía del engranaje nivelador, aborrecen toda coacción, sienten el peso de los honores con que se intenta domesticarlos y hacerlos cómplices de los intereses creados, dóciles, maleables, solidarios, uniformes en la común mediocridad. Las fuerzas conservadoras que componen el subsuelo social pretenden amalgamar a los individuos, decapitándolos: detestan las diferencias, aborrecen las excepciones, maldicen al que se aparta en busca de su propia personalidad. El filósofo, el original, el imaginativo, el creador, no teme sus odios: los desafía, aún sabiéndolos terribles porque son irresponsables. Por eso todo filósofo es una viviente afirmación del individualismo aunque persiga una quimera social: puede vivir para los demás, nunca de los demás. Su independencia es una reacción hostil a todos los dogmatismos. Son forzosamente inquietos, como todo lo que vive, como la vida misma.

    Los espíritus afiebrados por algún ideal son adversarios a la mediocridad: soñadores, apasionados contra los ocultistas, indisciplinados contra dogmáticos. Son alguien o algo contra los que no son nadie ni nada. Todo idealista es un hombre cualitativo: posee un sentido de las diferencias que le permiten distinguir entre lo malo que observa y lo mejor que imagina. Los hombres sin ideales son cuantitativos: pueden apreciar el más y el menos, pero nunca distinguen lo mejor de lo peor.

    En concepción de Ortega y Gasset, el hombre-masa no se exige nada. No pretende hacer con su vida ninguna cosa particular. No intenta construirse de ninguna manera. Para él, la vida consiste en vivir en cada instante lo que ese instante ya es. La perfección sobre sí mismo es inconcebible. El hombre-masa no se valora a sí mismo, no se construye en ningún sentido. Siente, decide, obra, piensa y expresa como todo el mundo. Se siente tranquilo. A partir de su inauténtica realidad construye su cotidianidad y su proyecto de vida. Su máxima satisfacción reside en fundirse con la multitud, en saberse y sentirse como todos los demás. Por eso se pregunta el pensador español que si ¿pueden las masas, aunque quisieran, despertar a la vida personal?

    ¿QUIÉN ES UN HOMBRE AJENO AL MUNDO DE LA FILOSOFÍA?

    El hombre ajeno a la filosofía es como un pastor ingenuo. Nada lo asombra. Para él, las cosas han sido siempre así y seguirán siéndolo, desde la tierra que pisa hasta el "rebaño" que apacienta. Quien no se apasiona por la filosofía piensa con la cabeza del hombre del "rebaño": no entendería el idioma del que le explique algún misterio del universo o de la vida, la evolución eterna de todo lo conocido, la posibilidad del perfeccionamiento humano en la continua adaptación del hombre a la naturaleza. Permanece sujeto a dogmas que otros le imponen, esclavo de fórmulas paralizadas por la herrumbre del tiempo. Su rutina y sus prejuicios le parecen eternamente invariables; su obtusa imaginación no concibe perfecciones pasadas ni venideras; el estrecho horizonte de su experiencia constituye el límite forzoso de su mente. La sociedad piensa y quiere por él. No tienen voz, sino eco. No hay líneas definidas en su propia sombra, que es, a penas, una penumbra. Se deja engañar por las apariencias y toma en serio todos los dogmatismos sociales: constantemente ocupado de someterse a las farsas mundanas. Su rasgo característico, absolutamente inequívoco, es su deferencia por la opinión de los demás. No habla nunca; repite siempre. Juzga a los hombres como los oye juzgar. Reverencia a su más cruel adversario, si éste se encumbra; desdeña a su mejor amigo si nadie lo elogia. Su criterio carece de iniciativas.

    Es un hombre acrítico, y este tipo de ser es una sombra proyectada por la sociedad. Está perfectamente adaptado para vivir en el "rebaño", reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos útiles para la domesticidad.

    ¿POR QUÉ FILOSOFAMOS?

    Filosofamos en función de la autoliberación y autorrealización humana. Filosofamos porque la reflexión critica y sistemática no sólo tiene por objeto expresar en el ámbito conceptual el mundo vivido sino también el proyectar modelos operativos que posibilitan la transformación de la realidad. El hombre filosofa y filosofará por una condición innata de su naturaleza, en la que el saber y el anhelo de saber más son algo fundamental. Y precisamente, el hombre afirma su propia personalidad en cuanto más sepa acerca de la naturaleza, origen y destino de sí mismo y del universo.

    ¿QUÉ ES Y CÓMO SE DESENVUELVE LA ACTITUD FILOSÓFICA?

    La actitud filosófica es la disposición de la mente para plantearse y resolver los problemas que afectan profundamente al hombre. El asombro y la curiosidad crean la necesidad en el hombre de plantearse la explicación de la realidad como un todo y a considerar a los objetos desde un punto de vista totalitario y universal.

    La filosofía se plantea problemas que conducen al filósofo al asombro y a la curiosidad por lo total y universal; contempla mentalmente el desfile de los datos y los organiza, separa reflexivamente lo universal y permanente que tienen esos datos, con el fin de integrar el conocimiento total. En síntesis, la filosofía tiene una disposición problemática, una disposición teorética y una voluntad de abstracción.

    En el comienzo la mente filosófica hace un problema de todo aquello que ha excitado su asombro y su curiosidad; la conciencia problemática se pone en marcha ante su extrañeza, ante el contraste entre lo conocido y lo desconocido. Se pregunta el cómo y el porqué de todo aquello.

    La curiosidad, la investigación, la indagación o el asombro es la actitud que nos pone en contacto con todo lo existente, y que está ahí, discretamente, para ser buscado y, en muchas ocasiones, encontrado, descubierto.

    En una segunda fase se propone responder a sus preguntas iniciales, para lo cual contempla el desfile de sus datos (teoría), y se traza un camino (método), con el fin de organizar dichos datos y dar satisfacción a su afán de saber total. La disposición teorética elabora un sistema de ideas mediante la contemplación y organización de aquellos datos. Cuando se limita a examinarlos, la mente desarrolla una actividad crítica, y cuando los organiza, desenvuelve una actitud especulativa; permitiéndole a esta última establecer la unidad de aquella procesión de elementos mediante una visión sinóptica de los mismos.

    ¿CÓMO SE HA VISTO A LA FILOSOFÍA? Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11

    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11



    La filosofía se ha visto como un estudio serio y sereno, una ciencia universal, una ciencia de los problemas límite y de las cuestiones fundamentales, una ciencia radical que quiere investigar hasta la raíz.

    ¿QUÉ SIGNIFICA HACER FILOSOFÍA?

    Significa tomar conciencia crítica de nuestra realidad y de su problemática, en busca de su transformación, solución y mejoramiento de la calidad de vida. Es preguntarse por todo lo que nos rodea, cuestionar nuestro entorno y la forma como percibimos, interpretamos y sistematizamos nuestra realidad y la de los demás. Hacer filosofía significa entregarnos a una rigurosa y sistemática búsqueda de la verdad en nuestra cotidianidad y más allá de lo evidente.

    Es adentrarnos, a través del pensamiento, en el estudio, la reflexión y el análisis de la realidad, en búsqueda de las respuestas a las preguntas que a cada momento nos estamos formulando. Es preguntarnos por los temas que nos inquietan: hombre, mundo, Dios. Así mismo, es un acercamiento a desentrañar la apasionante y a veces esquiva verdad sobre la vida, la muerte, el ser, la libertad, la religión, la historia, la cultura, la civilización, el cosmos, la autenticidad, la ética, la política, el conocimiento, la realidad, los problemas, etc.

    Significa buscar respuestas concretas a los porqués y paraqués que a diario surgen de nuestra cotidianidad, y que nos inquietan porque buscamos dilucidar el porqué de las cosas. Es emerger de la cotidianidad y desde afuera observar reflexivamente la realidad, buscando comprender muchos fenómenos y circunstancias que nos sojuzgan, alienan, oprimen, cosifican (instrumentalizan), masifican, esclavizan y alienan.

    Es saber cómo se plantea un problema a la propia realidad en procura de la autorrealización y autoliberación del hombre. Es desarrollar idoneidad para elevar el nivel de profundidad de la reflexión; poner en cuestión las evidencias del sentido común, de lo establecido social y políticamente y lo que se cree como legitimado; es búsqueda de seres autónomos y libres, que indaguen por el bienestar del hombre en sus diferentes niveles de conveniencia.

    Significa abrir espacios donde uno pueda cuestionar, criticar, analizar y reflexionar sobre los problemas concernientes al hombre y su realidad. Es entregarnos reflexivamente a la más respetable de las tareas del hombre, por cuanto hacer filosofía es elaborar un proyecto existencial que nos permita conocer profundamente elementos que mejoren nuestra calidad de vida; preguntarnos por nosotros mismos, por nuestros problemas, por nuestro entorno, por nuestra realidad; en fin, por nuestra vida que también es uno de los más grandes problemas que la filosofía busca responderle sus infinitas preguntas. Es una renovada marcha hacia el fundamento, que quiere y puede transmitir aquella convicción inicial de que siempre hay algo más allá de lo que está ante nuestros ojos.

    Filosofar o hacer filosofía es buscar respuestas al acontecer del hombre, que es la fuente desde donde parten todas las preguntas del discurso filosófico. Es acercarnos a la verdad, asomarnos en lo cotidiano y plantearnos interrogantes que nos permitan conocer la esencia de las cosas, el motivo de la existencia, el porqué de todo cuanto existe y el valor social y político del ser humano.

    En síntesis, hacer filosofía significa buscar respuestas y explicaciones a todo lo que ocurre y existe en nuestro entorno.

    ¿PARA QUÉ SE HACE FILOSOFÍA?

    Por la necesidad que tiene el hombre de conocer y comprender muchas cosas que le inquietan, y por el afán de saber quién es él, de dónde viene y para dónde va. Así mismo, porque estamos ávidos de respuestas a muchos interrogantes que surgen a diario y que requieren ser resueltos para comprender aspectos de vital importancia en nuestra existencia.

    Porque el pensar y por lo mismo la filosofía es un camino necesario de recorrer para elevar nuestra existencia del reino de inconsciencia y de las necesidades , libres, responsables y virtuosos. Filosofar es un requisito para ser libres, entendiendo la libertad como la responsabilidad de ser uno mismo.

    Se hace filosofía para estimular y orientar el pensamiento riguroso, fraguar seres libres, forjar ciudadanos conscientes y honestos, etc. Para que el hombre tome conciencia de su realidad y de su problemática, comprometiéndose en su transformación y mejoramiento, teniendo en cuenta que debe ser coherente con el pensar, el sentir y el actuar. Para hacer del hombre una persona crítica y reflexiva en todas sus circunstancias existenciales. Una persona que no acepte sin reflexionar los planteamientos, las formas de actuar y los condicionamientos sociales. Para que el hombre piense, y que ese pensar lo lleve a transformar la realidad.

    Si la filosofía es siempre un intento de autocomprensión de la realidad, una interpretación crítica del hombre y de las cosas, se hace filosofía para trascender contra el absolutismo del pensamiento de los orígenes y de la teoría pura, contra toda forma de cientificismo que consiste en creer que la ciencia es la única forma de conocimiento posible, queriendo fundar un monopolio congnoscitivo del saber científico que tienda a legitimar todas las acciones y procesos. La reflexión filosófica debe apuntar contra la conciencia autocrítica que excluye los procedimientos racionales y quiere convertir la práctica social en un asunto de análisis empírico donde la solución es un control técnico.

    Para asumir una actitud crítica y reflexiva sobre nuestra existencia y su sentido, el mundo y su concepción, y la vida como problema inherente al ser humano; buscando siempre la humanización y la libertad del hombre, centro y elemento fundamental del universo. Para que la persona empiece a cuestionarse sobre su propio ser y a tomar conciencia de su realidad, buscando ilimitada y absolutamente la verdad del hombre y de su mundo.

    Se hace filosofía en procura de una vida auténtica, personalizada, libre; para evitar ser arrastrado por las circunstancias y la corriente de la vida. También para asumir auténticamente la vida, autorrealizarnos, autoliberarnos, trascender, emerger de la inmediatez de las cosas, tomar decisiones propias; para ver más allá de las apariencias, salir de la cotidianidad, percibir, interpretar y sistematizar la realidad más allá del sentido común y las falsas evidencias. Para tener una visión general, reflexiva, crítica, sistemática, prospectiva y metódica de la realidad.

    Se hace filosofía para conocer el entorno, entenderlo y procurar los medios para modificarlo, de acuerdo con las necesidades de cada momento histórico. Para buscar una solución a los interrogantes que preocupan y asombran al hombre. Igualmente, porque la filosofía tiene un papel central en la formación del ser humano. Sólo tendremos hombres en el pleno sentido de la palabra cuando aprendamos a servirnos de nuestro saber para la construcción de un mundo más humano.

    La filosofía, que tiene sus métodos y sus problemas, lejos de ser un esfuerzo inútil, es una actividad de invaluable importancia, que nos permite comprender que la vida humana va más allá de sus dimensiones materiales e inmediatas. Ella nos enseña a plantearnos coherentemente y con exactitud los verdaderos problemas, a diferenciarlos de los seudoproblemas, a elucidar nuestros pensamientos, a manifestar de manera diáfana y auténtica lo que pensamos y defender nuestras posiciones con sólidos argumentos. Filosofamos para inquietar, para cuestionar, refutar y asumir críticas ante la realidad.

    Se filosofa para buscar solución a la problemática que nos afecta a los latinoamericanos y que se relaciona con la negación de la libertad en todos los órdenes, el pauperismo, el atraso, la dependencia, el colonialismo, la violencia, la opresión, entre muchas otras circunstancias que contribuyen a la deshumanización de nuestro pueblo. Para liberarnos del yo-conquisto, yo-domino, yo-decido y yo-pienso impuesto por la cultura y el pensamiento europeo.

    Hacemos filosofía, especialmente en perspectiva latinoamericana, para que a través de una praxis liberadora podamos disminuir paulatinamente la influencia y manipulación de Europa y los Estados Unidos. Filosofamos en búsqueda de la verdad, la libertad y la justicia de América Latina. Así mismo, para pensar y reflexionar respecto a nuestra situación de sometimiento; para responsabilizarnos de ésta y enfrentarla, comprometiéndonos con la búsqueda de soluciones coherentes, situadas y aterrizadas a esta innegable y evidente problemática.

    En fin, se hace filosofía porque ésta es una forma de vida; porque necesitamos explicaciones de todo lo existente, reflexionar sobre la condición del hombre y su destino; y porque nuestra vida es una incansable búsqueda de la verdad de nosotros mismos y de todo cuanto existe.

    ¿CÓMO RESPONDE LA FILOSOFÍA A LA PREGUNTA POR EL HOMBRE?

    Alrededor de la pregunta "¿Qué es el hombre?" los filósofos buscan discernir si el hombre es algo más que materia perfeccionada, encontrar el origen o procedencia y el destino de ese ser singular, descubrir su libertad y su sometimiento a las leyes. La filosofía estudia al hombre como fundamento y supuesto de todo lo demás. Todo está en la realidad referido de alguna manera al hombre.

    El hombre es un animal, un animal raro, una especie única. El hombre posee un arma poderosa: la inteligencia. Ostenta una serie de cualidades completamente particulares: la técnica, la tradición, el progreso, el pensamiento y la reflexión.

    Muchos filósofos han tratado de responder esa pregunta, así: Protágoras: El hombre es la medida de todas las cosas. Sócrates: Conócete a ti mismo. "El hombre es fundamentalmente un ciudadano". Platón: Todo el destino de la vida terrena consiste en purificarse hasta llegar a contemplar las ideas en su fuente, el sumo bien. "El hombre está compuesto por un alma y un cuerpo". Aristóteles: El hombre es un ser viviente racional. Es un animal que posee logos o palabra. Es un animal que habla. "El cuerpo es la materia de la cual el alma es su forma". San Agustín: El hombre tiene el noble destino de regresar a la fuente de la verdad: Dios. "El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios". Santo Tomás: El hombre es una persona humana. "El alma da vida y forma al cuerpo". Maquiavelo: El hombre es malo por naturaleza. Escolástica: El hombre es una animal racional. Hobbes: El hombre es por naturaleza un ser antisocial. Rousseau: El hombre es bueno por naturaleza. "Todo los hombres nacen libres e iguales, pero la sociedad los corrompe". Pascal: El hombre es una caña pensante (fragilidad y grandeza). No es más que una caña, la más vil de la naturaleza, pero es una caña que piensa. Voltaire: El hombre liberado de toda clase de prejuicios progresa por sí solo, dominado por sus pasiones. Descartes: El hombre es una cosa pensante. "La razón diferencia al hombre de todos los demás seres de la naturaleza". Malebranche: Las acciones que parecen del hombre son realidad de Dios: el hombre sólo ha servido en ellas como ocasión para que Dios actúe. (Ocasionalismo). El hombre no tiene otra realidad, sino ser modo de la sustancia única: Dios. (Panteísmo). Leibniz: El hombre está compuesto de mónadas. Empirismo: El hombre no es más que un cuerpo mecánicamente accionado, sin libertad. Locke: Los hombres son libres e iguales y buscan la felicidad: para conseguirla convienen entregar todos los poderes a una institución. Berkeley: El hombre es espíritu infinito. Hume: El hombre es el yo empírico de los actos. Kant: El hombre es el yo trascendental. "El ser libre es el que obedece a las leyes de su propia razón y no a las pasiones". Hegel: El hombre es absoluta idea. "El hombre debido a su naturaleza imperfecta y limitada siempre va hacia delante". Feuerbach: El hombre es el Dios del hombre. Marx: El hombre es un conjunto de relaciones sociales. "El hombre es parte del proceso de transformación de la realidad material y social, es ser social por naturaleza". Schopenhauer: Voluntad de vivir o voluntad de ser. La voluntad de vivir es un noúmeno, está fuera del tiempo y del espacio, es en sí y puede manifestarse tan sólo cuando llega a ser fenómeno (limitado en el tiempo y el espacio). Nietzsche: Voluntad de poder. El hombre es voluntad de poder. "La vida, es ante todo, voluntad de poder". Skinner: El hombre es un cuerpo que se comporta. Bergson: El progreso del hombre se realiza mediante una moral abierta y con una relación dinámica regida por el amor. Darwin y Spencer: El hombre es un producto de la evolución de la vida. Kierkegaard: El hombre es lo irrepetible y concreto, lo que no puede ser estandarizado, masificado o exteriorizado por conceptos, como si fuera un objeto. Husserl: El hombre es conciencia absoluta. Heidegger: El hombre es un ser que sobrepasa o trasciende, porque no está hecho, sino que se hace, relacionándose con le mundo y con los hombres. Sartre: El hombre es un ser para sí (conciencia) que inútilmente quiere hacerse en sí (materia): no lograría conseguirlo, porque se destruiría como hombre. Es un error de la naturaleza, una criatura mal hecha, una pasión inútil. El hombre no tiene sentido alguno. "La angustia es reveladora de la libertad del hombre". Marcel: El hombre no es un problema, sino un misterio, algo íntimo al ser, con el que está comprometido. Zubirí: El hombre es un animal inteligente, es decir, un animal de realidades. No es sólo aquello que lo distingue del animal, sino también lo que comparte con él.

    Los filósofos tienen su modelo del hombre. Por ejemplo, para Kant, es el hombre ilustrado; para Moro, el utópico; para Freud, el desneurotizado; para Mar, el socializado; para Habermas, el comunicativo; para Eley, el pragmático universal.

    ¿CUÁL ES EL PROBLEMA CENTRAL DE LA FILOSOFÍA?

    El problema central de la filosofía es el problema de la relación entre el pensar y el ser, entre el espíritu y la naturaleza. ¿Qué es primero el espíritu o la naturaleza? El idealismo dice que es primero el espíritu, el materialismo sostiene que primero es la naturaleza. El agnosticismo ha tratado de conciliar estas posiciones.

    La relación entre el ser y el pensar es el problema fundamental de la filosofía, según sea la respuesta que se de, así se resolverán todos los demás problemas filosóficos: el de la unidad del mundo, el del carácter de las leyes de su desarrollo, el de la esencia y las vías de conocimiento del mundo, etc. Por cuanto, a parte de lo material y lo espiritual, en el mundo no hay nada, es por tanto imposible crear un sistema filosófico y esbozar un cuadro del mundo en su conjunto sin resolver el problema fundamental de la filosofía.

    El problema fundamental de la filosofía presenta dos aspectos. El primero incluye la respuesta a la cuestión de ¿qué es lo primero: la materia o la conciencia? ¿Es la materia la que engendra la conciencia o al contrario? El segundo aspecto da respuesta a la cuestión de si el mundo es cognoscible, de si la razón humana es capaz de penetrar en los misterios de la naturaleza, de sacar a la luz las leyes de su desarrollo.

    Problema central de toda preocupación filosófica lo ha sido el de la liberación del hombre tanto de la naturaleza como del afán de dominio de sus semejantes.

    ¿CUÁLES SON LOS PROBLEMAS DE LA FILOSOFÍA?

    Para Aristóteles, es el ente en cuanto ente. Según Kant, éstos son los problemas básicos de la filosofía: Metafísica (¿Qué puedo saber?). Moral (¿Qué puedo hacer?). Religión (¿Qué puede esperar?). Antropología (¿Qué es el hombre?). Para Hegel, es Dios. Según Marx, es la relación entre el pesar y el ser, la posibilidad del conocimiento del mundo. Para la filosofía analítica el lenguaje. Para Heidegger, el ser, en el sentido del ser.

    Hombre, mundo, Dios y conocimiento constituyen el horizonte de la búsqueda teórica que el modo peculiar de preguntar y responder suscitan los sistemas y formas básicas de las doctrinas filosóficas.

    ¿CUÁL ES LA PREGUNTA FUNDAMENTAL DE LA FILOSOFÍA?

    ¿Qué es el ser? El ser es lo que es o puede llegar a ser. Ser es existir, estar ahí. Ser es consistir, ser esto, ser lo otro. Qué es quiere decir cuál es su esencia, en qué consiste. El ser no se puede definir. El ser sólo se puede señalar. Hay que distinguir el ser auténtico (el ser en sí) y el ser falso (el ser otro). El ser puede ser abstracto y concreto. Los caracteres fundamentales del ser son: indefinido (no se puede definir), absoluto (existe en sí y por sí), incondicionado (no requiere de la existencia de otros para ser) e irrelativo (no precisa de relación alguna con otros seres).

    ¿CÓMO RESPONDEN LOS FILÓSOFOS A LAS PREGUNTAS QUIÉN EXISTE Y QUÉ ES LO QUE EXISTE?

    A las preguntas ¿quién existe? y ¿qué es lo que existe?, así responden algunos filósofos: Tales: Agua. Anaximandro: Apéiron (cosa indeterminada). Anaxímenes: Aire. Empédocles: Agua, aire, fuego y tierra. Pitágoras: El número. Heráclito: El fuego. Parménides: La realidad es el ser, único, perfecto, inmutable. El ser, es; el no ser, no es. Demócrito: El fundamento del universo son los átomos, partículas indivisibles, extensas, de naturaleza homogénea, moviéndose permanentemente en el vacío (espacio). Anaxágoras: Los últimos elementos del cosmos son las homeomerías. En cada una de ellas está contenido el universo. Todo está en todo. El orden cósmico es producto de una inteligencia superior, el nous. Sócrates: Conceptos. Platón: El fundamento del universo son las ideas, modelos arquetípicos de todo lo existente. Aristóteles: Cosas individuales, el mundo de las cosas y yo en ellas. La sustancia, que tiene consistencia y esencia. San Agustín: El ser por excelencia es Dios, sol que ilumina las verdades eternas ante los ojos del alma. Santo Tomás: El ser fundamental es Dios, pero su existencia no se revela en forma inmediata. La existencia de Dios es demostrable a posteriori por la razón humana a partir de las cosas naturales. Descartes: El pensamiento. Existo yo pensando. Yo y mis pensamientos. (Yo, extensión, Dios). Locke: Sensación (experiencia interna). Reflexión (experiencia externa). Un "no sé qué" (sustancia). Berkeley: Vivencias (Yo y Dios). Yo con mis vivencias; pero allende de mis vivencias no existe nada. Hume: Impresiones. Kant: Fenómeno (El mundo o las cosas tal como las vemos, percibimos y sentimos). Leibniz: Mónada (Sustancia). Es sola, indivisible, inmaterial; aquello que tiene fuerza (capacidad de obrar, actuar), energía, vigor; no son cuerpos. Spinoza: Dios. Fitche: Yo absoluto. Schelling: Identidad absoluta. Hegel: La razón (lo real es racional y lo racional es real). El ser es la idea, cuyo desarrollo dialéctico culmina en el pensamiento filosófico. Feuerbach: La única realidad es el ser material. Dios es un producto de la imaginación del hombre. Marx: La materia es el fundamento del ser. El espíritu es un producto del desarrollo material que ha alcanzado un alto nivel de complejidad. El espíritu es la materia pensante. Kierkegaard: El ser que existe es el hombre concreto, que vive y sufre. La angustia es el estado fundamental de la existencia. Nieztsche: Voluntad de poder. Su doctrina se fundamenta en el vitalismo metafísico y la voluntad de poder que llega a su culminación en el superhombre. Husserl: Centra su pensamiento en el concepto de esencia, unidad objetiva de sentido, de carácter lógico-ideal. La esencia viene a ser el objeto mismo con su contenido ideal.

    ¿SOBRE QUÉ RECAE EL SABER FILOSÓFICO?

    En Aristóteles, el saber filosófico recae sobre ente; en Kant sobre el objeto; en Comte sobre los hechos científicos; en Bergson sobre los hechos inmediatos de una conciencia; en Dilthey sobre la vida; en Husserl sobre la vida entera y sus objetos reducidos a esencia fenoménica; en Heidegger sobre el ser puro.

    ¿SOBRE QUÉ SE HA FILOSOFADO?

    La filosofía antigua comienza con la preocupación por explicarse el cosmos como totalidad, dando respuestas cada vez más sutiles y menos inmediatistas: explicaciones físicas, matemáticas, metafísicas. La filosofía griega estuvo centrada sobre el concepto de naturaleza y de generación. A partir de los sofistas, la problemática se centra en el hombre y en su comportamiento. La demarcación del saber, distinguiendo los conocimientos verdaderos de los aparentes o falsos, que ya había sido insinuada en Parménides, alcanza en Platón un desarrollo notable. En base a un estado particular del saber, se elaboraron los grandes sistemas filosóficos clásicos (Platón y Aristóteles) y concurren, en el ocaso de la Edad Antigua, las diversas escuelas helenístico-romanas que buscan un ideal de vida digno del hombre en un mundo políticamente ajeno. Los griegos descubrieron que con la razón, con el pensamiento racional, se pueden hallar lo que las cosas son, se puede averiguar el último fundo de las cosas.

    Durante el medievo, desde la preocupación moral de las escuelas helenístico-romanas y a partir de la propagación del cristianismo, los primeros intelectuales cristianos trataron de hacer inteligible el mensaje evangélico utilizando el marco cultural del momento (neoplatonismo). La Escolástica trataría de demostrar y sistematizar lógicamente lo conocido por la revelación cristiana con elementos de la cultura heredada. A pesar de la aparente uniformidad del filosofar medieval, está latente el problema de la demarcación saber no saber (nominalismo) que provocará la decadencia de la Escolástica y preparará una nueva etapa en el desenvolvimiento del filosofar con el método cartesiano.

    La filosofía moderna se inicia con la abierta pugna contra la metodología aristotélica (F. Bacon y R. Descartes) y centra su problemática filosófica en el sujeto como pensante, el hombre reducido a una cosa que piensa (Racionalismo). Las posibilidades del conocer serán cuestionadas por el Empirismo y por Kant, que escindirá al hombre en sujeto cognoscente y sujeto moral. El Idealismo alemán constituirá, con Hegel, el mayor intento de entender todo a partir de la dinámica del espíritu racional. Como reacción a los altos vuelos idealistas, Marx introduce los factores económicos (Materialismo Histórico y Materialismo Dialéctico) para explicar la realidad.

    La filosofía contemporánea o actual es seguramente la etapa más fecunda y matizada de todas las anteriores. Se destacan el Positivismo, el Vitalismo, el Historicismo, el Existencialismo, el Estructuralismo, el Positivismo Lógico (Filósofos del Círculo de Viena).

    ¿QUÉ ES LA RAZÓN?

    En la búsqueda del conocimiento, de la verdad, de la sabiduría, es importante utilizar la razón, que es una facultad intelectual del hombre que le permite pensar, discurrir y juzgar, actuar acertadamente o distinguir lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso. Razón significa aquella facultad constitutiva del ser humano, por la que éste conoce y juzga de lo real de manera discursiva y gradual. La razón es un conjunto de hábitos deductivos, tanteos y cautelas, en parte dictados por la experiencia y en parte basados en pautas de la lógica. La combinación de todos ellos constituye una facultad capaz de establecer o captar las relaciones que hacen que las cosas dependan unas de otras, y estén constituidas de una determinada forma y no de otra. Es un procedimiento intelectual crítico que utilizamos para organizar la información recibida, los estudios realizados o las experiencias que tenemos, aceptando unas cosas y descartando otras, intentando siempre vincular mis creencias entre sí con cierta armonía. Es una facultad capaz, en parte, de establecer o captar las relaciones que hacen que las cosas dependan unas de otras, y estén constituidas de una terminada forma y no de otra. Lo característico de la razón es que nunca es exclusivamente mi razón. La razón es universal porque todos los seres humanos la poseemos, y que la fuerza de la convicción de los razonamientos es comprensible para cualquiera.

    La razón puede servir de árbitro para zanjar muchas disputas entre los hombres. Esa facultad llamada razón es precisamente lo que todos los humanos tenemos en común y en ello se funda nuestra humanidad compartida. La racionalidad es la superación del mundo de la pluralidad hasta reducirlo a su fundamento. El razonamiento es el instrumento del filósofo.

    La razón nos permite revisar lo que sabemos, compararlo con otros conocimientos, someterlos a examen crítico, debatirlos con otras personas que puedan ayudarme a entender mejor; buscar argumentos para asumirlos o refutarlos. Nos sirve para examinar nuestros supuestos conocimientos, rescatar de ellos la parte que tengan de verdad y a partir de esa base tantear hacia nuevas verdades. A través de la razón podemos captar planamente el ser de las cosas. Una de las primeras misiones de la razón es delimitar los diversos campos de la verdad que se reparten la realidad de la que formamos parte. Nuestra vida abarca muchas formas de realidad muy distintas y la razón debe servirnos para pasar convenientemente de unas a otras.

    Razonar no es algo que se aprende en soledad sino que se inventa al comunicarse y confrontarse con los semejantes: toda razón es fundamentalmente conversación. Razonar consecuentemente exige la universalidad humana de la razón, el no excluir a nadie del diálogo donde se argumenta. Razonar es pensar, razonar es argumentar.

    Utilizar la razón es buscar y sopesar argumentos antes de dar como cierto lo que creemos saber. La razón no exige nada especial para funcionar, ni fe, ni preparación espiritual, ni pureza de alma o de sentimientos, ni pertenecer a un determinado linaje o a determinada etnia: sólo pide ser usada.

    La razón nos permite opinar respetando la opinión de los demás. En una sociedad democrática, las opiniones de cada cual no son fortalezas o castillos donde encerrarse como forma de autoafirmación personal: tener una opinión no es tener una propiedad que nadie tiene derecho arrebatarnos. Ofrecemos nuestra opinión a los demás para que la debatan y en su caso la acepten o la refuten, no simplemente para que sepan dónde estamos y quiénes somos. Y desde luego no todas las opiniones son igualmente válidas: valen más las que tienen mejores argumentos a su favor y las que mejor resisten la prueba del debate con las objeciones que les plantean. No sólo tenemos que ser capaces de ejercer la razón en nuestras argumentaciones sino también debemos desarrollar la capacidad de ser convencidos por las mejores razones, vengan de quien vengan.

    Los procesos democráticos requieren pensar, debatir argumentar, sintetizar; es decir, necesitan tiempo. Para entender la verdad de un asunto, es menester oír a las dos partes, sus razones y sus argumentos; tener acceso a los datos y los hechos; estudiar, sopesar, rumiar. Para ponderar a un hablante, debemos escuchar sus ideas, hacer preguntas perspicaces, analizar su sinceridad, entender las implicaciones de lo que tiene para decir.

    ¿CUÁLES SON LAS DIFERENCIAS ENTRE LOS DOS GRANDES SISTEMAS FILOSÓFICOS?1º. Idealismo

    El ideísta se instala en ideas o conceptos y, a partir de ellos, emprende la conquista de la realidad. Se mueve primariamente entre las ideas y sólo, indirectamente, aborda las cosas en un segundo momento. Es verdad que el ideísta, conociendo ideas, pretende conocer cosas, pero a través del rodeo conceptivo. El ideísta desarrolla todo el problema de la filosofía para el lado de la verdad lógica, porque es hipersensible a la verdad; pero sus facultades, en buena medida están obturadas a la realidad en sí misma. Y es en esa realidad de verdad, y no al revés, que debemos conocer las cosas. El ideísta usa y abusa de la lógica de los principios: especula, combina verdades hasta conseguir el sistema que contenga todas las verdaderas ideas de las cosas. Para el ideísta, la sabiduría de la filosofía consiste en vivir instalado en modelos lógicos de pensamiento; en una especie de mundo platónico desde el cual se rige y norma la realidad sensible de las cosas, idealmente, esto es, con las manos limpias de los principios. El ideísta, a la postre, se convierte en un idealista.

    Es la condición de los sistemas filosóficos que consideran la idea como principio del ser y del conocer para elevar sobre la realidad sensible las cosas que se describen o se representan. Aptitud de la inteligencia para idealizar. Inclinación a vivir y actuar con amplitud de miras, sin aferrarse a lo material y convencional.

    Lo que existe en la conciencia del hombre establece el dominio de su actividad (pensamientos, emociones, sentimientos, etc.), constituye la esfera de lo ideal, de lo espiritual.

    Lo filósofos que consideran que es primario el espíritu, la conciencia, se sitúan en el campo del idealismo. A juicio suyo, la conciencia ha existido antes que la materia y ha engendrado, ha traído a la vida a esta segunda, es la base primaria de todo lo existente. Las opiniones de los idealistas se dividieron en la cuestión de qué conciencia crea el mundo. Los idealistas subjetivos consideran que el mundo es creado por la conciencia de un individuo aislado, del sujeto. Los idealistas objetivos afirman que el mundo lo crea cierta conciencia objetiva (existen fuera del hombre).

    Algunos idealistas niegan la cognoscibilidad del mundo (agnósticos). Otros, aunque consideran que el mundo es cognoscible, tergiversan de hecho la esencia de la cognición. Afirman que el hombre no conoce el mundo objetivo, la naturaleza, sino sus propias ideas y sentimientos (idealistas subjetivos) o una idea mística, el espíritu universal (idealistas objetivos).

    Un idealista sostiene que las cosas sólo pueden existir en el pensamiento, porque la realidad percibida no es más que fruto de la imaginación. Piensa que los seres que contemplamos en nuestra existencia sensible, en el mundo sensible, nos son más que sombras efímeras, transitorias, imperfectas, pasajeras, reproducciones ínfimas e inferiores de las ideas. Para el idealismo, lo que existe no son las cosas, sino el pensamiento; éste es lo que existe, puesto que es lo único de que yo tengo inmediatamente la intuición. El pensamiento es, por una parte, pensamiento de un sujeto que lo piensa; y por otra, es pensamiento de algo pensado por ese sujeto; de modo que el pensamiento es esencialmente una correlación entre sujeto pensante y objeto pensado. Sostiene que es necesario encontrar el fundamento de la certidumbre de los datos que nos da el conocimiento sensible, ya que existen grandes contradicciones entre el saber del objeto y el objeto mismo. El idealista afirma que existen las cosas y se dan verdades absolutas, pero no fuera, sino dentro de nosotros, en nuestro pensamiento. Todo lo que conocemos es producto de nuestro pensamiento. La realidad en sí misma no interesa, lo que importa es lo que yo pienso de las cosas, las cosas no son como son, sino como el idealista quiere que sean.

    2º. Materialismo

    Es la doctrina que admite como única substancia la materia, negando la espiritualidad y la inmortalidad de las leyes metafísicas.

    Son fenómenos materiales todo cuanto existe objetivamente, o sea, todo cuanto existe fuera de la conciencia del hombre e independiente de él.

    Los filósofos que consideran que la materia es primaria y la conciencia secundaria, producto de la materia, se sitúan en el campo del materialismo. A su modo de vez, la materia es eterna, jamás la ha creado nadie, en el mundo no existen fuerzas algunas sobrenaturales, del más allá. Por lo que respecta a la conciencia, ésta el producto del desarrollo histórico de la materia, una propiedad de un cuerpo material extraordinariamente complejo: el cerebro humano.

    Los materialistas sostienen que el mundo es cognoscible. Los conocimientos del hombre sobre el mundo son fidedignos, su razón es capaz de penetrar en la naturaleza interna de las cosas, de conocer su esencia.

    Un materialista piensa que como las cosas se presentan no es la manera como son, porque si las cosas fueran como se presentan, la ciencia entera sobraría. Su visión de las cosas dependerá de cómo logre trascender los determinismos a que está sometido. Piensa que la materia es la única realidad del mundo, de la cual se originan los fenómenos concienciales y espirituales, fuera del cual existe la certeza de que no hay separadamente una realidad ultramundana. La materia son el espacio y el tiempo. La materia es increada, autosuficiente e indestructible. La existencia de Dios le resulta inútil, porque la misma materia se convierte en causa de todas las cosas y de las ideas que hay en nosotros. Niega cualquier designio providencial, toda libertad e inteligencia en la formación del mundo, la inmortalidad del alma y la posibilidad de resurrección.

    ¿Existen oposiciones entre los dos grandes sistemas filosóficos?

    El idealismo se opone al materialismo. El idealismo, creado por Platón, afirma que el principio de lo real es la idea, el concepto puro, inmaterial y divino, creador del universo. El materialismo, creado por Demócrito, afirma que el principio de lo real es la materia, eterna, sin principio ni fin, infinita, inagotable. El idealismo considera que el hombre es un producto de la creación divina. El materialismo considera que el hombre es un producto de la evolución material, del desarrollo biológico de las especies. El idealismo afirma que el alma (principio inmaterial) es el motor del cuerpo, cuya inmortalidad garantiza la trascendencia del hombre en el más allá. El materialismo afirma que el alma o espíritu no es otra cosa que la actividad cerebral, enriquecida de contenido por la acción histórico social humano en donde el hombre se realiza. No existe el más allá. El idealismo considera que el conocimiento es producto de la razón pura. El materialismo considera que el conocimiento es un producto de la práctica económica, política y cultural.

    ¿EXISTEN OPOSICIONES ENTRE EL POSITIVISMO Y EL MARXISMO?

    La sociología positivista y la sociología marxista se oponen. La sociología positivista considera que la sociedad capitalista es el modelo ideal de organización humana. La sociología marxista considera al capitalismo inhumano por fundamentarse en la explotación. La sociología positivista defiende el orden social existente. La sociología marxista defiende la necesidad de la revolución socialista. Conceptos básicos de la sociología positivista: ROL: papel o función que un individuo juega en ciertas circunstancias sociales. STATUS: nivel o posición social del individuo. INSTITUCION: conjunto de funciones o papeles reconocidos socialmente y al servicio de necesidades colectivas. ORDEN: organización social jerarquizada. CAMBIO INSTITUCIONAL: cambio lento y gradual de las instituciones. Conceptos básicos de la sociología marxista: CLASE SOCIAL: grupo humano caracterizado por ocupar un lugar definido en el proceso productivo según la forma cómo participa de la propiedad, el control de trabajo y la organización social. PROLETARIADO: clase obrera industrial. PLUSVALIA: valor creado por los obreros y que el capitalista no paga. REVOLUCION SOCIAL: cambio radical del capitalismo para instaurar el socialismo proletario.

    ¿CUÁLES SON LAS DIFERENCIAS ENTRE EL MÉTODO METAFÍSICO Y EL MÉTODO DIALÉCTICO?

    1 El método metafísico no ve en las cosas sino fenómenos aislados; el dialéctico ve en ellas un todo articulado y completo. 2 El método metafísico considera a la naturaleza como quite e inmóvil; el dialéctico la ve en continua evolución y movimiento. 3 El método dialéctico afirma que todo cambio cualitativo es el resultado de cambios cuantitativos. La metafísica lo niega. 4 El dialéctico acepta en el ser contradicciones internas, que son la fuente de toda actividad. La metafísica lo niega.

    ¿EXISTEN OPOSICIONES ENTRE METAFÍSICA Y DIALÉCTICA?

    La metafísica se opone a la dialéctica. La metafísica se fundamenta en el Principio de Identidad formulado por Aristóteles y aceptado por toda la tradición filosófica escolástica, por el racionalismo puro y el materialismo mecanicista. La dialéctica se fundamenta en el principio de contradicción, formulado en la antigüedad por Heráclito y retomado en la filosofía contemporánea por Hegel y Marx. La metafísica considera que las cosas permanecen estáticas, inmutables, aisladas. La dialéctica considera que todo se halla en permanente movimiento, cambio y desarrollo. La metafísica niega las contradicciones. La dialéctica afirma que la realidad es un todo relacionado orgánicamente. La contradicción, la lucha, es la fuente del devenir, del movimiento. La metafísica sólo reconoce evolutivos, graduales, progresivos. La dialéctica afirma que el movimiento de desarrollo de las cosas implica tanto los cambios progresivos (cualitativos) como los saltos o rupturas (cambios de calidad).

    ¿EN QUÉ SE DISTINGUE LA FILOSOFÍA DE LAS DEMÁS CIENCIAS?

    La filosofía no puede ser identificada con las ciencias especiales ni limitada a un solo terreno. Es en cierto sentido una ciencia universal. Su dominio no se limita, como el de las otras ciencias, a un terreno estrictamente acotado. Mas, si ello es así, puede suceder, y de hecho sucede, que la filosofía trate los mismos objetos en que se ocupan otras ciencias. La filosofía se distingue tanto por su método como por su punto de vista. Por su método porque el filósofo no se le veda ninguno de los métodos de conocer. Así, no está obligado, como el físico, a reducirlo todo a los fenómenos observados sensiblemente. Es decir, el filósofo no tiene por qué limitarse al método empírico, reductivo. Puede también valerse de la intuición del dato y de otros medios.

    Se distingue, además, por su punto de vista. Cuando considera el objeto, lo mira siempre y exclusivamente desde el punto de vista del límite, de los aspectos fundamentales. En este sentido, la filosofía es una ciencia de los fundamentos. Donde las otras ciencias se separan, donde ellas no preguntan y dan mil cosas por supuestas, allí empieza a preguntar el filósofo. Las ciencias conocen; él pregunta qué es conocer. Los otros sientan leyes; él se pregunta qué es la ley. El hombre ordinario habla de sentido y finalidad. El filósofo estudia qué hay que entender propiamente por sentido y finalidad. Así, la filosofía es también una ciencia radical, pues va a la raíz de manera más profunda que ninguna otra ciencia. Donde las otras se dan por satisfechas, la filosofía sigue preguntando e investigando.

    No siempre es fácil decir dónde está el límite entre una ciencia particular y la filosofía. Hay, sin embargo, algunos terrenos en que la frontera aparece clara. Tal es, por una parte, la ontología, disciplina que no trata de esta o la otra cosa, la esencia y la existencia, la cualidad y otras por el estilo. Por otra parte, a la filosofía pertenecer también el estudio de los valores como tales, no como aparecen en la evolución de la sociedad, sino en sí mismo. En estos terrenos, la filosofía no confina sencillamente con nada. No hay fuera de ella una ciencia que se ocupe ni pueda ocuparse en estos temas. Y la ontología se da luego por supuesta en las investigaciones sobre otros terrenos, con lo que se da también una distinción respecto a otras ciencias que no quieren saber nada de la ontología.

    La filosofía se ha visto como un estudio serio y sereno. Como una ciencia universal, en el sentido de que no se cierra a ningún campo y emplea todo método que le sea accesible. Como ciencia de los problemas límite y de las cuestiones fundamentales, y, por ello satisfecha con los supuestos de las otras ciencias, sino que quiere investigar hasta la raíz.

    ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE CIENCIA, IDEOLOGÍA Y FILOSOFÍA?

    La ciencia. Ciencia, viene del latín "scientia", es el conocimiento exacto y razonado de ciertas cosas, es el conjunto de conocimientos fundados en el estudio con base en leyes fijas; es el medio que ha utilizado el hombre después de largas y pacientes observaciones, para encontrar realizaciones prácticas y útiles para la vida y para la interpretación de la naturaleza y el mundo.

    La ciencia establece procedimientos objetivos, concretos, específicos para descubrir las leyes y mecanismos que rigen determinada situación, materia, principio; la ciencia es el estudio del ser en sí, no desde el punto de las lucubraciones metafísicas o ideológicas sino desde la parxis concreta, objetiva; se basa más en el experimento que en el razonamiento, pero necesita de los dos para el hallazgo de su objetivo, como ocurre en los descubrimientos científicos que ha realizado el hombre.

    En tanto el saber filosófico aspira al conocimiento total de la realidad, la ciencia aspira al conocimiento parcial y especial de la misma. Por la cual, mientras más se especializa el saber científico, es menos total, es decir, menos filosófico. La explicación científico-filosófica ofrece una concepción bilateral de la realidad: fraccionadamente explicada (ciencia), y explicada como todo (filosofía). La ciencia investiga un objeto dentro de un campo determinado. La filosofía va más allá y busca las ciencias, lo eterno y universal de las cosas; no se contenta con la descripción del hecho, sino que investiga la conexión general, el significado y el valor totales del mismo.

    La ciencia se vale de procedimientos objetivos concretos y particulares, la filosofía de conceptos universales y genéricos, la ciencia tiende a los procedimientos de experimentación, a la verificación de las leyes que descubre; la filosofía es más idealista, especulativa y teorizante.

    La ideología. Ideología, que viene del griego "eidos = idea, y logos = discurso", es una disciplina cuyo ámbito es el dominio de las ideas, es un sistema que considera las ideas en sí haciendo abstracción de la metafísica.

    La ideología depende de las estructuras sociales, políticas, religiosas y filosóficas de un pueblo; la ideología puede cambiar de un tiempo a otro y de un lugar a otro, no tiene la precisión y exactitud de la ciencia; la ideología es algo impuesto, que se da en determinadas circunstancias de tiempo y lugar, por ello la ideología tiene un carácter de dominación y alienación.

    La ideología lo mismo que la filosofía, implica o comporta unos criterios o representaciones sobre el mundo; sin embargo, la ideología está referida de manera práctica a la conducta, al comportamiento; la filosofía no es necesariamente una ideología, pues los individuos en la sociedad no tienden a comportarse de una manera aristotélica, kantiana o hegeliana, pero sí de acuerdo con la ideología religiosa o política que le han inculcado desde la infancia, lo cual equivale a decir que la ideología se encarna en las formas de vida del individuo, generalmente de manera inocente; de allí la dificultad para superar una ideología, por cuanto ésta depende de las estructuras sociales. Dicho en otros términos, la ideología no es sólo representación (conceptos, ideas, imágenes) sino que también implica una dominación; de allí el interés de quien detenta el poder en cualquier sociedad, de reproducir su ideología, o sea la ideología dominante; situación que lleva a término mediante los aparatos ideológicos del Estado.

    La ideología es un conjunto de ideas que forman un todo; este todo puede ser un sistema, una teoría. Esas ideas despiertan simpatías o antipatías, esperanzas o temores. Quien pretende imponer una ideología busca todos los medios a su alcance, valiéndose inclusive del misticismo, el fanatismo, la violencia, como ocurre en nuestro país por las ideologías de izquierda o de derecha, y en este momento ya no es ciencia ni filosofía.

    La ideología tiene efectos alienadores, masificadores y cosificadores. La alienación, o pérdida del dominio del hombre sobre su ser y pensar, impide que el hombre controle las cosas, porque éstas tratan de controlarlo. La masificación desfigura la realidad, y presenta sus verdades como absolutas. La cosificación tiende a convertir a la persona en una cosa.

    La ideología se mueve en los planos anticientífico, seudocientífico y precientífico. Desde el momento en que la ideología aliena al hombre, lo ciega respecto al verdadero contenido de la ciencia, y de la filosofía y así lo esclaviza; la habilidad intelectual dialéctica del ideólogo es el arma fundamental para imponer las ideologías, los fanatismos políticos, religiosos e idealistas con los que más funestas consecuencias han traído a la humanidad, como está ocurriendo actualmente en el medio oriente, mundo de guerra por fanatismos religiosos.

    La ideología, como todo lo humano, es ambivalente: buena o mala según la medida de las cosas, viciada de nulidad. La ideología, entendida como un sistema de representaciones (imágenes, mitos, ideas o conceptos), dotado de una existencia y de un papel histórico en el seno de una sociedad dada, adolece de defectos y cumple funciones negativas: complejos de superioridad (sentirse los mejores, menospreciando a los demás), ortodoxia (espíritu estrecho de intolerancia) y mesianismo (sentirse con una misión especial que cumplir).

    La filosofía es una tendencia a lo universal, es la búsqueda de la totalidad infinita, y en esa búsqueda existen varias corrientes o caminos, varios métodos investigativos.

    La filosofía está contenida en una serie de supuestos y en este momento se acerca a la ideología, pero se aleja de ella a su vez, en cuanto que esos supuestos son eminentemente dialécticos, discutibles, no teológicos, cerrados o impositivos como lo es la ideología.

    La filosofía es un producto de la razón humana como la ciencia; pero en tanto que la ciencia necesita en gran parte de la experimentación, de la observación real y tangible de la naturaleza, de la experiencia sensible, de los fenómenos físicos, la filosofía se ocupa preferencialmente de la reflexión abstracta.

    ¿CÓMO SE DIVIDE LA FILOSOFÍA?

    • 1. Ontología: Estudio de todos los objetos (ser en general). Teoría del ser. Estudio del ser. Doctrina del ser. Tratado del ser. Ciencia del ser. El ser es todo lo que existe, lo que es. Su objeto material es el ser. La ontología estudia el ser, la realidad.

    • a. Metafísica: Estudio del ser o cosa en sí o ser auténtico (existencia). Discusión sobre lo inmaterial, la posibilidad de su existencia y sus caracteres. (Responde a la pregunta "¿Qué es lo que existe? ¿Quién existe?")

    • b. Teoría del objeto o de la consistencia en general o ser en otro o ser falso (consistencia). (Responde a la pregunta "¿Qué es consistir?")

    • 2. Gnoseología: (Teoría general del conocimiento). Estudio del conocimiento de los objetos o teoría del conocer, del saber o del conocimiento en general. Teoría del saber. Estudio de la ciencia del conocimiento. Conocimiento del ser. Estudio sobre el origen y naturaleza del conocimiento humano al mismo tiempo que la validez de su contenido. Indagación filosófica acerca de la validez objetiva del conocimiento. En sus problemas sobre el conocimiento aborda la posibilidad del conocimiento (Dogmatismo, Escepticismo, Relativismo y Subjetivismo, Criticismo y Pragmatismo), el origen del conocimiento (Racionalismo, Empirismo, Intelectualismo y Apriorismo) y la esencia del conocimiento (Objetivismo, Realismo, Idealismo, Materialismo y Fenomenología).

    • 3. Lógica: Estudio del pensamiento o conocimiento correcto (teoría de la ciencia formal)

    • 4. Epistemología: (Teoría especial del conocimiento). Estudio del pensamiento o conocimiento verdadero (teoría de la ciencia material)

    • 5. Ética: Estudio de las acciones humanas y de los valores éticos.

    • 6. Estética: Estudio de la actividad productora del arte, de la belleza y de los valores estéticos.

    • 7. Filosofía de la religión: Estudio de los valores religiosos.

    • 8. Cosmología o filosofía natural: Indagación y explicación sobre la totalidad de lo existente como unidad o universo.

    • 9. Política: Examen de las condiciones de necesidad y posibilidad del convivir humano.

    • 10. Antropología: Ciencia filosófica del hombre.

    REFLEXIÓN INQUIETANTE

    Muchos sostienen (¿con cierto fundamento?) que algunas personas del "rebaño" ("borregos"), sin mentalidad crítica, adormecidos con el aletargador somnífero del éxito, también son felices. En su mundo de alienación y masificación religiosa, deportiva o consumista, encuentran ingredientes para orientar su búsqueda de la esquiva felicidad. Su cotidianidad, ajena al quehacer filosófico, igualmente les permite construir proyectos de vida relativamente buena. Si la finalidad principal de la vida, de la existencia, es la búsqueda de la felicidad; quien sabe buscarla, logrará acercarse a ella, viviendo su aquí y su ahora, lejos de la ansiedad, de la depresión, de las neurosis, del estrés y las preocupaciones de la vida moderna, pensando, sintiendo y actuando coherentemente, con alegría, entusiasmo y optimismo.

    A pesar de la vehemente defensa de la filosofía realizada en el presente trabajo y de su comprobada eficacia como herramienta para pensar y vivir mejor, no solamente ella es el camino hacia la lejana felicidad, puesto que en otros saberes y quehaceres, el ser humano es posible que encuentre sentido a su vida, triunfe y trate de ser feliz, en la medida en que las circunstancias internas y externas así lo permitan… Sin embargo, la persona, para ser feliz necesita filosofar. Porque ¿cómo se puede ser feliz sin saber de dónde vengo, a dónde voy, dónde me encuentro, qué sentido tiene mi vida, que va a ser de mí, qué caminos me pueden conducir a alguna parte?

    APÉNDICE IPRINCIPALES CORRIENTES O ESCUELAS FILOSÓFICAS

    Estoicismo

    Todo lo existente es corpóreo y compuesto de fuego, aire, agua y tierra. Dios rige al mundo con estricta determinación, por lo cual el hombre no puede modificar su destino y debe someterse a la voluntad divina. "Hay que vivir según la naturaleza". La virtud está en obrar razonablemente, en liberarse de todo lo que pueda esclavizar y conseguir la imperturbabilidad. La única libertad posible es obrar conforme a la razón: acomodarse a los acontecimientos y querer lo que tiene que suceder. El ideal del hombre consiste en vivir conforme a la naturaleza. El camino de la perfección reside en una actitud de indiferencia positiva frente a los acontecimientos. Lo que nos sucede es lo que nos conviene: muerte, éxitos, alegrías, sufrimiento; para alcanzar la perfección y la felicidad debemos aceptarlos sin apego ni resistencia. Como seres humanos todos los hombres somos iguales, tenemos la misma dignidad. El secreto de la felicidad está en el dominio racional de sí mismo y en la aceptación serena de las adversidades.

    Epicureísmo

    Es un refinado egoísmo que busca el placer exento de todo dolor, según la doctrina de Epicuro. Sistema filosófico de Epicuro de Atenas. Enseñaba que el placer es fin supremo del hombre, pero no el placer sensual sino el cultivo del espíritu y la práctica de la virtud. Para el epicúreo, lo mejor es mantenerse alejado de las inquietudes de la vida. El bien es el placer, el mal el dolor; gozar el primero y huir del segundo pero gozar con moderación para que se pueda gozar más tiempo y mejor. El principal deleite está en el espíritu, porque el de la carne, además de ser pasajero y limitado, siembra gérmenes de dolor que duran toda la vida. No considera como desgracia el no vivir; cuando la muerte llega no la sentimos porque ella es el fin de todo sentimiento. Excluye de su creencia la inmortalidad del alma y una futura retribución a causa de las inquietudes que con esto se presentan y que pudieran turbar la felicidad, pero mantiene la creencia en los dioses Inmortales sin providencia para los humanos, y que no son espirituales sino seres reducidos a materia y movimiento.

    La filosofía de Epicuro tuvo gran número de partidarios, sobre todo en Roma. El representante más famoso y brillante de la escuela epicúrea fue el poeta romano Lucrecio. Muchos de los discípulos de Epicuro desnaturalizaron esta filosofía, substituyendo los goces puros e intelectuales por la voluptuosidad más refinada y en lujo sensual.

    Epicuro trató de buscar un criterio de verdad en el conocimiento y lo denominó "canon" (medida), que consta de cuatro formas: la pasión, la sensación, la prenoción y la intuición. La pasión proporciona el dolor o el placer para saber sus causas. La sensación aporta los datos que percibimos con los sentidos son verdaderos; el error está en los juicios que hacemos de la percepción. La prenoción es la repetición de datos acumulados con base en las sensaciones. La intuición reflexiva lleva a admitir realidades no visibles necesarias para explicar los visibles. El principio básico de su doctrina ética es: bueno es el placer y malo es el dolor. Se debe tender a evitar el mayor número posible de dolores y obtener la mayor cantidad de placeres. Tipos de placeres: 1º. Naturales y necesarios: deben satisfacerse. 2º. Naturales pero no necesarios: deben satisfacerse con moderación. 3º. Ni naturales ni necesarios: deben evitarse.

    Según Epicuro, vivir rodeado de placeres y satisfacciones es el ideal que la sociedad de difunde a través de los medios de comunicación. El principio de todo bien se halla en el placer; pero no en el placer corporal y sensorial, sino en el placer tranquilo y equilibrado que hace verdaderamente dichoso; los verdaderos placeres son del espíritu. El placer calculado exige un gran control de sí mismo y una buena madurez intelectual.

    Cinismo

    Los cínicos consideraron que la verdadera felicidad no depende de cosas externas: lujo, poder político o buena salud. La verdadera felicidad no consiste en depender de esas cosas tan fortuitas y vulnerables; precisamente porque no dependen de esas cosas puede ser lograda por todo el mundo. Además, no puede perderse cuando ya se ha conseguido. Opinaban que el ser humano no tenía que preocuparse por su salud. Ni siquiera el sufrimiento y la muerte debían dar lugar a la preocupación. De la misma manera tampoco debían preocuparse por el sufrimiento de los demás.

    Escepticismo

    Doctrina que pone en duda la existencia de la verdad y afirma que el hombre es incapaz de conocerla. ¿Por qué? El carácter falaz de los medios cognoscitivos de que dispone el hombre, la dependencia de todo supuesto conocimiento con respecto a las circunstancias del sujeto, objeto, tiempo y lugar, y la existencia de opiniones contradictorias sobre cada cuestión.

    Eclecticismo

    Doctrina que recoge y selecciona de otras los elementos que le parecen más apropiados y positivos. Contrario a toda forma de dogmatismo y radicalismo, su finalidad es alcanzar la verdad y armonizar teorías que se presentan como apuestas.

    Neoplatonismo

    Es de tendencia religiosa y recoge la perspectiva mística del hombre de sumergirse en la divinidad. La felicidad se alcanza mediante el cultivo de la sabiduría a través de la contemplación y la mortificación de todos los deseos sensuales que provienen del cuerpo, la parte interior y perecedera del hombre. El fundamento o principio supremo de toda realidad es el Uno, que es el ser perfecto, primero, absoluto. La búsqueda de la perfección consiste en una marcha ascendente hacia el Uno.



    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11



    Escolasticismo

    Filosofía de la Edad Media, cristiana, arábiga y judaica, en la que domina la enseñanza de los libros del filósofo griego Aristóteles, concertada con las respectivas doctrinas religiosas. Espíritu exclusivo de escuela en las doctrinas, en los métodos o en el tecnicismo científico. El escolasticismo o filosofía de las escuelas tuvo su origen en las escuelas eclesiásticas fundadas por Carlomagno en el siglo IX. La filosofía escolástica está inspirada y fundada en las enseñanzas de Aristóteles, por cuyo motivo, van frecuentemente unidos ambos nombres con el vocablo aristotélica-escolástica. En un principio los estudios escolásticos se dividían en dos grandes acciones: el "trivium" y el "quadrivium"; la primera comprendía las artes que eran la gramática, la dialéctica y la retórica, y la segunda, las cuatro ciencias que comprenden la música, la aritmética, la geometría y la astronomía. Los autores señalan tres períodos en la filosofía escolástica; 1º. De Absoluta subordinación a la teología, que comienza en el siglo V, aumenta en el VIII y llega a su apogeo a fines del XII. 2º. El de la unión de la filosofía con la teología, y 3º. El que a partir del siglo XV la filosofía se separa poco a poco de la teología hasta llegar a ser independiente. Maestros del escolasticismo fueron San Anselmo, Abelardo, San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, Raimundo Lulio y San Buenaventura. El escolasticismo empezó a decaer en el siglo XVI, en cuya época la observación de los fenómenos se tomó como base de la ciencia, y el espíritu de novedad le arrebató el imperio que ejercía en la ciencia y en la enseñanza.

    Racionalismo

    Es la tesis que identifica la razón con la facultad pensante, la cual se considera superior a la voluntad y a la emoción. Doctrina filosófica cuya base es la omnipotencia e independencia de la razón humana. Creencia en el poder ilimitado de la razón. La razón es el único órgano capaz de conocimiento. Funda sobre la sola razón las creencias religiosas. Sus principales representantes son Descartes, Malebranche, Spinoza y Leibniz.

    Empirismo

    Doctrina filosófica según la cual todo conocimiento humano es debido a la experiencia. Esta doctrina filosófica pretende los conocimientos humanos por medio de combinaciones de los datos de los sentidos, sin intervención original alguna de la razón; es decir, pensar que todos nuestros conocimientos son exclusivamente sensitivos. Constituye el estudio práctico por la observación de los hechos y la experimentación de las cosas útiles. Todos los conocimientos humanos, según esta doctrina, son exclusivamente debidos a la experiencia, y por consiguiente niega en el alma toda la idea que no tenga entrada por los sentidos. Toma por base la experiencia ciega. Entre los más destacados filósofos partidarios del Empirismo, figuran en primera línea el inglés Locke y el francés Condillac.

    Positivismo

    El fin de la filosofía positiva es resumir en un cuerpo de doctrina homogénea el conjunto de conocimientos adquiridos en los diferentes órdenes de fenómenos naturales. La sociología constituye el último eslabón del progreso intelectual, a través de la elaboración de los principios que han de regir la organización del nuevo régimen político de la sociedad occidental. Las instituciones sociales dependen de las costumbres, y éstas se fundamentan en las creencias. Elaborando conocimientos capaces de imponerse y reformando las costumbres, es posible cambiar la sociedad. La psicología debe emplear los diversos métodos de las ciencias: la observación, el análisis empírico, la experimentación. La ciencia social debe formular leyes como resultados de sus investigaciones. En la sociedad impera el determinismo.

    Según Agusto Comte, la finalidad del positivismo es la regeneración universal, tanto de la filosofía como de la política, transformar la ciencia en filosofía y la filosofía en religión positiva. Si la felicidad social es el producto del desenvolvimiento de la razón, reformando esta dimensión humana la sociedad inevitablemente se reorganizaría. El proceso del conocimiento y el desarrollo intelectual de la humanidad pasa por tres estadios bien diferentes unos de otros: el teológico-ficticio, el matafísico-abstracto y el científicio-positivo. El hombre, a través de su evolución histórica, ha filosofado de tres formas diferentes: según un método teológico, otro metafísico y, por último, el positivo. Para determinar plenamente la positividad de la filosofía hay que llenar la laguna del estudio de los fenómenos o hechos sociales, mantenidos hasta ahora al margen de la ciencia. La filosofía viene a ser el conjunto de todas las ciencias positivas. La razón de la ley y de las ciencias es conocer para prever a fin de prever. En el estadio positivo las ciencias, para llegar a ser verdaderamente positivas, deben llenar ciertas características: 1. Subordinar la imaginación a la observación. 2. Toda ciencia es relativa, al igual que sus resultados. 3. Hay que alejar de las ciencias el empirismo y el misticismo. 4. Las leyes de la naturaleza son invariables. Postula la positividad de la filosofía, consistiendo en una sistematización de las ciencias positivas, que resume en una visión orgánica la totalidad de los conocimientos.

    Comte le asigna a la sociología el estudio de la estática y la dinámica social. La estática es la anatomía de la sociedad, el orden y la armonía de las diversas condiciones de las sociedades humanas, basada en las condiciones generales de la existencia. La sociedad, en general, está conformada con familias, y no con individuos. Uno de los pilares de la estática social, base de la estructura de las sociedades, es la propiedad privada, institución fija y necesaria a través de todos los tiempos y una constante social. La sociología estudia la dinámica y la estática social. Fuerzas de la estática social: material, intelectual, moral. La autoridad, como gobierno perfecto, supone el ejercicio de los poderes distintos: el temporal, ejercido por industriales y obreros, correspondientes a las fuerzas materiales; y el espiritual, ejercido por los sabios, los sacerdotes de la nueva sociedad espiritual, y que corresponden a las fuerzas intelectuales. La mujer participa de la autoridad indirectamente, a través de la fuerza moral. La función de la religión, dentro de esta estática, no es la de relacionar y unir al hombre con Dios, sino el principio de unificación de las facultades del hombre y de los individuos entre sí, así, como la de fortalecer el ejercicio de la autoridad social. La dinámica social contempla fundamentalmente las leyes básicas del progreso social.

    La religión representa un necesario punto de llegada. Las costumbres se fundamentan en las creencias, y para cambiarlas, lógicamente es importante transformar las creencias. En la religión de la humanidad el culto al Gran Ser debe inspirar la vida de los hombres, ordenando sus actividades al servicio de ella. La humanidad es un organismo colectivo, el conjunto de los seres convergentes.

    Existencialismo

    Movimiento filosófico que trata de fundar el conocimiento de toda realidad sobre la experiencia inmediata de la existencia propia. Filosofía de la existencia humana en el sentido más concreto e inmediato de la palabra, es decir, la existencia tomada con todas las ayudas y todos los obstáculos que el hombre puede hallar en sí mismo, en su propio cuerpo, en los objetos del mundo exterior, en fin, en los demás hombres. Según esta teoría filosófica, la existencia es antes que la esencia; la realidad antes que el pensamiento, y la voluntad antes que la inteligencia. En un sentido general, término que designa la actitud de los filósofos que ven su objeto, no en las esencias, sino en las existencias. El Existencialismo, en general, llama al individuo a la existencia otorgándole así consistencia y profundidad.

    El existencialismo es un movimiento filosófico que resalta el papel crucial de la existencia, de la libertad y de la elección individual. Su tema principal es el énfasis puesto en la existencia individual concreta y, en consecuencia, la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de la elección. Resalta la importancia de la acción individual apasionada al decidir sobre la moral y la verdad. Su tema más destacado es el de la elección. La primera característica del ser humano, según la mayoría de los existencialistas, es la libertad para elegir. Mantienen que los seres humanos no tienen una naturaleza inmutable, o esencia, como tienen otros o plantas; cada ser humano hace elecciones que conforman su propia naturaleza. Para Sartre, la existencia precede a la esencia. La elección es, por lo tanto, fundamental en la existencia humana y es ineludible; incluso la negativa a elegir implica ya una elección. La libertad de elección conlleva compromiso y responsabilidad. Los existencialistas han expuesto que, como los individuos son libres de escoger su propio camino, tienen que aceptar el riesgo y la responsabilidad de seguir su compromiso dondequiera que éste les lleve. Kierkegaard mantenía que es crucial para el espíritu reconocer que uno tiene miedo no sólo de objetos específicos sino también un sentimiento de aprensión general, que llamó "temor". Lo interpretó como la forma que tenía Dios de pedir a cada individuo un compromiso para adoptar un tipo de vida personal válido. El concepto de angustia posee un papel decisivo y similar en las obras de Heidegger; la angustia lleva a la confrontación del individuo con la nada y con la imposibilidad de encontrar una justificación última para la elección que la persona tiene que hacer. En la filosofía de Sartre, la palabra "náusea" se utiliza para el reconocimiento que realiza el individuo de la contingencia del Universo, y el término "angustia" para el reconocimiento de la libertad total de elección a la que hace frente el hombre en cada momento.

    APENDICE II

    METODOS DE LA FILOSOFIA

    Métodos para filosofar

    • A. Posintuitivos (métodos discursivos)

    Sócrates: Mayéutica (preguntar, interrogar)

    Platón: Dialéctica (el arte de discutir o de la contraposición de intuiciones intelectuales sucesivas)

    Aristóteles: Lógica (arte de razonar correctamente)

    Santo Tomás: Disputa (contraposición de opiniones diferentes)

    • B. Preintuitivos (métodos intuitivos)

    A partir de Descartes la intuición se convierte en el método del filosofar. La intuición es un acto del espíritu, una visión, una contemplación, para obtener conocimiento inmediato. Consiste en un acto único del espíritu que, de pronto, súbitamente, se lanza sobre el objeto, lo aprehende, lo fija, lo determina por una sola visión del alma. Es un acto simple mediante el cual captamos la realidad de algo ideal. Es aquella clase de conocimiento inmediato que no requiere de razonamiento. Clases de intuición:

    a. Sensorial. Es discursiva y no le sirve al filósofo.

    b. Espiritual. En su aspecto formal no le sirve al filósofo. Le sirve en su aspecto real. La real puede ser intelectual, emotiva y volitiva.

    - La intuición intelectual desentraña lo que el objeto es, su esencia. Capta la esencia o consistencia (el eidos) del objeto. Capta lo que el objeto es. Representantes: Platon, Descartes, Fitche, Shelling, Hegel, Husserl.

    - La intuición emotiva desentraña lo que el objeto vale. Capta el valor del objeto: bueno, malo… Representantes: Plotino, San Agustín, Hume, Espinosa.

    - La intuición volitiva desentraña la existencia del ser. Capta lo que el objeto es, existe, está ahí, que es algo distinto a mí. La existencia. Fitche, Dilthey, Bergson.

    - La intuición fenomenológica desentraña la esencia general del objeto. Representante: Husserl.

    Método de la reflexión.

    Consiste en un volverse sobre sí mismo para considerar las posibilidades del hecho mismo de existir; en otras palabras, con la reflexión buscamos aquello que precede y es la razón misma de la experiencia.

    Método inductivo o razonamiento inductivo

    Consiste en tratar de llegar a leyes generales a partir de la observación de cosas particulares que, así mismo, resulten válidos en casos no observados. Es sacar de lo particular lo general. Es el método general que, partiendo de algo particular –o menos universal-, conduce el pensamiento a algo universal –o más universal-. Se distingue de la abstracción, operación en la que, también, en la cual tanto el punto de partida como el de llegada son aprehensiones; en cambio, en la inducción filosófica ambos puntos son juicios y por eso se trata en ella de raciocinios. Su procedimiento es el análisis.

    Método deductivo o razonamiento deductivo

    Consiste en un raciocinio que va de lo universal a lo menos universal, o a lo particular, o de lo universal a lo igualmente universal. Es sacar de lo general lo particular. Es el método general que, partiendo de un principio o ley, más o menos universal, concluye en algo particular. Es una derivación, de casos singulares y concretos, que toma como punto de partida lo general o lo abstracto. Su procedimiento es la síntesis.

    La inducción y la deducción, con sus procedimientos, el análisis y la síntesis, son el doble camino (de ida y vuelta) del discurrir filosófico, en el cual el pensamiento asciende a los conocimientos o desciende de ellos, es decir, se los apropia y los pone en práctica.

    Método socrático (Mayéutica).

    La mayéutica, creada por Sócrates, consiste en hacer que un interlocutor encuentre la verdad a medida que éste va contestando una serie de preguntas hechas en forma hábil. Se le considera como un proceso pedagógico en el que la verdad de las cosas es puesta en movimiento en el acto mismo del preguntar y el responder. Es un diálogo abierto, en el que prima la actitud de búsqueda sincera. El diálogo opera como proceso intersubjetivo de conocimiento de la verdad. Según Sócrates, es la búsqueda personificada de una filosofía que en él es una forma fundamental de vida en la que priman más la autenticidad y la actitud de búsqueda que el rigor de las conclusiones o la logicidad de los discursos. El método socrático es la forma misma de su vida, de un saber que está en camino, de un no saber que se sabe.

    Método dialéctico.

    • a. Dialéctica platónica

    La dialéctica es la ciencia del razonamiento lógico. Es el arte de descubrir la verdad gracias a la discusión, poniendo de relieve y eliminando las contradicciones del adversario. Sirve para aprender a entender la naturaleza de la realidad, es decir, las formas. Es la única ciencia que sistemáticamente se propone definir la naturaleza esencial de las cosas. No deja "piedra sin remover" en la búsqueda de la verdad. En ningún momento baja la guardia, cuestiona todas las presuposiciones que encuentra a su paso y no está contenta hasta que ha llegado a una definición final. Un hombre no llega realmente a comprender algo hasta que es capaz de expresar lo que es, hasta que pueda definirlo. Es un proceso que se inicia con una pregunta sobre la naturaleza de algo (una pregunta como "¿Qué es la justicia?") y que prosigue hasta conseguir, mediante un largo debate, una definición. Durante la discusión se cuestionan un buen número de presuposiciones y se descartan varias respuestas incorrectas a la pregunta original.

    La dialéctica es el arte de la discusión por medio del diálogo en el que se presentan siempre posiciones contrarias. Es un movimiento ascensional hacia la búsqueda de la verdad. Es la ciencia suprema cuyo objeto son las entidades trascendentes en un mundo ideal que está más allá de lo sensible y lo material.

    Tiene un sentido ascensional, para pasar de lo múltiple a lo uno, de lo contingente a lo necesario, de lo particular a lo común, de lo móvil a lo inmutable, de las apariencias a la realidad, de las imágenes a la verdad. Hace de la verdad un camino ascensional que opera con afirmaciones y negaciones, es decir, por contradicción en diálogo que genera mutuas oposiciones.

    • b. Dialéctica hegeliana.

    Es método y movimiento de la realidad entera, pues no hay separación entre el pensamiento y la realidad. El ser sólo puede ser concebido como devenir. El ser que se afirma (tesis - si) es negado (antítesis - no), pero es vuelto a una realidad superior en el devenir (síntesis – tal vez). La forma en que se manifiesta la realidad misma; va de lo simple a lo complejo, de lo interior a lo superior y de lo abstracto a lo concreto.

    El mundo histórico y espiritual por entero es un solo proceso de movimiento, cambio, desarrollo y transformación en formas continuas; las contradicciones internas constituyen la fuente de este movimiento. La esencia del ser está en el autodesarrollo de una idea absoluta o espíritu universal; la conciencia es la creadora de la realidad, de la naturaleza. El desarrollo, después haber alcanzado un grado determinado, se detiene completamente.

    c. Dialéctica marxista.

    A partir de Marx, la dialéctica se opone a la metafísica. Para la dialéctica la realidad constituye un permanente proceso de cambio, de rupturas y saltos; proceso cuya base o motor es lucha de contrarios, el conflicto entre las tendencias antagónicas que desgarran la realidad y la ponen en movimiento. Para Marx, el método dialéctico estudia la realidad en cuanto proceso, movimiento y devenir.

    El método dialéctico marxista incluye como puntos fundamentales la identidad de los contrarios y la negación del principio de contradicción; y el método metafísico incluye la negación de la identidad de los contrarios y la afirmación del principio de no contradicción.

    Caracteres del método dialéctico marxista: 1 Todos los fenómenos están unidos con otros. 2 La materia está en perpetua evolución y movimiento. 3 La evolución se realiza por saltos dialécticos. 4 Su fuerza motriz es la lucha de contrarios en el ser.

    Método escolástico.

    Fue creado por Santo Tomás de Aquino. Es una opción pedagógica en la que se unen y distinguen tres procesos: lección (lectio), probematización (quaestio) y disputa (disputatio), propios de la enseñanza teológica escolar. La lectio es una lectura y comentario en sentido progresivo desde el aspecto gramatical hasta el desentrañamiento del sentido lógico, de sentido, hasta llegar a la doctrina más allá del texto, de una búsqueda de relaciones internas del pensamiento y de sus conceptos implícitos. La quaestio o problematización es el momento crítico sobre la base de una pregunta, una duda, una cuestión. La disputatio implica el momento del diálogo y la confrontación.

    Método cartesiano.

    Fue creado por René Descartes. Conduce al hombre al conocimiento verdadero de un modo certero a través de las siguientes reglas: 1. La Evidencia. No aceptar nada como verdadero, como cierto, hasta tanto no se presente como un hecho real. 2. El Análisis. Dividir cada una de las dificultades que se han de examinar en el mayor número de partes posibles y necesarias para resolverlas mejor. 3. La Síntesis. Conducir los pensamientos por orden, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ascender, como por grados, poco a poco hasta los conocimientos más complejos. 4. La Enumeración. Hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales, que estemos seguros de no omitir nada. El fundamento de este método debe encontrarse en la duda metódica: es necesario suspender al menos una vez el asentimiento a cualquier conocimiento aceptado comúnmente; dudar de todo, incluso de los sentidos, y considerar provisionalmente falso todo aquello de lo que es posible dudar.

    Método trascendental.

    Fue ideado por Inmanuel Kant. ¿Cómo es posible y dentro de qué condiciones se da nuestro conocimiento de la realidad? No se parte del objeto mismo como algo dado, sino del sujeto que indagada el sentido y el contenido mismo del concepto. No se trata de partir del porqué del objeto sino del cómo del juicio que recae sobre él. Trascendental es todo conocimiento que se ocupa de nuestro modo de conocer los objetos, siempre y cuando sea posible a priori este conocimiento.

    Método fenomenológico (Ir a las cosas mismas).

    Fue creado por Edmundo Husserl. A la fenomenología le interesan las cosas tal como las percibe la conciencia, y no las cosas en sí mismas. Permite ir a las cosas mismas y dejarlas hablar, dejarlas que se manifiesten. La filosofía, en lugar de discutir acerca del problema del conocimiento, debe orientarse a las cosas mismas, tal como aparecen a lo que se da ya sin ninguna duda, es decir, a los fenómenos. Todo fenómeno es ambivalente: revela y un estrato empírico-real visible a los actos perceptibles de nuestra sensibilidad, y un estado ideal, esencial que se refiere a los contenidos ideales, accesible a los actos espirituales. La fenomenología trata de analizar los fenómenos, de tal modo que las esencias ideales y los contenidos esenciales se conviertan en objetos datos. Su objetivo básico sería la descripción y el análisis de la esencias puras, ideales, supratemporales y ahistóricas. La reducción fenomenológica nos dice que no debemos juzgar, tomar posición teórica frente a la existencia o no del mundo, renunciar a todo juicio de existencia en relación con él. Supone tres elementos fundamentales. 1. Frente a un fenómeno debemos abstenernos, colocar entre paréntesis todas las opiniones o teorías anteriores, todos los prejuicios formados de toda índole, pues ellos son un obstáculo para llegar a las cosas mismas en una forma directa e inmediata. 2. La reducción eidética (esencia, idea, modelo) para captar del fenómeno su esencia y aislar de este modo todos los aspectos contingentes o secundarios del mismo, todo lo que no es dado en la pura esencia del fenómeno. 3. Reducción trascendental o captación del yo como conciencia pura en donde es posible la evidencia absoluta y en donde ya no es posible dudar de algo.

    Método estructuralista.

    Es una metodología de análisis que nace al interior de la lingüística, y sirve para abordar todos los campos del saber, incluido el lingüístico y el filosófico. Se propone la aprehensión de la red de relaciones entre elementos determinados por dicha red o estructura, de manera que el todo es más que las partes; para cumplir este propósito se utilizan casi siempre los medios matemáticos. Para los estructuralistas lingüísticos, es una actividad de construcción o recomposición del objeto después de su análisis, mediante el cual el hombre intenta captar las relaciones funcionales entre los elementos que ha descubierto y él. Para Roland Barthes, es una actividad o búsqueda de sentido en las obras humanas, la cuales siempre son funcionales y, por tanto, estructuradas.

    Método hermenéutico (Hacer hablar la realidad).

    La hermenéutica, que es el problema fundamental de nuestro tiempo, es el arte de interpretar los códigos lingüísticos. Es el arte metódico en función de la comprensión correcta de un texto escrito o hablado. Como estudio de la estructura de las condiciones en que se da el acto del comprender, se emplea para orientar la comprensión o interpretación de una tesis o teoría.

    El término hermenéutica proviene del griego y, significa afirmar y proclamar, interceptar o esclarecer y, finalmente, traducir. Algo debe ser hecho inteligible, debe lograrse que sea entendido. La palabra hermenéutica se formó en primer lugar en el ámbito teológico y se usó con él. En el sentido de arte de comprender o de una doctrina de interpretación correcta, esta palabra no aparece hasta la edad moderna: aparece en el sentido bíblico de una interpretación correcta y objetiva de la Sagrada Escritura. La hermenéutica bíblica tiene por un lado mucho de común con la hermenéutica general, la histórica-filológica, puesto que los textos bíblicos deben ser previamente entendidos y tratados como testimonios literarios e históricos, igual que otros textos escritos, prescindiendo todavía del contenido de revelación divina que ofrecen. La hermenéutica bíblica tiene cierto parentesco con la hermenéutica jurídica, por cuanto aquí como allí se habla de textos que hablan normativa y autovalorativamente, los cuales reivindican por sí mismos validez y obligatoriedad... y deben ser entendidos y usados correctamente en todos sus detalles por lo que se refiere a su contenido. El problema de la hermenéutica bíblica debe ser visto en un más amplio contexto de las ciencias del espíritu.

    Antes hermenéutica significaba el arte de la intelección, entendido como una ciencia práctica que proporcionaba las reglas de una interpretación correcta de la Biblia. Por consiguiente, estaba relacionado inmediatamente con la práctica del trabajo exegético, al que debía servir. La hermenéutica filosófica y de las ciencias del espíritu ha mostrado hasta la saciedad que aquí subyacen problemas mucho más profundos y fundamentales.

    Para Scheleirmacher, la hermenéutica es el arte comprender. Doctrina metódica ordenada a un manejo práctico, a saber, a la práctica o técnica de la interpretación correcta de la actitud adivinatoria, objetiva y subjetivia de un discurso dado. Para ello hay que meterse dentro del autor, aclimatarse a su situación e intención, a su mundo de pensamiento y de representación.

    Las ciencias del espíritu, entre las cuales se destaca principalmente la historia y la historiografía, se ocupan de los hechos espirituales del hombre, los cuales nos son dados de modo inmediato y completo en tanto son vivencias humanas. Dilthey es el primero que formula la dualidad entre ciencias naturales y ciencias del espíritu, que se distinguen por un método analítico esclarecedor y un procedimiento comprensivamente descriptivo: esclarecemos por procesos intelectuales, pero comprendemos por la acción conjunta de todas las fuerzas de las facultades en la inteligencia, por el sumergir las fuerzas de las facultades en el objeto. Como base de la intelección de las ciencias del espíritu coloca Dilthey una psicología intelectiva opuesta expresamente a una psicología propia de las ciencias de la naturaleza, que esclarece por las causas. Esclarecemos la naturaleza, entendemos la vida por el alma. En la intelección partimos del contexto del todo que no es dado vivo, para hacernos concebible lo singular a partir de ese todo. La intelección se refiere a formas de sentido objetivas, a obras y valores objetivos de la historia y de las culturas históricas, cuyas estructuras y regularidades debe ser comprendidas.

    A partir de Friedrich Scheleirmacher y con los aportes de Dilthey se concibe como metodología de las ciencias del espíritu (contrarias a las ciencias de la naturaleza), cuya función es comprender.

    Para Heidegger, la hermenéutica no es un método, sino la instancia originaria de la comprensión misma de la existencia del hombre. La hermenéutica se refiere a la totalidad de nuestro acceso al mundo mediado por el lenguaje que se sostiene en el diálogo. Cuando Heidegger, guiado por la cuestión del sentido del ser, emprende un análisis existenciario ontológico de la existencia humana, en el cual quiere liberar e interpretar fenomenológicamente la constitución originaria de la comprensión del ser en el fondo de la existencia, esto se le convierte en una hermenéutica de la existencia; esto es, en una interpretación intelectiva de lo que es la existencia y en calidad de qué se entiende ella a sí misma. En El Ser y El Tiempo, hermenéutica no significa ni la doctrina del arte interpretativo ni la misma interpretación, sino más bien el intento de determinar la esencia de la interpretación a partir antes que nada de lo hermenéutico. Toda intelección muestra una estructura circular, puesto que sólo dentro una totalidad de sentido previamente proyectada algo se abre como algo y toda interpretación se mueve en el campo de intelección previa, y, por consiguiente, lo presupone como condición de su posibilidad. Toda interpretación que deba incluir comprensión, debe haber entendido ya lo que hay que interpretar. Con ello se da al mismo tiempo la esencial estructura de horizonte de la intelección y de la interpretación. La existencia como ser en el mundo proyecta el mundo como horizonte de su autocomprensión. En su sentido, toda intelección de una cosa, de un suceso o de un estado de cosas exige, como condición de su posibilidad, la totalidad de un contexto de sentido, el mundo proyectado y comprendido.

    El mérito de Hans George Gadamer es haber recogido los planteamientos de Schleiermacher, Dilthey y Heidegger y haberlos refundido en una teoría filosófica de la intelección. El problema que resulta de la diferencia de maneras de ver en cada precomprensión, condicionado por el horizonte histórico de intelección, determinado cada vez, busca Gadamer de solucionarlo por el hecho de que ocurre un encuentro y mezcla de horizontes. No se trata, pues, como desde Schleiermacher se exigió frecuentemente, de introducirse en la posición del otro, por ejemplo de un autor de una obra del pasado, para poder entenderla correctamente, sino que somos más bien nosotros quienes debemos y queremos entenderle, esto es, a partir de nuestra propia posición histórica. Pero nosotros podemos ampliar nuestro limitado horizonte propio mediante la intelección del otro, en lo cual se realiza una mezcla de horizontes.

    La hermenéutica filosófica es una filosofía de la comprensión que trata de mostrar cómo las síntesis especiales que realizamos cuando interpretamos un texto, una obra de arte o un hecho histórico, vale decir, cuando tenemos experiencias de verdades extrametódicos y extracientíficas, es índice de lo que sucede a la propia estructura de la existencia humana en su devenir en el mundo y en la historia.

    Gadamer convocó nuestra atención por su idoneidad para conformar un modo de pensar capaz de realizar una valoración crítica y con posibilidades de cultivar la identidad abierta a las diferencias, propia de quien se siente ciudadano del mundo.

    Emilio Betti procede de la hermenéutica de la historia del derecho; abarca, sin embargo, el conjunto de problemas de método de las ciencias del espíritu y se remonta a sus presupuestos filosóficos. En ello permanece esencialmente ligado a la tradición hermenéutica desde Schleiermacher hasta Dilthey, mientras que Gadamer está comprometido mucho más decididamente con la fenomenología, recoge principalmente los planteamientos de Heidegger, los prosigue y los hace fructíferos para el problema de la intelección histórica. La doctrina de la interpretación de Betti es una hermenéutica absolutamente normativa, es decir, una doctrina de método que se extiende a todos los ámbitos de la intelección propios de las ciencias del espíritu, o sea la hermenéutica histórica y filológica, jurídica y teológica, etc. Esto va mucho más allá del esclarecimiento filosófico de los fundamentos que hace Gadamer.

     

     

     

     

     

     

     

    Autor:

    Lu?s ?ngel R?os Perea

    angelleonardo4[arroba]hotmail.com

    Bucaramanga, 2008



    Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11


    Artículo original: Monografías.com

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